Capítulo 3: Cuando las palabras no bastan…

- ¡No! - Se oyó la voz mental del Jerarca de los protoss en la sala de mando de la Lanza de Adún- ¡No puedo permitir que hagas eso!

- ¿Que importa lo que tú quieras permitirme? - Respondió Ji'Nara - ¡Tengo órdenes del Gran Señor Alarak de encontrar a mi presa en ese insignificante planeta, y así lo haré!

La Primera ascendiente de los Tal'Darim había perdido su paciencia muy rápidamente. Ya era de por si humillante tener que pedirles a los Daelaam permiso para hacer algo, pero que se nieguen a concedérselo y además tener que rogar por ello, le parecía insoportable.

- ¡Ese mundo es pacífico, alejado de todos nuestros conflictos, y un valioso refugio que nuestro héroe Zeratul deseaba conservar intacto! ¡No permitiré que lleves guerra y muerte a Equestria!

- ¡Es una simple criatura, no el planeta entero! – Replicó Ji'Nara como si los argumentos de Artanis carecieran de toda lógica- ¡Bajaré yo sola a la superficie, encuentro a la criatura, la destruyo y me voy con mi premio sin que ninguno de esos animales siquiera note que estoy allí! ¿Qué problema hay con eso?

- ¡El problema, es que conozco muy bien a los Tal'Darim! Solo dices que quieres encontrar a un animal, pero si resulta ser alguien que los habitantes del planeta conozcan, y si por alguna razón desearan defenderlo…

- Entonces los aparto de mi camino... Si son tan tontos como para oponérseme. ¡No busco perder más tiempo, Templario! Solo por una disposición de mi Gran Señor me detuve a informarle de esto, pero no van a interponerse en…

- ¡No tengo tiempo para esto! ¡Mis fuerzas y yo nos dirigimos a Char para ayudar a la Madre de la prole Zagara por un ataque de los remanentes de la fundación Moebius! Discutiremos esto en cuanto regrese.

Ji'Nara estuvo a punto de protestar cuando una alarma comenzó a sonar y todo el Puente comenzó a brillar con una luz rojiza. Artanis le dio la espalda a la Primera Ascendiente y se dirigió a su jefe ingeniero.

- ¡Karax! ¿Qué sucede?

- Nuestros Observadores detectaron intrusos en el sistema de Equs, Jerarca. Todo un contingente de naves.

- ¡¿Acaso enviaste una fuerza de avanzada, Tal'Darim?!

- ¡Ya te lo dije! – Respondió Ji'Nara con fastidio- El Gran Señor solo me envió a mí con este transbordador a cumplir con este trabajo.

- Jerarca, los Observadores por fin nos enviaron información visual. Son… ¡Naves Terran!

- ¿Terrans? - Repitió Artanis, confundido- ¡Contacta a nuestro enlace con el Almirante Horner! ¿Son naves del Dominio?

Una serie de imágenes aparecieron en las diferentes naves del puente. Una mostraba un grupo de naves sobre la órbita de un planeta verde y rico en vida, donde estaba Equestria. La otra mostraba un análisis de los sistemas de las naves invasoras y su poder de fuego, el tercero tenía una imagen apagada esperando recibir señal.

- Parece ser que los invasores no son del Dominio- Informó el Forjador de Fase- Análisis preliminares identifican los diseños y símbolos de las naves correspondientes con las del Combinado Kel-Morian.

- Kel-Morian… de todos los momentos…- Maldijo Artanis mientras adoptaba una pose pensativa- No puedo ignorar la convocatoria de Zagara. La Reina del Enjambre actual no se mostrará apacible si no vamos en su ayuda como pidió, pero tampoco puedo ignorar la emergencia en Equestria, Zeratul quería ese mundo protegido a cualquier costo.

Artanis se dio vuelta para dirigirse a Ji'Nara quien ya lo observaba con gesto de evidente satisfacción.

- Si necesitas a alguien que elimine a esos perros Terran, lo haré gustosamente como un acto de buena fe. Siempre que me permitas cumplir con mi cometido. Provéeme de algunos guerreros bajo mi mando, y me encargaré de tu peste mientras tú vas a ayudar a los animales.

Artanis abrió ligeramente los ojos y luego se acercó a Ji'Nara relajadamente.

- ¡De hecho, esta sería una buena oportunidad para ti y para nosotros de reforzar lazos entre nuestros pueblos! ¡Muy bien, lo permitiré, pero con una condición…!

Ji'Nara pronto se mostró molesta. Siempre los Primeros Nacidos deseaban complicar demasiado las cosas.

- Te enviaré con algunas fuerzas… -Continuó Artanis mientras le hacía una seña a Karax, quien entendió perfectamente y comenzó a teclear en su centro de mando- Pero no estarán allí para ayudarte en tu tarea. Tu estarás bajo sus órdenes, ayudarás y obedecerás al Ejecutor que envíe contigo como si respondieras a mí.

- ¿Y por qué aceptaría eso?

- Porque tu Gran Señor te lo ordenó…- Señaló el Jerarca con cierta jactancia- De estar por tu cuenta en esta misión, no habrías venido a pedir mi permiso. Alarak te ordenó que vayas a ese planeta en buenos términos conmigo por alguna razón, ¿no es cierto?

Ji'Nara estuvo a punto de gruñir, aunque no hizo falta mas que su silencio para afirmar las sospechas de Artanis. Era exasperante. Aunque fingiera no hacerlo, el Gran Señor tenía un motivo para respetar a ese templario.

- ¡Muy bien! ¡Tú ganas! ¿Quién será el líder de esta misión?

- Un templario, y de los mejores guerreros que tengo- Afirmó Artanis con orgullo- Se está transposicionando en este momento. Será una buena experiencia para ambos, y si aceptas un consejo… traten de aprender todo lo que puedan de ese mundo mientras están allí.

Artanis señaló a su espalda y Ji'Nara se dio vuelta. Un protoss se estaba transposicionando al puente, pero no tardó mucho en darse cuenta de que no era un protoss común. Cuando la figura del templario apareció en todo su esplendor, Ji'Nara no pudo reprimir su rabia. Tan humillante.

- ¡Es una broma, ¿cierto?!

Artanis no respondió, pero hubo un dejo de divertimiento en su voz cuando le explicó al recién llegado su misión.


Con el caos que reinaba en Canterlot, las Princesas no perdieron tiempo. Las cuatro se dirigieron hacia el palacio, donde los sonidos de disparos tenían su origen, y todos los ponis que se encontraban trataban de alejarse. Tanto Twillght como Cadence trataron de ayudar a todos aquellos que caían o se encontraban cansados o heridos. La presencia de las cuatro Princesas de Equestria ayudó a que varios ponis que se encontraban en la zona ayudaran lo mejor que pudieran a mantener el orden, pero de todas maneras, las alicornios no atrasaron su avance hasta llegar al origen del caos.

Cuando por fin llegaron, se encontraron con una fila de ponis con armaduras doradas levantando escudos amarillos y teniendo lanzas en alto, pero sin atreverse a atacar a la fila de Terrans, quienes se mantenían firmes y sin moverse, ocasionalmente disparando al aire para tratar de espantar a los curiosos. Celestia agradeció que los conflictos no hubieran escalado a algo mas grave, pero no le hacia ninguna gracia amenazas contra su pueblo. Sin perder tiempo, erigió un escudo frente a sus propios soldados y estos se corrieron para abrirles paso al verlas.

Celestia y Luna, con Cadence y Twilight detrás, y Spike y Starlight aun más atrás, se colocaron a unos cuantos metros frente a la línea de Marines y habló con vos alta y firme.

- Soy la Princesa Celestia, gobernante de Equestria junto con mi hermana la Princesa Luna, y estas son la Princesa Twilight Sparkle y Mi amoreCadenza, deseamos hablar con el líder de su grupo para evitar un mayor conflicto.

No hubo respuesta de ninguno de los Terran, pero Twilight notó cierto movimiento entre aquellos que no estaban armados con armaduras de combate detrás de la línea. La fila de Marines era tan estrecha que no podían ver con claridad que ocurría detrás de ellos, pero si notó varios VCEs moviéndose de un lado a otro entre la montaña y las naves.

Por fin, luego de un minuto que pareció interminable, la línea de Marines se abrió y un hombre se adelantó. Era un hombre fornido, aunque algo panzón, de cabello oscuro y barba acorde, vestía un traje amarillo, parecido al de un mecánico, y una mirada petulante y cargada de indiferencia.

- Soy Tavish Kerr, Maestre de Gremio de el Combinado Kel-Morian. Los recursos encontrados en esta montaña fueron reclamados por el Combinado y tomaremos posesión de ellos. Si presentan algún tipo de resistencia, les dispararemos. Ahora váyanse.

Kerr se dio vuelta, pero Luna, al recibir tremendo insulto, no se quedó callada.

- ¡Esta ciudad es nuestra y están violando territorio de Equestria!

- ¿No podemos encontrar otra manera de solucionar este asunto? – Preguntó Twilight, tratando de evitar un conflicto a toda costa.

Kerr miró de reojo a las ponis antes de avanzar y que la fila de Marines se cerrara detrás de él.

- Abran fuego… -Se le escuchó decir.

Fue un instante que dejó atónitos a todos. La fila de Marines en perfecta sincronía levantó las armas y apretaron el gatillo. De no ser porque Starlight, acostumbrada a la rápida reacción en un combate, levantó un escudo alrededor de las Princesas y Celestia aun mantenía su escudo sobre los guardias, los habrían acribillado a balazos.

Los sonidos de balas impactando en los escudos sonaban como una poderosa lluvia impactando en un techo de metal. Con cada impacto, pequeñas rasgaduras comenzaban a formarse y conectarse, pese a que Starlight y Celestia hacían todo su esfuerzo para mantenerlo, pero pronto Twilight y las otras dos princesas se unieron en el esfuerzo.

- ¡Retrocedan! – Ordenó Celestia rápidamente- ¡Repliéguense a los edificios, busquen cobertura!

La línea de soldados comenzó a replegarse a gran velocidad, eliminando la formación y galopando a toda velocidad para ponerse a salvo entre los edificios. Las Princesas, junto a Spike y Starlight comenzaron a retroceder, y los impactos de bala sonaron cada vez menos a medida que se alejaban de la línea. Finalmente, los disparos cesaron, y las cuatro ponis se reunieron con el resto de sus fuerzas a varios cuadras de distancia.

- ¿Por qué no nos persiguieron? – Se preguntó Celestia.

- ¡No nos consideran ni siquiera dignos de combatir! – Exclamó Luna con indignación- ¡Esto es un acto de guerra! ¿Quién se creen que son?

- Definitivamente no muestran las señales de raciocinio que describiste la última vez, tía- Observó Cadence- No dejaron siquiera que presentemos argumentos o un acuerdo.

- ¡Entonces tenemos que enfrentarlos, sacarlos por la fuerza! – Aseguró Starlight con seriedad- ¡Sus armas son impresionantes, pero, a fin de cuentas, nos están arrojando piedras! Con un par de hechizos, podríamos expulsarlos de Canterlot.

- No es tan sencillo, Starlight- Replicó Celestia- No conoces realmente cuales son sus armas. Nosotros vimos de primera mano lo que los Terran pueden hacer. Durante la batalla de Ponyville, demostraron una capacidad de destrucción más grande de lo que jamás he visto con hechizos. Aunque estoy de acuerdo en que esto no puede quedar así.

- ¡Esperen… esperen…! – Intervino Twilight, preocupada- ¿Es esta la única opción? ¿Qué tal si no saben acerca del trato que hicimos con el Almirante Horner? ¡Quizás haya una manera de evitar más muertes!

- ¡Princesa Twilight! ¡Ellos nos atacaron! – Gritó Luna con exasperación- ¡Tu misma lo viste! ¡Tratamos de hablar, y ese tipo ordenó que nos mataran sin siquiera pensarlo! ¿Acaso tenemos que permitir que maten a nuestros súbditos y dejar que quede impune?

- ¡No! – Replicó Twilight, con tono desesperado- ¡No, por supuesto que no quiero eso! ¿Y también me parece aberrante! Pero la última vez que hicimos la guerra con seres de otros mundos… fue algo…

Luna y Celestia se miraron, y Starlight miró preocupada a Twilight mientras esta quedaba cabizbaja. Solo había oído historia acerca de la Cuchilla de Canterlot, pero todos aquellos que la recordaban o les preguntaba, preferían no hablar de ello, o lo describían como un infierno.

Spike se acercó a Twilight y levantó su cabeza con sus garras, preocupado.

- Twilight… tranquila. Esto no es como aquella vez. En aquel momento, eran monstruos los que venían por nosotros, pero también fuiste tu y las chicas quienes lo detuvieron, ¿recuerdas?

Twilight le sonrió, y acarició su cabeza con su casco antes de volver a mirar a sus compañeras. Pero al hacerlo, su mirada de preocupación volvió a aparecer.

- Según veo… - Intervino Cadence- Estamos lidiando con una banda de abusivos que creen que pueden tomar lo que quieran de nosotros, y no les importa nuestra opinión. Tampoco me gusta usar la violencia si se puede evitar, pero… si te enfrentas a un abusivo, y le demuestras que no le tienes miedo y que se enfrenta a alguien más fuerte de lo que cree, estará más dispuesto a escuchar…

- Estoy de acuerdo- Dijo Celestia, y Luna también asintió- ¿Twilight?

La princesa de la Amistad dudó por unos segundos. En su mente aun estaban vivas las memorias de los horribles Zerg, y las atrocidades que hicieron en Equestria. Sin embargo, tampoco podía ignorar que estos Terran habían atacado sin provocación, y una parte de ella deseaba pelear. ¿Qué haría Clear Shot? ¿Qué haría Zeratul? Miró detrás suyo, hacia la salida de la calle, y observó a los soldados de Canterlot, muchos en guardia y esperando órdenes, pero algunos trayendo camillas o llevando a heridos en sus lomos, quienes estaban inertes o gritaban adoloridos.

Se volvió a mirar a sus compañeras princesas, y en su mirada ahora mostraba decisión.

- ¡De acuerdo! ¿Cuál es el plan?

Tanto las princesas como Starlight organizaron pronto una contraofensiva y cuando todas supieron que hacer, se colocaron es sus posiciones y se prepararon para llevar a cabo el plan.

Twilight subió con Luna a lo alto de los edificios a los costados de la calle que daba hacia la fila de Terrans, mientras que Celestia y Starlight llamaron a los soldados, que volvieron a formar un muro de escudos y lanzas, y comenzaron a avanzar de regreso hacia los invasores. Cadence y Spike esperaron detrás de ellas, pero no avanzaron.

Al formarse, las Princesas y soldados notaron quer los Terran no se habían quedado quietos. Una enorme estructura se erigía a varios metros de la fila de Marines, aunque aún lo bastante grande como para ver su forma. Celestia y Twilight lo reconocieron de inmediato. Era un Centro de Mando Terran. Estos invasores al parecer pensaban realizar su operación minera abiertamente y tomándose su tiempo.

El muro de escudos dorados se acercó lentamente, pero cuando estuvieron a una distancia lo suficientemente corta, la línea de Marines volvió a levantar al unísono sus rifles Gauss Castigadores. Apenas hicieron eso, Celestia y Starlight erigieron un muro mágico frente a sus tropas de gran grosor, que tenía el aspecto de una enorme pared dorada y transparente entre los enemigos y los soldados.

- ¡Avancen soldados! – Ordenó Celestia- ¡Como uno!

Los guadias reales comenzaron a caminar un paso a la vez, golpeando sus escudos con sus cuenos y cascos cada vez que daban un paso. Una táctica de intimidación, que no se usaba desde hace años, pero que pese a su amenaza, no hacía titubear a los marines.

Los soldados Terran abrieron fuego, y sus balas impactaron el escudo, que se mantuvo firme mientras cada impacto de bala producía una pequeña onda en la dorada superficie, pero no hacía más daño que ello. Era un hechizo más complejo que el simple escudo que Starlight había hecho antes con tan poco tiempo. Un escudo sumado a un hechizo de impermeabilización, lo suficientemente fuerte como para aguantar los fuertes impactos de las armas Terran.

Pese al constante fuego, los soldados ponis comenzaron a avanzar con su protección cubriéndolos. Al centrarse en la amenaza que tenían en frente, los Terran no notaron a las dos alicornios que poco a poco los flanqueaban desde lo alto de los edificios, esperando la señal adecuada.

Cuando la línea estuvo a solo diez metros, uno de los soldados levantó su brazo y comenzó a retroceder, haciendo que toda la línea comenzara a dar pasos hacia atrás.

- ¡Muy bien, repliéguense! – Se lo escuchó gritar, pese al sonido de las armas - ¡Su blindaje es muy fuerte para perforarlo solo nosotros!

- ¡Twilight, AHORA! – Ordenó Celestia al ver a sus oponentes comenzar a retroceder, sin dejar de dispararles ni apuntar.

Acto seguido, ambas alicornios alzaron vuelo desde lo alto, cada una centrándose en un hechizo propio. Mientras que Luna formaba un escudo azul que se elevó detrás de los marines bloqueando la salida de la calle, Twilight se concentró en sus armas, usando un simple hechizo de Telequinesis para arrancárselas de las manos y fuera de su alcance, o arrojarlas sobre los edificios o el muro de magia. Desarmados y sin poder escapar, los soldados Terran entraron en caos, golpeando la pared azul detrás de ellos, o buscando una forma de salir de ese callejón de magia que poco a poco se cerraba sobre ellos.

- ¡Al ataque! – Exclamó Celestia, haciendo que ella y Starlight levantaran el muro de su lado.

De inmediato, los ponis se arrojaron escudos arriba y lanzas levantadas contra la desorganizada línea de Marines, golpeando con ellas las corazas de los terran, aunque muchas de ellas sin hacer un daño grande. Por su parte, Celestia y Starlight lanzaban rayos de energía, inmovilizando a los soldados, o haciendo que salgan volando, golpeándolos contra el escudo de la princesa Luna.

- ¡Recuerden! – Indicaba Celestia a sus compatriotas, mientras estos aguantaban los golpes que los soldados trataban de darles o continuaban golpeándolos con sus lanzas- ¡Inmovilícenlos! ¡Ataquen sus miembros, eviten golpear el cuerpo principal! ¡Déjenlos fuera de combate!

La orden era difícil, puesto que las armaduras de los soldados los habían más altos que la Princesa Celestia, y los soldados no dejaban de moverse, pero poco a poco se fue dando la oportunidad. Las lanzas, potenciadas por la magia de cada unicornio en la Guardia Real, atravesaban las manos o pies de las armaduras, clavándolas en el suelo, o inutilizando sus brazos, haciendo que dejen de ser una amenaza.

Al volverse una batalla cuerpo a cuerpo con los soldados Terran desarmados, los ponis parecían estar obteniendo la victoria. Celestia miróa a Starlight y sonrió. Parecía ser que la victoria estaba a su alcance.


Sin embargo. Los VCE continuaban trabajando, mientras que las naves Terran aún se mantenían encendidas y con sus compuertas abiertas. Tavish Kerr, en la entrada del centro de mando, observaba la batalla mientras sostenía una tableta electrónica donde tachaba sin inmutarse los nombres de los miembros del escuadrón de Marines de la nómina de pago.

- Muy bien, ya fueron suficientes recortes. Envíen al equipo anti blindaje- Ordenó desde el comunicador en su oreja.


De repente, fuertes sonidos de pisadas salieron de las naves terran, al igual que fuertes sonidos de motores funcionando. Los soldados ponis no tenían idea de nada, dado que el escudo de Luna bloqueaba su visión, pero Twilight y la Princesa de la noche sí se giraron a ver desde su posición mientras volaban, y cuando la Princesa de la Amistad vió lo que salía de las naves, su sangre se heló del tal manera, que casi se queda tiesa en el aire. Rápidamente, se volvió hacia su antigua mentora como si fuera lo último que pudiera hacer en esa vida.

- ¡Celestia, Starlight! ¡Retírense! ¡Retirada, huyan!

Apenas dijo eso, una serie de sonidos agudos se elevaron desde el suelo, acompañando dos pares de misiles que se dirigieron volando a gran velocidad contra las Princesas. Ambas trataron de esquivarlos en el aire, pero apenas se movieron, los proyectiles cambiaron de dirección, asegurando su blanco. Tanto Twilight como Luna levantaron escudos alrededor de ellas, pero el impacto de los Misiles infierno fue suficiente como para que perdieran el equilibrio y se precipitaran hacia Tierra. Con Luna cayendo, su concentración se rompió, y el escudo azul que separaba a los ponis de la gran plaza del centro de mando desapareció.

Starlight, quien no podía creer que tan rápido las cosas se salieron de control, se apresuró a usar su telequinesis para evitar que Luna y Twilight impactaran contra el suelo. Por su parte, Celestia pudo ver que era el nuevo desafío que se enfrentaban, y no tardó en horrorizarse al igual que su estudiante. Frente a los ponis, se formaba una fila de seis caminantes bípedos con dos ametralladoras en sus brazos, y lanzadores de misiles, los cuales dos de ellos se encontraban humeantes al haber disparado contra las princesas. Detrás de ellos, cuatro vehículos que Celestia conocía muy bien, se colocaban en posición mientras sus orugas giraban, dando lugar a dos piernas diseñadas para soportar el culatazo del disparo de sus cañones Crucio.

Sin dudarlo, Celestia levantó nuevamente un escudo dorado y miró rápidamente a sus soldados, que la miraban con evidente miedo.

- ¡Rompan filas! ¡Repliéguense! ¡Aléjenmse lo más rápido posible!

Sin dudarlo, los soldados dieron la vuelta, algunos soltando sus escudos y echaron a correr con Starlight siguiéndolos, aun llevando con un suave flote a Twilight y a Luna.

Los Goliaths abrieron fuego con sus ametralladoras dobles, disparando ráfagas cortas pero mortales contra los ponis, mellando el escudo de Celestia, la cual no esperaba este nuevo tipo de ataque con ese calibre. La Princesa del Sol se apresuró a escapar detrás de sus soldados, cubriéndola a ella y a sus súbditos con el escudo, que poco a poco se resquebrajaba. Sobre ella, un campo de fuerza color rosado formó una cúpula, cubriendo toda la calle hasta llegar detrás de ella.

Cadence, quien había sido encargada con cubrir la retirada de ser necesario, se esforzaba al final de la calle por proteger a sus familiares el mayor tiempo posible hasta que estuvieran a salvo, pero nunca pudo prepararse para lo que vendría a continuación.

Cuatro disparos resonaron del otro lado del escudo, y el impacto de los cuatro proyectiles de los tanques de asedio destrozó su campo de fuerza haciendo que casi saliera despedida hacia atrás. No dispuesta a rendirse, volvió a levantar el campo, mientras los soldados continuaban pasando junta a ella, escapando hacia el interior de la ciudad.´

Luna y Twilight abrieron los ojos con dificultad, aunque prácticamente no oían nada más que ecos lejanos de gritos y fuertes estruendos. Starlight, al notar que recuperaban el conocimiento, las dejó en el suelo junto a Cadence y trató de que supieran lo que estaba pasando, hasta que otro impacto de los Tanques de asedio hizo que tuviera que arrojarse al suelo junto con ellas para intentar cubrirse.

Cadence cayó al suelo, inconsciente, mientras los restos de su escudo desaparecían en pequeños pedazos de magia que desaparecían al caer del aire. Celestia llegó a donde estaban Starlight y las demás, y se dio cuenta con horror de que los tanques de asedio habían fijado sus disparos en la Princesa del Amor. No estaban fuera de su alcance.

Desesperada, se dio vuelta y levantó un pequeño escudo, tratando de defender a su hermana y las demás, pero sabía que ya casi no tenía fuerzas, y que no tendría forma de resistir por completo el impacto. Con pesar, vio a los cañones de los ahora alejados tanques disparar una cuarta vez, y cerró los ojos, esperando lo peor.

Un impacto ocurrió, pero fue como una fuerte ráfaga lejana de donde estaban. ¿Acaso habían fallado? Celestia abrió los ojos.

Frente a las 3 atónitas princesas, y Starlight, se elevaba una gigantesca mole que se elevó cada vez más, luego de recibir el impacto de lleno de los disparos de los Tanques.

Celestia jamás había visto un ser como ese. Era protoss, sin duda, pero era una especie de máquina con cuatro piernas, completamente blanca, dos veces el tamaño que Celestia, y tres veces más ancho. En uno de sus brazos tenía una cuchilla doble, en el otro, una prensa de 3 puntas, con un cañón en el medio de estas, y en sus hombros se elevaban dos arcos en los cuales fluía energía dorada a intervalos. Cuando giró a verlas, Celestia pudo ver que su cabeza se componía de un casco ovalado, con solo un visor en el medio en donde debían estar sus ojos, sin saber que esos ERAN sus ojos.

- ¡En Taoa Adún, joven gobernante! ¡Habéis luchado con ferocidad y valor, defendiendo vuestro hogar, pero ahora… - Agregó mientras se giraba a enfrentar a sus agresores- ¡Aquel que una vez fue llamado Fénix entrará en combate! ¡Su mundo ha llamado, y los Daelaam han respondido! ¡Por Aiur!