Un hombre sonriente se agarró las manos, que se balanceaban con cada paso, y bajó la cabeza. Una pareja cariñosa aflojó su abrazo —ahora solo entrelazaba sus manos mientras caminaba. Ocurriendo a su alrededor, esto tomaba por sorpresa a los héroes: no veían la hora de que de una vez por todas este akuma diera la cara.

No obstante, realmente tuvieron que ver caer muchos rayos luminosos antes de que el responsable saliera de su escondite. Ambos agradecían que aún no habían gastado sus poderes, sino les habría quedado poco tiempo para destransformarse.

—¡Amuleto encantado!

—Gracias por ayudarme, Hawk Moth. Es mi turno ahora.

Él era una mezcla de colores y estilos opuestos que desconcertaban al ojo común: negro, rosa, vestido hasta las rodillas, un sombrero blanco y lo suficientemente grande para caer sobre su rostro si la magia no jugara un rol importante... Una agradable sonrisa adornó su cara blanquecina incluso cuando la vara de Chat Noir impactó contra sus dientes y estrelló al villano contra un edificio.

Estaba alzando su mano izquierda, pero el frisbee moteado bloqueó su rayo y le dio la oportunidad al héroe felino de tocarla con su poder, ralentizando y entorpeciendo los movimientos del akumatizado.

—Podría estar en su sombrero —sugirió Ladybug, atrapando el frisbee. Su compañero se encogió de hombros y enganchó sus garras en la prenda, inmediatamente liberando a la mariposa violeta.

El aspecto lloroso de la víctima, de vestimenta y facciones oscuras, fue un cambio extraño.

—Fuiste akumatizado —le explicó el héroe al parisino de cabeza gacha, a quien le entregó su sombrero mientras su Lady se encargaba de regresar todo a la normalidad.

Cuando ella volvió, el sombrero ya estaba ileso y chico empezó a hablar, aunque vacilante, sobre la insistencia de sus amigos para que venciera su timidez y se uniera a fiestas que organizaban.

—Quería que se sintieran atrapados como yo —confesó.

—Bueno, creo que deberías animarte a probar cosas nuevas —alentó la azabache—. Son tus amigos, después de todo: te conocen.

—También —intervino Chat— deberías decirles que te tengan paciencia y dejen de ser insistentes en que cambies. No tenés que complacer a nadie.

Y justo a tiempo, ambos prodigios dieron sonidos de advertencia.

—¿Estás cerca de tu casa? —preguntó Ladybug ante la abrupta retirada de Chat Noir.

El chico asintió.