CAPÍTULO 5

MISIÓN A TAKIGAKURE

Segunda parte.

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Hinata, Sasuke y Naruto corrían saltando de rama en rama. Los tres estaban preocupados de haber dejado a Kakashi atrás, sintiéndose frustrados de haber tenido que escapar en vez de quedarse ahí y pelear junto con su instructor. Le llevaban unos minutos de ventaja al hombre que los seguía, sin que ellos lo pusiesen.

―¿Los ves Hinata? ―preguntó Sasuke sin mirar atrás.

―No ―respondió Hinata un tanto nerviosa. No sabía a qué distancia estaba actuando su byakugan en ese momento. Una cosa era haberlo usado completamente concentrada en su visión y otra era hacerlo mientras corría―. ¿Kakashi-sensei estará bien?

―¿No deberíamos volver? ―preguntó Naruto mirando hacia atrás―. ¿Qué tal si muere?

―Si él muere, ¿Qué posibilidad crees que tenemos nosotros de sobrevivir a una batalla así? ―la pregunta caló hondo en los tres.

―Pero, somos un equipo. ¡No deberíamos haber dejado a nadie atrás! ―gritó Naruto molesto, todo aquello lo estaba frustrando. ¿Pero qué podían hacer? Nunca si quiera habían enfrentado a alguien en una batalla. Eran genin con pocos meses de entrenamiento real y nada de experiencia de combate después de todo―. Sasuke...

―Kakashi dijo que nos alcanzaría. ¡Denle un poco de crédito! Es un jonin. Estos sujetos están completamente fuera de nuestra liga ―permaneció callado, su mirada se estaba volviendo sombría y un sudor helado le recorría el cuerpo. No por la situación, si no por los recuerdos en que una noche había huido también, corriendo y llorando por su vida. Todo en él se tensaba―. En este momento estamos huyendo. Cierren la boca.

―Uchiha-kun, está veinte metros atrás de nosotros ―dijo Hinata casi ahogándose.

Tanto Sasuke como Naruto se dieron vuelta y pudieron observar la figura del sujeto que les estaba dando caza.

―¡Ey! ¡Niños! ―gritó Hidan sin poder creer que una vez más estaba obligado a cumplir las órdenes de Kakuzu. No había nada que odiara más que perseguir víctimas. Le daba una flojera increíble tener que saltar de rama en rama atrás de ellos―. No se muevan, les dolerá menos si termino esto rápidamente.

Sasuke sabía que los iba a alcanzar eventualmente, tenía que detenerse y pelear. Eso le daría una oportunidad de ganarles al menos un poco de tiempo a Hinata y Naruto. Pero no tuvo que hacer nada, la sorpresa casi lo hizo caerse de una rama cuando vio la masa de clones de sombra que había realizado Naruto.

Todos los clones se mantuvieron en esa posición esperando a Hidan. Estaban listos para demorarle el paso.

―¡Qué molestia! ¡Mierda! ―la guadaña se comenzó a mover de uno a otro mientras se abalanzaban contra él―. ¡Auch! ¡Eso me dolió! ―gritó mientras un kunai le atravesaba el muslo―. ¡Malditos niños!

―¿Sasuke, cuál es el plan? ―preguntó Naruto mirando en su dirección. No se habían detenido pero sabían que los clones de sombra, por muchos que fueran (y era muchos), sólo les ganaban segundos―. Los clones de sombra no lo van a detener para siempre.

―Lo único que se me ocurre es dejar de correr y pelear mientras ustedes dos van por refuerzos ―anunció Sasuke, haciendo que tanto Hinata como Naruto sintieran que les había dado un golpe en el estómago―. Es la única oportunidad que tienen para salir de esto.

―¿Estás loco? ¡Estamos a 2 días de Konoha! ¿De qué refuerzos estás hablando? ―Naruto gritó con rabia―. Hasta alguien como tú se debe haber dado cuenta que lo único que hizo Kakashi fue hacernos huir, no hay forma de que lleguen refuerzos.

―No estoy apuntando a Konoha, estamos camino a Takigakure. Sigan en esa dirección. Estamos cerca de la cascada ―Sasuke se detuvo―. Estoy cansado de huir ―los ojos de Itachi estaban quemados en su cabeza, diciéndole una y otra vez que huyera, que huyera y viviera una vida llena de odio para poder alcanzarlo―. Sigan.

―¡No es hora para hacer de ti mismo un mártir, idiota! ―le gritó Naruto. Sasuke lo frustraba, esa actitud de superioridad siempre lo había irritado―. Si Takigakure mandó a llamar refuerzos para atrapar unos bandidos, significa que no tienen shinobis capaces de enfrentar problemas tan triviales como ese.

―¡Cierra la boca Naruto! ¡Sigue adelante! ―miró a su compañero como si en cualquier momento en vez de luchar contra Hidan lo fuera a matar a él―. Tu labor ahora es proteger a Hinata.

―No necesito que Naruto-kun me proteja. No te dejaremos solo ―la voz de la niña los sorprendió a ambos―. Somos un equipo.

―Así es ―asintió Naruto sintiendo que podría haber besado a Hinata por darle la razón―. Prefiero morir con ustedes antes que huir como un cobarde.

Sasuke pensó que ambos eran molestos, realmente lo eran. Hinata estaba temblando y aunque su mirada se viera decidida sus rodillas apenas la mantenían en pie. ¿Y Naruto? No tenía disciplina y no podía seguir instrucciones. Lo único que sabía hacer eran clones de sombra. Aun así, nunca se sintió tan aliviado en su vida de tener personas con quien contar.

―Hagan lo que quieran entonces ―media sonrisa apareció en el rostro de Sasuke. No podía creer que estuvieran a punto de realizar una locura como esa―. Sigues siendo mis ojos Hyūga.

―Sí ―afirmó la chica.

―Y tú, idiota, sigues siendo el distractor número uno ―lo miró y Naruto sintió, por primera vez, que Sasuke contaba con él―. Ten listos tus clones.

―Ey. ¿Quién te hizo el líder? ―Naruto lo miró de reojo, sorprendido de la forma en que estaba sonriendo Sasuke―. Además, lo dices como si sólo fuera un estorbo o algo así.

―No eres sólo un estorbo, también eres mi compañero ―dio un paso adelante sacando tres shurikens, sosteniéndolos entre sus dedos ―pongamos en práctica ese trabajo de equipo del que tanto habla Kakashi.

―¡Team work! ―gritó Naruto entusiasmado.

No tuvieron que esperar mucho para que el sujeto que los perseguía les diera alcance. Estaba parando en una rama frente a ellos, intentando recuperar el aliento.

―No quiero esforzarme más de la cuenta con esto ―les dijo con frustración―. Si se quedan tranquilos los mataré rápidamente y no tendrán que sufrir. Los ofreceré a Jashin, una forma muy honorable de…

No pudo terminar sus palabras pues tres shurikens lo golpearon en el pecho haciéndolo caer de la rama hasta golpear de espalda el piso.

―Lo mató… ―farfulló Naruto mientras uno de sus parpados temblaba incrédulo, estaba completamente sorprendido―. ¡Sasuke lo mató!

―Hinata ― Sasuke no confiaba en ello. Era imposible que hubiese sido tan fácil matar a un criminal rango S.

―Se está moviendo en el piso ―Hinata estaba muy concentrada, tenía que ser los ojos de su equipo―. Se está sacando los shurikens del pecho.

―¡Ey! ¿Qué rayos? ―Hidan estaba irritado. Arrugaba con fuerza las cejas cada vez que se sacaba un shuriken―. ¡Eso me dolió!

―¿Fallé? ―preguntó Sasuke confundido frunciendo el ceño.

―No lo hiciste ―confirmó Hinata―. Lo golpeaste justo donde debería estar su corazón.

Hidan se sentó en el piso. Exhaló pesadamente, sin creer que un grupo de niños le estuviera causando tantos problemas.

―Nada mal para ser sólo niños. Sus muertes traerán una sonrisa a Jashin.

―¿Sasuke? ―preguntó Naruto impacientándose. Sus manos estaban temblando, sentía miedo, pavor de moverse. Se hubiese escondido si hubiera sido una posibilidad, pero ver a Sasuke atacando sin hesitación le había devuelto la confianza―. ¿Qué hacemos ahora?

―Atácalo con tus clones ―respondió intentando ganar algunos segundos para idear un plan. Kakashi le había dicho que él era inteligente, que podía ver las cualidades de sus compañeros y aprovecharlas―. Bien, Naruto, sujétalo con la máxima cantidad de clones que puedas, luego yo ―no pudo terminar de hablar. Hidan estaba frente a ellos en una rama.

―Esa niña está usando el byakugan, ese tiene los clones y tú pareces ser bueno con el shurikenjutsu. Aún así ―ni Sasuke ni Naruto se dieron cuenta del movimiento de Hidan. En un segundo había aparecido justo atrás de ellos, frente a Hinata―. Sus poderes son insignificantes ante alguien que no puede morir.

Los ojos de Sasuke y Naruto permanecieron inmóviles sin reacción alguna cuando el pie de Hidan la golpeó en el pecho. El movimiento pareció ir en cámara lenta, ambos completamente estupefactos de lo que estaba sucediendo.

La chica lo sintió de forma seca, tosiendo sangre de inmediato por el golpe y la falta de aire en sus pulmones. El sonido de sus huesos del tórax quebrándose fue desgarrador tanto para ella como para sus compañeros. No había dolor, ni miedo, ni nada, sólo la sensación de haber fracasado incluso antes de intentarlo.

Hidan la había pateado con fuerza haciéndola caer hasta golpear el piso y miraba ahora a Sasuke y Naruto con una especie de mueca indiferente en su rostro―. Y quedan dos.

―¡Hinata! ―gritó Naruto esperando una respuesta de su compañera, pero no recibió ninguna―. ¡Maldito seas!

―El byakugan es molesto ―respondió Hidan subiendo los hombros.

Sasuke no se movió, sólo mantenía los ojos en el cuerpo inmóvil de su compañera y en el hilo de sangre que comenzaba a caer por sus labios hacia el piso. No había pensamiento alguno en su mente, ni tácticas, ni alguna estrategia para vencer. No había nada dentro de él al ver el cuerpo de alguien que se había ganado su respeto, posiblemente muerta. Sus ojos se movieron con lentitud a la figura del hombre que los había atacado cuando escuchó el quejido de Naruto.

El cuerpo de su compañero de equipo estaba suspendido en el aire, sujeto por el cuello mientras pateaba de un lado a otro intentando soltarse.

―Y esos clones de mierda también son irritantes… nunca había visto a nadie haciendo tantos al mismo tiempo. Son un verdadero fastidio ―Hidan apretó un poco más, consideraba a esos niños demasiado insignificantes como para haber recurrido a su ceremonia. Continuaba pensando de la misma forma, matar niños lo llevaría al infierno. Era mejor inmovilizarlos y ya―. Ya quédate quieto enano de porquería. Relájate, sólo te cortaré una pierna para que dejes de joder.

Sasuke sacó un kunai. Tenía que soltar a Naruto e ir a ver a Hinata. Lo lanzó sin si quiera pensarlo dos veces en dirección a la mano que estaba sujetando a su compañero. En ningún momento temió que fuese a fallar. Un Uchiha no fallaba, no fracasaba, no perdía la mirada de su presa. Podía sentir como estaba ardiendo su sangre con deseos de vengar a su compañera.

Sólo soy un vengador, eso es lo único que hay en mi ―pensó sintiendo como crecía el odio en su interior.

―¡Mierda! ―gritó Hidan cuando sintió el cuchillo enterrándose en su brazo soltando por instinto a Naruto―. ¿Pero qué demonios sucede con estos críos?

―Sa-Sasuke ―Naruto sonreía mientras se tomaba el cuello―. Nunca me he alegrado tanto de que seas tan bueno lanzando cosas ―lo había odiado por ello. En la academia odiaba que fuera mejor que él en todo, pero nunca hasta ese momento se había sentido tan aliviado de ver a Sasuke Uchiha lanzando un kunai y acertando casi milimétricamente en su blanco―. Hinata…

―Guárdalo para después ―ordenó Sasuke―. Intenta no morir por 10 segundos.

Saltó desde la rama hasta el suelo, sólo había una cosa en su mente, sacar a Hinata de ese combate. Se paró a su lado y se agachó con rapidez, tomando el cuerpo inerte de la chica entre sus brazos y volviendo a saltar. Lo hizo de forma tan rápida que ni si quiera Hidan se dio cuenta de eso mientras peleaba para librarse de los clones de Naruto como si se trataran de moscas.

Sasuke sacudió a Hinata y ésta tosió sangre.

―Aguanta un poco Hyūga. No te perdonaré si te mueres aquí ―la chica asintió sin poderle responder.

La escondió atrás de un arbusto. ¿Cómo se había atrevido ese tipo a lastimarla? Hinata era una de esas personas que siempre estaba intentando animar a todos, ser útil y superarse de una forma u otra. Reconoció en sus finos rasgos pequeñas marcas de tristeza seguramente originadas por el constante desprecio de su padre. Él mejor que nadie sabía sobre eso, podía entender su deseo de ser más fuerte y de esa forma hacer que su padre la reconociera.

Apretó los puños y se mordió el labio hasta que sintió el sabor metálico de la sangre.

Sin embargo, no pudo permanecer en los recuerdos de su pasado por mucho tiempo. Escuchó un fuerte golpe contra el suelo y un largo quejido de parte de Naruto. Salió de ese escondite y se dirigió nuevamente a ayudarlo.

Naruto estaba en el lecho del bosque, intentando ponerse de pie. Hinata estaría bien, la había dejado escondida bajo un matorral. Mientras no se moviera, Hidan jamás la encontraría. Tenía que enfocarse en ayudar a Naruto ahora. Uno de los brazos del perdedor estaba sangrando y caía como peso muerto por un costado de su cuerpo.

Hidan los miraba desde las ramas con indiferencia, como si le hubiesen arruinado el día. Se notaba que ni si quiera los estaba tomando en serio y aun así, estaban más cerca de la muerte de lo que ninguno de ellos antes había estado.

―¿Estás bien? ―preguntó acercándose a él y tendiéndole una mano para que se pusiera de pie.

―Es sólo un rasguño ―contestó Naruto con una sonrisa desafiante. Pero Sasuke notó que estaba tosiendo sangre―. No es nada ―apenas pudo contestar cuando Hidan estaba en el suelo justo frente a ellos. El cuerpo de Naruto fue a parar contra un árbol, golpeándolo con fuerza. Cayó contra el suelo y no se volvió a parar, entrecerrando los ojos mientras miraba a Sasuke justo frente a Hidan.

―Y ahora sólo quedas tú ―dijo el hombre clavando la guadaña contra el piso―. No eres un crío común y corriente ―se fijó en el símbolo del clan Uchiha y esos ojos negros llenos de odio―. Te pareces mucho a Itachi Uchiha. ¿Eres su hermano menor, verdad? ¿Al único que dejó vivo? ―la mandíbula de Sasuke se tensó, sus ojos se volvieron rojos. En uno de ellos había dos aspas y en el otro solo una―. Esos ojos… joder, son casi iguales a los de Itachi ¡Ja! ¿Quién lo diría?

―¡Cállate! ―gritó Sasuke moviéndose para atacarlo con un kunai que tenía en la mano―. ¡No me compares con él!

Hidan lo esquivaba como si nada, moviéndose de un lado a otro y a veces golpeando la kunai con su guadaña. Pero Sasuke podía ver sus movimientos, no le temía, podía ver y predecir la forma en que lo atacaría. Había practicado taijutsu con Hinata muchas tardes, estaba preparado para un combate así. El sharingan era sólo un bonus en todo ello.

―No te debería matar, no quiero problemas con él ―murmuró Hidan―. Ese maricón puede resultar muy aterrador de vez en cuando.

Evitaba cada uno de los golpes de Sasuke, lo miraba con una sonrisa traviesa. De verdad todo aquello era un juego, estaba demorando matarlos por mera diversión. Kakuzu siempre se quejaba de ello, que divagaba un combate demasiado cuando peleaba y exageraba en su forma de matar. Suspiró pesadamente retrocediendo algunos pasos, la batalla cuerpo a cuerpo los había sacado del bosque y ahora se encontraban en la rivera cerca de la entrada a Takigakure. Lo sabía, pues escuchaba el sonido del agua cayendo por la cascada. Suspiró pesadamente y bajó la guadaña con indiferencia.

―Ese maldito sharingan es de principiantes, ni si quiera es un sharingan completo. Y aunque lo estuviera, no tengo ninguna técnica que tú… ―pero antes de que pudiera responderle, veinte pares de manos lo habían apresado sujetando sus piernas, sus brazos, su torso, sus muslos, sus pies, su abdomen, sus manos, hasta su guadaña―. Pero, ¿Qué demonios? ¿No deberías estar muerto?

―¡Idiota! ¡Sólo estaba fingiendo! ―gritó el verdadero Naruto desde la rama del último árbol, jadeando mientras se tomaba el brazo derecho―. ¡Ahora Sasuke!

Nunca antes había hecho los sellos manuales con tanta rapidez. Llevó su mano cerca de la boca, juntó todo el chakra que tenía dentro de su cuerpo y realizó la técnica que le había enseñado su padre.

―Katon, gokakyu no Jutsu.

Naruto sonrió y cayó rendido. Había ocupado demasiado chakra con los clones y ya no daba más con el dolor de su brazo y pierna. Su cuerpo golpeó pesadamente contra el suelo pero se sentía satisfecho de haber podido ayudar en algo.

―Team work, completo ―susurró antes de desvanecerse.

Sasuke respiraba agitado, esperando que el fuego se disipara. Hidan debía estar muerto. Tenía que ir por Naruto ahora y luego por Hinata. Aun no podía creer que Naruto hubiese sido realmente útil Nunca lo hubiese logrado sin él. Aquel pensamiento lo asustó. ¿No era capaz de hacer las cosas por sí mismo? ¿Cómo podría matar a Itachi entonces? Sus piernas le temblaban, sus brazos también. No había esperado que ese jutsu lo consumiera de esa forma. Pero no importaba, todo había terminado.

Dio un paso adelante y fue entonces que sintió un horrible dolor en el estómago. Miró hacia abajo y ahí estaba la guadaña de Hidan, atravesándolo de lado a lado.

―Im…imposible… ―murmuró apretando los párpados ante el dolor―. Deberías…estar muerto…

―Mocoso de mierda, creo haberte dicho que no puedo morir ―sujetando la guadaña con fuerza la movió hacia arriba y lanzó el cuerpo de Sasuke junto con el de Narut―. Aun así, esto me dolió lo suficiente como para hacértelo pagar en el infierno.

Su cuerpo estaba quemado, su cabello chamuscado y su túnica humeaba. Nada de aquello le resultaba gracioso. Si Kakuzu se enteraba que dos mocosos lo habían engañado y humillado de esa forma, no escucharía el fin de eso. Ya veía al resto de sus compañeros en Akatsuki bromeando sobre ello el resto de su vida.

El chico Uchiha se arrastró por el piso alrededor de quince metros hasta chocar con el cuerpo de su compañero. Se apretó el estómago mientras gemía de dolor. Tenía que ponerse de pie o ese era el fin de su sueño de venganza. Desde el suelo, observó como Hidan caminaba hacia ambos. Estaban muertos. Esa herida de por sí ya había firmado su sentencia de muerte, lo sabía por la forma en que la sangre se le estaba escapando entre los dedos.

―Tu sharingan está incompleto, por eso no puedes ver todos mis movimientos. No eres ni la sombra de lo que es tu hermano, los ojos de Itachi sí que son aterrado… ―una figura se interponía entre él y los dos niños. Una figura que levantaba su mano izquierda hacia él en posición defensiva―. ¿Qué crees que haces? ―le preguntó a la chica que se colocaba entre él y los dos niños que lo habían conseguido humillar―. ¿Aun no lo entienden? ¡Joder! ¡Son débiles! ¡No tienen fuerza para enfrentarse a mí! De verdad no deseaba matarlos… pensé que Jashin podría enojarse si le ofrecía vidas tan inservibles como las suyas… pero creo que haré una excepción.

―Yo los protegeré ―respondió Hinata sin moverse un centímetro, sin titubear ni mostrar lo asustada que estaba―. Si quieres volver a tocarlos, tendrás que matarme antes.

―Hinata…huye… ―Sasuke comenzaba a ver todo borroso, el sharingan había desaparecido de sus ojos―, no… no eres rival…

―¿Por qué no escuchas al Uchiha? ―preguntó Hidan mirándola divertido, acercándose paso a paso a ella―. ¿Ese es el famoso puño suave del clan Hyūga no? ―Hinata no respondió―. Recuerdo un tiempo en que el País del Rayo buscaba el byakugan a un muy buen precio, tal vez Kakuzu pueda vender tus ojos. Así dejaríamos de estar jodiendo de villa en villa matando gente por dinero.

Hidan dio un paso más, pero Hinata no parecía asustada. No había señales de que la niña fuese a retroceder.

―Odio matar niñas. ¿Sabes? No todo en la vida es dinero, dinero, dinero ―suspiró moviendo su cuello de un lado a otro―. ¿Por qué los proteges? ¿Por qué haces todo esto más complicado de lo que tiene que ser, coño?

―Porque, yo nunca retrocedo en mi palabra. Ese es mi nindo ―respondió Hinata con timidez pero al mismo tiempo firmeza. Era el camino que Naruto le había enseñado y que habían construido los tres juntos―. Alguien que es tan fuerte como tú pero que aún así abandonó su aldea para convertirse en un criminal a sueldo, no entendería el precio de la amistad.

―¿El precio de la amistad? ―Hidan se echó a reír― Eso es lo más cursi que he escuchado en mi vida…

―Siempre viví rodeada de comodidades, nada faltaba en mi hogar, pero nunca hasta ahora había tenido amigos. Por eso, ellos, Uchiha-kun y Naruto-kun, son invaluables para mí ―las palmas en sus manos se cubrían de chakra―. Yo los protegeré aunque mi fuerza te resulte un motivo para reír.

―Niña, cuando una persona se vuelve lo suficientemente fuerte se da cuenta de la regla fundamental de esta vida: Si quieres algo, sólo tómalo ―Hidan se abalanzó contra ella con su guadaña extendida―. Así decidimos vivir. Por eso soy miembro de Akatsuki.

Hinata arqueó su espalda hacia atrás evitando que la hoja del arma le cortara la piel. Hidan intentó volver a clavarle la punta de la guadaña, pero Hinata no tuvo problemas en esquivarlo.

―¡Juken! ―dijo con firmeza extendiendo su palma hacia el brazo de Hidan, podía ver su sistema circulatorio de chakra, su byakugan estaba completamente activo por primera vez en su vida.

Hidan gruñó. Era conocido lo doloroso que resultaba un golpe de ese tipo. Cualquiera podía fortalecer su cuerpo pero los órganos y músculos no se podían proteger con nada, ni si quiera con entrenamiento.

―¡Mierda! ―gritó intentando atravesarla blandiendo su hoja hacia ella nuevamente―. ¡Deja de moverte!

Si lo único que podía hacer era golpes físicos, entonces ese era un buen rival para ella que se especializaba en taijutsu. Sólo tenía que mantener el byakugan activo y dañarlo en los puntos en que notaba más chakra circulando.

Un nuevo golpe de su palma desestabilizó a Hidan cuando lo golpeó en un muslo. Hinata no dejó que aquello la desconcentrara, moviéndose rápidamente del radio en que podía dañarla su guadaña. Hidan cayó con una rodilla al piso, agitado y respirando fuerte. La chica aprovechó este momento para correr hacia Sasuke y Naruto.

―Resistan, resistan por favor ―puso ambas manos sobre el abdomen de Sasuke, presionando para que dejara de sangrar― Naruto-kun… Uchiha-kun… por favor no mueran.

―¿Qué haces, idiota? ―preguntó Sasuke apenas abriendo los ojos pero sintiéndose furioso de tener que depender de Hinata en ese momento―. ¡No te pedí ayuda! ¡Suéltame! ¡Concéntrate o te va a matar!

Sasuke, desde el suelo, nunca pensó que sus palabras fueran a resultar tan ciertas cuando algo tomó del cuello a Hinata y la arrastró hacia atrás de golpe. Ni si quiera pudo hablar para pedirle a Hidan que se detuviera, que lo matara a él primero, sus ojos se cerraron solos con lentitud.

Hidan había utilizado la segunda parte de su guadaña que parecía alargarse en una especie de cadena, con el mero propósito de capturar a su siguiente sacrificio. Se veía realmente molesto, casi excitado con todo aquello. La tomó por el cuello y la levantó nuevamente, estaba disfrutando la forma en que sus pequeñas manos se aferraban a sus brazos para intentar liberarse, la forma en que lo golpeaba causándole un cierto dolor placentero para alguien como él… ese dolor lo hacía sentirse vivo.

―Suplica por tu vida, es lo único que puedes hacer contra alguien como yo ―le susurró mientras apretaba con fuerza su cuello―. Anda, suplica mocosa.

―No me importa morir, si con mi muerte puedo proteger a mis compañeros… ―su voz sonó como un susurro.

―¿Aún no lo entiendes? ―preguntó con una sonrisa mientras se acercaba a ella y lamía la sangre en su mejilla magullada―. Alguien con tu nivel no se puede enfrentar a nosotros ―sonrió con picardía, listo para acabar con su vida ―suplica y te daré una muerte limpia a ti y a esos dos.

―Por proteger… por proteger a la persona que-que admiro… por proteger a mi equipo… yo- yo podría arriesgarlo todo, incluso mi vida.

―Que conmovedor ―las hojas de su guadaña brillaron con la luz del sol, la levantó sin piedad listo para atravesar su pecho―. Time up.

Su pie estaba comenzando a trazar un círculo con la sangre que emanaba de sus propias heridas hasta el suelo, después de todo, Sasuke y Naruto lo habían golpeado y lastimado intensamente. Por su parte, Hidan ya tenía lo que necesitaba de Hinata, esa sangre en su mejilla resultaba más que suficiente para él.

―No tienes idea del dolor que vas a experimentar ahora niñita. Jashin te ha juzgado y a sus ojos pareces un buen sacrificio ―susurró Hidan acercando sus labios al oído de Hinata. Había algo obsceno en su actitud, parecía incitado por haber probado la sangre de la niña―. No voy a parar de hacerte gritar hasta que me supliques que te mate pequeña perra.

Hinata no sentía miedo de aquello. Por el contrario, sentía algo muy distinto al miedo. Tal vez era paz. ¿Sería posible que de cierto modo la aliviara la idea de morir? Al menos su padre podría nombra a Hanabi como su sucesora y ella dejaría de ser una vergüenza para su clan. No tendría que volver a escucharlo decir que ella era un error de la naturaleza. No tendría que seguir esforzándose una y otra vez por ser igual a Naruto o Sasuke, no volvería a ser una molestia para ellos dos. No tendría que soportar las miradas de su primo Neji que parecía odiarla con intensidad cada vez que se cruzaban en el barrio del clan.

Pero el pensamiento de qué sucedería tanto con Naruto-kun y Uchiha-kun si ella moría la trajo de vuelta a la realidad. No podía darse por vencida y abandonar a sus compañeros en ese momento en que más la necesitaban.

En el entretanto, Hidan miró su piel. Había probado la sangre en el rostro de Hinata y aun así, el color de ésta no había cambiado a ese típico negro con blanco. ¿Por qué? ¿Qué tenía de especial esa niña que la ceremonia no funcionaba con ella? A menos que, claro, la sangre que tuviera en el rostro no fuera de ella, sino de él mismo. Eso tenía cierta lógica. El mocoso Uchiha lo había herido en el mismo brazo en que ella había utilizado el juken. De seguro la sangre le había salpicado en ese instante.

No podía atravesar su propio pecho en esa situación, la ceremonia sería inútil, sólo se terminaría dañando a sí mismo. Tenía que atravesarla a ella con la guadaña que mantenía en alto entonces.

Sin embargo, para alguien que venía practicando el taijutsu desde los tres años, el error de Hidan fue más que evidente. Había ocupado una de sus manos para ahorcarla y con la otra mantenía la guadaña en alto dejando su propio pecho completamente descubierto y sin protección. Antes de que Hidan pudiera bajar su arma para terminar con su vida, Hinata aprovechó la situación, extendiendo su palma con fuerza y golpeando justo sobre el pecho del hombre con todo el chakra que poseía en su cuerpo en ese momento.

―¡Juken! ―gritó con fuerza.

Lo había golpeado justo sobre el corazón traspasando todo el chakra de su cuerpo al del hombre, con el mero propósito de destrozárselo. Iba a ser el último golpe.

El palmazo lo lanzó hacia atrás fuera del círculo de sangre hasta caer a las orillas de la catarata, soltando a Hinata quien rodó varios metros por el impacto golpeando su cabeza contra una piedra. El dolor fue instantáneo y pudo sentir que algo le mojaba el rostro, seguramente era sangre. Ya no podía volver a ponerse de pie, ya no sentía su cuerpo, no veía con claridad ni podía distinguir los colores pues la noche estaba casi encima de ellos.

Pasos.

Hinata sentía pasos a su alrededor. Pasos lentos, despreocupados. ¿Sería el otro, ese tal Kakuzu? Si ese era el caso, ya no tenía más energía para ponerse de pie. Era mejor pedir una muerte rápida. Se sintió bastante frustrada de que todo terminara así, que su esfuerzo no hubiese servido para salvar ni a Naruto ni a Sasuke.

Alguien se arrodillaba junto a ella, mirándola a través de unos gruesos anteojos de marco negro. Nunca antes lo había visto, no sabía de quien se trataba. Le sonrió con lastima en su rostro y por algún motivo aquello le pareció sincero. No tenía fuerza para preguntarle quién era, ni qué hacía ahí… sólo cerró los ojos.

―Tienes tres costillas rotas y seguramente te perforó el pulmón. Ese corte en tu frente tampoco se ve muy bien que digamos ―dijo poniendo una mano sobre su pecho―. No te muevas.

―¿Por qué la estas sanando? ―preguntó otra voz, sonaba bastante divertida.

―Nunca me ha gustado ver como lastiman a las niñas, es mi debilidad ―se acomodó los lentes y le sonrió a Hinata―. Después de todo soy médico ―de pronto sentía alivio, pero también experimentaba todo ese dolor de vuelta en su cuerpo, como si ese chico la estuviese trayendo de nuevo a la vida y sus nervios reaccionaran por ello―. ¿Ese es el chico, Orochimaru-sama? ―preguntó el sujeto que estaba junto a ella.

―Sí ―respondió la voz quejumbrosa que parecía muy divertido con todo aquello―. Ese es Sasuke Uchiha.

―Por-por favor, no lo lastimen ―suplicó Hinata, entrecerrando los ojos. Sentía dolor en todo el cuerpo, pero en su pecho era mucho mayor.

―¿Quién hubiese pensado que siguiendo a Kakuzu y Hidan me encontraría con él? A esto le llamo suerte. Ni si quiera tuve que ir a Konoha ―Hinata no podía ver nada, pero sintió el grito de dolor que emitía Sasuke. Le desgarró el pecho, fue horrible, aterrador y algo que nunca hubiese querido escuchar en su vida.

Iba a ponerse de pie nuevamente, pero ese chico que la estaba sanando la mantuvo contra el piso con su palma en el pecho.

―Lo siento, pero si te levantas de nuevo, podrías morir. Quédate quieta. Orochimaru-sama no lo va a matar ―Hinata no entendía nada, pero el sujeto parecía ya haber acabado de tratar su pecho y se volvía a poner de pie―. ¿Qué hará con Hidan? Parecía ir en serio contra estos niños.

―Matarlo ―anunció la otra voz con diversión―. O en subsidio, hacerlo correr muy, muy lejos de mi camino a la inmortalidad.

Los parpados de Hinata cayeron y el resto fue oscuridad. En sus sueños creyó escuchar la voz de Kakashi y alguien más llamarla.

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