I-9. TU VERDADERO TRABAJO

«A Eshonai le habría encantado», pensó Venli mientras volaba a decenas de metros de altura. Rine y los otros Fusionados la transportaban utilizando arneses enlazados. La hacían sentir como un saco de grano llevado al mercado, pero la vista era espectacular. Interminables colinas de piedra. Manchas de verde, a menudo en las sombras de las laderas. Densos bosques plagados de matorral para presentar un frente unificado contra las tormentas. Eshonai se habría entusiasmado. Se habría puesto a trazar mapas y a hablar de los sitios a los que podría ir. Venli, en cambio, pasaba la mayor parte de esos trayectos con el estómago revuelto. No solía tener que sufrir mucho tiempo seguido, ya que los pueblos estaban bastante apiñados allí en Alezkar. Pero ese día sus antepasados la llevaron volando sobre muchas localidades ocupadas sin detenerse. Al final, lo que al principio parecía ser otra cordillera rocosa se reveló como la muralla de una gran ciudad que podía muy bien duplicar en tamaño a las cúpulas de las Llanuras Quebradas. Edificios de piedra y torres reforzadas. Maravillas y portentos. Hacía años desde la última y única vez que había visto Kholinar, cuando habían ejecutado al rey Gavilar. Pero Venli vio que se alzaba el humo de varios puntos por toda la ciudad y que muchas torres de guardia estaban destruidas. Los portones de la ciudad habían caído.

Kholinar, al parecer, estaba conquistada.

Rine y sus compañeros surcaron el aire, alzando el puño en dirección a otros Fusionados. Inspeccionaron la ciudad y luego pasaron más allá de la muralla y aterrizaron cerca de un refugio que había fuera. Esperaron a que Venli se soltara de su arnés y volvieron a elevarse lo justo para que el final de sus largas capas rozara la piedra del suelo.

—¿Ha concluido mi trabajo, antiguo? —preguntó Venli a Sumisión—. ¿Por eso me habéis traído aquí por fin?

—¿Concluido? —dijo Rine a Escarnio—. Niña, ni siquiera has empezado. Esas aldeas eran tu entrenamiento. Hoy comienza tu verdadero trabajo.