CAPÍTULO 6

SEIS MESES

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Los ojos de Sasuke se abrieron lentamente mientras el mundo volvía a ser perceptible para él. Una brillante luz blanca lo cegó por un momento. No veía mucho, sólo un resplandor que le molestaba a la vista. No obstante a ello y confundido como se encontraba, el aroma a flores y la brisa fría que estaba rozando su rostro le era inconfundible.

Abrió los ojos por completo y vio que a su alrededor había paredes blancas y una mesa llena de arreglos florales de todo tipo. Se encontró a sí mismo recostado en una camilla alta, tapado por una frazada blanca y un molesto sonido rítmico que marcaba los latidos de su corazón. Aquello lo hizo sentirse aun más desconcertado de lo que de por sí estaba.

Un nuevo sonido lo alertó, un goteo extraño que caía intermitentemente. Movió el rostro hacia el lugar en que provenía ese ruido y se dio cuenta que había algo goteando a su lado.

¿Suero? ―pensó confundido―. ¿Dónde estoy?

No entendía nada de lo que sucedía a su alrededor, pero eso era porque tampoco se había detenido a pensarlo. Mientras sus ojos se acostumbraban a la luz, todo le cayó de golpe: Hidan, la pelea, Naruto, los clones, su jutsu de fuego y Hinata. ¿Dónde estaba Hinata? ¿Dónde estaba Hidan? ¿Dónde estaba el idiota de Naruto? Y más importante aún. ¿Dónde estaba él?

―Sasuke-kun, despertaste.

Esa voz. Conocía esa voz.

Ni si quiera tenía que pensarlo dos veces, pues la podía reconocer. Sinceramente pensó que ya no tendría que escucharla de nuevo. Movió su rostro hacia el costado opuesto para reconocer ese cabello color chicle, la frente amplia, la piel blanca, las mejillas rosadas y los ojos color jade. Suspiró pesadamente, su presencia no significaba nada para él, ni si quiera conseguía irritarlo.

―Estábamos tan preocupados por ti ―si hubiese podido le habría gritado que se largara, pero no dijo nada, sólo la miró por unos segundo mientras intentaba recuperar el habla. Al menos podría preguntarle lo que estaba en su mente para que aclarara sus dudas―. ¿Quieres agua? La enfermera dijo que…

―Hinata… Dónde… ―gruñó con la voz seca, percatándose que hacía mucho que no hablaba. A penas recobraba la conciencia y le estaba costando articular sus oraciones―. Naruto…

―Estás en el hospital de Konoha. Naruto está bien ―respondió Sakura mientras le servía agua en un vaso poniendo una bombilla y llevándolo cerca para que sorbiera―. No recibió heridas muy graves, lo dieron de alta apenas llegó. Fue él quien cargó a Hinata de vuelta a Konoha. Nunca pensé que tuviese tanta energía. En la academia parecía ser un tonto sin remedio.

La chica hizo una pausa parándose a entrecerrar la ventana cuando Sasuke tomó el vaso. No necesitaba que nadie lo estuviera ayudando de esa manera como si fuese un inválido. Mientras bebía se preguntó quién lo había traído de vuelta a él en ese caso. Bebió un sorbo, dándose cuenta que le dolía hasta tragar.

―Y Hinata ―su voz sonaba un tanto herida, celosa, molesta, como si la chica Hyūga tuviese culpa por haber quedado en el mismo grupo que Sasuke―. Hinata está en la habitación de al lado.

―¿En qué condición se encuentra? ―preguntó sentándose con cuidado, le dolía todo el abdomen aún.

―No muy bien ―al escucharla, la garganta de Sasuke se cerró―. Es probable que deba quedarse un tiempo aquí ―Sasuke miró por la ventana, en ningún momento se molestó en mirar a Sakura mientras aclaraba sus pensamientos y ponía en orden todo el tiempo que había perdido inconsciente.

―¿Y Kakashi?

―Kakashi-sensei volvió con ustedes. Estuvo ayer aquí ―no había forma de que alguien como Haruno supiera lo que había pasado para que Kakashi volviera con ellos―. Él te cargó de vuelta, por lo que dijo Naruto ―luego tendría que hablar con el perdedor para saber qué había ocurrido después de que perdió el conocimiento. Le dolía el hombro más que ninguna parte del cuerpo―. Temimos por tu vida Sasuke-kun, perdiste mucha sangre con esa herida en el abdomen. Gracias a dios estas bien. Yo no sé qué habría sido de mí si tú…

―¿Podrías irte? ―Sasuke no tenía intención alguna de seguir compartiendo tiempo con una de esas fans de la Academia. Escuchar su falsa preocupación sí lo conseguía irritar.

Quería estar solo. No tenía nada que hablar con alguien que no lo conocía, que sólo estaba obsesionada por algo tan superficial como su aspecto. Siempre había sido así con Haruno, persiguiéndolo, haciéndose la "linda" con él cuando trataba a todo el resto como basura. Era un acto, todo en ella era falso y aquello le desagradaba más que nada. Si tan sólo hubiese sido normal con él tal vez aquello lo hubiese hecho cambiar de opinión, pero era sólo cosa de recordar la forma en que trataba a Naruto y luego cómo lo trataba a él para darse cuenta de que esa chica no era nada auténtica, sólo actuaba como pensaba que a él le iba a atraer más. Nada en ella era natural, ni si quiera la preocupación que le estaba mostrando.

Pero al notar que Sakura no se movía, sólo lo observaba confundida, no pudo aguantarlo más.

―¡Lárgate! ―le gritó sin piedad alguna.

No le importaba lo cruel que sonara su voz. No estaba de humor para tener que soportarla ahí, mirándolo como si estuviese en su lecho de muerte. Sus ojos llenos de lástima hacia su persona lo conseguían enojar. No necesitaba lástima de nadie, menos de alguien como Sakura Haruno.

―Siento mucho que mi presencia te moleste, Sasuke-kun. Te dejaré descansar ―la chica sonrió y bajó el rostro, poniéndose de pie y caminando hasta la puerta―. Espero que te sientas mejor.

Su cuerpo se sentía tenso, su mirada estaba vacía y la sensación que lo embargaba ahora era la del fracaso.

Había fracasado luchando contra ese tal Hidan. Habían hecho todo correctamente, realizando paso a paso, al pie de la letra, la estrategia que debió haber seguido un shinobi en combate. Como equipo se habían apoyado en las habilidades que cada uno poseía, ya fuese del byakugan de Hinata como de los clones de Naruto, su katon, su habilidad con los kunai y shuriken y además la facilidad con que podía ver las debilidades de su enemigo. Y aun así, con su sharingan activado, ese sujeto le había atravesado el estómago forzando a Hinata a defenderlo.

Si no fuera por ella, estaríamos muertos. Naruto tampoco lo hizo mal. Maldición, realmente me apoyé por completo en ellos. ¿Qué está pasando conmigo? ―pensó con la mirada perdida en las nubes que avanzaban lentamente por el cielo de Konoha. ¿Qué día sería? ¿Cuánto tiempo llevaría ahí acostado e inconsciente?―. Ese sujeto conocía a Itachi. Akatsuki, dijo que pertenecía a Akatsuki… tal vez Itachi también sea parte de ese grupo.

¿Pero de que le servía saber eso en aquel momento? La batalla le había dicho con claridad que era sólo un niño, que no tenía experiencia, que dependía completamente de sus compañeros para hacer bien las cosas y que aún así, era débil. ¿Por qué? Había entrenado todos esos meses, había avanzado, había aprendido cosas nuevas y no era suficiente.

Te pareces mucho a Itachi Uchih. ¿Eres su hermano menor, verdad? ¿Al único que dejó vivo?

Había entrenado para moldear y manipular su chakra con el máximo esfuerzo posible, casi todos los días en que no iban de misiones estaba instruyéndose a sí mismo y aun así no había bastado. No estaba ni si quiera cerca de ser suficiente. Estaba a miles de metros de distancia del nivel en donde estaba Itachi.

Ese maldito sharingan es de principiantes, ni si quiera es un sharingan completo.

¿Estaba volviéndose blando? ¿Estaba perdiendo el fuego que lo motivaba en su venganza? No lo sabía, realmente no sabía por qué estaba en Konoha cumpliendo misiones por dinero, tareas completamente inútiles como perseguir gatos, limpiar basura, ayudar a granjeros en sus plantaciones, llevar mensajes de un lado a otro. Nada de ello lo volvería más fuerte, sólo lo hacía perder el tiempo. Sólo lo volvían más débil alejándose cada vez más de Itachi.

¿En qué momento había perdido de vista su motivación? ¿En qué momento se había olvidado de que debía vengarse por lo que le hizo Itachi a su familia?

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano.

Su mirada se llenó de melancolía. Cuando estaba con Naruto y Hinata, algunas veces, aunque fueran muy pocas, se sentía en paz. Se podía ver a sí mismo creciendo junto con ellos para alcanzar la meta de convertirse en mejores shinobis trabajando como equipo. Todo eso de ser un grupo, de realizar misiones, de compartir los momentos del día no era tan malo. Apaciguaban su soledad. Pero…

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

Hinata era sus ojos, cada vez que se lo decía, lo hacía en serio. ¿Entonces había olvidado él mismo ver por su cuenta? ¿Cómo podía estar dependiendo completamente de los ojos de otra persona?

Naruto era su mano izquierda, por muy inútil que fuera la mayoría de las veces, cuando realmente se le necesitaba no se quedaba atrás en ingenio. ¿Dependía entonces de la inteligencia del último de la clase en vez de la suya? ¿Ese era el motivo de su debilidad?

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

Pero, ir tras Itachi era algo que debía hacer solo, y por lo mismo, tenía que volverse más fuerte por sí mismo. No podía depender de nadie más para cumplir con su venganza.

En ese sentido, Naruto y Hinata eran sólo una distracción. Estaban jugando a ser ninjas pero estaban lejos de serlo. Debía volverse más fuerte sin importar nada más. Ese sería su norte, apenas saliera del hospital sería eso lo único que haría. Iba a dejar de perder el tiempo, era una promesa consigo mismo.

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

―¡Sasuke, bastardo! ―reconoció esa voz de inmediato, ni si quiera se volteó a observarlo.

―¿Qué quieres, perdedor? ―preguntó con indiferencia y algo de molestia.

―No sé si golpearte o abrazarte ―gruñó Naruto interponiéndose entre su mirada y la ventana.

―No voy a elegir por ti, perdedor ―el tono que estaba usando Naruto no le agradaba del todo, sin mencionar que interrumpía sus pensamientos.

―¡Estás despierto! ―dijo sonriendo, para luego fruncir el ceño y mostrarse completamente molesto―. Pero hiciste llorar a Sakura-chan, desgraciado.

―¿Y? ―lo preguntó con tanta sinceridad que Naruto apretó el puño―. ¿Por qué debería importarme eso?

―¿Cómo qué 'y'? ¡Hiciste llorar a alguien que ha estado aquí día y noche por tres semanas preocupada de ti! ¡Cuidándote!

―¿Tres semanas? ―no podía creerlo. Sabía que estaba en un estado bastante pobre, pero no pensó que fuera para tanto―. ¿He estado inconsciente tres semanas?

― Sí ―Naruto se sentó en la ventana―. Hinata me contó lo que pasó.

Aun podía ver el pequeño cuerpo de Hinata parándose frente a él, con el brazo extendido, listo para defenderlos al momento en que Hidan iba a ir a rematarlos. No sabía si estaba agradecido con ella por haberle salvado la vida, o molesto por saber que en un momento crítico como ese, una pequeña niña del clan Hyūga le había salvado el trasero. Ese sujeto tenía razón, no era ni la sombra de lo que era su hermano mayor.

―Como sea. ¿Qué quieres? No tengo ganas de conversar en este momento.

―Sólo venía a verte. Sakura-chan me dijo que habías despertado. Estaba al lado, con Hinata.

Sasuke bajó la mirada. Podía escuchar con claridad en su mente como Hinata tomaba valor para defenderlo. Y aun así, en lo único que podía pensar era en volverse más fuerte, solo. No quería volver a tener que depender ni de Naruto, ni de Hinata, ni de nadie. Esos meses junto a ellos lo habían desviado completamente de su única meta, del único motivo por el cual aún vivía.

―¿No se veía linda Sakura-chan? Sin duda es la mujer de mis sueños…

―¿Cómo se encuentra Hinata? ―preguntó sin importarte mucho el tema de la pelirosa―. Haruno no supo decirme nada útil.

―Pues, estuvo un tiempo con respiración artificial. Se quebró tres costillas y una de ellas le perforó un pulmón. Por eso, no puede moverse mucho ―Naruto llevó una de sus manos al cuello, sus ojos se veían un tanto tristes cuando hablaba de Hinata. Sasuke lo percibió, era la primera vez que percibía que la mirada alegre y estúpida de su compañero de equipo cambiaba completamente cuando se refería a Hinata―. Se golpeó la cabeza contra una de las rocas a la orilla de la cascada. Le pusieron puntos. Debería poder salir de aquí en algunas semanas. Me dijo que te diera sus saludos y que deseaba que te mejoraras pronto ―Sasuke miró sus sabanas sintiéndose bastante decaído.

―¿Por qué me duele el hombro? No recuerdo habérmelo golpeado ―llevó una mano al sector que tanto le ardía. No sabía que había sucedido ahí.

―Creo que eso te lo explicará Kakashi-sensei ―Naruto subió los hombros. Tampoco él sabía mucho de lo que había ocurrido aparte de que Hidan no se había muerto con ese jutsu de Sasuke, sino que Hinata los había tenido que salvar―. No sé mucho del tema, nos encontraron así.

―¿Nos? ―aquello Le pareció extraño, ¿Se estaría refiriendo a Kakashi y Hinata?

―Kakashi sensei y Ero sennin ―respondió Naruto mientras miraba por la ventana.

―¿Ero sennin? ―cada vez se sentía más confundido e irritado.

―Es un sujeto asombroso Sasuke ―Naruto estaba sonriendo como un idiota levantando los brazos con estrellitas en los ojos―. Me ha estado entrenando estas últimas semanas mientras el equipo siete se recupera. El único problema es que es un completo pervertido.

―Ah ―Sasuke suspiró y cerró los ojos.

El dolor en el abdomen lo hacía sentir incómodo, pero era mucho peor aquel sentimiento que se estaba anidando en su pecho que le gritaba una y otra vez que no estaba ni si quiera cerca de poder acabar con ese deseo de venganza que lo consumía. Itachi Uchiha, su hermano mayor, debía morir por sus manos para así pagar por lo que había hecho con su familia, con su clan y con su propio corazón.

Naruto se percató de lo decaído que se veía. Era como si el Sasuke altanero y arrogante que conocía estuviese de vacaciones y frente a él sólo se encontrara la cáscara de él.

―¿Qué te sucede?

Sasuke no lo miró, no tenía muchos deseos de hablar con Naruto y estaba a punto de decirle que se fuera de ahí, pero hacerlo le pareció un gasto innecesario de fuerza.

―¿Qué me va a suceder? Estoy en cama y en un hospital.

―No es eso, te ves ―Naruto arrastró sus palabras sin saber si decirlo o no― triste ―dijo finalmente para luego sentarse en la silla al lado de la cama de Sasuke.

―Deja de decir estupideces ―le ordenó Sasuke desanimadamente mientras se acostaba un poco más.

―¡Ya sé cómo animarte! ―anunció formando los sellos con su mano―. ¡Henge!

Una nube de humo apareció frente a Naruto cubriendo su figura. Sasuke levantó una ceja. ¿Acaso iba a restregarle en el rostro los avances de su entrenamiento con ese tal ero sennin?

Cuando el humo se disipó Sasuke casi se cayó de la cama al ver a una mujer desnuda con el rostro parecido al de Naruto.

―Sasuke-kun ― Su voz parecía sacada de las adaptaciones de esas películas de la franquicia Icha Icha―. Por-fa-vor no estés triste. Eso me hace sentir, muy mal.

―¡Idiota! ―le gritó lanzándole el jarrón con agua de su velador, el cual le dio a Naruto en plena nariz y lo botó al suelo―. ¿Qué crees que estás haciendo? ¿Piensas que quiero imaginarme como te verías si fueras mujer? ¡Tarado!

El henge se disipó y apareció Naruto con la nariz sangrando, tomándosela con lágrimas en los ojos.

―¡Se suponía que el que debía sangrar de nariz eras tú! ―Naruto lo miró con una ceja levantada―. ¿Eres homosexual o algo así?

―¡Claro que no! ―Sasuke estaba a punto de levantarse de la cama y darle un puñetazo―. Pero verte convertido en mujer podría matar mi gusto por todas las mujeres a futuro, imbécil.

―Bueno, ahora que quebramos la tensión ―el tono de Naruto le indicó que era algo serio. De partida estaba cruzándose de brazos, se veía molesto y su boca se estiraba levemente en una mueca―. Hay algo que tengo que decirte. Pero no te alteres.

―Habla ―ordenó Sasuke sin mucha paciencia.

―Hace una semana se realizó un examen para acceder al grado de chunnin ―Sasuke notó como Naruto se tensaba por la venita que aparecía en su frente―. Todos los de nuestra generación se inscribieron. El equipo 8 y el 10 llegaron a la tercera ronda de exámenes.

Escuchar aquello fue como recibir un golpe directo sobre sus heridas.

―¿Cómo te fue a ti?

―No podía participar solo, se debe hacer en grupos de a tres ―la mueca de disgusto de Naruto se hacía cada vez más notoria―. Vamos a tener que esperar seis meses más para hacer la prueba.

Seis meses no era nada, pero era una eternidad en su mente. Todo se estaba atrasando y demorando más de la cuenta. Tenía que llegar al grado de jonin pronto si quería estar a la altura de ser un rival para Itachi. Apretó el puño con fuerza, lo apretó hasta que sus uñas comenzaron a enterrarse en la palma de sus manos y sin pensarlo golpeó la pared.

―¡Maldición!

Naruto realmente no le prestaba atención a su pequeño exabrupto. Estaba acostumbrado ya a las reacciones de Sasuke cada vez que se terminaba frustrando.

―Habrá un torneo. Clasificaron ocho.

―¿Quiénes? ―preguntó lentamente, necesitaba saberlo, necesitaba saber quiénes eran los más fuertes en su grupo de edad. Algún día tendría que medir sus propias fuerzas con ellos―. ¡Habla luego, perdedor!

―Neji Hyuga; creo que es familiar de Hinata y dicen que seguramente ganará el torneo, es un prodigio y el mejor genin de Konoha. Gaara del Desierto; un sujeto muy extraño y un tanto aterrador que controla la arena como si tuviera vida propia, viene de Sunagakure junto con otros dos genin que clasificaron con él. Shikamaru también clasificó aunque no me explico el por qué, ese sujeto siempre fue bastante desinteresado ―Naruto subió los hombros con clara envidia―. Kiba Inuzuka logró entrar junto a su perro Akamaru, dicen que ese idiota ha mejorado muchísimo desde la Academia. ¿Quién lo creería? Shino Aburame, su compañero en el equipo 8, también entró. Y por último, Ino Yamanaka, ¿La recuerdas? ¿Esa chica rubia? Al parecer tiene una asombrosa técnica de transferencia de mente ―claro que la recordaba, era una de las que se habían autodenominado sus fans.

―Tengo que salir de esta cama ―Sasuke se estaba moviendo, sacándose con rabia la intravenosa que lo estaba alimentando con suero―. Tenemos que prepararnos para ese examen lo antes posible. ¿Crees que ese pervertido del que hablaste nos pueda entrenar a los dos?

―¿No debería entrenarnos a los tres? ―respondió Naruto levantando una ceja, aun no entendía que Sasuke iba en serio con lo de levantarse de la cama. Sólo se percató de ello cuando el chico se sentó en el borde e intentó ponerse de pie―. ¡Ey! ¡Sasuke! No puedes salir de la cama así como así. ¿Estás loco? ¿No escuchaste cuando te dije que has estado tres semanas en coma? Además, Kakashi dijo que tenías que…

―Quiero ver a Hinata ―cuando lo dijo en voz alta, sintió que de alguna forma sonaba raro lo que estaba pidiendo. Él nunca quería ver a otras personas, era un individuo solitario que no necesitaba de nadie a menos que fuera cien por ciento necesario―. Quiero decir ―Naruto lo miró confundido, no entendía por qué Sasuke estaba mirando el vació con esa expresión, como si estuviese completamente perdido―. Necesito hablar con ella.

No lo estaba diciendo sólo porque quería ver si estaba en condiciones de entrenar, sino, porque había algo más que lo hacía querer verla. A la edad que tenía en ese momento, no le dio importancia, tal vez más adelante lo haría cuando mirara atrás y comenzara a buscar cual fue el momento preciso que cambio todo entre los tres. Pero en ese instante, siendo casi un niño sin intenciones de sobre analizar lo que estaba sintiendo y lo que su instinto le pedía, no vio nada raro en querer ver a su compañera de equipo.

―Puedes quedarte parado mirándome como un idiota o puedes decirme dónde está.

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La habitación en que se encontraba quedó en silencio cuando Naruto se retiró. Sakura había entrado anunciando que Sasuke estaba despierto y él había salido corriendo en dirección al cuarto de al lado sin poder contener mucho tiempo más la emoción de saber que su compañero de equipo había recuperado la consciencia. A ella también le hubiese gustado verlo, pero levantarse de la cama ahora que estaba recuperándose no era una opción.

Intentaba respirar lentamente para no forzar su pecho, pero cuando lo hacía sentía dolor. Lo sentiría por al menos dos semanas más mientras guardaba reposo en esa cama. Lo usual para una herida como la suya era que se estuviera inmovilizado por dos meses, eso habían dicho cuando la revisaron. Supo de inmediato que ese chico de lentes le había hecho algo para sanar sus heridas internas parando la hemorragia que la habría matado en cosa de minutos si no la hubiera tratado. Agradeció en silencio en sus oraciones a ese chico que le había salvado la vida. Le hubiese gustado saber quién era para mostrarle su gratitud algún día.

De pronto la puerta se abrió. Hinata levantó el rostro y miró en esa dirección pensando que debía ser Naruto con noticias de la salud de Sasuke, pero su cuerpo se tensó y su corazón comenzó a latir fuertemente cuando vio aquellos ojos perlados.

―Hinata-sama ―su voz sonaba tan educada como siempre, sus rasgos varoniles y hermosos. Neji era toda una visión para cualquiera, incluso para ella que era su prima menor―. Decidí venir a verla, aunque no estoy seguro de que haya sido la mejor decisión que pude haber tomado ―Hinata bajó el rostro y miró sus sábanas. La presencia de su primo realmente la ponía nerviosa. Ya había tenido que soportar la visita de su padre y sus ojos llenos de decepción. Pensó que con eso bastaría. Nunca se imaginó que además ahora tendría que tratar con su primo que siempre la miraba con tanto desprecio cuando se encontraban―. Veo que está en buenas condiciones. El riesgo de muerte ya ha pasado.

―Gracias por venir, Neji nii-san ―el pecho de Hinata se oprimía. Tal vez, sólo Sasuke la ponía tan nerviosa como Neji. No. Ni si quiera Sasuke con sus miradas de desprecio la asustaban tanto como los ojos crueles de su primo―. ¿Cómo-cómo has estado?

―No vengo a sociabilizar con usted, por lo cual forzar un tema de conversación es innecesario. Sólo a realizarle un pedido ―caminó hasta pararse a su lado, mirándola sin pestañar con esos ojos claros con tonos azulados. Sus largas pestañas negras los enmarcaban como si se tratara de una obra de arte, pero su ceño fruncido y duro mostraba que frente a ella no había un niño―. Ríndase. No tiene ni las cualidades ni las habilidades para convertirse en un shinobi ―Hinata comenzó a temblar. Cada vez que escuchaba ese tono severo algo en su corazón comenzaba a latir fuertemente. Era el mismo tono de voz de su padre. Neji debió haber sido su hijo, no ella. Eran casi idénticos―. Es demasiado gentil ―aquello no sonaba severo, sino con algo de lástima. Aun así, Hinata no se atrevía a levantar su mirada para observarlo, sintiendo que sus ojos se volvían borrosos por las lágrimas que estaba conteniendo―. No le gustan las peleas, ni las confrontaciones. Sufre cuando tienes que luchar y se refleja en sus ojos ―Neji no dejaba de mirarla, era como si hubiese estado practicando todo lo que le iba a decir una y otra vez―. No tiene cualidades de líder, sólo sigue a los demás. Ni si quiera tiene confianza en sí misma. Siempre se ha sentido inferior a todos los chicos de su edad.

―Eso-eso no es así. Yo, des-desde que me uní, desde que Naruto-kun y Uchiha-kun… ellos… ellos me han, me han ayudado a-a querer mejorar ―odiaba tartamudear. Le daba la razón a Neji de que odiaba las confrontaciones, por lo nerviosa que se ponía cuando tenía que hacerles frente.

Llevó una de sus manos al pecho, no sabía si le dolía por las palabras de Neji o por sus heridas. Sus palabras la lastimaban más que cualquier golpe que hubiese recibido hasta ese momento.

―Yo-yo he logrado cambiarme a mí misma, estos últimos meses, nii-san ―comenzó a toser, su presencia sin duda lograba alterarla a ese extremo.

―¿Cambiar? Hinata-sama, un fracaso es un fracaso ―le tomó el rostro con algo de brusquedad y la obligó a mirarlo―. Es por ello que los términos como "fracasado" y "ganador" existen ―las mejillas de Hinata se llenaban de lágrimas, pero Neji parecía disfrutar de aquello como si fuera un pequeño placer suyo hacer sufrir a su prima menor―. ¿No se da cuenta? Usted es una mancha que ensucia el honor y la reputación de nuestro clan. Ni si quiera puede utilizar el byakugan.

―Eso-eso no es así. Yo-yo pude ver en mi combate… pude ver las corrientes de chakra.

Neji subió una ceja, no estaba esperando esa respuesta. Tal vez sí había cambiado un poco, la Hinata que recordaba nunca subía el tono, ni contradecía a nadie. La chica que tenía entre sus manos levantaba su voz aunque fuese levemente para negar sus palabras.

―Y aun así, casi la mataron en su misión ―con su pulgar acarició su mejilla mojando su dedo con las lágrimas de su prima―. Hinata-sama, hay cosas que no podemos cambiar. Usted nació siendo débil y por mucho que se esfuerce, seguirá siendo débil hasta que la maten por culpa de esta idea en su mente de que puede llegar a ser un shinobi. ¡Dese por vencida de una vez!

―Neji nii-san, por favor. No-no sigas ―Hinata tomó su mano, aferrando sus dedos a la muñeca de su primo. Le estaba haciendo daño apretando su mentón de esa forma.

―A veces sueño con que mis manos rodean su cuello y usted deja de respirar, mirándome… susurrando el nombre de mi padre ―Hinata abrió bien los ojos, sintiendo como la mano de Neji iba bajando por el hueso de su mentón―. Me pregunto qué se sentirá verla luchar por su vida si bloqueo los tenketsu que llegan a su cerebro.

―Nii-san, por favor…

La puerta se abrió de golpe. La mirada de Hinata se movió lentamente a ver de quien se trataba y se sorprendió de ver un par de ojos azules al lado de unos que brillaban en tonos negros. Ambos lucían molestos, pero no como cuando se insultaban el uno al otro. Sasuke estaba frunciendo el ceño y respiraba agitado y Naruto estaba cerrando el puño mientras temblaba.

―Por lo general no me meto en asuntos familiares ―gruñó Sasuke apoyándose contra el marco de la puerta―. Pero si no retiras tu mano, la retiraré por ti.

Sin embargo, Naruto no era tan civilizado como Sasuke. Habían estado afuera esperando bastante para que ese sujeto se fuera y así poder hablar con Hinata, escuchando gran parte de sus palabras hirientes. Naruto había querido interferir desde la primera frase denigrante, pero Sasuke lo detuvo insistiendo que no se metiera en asuntos entre hermanos. Naruto había podido observar que de los dos, era Sasuke el que estaba temblando de rabia cuando escuchaba a Neji hablar. Aquello lo sorprendió, el chico no era de los que se alteraba por cualquier cosa. Aun así, ninguno de los dos pudo quedarse simplemente parado cuando escucharon que Hinata estaba suplicándole que se detuviera. La impulsividad natural de Naruto se hizo visible y entró corriendo a la habitación sin poder aguantarlo más.

―¡Suéltala idiota! ―gritó justo antes de que su puño se encontrara con el rostro de Neji Hyūga. No iba por ahí dando advertencias como lo hacía Sasuke. La sorpresa de Naruto fue enorme al notar que su puño chocaba contra algo antes de que pudiera tocar el rostro de ese sujeto―. ¿Qué? ¿Qué es esto? ―preguntó confundido al ver que una capa de chakra protegía la mejilla del chico sin que si quiera se hubiese movido.

Neji, al ser un experto en el puño suave, había liberado chakra a presión desde los tenketsu que había en su mejilla.

―¿Ellos dos son parte del grupo genin en que la colocaron, Hinata-sama? ―preguntó quitando su mano de la piel de Hinata. En ningún momento la había ahorcado ni nada por el estilo, pero la forma en que la estaba tocando distaba mucho de la forma que un primo tocaría a otro. Aquel roce entre ellos hizo que Naruto se sintiera aun más molesto y que Sasuke experimentara algo parecido a la rabia en su pecho. ¿Cómo podía tratarla así, acaso no eran familia?―. Sasuke Uchiha, el mejor de su generación, único sobreviviente de la masacre de su clan. Y el chico de las bromas, Naruto Uzumaki, un conocido rebelde que fracasó tres veces en los exámenes para graduarse de la Academia. Un fracasado y un Uchiha, junto con la deshonra del clan Uchiha. Que cómico.

―¿Por qué tratas a tu hermana de esa forma, idiota? ―le gritó Naruto mirándolo con odio mientras bajaba su mano―. ¡Ella no es como la describes!

―Ella es exactamente como la describo ―Neji le dio un vistazo más a su prima, ojos llenos de desprecio, antes de comenzar a caminar hacia la puerta―. Deberían dejar de crearle falsas esperanzas, convenciéndola que puede cambiar. Las personas son lo que son. Ella nació siendo débil, sólo sirve para que su padre la case con alguien acomodado. En vez de perder el tiempo con kunais y shurikens debería aprender a servir el té y a criar niños ―pasó al lado de Sasuke sin mirarlo, y Sasuke no lo miró tampoco, pero sintió un deseo incontenible de golpearlo hasta ver su sangre.

―Seis meses ―dejó salir Sasuke sin moverse. Neji se detuvo justo fuera de la habitación sin darse vuelta―. En seis meses Hinata será más fuerte que tú.

―¿De qué estás hablando, Uchiha? ―Neji dijo la última palabra de forma tan despectiva que Sasuke sintió que los vellos de su cuello se erizaban.

―Lo que escuchaste, Hyūga ―el mismo desprecio se escuchaba en su voz cuando decía su apellido. Se había quedado callado e indiferente cuando escuchó la forma en que el padre de Hinata la denigraba, pero se rehusaba a seguir mirando todo aquello sin reacción―. En seis meses el puño suave de Hinata será superior al tuyo ―Sasuke volteó su rostro para mirarlo―. Y cuando eso ocurra, más te vale que le pidas disculpas por esto.

Neji sonrió divertido. Su arrogancia y altanería era incluso superior a la de Sasuke.

―No te hacia el tipo de persona que se preocupan por otros, menos de alguien tan inservible como mi prima ―pudo darse cuenta en ese instante que ese Uchiha necesitaba un curso de humildad ante los que eran superiores a él―. Muy bien, seis meses ―lo miró fijamente un instante―. Tienes seis meses para demostrar que ella tiene cualidades para ser una kunoichi.

Sasuke estaba realmente confiado en que tanto Naruto como él podían entrenar con Hinata para que se convirtiera en alguien muy superior a ese sujeto. Por muy molesto que se sintiera de mirar a la pequeña Hyūga y recordar que le había salvado la vida, ese reto se convertía en un paso más para alcanzar a Itachi. Si podía lograr que Hinata se superara aun más, tenían la posibilidad de pasar el examen chunin o incluso mejor, que uno de los tres lo ganara. Entrenar junto con ella taijutsu y ninjutsu también le serviría para fortalecerse.

―Esperaré esas disculpas, Hyūga.

Neji se dio la vuelta y comenzó a caminar por el pasillo con una confianza que Sasuke no había visto en nadie más de su grupo de edad. Neji Hyūga debía ser realmente fuerte para tener esa actitud.

―Pero si no lo logras, Uchiha, quiero tu protector de frente.

―Habla claro ―gruñó Sasuke sujetándose el estómago.

―Si ella no logra superarme, quien se dará por vencido con la idea de convertirse en shinobi, serás tú.

Naruto miró a ambos extrañado. No acostumbraba ver a Sasuke sonriendo de esa forma, como si disfrutara de un desafío. Se quedó parado junto a Hinata sin entender que habría motivado al chico Uchiha a realizar esa especie de reto.

Ambos observaron como Sasuke se daba vuelta y cerraba la puerta atrás de él, caminando con mucho esfuerzo hasta quedar junto a sus compañeros.

―No-no tenían por qué… ―comenzó Hinata poniendo una mano sobre su pecho, justo en donde se había roto las costillas.

―Cállate ―le ordenó a Hinata con molestia, Naruto estuvo a punto de decir algo pero no lo hizo, quería ver qué era lo que planeaba Sasuke ahora. Cuando éste miraba los ojos perlados de Hinata, sólo podía recordar que no era lo suficientemente fuerte para protegerse a sí mismo. No podía evitar sentirse molesto con ella―. ¿Cuánto tiempo vas a estar acá?

No eres ni la sombra de lo que es tu hermano

No era el único que tenía que cargar con palabras así todo el tiempo. Hinata no sólo era más débil que su hermana menor, pero al parecer también era la sombra de su primo mayor. Aquello lo enfurecía. Entendía a la perfección cómo se debía sentir, pues era la misma forma en que él se había sentido toda su vida. Y aun así, no podía dejar de sentir que su corazón se aceleraba con rabia escuchándola decir una y otra vez que tendrían que matarla antes de que se diera por vencida de protegerlos.

―Uchiha-kun, no deberías haberte preocupado en venir a verme ―susurró Hinata sonrojándose sin mirarlo―. Aun no estás…

―No te confundas ―la interrumpió Sasuke. ― No estoy aquí porque me preocupes tú en particular.

Naruto había aguantado la extraña actitud sombría que portaba Sasuke desde que despertó. Había tolerado que hiciera llorar a Sakura, que lo insultara e incluso que armara una disputa con Neji Hyūga, pero no iba a aguantar que le hablara así a Hinata después de que ella le había salvado la vida a ambos.

¡Bastardo! ¿Por qué estas tratando a Hinata de esa forma? ¡Deja de descargarte contra ella cada vez que te…!

―Guarda silencio Naruto ―no despegaba sus ojos de Hinata―. ¿Cuánto tiempo?

― Al menos dos semanas más.

Dos semanas perdidas. Suspiró. Suponía que él tampoco estaba en condición para salir del hospital aún. Eran dos semanas en que Naruto podría seguir entrenando y ellos no. Le parecía sumamente injusto estar en esa situación, pero lo aceptaba. Tomaría esas semanas para trazar bien lo que iba a hacer de ahí en adelante. Sería como darle una ventaja de inicio a Naruto, sólo para hacerlo más interesante.

―¿Qué pasó con ese tipo que nos atacó? ―preguntó Sasuke entrecerrando los ojos. Estar en pie lo hacía sentirse débil.

―Lo último que vi fue que cayó al agua ―Hinata apenas podía hablar. Recordar esa escena la hacía sentir muchísimo miedo― Y, apareció un chico con gafas y me sanó el pecho. Creo que, ahí fue cuando, cuando te hicieron eso en el cuello, Uchiha-kun.

Los párpados de Sasuke se abrieron lo máximo que daban. Tocó su cuello y había algo que le ardía, era bastante molesto a decir verdad. No tenía recuerdo alguno de lo que Hinata estaba hablando, pero más le valía que empezara a explicarse.

―¿Qué tengo en el cuello? ―preguntó Sasuke extrañado.

Naruto y Hinata se miraron con nerviosismo, una mirada de cómplices que lo irritó profundamente. ¿Por qué no le decían de una vez que era lo que estaba pasando con él?

―Tienes un Juinjutsu. Un shinobi llamado Orochimaru te lo colocó ahí ―Sasuke movió los ojos y vio que bajo el umbral de la ventana, afuera de la habitación, estaba parado Kakashi, leyendo el mismo libro que portaba siempre―. No deberías estar fuera de tu cama. El sello está bajo observación aún.

Sasuke hubiese deseado tener su fuerza de vuelta para haberse lanzado contra él y golpearlo una y otra vez por hacerlos huir de esa manera. Él sabía que Hidan estaba fuera de su liga y aún así…

―¿No que nos ibas a alcanzar apenas pudieras Kakashi? ―le preguntó molesto―. Ese sujeto casi nos mató.

―Lo sé, lo siento ―admitió Kakashi―. La verdad, Kakuzu casi me supera también. No había forma de que hubiese podido enfrentarme a ambos al mismo tiempo. Aun así, nunca pensé que ustedes fuesen a hacer algo tan infantil como detenerse a pelear contra él cuando les dije que buscaran ayuda ―Kakashi sonrió cerrando su ojo visible―. Para mi suerte, Jaraiya-sama me encontró y me ayudó. Hicimos que huyera y fuimos a buscarlos. Fue afortunado que él estuviese tras los pasos de Orochimaru en ese momento.

―No quiero escuchar todo eso ―lo increpó Sasuke, sus ojos se cerraban y se abrían en cansancio por estar ahí―. ¿Qué se supone que me hizo? ¿Qué es este sello?

―Ven conmigo Sasuke. Vamos a ponerlo bajo control ahora que estás despierto o se podría salir de tus manos de un momento a otro ―Kakashi entró a la habitación y caminó hacia la salida, dejando la puerta abierta. Esperó fuera de la habitación por Sasuke, éste lo siguió sin mirar atrás a ninguno de sus compañeros.

Naruto se sentó en una silla y comenzó a comer de las manzanas que le habían llevado de regalo a Hinata. La chica volvió a tocarse el pecho, aun alterada por su conversación con Neji.

―No sé qué bicho le picó a Sasuke ―murmuró de pronto Naruto con la boca llena―. Parece más molesto que nunca.

―Naruto-kun, hay que darle es-espacio a Uchiha-kun para que se recupere. Le debe haber molestado que-que alguien tan débil como yo lo defendiera ―Hinata bajó el rostro secándose las lágrimas que había producto de la visita de Neji―. Uchiha-kun es muy orgulloso.

―Eso no le da el derecho a tratarte como se le dé la gana ―dijo Naruto subiendo los pies a la cama de Hinata mientras se hundía cada vez más en la silla―. No dejes que nadie nunca te trate así Hinata-chan, ni Sasuke ni ese imbécil de Neji ―Naruto le sonrió y Hinata sintió que se iba a desmayar ahí mismo―. Tú eres asombrosa. Nunca dejes que nadie te convenza de lo contrario.

―¿Realmente lo crees así, Naruto-kun? ―las mejillas de Hinata se sonrojaban mientras observaba la forma desinteresada y casual en que Naruto comía. ¿Cómo era posible que él, la persona que ella admiraba con todo su corazón, le hablara de esa forma? ¿Estaría soñando?

―Ajá, de hecho, cuando salgas del hospital. ¿Qué te parece practicar tu taijutsu conmigo? ―si Hinata estaba sonrosada, ahora se había vuelto completamente roja―. Quiero decir ―Naruto miró hacia un costado rascándose la frente con el dedo índice, por algún motivo le estaba dando vergüenza ese ofrecimiento―. Sé que no soy tan bueno como Sasuke con el taijutsu, pero… ¡Estoy seguro que ambos podemos aprender juntos y no tienes que pedirle favores a ese sujeto!

―Me gustaría mucho, Naruto-kun ―Hinata sonrió mientras jugueteaba con sus dedos. No podía creer que Naruto le hubiese hecho un ofrecimiento así.

―¡Bien! ―gritó Naruto poniéndose de pie con rapidez―. Iré a buscar a Ero-sennin. Quiero volverme mucho, mucho, mucho más fuerte para poder protegerte la próxima vez Hinata. ¡Nos vemos mañana! ―le guiñó un ojo y salió corriendo de la habitación, dejando a una Hinata completamente embelesada por sus palabras y gestos.

La chica suspiró, y aunque le dolió el pecho por ello, no le importó. Se recostó contra la almohada, cerró los ojos y soñó despierta con Naruto.

Tanto Sasuke como Hinata permanecieron hospitalizados por los siguientes días. Después de que Kakashi sellara la marca en el cuello de Sasuke, éste pasó tres días más durmiendo. Naruto los visitaba a ambos, llevándoles las noticias de Konoha, de los entrenamientos extensivos que todos los clasificados al torneo Chunin estaban realizando, la forma en que la Villa se llenaba de extranjeros que venían de todas partes para ver los combates y como él avanzaba con el tal Ero Sennin. Sasuke se sentaba completamente molesto sobre la cama de su cuarto en el hospital, escuchándolo, sintiéndose frustrado de estar ahí en vez de preparándose para un torneo. A veces llegaba a soñar con ello. Un torneo habría sido el lugar ideal para poder medir su propia fuerza, para saber si podía enfrentarse a su hermano eventualmente.

Al séptimo día, Sasuke Uchiha se sintió lo suficientemente fuerte como para salir de la cama y dar vueltas por el hospital. La mayoría de las veces se escondía entre las sabanas húmedas que colgaban en el techo y se dedicaba a mirar las nubes. Si alguna enfermera se daba cuenta que no estaba acostado se armaba un escándalo de proporciones e incluso lo amenazaran con amarrarlo si no se quedaba quieto. Los puntos en su estómago estaban sanando, pero los tres tajos de las tres hojas de la guadaña de Hidan dejarían cicatrices ahí para siempre. A veces se pasaba los dedos sobre ellas y se sentía un poco más tranquilo. Esas heridas eran un recordatorio de lo que sucedía cuando se era débil y su motivación más grande a superarse a sí mismo.

Una que otra vez entró a ver a Hinata, pero la mayoría del tiempo la encontraba durmiendo. Sólo parecía despertar cuando Naruto la visitaba. Si hubiese sido un poco mayor habría visto el significado de ello, pero por la edad que tenía, sólo asimiló que Hinata Hyūga despertaba cuando Naruto la visitaba exclusivamente porque su compañero era ruidoso y molesto. A veces, se sentaba al lado de su cama y la observaba dormir. Lo relajaba su respiración, el sonido constante que emitían sus pulmones esforzándose por recuperarse. Había algo en Hinata que la hacía una buena compañera y eso era su silencio. Tal vez era lo que más apreciaba de la chica, que nunca hablaba a menos que se le pidiera que lo hiciera.

Fue en el onceavo día que le dijeron que sus heridas internas y externas estaban lo suficientemente cicatrizadas como para darlo de alta. Le advirtieron que no se sobrepasara y que no podía realizar actividades físicas por al menos cuatro días más. Sólo entonces debía volver al hospital para que le retiraran los puntos.

Se vistió, se puso sus sandalias y comenzó a caminar por el pasillo para salir de ahí. Miró por la ventanita en la puerta de Hinata y se dio cuenta de que la chica estaba despierta, sentada sobre la cama y mirando por la ventana. Se preguntó que estaría pensando, pero sólo siguió su camino con la molestia en el cuello, escuchando una y otra vez las palabras de Kakashi que le advertían que ese sello sólo se mantendría en una estado recesivo siempre y cuando él así lo quisiera, que si buscaba poder en el sello, podría salirse de control nuevamente y matarlo.

Caminaba, caminaba y caminaba por el pasillo hasta salir fuera del recinto hospitalario. Parecía que sus pasos no tenían fin.

Podía escuchar esas palabras nuevamente, como si las hubiera soñado mientras estaba herido…

Corre. Corre y aférrate a la vida, para que cuando tengas los mismos ojos que yo, vengas a buscarme.

―Itachi ―susurró Sasuke observando el suelo con la mirada perdida, dándose cuenta que las baldosas estaban llenas de pequeños pétalos de cerezo que traía el viento.

La primavera sin duda había llegado nuevamente y con ella, el torneo del examen Chunin. Ninguno de los tres protagonistas de esta historia se imaginó que tendrían que ver nuevamente batallas tan de cerca en tan poco tiempo.

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