Aunque todo el mundo lo sepa hay que aclarar otra vez que LOS PERSONAJES DE ROBOTECH NO ME PERTENECEN, SON DE HARMONY GOLD.
Los tres veritechs regresaban a la pista de aterrizaje del SDF-1 después de un combate sumamente extraño en el que uno de los enemigos parecía obsesionado con destruir únicamente la nave de Max, que gracias a sus excelentes habilidades había resultado ileso como siempre. La nave de Ben había corrido una suerte similar, pero curiosamente la más dañada fue la de Roy.
-¡Mira eso!- dijo uno de los controladores aéreos a su colega, señalando el ala del Skull 1, que parecía impactada por varios proyectiles.
-¡Sí que le dieron a la nave de Fokker esta vez! Qué extraño... - reflexionó el otro.
No dijeron una palabra cuando los tres pilotos descendieron de sus respectivas naves, pero no pudieron evitar echar un vistazo a Roy. Se lo veía más pálido que de costumbre, y Max también pareció notarlo.
-¿Se siente bien, comandante?
-¿Bromeas, Max? Nunca me he sentido mejor- respondió, orgulloso como era su costumbre -Claudia me está esperando con una exquisita ensalada de piña.
-¿Seguro? Parece un poco mareado, tal vez podría pasar por la enfermería primero- agregó Ben.
-¡Para nada! No digan tonterías chicos, estoy perfectamente.
-Está bien comandante, pero sería más prudente si… ¡ROY!
Max no pudo terminar la frase porque, mientras hablaba, Roy había caído de bruces al suelo, inconsciente. Los dos pilotos y los controladores aéreos corrieron hacia él, y al advertir que sangraba, uno de ellos comenzó a gritar pidiendo un médico.
-No tendremos suerte, acaban de irse todos hace dos horas. Llamaré al hospital- dijo el otro, buscando desesperadamente su teléfono entre los pliegues de su chaqueta.
-¡Rápido!- dijo Max, preocupado -la herida del comandante parece crítica ¡no sé que pasará si el médico demora!
-¡AYUDA! ¡ES UNA EMERGENCIA!- comenzó a gritar Ben -¿Realmente no hay ningún médico cerca?
Cuando empezaban a temer lo peor, sintieron unos pasos acercarse a ellos a toda velocidad. Aunque no llevaba su uniforme médico y estaba bastante despeinado, lo reconocieron de inmediato.
-¡Doctor Jenkins! ¡Gracias a Dios!- dijo Max, y estuvo a punto de preguntarle qué estaba haciendo ahí si su turno había terminado, pero lo comprendió de inmediato cuando vio aparecer también a Kim, cerrándose la camisa y con los zapatos en la mano.
Todos sonrieron para sus adentros, pero las bromas debían esperar para otro momento. La prioridad era salvar a Roy. Por fortuna, Jenkins actuaba rápido: arrancó un trozo de tela de su camiseta y lo usó para presionar le herida abierta de Roy, y mientras le controlaba el pulso, dijo a los controladores aéreos:
-Traigan un vehículo para llevarlo al hospital ¡rápido!- y luego, dirigiéndose a Kim: -Avísale a Claudia.
Más tarde, en el hospital militar
Rick movía entre sus manos el pequeño avión Roy le había regalado el día anterior, deseando que llegar el momento de su alta para volver a subirse en uno de verdad, hasta que unos suaves golpes en la puerta lo alegraron. "Visitas al fin", pensó.
-Adelante- dijo, sin poder contener la sonrisa cuando vio que la que entraba era Lisa. -¡Viniste de nuevo!- agregó, pero su alegría cambió en preocupación cuando notó el rostro serio y a la vez triste de ella.
-Rick, vengo a hablarte de Roy, no sé si sabes lo que pasó.
-¡¿A Roy?! ¿Qué pudo pasarle a Roy? ¡Por favor dime que está bien!
-Lo hirieron y perdió mucha sangre- empezó a contar Lisa, con la voz ya quebrada -Afortunadamente lo trajeron a tiempo al hospital. Ahora está en la unidad de cuidados intensivos. Está muy grave.
Rick palideció súbitamente; no podía creer lo que escuchaba. Siempre había pensado en Roy como alguien invulnerable.
-¿Cuándo pasó?
-No hace ni dos horas. Fue en el último combate, del que habrás escuchado la alarma.
-¡Claro!- Rick se llevó una mano a la cabeza -¡Con mi escuadrón! Yo debí haber estado ahí. Dios mío, si algo le pasa no podré perdonármelo nunca.
-Estoy segura de que estará bien- dijo Lisa, tratando de calmarlo, aunque unas tímidas lágrimas asomaban en sus ojos.
-Tengo que verlo- dijo Rick, levantándose de la cama.
-¿Qué haces Rick? No puedes…
-No me regañes Lisa, sabes que no te haré caso ni a ti ni a nadie- la interrumpió, ya de pie y dirigiéndose a la puerta. Ella ya no tuvo ganas de detenerlo, pues sabía que tenía razón. Tenía que ver a su hermano mientras estuviera con vida, aunque ello implicara desobedecer una orden.
-Entonces iré contigo- se limitó a decir casi en un susurro.
Ambos se encaminaron al área de cuidados intensivos y, al doblar en una esquina, una enfermera los interceptó en el pasillo.
-¡Teniente Hunter, vuelva inmediatamente a su habitación!
-Perdone, enfermera, necesito ver al comandante Fokker ¡es importante!/
-Lo importante aquí es su salud, y es nuestra responsabilidad ¡Esto es un hospital Militar! ¿Sabía que puedo reportarlo a sus superiores por estar desobedeciendo órdenes de su médico?
-No será necesario,- intervino rápidamente Lisa -yo respondo por él. Si peligrase su salud o la de terceros, será a mí a quien tenga que reportar.
-La enfermera giró su cabeza y la miró boquiabierta. Sabía que la Oficial Hayes era una de las personas más importantes a bordo de la nave y no jugaría su prestigio por cualquier cosa. Así que, un poco enternecida por su actitud, pero también un poco molesta porque la había desautorizado, los dejó continuar.
En la sala de espera de cuidados intensivos se encontraron con Claudia, que tenía los ojos enrojecidos de tanto llorar. Ella y Rick se fundieron en un profundo y prolongado abrazo, y sólo se soltaron cuando una enfermera salió de la habitación de Roy.
-Señorita Grant- dijo -el comandante Fokker continúa en estado de coma inducido, pero se encuentra estable- y luego dirigió una mirada seria a Rick -Teniente Hunter, voy a pasar por alto el hecho de que debería estar en su cama sólo porque al teniente Fokker le hace bien escuchar voces conocidas. Puede pasar a visitarlo sólo cinco minutos y volver inmediatamente a su habitación.
-Entendido- dijo Rick, aliviado de que esta enfermera fuera un poco más comprensiva que la anterior. Entró y caminó despacio hasta la cama de Roy. Verlo pálido, inconsciente y con tantos aparatos conectados era sobrecogedor.
-Saldrás de ésta, Roy. Lo sé- dijo, y se limpió una pequeña lágrima que ya no había podido contener.
Al día siguiente
Kyle estaba sentado a la mesa de un bar, observando a los niños que jugaban el parque, las parejas que caminaban de la mano, los ancianos que paseaban a sus perros… "Pobre gente. Qué admirable que tengan ánimo suficiente como para pretender que sus vidas son las mismas de siempre" pensó.
-Hola Kyle ¿cómo estás?- lo saludó el recién llegado Teniente Riber.
-Hola Karl, me alegra que hayas podido venir. Siéntate por favor.
Karl hizo caso y pronto apareció la camarera a tomarles el pedido. Estuvieron un rato conversando, hasta que Kyle finalmente le contó por qué lo había citado.
-Ayer Minmay desapareció entre una escena y la otra- comenzó a decirle- Su agente corrió a buscarla como un loco hasta que la encontró en el Hospital Militar. Se había quedado dormida arriba de una de las camas. ¿Puedes creerlo?
-Me parece un acto un poco irresponsable viniendo de ella- dijo Karl -¿sabes qué estaba haciendo ahi?
-Tengo una leve sospecha, pero quisiera que tú me la confirmaras. Pienso que fue a visitar a alguien.
-Sí supongo que habrá ido a ver a Hunter- dijo Karl mientras se llevaba una mano en la barbilla -lo hirieron hace poco y está internado aún.
-¡Lo sabía!- exclamó Kyle, y dió un puñetazo sobre la mesa -No me haría gracia que fuera a ver a ningún militar, pero ese Hunter particularmente no me gusta.
-No sabía que él y Minmay fueran tan cercanos.
-Ella dice que son buenos amigos… pero no me fío de las intenciones de él. No quiero ponerte en un compromiso, Karl, pero quisiera que lo observes… y lo mantengas alejado de Minmay.
-Veré que puedo hacer, pero no creo que debas preocuparte por Hunter. Lo que no entiendo es cómo pudieron llegar a hacerse amigos, si no parecen tener nada en común.
-Es que Minmay le tiene afecto porque dice que una vez "le salvó la vida en un vuelo"- dijo Kyle, haciendo el gesto de las comillas y con expresión de desdén.
-Bueno, no podemos negar que tiene agallas. También salvó la vida de Lisa en más de una ocasión.
Kyle lo miró fijo un momento y luego volvió a dirigir la vista hacia el parque -Ya veo…
-¿Qué cosa?- preguntó Karl, confundido.
-Que salvar vidas se le haya vuelto una costumbre. Es su estrategia.
-No te entiendo, Kyle.
-Hay muchos perdedores que desarrollan una estrategia para acercarse a las chicas. Algunos aprenden a tocar un instrumento, otros toman clases de cocina, otros se dedican a curar animales heridos… Hunter sabe volar, y aprovechó eso para estar casualmente donde hay peligro y alguna chica lo necesite.
-¿Tú crees?
-Te lo digo, Karl, Hunter es peligroso. Vigílalo, es mi consejo. Y no solamente por Minmay… ten cuidado por Lisa.
Pagaron los cafés y se despidieron. Pero lo último que Karl escuchó decir a su amigo resonó fuertemente en su cabeza. "Debe estar exagerando", pensó, y de inmediato marcó el número de Lisa.
Casilla de mensajes. Su teléfono estaba apagado.
Llamó también al Puente, aunque sabía que su horario había terminado, pero quizás estaba haciendo horas extra.
-Hola Teniente Riber, Lisa no está aquí, su turno terminó hace dos horas y media- le informó Vanessa.
-Sí, lo sabía, pero con lo mucho que ama su trabajo, no me extrañaría que siguiera ahí. ¿Se te ocurre dónde puede estar?
-Seguro está en el hospital.
-¡¿QUÉ?! Está bien, gracias Vanessa.
Karl dio por finalizada la llamada y echó a andar, furioso, en dirección al Hospital Militar. "Así que mi prometida no atiende el teléfono por estar consolado al pobre y herido Hunter", pensó. Apenas cruzó la puerta de entrada al hospital, la vio sentada en uno de los asientos de la recepción y fue derecho hacia ella.
-¡LISA!
-Hola cariño
-¿Acaso vives en el hospital ahora? ¡No podía encontrarte por ningún lado!
-¿Qué rayos te pasa?- preguntó Lisa, un poco aturdida
-¡Quieres que todos se rían de mi! ¿Es eso? ¿Quieres que piensen que soy un idiota? Contéstame, Lisa ¡¿Qué estás haciendo aquí?!
-Vino a hacerme compañía,- lo interrumpió Claudia, que acababa de llegar de la máquina de café, pero había escuchado todo -Roy está en terapia intensiva, yo no me muevo de aquí, y necesito tener a mi mejor amiga cerca.
Karl palideció y se llevó las manos a la cabeza.
-Lo siento mucho, Claudia, no sabía nada.
-Y no vuelvas a hablarle de esa forma a tu novia porque soy capaz de matarte con mis propias manos- dijo Claudia con toda la serenidad del mundo, mientras revolvía su capuccino.
-Perdóname, Lisa, es que estaba preocupado y…
-Hablaremos en otro momento, Karl. Lo mejor ahora será que te vayas.
Karl asintió y se marchó del hospital, cabizbajo. Claudia lo miró alejarse con un gesto de fastidio.
-No sé que decir, Claudia. Yo… lamento que…- comenzó a decir Lisa, pero su amiga la interrumpió.
-No te disculpes por él, Lisa. ¿Qué demonios le pasó ahora?
-No lo sé, y sinceramente tampoco me interesa en este momento.
La sala de espera había quedado en un completo silencio después de los gritos de Karl, por lo que el llamado del médico resonó fuerte:
-Familiares del comandante Fokker
-Aquí- dijo Claudia, poniendose de pie junto a Lisa.
-El paciente ha respondido bien a las transfusiones y hemos detenido la hemorragia. Deberá continuar en observación, pero de seguir así, mañana por la mañana le retiraremos el respirador y ya podrán hablar con él.
Los ojos de Claudia se llenaron de lágrimas y también los de Lisa, que rodeó a su amiga con un brazo.
-Gracias, Doctor.
-No hay de qué, señoritas. Son libres de hacer lo que deseen, pero yo les aconsejo que esta noche descansen y regresen por la mañana. El comandante está fuera de peligro- dijo, sonrió y se marchó.
-¿Qué quieres hacer, Claudia?- preguntó Lisa.
-Vámonos a casa, pero antes acompáñame a hacer unas compras.
-¿A dónde quieres ir?
-Al mercado por vegetales y piña. Sé que Roy despertará con mucha hambre mañana.
