CAPÍTULO 9
QUÉDATE
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No sé, no sé si podré hacerlo por mi cuenta
¿Por qué tienes que irte dejándome sola?
Es como si perdiera algo muy importante para mí
Quédate conmigo
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Ahora veo
Ahora veo
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Que todos sufren a veces
Está bien tener miedo
Todos sufren
Todos gritan
Todos se sienten de esta forma
Y está bien
Está bien
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Es como si nada más importase
Cuando no estás aquí
No puedo respirar
Y sé que nunca quisiste hacerme sentir así
No me puede estar pasando esto a mí
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Ahora veo
Ahora veo
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Demasiadas preguntas en mi cabeza
Muchas respuestas que no puedo encontrar
Desearía poder volver el tiempo atrás
Quisiera…
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―Konoha ―suspiró Naruto mientras pasaban bajo los árboles por el camino principal, caminando más atrás de Jiraiya, Tsunade y Chizune―. Hinata. ¡No hay nada mejor que Konoha en primavera! ―Hinata llevaba a Tonton entre sus brazos sonriéndole a Naruto mientras éste hablaba― ¡Más le vale a ese idiota estar recuperado! Quiero patearle el trasero con mi nueva técnica ―subió los puños con tanto entusiasmo que Hinata no pudo evitar reír―. Fue realmente afortunado que Gai sensei los haya seguido y que se haya llevado a Sasuke al hospital de Konoha.
―Uchiha-kun ―murmuró Hinata, su sonrisa desapareció lentamente. Aún estaba preocupada por él―. De-debe estar reposando. Tenía varios huesos quebrados.
―¿Sasuke descansar? ―gritó Naruto con fuerza―. ¡Jamás! Él no sabe lo que es eso ―rió de forma escandalosa, estaba tan entusiasmado con ver a Sasuke y poder decirle que tenía una técnica tan asombrosa como el chidori que podría haber llegado a correr. Pero no era el único que había aprovechado al máximo esa semana entrenando junto con Jiraiya, Hinata también lo había hecho―. Va a estar completamente sorprendido cuando vea tu nueva técnica.
―¿Tú crees Naruto-kun? ―Hinata se sonrojó de inmediato. Haber pasado esos días compartiendo cada segundo del día con Naruto la habían motivado a volverse más fuerte para proteger a su equipo. Cada vez que veía a Naruto algo se encendía en su pecho que le decía que sus ojos debían ver a través de cualquier cosa, no escuchar a nadie que le dijera que no podía lograr llegar a ser más fuerte. Naruto era su inspiración y por ello se sentía muy afortunada―. Jiraiya-sama fue muy gentil en ayudarme, no habría podido hacerlo sola.
―Lo habrías conseguido de alguna forma. Tú eres extraordinaria Hinata-chan, además de una excelente ninja y la mejor cocinera del mundo ―la animó Naruto. El chico detestaba lo humilde que podía llegar a ser Hinata pero entendía al mismo tiempo que esa era la forma de ser de su compañera, sólo necesitaba más confianza en ella misma―. Si no hubiese sido por la forma en que lograste golpear mis puntos de chakra no hubiese podido lograr realizar el rasengan tan rápido y ganarle la apuesta a la vieja Tsunade, ¡Hacemos un buen equipo! ―Hinata sonrojó cuando escuchó eso.
―¡Ey! ¡Deja de llamarme vieja! ―le gruñó Tsunade más adelante.
―Ero-Sennin, ¿Dónde se supone que estamos? ―preguntó Naruto confundido mirando para todos lados―. ¿No se supone que deberíamos estar llegando a Konoha en cualquier momento?
―Nos hemos desviado un poco ―dijo Jiraiya esperando a Naruto por el camino para conversar con él―. Antes, pasaremos a Yugakure.
―¿Y qué tenemos que hacer en el país de las aguas termales? ―Naruto se rascó la cabeza, no entendía el motivo para ir a ese lugar.
―Tomarnos un merecido descanso ―respondió Tsunade desde adelante, subiendo los brazos para desperezarse. Sonreía con mucha felicidad imaginando todo el sake que iba a beber y las personas nuevas que iba a conocer con quienes apostar―. Quién sabe cuándo volveremos a tener tiempo libre.
―Yo aprovecharé de reunir información para mis libros ―le susurró Jiraiya a Naruto guiñándole un ojo.
Mientras caminaban, algo resplandeció en el cuello de Naruto que llamó la atención de Hinata, pero luego recordó qué era y sonrió en silencio. Su compañero portaba un collar con una piedra azul en el cuello, había sido la apuesta que realizó con Tsunade-sama. La mujer le había dado 7 días para lograr realizar el rasengan, la técnica del cuarto Hokage, pero Naruto lo había logrado sólo en 5. Parecía muy orgulloso de haber cumplido su palabra y cada vez que recordaba que podía realizar aquella técnica una sonrisa de oreja a oreja aparecía en él. Aquello había convencido a Tsunade de aceptar el cargo de Hokage y habían partido de vuelta a Konoha.
Hinata lo había ayudado con el control de su chakra cuando estuvo a punto de darse por vencido diciendo que era imposible realizarlo. La joven había logrado afinar su byakugan junto con la instrucción de Jiraiya que aprovechaba de hablar con ella mientras miraban cómo Naruto intentaba realizar la técnica. La ayuda del hombre la había hecho avanzar a pasos gigantescos, al punto de poder distinguir los Tenketsu.
Con aquello en mente, le pidió a Naruto permiso de realizar un experimento en él. El chico aceptó algo confundido, pero confiado de que Hinata nunca haría nada para lastimarlo. Fue entonces que la heredera del clan Hyūga realizó un golpe suave en algunos de los puntos de Chakra de su compañero, ayudándole a que su corriente de chakra fluyera con más rapidez y libertad. Según explicó, Neji había dicho en el torneo que si se golpeaban correctamente los puntos de chakra se podían bloquear, detener o incluso acelerar las corrientes de chakra (Durante su batalla con Kiba).
Con ese principio, pensó que podría ayudar a Naruto a acrecentar la velocidad con que desprendía chakra a través de sus tenketsus en las manos y así poder concentrarse mucho más rápido en expulsar chakra y darle la rotación necesaria. Hasta Jiraiya se sorprendió de la astucia de la chica para lograr descifrar aquello, pero los resultados habían sido claros, Naruto pudo realizar el rasengan y ganarle la apuesta a Tsunade.
Se habían detenido en unas fuentes de agua termal por el camino en la villa de Yugakure para pasar unos pocos días ahí. Se les esperaba en Konoha en 4 días, por lo tanto podían desperdiciar un poco de tiempo en ese lugar.
Hinata se quedó con Tsunade, Chizune y Tonton mientras que Naruto y Jiraiya pidieron otro cuarto. Pasaron el primer día bañándose en tranquilidad, sólo interrumpidos por los gritos de Naruto acusando a Jiraiya de ser un pervertido. Tsunade supo de los experimentos de Hinata sobre las corrientes de chakra y confesó que envidiaba, como ninja médico, no tener la habilidad de observar los tenketsus como ella y le dio un pequeño discurso motivacional alentándola a que aprendiera jutsu médico en su tiempo libre para así apoyar la causa médica en los equipos de Konoha. Hinata le dijo que lo pensaría, pero la idea de poder sanar tanto a Naruto como a Sasuke en misiones de alto riesgo realmente la hizo considerar que debía aprender aunque fuera lo básico de jutsus de ese estilo.
Al segundo día, Jiraiya desapareció con la excusa de "recolectar información". Tsunade y Chizune fueron a un pequeño encuentro de poker entre los dueños de la posada y ellas. Por lo tanto, Naruto y Hinata aprovecharon el resto de su tiempo para recorrer la ciudad de palma a palma. La primavera en el lugar había demorado un poco más en llegar y aun se sentía el frío, pero tanto Naruto como Hinata tenían ropa lo suficientemente abrigada para no sentir el clima con tanta dureza.
Mientras caminaban conversando de la nueva técnica de Hinata, una suave llovizna matinal los sorprendió en medio de la Villa y tuvieron que detenerse bajo un árbol para evitar mojarse por completo.
Permanecieron en un silencio un tanto incómodo. Naruto tenía hambre y Hinata no dejaba de pensar en lo vergonzoso que era estar en esa situación con su compañero de equipo. Lo miraba de reojo mordiéndose el labio inferior muriéndo por decirle algo, cualquier cosa, para que el chico la mirara a ella. No entendía por qué últimamente sentía esa angustia tan grande cuando estaba cerca de Naruto… no era sólo eso, también era una extraña mezcla entre felicidad y nerviosismo.
Suspiró, intentando calmarse y sacarse ese tipo de pensamientos de la cabeza. Naruto pareció notar su mueca de tristeza y se volteó a ella para preguntarle qué le sucedía. Hinata negó con la cabeza, indicando que estaba bien, pero Naruto la conocía mejor que eso para entonces. La tomó de los brazos con fuerza y la obligó a mirarlo. Los ojos del joven mostraban seriedad y preocupación, tan azules, tan hermosos, pensó Hinata sonrojando, por lo que no tuvo más remedio que decir lo primero que se le vino a la cabeza (No estaba mintiendo, realmente estaba pensando en ello).
―¿Crees que Uchiha-kun esté bien? ―se sentía realmente culpable por estar ahí divirtiéndose junto a Naruto mientras que seguramente Sasuke estaba en cama y con un yeso en su brazo―. Estoy preocupada por él.
―¿Eh? ¡No me digas que también estas enamorada de Sasuke! ¡Eso sería demasiado Hinata-chan! ―gruñó Naruto cruzándose de brazos. Todas las chicas que conocía gustaban del Uchiha y que a Hinata también la hubiese enamorado ese bastardo lo habría hecho realmente enojar en ese momento―. Se supone que tú eres distinta. Pensé que eso de que se haga el interesante y misterioso no te atraía para nada ―reclamó prolongando las palabras de forma quejumbrosa.
―No me g-gusta de esa forma Naruto-kun ―respondió Hinata rojísima de vergüenza―. Yo-yo… a mí me agrada, como…como mi compañero de-de equipo y amigo. Por favor, no-no malinterpretes mi preocupación. Me siento culpable de no haber vuelto a Konoha con él.
―¿Y perderte esta aventura? ¡Ja! Estoy seguro que Sasuke entenderá que no estemos las veinticuatro horas del día pegados a él. Además, de seguro así es mejor. Sasuke va a querer estar solo unos días después de haber visto a su hermano. Ya sabes como lo hace reaccionar ese tema. En todo caso, cada vez que lo iba a ver al hospital después de lo de Hidan terminaba golpeándome en el rostro ―Naruto puso las manos en su cuello, miraba de un lado a otro buscando una tienda donde vendieran ramen, realmente estaba hambriento―. Es un idiota. No me dejó ayudarle ―recordarlo hacía que Naruto apretara el puño de rabia―. Para ser sincero, no sé qué habría pasado si Ero-Sennin no hubiese llegado justo cuando Sasuke empezó a gritar ―los gritos desgarradores de su compañero lo perseguirían por mucho tiempo―. Tsukuyomi. Así dijo el tipo azul que se llamaba la técnica que usaron en Sasuke.
―Fue mi culpa ―Hinata bajó el rostro llena de tristeza―. Si mis ojos fueran más eficientes los habría encontrado antes.
―No lo fue. Sasuke no quería que nadie interfiriera. De haber estado consciente ni si quiera habría permitido que Ero-Sennin lo defendiera ―Naruto suspiró pesadamente, su rostro también se llenó de tristeza―. Es un idiota, pero tiene su orgullo.
―No te preocupes Naruto-kun ―dijo Hinata con suavidad. Naruto alzó la mirada y ahí entre las gotas de lluvia que caían a su alrededor humedeciéndole levemente su cabellera azulina, Naruto realmente pensó que se veía… mona―. Uchiha-kun es fuerte. Es un genio. Sabrá superar esto de una forma u otra. Cuando volvamos a Konoha, debemos apoyarlo.
Naruto la miró un tanto incrédulo, ¿Dónde se había metido la Hinata tímida a quien ni si quiera escuchaba cuando le hablaba en el primer día en que se formó su equipo? ¿Dónde estaba esa chica que constantemente se rendía y tartamudeaba tanto que era imposible no desesperarse?
―¡De seguro que sí, Hinata! ―Naruto sonrió achinando sus ojos―. ¡Vamos a entrenar tanto, tanto, tanto, tanto que terminaremos cayendo completamente agotados todos los días! Espero que estés preparada para eso.¡No te lo haré fácil sólo porque seas mujer! ―le sacó la lengua y ambos rieron juntos.
Se quedaron mirando en silencio la lluvia y Naruto se percató de algo curioso, la forma en que Hinata le sonreía con timidez le recordaba algo, pero no sabía qué precisamente. Era extraña, nunca podía descifrarla del todo pero, era alguien realmente genial, una gran amiga.
―Hinata-chan, hay algo que quiero decirte ―lo había decidido, se lo diría. Sería la primera persona que escuchara aquello―. Pero realmente no sé como comenzar.
―¿Qué sucede Naruto-kun? ¿Estás bien? ―preguntó preocupada al notar la forma en que Naruto evitaba mirarla riendo con nerviosismo.
―¿Sabes la historia sobre el kyuubi y la forma en que atacó Konoha hace casi 13 años atrás? ―Naruto respiró profundamente. Sabía que era una regla en la aldea no hablar sobre eso, pero, después de todo era su secreto y quería confiárselo a su mejor amiga, a la persona que más le daba confianza en el mundo. Naruto simplemente sabía que Hinata hubiese hecho cualquier cosa tanto por él como por Sasuke, confiaba ciegamente en ella. No haberle dicho todo lo que estaba a punto de decir había sido una muestra de poca confianza, pero iba a solucionar eso―. Bueno, el cuarto Hokage lo selló dentro de mí. Esa es la razón por la que Akatsuki me está buscando, desean el kyuubi.
Naruto había esperado la misma reacción que había obtenido de los adultos toda su vida, rechazo, miedo y repulsión. Después de todo, por culpa del kyuubi habían caído muertos innumerables ninjas de Konoha y eso también incluía algunos de los mejores shinobis del clan Hyūga. Incluso el Cuarto había muerto en ese ataque. Era sólo natural que alguien más de su edad sintiese pánico o nerviosismo de estar cerca de él. Aun así, ya no deseaba seguir manteniendo aquello en secreto y menos con Hinata y Sasuke. Se los había querido decir hacía muchísimo tiempo sin encontrar el instante adecuado para ello.
Sin embargo, no encontró en Hinata la reacción que tanto temía, por el contrario, la jovencita le sonrió con mucha sinceridad.
―Naruto-kun, a mis ojos, siempre has sido especial. Esto te hace, más especial aun ―dos sombras rosas aparecieron en las mejillas de Naruto, sus labios se separaron levemente de la impresión al escuchar algo así y realmente no pudo reaccionar escuchando cada palabra que Hinata decía como si fuese la primera vez que escuchaba realmente a otra persona―. Toda mi vida he pensado que eres la persona más fuerte que conozco y ahora entiendo el motivo. A pesar de lo difícil que ha sido tu vida, puedes llevar una carga tan pesada como esa sin deprimirte ni dejarte vencer… eres… eres… ¡Admirable Naruto-kun!
―Hinata-chan. ¿Te parezco…admirable? ―preguntó sin pestañar, aun confundido por lo que escuchaba.
Hinata subió sus manos, escondiendo su boca atrás de éstas y asintió mirando con vergüenza hacia un costado.
―Naruto-kun, me volveré más fuerte. No dejaré que Akatsuki te haga daño, te- te lo prometo.
Naruto sonrió tomándole la mano y tirando de ella para correr hacia un puesto de comida. Moría de ganas de comer ramen después de escuchar eso y sinceramente ya no le importaba mojarse mientras estuviese con Hinata ahí. Se sentía feliz, más feliz de lo que nunca antes había estado en toda su vida. Hinata sentía que estaba flotando mientras ambos pisaban las pozas de agua y sin darse cuenta, apretó levemente la mano de Naruto, grabando en su memoria aquella sensación en que su corazón latía muchísimo más rápido por Naruto Uzumaki.
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La idea de que el hospital se estuviese volviendo el lugar más frecuente en donde se le podía encontrar realmente lo deprimía y al mismo tiempo lo hacía enfurecer. No tenía idea cuanto tiempo había estado inconsciente por culpa de la técnica que Itachi había usado en él, pero se sentía demasiado tiempo. Ni si quiera tenía ánimos de pararse de la cama e ir a entrenar, sólo se la pasaba ahí, sentado sobre el colchón mirando por la ventana. Cómo habría sido su ensimismamiento, que ni si quiera expulsó de su habitación a Sakura e Ino que se la habían pasado metidas ahí desde que despertó, peleando por quien lo alimentaba, quien le leía, quien le hablaba y lo ayudaba a pararse a ir al baño.
Sasuke no había vuelto a hablar desde que despertó. No tenía nada que decir.
Si hubiese sido cualquier otro momento, habría echado a Ino y Sakura del lugar tan rápido que ni si quiera hubiesen podido haberle reclamado. Ambas hablaban como si él no estuviese ahí, llenando de flores su habitación como si su estadía en el hospital se tratara de un velorio más que de una recuperación física.
Tenía la muñeca quebrada junto con algunas costillas. Ino había dicho que era un milagro que sus pulmones funcionaran tan bien a pesar de los golpes que había recibido, Sakura le sonreía mientras se ofrecía a cambiarles las vendas.
No alegaba cuando lo hacían, no decía nada cuando lo tocaban, lo abrazaban y le pasaban paños fríos por el rostro. En la mente de Sasuke Uchiha, ese era su castigo por haber caído derrotado patéticamente frente a su hermano mayor. Tener que soportar que dos niñas increíblemente inferiores a él sintieran lástima de su persona, por ser débil. Era realmente como estar en el infierno, estaba condenado a lo más bajo de lo bajo que le podía suceder en Konoha.
― Sasuke-kun ―anunció Ino su llegada con un tono particularmente alegre. Sasuke no se volteó a mirarla, pero de reojo observó que traía otro gran ramo de flores, esta vez tulipanes rosa―. ¿Cómo amaneciste el día de hoy? ¿Necesitas algo? ¿Te traigo agua?
Silencio. Sasuke no le respondió, ni se movió, ni si quiera suspiró molesto. No había nada dentro de su pecho que valiera la pena manifestar.
―Vamos, Sasuke-kun ―dijo Ino con una sonrisa llena de lástima por él―. No puedes estar en silencio para siempre. Me rompe el corazón verte tan triste. ¡Lo digo en serio! Eras mucho más lindo cuando estabas insultando a la frente de marquesina.
Tal vez Ino realmente estuviese preocupada por él para haber estado haciendo bromas de ese tipo, pero no le importaba. En su perspectiva, todo aquello era como despertar a un nuevo día en que debía ser recordado lo patético que era.
―La enfermera dijo que te darán de alta hoy en la tarde ―Ino pensó que con eso se animaría, pero Sasuke no reaccionó. Era extraño ver que el mismo chico que hacía solo unas semanas se había escapado de la cama para recorrer el hospital, ahora ni si quiera se hubiese movido de esa posición en días. Ino suspiró, le dolía en el alma verlo tan desalentado―. Cuando te den de alta, Shikamaru y Chouji nos invitaran a todos a comer a la barbacoa, se los hice prometer… de hecho Chouji me dijo que te dijera que te reta a una competencia de quien puede comer más ―Ino se rió y se tapó la boca con la mano coquetamente―. Aunque debo advertirte que estás en aprietos, él nunca pierde. Y claro, también puede ir la frentuda y Kiba y Shino y también Naruto y Hinata… ¡Todos! ¡Sera genial Sasuke-kun!
Ino comenzó a arreglar las flores en un macetero cerca de la ventana. Sasuke pudo verla de frente pues era la misma dirección en que estaba mirando. No apartó los ojos.
Ino era bonita. Se preguntaba qué podía ver en él para estar perdiendo su tiempo de esa forma. Su actitud positiva y confiada tenía un cierto atractivo. Quizás si no hubiese sido tan insistente con ese "enamoramiento" que sentía hacia él, la habría tomado un poco más en serio como kunoichi y hasta como persona.
―Sakura vendrá en unas horas a verte ¡No te dejaremos solo! ¿Está bien? ―le preguntó Ino colocándose muy cerca de él, acariciándole una mejilla sin que Sasuke le apartara la mano. No sentía nada con el contacto, ni si quiera estaba incómodo―. Sonríe Sasuke-kun. Hoy es un nuevo día. Además, Naruto y Hinata están volviendo de su misión. ¡Dicen que la nueva Hokage viene con ellos!
Eso era la primera cosa que parecía sacar a Sasuke de su estado de silencio, enfocando sus ojos en los de Ino mostrando interés en lo que estaba hablando.
―Llama a la enfermera ―dijo tomando la mano de Ino con un movimiento tosco retirándola de su cara―. Quiero que me den de alta ahora.
―Pero Sasuke-kun, aún hay muchas evaluaciones médicas que tienen que realizarte antes de que… ―Ino no pudo terminar de hablar pues Sasuke se estaba levantando de la cama tirando hacia un costado las sábanas―. ¡Sasuke-kun! ¿Qué haces? No puedes…
Sin embargo, antes de que Ino pudiese hacer alguna cosa Sasuke ya estaba en el marco de la ventana y había saltado.
El pelinegro no tenía tiempo que perder. Sabía que si llegaban esos dos sólo le harían las cosas más difíciles y ya había tomado una decisión. No tenía por qué estarles dando explicaciones y tampoco iba a permitir que nadie lo detuviera. No había forma de ir atrás cuando un Uchiha tomaba una determinación sobre un asunto. La única forma que tenía de hacer las cosas bien era así.
Debía matar a Itachi y no podía seguir perdiendo el tiempo. No iba a ser un niño para siempre.
Comenzó a saltar de techo en techo por las calles de Konoha. Quería llegar al departamento en donde vivía desde la muerte de sus padres. Entró por la ventana a su residencia, trepando por la pared verticalmente. Se daba cuenta de que el brazo aun le dolía, que sus huesos seguían rotos y que ese yeso sería un verdadero estorbo para él.
Entró a la ducha, deseaba sacarse de encima la peste a fracaso que llevaba. Miró su cuerpo hacia abajo y observó como aún tenía hematomas en las zonas en que Itachi lo había golpeado. Había escuchado que tenía costillas rotas pero el dolor no le importaba, lo hacía todo mucho más real y lo mantenía lúcido. Le recordaba que aún no era lo suficientemente fuerte, que había mucho camino que recorrer si quería vencer a su hermano.
―Juré… juré que te mataría… lo juré sobre las tumbas de nuestros padres… ―susurró apoyando la frente justo sobre las baldosas del baño, apretando con fuerza los párpados. El agua caía por su espalda llevándose consigo el sudor y el pasado, era refrescante, era un nuevo comienzo para él―. Y lo haré. Te mataré Itachi. No importa lo que tenga que hacer, me volveré mucho más fuerte que tú.
Salió del baño y con algo de esfuerzo se secó el cuerpo. Abrió el closet y tomó una de las playeras que con tanto orgullo portaba; tenía el emblema del clan Uchiha en su espalda. Era apropiada, era un recordatorio que él era el último que quedaba y que por lo mismo no podía ser débil ahora, ni atarse a sentimentalismos ni a personas.
Cuando se terminó de vestir vio que todo estuviera en su lugar, los kunai en su contenedor amarrado a la cadera, sus shurikens e hilos en el bolsito amarrado en su pierna y su protector de Konoha sobre su frente. Él era un vengador, un miembro del clan Uchiha y un orgulloso shinobi de Konoha, la Villa en que había crecido, en donde vivían sus amigos, un lugar que debía proteger de seres miserables como Itachi o el famoso Orochimaru. Algún día volvería ahí, hasta entonces, Konoha tendría que esperar.
Miró la foto enmarcada en el velador junto a su cama, la tomó entre sus manos y vio los rostros de Naruto y Hinata junto a Kakashi. Dejó escapar un quejido y sonrió. ¿Quién se hubiese imaginado que terminaría siendo amigo de dos personas tan raras? Aunque, él tampoco era un individuo muy normal que digamos y ellos lo aceptaban tal como era.
Hinata estaba sonrojada en la foto y miraba a Naruto, el perdedor lo miraba a él, furioso, Kakashi tenía las manos sobre sus cabezas dejando a la chica Hyūga en medio.
―Par de idiotas ―susurró sacando la imagen de su marco y doblándola para llevarla en el mismo lugar en que llevaba sus kunais.
Tiró una mochila sobre su cama y empezó a llenarla con su ropa. No necesitaba más que eso. No podía irse por ahí sin tener nada con que vestir y además con los huesos de la muñeca rotos. El yeso estaba un tanto arruinado por tocar el agua, así que se lo sacó con su mano libre, solo para darse cuenta que su muñeca le dolía como no tenía idea. Intentó formar sellos con la mano en ese estado y no pudo hacerlo. Gruñó entre dientes sabiendo que si se encontraba con peligro en el camino tendría que valerse de taijutsu y sus shurikens/kunais para defenderse. Pero no importaba. Se amarró con fuerza una venda en el brazo e intentó inmovilizarlo lo máximo que pudo.
Miró su casa una vez más. Esperaba volver a verla algún día, quizás cuando fuera mayor. Suspiró con algo de melancolía pero determinación.
Caminó hacia la puerta sin nada más, no se iba a detener a mirar atrás. Puso su mano en la perilla y la giró.
―¡Se puede saber qué rayos estás haciendo, bastardo! ― le gritó Naruto en la entrada, estaba sin aire pero aun así lo sujetó con fuerza de la playera y lo empujó hacia atrás. Detrás de él estaban paradas tanto Hinata como Ino―. ¿Qué pretendes? ¡Deberías estar hospitalizado!
―Que molesto eres ―exclamó Sasuke empujándolo de vuelta. Ahora entendía qué hacía Naruto ahí, Ino lo había delatado como una pequeña rata―. Sal de mi camino.
―¡Eres un idiota! ―lo increpó Naruto dándole un puñetazo en el rostro, golpe que Sasuke podría haber evitado pero que decidió soportarlo, como un pequeño castigo a sí mismo por lo que sentía muy en el fondo de su pecho como un acto de traición hacia alguien que comenzaba a considerar su amigo desde hacía algún tiempo―. ¿Qué significa esto? ¿Dónde se supone que vas con esa mochila? ¡Contéstame!
―No es de tu incumbencia ―respondió Sasuke.
― ¡Claro que lo es! ―soltó Naruto mirándolo con una sonrisa melancólica.
―Si no te quitas de mi camino yo...
―Ya basta Uchiha-kun ―las palabras de Hinata sonaban tan molestas que tanto Naruto como Sasuke se voltearon a verla. Estaba frunciendo el ceño y su puño tiritaba. Ni si quiera estaba sonrojada como solía estarlo―. Estás hiriendo los sentimientos de Naruto.
Sasuke la miró fijamente sin entender queé era ese dolor que estaba sintiendo en el estómago. Era extraño. Nunca le había importado realmente los demás ni lo que opinaban o pensaban. A veces sentía algo de apego por sus compañeros y sinceramente creyó al comienzo de sus días como ninja que había encontrado en Naruto y en Hinata a verdaderos amigos. Pero todo había comenzado a cambiar desde lo de Hidan. Se había dado el primer golpe contra una pared y ver a Hinata enfrentándose a alguien muchísimo superior a ella en fuerza, sin titubear, sólo había dejado en evidencia lo débil que él era.
Se había sentido como un peso muerto. Había entrenado a base de rabia todo ese tiempo, incluso llegando a creer que el sello en su cuello podría ser la solución a muchos de los problemas que tenía en frente. Pero ahora no estaba seguro de nada. Todo se ponía a prueba cuando veía a ratoncito Hyūga sacando la voz. ¿Por qué había cambiado tanto? ¿Qué la había hecho llenarse de determinación de un momento a otro cuando ni si quiera podía mantenerle la mirada cuando se formó el equipo siete?
Y luego miró a quien estaba parado al lado de ella. Era Naruto; la respuesta estaba justo frente a él. Naruto la había hecho cambiar, Naruto le había dado confianza, Naruto le había dado la fuerza que su propia familia y amigos le habían negado toda la vida. Él, Sasuke, quien había entrenado con ella taijutsu en un comienzo, no había sido nada aparte de un motivo para causarle dolor. ¿Por qué entonces si quiera se molestaban en intentar persuadirlo?
No pudo lograr conciliar la respuesta, sintió que su mente divagaba y se volvía todo negro, perdía completamente el control de su cuerpo y finalmente, el de sus propios pensamientos cayendo en un pozo negro. No tenía sentido, era como si se hubiese quedado dormido pero siguiera completamente consiente. ¿Estaría bajo algún tipo de jutsu? Esa era la única explicación para aquello.
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Ino Yamanaka cayó arrodillada al suelo. Naruto y Hinata sintieron el golpe. La peliazul tomó su cuerpo sacudiéndola nerviosa, sin entender lo que acababa de pasar. Sasuke no se movía, estaba quieto. Naruto miró para ambos lados cuestionándose qué era lo que estaban viendo.
―¡Yamanaka-san! ―susurró Hinata moviendo a Ino de un lado a otro, preocupada porque no le respondía ni abría los ojos.
― ¿Pero qué demonios pasa aquí? ―preguntó Naruto confundido, rascándose la cabeza.
―Jutsu de traspaso de mentes, completo ―dijo Sasuke. Pero ambos se dieron cuenta que no se trataba de Sasuke, más bien, se trataba de Ino―. Vamos, sólo tengo unos minutos de control sobre el cuerpo de Sasuke.
―I-Ino. ¿Por qué hiciste eso? ―preguntó Naruto sorprendido.
―¿No es obvio? ―preguntó levantando un dedo en el cuerpo de Sasuke, el gesto se vio tan femenino que Naruto puso cara de espanto―. Sasuke-kun no sólo es importante para ustedes dos ―Naruto levantó una ceja un segundo, y luego sonrió. Se le había olvidado que Ino era una de las seguidoras de Sasuke. Nunca pensó que realmente le importara tanto como para interferir en algo así. Ino en el cuerpo de Sasuke miró a Hinata y se acercó a ella―. No te preocupes por mi cuerpo, déjalo dentro y cierren la puerta―. Hinata asintió y arrastró el cuerpo de Ino hasta apoyarlo contra la pared. Naruto siguió al cuerpo de Sasuke que salía del departamento corriendo y se paraba en la entrada del edificio―. Hinata, ¿Cómo es tu manipulación de chakra?
― Yo, yo creo… que… yo… ―Hinata no quería decir que podía manipular chakra de forma correcta, le daba un poco de vergüenza ser tan poco humilde con su ex compañera de curso.
―Es buena ―respondió Naruto impaciente―. ¿Qué tienes en mente, Ino?
―Vamos a inmovilizar a Sasuke hasta conseguir que reaccione o hasta que yo vaya por Asuma sensei o Kakashi sensei ―respondió Ino mirando a Naruto con determinación―. No podemos permitir que se vuelva un missing nin; irse de la aldea sin permiso tiene consecuencias graves. Podrían matarlo.
―¿Qué? ―todo iba muy rápido para Naruto. Comenzó a sentirse mareado con tanta información―. No entiendo nada.
―Escucha Naruto, un ninja jura fidelidad a su aldea cuando se gradúa de la Academia y consigue el rango de genin. Abandonarla es un crimen que podría llegarle a costar la vida. La aldea nunca permite que un ninja desaparezca, pues pone en riesgo los secretos de ésta. Por eso, no pueden permitir de ninguna forma que Sasuke se marche. No quiero ver a alguien que amo en problemas ―Ino explicó algo irritada suspirando pesadamente. Era tan confuso ver a Sasuke hablado de esa forma―. Me rompería el corazón.
Naruto la miró confundido, ¿Acababa de decir que amaba a Sasuke Uchiha? Eso era mucho más importante y significante que simplemente decir que le gustaba. ¿Pero cómo era eso posible? Ino nunca había pasado mucho tiempo con Sasuke, ¿En qué momento había desarrollado ese tipo de sentimientos por él?
Hinata miró a Ino con compasión. Entendía el sentimiento de querer proteger a un ser querido. Observó el rostro confundido de Naruto y realmente se pudo poner en los zapatos de la chica.
―No te preocupes, Yamanaka-san. Naruto-kun y yo evitaremos que eso pase ―Hinata sonrió, poniendo completa atención en lo que Ino iba a decir.
Ino asintió con determinación.
―Un jutsu de inmovilización no funcionaría en Sasuke más de unos segundos. Tampoco pueden amarrarlo con cuerdas. Desatar cuerdas lo aprendimos en la Academia y es básico de un ninja ―Naruto tragó saliva, él no tenía idea como escaparse de una cuerda―. Considerando que Sasuke era el mejor del curso no creo que se demoré mucho en liberarse. La única opción que tienen es atarlo utilizando chakra ―Naruto estaba escuchando las palabras de Ino pero nuevamente se sentía mareado. Todos sabían que él era el peor alumno del curso―. Ya lo hice antes, cuando me corté el cabello y derroté a Sakura en el torneo. No es complicado Hinata.
―Sí ―afirmó la chica moviendo el rostro de arriba a abajo, estaba determinada a dar lo mejor de sí misma para mantener a su grupo unido―. Dime qué hacer, Yamanaka-san.
―¡Por dios! ¡Sólo llámame Ino! Te lo explicaré en un momento ― Sonrió mientras comenzaba a correr buscando el lugar apropiado para inmovilizar a Sasuke. No podían hacerlo dentro de la villa, podría levantar sospechas y no quería meter a su persona especial en problemas―. Naruto, mientras Hinata lo inmoviliza, lo demás es tu responsabilidad. Hinata no podrá desconcentrarse. No está acostumbrada a este tipo de técnicas y se podría desgastar rápido si Sasuke encuentra una forma de contrarrestarla con su propio chakra. Hinata va a estar liberando todo su chakra en un flujo continuo, no sé cuánto tiempo pueda mantenerlo, pero no esperes que sea demasiado.
―¿Qué se supone que tengo que hacer yo? ―preguntó Naruto mientras pasaban corriendo bajo la entrada de Konoha.
―Convencerlo de que no haga algo estúpido ―respondió Ino deteniéndose. Se notaba que le estaba costando poder mantener el control sobre el cuerpo de Sasuke―. ¿Saben dónde podemos ir en los alrededores de la aldea? Rápido… no se cuento tiempo más pueda… pueda… mantenerlo. Se me está agotando el chakra, Sasuke es realmente fuerte.
―Sígueme, sé exactamente dónde podemos ir ―respondió Naruto comenzando a correr delante de Ino.
―Na-Naruto… tendrán que…cargarme… Sasuke…Sasuke…
Ino parecía bajo mucho dolor, tomándose la cabeza como si ya no pudiese aguantar mucho más. Naruto hizo lo que le indicó y se echó el cuerpo de Sasuke al hombro. No tenían mucho tiempo.
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―Maldición ―susurró Sasuke abriendo lentamente los ojos. Había utilizado una cantidad ridícula de esfuerzo para salir de ese jutsu―. Estúpida Ino.
Habían tenido una verdadera batalla dentro de la mente de Sasuke, al punto que tuvo que utilizar recursos que nunca pensó podría llegar a necesitar, se dijeron cosas que jamás esperó escuchar de Ino y se sentía bastante débil ahora al abrir los ojos.
Al separar los párpados intentó moverse, pero se dio cuenta de que no podía hacerlo. Tenía los brazos amarrados a algo. Miró a su alrededor y se encontró en medio del bosque. Naruto estaba frente a él de brazos cruzados y vio a Hinata arrodillada en el piso manteniendo un fluyo de chakra que los iluminaba a los tres con ambas palmas pegadas al suelo. Sin embargo, no era eso lo que le llamó la atención, sino que había una cuerda de chakra saliendo desde el suelo hasta su posición. ¿Qué rayos estaban haciendo?
―¿Qué significa esto? ―preguntó respirando con dificultad―. Hinata, déjate de tonterías y libera ese jutsu.
Pero sólo encontró silencio. Hinata mantenía su mirada fija en el piso y Naruto lo miraba con frialdad. Aquello sólo consiguió hacerlo enojar más.
―¡Ya suéltenme! ―les gritó gruñendo. Fue entonces que se dio cuenta de la presencia de otros dos troncos a su alrededor… ¿Estaban en el monumento de los caídos de Konoha? ¿Por qué lo habían llevado hasta ese lugar?―. Que patético es esto. ¿Cuánto me van a detener? ¿Una hora? ¿Treinta minutos? ―sus ojos se volvieron rojos activando su sharingan, podía ver la cantidad ridícula de chakra que Hinata estaba utilizando para sujetarlo con hilos―. ¿Me estás devolviendo lo que te hice el otro día Hyūga? ―le preguntó con media sonrisa―. No tienes más de diez minutos de chakra. Cuando ya no puedas más, se acabó.
―No necesito más de diez minutos ―respondió Naruto sin que Hinata abriera la boca.
―¿Y qué vas a hacer, perdedor? ―le preguntó Sasuke―. ¿Me van a hacer pedirles comida de nuevo? ―Sasuke juró que cuando se desatara haría añicos el madero, era la segunda vez que era humillado en ese lugar―. ¿Me vas a golpear?
―¿Aún no entiendes la lección que Kakashi-sensei intentó enseñarte en este lugar? ―Naruto bajó el rostro, una sombra se proyectaba en sus ojos mientras apretaba los puños―. ¡Idiota! ¡Serás un fracaso de ninja si no aprendes a pedir ayuda! Crees que puedes hacerlo todo solo, siempre solo. ¡Eres un idiota!
―¿Qué sabe Kakashi? ¡Llevamos casi un año entrenando y míranos! ¡No le podemos hacer frente a nada! ―gritó Sasuke.
―¿Es que no estábamos en la misma batalla cuando peleamos contra Hidan, imbécil? ―Naruto dio un paso en frente―. Si hubiésemos peleado cada uno por su cuenta los tres estaríamos muertos. Nos apoyamos uno en otro y dejamos los orgullos de lado. ¡Nos convertimos en un verdadero equipo aunque fuese sólo durante esa batalla! ¿Y sabes algo? Hubiese muerto feliz ahí porque estaba con ustedes dos.
―No entiendes nada, Naruto…
―Entiendo que los que abandonan a sus amigos son basura. ¡Eso nos enseñó Kakashi-sensei en este lugar cuando nos convertimos oficialmente en el equipo siete! ―respondió mirándolo fijamente a los ojos. Sus pupilas estaban cambiando de color intermitentemente―. Y tú eres mi amigo, no te voy a abandonar ahora que pareces haber perdido completamente el juicio. ¡Somos amigos Sasuke! ¿Por qué te cuesta tanto entenderlo?
―¡Nadie te pidió que fueras mi amigo! ―le respondió Sasuke con una mueca de rabia―. ¡Me cansé de jugar a ser ninja en esta Villa! Sólo realizamos misiones estúpidas, lo único que hacemos es perder el tiempo. Nos estancamos en un nivel miserable en vez de avanzar ―miró a Hinata, su mano en el suelo estaba temblando y comenzaba a respirar rápidamente―. ¡Necesito irme de aquí antes de que pierda por completo la mira en mi sueño! Hasta perdedores como tú creen que pueden venir a sermonearme.
―Yo era un fracasado, pero he entrenado día y noche sin parar para ser mejor que tú, Sasuke ―dijo Naruto con tristeza, sonaba como si estuviese completamente herido por sus palabras―. Quería vencerte, quería ser más fuerte que tú y que un día me miraras y me reconocieras como tu igual ―le sonrió nuevamente, su voz se quebraba con suavidad―. Pero ahora me doy cuenta, que si he entrenado tanto es porque quiero cuidar tu espalda, tanto la tuya como la de Hinata. ¿Por qué no nos dejas? ¿Por qué siempre tienes que alejarte? ¿Dónde está el teamwork que tanto entrenamos al comienzo? ¿Todo va a desaparecer sólo porque te venció alguien que te lleva años de ventaja? ¿Para qué entrenamos tanto si te vas a dar por vencido ante la primera dificultad?― Naruto apretó el puño, apuntándolo luego con su dedo índice―. ¿Por qué en vez de quejarte no te dedicas a entrenar aún más duro? ¡Trabaja para volverte más fuerte! ¡No hay atajos para ser más fuerte! Hinata-chan lo entendió, es la que más se ha superado a sí misma… y yo pasé de ser un perdedor a tu semejante.
―No hables como si tú y yo fuésemos iguales ―gruñó Sasuke, estaba tan enojado que hasta la respiración se le había alterado. Su mirada se volvía cada vez más sombrea―. Tú entrenas por motivos completamente distintos a los míos. Yo no quiero volverme más fuerte para competir contigo, quiero volverme más fuerte para matar a mi hermano. Métete eso en la cabeza, inútil ―Sasuke se rió con burla―. Claro que no lo entiendes, no tienes hermanos, no conociste a tus padres, jamás sabrías lo que se siente perderlo todo ya que nunca has tenido na...
―Te tengo a ti ―lo interrumpió Naruto―. Tú eres mi hermano. Y también tengo a Hinata ―dijo Naruto frunciendo el ceño como si fuese a llorar―. No quiero perderlos a ustedes.
―Uchiha-kun ―Los ojos de Sasuke se movieron lentamente para observar a Hinata. Estaba teniendo convulsiones en los brazos―. Sólo pídelo, y Naruto-kun y yo te ayudaremos a… a…
―A matar a Itachi ―terminó Naruto.
―Es algo que debo hacer solo ―respondió bajando el rostro―. No interfieran en ello.
―En-entonces ―susurró Hinata suspirando con fuerza―. Al menos déjanos… al menos… déjanos…déjanos… ayudarte… a… volverte tan fuerte… como tú hermano. Los tres… juntos… podemos llegar… a ese nivel.
―La última vez que te amarraron a este tronco, tu lección fue aprender a pedir ayuda ―Naruto lo sujetó de la playera―. ¡Sólo pídela, idiota! ―Naruto tensó la mandíbula―. ¿Qué crees que va a pasar contigo si te vas de Konoha? Te lo diré. Te van a dar caza tan rápido que no alcanzarás si quiera a salir del país del Fuego ―Naruto estaba hablándole algo que era cierto, sabía que en cierto modo tenía razón, pero la idea de haber estado en el hospital pudriéndose sólo siendo recordado de su debilidad había hecho que la idea de ser categorizado como un missing nin le diera lo mismo―. Y luego, si consigues salir de aquí, ¿Qué planeas hacer con una muñeca rota sin que puedas realizar sellos? ¿Crees que Orochimaru dejará de buscarte? ¡Él quiere utilizar tu cuerpo! ¡Te va a matar! ¿Quién va a vengar a tu clan si te mata?
Eso también era cierto. Kakashi ya se lo había advertido… ese sello en su hombro sólo se mantendría en un estado pasivo si él no buscaba fuerza que no era suya en batalla. Orochimaru deseaba poder utilizar su cuerpo para un jutsu prohibido y si eso pasaba, ya no había esperanza en cumplir su sueño de matar a Itachi y restablecer el clan Uchiha.
―No-no queremos que-que te des por vencido con tu… con tu deseo de… de justicia… por lo que le pasó a tu clan… sólo… no queremos… perderte ―Hinata hablaba con tanta dificultad, que hasta Naruto estaba considerando pedirle que se detuviera. La miraba completamente preocupado y hasta Sasuke comenzaba a sentir ansiedad de verla así sin poder hacer nada para detener eso―. Perderte… sería demasiado… demasiado doloroso… Uchiha-kun…
―Sasuke, tal vez tu familia este muerta y la mía también ―Naruto lo soltó, agachándose para sostener los hombros de Hinata―. Pero, yo te veo como mi familia. Eres el hermano que no tuve. Mira al punto que está llegando Hinata-chan por ti. ¿Realmente no ves lo importante que eres para nosotros?
Sasuke suspiró pesadamente.
―Son un par de idiotas ―subió el rostro y miró a Naruto con completa seriedad―. Prométeme algo, perdedor.
―¿Qué? ―preguntó Naruto subiendo una ceja.
―Si me quedo en Konoha y sigo con ustedes perdiendo el tiempo, e Itachi consigue finalmente matarme por ello, lo cual estoy casi seguro que sucederá ―Sasuke sintió que un nudo se le formaba en la garganta pero no vaciló en lo que estaba a punto de decir―. Prométeme que tú vengarás a mi clan.
―Sasuke…
El pelinegro no lo dejó terminar, formándose una tercera especie de coma en su ojo.
―¡Promételo antes de que me arrepienta de esta estupidez!
Naruto lo miraba con la misma seriedad entendiendo lo importante que era todo ello para Sasuke.
―Itachi Uchiha es un criminal rango S del libro Bingo, es mi misión como Shinobi de Konoha traerlo a la justicia. Te lo prometo Sasuke. Tu familia tendrá justicia por lo que les pasó.
Sasuke gruño con una sonrisa abnegada.
―Desátenme.
―¿No-no te irás? ―preguntó Naruto abriendo los ojos de par en par mientras que Hinata levantaba la cabeza, todo su cuerpo temblaba y estaba comenzando a toser―. ¿En-en serio no te irás?
―No ―respondió Sasuke con una mueca de irritación frunciendo los labios―. Me quedaré con ustedes ―la sonrisa de Naruto era tan grande que Sasuke rodó los ojos―. ¡Pero no se confundan! No lo hago porque me interesen sino porque… porque tienen razón. No sé qué tan lejos llegaría huyendo de este lugar solo y además porque…
―Ya cállate ―dijo Naruto abrazándolo con lágrimas en los ojos―. Los tres sabemos que te vas a quedar porque en el fondo, nos valoras.
―¡Suéltame! ―Sasuke gruñó molesto, mientras Naruto canturreaba una y otra vez "A Sasuke le importamos"―. Cierra la boca, tarado.
―Uchiha-kun ―susurró Hinata mirándolo a los ojos, mientras que Sasuke le sonreía sobre el hombro de Naruto. La chica liberó su chakra lentamente dejando ver solo el hilo que amarraba a Sasuke.
Se sintió profundamente conmovido de que hubiesen lágrimas en los ojos de Hinata, lágrimas que había aguantado soltar sobre sus mejillas. Hinata no pudo decirle nada, cualquier cosa que le hubiese dicho habría arruinado el abrazo que Naruto se permitía darle, pero le sonrió con alegría y algo de timidez, ruborizándose.
Sasuke apreció ese sonrojo en sus mejillas por primera vez en su vida, entendiendo que frente a él estaba una mujer con la que siempre compartiría un lazo especial… alguien que había arriesgado la vida por él, que lo había golpeado cuando había sido necesario, que le había hecho preguntas que le revolvieron el estómago y que una vez, hacía mucho tiempo, se paró junto a él bajo la lluvia mientras observaban la tumba de sus padres en silencio.
―Es Sasuke ―le respondió con media sonrisa―. Los amigos se llaman por el primer nombre, Hinata.
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