CAPÍTULO 7
NO HAY ATAJOS
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El funeral del tercero se había efectuado el día anterior. Konoha seguía sintiéndose un tanto vacía sin él, sobre todo por el ambiente lúgubre que se podía percibir alrededor de todos. Por lo que Hinata había escuchado en los pasillos de la mansión Hyūga, no había un Hokage que liderara la Aldea y por lo mismo, ese tal Jiraiya sensei que había estado entrenando a Naruto estaba siendo considerado para el puesto.
Lamentablemente, desde el ataque a Konoha casi no había visto a sus compañeros de equipo. Recordar lo que había ocurrido ese día aun le resultaba un tanto doloroso, no sólo por la cantidad de muertos del ataque sino por la horrible situación de haberse visto enfrentada contra uno de sus compañeros.
Había sido dada de alta del hospital y Naruto la había ido a buscar para que fueran a ver el torneo juntos. Cuando llegaron, notaron a Sasuke reclinado contra la pared en la entrada de la galería, de brazos cruzados y completamente enfocado en la arena. Lo saludaron desde la distancia y lo llamaron para que se sentara con ellos. Al principio ambos creyeron que Sasuke los estaba ignorando a propósito, por lo cual luego de que Naruto se quejara unos buenos minutos de lo estúpido que era Sasuke, decidieron sentarse casi en la primera fila para observar los combates.
Hinata miró disimuladamente la forma en que varias chicas (incluyendo a Haruno-san) peleaban por llamar la atención de su compañero y sonrió pensando que la compañía de otras personas de su edad le hacía bien a Sasuke. Grande fue su sorpresa cuando éste dejó a las chicas que se reunían a su alrededor y fue a sentarse junto a Naruto en silencio. El chico lo miró con una mueca de disgusto y gruñó, Sasuke dejó escapar su habitual "Hmph" y se dio por entendido que los tres nuevamente estaban listos para continuar con sus misiones y entrenamientos futuros. Hinata sonrió y volteó el rostro para observar las peleas.
El torneo comenzó con la batalla entre Neji Hyūga y Kiba Inuzuka. Fue bastante corta. Todos se sorprendieron de las técnicas del chico Inuzuka pero al ser alguien que atacaba casi por completo a base de golpes directos, la defensa absoluta de Neji lo superó. Tanto Sasuke como Naruto observaron dicho combate en silencio y visiblemente molestos al darse cuenta lo espectacular de la técnica de los Hyūga. Cuando Akamaru, el perro de Kiba, cayó derrotado y Kiba se vio sin muchas más posibilidades de ataque, decidió rendirse y salió del estadio con el cachorrito en brazos. Hinata sintió mucha lástima por ambos. Su primo salió de la arena sin agradecer al público que lo vitoreaba, sólo dedicándole una mirada llena de odio hacia el lugar en que estaba sentado el líder del clan Hyūga, Hiashi, el padre de Hinata junto con su hermana menor Hanabi.
Luego vino el combate entre Kankuro y Shino. Sorpresivamente, el primero se retiró sin si quiera pisar la arena de combate. El público parecía bastante molesto por ello, pero se olvidaron cuando Shikamaru Nara y Temari entraron a la Arena y dieron un espectáculo bastante curioso. El primero tuvo la ventaja casi todo el combate e incluso logró capturar a la chica con su técnica de imitación de sombra. Cuando todo parecía a su favor, se terminó rindiendo alegando que seguir luchando era demasiado problemático. Los jonin sentados al lado de Hinata admiraron la cualidad de saber cuándo rendirse en batalla y la inteligencia de Shikamaru para haber logrado atrapar a su rival de esa forma.
La última batalla de esa ronda fue entre Gaara del desierto e Ino. Todos esperaban ver una masacre por parte del chico. Se susurraba por los pasillos lo fuerte que era y Naruto parecía más interesado en esa batalla que en cualquier otra. Ino había anunciado a todos que su táctica para ganar era utilizar el jutsu de remplazo de mente en Gaara y hacer que se rindiera.
Terrible fue la sorpresa cuando sólo a pocos segundos de haber comenzado, Ino hizo su movida y lo único que se escuchó fueron gritos de parte de la chica cayendo completamente inconsciente al suelo. Algo había salido mal cuando intentó realizar el cambio, algo había salido muy muy mal, pues sangraba de la boca y Gaara no se había movido si quiera un centímetro.
Fue entonces que comenzó todo y Hinata no recordó más. Supo que había caído en una especie de genjutsu que la hizo dormir. Fue despertada después por Sasuke, quien había aprovechado para sacarla a ella y a Naruto de allí. Kakashi los encontró en los pasillos y les explicó lo que estaba sucediendo. Al parecer la aldea de la arena los había atacado y debían proteger al público que estaba dormido. Los tres se miraron los unos a los otros y entendieron lo grave de la situación si ellos, tres genin, estaban siendo llamados a luchar.
La más nerviosa de los tres era Hinata. Acababa de salir del hospital y hasta Naruto estuvo de acuerdo que no estaba en condiciones de luchar aún, pero cuando los pasillos del estadio comenzaron a temblar violentamente, supieron que era pelear o morir.
A penas salieron a las graderías pudieron observar que abajo, en el lugar en donde estaba llevándose a cabo las peleas del torneo, había un monstruo gigantesco con una cola de arena que tenía todas las intenciones de destruir la ciudad. Muchos jonin, chunin y ANBUs estaban luchando para evitar que mataran al público y que además esa criatura no se fuera del estadio. Desde su posición se podía escuchar la destrucción que ese ataque estaba causando en toda la aldea, dando a entender con claridad que el ataque no se había originado sólo en el estadio sino que toda Konoha estaba en peligro. Hinata incluso pudo ver desde su posición la forma en que su padre y Hanabi se habían unido al resto y estaban peleando. Supo que ella no se podía quedar atrás.
Naruto, siendo el chico impulsivo que era, había decidido ir a pelear contra lo que asumió era Gaara (eso les había dicho Kakashi) mientras que Hinata y Sasuke peleaban espalda contra espalda contra los ninjas de la Arena en las galerías del estadio. Sasuke realmente parecía otra persona mientras lo hacía. Siempre había sido serio y sistemático al luchar, con movimientos completamente impredecibles pero certeros; esta vez había un cierto aire hostil en él, como si estuviese descargándose contra todo lo que tuviese en frente y hubiese tirado su lógica y táctica por la borda. Aun así, dos genin solos contra ninjas experimentados no lograban hacer mucho; estuvieron realmente en peligro de ser vencidos cuando de pronto algo extraño comenzó a cubrir la piel de Sasuke.
Después de eso, Sasuke era otra persona. Era como si hubiese perdido completamente la cordura y atacaba cualquier cosa que se le ponía en frente con una sonrisa casi macabra en el rostro. Kakashi le gritó que se controlara, pero parecía no entenderlo. Ni si quiera parecía concebir que no podía utilizar sus ataques de fuego porque heriría a las personas a su alrededor. Fue entonces que Hinata tomó una decisión, una decisión inspirada en la desgarradora batalla que Naruto estaba realizando para proteger a las personas en el estadio, una decisión que hizo que el corazón se le quebrara lentamente…
… Atacó a Sasuke.
Recordaba a la perfección las palabras que habían cruzado durante ese encuentro.
¡Sal de mi camino Hinata! ¡Juro que te mataré si sigues interfiriendo!
No me importa morir si puedo defender a mis seres queridos y eso te incluye a ti. Yo no retrocedo en mi palabra, ese es mi Nindo.
Se dieron un par de golpes más y Sasuke se detuvo. Era como si finalmente pudiese controlar lo que lo había sacado de sus casillas de cordura y las manchas en su rostro retrocedieron a base de su propia voluntad. Hinata lo sostuvo mientras el chico temblaba y ambos fueron protegidos de los ataques colaterales por Kakashi.
Observaron desde esa distancia la forma en que Naruto había logrado vencer a Gaara, con un jutsu que invocó a un gigantesco sapo. Sasuke lo miraba con asombro, Hinata con admiración. ¿Naruto había salvado el día? Era algo bastante difícil de creer.
Lo último que supieron fue que un sujeto muy extraño con ojos de serpiente se les acercó, miró a Sasuke con una sonrisa y le dijo que cuando se aburriera de jugar a ser ninja lo buscara y él le daría poder. Desapareció después de eso y se enteraron por Kakashi que ese hombre que les había hablado como si se trataran de viejos conocidos era el tal Orochimaru; había sido él quien le había dado muerte al tercer Hokage.
Desde ese día Sasuke no hablaba mucho. Ni si quiera en el funeral del tercero. Tanto él como Naruto se retiraban de Konoha muy temprano y comenzaban a entrenar. Hinata se preguntó qué estaba sucediendo con ellos que de pronto ya no se hablaban. Sí, su relación siempre había sido tosca y hostil, pero nunca al punto de darse completamente la espalda cuando se trataba de realizar cosas que se suponía los tres debían realizar como equipo.
Supo que Naruto practicaba en el bosque y que Sasuke se dedicaba a entrenar en el techo de la Academia junto con Kakashi-sensei. Al parecer estaban practicando una nueva técnica. Ella se había dedicado esos días a observar los entrenamientos entre Neji y su padre. Después del ataque, Hiashi Hyūga había tomado un interés en el chico, proveniente del hecho de que su primo hubiese podido aprender por su cuenta algunos de los jutsus que sólo la familia principal del clan Hyūga debía saber.
Esa mañana se convenció a sí misma. Iba a intentar conversar con Sasuke y ver si estaba bien. No sabía si estaba enojado porque lo había atacado en vez de hacer algo distinto como: abrazarlo, llorar o suplicarle que se detuviera. Naruto la había inspirado todo ese tiempo a no rendirse y ver a Sasuke en ese estado descontrolado sólo le había dado más fuerza. Prefería pelear con él a quedarse parada y ver como el sello lo consumía. El lenguaje que mejor hablaba Sasuke Uchiha era corporal y ella le había hablado directamente a su alma de esa forma.
Caminó por las calles de Konoha. Había preparado onigiris de madrugada, poniéndolos dentro de un bento con el resto de las cosas que le gustaban tanto a Sasuke como a Kakashi-sensei. En el bento de Sasuke puso tomates picados en rodajas con un poquito de orégano fresco encima, sólo quería que su compañero supiera lo importante que era para ella, que aunque lo hubiese atacado nunca había abandonado el lugar que tenía para él en su pecho.
Apenas Ichiraku Ramen abrió, Hinata pidió un plato para llevar, pues sabía que ese era el ramen favorito de Naruto. De esa forma, podría ir a dejarle almuerzo a sus dos compañeros y también a su maestro.
Ya que la Academia estaba mucho más cerca que el bosque, decidió hacer de ésta su primera parada. Entró al recinto y vio como los profesores junto con los alumnos estaban arreglando todo: las mesas, las sillas, las paredes y el suelo. Preguntó por Kakashi-sensei y le indicaron que estaban en el tejado. Subió por las escaleras un tanto nerviosa, pero decidida a conversar con su compañero de equipo.
Cuando llegó a la cima, puso su mano en la perilla de la puerta de salida y la giró lentamente, espiando por el pequeño agujero que se formaba. Vio a Kakashi―sensei reclinado contra uno de los árboles que crecían en el techo y a Sasuke concentrando chakra en una de sus manos.
―Per-permiso ―dijo con suavidad, haciendo que Kakashi se volteara a verla.
―Hinata-san, buenos días ―la saludó, moviendo su mano hacia ella―. ¿Sucede algo?
―Vengo-vengo a-a traerle almuerzo a Sasuke-kun y también, también a usted sensei ―estaba tartamudeando, la presencia de Sasuke siempre lograba asustarla de alguna forma.
―Oh. ¡Que amable! ―dijo Kakashi sonriendo con su ojo visible y caminando hacia la chica―. Nos detendremos un momento para comer, Sasuke.
Sasuke no se volteó, ni la saludo; no dijo palabra alguna. Estaba completamente enfocado en entrenar. Tanto así, que Hinata observó que desde su mano salían ¿Rayos? Eso parecía, a menos que sus ojos la estuvieran traicionando.
―Si tienes tiempo suficiente como para perderlo cocinando, Hyūga, vuélvete ama de casa y deja de hacernos perder el tiempo. Pensé que eras una kunoichi. Deberías estar entrenando también ―las palabras de Sasuke la tomaron completamente desprevenida―. Toma tu comida y lárgate.
―Oye, oye, Sasuke ―Kakashi se rascó la cabeza un tanto incómodo―. Tampoco es necesario que le hables así a Hinata-san.
Sasuke no respondió y Hinata no se quedó a esperar una respuesta tampoco. Sólo hizo una reverencia, le pasó el bento de comida a Kakashi y salió corriendo de la Academia.
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Lo único que había en la cabeza de Sasuke era la idea de que Naruto se alejaba cada vez más de él. Tiritaba de rabia con ese pensamiento. La mera idea de que alguien como ese perdedor estuviese avanzando a pasos gigantes dejándolo atrás lo lograba molestar tanto que apenas comía o dormía. Lo único que había en él era ansias para superarse, volverse más fuerte, alcanzar a Naruto y superarlo.
Después del ataque de Konoha supo que ese sello lo terminaría destruyendo si lo usaba nuevamente. Se había apoyado en una fuerza que no era suya cuando se vio acorralado, luchando lado a lado con Hinata. Aún podía escuchar la voz de Naruto antes de que saltara a la Arena para luchar contra el monstruo del desierto.
"Cuida de Hinata, bastardo". Y eso había hecho, aunque fuese a su manera.
Pero cuando se vieron ampliamente superados en número y ni si quiera Kakashi parecía poder librarse de los shinobis que caían sobre él, la ansiedad y desesperación fue tan grande en su interior que algo comenzó a arder sobre su piel. Podía sentir que su cuello quemaba cada vez que deseaba volverse más fuerte desde ese momento. Las palabras de Orochimaru se repetían una y otra y otra vez mientras entrenaba
"Cuando te aburras de jugar a ser Ninja, búscame. Yo te daré el poder que necesitas para vengar a tu Clan".
Podía oír el mensaje como un susurro cada momento del día. La mera idea de recurrir a un poder que no fuese propio lo irritaba y hacía que quisiera gritar. Él era un genio del clan Uchiha, iba a superar a su hermano con sus propios medios y no eligiendo trucos baratos como ese sello en su cuello. Por lo mismo, no dejaba de entrenar. No había nada más en su mente que lograr perfeccionar la técnica que Kakashi le había enseñado: el Chidori.
Ese mediodía, cuando observó a Hinata, algo le había ardido en la piel. Tenía seis meses para que todo su equipo se volviera fuerte, el más fuerte de Konoha. Después de ver a Naruto con una invocación tan poderosa supo que no se tendría que preocupar de que el perdedor se volviera más fuerte, sino por el contrario, de alcanzarlo para estar a su nivel. ¿Pero, dónde quedaba Hinata en todo eso? Sinceramente no lo sabía. Pensó que su compañera iba a utilizar esos días para entrenarse a sí misma, por lo mismo, verla ahí, parada, con una cesta con comida como si fuese su novia, su hermana, su madre o su niñera lo irritó profundamente, era como una ofensa. Había hecho una apuesta por ella, una que no podía perder. No le importaba si Hinata llorase por sus palabras, tampoco le molestaba herir sus sentimientos. La chica debía endurecer ese corazón blando que tenía, ese era su mayor problema.
―Eso fue bastante cruel de tu parte, Sasuke ―lo sermoneó Kakashi―. Me recuerdas mucho a mí mismo a tu edad.
―¿Debería sentirme halagado? ―preguntó Sasuke respirando fuertemente. Acababa de hacer un agujero a través de un árbol gracias al chidori y ahora caía al suelo casi rendido.
―No realmente. Era un imbécil a esa edad. Pero tenía amigos de verdad. Amigos que fueron capaces de dar sus vidas por mí ―cerró los ojos, el rostro ensangrentado de Obito bajo la gran roca volvió a hacerse presente―. Es una lástima que no haya sabido valorarlos hasta que fue demasiado tarde. No cometas los mismos errores que yo cometí, vivirás para siempre arrepintiéndote de ello ―Kakashi guardó su Icha Icha Violence. No tenía nada más que enseñarle a Sasuke al menos por un tiempo. El resto dependía de él.
―¿Terminaste tu sermón? ―Sasuke aun respiraba con rapidez, estaba sudando y se veía completamente apaleado. Se puso de pie con esfuerzo, aun gimiendo levemente por el dolor en su cuerpo al cargarse de electricidad de esa forma―. Sigamos entrenando.
―Ya te enseñé todo lo que deberías saber para realizar el chidori ― Sasuke frunció el ceño, ¿Eso era todo? ¿No le iba a enseñar más?―. Desde ahora en adelante debes aprender a manejarlo por tu cuenta. Sólo recuerda que es una técnica incompleta y que no deberías usarla. Ya te darás cuenta por ti mismo por qué. Una vez que comienzas el movimiento, no puedes detenerlo ni mover la trayectoria de la electricidad.
―Como sea ―gruñó cuando Kakashi le dio la espalda y salió por la puerta que guiaba a la escalera.
Por su parte, Kakashi sentía que ya le había enseñado algo a Sasuke para distinguirlo del resto de los genin de su edad. Después de todo, el chico era el mejor en taijutsu, genjutsu y ninjutsu de su generación, quedando en segundo lugar sólo por su pobre desempeño en cooperación y compañerismo. Ya le había enseñado un par de cosas sobre el trabajo en equipo y técnicas con que podía proteger a sus compañeros; el resto tenía que venir de él.
Por otro lado, Naruto estaba siendo orientado por Jiraiya-sensei y sinceramente el jonin no podría haber pedido un mejor instructor para él. Su tipo de ataque, sus cualidades, su linaje… el mejor instructor para Naruto era sin duda el legendario sannin que ya le había indicado el día anterior que planeaba cuidar de Naruto desde ese día en adelante, pues la organización Akatsuki lo estaba buscando. Había sido realmente afortunado que ni Hidan ni Kakuzu hubiesen sabido de la identidad del chico.
Y eso dejaba al tercer elemento del equipo genin que entrenaba y quien lo tenía preocupado de verdad: Hinata.
Ella ponía a prueba su capacidad como instructor, de verdad lo hacía. La chica se especializaba en un tipo de taijutsu que sólo un miembro de la familia Hyūga le podía enseñar. El puño suave era algo que sólo se aprendía ahí, debido a la importancia del byakugan para poder ver las corrientes y puntos de chakra. Kakashi distinguía el chakra enemigo con su sharingan, pero no con la precisión con que veía el dojutsu de los Hyūga. Por lo mismo, nadie fuera de ese clan sabía sus secretos y era una técnica que se pasaba de generación en generación.
¿Qué podía enseñarle a Hinata entonces? ¿Ninjutsu médico? No, el sólo tenía nociones básicas del tema aunque supuso que por su habilidad para moldear chakra Hinata hubiese sido una gran médico ninja.
Suspiró. Tal vez no le había prestado la misma atención a Hinata que a Sasuke o Naruto, pero en los inicios de sus entrenamientos realmente no lo necesitaba. Tendría que idear una forma de que la chica se equiparara en su puño suave al nivel que Sasuke y Naruto estaban mostrando, aunque cuando la vio luchar contra Sasuke para que controlara el sello en la masacre del torneo chunin, no lo había hecho nada de mal. Tal vez era eso lo que estaba motivando a Sasuke y lo que lo hacía tratarla tan pobremente, el conocimiento de que una niña se había mantenido a su nivel.
De pronto, cuando dobló por la esquina de la Academia se dio cuenta que había una cierta alumna suya sentada en un columpio que colgaba de una de las ramas de los árboles. Suspiró, adivinando que seguramente estaría triste por lo que Sasuke le había dicho. A veces odiaba tener que estar rodeado de mujeres, eran tan sentimentales y se dejaban deprimir por cualquier cosa, pero al menos sentía que las entendía bien por pasar tanto tiempo en la lectura de la franquicia Icha Icha.
―¿Sucede algo Hinata-san? ―le preguntó acercándose con una sonrisa. La chica subió su mirada un tanto sorprendida dejando escapar un gemidito de miedo.
―Kakashi-sensei ― suspiró nuevamente y bajó el rostro aferrándose de las cuerdas del columpio―. ¿Puedo-puedo preguntarle algo?
―Claro ―dijo Kakashi apoyándose contra el tronco del árbol.
―¿Su-sucede algo con Uchiha-kun? ―Hinata se columpiaba lentamente balanceándose hacia adelante y hacia atrás en ese lugar. Era el mismo lugar en donde había visto tantas veces a Naruto en completa soledad, impedida por sus mayores de poder acercarse a él y preguntarle qué le sucedía. Estar ahí la hacía sentirse un poco más unida a su compañero de equipo―. Yo sé que Uchiha-kun casi siempre parece molesto. Pero, estos últimos días, ni si quiera habla, sólo entrena y parece que cualquier cosa lo hiciese enojar.
―No te preocupes Hinata-san. Ya se le pasará ―fue la respuesta de Kakashi, suspirando pesadamente. La chica asintió con un suspiro―. Sasuke ha estado aprendiendo una técnica un poco complicada. Debe sentirse un tanto frustrado por no lograr dominarla completamente mientras que Naruto sigue avanzando y avanzando.
―Oh. Ya-ya veo ―aquello no la convencía del todo. Sentía que había algo más en él, algo que hace unos días se había comenzado a apagar en sus ojos―. Espero, espero que Uchiha-kun logre aprender esa técnica.
―No es sólo la técnica ―Kakashi se paró frente a la chica mirando hacia el tejado en donde sabía Sasuke estaba entrenando―. Sasuke fue siempre el mejor de su grupo en todo lo que hacía. No está acostumbrado a mirar hacia adelante y ver que alguien más le lleva la delantera ―Hinata supuso que se estaba refiriendo a Naruto y la forma en que había realizado técnicas increíbles para salvarlos de Gaara―. Sasuke se siente inferior a Naruto, y eso lo debe estar matando por dentro.
―Pe-pero. ¿Por qué no aprende de Naruto-kun en vez de alejarse completamente del grupo? Na-Naruto-kun me ha estado ayudando a practicar mi puño suave. Estoy, estoy segura que-que si los tres ―Hinata apretó los puños contra las cuerdas―. A Naruto-kun le podría servir practicar con alguien como Sasuke-kun. Si tan sólo los dos volvieran a hablarse y, y, dejaran de estar molestos el uno con el otro yo estoy segura de que…
―Verás Hinata, la envidia y los celos son motivadores muy poderosos ―Kakashi levantó su dedo índice mirando a la chica―. Sasuke siente envidia de Naruto. Y Naruto siente envidia de Sasuke. Es parte de la rivalidad a esa edad. Eso los hace querer superarse entre ellos constantemente.
―Parece ser que la rivalidad sólo nos separa.
―No es tan malo, ayuda a resaltar nuestras habilidades ―Kakashi puso una mano en la cabeza de la chica, realmente le parecía tierno que se preocupara de su grupo de esa manera. Algo le decía que ella sería el pegamento que los mantendría unidos mientras crecieran―. Lo único que puedes hacer es respetar el silencio de ambos cuando quieran estar solos y darles un sermón de vez en cuando, aunque no te quieran escuchar. Tú tienes la disciplina y la perseverancia para lograr que ellos se lleven bien y que sigan creciendo como shinobis.
―Yo-yo haré eso, Kakashi-sensei ―Hinata sonrió con sinceridad y se puso de pie haciendo una reverencia cortés.
―No lo olvides Hinata-san, tal vez aun no puedas realizar ninjutsus tan escandalosos como los de Naruto, ni tengas la facilidad de aprender tan rápido como Sasuke, pero hay algo en ti en que ninguno de ellos te supera, ni te superará ―Hinata separó levemente los labios. ¿Había algo en que ella era mejor que ellos dos? Eso la hacía sentirse realmente especial―. Tus ojos. Nunca cierres los ojos. Ese es tu labor en el trabajo de equipo. Tu vista, tu mirada, ver. Ve más allá de lo que todo el resto ve. Nada se puede ocultar ante el byakugan. Utiliza esos ojos para mantenerlos juntos.
―Kakashi-sensei, muchas gracias ―susurró la chica con una sonrisa adorable mientras comenzaba a correr por la calle en dirección a la puerta de la Aldea.
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Naruto se había dedicado a entrenar desde el día en que Konoha fue atacado. Durante el combate, había comprendido algo realmente valioso que tal vez lo definiría para siempre como un gran Ninja o tal vez sólo como un completo idiota. Cuando comenzó su camino para convertirse en Shinobi y Kakashi-sensei le preguntó sus sueños, respondió sin vacilación que quería volverse Hokage para que las personas lo reconocieran.
Mientras su sueño se mantenía en ser un Hokage algún día, el motivo para serlo había cambiado. Se iba a convertir en el ninja más fuerte de esa aldea para proteger lo más importante que había encontrado en su vida aparte del ramen: sus amigos.
Hinata y Sasuke eran su equipo, sus camaradas, sus amigos, los hermanos que hubiese deseado tener y las primeras personas de su edad que dejaban de ignorarlo. Había estado tanto tiempo solo, apenas siendo reconocido por Iruka-sensei, que verse rodeado de las extrañas sonrisas de Hinata hacia él y los "hmph" indiferentes de Sasuke, lo hacían sentirse acompañado por primera vez en la vida.
Sasuke era un imbécil y muchas veces deseaba golpearlo. ¿No eran así las relaciones entre hermanos? Sasuke podía ser arrogante, orgulloso y completamente cruel, pero no lo hacía con malas intenciones. Él mejor que nadie sabía lo doloroso que era vivir con la carga de la soledad que Sasuke muchas veces no sabía sobrellevar.
Por otro lado, Hinata había sido una chica rara en la Academia, a quien nunca le había prestado demasiada atención excepto un par de veces cuando eran muy pequeños. A sus ojos, su silencio, la forma en que siempre tartamudeaba cuando le hablaba y como se demoraba muchísimo en terminar una frase, lo exasperaba. ¿Por qué no hablaba más fuerte? ¿Por qué no le decía lo que quería decir? No la había sabido comprender. Todo aquello había cambiado y ese día sabía que en Hinata Hyūga había mucha más fuerza y determinación que en la mayoría de las personas. La estimaba por eso. Pensaba que era una niña única por eso.
Sin embargo, algo ocurría entre ellos dos que había separado al grupo desde el funeral del Tercero. Apenas se veían. Sasuke estaba entrenando con Kakashi una técnica nueva y por mucho que Naruto alegó por ello aduciendo que su maestro estaba eligiendo favoritos en el grupo, enseñándole técnicas a uno y no a todos, no pudo conseguir que a él también se le agregara en eso del Chidori. Por el contrario, sentía que desde entonces Sasuke estaba más extraño que nunca.
Le había pedido que cuidara a Hinata durante el ataque de Konoha. Se había lanzando sin pensarlo dos veces dentro de la arena para intentar detener a ese monstruo. Nunca pensó que mientras ellos peleaban en las graderías sucedería aquello. Ni si quiera se dio cuenta de que Hinata y Sasuke se habían puesto a pelear uno contra el otro y se sentía muy, muy molesto de que su compañero hubiese perdido el control de ese sello y hubiese arriesgado a Hinata y a las demás personas por causa de eso. Por el contrario, se sentía completamente orgulloso de contar con una compañera como la chica Hyūga que en vez de quedarse parada mirando lo que ocurría y llorar por lo que le estaba sucediendo a Sasuke, se había parado con fuerza y le había hecho frente. Si no hubiese sido por Hinata, tal vez el idiota del Uchiha hubiese terminado matando a alguien. Ni si quiera quería verlo después de eso. Se sentía muy irritado con él.
Se paró del suelo lleno de polvo y sudor, respirando con fuerza y levantando las manos hacia el aire con felicidad.
―¡Bien! Con esto concluye mi entrenamiento del día ―se secó la frente con la manga―. Ahora a comer ramen ―se dio media vuelta para tomar su mochila cuando notó que alguien lo miraba un tanto escondido atrás de un árbol―. ¿Cuánto tiempo pretendes estar espiando mi entrenamiento? ―su rostro se volvió azul pensando en lo patético que era ese niño.
―Me has descubierto ―declaró el pequeño Sarutobi mientras dejaba caer un papel café muy fuera de tono con la corteza del tronco―. ¡Naruto nii-chan, no esperaba nada menos de ti!
―Hola Konohamaru ―no lo había visto desde el funeral de su abuelo, aunque el chico parecía tan entusiasta como siempre. Aun así no sabía si era oportuno darle sus condolencias nuevamente por lo del tercer Hokage o incluso preguntarle si se encontraba bien. Después de todo, su relación no se basaba en momentos emotivos, sino más bien en un juego brusco en el cual Konohamaru buscaba superarlo―. Esto…
Konohamaru se cruzó de brazos y lo miró con el ceño fruncido.
―¿Qué?
―Nada ―respondió Naruto con una mueca, volteándole el rostro con molestia.
Ambos permanecieron en un silencio incómodo. Era claro que Naruto estaba preocupado por él y que Konohamaru lo notaba. Podrían haber tenido una larga conversación sobre sus sentimientos sobre la muerte del Tercer Hokage pero en vez de eso, hablaron de la única forma en que ellos sabían comunicarse.
―¡Entréname! ―le gritó de pronto Konohamaru apretando sus puños con fuerza.
―Lo siento Konohamaru, tendrá que ser luego ―dijo Naruto con algo de lástima, pero de verdad no podía entrenar al chico, Ero-sennin lo estaba esperando.
―¡No puedo esperar! ―le gritó enojado―. ¡Debo volverme más fuerte ahora para proteger la Aldea que tanto amaba el viejo!
―Konohamaru…
―¡Naruto nii-chan! Si me enseñas tu técnica secreta de los sapos podré apresurarme en volverme Hokage ―dijo el chico casi rogándole, aferrándose a la pierna de Naruto como un koala mientras éste se sacudía para sacárselo de encima.
―Pensé que ya habíamos hablado de esto ―contestó Naruto con molestia. Konohamaru lo miró hacia arriba con cara de duda. El rubio se cruzó se brazos y lo miró con seriedad―. No hay atajos para volverse más fuerte. No vas a ser tan asombroso como el viejo en un día ―Naruto suspiró―. Si quieres ser Hokage debes trabajar duro, día a día. No va a suceder por arte de magia. No vas a abrir una caja de regalo y encontrar fuerza ahí. Debe nacer de ti mismo, pequeño idiota. ¡Ahora suéltame!
Konohamaru lo miró con un brillo especial en sus ojos. ¿Tal vez lágrimas? Aunque jamás el pequeño hubiese admitido algo así. Soltó a Naruto y se dio la vuelta secándose los ojos con los puños de sus mangas.
―¡Je! No esperaba menos de mi rival.
―Ya cállate. Que molesto eres Kono… ―mientras Naruto le daba un sermón, se dio cuenta que Hinata estaba parada atrás de uno de los troncos, un tanto escondida―. Hinata. ¿Sucede algo?
Las mejillas de su compañera se volvieron sonrosadas y sus ojos se movieron hacia un costado mientras buscaba la forma de hablar.
―Te-te traje almuerzo.
―¡Hinata-chan! ―gritó Naruto con los ojos llorosos y muy abiertos―. ¿Qué es? ¿Qué es? ¿Esos deliciosos bentos? ¿Bolos de arroz?
―Ramen de Ichiraku ―respondió Hinata con timidez, sonriéndole con suavidad―. Lo siento, pensé que-que sería lo que más te gustaba. Pero si quieres puedo…
―¡Ah! Hinata-chan! ―gritó Naruto abrazándola de felicidad, tomándola por la cintura y levantándola en el aire dando vueltas con ella. Estaba completamente extasiado y Hinata en las nubes, como si flotara―. ¡Leíste mi mente!
Hinata extendió la bolsa hacia él haciendo una reverencia cortes.
― Lo-lo siento Konohamaru-kun, no compré para ti. No sabía que estabas aquí.
Naruto se sentó contra uno de los troncos a comer ramen. Konohamaru terminó rindiéndose y se fue del lugar mientras que Hinata permaneció ahí sentada junto a su compañero. El chico le contó todo sobre su viaje y que se iría un par de semanas con Jiraiya en búsqueda de una mujer bastante famosa en la Aldea. Hinata se entristeció, pero entendió de inmediato que eso era lo mejor para Naruto. Parecía disfrutar mucho de la compañía de ese hombre llamado Jiraiya, como si hubiesen sido familiares.
Aun así, en esos silencios en que Naruto tragaba el ramen, Hinata no pudo evitar pensar en sus palabras. Naruto le parecía tan admirable en todo sentido. La forma en que le había dicho a Konohamaru que no podía hacer trampas en su entrenamiento pretendiendo que de un día a otro iba a adquirir una fuerza ridícula, sino que las personas se fortalecían con voluntad día a día a base de esfuerzo y trabajo duro. Sonrió mientras lo veía comer.
Caminaron juntos por el sendero del bosque. Naruto se debía encontrar con el legendario sannin en la entrada de Konoha para partir en su misión. Iba sonriendo de oreja a oreja con las manos atrás del cuello, dando pasos despreocupados, mientras que Hinata sonreía calmadamente por estar tan cerca de él. Se venía dando cuenta que la cercanía con Naruto la hacía sentir feliz. En un comienzo verlo le daba ánimos y energía, pero ahora la hacía sonreír y su corazón latía rápido. Ya ni si quiera sentía tanta vergüenza alrededor de él, pero aun así le costaba hablarle y su boca se sentía torpe cuando quería decirle algo.
―¡Estoy tan emocionado, Hinata! ―gritó Naruto de pronto―. Ero-sennin me dijo que me enseñaría una nueva técnica mientras esté con él, mucho más asombrosa que el Chidori ese ―cuando dijo chidori mostró un cierto grado de irritación. Aun le molestaba que Kakashi estuviese enseñándole cosas a Sasuke y no a él.
―Eso es-es grandioso, Naruto-kun ―respondió Hinata con timidez mientras se miraba los pies al caminar.
―¡Sí que lo es! ―se rió quietamente, un tanto jugando. De pronto, su sonrisa desapareció y miró a Hinata con seriedad―. ¡Oye! ¡Oye! ¿Ya viste la nueva técnica de Sasuke? ―un tic aparecía en su ojo derecho―. ¿Es fuerte?
Hinata asintió sin mirarlo.
―Es-es a base de electricidad.
―Sasuke bastardo ―gruñó Naruto―. No importa. Estoy seguro que la técnica que aprenderé será mejor ―Naruto iba sonriendo. Tenía que creer que sin importar lo que pasara le iba a ganar a Sasuke, cuando de pronto el sonido de una suave risa lo sacó de sus pensamientos. Miró a un costado y se percató que Hinata se estaba riendo de él, tapándose la boca con sus manos mientras lo miraba―. ¿Qué sucede Hinata?
―Uchiha-kun y tú ―murmuró la chica, aun sonriendo―. Todo lo vuelvan una competencia.
―Somos rivales ―anunció Naruto riendo también―. Pero esta vez el perdedor será él.
Las puertas de Konoha empezaban a hacerse visibles mientras ambos caminaban. Bajo un árbol, sentado y descansado a la sombra se encontraba un hombre que Hinata había conocido como Jiraiya pero a quien Naruto constantemente llamaba "Ero-Sennin". El sujeto se puso de pie al ver a Naruto y saludó a ambos niños con un gesto de su mano.
―¿Estás listo? ―le preguntó con una voz un tanto cansada, pero que sonaba muy amable a los oídos de Hinata. Sentía que ese hombre era alguien gentil.
―¡Sí señor! ―gritó Naruto entusiasmado, haciendo un saludo estilo militar―. ¡Vamos! ¡Enséñame esa maravillosa técnica por el camino!
―Calma, calma ―dijo el hombre poniendo una de sus manos sobre el hombro de Naruto y comenzando a caminar delante de él―. Adiós, Hinata-chan.
―Hasta pronto, Jiraiya-sama ―Hinata permaneció ahí parada, viéndolos partir.
Un dolor se anidó en su pecho sin entender del todo por qué de la nada se comenzaba a sentir tan triste de ver a Naruto alejándose de ella. De pronto, su boca no pudo evitarlo y mientras su compañero cruzaba unas palabras con su nuevo maestro, ella los interrumpió.
―Na-Naruto-kun, por favor, cuídate ―su expresión estaba llenada de preocupación y tristeza.
Naruto se sintió un tanto sorprendido al darse cuenta de que ella estaba triste porque él se iba en un viaje. Realmente sorprendido, sin entender qué era esa sensación que lo embargaba, como si de pronto no deseara irse. Era la primera vez que veía que una persona experimentaba tristeza al verlo marcharse. Por lo general, todos se alegraban cuando eso pasaba. Lo consideraban una molestia y nunca querían estar cerca de él. No estaba acostumbrado a que las demás personas notaran su existencia, pero sin duda, se sentía bien que alguien lo viera. Se sentía como si algo en su pecho se entibiara al darse cuenta de que a esa chica delante de él, sí le importaba.
―Claro que lo haré. Tú también cuídate ―consiguió decir cuando la sorpresa pasó y le guiñó un ojo despreocupadamente―. Y sobre todo, cuida de ese idiota.
Naruto movió su mirada en dirección a la entrada de Konoha. Hinata se volteó para ver de qué estaba hablando Naruto, y se percató que ahí, parado en los pilares de la puerta de entrada de la Aldea, estaba Sasuke. Los miraba desde la distancia con los brazos cruzados, sin intenciones de ir a despedirse de él, pero que estuviese ahí decía más que cualquier cosa. Ambos amigos se miraron con seriedad y entendieron sin decir nada que el pasado quedaba en el pasado. Naruto le sonrió a la distancia y Sasuke le respondió el gesto, una promesa sin palabras de que cuando volviera él sería aun más fuerte.
―Uchiha-kun ―susurró Hinata perpleja. No sabía que Sasuke se iría a despedir, a su forma, de Naruto. Suspiró pesadamente y sonrió. Parecía que las cosas se volvían a suavizar entre los tres.
―No dejes que use el sello ese ―le advirtió con seriedad Naruto―. Ya escuchaste a Kakashi-sensei. Cada vez que lo utiliza se arriesga a morir.
―Sí ―respondió Hinata con firmeza―. Yo-yo cuidaré de Uchiha-kun. Confía en mí, Naruto-kun.
―Siempre lo hago ―Y con esas palabras, Naruto corrió por el camino para alcanzar a Jiraiya que ya había comenzado su caminata.
Hinata sólo se quedó ahí parada mirándolo partir sin decir más, con una sonrisa en su rostro. Se quedó ahí hasta que sus figuras desaparecieron en el horizonte. De pronto, escuchó pasos atrás de ella, pero no se volteó. No quería perder la imagen de Naruto. No sabía cuándo lo vería de nuevo.
―A entrenar ―escuchó Hinata que Sasuke le decía―. Vamos por Kakashi.
Lentamente, volteó el rostro sobre su hombro para encontrarse con los ojos color ónix de Sasuke que la estaban contemplando con seriedad.
―Uchiha-kun. ¿De verdad quieres entrenar conmigo?
Sasuke ni si quiera pestañó al ver esa duda en Hinata.
―No tengo nada mejor que hacer ―suspiró un tanto irritado al ver que Hinata no se estaba moviendo―. Nos quedan cinco meses y doce días para que puedas vencer a tu primo ―sin más comenzó a caminar de vuelta a la aldea. Hinata lo comenzó a seguir, observando el suelo.
―Pe-pero. ¿No estás enojado conmigo? ―no escuchó respuesta y el chico no parecía querer detenerse. Ambos pasaron bajo el arco de entrada sin palabras―. Uchiha-kun...
―Deja de molestar y camina ―le ordenó Sasuke.
Hinata suspiró y lo siguió, sin caminar a su lado sino que más bien atrás. Sasuke la hacía sentir extremadamente nerviosa, como si hubiese algo en él que la fuese a lastimar de un momento a otro. Sabía que ese pensamiento era una estupidez, sobre todo considerando que el Uchiha era su compañero, sin embargo, ese sello en su cuello lo hacía comportarse de forma extraña.
Llegaron al lugar en donde vivía Kakashi y se sintieron extrañados de que la puerta de su "hogar" estuviese abierta. Esa fue la primera señal para Sasuke de que algo estaba sucediendo. Sobre todo, porque Kakashi era un jonin y dejar su casa descuidada no era algo que un shinobi de su categoría habría hecho. Le hizo una seña a Hinata y la chica supo de inmediato qué debía hacer.
―Byakugan ―susurró y se enfocó a observar los alrededores del lugar y también el segundo piso―. Kakashi-sensei esta acostado en una cama en su habitación en el segundo piso. Hay dos hombres y una mujer a su alrededor. Creo que son Gai-sensei, Kuranai-sensei y Asuma-sensei.
―¿Pero qué demonios sucede aquí? ―susurró Sasuke.
El chico le hizo una señal con la mano a Hinata para que lo siguiera y comenzaron a subir por las escaleras. Todo el asunto era demasiado sospechoso. Sasuke no recordaba que Kakashi hubiese hecho nada extraordinario en toda la mañana además de leer su libro Icha Icha Violence. No era normal que estuviese tan agotado como para estar durmiendo en medio de la tarde. Movió la puerta que Hinata le indicó con la mano y se dio cuenta de inmediato que los jonin presentes lo habían sentido entrar, pues estaban completamente callados.
―¿Qué le sucedió a Kakashi? ―preguntó Sasuke de frente, no quería andar con rodeos con ninguno de ellos.
Hinata dejó escapar un suspiro cuando miró las corrientes de chakra de su maestro y se percató de lo alteradas que estaban, como si viniese de una gran batalla.
―No es nada, sólo estaba un poco cansado y decidió dormir ―respondió Gai subiendo el pulgar despreocupadamente.
Pero de pronto, la puerta se abrió con fuerza atrás de Sasuke y vio a un cuarto Jonin aparecer ahí. ¿Qué era eso? ¿La reunión jonin de la semana?
―¿Es cierto que Itachi Uchiha volvió a Konoha y que está buscando a Naruto?
Los tres jonin dentro de la habitación suspiraron pesadamente. Había que ser realmente idiota para decir algo así con Sasuke y Hinata presentes. Al darse cuenta de las miradas hoscas, el jonin se rió nervioso bajando la mirada al par de ojos ónix que lo estaban penetrando con seriedad.
Hinata dejó escapar un suspiro asustado y salió de la habitación sujetándose el pecho. La idea de que el hermano de Sasuke, el infame Itachi Uchiha que había asesinado a todo su clan, ahora tuviese sus ojos puestos sobre Naruto la hacía ahogarse de preocupación.
―¿Dijiste, Itachi Uchiha? ―le preguntó Sasuke a ese jonin, sintiendo que el mundo a su alrededor estaba colapsando―. ¿Itachi está tras Naruto?
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