CAPÍTULO 8

HERMANOS ÚNICOS

·

·

·

·

·

¿Por qué? ¿Por qué hermano?

Para ver lo que era capaz de hacer.

¿Lo que eras capaz de hacer? ¿Por eso hiciste esto? ¿Mataste a todos sólo por esa razón?

Era importante.

¿Qué demonios…? ¡No me jodas!

·

·

.

Tan pronto sacó el rostro al pasillo se dio cuenta que no había nadie ahí. No le había podido pedir a Hinata que se quedara con Kakashi, ni si quiera había podido cruzar palabras con su compañera. Su primer pensamiento fue que debía encontrar a Naruto. Eso lo llevaría directamente hasta el bastardo de Itachi. Sin embargo, no había hablado con su compañero antes de abandonara la Aldea y por ese motivo no sabía hacia dónde se dirigía junto con Jiraiya.

Su única opción era seguir a Hinata. Y rápido.

Bajó por las escaleras apresuradamente sin decir nada, hasta que dio con la entrada del lugar. Miró en todas las direcciones con la esperanza de que no fuese demasiado tarde para seguir a Hinata. Para su fortuna, vio la sombra de su compañera subiendo por una pared. La chica le llevaba unos buenos metros de distancia, pero sabía que la alcanzaría eventualmente. Tal vez ella fuese más rápida con sus movimientos de taijutsu, pero al correr, Sasuke seguía teniendo la ventaja.

―¡Esto no es asunto tuyo, Hyūga! ―le gritó, sintiendo como la sangre le llegaba a los oídos haciéndolos zumbar por la rabia que experimentaba. Ella no debió haberse marchado así. Si alguien tenía que ir, era él. Sólo él. Tenía un asunto pendiente con ese sujeto―. ¡Detente, idiota!

Pero Hinata no hizo caso a las palabras de su compañero. Por el contrario, saltó por los tejados de las tiendas de Konoha para acortar el paso entre éstas y la entrada principal de la Aldea. Sasuke maldijo entre dientes que Hinata fuera tan buena manipulando su chakra; subía y trepaba por las paredes sin esfuerzo alguno. Nunca se le ocurrió pensar si quiera que la habilidad que estaba mostrando su compañera se debía a los sentimientos que tenía por Naruto. Ese incipiente amor que estaba naciendo en ella le apremiaba que llegase junto a él para intentar salvarlo de alguien tan peligroso como Itachi Uchiha.

Era estúpido. Toda esa situación lo era. ¡Él debía haber sido el que se saliera de control, no Hinata Hyūga! Toda esa preocupación que constantemente mostraba por Naruto le resultaba irritante. Así había sido desde el primer momento en que vio como el estúpido rubio recibía onigiris de parte de ella y él se quedaba mirando el vacío sin que ninguno de ellos se dignara a hablarle.

Seguramente pensaba que Naruto estaba en peligro. Y no se equivocaba. Sasuke también estaba preocupado por el idiota, por mucho que lo despreciara y le dijera palabras rudas, era su compañero de equipo, y tal vez, hasta su amigo (aunque admitirlo le costaba muchísimo). Aun así, por muy fuerte que se hubiese vuelto, Naruto no estaba al nivel de Itachi, quien por su cuenta había exterminado al clan más poderoso de la historia de Konoha.

Había un dolor dentro en su pecho que no podía controlar, como si le quemara y le recorriera el cuerpo con cada segundo que pasaba, agitándolo, haciendo que sus músculos se tensaran y su respiración se descontrolara. ¿Acaso eso era lo que las personas llamaban verdadero odio? Si era así, entonces, había logrado lo que su hermano le había encomendado el día de su separación.

Si deseas matarme, ódiame, detéstame y vive de forma miserable.

Sí, su hermano le había dicho que lo odiara y se aferrara a ese sentimiento para seguir viviendo. Y lo había hecho, sí que lo había hecho. Había vivido desechando cualquier cosa que le pudiese quitar la concentración de lo único en que pensaba: Itachi. No había tenido amigos en la Academia ni había gastado tiempo jugando con el resto, su única motivación era hacerse fuerte para vengar a su clan y matar a su hermano mayor. Aquello se había convertido en su propio Nindo. Había jurado venganza sobre la tumba de sus padres, de sus tíos, de sus familiares y amigos. En ese momento bajo la lluvia, solo, se había dado cuenta que haría cualquier cosa por obtenerla. No había nada ni nadie que pudiera detener a un Uchiha cuando deseaba algo; muchas veces se lo había escuchado decir a su padre y ahora más que nunca creía en esas palabras.

Pero ahí, en su ruta de venganza, había alguien entorpeciendo su camino: Hinata Hyūga. ¿Por qué su compañera lograba, de una forma u otra, aminorar ese odio? Era algo casi natural en ella. Podía provocar que Sasuke realmente se enojara y le gritara, descargando toda esa rabia en la pequeña, pero cuando estaba cerca, se olvidaba del odio que lo consumía.

Sasuke apretó el puño. No iba a permitir que le robara ese momento. Por demasiado tiempo había soñado con volver a ver a su hermano para darle muerte como para que cualquiera interfiriera.

―Si casi mató a Kakashi. ¿Qué crees que podrías hacer tú, sola? ―le gritó nuevamente siguiéndola con más rapidez. Ya casi la alcanzaba, sólo faltaba un poco más. Debía buscar una forma para se detuviera abruptamente.

―¡No estoy sola! ―le gritó Hinata sin mirar atrás―. Tú estás conmigo.

El comentario lo hizo fruncir el ceño, no con molestia, sino con sorpresa. ¿Realmente Hinata pensaba eso?

¿Qué importaba lo que esa niña estuviese pensando? Naruto estaba en peligro, nada más y nada menos que por culpa de su hermano. No podía permitir que nuevamente Itachi le quitara una persona importante en su vida. Por lo mismo, Hinata no se podía acercar a él, no la dejaría.

Pero era rápida. Esa era una de las ventajas de ser tan pequeña. Ya había atravesado la entrada de la Aldea y se adentraba al bosque, saltando por las ramas de los árboles para poder avanzar de forma más expedita y esquivarlo con la densidad de la foresta. Su mandíbula se tensó por la estupidez de su compañera haciendo que sus dientes rechinaran. ¿Por qué no podía entender que Itachi Uchiha era muy superior a ellos? Ni si quiera con esa nueva técnica estaba seguro de poder hacerle frente, pero sus piernas corrían motivadas sólo por el odio que sentía hacía él y el deseo de impedir que Hinata se le acercara a ese sujeto.

Sólo había una cosa que podía realizar para detenerla y no le importaba hacerlo. Naruto podría gritarle todo lo que quisiera luego, él sabía que estaba en lo correcto. Era algo que debía hacer. ¿Qué importaba si Kakashi seguía pensando que era un idiota por no apreciar a sus compañeros? Ninguno de ellos estaba ahí ahora. De seguro Naruto podría entender que Hinata corría peligro yendo en su búsqueda y que por lo mismo tenía que utilizar cualquier medio para detenerla. Las palabras habían fallado para hacerla entrar en razón, sólo quedaba un método efectivo.

No lo pensó nuevamente y lanzó tres shurikens en dirección a las piernas de su compañera.

La chica los esquivó sin si quiera mirar atrás.

―Maldición ―susurró, insultando el byakugan una y otra vez.

No importaba. El único propósito de Sasuke para haber arrojado esos proyectiles era trazar una ruta de hilo invisible amarrado a ellos. Hinata podía estar usando su byakugan, pero aun no tenía una visión perfecta con éste. Sasuke lo sabía y aprovecharía ese punto débil. No por nada Kakashi lo consideraba la mente del equipo. Tenía habilidades para poder formular planes de ejecución rápida en medio de un problema.

Hinata sintió que algo le detenía el paso haciendo que perdiese completamente el equilibrio y la movilidad.

―¿Qué? ―antes de que se diera cuenta su torso era atrapado haciendo que sus manos se apretaran contra su cuerpo y cayera de la rama en dirección al suelo.

Hinata cerró los ojos, sabía que el golpe le iba a doler. Pero el suelo nunca llegó, sino que se encontró entre los brazos de Sasuke que utilizaba su propio cuerpo para aminorar su caída. Ambos cayeron rodando por el piso con bastante velocidad.

―Uchiha-kun. ¡Desátame! ―le gritó sin titubear ni un momento. Naruto estaba en riesgo, no era hora para perder el tiempo con esas cosas―. ¡Naruto-kun…!

―¡Deja de ser tan estúpida! ―le gritó mientras ambos peleaban, sus cuerpos convulsionando para ver cuál de los dos iba a ganar la posición.

Con Hinata amarrada y él libre, no fue realmente una competencia.

Sasuke la movió y la empujó contra el suelo recargándose sobre ella, de esa forma le impedía el movimiento. La atrapó con sus piernas, sentado encima de Hinata, inmovilizando su abdomen. La joven peleó contra aquello agitando su cuerpo de forma aleatoria, pero no podía lograr sacarse a Sasuke de encima ni liberarse de los hilos. El chico llevó sus manos a los hombros de la peliazul y la empujó contra el suelo con brusquedad para que se quedara quieta.

―Su-Suéltame ―se quejó Hinata moviendo su cuerpo, mientras Sasuke luchaba contra ella para que dejara de moverse y volviera a sus cabales.

―Esto no es de tu incumbencia. Es algo entre Itachi y yo.

Hinata podía ver la forma en que ese brillo que tenían los ojos de Sasuke se apagaba, dejando en sus orbes sólo oscuridad. Su mirada parecía siniestra.

―¡Na-Naruto-kun es de mi incumbencia! ―le gritó llena de dolor. No entendía por qué Sasuke convertía todo en algo personal. Comprendía el dolor que probablemente le causaba saber que su hermano, ese sujeto que tanto daño le había causado, estaba tan cerca de él. Pero al mismo tiempo, no podía hacerse a la idea de que no le permitiese ir a ayudar a Naruto―. ¡D-Deja de ser tan egoísta! Somos un equipo, si uno de nosotros está en-en peligro los otros dos tenemos que…

―¿Egoísta? ―gritó Sasuke acercando su rostro aun más hacia Hinata haciendo que la chica se sintiera incómoda por su cercanía―. ¿Qué sabes tú lo que yo he vivido? ¿Acaso sabes lo que es tener que ver a toda tu familia morir? ¿Qué crees que se siente saber que la única persona en quien siempre pudiste confiar te traicionó? ¿Qué piensas que se siente saber que esa persona sólo te usó para sus juegos? ― Sasuke gritó, temblaba de rabia sobre el cuerpo de Hinata. La chica temió que el sello se fuera a salir de control, o incluso peor, que la terminara lastimando a ella. Sus palabras estaban llenas de odio y de algo oscuro que incluso podía ver acumulándose alrededor de él. Suavizó el byakugan hasta hacerlo desaparecer, no deseaba ver esa oscuridad en Sasuke―. Tú no sabes. Tú no sabes lo que se siente llevar sobre los hombros las voces de toda tu familia pidiendo justicia por sus vidas. ¡No estás en mi cabeza escuchándolos gritar todo el tiempo!

―El-el funeral de tus padres ―susurró Hinata mostrando una profunda tristeza. Su comentario dejó a Sasuke helado.

―¿Qué? ¿Qué hay con el funeral de mis padres?― Sasuke le preguntó sintiendo algo helado en su espalda.

Lo había sospechado. Desde el primero día en que le dijeron que iban a ser un equipo había temido que ella se acordara de eso. Se apoyó sobre sus palmas que reposaban en el suelo a los costados de Hinata y se levantó levemente para verle el rostro con más claridad, sentándose sobre las piernas de la chica.

―¿De qué estás hablando, Hyūga?

―Yo estuve ahí. No sé si lo recuerdas.

―No estaba prestando atención precisamente a las personas que fueron a…

―Recuerdo que estabas parado frente a sus tumbas ―Hinata lo interrumpió recordando con claridad ese horrible momento en su vida, huyendo de la mirada de Sasuke―. Lloraste. Podía ver el profundo dolor que sentías, pero ―Hinata lo recordaba. No era odio lo que había en ese niño que acababa de perder a sus padres, sino duda y miedo―, ya los habían enterrado pero tú-tú nunca te moviste. Debí haberme ido de ese lugar, dejarte solo en tu dolor. Pe-pero recordé cómo me sentí yo cuando Ka-san murió y-y solté la mano de Ko…

―¡Cállate!

La imagen de dos niños bajo la lluvia cruzó la mente de Sasuke. Recordó que fue la única persona que se acercó a él. Sintió pasos y la calidez de la respiración de alguien cerca de él, lo cual lo hizo mirar hacia un costado y ver quién era que se había parado a su lado. La sonrisa que Hinata le había ofrecido ese día, lo había salvado de querer morir ahí mismo, de acabar con su vida que había perdido sentido por completo. Ella había sido la única persona que se había parado junto a él sin decir nada. Había agradecido ese silencio reconfortante. Ese silencio le había cantado directamente al alma.

Todas las demás personas buscaban palabras vacías de condolencias, pero Hinata había logrado hacer que parara de llorar sólo sonriéndole como si entendiera perfectamente su dolor. Nunca había olvidado aquello, por lo mismo, nunca le había hablado a Hinata Hyūga cuando eran compañeros de la Academia. Era humillante para alguien tan orgulloso como él saber que había olvidado su odio mientras permitía que esa niña entrometida le sostuviera la mano bajo la lluvia un momento. Todo ese tiempo había intentado olvidarse de eso, que otra persona lo confortó en el momento más vulnerable de su vida y que él lo permitió. No iba a admitir que había sido tan patéticamente débil como para necesitar de alguien más.

―¡Cállate, Hinata! ―sus manos apretaron con más fuerza los hombros de la chica y la sacudieron contra el suelo―. ¡No me vuelvas a hablar sobre eso! ―el recuerdo lo llenaba de vergüenza y rabia.

Un Uchiha no lloraba. Un Uchiha no mostraba debilidad frente a otros. ¿Quién se creía Hinata para hablarle de su debilidad? Si antes estaba temblando de rabia ahora podía escuchar el sonido de su propio corazón quemando su pecho.

―¡Si me lo recuerdas una vez más te juro que te mataré! ¡No me importa que seas de mí propio equipo!

Sasuke estaba respirando con rapidez y fuerza, su agitación era evidente. Kakashi-sensei le había dicho a Hinata que sus ojos eran lo que mantenía unidos a sus compañeros, que viera, que viera más allá de lo que veían las demás personas y en ese momento vio el dolor que pesaba sobre el alma de Sasuke Uchiha y se sintió profundamente conmovida, tan conmovida como cuando veía a Naruto solo, cuando veía a Naruto siendo rechazado por todos, como cuando veía a Naruto y deseaba correr hacia él, decirle que ella sería su amiga, que no estaba solo.

―¡No me importa quienes sean! ―le gritó Sasuke―. Si interfieren en mi sueño sufrirán el mismo destino que Itachi.

Hinata sabía que estaba arriesgándose a que la golpeara, pero no vaciló en sus palabras. Ella nunca retrocedía en lo que decía. Naruto le había enseñado eso.

―¿Re-Realmente te hará feliz ma-matar a tu propio hermano? ―en ese momento Hinata aprovechó para sacar un kunai de su bolsillo del costado y rompió las cuerdas. Sasuke la miraba con una mezcla de duda, furia, sorpresa y desconcierto, sin moverse ni hablar―. Uchiha-kun, por favor, de-detente ―le dolía la forma en que la estaba apretando. Podía ver el labio de Sasuke temblando.

―¡Deja de mirarme como si me tuvieses lástima! ¡Eres estúpida, Hinata! ¡Eres una fracasada! ¡Tal como Naruto! ¡ no puedes sentir lástima de !

Sasuke ni si quiera se movió después de eso, como si algo dentro de su pecho estuviese muriendo. Sentir los ojos llenos de misericordia que le mostraba Hinata lo hacía sentirse desnudo frente a ella, como si el byakugan pudiera ver más que las corrientes de chakra. Como odiaba esos ojos en aquel instante, podía habérselos arrancado sólo para que dejara de mirarlo de esa forma.

Pero Hinata no vaciló. Recordó lo que Naruto le había dicho.

No dejes que nadie nunca te trate así Hinata, ni Sasuke, ni ese imbécil de Neji. Tú eres asombrosa. Nunca dejes que nadie te convenza de lo contrario.

―No me importa ser una fracasada. Naruto-kun y yo somos fracasados, pero orgullosos. No importa cuántas ve-veces fracasemos al intentar algo, lo volvemos a intentar una y otra vez. Esa es la verdadera fuerza de-dentro de Naruto-kun. Dentro de mí…

―No me hagas reír ―susurró Sasuke con amargura, su mirada escondida bajo su flequillo.

Parecía no tener intensión de moverse de su posición, ahí sentado sobre Hinata. La chica miró hacia un costado. Cada segundo que pasaban discutiendo era un segundo más en el que Naruto estaba en peligro.

―Uchiha-kun, estás ob-obsesionado con un hermano que te abandonó y te dejó lleno de dolor. Estás tan obsesionado con él que no te das cuenta que ―Hinata movió el rostro mirando hacia el cielo, las nubes se estaban moviendo lentamente. Sintió deseos de llorar, pero debía mostrarle a Sasuke que entendía su dolor, que de verdad lo entendía, tanto que a ella misma le dolía. Tanto como lo había podido sentir el día en que ambos se quedaron mirando las tumbas de los padres de Sasuke―, tienes un hermano con quien no te une un lazo de sangre ―la voz de Hinata era tan suave, parecía un susurro en aquel bosque. La chica sabía que no tenía tiempo que perder, pero no podía dejar a Sasuke ahí mirando el suelo con sus ojos vacíos y llenos de dolor―. Naruto-kun siempre di-dice que si hubiese tenido un hermano, sería como tú.

―¡Ya basta! ―le gritó Sasuke controlando su mano para no darle vuelta el rostro. Se tomó la cabeza como si le doliese, como si de un momento a otro las voces de su pasado le fuesen a reventar el cráneo―. Cuando mis padres murieron, el único hermano que quedó vivo fue Itachi. ¡Yo sólo he vivido con la esperanza de matarlo! Ese es el único motivo por el cual aun estoy vi…vo.

La última palabra fue apenas un susurro.

¿Qué estaba pasando? ¿Qué era esa calidez que rodeaba su cuerpo con fuerza?

Dejó escapar un pesado suspiro de sorpresa al poder comprobar con sus ojos que justo junto a su rostro se encontraba la cabellera azulada de su compañera. Lo había abrazado y lo seguía sosteniendo con fuerza. Había apegado su pequeño cuerpo al de él sin pedirle permiso, sin decirle palabra, sin cuestionar su odio más allá que con una suave murmullo.

―Sasuke-kun.

Era la primera vez que la escuchaba decir su nombre y no su apellido. Siempre lo trataba de manera tan formal y cortés; en el fondo lo había irritado desde el primer día que se refiriera a Naruto por su nombre y hacia él con su apellido, como si de por sí estuviese poniendo una muralla de formalidad entre ambos. El sonido le provocó un escalofrío en todo el cuerpo que no supo entender, o más bien, que con casi trece años de edad no quiso entender.

Se sintió seguro. Sus brazos parecían un pequeño refugio en donde nada podría volver a tocarlo ni lastimarlo y un deseo ferviente de proteger a esa niña comenzó a anidarse en él.

―Suéltame ―susurró irritado, confundido y tiritando―. Hinata…

―No estás solo ―fue lo único que la chica dijo, moviendo sus manos, lentamente, hacia la espalda de Sasuke hasta que sus dedos pararon en su cuello. El roce hizo que cerrara los ojos y se comenzara a calmar.

―¡Suéltame! ―le gritó Sasuke de nuevo, se negaba por completo a dejarla hacer eso―. ¿Qué rayos haces? ¿Qué te pasa? ―pero Hinata no respondía, sólo permanecía ahí aferrada a él. Su instinto le decía que la empujara, que la alejara y que corriera de ahí lo más rápido que podía, aun así, no podía moverse. Estaba pasmado―. ¿Por-Por qué…? ―le preguntó con angustia.

―Sasuke-kun, tú, tú eres ―le susurró la niña, Sasuke sentía que la voz de la peliazul lo adormecía―, alguien especial para mí.

Se quedó quieto. El silenció volvió a embargarlo y entendió que podía decirle que lo dejara, que era una fracasada, que no quería volver a verla, que se alejara de él y se llevara sus patéticas palabras para siempre; pero no podía, porque en el fondo, no quería. Hacía años nada se sentía tan bien como ese momento que vivía. El calor de otra persona, sentir la verdadera preocupación que despertaba en ella, lo hacían sentir como cuando llegaba a su casa y su madre le daba la bienvenida con una sonrisa.

¿Si quiera quería que ella estuviese preocupada? Por lo general era autosuficiente, odiaba depender de cualquiera y aun más sentir que otros lo miraban en menos. Él era un Uchiha, no necesitaba nada más que el peso de su nombre. Esa era la herencia que sus antepasados habían dejado para él.

Pero se sentía tan solo la mayor parte del tiempo, sólo Naruto y Hinata aliviaban aquella sensación de dolor, soledad y odio. Ese deseo de venganza que lo mantenía despierto en las noches, dando vueltas sobre su cama sin poder encontrar alivio. Hinata, de una forma poco común, había encontrado ese consuelo que tanto había buscado sin permitirse encontrarlo en ninguna otra forma que no fuese volverse más fuerte para vengarse.

Sus manos se movieron solas después de eso, y ahí, sentando sobre las piernas de Hinata Hyūga la abrazó de vuelta. Toda esa angustia que lo estaba consumiendo desde el día en que se encontró completamente solo se calmaba. Era liberador dejar de cargar por sí mismo con el peso de las voces de todos los muertos en las calles del barrio Uchiha.

En su mente hubo silencio por primera vez desde la masacre de su clan.

Suspiró pesadamente, cerrando los ojos. No quería pensar en nada, no quería ver nada, no quería si quiera considerar lo patético que debía verse aferrado a una chica como si su vida dependiera de ello. Sus manos comenzaron a temblar nuevamente mientras escondía el rostro en el cuello de Hinata, rozando la mejilla con su delicada piel.

―Eran-Eran tantos ―murmuró Sasuke. Podía aspirar el aroma de la cabellera de Hinata mientras hablaba y la voz se le quebraba―. Eran tantos. No pude hacer nada aparte de llorar como un cobarde.

¡No me mates!

En su memoria aun estaba corriendo de los pasos despiadados de quien había admirado toda su vida, del hermano a quien había amado como a nadie más. Su corazón se desbordaba cuando recordaba la forma en que había suplicado en la calle alrededor de los muertos cuando logró alcanzarlo.

No me mates…

Ni si quiera vale la pena matarte.

―No puedo, no puedo ―susurró Sasuke. Hinata sentía que se estaba ahogando entre sus brazos. Se estaba aferrando a ella como si fuera el aire que sus pulmones no le permitían inhalar. La estaba apretando con tanta fuerza que le llegaba a incomodar. ¿Cuánto tiempo habría pasado ese chico sin que se permitiese un momento de humanidad con otra persona?―. Ni tú, ni Naruto pueden. No pueden…

Hinata lo consoló sintiendo que los ojos se le llenaban de lágrimas.

―No po-podemos entender el dolor que sientes ―lo arrulló y retiró su rostro para mirarlo―. Pero s-si nos dejas, podemos…

Actué como el hermano mayor que deseabas… para poder medir tus capacidades. Y ahora, es tu turno de poner a prueba las mías. Tienes ese potencial, muy dentro de ti. Has estado celoso de mí y me has odiado, continuamente has apuntado sólo a superarme. Es por ello que te dejaré vivir, sólo para medir mi capacidad contra ti algún día.

―Esto es algo, es algo… ¡Que debo hacer solo! ―respondió con frialdad, retirando el rostro y mirando hacia un costado con un leve rubor de vergüenza y rabia consigo mismo por ser tan patético. Vio completa debilidad en haber dejado que esa chica lo consolara, aunque hubiese sido tan sólo un momento―. Cuando encontremos a Naruto, no quiero que intervengas. Este es un asunto entre Itachi y yo.

―Está bien ―dijo ella sintiéndose estúpida por haber invadido el espacio que Sasuke resguardaba con tanto recelo―. N-no lo haré.

Hinata bajó el rostro suspirando, había intentado con completa sinceridad traspasar esa barrera que Sasuke ponía entre su corazón y el mundo. Pensó que lo había logrado, pero justo cuando sentía que comenzaba a conocer al verdadero Sasuke Uchiha, aparecía nuevamente ante ella ese sujeto lleno de frialdad y seriedad, que no se permitía llorar ni pedir nada.

El chico se puso de pie y Hinata lo siguió.

―¿Sabes a dónde se dirigía Naruto? ―preguntó sin voltearse a verla.

―La ciudad de los hostales ―respondió Hinata.

Sasuke no esperó, solo comenzó a correr en esa dirección. Hinata lo siguió sintiendo que había sido un gran error intentar acercarse a su compañero. Sasuke no era Naruto. Nunca lo sería.

·

·

·

·

·

―Vamos Ero-sennin, cómprame un tazón de ramen ―insistió Naruto tirando del brazo del legendario sannin―. ¡Ero-sennin! ¡Ero-sennin! ¡Ero-sennin!

―Dios. ¿Es que nunca te callas? ―le gritó Jiraiya ignorándolo y caminando en dirección a la posada en donde se quedaría con Naruto esa noche. Aun no sabía si Tsunade se encontraba en ese lugar.

―¡Hemos caminado todo el día! ¡Caminar! ¡Caminar! ¡Caminar! ―se quejó Naruto cruzándose de brazos―. Dijiste que me enseñarías una técnica nueva y hasta ahora lo único novedoso que he aprendido es a mirar el camino y para no pisar excremento de perro.

―Me es un poco difícil imaginar que no sabías que el excremento no se pisa ―Jiraiya parecía divertido con lo que Naruto decía. Había estado gritando alrededor de diez minutos sobre el hecho de haber pisado excremento por el camino.

―¡Ya sabes a lo que refiero! ―le contestó Naruto irritado.

El chico se sentía bastante frustrado con todo ese viaje. En un comienzo la idea de aprender una nueva técnica más asombrosa que el chidori lo había entusiasmado, pero entre más caminaba con su pervertido maestro, más se daba cuenta de que lo que menos quería hacer ese hombre era entrenarlo. Por el contrario, lo único que parecía capturar su interés era mirar mujeres y sus ojos recorrían de bar en bar como si estuviera localizando un buen lugar para, sorpresa, conocer mujeres.

Si Naruto hubiese sabido que ese viaje iba a apestar tanto, se hubiese quedado en Konoha a entrenar taijutsu junto con Hinata o intentar convencer a Kakashi que le enseñara el chidori. No podía quedarse de brazos cruzados viendo como Sasuke aprendía cosas nuevas y él no.

Pensó en sus compañeros al fijar su vista en los negocios ambulantes de la calle y notar como vendían rollos de canela y onigiris.

De seguro eso le gustaría a ambos ―se dijo a sí mismo sonriendo.

―¿Qué es tan gracioso? ―le preguntó Jiraiya mirando en su dirección.

―¿Qué te importa? ―le respondió sacándole la lengua. Su reacción provocó que una gota de sudor cayera por la frente de su maestro. Naruto se rió un poco, temeroso al ver los ojos que ponía el anciano pervertido, por lo que corrigió su respuesta―. Me acorde de Sasuke y Hinata.

Jiraiya lo miró con curiosidad mientras masticaba uno de los dangos que había comprado.

―Oh, tus compañeros de equipo.

―No ―respondió Naruto con una sonrisa―. Mis amigos.

Su sonrisa se enanchó después de eso. Era increíble no sentir esa rabia dentro de su pecho porque nadie lo tomaba en cuenta. Una vez se lo había dicho a Hinata. El solía actuar de forma escandalosa, pretendiendo ser fuerte porque por dentro estaba enojado, muy enojado de que nadie mirara en su dirección.

Eso había cambiado, tenía una amiga que le llevaba ramen después de entrenar, que ponía su vida en riesgo por él y también tenía un amigo que lo insultaba constantemente, que lo retaba a mejorar cada paso en el camino y que lo hacía querer ser más fuerte para que así éste lo reconociera como su igual.

―¡Ya te alcanzo Ero-sennin, le quiero comprar un regalo a ambos! ―gritó Naruto sintiéndose extrañamente feliz.

Jiraiya suspiró pesadamente. Naruto no podía quedarse quieto. En el fondo pensó que lo que realmente estaba haciendo era ir a buscar un lugar que vendiera ramen. Pero eso daba igual, si el chico desaparecía de su vista podía ir a ese recinto frente al hostal que decía "Girls, Girls, Girls". Sus mejillas se pusieron completamente rojas pensando en ello.

―Está bien. Toma las llaves de la posada, moldea chakra hasta que yo vuelva.

Naruto suspiró. Sabía exactamente qué significaba eso de ir a moldear chakra, era casi como si Ero-Sennin le estuviese diciendo "no molestes".

Caminó en dirección a un local que vendía diferentes cosas, pequeños recuerdos, variadas tonterías. Recorrió los pasillos con su monedero en forma de sapo contando el dinero que tenía. Era muy bueno ahorrando lo que le daban por completar misiones junto con Hinata y Sasuke, pero siempre solía gastarlo todo comiendo ramen. Aun así tenía los suficientes fondos como para poder permitirse comprar algo para sus amigos.

Los precios en esa ciudad eran bastantes descabellados y parecía que había un negocio vendiendo recuerdos en cada esquina. No era de extrañarse, después de todo, se especializaban en hospedar viajeros,. Era casi una ciudad exclusivamente construida a base del turismo.

Luego de circular los pasillos se decidió por comprarle a Hinata una cajita con popurrí, sabía que le gustaba prensar flores y popurrí de pétalos de cerezo secas era bastante cercano a lo que a ella le gustaba. A Sasuke le compró un set de kunais que brillaban en la oscuridad. Le pareció un regalo bastante apropiado ya que su compañero sólo pensaba en entrenar todo el tiempo.

Sonrió mientras pagaba y ponía las cosas en su mochila. ¿Quién se hubiese imaginado sólo un año atrás que él, Naruto Uzumaki, tendría dos amigos como ellos? De seguro él no.

En la academia odiaba a Sasuke. Le parecía un sujeto demasiado confiado en sí mismo, un tanto altanero y solitario. Luego supo que el motivo por el cual Uchiha siempre estaba aislado se debía a que toda su familia había sido muerta y él era el único sobreviviente de esa masacre. Aquello lo hizo sentir un poco mejor, no porque le causara felicidad el asesinato del clan Uchiha ni el dolor de Sasuke, sino porque al menos en su curso había una persona que estaba tan sola como él. Muchas veces quiso acercarse y hablarle, pero esa actitud oscura que le mostraba a todos lo irritaba profundamente.

Desde entonces, siempre había buscado vencerlo de alguna manera. Cada vez que Sasuke realizaba algún ejercicio, Naruto lo seguía intentando superarlo sin nunca poder conseguirlo. El Uchiha siempre lo humillaba y todo lo empeoraba cuando el resto de sus compañeros le decía que era un inútil, un fracasado, un perdedor de lo peor. Todos menos Hinata Hyūga, que lo miraba con un rostro extraño.

Los tres eran tan distintos, con personalidades completamente opuestas una de la otra. Sin embargo, había algo que los unía y eso era la preocupación que parecían mostrarse entre ellos cada vez que estaban en problemas. Eran un equipo y aquello lo hacía feliz. Hacía mucho tiempo no se sentía tan feliz. No estaba solo. Ya nunca más estaría solo.

Comenzó a caminar hacia el hostal al final de la calle. Tenía la seguridad de que pasarían varias horas antes de que Ero-sennin volviera, lo cual lo hizo sentirse frustrado. Miró el llavero y observó que su habitación era la 2B. Bostezando, subió los brazos y comenzó a subir las escaleras hasta que llegó a su cuarto.

Se tiró sobre la cama de inmediato y cerró los ojos. Caminar todo el día no era para nada agradable, sin embargo, tampoco era muy placentero que digamos hacerse a la idea de que mientras él estaba recostado, Sasuke estaba entrenando.

―¡Bastardo! ―gritó sentándose sobre la cama y poniéndose en posición de meditación para moldear chakra―. ¡No me superarás! ¡Juro que no me ganarás nunca!

Hizo los sellos y formó un clon de sombra. Imaginó que de esa forma sería mucho más sencillo poder entrenar, tenía que conseguir moldear su chakra como dé lugar, pues según Ero-Sennin ese era uno de los fundamentos básicos para la nueva técnica que estaba a punto de enseñarle.

Suspiró cansado, concentrándose nuevamente. Sin embargo, apenas logró poner su mente en blanco sintió que alguien tocaba la puerta.

―¡Estúpido Ero-Sennin! ― Gruñó recordando que las llaves de la habitación estaban con él―. ¿Cómo se supone que voy a poder moldear chakra si se la pasa interrumpiéndome una y otra vez? ―disipó los cinco clones de sombra que había logrado crear hasta ese momento y comenzó a caminar a la puerta―. Ya voy, ya voy ―puso su mano en la perilla y la abrió, sólo para encontrarse con un par de ojos color escarlata mirándolo fijamente. Sintió sospecha de inmediato. ¿El sharingan? ¿Eso era lo que había frente a él?―. ¿Sasuke? ―preguntó―. ¿Qué rayos haces aquí?

―No hay tiempo para hablar ―le respondió recuperando el aliento.

―¿Hinata? ―Naruto no entendía nada. Una cosa era que Sasuke estuviera con el sharingan activado pero que Hinata estuviese utilizando también el byakugan hacía de todo eso algo demasiado extraño para procesarlo en su mente―. ¿Qué está pasando?

―Na-Naruto-kun, te encontré con el byakugan, pero de-debemos salir de aquí.

―¿Salir? ¿Por qué? ―preguntó Naruto mientras Sasuke tiraba de su manga para sacarlo al pasillo.

―¡Deja de hacer preguntas, idiota! ―le gritó nuevamente, se veía muy enojado.

―¿Qué está pasando? ¡Sasuke! ―exclamó Naruto mientras lo tomaba con fuerza de la muñeca para sacarlo del hostal―. ¡Deja de tirarme como si fuera un muñeco de trapo!

―¿Dónde está Jiraiya? ―preguntó Sasuke.

―Qué se yo ―respondió Naruto mientras bajaban corriendo al lobby.

―Hyūga, busca a Itachi. Se parece a mí, cabellera negra, ojos negros, piel pálida. Tiene ojeras como si nunca durmiera o estuviese enfermo. Usa una cola de caballo ―al menos así Sasuke recordaba a su hermano mayor―. Hidan dijo que era miembro de Akatsuki, debería andar con esa ropa extraña que ellos usaban también, esa túnica negra con nubes rojas.

―Entendido ―dijo Hinata asintiendo. No esperaba que Sasuke nuevamente se apoyara tanto en sus ojos, pero la hacía sentirse útil, sobre todo porque sabía que estaba protegiendo a Naruto―. No lo veo ―respondió Hinata revisando con su mirada cada rincón, cada detalle, cada persona que sus ojos encontraban―. Al menos no en un radio de cien metros.

―¿Cien metros? ―preguntó Naruto con una enorme sonrisa―. ¡Asombroso! Hinata-chan está mejorando cada vez más.

―¡No es hora para ponerte a halagar a Hinata! ¡Perdedor! ―lucía visiblemente molesto con las sonrisas que se daban ella y Naruto―. ¡No la desconcentres!

―¡Encontré a Ji-Jiraiya-sama! ―avisó Hinata con seriedad―. Treinta y dos metros norte, frente al hostal. Está con dos mujeres en un lugar que parece un, un bar ―Hinata se estaba poniendo roja―. No creo que quiera que lo interrumpamos.

―¿Por qué no? ―preguntó Naruto subiendo una ceja.

―¿A quién le importa lo que quiera o no? ―gritó Sasuke en medio del lobby, dirigiéndose a la puerta de entrada.

Naruto y Hinata se miraron para luego seguirlo. La chica se sentía completamente aliviada de que hubiesen podido dar con Naruto antes de que Itachi lo hiciera. Habían llegado a la ciudad de los hostales y Sasuke le había vuelto a decir que sería sus ojos. Cada vez que escuchaba esa frase se sentía satisfecha consigo misma, era una señal de que su compañero confiaba en ella por mucho que le repitiera que era débil e inútil.

Kakashi le había dicho que nadie podía superar su visión y si parte de su trabajo en equipo consistía en cuidar de Sasuke y Naruto mediante su visión, se sentía feliz de hacerlo. Se imaginó el enorme esfuerzo que hubiesen tenido que realizar yendo de hostal en hostal buscando a su compañero sin su dojutsu, al menos el byakugan les había ganado valiosísimos segundos.

Entraron al local que decía "Girls, Girls, Girls" justo donde Hinata había indicado se encontraba Jiraiya. El sujeto estaba con una mujer en cada brazo, riendo feliz de la vida. Parecía estar divirtiéndose como nunca pero cuando vio tres pares de ojos observándolo irritado (Sasuke), furioso (Naruto) y avergonzada (Hinata), tosió con disimulo y soltó a las muchachas.

―¿Esto es lo que haces en vez de estar entrenándome? ―le gritó Naruto saltando sobre la mesa y sujetando la tela que cubría el pecho de Jiraiya― ¡Erooooo-senniiin!

―¡Ey! ―gritó un sujeto atrás del bar―. ¡Nada de niños aquí!

―Ya, ya, ya los saco ―dijo Jiraiya poniéndose de pie y pidiéndole disculpas a las señoritas que lo acompañaban.

―Ero-Sennin, bastardo ―gruñó Naruto.

Los cuatro salieron a la entrada del local y Jiraiya se veía bastante ebrio. No tanto como para haber perdido la razón y movilidad de su cuerpo, pero lo suficiente como para formar un ridículo rubor en su nariz y mejillas.

―Cielos. ¿Qué se supone que hago con tres niños ahora? ―murmuró Jiraiya mientras se tomaba la cabeza como si le doliera―. Sólo acepté llevarme a Naruto ―gruñó―. Mis días como instructor ya quedaron atrás, realmente no tengo la paciencia para entrenar a dos más y Naruto de por sí es ruidoso…

―¡No estamos aquí para que nos entrenes! ―dijo Sasuke molesto. Ese sujeto era tan despistado como Naruto. Parecía que no le prestaba atención a nada―. Kakashi esta inconsciente. Itachi Uchiha lo atacó. Dijo que está tras Naruto ―Sasuke fue al grano, quien sabía si Itachi estaba asechándolos en las sombras―. Están en peligro.

―Ya veo ―murmuró Jiraiya―. Con que se comienzan a mover. No pensé que fueran a demorarse tan poco ―suspiró con cansancio, se estaba volviendo muy viejo para seguir con eso de ser ninja.

―¿Qué tiene Naruto que le interesa a mi hermano? ―preguntó Sasuke. Cuando se trataba de Itachi perdía la paciencia por completo―. ¿Por ello nos atacaron en Takigakure esos sujetos de Akatsuki?

―No se preocupen, mientras esté cerca nada malo le ocurrirá a éste idiota ―respondió Jiraiya poniendo una malo sobre la cabeza de Naruto y desordenándole el cabello, lo cual lo hizo enrojecer de rabia.

―¡Ey! ¡Ero-Sennin! ¡Se supone que deberías alentarme al ser mi maestro! ―alegó Naruto enojado.

―¡Pero Itachi…! ―comenzó a alegar Sasuke para ser interrumpido de cuajo por Jiraiya.

―Descuida. Itachi fue un ninja de Konoha ―Jiraiya parecía demasiado confiado de sí mismo, como si nada ni nadie lo pudiera tocar―. Sabe la reputación que me precede. No hará nada descabellado mientras yo esté aquí. Vengan, les compraré algo para cenar.

Hinata disipó el byakugan respirando agitada, apoyando sus manos sobre sus muslos para mantenerse de pie. Haberlo ocupado con tanta intensidad y por tan prolongado tiempo la había agotado y respiraba fuertemente.

Jiraiya se percató de que Sasuke no se movía, pero que también sus ojos rojos pasaban nuevamente a ser negros. Se veía terriblemente cansado, ¿Por cuánto tiempo habían estado utilizando sus dojutsus? Eran sólo niños y ocupar técnicas oculares requería de una cantidad ridícula de chakra, no era algo que se debía mantener activo más de unos minutos.

―¿Hinata-chan? ¿Estás bien? ―preguntó Naruto acercándose a ella y poniendo una mano sobre su espalda para ayudarla a afirmarse nuevamente.

―S-sí Naruto-kun, descuida ―le sonrió. Estaba aliviada de que Naruto no hubiese resultado lastimado―. Lo importante, es-es que tú estés bien.

―Chico, ese sharingan tuyo utiliza muchísimo chakra ―le dijo Jiraiya, mirando como Sasuke estaba apenas manteniéndose en pie―. Se quedaran aquí esta noche con nosotros. Mañana veremos qué haré con ustedes dos.

Los cuatro comenzaron a caminar a un pequeño local de comida un poco más allá del hostal. Sasuke y Hinata se sentaron rápidamente y parecía como si estuviesen a punto de colapsar en cualquier minuto. Naruto sabía lo que había dentro de él, pero en ningún momento imaginó que era aquello lo que estaba buscando Akatsuki. Jiraiya tampoco se lo había dicho, no quería que Naruto viviera siempre asustado bajo el temor de ser atrapado de un momento a otro. Prefería que fuera un niño y que viviera como tal lo máximo que pudiera.

Todos pidieron dangos excepto Sasuke que comió algunas bolas de arroz. Naruto alegó una y otra vez que quería ramen, pero no lo vendían en ese lugar. Hinata comió en silencio, estaba tan cansada que sentía que todo su cuerpo estaba urgiéndole poder recostarse y dormir. Sasuke tampoco dijo mucho, pero se veía mucho más recompuesto después de comer y beber un poco de jugo de frutas. Estaba acostumbrado a usar el sharingan, mucho más de lo que Hinata estaba a utilizar el byakugan.

De pronto, Sasuke se paró y avisó que iría al baño. Jiraiya siguió bebiendo un poco de sake mientras Naruto aprovechaba y sacaba un bolo de arroz del plato de Sasuke riendo pícaramente. Hinata sonrió ante ello. No imaginó que pasaría tan poco tiempo para que se reunieran nuevamente.

―¿Qué sucedió con Kakashi-sensei? ―preguntó Naruto llenando su boca―. ¿Está bien?

―N-no lo sabemos ―respondió Hinata con suavidad―. Cuando dijeron que Itahci Uchiha es-estaba buscándote, Uchiha-kun y yo corrimos lo más rápido que pu-pudimos hacia acá.

―Sasuke ―murmuró Naruto mirando en dirección al baño―. Cada vez que escucha el nombre de Itachi, es como si fuera otra persona.

Hinata asintió.

―Está ―no sabía cómo ponerlo en palabras. El dolor de Sasuke era casi palpable cuando mencionaban el nombre de su hermano, como si su odio se desprendiera por los poros de su piel―. De-debe haber amado muchísimo a su familia y a los miembros de-de su clan, por eso no puede dejar de pensar en vengarse ―Hinata suspiró pesadamente.

―Sasuke ha cambiado mucho estos meses ―admitió Naruto―. Pero cada vez que recuerda lo que pasó, es como si algo oscuro lo cubriera.

Hinata lo miró sorprendida, ¿Naruto podía percibir aquello también?

―Naruto-kun, tú. ¿Tú puedes sentirlo?

Naruto afirmó sin hablar más. Desde que Sasuke había salido del hospital venía actuando de manera extraña. Luego, con lo del ataque de la Aldea del sonido, se volvió incluso más introvertido que antes. A veces mostraba signos de ser el mismo de siempre, pero la mayoría de las veces se mantenía silencioso y retraído, sin compartir con Hinata y Naruto más que un par de palabras. Ambos se sintieron preocupados por él. ¿Pero que podían hacer?

―El mundo shinobi es un mundo gobernado por el odio. Muchos ninjas caen vencidos no por otros, sino por sus propios demonios del pasado ―Hinata y Naruto miraron a Jiraiya, para luego terminar su último platito de sake―. Ve por Sasuke, Naruto. Nos vamos. Ya es tarde. Mañana debemos caminar hacia la próxima ciudad.

Naruto puso cara de fastidio y se paró de la mesa. Hinata apenas había comido, no tenía hambre. El mundo parecía reducirse a su alrededor por algún motivo. Quería poder ayudar a Naruto y a Sasuke pero muchas veces se sentía sobrecogida por una sensación de que todo eso era demasiado para que alguien de su edad pudiese llevarlo. Tenía que pensar en sus propios miedos y frustraciones; pero también estaba Sasuke y sus temas familiares pendientes, y el hecho de que cada segundo que pasaba con Naruto, más sentía que no quería volver a separarse de él.

―Hinata-chan, no te preocupes tanto por esos dos ―dijo de pronto el maestro. La chica sintió que una mano era puesta sobre su hombro derecho―. Fuiste bendecida con un corazón amable y noble, es normal que sufras cuando ves que aquellos que quieres están sufriendo, pero no puedes cargar con los problemas de otras personas. Debes ser fuerte, como la kunoichi del clan Hyūga que eres. Vienes de una línea de hombres y mujeres orgullosos que han representado a Konoha con honor. Aprende desde ya, que a veces la mejor ayuda que puedes prestarle a un compañero de equipo es haciendo algo o no haciendo nada.

―¿A qué se-se refiere Jiraiya-sama? ―preguntó Hinata sintiendo que su pecho se apretaba.

―Cada ser en este mundo tiene un rol que cumplir y un papel que desempeñar ―Jiraiya suspiró pensando en sus propios compañeros de equipo. Desde la infancia había estado marcado el rol de cada uno. Las personas no nacen con un corazón oscuro, no son monstruos, otras personas los hacen ser monstruos―. Sasuke y Naruto no son la excepción. Llegará el día en que te veas enfrentada a terribles decisiones que involucre a tus compañeros de equipo. Te lo digo porque veo que eres demasiado gentil y las personas con corazones como el tuyo son los que más sufren. Prepárate desde ya a dejarlos ir, impedir que se vayan o forzarlos a volver.

―Pero Jiraiya-sensei, yo,yo sé que Naruto-kun de-debe ir con usted, tiene que ver con lo del puesto de quinto Hokage. ¿No? ―Jiraiya levantó una ceja, de seguro esos ancianos estúpidos del consejo de Konoha se lo habían comentado a los del consejo del clan Hyūga, por eso la chica sabía su misión.

―Sí, debemos encontrar al candidato a quinto Hokage y traer a esa persona de vuelta a Konoha, si es que acepta ―Jiraiya suspiró pesadamente. Le habría servido una copa más de sake en ese momento en que estaba dejando su corazón sobre la mesa―. A eso me refiero con forzarlos a volver.

―¿El candidato a quinto Hokage fue su compañero de equipo? ―preguntó Hinata sorprendida.

―La quinta ―la corrigió Jiraiya―. Su nombre es Tsunade. También conociste a mi otro compañero, Orochimaru.

―¿Orochimaru? ¿El sujeto que pu-puso el sello en el cuello de Uchiha-kun? ―toda aquella información le era confusa―. Pero él atacó Konoha. ¿Cómo p-pudo alguna vez ser un ninja de la aldea?

―Hinata-chan, a veces, cuando las personas que amamos mueren a nuestro alrededor sin que se pueda hacer nada, las personas toman decisiones erradas para aliviar su propio dolor ―Jiraiya suspiró pesadamente, recordar a su amigo le dolía aun―. Ustedes no lo entenderían, son muy jóvenes y no han visto la guerra de cerca ni las atrocidades que causa la muerte de nuestros seres queridos.

―Naruto-kun y Uchiha-kun son huérfanos ―Hinata no creía que Naruto fuese capaz de tomar un camino errado sólo por eso, pero la oscuridad que rodeaba a Sasuke era muy distinta. Aquello la preocupaba, sobre todo después de ver la forma en que había actuado camino a ese lugar―. Uchiha-kun vivió para ver a sus padres morir frente a él ―Hinata también suspiró, recordando a ese niño que le había tomado la mano mirando con tristeza la tumba de sus padres―. ¿Qué sucedió? ¿Qué sucedió para hacer que un compañero le volteara la espalda de esa manera?

―La guerra se llevó a los padres de Orochimaru cuando él era muy joven. Desde ese momento en adelante vivió atormentado con la muerte de aquellos que amaba, obsesionándose lentamente con ello. Creo que comenzó a interesarse en los jutsus prohibidos intentando volver a verlos porque los extrañaba mucho ―Jiraiya miraba fijamente la mesa frente a él. Recordar a su compañero de equipo cuando era sólo un niño lleno de sueños y esperanzas le dolía, le dolía aun más saber que su maestro, Sarutobi-sensei, había muerto a manos de Orochimaru―. Descubrimos que había estado experimentando con cosas inhumanas, cometiendo crímenes horrendos para su propio beneficio, siempre buscando la forma de volverse más fuerte y más sabio. No sé por qué lo hizo, de por si Orochimaru era fuerte, no era necesario bajarse a ese punto.

―T-tomó un atajo ―murmuró Hinata, sintiendo que su pecho se apretaba. Era como si las palabras de Kakashi se repitieran en su mente: "Ve más allá de lo que un ninja ve, es la única forma de mantener a tu grupo unido…"

―¿Perdón? ―le preguntó Jiraiya quien no había alcanzado a escucharla del todo.

―Naruto-kun siempre dice que para volverse fuerte no hay atajos, sólo se debe entrenar duro, muy duro ―por lo general, cuando hablaba de Naruto sonreía, pero no esta vez. Había algo dentro de su pecho que comenzaba a tomar sentido con las palabras del hombre―. Nadie se puede volver fuerte de un momento a otro, no hay atajos para eso ―una fuerte punzada en su pecho la hizo suspirar―. Pero, Orochimaru encontró uno ―para sus adentros agregó 'Sasuke también'.

―Sí, esa es una forma de verlo ―sintió que la sonrisa de Jiraiya sobre ella era muy cálida. Se parecía mucho a la de Naruto, la hacía sentir segura, alegre y confiada en sí misma. Sí, a sus ojos había mucho en común entre Jiraiya-sensei y Naruto-kun.

Hinata se puso de pie con rapidez.

―Naruto-kun ―exclamó con fuerza avisándole a Jiraiya. Su sonrisa le había recordado que Naruto llevaba demasiado tiempo buscando a Sasuke―. Byakugan ―no lo veía, no estaba en el baño, no estaba en todo ese local y tampoco estaba Sasuke ahí―. No están aquí.

―Maldición. ¿Quién me manda a cuidar de pre-adolescentes a esta edad? ―gruñó Jiraiya suspirando y dejando algunos billetes sobre la mesa―. ¿Tienes suficiente chakra para utilizar tu byakugan?

―Sí ―respondió Hinata sintiendo que entraba en pánico.

―Bien, pues vamos a utilizarlo para encontrar a esos dos tarados.

·

·

·

·

Sus pasos se escuchaban por la ciudad mientras caminaba. Su cabellera rubia se movía de un lado a otro con el viento, su banda ninja le disgustaba levemente por lo que se la acomodó, su ropa anaranjada llamaba la atención de más de una persona. Pero nada de eso importaba, no por ello sus pasos se hacían más lentos o menos decididos.

Metió las manos en los bolsillos, mirando de un lado a otro, buscando como un gato en medio de la noche. Sus ojos azules no dejaban de moverse, de llamar la atención a las personas que se preguntaban qué hacía un niño en medio de la calle a esa hora y solo.

Se metió a un callejón oscuro. No había mejor lugar que ese para buscar y ser encontrado. Y no estuvo en un error. Sabía que no lo iban a interceptar en medio de la calle con tantos testigos.

―Naruto-kun ―esa voz lo encrespaba, tan vacía y educada―. Ha llegado el momento que vengas conmigo.

―Uchiha, Itachi ―se volteó lentamente, sintiendo que sus manos comenzaban a temblar.

―Debería cortarle una pierna o algo para que no se escape. ¿No crees? ―preguntó el hombre al lado de Itachi.

El silencio del mayor de los Uchiha daba a entender que le era indiferente lo que hicieran con Naruto. Sus ojos se veían cansados, muy cansados. Estaba más pálido que de costumbre y con menos expresión de lo que recordaba. Ambos vestían de la misma forma, sólo que este sujeto llevaba una especie de espada envuelta en tela blanca. No lo miró dos veces, sus ojos estaban completamente enfocados en Itachi.

―No te muevas pequeño ―dijo el sujeto con una voz rasposa que le produjo asco, pero nuevamente, ni si quiera se molestó en observarlo.

―No es Naruto-kun ―dijo Itachi de pronto―. No veo el chakra del Kyūbi ―dio un paso en frente diciendole a Kisame sólo con su posición corporal que no interfiriera―. Ha pasado mucho tiempo, Sasuke. Disipa el henge, tus técnicas no pueden engañar a mis ojos.

―Itachi Uchiha ―una nube de humo disipó la técnica y un hermano mayor se encontró frente a su hermano menor―. Sabía que te encontraría eventualmente si lucía de esta forma.

―Sasuke, no tengo interés en ti en este momento ―los ojos de Itachi brillaban con tonos escarlata en la oscuridad. Sasuke activó su sharingan también―. Vete por donde llegaste.

―Sharingan y se parece mucho a ti, Itachi-san. Que interesante ―murmuró el sujeto de piel azul y extrañas marcas en el rostro―. Pensé que todo el clan Uchiha había sido eliminado, por ti ―dejó escapar una leve risa que sonaba bastante divertida―. ¿Quién es este mocoso?

―Mi hermano menor ―respondió con frialdad, casi indiferencia.

Tonto hermano menor. Si deseas matarme, ódiame, detéstame y vive de forma miserable. Corre. Corre y aférrate a la vida. Y cuando tengas ojos como los míos preséntate ante mí nuevamente.

―Tal como dijiste te he odiado, detestado y sólo para matarte yo he sobrevivido una y otra vez ―la voz de Sasuke estaba cargada de rabia. Sus ojos se veían completamente distintos a la forma en que cualquiera lo hubiese visto antes. La tensión entre ellos era casi palpable mientras el chico comenzaba a formar los sellos y rayos de electricidad alumbraban el callejón―. Nunca te perdonaré por lo que hiciste, quiero verte morir, quiero verte ahogar en tu propia sangre.

Los párpados de Itachi subieron levemente. Ver que su hermano menor podía utilizar una técnica que sólo había visto en Kakashi Hatake lo sorprendía.

―¿Chidori? ―le preguntó a Sasuke sin quitarle los ojos de encima―. Muéstrame lo que has avanzado en base a tu odio, Sasuke.

Tú y yo somos hermanos únicos. Como un obstáculo que tienes que vencer, yo siempre estaré aquí para ti incluso si me terminas odiando por ello. Para eso son los hermanos mayores.

Sasuke aferró sus dedos a la muñeca de la mano en que estaba formando el chidori. Sentía el odio hacia ese individuo fluir por sus venas. Podía percibir su corazón latiendo lleno de rencor y al mismo tiempo dolor por el hecho de que aun viviera. Que Itachi estuviese respirando frente a él era una ofensa para su familia, para su madre, para su padre, para sus tíos y amigos, para cada uno de los miembros del clan Uchiha que habían encontrado ese día la muerte. Era un recordatorio que aun era demasiado débil para matarlo y aquello era lo que más le molestaba de tener que verlo ahí.

Su corazón se lo pedía a gritos, la única forma de acabar de una vez con ese dolor era matando a Itachi. Sus piernas comenzaron a correr en su dirección, los rayos de electricidad eran tan feroces que llegaban a formar tajos en el suelo mientras avanzaba, como si su chakra pudiese cortar el ambiente en que se encontraba. Estaba completamente cegado por su deseo de venganza y también por la herida abierta en su corazón.

―¡Muere Itachi! ―le gritó cuando estuvo justo frente a él.

Pero nada ocurrió. De alguna forma, Itachi le había sujetado la mano justo cuando lo tuvo frente a él. Lo miró con indiferencia y dureza, su sharingan resplandeciendo aun en tonos carmesí hasta que la electricidad en la mano de su hermano desapareció por completo.

―¿Eso es todo, Sasuke? ―le preguntó suavemente―. ¿Eso es lo mejor que puede producir tu odio?

Se escuchó el horrible sonido revotando por las paredes del callejón. Algo se había roto en el cuerpo de Sasuke. Itachi le había quebrado la muñeca de un sólo movimiento

―Esto debería ser suficiente para que dejes de molestar. Me resultas patético, Sasuke ―el menor de los uchiha gritó de dolor.

―¡Suéltame! ―le gritó sintiendo la forma en que sus huesos se trituraban―. ¡Maldito seas, Itachi! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Voy a matarte! ¡Me he preparado para esto todo este tiempo!

Sasuke estaba completamente fuera de control. Itachi no mostraba emoción al respecto al escuchar las palabras de su hermano menor.

―Tonto hermano menor ―pero no pudo terminar su frase ya que tres kunai aparecieron volando en dirección al brazo de Itachi, forzándolo a soltar a Sasuke.

El menor de los Uchiha cayó de rodillas al suelo mientras que Itachi saltaba algunos pasos hacia atrás para ver quien había sido que lo había atacado. Sasuke también subió el rostro, lleno de angustia y rabia de que alguien hubiese interrumpido su lucha contra su hermano.

―¡Sasuke! ―Naruto saltó desde la cerca al final del callejón para caer sobre un basurero―. ¡Aléjate de Sasuke, bastardo! ―se mordió el dedo pulgar rápidamente, era la única solución que veía para poder enfrentarse a sujetos tan poderosos como esos dos. Le había resultado con Gaara, ¿Por qué no ahora?―. ¡Kuchiyose no…!

―¡No interfieras, Naruto! ―le gritó Sasuke, sus ojos rojos llenos de rabia eran algo que Naruto nunca antes había visto. Se sintió impactado, lo suficiente para no terminar su jutsu―. Esta es mi batalla.

―Ya ni si quiera puedes formar sellos ―le indicó Itachi. No se veía su boca por la forma en que el atuendo negro con nubes estaba posicionado―. Se acabó ―Itachi comenzó a caminar en dirección a Naruto―. Ya te dije, no tengo ningún interés en ti. Al menos no ahora.

Esto no puede ser verdad. Tú, tú no puedes ser mi hermano.

Actué como el hermano mayor que deseabas, para poder medir tus capacidades. Y ahora, es tu turno de poner a prueba las mías. Tienes ese potencial, muy dentro de ti. Has estado celoso de mí y me has odiado, continuamente has apuntado sólo a superarme, es por ello que te dejaré vivir, sólo para medir mi capacidad contra ti algún día.

Tonto hermano menor. Si deseas matarme, ódiame, detéstame y vive de forma miserable. Corre. Corre y aférrate a la vida. Y cuando tengas ojos como los míos preséntate ante mí nuevamente.

―Y yo ya te dije, bastardo ―Sasuke puso una mano interrumpiendo el caminar de Itachi, quien movió lentamente su mirada en dirección a la del chico que estaba de rodillas en el piso―. He vivido hasta este momento sólo para matarte.

―Muy bien ―asintió Itachi―. Cumpliré tu deseo de luchar contra mí.

Itachi tomó aquella mano que interrumpía su camino y levantó a Sasuke del piso dándole de inmediato un rodillazo en el estómago que lo lanzó contra la pared con tanta fuerza que ésta se trizó. Sasuke tosió sangre de inmediato, pero antes de que pudiese caer hacia adelante, Itachi ya estaba frente a él para golpearlo con fuerza en la espalda haciendo que se estrellara contra el suelo de cara.

Lo golpeó de la misma forma, una y otra vez, hasta que ni si quiera parecía un combate sino alguien golpeando un saco de peso muerto. Sasuke no parecía hacer ningún movimiento defensivo, ni si quiera podía contra atacar, así de rápido era Itachi Uchiha. Mientras recibía los golpes uno a uno, entendió que su hermano ni si quiera se estaba esforzando, no había realizado ningún jutsu, sólo le estaba dando una paliza.

Lo tomó del cuello y lo dejó caer, arrojándolo contra la pared contraria.

―¿Ya tuviste suficiente? ―le preguntó caminando lentamente hacia él. Sasuke estaba en el suelo sentado contra la pared, mirando a Itachi sin entender cómo era posible que durante todo ese tiempo, nada hubiese cambiado entre ambos.

―Aun no, aun no he terminado ―gimió Sasuke intentando ponerse de pie, pero el dolor en su tórax era demasiado fuerte, sentía que ni si quiera podía respirar.

―¡Sasuke! ―gritó Naruto saltando desde el basurero, ya no le importaba lo que dijera Sasuke, si seguía así lo iban a matar.

―Lo siento mocoso ―lo interrumpió una figura frente a él. Su piel era azulada. Naruto nunca antes lo había visto―. Intentemos no interferir, esto es entre ellos dos.

Realmente me esforcé. Realmente hice todo en mis medios para intentar superarlo. Viví día a día pensando y planificando mi venganza. Cada paso que daba era para acercarme un poco más a él ―pensó Sasuke mientras intentaba pararse, enderezarse para seguir, para poder hacer alguna cosa contra Itachi―. ¿Por qué está tan lejos de mí? ¿Realmente todo esto ha sido inútil? ¿Voy a morir sin poder vengarlos? ¿Por qué? Pareciera que la diferencia entre nuestros poderes no ha cambiado en lo absoluto. ¿Qué he estado haciendo hasta ahora? ¿Qué…he estado…?

―Eres débil ―dijo Itachi tomando a Sasuke del cuello y subiéndolo nuevamente a su altura, golpeando su cuerpo contra la pared dejándolo completamente inmóvil suspendido en el aire―. ¿Por qué eres débil? ―más que burlarse parecía molesto, como si Sasuke fuera una gran decepción―. Es porque te falta… odio.

·

·

·

·

·