CAPÍTULO 2
KAKASHI SENSEI
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Por lo general, Sasuke evitaba mostrar lo que sentía o pensaba. La mayoría de las veces era callado, taciturno y demasiado abstraído en sus propios asuntos. Aún así, el evidente nerviosismo que esta niña mostraba alrededor de Naruto Uzumaki lo comenzaba a irritar profundamente y aquello se evidenció en la forma en que miraba a ambos. Era poco usual lograr hacer que perdiera la paciencia, pero sentía que se estaba acercando a ese límite.
Lo único que lo confortaba ―un poco― era que toda esa atención innecesaria no era dirigida hacia él. Sabía que si cualquier otra chica de su curso hubiese sido seleccionada para ser parte de su grupo, para su desgracia, se hubiese obsesionado con él. Había pasado ya durante toda su vida de estudiantil dentro de la Academia Shinobi. Lo que más lo irritaba de aquello es que gastasen toda esa energía en admirarlo, agasajarlo y animarlo. Podrían haber puesto el mismo entusiasmo en ser mejores shinobis y de seguro le habrían interesado más. Si cualquier otra chica hubiese sido su compañera de seguro hubiese terminado siendo una inútil, preocupada únicamente de llamar su atención y por consecuente su aporte en el equipo sería mínimo. Tener a Hinata Hyūga como parte del Equipo Siete podía tener sus beneficios: el más eviente, no tendría que soportar una de sus fans dentro del grupo.
Sin embargo, también tenía un gran punto en contra: le revolvía el estómago aguantar estar cerca de una niña que le prestaba tanta atención al idiota más grande Konoha. ¿Qué veía en Naruto? ¿Estaba ciega? ¿Era estúpida? ¿La habrían dejado caer de cabeza cuando era un bebe o algo así?
Mientras caminaban en un incómodo silencio se dio cuenta que Hinata Hyūga no era como sus fans y perseguidoras. Todo lo contrario. La chica era silenciosa al punto de incomodar, disciplinada, educada y muy introvertida. Todo la hacía sonrojar y tartamudeaba cuando Naruto le dirigía la palabra. Por el contrario, si él le hablaba o la miraba, Hinata parecía ignorarlo, como si no estuviese ahí. Sasuke no estaba del todo seguro si aquello lo hacía para irritarlo de alguna manera o porque a ella no le importaba él en lo más mínimo.
Cuando Sasuke le hablaba, Hinata no lograba mantener sus ojos puestos en él más de un segundo, apartándolos con timidez o tal vez miedo. ¿Le importaba aquello? Realmente no. Lo tenía sin cuidado lo que hicieran ellos dos mientras no se interpusieran en sus planes y deseos.
Sin embargo, después de que el idiota de Naruto lanzara su comentario sobre casarse con Sakura Haruno, Hinata parecía más callada de lo normal, con la cabeza gacha y en un silencio algo melancólico. ¿Le gustaría Naruto o algo así? Después de todo, siempre lo miraba y las reacciones que demostraba a su alrededor eran bastante evidentes. Reprimió el pensamiento de inmediato. Le resultaba imposible concebir que alguien pudiese estar enamorada de Naruto. Seguramente era tímida y ya. Aunque pensándolo bien, le resultaba aún más indignante que estuviese gastando su tiempo pensando en Hinata Hyūga.
Los tres caminaron de vuelta a la Academia Shinobi, se sentaron en el aula y vieron como uno a uno los grupos designados se iban retirando con sus respectivos maestros jonin. Sin embargo, cuando dieron las tres de la tarde y su instructor aun no llegaba, Naruto empezó a perder la paciencia.
Se paró del lugar en donde se encontraba caminando de un lado a otro en círculos. Hinata lo seguía con la vista, sonrojada y nerviosa, pero aun con los hombros agachados. Sasuke no dejaba de mirar el reloj, impaciente, queriendo comenzar de una vez con todo eso. Por su parte, Naruto se paró en la puerta y sacó la cabeza hacia el pasillo mirando para ver si su maestro llegaba o no.
―¡Ya hemos esperado tres horas! ―gritó de pronto rompiendo el silencio incómodo que había entre ellos―. ¿No se supone que debía llegar aquí a las 12:00?
―Ya cállate ―le ordenó Sasuke.
― Sasuke ―gruñó Naruto mirándolo―. Bastardo.
Después de que ambos se miraran con disgusto, Naruto dejó escapar un bufido haciendo un gesto de desprecio hacia Sasuke, volteándole el rostro y estirando los labios en un puchero. Se movió de un lado a otro por la sala con sus manos dentro de los bolsillos, saltó a las mesas caminando sobre ellas, se puso a silbar y finalmente cuando ya había hecho todas las cosas irritantes que una persona podía hacer, se sentó junto a Hinata.
Sasuke no podía evitar mirarlos ya que estaban frente a él. La chica mantenía su cabeza agachada mirando sus manos. Se veía incómoda alrededor de ellos, pero aún más cuando Naruto se le acercaba.
―Ey, Hinata. ¿Alguna vez Sakura-chan te habló de mí? ―le preguntó Naruto con entusiasmo―. ¿Me ama, verdad? ¿Sí? ¿Sí?
―Ha-Haruno-san y yo no somos re-realmente tan cercanas ―respondió con una voz ahogada. Desde su posición, Sasuke notó como los hombros de Hinata Hyuga se encogían aún más―. Lo-lo siento… Naruto-kun.
―Anda, puedes contarme. Te prometo que no le diré nada ―insistió Naruto con una gran sonrisa en su rostro.
―Yo…yo te he di-dicho la verdad, Na-Naruto-kun ―respondió Hinata con los ojos llenos de tristeza. Naruto se rascó la cabeza.
―Deberías estar más preocupado de tu ninjutsus que de alguien como Sakura Haruno ―dijo Sasuke con una risa burlona y una mirada de superioridad―. Tu ninjutsu es una vergüenza.
Naruto le gruñó nuevamente, pero se volvieron a quedar en silencio. La conversación entre ellos no sería algo que fluyera así como así. Sasuke de por sí era callado, Hinata no hablaba a menos que se le insistieran y Naruto era irritante, al menos para Sasuke. Era más que evidente que ese grupo sería un fracaso.
Un Uchiha no fracasa ―pensó Sasuke apretando el puño. Se lo repitió una y otra y otra vez en su mente.
Aunque tuviera que pasar sobre sus compañeros y hacer todo solo, no dejaría que ese grupo fuera el hazmerreír de Konoha. De pronto se encontró deseando que hubiesen puesto a cualquiera menos a Naruto en su equipo. Incluso a alguna de esas idiotas como Ino o Sakura. Shino hubiese estado bien, era callado, tenía buenas notas y no mantenía relaciones del tipo emocional con nadie. Hubiese sido un equipo completamente callado con Shino ahí en vez de Naruto.
De pronto, la puerta se abrió y los tres genin del equipo siete pudieron ver a su nuevo instructor.
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Siguieron al shinobi de rango jonin hasta la parte más alta de la Academia. No entendían la razón de ello, pero al parecer a su nuevo y misterioso instructor le gustaba el aire libre y no un aula oscura. Sasuke puso sus manos dentro de los bolsillos y caminó, Hinata miraba sus pies siguiendo a Sasuke; Naruto iba al frente junto al maestro, saltando de un lado a otro haciendo una pregunta tras otra sobre qué tipos de misiones tendrían, cuál sería su entrenamiento, qué iban a hacer desde ahora en adelante…etc.
Una vez en el tejado, el instructor les dijo que tomaran asiento. Los tres obedecieron preguntándose de que se trataba todo eso.
Hinata se sentó arrodillada, como si aquella primera reunión fuese una ceremonia de té y Naruto se sentó a su lado con las piernas cruzadas una sobre la otra, moviéndolas de arriba abajo impaciente por recibir sus instrucciones. Por su parte, Sasuke se sentó con las rodillas flexionadas sobre el cemento atrás de Naruto y Hinata. Callado, miró a un costado impasiblemente, preguntándose cuanto tiempo tendría que estar con esos idiotas. ¿El resto de su vida? ¿Hasta que los promovieran a chunin?
―Veamos ―dijo el hombre rascándose la barbilla, la cual mantenía tapada con una máscara ninja. Se encontraba con los brazos cruzados, lo cual le daba un aspecto bastante relajado mientras se reclinaba contra la baranda del tejado. Su voz sonaba tan desinteresada que llegaba a dar miedo―. ¿Por qué no comienzan por presentarse? Partan por sus nombres, claro. Luego qué les gusta, qué no les gusta, cuáles son sus hobbies y sueños. O… algo así.
―¡Ey! ¡Ey! ¿Por qué no se introduce usted primero sensei? ―preguntó Naruto un tanto confundido. Hasta ese momento no sabían nada de ese hombre aparte de que su primera impresión era que los odiaba.
―¿Yo? ―preguntó el instructor jonin indicándose a sí mismo con su dedo pulgar―. Soy Hatake Kakashi. No tengo intenciones de decirles qué me gusta o qué no me gusta ―Naruto parecía sorprendido de eso, Hinata sólo miraba el suelo y Sasuke no le estaba prestando mucha atención―. Sobre mis sueños… ―se quedó callado mirando el cielo―. Y tengo pocos hobbies ―hubo un silencio completo. Naruto se rascó la cabeza sintiendo que los habían embaucado de alguna forma―. Ahora es su turno. Tú primero ―dijo Kakashi mirando a Naruto.
―¡Claro! ¡Claro! ¡Mi nombre es Naruto Uzumaki! ―vociferó con alegría. Quería causar una buena impresión en su instructor―. Me gusta mucho el ramen instantáneo. ¡Pero me gusta el ramen que venden en Ichiraku aún más! ¡Iruka-sensei me invitó a comer allá! ―Sasuke rodó los ojos mientras escuchaba a Naruto hablar. Hinata lo miraba con una sonrisa nerviosa, como si todas las cosas que estaba diciendo fueran lo más importante del mundo―. Odio los tres minutos que hay que esperar después que se le pone el agua hirviendo al ramen instantáneo ―Hinata rió tímidamente, tapándose la boca―. Y mi hobby es comer ramen instantáneo y comparar las diferentes marcas y sabores―. Naruto levantó ambos puños y con una sonrisa finalizó su presentación―. Mi sueño es ser el mejor Hokage que se ha visto en Konoha y hacer que todos los que viven en la Villa sepan que existo y me reconozcan por ello.
―Bien, el siguiente ―dijo Kakashi.
Aún estaba parado frente a sus nuevos alumnos, de brazos cruzados, algo indiferente pero atento a lo que cada uno estaba a punto de decir. Se dio cuenta de que luego del entusiasta Naruto los otros dos se mantenían callados.
Sasuke miraba el espacio con los dedos entrecruzados y cubriendo su boca, pensativo. Hinata miraba el suelo, sonrojada, temblando de nervio. Podía notar que era una de esas chicas tímidas que siempre le causaban problemas a los hombres cuando crecían, sin nunca darse cuenta lo atractiva que resultaba esa cualidad en cierto tipo de individuos. Él era un experto en el tema, después de todo, había leído casi todos los libros de literatura romántica y erótica en el mercado.
―Mi nombre es Sasuke Uchiha ―comenzó a decir lentamente Sasuke al ver que Hinata no hablaba―. Hay muchas cosas que odio y muy pocas cosas me gustan ―sus manos le tapaban la boca, se veía bastante inexpresivo mientras hablaba―. Y tengo una ambición, que no pienso dejar sólo como un sueño y eso es… hacer resurgir el clan Uchiha y… matar a cierto individuo.
Espero que no se esté refiriendo a mi ―pensó Naruto mirándolo y tragando saliva. Lo había dicho con tanta seriedad que le pareció difícil que estuviese mintiendo.
―Bien. Eso sólo te deja a ti ―dijo Kakashi mirando a Hinata.
Tuvieron que esperar bastantes segundos en silencio para que Hinata abriera la boca. Tanto Naruto como Sasuke se preguntaron por qué hacía tanto alboroto para hablarles. Algo no estaba bien con esa niña. Abría la boca, dejaba escapar su respiración y luego la volvía a cerrar. Era como si nunca antes hubiese hablado en público, evitando la mirada de todos mientras se ponía roja.
―Yo… yo soy… ―dijo ella en un susurro casi inaudible. Naruto levantó las cejas viendo lo sonrojada que se ponía Hinata al hablar. ¿Realmente era tan tímida? ¿Cómo esperaba convertirse en shinobi de esa manera?―. Yo soy… Hyūga, Hyūga Hinata, hija de Hiashi Hyūga ―los ojos de Sasuke la miraron con un renovado interés―. Tengo…tengo once años y mi-mi cumpleaños es el veintisiete de Di-diciembre. Me-me gusta… ―miró a Naruto con tanta intensidad por un segundo, que hasta el pobre rubio se preguntó qué le sucedía―. Mi co-comida favorita es el Zenzai y… los ro-rollos de canela.
―Ajá. ¿Y qué no te gusta? ―le preguntó Kakashi.
―No-no me gustan las peleas ni las con-confrontaciones. No me gusta co-comer cangrejos, ni tampoco… lan-langostas ―su voz era tan suave y quieta que todos tuvieron un poco de problemas entendiéndola.
Sasuke se dio cuenta que esa chica era completamente distinta a él y que era más que seguro que llegaran a tener roces por ello. Estaba al borde de alegar por la designación de esos grupos, pero pensó que eso sólo demostraría que no podía afrontar un buen desafío. Si Hinata y Naruto eran tan inútiles como parecían a simple vista, todas las cargas de las misiones caerían sobre sus hombros y sería lo mismo que trabajar solo. De esa forma podría aprender mucho más rápido.
Por su lado, Naruto se preguntó qué diablos hacía Hinata ahí si no le gustaba pelear. Nunca se imaginó que lo que estaba pasando por la mente de esa chica cuando dijo aquello eran las cientos de veces que Hiashi Hyūga la había hecho pelear contra su hermana menor. Odiaba discutir, que su padre la humillara en público, que la confrontara sobre su debilidad y la declarara como una vergüenza para su clan.
―¿Tienes algún sueño? ¿Algún hobby? ―preguntó Kakashi.
―Yo… yo… pongo flores dentro de los li-libros y…y… espero que se sequen y se prensen. Mi sueño es… confiar en mi mis-misma y poder cambiar mi forma de ser. Quiero…quiero ser-ser reconocida…reconocida por mi padre ―los ojos de Sasuke se agrandaron al escuchar aquello. Un dolor profundo fue revivido en su pecho mientras veía imágenes de un niño intentando aprender un jutsu sobre un muelle de Konoha―. Quiero…quiero… quiero ser una kunoichi tan gentil como mi madre y tan-tan fuerte como mi-mi padre.
Naruto también bajó el rostro. Al igual que él quería ser reconocida. Se sintió realmente mal de nunca haberse dado el tiempo de hablar con Hinata. Si hubiese sabido que ambos se sentían de la misma forma, tal vez, todos esos años de soledad y tristeza pudieron haberse evitado teniendo una amiga, apoyándose uno al otro.
―¡No te preocupes Hinata! ―le dijo Naruto dándole un golpecito en el hombro―. ¡Nos volveremos fuertes juntos!
Sasuke no dijo palabra, pero no despegaba sus ojos de Hinata, un tanto desconfiado y hasta molesto. Lo irritaba que alguien le tuviese que recordar sobre el dolor de haber crecido constantemente presionado para alcanzar los logros de su hermano y así ser reconocido por su padre. ¿Estaría esa chica diciendo aquello meramente con la intensión de alterarlo?
―Bien, eso termina nuestras presentaciones ―Kakashi suspiró.
Sabía que tendría a un niño del clan Uchiha, un clan que había sido exterminado por completo en una tragedia que hasta ese día enlutaba a Konoha. Pero ahora también tenía a otra hija de noble. Eso no podía ser bueno, los nobles daban tantos problemas con el trato que se les daba a sus hijas cuando entraban a la Academia. No sólo eso, Hinata Hyūga era de la familia principal de los Hyūga y seguramente la heredera de Hiashi. Aún así, nunca la llamaría Hinata-sama. Eso hubiese sido el colmo.
―Hinata-san, no sabía que eras hija de Hiashi Hyūga. Deberé ir a hablar con tu padre antes de entrenar contigo en ese caso.
Hinata asintió tímidamente. Kakashi les dijo que tendrían que ir todos a la mansión Hyūga y caminaron los tres en silencio atrás de su nuevo instructor jonin. Al parecer, no les iba a dar libre el día, tal vez los tendría entrenando de noche y para ello, debían tener el permiso o algo así del padre de Hinata. De lo contrario se podían meter en problemas con el clan o incluso el Hokage.
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El barrio en que habitaba el clan Hyūga era bastante grande y tradicional. Se notaba de lejos que llevaba un buen tiempo ahí. Sasuke caminaba con los brazos cruzados atrás de Naruto y Hinata mirando de un lado a otro como esas personas con los ojos perlados trabajaban sin cesar. Recordó cuando siendo sólo un niño pasaba por las calles del distrito del clan Uchiha y todos solían saludarle, darle los buenos días y preguntarle por Itachi. Desde la masacre de su clan, esos lugares eran silenciosos, como un pueblo fantasma. Cada vez que caminaba por esas calles sólo había recuerdos y ecos en la oscuridad de un pasado en que había habido vida ahí.
Resintió a Hinata Hyuga por hacerlo recordar todo ello. Apretó el puño, tensó su mandíbula y siguió caminando.
La mansión donde vivía Hinata era mucho más grande que el resto de las mansiones a su alrededor. La entrada estaba finamente decorada por vigas de madera de cerezo con el símbolo del clan en medio. Caminaron por una hilera de árboles de cerezos a cada lado del camino. Se notaba que las cerezas estaban comenzando a madurar pues se veían algunas pintas rojas entremedio de las hojas verdes.
Pasaron por un pequeño puente de arco, hecho de madera, demasiado tradicional. Bajo él se podía observar un estanque de peces Koi que nadaban de un lado a otro. Naruto se detuvo un momento alabando el lugar, diciendo lo hermoso que era y preguntándole a Hinata si esos peces se comían.
Por su parte, con cada paso que daba Hinata se sentía más y más avergonzada. Le daba pavor mostrar lo diferente que era su vida a la del resto de sus compañeros. El clan Hyūga era muy pudiente y poderoso, toda su vida había vivido con criados, niñeras, institutrices, sirvientes, cocineros, instructores y guardaespaldas. Por una vez en su vida quería ser normal, como cualquier chica de Konoha. Pero eso no sería posible, Naruto y Sasuke estaban viendo con sus propios ojos la forma en que ella vivía.
―¡Vaya Hinata! Si que debes ser rica ―Naruto se rascó la cabeza sin medir lo poco educado de su comentario.
―Claro que es rica, es parte de la familia principal del clan Hyūga ―respondió Sasuke molesto y cruzándose de brazos. La ignorancia de Naruto lo irritaba cada vez más, solo quería que se acabara ese día―. Es la heredera del clan.
―¡Asombroso Hinata! ―vociferó Naruto―. ¡Sí que tienes suerte!
Hinata bajó el rostro con tristeza. Sasuke se sintió realmente molesto por ello. ¿Le daba pena tener una familia, un clan, ser su heredera? Verla era como ver a Itachi, sólo que sin talento. La hija mayor de un clan, la heredera, la princesa, a la que seguramente su padre siempre ponía mayor atención que a los demás. Estar cerca de ella lo comenzaba a exasperar. No podía permanecer mucho más tiempo ahí.
―¿Cuánto va a demorar esto? ―preguntó Sasuke a Kakashi.
―Sólo un momento, Sasuke ―respondió el instructor.
Llegaron a la entrada de la casa y un sujeto se les acercó. Tenía los mismos ojos de Hinata, pero vestía como Kakashi. Todos esos Hyūga y sus ojos perlados sólo le recordaban a Sasuke que él aún no podía activar el Sharingan.
―¡Hinata-sama! ―dijo el hombre sonriendo, acercándose a ellos―. No esperaba tenerla tan pronto de regreso.
―¿Hinata-sama? ―preguntó Naruto disimuladamente a Sasuke.
―Ya te dije, es la heredera del clan ―respondió sin mirarlo―. Todo el clan le debe respeto como su superior.
―¡Pero si es sólo una niña! ―vociferó Naruto incrédulo de que alguien de la edad de ellos pudiese ser tan importante―. ¿Acaso también tenemos que llamarla 'Hinata-sama'?
―¿Qué tal, Ko? ―saludó Kakashi al recién llegado cuando éste se paró frente al Equipo Siete, al parecer se conocían―. ¿Está Hiashi-sama? Me gustaría hablar con él.
―Sí, está entrenando junto a Hanabi-sama ―respondió haciendo una leve reverencia de cortesía. ―. Síganme por favor.
―¡Vaya! Qué educados son ―volvió Naruto a murmurar a Sasuke, como si Hinata no pudiese escucharlo.
Desde su posición, Sasuke notó la forma en que la mirada de Hinata se volvía triste, bajando su rostro para observar el suelo nuevamente como si quisiera escapar de todas las miradas del mundo. Se preguntó el motivo de ello. ¿Estaría equivocado entonces? Tal vez esa tal Hanabi fuera la hermana mayor y Hinata la menor. En ese caso, era normal que su padre se estuviese enfocando en hacerla luchar contra él, si era la heredera debía fortalecerse. A él le hubiese gustado bastante que su propio padre se hubiera centrado en él más que en Itachi.
Caminaron por un largo pasillo al aire libre, viendo las fuentes de agua y los demás adornos tradicionales de la casa Hyuga. Naruto iba alabándolas una y otra vez en voz alta, hablando de lo genial que debía ser vivir en un lugar así y diciéndole a Hinata que tenía que invitarlo siempre a comer cada vez que terminaran de entrenar, preguntándole si podían entrenar en su casa, si tenían sus propios baños termales ahí…etc.
Sasuke gruñó, él vivía en un lugar así y no tenía nada de genial hacerlo cuando se estaba completamente solo. Había tenido que abandonar la casa de los Uchiha y ahora vivía en un pequeño departamento en el centro de Konoha. El porte de un lugar sólo acrecentaba la soledad cuando no se tenía a nadie con quien hablar.
―Esperen aquí ―dijo Kakashi y siguió a Ko detrás de una puerta corrediza del Dojo.
Los tres se quedaron parados en el corredor. Hinata estaba apoyada contra una pared y Naruto sentado en la madera. Sasuke les dio la espalda, mirando el jardín. No tuvo que pasar mucho tiempo para que escucharan la fuerte voz del señor Hyuga hablándole a Kakashi dentro del dojo.
Me han designado el instructor Jonin de su hija, Hinata-san.
Ya veo. ¿Quién más fue designado en el grupo?
Naruto Uzumaki y Sasuke Uchiha. Sasuke fue el mejor alumno de su generación en Taijutsu, Ninjutsu y Genjutsu, segundo lugar en general. Naruto Uzumaki…. Bueno… él…
Un Uchiha y ese niño ―hubo un momento de silencio pero el padre de Hinata volvió a hablar con voz fuerte y clara―. Una Hyuga emparejándose con un Uchiha. ¿Era el mejor grupo en que podía entrar?
Los profesores de la academia describen a Sasuke como un genio para su edad. Y Naruto… bueno… es muy persistente.
¿Un genio? ¿Un Uchiha? ¡Ja! Neji Hyūga es un genio. El mejor de su generación y seguramente el Genin con más talento de toda Konoha. Seguramente la pusieron con ese Uchiha para restregarme en el rostro que mi hija no tiene talento.
Sasuke gruñó apretando el puño, dándose vuelta para mirar a Hinata con odio. ¿Cómo podía su padre despreciar al clan Uchiha de esa forma? Estaba a punto de perder el control. Todo su cuerpo se tensó, intentaba calmarse pero no sabía si podría lograrlo.
…Como usted está enterado, la vida de un shinobi es peligrosa e iremos en varias misiones que podrían ponerla en peligro. Quería estar seguro de antemano de que usted está de acuerdo con ello. Además, muchas veces entrenaremos hasta tarde, por lo cual, es posible que Hinata-san llegue a horas no adecuadas para una señorita de su estatus y nobleza.
Haz lo que quieras con ella. Un desperdicio así, que ni si quiera es capaz de vencer a Hanabi que es cinco años menor que ella… No es necesaria en el clan Hyuga. Ni si quiera pudo ser la mejor de su clase como Neji, que es de la familia secundaria. Hinata es un estorbo en mi clan, un error de la naturaleza y no me molestaría para nada si muere en una misión. Puedes llevártela.
Tanto Sasuke como Naruto observaron a Hinata. La chica mantenía la cabeza agachada pero sus ojos no lloraban, ni nada por el estilo. Era como si estuviese acostumbrada a ese tipo de palabras, tanto, que ni si quiera le afectaban.
Tanto, que ella misma las había comenzado a creer.
Naruto apretó el puño entendiendo por qué le costaba tanto hablarles. Seguramente había vivido todo ese tiempo en la sombra que proyectaba su padre. Entró al dojo de entrenamiento gritando una y otra vez que Hiashi Hyūga se equivocaba, que Hinata podía superarse. Kakashi lo tomó de la cintura para que dejara de moverse y lo cargó fuera del dojo pidiendo disculpas una y otra vez.
En el entretanto, afuera, Sasuke se puso de pie. Comprendió que así como ese Hyuga había despreciado a su clan, despreciaba también a su hija. Dio unos pasos desinteresados en dirección a Hinata.
No era muy bueno con ese tipo de cosas. Pero era la primera vez que realmente veía a Hinata Hyūga, entendiendo que al igual que él, había tenido que crecer con la carga de ser inferior a un hermano. Cuando su padre estaba vivo, a pesar de no ser afectivo ni decirle que se sentía orgulloso de él, nunca le había hablado de esa forma. Y aún así, había crecido con un enorme agujero en su pecho, un agujero que por más que intentara llenar volviéndose más fuerte, no lograba que dejara de punzar. No se imaginaba lo doloroso que tendría que haber sido para Hinata que la trataran así.
―Ven ―le ordenó mientras caminaba por el pasillo con las manos dentro de los bolsillos.
Hinata levantó el rostro y lo siguió sin entender que era lo que pretendía. Dejaban atrás los gritos de Naruto exigiéndole a Hiashi que se disculpara con su hija, que ella era una chica buena, que también podía convertirse en alguien fuerte. Kakashi sólo pedía perdón de nuevo y de nuevo por la rabieta de Naruto que se afirmaba de los dos pilares en la entrada del dojo para no salir de ahí.
―¿U-Uchiha-kun? ―le preguntó Hinata mirando su espalda cuando estuvieron en la entrada de la casa y éste se había sentado en las escaleras.
Sasuke no habló, no se movió, solo permaneció ahí sentado, con los dedos entrelazados frente a su boca, esperando que tanto Naruto y Kakashi salieran de ahí. Los pensamientos de su propio pasado lo embargaban mientras escuchaba las palabras de Hiashi repetirse en su mente una y otra vez.
En ese momento, Sasuke sintió que le faltaba el aire, pero lo oculto bajo esa máscara de hielo que portaba siempre.
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―¿Qué derecho tiene de decirle a su propia hija que es un desperdicio? ―le gritó Naruto, aun afirmándose de los pilares mientras Kakashi tiraba de él.
―Las personas nacen lo que son ―le respondió Hiashi sin mirarlo, sólo enfocando su mirada en la pequeña niña que estaba luchando frente a él para ponerse de pie―. Hanabi nació para ser un prodigio del clan. Hinata nació siendo sólo un dolor de cabeza, dolor de cabeza que ahora es tuyo, Kakashi.
―¡Desgraciado! ―le gritó nuevamente, intentando con todas sus fuerzas que Kakashi lo soltara, pero ya no podía seguir manteniéndose aferrado a los pilares de la entrada del Dojo, por lo cual sus manos se desprendieron―. ¿Cómo puede decir algo así?
―Naruto, ya basta ―le gruñó Kakashi dándole un coscorrón para que se quedara callado de una vez―. Lo siento mucho, Hiashi-sama. Mis alumnos no saben respetar a sus mayores.
―Al parecer Konoha se ha llenado de deshonra últimamente ―respondió Hiashi, hastiado de tener que aguantar ese escándalo―. Ya sabe dónde está la puerta.
Kakashi y Naruto salieron por el pasillo, cerrando la puerta corrediza del dojo de entrenamiento del clan Hyūga. Kakashi suspiró, ahí se iba al diablo la oportunidad de usar ese recinto para entrenar a sus nuevos alumnos durante el invierno ―hubiese hecho cualquier cosa por no mojarse y poder leer sus libros bajo techo― cortesía de la rabieta de Naruto. Minato, su maestro, no era para nada parecido a su hijo.
Naruto iba gruñendo, con los brazos cruzados mientras caminaban a la salida. No podía creer que hubiese alguien tan cruel como para tratar a su propia hija de esa manera.
Cuando llegaron a la entrada, vieron a una Hinata afirmada contra el muro de su hogar mirando al piso con ojos que parecían a punto de llorar y frente a ella, sentado en una escalinata, estaba Sasuke Uchiha, un tanto agachado, pensativo, silencioso, con la mirada perdida frente a él. Naruto fue donde estaba Hinata, y sin pensarlo dos veces le puso una mano en el hombro.
―Tú no eres un desperdicio. Eres mi compañera ―la miró con firmeza, creía en lo que le estaba diciendo―. Te graduaste de la Academia y ahora eres un shinobi también. ¡Trabajaremos duro para que le cierres la boca a tu padre!
―Na…Naruto-kun… ―susurró Hinata con lágrimas en los ojos, sonriéndole con ternura.
―Hablando de eso ―comenzó Kakashi caminando al frente, bajando por las escalinatas y quedando delante de sus tres alumnos―. Comenzaremos con misiones mañana.
―¡Misiones! ¡Sí! ―gritó Naruto entusiasmado―. ¿De qué se trata? ¿Vamos a capturar a un criminal? ¿Vamos a ir a luchar contra un país vecino?
―No realmente ―contestó Kakashi mirando hacia arriba―. Es una misión que los cuatro podemos realizar.
―¿De qué se trata? ―preguntó Naruto tan excitado con todo el tema que Sasuke rodó los ojos en su dirección―. ¿De qué? ¿De qué? ¿De qué? ¿De qué? ¿De qué?
―Será un entrenamiento de supervivencia ―Kakashi comenzó a reír con la cara de susto de Hinata, la de rabia de Sasuke y la sorpresa que experimentaba Naruto.
―¿Qué es tan gracioso? ―preguntó Sasuke poniéndose de pie.
―De los 27 alumnos que se graduaron de la academia, sólo 9 serán genin. Los otros 18 serán enviados de vuelta a estudiar ―Los ojos de los tres se abrieron aún más en sorpresa ante lo que acababan de escuchar―. En otras palabras, esta prueba de sobrevivencia tiene un sesenta y seis por ciento de probabilidad de fracaso.
―¡Pero! ¡Pero! ¡Yo me esforcé tanto en la prueba final…! ―comenzó Naruto a alegar.
―Reprobaste la prueba final ―lo corrigió Sasuke.
―¿Qué sabes tú? ―le gritó Naruto acercándose con el puño en alto listo para golpearlo.
―¿Quieres pelear, perdedor? ―le preguntó Sasuke con una sonrisa, mientras esquivaba sin dificultad alguna el primer puñetazo de Naruto.
―Mañana pueden pelear todo lo que quieran ―los interrumpió Kakashi tomándoles las manos y separándolos―. La prueba en la Academia sólo selecciona personas que tienen capacidad de volverse genin. Mañana determinaré si se volverán o no Shinobis. Traigan sus herramientas, equipo y armas shinobis. ¡Nos encontraremos a las cinco A.M!
Naruto estaba temblando. Le había costado tanto trabajo finalmente aprobar el maldito examen final y ahora lo iban a poner a prueba nuevamente. Si fracasaba tendría que volver a la academia y de seguro sería la mayor vergüenza. Se convertiría en un hazmerreír. La mera idea le revolvía el estómago.
Hinata miró al suelo con tristeza. Realmente no esperaba aprobar. Tal vez debía decirles de inmediato que ella no servía bajo presión y que prefería no ir a entorpecer la prueba de supervivencia de sus compañeros. Pero luego recordó que esa era una prueba de tres, si ella no iba… entonces Naruto-kun y Uchiha-kun reprobarían por su culpa. ¿Qué hacer? No lo sabía.
Por su parte. Sasuke miró a Naruto y a Hinata sintiéndose tan frustrado que quiso gritar. De seguro lo único que harían esos dos sería retrasarlo y hacer que como grupo fracasaran en esa misión. Debía ser astuto y precavido. No iba a dejar que por culpa de esos dos su sueño de venganza se viera afectado.
―Muy bien, se pueden retirar ―con eso finalizaba Kakashi, dándoles a entender que se verían al día siguiente―. Y recuerden, no tomen desayuno. ¡Lo lamentaran si lo hacen pues podrían vomitar!
