CAPÍTULO 10

Parte 1

AHÍ ESTARÉ, PARA TI

Poprocks and Coke ― Green day

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A donde vayas

Sabes que ahí estaré

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Si te vas lejos

Sabes que ahí estaré

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Iré a donde sea

Así que ahí te veo

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Tu di el lugar

Sabes que ahí estaré

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Tu di la hora

Sabes que ahí estaré

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Iré a donde sea

Así que ahí te veo

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No me importa si a ti no te interesa

Yo estaré no muy lejos detrás

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Me atreveré

ten en mente que ahí estaré, para ti

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Habían pasado doce días juntos, ininterrumpidos por misiones, después de la petición que los tres habían realizado a la quinta Hokage para permanecer inactivos y así apresurar la recuperación total de Sasuke. Llevaban siete días entrenando dieciséis horas diarias, sin distracciones a menos que significara comer o ir al baño. Habían pasado cinco sin que Sasuke y Naruto terminaran dándose golpes y amenazándose de muerte debido a alguna discusión. Tres días habían transcurrido sin que Kakashi diera señales de vida, a lo cual, sinceramente, ya estaban acostumbrándose.

Hinata estaba jadeando en el suelo, con las manos y rodillas apoyadas contra el pasto. Sasuke estaba respirando fuertemente también pero aún no se le veía darse por vencido. De hecho, el joven Uchiha estaba sonriendo burlescamente, complacido consigo mismo, por haber hecho que Hinata cayera al suelo primero producto del cansancio. La joven levantó la cabeza y se percató de ello, hacía ya algunos días lo veía sonreír cada vez que entrenaban taijutsu juntos o cuando practicaba su ninjutsu con Naruto. Al parecer, entrenar hacía a Sasuke feliz, o al menos, se permitía ver feliz cuando entrenaba. Aún no lo podía decidir con seguridad, pero lo importante era que, esa nube oscura que solía rodearlo parecía desvanecerse lentamente con el transcurso de los días y aquello la hacía sentirse bastante satisfecha.

No sólo a ella, Naruto se veía de buen humor por la misma razón. Las últimas dos semanas habían sido como los primeros meses de entrenamientos en los cuales los tres sonreían más, bromeaban y compartían su tiempo juntos. Ya no se sentía como si Sasuke quisiera deshacerse de ellos, ni se veía a Naruto haciendo muecas de disgusto hacia el Uchiha todo el tiempo.

Si los dos chicos hubiesen sido algo más despiertos, incluso se habrían dado cuenta que Hinata ya no se sonrojaba por cualquier cosa y que su tartamudeo alrededor de ellos se había reducido a lo mínimo. Ya no había pausas incómodas en las cuales se quedaran callados y solía haber más juegos físicos que antes, como por ejemplo, Naruto desordenándole el cabello a Sasuke, molestándolo de que parecía un idiota con el pelo siempre tan desaliñado o poniéndole un brazo sobre los hombros a Hinata con algo de tosquedad.

Sasuke también molestaba a Hinata. Le divertía ver que se pusiera nerviosa cada vez que se paraba frente a ella y la miraba fijamente a los ojos sin decir nada. A veces le escondían las cosas o incluso la tomaban en brazos entre los dos y la tiraban al río para terminar el entrenamiento enfriando los músculos en el agua. Claro, el nivel en que Sasuke molestaba a Hinata era menor del que Naruto usaba, pero aun así se permitía juguetear con ella. Era divertido hacerlo, pues, la chica nunca los regañaba pero sí se ponía roja. Muchas veces apostaban entre ellos cuanto se demoraría Hinata en perder la paciencia y golpearlos a ambos. Pero eso nunca había sucedido. Hinata dejaba que la trataran como un muñeco de entrenamiento, siempre con una sonrisa en el rostro entendiendo que tanto Naruto como Sasuke la veían como un muchacho más y no como la señorita en la que se estaba convirtiendo.

Sí, habían pasado cosas horribles juntos, pero las habían superado y eso había afianzado incluso más el lazo de compañerismo y amistad entre los tres. Si antes había duda en el corazón de alguno de los chicos, ya no existía. Eran realmente un equipo y ese vínculo permanecería inalterable. Había un deseo en el pecho de los miembros del equipo siete por protegerse uno al otro y eso sólo se podía lograr entrenando. Entrenando muy duro.

Aun así, existía una promesa entre ellos de la cual no se hablaba: ayudar a Sasuke a vengar a su clan. Esa había sido la condición para hacer que éste se quedara en Konoha y tanto Naruto como Hinata tenían todas las intenciones de cumplir su parte del trato, entrenando con Sasuke hasta caer desfallecidos por el cansancio.

Los chicos sabían que la mente de Sasuke estaba la mayoría del tiempo en el pasado y respetaban eso, así como su silencio y cuando de pronto el pelinegro se paraba sin expresión alguna y se alejaba de ellos. Entendían que a veces la felicidad ajena lo irritaba, pues él no podía ser del todo feliz. Podían comprender que cuando él anhelaba dicho sentimiento, no miraba en frente, sino hacia atrás… y encontraba esa sensación de felicidad y paz en los días que había pasado junto a su hermano. Era en Itachi Uchiha donde Sasuke se enfocaba para recordarse lo que era la seguridad y tranquilidad, pero al mismo tiempo, esa evocación a su pasado era culpable de que se distanciara de ellos y actuara con frialdad. Ambos sabían que Sasuke no era completamente feliz en Konoha y que aún estaba aferrado a su pasado, recordándolo día a día para que nunca pudiese olvidar el dolor que sintió al perderlo todo.

Pero lo entendían. No estaban intentando hacerlo cambiar. Desinteresadamente, estaban ayudándolo a volverse más fuerte para que pudiera matar ese fantasma del pasado. Eso parecía aliviar el pesar en el pecho de su compañero, que de vez en cuando, también se permitía actuar como alguien de su edad, sonreír, reír a carcajadas, burlarse, molestar y soñar. Claro, cuando esto ocurría, tanto Hinata como Naruto encontraban en él a una persona agradable con quien estar. Lo bueno del asunto era, que cada vez se volvía más fácil encontrar a Sasuke de mejor humor que de costumbre, sobre todo cuando entrenaban.

―¡Vamos Hinata-chan! ¡Levántate! ¡Estabas tan cerca! ―gritó Naruto sentado sobre la piedra en que descansaba el monumento de los caídos―. ¡Hinata! ―gritó nuevamente, irritado.

―¿Eso es todo? ―le preguntó Sasuke parándose un poco más derecho―. ¿Tienes conciencia que sólo estoy ocupando una mano, verdad? ―el comentario hizo que Hinata frunciera el ceño. Se puso de pie lentamente una vez más secándose el sudor de la frente―. De nuevo. Pero esta vez, ponte seria ―le ordenó Sasuke.

Hinata comenzó a formar los sellos con su mano. Si Sasuke quería que se pusiera seria lo complacería. Le habían prometido que lo ayudarían a volverse más fuerte para que venciera a su hermano y si eso equivalía a que le diera una paliza o él se la diera a ella, era el precio que estaba dispuesta a pagar por tener a las dos personas más importantes en su vida en ese lugar.

―¡Byakugan! ―exclamó Hinata y las venas alrededor de sus ojos se comenzaron a hacer visibles.

―Eso está mejor ―dijo Sasuke saltando dos veces hacia atrás, preparándose para lo que venía―. De esta forma no me sentiré culpable cuando termines en el suelo.

Pero por mucho que Sasuke estuviese alardeando, que Hinata utilizara el byakugan significaba que estaba a punto de presenciar el puño suave, la técnica de los Hyūga que concentraba chakra en sus palmas para golpear al enemigo. Un mero roce era doloroso y podía causar daño interno de consideración. Sasuke lo sabía, pues no era la primera vez que se enfrentaba a ella mientras utilizaba esa técnica. La única diferencia era que hacía un año atrás podía esquivar con relativa facilidad a Hinata, ahora no podía decir lo mismo. La chica se había vuelto mucho más rápida que él cuando se trataba de taijutsu, por lo tanto, también tenía que usar sus propias cartas a favor.

Sasuke activó el sharingan, sus pupilas llenas de sangre brillaban en el atardecer observando a la joven con una sonrisa de ansiedad, preparado para enfrentarla.

Dojutsu versus dojutsu, cualquier jonin de la aldea habría matado por ver un entrenamiento de ese tipo. Era realmente curioso que dos dojutsus tan extraños estuviesen juntos en el mismo equipo, pero al mismo tiempo, un privilegio para Konoha.

Ver el byakugan y el sharingan activos hizo que Naruto se pusiera de pie, esta ronda iba en serio.

―¡Ey! ―le gritó a ambos―. No es un combate a muerte, ¡idiotas! ―pero ninguno pareció ponerle atención―. ¡Tengan cuidado!

Hinata corrió hacia Sasuke, quien podía ver sus movimientos como si fuesen en cámara lenta. Esa era la habilidad del sharingan después de todo. Sólo tenía que asegurarse de que esas palmas no se le acercaran.

Hinata comenzó a formar sellos, lo cual llamó la atención de Sasuke, ¿No iba a usar el puño gentil después de todo? ¿Qué estaba formando?

Tigre―perro―buey―tigre―pájaro―liebre―tigre―perro―liebre… ¿Qué rayos era ese jutsu? Sasuke no dejaba de mirarle las manos para poder predecir de qué forma Hinata estaba preparándose para atacarlo, cuando de pronto, se dio cuenta. La chica no estaba formando nada, Hinata Hyūga lo estaba distrayendo para que su mirada no se enfocara en ella y de esa manera no caer en un genjutsu, que era una de las cosas en que Sasuke se había estado especializando últimamente.

¿Con qué propósito lo estaba distrayendo?

Miró a sus alrededores, de cualquier forma se movía en cámara lenta para él. No, la Hinata frente a él era la verdadera, no había tenido tiempo para forma un clon de sombra. ¿Entonces que pretendía con los sellos?

Fue entonces que cuando la tuvo a cuatro metros de distancia las palmas de Hinata se separaron mostrando lo que realmente estaba escondiendo en sus manos, parecían agujas… ¿De chakra?

―¡Cuidado Sasuke! ―exclamó Naruto preocupado. Él estaba viendo todo eso con un ojo normal y le parecía rapidísimo.

La joven no lo dudó, sólo las lanzó contra él. El pelinegro contó 359 agujas dividiéndose en el cielo para alcanzarlo como un enjambre. Era literalmente una lluvia de chakra, una técnica que jamás antes había visto en Hinata. Con la mano en ese estado no podía realizar un jutsu de cambio, no podía formar los sellos para ello, lo cual significaba que tendría que enfrentar la técnica sin trucos. No importaba, esas agujas le daban la oportunidad de demostrar que aun podía vencerla en velocidad.

Comenzó a saltar hacia atrás de nuevo, viendo como en su dirección las agujas de chakra se clavaban en el pasto. Era asombroso observarlo, eran tantas, y aún con su velocidad, al menos tres lo golpearon en distintas partes del cuerpo.

Permaneció unos metros más atrás después de defenderse, sintiendo un leve dolor en la mejilla.

―¿Desde cuándo puedes realizar esa técnica, Hyūga? ―preguntó tocándose el rostro, una aguja lo había rozado y ahora estaba sangrando. De inmediato pensó lo útil que era aprender algo así. Eran agujas de chakra, seguramente las había liberado desde los puntos de chakra en sus palmas mientras movía las manos distrayéndolo―. ¿Cómo…? ―y si ese era el caso, él no podía copiar algo así. Era parte de sus técnicas de línea sucesoria.

―No p-puedo realizar el kaiten aun, pero sí puedo concentrar todo mi chakra y hacerlo salir a presión por los tenketsu de mis palmas ―respondió Hinata deteniéndose mientras Naruto se acercaba a ellos―. ¿Es-estás bien, Sasuke-kun?

―¿Kaiten? ¿Así se llama la técnica que utiliza el imbécil de tu primo, no? ―preguntó Sasuke y Hinata asintió con algo de tristeza.

―Es un jutsu que sólo se le enseña a los m-miembros de la familia principal ―tanto Sasuke como Naruto percibieron la forma en que Hinata se desanimaba al decirlo―… pero Neji nii―san pudo lograr realizarla sin que nadie le dijera cómo. Nii-san es realmente un genio.

―Tal vez sea un genio Hinata―chan, pero si sigues entrenando lo vas a vencer. ¡Qué técnica tan asombrosa! ―la animó Naruto dándole una palmada despreocupada en la espalda que casi hizo que Hinata se cayera, el rubio no se había dado cuenta de lo débil que se sentía Hinata en ese momento y por algún motivo venía tratándola como si fuera un chico más que una chica por varios días ya―. ¡Ya puedes ver los tenketsus! El resto es sólo cuestión de ti-em-po.

Sasuke subió una ceja. Odiaba a ese tal Neji.

―Sólo recuerda que tienes que vencer al famoso genio o tengo que darle mi protector de frente. Te quedan 5 meses ―Sasuke desactivó el sharingan, ya era suficiente por un día y además podía darse cuenta que sus compañeros estaban agotados por la falta de chakra que percibía en sus cuerpos. Naruto había estado moldeando chakra casi todo el día también―. Desactiva el byakugan. Dejémoslo hasta aquí hoy.

―Por fin… ¡Raaamen! ¡Quiero comer mi amado ramen! ―susurró Naruto suspirando―. ¿Vamos a Ichiraku?

―Cla-claro Naruto-kun ―respondió Hinata con una sonrisa sobándose las palmas. Aun le dolía cada vez que dejaba salir su chakra con esa presión.

―Mañana elijo yo si hoy comemos ramen ―se quejó Sasuke frunciendo el ceño, agachándose para poner los shurikens y las kunai de vuelta en su mochila.

― ¿Estás bien, Hinata? ―preguntó Naruto tomándole las muñecas con poca delicadeza. Extendió las manos de la chica hacia él y abrió las palmas que Hinata estaba sobándose a escondidas, percatándose de que la piel alrededor de sus tenketsus se había puesto roja―. Te debe doler cada vez que haces esa técnica, ¿No? Pobrecita… ―murmuró con tristeza.

¿Pobrecita? ―pensó Sasuke subiendo la mirada desde el suelo. Ese tono de voz condescendiente…― ¿Qué carajos?

Fue entonces, viéndolos en un escenario tan común, haciendo algo que siempre hacían, que lo notó. Se golpeó mentalmente por haber sido tan ciego o tan descuidado para no haberlo visto antes. Era tan obvio, tan evidente, había estado frente a él todo ese tiempo y lo había rechazado por completo, simplemente por el hecho de que se trataba de Naruto y Hinata. Hasta hace tan sólo unos pocos meses, en su mente, Naruto Uzumaki era el perdedor más grande de todos, alguien que no llamaba la atención de ninguna persona, que tenía que estar recurriendo a estupideces para que los demás lo notaran. Sí, en su mente, Naruto era un completo tarado pintando las paredes, haciendo bromas, rayando las estatuas de los Hokage, realizando ese jutsu pervertido tan ridículo. ¿Cómo alguien iba a pensar que cosas como esa eran atractivas?

Por lo mismo, aunque la idea se le cruzó por la cabeza el primer día en que interactuó con ambos, nunca pasó a mayores.

―Es-estoy b-bien ―su sonrojo no era lo que la delataba, era esa sonrisa y la forma en que sus párpados bajaban lentamente sin que alcanzara a cerrar los ojos mirando a Naruto como si nada más existiera a su alrededor―. No-no te p-preocupes, Naruto-kun.

¿Era posible que Sasuke estuviera imaginando cosas? No sería la primera vez que se equivocaba cuando se trataba de descifrar a Hinata Hyūga. Él mismo la había considerado alguien relativamente inútil hasta el día en que enfrentaron a Hidan.

Su opinión sobre ella había cambiado cuando la vio entrenando en medio del invierno sobre el agua. En ese momento, al verla mojándose y tiritando de frío para entrenar su byakugan comprendió que había mucha más determinación en ella de la que había en en Naruto y él juntos. En un año había logrado ver con su byakugan grandes distancias si se enfocaba sólo en una dirección. Eso hacía a Hinata los ojos del grupo. Hinata Hyūga era cien por ciento determinación desde mucho tiempo ya.

Sí, no era difícil para él aprender técnicas ni tampoco era difícil para Naruto tener estamina para entrenar y entrenar y entrenar hasta que no podía mantenerse en pie, pero, Hinata no tenía su talento ni la estamina de Naruto, todo en ella venía de otro lugar…

Y Sasuke acababa de darse cuenta, como si un balde de agua helada le cayese encima, de donde venía la fuerza en Hinata. Había estado frente a él todo ese tiempo y sólo ahora lo veía con claridad.

Era Naruto. Siempre había sido Naruto.

―Si esa técnica te lastima, no deberías utilizarla con frecuencia Hinata ―le dijo el chico, sobándole la mano y sacando una venda de tela de los utensilios que guardaba en su bolsito amarrado a la pierna―. Aún tengo esa crema que me diste aquí, ¡Qué suerte!

¿A Hinata le gustaba Naruto? La idea lo divirtió y terminó sonriendo distraído, asegurándose de bajar el rostro para que sus compañeros no notaran lo cómico que le parecía toda la situación.

A Hinata le gustaba Naruto. Pero, al dobe le gustaba Sakura Haruno o al menos eso venía diciendo desde los días en la Academia.

¿Naruto se daría cuenta si quiera de lo que estaba pasando? ¿Cuánto tiempo llevaba Hinata sintiéndose de esa manera? Sasuke suspiró poniéndose de pie nuevamente. El Uzumaki siempre decía que ellos dos eran importantes en sus vidas, que eran como hermanos para él. Si eso era así, entonces Hinata estaba encaminándose a una gran desilusión amorosa y eso más que divertirlo, lo puso serio. La idea de que la chica Hyūga tuviese sentimientos por su compañero lo perturbó. Si veía a Hinata llorar por culpa de que Naruto fuera un completo despistado, ya no era gracioso. Era un motivo para molerlo a puñetazos en el rostro.

Era extraño. Se había percatado de la situación hacía menos de dos minutos y había pasado de divertido a serio, de serio a preocupado y de preocupado a molesto. Ya no estaba sonriendo, sólo mirando la escena con una mueca.

―Sí. Lo s-siento ―Hinata cerró los ojos y sus mejillas se volvieron aún más rosa si eso era posible―. Me d-dejé llevar.

Pero así como Hinata estaba actuando rara alrededor de Naruto, desde que habían vuelto de ese viaje ambos parecían más unidos que nunca. De hecho, todo ese traqueteo de miradas y sonrisas lo habían irritado en más de una ocasión sin entender qué rayos habría sucedido entre ellos para que de pronto fueran los mejores amigos del mundo y se agruparan en contra de él. Tal vez por lo mismo se había demorado tanto en descifrar que al menos por parte de Hinata había más que simples sentimientos de amistad hacia Naruto.

A pesar de eso, el rubio no se quedaba atrás en su extraño comportamiento. Se mostraba muchísimo más atento con Hinata, buscaba formas de tocarla, ponerle un brazo encima del hombro, hacerle cosquillas, apretarle la nariz, darle palmazos en la espalda y cosas que a Sasuke le parecían completamente innecesarias y hasta incómodas de observar. Al mismo tiempo, más que un comportamiento coqueto, era como si Naruto la considerara una igual, tratándola de la misma forma que se comportaba con todo el mundo.

Sasuke no podía decir con seguridad qué estaba ocurriendo dentro de la cabeza del Uzukami. No podía decir con firmeza que a Naruto no le gustara Hinata pero tampoco podía afirmar que sí se sentía atraído por ella. Pero, si le hubiese gustado Hinata… ¿Por qué no lo decía abiertamente, así como declaraba a las cuatro esquinas de Konoha que Sakura Haruno era la mujer de sus sueños? La respuesta vino en dos opciones: 1) A Naruto realmente no le gustaba Hinata de esa forma. 2) Ni si quiera Naruto se percataba de que efectivamente Hinata Hyūga se había vuelto alguien especial para él, y no en un sentido amistoso.

De cualquier forma no era asunto suyo.

El único motivo si quiera por el cual estaba pensando en eso era porque no quería ver a Hinata deprimida y a Naruto dándose golpes de cabeza contra un árbol por haberla herido. Conociendo a Naruto, con tal de ver a Hinata feliz incluso se habría forzado a desarrollar sentimientos por ella, esa era su naturaleza. Además, la Hyūga era tan tímida, les había costado casi un año para que dejara de balbucear cuando estaban juntos y aun así, cada vez que algo la ponía nerviosa volvía a ese hábito tan irritante.

―Bien. Vendemos ―dijo Naruto cerrando la tapa de un frasco de madera con el símbolo del clan Hyūga. ¿Cómo era posible que no se diera cuenta de la mirada en Hinata? Todo en ella era completa felicidad sólo porque él estaba preocupado por ella. Se podía percibir la alegría en su rostro, en su mirada, en sus mejillas sonrojándose, en la manera en que jugueteaba mordiéndose el labio inferior y como miraba a Naruto a los ojos aunque éste estuviese completamente enfocado en su palma―. Hinata… te duele… y aun así…

Sasuke suspiró irritado.

―¿No pueden hacer esto después? ―no alentaría ese tipo de conducta, pues a sus ojos no tenía ningún resultado positivo. Se sintió tentado con la idea de dejarlos solos, o decir alguna cosa para forzarlos a estar más cerca y ver los nuevos colores que podrían aparecer en las mejillas de Hinata. Pero consideró que aquello sería muy cruel, podía ser directo y tosco, pero no cruel con alguien como su compañera―. ¿Ramen entonces?

―¡Sí! ―gritó Naruto echándose la mochila sobre los hombros y los tres comenzaron a caminar de vuelta a Konoha.

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―¡No! ¿Es en serio? ―preguntó Ino sentada al lado de Chouji en la barbacoa―. ¡No puedo creer que Asuma sensei nos haya plantados por eso!

―Pues créelo ―respondió Sakura, dándole un sorbo a su jugo. Kiba y Shino miraban en silencio la conversación entre las dos, intentando sacar algo de carne pero era casi imposible con Chouji ahí―. Eran cuatro de la aldea del sonido, al parecer, eran en parte responsables de la muerte del Tercero. Criminales del libro Bingo.

― ¿Y estás segura que venían por Sasuke-kun? ―preguntó Ino con preocupación. Shikamaru suspiró tomándose la cabeza.

―Así dijeron, pero eso no puede salir de esta mesa. Los jonin de la aldea no quieren que Sasuke―kun o cualquiera del equipo siete lo sepa ―Sakura bajó la mirada bastante preocupada. Sabía que si Sasuke se enteraba de que Orochimaru estaba mandando gente para apresarlo lo pondría en un estado alterado―. En fin… ―Sakura tenía a Akamaru entre las manos y le estaba acariciando el pelaje. El cachorro de Kiba parecía dormir plácidamente.

―¿Vas a comerte eso, Sakura? ―preguntó Chouji mirando el plato de la chica.

―No ―respondió Sakura pasándole el plato casi intacto a Chouji― Estoy a dieta. Puedes terminarlo si quieres.

―Entonces también cómete el mío ―dijo Ino despreocupadamente, con una mueca de orgullo herido moviendo el plato en dirección a su compañero. Nunca habría dejado que Sakura la venciera en ese tipo de cosas. Quien sería siempre más delgada y bella sería ella, no la frente de marquesina―. No quiero comer más que ella.

Shikamaru suspiró poniéndose de pie.

―Que problemáticas son.

―¿Dónde vas Shikamaru? ―le preguntó Chouji.

―Al baño ―respondió metiéndose las manos en los bolsillos y retirándose de la mesa.

― ¿Se dan cuenta que si no comen sólo se vuelven más débiles? ―gruñó Kiba sin poder aguantarlo más, quitándole el plato a Chouji justo antes de que pudiera tocar la comida de Sakurapelirrosa―. ¡Cómete eso, Sakura! ―le ordenó regañando.

Una vena se hizo visible en la frente de Haruno, quien con molestia golpeó la mesa con ambos puños adelantando su torso en dirección al Inuzuka.

―¡Ya te dije que estoy a dieta, Kiba!

―¿Para qué quieres adelgazar? ―le preguntó enojado―. Se te va a ver la cabeza más grande de lo que ya la tienes.

―¿Qué dijiste? ―le gritó Sakura tomándolo de su chaqueta―. ¡Repite eso, idiota!

Fue entonces que una voz de admiración la sacó completamente de onda.

―¡Asombroso! Sakura―chan tiene tanta energía ―Naruto estaba parado junto a ella con estrellitas en los ojos.

Sakura Haruno se volteó lentamente para observar a Naruto, Hinata y Sasuke parados, mirándola extrañados. Casi se desmayó, ¿Por qué Sasuke tenía que verla justo en ese momento, comportándose tan inapropiadamente? De seguro ahora iba a pensar que no era una dama. Su rostro se volvió completamente rojo y comenzó a sudar.

―Kiba ―interrumpió Shino sin prestarle atención a los recién llegados―. No le hables así a nuestra compañera.

―¡Bah! ―se quejó Kiba soltándose―. Ella se lo busca.

―Sasuke-kun, Hinata―san, Naruto-kun ―los saludó Ino casualmente, intentando evitar mostrarse nerviosa porque Sasuke estuviese ahí. El chico se veía molesto y con los brazos cruzados, Hinata estaba mirando el suelo y Naruto no dejaba de mirar a Sakura―. ¿Qué hacen aquí?

―¿No es obvio? ―preguntó Sasuke levantando una ceja. Aun no perdonaba a Ino por haberse metido en su mente―. Andas lenta el día de hoy, Yamanaka.

―¿Quieren sentarse con nosotros? ―preguntó Sakura mirando a Sasuke, moviéndose un poco más hacia el costado, apretujando a Kiba contra la pared.

―No. Vamos a… ―comenzó Sasuke pero fue rápidamente interrumpido por Naruto.

―¡Claro! ―el rubio se sentó justo al lado de Sakura sin importarle mucho que la chica estuviese apartando ese espacio para Sasuke―. Sakura-chan, recomiéndame algo. No suelo comer aquí, pero Ichiraku estaba cerrado.

―Hinata-san, siéntate ―Ino se comenzó a mover, no le ofreció el asiento a Sasuke pues por la forma en que él la miraba entendía que aun estaba enojado―. Pidamos más carne.

Hinata miró a Sasuke, hubiese sido de mala educación olvidarse de su compañero y sentarse si él se sentía realmente incómodo con el grupo, pero sintió alivio cuando Sasuke se sentó de cabecera de mesa justo al lado de Naruto, por lo cual tomó el puesto de la izquierda, junto a Ino.

―Gra―gracias, Yamanaka-san ―murmuró Hinata haciendo una reverencia amable.

―¿Hasta cuando tengo que decirte que me llames Ino? ―le preguntó la chica energéticamente y despeinándola en un gesto que hizo que Hinata enrojeciera―. Yo te llamo Hinata ―una sonrisa adornó su rostro, llena de fortaleza. Hinata suspiró en admiración, nunca había conocido a una chica con tanta confianza en sí misma―. Chouji, intenta no comerte todo esta vez, hay más personas ahora.

―Hmmm… ―gruñó Chouji con suavidad tragando todo lo que había en el plato de Ino―. Ey, Sasuke, ¿Cómo está esa muñeca? ―preguntó mirándolo un poco perplejo. Imaginó que si la mano de Sasuke estaba lenta podría comer más rápido que él.

―Sanando ―respondió el Uchiha sin levantar la mirada. Apoyó sus codos sobre la mesa y juntó sus manos bajo el mentón―. ¿Vamos a comer o qué? Quiero acostarme luego. Hay que despertar en seis horas.

De esa forma decidieron pedir su cena. Naruto sostuvo una acalorada discusión con la camarera que intentó explicarle que no vendían ramen. Sakura apretaba sus puños bajo la mesa decidiendo si debía golpearlo o no, pero se resolvió a permanecer en silencio, pues Sasuke estaba ahí y no quería que pensara que era una joven bruta y tosca. Por otro lado, la chica Hyūga pidió un vaso de agua y verduras. Sasuke, como siempre, sólo onigiris y Naruto irritado, se cruzó de brazos sin pedir nada. Entre los tres ordenaron una tabla tradicional de carne que contenía todo tipo de cortes para asar, algo que hizo que los ojos de Chouji brillaran y ellos apenas lograran comer.

Kiba entabló conversación con Hinata de forma bastante alegre, preguntándole como eran Sasuke y Naruto con ella, si había estado bien, como había sido la pelea contra el miembro de Akatsuki y finalmente, entablaron un leve debate sobre la necesidad de incluir perros ninjas en todos los equipos para que éstos hicieran el trabajo de rastreo. Sakura levantó una ceja ante ello ya que su compañero era grosero, directo y bastante insoportable. Le resultaba más que extraño que se llevara tan bien con alguien que no fuese Akamaru.

Sasuke casi no habló más que monosílabos, pero el hecho de que se hubiese sentado ahí durante toda la comida sin ser grosero ni hiriente con los demás chicos sorprendió gratamente tanto a Naruto como a Hinata, que entendieron que el joven Uchiha estaba haciendo un gran esfuerzo por sociabilizar con el resto cuando no tenía interés en ello.

Naruto por su parte estuvo casi toda la velada intentando sacar temas para conversar con Sakura, a lo cual ella no reaccionaba realmente bien, sólo le daba miradas hostiles como si quisiera que se quedara callado y volvía a hablarle a Sasuke con una voz dulce, tocando todos los temas que se le podían ocurrir sin lograr que éste se interesara en responder más que con silencio o "sí", "hmm", "hmph", "tsk" o "no".

Cuando llegó Shikamaru de vuelta del baño, todos se volvieron a parar para que pasara al otro extremo de la mesa. Kiba aprovechó el desorden para sentarse junto a Hinata ya que era la única persona con la que se le hacía divertido conversar. Ino se sentó al otro extremo de la chica, junto a Sasuke que aún le daba miradas asesinas cuando sus ojos se cruzaban.

Por su parte, con el único que Sasuke mantuvo una conversación más larga que monosílabos fue con Shino, que parecía tan indiferente y distante con todo como Sasuke. Shikamaru casi no abrió la boca a no ser para decirle a Naruto en su cara, que estaba irritando a Sakura y que dejara de hacerlo.

Lo que más le llamó la atención de todo eso a Sasuke eran las sonrisas que Hinata daba en dirección a Naruto al verlo tan feliz junto a Sakura. Aquello lo extrañó y mucho. ¿No se suponía que a Hinata le gustaba el idiota? ¿Por qué se ponía feliz entonces al ver que justo frente a ella, él estaba mostrando interés en otra persona? ¿Sería que los rechazos constantes y notorios de Sakura le daban alegría?

No lo creía, Hinata no era ese tipo de persona. Tal vez le gustase Naruto pero nunca se habría mostrado contenta al verlo pasar un mal rato. A lo mejor había malinterpretado algo… Hinata era alguien bastante complicada de entender, pues no reaccionaba como el común de las personas.

Sin embargo, también lo sorprendió la forma en que Naruto miró a Kiba cuando el Inuzuka tomó a Akamaru entre sus manos y lo puso sobre las piernas de Hinata para "mostrarle" lo dócil que era. La peliazul parecía no darse cuenta de lo que estaba intentando hacer con ese gesto tan "inocente".

―Saca a esa bola de pulgas de las piernas de Hinata, que asco ―le dijo Naruto sin ningún tipo de tacto, directo como siempre. Kiba subió la mirada bastante enojado y hasta Akamaru estaba ladrando.

―Te aseguro que la higiene de Akamaru es mucho mejor que la tuya ―respondió Kiba molesto.

―¿Me podrías decir cuándo fue la última vez que te cambiaste de ropa, Na-ru-to? ―intervino Sakura algo fastidiada con que hubiesen ofendido al perrito, después de todo ella era parte del equipo ocho―. No molestes a Akamaru.

―Sakura tiene un buen punto, perdedor ―intervino Sasuke bebiendo agua.

Bastardo… Se supone que tienes que estar de mi lado ―se quejó Naruto con cara de espanto.

―Akamaru es un perro ninja completamente desparasitado ―Kiba continuó, se veía bastante ofendido por el comentario. Hinata por su parte no sabía qué decir, sólo se aferraba al perrito que gruñía en dirección a Naruto como si fuera a saltar a morderlo en cualquier minuto―. Te aseguro que es mucho más inteligente que tú también.

―Si es un perro ninja taaaaan inteligente… ―dijo Naruto casi gruñendo―. ¿Por qué no habla? ―Shino puso una palma en su frente y hasta Sakura bajó el rostro. Con ese comentario le acababa de dar una patada entre las piernas a Kiba como dueño de Akamaru―. Los perros de Kakashi sensei hablan.

Akamaru bajó el rostro aullando con tristeza y Kiba se aclaró la garganta buscando una excusa.

―Uh… Akamaru está trabajando en ello ―se cruzó de brazos molesto―. Pero eso no significa que no sea inteligente.

―Naruto, Hinata, es hora de irnos ―anunció Sasuke. Llevaban alrededor de cuatro minutos con los platos vacíos y tenían que despertar en el alba para volver a entrenar. La cama los estaba llamando―. Vamos.

―Sa-sasuke-kun… ―Sakura murmuró, sacando un poco más la voz. Le daba pánico hablarle pues cada vez que lo hacía algo salía mal―. ¿Iras al Hanami mañana?

―¿Ya va siendo época del Hanami? ―preguntó Naruto rascándose la cabeza, no podía creer qué tan rápido habían pasado esos días. Recordaba el invierno tan cercano.

Konoha era una aldea ninja rodeada de bosques, y en una zona en particular había cerezos plantados. Todos los años se celebraba el festival de las flores de cerezo o Hanami, en los cuales todos sacaban sus kimonos o yukatas y celebraban el inicio de la primavera del País del Fuego, así como también se celebraba el inicio del verano y el año nuevo.

Sasuke recordaba haber ido a esas fiestas tomado de la mano de su madre quien siempre ocupaba un hermoso kimono de seda roja con el logo del clan Uchiha en su espalda. Su padre e Itachi le cortaban algunas flores de cerezo que ella siempre se ponía en su cabellera. La recordaba como la mujer más hermosa del mundo con su pelo largo recogido en un moño alto, era sólo en las ocasiones solemnes como esa en que se permitía peinarse de esa forma, pues por lo general lo llevaba suelto, liso y brillante. La memoria de su hermosa sonrisa y el sonido de su risa hicieron que bajara la mirada y aquella aura oscura y triste lo rodeara.

Su melancolía no pasó completamente desapercibida para Hinata, que recordaba los días en que siendo muy niños, sus propios padres saludaban a la familia Uchiha en esas festividades. Adivinó que Sasuke seguramente estaba recordando tiempos mejores y su pecho se oprimió. Si hubiesen estado solos tal vez le habría dedicado alguna palabra para animarlo, pero no podía hacerlo con todos ahí.

―Iremos todos ―dijo Ino con alegría―. Será divertido. Haremos un picnic al aire libre ―la verdad, la idea del picnic había venido de Chouji―. Chouji llevará carne y Shikamaru la parrilla. Haremos nuestro propio barbecue.

―Sasuke-kun, quería…quería saber si… si ustedes… ―continuó Sakura sin saber cómo poner en palabras la invitación que quería hacerle, sin si quiera darse cuenta del dolor impreso en el rostro del Uchiha. Era en esos detalles que se podía ver que tan poco el resto de los chicos conocía a Sasuke.

Pero Sasuke no esperó que Haruno terminara lo que tenía que decir.

―Mañana entrenaremos.

No tuvo que seguir esperando más reacciones ni despedidas. Sasuke se dio la media vuelta y salió del BBQ, caminando con la cabeza gacha y sus manos dentro de los bolsillos. Naruto lo siguió corriendo algo molesto, mientras Hinata hizo una leve reverencia y caminó atrás de ellos.

Una vez afuera del local, Naruto tomó a Sasuke por su playera obligándolo a detenerse para que les diera una explicación, después de todo había sido bastante mal educado con todos retirándose de esa forma y más aun decidiendo que los tres no asistirían sin si quiera preguntarles si querían ir o no.

―¡Ey bastardo! ¿Quién te nombró líder? ―le gritó en medio de la calle mientras que Ino, Kiba y Sakura se asomaban por la ventana para ver la pelea, escondidos un poco por la cortina―. ¡Deberíamos someterlo a votación como grupo! ¿No? Tal vez Hinata y yo no queramos entrenar todo el día ―Naruto zapateó el piso con fuerza haciendo una especie de berrinche―. ¿Qué tiene de malo darnos unas horas para ir al Hanami?

Sasuke de inmediato observó a Hinata, irritado. Sabía sin si quiera tener que preguntarle cuál sería su voto: la misma opción que eligiera Naruto, independiente de si ella quería ir o no. Hinata miró hacia el suelo cuando él le dio esa mirada asesina.

―El hanami es una pérdida de tiempo. Si quieren ir, vayan. No me interesa.

―¿Por qué no vamos los tres? ―preguntó Naruto apretando los puños, Sasuke siempre lo terminaba frustrando de esa manera―. Será divertido, no seas tan idiota.

―No quiero ir ―respondió Sasuke cruzándose de brazos.

―Chi-chicos… yo… yo debo ir ―Hinata no había dicho nada hasta ese momento porque estaba un tanto apenada por Sasuke. Sin embargo, ella no se mandaba completamente sola, a diferencia de ello dos su familia estaba viva y no podía decidir por sí misma lo que quería o no hacer―. El clan Hyūga siempre se presenta en el Hanami.

Era cierto y Sasuke lo sabía. Era tradición que todos los clanes de Konoha asistieran a esas tonterías, por algo hasta los Uchiha debían ir y en más de una ocasión encontró a Itachi allá bajo un árbol con esa chica con la que siempre solía andar. Sabía que era del clan pero nunca supo su nombre. Se preguntó en ese momento si ellos dos serían novios o no. Pero recordar a Itachi sólo lo hizo sentirse más irritado.

―¡Ja! Dos contra uno ―gritó Naruto animándose nuevamente―. Perdiste Sasuke. Además, Kakashi sensei dijo que el permiso para ausentarnos de las misiones valía sólo si permanecíamos juntos estos días. Si yo y Hinata queremos ir al Hanami tú tienes que venir también.

Los chicos pensaban que la condición de Tsunade la había realizado para acercarlos y por el teamwork, pero lejos de eso, a Tsunade y Kakashi realmente le preocupaban la seguridad de Sasuke. Las informaciones del equipo de inteligencia de Konoha decían que Orochimaru estaba planeando hacerse con el cuerpo de Sasuke para un tipo de jutsu extraño, y el ataque de esos ninjas de la aldea del sonido ese día habían confirmado dichas sospechas, sólo, que los chicos no sabían nada al respecto.

―Tsk… ―se quejó Sasuke mientras comenzaba a caminar en dirección a la mansión Hyūga―. Que molestos son.

Naruto corrió atrás de él junto con Hinata. Siempre solían ir a dejar a su compañera a su casa después de entrenar. Se había hecho costumbre. No lo hacían por un tema de seguridad ni porque creyeran que Hinata corría peligro de noche caminando sola por Konoha, sino por algo de caballerosidad. Vivían en una aldea patriarcal después de todo y Hinata Hyūga era la heredera del clan más noble de la zona.

Dejaron a la chica en la puerta de su casa y se despidieron casualmente para seguir por el mismo camino en dirección a sus respectivos departamentos. La caminata fue bastante silenciosa, como solía suceder cuando Sasuke quedaba pegado en alguna vivencia de su pasado. Por lo cual, Naruto siendo el sujeto ruidoso y escandaloso que era rompió el silencio primero.

―Estaba pensando, ¿Qué tal si invito a Sakura-chan como mi cita para el festival? ―preguntó sonriendo de oreja a oreja―. Parecía querer lanzarme una indirecta hoy en la comida cuando preguntó si iríamos.

Sasuke suspiró molesto con la idiotez de Naruto. El zopenco simplemente amaba que lo humillaran. La chica seguramente le daría un puñetazo como siempre y luego lo insultaría. Sasuke sonrió pícaramente.

―Claro. Invítala. ¿Cómo podría decirte que no, a ti?

Naruto apretó ambos puños con alegría, dando una risita de triunfo.

―¡Oye! ¡Oye! ¿Qué tal si tú invitas a Ino? ―los ojos de Naruto brillaban de alegría―. ¡Vamos en citas dobles!

―Prefiero comer tierra antes que ir en una cita doble contigo ―respondió con completa honestidad cruzándose de brazos.

―¡Vamos Sasuke! ¡Vamos! ¿Qué tiene de malo Ino? ―preguntó Naruto con una mueca de disgusto―. No es tan linda como Saaakura-chan, pero sigue siendo linda.

―No he dicho lo contrario ―admitió Sasuke comparando a ambas en su cabeza.

Sakura no era fea tampoco, pero sus actitudes dejaban mucho que desear. Entre ambas, él pensaba que Ino era más bonita, no por su físico sino por su personalidad. Ino parecía ser ella misma en todas partes. No era tampoco como si esa personalidad le atrajese, pero al menos no era falsa como Sakura que siempre se comportaba de forma incómoda y distinta a como era cuando él estaba cerca.

― Ino y Sakura… las conocemos de niñas y aun así, ellas parecen no conocernos en lo absoluto ―dijo Sasuke.

―No digas eso ―Naruto suspiró, Sasuke era tan raro a sus ojos―. Ino es una buena persona. Si no hubiese sido por ella quizás ahora estarías muerto.

Sasuke se sintió un tanto ofendido con ese comentario pero no se molestó en desmentirlo porque sabía que era cierto.

―¿Entonces? ―preguntó Naruto con impaciencia.

―¿Entonces qué?

―¿Por qué no la invitas? ―era una pregunta válida, si Sasuke encontraba a Ino atractiva, ¿Por qué no sacarla a pasear por la ciudad? Además, Naruto había escuchado la forma en que Ino había dicho que amaba a Sasuke y que le preocupaba. Eso a sus ojos la hacía merecedora del amor de su amigo―. ¡Invítala! ¡Ella es genial! Dame una sola buena razón para no invitarla.

―Porque no me llama la atención ir a esa estupidez con Ino Yamanaka ―respondió con seriedad mirando en frente. Esa era la verdad. Ino podía ser bonita y tener una lista de cualidades que la hacían merecedora de alguien a su altura. Pero a sus ojos era predecible, aburrida, escandalosa y poco refinada. No era para nada el tipo de persona con la que le hubiese gustado estar ligado―. Punto.

―¿Qué tiene de malo Ino? ―Naruto apretó el puño con rabia. Ya iba siendo hora que Sasuke se relacionara con más personas aparte de él y Hinata, ni si quiera tenía que ser en un nivel romántico―. ¡Anda Sasuke!

―¿No has pensado que por cortesía deberíamos invitar a alguien más importante que Ino o Sakura? ―la pregunta fue extraña e hizo que Naruto se volteara a mirarlo levantando una ceja―. ¿No se supone que debíamos estar los tres juntos?

―Pero Hinata-chan irá con su familia ―exclamó Naruto. Ninguno de los dos soportaba a Neji y era casi una certeza de que Hinata estaría con él y ese horrible padre que tenía, a quien Naruto le había gritado una y otra vez ese día en que les anunciaron que serían un equipo―. Y su familia no nos estima demasiado, precisamente.

―Al diablo con ellos ―dijo Sasuke, frío y distante, mientras levantaba el rostro para mirar las estrellas sobre ellos―. Vamos a ir con Hinata.

―Pero yo quería llevar a Sakura-chan ―se quejó Naruto.

―¿Cuál es la diferencia? ―preguntó Sasuke metiendo las manos en sus bolsillos―. Estaremos todos juntos allá de cualquier modo.

―¡Como odio cuando tienes razón! ―indicó Naruto con un tic en el ojo. Realmente no le gustaba darle la razón a Sasuke pero, en esa ocasión, el idiota había acertado. ¿Qué mejor que ir los tres juntos? Estaban todo el tiempo cerca el uno del otro, y lo normal hubiese sido que estuviesen hartos de aquello, pero por el contrario… Naruto se sentía bien junto a ellos dos―. Mañana invitaremos a Hinata-chan. ¿Deberíamos comprarle algo?

―¿Ah? ―Sasuke realmente se sintió sorprendido por la pregunta, ¿Con que motivo le comprarían algo a Hinata? No era una cita, sino más bien una cortesía, una señal a su compañera de que la consideraban más importante que dos cabezas de aire―. ¿Comprarle algo? ¿Con qué fin?

―Ya sabes… no sé. Las chicas son raras con ese tipo de cosas ―extrañamente Naruto se intentó hacer el tonto pero un rubor muy suave cubrió su rostro―. Yo planeaba comprarle algo a Sakura―chan.

―¿Tú dices… como un regalo? ―¿Estaba Naruto realmente sugiriendo comprarle algo a Hinata? ¿Él? ¿La persona más despistada de todos los tiempos?

―Sí. O sea… uhm… ya sabes…

―No es una cita, perdedor. Las citas son de a dos, no de a tres. A menos que prefieras ir solo con ella. En dicho caso yo…

―¡Claro que no! ¡Teme! ¡No seas idiota! ―una venita de rabia aparecía en la frente de Naruto, la mera idea de cómo sonaba eso lo hizo ponerse completamente rojo―. Los tres iremos juntos, como amigos, no en una "cita".

―Como quieras ―respondió Sasuke un tanto divertido por la reacción exagerada.

―¿Puedo llevar ramen al picnic verdad? ―Sasuke sólo suspiro, no se iba a molestar en responder eso. Cruzó la calle y tomó la dirección a su casa, alejándose de Naruto quien se quedó parado ahí bajo un poste de luz rascándose la cabeza―. ¿Qué? ¿Qué dije? ¡Sasuke!