Los personajes de Robotech no me pertenecen, son propiedad de Harmony Gold (si es que el coronavirus no modificó eso también! )
Cuando el Capitán Global terminó de leer el informe del equipo de psicólogos del SDF-1, lo apoyó sobre el escritorio, se recostó cómodamente en su silla y encendió su pipa. La situación de los civiles a bordo ya era lo bastante delicada, y ahora debía sumar una nueva preocupación: qué hacer con los soldados rescatados de la Base Sara. Según el informe, sólo tres de ellos habían logrado adaptarse a su nueva situación, mientras que el resto estaba disconforme y presentaba un abanico de malestares que iban desde la ansiedad hasta el estrés postraumático.
Lo ideal sería transferirlos definitivamente a la Tierra, pensaba, pero en estos momentos, en los que ni siquiera los civiles podían regresar por temor a que difundieran la verdad sobre los Zentraedi y con ella el pánico, la idea de reubicar a los soldados que más habían padecido las políticas de ocultamiento de información, era sencillamente una locura.
-Un problema a la vez, Henry- se dijo mientras daba otra bocanada a su pipa. Tal vez el asunto del equipo de la Base Sara podía esperar, pero no iba a darse por vencido con los civiles. Tenía que buscar una forma de llamar la atención del GTU, y la única era golpearlos donde les dolería: la visibilidad del conflicto. Sí, tenía un plan. El SDF-1 abandonaría su "escondite" en medio del océano y sobrevolaría ciudades enteras a baja altura, intimidado a la población. Si querían verlo regresar al espacio, tendrían que atender a su reclamo.
Mientras tanto, en el Hospital Militar
Claudia, Lisa y Rick recorrían el pasillo que los conducía a la habitación de Roy, que ya había salido de la terapia intensiva y esperaba ansioso sus primeras visitas.
-Me alegra que ya estés bien, Rick- dijo Claudia -¿Cuándo te reincorporarás a tus funciones?
-Esta misma tarde ¡no puedo esperar para subirme de nuevo al veritech!
-Y luego dicen que yo soy adicta al trabajo ¿No?- rió Lisa
-Supongo que es más divertido que pasar las horas en el hospital- dijo Claudia.
-Seguro,- siguió Rick -espero que Roy se recupere pronto porque todos necesitamos alejarnos ya de este lugar.
Claudia se detuvo frente a una puerta y leyó el pequeño cartel:
-Habitación 34, llegamos- dijo mientras daba unos suaves golpecitos.
-Adelante- se oyó la voz de Roy desde adentro.
Lisa y Rick sonrieron mientras Claudia giraba el picaporte para abrirse paso.
-Hola Roy- dijo, con la voz quebrada por la emoción.
-¿Quién esta criatura tan hermosa? Debo estar soñando todavía.
Claudia se sentó a su lado y se inclinó para besarlo, mientras él le acariciaba los cabellos
-Claudia, preciosa ¡deja de llorar! ¡Estoy bien!
-Sí, Roy ¡Estás bien!- Claudia se apartó de su lado para secar sus lágrimas que ya brotaban como una cascada, momento que fue aprovechado por Rick para acercarse a su amigo.
-¡Roy! ¡Qué susto nos diste a todos!
-¡Pero mira nada más! ¡Si es el mejor piloto del SDF-1! Bueno, sólo ahora que yo estoy de baja- bromeó Roy, como era su costumbre -¡Lisa! ¡Tú tambien estás aquí!
-Por supuesto Roy, quería ver cómo estabas- respondió Lisa.
-¿Saben? Me alegra que hayan venido a verme, en serio, pero creo que les pediré que me dejen a solas con Claudia, esta cama es muy cómoda y tal vez quiera hacerme compañía…
-¡Roy! -se sonrojó la aludida.
Lisa y Rick intercambiaron una sonrisa incómoda. Si bien era costumbre de Roy hacer bromas picantes, no esperaban que eso fuera lo primero que tuviera en mente al salir del coma.
-Vamos Claudia, no te hagas la mojigata ahora que hemos alborotado camas más pequeñas que ésta…
-Claro, Comandante Fokker, pero para hacer las cosas que usted tiene en mente necesitará reponer energías, así que mejor aliméntese bien- dijo Claudia mientras extraía un pequeño recipiente plástico de su cartera.
-¡Ensalada de piña! ¡Te lo agradezco, amor! Creo que me saqué la loteria con tu amiga...- dijo, esta vez dirigiéndose a Lisa, que le devolvió un gesto afirmativo con la cabeza.
-...tiene un excelente trasero y además cocina como los dioses! Por cierto Rick, hablando de traseros, ¿Has visto la enfermera que está en el pasillo? Creo que es de tu estilo…
Claudia puso los ojos en blanco, y le acercó un tenedor a su novio, como para desviar la atención hacia otra cosa.
-Toma Roy, come tu ensalada así hablas menos.
-¿Qué le pasa?- le preguntó Lisa con un hilo de voz, al notar que Claudia no estaba enfadada ni sorprendida por la actitud de Roy.
-Es el efecto residual de la anestesia. El doctor me advirtió que podía pasar. Sólo habla un par de tonterías más que de costumbre, como si estuviera borracho.
-Tonterías y verdades- agregó Roy, que la había escuchado, y guiñando un ojo -¿No es que los borrachos siempre dicen la verdad?
Rick tragó saliva, recordando que la última conversación que había tenido con Roy antes del accidente había sido sobre Lisa Hayes, y temió que pudiera decir algo al respecto.
-¿Sabes qué cosa me gusta todavía más que esta ensalada, Claudia?
-¿Qué, Roy?
-Tus curvas ¡Son perfectas!
Lisa echó a reír.
-No te pongas celosa, Lisa, tú también eres muy bonita ¿No crees Rick?
-S...sí, Lisa es…- Rick se había sonrojado y no sabía qué decir, pero afortunadamente Roy no esperaba una respuesta y continuó:
-Ahhh pero siempre sola ¿Por qué no estás con Karl, Lisa? Si no es lo bastante bueno para ti ya sabes que puedo buscarle un reemplazo en tiempo record.
Lisa volvió a reir, aunque esta vez con nervios, y Rick se puso a hojear una revista que encontró por ahí, para evitar el contacto visual con cualquiera de los presentes.
-Ya basta con las bromas, Roy- lo regañó Claudia en un tono dulce, pero temiendo que sus palabras pudieran herir a su amiga.
-¡Si Lisa sabe que no iba en serio! ¿Verdad Lisa? Cuéntame cómo esta Karl.
-Bien…
-Ah ese Karl es un afortunado,- volvió a interrumpir -no sólo tiene a esta belleza por novia sino que además no lo derribaron ¡Jajaja! ¡Nunca! ¡Jajaja!
-¿Qué es tan gracioso?- quiso saber Lisa, que cada vez entendía menos.
-Rick y yo hospitalizados, jajaja ¡en la misma semana! y Karl invicto ¡Jajaja! ¿Qué te parece Rick?
-¿QUÉ?- preguntó Rick aturdido, pero rápidamente se le ocurrió algo para salir del paso:
-Ah claro, lo dice porque Karl lleva menos tiempo que nosotros como piloto de combate- dijo, dirigiéndose a Lisa.
-Seguro, Rick. ¿Sabes? Creo que lo mejor será irnos y dejarlo un momento a solas con Claudia.
-¡Estoy totalmentede acuerdo!- dijo Rick y en seguida se acercó a Roy para estrecharle la mano -Me alegro profundamente de que estés bien. Mañana volveré a visitarte, si es que no te dejan salir antes. Que seguro que lo harán porque eres fuerte como un toro. ¡Hasta luego! Y adiós chicas, gracias por la compañía, seguro las veré en la cafetería, ah pero Lisa, seguro que primero hablamos por el TacNet.- Rick hablaba torpe y velozmente mientras se acercaba a la puerta -Ciao!- dijo finalmente y se alejó con un portazo involuntario, haciendo que Roy comenzara a reír de nuevo.
-¡Jajaja! Cómo me divierto cuando Rick empiza a actuar así de extraño.
-¿Actuar extraño? ¡Mira quién lo dice! -dijo Claudia, riendo también.
-¿Quieres que actúe extraño? Llévate esta ensalada y acércate un poco más- la desafió Roy, con voz seductora.
-Bueno, creo que estoy estorbándolos, así que también me marcho- interrumpió Lisa -Mejórate pronto, Roy ¡Hasta luego!
Se despidieron y Lisa abandonó el hospital. Unos pocos metros más adelante, se encontró con Karl que la buscaba, pero esta vez mucho más sereno.
-Lisa, cariño, te debo una disculpa.
-Por supuesto Karl, ¿quieres contarme qué te pasó ayer para que me gritaras de esa manera?
-Sí amor, quiero que hablemos ¿Puedo invitarte a almorzar al restaurante italiano que tanto te gusta?- preguntó Karl, dedicándole una dulce sonrisa que siempre la desarmaba, así que accedió.
Con los altibajos que venía sufriendo su ánimo últimamente, un delicioso plato de pastas parecía una plan perfecto. Y más aún si venía acompañado de un sincero pedido de disculpas.
-Así que toda tu excusa es que estabas celoso...- concluyó Lisa más tarde, haciendo girar el tenedor en su plato de spaghetti, después de que Karl le contara su versión de la historia.
-Sí...- dijo Karl, levemente sonrojado por la vergüenza.
-Obviemos el hecho de que en ese momento yo estaba con Claudia y no con el Teniente Hunter, y dime ¿por qué te pondrías celoso de él? ¿Quién te puso esa idea en la cabeza?
Karl sorbió un poco de vino, dudando si sería buena idea responder, pero sabía que para que su novia lo perdonara debía ser sincero con ella:
-Bueno, Kyle me sugirió que tal vez…
-¡¿Kyle?! ¡No puedes estar hablando en serio!- intervino Lisa, irritada -¿Cómo puedes seguir consejos de alguien como él? Odia a Hunter porque es, o fue, no lo sé con seguridad, novio de su prima. Pensaba que con su creciente fama tendría cosas más importantes de qué ocuparse que inventar rumores entre los militares que tanto desprecia.
-Lo sé cariño, Kyle es un poco… especial. Pero no fue sólo lo que él me dijo lo que hizo preocuparme.
Lisa detuvo su tenedor y los miró a los ojos.
-Aunque se lleven mal, no puedes negarme que Hunter se preocupa por ti. Te ha salvado varias veces…
-¿No será porque es su deber?
-Sí, pero… no sé, tienes razón. Tal vez son sólo paranoias mías sin sentido. Es que como él está siempre con Roy, y tú con Claudia…
-Jajaja ¿qué dices, Karl? Hablas como si los cuatro tuviéramos una especie de club secreto. La próxima vez que yo proponga una salida de parejas, en vez de negarte apúntate y solucionamos el problema.
Lisa deseaba que Karl y Roy se hicieran amigos, porque sería muy divertido hacer planes de a cuatro, y porque definitivamente Roy sería una mejor influencia que Kyle. Sí, era un mujeriego amante de las fiestas y con un extraño sentido del humor, pero era una buena persona, valiente y noble como pocos había conocido.
-Tienes razón… por cierto, ¿Cómo está Roy?
Lisa le contó brevemente sobre la visita al hospital, omitiendo el extraño comentario que había hecho Roy sobre él, por supuesto, y todavía conversaron un rato más hasta que sus platos quedaron completamente vacíos.
-¿Pedimos algo de postre?
-No Karl, gracias pero estoy llena. Aunque podría tomarme un café.
-Sí, yo también- Karl la miró con una media sonrisa, y agregó -¿Sabes? Tengo café en mi barraca…
Ella sonrió, porque no le parecía una mala idea. Todavia tenían algunas horas hasta que comenzaran sus turnos, y estaban pasando un momento agradable como para que terminara tan pronto.
-Suena perfecto
Pagaron la cuenta y echaron a andar tomados de la mano, algo que llevaban un tiempo sin hacer. No tardaron demasiado en llegar porque el restaurante estaba cerca de las barracas masculinas; de hecho lo habían descubierto la primera vez que Lisa fue de visita. A esa hora estaban permitidas las visitas mixtas así que Lisa acudía regularmente sin problema alguno, lo mismo que las otras chicas que tenían un novio militar. En realidad las visitas no estaban prohibidas a ningún horario, pero nadie las hacía por la noche porque no estaba bien visto. Algo por demás estúpido, pensaba Lisa ¡como si sólo se puediera tener sexo de noche!
Nada más entrar, Karl puso la cafetera en el fuego, mientras Lisa se quitaba los zapatos para sentarse sobre la cama. De pronto reparó en una fotografía que él tenía en su mesita de noche, en la que se veía a una Lisa adolescente en la playa.
-No sabía que seguías teniendo esta foto
-¿Por qué, me crees tan torpe como para perderla?- preguntó Karl, mientras tomaba asiento a su lado.
-Es que tiene tantos años, y pensar que esta foto estuvo en Marte, y ahora estoy viéndola de nuevo…
-Es una fotografía hermosa- le acarició una mejilla al ver que ella sonreía -Tú eres hermosa.
Se acercó más para besarla y ella lo rodeó con sus brazos. El siguio besándola, pasando de su boca a su cuello y abriendose camino al pecho. Ella empezó a tumbarse de a poco sobre la cama, mientras metía las manos debajo de la camiseta de Karl para acariciarle la espalda. La temperatura de la habitacion subía, pero también la de la cafetera, que comenzó a silbar.
-Ya se me fueron las ganas de tomar café- dijo Lisa, riendo por la inoportuna interrrupción.
-Igual que a mí- dijo Karl, que se levantó para apagar el fuego y volver rápidamente a la cama junto a su prometida; a esa cama que les permitía, al menos por un rato, no pensar en otra cosa más que en ellos dos, y que los hacía sentirse vivos y recordarles, al ser capaeces de abstraerse de la guerra de allá afuera para hacer el amor, que seguían siendo humanos.
Lisa, por su parte, se sentía plena por primera vez en mucho tiempo. Karl se quedó dormido y ella, con su cabeza apoyada en el pecho desnudo de él, tuvo una extraña sensación de seguridad, de que todo podría resolverse pronto. Esta especie de reconciliación, sumada a las recuperaciones de Roy y de Hunter, la había llenado de optimismo, un optimismo que iba más allá de lo personal, porque además tenía muchas esperanzas en el nuevo sistema de denfensa que acababa de desarrollar el equipo técnico del SDF-1 y que estaba listo para entrar en funcionamiento en cuanto fuera necesario.
Así estaba, pensando en lo perfecto que parecía todo y en que querría congelar el tiempo en ese momento, cuando Karl empezó a emitir unos quejidos y a mover de lado a lado la cabeza.
-Karl, Karl despierta- susurró Lisa mientras lo sacudía suavemente.
-Nos encontraron... ¡AHHHH!- gritó Karl, despertándose en el acto.
-¡Karl, despierta!- le dijo Lisa mientras lo abrazaba y besaba su frente, húmeda de sudor frío -Shhh, tranquilo, yo estoy aquí.
-Sí, gracias a Dios estás conmigo ahora- dijo, tomando fuertemente su mano -pero creí que nunca más volvería a verte.
-¡Karl! ¿Qué sucede? ¿Qué fue lo que soñaste?
-Lo mismo que soñaba en Marte cada noche desde que avistamos la nave zentraedi… que nos atacaban y no podíamos defendernos...
-Oh Karl...
-Hacía tiempo que no tenía esa pesadilla, pero ha vuelto. Ya no estoy en Marte pero nada ha cambiado. El enemigo sigue ahí, nos supera en fuerza, y en cualquier momento podría… podría...
Karl ahogó un sollozo y no pudo continuar.
-No pienses en eso, cariño. Es duro, muy duro, pero tenemos que mantenernos fuertes.
-¿Para qué, Lisa? ¿Crees que tengamos alguna chance de sobrevivir? Por fin estamos juntos, pero cualquier día uno de los dos podría morir y yo no lo soportaría… no quiero perderte, Lisa- dijo y apoyó su cabeza en el pecho de su novia, con los ojos llenos de lágrimas.
Ella se limitó a abrazarlo fuertemente y acariciar sus cabellos, esperando que la angustia pasara. No sabía bien cómo hacerlo, pero tenía que ser fuerte por los dos.
Más tarde, en el Puente
-Capitán estamos recibiendo una comunicación secreta del Cuadrante de Ontario en Norteamérica- comunicó Sammy, atenta a su pantalla.
-La escucho, Sammy ¿Qué querrán?
-Dicen que reciben a todos los residentes civiles del SDF-1 ¡Qué maravilla!
Las exclamaciones de júbilo llenaron el lugar.
-Pues lo logramos, finalmente.- anunció el Capitán, en un tono mezcla entre victorioso y aliviado -Claudia, cambie el curso al Cuadrante Ontario.
-De inmediato
El clima ahora en el Puente era de alegría; al fin había buenas noticias. Todos sonreían, incluso Lisa, que esa tarde había llegado más seria que de costumbre a su trabajo. Global intuyó que estaría preocupada por su prometido, aunque no sabía cuánto.
Sin embargo, cuando ya estaban acercándose a destino, el radar detectó una pequeña flota de naves enemigas acercándose. No podían arriesgarse a iniciar una batalla en ese lugar y a tan baja altura, así que Global ordenó una alerta roja para todos los pilotos.
-Escuadrones de combate ¡Alerta roja! ¡Esto no es un simulacro!- repitió Lisa varias veces y su voz fue replicada por todos los altavoces de la nave, haciendo que los pilotos pronto estuvieran en sus puestos y listos para defenderla.
En un primer momento lograron repeler el ataque, pero pronto una segunda ola de naves enemigas apareció para complicar las cosas. Eran demasiadas. "¡Este no será el fin!" pensaba Global, mientras apretaba fuertemente los puños "¡No ahora que estamos tan cerca de devolver a los civiles a su hogar!"
-Coloquen el nuevo sistema de barrera defensa y prepárense para ataques enemigos- ordenó con firmeza.
Sí señor- respondió Lisa, para luego comunicarse con el sector de ingeniería de la nave: -Activen el Sistema de Barrera Unidireccional enseguida.
El enorme campo de energía rodeó la nave para protegerla. Los zentraedi, comandados por Kyron, comenzaron a atacar y, aunque los disparos dieron de lleno, no dañaron en lo mas mínimo al SDF-1: la barrera era un éxito.
Pero Kyron no se daría por vencido fácilmente, así que ordenó seguir avanzando y disparando. La alegría inicial en la nave pronto tornó en preocupación, cuando supieron que el sistema de defensa se estaba sobrecargando. Era necesario que los veritechs alejaran al enemigo antes de que la nave explotara.
-Todo depende de ustedes ahora- los alentó Lisa por el TacNet, y en un principio el esfuerzo de los pilotos pareció dar frutos. Si bien el enemigo seguía acercandose, al menos se reducía en número.
Pero de pronto llegó una comunicación desesperada del centro técnico de la nave:
-El sistema de barrera esta sobrecargado ¡Evacúen el área inmediatamente!- y después de eso, un grito desgarrador que les heló la sangre -¡AHHH!-, seguido de una terrible explosión.
El Puente quedó a oscuras, sólo con las pantallas titilando.
-Está llegando a un punto crítico, Capitán ¡Va a estallar!- gritó Sammy.
Lisa se apresuró a dar la orden de evacuación a todos los pilotos, a tiempo para que se alejaran antes de que el sistema colapsara en una enorme explosión que arrasó con todo a su paso . Primero, un terrible rugido y una bola de fuego. Después, oscuridad y silencio.
El SDF-1 había logrado sobrevivir porque se encontraba en el centro exacto del estallido.
-Capitán, la flota enemiga fue destruida en su totalidad… y la superficie terreste fue devastada en un radio de veinticinco kilómetros- informó Vanessa con pesar.
El Capitán Global respiró profundo antes de preguntar:
-¿Cuántas bajas sufrimos nosotros, Lisa?
Pero ella no respondió; se había desmayado producto del shock.
-¡Lisa!- Global corrió hacia ella y la tomó en sus brazos para tratar de reanimarla. De inmediato se le sumó Kim, ya que su equipo había quedado inactivo, y empezó a abanicar el rostro de su compañera. Claudia se puso rápidamente frente al monitor de Lisa para hacer el informe de las bajas.
-Teniente Rogers, Sargento Tempel, Sargento Dixon...
"¡Ben Dixon! Eso será un golpe para Lisa" pensó acertadamente Claudia, ya que si bien no eran grandes amigos, habían compartido la inolvidable experiencia de la captura y la posterior huida de la nave zentraedi. Suspiró y continuó:
-Escuadrones Cobra, Índigo y Magenta no presentaron bajas.
-¿Escuchaste, Lisa?- preguntó Kim a su superior, que ya empezaba a volver en sí -¡Karl está vivo!
Global esbozó una tímida sonrisa al ver que Lisa había despertado, pero todavía quedaban malas noticias:
-Hay un mensaje del Subcomandante del Cuadrante Ontario- le informó Sammy.
-Bien, lo tomaré en mi habitación- respondió secamente, sabiendo que le informarían que ahora negaban el permiso de asilo a los civiles. "Se acabó, ahora sí tendremos que abandonar la tierra" pensó mientras ayudaba a Lisa a ponerse de pie.
Le dolía verla así de frágil, y en ese momento se juró que no sólo no se rendiría con los civiles, sino que haría todo lo posible por poner a salvo también a los antiguos miembros de la Base Sara.
