CAPÍTULO 4
SAN VALENTIN
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El verano quedó atrás a medida que pasaron los días. Cada semana se encontraban con una larga lista de misiones, cada una de ellas más inútil que la anterior. Cada vez que terminaban alguna estupidez había otra esperándolos. Tuvieron que hacer cosas tan ridículas como pasear mascotas, limpiar casas, pintar cercas, barrer las hojas de los árboles, ayudar a los granjeros a plantar arroz, llevar mensajes a los distintos señores feudales de País del Fuego y limpiar la basura en los alrededores de la Villa. Para ellos, que habían entrenado tantos años en la Academia, ser reducidos a ese tipo de trabajo era un tanto desmotivador.
Cuando por algún milagro no había una misión apropiada para genins como ellos, Kakashi comenzaba a entrenarlos con el tema de la manipulación del chakra. Naruto y Sasuke hicieron de ello una competencia, viendo quien podía llegar más arriba por la corteza de un árbol. Por su parte, Hinata sorprendió a todos cuando reveló que ella ya sabía manipular chakra, pues era el fundamento de la técnica secreta de su clan. Sasuke, molesto, le pidió ayuda para aprender a hacerlo, pero confusamente era Naruto quien recibía todos los consejos de parte de Hinata y era a él a quien la chica animaba cada vez que se caía del árbol.
Por algunos días, esta situación creó un cierto rencor por parte del chico pelinegro contra sus compañeros, jurándose a sí mismo que no iba a dejar que una Hyūga y el último de la clase lo superaran. Ya no entrenaba con Hinata muy a menudo, pues a pesar de que jamás acertaba sus golpes contra él, un simple roce o una mano muy cerca de su piel dejaba su cuerpo magullado y adolorido por días. Ese puño suave no era un juego. Sasuke se hacía una idea de lo fuerte que era ese tipo de taijutsu, considerando que Hinata apenas lo sabía utilizar.
A medida que pasaban los días y tanto Naruto como Sasuke se preocupaban exclusivamente en aprender a moldear su chakra de manera correcta, Hinata creyó que podía ser de ayuda para ellos si compartía todo su conocimiento y les enseñaba a manipular el chakra de la misma forma en que ella lo había aprendido. Pasó largas noches dándoles lecciones de cómo moldear chakra para poder utilizar técnicas o para poder caminar por cualquier superficie. Tanto Sasuke como Naruto se sintieron muy frustrados cuando la vieron caminar encima del agua del río como si fuera cualquier cosa cuando ellos ni si quiera podían moldear suficiente chakra para adherirse a la corteza de los árboles.
―No se preocupen por esto ―les dijo Hinata con una sonrisa tímida―. No es tan difícil cuando se tiene práctica.
Y antes de que cualquiera se diera cuenta por estar tan absortos en su entrenamiento, llegó el día tan odiado por los chicos de Konoha y amado por las jóvenes: San Valentín.
Cada vez que Naruto y Sasuke caminaban en dirección a la mansión Hyūga para ir por Hinata podían percatarse que a través de las calles de Konoha, en los negocios, los árboles, las luces, los aparadores y todo el comercio en general, se palpitaba el ambiente del amor. Las parejas caminaban por doquier sujetos de sus manos, la florería de los Yamanaka estaba llena de hermosos arreglos con corazones y osos de felpa, la chocolatería rebosaba de chicas haciendo fila para comprar sus moldes y productos para formar bombones rellenos de amor.
Sasuke era el que más sufría al acercarse la temida fecha, pues cada vez que pasaba por algún sitio en donde hubiesen chicas de su edad parecía causar una especie de sensación y alboroto. A Naruto le parecía de lo más molesto y apretaba el puño preguntándose por qué ese idiota recibía tanta atención cuando nadie en la Aldea parecía saber ni si quiera su nombre.
La tradición de San Valentin en Konoha era que las chicas les regalaran chocolates a los chicos ese día. Aunque, para ser sinceros, todos los demás negociantes se aprovechaban de la fecha y agregaban a sus productos cualquier cosa que tuviera forma de corazón. Hasta Naruto se sintió irritado cuando fue a comer a Ichiraku y le dieron un tazón de ramen con el naruto cortado como un pequeño corazón blanco con rosa.
Y así, sin que si quiera se dieran cuenta, llegó ese catorce de Febrero.
Mientras Sasuke se preparaba para entrenar cerca del monumento de los caídos de Konoha junto con el resto del equipo siete, no pudo evitar notar como Sakura Haruno e Ino Yamanaka lo miraban de lejos escondidas entre los árboles, esperando con un paquete envuelto en colores rosa, rojo y blanco.
¿Y se llaman a sí mismas shinobi escondidas tan pobremente? ―se preguntó suspirando. Esas dos realmente lo hacían perder la paciencia. Eran demasiado irritantes.
Cada san Valentín Sasuke Uchiha se llenaba de regalos que no quería, de cartas que nunca leía y de invitaciones a lugares donde jamás iría. De verdad no quería recibir más regalos ese día. En la mañana había abierto la puerta de su departamento cerca de las cinco, pues una de sus vecinas le había horneado un pastel. Veinticuatro minutos después tocaron nuevamente para entregarle una caja de chocolates de parte de una de las hijas del panadero de la esquina. A las cinco con cuarenta y cinco minutos volvieron a interrumpir su sueño, esta vez dos hermanas gemelas de unos diez años de edad. Nunca antes las había visto. Cada una le regalo un oso de felpa.
Después de eso decidió ducharse para el entrenamiento, pues era poco probable que volviera a dormir. Antes de que si quiera hubiese podido comer un pan de arroz escuchó nuevamente la puerta y alrededor de quince chicas estaban ahí afuera, con flores, globos, chocolates y un sinfín de cosas para darle. Sasuke, horrorizado, intentó pasar desapercibido y no abrir, pero después de exactamente veintitrés segundos echaron la puerta abajo y tuvo que escapar de aquella turba de mujeres escandalosas por la ventana.
No le gustaba el chocolate, ni los muñecos de felpa, ni los horribles corazones dibujados en cartulina rosa. Tenía apenas doce años y aún esas chicas molestas no entendían que todo ello le era indiferente. Todas ellas le daban igual. La mayoría ni si quiera sabía quién era. La mayoría ni si quiera sabía de qué era capaz.
Con desgana demoró su entrenamiento dejando sus cosas junto a la mochila de Naruto para evitar encontrarse con Ino y Sakura. Se vendaba las manos, esperando que se largaran de una vez al darse cuenta que no estaba interesado en verlas. Daba igual si llegaba algunos minutos tarde al lugar al otro lado del río en donde Naruto estaba antes de empezar a entrenar. ¿Cuántas veces él había tenido que esperar al perdedor? ¡Muchas! Ya iba siendo hora de que alguien lo esperara a él.
Sasuke se dio cuenta de que alguien más venía caminando en esa dirección por el bosque; no se extrañó al reconocer a Hinata. Ella se reunía con ellos todas las mañanas en ese punto donde dejaban sus cosas antes de ponerse a entrenar. Venía con su mochila en la espalda y sobre su cuerpo estaba ese grueso cortaviento de gamuza ideal para el frío del invierno. Volvió a suspirar pensando en lo rara que era esa Hyūga, insistiendo en estar presente durante su entrenamiento de moldear chakra cuando ella ya sabía hacerlo. De seguro no tenía nada mejor que hacer. Deseó de alguna forma que gastara su tiempo en algo más productivo.
De pronto, notó que Hinata ya no estaba en la dirección en donde la había visto de reojo. Había desaparecido entre los árboles, lo cual le llamó la atención. Se puso de pie terminando de vendar sus manos para caminar hacia el último lugar en donde la había visto cuando de pronto, Sasuke vio entre los árboles a Sakura e Ino marcharse dejando los regalos que tenían para él con su compañera de equipo. Se inclinó sobre un matorral y la miró en el suelo. Levantó una ceja preguntándose por qué Hinata era tan torpe. La chica se veía un tanto confundida con los paquetes que le habían dejado, murmurando una y otra vez algo que Sasuke no logró comprender.
―Deberías ser un poco más despierta Hyūga. Si fueran enemigos te habrían matado ―su voz sonaba sarcástica, divertido del rostro de espanto que ponía su compañera de equipo. Se había dado cuenta hacía solo unas pocas semanas que molestar a Hinata y ver como se ruborizaba y escondía su mirada lo entretenía―. Ya ponte de pie, ¿No?
―Uchiha-kun, estos son para… ―Hinata le estaba estirando los brazos para darle sus regalos pero Sasuke no la dejó terminar y volvió a caminar al lugar en donde había dejado sus cosas sin prestarle más atención.
―Bótalos. No los quiero ―le dijo a secas sacando una toalla por si se caía al agua. Llevaba dos días seguidos sin que eso sucediera, pero prefirió tomar medidas precautorias, no quería resfriarse en la mitad del invierno.
―Eso es muy cruel de tu parte ―susurró Hinata poniéndose de pie y caminando a donde estaba parado.
Sasuke la miró de reojo, Hinata se veía más nerviosa que otros días. ¿También le querría dar algo? Lo dudó, ella no era así. Nunca le prestaba mucha atención. De hecho, la mayoría del tiempo era como si él ni si quiera existiera, lo cual de cierta forma agradecía. Su compañera nunca invadía su espacio y eso lo hacía sentirse cómodo cerca de ella.
La chica bajó los paquetes de regalo y los puso junto a la mochila de Sasuke. Comenzó a juguetear con sus dedos, impaciente, mirándolo de reojo.
―Vas a herir sus…sus sentimientos ―finalizó Hinata con su voz ahogada.
Sasuke levantó una ceja. No entendía por qué Hinata le estaba hablando de esa forma.
―¿Por qué? ―preguntó para luego arrepentirse. No le importaba la opinión de Hinata.
―Porque ellas… ―Hinata siempre era así, evitaba mirarlo cuando le hablaba como si le tuviese miedo. Aquella actitud sí que lo exasperaba― debieron tomarse muchas molestias para buscar algo que te gustara. Gruñó sin prestarle más atención sólo para darse cuenta que la chica dejaba caer un sobre mientras ponía los paquetes de regalos con sus cosas.
―¿Y esta carta?
―¡No! ―gritó Hinata horrorizada mientras Sasuke inspeccionaba el papel―. Eso es… para … es…
Era la escritura de Hinata en un sobre lila bastante simple y que no llamaba mucho la atención. Lo que lo dejó realmente perplejo fue que por primera vez en su vida, recibía una carta de San Valentín que no era para él. En perfecta caligrafía estaba escrito "Naruto" en frente del sobre.
Sasuke sintió curiosidad y al mismo tiempo molestia, ¿Hinata le había escrito una carta de San Valentín a ese tarado? Pensó de inmediato que esa chica no tenía gusto, pero al mismo tiempo se preguntó por qué no le había comprado chocolates o algo así, sino, sólo una carta. De cualquier forma no le importaban el razonamiento de Hinata para andar escribiendo cursilerías hacia alguien como Naruto. No tenía tanto interés ni en ellos como para haberse inmiscuido en sus asuntos. Eran compañeros, nada más.
Sin embargo, muy, muy en el fondo, sintió un calor parecido a la rabia en su pecho al darse cuenta que la carta no era para él. Estaba tan acostumbrado a tener la atención de todos, en especial de las chicas de Konoha, que su ego se sintió un tanto disminuido al notar que había alguien que no lo miraba así.
―¿Y no hay carta para mí? ―preguntó con sarcasmo sorprendiéndose de que sus pensamientos lo hubiesen traicionado de esa forma diciéndolo en voz alta. Quedó en completo silencio paralizado por lo que había dicho.
Hinata lo miró a los ojos. Era la primera vez que ambos se miraban de verdad. Las mejillas de la chica se sonrojaron de rosa pálido y su cara mostró algo de espanto.
―Lo siento, Uchiha-kun… yo… yo no…
―No le diré que fuiste tú ―fue lo único que atinó a decir Sasuke. El nerviosismo y miedo que mostraba Hinata en el rostro le parecieron un tanto tiernos. Su compañera estaba temblando―. Para con eso ―le ordenó y ella asintió con un pequeño gemido, hizo una reverencia, y salió corriendo en dirección al lugar de entrenamiento luego de poner la carta sobre las cosas de Naruto.
¿Tierno? ¿Temblar es tierno? ―pensó mientras caminaba en dirección al río con las manos dentro de los bolsillos. Ese tipo de ideas lo encrespaba profundamente. No volvió a prestarle atención a ese pequeño momento que había tenido, descartándolo de inmediato de su mente y quitándole cualquier relevancia en su vida.
Aun así, cuando los tres caminaban de vuelta a sus casas y Naruto comenzó a hablar de que alguien le había dejado un sobre lila con un regalo maravilloso, no pudo evitar sentir molestia. Naruto estaba radiante, sus ojos brillaban de alegría y felicidad. Aquello le molestaba tanto como la sonrisa que Hinata mostraba, como si la felicidad de Naruto realmente la conmoviera.
―¡Estoy seguro que fue Sakura-chan! ―gritó Naruto abrazando el sobre―. La vi dando vueltas por el camino antes de ir al río.
Sasuke miró a Hinata. No pudo evitar sentir un poco de lástima por ella, sobre todo por la forma en que forzaba una sonrisa en dirección a Naruto. De seguro le había dado mucha vergüenza poner su nombre dentro de la carta y Naruto no tenía idea de quien había sido la que había pensado en él ese día. No era una lástima en el sentido de "pobrecita de Hinata", sino más bien, "¿Realmente te importa este tarado? Eres más rara de lo que pensé, siento lástima de que seas tan estúpida".
―Lo mejor es que me conoce tanto como para haberme regalado diez cupones de ramen gratis en Ichiraku. ¡Diez cupones! ¿Sabes cuantas comidas gratis son esas? ¡DIEZ! De seguro Sakura-chan por fin se ha dado cuenta que me ama ―Naruto apretó los puños y levanto los brazos.
Sasuke apretó los dedos dentro de sus bolsillos sabiendo que no faltaba mucho para que llegara a su límite. Realmente no le interesaba los asuntos de Hinata Hyūga y a quien le regalaba presentes tan extraños para San Valentin, pero la forma en que cada una de las palabras de Naruto la estaban hiriendo frente a sus ojos sin que él hiciera nada al respecto le estaban dando una sensación muy parecida a la culpa dentro de su estómago.
―Sakura no te habría dado ese regalo. Idiota ―le dijo Sasuke a Naruto para que dejara de hacerse ilusiones con aquella cabeza de aire. Sakura era obvia y estúpida, si le hubiese regalado algo habría sido flores o chocolate―. Sólo alguien que te conoce te habría dado algo así. Haruno ni si quiera sabe que existes ―Hinata lo miró y le sonrió de forma tan sincera, que no pudo evitar sentirse como un idiota por estar mezclandose en los asuntos de la chica.
―Tienes razón ―reflexionó Naruto, algo desanimado―. ¡Pero hay alguien que está pensando en mí!
El rubio sonrió con ternura mirando el suelo, como si esa fuera la primera vez en su vida que alguien mostrase interés en él. Hinata sintió que su corazón se aceleraba, feliz de haber hecho a Naruto-kun sonreír. No importaba que nunca supiese que había sido ella, se conformaba con su mirada llena de alegría. Observó a Sasuke entonces, agradecida por sus palabras, pero el joven miraba en frente, serio y distante como siempre… tan ajeno a ellos.
Hinata comenzaba a pensar, que en el fondo, Sasuke era un buen chico, por mal que la tratara.
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Sasuke llegó agotadísimo a su casa ese día. Había entrenado con Naruto la mayor parte de la mañana. Bien avanzada la tarde había decidido ayudar a Hinata con su postura del puño gentil sin mucho avance; llevaban meses juntos y aún Hinata Hyūga no mostraba ser útil en misiones.
Prendió la calefacción de su departamento y se estiró en la cama mirando el techo. Había arreglado la puerta que sus "fans" habían derrumbado en la mañana y ahora no tenía más que hacer que dormir. Ya iba a ser media noche y por lo que había dicho Kakashi al día siguiente tendrían una misión rango C, la primera que harían juntos como equipo. Aquello lo motivaba un poco más, no podía evitar pensar que estaba perdiendo el tiempo con misiones tan inútiles como cuidar un perro o limpiar la basura de los ríos.
De pronto, escuchó que golpeaban su puerta. Suspiró irritado. ¿Quién querría darle chocolates o flores ahora? ¿Eran tan estúpidas que ni si quiera a esa hora de la noche lo dejaban tranquilo?
Normalmente Sasuke no se habría si quiera levantado de la cama para atender, pero esta vez había llegado a su límite. Se puso de pie con rapidez para dirigirse hacia la puerta. Iba a descargarse. Le diría a esas descerebradas que se consiguieran una vida y que lo dejaran en paz.
―¿Hasta cuándo me van a estar molestando con estas estupideces? ¡Odio San Valentín! ¡Odio los estúpidos regalos! ¡Odio sus carteles con mi nombre y todo ese glitter! ¿Acaso no tienen nada mejor que…? ―entonces abrió la puerta de golpe y se encontró con dos ojos color perla mirándolo con espanto. Él también se sintió así por un segundo, sólo para recobrar la compostura y fruncir el ceño―. ¿Qué quieres? ―le preguntó con frialdad y molestia a Hinata. La chica no contestó, no pestañó, no se movió, no emitió sonido alguno. Lo único que sucedía con ella era que sus cejas estaban temblando―. ¡Hinata! ―sólo en ese momento notó lo desarreglada que ella se encontraba. Llevó sus dedos hasta la cabellera azulada de su compañera y le sacó un grano de arroz mirándolo con curiosidad―. ¿Te caíste a un basurero o algo? ―Hinata tragó saliva y extendió sus manos en dirección a él. Tenía una caja de madera entre sus dedos―. ¿Esto es para mí?
―S-sí ―respondió con timidez antes de empezar a correr, pero Sasuke la sujetó con fuerza por la muñeca.
―Explícate ―le ordenó tirando de ella hacia su departamento y cerrando la puerta. La acorraló contra la pared sin darse cuenta de la intensidad con que la observaba. Hinata estaba temblando―. Ahora.
―Uchiha-kun… yo… yo no te regalé nada por San Valentín ―comenzó a jugar con sus manos, algo que siempre lograba fastidiar a Sasuke―. Lo siento. Yo... yo no pensé que…
―No tenías que darme nada ―Sasuke soltó su muñeca y caminó hasta la mesa de la entrada para dejar la caja ahí―. Odio San Valentín.
Hinata notó que en el bote de la basura junto a la puerta estaban todas las cosas que le habían dado ese día, los chocolates, los pasteles, los muñecos de felpa, las cartas sin abrir…
―Lo sé ―susurró Hinata llevando una de sus manos a su mentón para esconder su boca―. Sé que no te gustan los dulces. No pen-pensé que te gustaría recibir chocolates de regalo. Por eso… yo no… yo no te di nada en la mañana…
―¿Cómo lo sabes? ―preguntó confundido. Él nunca hablaba de sí mismo con el resto del equipo siete―- ¿Me estas espiando o algo así? ―media sonrisa se dibujó en su rostro mientras Hinata empalidecía. Le divertía mucho espantarla con ese tipo de comentarios.
―¡N-no! ―gritó Hinata horrorizada―. Ese día, cuando… cuando Kakashi-sensei nos llevó a comer dangos… tú… tú dijiste… 'odio los dulces' y pediste… pediste onigiri rellenos de okaka y Naruto-kun dijo: '¿Cómo puedes venir a una tienda de dangos y pedir onigiris…'
―¿Te acuerdas de eso? ―le preguntó extrañado. Tal vez había más en Hinata de lo que él estaba dispuesto a ver.
Hinata asintió con vergüenza, sus mejillas tenían un adorable color coral. Sasuke levantó una ceja y caminó hacia ella con los brazos cruzados.
―¿Tienes idea de la hora que es? ―suspiró con una mueca.
―S-sí ―Hinata hizo una reverencia y se dirigió a la puerta―. Lo siento.
―Espera ―respondió Sasuke cerrando la puerta nuevamente―. ¿Por qué me traes un regalo a esta hora?
―Porque… porque… ―tal vez Sasuke no notaba que la había acorralado contra la puerta, de nuevo, pero Hinata se sentía paralizada teniéndolo tan cerca.
―Si supieras cuanto me irrita cuando tartamudeas ―dijo suspirando.
―Naruto-kun se veía tan fe-feliz con sus cupones… quería que…que… ―Hinata estaba tan nerviosa que miraba el piso, evitando a toda costa los ojos negros de Sasuke. Su voz era suave y gentil, nada parecida a las voces chillonas de cualquier otra chica de su edad―. Al-al menos uno de tus regalos de San Valentin te hi-hicieran sonreír también.
―¿Y por qué querrías eso? ―preguntó Sasuke acercándose un poco más, perplejo, investigando en su rostro si tenía segundas intenciones, si quería pedirle algo a cambio―. Mírame cuando te estoy hablando.
―Porque… porque… Uchiha-kun… ―subió su mirada, un pálido rosa cubriendo sus mejillas mientras que sus cejas temblaban―. Tú casi nunca sonríes ―permaneció en silencio unos segundos, Sasuke levantó una ceja. ¿Cuál era el punto de decir eso?―. Te ves muy triste to-todo el tiempo.
―No me trates como si de pronto fuesemos amigos, Hyūga ―los ojos de la chica se cerraron con fuerza, temiendo que la fuera a golpear. Siempre le había tenido miedo a Sasuke y él lo notaba en sus reacciones. Podía intentar acercarse a él con cualquier excusa, pero el miedo estaba impreso en su rostro y eso lo irritaba―. No te voy a golpear.
―Lo…lo siento… ―Hinata apretó aún más sus parpados―. Siento mucho… siento mucho haberlo molestado…
A chica se dio la vuelta y esta vez sí logró salir de su apartamento. Sasuke no la detuvo, sólo se dirigió a la mesa y miró con recelo la caja de madera. Cuando la abrió, encontró ahí onigiris rellenos de okaka.
Por eso tenía arroz en el cabello, debe haberse quedado hasta esta hora haciéndolos ―pensó.
Miró la caja con desconfianza, como si fuera un presente que pudiese causar muchos líos en su vida. Tomó uno y le dio un mordisco.
El perdedor de Naruto tenía razón, sí que sabe cocinar ―pensó mientras dejaba que el sabor del arroz se disolviera en su paladar.
Una especie de sonrisa apareció en su rostro, ni si quiera se dio cuenta de ello. Un trocito de la escarcha que cubría su corazón se derritió y se permitió a sí mismo sentir paz en el caótico mundo que era su mente. Tal vez todas las chicas de Konoha lo perseguían y le daban regalos insignificantes, pero al menos había una que veía más allá, que lo escuchaba cuando hablaba y que alguna vez cuando eran niños lo había visto llorar. Ese era el principal motivo por el cual nunca había tratado con Hinata Hyūga.
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Había pasado un mes desde ese extraño San Valentín. Naruto ya ni si quiera se acordaba realmente de todo el tema. Se le habían acabado los cupones de comida de Ichiraku Ramen en tres días y luego dejó de prestarle mucha atención a la búsqueda de quien le había regalado aquel maravilloso sobre.
Sin embargo, ese día estaba completamente sorprendido cuando Sasuke entró a una tienda de dulces diciéndole que lo siguiera.
―¿Se puede saber qué hacemos aquí? ―preguntó Naruto rascándose la cabeza. Los dulces no eran lo suyo, prefería comer ramen―. ¿Desde cuándo te gustan los dulces? Siempre quejas de que no te gustan, que no te gustan, que no te gustan y no dejas de comer arroz.
―¿Me podría dar esa caja con rollos de canela? ―preguntó Sasuke al vendedor, apuntando con su dedo una cajita adornada con una cinta blanca que contenía rollos de canela.
―¿Por qué estas comprando eso? ―Naruto estaba realmente confundido―. Tú no comes esas cosas.
―Es catorce de marzo, howaito dee ―explicó Sasuke, sin hacer un gran alboroto por ello.
En el día blanco, los hombres debían regalarles chocolate blanco, malvadiscos o cualquier dulce blanco a todas las chicas que les dieron bombones u otros presentes en San Valentín. Era la costumbre en Konoha al menos. Claro, algunos iban un poco más lejos y compraban cosas con más significado sentimental, por ejemplo, habían visto a Asuma con un macetero con amapolas blancas y cuando le preguntaron qué hacía con eso, les respondió que a pesar de ser shinobis, había que darse el tiempo suficiente para honrar a las mujeres en sus vidas y que lo correcto en el howaito dee. Al parecer, ese masetero era para corresponder a la persona que se había molestado haciéndole sus bombones preferidos.
Por lo tanto, cuando pasaron fuera de la dulcería Sasuke recordó que cierta compañera suya le había dado un presente para San Valentín. Lo mínimo que podía hacer era obsequiarle un regalo de vuelta, no porque le importara Hinata (o al menos eso se repetía), sino porque no le gustaba deberle nada a nadie y sus bolos de arroz los había disfrutado enormemente. Por otro lado, era el único que sabía que había sido Hinata la que le había dado a Naruto esos cupones.
―¿Y? ―preguntó Naruto sin ver la relevancia en todo ello―. ¡Ah! ¡Ya veo! ¡Sí! ¡Sí! ¡Le compraré una caja de bombones a Sakura-chan! ¡De seguro eso hará que quiera besarme y decirme lo mucho que me ama!
―Haz lo que quieras ―su mente pedía a gritos que le dijera que la persona que le había dado esos cupones no había sido Haruno―. Sólo asegúrate de comprarle algo a Hinata también ―¿Por qué le había pedido eso? ¿Le importaba realmente si Naruto seguía siendo Naruto y olvidaba por completo a la chica que todos esos meses lo había tratado como la persona más especial del mundo? Últimamente sus cambios de actitud hacia ella le comenzaban a parecer extraños.
―¿Ah? ¿Por qué? ―todo eso era muy confuso. Naruto no veía a la pequeña Hinata Hyūga como alguien a quien tendría que darle regalos.
―A veces me pregunto si inhalaste demasiada de esa pintura que utilizabas para rayar los rostros de los Hokages ―gruñó Sasuke subiendo los hombros, Naruto podía ser realmente estúpido―. Es una chica y es nuestra compañera de equipo. Es la costumbre.
―¡Tienes razón! Hinata-chan es bastante asombrosa ―Naruto sonrió con sinceridad apegando sus ojos al mostrador de vidrio, casi chocando su nariz con este, revisando que podía comprarle a Hinata sin encontrar precisamente lo que quería darle―. Le llevaré algo también. ¿Qué le gustará? ¿Crees que coma mazapán? Tal vez… ¿Le gustará el ramen?
―No puedes regalarle Ramen en el Howaito dee ―Sasuke comenzaba a perder la paciencia, puso una de sus manos en su frente como si le doliera la cabeza―. Realmente no tienes tacto alguno.
―¿Por qué no? ¡El Tonkotsu es blanco! ―se quejó Naruto pensando en todas las cosas blancas que podía regalarle―. Quiero la caja de bombones de chocolate blanco con rosas, ese será para Sakura-chan y ―Naruto no podía decidirse, tampoco sabía cuánto dinero andaba trayendo. ― también quiero la caja con los gatitos de chocolate y margaritas. Eso será para Hinata-chan ―Sasuke rodó los ojos.
Él no se había gastado una fortuna en regalos como lo acababa de hacer el despistado de Naruto, pero sabía que los rollos de canela eran la comida favorita de Hinata, la chica lo había dicho el primer día en que se formó el grupo. Por lo tanto, se sintió bastante tranquilo con su elección y curiosamente, al mismo tiempo, incómodo. Era la primera vez que le compraba algo a una mujer que no fuese su madre. Había debatido con la idea de hacerle ese presente todo el día.
Después de que Naruto le dejara a Sakura su regalo en la casa de sus padres, ambos caminaron en dirección a la mansión de los Hyuga. Al entrar al barrio del clan no se sorprendieron mucho al notar que todo parecía en orden y tranquilidad. Lo que si les llamó la atención fue la cantidad de ninjas del clan Hyūga que parecía haber en Konoha. Muchos de ellos portaban el uniforme oficial y caminaban por las calles del barrio ayudando en los quehaceres diarios.
Pasaron por el umbral de la puerta de la mansión, caminaron bajo los árboles de cerezo, que en ese momento estaban sin hojas, mientras todo en la mansión Hyuga se veía más blanco por el frío de esos últimos días de invierno. Pasaron sobre el puentecito de madera y Naruto se preguntó dónde irían los peces Koi ahora que el pozo estaba medio congelado.
Cuando entraron a la mansión uno de los sirvientes los hizo esperar en una sala bastante amplia y simple. Estaban sentados frente a una mesa bastante incómodos al notar lo tradicional que eran los Hyūga, sobre todo cuando llegó una chica sirviéndoles te, muy parecida a Hinata por sus ojos, pero de larga cabellera marrón que llevaba en un moño sobre la cabeza. Sasuke y Naruto hicieron una leve reverencia cuando de pronto entró Hinata, vistiendo mallas de entrenamiento y tiritando de frío por haber tenido que atravesar los corredores desde el dojo. Se puso su chaqueta de gamuza encima y se sentó frente a Naruto y Sasuke mientras la chica le servía té también.
―Dis-discúlpenme por tardar. Estaba entrenando con Hanabi ―Hinata se sentía un tanto avergonzada de las costumbres de su casa. Un suave rubor adornó sus mejillas cuando le dio las gracias a la criada por el té―. ¿Quieren comer algo? Puedo pedir que nos traigan alguna cosa si tienen hambre.
―Eso no será necesario Hyūga ―interrumpió Sasuke antes de que Naruto pudiese decir que quería ramen. Lo miró enojado por no permitirle hablar―. Mañana temprano partimos con Kakashi en dirección al país de las cascadas en una misión rango B. Aquí tienes los detalles ―Sasuke le entregó un pergamino con las instrucciones que tanto él como Naruto habían recibido ya de Kakashi esa mañana.
―¿Rango B? ―Hinata abrió sus ojos con sorpresa―. G-gracias Uchiha-kun ―Hinata comenzó a leer el pergamino preocupada por la cantidad de días que estarían fuera.
―Toma Hinata-chan ―de pronto, ante la voz de Naruto, Hinata subió la mirada y vio que sobre la mesa había una bonita caja blanca con margaritas y chocolates blancos en forma de gatitos. Sus mejillas se volvieron de un color rosa intenso―. Feliz día blanco.
Hinata pensó de inmediato que seguramente Sasuke le había dicho a Naruto sobre los cupones. Se sintió tan avergonzada que no pudo evitar bajar la mirada. Una media sonrisa apareció en el rostro del pelinegro al ver lo mortificada que se encontraba Hinata, siempre le daba algo de gracia cuando ésta lucía tan avergonzada por cualquier motivo.
―Gra-gracias Naruto-kun… tú… tú eres muy amable ―Hinata estiró sus manos y recogió la cajita mirándola con ojos casi llorosos. Ni en sus mejores sueños hubiese imaginado algo así―. Gracias…
―¡Sasuke también te compró algo! Claro, no tan bonito como mi regalo, después de todo es un idiota ―comenzó Naruto a lo cual una venita de enojo apareció en la frente del joven Uchiha―. ¡Anda Sasuke! Dale el regalo a Hinata-chan.
Sasuke frunció el ceñó y sintió que le comenzaría un tic en el ojo por lo desubicado que era Naruto. No era el momento para andar dándole regalos, quería dejárselo en algún lado y ojala que nunca supiera que había sido él, o si lo intuía, no hubiesen tenido una incómoda conversación al respecto. Suspiró pesadamente, dejando sin mucho cuidado sobre la mesa una caja blanca que tenía una cinta de raso del mismo color.
Hinata entonces sintió el olor a la canela y no pudo evitar sonreír, entendiendo que así como ella escuchaba y recordaba las cosas que Sasuke decía, él también lo hacía. Su presente tenía un significado bastante mayor, sin importar que no fuese costoso o extravagante como los chocolates y las flores de Naruto, era una muestra de que su compañero de equipo comenzaba a conocerla.
―Muchas gracias Uchiha-kun. Los rollos de ca-canela son mis favoritos ―respondió con una sonrisa nerviosa―. Ambos regalos son… muy bonitos. No debieron molestarse, de verdad.
―No exageres tanto. Es sólo una tontería ―respondió Sasuke poniéndose de pie. Por alguna razón comenzaba a sentirse nervioso al estar ahí y quería salir lo más rápido posible.
―¿Ah? ¿Sasuke? ―preguntó Naruto mirando como caminaba a la entrada de la habitación, movía la puerta corrediza hacia un costado y se retiraba sin mirar atrás―. Que extraño es ese sujeto ―susurró Naruto.
―¿Dije algo que le molestó? ―preguntó Hinata sorprendida.
―No es eso Hinata-chan ―Naruto sonrió mientras tomaba el té frotándose las manos por el frío―. Siempre le ha costado tener relaciones con los demás… después de… bueno ya sabes… de lo de su familia. Siempre se aleja de todos. Aceptar que somos más que compañeros de equipo le debe irritar.
―¿Más que compañeros de equipo? ―preguntó Hinata confundida.
―Ajá. ¡Somos amigos! ―Naruto le guiñó un ojo―. Nosotros tres, siempre seremos amigos, por mucho que a ese idiota le cueste aceptarlo.
―Naruto-kun. ¿Tú me consideras, tú amiga? ― Hinata comenzó a juguetear con sus dedos, mirándolo con vergüenza. La sonrisa que mostraba era completamente real.
―Sí. Eres mi primera amiga de verdad. Aunque debo confesarte que yo quería regalarte ramen y Sasuke dijo que no era apropiado ―rió en voz baja y puso una de sus manos en el cuello. Un rubor pálido cubrió su rostro mientras miraba a un costado de la habitación. Decir ese tipo de cosas era vergonzoso―. Tú y el idiota de Sasuke son mis primeros dos amigos. Me imagino que si tuviera hermanos, serían como ustedes dos.
―S-sí ―respondió Hinata con felicidad―. Naruto-kun. ¿Qui-quieres rollos de canela o cho-chocolate con tu té? ―preguntó Hinata sonriendo con timidez, poniendo sus regalos entre ambos. Prefería compartirlos con alguien que para ella era tan especial como Naruto.
― ¡Pensé que nunca lo preguntarías! ―respondió Naruto atacando los rollos de canela con felicidad.
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