CAPÍTULO 1

EL EQUIPO 7 DE KONOHA


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Había bastante ruido en la sala en que todos esperaban. Ese lugar los había visto crecer los últimos años de su vida entre risas y desorden. Era su sala de clase, en donde habían aprendido todo lo que sabían hasta la fecha. Muchas veces antes se habían reunido en ese lugar, después de todo habían sido compañeros de curso desde la infancia.

Esa vez era diferente. Ese día todos ellos se reunían no como alumnos, sino como shinobis, al haberse graduado de la Academia el día anterior.

Hinata Hyūga tenía once años. La mayoría ahí compartía su edad, pero no así su personalidad. La chica mantenía la mirada baja, observando a sus compañeros tímidamente. Todos tenían un grupo al que pertenecían cuando habían estudiado en la Academia; Sakura e Ino eran parte de las chicas populares y hermosas del salón, mientras que Shikamaru, Chouji y Kiba solían salir después de clases y correr carreras en dirección a la montaña.

La mayoría de ellos eran amigos y por lo mismo se habían sentado en grupos conversando sobre lo que habían hecho después del examen de fin de curso.

Hinata no tenía con quien hablar. La verdad, no era muy buena haciendo amigos ni conversando. Incluso las personas en su propio hogar la ignoraban, pues la consideraban un estorbo, indigna de llevar el nombre Hyūga. La explicación de esto era simple: Hinata Hyūga era débil, siempre se rendía y no hacía escuchar su voz. Todo lo opuesto a las personas de su ancestral clan que se conducían como deidades dignas y orgullosas cuando paseaban por las calles de Konoha.

Bajo la mesa jugaba con sus dedos pensando qué estaría haciendo la única persona que no la hacía sentir como si sobrara y fuese un completo desperdicio de espacio: Naruto Uzumaki.

Por mucho que ese fuese un día feliz para ella, no podía dejar de sentirse un tanto deprimida por el hecho de que ya no lo vería todos los días, ni disfrutaría de sus bromas o escucharía su risa.

Uno de los principales motivos para ir entusiasmadamente a la Academia fue haberse enterado de que Naruto Uzumaki, ese gentil joven que la había defendido de esos niños grandes en medio de la nieve, estaría ahí también. Su padre se había dado por vencido con ella para entonces y no tenía intenciones de hacer pasar vergüenzas al apellido Hyūga por lo cual había decidido que asistir a la Academia no era una opción para su primogénita. Por ello, cuando escuchó de parte de Hinata que quería ingresar a estudiar y demostrar que sí podía ser una shinobi fuerte como él, la curiosidad lo venció y le dio la oportunidad a su hija de asistir a clases y que le enseñaran lo que él tanto había insistido en que aprendiera, fracasando en el intento.

Hinata estaba sentada junto a alguien que no conocía atrás de la sala, en la fila de en medio. Seguramente ese chico era de un curso paralelo. Suspiró mirando la mesa y así se quedó, nerviosa, esperando.

Inesperadamente, una voz ruidosa y alegre irrumpió en su ensimismamiento haciéndola paralizar.

―¡Oye! ¡Oye! ¿Acaso no puedes ver el protector que tengo en mi frente? ―Hinata subió la mirada, sus mejillas se sonrojaron, su corazón empezó a latir más rápido y no pudo evitar sonreír. Sentado en la fila de la izquierda a sólo pocas mesas de distancia estaba Naruto Uzumaki―. ¡A partir de hoy también soy un ninja! ―Naruto rió, feliz. EL sonido de su risa hizo que se sintiera en las nubes―. Quiero decir… ¡Esto se ve asombroso en mí! ¿Verdad?

Si algo la podía poner del mejor de los humores olvidándose de todas las cosas que sucedían en su hogar y a su alrededor, eso era la sonrisa de Naruto Uzumaki.

Por alguna extraña razón las personas solían huir de él, como si tuviese una enfermedad y de un momento a otro se fuesen a contagiar. A ella se le había prohibido tratar con él y en muchas ocasiones fue sermoneada por preguntar si podía invitar a Naruto a jugar en casa junto con ella. Siempre lo había estado mirando desde lejos, siempre siguiéndolo, nunca armándose de valor para acercarse y decirle hola.

Sin embargo, como todo lo que emprendía en la vida cada vez que pensaba estar lista para ello, para decirle alguna cosa, terminaba rindiéndose antes de intentarlo si quiera.

Naruto-kun se pudo graduar ―pensó conmovida, pues sabía todo el esfuerzo que Naruto le dedicaba a mejorar en la Academia sin conseguirlo realmente―. Bien hecho, Naruto-kun.

Muchas veces quiso acercarse a él y preguntarle si necesitaba ayuda con algún jutsu para poder enseñarle. Después de todo, desde que la había salvado de esos matones, Naruto se había convertido en su ídolo, en aquella persona que todos admiramos mientras crecemos.

De pronto, como si sus deseos se estuviesen materializando, se dio cuenta que él la estaba mirando. Sus mejillas se pusieron rojas y sus cejas comenzaron a temblar, preguntándose a sí misma qué hacer. ¿Acaso se armaría de valor y le diría hola? ¿Podría soportar su mirada sin huirla? ¿Podría si quiera saludarlo sin tartamudear? Él le sonreía sonrojado. Era la primera vez que notaba que la miraba, que se daba cuenta de que ella estaba ahí.

Pero entonces advirtió que esa sonrisa nerviosa en el rostro de Naruto no estaba dedicada a ella. Había alguien más, justo atrás. Sakura Haruno.


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Mantenía sus dedos entrelazados, concentrado, mirando en frente. Por fin había llegado el día en que pudiesen decirle qué se suponía que debía hacer, ahora que había llegado al grado de genin. Tenía doce años, pero su hermano Itachi se había graduado de la academia a los siete. Sentía que nuevamente se había quedado atrás y que perdía el tiempo sin poder conseguir su meta de volverse más fuerte. Mientras crecían juntos ―siendo él el menor de los dos― lo había querido alcanzar, superar y vencer.

Ahora sólo lo quería matar.

Por fin podría acercarse un paso más a ese sueño si le asignaban un líder de grupo que pudiese enseñarle, hacerlo su discípulo y sacar provecho de su herencia de sangre: el sharingan.

Los profesores de la academia lo llamaban "un genio", era el momento de demostrar el por qué de ello. Tenía la inteligencia para aprender cualquier cosa. Tenía la determinación para convertirse en el mejor shinobi de Konoha y la convicción de que no se detendría hasta poder enfrentarse a Itachi de igual a igual. Debía hacerlo pagar por el dolor que había traído a su vida, por la masacre de su clan y sobre todo por su soledad.

Cada paso que doy, estoy más cerca de ti, Itachi Uchiha―pensó mientras miraba hacia adelante sin observar nada en particular, perdido por completo en su obsesión.

Apretó sus dedos hasta que le dolieron. Ni si quiera parecía notar que la sala era un caos y que todos hablaban sin parar, gritando y riendo. La mayoría decía cosas sin sentido, parecían no entender que ese día no se trataba sobre quien se había graduado y quien no, sino de quien sobreviviría y quien moriría por el camino. Por ahora, él estaba determinado a sobrevivir y matar a quien fuera que se interpusiera en su destino: la venganza de su clan.

―¡Buenos días Sasuke-kun!

Movió el rostro inexpresivamente a ver quién era la que lo estaba llamando. Esa voz irritante la conocía perfectamente ya. Era una de esas descerebradas que se le habían pegado desde la academia ninja y no paraban de molestarlo. Se hacían llamar "sus fans". Para él no existían.

Su nombre era Sakura. Lo sabía. Lo había estado siguiendo fuese donde fuese sin entender que su silencio hacia ella no era un acto de soberbia ni porque deseaba lucir interesante. Simplemente no tenía nada que decirle; ella no le interesaba en lo más mínimo. Su mente estaba enfocada completamente en su objetivo, su meta, su sueño.

¿Cuándo me dejará en paz? ―pensó mientras le dedicaba su peor mirada.

―¿Puedo sentarme junto a ti? ―le preguntó la chica.

Sólo la miró con hostilidad. Tal vez de esa forma entendiera el mensaje. No deseaba sentarse al lado de alguien que le estaría hablando todo el tiempo, interrumpiendo sus pensamientos, intentando romper esa muralla que había creado entre él y el mundo. Quería escuchar sus instrucciones en paz y largarse de ahí.

Por ello no respondió. Si ella era una chica medianamente inteligente, sabría captar la sutileza de su silencio.

―¡Ey! ¡Yo me voy a sentar al lado de él! ―movió su mirada de la pelirosa a la rubia. La chica ligeramente más atractiva que Sakura, pero igual de irritante y persistente, se llamaba Ino Yamanaka.

―¡La primera que llega escoge su puesto! ―insistió Sakura con el ceño fruncido.

―¡Yo llegué primero que tú a la sala! ―reclamó Ino poniendo las manos en sus caderas.

―¡Yo llegué primero! ―se quejó de nuevo Sakura.

Pronto su mesa se fue rodeando de niñas de todos los cursos, no sólo del suyo. Algunas no las había visto en toda su vida y ni si quiera conocía sus nombres, pero todas ellas querían estar cerca de él. ¿Debía acaso sentirse honorado?

―¡No! ¡Yo!

―¡Yo quiero sentarme al lado de Sasuke-kun!

―¡Yo estoy aquí antes que cualquiera!

―¡Yo quiero estar cerca de él!

―¡Sasuke-kun es mío!

Que molesto ―pensó mientras miraba en frente nuevamente, ignorando la presencia de esas escandalosas jovencitas.

¿Acaso alguna de esas personas lo conocía? ¿Acaso alguna de ellas había asistido al funeral de sus padres? ¿Alguna de ellas le había hablado antes? ¿Alguna había intentado ver más allá del exterior de su persona? Claro que no. Si alguna se hubiese dado cuenta del monstruo que estaba formándose dentro de él se habrían asustado y huido.

Nadie lo conocía. Ninguna de las chicas de su clase lo conocía. Ninguna de ellas se había tomado la molestia de hacerlo. Nadie sabía de lo que era capaz. Lo admiraban por su apellido, sentían curiosidad al saber que era el último de los Uchiha. Le hablaban porque era el mejor alumno del curso. Siempre era así, lo seguían como moscas.

Todas, excepto una.

Incluso ese día, en que todas querían sentarse con él, ella permanecía silenciosamente sentada, con su rara forma de ser, distraída e introvertida. Nunca se le acercaba, tal vez le tuviese miedo. Hacía bien. Él era un Uchiha y a los Uchiha había que temer. Pero lo que le llamó la atención era que esa Hyuga estuviese mirando a… ¿Naruto? ¡Bah! Era una completa idiota como todos los de su clan. Sin embargo, lo curioso de ella no era precisamente que fuese una "Hyūga", sino que era la única Hyūga que conocía que no destacaba en nada. La verdad, era una inepta. Considerando que Neji Hyūga era el mejor genin de su generación, Hinata debió ser alguien brillante a la hora de pelear. No obstante, era regular en casi todo lo que hacía.

Sasuke se alegraba con la idea de que no tendría que ver a Hinata Hyūga, ni a Sakura Haruno, ni a Ino Yamanaka, ni a ninguna de las taradas que se llamaban a sí mismas el "Fan Club de Sasuke Uchiha" nuevamente.

De cualquier forma todas eran débiles. De seguro terminarían haciendo algún trabajo inútil dentro de la Villa, de bajo riesgo de muerte para ellas, con bajas probabilidades de fracasar. El puesto perfecto para personas tan simplonas cono Ino o Sakura sería ser ninjas médicos; no tendrían que entrar en combate ni estorbar a los que tuviesen verdadero talento para combatir. Para alguien como Hinata ni si quiera esperaba eso. Siendo la heredera de un clan tan importante como el Hyūga de seguro su padre la terminaría casando y podría tener una vida normal y feliz alejada del combate. Era el mejor futuro que alguien así podía esperar.


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Una vez más todos parecían haberse olvidado de él. Era como si no existiese. Debió haberse acostumbrado a eso ya. La mayor parte de su vida había vivido siendo rechazado por las personas de la aldea e ignorado por los niños de su edad. Combatía esa sensación sonriendo más fuerte que nunca, intentando llamar la atención de todos en actos temerarios y bromas innecesarias. A veces lograba que lo tomaran en cuenta.

Sin embargo, que lo ignoraran para darle atención al idiota de Sasuke Uchiha lo hacía sentir realmente furioso.

Apretó su puño con rabia, mirándolo, sentado en el piso. Todas esas chicas estaban ahí peleando por sentarse a su lado. Ninguna había considerado si quiera preguntarle si les podía ceder SU asiento. Sakura-chan sólo lo había golpeado para quitarlo del camino entre ella y Sasuke. ¿Tan invisible era para Sakura-chan? El pensamiento lo hizo sentirse un tanto deprimido, pero luego se sintió furioso.

¿Qué tenía Sasuke que lo hacía tan especial de cualquier modo? ¡No iba a soportar que todos lo siguieran ignorando por culpa de ese sujeto!

De un salto llegó sobre la mesa justo frente a Sasuke. Ambos se gruñeron, incómodos con la presencia del otro. Pero Sasuke eran tan "genial" que ni si quiera se dignaba a hablarle. Pensaba que con su ridícula mirada de pocos amigos lo iba a intimidar. ¡A Naruto Uzumaki nada lo asustaba! Ahí, hincado sobre la mesa no iba a dejarse asustar por alguien tan idiota como ese Uchiha bastardo y arrogante.

―¡Naruto! ¡Deja de mirar así a Sasuke-kun! ―escuchó que Sakura-chan gritaba desde el costado de la mesa.

Volteó el rostro preocupado. Esa voz lo hacía querer lanzarse contra ella, abrazarla, apegarla a él y decirle que estuvieran juntos por siempre. Pero al mismo tiempo, lo asustaba. La mirada que le estaban dando tanto ella como el resto de las chicas en ese lugar era aterradora.

Sakura-chan… ―pensó con miedo.

Se giró nuevamente para mirar a Sasuke. Estaban frente a frente a pocos centímetros uno del otro. ¿Qué tenía ese idiota que él no tuviese? ¿Por qué no podía hacer que Sakura-chan lo mirara con esos ojos tiernos que le dedicaba a Sasuke.

Todos están tan obsesionados con Sasuke ―pensó con molestia―. ¡Sasuke aquí! ¡Sasuke allá! ¿Qué tiene él que lo hace tan especial?

El Uchiha no se movía, ni si quiera un centímetro. ¿Pensaba que dándole esa mirada irreverente iba a intimidarlo? Por un momento Naruto realmente deseó golpearlo, darle una buena paliza, hacer que se diera cuenta quien era el que desde ese día en adelante iba a ser el mejor de la clase y estaría en el puesto número uno para ser candidato a Hokage.

―¡Sasuke-kun! ¡Ggolpéalo! ¡Dale la golpiza de su vida! ―escuchó Naruto decir a Sakura con rabia. ¿Acaso ella realmente no lo veía? ¡Sasuke esto! ¡Sasuke aquello! ¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Sasuke!

Estaba sintiéndose más irritado con cada momento que pasaba, cuando de pronto, sintió un golpe atrás de él. Quien fuese que se encontraba sentado delante de la mesa de Sasuke había chocado con la espalda de Naruto impulsándolo hacia adelante, lo suficiente para que Sasuke y él chocaran los labios.

La repugnancia que sintió no podía ser comparada con nada antes. Quiso vomitar el delicioso ramen que había comido esa mañana. Sintió que acababa de poner su boca en la loza de un retrete o algo incluso peor. Empezó a sentir arcadas mientras que Sasuke mostraba su desprecio y asco tosiendo y limpiándose la boca desesperadamente.

―¡Naruto! ¡Te voy a matar! ―Sasuke gruñó asqueado.

Pero una vez que la primera ola de asco pasó, sintió que todas esas voces que hasta entonces habían estado animando a Sasuke para que lo golpeara callaban al unísono.

―Percibo peligro ―murmuró Naruto, moviendo lentamente la cabeza hacia las chicas. La tensión se podía cortar con un cuchillo.

―Naruto…tú… ―Sakura se adelantaba haciendo sonar sus nudillos, lista para darle una paliza.

―Fue un… fue un accidente… ―se intentó justificar.

Pero ya era demasiado tarde. Tenía por lo menos a diez chicas de su curso golpeándolo y pateándolo.


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Desde el día de hoy, todos ustedes son oficialmente Ninjas. Sin embargo, aún son sólo genins. Todo se volverá mucho más difícil desde ahora.

Se les asignará en un grupo consistente de tres genins. Dentro de ese grupo de tres cumplirán sus misiones bajo la vigilancia de un instructor de rango jonin…

Y el grupo siete estará compuesto por Uzumaki Naruto, Hyuga Hinata y Uchiha Sasuke.

Hinata aún no podía creer la suerte que había tenido mientras los tres caminaban por las calles de Konoha en silencio. Había orado por ese milagro por tanto tiempo. Había puesto sus deseos más profundos en que algún día, tanto ella como Naruto-kun pudiesen estar en un grupo, compartir, conversar, reír y luchar juntos. Se había prometido que moriría por él si fuese necesario, todo para hacer que la notara.

Su grupo consistía en Sasuke Uchiha y Naruto Uzumaki. Desde ahora pasaban a ser el Equipo Siete de Konoha. Eso la hacía feliz. Aunque, mientras se sentaban a comer sus respectivas colaciones en silencio, se dio cuenta que entre Uchiha-kun y Naruto-kun había un cierto grado de hostilidad. De hecho, ella estaba en medio de ambos, completamente ruborizada por tener que estar tan cerca de Naruto.

―Aún no entiendo por qué un ninja brillante como yo tiene que estar estancado en un grupo contigo ―dijo Naruto mirando hacia un costado sin observar a Sasuke, pero era evidente que se refería a él.

Sasuke bufó de forma muy nasal al escucharlo. Hinata se sentía tan incómoda que ni si quiera tocaba sus onigiris dentro del bento que había llevado.

―Sólo asegúrate de no estorbar, perdedor.

―¿Qué? ¿Qué dijiste? ―gritó Naruto levantando un puño en su dirección.

―¿Quieres pelear, per-de-dor? ―volvió a repetir Sasuke, separando las vocales de la última palabra.

Ninguno de ellos dos parecía prestarle atención al hecho de que se encontraba entre ambos en medio de su riña. Hinata comenzó a sentirse ahogada. No estaba acostumbrada a que las personas se trataran así. Quería decirles algo para que dejaran de mirarse de forma tan hostil.

―Chi-chicos … ―intentó interrumpirlos, pero su voz era como un susurro. Ninguno de ellos pareció prestarle mucha atención. Más bien, la mirada que se estaban dando uno al otro era tan letal que Hinata temió que de verdad fueran a matarse.

―Termina de comer de una vez ―le ordenó Sasuke a Hinata con autoridad―. Hay que estar de vuelta a las doce en la academia para reunirnos con nuestro instructor jonin.

―¡Ey! ¡No le hables así a Hinata! ―le gritó Naruto apuntándolo con el dedo índice―. ¡Debe estar tan molesta como yo por estar estancada contigo! Por eso no está comiendo.

―Naruto-kun… ―susurró Hinata intentando decirle que eso no era así, pero su vergüenza la sobrepasaba―. Yo…

―¿Ah? ―preguntó Naruto―. ¿Qué dijiste? Habla más fuerte. No escucho nada de lo que dices.

―Yo… yo… ―sentía que sus mejillas ardían. No pudo hacer nada más que estirar su almuerzo en dirección a Naruto ofreciéndoselo.

―¿Para mí? ―preguntó Naruto confundido. Nunca nadie era amable con él aparte de Iruka-sensei. Hinata asintió sin mirarlo. El joven sonrió con alegría, como si fuera su nueva mejor amiga―. ¿No vas a comer tú, Hinata?

La niña negó con la cabeza varias veces de forma rápida. Sasuke miró la escena bastante confundido pero no dijo nada. Sus ojos se dirigieron al reloj frente a ellos en un poste de luz sabiendo que Naruto tenía cinco minutos para comer.

Hinata sonrió con vergüenza al darse cuenta que Naruto comía sus onigiris uno tras otro saboreándolos al puntos que llegaba a lamer sus dedos y labios. Hasta Sasuke se sintió irritado por ello, pues justamente esa era su comida favorita. ¿Por qué esa chica no se los había ofrecido a él? Generalmente todas las chicas de la Academia le ofrecían cosas sólo por hablarle, pero Hinata no parecía si quiera notar que estaba sentado junto a ella también.

―¡Ey Hinata! ¡Esto está muy bueno! ―exclamó Naruto lamiendo sus dedos. Era la primera cosa aparte del ramen que le gustaba tanto. Sasuke sintió que se lo estaba restregando en el rostro―. ¿Lo hiciste tú?

―S-sí ―respondió ella jugueteando con sus dedos, sonrosándose.

―Si me llegas a estorbar durante las misiones por estar débil al no comer Hyūga ―dijo Sasuke sombríamente sin mirarlos―, te trataré igual que al inútil de Naruto.

Hinata permaneció en silencio, pero Naruto tuvo que controlarse para no golpear a Sasuke por tratarla así.

―Hinata, algún día harás a un hombre muy feliz si sigues cocinando así ―dijo Naruto tragando lo que tenía en la boca. La sonrisa de Hinata fue tan sincera, tan real, que estuvo a punto de ponerse a llorar de la felicidad al escuchar algo así―. Me pregunto cómo cocinará Sakura-chan cuando nos casemos.

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