Capítulo 9: Maduración mágica.
Lo que Alanna no había previsto, sin embargo, era que desde la hora 0 de ese día, 31 de Julio, ya se convertiría en un caos para los dos.
A la medianoche, la mujer se había quedado despierta revisando unos archivos que preparaba de antemano para la reunión de la mañana siguiente en Gringotts. Sabía que debía decir las palabras correctas para que, en la pequeña ceremonia de ascensión como Heredero, Harry fuera bien recibido por los ancestros del clan Potter… al fin y al cabo, la misión que comenzaría el muchacho, si ésa era su decisión, era clave para todo el mundo mágico.
Sin embargo, su concentración fue interrumpida cuando las alarmas mágicas que tenía en la habitación del muchacho comenzaron a volverse locas… Bueno, más locas de lo habitual, ya que era costumbre que el chico se despertase un par de veces durante la noche y, siendo sus sueños parte de su intimidad, ella nunca había consultado sobre lo que había soñado, pues pronto llegaría el momento en el que él realmente confiaría en ella para aquello.
Pero, en ese momento, las alarmas estaban totalmente alteradas; lo que ocurría en esa noche no era natural.
Alarmada, la pelirroja se dirigió a la habitación de su ahijado para notar que su magia estaba totalmente descontrolada, aunque se percató al instante que seguía sin ser una maduración mágica completa, pero, si no se controlaba bien, podría dañar física y mágicamente al muchacho. Con ello en mente, y pese a que la magia de Harry parecía no confiar en ella, comenzó a acercarse para hacerlo despertar y que así él mismo controlase su propio poder.
La magia de Harry parecía un tornado queriendo arrasar todo a su paso, y Alanna recibió más de un golpe por querer acercarse a su ahijado. Mas, sabiendo en su corazón que sólo deseaba lo mejor para él, continuó avanzando hasta que finalmente lo tomó de la mano y dijo con firmeza:
— ¡Tú eres quien tiene control sobre tu magia, Harry! ¡Reacciona!
Por un momento, parecía que las palabras de Faewood carecían de efecto hasta que, lentamente, el tornado comenzó a calmarse y, adolorido, el muchacho comenzó a reaccionar.
Alanna, sintiendo que el chico trataba de moverse, se puso al otro lado y lo ayudó a sentarse en la cama. Preocupada, preguntó:
— ¿Cómo te sientes?
Harry, aparentemente de mal genio por lo vivido, gruñó.
— Como si me hubiese estado aplastando un basilisco — y miró el desastre que había en su habitación. — Pero creo que no me llevé la peor parte — y se tomó la cabeza con las manos: — Siento como si mi cabeza fuera a partirse en dos… ¿Tienes algo con qué aliviarlo?
La mayor, quien notaba que el mal genio del muchacho no iba en contra de ella, sino que hacia su propio dolor, respondió con suavidad.
— Sé que tengo pastillas para el dolor de cabeza en mi habitación, te traeré algo— y, ante la mirada sorprendida de su ahijado, añadió: — En muchos casos la medicina muggle es mejor que la mágica. La aspirina es un gran ejemplo de ello… Si no fuese alérgica a ella, así que por eso tengo paracetamol — y, sonriendo, salió del cuarto.
Mientras tanto, Harry miraba aún con asombro el desastre que había dejado, pero igualmente sintiendo mucho dolor, como si hubiese combatido nuevamente contra el basilisco. Agradeció internamente que su madrina no hiciese preguntas al respecto, pero a su vez se sintió mal de seguir queriendo ocultar lo que ya había vivido, como si fuese algo de lo cual avergonzarse, pero a su vez, se preguntaba el motivo para que Alanna sintiese tanta confianza en él para esperar pacientemente que diese el primer paso para confiar en ella… Incluso cuando ella misma presentó su propio pasado ante sus ojos…
— Con excepción del motivo para que ella no estuviese cuando te dejaron con los Dursley — habló una vocecilla en su cabeza.
— Me mostró mucho más de lo que yo podía esperar de un adulto — respondió Harry dentro de su mente: — Sé que ella me dirá toda la verdad alguna vez.
— Eso lo veremos… — y, extrañamente, sintió como aquella voz se ocultaba en las profundidades de su mente.
Y, antes que el mismo Harry se preguntara por aquello, Alanna había regresado con paracetamol y un vaso de agua que él recibió con agradecimiento. Se los tomó rápidamente y pasaron unos cuantos minutos antes que él pudiese sentir los efectos del remedio. Mientras, trataba de centrarse en su respiración y en mantenerse consciente, algo temeroso de que, por quedarse dormido, su magia se saliera nuevamente de control.
La pelirroja, en tanto, permaneció al lado de su ahijado en silencio, tratando de comprender la situación para el momento en que él mismo preguntase qué sucedió. De cierta forma, estaba sorprendida de que él hubiese alcanzado una maduración mágica a tan pronta edad, hasta que recordó que Lily y Sirius le comentaron que el muchacho había tenido su primer accidente mágico al año de edad, algo poco común para los magos de su generación.
Y, siendo éste el cumpleaños número trece, sumando a las condiciones de crecimiento del muchacho y a lo que debió enfrentarse estando en Hogwarts… La respuesta más lógica era que la misma Madre Magia le concedió más poder para superar los obstáculos que encontraría en el camino.
Pero, por mucho que ahora intentaba alimentarlo bien y entrenarlo físicamente, ella sentía que Harry no estaba preparado para eso. Mas, con suerte, él pareció llevarlo bien… Sólo quedaba ver el diagnóstico en Gringotts cuando fuesen durante el día.
Finalmente, estando ella concentrada en sus pensamientos, escuchó la voz de su ahijado que le preguntaba:
— ¿Y qué fue eso?
Ella, que sabía que no tenía la literatura suficiente para explicar la situación, se tomó unos minutos para recopilar mentalmente todo lo que había investigado y, cuando al fin se sintió capaz, respondió con calma:
— Lo que viviste es uno de tus pulsos de maduración mágica. Aunque no es habitual que ocurra a tu edad, si era una posibilidad para alguien con tus capacidades en la magia.
Harry parpadeó, confundido, mientras trataba de procesar la información.
— ¿Maduración mágica? ¿Qué es eso? — insistió, tan confundido como se veía.
Alanna trató de pensar en todas las explicaciones que le dieron sus padres cuando ella vivió esos momentos, pero sabía que para ella misma era una situación complicada de vivir.
— Veamos… Se supone que, dependiendo del poder de cada mago, éste se va liberando en diferentes etapas de su vida. Eso depende de muchas condiciones físicas, mentales y de sobrevida, ya que, dependiendo de la necesidad del uso de la magia, Madre Magia dará más bendiciones a esa persona, pues con sus acciones demuestra que es digno de su don. En tanto, quien no la usa, por mucho que tenga las aptitudes para hacerlo, no tendrá tanta comunión con la Madre y tendrá menos poder — explicó, tratando de ser lo más clara posible.
Harry se avergonzó, pues sabía que sus condiciones de vida antes de Hogwarts no eran las mejores y, aun así, siempre sintió que había algo sobrenatural que lo había protegido y mantenido con vida pese a su falta de alimento y afecto. Por un momento, cuando supo que su madre había dado su vida por él, había pensado que había sido su bendición la que le había permitido vivir y desarrollarse… Pero ahora sabía que no era así, que, aunque la bendición de su madre si debió ayudar, también fue Madre Magia quien lo protegió y lo acompañó cuando nadie más lo hizo.
Y, como sabía que no era una persona muy devota de lo espiritual, no sabía cómo agradecer a la Madre por las bendiciones dadas.
Mas, antes de decir algo, Alanna continuó:
— Se supone que todos los magos tienen una primera maduración entre lo años, cuando tienen sus primeros accidentes mágicos… Los que no, es más cercano a los 11 años, pero debe ser antes que reciban su primera carta de Hogwarts, sino sería considerado un squib. La segunda maduración mágica debería ser a los 13 años, pero no todos los magos tienen esa maduración, pues, como te dije, depende de su uso de la magia y su comunión, consciente o no, con Madre Magia… Y, claro, no todos viven el proceso como tú lo viviste, así que en cierta forma fue bueno que estuviese contigo; no quiero imaginar qué hubiese pasado si hubieras estado con Petunia — y sonrió juguetonamente.
Harry se puso más rojo, si eso era posible, ya que sabía que siempre existía la posibilidad que cayese en los juegos de Dudley o de sus tíos, y hubiese ocurrido un desastre… Por lo que, sí, también estaba agradecido de eso.
— Finalmente — prosiguió su tutora, con seriedad: — La última maduración mágica viene con la mayoría de edad del mundo mágico, a los 17 años. En ese instante, pensando que el joven mago ya tiene la mayoría de su poder mágico, le quitan el rastreador a la varita mágica y es entonces cuando los que son huérfanos de padre reciben su puesto en su familia y asumen su lugar, si corresponde, en el Wizengamot. Sin embargo, la mayoría de los magos, especialmente acá en Reino Unido, se les olvida que la sangre no es tan pura como creen, y muchas herencias de criaturas mágicas despiertan en ese momento. No te diré las cosas que llegan a hacer para ocultar algo que va en su naturaleza y que nunca deberían tener esos sentimientos… Pero, en fin, la hipocresía — y sonrió ladeadamente.
El muchacho asintió, algo molesto con la actitud de aquellas familias, pero, pese a todo, igual podía comprender su actitud, aunque no la aceptaba.
— Entonces, lo que viví, ¿debiese ser algo normal? — preguntó.
Faewood asintió, asombrada que el muchacho le siguiera el discurso, pese a su cansancio.
— Sí, y deberías estar agradecido con Madre Magia por los dones entregados — respondió: — Pero, como en Reino Unido están prohibidos los rituales dedicados a la Madre por considerarlos magia oscura, esperemos a poder remediar eso para hacerlo, ¿sí?
Potter asintió, pensando que de cualquier manera era difícil llegar a realizar eso… No sin riesgo de ser descubiertos y perseguidos por ello.
Viendo la confusión del muchacho, la mujer aconsejó:
— No sabemos qué encontraremos en Gringotts cuando vayamos allá. Es más, ya deberíamos intentar dormir ya que en la mañana debemos realizar muchas labores en el banco y probablemente nos lleve al menos toda la mañana.
— ¿Tanto? — preguntó el muchacho: — ¿Por qué?
Su tutora suspiro, mostrando su cansancio.
— Porque allí estaremos cumpliendo todos los deberes que tiene una madrina con su ahijado. Te entregaré el anillo de heredero Potter, veremos cómo están las finanzas de tu familia, solicitaré que te hagan un chequeo de salud, en especial porque no confío en los de San Mungo…
— ¿San Mungo? — interrumpió el muchacho, confundido.
— El hospital de magos que hay acá — respondió su tutora, secamente: — Y, claro, me falta lo más importante… Veremos qué dejaron tus papás en su Testamento — y, ante la confusión del muchacho, continuó: — Antes de irte a buscar, solicité que revisaran el testamento de tus padres y conseguí que lo pudiésemos leer mañana cuando vayamos a Gringotts.
Entonces los ojos del muchacho se agrandaron de la sorpresa, preguntándose cómo consiguió hacerlo.
— Las ventajas de ser tu madrina es que puedo actuar in loco parentis, es decir, puedo establecer lo que tus padres habrían querido por ti… Y, bueno, supongo que saber cuál fue su última voluntad, es algo que perfectamente habrían querido — y se encogió de hombros.
El muchacho parecía sobrecogido y feliz de saber que alguien se preocupaba por él y que quería darle todo, incluyendo lo que podría ser la última voluntad de sus padres.
— Gracias… — se limitó a decir.
Alanna sonrió.
— Sabes que siempre intentaré dar lo mejor para ti, pequeño — contestó: — Pero, ahora que sabes todo lo que debemos hacer, es bueno que vayamos a dormir… Y sí, sé que las nuevas pueden haberte sorprendido, pero por lo mismo es importante descansar, ¿de acuerdo?
El chico, sin saber que decir, asintió con una sonrisa.
La mujer sonrió y, en un acto sorpresivo, se acercó al muchacho y le dio un beso en la frente.
— Que la Madre de todos te permita un buen descanso. Buenas noches, Harry — y comenzó a caminar hacia la puerta.
Cuando estuvo a punto de cerrarla tras cruzar el umbral, alcanzó a escuchar de lejos:
— Buenas noches, tía Alanna.
Ella sonrió. Eso ya era un pequeño gran paso para la relación.
Sin embargo, a ambos les costó dormir el resto de esa noche, ya que, si ese día había comenzado así… ¿Cómo iba a terminar?
Notitas de autor
Y... se acerca el momento de la verdad
Holis
Bueno, muchas gracias por seguirme en esta historia, pero les aviso, de antemano, que esta historia, al menos este arco, está llegando a su final. ¿Continuará? De a poco estoy armando la segunda temporada... pero no será pronto, por las dudas n.ñ
En fin, se acercan los capítulos de Gringotts, espero les guste
Saludos y nos vemos la próxima semana
