Capítulo 1: El último recurso…
Dos años después de la última visita de Artanis a Equestria, Twilight y sus amigas se encontraban en lo alto de una meseta, en donde se encontraban los restos del destruido castillo de los Changelings. La Princesa de la Amistad ahora tenía acorralada a la Reina de los Changelings, quien se encontraba indefensa ante Starlight Glimmer, las Princesas de Equestria, las Mane Six, Discord, Thorax y sus antiguos Changelings, ahora cambiados a una forma colorida y sin maldad.
Starlight le ofreció una chance, una oportunidad de ser mejor que ella cuando estuvo en esa misma situación. Sin embargo, la antigua Reina de los Changelings golpeó el casco que Starlight le ofrecía con una mirada de odio.
- ¡Ninguna venganza que te puedas imaginar se va a acercar a lo que te haré algún día, Starlight Glimmer! - Gritó antes de dejarse caer al vacío y volar a través de los desolados campos de Badlands.
A medida que se alejaba de las ruinas de su antiguo palacio, la ira se acrecentaba cada vez más al pensar en sus errores y la culpable de todos sus males. Starlight Glimmer… esa insignificante unicornio y su grupo de amigos inútiles. Tenía a todos sus enemigos atrapados, prácticamente había ganado, y por su culpa lo perdió todo. ¡TODO! Y Thorax… THORAX. ¡Ese traidor sin ni una pizca de liderazgo! ¿Se atrevió a quitarle su legítimo lugar como Soberana de los Changelings? Lo pagaría. Él y todos sus súbditos malagradecidos.
"¿Pero ¿cómo?"
Por fin encontró un bosque oscuro cerca de los límites de Badlands donde pudo detenerse. Tenía que pensar.
Su situación no podía ser mas grave. Estaba sola. Completamente sola. No tenía refugio, no tenía súbditos, no tenía un plan. Sus Changelings la abandonaron, sus enemigos estaban mas unidos que nunca, y cualquier idea que se le ocurriera en ese momento la veía completamente falible. No había forma de que ella sola pudiera contra todas esas princesas, Discord y todos sus aliados.
En el medio del vacío surgió la solución, era un pensamiento que surgió desde el momento en que saltó de ese barranco, pero que quería evitarlo a toda costa.
Lo que venía no sería sencillo. Tenía un recurso aún, no todo estaba perdido. Habían pasado dos años desde que lo encontró y lo puso bajo su servicio. Él le prometió gloria y le prometió un Enjambre capaz de hacer su reino el mas poderoso de todos, pero no le dijo cuanto tardaría, ni lo que tendría que sacrificar
- "La evolución lleva tiempo. Desarrollo y trascendencia requieren perfeccionamiento"- Pensó Chrysalis. Esa fue su excusa.
Debería haberlo asesinado, el trabajo que hizo el poco tiempo en que estuvo en su Castillo aun rondaba en la mente de la Reina de los Changelings como un recuerdo horroroso de una pesadilla que deseaba dejar atrás. La naturaleza de esa criatura era… torcida, por ponerlo en palabras suaves. Lo que ese monstruo les hizo a algunos de sus súbditos, los gritos, los… cuerpos…
Quizás fue demasiado arriesgado dejarlo a sus anchas. En cierto punto se olvidó de él, quiso olvidarse de él. Dejarlo con un grupo de sus Changelings en secreto en una zona alejada y abandonada del reino quizás no fue su mejor opción, pero no estaba en ella dejar de lado posibles recursos. Después de todo, lo que proponía era cambiarla a ella y a su raza para siempre. Pero tampoco podía desoír en ese momento el pedido de sus súbditos de sacarlo del castillo, ni ignorar la oportunidad de concretar mas rápidamente sus planes. De hecho, le alegró tener una excusa para tenerlo alejado de ella. Solo un par de meses y sus Changelings estaban tan o más asustados de él como de ella.
Pero ahora sus súbditos no estaban. Todos la traicionaron. Los únicos que podía pensar que no estaban cambiados a esa forma débil que tenían ahora eran los que dejó con él. No tenía otra opción.
Lanzó un largo suspiro y se dirigió con decisión de regreso a los baldíos de Badlands. Solo ella sabía con certeza donde estaba. Los pocos que sabían de su ubicación, fueron dejados a su merced.
Por fin… el cañón.
Le pareció un lugar estupendo para ocultarlo. Una abertura en la tierra donde podría arrestarse en la oscuridad. Nadie se atrevería a entrar allí por su cuenta, y los pocos que lo harían se aseguraría de que no salieran. Solo esperaba que recordara a quien le era leal.
Entró despacio y ajustando sus ojos a la oscuridad hasta que tocó el fondo, cuando por fin pudo ver con claridad entre tanto negro, notó las diferentes madrigueras. Debieron de haber estado cavando para mantenerse a salvo luego de que los dejó con eso.
- ¡Morgoroth! - Gritó con decisión, oyendo su voz rebotar en todas direcciones- ¡Morgoroth! ¡Sal de donde te escondas! ¡Tu reina te llama!
No hubo respuesta, solo un ligero correr del viento que habría sido imperceptible de no ser por el gran silencio que reinaba en ese lugar luego de que el eco de sus palabras desapareciera por completo. De repente, un pequeño mover de piedras hizo a Chrysalis girarse.
Delante de ella había un hoyo que se metía profundo en la tierra, y de este surgió.
Salió rápidamente pese al tamaño que tenía, de hecho, no recordaba que fuera tan grande. Pero ahora se elevaba por sobre ella al menos dos veces su tamaño.
Su cabeza pomposa y llena de pústulas rellanas de un líquido viscoso, continuamente latiendo como un corazón que vivía por su cuenta. Sus múltiples brazos, cortos y largos, algunos con garras, otros con las mismas pústulas que su cabeza, que sobresalían de su cuerpo alargado y rechoncho, pero al mismo tiempo viscoso como una larva, y el tajo babeante en el medio de su cuerpo, lleno de dientes, que terminaba en su pequeña cara con varios ojos verdes y brillantes. De no conocer su verdadero origen, Chrysalis habría pensado que esa criatura era algo antiguo y malvado que se arrastraba en las profundidades de la tierra desde un tiempo antiguo. Quizás no estaba del todo equivocada. De no ser porque se detuvo frente a ella, y comenzó a frotar los dos brazos mas próximos a su cara delante de él como recordaba que hacía eventualmente, Chrysalis habría pensado que ese monstruo quería atacarla, y no habría dudado en escapar. Una parte de ella quería hacerlo.
- Reina Chrysalis…- Dijo Morgoroth con su voz grave y reverberante- Creí que me abandonó a mi suerte.
- Dijiste que necesitabas tiempo, y te lo di- Respondió la Reina, desafiante- Más de lo que necesitabas, estoy seguro. ¿Has cumplido con tu cometido?
- El Enjambre ha evolucionado, mejoras a nivel biológico- Anunció el ser con lo que pareció ser un dejo de orgullo- Hecho mejor. Hecho… más perfecto.
- ¿Así que todavía están aquí? ¿Me obedecerán? – Preguntó Chrysalis, creyendo que a lo mejor habrían muerto todos.
- Solo sus órdenes. Cambiados. Trascendidos. Evolucionados. Obedecerán.
- Bien. Deseo tenerlos a mi servicio de inmediato. ¿Dónde están?
- Cavernas, debajo nuestro. Durmientes, esperando. Su cámara también está preparada.
- ¿Mi… cámara…?
- Cámara de Evolución. Preparativos completados. Mejoras planificadas. Puedo hacer mejor.
- ¡Te ordené que te centraras en mi ejército! ¡Nunca dije que planeara… cambiarme a mí!
- Nuevo enjambre, requiere nueva reina…- Contestó el ente evolutivo entornando los ojos. Un escalofrío recorrió la espalda de Chrysalis, pero mantuvo su terreno- Diseño primitivo. Mejoras requeridas. Puedo optimar… puedo evolucionar… Puedo hacer mejor. Más adaptación… más poder.
Esa última parte hizo que Chrysalis mirara al ente y el escalofrío desapareció. Lo había tratado todo a su manera y así es como acabó. Solo una raza casi logró extinguirlos, y solo un ser los hizo tan poderosos. No podía desaprovecharlo. Debía cambiar. Debia… evolucionar.
