CAPITULO 10

Parte 2

AHÍ ESTARÉ, PARA TI

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El despertador sonó a las cinco A.M. Estaba a punto de levantarse cuando recordó que ese día lo habían acordado libre por el festival del cerezo. Eso significaba que a diferencia de los otros días, no tenía que estar levantándose para ir a entrenar o esperar que Sasuke golpeara su puerta y lo insultara por aun estar en ropa de dormir. Naruto sonrió, abrazó la almohada y murmuró "Sakura-chan" un par de veces para luego seguir durmiendo.

Llevaban tantos días con ese entrenamiento extensivo y exhaustivo que ya no quería más. Sentía todos los músculos del cuerpo adoloridos, exhausto de tener que soportar largas batallas contra Sasuke o Hinata. Estaba completamente cansado, tanto que durmió hasta que el sol le comenzó a dar en el rostro pasando por una rendija que había entre las cortinas. Cuando despertó, supo de inmediato que era tarde por la cantidad de luz que estaba entrando. Se habían quedado de juntar con Sasuke afuera de la casa de Hinata a las tres de la tarde y, sorpresa, ya eran las tres.

―¡Oh no! ―exclamó Naruto parándose sobre la cama y sacándose el gorrito para dormir―. ¡Me va a matar! ¡Me va a matar! ¡Me va a matar!

Y no estaba exagerando. Sabía de primera mano lo impaciente que era Sasuke y cómo se molestaba cuando las personas se tardaban más de la cuenta, sin mencionar que prácticamente lo habían forzado a ir con ellos y a ese festival había que ir con ropa más o menos formal. Ni si quiera sabía dónde estaba su yukata o si aún le quedaba (La última vez que se la había puesto tenía 11 años), había llegado tan cansado la noche anterior que ni si quiera se fijó.

Fue corriendo a su closet para sacar su vestimenta cuando de pronto recordó el comentario de Sakura sobre su higiene. Su rostro se volvió azul y una gota de sudor cayó por su cien. Levantó un brazo y se olfateó, no sentía un olor fuera de lo normal, pero, la idea de que la mujer de sus sueños le dijera que nunca se cambiaba de ropa y que tenía pésima higiene lo inclinó a darse un baño aunque fuese rápido.

Con el cabello aún mojado, se vistió con la yukata rápidamente y puso algunos bowls de ramen instantáneo en una bolsa; prefería prevenir que curar, nunca se sabía que cosas podrían cocinar los demás en ese picnic y no quería pasar un mal rato porque nadie hubiese llevado ramen.

De esa forma, sintiendo el peso del mundo sobre sus hombros e imaginando a Sasuke gritándole una y otra vez que era un perdedor, abrió la puerta de su departamento. Grande fue su sorpresa cuando chocó contra algo bastante firme que lo hizo caer hacia atrás.

―¡Ero Sennin! ―gritó molesto, mostrándole el puño y subiendo la mirada desde el suelo―. ¿Se puede saber dónde has estado?

―Reuniendo información ―respondió Jiraiya ayudándole a ponerse de pie nuevamente―. No creerás que voy a estar siempre pendiente de ti y tus tonterías.

―¡Eres un pésimo maestro! ―se quejó Naruto cruzándose de brazos y pisando con fuerza―. ¡Dejas nuestro entrenamiento de lado sólo por andar espiando mujeres! ―le reclamó de nuevo, arreglándose la ropa.

―No Naruto, esta vez sí he estado reuniendo información ―la voz de Jiraiya se volvía seria, no era tiempo para estar jugando con él. Había cosas que hablar, de suma importancia―. Tengo una buena noticia y una mala noticia, aunque la mala noticia tal vez te parezca una buena noticia, contigo nunca se sabe. ¿Cuál quieres saber primero?

―No tengo tiempo ahora Ero Sennin, Sasuke me está esperando y odio cuando me da sermones por ser "irresponsable" ―el chico iba a comenzar a correr cuando sintió que una mano lo detenía con firmeza. Subió la mirada frunciendo el ceño, nunca antes Ero Sennin lo había mirado con tanta seriedad―. ¿Qué sucede?

Jiraiya suspiró, la mirada desconcertada del chico le partía el alma en dos.

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Sasuke miró el reloj en medio de la plazoleta que quedaba a una cuadra de la residencia de Hinata. 3:39. El idiota más grande de Konoha lo llevaba haciendo esperar treinta y nueve minutos. Se imaginaba con deleite las formas en que lo lastimaría cuando lo viera. No podía creer que si quiera se hubiese prestado para toda esa bobería en primer lugar. ¿Hanami? ¿A quién le podía interesar ir a mirar flores en primavera? ¡Eran una aldea ninja no una banda de floristas o jardineros! Entre más lo pensaba más visible se hacía aquella venita en su cien.

Cuando dieron las 3:40 y Naruto aún no aparecía terminó rindiéndose. ¿Qué más daba? Seguramente se había quedado dormido, o como siempre, sólo estaba brillando por su ausencia. Irritado se lo imaginó comiendo ramen en Ichiraku diciendo "Ja, Sasuke puede esperar". Se le tensó la mandíbula sólo con ese pensamiento.

Iría por Hinata y luego podrían ir a buscarlo juntos, sería ridículo de su parte ir por Naruto y después darse cuenta de que Hinata se había ido al Hanami con su familia. Se puso de pie dejando escapar un suspiro de molestia y comenzó a caminar hacia la mansión Hyūga.

A diferencia de la mayoría de los jóvenes de su edad que veía caminando a su alrededor portando una yukata sencilla de algodón, Sasuke estaba vestido con un tradicional kimono. Su familia había sido una de las más nobles en Konoha e intentaría mantener ese estándar ahora que era el único miembro vivo del Clan Uchiha en la Aldea de la Hoja.

El kimono era de seda color azul pálido, la juban que iba bajo del kimono era blanca y también de seda, algo más sencilla que el kimono dejándose ver sólo la parte que se abría en su pecho. Sobre el kimono portaba una hakama azul oscura que caía hasta sus pies, donde estaba usando las sandalias y los calcetines que se vestían con este tipo de ropa. Sobre todo esto portaba el clásico haori de color negro que tenía bordado tres emblemas del clan Uchiha, dos en las mangas y uno más grande en su espalda.

Llevaba ese atuendo con orgullo, tal como lo hacía toda su familia cuando había ocasiones especiales. A pesar de que fuera sólo uno, aún había un Uchiha en Konoha que podía representar a su clan y por lo mismo, debía hacerlo con la máxima dignidad posible.

Se había amarrado el protector de frente a un brazo y llevaba el cabello negro suelto. Con la luz de las cuatro de la tarde su pelo reflejaba leves tonos de un azul marino.

Seguía pensando en lo estúpido que era Naruto mientras pasaba bajo los grandes árboles en flor de la mansión de la familia principal de los Hyūga. No entendía para qué había que salir de Konoha para admirar las flores cuando podía verlas ahí mismo. Era una tradición tonta, como todas las otras tradiciones en la Aldea. Estaban gastando tiempo precioso de entrenamiento en una estupidez como el Hanami, y para empeorarlo aún más, la idea de tener que estar con todo el grupo de ex compañeros que había dejado en la Academia lo desanimaba. No era que no los soportara (a excepción de Ino y Sakura), pero con Shikamaru no se hablaba, Chouji siempre tenía la boca llena y seguía al primero, Kiba era tan ruidoso e irritante como Naruto y Shino era un sujeto que siempre mantenía la distancia con todos. Suspiró de nuevo, sabía que esa tarde iba a ser un infierno. Al mismo tiempo, pensó, que la cereza sobre todo ese pastel de molestias era Neji Hyūga. Como detestaba a ese sujeto.

Llegó a la entrada de la mansión y miró por las puertas de madera que daban a la calle. Estaban abiertas, como siempre, pero en el fondo sabía que no estaban abiertas precisamente para él. Por alguna razón los Hyūga siempre hablaban en tono despectivo de los Uchiha y aquello le molestaba profundamente, como si esos malditos ojo perla supieran algo que él no. La excepción era Hinata, que no parecía tener esa altanería Hyūga, al contrario, era tan humilde y sencilla que nadie hubiese imaginado que ella era la heredera del clan.

Se quedó parado ahí y observó qée estaba ocurriendo en los jardines de la mansión en que vivía la familia principal del clan. En el pórtico se veía a un gran número de personas reunidas, todos con sus mejores ropas (tanto o más ostentosas que la suya). Notó al padre de Hinata junto con el idiota de su primo, lo cual produjo un cierto amargor en su boca; se veían idénticos, como si Neji Hyūga fuese su versión de catorce años. Había una chica más pequeña que Hinata con el cabello suelto y largo, bastante parecida a Neji y a Hiashi Hyūga, tal vez esa fuese Hanabi, la hermana menor de Hinata. A diferencia de cualquier familia normal, todos parecían tranquilos y solemnes, conversando con una calma que Sasuke llegó a envidiar. En sus facciones se veía dureza, dignidad, nobleza, pero al mismo tiempo gracia y suavidad. Sin duda los Hyūga eran extraños.

Pero no veía a Hinata por ninguna parte, lo cual le llamó la atención. ¿No se suponía que debía ir con su familia al Hanami?

Qué molesto es todo esto. Podríamos estar entrenando ― pensó.

Comenzó a caminar hacia la mansión. A pesar de sentirse completamente incómodo a él no lo iban a intimidar un montón de Hyūgas. Hinata era su compañera de por vida a menos que la Hokage decidiera otra cosa, por lo tanto más les valía meterse esa idea en sus cabezas. Iría a buscarla cada vez que le diera la gana, sin importar cuantas veces mostraran su desagrado al verlo ahí. No le importaba con cuanto desprecio lo miraran por ser un Uchiha, él estaba orgulloso de su linaje.

Cuando estuvo a menos de diez metros se percató como todos en el clan guardaban silencio, observándolo con curiosidad. Neji le mostró completa indiferencia y él por su parte lo correspondió sin mirarlo. El líder del clan se volteó en su dirección y lo miró fijamente.

―Uchiha Sasuke ¿Qué deseas? ―le preguntó con formalidad.

―Vengo por Hinata ―respondió Sasuke sin darle más vueltas al asunto.

―Que arrogancia ―exclamó un miembro del clan Hyūga reflejando el desprecio que sentía por Sasuke en los ojos.

―Es Hinata-sama ―indicó un sujeto al cual Hinata solía llamar Ko―. Cuida tu lenguaje en esta casa.

―No voy a utilizar honoríficos con ella. Es mi compañera, no mi señora ―respondió Sasuke sin inmutarse, agregando en su mente "y amiga"―. Ustedes pueden tratarla como les dé la gana.

―¿Tienes noción de dónde estás, Uchiha? ―preguntó Neji acercándose a él, mirándolo hacia abajo pues era levemente más alto―. Nadie aquí tiene por qué soportar tu insolencia.

―Hyūga ―musitó con desprecio al ver a ese sujeto que hacía que una profunda aversión apareciera en él―. ¿Dónde está tu prima?

Neji no le respondió, sólo lo miró con burla, algo que desesperó a Sasuke. Como le hubiese gustado partirle la cara a ese imbécil. ¿Qué tan fuerte podía ser? Sí, sabía que Neji Hyūga era tal vez su competencia directa, el más fuerte de su grupo de edad, sólo siendo superado por la leyenda que marcó Itachi en su momento, aun así… con gusto habría luchado contra él.

―Te pareces mucho a tu madre, niño ―la voz lo sacó de esa competencia de miradas que sostenía con Neji Hyūga en la cual el que pestañaba primero perdía―. Tienen los mismos ojos, aunque tu boca sea más parecida a la de tu padre.

― ¿Conoció a mi madre? ―preguntó Sasuke observando la frialdad y solemnidad en los ojos de Hiashi Hyūga. El sujeto parecía esculpido en mármol, siempre con el mismo rostro imperturbable y serio.

―Fue una de las mejores jonin que ha visto esta aldea ―si era posible, se escuchó como si lo dijera cansado de pensar en ello. El comentario sorprendió a Sasuke, no esperaba escuchar a un Hyūga alabando a un Uchiha y menos a su madre―. Dejó esa vida de lado para cuidar de ti y de tu hermano. Es una pena lo que ocurrió con ella. Y el resto de tu familia.

Sasuke sintió que su pecho se oprimía, ¿Por qué de todas las personas que había en ese lugar era precisamente Hiashi Hyūga el que tenía que recordarle sobre su madre? Sin embargo, sintió algo parecido al orgullo escuchando al líder de ese clan decir que su madre, Mikoto Uchiha, había sido una de las mejores kunoichi de la aldea. Él nunca la había visto de esa forma antes.

―Sólo estoy aquí para llevar a Hinata al Hanami.

Neji sonrió ampliamente, algo le producía mucha gracia y a Sasuke lo desesperaba ver esa sonrisa altanera en su rostro.

―Creo que te ganaron Uchiha. Hinata-sama ya partió al Hanami.

―¿De qué hablas? ―Sasuke comenzaba a perder la paciencia con todo el asunto.

―Kiba Inuzuka vino por ella hace más de una hora ―respondió Neji, leyendo con claridad lo que el Uchiha estaba pensando.

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―Gra-gracias, Kiba-kun.

―De nada ―dijo éste con casualidad mientras le pasaba un algodón de azúcar de color rosa―. ¡Vamos a sentarnos ahí! De seguro los demás deben estar por llegar.

―S-sí ―asintió Hinata siguiendo a su acompañante.

Hinata había estado lista para partir con el resto de su familia. Hanabi y ella habían cocinado algunas cosas para poder comer en el lugar y su padre había mandado a llamar a Neji. Siendo su primo el hijo del hermano menor de su padre, ocupaba un puesto de privilegio dentro del clan, a pesar de que no pertenecía a la familia principal. En ocasiones se le mandaba a llamar para que formara parte de la comitiva de Hiashi Hyūga, y desde pequeños, Neji Hyūga había estado encargado del cuidado personal de Hinata. Ese era su labor.

Cuando lo vio aparecer se sintió tan intimidada que quiso esconderse atrás de un pilar y evitarlo a toda costa. Le temía y mucho. La mirada que éste le daba le provocaba escalofríos. Era más que disgusto hacia ella, Hinata lo sabía. En los ojos de su primo había resentimiento y quizás hasta odio. Cuando eran niños se llevaban bien. Más de una vez Neji la besó en la mejilla y le dijo que era "linda". La ayudaba a entrenar y siempre se mostraba cariñoso hacia ella, protegiéndola, cuidándola y diciéndole que la quería. Sin embargo, todo eso había cambiado luego de la muerte de Hizashi Hyūga, el padre de Neji y hermano gemelo de su propio padre.

Desde ese momento, no había amor en los ojos de Neji cuando la observaba, sólo desprecio. Ya no era un primo atento y cariñoso, sino cruel. No quería estar con él. No quería estar cerca de él. Su mirada la quemaba en el pecho, le dolía, le provocaba una profunda melancolía. Ella amaba a su primo, recordaba haber crecido con él. Pero Neji se había encargado de que ella supiera perfectamente bien que él la despreciaba, al igual que a la familia principal del clan. Muchas veces la instó a que le dijera a su padre sobre sus constantes faltas de respeto, la retó a que le pusiera algún tipo de resistencia cuando la lastimaba tocándola de forma brusca, cuando le apretaba el cuello, cuando la forzaba a bajar la cabeza ante él o incluso cuando le apretaba las muñecas hasta hacerla llorar. Pero Hinata lo amaba demasiado como para haber querido verlo salir lastimado. Desde que ella había entrado a la Academia, su contacto con Neji era el mínimo, y desde mucho tiempo ya, aparte de la forma intimidante en que la trataba, ya no había vuelto a lastimarla físicamente.

Por ello, cuando Kiba y Akamaru aparecieron en la mansión, se sintió aliviada. Había rezado por que Naruto o Sasuke llegaran a salvarla y sacarla de ahí, pero cuando no aparecieron su angustia sólo creció. Kiba la había salvado al invitarla a ir con él al Hanami.

El chico Inuzuka nunca mencionó la palabra cita, más bien, le había pedido permiso a su padre para adelantarse con Hinata pues, disfrutaba de su compañía. Y ella también disfrutaba de la compañía de Kiba. El chico se parecía un poco a Naruto, pero era mucho más activo. Había hablado de todo tipo de cosas por el camino, a lo cual Hinata escuchó con el respeto apropiado, riendo juntos de vez en cuando por las cosas que Kiba le mostraba que Akamaru podía hacer. Debía admitirlo, se sentía cómoda con él, a pesar de que prácticamente no se conocieran. Tal vez, se debía a que el Inuzuka compartía muchas de las cualidades de su amigo rubio.

―Sakura dijo que traería comida y Shino las bebidas ―Akamaru iba corriendo delante de él―. Esto será genial. Gracias por acompañarme Hinata.

―Gra-gracias a ti… por… invitarme ―respondió ella mirando hacia un costado. Estaba nerviosa con él, a pesar de que se sentía extrañamente cómoda con el chico. Estar en esa situación la hacía pensar que estaba en una cita, ¿Era acaso una cita?

―La verdad, nunca antes habíamos hablado, pero a Akamaru le gustaste mucho. Eso me dice que eres una gran chica ―Kiba le sonrió y el perrito ladró―. Lástima que no seamos compañeros. Sakura y yo peleamos todo el tiempo. Sería agradable tener a alguien que no esté fijándose si tiene el cabello despeinado en medio de una misión.

Kiba era hablador y aquello la hacía sonreír. Le gustaban mucho las personas alegres y extrovertidas, y el chico era ambas. Hinata pudo observar de reojo la mueca que Kiba ponía al mencionar a Haruno. Se parecía a las muecas que Naruto le daba a Sasuke cuando algo le molestaba.

―Haruno-san es asombrosa ―Hinata dijo con una sonrisa melancólica. A veces le hubiese gustado tener esa personalidad extrovertida y al mismo tiempo delicada que tenía Sakura, después de todo, era ella quien llamaba la atención de Naruto―. Me gustaría ser como ella.

―Eso lo dices porque no estás con ella todo el día. A mí se me hace insoportable. Los dioses me castigaron con Sakura… ―Kiba rió estridentemente después de eso―. Estoy bromeando. La verdad, no es tan mala. Es agradable cuando quiere serlo ―Kiba miró a Hinata mientras los pétalos de flores caían a su alrededor―. Sabes, es curioso. Tú quieres ser como ella, pero… ella quiere ser como tú.

―¿C-como… Como yo? ―¿Por qué alguien tan extraordinaria como Haruno-san querría ser como ella?― Eso es… n-no es posible.

―Pues créelo ―insistió Kiba―. Ella quiere ser como tú. Se lo he escuchado decir más de una vez.

―P-pero… ―por mucho que dieran vueltas esas palabras en su mente, no entendía el motivo para que alguien quisiera ser como ella. Todos pensaban que ella era un fracaso, de hecho, aparte de Naruto y a veces Sasuke, nadie confiaba en que podía llegar a ser si quiera una kunoichi a futuro. Todos la veían como la hija de Hiashi Hyūga, la hija débil, no la talentosa Hanabi―. ¿Por qué? ¿Por qué ella querría s-ser como yo?

―Porque tú eres la única chica que Sasuke soporta ―le señaló Kiba, lo cual produjo un intenso rubor en las mejillas de Hinata. Nunca lo había pensado así hasta ese momento. Era cierto, Sasuke detestaba que cualquier miembro del sexo opuesto se le acercara, excepto por ella―. Sakura está enamorada de Sasuke desde que es una niña. Pero, por mucho que lo intenta, Sasuke no parece notar que está viva. Es por eso que siempre dice "¿Qué hace a Hinata-san tan especial? Kiba, ¿Te parece que es más linda que yo?" y yo respondo, "Claro", y luego ella dice "¿Te parece más agradable que yo?" y yo nuevamente le respondo "Cualquiera es más agradable que tú". Por lo general, es en esta parte cuando me golpea. Y en ese momento, la miro y le digo "Estoy seguro que Hinata no golpea a Sasuke".

Hinata suspiró observando como Kiba reía ante esto, estirando un chal sobre el pasto para que se pudiera sentar. Bajó el rostro pensando en cómo se sentiría Sakura Haruno. Ella misma había pasado tantos años en las sombras, persiguiendo a Naruto en silencio, siempre observándolo. Pero, Naruto no parecía si quiera notar que ella estaba ahí, que ella existía o lo mucho que lo admiraba. Aparte del día en que la defendió de esos chicos mayores, Naruto nunca si quiera paraba a darle una segunda mirada. Las cosas habían cambiado cuando formaron el equipo siete, pero aun así, podía entender cómo Sakura se sentía y aquello la entristeció.

Pero Sakura Haruno no conocía a Sasuke de la forma en que Naruto y ella lo hacían. Había más en Sasuke Uchiha que su aspecto. Había una razón para que no tuviese paciencia y esa aura oscura lo siguiera. No es que Sasuke quisiera ser así, lo era porque sus propias experiencias lo habían moldeado de esa forma.

―Sasuke-kun no… n-no lo hace por ser cruel con ella ―dijo finalmente, tomando la mano que Kiba le ofrecía para ayudarla a sentarse, usar un kimono le hacía un tanto más complicado moverse―. Él es a-así. Ni si quiera, con nosotros él… él… a él le cuesta confiar en los demás.

―No pierdas tu tiempo defendiéndolo conmigo Hinata ―dijo Kiba levantando una ceja―. Ese sujeto es un engreído, un completo idiota a mis ojos. No tiene derecho a tratar a Sakura así.

―Sasuke-kun no es un idiota ―era la primera frase que decía sin tartamudear ni dudar. Sintió algo parecido al coraje escuchando aquello, un deseo de defender la imagen de su compañero. No. Era más que eso, Sasuke era su amigo y no dejaría que nadie hablara mal de él, menos sin conocer toda la historia que cargaba―. Ni tú ni Haruno-san lo conocen. Él… Sasuke-kun tiene sus motivos para ser así.

―Podrá tener uno o mil motivos para ser un completo imbécil ―dijo Kiba también un tanto molesto al notar que Hinata se ponía a la defensiva, frunciendo el ceño, mirándolo con seriedad―. A mi realmente no me importa. No me agrada ese tipo. No sé a quién le ha ganado para creerse mejor que todos.

Hinata puso las manos sobre sus muslos y apretó la tela de su kimono escuchando a Kiba hablar. Ella no era el tipo de persona que se hubiese puesto de pie de la nada a refutar todo lo que él decía (como tal vez sí lo habría hecho Naruto), pero sintió deseos de hacerlo. Como se notaba que no conocía a Sasuke. Ninguno de ellos realmente había tratado con él, hasta ella que era su compañera aun no lo comprendía del todo. Pero sí podía sentir su dolor y entenderlo.

No era que Sasuke se creyera mejor que ellos, era mejor que ellos. Su dojutsu lo ponía en otro nivel de ninja: era un genio, no necesitaba esforzarse para aprender algo, lo veía con su sharingan y lo asimilaba como una técnica propia.

Aun así, era tan obsesivo con su entrenamiento como Naruto, se obligaba a si mismo siempre a aprender cosas nuevas, incluso entrenando con su sharingan activo, sabiendo que eso lo consumía. Siempre estaba buscando formas de mejorarse, y a los ojos de Hinata, eso lo hacía tan admirable como Naruto. Ellos no sabían que la competencia de Sasuke no eran sus propios compañeros, no estaba buscando medir qué tan fuerte era contra Kiba, Sakura o incluso ella, el joven Uchiha quería ser reconocido por su fuerza cuando peleara contra su hermano. Al haber caído contra él, se había sentido tan fracasado como Naruto, eso había puesto sus pies sobre la tierra y le habían enseñado un poco de humildad.

Ella veía esa nueva humildad y el deseo de superarse. El deseo de dejar de ser débil y luchar para cumplir sus metas, ser reconocido por su hermano, vengar a su clan, ponerse de pie nuevamente y honrar el nombre Uchiha. Hinata quería creer que Naruto lo había inspirado a no darse por vencido tanto como a ella.

A los ojos de cualquiera Sasuke era un sujeto callado, que siempre decía cosas con un cierto toque de franqueza y hasta crueldad. Ella misma había sido víctima de esta particular característica. Sin embargo, había un motivo para que alguien de trece años fuera de esa forma.

La tragedia había marcado el curso de su vida, y ninguno de ellos podía comprender lo solo y triste que Sasuke estaba en el fondo de su corazón, pero tal como había dicho Kakashi, sus ojos la ayudaban a ver más que cualquier otra persona, toda esa tristeza y soledad estaba cubierta en una capa fría y gruesa de odio, crueldad, determinación y sarcasmo.

Pero cuando Sasuke Uchiha dejaba entrever lo que había debajo de esta manto de emociones, Hinata y Naruto podían ver un atisbo en él de cómo hubiese resultado su personalidad si su familia siguiera viva. Había una calidez en su sonrisa que casi nunca mostraba, como si se sintiera culpable de poder experimentar lo que era ser feliz.

Por ello, Kiba no tenía derecho a hablar mal de Sasuke, pues no lo conocía. Nadie lo conocía, pues Sasuke no permitía que nadie se le acercara. Era su barrera contra el mundo. Pero ella era mejor que nadie con sus ojos, podía ver al verdadero Sasuke por mucho que se escondiera.

―Sasuke-kun es mi compañero y también mi amigo ―dijo Hinata mirando a Kiba a los ojos. Su ceño fruncido había desaparecido y su mirada era suave y compasiva. Kiba se sintió extrañado con esto, era como si Hinata fuese otra persona hablando, mucho mayor que él―. Él e-es mi amigo… con sus defectos y virtudes. Por favor, no vuelvas a hablar así d-de él, Kiba-kun.

Ni si quiera hubo tiempo para que el Inuzuka dijera algo, pues gritos animados los interrumpieron. Hinata volteó el rostro percatándose que entre los pétalos que caían se aproximaban caminando Ino, Chouji y Shikamaru. Un tanto más atrás los acompañaban Shino y Sakura. Ino y Chouji portaban una canastita mientras que Shikamaru se veía bastante distraído mirando los árboles. Sakura también traía un paquete envuelto en tela, mientras que Shino cargaba con algo parecido a un cooler en donde seguramente venía lo que iban a beber.

―¡Hinata-san! ―gritó Ino con alegría saludándola con una de sus manos―. ¡Vinieron! ¿Y Sasuke-kun?

―¡Sí! ¿Dónde está Sasuke-kun? ―preguntó Sakura, adelantándose un poco.

―N-no lo sé. Debe venir con Naruto-kun ―respondió Hinata ruborizándose ante la entrada de las dos chicas.

―¿Acaso estoy pintado? ―preguntó Kiba molesto, mientras Akamaru saltaba hacia su cabeza para reposar en ella. Las chicas ni si quiera lo habían saludado―. ¿Trajeron todo?

―¡Ajá! ―contestó Chouji sentándose junto con Hinata y Kiba―. ¡Shikamaru, vamos a comer!

―No seas tan impaciente, esperemos al resto ―Shikamaru se dejó caer sobre el pasto. Era el único del grupo que no vestía con prendas tradicionales sino con su uniforme de chunin.

Sakura e Ino se sentaron también, mientras que Shino se apoyó contra la corteza de un árbol de cerezo sin decir nada.

―Muchas gracias por decirnos lo que le gustaba comer a Sasuke, Hinata ―agradeció Sakura.

Le habían ido a preguntar temprano en la mañana y Hinata les había dicho que, Sasuke Uchiha, comía Onigiris todo el tiempo.

Sakura llevaba el pelo suelto. Se veía realmente bella con su kimono bordado color rosa crema. Hinata sintió un poco de celos, a ella le habría gustado verse tan linda, después de todo, el Hanami era un lugar para observar las flores de cerezo y Sakura Haruno parecía una flor con su cabellera rosácea.

―Espero que le guste lo que le preparé ―dijo Sakura sonrojando con una gran sonrisa. Hinata se sintió mal por ella. Se veía que estaba haciendo un gran esfuerzo para acercarse aunque fuese un poco a Sasuke.

―D-de seguro que s-sí ―respondió Hinata sonriendo con amabilidad.

―¡Sasuke-kun comerá lo que yo le preparé! Onigiris rellenos con salmón ahumado y un toque de flores de orégano ―Ino se veía resplandeciente también. Se había soltado su cabellera y le caía como una melena sobre los hombros. Después del torneo chunin su largo pelo rubio se había visto reducido, pero se seguía viendo igual de linda―. ¡Puse todo mi corazón en ello! ―subió un puño animándose a sí misma.

―Yo los adorné con tomates ―respondió Sakura más confiada, sonriendo con burla―. A Sasuke-kun le gustan más los tomates, Ino puerca ―una pequeña venita apareció en la frente de la chica―. Además, con tu cabellera corta no te mirará dos veces. A él le gusta el cabello largo.

La mandíbula de Ino se tensó con dicho comentario y un rubor de rabia cruzó sus mejillas mientras ambas rivales se miraban con chispas en los ojos. Lo sorprendente de la situación fue que Hinata interviniera sin que nadie le preguntara.

―¿De dónde sacaron que a Sasuke-kun le gu-gustan las chicas de cabello largo? ―preguntó confundida. No se imaginaba que su compañero de equipo pudiese decir alguna vez que le gustaban las mujeres de un cierto tipo, él nunca hablaba de esas cosas.

―El primer día que entramos en la academia, nos hicieron dibujar a la persona más especial para nosotros, ¿recuerdas Hinata-san? ―indicó Sakura subiendo el dedo índice. Hinata asintió, recordaba que ella había dibujado a Naruto―. Pues, Sasuke dibujo a una chica de caballera larga y negra tomada en una cola de caballo baja.

―¿Cabello largo y negro en-en una cola de caballo? ―Hinata comenzó a pensar y tuvo que taparse la boca con las manos para que su sonrisa no fuera tan evidente y aun así se le escapó una risa suave―. Lo siento, Haruno-san, pero creo… creo que… que interpretaste eso mal.

―¿Ah? ―tanto Ino como Sakura estaban cada una al lado de Hinata casi acorralándola, poniendo atención a cada detalle que salía de su boca. Después de todo, ella conocía a Sasuke mejor que ambas―. ¿Por qué dices eso?

―La p-persona más es-especial para Sasuke-kun era su hermano, Itachi ―Hinata sonrió un tanto avergonzada, no le gustaba reventarles la burbuja a las chicas que ahora la miraban con un tic en el ojo―. Estoy s-segura que la persona que dibujó era él y ustedes lo confundieron con una chica. Itachi Uchiha lleva el cabello largo y se lo amarra en una cola, como la que describen.

―Sakura… tú dijiste… ―Ino la miró como si la quisiera matar, una tras otra las venas en su rostro se hacían visibles―. Eres una idiota.

―Pero… yo pensé… ―Sakura recordó el día; mirándolo desde el asiento en la posición más elevada sólo se había dado cuenta que Sasuke dibujaba a alguien de cabellera larga, pero nunca imaginó que no fuera una niña, sino que se tratara de su hermano mayor―… que ese era el tipo de mujer que a él le gustaba.

―Lo-lo siento ―admitió Hinata con timidez escondiendo un poco el rostro―. Sasuke-kun no se fijaría en el cabello de alguien para juzgarlo.

―¡Hinata-san! ―Sakura se aferró de ella casi suplicando con los ojos―. ¡Por favor dime qué le gusta a Sasuke-kun! Lo he intentado todo pero nunca me habla, pero contigo sí lo hace, debe haber algo en ti que le guste para que lo haga.

―¿Gustar? ―Hinata se puso roja―. N-no, no es así.

―¡Frente de marquesina! ―dijo Ino suspirando pesadamente―. A Sasuke-kun no le gusta Hinata de esa forma, ellos son amigos. Además, creo que a Hinata le gusta alguien más.

―¿En serio Hinata? ―escuchar que a Hinata Hyūga no le gustaba Sasuke le sacó un gran peso de encima a Sakura, pero no podía imaginar por qué a ella no le gustaría el chico Uchiha, si era perfecto en todo sentido―. ¿Quién puede ser mejor que Sasuke?

Hinata nunca se había sentido tan incómoda como en ese momento. Que Ino dijera que a ella le gustaba alguien y que luego aparte de eso Sakura le preguntara le hizo hiperventilar y sus mejillas casi se volvieron azules. Si Hinata respondía esa pregunta, crearía una extraña tensión entre ella y Sakura, después de todo, Naruto sólo tenía ojos para ella. De cualquier forma, eso no le molestaba, respetaba los sentimientos de Naruto y deseaba que fuera feliz algún día con ella.

Hinata se mordió el labio suavemente y no respondió. Ino y Sakura se miraron extrañadas y la dejaron en paz, entendiendo que la chica se sentía incómoda con todo el asunto.

―Dios… ―se quejó Kiba tomándose el rostro―. Si van a hablar sólo del Uchiha yo me largo.

―Sólo estás celoso porque Sasuke-kun es un chico mucho más atractivo que tú ―dijo Sakura mirándolo de reojo, a lo cual Kiba sólo gruñó poniéndose de pie y retirándose al lugar en donde estaba Shino―. Idiota.

―Sasuke-kun vendrá, ¿no Hinata? ―preguntó Ino sacando de la canasta los onigiris que le había preparado, mirándolos con orgullo. Se veían bonitos con el toque de las flores de orégano.

―S-sí ―respondió Hinata bajando la mirada.

―Que alegría ―Ino suspiró, la primavera la tenía así, como si flotara en el aire llena de amor por Sasuke Uchiha―. Tal vez le diga que lo amo hoy.

―También yo, es el día perfecto ―Ino la miró con odio, ¿Siempre tenía que estar copiando todo lo que hacía?―. Y cuando lo haga, me besará ―Sakura escondió sus manos atrás del rostro―. Si tan sólo Sasuke-kun me besara… yo… ―dejó escapar un grito de emoción―. Yo haría cualquier cosa para que me besara.

―¿Si lo hago me dejarías en paz el resto de tu vida? ―tres pares de ojos se dieron vuelta lentamente para darse cuenta que parado atrás de ellas estaba Sasuke luciendo más molesto que de costumbre, con los brazos cruzados.

Ino y Sakura se pusieron rojas y casi fue como si tuvieran corazoncitos en los ojos al verlo. Lucía más masculino que nunca con su ropa tradicional y Sakura se aseguró de grabarse esa imagen para siempre, por muy mortificada que estuviese por que la hubiera escuchado decir eso.

―No puede ser peor que besar a Naruto ―movió sus ojos a los de las orbes azules de la chica Yamanaka, dedicándole la misma molestia que a Sakura―. Esa oferta también está en pie para ti, Ino ―la chica se encogió entre sus hombros.

―¡Sasuke-kun! No-no digas esas cosas ―los ojos de Sakura brillaban en una mezcla entre seducción, alegría y vergüenza―. Siéntate con nosotros. Te hemos cocina…

―Paso ―la interrumpió Sasuke sin mirarla. Por el contrario, le agarró con fuerza la muñeca a Hinata y la tiró hacia arriba―. Ven. Tenemos que hablar.

―S-sí ―respondió la chica poniéndose de pie―. Permiso, chicos.

Todos quedaron un tanto colgados con la actitud de Sasuke, en especial Kiba quien sintió que le había faltado el respeto a Sakura y por mucho que la chica lo irritara no le gustaba que cualquiera fuera y la tratara de esa forma. Por su parte, Chouji ya estaba intentando abrir el canasto en donde Ino tenía la comida y Shikamaru miraba los pétalos caer a su alrededor, después de todo, el Hanami se celebraba precisamente para observar las flores. Shino suspiró pesadamente, algo le decía que ese día estaría plagado de momentos como ese.

Hinata y Sasuke caminaron alejándose del resto a suficiente distancia para que no escucharan lo que decían. El chico parecía molesto y no había dicho ni una sola palabra desde que le pidió que lo acompañara. Hinata había aferrado sus manos una con la otra, caminando con pasos cortos debido a su vestimenta que no le permitía seguir a Sasuke con la velocidad con que usualmente se movía.

―Sasuke-kun, tu mejilla aun… ―comenzó a decir preocupada al notar el rasguño que sus agujas de chakra habían proporcionado en él.

Pero Sasuke la cortó en seco.

―¿Dónde está Naruto?

―¿Naruto-kun no vino contigo? ―le preguntó confundida.

―No ―respondió Sasuke mirándola sin pestañar―. Fui a buscarlo a su departamento y no estaba ahí. Tampoco estaba en Ichiraku.

―Eso es-es extraño ―Hinata frunció las cejas con consternación. Por algún motivo su corazón comenzó a latir muy rápido. Aunque lo estaba ocultando, hasta Sasuke parecía preocupado―. ¿Deberíamos buscarlo?

―No será necesario ―Hinata subió la mirada, el tono de Sasuke le llamó la atención. Junto con él, miró hacia los árboles para ver qué era lo que observaba su compañero―. Ese idiota ―Hinata sonrió al darse cuenta que entre las ramas de las flores de cerezo, Naruto los miraba.

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¿Cómo se los diría? ¿Cómo se lo tomarían? ¿Lo apoyarían? ¿Sasuke lo golpearía? ¿Hinata entristecería?

Eran tantas las preguntas en su mente mientras los miraba con una sonrisa melancólica en su rostro. Desde esa posición, al verlos interactuar juntos, se preguntó si podrían mantenerse unidos si él no estaba, ¿Tendría Hinata la fortaleza para cargar con la soledad y tristeza de Sasuke? Si no la tenía, más le valía comenzar a formarla. Sacudió la cabeza; por supuesto que Hinata tenía fuerza, era quizás mucho más fuerte que él y Sasuke. Ella los había mantenido juntos a su manera los últimos meses. Tal vez Naruto tuviera que sacarlos adelante más de una vez, pero quien había mantenido unido a Sasuke y a él había sido la peliazul.

Las palabras llegaban a él como si sus memorias se la susurraran con la brisa de la primavera.

Su estómago se apretaba, los miraba desde la distancia sin moverse, sólo dejando que el viento le siguiera hablando.

Desde el primer día, cuando Naruto hacía sonar las campanas frente a Sasuke, Hinata fue la que dijo que debían ser un equipo. Cuando Hidan los atacó, fue por Hinata que él y Sasuke se unieron a pelear, todo con la esperanza de que ella no muriera. Cuando Itachi los atacó y Sasuke se quiso ir de la aldea, fue Hinata la que con su propio chakra lo mantuvo inmóvil hasta que casi cayó desvanecida.

Confiaba en ella. Sabía que podría lidiar con Sasuke si él no estaba ahí. Aún así mirándolos, y ellos mirándolo a él, el sentimiento de culpa comenzaba a carcomerle el estómago y estaba esforzándose por no quebrarse frente a ellos.

Llevaba de vuelta en Konoha menos de tres semanas, largos días en los cuales Sasuke parecía realmente otra persona. Claro, tenía sus momentos de oscuridad en los cuales permanecía callado y su mirada parecía perderse en los recuerdos del pasado que lo torturaba, pero al mismo tiempo, cuando esos lapsos pasaban… encontraba en él alguien mucho más animado que antes.

Era como si de alguna forma un peso hubiese sido levantado de sus hombros.

En la mañana lo pasaba a buscar para entrenar, lo insultaba constantemente hasta que se levantaba, lo regañaba y le decía una y otra vez lo inútil que era. Esa era la rutina. Pero al mismo tiempo Naruto sabía que si a Sasuke realmente no le importase no se aparecería todos los días antes de que saliera el sol insistiendo en que saliera de la cama y fueran a entrenar juntos.

Luego pasaban por Hinata quien siempre los esperaba con algo tibio para comer en la mañana por el camino, algo que tanto Sasuke como Naruto apreciaban y ya se habían acostumbrado a ello… de hecho, estaba seguro que Sasuke más que nadie esperaba ese momento del día con ansias, pues nunca rechazaba la comida de Hinata por muy orgulloso que quisiera mostrarse ante el mundo.

Frunció el ceño con dolor. Le dolía, le dolía tanto que sentía que no tendría valor de bajarse del árbol. Ellos eran lo único que tenía en el mundo y ahora… el mundo se había encargado de quitárselos también.

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―¿De qué estás hablando? ―preguntó Naruto bajo el marco de la puerta.

―Te dije que he estado reuniendo información. Según mis reportes, Akatsuki ya ha comenzado a moverse ― Jiraiya entró al departamento de Naruto sin si quiera preguntárselo―. Tsunade quiere que te cuide personalmente, por lo que ahora soy oficialmente tu tutor. Pero como sabes, yo no me quedo en un lugar mucho tiempo, sigo siendo la mejor fuente de información para la Aldea, por lo que te llevaré conmigo ahora.

Naruto gritó con alegría, emocionadísimo. Su corazón estaba rebozando de felicidad.

―¡Genial! ¡Otra aventura más! ¡Esta vez también irá Sasuke! ―la mera idea de que los tres pudieran entrenar en campamentos, disfrutar de dormir al aire libre ese verano, poder comer cosas asadas a fuego lento, lo hacía reír solo de entusiasmo―. ¡Cuánto nos vamos a divertir Hinata-chan, Sasuke y yo…!

Jiraiya lo miró con seriedad, suspirando pacientemente.

―Creo que no estás entendiendo Naruto, este viaje lo debemos hacer solos. De por sí es difícil esconder a un niño de los ojos del mundo, ¿Pero tres? Sería demasiado. Nos estamos enfrentando a un enemigo muy poderoso, ni si quiera yo sé con seguridad si pueda mantenerte a salvo si somos atacados. No podemos ponerlos a ellos en peligro también.

Naruto aun sonreía, confundido, pero el tono de voz de su maestro lo estaba acercando a entender lo que estaba queriendo comunicarle.

―¿Qué dices Ero sennin?

―Que este viaje lo debes realizar solo ―fue su respuesta.

―¡Pero! ¡Pero Sasuke y Hinata! ¿Qué pasará con nuestro equipo si me voy? ―ya no había felicidad en él, sólo angustia. La idea de dejar a sus amigos solos…

―Estoy seguro que encontraran un remplazo para ti eventualmente.

―Pero Ero sennin, y si Orochimaru intenta…

―No ―respondió Jiraiya tajantemente―. Al menos no por tres años. Orochimaru ocupó otro cuerpo después de que fracasara su plan. Sasuke está a salvo por al menos tres años más, esa es la fecha para volver a ocupar ese jutsu.

―O sea, ¿Que debo dejar la aldea?m―preguntó Naruto sintiendo que un nudo se formaba en su garganta.

―Sí ―respondió el maestro poniendo una mano encima de él―. Partimos hoy.

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Naruto saltó de las ramas y aterrizó sobre el piso. Estaba vestido igual que siempre, con el protector de Konoha amarrado a su frente. Miró a sus compañeros parados a unos diez metros de distancia, uno al lado del otro, pero sus piernas no se movieron. No quería hacerlo, realmente no quería despedirse de ellos, sobre todo después de casi forzar a Sasuke a que se quedara.

Notó como Hinata le sonreía con calidez. Por un momento, su corazón se sintió aliviado de encontrar en ella algo que le provocara tanta confianza y le sonrió de vuelta. La chica comenzó a correr en su dirección mientras que Sasuke permanecía ahí, parado, mirándolo con seriedad.

Sus ojos se cruzaron un instante, en el cual Sasuke pareció entender todo al verlo, ahí, con su mochila lista, con ropa para viajar y no para celebrar el Hanami. Los parpados del Uchiha cayeron y el contacto visual se interrumpió. Volvió a mover sus ojos lentamente hacia Hinata y nuevamente se encontró con esa sonrisa tan gentil y esas mejillas de porcelana cubiertas en un rubor de primavera. Hasta ese momento, no se había dado cuenta cuanto se había acostumbrado a tener a esa chica en su vida y lo mucho que ahora extrañaría esas cosas que la hacían, ella. Cada vez que decía "Hinata-chan eres asombrosa", lo sentía así. Muchas veces se golpeó mentalmente por no haberse dado cuenta que en la Academia, en su mismo salón, había alguien tan única como Hinata Hyūga.

―¡Naruto-kun! ―lo saludó Hinata cuando lo alcanzó, haciendo una leve reverencia―. Llegaste a tiempo, t-todos vamos a comer ahora.

―¿En serio? ―preguntó Naruto intentando sonar lo más normal del mundo mientras el nudo en su garganta se agrandaba cada vez más―. ¡Eso suena genial! ¡Tengo tanta hambre!

―S-sí. Haruno-san cocinó ―Hinata sonreía―. Y… y yo… te compré ramen de Ichiraku, Naruto-kun. Extra toppings ―¿Por qué era tan gentil? Era como una pequeña criatura de bondad. Sentía su nariz cosquillando, sabía que si ella permanecía frente a él mucho tiempo más iba a ceder. Tener que enfrentarlos a todos para decir adiós iba a ser terrible. Era mejor sólo irse rápido, al menos eso pensó. Ya los había visto, no había motivo para entristecerles la tarde, si es que les importaba, con su despedida―. Te..te estábamos…

―¡Hinata-chan! ¿Por qué no me vas a buscar ese delicioso ramen? ―la interrumpió Naruto riendo y cerrando los ojos―. ¡Tengo mucha hambre!

―Cla-claro Naruto-kun ―respondió ella un tanto confundida.

Hinata se dio la vuelta y Naruto estaba a punto de irse, cuando a unos cinco metros notó los ojos de Sasuke en él. Miró hacia un costado, evitándolo. Lo estaba leyendo como si fuera un libro abierto y Naruto se percataba de ello.

―¿Qué te sucede? ―le preguntó yendo al grano como siempre.

Sasuke había pasado un año con Naruto, hubiese sido un idiota si ignoraba la forma en que estaba actuando. Hinata le acababa de decir que Sakura Haruno había cocinado y que le había comprado ramen y en vez de gritar y alegar que quería ir a verla, mandaba a Hinata a buscar el ramen.

―¿A-a que te refieres Sasuke? ―no podía, no quería hacerlo. No tenía la fuerza para decirle adiós―. ¡Teme! ¡Ve a ayudar a Hinata-chan! Mientras yo… yo voy a saludar a Iruka sensei, debe andar por aquí.

Era su mejor amigo, era el único amigo hombre que tenía, lo quería tanto que lo hubiese llamado su hermano, ambos unidos por un destino en común, un mismo camino que habían tenido que transitar separadamente: el de la soledad y la tristeza. Sasuke había encontrado en la venganza la solución para sobrellevarlo, Naruto en cambio, había encontrado a Sasuke y también a Hinata para volver a ser feliz. No se sentía un monstruo con ellos, se sentía apreciado, y eso… le provocaba una felicidad en el pecho que nunca antes había experimentado.

Por lo mismo, ahora tener que irse, le estaba rompiendo el corazón en muchas formas distintas. Hubiese estado realmente feliz si hubiese sido un mes, dos, seis, hasta un año; pero no sabía cuándo volvería. Ni si quiera sabía si los volvería a ver nuevamente. Se había divertido tanto en el equipo siete, entrenando, creciendo juntos, formando una verdadera amistad tanto con Sasuke como con Hinata, que ahora, dejarlos, le producía un dolor que sólo podía ocultar con la mejor de sus sonrisas, de la misma forma que lo había hecho cuando era un niño, bromeando, jugando, riendo, molestando, mostrándose indiferente.

Era bueno en ello, pero se le olvidaba, que Sasuke lo conocía mejor que eso.

―Ya dilo. Hinata se fue, ¿Qué está pasando? ―la voz del Uchiha fue fría y directa. Había caminado unos pasos más en dirección a él hasta quedar frente a frente. Lo miraba molesto, cansado, mostrándole con sus gestos que era inútil mentirle―. ¿Hay alguna misión urgente para que lleves tu mochila? ―Naruto no respondía, sólo miró el pasto con melancolía mientras los pétalos seguían cayendo―. ¡Responde!

―¿Cómo lo supiste? ―no podía mirarlo, prefirió grabarse la imagen de Konoha en primavera, de sus amigos a lo lejos riendo y conversando, del sonido de la risa de los niños que pasaban corriendo alrededor de ambos.

―Tú insististe en venir a esta estupidez y no te apareces si quiera a buscar a Hinata y ahora vienes acá luciendo así y con una mochila en la espalda. Ayer te morías por pasar el día con Haruno y ahora ni si quiera te has acercado a decirle hola ―Sasuke se cruzó de brazos, cada vez más molesto―. No hay que ser brillante para darse cuenta que estás a punto de partir a algún lugar.

Naruto entrecerró los ojos irritado. Sasuke era excelente deduciendo cosas, todos tenían razón en llamarlo un genio.

―Tsk, ¿Hay algo en lo que no seas bueno?

―En esperar respuestas ―contestó Sasuke frunciendo el ceño.

―Bueno ―Naruto puso una mano sobre su cabeza, cerrando los ojos mientras sus mejillas se volvían cada vez más rojas, intentando no mostrarse débil ni triste―. Ero Sennin y yo nos vamos de viaje.

―Ya te has ido de viaje con él antes, ¿Por qué estas actuando así ahora? ―preguntó Sasuke y cuando no tuvo respuesta, pareció entenderlo―. Ya veo. No sabes si vas a volver.

―Necesito pedirte un favor, Sasuke ―Naruto subió los ojos y se encontró con los de Sasuke, que por algún motivo, ya no arrugaba las cejas. ¿Había tristeza en su mirada?―. Ayuda a Hinata a entrenar cuando no esté. No dejes que los Hyūga la pisoteen. Ella es fuerte, sólo necesita confianza.

―¿Eso es todo? ―preguntó Sasuke levantando una ceja.

―No ―respondió Naruto poniendo una mano sobre el hombro de Sasuke―. Cuida de ella.

―No tienes que pedirme que cuide de ella, también es mi compañera.

―Necesito saber que alguien estará cuidando de ella ―las dos manos de Naruto estaban sobre Sasuke, aferrándose a su kimono con fuerza―. ¡Promételo! ―Sasuke sintió que algo se le removía en el estómago cuando notó que Naruto estaba comenzando a llorar―. Y nunca rompas esa promesa.

Sasuke quería permanecer completamente indiferente a esa muestra de sentimentalismos, pero lo estaba comenzando a afectar. Le dolía en el pecho ver a Naruto de esa forma. Bajó el rostro y dejó que su flequillo cubriera sus ojos.

―Lo prometo.

―Hinata-chan es tan compasiva ―Naruto apretó los párpados para que Sasuke no viera como lloraba―. Ella ha sufrido tanto como nosotros todo este tiempo por culpa de su familia y aun así siempre sonríe.

―Hinata es fuerte ―expresó Sasuke tocándose la mejilla―. Esta herida lo evidencia ―gruñó divertido, sin creer aun, que la misma chica débil y hasta cierto punto patética que había conocido un año antes ahora fuese capaz de herirlo―. Puede aguantarlo. Y si no puede, lo haré yo por ella. No dejaré que su familia la siga lastimando.

Naruto suspiró y levantó el rostro nuevamente secando sus lágrimas con el puño de su chaqueta naranja. Comenzó a reír, como si la tensión que tenía encima hubiese desaparecido. Las palabras de Sasuke lo tranquilizaban. Su compañero había cambiado bastante durante ese tiempo, se había vuelto alguien en quien podía confiar. Se acomodó la mochila en su espalda y asintió con fuerza.

Ya estaba listo.

―Vuélvete fuerte ―le advirtió con una sonrisa, la sonrisa que se le da a un rival―. No quiero volver a Konoha y darme cuenta que sólo yo avance.

―Cuando nos volvamos a ver ya ni si quiera será una competencia. Estarás tan atrás que sólo verás mi espalda ―también Sasuke sonreía, burlesco, confiado en que nuevamente se abría una competencia entre ambos―. Siempre serás un perdedor a mis ojos.

Bastardo… ―gruñó Naruto mostrándole su puño―. Eso lo veremos.

Y entonces, algo extraño ocurrió, Sasuke chocó su propio puño con el de Naruto, un gesto que lo tomó desprevenido pero que lo hizo reír. Era la primera vez que hacía eso, en un gesto casi fraternal.

―¿Cuándo volverás? ―preguntó aun manteniendo sus puños unidos.

―Antes de tres años ―respondió Naruto bajando la mano―. Eso también es una promesa.

―¿Por qué? ―lo cuestionó Sasuke sin entender la relevancia de aquello―. ¿Qué pasará en tres años?

―Orochimaru vendrá por ti ―no iba a andar con rodeos con Sasuke, él merecía saber la verdad―. Ero Sennin dijo que utilizó otro cuerpo por ahora, y que no puede usar ese jutsu en tres años ―Naruto exhaló cerrando la cremallera de su chaqueta―. Antes de que ello ocurra estaré aquí para que lo enfrentemos juntos.

La noticia hizo que un escalofrío lo recorriera, pero que al mismo tiempo se sintiera aliviado. El cuello le dolía de vez en cuando, pero no importaba. Podía deshacerse de eso eventualmente, confiaba en que podría hacerlo.

―Bien. Tres años. Es tiempo suficiente para matar dos pájaros de un tiro ―pensó en Orochimaru, pero también en Itachi. Su meta seguía siendo la misma.

―Confío en que lo haremos ―dijo despreocupadamente mirando hacia la colina atrás de los árboles. En ese lugar lo estaba esperando alguien que ya conocía, parado sobre un sapo. Iba siendo hora de marcharse―. Ya debo irme. Hinata debe estar por volver.

―Hinata no se tomará esto muy bien, sabes ―lo increpó Sasuke subiendo una ceja.

―Lo sé ―respondió Naruto bajando el rostro nuevamente, evitando que Sasuke viera la reacción que tuvo cuando le dijo esas palabras―. Por eso me iré ahora ―no quería verla triste. Ya era lo suficientemente malo haber tenido que llorar frente a Sasuke, no podía permitir que Hinata lo viera quebrarse. Ella lo admiraba, no iba a romper la imagen de fortaleza que ella tenía de él.

―¿No te vas a despedir de ella? ―preguntó Sasuke extrañado y sintiendo pena por la chica.

―No ―explicó Naruto―. Es mejor así.

Sasuke suspiró. A Hinata le gustaba Naruto, que él se fuera sin despedirse sería un golpe fuerte para ella, pero no era asunto suyo. Eso era entre ella y Naruto.

―Como quieras.

Naruto puso sus manos sobre la piedra que llevaba en el cuello, el collar que había ganado de Tsunade. En un impulso se lo sacó por encima de la cabeza y lo puso en la mano de Sasuke.

―Dale esto, ¿Sí?

―¿Qué es? ―preguntó Sasuke mirándola la piedra azul en la palma de su mano.

―Ella entenderá ―dijo Naruto sonriendo―. Esto dice muchas más cosas de las que yo podría decirle ahora.

―Está bien.

No había más que decir. Frente a frente había dos jóvenes bastante diferentes. De partida, uno tenía el cabello rubio y el otro negro. Uno de ellos era extrovertido y el otro más bien introvertido. El más alto de los dos era un genio, mientras que el más bajo era un fracasado que lograba salir a adelante a base de esfuerzo. Sin embargo, había algo que unía a estos dos seres que se contraponían uno al otro… aunque aún no supieran de qué se trataba.

―Sabes, si alguien me hubiese dicho, que te convertirías en mi mejor amigo… lo hubiese ahorcado. Pero lo eres. Eres mi mejor amigo. Siempre lo serás ―Naruto rió rascándose la cabeza―. Adiós Sasuke ―se despidió dándole la espalda y comenzando a caminar en dirección a la colina―. No, no adiós. Hasta pronto.

Las palabras de Naruto lo sorprendieron. El también jamás se habría imaginado que terminaría encontrando a alguien con quien compartir una vida llena de soledad.

―Hasta pronto, Naruto ―media sonrisa apareció en su rostro.

Naruto también era su mejor amigo.

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Estaba sonriendo delicadamente y todos ahí parecían notarlo, mirándola extrañada cuando llegó. Por su puesto, Hinata que había estado toda su vida acostumbrada a ser ignorada, ni si quiera lo notó. No se dio cuenta de la ceja que levantaba Shikamaru, ni como Kiba se rascaba la cabeza en duda, ni las miradas de complicidad entre Sakura e Ino. Los chicos podían notar la forma en que su semblante había cambiado desde que Sasuke se la llevó, preguntándose qué podría haber pasado entre ella y el Uchiha para que la chica estuviese tan feliz.

Sakura sintió un inmediato ataque de pánico. Después de todo, Sasuke y Hinata pasaban casi todo el tiempo juntos, eran compañeros de equipo y además, ella era la única chica con la que él parecía llevarse bien. Las conclusiones en su cabeza la hicieron ahogarse, tomándose el pecho para respirar profundamente.

Pero Hinata no vio nada raro en todo ello. Sólo se agachó y se sentó animosamente sobre el chalón y comenzó a jugar con sus dedos, ideando una forma de acercarse a la chica Haruno para ver si podía pedirle algo para comer, para así llevárselo a Naruto junto con el bowl de ramen.

―Ha-haruno-san ―comenzó Hinata, mirando el suelo fijamente―. ¿Ha-habría alguna posibilidad de que tú me pudieses convidar algo d-de lo que cocinaste para… para… ―Sakura se quiso morir, ¿Le estaba pidiendo comida para llevarle a Sasuke? Y ella que había planeado tan cuidadosamente todo para que resultara de la mejor forma posible y así comenzar a conquistar a Sasuke por el estómago―… para Naruto-kun?

¿Naruto? Eso la calmaba. Había sido una completa idiota pensando que Hinata y Sasuke… o sea… Hinata era… bueno, no se imaginaba que a Sasuke le pudiese gustar alguien que nunca podía completar una frase sin tartamudear, sobre todo con la poca paciencia que tenía.

―Lo siento, todo lo que traje esta crudo, excepto los Onigiris que hice para Sasuke-kun ―respondió Sakura, mirando dentro de su paquete con comida―. Pero Shino y Chouji fueron a buscar la parrilla para que comencemos a asar las verduras y las carnes.

―No te olvides de las papas dulces al carbón ―dijo Ino mientras comenzaba a sacar las cosas de sus respectivos envoltorios y a ordenar todo para ponerlo a calentar.

Hinata suspiró, pero asintió con gentileza y esperó a los chicos, comenzando a armar las cosas junto a Ino para que pudieran ponerse a cocinar. Seguramente Naruto estaba bromeando con Sasuke y aparecerían los dos en cualquier momento atraídos por el olor a la parrillada. Naruto se abalanzaría sobre Sakura Haruno y comenzaría por preguntarle cómo estaba, qué había cocinado y si al hacerlo había pensado en él. Hinata rió en voz baja y hasta Ino notó lo animada que estaba aliñando las carnes y preparando las ensaladas para poder ella misma servirle un plato de comida a Naruto.

―Te agrada mucho Naruto, ¿Verdad? ―le preguntó Ino disimuladamente. Sólo había sido un susurro entre ambas pero la hizo sonreír con melancolía. Al igual que ellas, Hinata tenía sentimientos por alguien que no gustaba realmente de ella de esa forma. A Naruto le gustaba Sakura desde la Academia―. Se han acercado mucho últimamente, desde que son compañeros.

Hinata se puso roja y miró sus manos. Decir en voz alta que le gustaba Naruto habría sido… vergonzoso. No era de las personas que manifestaban sus sentimientos, ella ya sabía que Naruto no la miraría jamás de la forma como miraba a Sakura y aunque últimamente su corazón latía con un cosquilleo que la hacía sonreír cada vez que el rubio estaba cerca, se conformaba con que Naruto sintiera orgullo por ella por lo mucho que estaba progresando en el camino para cumplir su sueño: ser reconocida por su padre.

Chouji llegó entonces con Shino y juntos terminaron de armar la parrilla a varios metros de las chicas. Shimakaru y Kiba comenzaron una discusión sobre la forma más efectiva para prender fuego mientras Akamaru aprovechó la confusión y se robó un pedazo de carne. Chouji lo persiguió y desapareció de vista, haciendo que Kiba siguiera a Chouji para asegurarse de que no asara a Akamaru por comerse la carne.

Hinata observó todo aquello y se tapó la boca con una de sus manos para no reír en voz muy alta. De pronto, Sasuke se hizo presente y Hinata no pudo evitar sonrojar pensando que seguramente Naruto la estaba esperando y Sasuke venía a avisarle.

―¿Me pueden dejar solo un momento con Hinata? ―le pidió Sasuke a Ino y Sakura, quienes estaban arreglando una pequeña bandeja con sushi.

―Claro ―dijo Ino sonriéndole de forma un tanto coqueta―. Ven frente de marquesina. Llevémosle la carne a los chicos ―Sakura miró confundida en dirección a Sasuke, que estaba mirando a Hinata con completa seriedad. Sintió en su pecho que algo estaba pasando, que algo importante acababa de pasar y casi no podía evitar el deseo de preguntarle de qué se trataba todo eso―. Sa-ku-ra ― Insistió Ino tomándola del brazo y tirándola, mientras que la chica seguía mirando la escena sin que nadie la mirara de vuelta.

Caminaron unos quince metros de distancia, lugar en donde todos estaban asando cosas, era el sector de las parrillas.

Hinata estaba sonriendo y Sasuke notó la forma en que con sus ojos buscaba un plato de comida que tenía sushi y otras cosas que había estado preparando para Naruto junto con el bowl de ramen. Aquello lo hizo suspirar. Estaba a punto de darle una noticia que seguramente le arruinaría el resto de la tarde. Sabía que no se lo iba a tomar muy bien, después de todo a la chica le gustaba Naruto, de la misma forma en que Ino y Sakura gustaban de él.

No, eso no era cierto. Sakura e Ino eran irritantes. Hinata no. Hinata sólo observaba a Naruto desde lejos, como si le fuera completamente inalcanzable y parecía estar conforme con aquella situación. Hinata conocía a Naruto, comprendía sus alegrías y sus penas, estaba al tanto de sus sueños y siempre lo motivaba a seguirlos. Hinata habría dado la vida por él. Sakura e Ino no tenían una relación así con Sasuke, por lo tanto, ninguna de esas situaciones eran comparables la una con la otra.

Como todo en la vida, se había rendido con el tema antes de si quiera intentar saber si a Naruto también le gustaba ella. Pero no la podía culpar, al perdedor le gustaba Haruno. Era muy probable que Hinata no quisiera arruinar su amistad con él, o… tuviese miedo que la rechazara.

―Sa-Sasuke-kun ―susurró Hinata cerrando los ojos―. ¿Tam-también quieres comer?

―No ―ladeó un poco el rostro para no mirarla―. Toma.

Hinata no entendía que estaba haciendo Sasuke al estirar su mano para tomar su muñeca, pero pronto pudo comprenderlo cuando en medio de su palma había un collar. Sin embargo, no era cualquier collar, ese era el collar que Naruto le había ganado en una apuesta a Tsunade-sama, el collar que pertenecía al primer Hokage.

―¿Por-por qué tienes esto? ―preguntó Hinata confundida con los ojos puestos en el cristal celeste―. Es de Naruto-kun.

―Ahora es tuyo ―respondió Sasuke esperando su reacción. No quería prolongarlo más de lo necesario―. Naruto me pidió que te lo diera. Dijo que tú entenderías lo que significaba.

―¿Qué pasa? ―la sonrisa de Hinata había desaparecido y su rostro más que ruborizarse como siempre se ponía pálido―. ¿Dónde está Naruto-kun?

―Naruto fue asignado en una misión con Jiraiya ―respondió Sasuke cruzándose de brazos. Decirlo lo ponía algo triste, no sólo Hinata acababa de perder a un compañero de equipo, el acababa de perder a su mejor amigo por un buen tiempo―. Dijo que iba a volver antes de que pasen tres años. Eso es todo lo que se.

La piedra azul resbaló lentamente por las manos de Hinata. Sólo el cordelito de cuero quedó atrapado entre sus dedos que se habían relajado como si se le fuese la vida del cuerpo al escuchar eso. Su mirada se volvió completamente ausente y permaneció de esa forma, en silencio, mirando el espacio. Sasuke respetó su reacción y la esperó, tal como ella siempre había permanecido con él cuando un evento importante en su vida ocurría. Era lo mínimo que podía hacer.

Hinata despegó los labios levemente después de un momento eterno en que su mirada se encontraba completamente vacía. Exhaló con pesar, un ruido que le llegó a doler a Sasuke.

―¿Dónde? ―preguntó la joven.

―No lo sé ―confesó Sasuke, deseando poder saber algo más para aliviarla―. No te preocupes, conociendo a ese idiota de seguro estará bien. Además, Jiraiya lo acompaña.

La garganta de Sasuke se cerró cuando vio una lágrima solitaria cayendo con fuerza por la mejilla de Hinata y luego directamente al pasto. Una segunda lágrima la acompañó. Pero sólo fue eso. La chica ni si quiera había pestañado, pero era como si su cuerpo no pudiera soportar la tristeza que estaba sintiendo momentáneamente.

Sasuke no sabía qué hacer. No era bueno con esas cosas. A decir verdad, ni si quiera le importaban los sentimientos de los demás hasta hacía muy poco en que había descubierto que esa costumbre suya de no pensar en el resto, era distinta con Hinata y Naruto. Recapacitó con detenimiento la situación y buscó una reacción de su parte para que ella parara de llorar. ¿Qué podía decirle? ¿Serviría abrazarla? Al parecer un abrazo podía solucionar situaciones así.

No. Él no abrazaba a la gente. Eso era algo estúpido. Por mucho que se hubiesen acercado no eran tan íntimos como para andar abrazándose. Ese abrazo en el bosque había sido algo de una vez, que aún le revolvía el estómago cuando lo recordaba. Una mano en el hombro tampoco serviría, tocarla no era una opción.

Molesto por estar sobre analizando los sentimientos de otra persona terminó por decir lo que siempre habría dicho, por muy rudo o insensible que fuese.

―Sécate esas lágrimas ―le ordenó haciendo una mueca de disgusto. Su voz seguía siendo firme, no iba a dejar que Hinata se quebrara frente a él―. A Naruto no le gustaría verte llorando.

―Na-Naruto-kun… él… no se despidió ―susurró Hinata con melancolía. No lloraba pero, era como si su alma lo estuviese haciendo, verla así era realmente difícil.

¿Cómo decirle a Hinata? Era una cuestión de hombres. A ningún hombre le gustaba que lo viesen llorar. De seguro el orgullo de Naruto de por sí habría estado bastante magullado por haber llorado frente a Sasuke, ¿Pero también frente a Hinata? Sasuke lo entendía. Por lo mismo él se había querido ir antes de que ellos dos volvieran a Konoha, para evitar prolongar el dolor de la separación y retirándolo como se saca un venda, de golpe.

―Naruto no quería que lo vieras, quebrarse. Respeta esa decisión. Pero me pidió algo… ―continuó el pelinegro. Las palabras de Sasuke le llegaron justo en el momento preciso, justo cuando las necesitaba escuchar, porque sentía el espíritu de Naruto en ellas―. Quiere que sigas entrenando y que no vuelvas a dejar que tu familia te humille. Él quiere que te vuelvas fuerte.

Hinata miró a Sasuke, su ceño siempre estaba fruncido, siempre hablaba como si fuera un adulto, con una formalidad y seriedad tan característica de él. Pero esta vez, su mirada se había suavizado. A veces, se le olvidaba que debajo de toda esa capa de hostilidad que ponía Sasuke contra el mundo, había un chico gentil y suave, amable, que podía darle fuerzas en los momentos en que más las necesitaba.

Hinata separó de nuevo los labios, y dejó un murmullo escapar.

―S-sí ―tomó el collar entre sus manos y lo puso alrededor de su cuello, apretándolo contra su pecho―. Lo haré.

Sasuke no entendía a Hinata, a veces intentaba hacerlo pero le costaba descifrarla más que a cualquier otra persona. El sharingan era un dojutsu que le permitía incluso ver dentro de la mente de otro, pero nunca podía lograrlo con Hinata. Era un misterio para él lo que pensaba esa chica.

Y ahora, viéndola sonreír tranquila, nuevamente se preguntaba la razón de ello.

―¿Por qué sonríes?

―Porque… porque voy a volverme fuerte ―respondió sonriendo aún más, con alegría, bajando levemente el rostro y apretando con mucha fuerza el collar contra ella―. Y cuando vuelva a ver a Naruto-kun… se lo diré.

¿Decirle qué? ―se preguntó Sasuke observándola.

Pero no tuvo que preguntarlo, lo último no lo había dicho para él, se lo había dicho a sí misma. Era casi como si se lo hubiese prometido aferrando con fuerza ese collar. No sabía la historia atrás de éste, pero había hecho que Hinata dejará de parecer muerta en vida para que ahora sonriera con más fuerza que nunca, con un brillo que la rodeaba que opacaba a las mismas flores de cerezo que caían a su alrededor.

Sasuke sintió una punzada en el estómago.

¿Esa era la fuerza que esa chica encontraba en Naruto? ¿La estaba viendo acaso?

Había estado equivocado todo ese tiempo.

A Hinata Hyūga no le gustaba Naruto.

Ahí, en el Hanami, entre las flores que la adornaban, entre los pétalos que caían a su alrededor, observando a Hinata sonriendo con felicidad y apretando aquel collar, Sasuke Uchiha se dio cuenta de un hecho completamente irrefutable.

Hinata Hyūga no gustaba de Naruto, Hinata Hyūga amaba a Naruto Uzumaki.

Y aquello, más que divertirlo, molestarlo, sorprenderlo o confundirlo… le dolió.

~· Fin del Primer Arco · ~

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Si debes caer

Sabes que ahí estaré

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Para atender tu llamado

Sabes que ahí estaré

·

Iré a donde sea

Así que ahí te veo

·

No me importa si a ti no te interesa

Yo estaré no muy lejos detrás

·

Me atreveré ten eso en mente

No me importa.

·

Ahí estaré, para ti

·

Ahí estaré, para ti

·

Ahí estaré, para ti

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