Los personajes de Robotech no me pertecen, son propiedad de Harmony Gold y sus empresas asociadas.
Los primeros rayos de sol de la mañana ya se filtraban por la ventana cuando Rick abrió los ojos. Se incorporó bruscamente y se llevó una mano a la cabeza, que todavía le dolía un poco, mientras miraba todo a su alrededor.
-¡Vaya sorpresa encontrarlo despierto, teniente!- dijo una enfermera que acababa de entrar por la puerta.
-¿Qué me pasó?- preguntó Rick, que ya había comprendido que estaba en el hospital, pero no alcanzaba a recordar por qué.
-Fue herido en combate, teniente, y sufrió una fuerte contusión en la cabeza.
-¿Viviré?- preguntó, a mitad de camino entre la realidad y el delirio. La enfermera contuvo la risa y respondió:
-Claro que sí. Pero estará aquí un tiempo hasta que se recupere.
-Tuve un sueño de lo más extraño…
-Es normal, teniendo en cuenta la cantidad de calmantes y analgésicos que se le administraron. Ahora trate de descansar.- dijo la enfermera, y se retiró.
Rick trató de reconstruir lo que había soñado, porque en su mente las imágenes se le mezclaban: los vuelos acrobáticos que hacía cuando era civil, Minmay siendo secuestrada por el enemigo, su primer vuelo en veritech, una discusión con Lisa por el TacNet, lo que parecía ser un zentraedi con la cara de Kyle, algún sinsentido con una bicicleta voladora, los paparazzi acosando a Minmay, ella cantando a capella sólo para él, los dos a solas en la cabina de su avión… sí, eso sin duda había sido lo mejor del sueño… ella estaba encima de él, con la falda levantada hasta la espalda, moviéndose suave y rítmicamente… él la sostenía por la cintura mientras ella le clavaba las uñas en la espalda y echaba la cabeza hacia atrás, dejando caer en cascada su hermoso pelo color miel…
¡¿Color miel?!
Ahora lo recordaba más claro, y no era Minmay. Había tenido un sueño erótico con su oficial superior. "Qué extraño. ¿Serán los calmantes?" pensó.
Mientras tanto, Lisa atravesaba el largo corredor hacia el Hospital Militar con paso decidido. Karl, al verla pasar, se acercó a preguntarle a dónde se dirigía.
-Voy a disculparme con el teniente Hunter.
-¿Sigues con eso? Vamos, cariño, no te molestes. Son cosas que pasan, él estaba cumpliendo con su deber y además ya está fuera de peligro.
Ella respiró hondo, recordando su charla con Claudia, y se reafirmó:
-Voy a ir de todas maneras. El reporte dice bien claro que su nave cayó porque fue golpeada por uno de nuestros misiles, que fueron lanzados con retraso respecto a la señal que yo debía dar. Necesito hacer esto, y lo haré.
-Está bien, como quieras. ¿Te acompaño?
-Te lo agradezco pero no es necesario, Karl. Te encontraré después en la cafetería.- dijo, lo besó en la mejilla y siguió su camino, haciendo una pequeña parada en el medio para comprar unas flores que alegraran un poco la habitación de Rick… y también, a lo mejor, su propio ánimo.
La sorpresa del joven piloto al verla llegar fue grande. ¿Qué hacía ella ahí, y con esa expresión tan triste?
-Hola Rick ¿cómo estás? Vine a... a decirte que lo lamento- le dijo mirando al suelo.
-¿Por qué?
-Por el accidente- dijo mientras colocaba las flores en un jarrón, para tener una excusa que le permitiera escapar de esos ojos azules que la harían sentir aún peor de lo que ya estaba -Ambos sabemos que fue culpa mía que resultaras herido en la batalla.
-Claro que no, Lisa. La culpa fue mía, yo hice una maniobra equivocada.
-Gracias… pero yo tuve mucho que ver de todas formas.
Rick estaba a la vez enternecido y asombrado por la actitud de Lisa. Tomarse la molestia de ir a verlo para disculparse en persona era algo que no esperaba, y tampoco estaba seguro de merecer.
-Tú no eres así, Lisa ¿qué pasa? ¿dónde está aquella confianza en ti misma?
Lisa depositó el jarrón en la mesita más próxima a él, y por primera vez desde que llegó, se atrevió a mirarlo a la cara. Rick también la miró un instante, pero pronto se sonrojó y fue él quien tuvo que apartar la mirada. Acababan de venir a su mente las imágenes del sueño que había tenido con Lisa, y ya no podía concentrarse en la conversación.
-En fin...- dijo Lisa después de un breve silencio -me esperan en el Puente, así que creo que será mejor que me vaya.
-Gracias por venir a verme.
-Era lo menos que podía hacer. Que te mejores, Teniente.
Rick la vio dirigirse hacia la puerta y tuvo muchas ganas de pedirle que se quedara un rato más, pero no le pareció correcto y en cambio le preguntó si volvería.
-No lo creo, Rick. Estaré ocupada.- respondió, y se fue dejándolo con una sensación que no acababa de comprender. Estaba aturdido. Apenas estaba procesando el hecho de haber tenido un accidente que casi le cuesta la vida, cuando encima se le aparece Lisa a terminar de revolucionar sus pensamientos. Ella, la firme y segura Oficial Hayes, se presentaba ante él silenciosa y cabizbaja para pedirle disculpas… ella, la hermosa y sensual Oficial Hayes, que se había paseado por sus sueños más íntimos pero que estaba comprometida con otro piloto que…
Sacudió su cabeza. ¿En qué estaba pensando? Prendió la radio para distraerse, y por fortuna lo consiguió, ya que estaban emitiendo una canción de Minmay. Cruzó los brazos detrás de su cabeza y cerró los ojos, y preguntándose qué estaría haciendo la joven estrella de Macross en ese mismo instante. Hacía tiempo que no la veía. ¿Qué pensaría si supiera que él estaba en el hospital? ¿Lo extrañaría? ¿Pensaría en él alguna vez? Eran demasiadas preguntas para su mente agotada, así que no tardó en quedarse dormido.
Lo que Rick no sabía era que alguien, del otro lado de la nave, buscaba darle respuesta a esas preguntas yendo al mismísimo estudio donde Minmay estaba rodando su película. Con ayuda de Claudia, Roy había logrado rastrearla, le contó del accidente de Rick y la hizo prometer que haría lo posible por ir a visitarlo. Y por si esto no fuera suficiente, se detuvo en una juguetería a comprar un avioncito a escala y fue a buscar a Max y a Ben para que los tres juntos fueran a verlo al hospital.
-A ver cuando dejas de fingir y te reincorporas al ejército- dijo Roy ni bien cruzó la puerta de la habitación de Rick.
-¡Hola, viejo! ¿Cómo estás? ¡Max, Ben! ¡Qué sorpresa!
-¿Cómo estás, jefecito?- preguntó Ben
-Aún un poco dolorido, pero supongo que mejor.
-Casi lo olvido, esto es para ti- dijo Roy, al tiempo que le lanzaba la caja con el avión de juguete.
-¡Gracias! Pero no hace falta que me consientan como un niño.
-Yo creo que sí- añadió Max -Si Minmay puede honrarte con su presencia ¿por qué nosotros no podemos hacer lo mismo?
-¿De qué hablas?- preguntó Rick -Minmay no vino a verme. Las celebridades no tienen tiempo para despojos humanos como yo.
-Lo siento- dijo Max, apenado -pensé que ella te había traído esas flores- dijo señalando el ramo que estaba junto a la mesita de noche de Rick.
-No, no fue ella. Fue...la comandante Hayes- dijo, y bajó la mirada.
-¿En serio? ¡Qué buen gesto de la Comandante!
-Sí que lo fue- dijo Rick, pensativo -Se hizo un tiempo para venir hasta acá y disculparse conmigo...- suspiró.
Roy notó el cambio de actitud de su amigo, y siguió observándolo mientras Max y Ben hablaban con efusividad y bromeaban acerca de Minmay y el show privado que debería darle a Rick en medio de la habitación. Él no les prestaba atención, apenas respondía con monosílabos y hacía girar el pequeño avión en sus manos.
-Rick ¿Pasa algo?- preguntó entonces Roy.
-¿Qué? No, me siento cansado, es todo- fue su respuesta.
Pero Roy se dio cuenta de que no era verdad, y les pidió a Max y a Ben que se retiraran para poder hablar a solas con su hermano. Ambos se despidieron y cuando cerraron la puerta tras de sí, Roy se acercó a las flores, y mientras las olía dijo:
-Bueno Rick, ya puedes ser sincero conmigo.
-¿Qué?
-Yo empecé exactamente igual con Claudia. Quería hacerme el desentendido, pero ella ya me importaba tanto que cuando no estaba conmigo, me dejaba con ese mismo aspecto estúpido y melancólico que tienes ahora.
Rick abrió la boca como para decir algo, pero estaba tan sorprendido que las palabras simplemente no le salieron.
-¡Ja ja ja! Vamos Rick, no te avergüences en hablar de ello conmigo. Yo sé lo que es estar enamorado.
-Pero… no es lo mismo. Claudia te corresponde. En cambio… ella…
-Lisa Hayes ¿verdad?- preguntó Roy, ya impaciente -la amas.
-Shhh, baja la voz ¿quieres?
-Tranquilo, Rick ¿cuál es el problema?
-Que ella está comprometida.
-¿Y eso va a detenerte? Si sientes algo por ella, no la dejes escapar.
-No podría… No sé que hacer, Roy.
-Deja de compadecerte. Relájate y sé tú mismo.
Rick exhaló un suspiro.
-¡Y sonríe, por favor! Que no es una tragedia lo que te pasa, sino todo lo contrario- agregó Roy, mientras lo despeinaba con ambas manos, para hacerlo reír.
-¡Jajaja! Ya deja mi cabeza que está un poco sensible.
-Está bien, lo siento. Y ahora que recuperaste tu sentido del humor, me marcho. Luego te haré otra visita.
-Nos vemos, viejo.
Vio cómo Roy caminaba hacia la puerta, pero antes de que se fuera lo detuvo con un último pedido:
-Por favor, no se lo digas a Claudia.
Roy lo miró con una sonrisa casi paternal antes de responderle:
-Claro que no lo haré. Aunque le pidiera guardar el secreto, ella no soportaría y se lo acabaría contando a Lisa. Y no quiero quitarte el privilegio de decírselo tú mismo cuando sea el momento oportuno… que espero sea pronto.
Roy salió de aquella habitación y, mientras caminaba por el pasillo, no pudo evitar sonreír al recordar lo trabajoso que había sido encontrar a Minmay esa misma mañana para convencerla de que fuera a ver a Rick. "¿Así querías levantarle el ánimo? Estabas buscando en el lugar equivocado, Fokker" pensó.
Algunas horas después, Rick recibió la tercer visita del día, y la que menos esperaba.
-¡Minmay! ¡Qué sorpresa verte aquí!
-¿Cómo te encuentras, Rick? El comandante Fokker me dijo que estabas herido, y vine a verte en cuanto pude. ¡Estoy agotada!
-¿Mucho trabajo?
-¡Demasiado! Entre la película, el disco y mi próximo concierto, siento que no me alcanzan las horas del día. ¿Te molesta si me siento?- dijo, señalando el borde de la cama.
-Claro que no, recuéstate si quieres y descansa un poco.
Minmay le hizo caso y sus ojos se cerraron apenas se recostó, mientras Rick la miraba con ternura. Para dormirse tan deprisa, con apenas medio cuerpo apoyado en la cama, era evidente que tenía que estar muy cansada. Qué lindo detalle que se molestara en ir a verlo cuando tenía tanto que hacer. Aunque era un poco descortés el hecho de quedarse dormida sin haber conversado casi nada. Era como si hubiera ido al hospital por las camas, y no por él.
Respiró hondo, y al hacerlo, el perfume de las flores llegó hasta su nariz. Las flores que le había traído la Comandante Hayes. Lisa. Le gustaba Lisa. Recordó una frase que le había dicho Roy hacía algún tiempo: "Antes de amar a alguien, tiene que gustarte primero". Le gustaba Lisa, no había duda alguna de ello… pero ¿Amarla? ¿No habría exagerado Roy? Lo cierto era que no dejaba de pensar en ella, ni siquiera ahora que tenía a la Señorita Macross a los pies de su cama.
De pronto, la alarma de alerta de ataque lo trajo de vuelta a la realidad. Se sintió inútil y vulnerable, ahí recostado, mientras sus compañeros luchaban allá afuera por defender al SDF-1. Minmay seguía durmiendo pese a aquel sonido chillón y estridente, y él no pudo evitar sentir un poco de envidia. "Cómo me gustaría ignorar el peligro y descansar yo también" pensó, pero le era imposible: lo invadía un mal presentimiento difícil de explicar. Una frase salió de su boca, muy suave:
-Cuídate, Roy.
