CAPÍTULO 5

MISIÓN A TAKIGAKURE

Primera parte.

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No era común que a un grupo genin recientemente formado le asignaran misiones rango B. Aun así, había que considerar que el equipo siete era liderado por uno de los mejores shinobis de Konoha, por lo cual tampoco era del todo extraño que algo así hubiese ocurrido. Después de todo, Kakashi podría haber realizado una tarea de ese tipo por su cuenta.

Se trataba de una misión relativamente sencilla para alguien como el "copy ninja", quien decidió llevar a su equipo para que aprendieran una cosa o dos por el camino.

Tan pronto salieron de Konoha confortó los nervios de sus tres pequeños estudiantes diciéndoles que nunca dejaría que ningún miembro de su equipo sufriera daño. Por ese motivo Sasuke, Naruto y Hinata emprendieron el camino con relativa calma caminando por la ruta entre La Aldea Oculta de la Hoja y El País de la Cascada. Los tres habían leído el reporte proveniente de Takigakure en el cual estaba establecido una serie de incidentes que habían estado sucediendo las últimas tres semanas: robos en las fronteras del país, poblados atacados, incendios, disturbios a la paz y shinobis extraños vistos merodeando. Por todo ello, se solicitaba a Konoha la captura de esta banda de criminales liderada por un hombre que se hacía llamar Shouzi para que de alguna forma se restableciera la paz en el País de la Cascada.

Naruto estaba bastante emocionado. Era la primera misión rango B que realizarían juntos. Por otro lado, Sasuke estaba un tanto ansioso; tenía frente a él la oportunidad de demostrar lo mucho que había avanzado esos últimos meses entrenando. No obstante, Hinata estaba nerviosa. Su padre le había advertido no fracasar y que en caso de que las cosas se volvieran peligrosas que no dudara en esconderse. Suspiró pesadamente pensando que su progenitor sólo la consideraba un estorbo.

―Bien, ya que son dos días de caminata, podríamos aprender alguna cosa por el camino ―comenzó Kakashi pasándole el mapa a Sasuke a quien consideraba el más listo de los tres―. Comencemos enseñándoles a leer mapas.

―¡Todos sabemos leer mapas! ―alegó Naruto. Estaba harto de que Kakashi los tratara como si fueran retrasados―. Eso se enseña en la academia.

―¿De verdad? ―Kakashi lo golpeó en la cabeza con el libro que leía: Icha Icha Violence―. Perdona mi escepticismo Naruto, pero considerando lo inusual de las circunstancias en que te pudiste graduar, no hace daño repasarlo. Con los tres.

Sasuke miró a su compañero de reojo con una sonrisa de burla. Naruto estuvo a punto de golpearlo por esa mirada.

―Lo primero que deben hacer es localizar el norte ―Kakashi hablaba lentamente, más enfocado en la lectura de su libro que en ellos―. Pueden encontrar la dirección norte utilizando una brújula, por lo cual les recomendaría que siempre viajen con una a mano.

―¡Pero usted no nos dijo que trajéramos esa brújula! ―alegó Naruto horrorizado.

―Pues, si no tienen una, recuerden que el musgo de las cortezas siempre crece en el lado norte ―Sasuke se burló sin decir nada, mostrándole a Naruto la brújula que él llevaba dentro de su portaherramientas. Naruto le gruñó molesto.

―¿Y si no hay árboles porque estamos en el desierto? ―preguntó el rubio, rascándose la cabeza.

―Entonces, busca el este ―respondió Kakashi, a lo cual Sasuke suspiró irritado. Leer mapas era básico y aun así Naruto no sabía hacerlo―. El sol sale por el este. Si saben dónde está el este al menos pueden caminar en esa dirección buscando cualquier punto de referencia en su mapa. Bien, Sasuke. ¿Dónde estamos? ―preguntó Kakashi mientras el pelinegro miraba el mapa.

―Estamos a 30 kilómetros al norte de Konohagakure. Llegaremos al río Claro pronto si seguimos por esta ruta.

―El Río Claro marca un buen punto de campamento, su agua es muy limpia y se puede beber. El bosque es lo suficientemente espeso como para acampar sin miedo a ser descubierto. El único problema es que crecen fresas venenosas cerca del río que pueden ser confundidas fácilmente. Recuerden eso… y…la próxima vez que salgamos fuera del País del Fuego en una misión, deberán memorizar el mapa ―Kakashi suspiró y levantó el dedo índice―. Nunca se sabe qué puede pasar. Una vez estaba durmiendo, llegó un mapache y se comió mi mapa.

Sasuke levantó una ceja sabiendo que Kakashi estaba mintiendo. Siempre lo hacía cuando algo sucedía que era su culpa y se excusaba con las mentiras más ridículas que el hombre podía inventar. Hinata, por el contrario, pensó de inmediato que desde ese momento en adelante, cuando durmieran al aire libre, se cuidaría de los mapaches. Naruto asentía una y otra vez con la historia imaginándose lo genial que él se vería con un gorro de piel de mapache.

―¿Qué otras lecciones básicas debería enseñarles? ―se preguntó Kakashi a sí mismo en voz alta―. Esta es su primera misión rango B, eso significa que hay riesgo de que encontremos una batalla adelante, seamos atacados o algo peor ―seguía leyendo de su novela―. Cuando nos acerquemos a la frontera del País de la Cascada, quiero que mantengan los ojos bien abiertos y noten cualquier cosa extraña en el ambiente. Si estos sujetos están robando, es probable que intenten atacarnos por ser extranjeros.

Caminaron toda la mañana y gran parte de la tarde. Sólo se detuvieron una vez cerca del medio día para comer. Recorrer el País del Fuego caminando no era del todo malo. Sasuke no hablaba a menos que Kakashi le preguntara algo, Hinata tampoco lo hacía a menos que le preguntara a Naruto si quería beber o comer y Naruto de vez en cuando se quejaba de que ya habían caminado mucho y debían detenerse a descansar.

Armaron un campamento improvisado alejado del camino. Como era la costumbre en un three man cell, cada uno tuvo una misión esa noche: Sasuke tuvo que recolectar leña (aún era invierno y pasar la noche sin fuego no era una opción), Naruto debía armar la carpa en donde dormirían ellos tres y Hinata estaba encargada de recolectar agua para las cantimploras y calentar lo que fueran a comer.

Para Sasuke que podía usar técnicas de fuego, no fue difícil recoger algunos troncos y ramas en los alrededores y prenderlos, pero para Naruto armar una carpa fue tan difícil como pasar el examen final en la Academia. Kakashi lo observó luchar con las instrucciones hasta que finalmente armó la carpa (muy pobremente), preguntándose si tal vez debía pasar más tiempo enseñándole a Naruto lo básico que se debía aprender en la Academia.

Hinata apareció cuando la noche estaba por caer sobre ellos con las cantimploras llenas de agua. Se veía un tanto pálida y cansada, pero en ningún momento se quejó de ello.

―Naruto-kun, tu cantimplora ―dijo acercándose a él con un tanto de vergüenza.

―Gracias Hinata ―dijo el chico dándole un sorbo y poniéndola dentro de su mochila―. ¿No me quedó genial la carpa? Debería haber sido ingeniero ninja.

―Está muy bien armada, Naruto-kun ―Hinata sonrió bajando la mirada a sus dedos.

―Esa cosa se va a desarmar si sopla un poco de viento ―agregó Sasuke sin mirarlos.

―¿Por qué no la vuelves a armar tú si crees que lo puedes hacer mejor que yo, bastardo? ―le gritó Naruto con rabia. Sasuke parecía indiferente a sus palabras.

Hinata caminó en dirección a la fogata y le entregó a Sasuke su cantimplora, estirándola hacía él con algo de miedo. Sasuke simplemente la tomó sin decir nada. Casi no habían hablado desde el día anterior en que se retiró de su casa visiblemente molesto.

―¿No se te está olvidando algo, Sasuke? ―preguntó Naruto con el ceño fruncido mientras Kakashi sonreía con su ojo visible, tomando la cantimplora que Hinata le ofrecía dándole las gracias.

Sasuke no volvió a hablar ni a mirar a Hinata. Naruto apretó el puño intentando contener esa súbita oleada de calor que le quemaba las entrañas. La actitud de su compañero de equipo lo comenzaba a irritar. Entendía que fuese un idiota con él porque nunca se habían llevado bien, pero no tenía por qué ser tan grosero con Hinata que no era nada aparte de amable con todos ellos.

El chico pelinegro ignoró la mirada hostil de Naruto. Estaba un tanto agachado, sentado cerca del fuego, mirando cómo se consumían las llamas y pensando en su hermano mayor. Cada vez que veía fuego recordaba a su padre, a su clan. El símbolo del clan Uchiha era un abanico, símbolo de fuego, de que un Uchiha podía avivar las llamas apagadas abanicándolas con fuerza. Pero, él era el último de su clan. O al menos lo sería una vez que matara a Itachi. El fuego era parte de él, de su linaje y todas las voces que aclamaban por venganza en su mente.

Sacó su propia cena consistente en un bento de arroz, vegetales, tomates y carne. Como siempre, no necesitaba que nadie le estuviese ayudando más de la cuenta.

Kakashi suspiró preguntándose si Sasuke había aprendido algo el día de la misión de supervivencia, pero que aceptara el agua ya era un gran paso en su actitud.

Por su parte, Naruto puso a calentar algo de agua de su cantimplora para comer ramen instantáneo y Hinata sacó saco un bolo de arroz de su mochila, comiéndoselo un tanto nerviosa por la mirada de Sasuke hacia ella. Cada vez que el chico enfocaba esos ojos negros en su figura, se le oprimía el pecho. Hinata parecía no darse cuenta que en realidad Sasuke la miraba porque le gustaban sus bolos de arroz y nunca le ofrecía.

Kakashi se excusó después de comer, avisándoles que se adelantaría para revisar el camino ahora que estaban entrando en un territorio relativamente desconocido. Les permitió quedarse ahí pero les recomendó que durmieran, pues al día siguiente tendrían que caminar mucho más. Les advirtió que el cuidaría de los alrededores y se marchó.

Por su puesto, los problemas llegaron a la hora de dormir. Era la primera vez que los tres salían lo suficientemente lejos de Konoha como para tener que acampar. Nunca antes habían dormido juntos en un espacio tan pequeño y las miradas que se daban estaban repletas de incomodidad, irritación y vergüenza. Ninguno de los tres habló mientras miraban la carpa, pensado cómo iban a dormir ahí. La incomodidad era casi palpable, hasta que Naruto no lo soportó más.

―¡No pienso dormir al lado de Sasuke! ―gritó apuntándolo.

―Ni yo quiero dormir cerca de ti, perdedor ―gruñó Sasuke.

Los dos miraron a Hinata. La chica se puso completamente roja. ¿Esperaban que ella durmiera al medio de ambos? La mera idea de aquello, de dormir tan cerca de Naruto, le hizo sentir que se iba a desmayar.

―Yo…yo pensaba dormir afuera, cerca del fuego ―tragó saliva, bajando la mirada. Sentía que sus compañeros de equipo la iban a matar.

―No puedes hacer eso, estamos en pleno invierno ―se quejó Sasuke tomándola de los hombros y casi empujándola hacia la carpa. De verdad que no quería dormir al lado de Naruto, quien roncaba y se movía de un lado a otro durante la noche. Naruto le tomó un brazo y también la tiró hacia dentro.

―Tiene razón Hinata-chan. Te podrías enfermar ―después de ese 'beso' accidental en la Academia, cualquier contacto físico con Sasuke que no fuera entrenamiento estaba completamente fuera de discusión.

Hinata no pudo alegar, sintiendo que a ninguno de ellos le importaba realmente lo que pasara con ella sino que no deseaban dormir uno al lado del otro.

Fue así que comenzó una costumbre que a través de los años se volvería rutina. Hinata dormía entre ambos, Sasuke lo hacía mirando hacia la entrada de la tienda y Naruto al final. Los tres se acostaron en sus respectivos sacos de dormir y pronto se quedaron dormidos, o al menos eso pensaron.

Naruto estaba soñando con una taza gigante de ramen. La perseguía por Konoha gritándole que volviera, que lucía deliciosa, cuando de pronto algo lo despertó, un brusco movimiento en su brazo.

―¿Qué…? ―preguntó quejumbroso sin abrir los ojos.

―Despierta ―era la voz de Sasuke, no era difícil reconocerla aunque estuviese aun medio dormido.

―Déjame dormir ―respondió Naruto dándose la vuelta.

―Hinata no está ―otra sacudida, esta vez Naruto despertó casi por completo.

―¿Ah? ―volvió a quejarse, sus párpados se sentían muy pesados―. ¿Qué pasa, Sasuke?

―¡Despierta! No encuentro a Hinata ―le gritó moviéndolo de un lado a otro.

―Debe haber ido al baño ―le respondió irritado―. Deja de exagerar. Kakashi-sensei dijo que deberíamos dormir.

―No. No fue al baño ―respondió Sasuke con firmeza―. La sentí salir hace más de una hora. Fui por ella y no la encuentro.

―¿Y esperas una hora para decírmelo? ―gritó Naruto sentándose de golpe y poniéndose su polerón naranja sobre la camisa negra que usaba para dormir, pero no se retiró el gorrito en forma de panda.

Los dos salieron de la tienda y comenzaron a moverse de rama en rama para tener mejor visión de la zona. Sasuke iba en frente mientras que Naruto lo seguía.

―¿La vez por algún lado? ―preguntó Naruto cuando se detuvieron sobre una roca. Se sentía el ruido del agua del río que fluía cerca de ellos.

―No. Esta demasiado oscuro ―respondió Sasuke sin mirarlo―. ¿Dónde se mete Kakashi cuando lo necesitamos?

―Ey Sasuke ―dijo Naruto de pronto un tanto sorprendido―. ¿Escuchaste eso?

―¿Hinata? ―preguntó Sasuke también un tanto confundido. Estaba casi seguro de que había escuchado que la chica decía 'byakugan'―. Guarda silencio. Si la atacaron tenemos una mejor oportunidad si sorprendemos al enemigo. Ven, vino de allá.

Ambos avanzaron entre las sombras, cuidadosos de no emitir sonido alguno. Fue más difícil para Naruto que para Sasuke hacerlo, considerando que el rubio era ruidoso por naturaleza y nunca estaba tranquilo.

La oscuridad no les permitía ver mucho, pero a medida de que se acercaron algo en el ambiente les llamó la atención a ambos. Estelas azules aparecieran y desaparecieran sobre el río. Era como si un sinfín de luciérnagas bailaran sobre el agua en tonos azulados, cian y aguamarinas. Era algo hermoso de contemplar sin duda, un espectáculo único a los ojos de dos confundidos shinobis. La luz se reflejaba intermitentemente sobre el agua, haciendo de todo ello una alegoría a la belleza.

De pronto, al estar lo suficientemente cerca, Naruto dejó escapar un suspiro. Sasuke lo tomó con fuerza y lo empujó hacia abajo. Ambos se escondieron tras una roca y comenzaron a observar.

―¿Es Hinata? ―preguntó Naruto absorto en lo que veía. La oscuridad era casi total, pero la hermosura de su silueta desnuda y semi iluminada parcialmente por las estelas de chakra azulado que dejaba en el ambiente lo maravilló―. ¿Ella está haciendo eso?

―Sí ―respondió Sasuke tan sorprendido como su compañero, admirando en silencio la forma en que sus manos dibujaban arcos de un lado a otro en el aire.

―¿Qué está haciendo? ―preguntó Naruto sin pestañar. No se atrevía a hacerlo. Apenas y podía hablar por la impresión.

―Creo que esta ―todo volvía a estar en oscuridad y se escuchaba la voz de la chica nuevamente pronunciar la palabra "byakugan"― entrenando.

―¿En pleno invierno, de noche y con agua? ―susurró Naruto boquiabierto―. ¡Le dará pulmonía si sigue así! ―su última frase había sido sólo un murmullo pero Hinata estaba mirando en su dirección.

Sasuke le tapó la boca con una mano mientras Naruto miraba hacia Hinata completamente paralizado.

―Byakugan ―se volvió a escuchar de parte de ella.

Fue entonces que Sasuke lo comprendió un poco mejor. Hinata llevaba meses intentando dominar el byakugan, seguramente mientras entrenaba con ellos de día para ayudarlos con su manipulación de chakra, de noche se dedicaba a agudizar su dojutsu. Podía comprenderla. Él a veces hacía lo mismo con el sharingan sin muchos resultados. Podía despertarlo, pero no ocuparlo como correspondía.

Si Hinata hubiese tenido el byakugan completamente activo, los habría descubierto y ese no era el caso. Vio cómo su figura volvía a tomar la posición del puño suave en medio de la oscuridad, sus manos eran rodeadas con una fina luminosidad azulada. Golpeaba el aire, iluminando cientos de gotas a su alrededor. Más que entrenar, más que usar un estilo de taijutsu, era como si danzara. Su cuerpo se movía con la elegancia de una bailarina, con una flexibilidad que sólo alguien de su tamaño y proporciones podría lograr.

Tanto Sasuke como Naruto la observaron un poco más en silencio, absortos de que alguien como Hinata pudiese ser tan frágil, fuerte y hermosa al mismo tiempo. Había algo en su deseo de superarse que emocionaba a los dos. Había algo en la forma en que su chakra rodeaba sus manos e iluminaba el agua que los hacía pensar que más que estar observando a su compañera de equipo, estaban soñando despiertos.

―Vámonos ―susurró Sasuke dándose vuelta.

Estaban invadiendo la privacidad de su compañera. Aunque no se veía nada más que su silueta y a veces un poco de piel cuando el chakra la iluminaba de cerca, no era nada educado de parte de ellos estarla mirando cuando no portaba ropa.

―¿No podemos mirarla un poco más?―preguntó Naruto sin moverse un milímetro. Ni si quiera había pestañado y sus labios estaban ligeramente separados.

―Claro que no, idiota ―respondió Sasuke tirando de él.

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Hinata entrenó sobre las tranquilas aguas del río al menos dos horas. Había esperado mirando el techo de la tienda hasta que la respiración de Sasuke se volvió suave y pausada, justo entonces los ronquidos de Naruto se hicieron perceptibles. En silencio, salió de la carpa y caminó.

Desde hacía tres meses entrenaba de noche, con todas sus fuerzas, para poder volverse un poco más hábil. Su modo de entrenamiento era el puño suave y activaba el byakugan cada vez que se ponía en aquella posición. Lamentablemente, por mucho que hiciera los sellos, por mucho que lograra que sus ojos se concentraran, su campo de visión no aumentaba considerablemente. Podía ver todo alrededor de 5 metros en 360º a la redonda. Había logrado eso durante 3 meses, podía usar el byakugan, pero no como lo usaba el resto de su familia. Se consolaba a sí misma diciendo que eventualmente podría también utilizar su kekkai genkai a toda su potencia, pero para eso debía seguir entrenando.

Pasar esos meses cerca de Naruto la habían inspirado a no rendirse. Vio como su compañero no lograba si quiera dar un paso por la corteza de un árbol, hasta el punto que podía caminar encima del agua. Se había vuelto fuerte, a base de esfuerzo y nunca darse por vencido. Ella haría lo mismo, él era su motivación para ponerse de pie sin importar las veces que su padre la intentara destrozar por dentro.

Suspiró mientras movía el pie sobre el agua, haciendo que gotitas saltaran a su alrededor. Su ejercicio consistía en golpear cada una de las gotas de agua con las palmas de sus manos antes de que la lograran mojar, por eso entrenaba desnuda, no podía permitir que se le mojara la ropa. Hacía lo mismo en la mansión Hyuga sobre las fuentes de agua, era una forma muy útil para ella entrenar el byakugan así.

En cierto momento durante su práctica sintió ruidos provenientes de la orilla. Miró en esa dirección pero no distinguió nada. Aliviada de que nadie la estuviese espiando, continuó moviéndose con la gracia de una garza hasta que comenzó a sentir más frío del que podía soportar. Entrenar en invierno era duro, pero su cuerpo lo soportaba con la mera idea de que estaba haciéndolo para no ser una carga para su equipo.

Necesito valor y fuerza para proteger… a la persona que admiro… ―pensó mientras rechazaba las gotas de agua que caían sobre su cuerpo, golpeándola como agujas contra su piel. El agua fría dolía, pero no tanto como la idea de no poder protegerlos―. Necesito valor para proteger… a mis amigos ―no era sólo por Naruto ahora, en un principio lo había sido, pero eran un grupo de tres―. Necesito fuerza para proteger sus sueños ―sólo cuatro gotas la habían golpeado esta vez mientras los trazos de chakra aun brillaban en el aire―. Necesito ser firme para volver a hacer que sonría.

Salió del agua tiritando de frío y se vistió nuevamente. Su cabellera estaba húmeda pero no podía hacer nada al respecto. Caminó temblorosa de vuelta al lugar en donde habían armado el campamento. La duda la carcomía. ¿Podría algún día ser lo suficientemente fuerte como para alcanzarlos? Lo deseaba con todo su corazón, no quería volver a rendirse antes de intentarlo, ni desmotivarse ante palabras frías y rudas. Quería ser lo mejor que podía ser y no le importaba poner en riesgo su salud para ello.

Sus labios se separaron en sorpresa cuando al llegar al lugar en donde se suponía sus compañeros debían estar durmiendo, se encontró con que Naruto estaba al lado del fuego y Sasuke lo soplaba para intentar hacer que los troncos que habían puesto ahí volvieran a prenderse.

―Chi-Chicos ―dijo Hinata acercándose a ellos hasta quedar cerca del fuego―. ¿Qué hacen despiert…?

―¿Quieres un poco de ramen caliente, Hinata? ―Naruto tenía su cantimplora cerca del fuego, sacando un ramen instantáneo de su mochila―. Estábamos calentando agua para comer. ¿Verdad, Sasuke?

Sasuke no la miraba, pero el hecho de que estuviese avivando las llamas junto con Naruto le pareció extraño, considerando la hora que era y lo mal que se llevaban ellos dos.

―¿Te caíste al agua cuando ibas al baño? ―Hinata ni si quiera se había dado cuenta de que su cabellera goteaba aún. Con vergüenza asintió―. Idiota ―Sasuke suspiró pesadamente―. Toma ―el chico la pasó una toalla sin mirarla y ella la aceptó con curiosidad, sin entender qué estaban haciendo. Sasuke la miró a los ojos de forma distinta, fría, pero con algo que Hinata no supo interpretar. No le daba miedo esa mirada, más bien, la hacía sentir algo de curiosidad―. No beneficia a nadie que te enfermes en medio de una misión ―dijo, dándole la espalda y entrando nuevamente a la carpa.

Naruto sonreía mientras ponía agua caliente al tazón de plástico. Se lo pasó a Hinata con un gesto particular en su rostro, algo parecido a la admiración, mezclado con un creciente sentimiento de compañerismo.

―Toma Hinata ―ella no supo qué decir ni qué hacer, sólo lo recibió con las mejillas sonrojadas―. Espera tres minutos y… ¡Listo! Algo caliente a esta hora para evitar que se te enfríe el cuerpo.

―¿Naruto-kun? ¿Por-por qué? ―miraba el vapor saliendo de la taza entre sus manos con curiosidad. Había escuchado todo el día la forma en que Naruto decía que no compartiría su ramen instantáneo con nadie y que más les valía que hubieran empacado mucha comida. Que ahora se lo diera le causaba una sensación muy extraña en el pecho―. Tu ramen…

―¡Ey! Cualquiera se sentiría feliz de comer ramen y tú pareces que vas a llorar ―sonrió dándole un golpecito en la espalda que casi hizo que Hinata perdiera el equilibrio―. Siempre me pareciste demasiado callada y me desesperaba que susurraras todo el tiempo, ¡Nunca te entendía nada! Pensé que eras de esas personas que siempre está triste por algún motivo ―suspiró mientras se ponía de pie―. Pero, ahora me doy cuenta que, nunca te das por vencida ―Naruto le sonrió con mucha sinceridad, con un leve rubor en sus mejillas―. Eres un gran aporte a nuestro equipo, Hinata.

Hinata observó que se sacaba su chaqueta naranja con azul y la ponía sobre sus hombros. Sentir el calor de Naruto alrededor de su cuerpo la hizo paralizarse, poder oler aquel aroma tan característico de él la hizo ruborizar pesadamente mientras se acurrucaba.

―Vente a acostar cuando te seques, me dará frío en la espalda si no estás al medio ―Naruto levantó su pulgar y se despidió de esa forma, riendo por su comentario y entrando a la carpa―. No pienso a acercarme a Sasuke si baja la temperatura ―puso cara de espanto―. Antes muerto. Que asco.

Hinata sonrió mientras tomaba la toalla de Sasuke y se secaba el pelo, acercándose al fuego. Sus músculos entumecidos comenzaron a entrar en calor poco a poco y antes de que se diera cuenta estaba nuevamente acostada entre sus dos compañeros. Esta vez no había un espacio gigante entre ella y Sasuke, a pesar de que aún le daba la espalda, estaba justo al lado de ella manteniéndola tibia y evitando que el frío que se filtraba por la entrada de la tienda la golpeara. Naruto dormía con la espalda sobre el suelo, justo a su lado. Miró su perfil en la oscuridad hasta que se quedó dormida, envuelta en su chaqueta y su aroma. Casi se murió de vergüenza cuando entre sueños, Naruto puso uno de sus brazos encima de ella. Suspiró intentando calmarse, dándose cuenta que Naruto estaba roncando y que aquello había sido involuntario.

Realmente se sentía feliz de contar con dos amigos así, por mucho que Sasuke la intimidara.

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Los tres despertaron al alba luego de dormir unas pocas horas. Kakashi les gritaba que se levantaran de una vez, pues tenían que seguir caminando. Hinata le devolvió su chaqueta a Naruto y se abrigó lo mejor que pudo. La mañana estaba fría y podían ver sus alientos en el aire.

Sasuke era el que mostraba menos debilidad ante el frío esa mañana de invierno y lo evidenciaba al estar vestido con shorts blancos. Era cierto que la primavera estaba a la vuelta de la esquina pero de cualquier forma el aire estaba lo suficientemente helado para haber producido que cualquiera de ellos se enfermara. Hasta Kakashi parecía entumido.

―El camino está despejado de trampas ―anunció―. Manténganse alerta en todo momento. Hoy probablemente tengamos una batalla. La misión consiste en apresar a los bandidos en las fronteras.

Los tres asintieron. Naruto estaba emocionado, la idea de encontrarse en su primera batalla lo tenía muy hiperactivo. Sasuke revisó que todo su equipo ninja estuviera bien amarrado en su pierna y Hinata miró el suelo, deseando que hubiese podido contar con el byakugan a una mayor potencia para ir mirando por el camino en caso de que algo o alguien se escondiera.

Comenzaron a caminar volviendo al camino principal. Naruto miraba de un lado a otro nervioso, no quería que nada le saltara encima y lo sorprendiera.

Kakashi había estado leyendo su libro toda la mañana, pero cuando ya cayó la tarde lo guardó y comenzó a prestar atención a su misión. No sólo eso, había traído a su equipo con él ya que esperaba darles una lección importante.

―¿Saben qué es lo más difícil para un shinobi cuando estamos en misiones rango A, B o S? ―los tres prestaron atención, a diferencia de otras veces el tono de Kakashi era serio―. Lo más difícil es matar a otro ninja ―guardó silencio y siguió caminando de esa forma hasta que nuevamente su voz irrumpió la quietud del bosque―. En una pelea, debemos estar preparados para quitarle la vida a otro, o morir. Esa es la difícil lección que debemos aprender en esta misión. Ya no son alumnos de la Academia, son shinobis. En el mundo shinobi, la muerte es algo a lo cual debemos acostumbrarnos y ser inmunes a ella cuando llegue el momento de proceder. Nuestra misión es capturar a esos bandidos, vivos o muertos.

Los tres asintieron y siguieron caminando. A pesar de sus palabras duras, Kakashi tenía dudas sobre lo que acababa de decir. Hacer que un niño matara a otro no era algo que le agradara del todo, pero quería que se dieran cuenta que si ellos no estaban listos con una actitud de vencer o morir, efectivamente podían morir por el camino.

El atardecer se estaba cerrando sobre ellos y la luz se hacía escasa. Los árboles se acercaban haciendo de ese lugar un bosque espeso y frondoso. La luz casi no pasaba por las ramas. Naruto, Hinata y Sasuke caminaban cerca uno del otro. Kakashi iba en frente.

―Esto está demasiado silencioso ―dijo Kakashi deteniéndose―. Dicen que hace algún tiempo hubo una gran batalla en estos bosques y que de noche los espíritus de los muertos salen y asustan a los vivos ―el instructor no había tenido la intención de asustarlos, pero Hinata y Naruto se apegaron el uno al otro. El alegre rubio le temía a los fantasmas más que a cualquier otra cosa―. Sasuke, ¿Dónde estamos exactamente?

―Tres kilómetros al sur de Takigakure ―respondipó mientras revisaba el mapa. Un búho ululó con fuerza haciendo que Naruto se apegara a Hinata y la tomara del brazo con el rostro azul. Sasuke lo miró con una sonrisa burlona―. ¿Le temes a los muertos, perdedor?

―No tengo nada que tratar con ellos… ―murmuró asustado mirando de un lado a otro apretando el brazo de Hinata.

―Los muertos no tienen nada que tratar con nadie, están muertos y permanecen así ―Kakashi suspiró, a veces se le olvidaba que estaba con niños después de todo―. No aparten su mirada de los alrededores. Algo no está bien con este camino.

―¿Podría tratarse de un genjutsu? ―preguntó Sasuke intentando notar cualquier ruido aparte de sus pisadas.

―No. No es un genjutsu ―respondió Kakashi―. Podría darme cuenta si ese fuera el caso. Es el silencio lo que me tiene un tanto nervioso.

Se escuchó nuevamente un ruido de un búho y esta vez Naruto gritó. Kakashi lo miró irritado ordenándole con un gesto que se quedara callado mientras permanecían detenidos.

―¿Podrías ser más inútil? ―preguntó Sasuke rodando los ojos.

Hinata miró a Naruto, él tenía miedo. Ella también estaba un poco asustada, el silencio, esa horrible presión, no estaba segura de cómo podía soportar esa angustia que la invadía―. Necesito valor, necesito valor, pero tengo tanto miedo ―pensó mientras miraba a los alrededores.

Nunca supo qué la llevó a hacer lo que hizo a continuación, tal vez fuese la necesidad de proteger a Naruto, o la forma en que Sasuke estaba sacando un kunai, pero tenía que hacer algo y no estorbar. Tenía que demostrar que también era parte del equipo siete. Los sellos en sus manos se formaron casi por sí mismos con una increíble rapidez. Los había estado practicando sin parar por meses. Era en ese momento, una tímida kunoichi de Konoha mostraba su valor cuando más temía por sus compañeros.

―Byakugan.

Naruto y Sasuke se voltearon a observarla y notaron como los capilares de sus ojos se hacían visibles de alguna forma extraña. Las venas alrededor de éstos también se inflamaban un poco mientras el ceño de Hinata se endurecía. La chica se concentró, estaba viendo todo a su alrededor al menos 7 metros a la redonda, lo demás era borroso. Se esforzó un poco más, respiró profundamente, se enfocó por completo aprovechando ese silencio en donde sólo podía escuchar los latidos de su corazón. Y entonces, su visión aumentó al menos al doble. Nunca antes había podido ver tanto a su alrededor y aunque era una miserable visión, pudo verlo.

―Hay dos hombres, 13 metros a la izquierda de Kakashi sensei, camuflados con un tipo de jutsu contra la corteza de un árbol ―susurró sin moverse, sintiendo que el corazón se le iba a salir por la boca―. Están, nos están mirando.

Sasuke dio un paso en frente de Hinata inconscientemente. La chica observó su espalda sintiendo como si nuevamente fuera una carga que tenían que proteger. No se movió.

―¿Desde cuándo puedes utilizar tu byakugan Hinata-san? ―preguntó Kakashi despreocupadamente mientras la miraba con algo parecido al orgullo.

―Desde-desde ahora ―confesó la chica con vergüenza.

―Bien, que suerte tenemos de tenerte aquí ―puso una mano sobre la cabeza de Hinata revolviendo su cabello―. No los habría notado, están muy bien mimetizados con la corteza.

―Hinata-chan es asombrosa ―murmuró Naruto conteniendo una risita.

―¿Podrían guardar los elogios para después? ―gruñó Sasuke, mirando hacia la dirección que Hinata había indicado.

―Ya los vimos ―gritó Kakashi―. Pueden salir. No queremos problemas.

―Mierda, sí que apesta tu forma de esconderte. "Escondámonos y ataquémoslos por la espalda", Bien hecho pedazo de mierda ―un sujeto salía de la corteza. Hasta ese momento habían sido invisibles a un ojo normal, pero no para el byakugan. Lo que sorprendió a todos es que estuviese cargando un cuerpo que se veía sin vida―. ¿Tienes otro brillante plan?

―Si tienes una idea mejor ―el segundo de ellos se desprendió de la corteza, su rostro estaba cubierto con una máscara parecida a la de Kakashi―. ¿Por qué no la dices?

―El inteligente del grupo eres tú, aunque realmente no sé qué tan inteligente puedas ser si un tuerto y unos mocosos te descubrieron.

―¿Por qué no cierras la boca? ―le preguntó―. O te mataré.

―¿Por qué no lo intentas?

Cada paso que daban en dirección a ellos, podían ver más detalles sobre esas personas. Lo primero que llamó la atención de Kakashi fue sus extrañas vestimentas. Ambos lucían atuendos negros con nubes rojas. El más hablador portaba una guadaña de tres hojas, lo cual le dio un inmediato mensaje de alerta al jonin. Se acababa de meter en una situación casi imposible de superar si tenía a sus tres discípulos consigo.

―¿Por qué siempre tienes que sobreactuar y decir cosas como esa para quedar bien con quien se cruce en nuestro camino? ―se quejó el hombre que cargaba el cadáver colgado de su guadaña―. Pareces un completo idiota.

―Voy a pedir que me cambien de pareja apenas volvamos ―la voz del otro sujeto era tétrica y ronca; el hecho de que sólo se le vieran los ojos lo hacía peor. Hinata se aferró al brazo de Naruto sin creer lo que estaban viendo. Naruto la miró con preocupación preguntándose si Hinata estaría realmente lista para afrontar una batalla en ese momento―. Ya no aguanto trabajar contigo. No aprecias el valor del dinero y tus rituales tardan demasiado tiempo.

―¡Soy el único que soporta tu apestoso culo! ¿Crees que me hace mucha gracia tener que andar de arriba abajo con un hereje? ―se rascó la cabeza y miró en dirección a su compañero con una sonrisa―. Anda, no peleemos ―se quedó esperando como si el otro sujeto fuera a ir a abrazarlo y hacer las paces―. Ey. ¿Te enojaste? ―al no recibir respuesta frunció el ceño y lo apuntó con el dedo índice―. ¡Maldito seas, Kakuzu! ¡Me haces cargar con esta mierda y ahora me das la espalda y me ignoras! ¿Me estas escuchando? ¡Kakuzu!

―¿Dónde se dirigen? ―preguntó el de la máscara deteniéndose a unos cuatro metros del equipo siete―. ¿Takigakure?

―Sí. Sólo somos viajeros que vienen de Konoha en una misión ―respondió Kakashi con seriedad.

―Shinobis de Konoha querrás decir ―lo corrigió mirándolo con ojos fríos.

―¿Konoha? ―preguntó el individuo que cargaba con el cuerpo―. Aun no llego a predicar el Jashinismo allá. Un pueblo hereje que merece ser quemado en los infiernos.

―Sí, somos shinobis de Konoha ―Kakashi se puso frente a Sasuke. Ver el símbolo de Takigakure tachado con una línea en su protector, le daba la certeza que frente a él estaba el famoso Kazuku del País de la Cascada, un ninja renegado muy reputado por esas tierras por las atrocidades que había cometido―. ¿Son ustedes dos los que han causado tanto revuelo en las fronteras por estos lados? ―lo dudaba, si era Kakuzu el responsable la misión hubiera sido rankeada como S.

―¿Problemas? Claro que no ―respondió el segundo sujeto subiendo los hombros y resoplando un tanto molesto por todo ese escándalo. ― Sólo somos dos sujetos que van a seguir su camino antes de que esta mugre se termine de descomponer. Estaba robando por el camino con una banda de inútiles. Encontrarán sus cuerpos a dos kilómetros en esa dirección. Nosotros vamos a cobrar la recompensa por el cuerpo de éste, pero de seguro el resto debe valer algo.

―¿Quieres darles la talla de tu calzado también, Hidan? ―preguntó Kakuzu.

―¿Caza recompensas? ―murmuró Kakashi.

Lo más seguro es que se les hubiese puesto precio a las cabezas de los ladrones que veían a apresar. Esos ninjas renegados habían llegado antes para reclamar el dinero por sus muertes. Eso explicaba qué hacían ahí dos ninjas rango S.

―Apártense de nuestro camino, este sujeto está apestando ―Hidan iba a comenzar a caminar y dejar atrás a todos, cuando Kakuzu tomó su brazo y lo detuvo. Hidan sintió que todo su cuerpo se tensaba―. En serio Kakuzu, un día de estos te daré la paliza de tu vida por hacerme pasar por estas situaciones de mierda.

―Espera Hidan, ese sujeto es Kakashi del sharingan, el célebre copy ninja de Konoha. Su cuerpo vale una fortuna. Al menos cincuenta millones de ryos.

―¿No te cansas nunca de matar gente por dinero? Deberíamos estar buscando a nuestro jinchuuriki en vez de matar gente por dinero. Dinero, dinero, dinero, dinero… por eso nos demoramos tanto ―Hidan parecía estar bastante enfadado, como si todo eso fuera una gran molestia. Kakashi comenzaba a darse cuenta del problema en que estaban metiéndose―. ¡Luego el jefe se molesta y el que tiene que dar la cara soy yo, coño! ¿De verdad, no podemos ir a dejar este cuerpo antes? ―preguntó Hidan levantando una ceja.

―Nuestra organización necesita dinero para comenzar a actuar a la brevedad. Sólo te acepté como compañero porque creí que podía lucrar de tu religión ―Kazuku dio un paso al frente, al parecer estaba listo para actuar―. ¿Por qué no tratas de ponerte en mi lugar? Yo soy el tesorero después de todo, esa es mi función en la organización.

―¡Me importa una mierda todos y cada uno en la organización! ―se quejó Hidan con indiferencia―. ¡Que le den por el culo a todos en Akatsuki! ¡Esto es una verdadera molestia! Deberíamos sacrificarlos a Jashin y ya.

―Atrás chicos ―ordenó con firmeza Kakashi mientras movía su protector con el símbolo de Konoha, iba a utilizar el ojo que mantenía tapado―. Esta misión acaba de convertirse en una misión rango S. Estos sujetos son criminales del libro bingo. Corran de vuelta a Konoha y avisen de la situación solicitando refuerzos. No se detengan a mirar atrás, los alcanzaré apenas pueda.

Sasuke asintió y dio un paso atrás mirando a sus compañeros. No era la hora de hacerse el héroe. Entendía la gravedad de la situación y con dos criminales rango S hasta Kakashi corría peligro de ser vencido. Sin embargo, también sabía que era más que posible que Naruto no se moviera de su lugar, obstinado en pelear. Lo miró con severidad, adivinando lo que iba a hacer y luego miró a Hinata. La señal era clara, con los ojos le decía a Naruto que pensara primero en su compañera antes de hacer algo estúpido.

―Andando ―dijo Sasuke tomando la muñeca de Hinata y tirándola con él hacia una de las ramas sobre los árboles―. Mantén ese byakugan activo Hyūga, vas a ser mis ojos mientras corramos.

―Daré lo mejor de mí, Uchiha-kun ―respondió Hinata sin titubear.

La kunoichi tenía muchísimo miedo, pero tenía que ser valiente. Iba a forzar sus piernas a moverse, costara lo que costara. No sería una carga para sus compañeros, no dejaría que las palabras de su padre se hicieran realidad.

Naruto llegó junto a ellos, apretando un puño. Se sentía frustrado de tener que huir de una batalla.

―Hidan, si esos niños consiguen refuerzos esto se volverá una verdadera molestia ―no despegaba los ojos de Kakashi―. Ve por ellos.

―¿Qué te crees que soy? ¿Una niñera? ―preguntó Hidan frunciendo el ceño―. ¡Come mierda Kakuzu!

―Si no vas por ellos, te mataré ―Kakuzu sonaba muy serio en su amenaza.

―Como si pudieras hacerlo ―subió los hombros despreocupadamente.

―Yo soy su rival ―dijo Kakashi mirando a ambos―. Preocúpense primero de mí.

Antes de que pudiera activar su Sharingan, una de las manos de Kakuzu voló en su dirección y le apretó con fuerza el cuello inmovilizándolo al menos momentáneamente. Sasuke, Hinata y Naruto ya no estaban ahí, habían escapado en busca de ayuda. Kakashi aun estaba preocupado por la situación, pero si los niños eran rápidos, esos segundos les daban una ventaja.

―Ve por ellos ―ordenó Kakuzu―. Ahora.

―¡Mierda Kakuzu! ¿Qué se supone que tengo que hacer con esos críos y además con este cuerpo? ―se quejó Hidan mirando sobre su guadaña.

―Deja el cuerpo acá. A esos niños, mátalos.

―Que molestia. ¿Te das cuenta que matar niños es un pecado que me llevará directamente al infierno, no?

Suspirando pesadamente, Hidan dejó caer el cuerpo muerto al suelo. Podía escuchar los jadeos de Kakashi por liberarse de ese brazo que lo apresaba, pero eso ya era otro asunto. No iba a molestarse en ayudar a Kakuzu. Por su parte tenía que alcanzar a esos niños y evitar que hicieran alguna estupidez.

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