CAPITULO 16

ESFUERZO Y RESULTADOS

·

·

·

·

·

Just one more breath, I beg you please
Just one more step, my knees are weak
My heart is sturdy but it needs you to survive
My heart is sturdy but it needs you

Breathe, don't you want to breathe?
I know that you are strong enough to handle what I need
My capillaries scream, there's nothing left to feed on
My body needs a reason to cross that line
Will you carry me there one more time?

·

·

·

·

·

Iba a llegar tarde a entrenar. El clima era tan agradable que su noche había sido tranquila y sus sueños más vívidos que de costumbre. Había soñado con Naruto. Siempre lo hacía, por lo cual no era una sorpresa para ella. Sin embargo, esta vez, también había soñado con Sasuke.

Estaban los tres juntos, nadando en el río a las afueras de Konoha, ese lugar en donde los chicos habían aprendido a utilizar su chakra y moldearlo para que se adhiriera a la superficie del agua. Toda esa noche se había sentido en un lugar de tanta felicidad, que despertar se le había hecho realmente difícil.

Cuando despegó los ojos y se encontró con la realidad, escuchando como los pajarillos del verano cantaban sobre los cerezos del patio, sonrió con sinceridad. Le gustaban los sueños así, en que se sentía completamente a salvo entre los dos chicos que se habían convertido en las personas más importantes en su vida junto a Hanabi, su padre y Neji.

Luego de asearse y vestirse había tomado su mochila y estaba corriendo por los pasillos cuando una voz grave la llamó desde el dojo. Era la voz de su padre.

―Bu-buenos días O-otōsan ―dijo Hinata un tanto nerviosa al notar la expresión seria y firme que mostraba.

―Una palabra ―le respondió Hiashi Hyuga parándose frente a ella y abriendo la puerta corrediza de una de las habitaciones de la mansión. Hinata supo de inmediato que no se podía tratar de nada bueno pero lo siguió―. Recibí el informe de tu última misión de entrenamiento en el bosque de la muerte junto a Neji.

Su padre esperaba que ella dijera algo, pero Hinata apretó los labios bajando la mirada. Hiashi estaba acostumbrado a la debilidad de carácter de su hija, al punto que ni si quiera esperaba que lo mirara cuando le iba a hablar.

―Te nombraron líder del equipo siete para la misión y aun así fracasaste en recolectar todo lo que la Hokage pidió de ti. Espero un comportamiento más diligente de tu parte la próxima vez que te den una responsabilidad así.

―No-no es así ―respondió Hinata con suavidad―. Kakashi sensei y Gai sensei suspendieron el ejercicio.

―Leí lo que ocurrió ―le respondió mirándola de reojo―. ¿Qué está pasando entre Neji y tú? Cuando están en mi presencia se tratan como primos. Tal vez él sea demasiado cortés contigo, pero nunca asocié esa formalidad a algo más que respeto. Sin embargo, leyendo el informe, me doy cuenta que quizás estuve equivocado. ¿Alguna vez te ha intentado lastimar?

Hinata podía recordar cada una de las oportunidades en que las palabras de Neji la habían hecho llorar, en que le tomaba la muñeca y se la apretaba hasta que le pedía que parara, en las que la arrinconaban y la obligaba a mirarlo cuando le estaba hablando. Aun así, no podía traicionarlo. Aunque Neji la odiara, para ella era una persona querida.

―No ―respondió débilmente, sin subir el rostro.

―Ni si quiera sabes mentir bien.

―Nunca p-podría culpar a Neji nii-san por la forma en que se dirige a mí. Después de lo que pasó con su padre…

Hiashi la interrumpió antes de que pudiera terminar.

―Ni tú ni él saben lo que realmente pasó ese día. Eran sólo niños.

Hiashi Hyūga suspiró pesadamente cruzando sus brazos, entendiendo que tal vez todos esos años se había creado una enemistad en la nueva generación de la familia, cuando el asunto para él estaba más que tajado y enterrado en el tiempo. Le dio la espalda a su hija, caminando en dirección a una de las ventanas.

Afuera, Neji y Hanabi estaban entrenando uno contra otro con el puño gentil y el byakugan activo. Se sintió bastante orgulloso de que su hija menor, siendo seis años menor que Neji, pudiese mantenerle el ritmo. Sin embargo, atrás de él estaba su descendiente que más ocupaba tiempo en su mente…

―Me culpo por ello. Lo que sucedió con Hizashi no es algo que enorgullezca a este clan ―hizo una pausa mirando como Neji le daba un golpe a su hija menor en el hombro, desestabilizando su cuerpo y haciéndola caer―. Nadie de la familia asesinó a mi hermano gemelo. Él eligió ese destino por su cuenta. Dejó una carta para Neji al respecto antes de morir. Pensaba entregársela cuando fuese mayor y pudiese entenderlo mejor. No obstante, cuando veo que dos Hyūga que compartirán sus futuros se tratan de esta forma, tuve que adelantarme. Tu primo está al tanto de lo que realmente ocurrió esa desafortunada tarde, por lo cual, ya no debería tratarte con el mismo desprecio.

Cuando escuchó a su padre decir todo aquello muchas preguntas se formularon en su mente, pero lo único que pudo decir fue una sola y temblorosa palabra.

―¿C-cómo?

―Neji y tú comparten más que su sangre. Comparten un destino juntos. No se aun de qué se trate, pero me gustaría vivir para verlos crecer uno al lado del otro ―Hinata no sabía muy bien a qué se refería su padre. Tal vez se trataba sobre quién sería su sucesor, o la idea de que por siglos su familia sólo contraía nupcias entre ellos (como cualquier clan) o quizás porque veía esa rivalidad que Neji había puesto entre ambos. Aun así, no quiso indagar más al respecto―. Ambos sabemos que nunca hemos tenido una relación cercana y que espero mucho más de ti de lo que muestras, he sido duro contigo por años esperando que algo sucediera que tornara esa debilidad que hay en ti en fortaleza.

―Otōsan, sé que mis misiones n-no han ido realmente bien y que espera más de m-mí… ―Hinata levantó el rostro y miró la espalda de su padre, aclarándose la garganta y parándose con más determinación― …pero me estoy esforzando en que llegue el día en que sienta orgullo de ser mi padre.

Hinata esperaba un sermón por la forma en que le había hablado. Hace años que su padre no hablaba tanto con ella y tenerlo tan cerca la hacía sentirse nerviosa. Ese hombre la había hecho llorar en tantas ocasiones distintas que sólo verlo le producía un dolor punzante en el pecho.

―Lo sé ―sus palabras la tomaron por sorpresa. Hiashi se volteó y la miró fijamente a los ojos, no con dureza sino con algo de remordimiento―. Hace un año, mi hija mayor era tan suave que ni si quiera se atrevía a golpear a su hermana durante un entrenamiento, no porque no pudiese, sino porque no quería lastimarla. Han pasado doce meses desde que Kakashi vino a hablar conmigo para hacerme saber que serías una más en su equipo, junto con ese chico y el Uchiha. No sé qué habrá pasado contigo durante este tiempo, pero te has vuelto más parecida a lo que debería ser un Hyūga No me enorgulleció leer que estabas dispuesta a activar el juinjutsu del clan por proteger a tu compañero durante la misión, pero saber que tuviste las agallas para hacerlo me indica por primera vez en mi vida, que no eres una causa perdida.

Hinata no podía creer que su padre por primera vez en su vida estuviese mostrando algún tipo de esperanza en ella. Sus labios se despegaron en sorpresa y al mismo tiempo dolor. Si eso era realmente lo que esperaba de ella, ¿Significaba que deseaba que no tuviese corazón? ¿Qué fuese alguien que hiciera cualquier cosa si significaba proteger a los suyos?

―¿Su idea de un buen shinobi es esa? ―preguntó con dolor y tristeza en un hilo de voz―. ¿Alguien dispuesta a lastimar a su propia familia de forma tan deshonrosa?

―Mi idea de un líder del clan, es alguien que tiene la fortaleza para tomar una decisión tan difícil como la que tomaste ―le respondió caminando hacia la puerta nuevamente, sin mirarla―. El juinjutsu existe para que los miembros de las ramas secundarias nos obedezcan. Si casi lo usaste porque Neji no escuchó tu orden, entonces hiciste lo que cualquier líder del clan haría. Lo ibas a obligar a escucharte.

Ambos se quedaron en silencio, espalda con espalda. Hinata bajó el rostro pensando en sus palabras. Ella realmente no quería convertirse en alguien así, y al mismo tiempo, todo en su cuerpo le gritaba que complaciera a su padre para poder escuchar por primera vez en su vida las palabras que venía deseando desde que tenía uso de razón: "Estoy orgulloso de que seas mi hija.".

―Te has endurecido estos meses, Hinata ―dijo su padre finalmente―. Neji dice que debo culpar al Uchiha de ello ―saber que su primo le había dicho algo así a su padre la hizo ruborizar―. Nunca pensé que un Uchiha era lo que necesitabas para ser merecedora de tu herencia de sangre, pero si eso fue lo que te ayudó, entonces… ―la miró con un atisbo de sonrisa, algo que provocó un vacío en el estómago de Hinata. Hizo hincapié en lo que estaba a punto de decir― …es bienvenido en esta casa.

Hinata estaba de acuerdo con que Sasuke le había ayudado a confiar más en sí misma y que a su manera la había ayudado a no rendirse, en querer superarse. La idea de que él la mirara tan en menos la mayoría de las veces la había hecho entrenar con fuerza para cerrarle la boca mientras ambos se enfrentaban en modo de práctica. Sasuke no la dejaba rendirse y aunque era doloroso cómo la trataba con tanta brusquedad, aquello definitivamente la había ayudado a sentir que si podía soportar a Sasuke, podía soportar el peso de cualquier cosa.

Pero si a alguien le debía haber podido sobrevivir a su familia, pararse sin importar las veces que ellos la forzaban a caer y buscar con esfuerzo la forma de superarse… era a Naruto. Su sonrisa, su espíritu, aquella fortaleza para nunca rendirse, la forma en que enfrentaba a todos los que le decían que jamás sería nada más que un fracaso; le había mostrado cual era el camino por el cual ella debía ir: junto a él, en la ruta de la superación propia. Compartían su camino del ninja, a un nivel tan íntimo que pensó que sólo él y ella entenderían lo importante que era enfocarse en que nunca retrocederían en lo que querían, pues si había un sólo momento de duda en ellos, todo se podía caer a pedazos a sus alrededores. Todos sus sueños estaban pendiendo por un hilo, debían aferrarse a ellos con fuerzas sin importar que. Pues, no tenían nada más, excepto sueños. Era lo único que podían llamar realmente suyos.

Lo que la hizo sonreír fue, que por primera vez en más de un año, pudo ver una señal de una tercera persona caminando por la misma ruta. Algo dentro de ella le decía que Sasuke los seguiría eventualmente. Sólo necesitaba tiempo para alejarse de su propia oscuridad.

―Otōsan ―dijo antes de que su padre abriera por completo la puerta. Tragó saliva de lo nerviosa que aquello la ponía, pero se aferró con fuerza al collar del primer Hokage―. "Ese chico" se llama Naruto Uzumaki y "el Uchiha" también tiene un nombre, es Sasuke ―miró el suelo con calidez en sus ojos, sus facciones suaves y tímidas se tornaban adorables de observar cuando pensaba en ambos―. Son mis compañeros de equipo.

Hiashi Hyūga se detuvo pasmado. Nunca había escuchado a su hija hablarle así, lo cual lo hizo sonreír. No sabía que había pasado el último año, pero algo grandioso debió haber sido para que su Hinata que siempre se rendía antes de intentarlo, que no deseaba luchar por miedo de herir a otros, que no podía si quiera articular una oración sin tartamudear, que se escondía atrás de sus piernas por miedo al resto… se volviese una kunoichi.

Suspiró, agradeciéndoles a los dioses por haber escuchado sus plegarias. Sólo esperaba que no se le hiciera costumbre faltarle el respeto. Por esa vez, lo dejaría pasar. Su Hinata lo había enfrentado. Era más de lo que habría podido pedir.

·

·

·

·

·

Todo había sido un caos que se había salido de control. Chouji había vaciado su refrigerador, Ino le había besado la mejilla cuando Shikamaru estaba controlándolo con su jutsu de sombras, Sakura se había puesto a revisar sus cosas y la encontró metida en su closet abrazando su ropa. Los bichos de Aburame se habían asustado con el humo de la parrilla y se desplazaron por todo el departamento causando un escándalo de niveles catastróficas cuando Ino, Sakura y Hinata comenzaron a gritar porque los tenían sobre ellas (como si en vez de pequeños insectos se hubiese tratado de ratones). Akamaru había orinado en sus paredes, Kiba había estado cerca de Hinata toda la velada lo cual lo dejó sin nadie con quien hablar e irritado en el balcón, asegurándose de que Chouji, Shikamaru y el Aburame no terminaran también de quemar su casa. Aun así, por primera vez en cinco años le cantaron "cumpleaños feliz", todos observándolo como si no fuesen desconocidos, sino, realmente amigos. ¿En qué momento había permitido que todos ellos se sintieran en tanta confianza con él?

Aún así, Sasuke se había divertido más de lo que estaba dispuesto a admitir. Aunque odiase la compañía del resto, pasar su primer cumpleaños con otras personas desde la muerte de sus padres lo había dejado de buen humor durante esos días.

Pero a medida que la temperatura aumentaba y la lluvia veraniega iba disminuyendo, Sasuke se dio cuenta que Julio se estaba acabando.

Había vuelto a entrenar con Hinata.

En las mañanas, ella lo ayudaba con su dojutsu y a desarrollar aún más el chidori, indicándole por donde estaba circulando su chakra y por donde lo debía dejar salir, dibujando pequeños puntos con tinta sobre su brazo derecho. Hacía el mayor esfuerzo posible porque no se notara en su cara, pero que Hinata lo tocara con la punta de sus yemas mostrándole lentamente por donde pasaba el chakra en su cuerpo, lo ponía tan nervioso que habría deseado gritarle que nunca más lo hiciera; y aun así, el golpe adrenalínico de sentirla tan cerca y tocándolo, lo hacía desear constantemente que llegara esa parte del día. Cuando se dio cuenta de eso, se asustó tanto que no dejó que Hinata lo tocara en más de una semana. Su mero tacto lo hacía sentir una mezcla de vergüenza, rechazo, incomodidad y ansiedad.

No obstante, poder al menos visualizar sus propios tenketsus apresuró la velocidad con que podía realizar el chidori, y prontamente se dio cuenta que esa energía eléctrica que surgía por su cuerpo podía ser utilizada en más técnicas. Fue entonces que se metió de cabeza cada día que llegaba de entrenar a estudiar los jutsus eléctricos en libros, encontrando cosas bastante interesantes como los fuinjutsus (jutsus de sellos), algo que planeaba comenzar a entrenar a mediados de agosto.

En cambio, en la tarde, Sasuke ayudaba a Hinata con su postura en el puño suave, lanzándole kunais mientras ambos corrían del otro por el bosque, sorprendiéndola con ataques simultáneos, intentando inmovilizarla, atacándola con jutsus de fuego, todo con el propósito de que ganara velocidad.

Unos pocos días después de su cumpleaños, Hinata se había acercado a él diciéndole que necesitaba más estamina. La chica se había dado cuenta durante su entrenamiento con Tsunade que no podía trabajar por largos periodos sanando tejidos porque su chakra se agotaba rápidamente. Eso se traducía en que sus "reservas" de chakra eran inferiores a las de Ino o a Sakura, lo cual la hizo concluir que no sólo estaba en desventaja para utilizar jutsus médicos, sino que también para realizar el puño suave con eficacia. Le explicó que ahora entendía un poco mejor por qué no podía realizar el kaiten. La respuesta era sencilla: simplemente no tenía tanto chakra como para haberlo liberado por completo por sus tenketsus mientras giraba.

Por lo mismo, su entrenamiento se había enfocado en ese aspecto. Recordaba que Kakashi lo había hecho practicar taijutsu con dureza cuando le enseñó el chidori, con el mero propósito de aumentar su estamina y por ende sus reservas de chakra. Tal vez lo mismo funcionase en Hinata.

Sasuke se encontraba vendando sus tobillos cuando vio a su compañera asomarse, corriendo por el camino. La miró con una de sus cejas levantadas y visible molestia.

―Llegas tarde Hyūga ―le indicó poniéndose de pie y flexionando sus muñecas, listo para comenzar a entrenar―. Que no se te haga costumbre. No tengo tiempo que perder.

―Lo siento ―dijo Hinata sin mirarlo y un tanto ausente, agachándose junto a uno de los troncos para dejar su mochila ahí y comenzar a vendar sus manos antes de entrenar.

Sasuke se sintió extraño con su silencio y su abstracción. Por lo general lo saludaba con un alegre "buenos días, Sasuke-kun" y luego le preguntaba cómo había estado su noche y si tenía hambre (siempre traía papas dulces calientes que sacaba del horno en la mañana y en ocasiones las comían antes de entrenar para llenarse de energía).

Sin embargo, el tono de voz que había utilizado en esta ocasión le dijo todo lo que necesitaba saber. En ocasiones como esas, deseaba de verdad que Naruto estuviese ahí. Él era la opción más apropiada cuando se trataba de animarla o decirle alguna cosa que la hiciera sonreír. Él no era bueno con esas tonterías emocionales; toda esa cercanía lo incomodaba y por lo general no sabía qué decir para hacer que alguien se sintiera mejor. Era mucho mejor en hacer sentir mal al resto.

La observó de reojo mientras la chica terminaba de prepararse para entrenar, algo le decía que iba a ser un largo, largo día.

―¿Qué haremos hoy? ―le preguntó Hinata una vez estuvo lista.

―Vamos a dar 50 vueltas alrededor de la aldea. Corriendo ―le respondió Sasuke sin mirarla. Si lo hubiese hecho se habría dado cuenta de la expresión de horror en su compañera. Él no necesitaba mejorar su resistencia, pero no negaba que aumentar su estamina era fundamental si quería realizar más de dos chidoris en un sólo día―. Lo haremos todos los días desde ahora en adelante. Sólo si nos queda tiempo entrenaremos otras cosas, así que más te vale apresurarte.

―Eso nos tomará todo el día y gran parte de la noche, Sasuke-kun ―dijo Hinata un tanto asustada. Konoha media entre cinco y siete kilómetros desde la entrada hasta el edificio del Hokage.

―¿Algún problema con eso? ―preguntó Sasuke con seriedad.

―¿N-no crees que es mucho para ser la primera vez que lo intentamos? ¿Por qué no comenzamos con 5 o 10?

―¿Por qué comenzar con la meta más mediocre cuando puedes ir por la mayor?

Hinata pensó en la pregunta que le estaba haciendo y realmente no pudo llegar a una respuesta. Si su compañero realmente quería darle 50 vueltas a la aldea, entonces no habría forma de que alguien le dijera a Sasuke Uchiha que no podría hacerlo. Una vez escuchó que Gai Sensei había dado 500 vueltas caminando de cabeza alrededor de Konoha. Se había demorado muchísimos días en hacerlo, pero había terminado.

―Está bien, Sasuke-kun. Demos 50 vueltas a la aldea ―le respondió con una sonrisa abnegada, haciendo que Sasuke le sonriera de vuelta.

·

·

·

·

·

Cerca del barrio en donde vivía el clan Inuzuka, a exactamente dos calles de distancia, pasaba el río de Konoha en el extremo este de la Villa. En ese claro entrenaban Sakura Haruno, Kiba Inuzuka y Shino Aburame. La hora de almorzar estaba llegando y Sakura había sido lo suficientemente amable como para llevarles algo de comer. Kiba había prendido una pequeña fogata, tirando los bambus (en donde estaba la comida) a las brasas para que ésta se calentara.

―¡Estoy harta de que Akamaru orine encima de mí! ―gritó Sakura quien estaba metida hasta la cintura en el río, lavándose el cabello con cara de asco―. ¡Es repugnante! ¿Sabes cuánto cuidado le pongo a mi cabello?

―¡Y yo estoy harto de decirte una y otra vez que es la única forma de que podamos encontrar a un blanco, pues nos guiamos exclusivamente por la nariz cuando usamos el gatsuga! ―le respondió Kiba con Akamaru sobre su cabeza. El perrito lucía cansado de sus constantes peleas.

―¡Oh, disculpa maestro de los olores! ―le gritó Sakura―. Si tu nariz fuera tan espectacular como pregonas cualquiera se imaginaría que podrías distinguir a alguien con la que pasas el noventa por ciento del tiempo.

―No voluntariamente ―murmuró Kiba dándose la vuelta.

―¿Qué dijiste? ―le gritó Sakura.

―La comida esta lista ―anunció Shino suspirando mientras movía las brasas con un palito.

Kiba se sentó junto a Shino y rompió su bambu, sacando un tercio de su porción para dárselo a Akamaru en una de las mitades del bambu. Sakura por su parte se acercó con el cabello mojado y molesta, sentándose al otro lado de Shino, quien le pasó su bambu ya partido por la mitad. El chico podía ser realmente preocupado y caballeroso cuando quería serlo, y siempre lo era con Sakura. Después de todo, era su compañera y era una chica. Así lo habían educado.

Comieron en silencio. Sólo hablaban cuando Sakura o Kiba se decían alguna cosa para molestarse o discutir, algo que se había hecho muy común en la dinámica del grupo. A Sakura le disgustaba la gran boca de Kiba que siempre se creía el mejor en todo, pero que distaba de ello y a Kiba le molestaba el hecho de que Sakura siempre le estaba gritando o golpeándolo y comparando a todos con Sasuke Uchiha. Usualmente era Shino quien se encontraba en medio de sus interminables discusiones, sin decir mucho, sólo cuidando de que a Kiba no se le pasara la mano con las cosas que decía pues en más de una ocasión había hecho llorar a Sakura molestándola por el tamaño de su frente.

De pronto, Akamaru comenzó a ladrar y a mover su cola animadamente, haciendo que los tres se detuvieran. Kiba olfateó el aire y se mostró bastante sorprendido.

―Hinata se acerca ―dijo con una sonrisa, poniéndose de pie.

―¿Por qué si puedes reconocer su olor y el mío no? ―le preguntó Sakura frunciendo el ceño.

―Porque ella es agradable ―le respondió Kiba guiñándole un ojo―. Sakura, deberías arreglarte un poco, tu amado Sasuke viene con ella también.

―¿Qué? ―gritó Sakura, atragantándose y levantándose de golpe―. ¿Por qué no lo dijiste antes, idiota? ―Kiba sabía que le venía un golpe al rostro, por lo cual dio un paso hacia atrás por instinto, evitándolo por algunos centímetros.

No tuvieron que esperar mucho para que las figuras que Kiba había predicho aparecieran entre los árboles. Sorprendió a los tres notar que los miembros restantes del Equipo Siete estuviesen trotando, Sasuke un poco más adelante que Hinata. No sabían cuánto tiempo lo llevaban haciendo pero Sasuke no estaba ni si quiera sudando. No obstante, al voltear la mirada a Hinata que iba atrás de él, notaron la respiración de la chica, mucho más agitada que la que llevaba Sasuke.

Hinata los saludó con un gesto pero sin dejar de trotar. Sasuke ni si quiera los miró. Era como si estuviese completamente enfocado en su cometido. Sakura intentó saludarlo, de hecho, hasta le dijo algo como "Sa-Sasuke-kun", pero él no la miró.

―¿Dónde van Hinata-chan? ―le preguntó Kiba, gritándole cuando ella pasó de largo también.

―¡Nos quedan cuarenta y dos vueltas por Konoha! ―le respondió Hinata con un grito de vuelta, casi chocando con un arbusto por girarse para verlo.

―¡Ten cuidado, idiota! ―le gritó Sasuke muy molesto mientras desaparecían entre los árboles nuevamente―. Concéntrate en el camino.

―Esos dos… ―dijo Kiba riendo―. Sí que hacen una pareja extraña.

―¿Pareja? ―preguntó Sakura apretando el puño―. ¡Como mucho serán compañeros! ¡No una pareja!

―Calmate, cerezo ―se excusó Kiba―. Ya sabes a qué me refería. Sasuke es un idiota y ella es tan dulce como el verano. No sé cómo Hinata soporta ese carácter ―puso sus manos dentro de los bolsillos y miró el cielo―. Aunque, si yo puedo soportar el tuyo, supongo que lidiar con el Uchiha es pan comido.

Esa vez, no vio que venía una de las botas de Sakura en su dirección y ésta le dio en plena cara haciéndolo caer hacia atrás.

―Sasuke es perfecto tal como es, Inuzuka. Hinata es afortunada de estar siempre con él ―Sakura bajó el rostro apenada―. Haría cualquier cosa porque Sasuke-kun dejara de ignorarme. ¿Qué tiene ella que no tengo yo?

Kiba se estaba sobando el rostro cuando Shino interrumpió.

―Compararte con alguien más es inapropiado. Ambas tienen cualidades que las hacen grandes kunoichis.

Pero Kiba no era tan gentil como su compañero y la miró molesto.

―¿Quieres saber que tiene ella que tú no tienes? ―Sakura se cruzó de brazos retándolo con la mirada a que se lo dijera. Kiba tomó el desafío―. Es amable, bonita, educada, habla como una señorita, cocina muy bien, respeta al resto, es delicada y elegante…

―Ya entendí ―dijo Sakura, con varias venitas en su frente apareciendo.

―Su cabeza es de un tamaño normal, no huele a orina de perro, tiene un dojutsu único…

―Kiba, ya es suficiente ―lo interrumpió Shino al notar como los ojos de Sakura estaban ardiendo como llamas.

―Su cabello no parece chicle mascado, de seguro no golpea a Sasuke todo el tiempo, sabe comportarse en público, no ronca, no le apestan los pies, tiene senos…

El último comentario fue demasiado. Antes de que pudiese evitarlo, un golpe en el rostro lo habían hecho volar tres metros hacia atrás.

·

·

·

·

·

Shikamaru Nara era un chūnin, de hecho, era el único chūnin de su grupo de edad. Por lo tanto, no era extraño que le solicitaran de vez en cuando que ayudara en la Academia. Ese día le había pedido a Ino y a Chouji que lo ayudaran en una demostración de lo que significaba el trabajo en equipo, por lo cual los tres habían hecho usos de sus habilidades únicas para detener y vencer (sin lastimar) a un grupo de chicos de la Academia, incluyendo al ruidoso amiguito de Naruto, Konohamaru.

El día en la Academia había terminado y Shikamaru se encontraba en el techo del recinto bebiendo una caja de jugo y mirando como las nubes avanzaban. Chouji estaba sentado en el cemento comiendo papas fritas en bolsa e Ino se quejaba de que Tsunade-sama había sido muy dura con ella el día anterior cuando la entrenaba en ninjutsu médico.

Se acercó a Shikamaru y se reclinó contra la baranda, justo a su lado, preocupada de que no la estuviese escuchando.

―¿Qué te pasa Shikamaru? ¿Acaso soy invisible ahora? ―cuando el Nara no le respondió, Ino miró en la misma dirección en la cual su compañero lo hacía―. ¿Qué es lo que miras?

―A esos dos ―dijo Shikamaru.

Sólo entonces Ino se dio cuenta que Sasuke y Hinata pasaban a una velocidad bastante rápida, pero constante, por la calle frente a la Academia para perderse atrás de la oficina del Hokage, luego volvían a verlos calles más abajo. Iban trotando, Sasuke adelante y Hinata intentando mantenerle el paso, aunque era visible que la chica estaba agotada.

―Creo que están corriendo alrededor de Konoha. Aparecen y desaparecen cada 15 minutos por este lugar ―le indicó Shikamaru.

Ino llevó sus manos al rostro ruborizándose.

―Sasuke-kun se ve aún mejor cubierto en sudor…

Tanto Chouji como Shikamaru suspiraron. Estaban acostumbrados a los constantes halagos de su compañera hacia el joven Uchiha.

―Esta es la tercera vuelta que le dan a Konoha desde que estamos aquí arriba ―dijo Shikamaru sentándose al lado de Chouji, quien le ofreció una papita frita, la cual aceptó gustoso.

―Llevamos más de una hora aquí ―dijo Chouji curioso.

―Lo sé. Van rápido ―respondió Shikamaru reclinándose sobre el cemento y mirando el cielo.

―¿Por qué estarán corriendo? ―preguntó Ino, observando como Sasuke era el que marcaba el ritmo y Hinata la que intentaba seguirlo.

―Seguramente para mejorar su estamina ―respondió Shikamaru, a lo cual Chouji asintió, terminando su bolsa de papas fritas, inflándola con aire y reventándola. Ino frunció el ceño, odiaba cuando hacía eso―. Ambos utilizan dojutsus y se requiere una cantidad enorme de chakra para activar esos ojos. Si no lo tienen, sus técnicas oculares se vuelven inefectivas.

―Debe ser grandioso poder contar con el sharingan o el byakugan ―dijo Ino intentando seguir a Sasuke con los ojos, pero se perdió rápidamente por el camino.

―Es extraño que dos de los tres legendarios Dojutsus se encuentren en el mismo grupo ―añadió Chouji abriendo otra bolsa de papas fritas.

―Kakashi es uno de los jōnin más fuertes de Konoha ―dijo Shikamaru pensativo―. Seguramente el tercer Hokage visualizó el potencial de tener a dos shinobis que pueden activar el sharingan en un mismo grupo, trabajando juntos y sincronizándose a la perfección. Sin mencionar, que el byakugan es el dojutsu que enorgullece a esta Villa y en el pasado ha significado la diferencia entre perder o ganar una guerra.

Los tres asintieron.

―Una vez le escuché decir a mi padre que intentaron raptar a Hinata-san cuando era una niña, sólo por el Byakugan ―indicó Chouji como si estuviese contando un gran secreto, mirando para ambos lados, asegurándose de que nadie los escuchaba.

―Así es ―asintió Shikamaru―. También ha sucedido con Sasuke ―Ino levantó el rostro preocupada y Shikamaru lo notó. No quería causar ese efecto en su compañera, por lo se quedó callado. Ino podría ser muy escandalosa cuando se trataba de asuntos que involucraban al Uchiha―. Supongo que por eso están siempre en la aldea y al cuidado de Kakashi.

―¿Qué sucede con Sasuke-kun? ¿Alguien ha intentado raptarlo también?

Shikamaru suspiró. Sabía que si no se lo decía, nunca escucharía el final de ese asunto.

―Desde Abril, shinobis del país del Sonido han intentando traspasar las barreras de Konoha para poder llevarse a Sasuke. Eso es lo que leí en un informe de inteligencia. Incluso he tenido que patrullar algunos sectores debido a eso.

―¿Qué? ―preguntó asustada, llevándose una mano al pecho―. ¿Y él no lo sabe?

―No ―sabía que no debía estarlo diciendo, pero confiaba en Chouji e Ino más que en sí mismo. Eran la representación del trabajo en equipo y se enorgullecía de lo mucho que confiaban los unos con los otros. Chouji ya sabía del tema, por lo cual cuando lo miró preguntando con la vista si estaba bien decírselo también a Ino, su mejor amigo sólo asintió en silencio―. Leí en el último informa que me dio Asuma sensei, que esos shinobis son criminales del libro Bingo bajo las ordenes de Orochimaru. Él y Kurenai sensei derrotaron a un sujeto con una habilidad única de utilizar sus propios huesos.

―Qué asco ―dijo Ino y su rostro se puso levemente azul.

―¿Por qué no se lo dicen a Sasuke? ―preguntó Chouji. Nunca antes había exteriorizado su duda, pues siempre asentía a todo lo que decía Shikamaru. Su confianza en él era ciega, pero ese punto también lo preocupaba―. Tiene derecho a saber lo que está pasando.

―Supongo que no quieren asustarlo ―Shikamaru volvió a ponerse de pie y caminó hasta la baranda del techo de la Academia―. Sasuke ya ha pasado por muchas situaciones problemáticas estos años.

Ino y Chouji miraron la espalda de su compañero con algo de melancolía. A pesar de que en los tiempos de la Academia no estaban muy informados de lo que había acontecido con la familia Uchiha, con el tiempo los detalles fueron llegando a ellos. En cierta forma, Chouji sentía lástima por él. Cuando era un niño había estado siempre solo, nadie lo sabía; todos pensaban que él lo prefería así, no que estaba obligado a estar solo porque no tenía a nadie.

Por su parte, Ino se daba cuenta cada vez más que tal vez todo ese tiempo que había estado enamorada de Sasuke Uchiha, sólo había conocido la porción de él que le quería mostrar al mundo, no al chico que había debajo de todas esas capas de frialdad e indiferencia. Deseaba conocerlo a fondo de todo corazón, pues sus sentimientos por él eran verdaderos.

Los tres permanecieron en silencio, hasta que Shikamaru se dio vuelta y apoyó la espalda en la baranda.

―La familia Hyūga no está nada feliz al respecto. En la última reunión del consejo de Konoha fui a nombre de mi padre que estaba en una misión. Fue increíble ver lo que ocurría. Los Hyūga se quejaron a viva voz sobre el tema, diciendo que Sasuke estaba poniendo en un riesgo innecesario a la heredera de su clan. Creo que esa es una más de las razones por las cuales tienen a Sasuke y a Hinata estancados en misiones rango D dentro de la Villa.

―Los Hyūga tienen gran influencia en el consejo ―asintió Chouji, comiendo nerviosamente.

―Me parece injusta toda esta situación ―dijo Ino poniendo su rostro sobre sus manos―. Pero me parece aun peor que ninguno de los dos sepa lo que está pasando.

―Sólo recuerden no decir nada al respecto ―les pidió Shikamaru―. Lo último que quiero es que Sasuke y Hinata sientan miedo dentro de las propias murallas de la Aldea.

Fue entonces que Ino hizo algo que los sorprendió. La chica se puso de pie con determinación y sonriendo.

―Debemos entrenar también. Tenemos que volvernos más fuertes para cuidarle la espalda a nuestros compañeros.

Chouji sonrió y se puso de pie junto a ella.

―¡Estoy de acuerdo con eso!

Shikamaru se cruzó de brazos y suspiró. Sus compañeros estaban esperando una respuesta de su parte.

―Suena bastante molesto, pero tienes razón Ino. Vayamos a entrenar también.

·

·

·

·

·

A medida que el día avanzaba la velocidad con que Sasuke corría iba disminuyendo. No del todo porque estuviese cansado (y lo estaba), sino porque Hinata comenzó a quedarse atrás. Aun así, durante el recorrido aprovechó de descargarse dándole sus típicas (y malhumoradas) charlas motivacionales que parecían funcionar muy bien, pues llevaban veinticinco vueltas cuando llegó el atardecer y Hinata aún no había caído desfallecida.

―Sa-Sasuke-kun ―gimoteó Hinata desde atrás. Sasuke volteó el rostro―. ¿Cuántas quedan?

―Sólo un poco más ―si le decía que apenas llevaban la mitad era posible que Hinata se diese por vencida. La veía completamente deshecha―. Apura el paso. Tenemos que terminar.

Su compañera aumentó la velocidad y comenzaron a correr uno al lado del otro. Pensó que si él subía el ritmo justo al lado de Hinata, ella no tendría más alternativa que seguirlo.

Atravesaban el río que pasaba por el este de Konoha en dos ocasiones durante el recorrido, siempre concentrando chakra para hacerlo. Descubrió que aquello era lo más difícil luego de la treintava vuelta. Estaba tan cansado que reunir chakra para no caerse al agua, moldearlo y mantener la concentración era casi imposible. Aun así, ver que Hinata pasaba sobre el agua como si nada lo motivó a enfocarse, no podía dejar que una chica lo venciera cuando se trataba de manipular su chakra.

Cuando llegaron a la vuelta número treinta y cinco, notó que mientras él respiraba con fuerza, Hinata casi no emitía sonido. Aquello lo irritó, no porque no luciera cansada, sino porque estaba seguro que la chica estaba respirando de forma errada.

―¿Recuerdas lo que decía Iruka sensei sobre la respiración al correr? ―le preguntó sin mirarla.

―Sí.

―¿Entonces por qué no lo estás haciendo? Rindes menos que yo porque no te estás oxigenando apropiadamente.

Salieron de la calle y se metieron al bosque siguiendo la línea de la muralla de Konoha. Estaban nuevamente al este de la ciudad. Si recorrían dos kilómetros más llegarían a las montañas y tendrían que cruzar nuevamente por la calle en donde estaba la Academia y El Edificio del Hokage.

No era que Hinata no quisiera respirar apropiadamente. El problema radicaba en que si lo hacía, si llenaba sus pulmones de aire, el dolor era intenso. Aún estaba un tanto resentida por el combate contra Hidan. El hombre la había pateado con fuerza rompiéndole tres costillas y una de ellas le perforó un pulmón en el proceso. Sin embargo, no quería que Sasuke lo supiese. Sentía que si su compañero la escuchaba decir que utilizar sus pulmones de esa forma era doloroso, la obligaría a bajar el ritmo o incluso a parar.

―Un shinobi debe ser silencioso ―respondió Hinata como si estuviese recitándose eso a sí misma.

―Sí, cuando está en una misión ―respondió Sasuke levantando una ceja y mirando su perfil― Estamos entrenando, idiota.

―Pero…

―Ya cállate Hyūga ―le gruñó, su paciencia estaba agotándose en ese momento. Notó que Hinata bajaba el rostro y su corto cabello le tapó los ojos.

Se sintió mal por gritarle así. Miró hacia adelante y dejó su orgullo de lado por un momento.

―Vamos, hagámoslo juntos.

―¿Qué? ―preguntó Hinata confundida.

―Respirar bien ―respondió irritado. Realmente odiaba que Hinata le preguntara todo dos veces―. Que entre por la nariz y salga por la boca.

―Está bien.

El sol se estaba ocultando en las montañas cuando al llegar a la entrada de Konoha y pasar por las puertas notó que Sakura, Shino y Kiba estaban ahí, sentados en una banca, esperándolos. Hinata y Sasuke los miraron extrañados pero cuando el Inuzuka le lanzó una toalla para que se secara el sudor a la peliazul y Sakura le pasó una botellita con agua al Uchiha, supieron que estaban ahí por ellos.

―¡Tú puedes Sasuke-kun! ―le gritó Sakura.

―Que escandalosa ―le respondió Sasuke, tomando un sorbo de agua y mojándose el cabello, agradeciendo por primera vez en… bueno… toda su vida, que Sakura Haruno pareciera estar obsesionada con él. Le lanzó la botella vacía de vuelta―. Gracias.

―¡Vamos Hina-chan! No te rindas ―la animó Kiba cuando Hinata le pasó de vuelta la toalla.

―Gracias Kiba-kun ―sonrió en su dirección y notó que hasta Shino parecía interesado, lo cual la sorprendió.

Lo que Sasuke y Hinata no esperaron era que cuando volvieron a pasar por el mismo lugar veinticinco minutos después, no sólo el equipo ocho los estuviese esperando, sino que también el equipo diez. Todos les gritaron palabras de aliento mientras pasaban, lo cual hizo que Sasuke se preguntara si ninguno de ellos tenía nada mejor que hacer que esperar a ver si terminaban o no de darle cincuenta vueltas a Konoha.

Cuando aparecieron las primeras estrellas, hasta Kakashi estaba ahí, leyendo uno de sus libros justo debajo de un farol. También el jōnin tenía interés en ver si ambos terminarían o no de correr. Pero lo que realmente sorprendió a Hinata y molestó a Sasuke fue ver al equipo Gai. Al parecer venían llegando de una misión (la primera desde que Rock Lee se reintegrara al equipo), y la curiosidad los había vencido, sabiendo que Sasuke y Hinata estaban dando vueltas por la ciudad con todos los chicos de su edad observándolos y animándolos a seguir.

―¿Por qué tanto escándalo? ―preguntó Neji algo indiferente, acercándose a Ino.

―Sasuke-kun y Hinata-san llevan más de doce horas corriendo. Le van a dar cincuenta vueltas a la aldea ―respondió la rubia, mirando a Sasuke con las mejillas sonrojadas y suspirando. Tenten y Sakura se sumaron a dicho suspiro; hasta la castaña encontraba al Uchiha muy atractivo.

Sin embargo, a Neji no le podría importar menos lo que hiciera Sasuke Uchiha en su tiempo libre, más bien se sintió preocupado por su prima que era una persona sin costumbre de realizar ejercicios aeróbicos. Hinata y Sasuke se entrenaban todo el tiempo en movimientos que no requerían el uso prolongado de aire, sino más bien de fuerza y chakra (Anaeróbicos). Sin embargo, al correr el cuerpo por completo dependía de los pulmones y el aire que éstos inhalaban, obteniendo energía de las reservas de grasa. Hinata era pequeña, aquellos órganos en ella lo eran también, lo cual la predisponía a fracasar cuando se trataba de resistencia. Lo único que agradeció era saber que a diferencia de otras chicas de su edad, Hinata no estaba completamente desnutrida, por lo cual tendría algo de grasa que quemar.

Se recriminó mentalmente por mostrarse más preocupado de la cuenta, pero no podía evitarlo. Desde que había leído la carta que su padre había dejado atrás, había entendido que todo ese odio que había dirigido hacia Hiashi, Hinata y Hanabi era injustificado. Muy dentro de él, se sentía como un completo idiota, aunque no sabía qué podía hacer para remediar la situación. Desde que tenía cuatro años se había alejado de ella, lastimándola cada vez que había tenido la oportunidad para hacerlo. Algo así no desaparece de un día para otro, pero al menos no sentía odio por ella, más bien, sentía remordimiento por cómo se había tornado su relación.

No la saludó pero ambos se miraron un momento mientras ella pasaba. Podía notar lo exhausta que estaba, incluso activó su byakugan para revisar la forma en que su cuerpo estaba reaccionando al trotar.

La mirada que el Uchiha le dio sobre el hombro lo hizo sentirse divertido, ¿Realmente aún se creía mejor que él después de la paliza que le había dado en el bosque de la muerte? Era cierto que la pelea estaba inconclusa, pero dudaba que muchas cosas pudiesen cambiar considerando que él tenía una defensa absoluta y Sasuke no.

―¿Cuánto tiempo llevan corriendo? ―le preguntó a Kiba quien era el más entusiasmado de todos ellos.

―Desde la mañana ―respondió con Akamaru dentro de su chaqueta, quien ladró positivamente―. Les faltan diez vueltas.

―¿Diez vueltas? ―preguntó Rock Lee―. A esa velocidad se demoraran alrededor de 4 horas más en hacerlo.

―¿Cómo lo sabes? ―le preguntó Sakura.

―El primer año en que nos convertimos en genin, Gai sensei nos hacía correr todo el día ―respondió Lee con las mejillas sonrojadas y acercándose demasiado a Sakura, quien lo miró con miedo. Luego, le lanzó un beso en el aire.

―Su entrenamiento fue muy efectivo ―le murmuró Tenten con alegría a Ino―. Lee se volvió muy fuerte y Neji, bueno, Neji es perfecto ―la chica sonrojó mirándolo. Neji la ignoró, siempre lo hacía.

―Como sea. Gai sensei nos hizo darle doscientas vueltas a Konoha en una oportunidad. Nos demoramos 4 días. Esto no es la gran cosa ―dijo Neji con algo de altanería y frialdad.

Realmente consideraba que todo aquello era estúpido, pero al mismo tiempo, ninguno de ellos había entrenado bajo Gai y sus obsesivas formas de aumentar el número de las cosas. Recordaba que ese día habían dicho que darían diez, luego cincuenta, luego cien, y Lee propuso doscientas. Como no pudieron persuadir a Gai, terminaron corriendo por cuatro días. Lee casi desfalleció y hasta Neji estuvo dos días en cama por el agotamiento muscular que aquello les produjo. Aun así, le agradecía a Gai por ese tipo de ejercicio. Si no hubiese sido porque lo había arrinconado para que entrenara con esa intensidad, nunca habría podido desarrollar técnicas tan avanzadas como las que ya podía realizar.

―Déjenlos entrenar en paz, deben estar cansados de por sí. No necesitan a todo Konoha poniendo más presión sobre sus hombros.

―Si Sasuke y Hinata realmente quieren fortalecerse, esta es la mejor forma de lograrlo ―dijo Gai asintiendo una y otra vez mirando a Kakashi con rivalidad escrita en sus ojos. No podía creer que estaba copiando sus métodos de entrenamiento extremo―. Vamos chicos, ¡Compartamos el trote nocturno con nuestros pequeños compañeros! ¡Team Gai no puede quedarse atrás en esta noche de juventud!

―¡Sí Gai sensei! ―gritó Lee entusiasmado, listo para comenzar a correr.

―Paso. Tengo cosas que hacer ―dijo Neji volteándose y comenzando a caminar en dirección oeste por la calle que daba al distrito del clan Hyūga.

Lee y Gai subieron los hombros, estaban acostumbrados. Neji no siempre entrenaba con la potencia con que lo hacían ellos. Después de todo, Neji podía utilizar taijutsu, ninjutsu, genjutsu y había sido el mejor en todo ello. En cambio, Rock Lee tenía que compensar su carencia en las dos últimas disciplinas con un uso extremo de su propia estamina.

Sin embargo, no imaginaron que habría un nuevo problema.

―¡Pero Sensei! ―interrumpió Tenten tomándolo fuertemente del brazo, impidiendo que se marchara a toda prisa siguiendo a Hinata y Sasuke―. Tenemos que ir a dar el informe a Tsunade-sama. Estoy segura que querrá la información que tenemos para ella a la brevedad.

―Oh, es cierto. Este asunto no puede esperar ―dijo Gai―. Hasta luego jóvenes. ¡Kakashi! ―el jōnin bajó su libro y miró a Gai preguntándose qué querría ahora―. ¡Nice Extreme Training! ― subió su dedo pulgar y continuó su camino.

Cuando la noche se hizo oscura, todos comenzaron a desaparecer de la entrada de Konoha y la ciudad quedó poco a poco en silencio. La curiosidad sobre si terminarían las cincuenta vueltas alrededor de la aldea ya había pasado y sólo les quedaban unas tres más para terminar. La noche seguía avanzando, de hecho, Sasuke estaba seguro que eran muy, muy pasado media noche, el rocío que caía se lo indicaba.

Sentía que ya no daba más y aquello lo ponía nervioso. Sólo seguía avanzando por soberbia, no podía fracasar. Prefería desmayarse y morir antes de saber que no podía cumplir una meta que él mismo se había impuesto. Al mismo tiempo, estaba casi seguro que Hinata estaba corriendo más por instinto que porque estuviese completamente consciente. Se giró hacia ella y vio la luz de la luna iluminándole el rostro, sonrojado por completo.

―¿Estás bien? ―le preguntó con un toque de preocupación, Hinata no respondió, sólo siguió corriendo―. Podemos parar si quieres ―sintió algo raro al decir aquello. Se había estado convenciendo la última hora de que no podía parar, pero al verla tan agotada todo eso se había ido al infierno―. Ya hemos…

―Quiero terminar ―respondió Hinata cortantemente―. Naruto-kun ha sido enviado con Jiraiya-sama a entrenar, con uno de los legendarios sannin. Yo también debo aprovechar este tiempo y empujarme a mí misma al límite para volverme fuerte.

Entonces Sasuke lo supo, Hinata no sólo estaba corriendo, estaba completamente mentalizada en algo más. Aunque la joven estaba a su lado, nuevamente no estaba ahí con él. Una de sus manos estaba aferrada al collar del primer Hokage.

Sus párpados cayeron con desilusión más que molestia. ¿Por qué buscaba fuerzas en Naruto y no en él?

No. Estaba viendo las cosas de un modo equivocado.

Durante todo ese día se habían apoyado mutuamente de una forma u otra. Ya fuese sólo por seguirle el ritmo, ella se había esmerado buscando fuerzas en él, al punto de que habían respirado juntos intentando poder resistir mejor. Habían conversado mientras corrían. Había visto la mirada determinada en Hinata para no quedarse atrás en el ritmo que él imponía. Aunque fuera por no avergonzarlo en frente de todas esas personas que los esperaban durante la tarde, su compañera había encontrado en esas cosas la energía para avanzar y no rendirse. Sabía que Hinata estaba corriendo porque veía en su esfuerzo algo que la motivaba a seguirlo.

Lo que realmente le molestaba en ese segundo a Sasuke Uchiha era, que Hinata no se reclinara sólo en él. Si él era el único ahí con ella, ¿por qué seguía pensando todo el tiempo en Naruto? ¿Era porque pensaba que Naruto era un mejor shinobi que él? ¿Realmente pensaba que Naruto lo podía superar? O simplemente… ¿Era porque lo amaba?

No podía responderlo, pues él nunca había amado a nadie de esa forma. Si Hinata encontraba fuerza en sus sentimientos, quizás aquellas estupideces sentimentales no fuesen completamente inútiles. Tal vez, las personas si se hicieran más fuertes cuando amaban a otros.

Aquello lo hizo sentir ese vacío en el estómago de nuevo, algo similar a los nervios y al miedo. Se quedó en silencio lo que quedaba por trotar.

Cuando pasaron por la entrada Sasuke le anunció que era la última vuelta, la verdad, ambos estaban trotando a un ritmo tan patético que apenas y se movían más rápido que una caminata. De hecho, Sasuke estaba seguro que Hinata estaba caminando con rapidez en vez de trotar y sin darse cuenta él también había caído en ello. Simplemente su cuerpo ya no daba más, estaba cansado, le faltaba el aire, sus músculos le ardían, sus piernas estaban tan pesadas que levantarlas se sentía como un esfuerzo monumental.

Ni si quiera podía imaginar que tan cansada estaría Hinata, pero admiró a su compañera por haberle mantenido el paso todo ese tiempo.

―Sólo un poco más ―dijo Sasuke mientras concentraba su chakra para pasar sobre el río de Konoha. Fue entonces que sintió el golpe en al agua y cuando volteó, Hinata ya no estaba ahí―. Perfecto… ―murmuró irritado. ¿No podía colapsar en ningún otro lugar, sino precisamente en el lugar en donde me puede dar un calambre y morir ahogado? Pensó molesto mientras se sumergía en el río y tomaba la mano de Hinata que ya había golpeado el fondo. La tiró hacia arriba y la arrastró a la orilla.

El río en esa parte de la ciudad no era realmente profundo ni muy ancho, no como se enanchaba cuando atravesaba el monumento de los héroes de Konoha. Aun así, los cinco metros que tuvo que arrastrar a Hinata a la orilla se le hicieron eternos.

La tomó y la aferró a su cuerpo, asegurándose de que estuviera respirando. Se sacó el protector de la frente y lo puso justo sobre su nariz y boca; al notar que éste se empañaba estuvo seguro que Hinata aun respiraba.

―¿Me escuchas? ―le preguntó cansado.

No estaba completamente seguro de que estuviese consciente, sólo notó que Hinata le tomaba la mano con fuerza. Siempre había pensado que el silencio era su mejor forma de comunicación y con sólo apretarle la mano sabía que ella le estaba diciendo que estaba bien, que sólo estaba cansada y que había llegado a su límite.

―No te preocupes. Lo hiciste bien ―le dijo con suavidad, sintiéndose orgulloso de Hinata. La chica estaba respirando con tanta fuerza, con una mano sobre su pecho pues su corazón estaba demasiado agitado. Sasuke acomodó la cabeza de su compañera en sus piernas y se reclinó levemente hacia atrás. También agradecía haber parado―. Para ser la primera vez que entrenamos resistencia no lo hiciste tan mal como pensé que lo harías ―le dijo entre serio y bromeando.

Fue entonces que Hinata abrió lentamente los ojos y el Uchiha notó las lágrimas en ella. Sintió que se le partía el corazón al verla así. Pensó que Hinata asentiría y le diría que mañana lo harían mejor, o alguna estupidez así. Siempre solía ser positiva y animarlo cuando él se frustraba, por lo mismo, verla llorar en esa situación realmente lo hizo sentirse angustiado.

¿En qué momento había dejado que lo afectara tanto la forma en que ella actuaba o dejaba de actuar?

―Realmente… realmente quería… ―sollozó intentando formular una oración. Sasuke sabía a qué se estaba refiriendo.

―Querías terminar ―dijo completando su oración.

Hinata asintió y cerró los ojos. A pesar de que ambos estaban mojados, Sasuke sabía que las gotas que caían por sus mejillas no eran agua, eran lágrimas llenas de frustración.

―Entonces terminaremos ―Hinata abrió los ojos confundida mientras que Sasuke intentaba enderezarse―. Pon tus manos alrededor de mi cuello.

Si no hubiese estado roja de por sí por el esfuerzo, se habría ruborizado por la forma en que Sasuke la miraba y le pedía que hiciera aquello.

―¿Q-qué?

―¿Eres sorda? ―le preguntó molesto.

Hinata negó. Con suavidad, lenta y temblorosa puso sus manos alrededor del cuello de Sasuke. Sintió como este la cargaba en sus brazos y se ponía de pie.

―Vamos.

―Sasuke-kun… tú… ―Hinata sintió como Sasuke caminaba con ella en sus brazos. Podía notar cómo le temblaban las piernas pero caminaba, despacio, pero lo hacía. Cerró los ojos exhausta, reclinando su mejilla contra el pecho de su compañero―. Gracias… ―murmuró.

Sasuke bajó la mirada con cautela. Se sentía ansioso cuando la veía ahí, acurrucada contra él. La sensación no le agradaba. Le daba vergüenza. Nada pasaba entre ellos dos de una forma más que amistosa, una relación forzada en el tiempo por la cercanía que ser miembros de un mismo equipo había significado. Eran sólo amigos, nada más que eso… Y aun así tenerla cerca le revolvía el estómago de una forma que pensaba que se iba a enfermar. Lo ponía nervioso y aquello sólo conseguía irritarlo.

·

·

·

·

·

―¿Hyūga? ―preguntó extrañado al verlo parado ahí en medio de la calle, solo, mirando en dirección a ellos con el byakugan activo, el cual desactivó apenas ambos estuvieron cerca―. ¿Qué haces aquí?

―Uchiha ―respondió Neji con frialdad. Ni si quiera le iba a preguntar por qué estaban mojados, lo había visto con su dojutsu―. Estaba esperando a mi prima.

―La iba a llevar a su casa ―respondió Sasuke mirando a Hinata que estaba durmiendo entre sus brazos.

―No es necesario, yo puedo hacerlo ―le indicó Neji acercándose.

Sasuke lo miró molesto. No es que no quisiera soltar a Hinata, realmente los brazos casi no le respondían, pero no confiaba en él. Después de ver como Neji trataba a su prima verlo ahí esperándola se le hacía demasiado sospechoso. Él había manifestado en casi todas las formas posibles, excepto en palabras, que la odiaba. No podía entregarle a Hinata.

―Escucha Hyūga, no tengo energía para una discusión, pero si crees que te voy a pasar a Hinata así como así, estas soñando.

Neji suspiró.

―Como desees. Ya avisé en la mansión que ambos iban en camino. Ko los está esperando con una cena caliente y hielo para sus músculos.

Neji se dio la vuelta e iba a empezar a alejarse cuando Sasuke lo interrumpió con incredulidad.

―¿Nos está esperando?

―Curiosamente, creo que te has ganado el respeto de Hiashi-sama ―Sasuke se comenzó a impacientar pero no le respondió―. De cualquier forma, te daré un consejo. Cuando esfuerzas los músculos a ese extremo, es normal que te duelan los días siguientes. Ponte hielo hasta que se desinflamen y luego aplica agua caliente. Una visita a los baños termales te podría quitar el dolor. Solía ayudarme.

―¿Qué significa todo esto? ―preguntó Sasuke comenzando a caminar en dirección al barrio Hyūga junto con Neji. La compañía del chico le pareció extraña pero que le estuviese hablando con tanta familiaridad se le hizo aún más raro. Él odiaba a Neji Hyūga, y estaba seguro que los puños de Neji debían estarle picando al ver que quien cargaba a Hinata era él―. ¿Por qué me estás diciendo todas estas cosas? Tú y yo no nos llevamos particularmente bien.

Neji parecía indiferente a su incredulidad. Aun así, hasta Sasuke debía admitir que tenía una forma bastante elegante de enfrentarse a la situación.

―Gai sensei nos hacía entrenar a un ritmo extremo el primer año que comenzamos. Confía en lo que te digo. Si no lo haces no podrás moverte por al menos 3 días. Acrecentar la estamina no es un juego de niños.

Lo miró con suspicacia para luego asentir. Podía odiar a ese Hyūga, pero no creía que le estuviese diciendo eso con malas intenciones.

―Está bien.

Caminaron en silencio pasando por las calles bajo las luces que parpadeaban.

Lo agradable de estar mojado era que la temperatura de la noche refrescaba su cuerpo. Sin embargo, el silencio no duró mucho. Justo cuando doblaban la calle y se metían al barrio en donde todos los Hyūga vivían (que coincidentemente quedaba sólo a dos cuadras de lo que restaba del barrio Uchiha), Neji comenzó a hablarle nuevamente.

―Quiero darte otro consejo.

―Puedo pensar en al menos tres cosas mejores que me puedes dar ―le respondió Sasuke con una sonrisa altanera.

Neji lo miró de reojo un tanto molesto.

―No te pases de listo, Uchiha.

―Habla ―insistió Sasuke―. ¿Qué consejo?

―Cuando peleamos en el bosque de la muerte, mencioné la debilidad del sharingan al momento de enfrentar el taijutsu ―Sasuke recordaba bastante bien aquello, pero no respondió. Sólo lo miró con curiosidad. Si iba a darle un consejo, no estaba seguro que él fuese la persona indicada para decirle como utilizar el sharingan. Recordaba que Neji le había mencionado que su sharingan se volvía inefectivo si se enfrentaba con taijutsu, pues sin importar que pudiera ver todos los movimientos, si su cuerpo no tenía la velocidad para reaccionar, su dojutsu era inútil―. La persona más rápida en esta villa es Gai sensei y en nuestro grupo de edad, lo sigue Rock Lee. Odio admitirlo, pues a mis ojos siempre ha sido un fracasado, pero es tan rápido como yo y podría llegar a superarme si se quita los pesos de los tobillos.

Sasuke se sentía un tanto confundido con la declaración de Neji. Pensaba que ese sujeto era altanero y engreído, pero escucharlo hablar de Lee Rock de esa forma lo hacían dudar de aquello.

―¿Por qué me dices todo esto?

―¿Recuerdas esa apuesta? ―le preguntó Neji.

Sasuke miró en frente sintiendo que su cuerpo se tensaba.

Deberían dejar de crearle falsas esperanzas, convenciéndola que puede cambiar. Las personas son lo que son. Ella nació siendo débil, sólo sirve para que su padre la case con alguien acomodado. En vez de perder el tiempo con kunais y shurikens debería aprender a servir el té y a criar niños.

Seis meses. En seis meses Hinata será más fuerte que tú.

¿De qué estás hablando, Uchiha?

Lo que escuchaste, Hyūga. En seis meses el puño gentil de Hinata será superior al tuyo. Y cuando ello ocurra, más te vale que le pidas disculpas por esto.

No te hacia el tipo de persona que se preocupan por otros, menos de alguien tan inservible como mi prima. Muy bien, seis meses. Tienes seis meses para demostrar que ella tiene cualidades para ser una kunoichi.

Esperaré esas disculpas, Hyūga.

Pero si no lo logras, Uchiha, quiero tu protector de frente.

Habla claro.

Si ella no logra superarme, quien se dará por vencido con la idea de convertirse en shinobi, serás tú.

Sasuke suspiró molesto. Ese día había nacido esa rivalidad entre él y Neji Hyūga. Lo miró de reojo, tal vez estuviese comportándose medianamente decente con él en ese instante pero los hechos seguían estando a la vista.

―Sí ―respondió Sasuke―. La recuerdo.

―No te pediré disculpas, pues el puño suave de Hinata no es superior al mío, pero puedo admitir que de alguna forma lograste que mi prima se convirtiera en una kunoichi. No necesitas darme tu protector de frente.

Sasuke rió divertido, un tanto arrogante, haciendo que Neji lo mirara confundido. Enfocó sus ojos en el rostro de su compañera entre sus brazos, sintiéndose orgulloso de ella una vez más. Si hasta alguien como Neji podía verlo, entonces significaba que estaba cumpliendo su promesa con Naruto. Ella era fuerte, sólo necesitaba un poco de confianza en sí misma. Sentía que eso era lo único con lo que él la había ayudado en todo ese tiempo.

― Yo no logré que Hinata se convirtiera en una kunoichi ―terminó de decir, relajando la tensión que había en su rostro. Su mirada dura e indiferente se volvió suave mientras la observaba―. Lo logró por sí misma.

El gesto no pasó desapercibido para Neji.