Los personajes de Robotech son propiedad de Harmony Gold.
Roy aprovechaba su tarde libre paseando por el parque con Claudia, cuando de pronto recordó que la noche anterior, en ese mismo lugar, había ocurrido un acontecimiento importante:
-¿Cómo le habrá ido a Max en su cita?- preguntó, como pensando en voz alta - Espero que no la haya echado a perder.
-Ja ja ja, qué poca fe le tienes a tu amigo.
-No es por eso, Claudia. Es que la chica no parecía muy entusiasmada con la invitación, le dijo que sí de mala gana y luego se fue corriendo.
-Estaría avergonzada, pero no creo que aceptara una invitación si no estaba dispuesta a acudir, ¿qué ganaría con eso?
-Tienes razón, además Max es muy hábil, seguro logra hacer buenas migas con ella.
-Ya me contarás qué tal les ha ido cuando lo sepas, ahora yo también tengo curiosidad- dijo Claudia y le plantó un sonoro beso en la mejilla.
-Si todo salió bien, seguro él mismo vendrá a contárnoslo.
-Qué agitado tienen el terreno amoroso tus amigos, ¿No?- reflexionó de pronto la morena.
-¿A que te refieres?
-¡Ya sabes Roy! Max, Rick...
-¿Qué hay con Rick?
-Vamos Fokker, como si no lo supieras...
-No sé de qué hablas...-dijo pasándose la mano por la barbilla, haciéndose el pensativo -¿De la fiesta de Minmay, quizás?
-Y por fin dejas de hacerte el distraído...
-Jajaja ¿Yo me hago el distraído, preciosa? ¿Por qué no me cuentas tú qué pasó en la fiesta de Minmay?
-Porque parece que Rick ya te lo ha contado.
-Y Lisa a ti ¿cierto?
Se miraron un momento y rompieron a reír; no tenía caso seguir con eso. Era evidente que ninguno de los dos hablaría más de la cuenta. Aunque confiaran uno en el otro, la amistad era un tesoro valioso para ambos y los secretos eran sagrados.
-Allá ellos con sus complicaciones- dijo Roy y rodeó a su novia por la cintura, poniéndola frente a él, y comenzó a besarla -Mejor disfrutemos nuestra tarde libre.
-No podría estar más de acuerdo, Roy.
Mientras tanto, frente al despacho del Capitán Global
Lisa estaba sentada en una de los tantas modernas pero incómodas sillas de sala de espera de la base, preguntándose por qué la habrían mandado a llamar esta vez. En un principio había pensado que se trataba del asunto de los desertores, pero quedó confundida cuando la puerta de la oficina de Global se abrió y vio salir al doctor Philips, el psicólogo de Karl. Intercambiaron un saludo protocolar, y seguidamente Global le indicó a Lisa que ya podía pasar. Mientras ella tomaba asiento, él encendió su pipa y acomodó unas cuantas hojas de papel que tenía frente a sí.
-Tengo un asunto muy importante que discutir con usted, Comandante.
-Soy toda oídos, Capitán.
-El bienestar de cada persona a bordo del SDF-1 es una de mis mayores preocupaciones, y no me refiero únicamente a los civiles. Como bien sabrá, la mayoría de los oficiales que provienen de la Base Sara están enfrentando malestares o problemas de salud.
Lisa asintió. Conocía muy bien la situación de su novio, y no le extrañaba enterarse de que sus antiguos compañeros corrían la misma suerte.
-El inesperado arribo de los zentraedis micronizados pidiendo asilo se nos presenta como un pequeño rayo de esperanza- continuó Global -Significa que el diálogo con el enemigo es posible, y quizás el inicio de las negociaciones de paz.
-Estoy de acuerdo, Capitán.
-El problema es que no podemos hacerlo solos. Necesitamos el apoyo del Gobierno de la Tierra Unida. Ellos también deben estar dispuestos a negociar con los zentraedi.
-Tiene toda la razón, pero ¿cómo podríamos lograrlo? apenas nos escucharon la última vez.
-Tenemos nuevas pruebas a nuestro favor, Comandante. Los resultados de los análisis de laboratorio revelan que sus tipos de sangre y estructuras genéticas son idénticas a las nuestras. Eso, sumado al testimonio de los desertores, que desean adoptar nuestros valores y forma de vida, debería convencerlos de la necesidad de iniciar una tregua.
-Buen punto, Capitán. Será difícil convencerlos pero también creo que debemos intentarlo.
-Me alegra oír eso, Comandante, porque precisamente usted será la encargada de ir personalmente a la Tierra a llevar el mensaje.
-¿Yo?- preguntó Lisa.
-Desde luego. Usted es la persona más idónea para esta misión; conoce en detalle la situación de los refugiados y es nada menos que la hija del Almirante Hayes.
Lisa asintió con la mirada baja. La idea de abandonar el SDF-1 no le gustaba, pero estaba dispuesta a acatar una orden. Global notó su incomodidad y agregó, en un tono más afable y menos protocolar:
-Hay otro motivo por el que te he elegido para la tarea. Verás Lisa, el equipo de psicólogos coincide en que los antiguos miembros de la Base Sara estarían mejor en la Tierra. Permanecer en el espacio se les hace más duro aún que a los civiles; no pueden reponerse de los traumas sufridos en Marte cuando aquí se los somete a una situación parecida. En un principio creímos erróneamente que mantenerlos en actividades defensivas sería positivo para ellos puesto que en Marte no tenían esa posibilidad, además de que necesitamos la mayor cantidad de soldados disponibles combatiendo; pero los resultados muestran los contrario. Actualmente muchos de ellos están en una baja temporal, pero un cese total de sus actividades terminaría afectando además a su autoestima, lo que empeoraría significativamente su cuadro psicoemocional.
Los ojos de Lisa se nublaron, pensando en Karl y lo mucho que estaba sufriendo. Global continuó:
-Desearía poder enviarlos a todos a la Tierra, de verdad, pero sabiendo que ya negaron el asilo a civiles inocentes, no puedo esperar un buen recibimiento para ellos. En estos momentos me contentaría con poder enviar al menos a uno sólo de ellos... y quizá pueda conseguirlo.
Lisa levantó la mirada, interesada pero también confundida.
-Si vas a la Tierra, Lisa, lo harías en una misión oficial y de alto riesgo. Y como recordarás, el protocolo de la RDF permite viajar, en las misiones de alto riesgo, en compañía de un familiar de primer grado.
Lisa abrió los ojos muy grandes, intentando adivinar los pensamientos del Capitán, pero éste se adelantó:
-Se considera familiar de primer grado a un padre, madre, hijo, hermano menor de edad a tu cargo... o esposo, si lo tuvieras.
-Eso quiere decir que...- comenzó a decir Lisa con voz temblorosa, pero sin estar segura de cómo terminar la frase.
-Que si te casas con Karl en los próximos días, él podrá acompañarte sin que nadie pueda oponerse a ello.
Lisa tragó saliva. Casarse y abandonar la nave en cuestión de días. Era demasiado para procesar.
-Se lo agradezco mucho Capitán, pero ¿está seguro? ¿No me necesitan aquí en el SDF-1?
-Por supuesto que te necesitamos aquí, Lisa, pero también necesitamos que alguien influyente convenza al GTU de nuestras conclusiones. Y, en última instancia, Karl también te necesita. Así que la decisión ahora es tuya.
Lisa asintió.
-La de casarte, claro- agregó Global -Porque ir a la Tierra es una orden.
Al mismo tiempo, en la cafetería
La camarera interrumpió la conversación de los dos jóvenes para apoyar en la mesa los cafés que acababan de pedir. Les sonrió, ya que ambos le parecían atractivos, pero ninguno pareció prestarle atención, así que se retiró rápidamente.
-Realmente me dejas perplejo...- dijo Rick, retomando la charla donde la habían dejado -¿Una zentraedi?
-Así es Rick, yo tampoco lo habría creído si no hubiésemos hablado con los refugiados el día anterior... aunque ella vino al SDF-1 por motivos muy distintos.
-¿En serio? ¿Para qué vino entonces?
-Para matarme- dijo Max con total naturalidad, lo que hizo a Rick escupir medio café.
-¡¿Qué?!
-Según me dijo, yo fui el primero en derrotarla en combate y juró vengarse, así que vino a buscarme personalmente.
-¿Por eso estaba en el simulador de vuelo?
-¡Claro! y me reconoció por mi forma de operar la nave.
-Y por eso aceptó volver a verte- dijo Rick, atando cabos -Pero, si quería matarte ¿cómo la hiciste cambiar de opinión?
-Supongo que se sorprendió cuando no quise luchar contra ella, porque no esperaba que hubiera alternativas. Yo le abrí mi corazón y eso le mostró un mundo nuevo que, al igual que al resto de los desertores, le gustó.
-Vaya... es una historia fascinante y de verdad me alegro por ti, Max. ¿Pero por qué quieres casarte con ella? ¿No es muy apresurado?
-Tal vez lo sea... pero me pasó nada igual con una chica. Siento que es la indicada para mi, la definitiva ¿sabes? Y no veo razón para retrasarlo si estoy tan seguro. Además, tener una familia será una buena contención para ella también, la haría sentir que pertenece aquí.
Rick estaba sorprendido tanto por lo increíble de la historia como por la madurez en las palabras de su amigo. ¡Hasta hablaba de formar una familia!
-Por cierto Max, tengo curiosidad... ¿realmente los zentraedis son iguales a nosotros... quiero decir... en todo? Quiero decir...
-Ya sé lo que quieres preguntarme- Max no pudo contener la risa -Y la respuesta es.. sí. Anatómicamente son iguales a los seres humanos.
Rick lo miró fijamente con ojos centelleantes porque acababa de obtener, leyendo entre líneas, la información que buscaba.
-Si, Rick, tuvimos relaciones ¿Vas a dejarme en paz ahora?- bromeó Max.
-Veo que no pierdes el tiempo, Sterling! ¿Y cómo fue? Si quieres contarme, claro...
-La verdad, fue perfecto. Era la primera vez para ella, así que no tenia experiencia pero tampoco los miedos, vergüenzas e inhibiciones que tenemos los humanos en esa situación. Yo lo disfruté mucho, y creo que ella también.
-Así que le diste su primer orgasmo... ¡No me extraña que los zentraedis quieran desertar para vivir como nosotros!
Max empezó a reír mientras se tapaba la cara, avergonzado por los picantes comentarios de su amigo.
-Además- siguió Rick -puedes estar seguro de que no lo fingió; esas cosas se aprenden entre humanos.
-Ay Rick, estás haciéndome reír mucho pero por favor, no me avergüences así delante de ella.
-Jajaja, descuida Max. Por cierto, ¿Dónde está ahora? Quiero conocerla.
-Se fue de compras con Frida, va a enseñarle sobre moda femenina y esas cosas para las que yo no tengo paciencia.
-¿Frida, nuestra compañera de escuadrón?
-Si, ella. Nos cruzamos en el centro comercial, hablamos un poco y se cayeron bien mutuamente, supongo porque ambas son pilotos, y ahora están en una especie de salida de chicas.
Rick estaba a punto de preguntar algo más, cuando vieron pasar cerca de ellos a Lisa, cabizbaja. Se la veía incómoda, como si algo le preocupara.
-Buenos días, Comandante. ¿Te encuentras bien?
Lisa apenas respondió al saludo militar y agregó un tímido:
-Sí, gracias. No se preocupen
-¿Podemos ayudarla en algo?- preguntó Max cortésmente.
-Ojala pudieran... lo siento muchachos, todo está bien, gracias- respondió con el mismo tono monocorde de antes y siguió caminando.
Rick, desconociendo la charla que acababa de mantener con el capitán Global, pensó que la frialdad de Lisa para con ellos se debía a la forma en que él le había hablado la última vez que se habían visto. Había sido grosero y se había ido sin saludarla, y deseaba disculparse por eso, aunque momentáneamente no lo hizo, porque también parecía haber una preocupación mayor que la aquejaba. Se limitó a mirarla mientras se alejaba, conteniendo las ganas de estrecharla en sus brazos y decirle que todo estaría bien, fuera lo que fuera.
Max, viéndolo petrificado como estaba y con la vista clavada en Lisa, quiso distender la situación con una broma, en venganza de tantas que había recibido hacía un rato:
-Reconozco que la Comandante tiene buen trasero, pero trata de disimular un poco cuando se lo estés mirando, Rick.
-Max, eres un idiota.
