CAPÍTULO 17
LAS CHICAS SON RARAS
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Aprovechando el buen clima y la disposición de sus discípulos en aumentar su estamina, Hatake Kakashi hizo algo que no había realizado en bastante tiempo: comenzó a tomar en serio su trabajo de instructor. Durante lo que quedaba de Agosto y hasta bien entrado Septiembre se dedicó a enseñarles cómo moverse de forma más rápida. Por su puesto, lo primero que organizó fue una pequeña misión de espionaje (a modo de juego). El objetivo fue que Sasuke captara con su sharingan todo el entrenamiento de Gai y Lee.
―¿Por qué siento que estoy robando? ―preguntó Sasuke molesto, mientras activaba su Sharingan, escondiéndose entre las ramas de los árboles.
―Porque estás robando ―respondió Kakashi―. El sharingan es un ladrón de jutsus, aprovéchalo.
Kakashi le había dicho que Rock Lee era el genin más rápido de la aldea y que por lo mismo debía aprender a moverse como él. Neji también se lo había mencionado. Por ello, observó la forma en que Lee y Gai entrenaban y aunque el 95% del tiempo sólo hacían cosas ridículas, hubo un 5% que se dedicaron a entrenar en serio. Su sharingan grabó aquello en su mente.
Después de eso, el resto llegó con facilidad. Los días que siguieron aprendió lo que era velocidad, moviéndose tan rápido como Lee, lo cual lo ayudó con todas las técnicas eléctricas.
Fue precisamente a finales de agosto, cuando el verano estaba llegando a su fin, que Kakashi les presentó un nuevo desafío.
Eran las siete de la mañana cuando Sasuke pasó a buscar a Hinata a la mansión Hyūga. La chica le entregó un pan caliente envuelto en una servilleta y ambos comieron en silencio por el camino. Siempre hacían eso, comían mientras se movían de un lugar de entrenamiento a otro. Se había vuelto tan rutinario que Sasuke ni si quiera se molestaba en cocinar en la mañana ya que sabía que Hinata le llevaría algo para comer, para almorzar y él en retorno la invitaba a cenar o iban a su departamento y cocinaban algo juntos. Se les había vuelto algo tan normal ese último mes, que Sasuke incluso iba a comprar al mercado los días domingo para tener comida en su despensa en caso de que Hinata y Kakashi fuesen a comer con él.
Sasuke acababa de terminar su pan cuando llegaron a las afueras del hospital de Konoha, el lugar donde se suponía iban a ver a su instructor. La aldea aun dormía, el sol apenas estaba poniéndose, y aun así, ambos llevaban despiertos al menos tres horas. Hinata practicaba su puño suave todas las mañanas antes de comenzar su entrenamiento y su compañero se dedicaba a leer de noche; pergaminos olvidados, libros de la biblioteca de su casa e instructivos que encontraba interesantes dentro de la biblioteca de Konoha eran devorados por sus ojos que los memorizaba. Lo último que había leído lo tenía aún bastante emocionado y era sobre algunos jutsus de fuego que quería practicar.
Kakashi llegó cuando el sol había alcanzado a pasar las montañas. Aquello era lo común con él, siempre atrasado y buscando excusas tontas para después justificarse a sí mismo ante los chicos.
―Llegas tarde Kakashi ―lo increpó Sasuke reclinado sobre la cerca del hospital y con los brazos cruzados―. Hemos perdido más de tres horas de luz por estar esperándote.
―Lo siento, lo siento… ―dijo Kakashi despreocupadamente y con tono divertido―. Estaba en camino cuando vi a un niño perdido y lo ayudé a encontrar su camino a casa.
―Siempre lo mismo ―regañó Sasuke―. ¿Para qué nos citaste aquí?
―Pues, para entrenar ―respondió sacando un libro de su porta kunais, Sasuke leyó el título de reojo: "Icha Icha Dangerous".
―¿Tienes conciencia de que el porta kunais es para llevar kunais? No para transportar toda una biblioteca ―preguntó el Uchiha con una mueca de disgusto.
―No subestimes el poder del Icha Icha franchise ―respondió alegremente―. Un buen golpe con un libro en la cabeza puede dejar a un adversario inconsciente, ¿Verdad Hinata-san?
Hinata lo miró pasmada, ¿Por qué la metían a ella en su discusión?
―Preferiría n-no responder a eso Kakashi sensei.
Caminaron sólo un par de cuadras hasta llegar a la quebrada en donde estaban tallados los rostros de los Hokage. El acantilado debía medir unos 200 metros de altura pero era suficientemente alto como para que miraran hacia arriba y apenas pudiesen distinguir la cima.
―¿Qué se supone que hacemos aquí? ―preguntó Sasuke impaciente―. ¿Nos vas a hacer tallar en la roca o algo?
―No, no, nada de eso ―respondió Kakashi riendo―. Vamos a subir.
―¿Cuál es el punto de esto? Ya sabemos moldear chakra para subir diagonalmente ―alegó Sasuke, no muy convencido de que todo eso fuera mejor que correr alrededor de la aldea.
―Subiremos sin usar chakra ―Kakashi puso sus manos en la cintura y suspiró―. Bien, a trabajar.
―Espera, ¿Es en serio? ―volvió a cuestionarlo Sasuke sin mucha seguridad.
―Ajá, vamos a trabajar nuestros brazos y piernas subiendo verticalmente ―les indicó Kakashi mientras los tres comenzaban a caminar a la pared del acantilado. Hinata tragó saliva viendo todo lo que tendría que subir.
―Parece bastante sencillo ―Sasuke sonrió y siguió a Kakashi.
―Lo haremos sólo con una mano ―el rostro de sorpresa de sus pequeños alumnos pagó su día, ambos estaban petrificados ante la idea―. Vamos, vamos. No es tan difícil como luce. Obsérvenme.
El primer día que lo intentaron Hinata fracasó rotundamente y estuvo a punto de caerse sólo después de 38 metros de ascenso. Sasuke tuvo que invocar un águila para que no cayera al vacío. Por su parte, el pelinegro se demoró todo el día en poder subir sólo con una mano por ese acantilado, mientras que Kakashi leía en la cima y disfrutaba del verano.
El Uchiha lo maldijo entre dientes y si llegó a hasta arriba fue sólo a base de su orgullo lastimado, sin embargo sus manos pagaron el precio.
Ya que era evidente que Hinata no tenía tanta fuerza como para impulsarse, Kakashi le permitió utilizar ambas manos y de esa forma (aunque se demoró) llegó a la cima. Sanó las llagas en los dedos de Sasuke con ninjutsu médico y ni si quiera pareció notar que su compañero estaba embobado mirando como su piel se sanaba aceleradamente gracias a las técnicas que Hinata había aprendido con Tsunade durante la primavera y gran parte del verano.
Pasaron todo ese septiembre en los acantilados, forzándose a subir y fortaleciendo sus brazos y piernas. Sasuke lo agradeció, pues a los 15 días realmente comenzó a notar el cambio cuando pudo realizar más de dos chidori en un mismo día. Eso le indicaba que su chakra había crecido esos meses.
Sin embargo, las cosas no parecían tan fáciles para Hinata. A diferencia de Sasuke no estaba genéticamente predispuesta a ser una ninja brillante ya que no tenía su talento natural. Por lo mismo, cuando Sasuke lograba algún avance, ella debía trabajar dos, tres y hasta cuatro veces más para poder seguir su paso. Mientras el Uchiha pudo escalar ese acantilado con una sola mano sin problemas después de tres semanas (y hasta parecía ridículamente sencillo la forma en que lo hacía), ella se demoró un mes sólo en tomar el ritmo para subir con sus manos.
Muchas veces miró a Sasuke con un toque de celos, preguntándose a sí misma por qué todo le resultaba tan sencillo. Comprendió la razón por la cual Naruto se frustraba con él, pero en vez de buscar su rivalidad o querer superarlo como dé lugar, aceptó resignadamente que su compañero era más fuerte que ella, un genio, como Neji. Se sintió afortunada de estar con alguien del cual podía aprender tanto, pues a pesar de que Kakashi los estaba entrenando (en teoría) era siempre Sasuke la que corregía su postura y le enseñaba las aperturas que dejaba su taijutsu.
Después de ver que su compañero estaba escalando la pared del acantilado en menos de cuarenta y cinco minutos como si nada, disminuyó sus horas de sueño en cinco y comenzó a trotar también de noche.
Fue un día caluroso a finales de septiembre cuando Hinata se dio cuenta de lo fuerte que Sasuke se había vuelto. El chico estaba vendando sus manos mientras ella golpeaba la roca con sus palmas y dedos. Eran apenas las ocho de la mañana pero el aire ya estaba tibio. Siempre sucedía antes de que se acabara el verano.
―Oye Hyūga, ven aquí ―Hinata detuvo sus golpes y caminó en dirección a Sasuke quien aún se encontraba semi agachado ordenando las cosas que había traído en su mochila. De la nada, las palabras de Sasuke casi la hicieron atragantarse―. Súbete en mi espalda.
―¿Q-qué? ―preguntó Hinata pasmada―. ¿P-por qué?
―Necesito peso. Se está volviendo muy fácil escalar esto ―respondió desinteresadamente.
Hinata sonrojó pensando que si necesitaba peso podía poner una roca en su mochila o algo así, ¿Por qué pedírselo a ella? La mitad de su rostro se ensombreció.
―¿Me estás diciendo que… que estoy gorda?
El gruñido de Sasuke fue tan tajante que Hinata simplemente supo que estaba perdiendo la paciencia.
―Que molesto.
A pesar de que eran compañeros desde que tenían doce y once respectivamente, Sasuke nunca había visto a Hinata como una niña. Estaba seguro que Naruto tampoco lo hacía, exclusivamente por la forma tosca en que ambos la trataban, empujándola, dándole golpes en los brazos para alentarla, revolviéndole el cabello; actos físicos y un tanto violentos que se da bastante entre la amistad de los hombres.
Sin embargo, desde su misión en el bosque de la muerte, a los ojos de Sasuke, Hinata Hyūga era una chica. Aquello lo irritaba. Odiaba tener que tratarla con delicadeza o diferencias marcadas sólo por su sexo. Si hubiese dependido de él la habría visto como un chico para siempre. Lamentablemente, aquello había cambiado cuando durante la misión notó que su pequeña amiga ya tenía senos. Aun así, no tenía idea de cómo se suponía que tenía que tratarla, pero hacía su mejor esfuerzo por ser caballeroso (en su medida) cuando estaba con ella. Eso no significaba que cada vez que viese un gesto demasiado femenino en ella no se sintiera irritado, eran shinobis después de todo y estar preocupándose de las diferencias entre el trato chica/chico lo tenía sin cuidado.
―Es que… yo… n-no quería hacerte enojar… pero tu dijiste…
Estaba divagando, por lo que la detuvo en seco.
―Ya súbete.
Hinata miró el suelo sin saber cómo evitar eso.
―P-pero… yo también necesito practicar y subir mi estamina, Sasuke-kun.
―Luego te ayudaré con eso ―exclamó Sasuke casi aburrido―. Súbete.
Hinata suspiró, supo que no había forma de evitar aquella incómoda situación.
―Está bien.
Nerviosa, debatió mentalmente con la idea de cómo acercarse a él. ¿Se suponía que simplemente debía saltar a su espalda o qué? Lo miró dubitativa, sintiéndose nerviosa ante la mera idea de que la cargara. Sin embargo, se reclinó con suavidad hacia él separando sus piernas. Gritó de inmediato cuando Sasuke se levantó con ella sobre su espalda.
―Afírmate con tus piernas alrededor de mi cintura ―le ordenó mientras daba un paso en dirección al acantilado, pero de pronto se detuvo en seco y gruñó molesto―. ¿Estás alimentándote?
―Sabes que sí lo hago ―respondió Hinata sorprendida por su pregunta.
―No me mientas Hyūga. Odio que te saltes las comidas. Lo he odiado desde el primer día que somos compañeros ―la regañó Sasuke poniendo una de sus manos sobre la roca y comenzando a escalar ayudándose con las piernas para ascender.
―P-pero, yo como Sasuke-kun ―reclamó Hinata con vergüenza.
―Dios, por eso no puedes subir por el acantilado con una mano, no tienes nada de musculatura en el cuerpo ―Hinata suspiró y comenzó a darse cuenta de lo rápido que Sasuke subía, incluso llevándola a ella en la espalda.
La cercanía la puso nerviosa por algún motivo. Ellos no eran amigos que se tocaran a menos que tuviesen que golpearse mutuamente mientras entrenaban o en alguna que otra ocasión cuando miraban las heridas en las manos del otro, cosas sin significado alguno.
Aquello era distinto, estaba rodeando a Sasuke con sus piernas, sintiendo el olor de su cabello, lo ancho que se estaban volviendo lentamente sus hombros; Sasuke estaba creciendo. Hinata lo venía notando desde el comienzo del verano y aquello la hacía sentir un poco melancólica, pues por más que se mirara en el espejo ella no veía ningún toque de que se estuviese también convirtiendo en una mujer.
―Sasuke-kun ―murmuró Hinata.
―¿Qué? ―preguntó éste sin detenerse. Ya estaban unos buenos treinta metros sobre el nivel del suelo.
―¿Qué s-se supone que hago ahora? ―apretó sus piernas un poco más fuerte, asustada de la altura que estaban tomando. Lo único que la sostenía a él era que se aferraba como si su vida dependiese de ello y considerando que ya se había caído por ese acantilado, la idea de la altura no le agradaba mucho.
Sasuke le podría haber dicho que se quedara quieta y dejara de molestar, pero en vez de eso le respondió lo primero que se le vino a la mente.
―No lo sé, moldea chakra o algo.
Hinata suspiró y cerró los ojos. Moldear chakra era sobre concentración y rapidez, al menos si lo hacía fluir por su cuerpo estaría haciendo algo más útil que ser peso. Fue de pronto, cuando Sasuke se aferró de una roca y ésta se desprendió haciendo que casi se cayeran, cuando Hinata puso sus manos con fuerza sobre los hombros de Sasuke y se escondió en su cuello.
El roce de la nariz de Hinata sobre su piel lo dejó helado y tuvo que enfocarse para no terminar de caer por completo. Era como si alguien le estuviese tomando el estómago y se lo apretara, haciendo que su pecho sintiera una tensión extraña.
―¿Qué estás haciendo? ―le preguntó helado cuando notó que Hinata no se movía hacia atrás, sino que más bien, se quedaba en esa posición, tan cerca de él que podría haber rozado sus labios contra su nuca. Podía sentir su respiración agitada sobre él.
―Pensé que nos íbamos a caer ―respondió Hinata. Fue entonces que Sasuke se dio cuenta que lo que estaba sintiendo no era precisamente por la cercanía de Hinata, algo cosquilleaba en sus hombros―. Moldeaba chakra y me apoyé porque pensé que me iba a caer.
No podía creerlo. Lo que estaba experimentando su cuerpo era completamente anormal. No se trataba simplemente de su cercanía, era algo más, algo que estaba haciendo que se prendiera un foco de luz sobre su cabeza y se maldijera internamente por no haberlo pensado antes.
―Hazlo de nuevo. Moldea chakra y pon tus manos en mis hombros en el mismo lugar ―Hinata asintió con un quejido silencioso y puso las manos nuevamente sobre los hombros de Sasuke, en la misma posición de antes. Sasuke sonrió sorprendido―. Cosquillea.
Hinata notaba que por sus manos también pasaba una sensación cálida que le adormecía la punta de sus yemas.
―A mí también.
―Sujétate fuerte y no dejes de hacer eso ―le indicó Sasuke moldeando chakra en sus pies y caminando en vertical hacia abajo con Hinata en su espalda gritando por la velocidad que agarró el Uchiha mientras descendía―. Siento más chakra dentro de mí. ¿Eso es normal? ―le preguntó dando un último salto y cayendo al suelo.
―Lo revisaré ―dijo Hinata sin hacer los sellos, sólo agudizando su mirada―. Byakugan ―se dedicó a observar sus manos y la forma en que al haber estado moldeando su chakra éste estaba pasando hacia la corriente de Sasuke―. Me apoyé en tus tenketsus del hombro sin querer y parte del chakra que estaba moldeando entró a tu sistema circulatorio de chakra.
―Mi corazón se aceleró ―dijo Sasuke sorprendido, poniendo una mano sobre su pecho para luego subir una ceja―. ¿Qué me hiciste?
―Yo-yo nada. Tal vez al tener más chakra tu corriente fluye con más rapidez ―Hinata estaba adivinando, no tenía idea de lo que estaba ocurriendo. Lo único que sabía era que la corriente de chakra de cada persona variaba, pero pasaba por los órganos principales. Si tenía más chakra circulando su cuerpo, tal vez era normal que sus órganos reaccionaran de otra forma.
Sasuke bajó a Hinata y se paró frente a ella activando el sharingan. Podía ver el chakra dentro de Hinata, pero no sus corrientes.
―¿Dónde están tus tenketsus? Muéstrame ―Hinata lo miro confundida―. Muéstrame donde están en tus manos.
Hinata apuntó distintos puntos en sus dedos, en sus palmas y muñecas. Sasuke los observó con cuidado, memorizándolos con el sharingan.
―Ya veo.
Le tomó una mano con algo de tosquedad y puso su dedo índice en uno de los lugares que Hinata le había indicado.
―¿Qué haces? ―le preguntó ella nerviosa al sentir su agarre.
―¿Lo sientes?―le preguntó con seriedad.
―Sí… es… ―Hinata miraba con el byakugan activo la forma en que el chakra de Sasuke estaba atravesando por su cuerpo, era raro, pero también…― agradable.
Sasuke sonrió entusiasmado. Hacía tiempo no lo veía mirarla de esa forma.
―¿Sabes lo que acabamos de descubrir, Hyūga? ―la chica negó con el rostro―. Como traspasarnos chakra cuando a uno se le acabe y al otro no.
Hinata también sonrió, era como si ambos hubiesen descubierto un gran secreto juntos.
―Creo que t-tienes razón.
―¿Quieres comprobarlo? ―le preguntó Sasuke con una sonrisa traviesa. Hinata asintió dudosa, un tanto nerviosa de lo que estaban haciendo.
Alrededor de siete minutos después, el chakra de Sasuke estaba completamente agotado. Sus manos quemaban, tenía laceraciones producto de la electricidad y había tres huecos bastante grandes en la piedra. Sasuke estaba gimiendo de cansancio en el piso, sentado, mientras esperaba que Hinata le terminara de sanar las manos. Podía ver que tenía el suficiente chakra como para hacerlo.
―Ya está bien ―le dijo cuando dejó de sangrar. Quería probar su teoría―. Hazlo.
Con una media sonrisa dudosa, Hinata puso sus dedos sobre los tenketsus de las manos de Sasuke. Éste miró el pecho de la chica viendo como el chakra se movía dentro de ella. Se sintió completamente maravillado cuando notó que de no tener nada de chakra, su cuerpo lentamente se volvía a llenar. Era anormal, insano y contra la naturaleza, pero acababa de descubrir algo que no venía en los libros de texto. Con suma eficacia, Hinata al ver sus tenketsus podía traspasarle su chakra si se le acababa.
―Esto es… ―dijo Sasuke apretando el puño con entusiasmo. Realmente no se sentía tan emocionado desde que pudo realizar su primer jutsu de katon―. Increíble. Ya… basta Hyūga. Te vas a terminar agotando ―podía notar lo poco de chakra que le quedaba a la chica. Ella sólo asintió.
―Sa-Sasuke-kun ―sonaba un poco tímida al hablarle.
―¿Qué? ―le preguntó mirándola curioso. Fue entonces que Hinata llevó su mano a su porta shurikens y sacó un frasco de color café con el símbolo del clan Hyuga sobre él.
―Tus manos, déjame terminar de vendarte ―destapó el frasco y comenzó a aplicarle una crema blanquecina a Sasuke en los sectores en donde la electricidad lo había quemado.
El Uchiha estuvo a punto de reclamar que parara con esas cosas, que podía hacerlo solo, pero en vez de ello, quedó embelesado sintiendo como las yemas de su compañera acariciaban su piel. Entrecerró los ojos, le dolía y al mismo tiempo, le gustaba que ella lo tocara de esa forma.
Cuando se dio cuenta de ello, subió sus párpados horrorizado y la miró como si ella se tratara de un enemigo.
―¿Ya terminaste? ―le urgió, queriendo retirar sus manos como si se estuviese quemando.
Hinata levantó la mirada con sorpresa por su molestia. Ella sólo quería ser amable con él, después de todo, siempre sanaba las heridas de Naruto u Sasuke con esa crema para luego vendárselas. No pensó que después de un año realizando aquello, su accionar fuese a molestar a su compañero.
―Con eso deberías estar bien para mañana ―le dijo un tanto triste cuando observó que el chico se ponía de pie alejándose de ella.
―Terminamos por hoy. No tengo chakra ―le dijo tomando su mochila y comenzando a caminar. Solo.
Hinata se quedó en la misma posición, pensando qué habría hecho mal para que Sasuke nuevamente la tratara así. No era la primera vez que se alejaba súbitamente de ella, como si algo le molestara profundamente. Suspiró y se puso de pie, al menos tendría tiempo para estudiar un poco más de jutsus médicos esa tarde.
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Sakura e Ino siempre peleaban desde que ambas descubrieron que estaban enamoradas del mismo chico. El golpe había sido duro, demasiado doloroso al menos para Ino quien tuvo que observar resignada cómo su mejor amiga le daba la espalda. Sakura amaba a Sasuke Uchiha e iba a luchar con todo lo que tenía para estar con él, aunque eso significaba volverse rivales. Ino lo aceptó, con melancolía, pero lo aceptó. Ella haría lo mismo.
Sin embargo, con el transcurrir del tiempo ambas habían llegado a la conclusión de que necesitarían de sus mejores armas para poder llamar la atención del azabache, y lamentablemente, las dos habían fracasado en ello. Por lo mismo, cuando estaban con Hinata aprovechaban de sacar el máximo de información posible acerca de quién era Sasuke Uchiha, qué le gustaba, qué no y qué quería.
El problema radicaba en que Hinata no decía mucho, como si le estuviese protegiendo la espalda a su amigo. Sakura le tenía celos, ¿Y cómo no tenerlos si Hinata era la única chica que él notaba y con la que pasaba la mayor parte del día? Lo único que realmente la tranquilizaba era saber que a Hinata le gustaba Naruto, no Sasuke.
En cambio Ino era más suspicaz. Sabía lo que podía provocar la soledad en un hombre y en una mujer… estaban compartiendo una de las etapas más importantes de sus vidas y creando lazos difíciles de romper. Aquello la ponía en ventaja cuando se trataba de jugar por el corazón de Sasuke. Sólo esperaba que nunca llegase a eso. Quería creer que el corazón de Hinata era un punto fijo y que ya había marcado su norte en otro chico… pero cuando los veía caminando juntos por Konoha, en silencio, uno al lado del otro sin molestarse ni tomarse demasiado en cuenta, notaba que ambos encontraban en aquello algo que calmaba su soledad.
―¡Muy bien Hinata-san! ―exclamó Sakura viendo que el pez que tenía la chica sobre el pergamino volvía a animarse―. Tienes un talento natural para esto, Tsunade-sama tenía razón. A mí y a Ino nos costó mucho más tiempo.
―Gracias, Ha-Haruno-san ―respondió la chica.
―No puedo creer que se esté terminando el verano ―murmuró Ino con tristeza mientras miraba por la ventana―. Y no recibí mi primer beso aun ―Sakura pareció deprimirse tanto como Ino.
―Creo que ninguna tiene mucha suerte en el amor ―dijo Sakura suspirando. Hinata también se deprimió. No veía a Naruto en 5 meses―. Al menos Hinata-san puede pasar todo el día con Sasuke-kun. Es tan afortunada.
―Realmente te envidio Hina-chan ―dijo Ino alegremente mientras se paraba atrás de la chica―. ¿Cómo está Sasuke-kun?
―Uhmm… bien ―respondió Hinata algo incómoda.
―Hi-Hinata-san, ¿Sasuke-kun no está saliendo con nadie? ―le preguntó Sakura.
Hinata pensó con cuidado su respuesta.
―El otro día una chicas estaban espiando mientras entrenábamos y, bueno, él lanzó una bola de fuego en su dirección ―pensó que si les decía eso. tal vez, Ino y Sakura no se sentirían tan mal. Ambas sonrieron.
―Sasuke-kun ―dijo Sakura con una mano en su pecho―. Lo invitaré en una cita. Definitivamente lo haré antes de que las hojas de los árboles se vuelvan rojas.
Hinata estuvo a punto de decir "No lo hagas en esta fecha". Pero pensó que eso sería destruir aún más las ilusiones de Sakura e Ino. Se acercaba el aniversario de la masacre de su clan y Sasuke actuaba más raro que de costumbre, pero de nuevo, no podía traicionar la confianza de su amigo delatándolo de esa forma.
A veces, deseaba que Sasuke dejara de ser tan cerrado con todos a su alrededor y viera que Sakura Haruno e Ino Yamanaka eran chicas realmente maravillosas. Pero, al mismo tiempo, entendía que no podían forzarlo a sentir algo por ellas. El corazón era un misterio que ni si quiera los shinobis lograban descifrar. Era algo incontrolable.
―Oye Hina-chan, este sábado los chicos y yo haremos una barbacoa. Sakura, Kiba y Shino también irán ―Hinata se sintió un poco ajena al grupo escuchando que era la última en ser invitada―. Por supuesto, Sasuke-kun también está invitado. Lleguen a las nueve.
―Muchas gracias por su invitación ―dijo Hinata con una reverencia. La idea de compartir un poco más con los chicos de su edad le agradaba―. ¿D-debemos llevar algo?
―Uhmm… Chouji comprará la carne, Sakura y los chicos las bebidas… ¿Por qué no llevan ensaladas y arroz? ―preguntó Ino con entusiasmo.
―Nos encargaremos de eso, Ino-san. Aunque ―Hinata se mostró un poco preocupada―. No sé si Sasuke querrá ir.
―¡Ay por favor Hinata-san, convéncelo! ―le suplicó Sakura.
―Haré mi mejor esfuerzo por que vaya ―dijo Hinata tomando asiento―. No les aseguro nada. Él, bueno él, sólo quiere entrenar.
―¿Te sucede algo, Hina? ―le preguntó Ino acercándose a ella cuando la vio tan cansada.
―Hemos estado entrenando muy duro con Sasuke este verano ―respondió con una sonrisa tímida―. Supongo que estoy cansada.
―Puedes irte Hinata-san, nosotros ordenaremos aquí ―le dijo Sakura con una sonrisa. Ambas chicas se iban a dedicar completamente al ninjutsu médico en un futuro, por lo cual pasaban gran parte del día en ese lugar entrenándose a sí mismas.
―Eso no es necesario ―le dijo Hinata sonrojando―. Yo puedo…
―Insisto. Después de todo, si tú no tienes energía, ¿Quién cuidará de mi Sasuke-kun? ―Sakura le guiño un ojo y notó que Ino la estaba mirando con rostro asesino.
―Gracias, Sakura-san.
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―No ―fue la respuesta de Sasuke mientras esquivaba un puño de Hinata.
―Sasuke-kun… pero… ―intentó volver a golpearlo pero falló, recibiendo ella un palmetazo en sus brazos que la sacó de balance y la terminó por hacer caer. En el piso, se sentó mirándolo con tristeza―. ¿P-por qué no?
―Tenemos mucho que entrenar. Si no tenemos misiones, entrenar es nuestro trabajo ―respondió Sasuke.
―Pero las chicas fueron t-tan amables en invitarnos ―dijo Hinata con tristeza.
―No me importa. No iremos ―respondió con autoridad.
Hinata suspiró algo abnegada. Sabía que cuando Sasuke decidía algo con tanta firmeza era bastante difícil convencerlo de que hiciera lo contrario.
―Está bien.
―Aun no lo entiendes, ¿verdad? ―le preguntó Sasuke mirándola en el suelo―. No me interesa hacer amigos o sociabilizar con el resto. No estoy en esta villa para eso. Mi único objetivo, lo único que quiero y deseo, es volverme lo suficientemente fuerte para matar a mi hermano. Dijiste me ayudarías a lograrlo cuando no me dejaron marcharme―. Hinata bajo el rostro con tristeza, sabía que ese había sido el trato―. ¿Recuerdas?
―Sí ― Respondió en un susurro.
―Yo no soy como ustedes.
―¿Siempre fue así? ―lo interrumpió Hinata―. Nunca deseaste, digo, cuando eras niño… nunca quisiste… ¿Lograr algo distinto?
―Eso no te incumbe ―le respondió Sasuke irritado.
―Sasuke-kun ―Hinata se puso de pie lentamente, mirándolo con tristeza―. ¿Qué harás si matas a Itachi? ¿Cuál será tu objetivo después de eso?
―Creo haberlo dicho. Restableceré mi clan ―respondió dándose vuelta y caminando hacia su mochila para sacar una botella de agua―. El nombre Uchiha será purgado con la muerte de ese bastardo.
Hinata permaneció en silencio. Era uno de esos días en que Sasuke estaba ausente y en sus ojos sólo se veía soledad. A veces deseaba con todo su corazón poder quebrarla y ahuyentarla para siempre. Pero sabía que por mucho que se acercaran, seguía habiendo días en que su compañero volvía al pasado y revivía una y otra vez esa noche en que perdió todo lo que tenía.
Los días así, lo dejaba en paz y lo acompañaba en silencio, pues por mucho que se alejara siempre volvía. Ya lo había aprendido a conocer, como cualquier persona necesitaba su espacio y su tiempo a solas. Sin embargo era tan obstinado, que en vez de tener un día en paz, visitar el cementerio o quedarse en cama, se enfocaba completamente en volverse más fuerte. Esa era su forma de hacer duelo por todo lo que había perdido.
Se sentaron a medio día bajo un árbol y almorzaron. Sasuke insistía en ello más seguido después de ese día en que la tuvo en su espalda. Hinata estaba convencida de que él de verdad pensaba que no se estaba alimentando bien.
Cada uno tenía su bento que ella había preparado. Hinata movía todo de un lado a otro sin realmente comer mientras él miraba hacia adelante, masticando un roll de sushi.
―Ese fracasado de Naruto debe estar entrenando en este momento. ― Dijo luego de tragar y pasar la comida con un poco de jugo de tomate en caja. Escucharlo hablar de su compañero ausente hizo sonreír a Hinata en silencio. Sasuke no se daba si quiera cuenta, pero era como si buscara superarlo incluso sin él estar ahí. Lo había reconocido como su rival aun cuando nunca lo admitiera y aquello era divertido―. Uno de los ninjas más fuertes de Konoha lo está entrenando, por ello no podemos perder el tiempo Hyuga. Cuando vuelva… quiero que vea lo fuerte que nos volvimos.
(En un lugar muy lejano, mientras Sasuke pensaba en Naruto con celos, él estaba intentando despertar a Jiraiya pateando su espalda, pues el gran y legendario sannin estaba con resaca, gritándole una y otra vez "Ero-sennin, ¡Ya entréname de una vez!")
Hinata asintió con suavidad.
―Lo sé, sólo pensé que ―movió lentamente el rostro hacia Sasuke― sería lindo compartir con los demás. El verano se acaba y pronto hará demasiado frío para salir y… y nos hemos esforzado tanto estos meses.
―Pero debemos esforzarnos aun más. Aun no es suficiente. ― Recalcó Sasuke. ― Ni si quiera podemos ir en misiones por culpa de ese idiota. Lo mínimo que podemos hacer es bastarnos uno al otro para que nos dejen salir de Konoha.
―Sasuke-kun, ¿has notado que hace más de tres meses no tenemos una misión fuera de las murallas de la ciudad? ―le preguntó Hinata sacando un trocito de pollo y masticándolo lentamente.
―La Hokage dijo que no podemos hacer misiones difíciles sin Naruto. Seguramente no nos quiere enviar en misiones tontas como perseguir animales perdidos ―respondió Sasuke, aunque en el fondo sentía que ese no era el motivo por el cual ambos estaban estancados en Konoha―. Aunque tienes razón, todo este asunto es raro.
Cuando terminaron de comer hicieron un ejercicio en el bosque. Sasuke había terminado de inventar una variante del Chidori. Se había inspirado en la técnica de Hinata en que lanzaba agujas de chakra a presión por sus tenketsus. Ahora que sabía dónde estaban esos puntos en sus manos (Hinata solía marcarlos con tinta y él los memorizó con su sharingan), dirigir su chakra a esos lugares de su cuerpo era fácil. De hecho, lo único que debía hacer era concentrarse en liberar chakra interrumpiéndose con rapidez, creando un ritmo, en el cual salían hilos de electricidad en formas de aguja… había llamado a la técnica Chidori Senbon (Aguja de Millar de Aves).
Necesitaba practicar su puntería al utilizar la técnica y Hinata era un muy buen moving target. De hecho, así se beneficiaban los dos, pues Hinata podía practicar su defensa con el byakugan.
Llevaba alrededor de diez minutos escondiéndose en posiciones estratégicas alrededor de su compañera e intentando darle con las agujas de chakra, lamentablemente el maldito byakugan siempre delataba su locación y Hinata sólo debía bloquear con sus palmas para que la electricidad no la golpeara. El ataque de agujas de electricidad era realmente bueno, el problema era que Hinata tenía una ventaja natural contra éste.
Sin embargo, cuando pensó que no iba a poder golpearla algo ocurrió y Hinata cayó de rodillas al suelo comenzando a sangrar. Sasuke bajó de la rama del árbol con rapidez sin entender que rayos acababa de suceder.
―¿Por qué no la bloqueaste idiota? ―le preguntó arrodillándose a su lado para ver la herida que comenzaba a manchar su ropa con sangre en la espalda―. ¿Estás bien?
―Sí. No te preocupes ―dijo Hinata arrodillándose también y llevando una mano a su cuello, lugar en donde una de las agujas de Sasuke la había rozado y un tajo se había abierto, superficial, pero peligrosamente cerca de sus arterias.
―¡Maldición, cabeza de hongo! ―gruñó Sasuke molesto―. ¡Pensé que con el byakugan activo podrías al menos esquivar eso! ¡Torpe!
―¿Ca-cabeza de hongo? ―preguntó Hinata pasmada mirándolo con horror.
―Tu cabeza ―respondió Sasuke levantando una ceja, extrañado de la expresión de espanto de su compañera―. Tiene forma de un hongo otoñal.
―¿Lo dices por mi cabello? ―le preguntó preocupada.
Los párpados del chico cayeron con molestia.
―No, por tu nariz ―respondió con sarcasmo―. ¡Por supuesto que por tu cabello! ¡idiota! ―Hinata se sintió tan avergonzada que se puso roja―. No es momento para estar hablando de tonterías ―dijo Sasuke poniendo su mano en la herida de Hinata y haciendo presión para que dejara de sangrar―. Debemos llevarte al hospital y que un médico revise eso.
―No es nada ―respondió Hinata cabizbaja―. Lo sanaré de inmediato.
―¿Qué te sucede? ―le preguntó Sasuke levantando una ceja. Nunca había visto a Hinata ponerse tan roja por algo que él le dijese aparte de todo ese asunto de sus pantaletas en el bosque de la muerte―. Hyūga.
―Nada ―mintió y Sasuke lo notó. Algo le había afectado. No se trataba de la herida en su cuello.
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Era gracioso que se hubiesen estado quejando de que no tenían misiones, pues al día siguiente, mientras se aprontaban para comenzar a entrenar, un visitante llegó al monumento de los caídos de Konoha. Se trataba de Shikamaru Nara, quien les comunicó que por orden de Tsunade se les estaba asignando una misión rango D por el resto de la semana.
Tendrían que ayudar en la Academia con el entrenamiento de los chicos más pequeños.
Sasuke pensó que era la misión más degradante que le habían pedido que hiciera, mientras que Hinata, entusiasmada, siguió a Shikamaru escuchándolo con cuidado mientras le daba instrucciones sobre lo que debía hacer.
Cuando llegaron al lugar de práctica de tiros de shuriken, un grupo de alrededor de treinta chicos estaba en el patio mirando a Sasuke y Hinata con admiración. Todos conocían quien era Sasuke Uchiha. En Konoha, incluso seis años después de la masacre, el apellido del chico era reverenciado y asociado con la elite. Aún más atónitos quedaron cuando vieron la demostración de Sasuke de cómo lanzar un kunai. Todos querían aprender de él, lo cual lo irritó.
Por su parte, las chicas se dedicaron a sentarse bajo un árbol con Hinata mientras ella les decía lo que se esperaba de una kunoichi. Ese día, les enseñó sobre la importancia de ser buenos amigos y trabajar en equipo.
―¿Hinata-senpai, qué se siente tener un compañero tan atractivo como Sasuke Uchiha? ― pregunto una chica de cabello anaranjado, llamada Moegi.
―Uhm… ―Hinata no pensaba en ese tipo de cosas cuando se trataba de Sasuke―. Una kunoichi debe poder trabajar con todo tipo de personas. Mis compañeros son, mis mejores amigos.
Por su parte, Sasuke no se podía quitar de encima al molesto amiguito de Naruto, un tal Konohamaru que no dejaba de molestarlo con que quería un duelo contra él. El día en general fue molesto, pues las niñitas se le colgaban a cada segundo. Era como haber estado de vuelta en la Academia pero mucho más fastidioso. Al menos en ese tiempo ninguna había ido tan lejos como para rodearlo e impedirle el paso, abrazándolo y tirando de su ropa intentando llamar su atención. Si hubiesen sido de su edad las habría mandado a todas y cada una de ellas al demonio.
La única niña que lo miraba de lejos con los brazos cruzados y con molestia era la chica Hyūga, la hermana menor de Hinata. Se parecía a Neji más que a ella; tenía los mismos rasgos elegantes y esos gestos de indiferencia. Al igual que el supuesto genio, compartía su cabello castaño y sus facciones arrogantes.
Al día siguiente los pusieron a pintar la cerca en el patio trasero junto con Shikamaru. A pesar de que agradecía levemente no haber tenido que entrar en la Academia y así evitar a todas esas mocosas histéricas, seguía pensando que nada podía ser peor que eso. El sol del medio día les estaba dando de lleno y el olor a la pintura estaba haciendo que doliera su cabeza.
―Esta es una de las peores misiones que me han dado ―se quejó Sasuke mientras cubría la madera de pintura blanca―. Pensé que no podíamos caer más bajo que limpiar basura en el río Naka.
Hinata se secó en sudor de la frente con el puño de su manga.
―N-no es tan malo, es un cambio refrescante ―Y lo decía en serio, estar todo el día entrenando también agotaba. Poder volver a labores un poco más sencillas era agradable, al menos para ella.
―Cierra la boca, Hyūga ―le respondió irritado.
Hinata bajó el rostro un tanto deprimida. Sasuke lo notó de inmediato sin entender por qué estaba reaccionando de esa forma hacía días.
―Es molesto, pero alguien debe hacerlo ―dijo Shikamaru mientras movía los baldes de pintura varios hacia el basurero.
De pronto, al otro lado de la cerca, apareció la hermana de Hinata. Lo primero que notó Sasuke es que estaba sola, nadie se le acercaba y parecía preferirlo de esa manera. Al parecer no se llevaba muy bien con nadie en la Academia. No le sorprendió para nada, después de todo, la pequeña mocosa era irritante.Aún recordaba como a Hinata solían hacerle burla por sus extraños ojos mientras eran niños, quizás ese también había sido un problema para Hanabi. Aunque, supuso que era su rostro orgulloso lo que irritaba a los demás. Ese aire de superioridad de los Hyūga era molesto incluso para él que era mucho mayor que ella, no se podría haber imaginado lo que causaba en los chicos de su edad.
―Hinata-san ―saludó a su hermana suavizando la expresión―. ¿Quieres volver juntas a casa?
―Lo siento Hanabi-chan ―respondió su hermana―. Creo que nos queda bastante trabajo aquí.
―Uhm ―se quejó Hanabi con una pequeña mueca de desilusión. Luego miró a Sasuke irritada, lo cual hizo que éste la mirara fijamente. Si hubiese sido su hermana menor le habría dado un zape para que se comportara con sus mayores y dejara de mirarlo de forma tan irrespetuosa―. Eres un idiota, Sasuke Uchiha ―le dijo de pronto.
―Ha-Hanabi-chan, no le hables así a Sasuke-kun ―le indicó Hinata asustada.
―¿A quién llamas idiota, enana? ―le respondió Sasuke mirándola de reojo.
―A ti. Idiota ―volvió a repetir―. No eres la gran cosa, mi primo Neji podría vencerte ―le sacó la lengua―. Y tu pelo ni si quiera es tan bonito como para que le digas a Hinata-san que…
―¡Hanabi! ―Hinata le tapó la boca y la arrastró hacia adentro de la Academia muerta de vergüenza―. Lo siento, lo siento ―decía una y otra vez―. Lo siento mucho, Sasuke-kun, Hanabi-chan no sabe lo que está diciendo.
Cuando ambas desaparecieron atrás de la entrada del recinto, Shikamaru se dirigió un tanto extrañado a Sasuke después de haber presenciado toda esa escena.
―¿Se puede saber qué hiciste para que Hanabi te hablara así? Ella es bastante tranquila. Nunca la había visto reaccionar así.
―No lo sé ―comenzó a pensar en sus insultos, y lo único que lo descuadraba era lo de su cabello. Entonces suspiró, recordando el comentario―. Debe ser por esa estupidez del pelo ―respondió Sasuke un tanto aburrido mientras seguía pintando.
―¿Ah? ¿El pelo? ―preguntó Shikamaru confundido.
―El otro día le dije a Hinata que su cabeza tenía forma de hongo por su corte de pelo ―respondió despreocupado―. No es la gran cosa, seguramente le dijo algo a su hermana menor.
―¿Te das cuenta que Hinata es una chica, verdad? ―respondió Shikamaru subiendo una ceja y mirando hasta con un poco de lástima a Sasuke.
―Tengo ojos, gracias ―le respondió sin mirarlo.
―Sí, pero parece que te falta sentido común ―el Nara suspiró―. No puedes decirle a una mujer que tiene el cabello feo. Menos compararlo con un hongo
―¿Ah? ― Sasuke estaba confundido. ¿Por qué a una kunoichi le importaría algo tan ridículo como eso? Él se hubiese sentido ofendido si alguien lo llamase débil o cobarde, no porque le dijeran que su pelo era descuidado―. ¿Por qué me deberían importar esas estupideces?
―A nosotros no nos importa, pero a ellas sí. ¿Acaso no sabes nada sobre chicas? Están en nuestros equipos y hay que hacer de todo porque no se vuelvan histéricas y escandalosas. Dificultan las misiones cuando se ponen así ―Shikamaru lo miró con seriedad―. Ino lloró quince días después de que perdió su cabellera en el examen chunin. Mi madre echó a mi padre de la casa una vez porque le dijo que estaba un poco más rellenita. Sakura está siempre haciendo dietas y cuando Kiba le dice que esta gorda se pone a llorar. Las chicas son así, son raras.
―Eso es lo más estúpido que he escuchado en mi vida ―dijo Sasuke con molestia―. Hinata no es así. Ella es distinta ―lo decía con orgullo. Nunca había tenido problemas por cosas como esas con su compañera. Ella siempre había sido casi un chico. Sin embargo, hacía varios meses venía notando cambios sutiles en ella que la hacían más femenina que lo normal, lo cual lo irritaba.
―¿Es una mujer, no? Para ellas el tema del peso es realmente importante. Es realmente una molestia. Nunca le digas que tiene el pelo feo o que es gorda, sólo la harás llorar ―le indicó suspirando―. El jutsu de Ino la deja inconsciente cuando entra en la mente de alguien. Una vez la estaba tomando en brazos mientras corría y cuando volvió a su cuerpo le dije que pesaba mucho para estar corriendo con ella todo el tiempo de esa forma. Estuvo llorando todo el resto de la misión porque pensó que le dije gorda y dejó de comer 5 días. Te lo digo Uchiha, las chicas son algo que yo no entiendo.
―¿Por qué nos ponen en grupos con ellas? ―le preguntó irritado. Ahora que lo pensaba Hinata venía actuando rara precisamente desde el comentario de su cabello―. Nos evitaríamos todos estos problemas… ridículos.
―Es lo mismo que me he preguntado muchas veces, son molestas ―se quejó Shikamaru.
―Concuerdo con eso.
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Estaban caminando de vuelta a sus casas. Las primeras estrellas sobre Konoha estaban apareciendo y Sasuke sabía que eso significaba que su misión en la Academia había terminado. Aun así, no podía sacarse de la cabeza la conversación con Shikamaru. Había pasado los últimos meses con Hinata y hablar con otro hombre que no fuera Kakashi sobre temas así lo había puesto a pensar en la situación con su compañera.
Todo esto de crecer era irritante. Tener que tratar a Hinata de forma distinta a la que lo hacía sólo porque fuese una chica era estúpido. ¿Por qué las cosas tenían que cambiar? De la nada, mientras había pasado el tiempo, cada vez que ella lo tocaba se sentía incómodo, como si de verdad él mismo fuese quien notara la forma extraña en que reaccionaba su cuerpo cuando la tenía cerca. Suponía que era instinto, la necesidad primaria de sentir afecto o quizás simplemente se trataba de sus hormonas jugándole malas pasadas… más de una vez había escuchado a gente mencionar que las hormonas se volvían locas a esa edad y lo asociaba con algo dentro de su cuerpo que lo haría enojarse o algo por el estilo, no que le diera vergüenza cosas tan estúpidas y que la cercanía con Hinata le pareciera algo tan raro… su mente lo traicionaba, sus entrañas se contraían, su carácter se suavizaba. Hinata lo hacía comportarse como un idiota.
¿Por qué las cosas no podían seguir como lo habían estado hasta ese momento?
―Oye Hyūga ―dijo de pronto.
―¿Sí? ―preguntó mirando en su dirección.
―Sobre tu cabello…
―Realmente n-no tenemos que hablar de eso Sasuke-kun ―lo interrumpió Hinata bajando el rostro y ruborizándose.
―¿Te molestó que te llamara cabeza de hongo?
Al grano. Sabía que Hinata y él tenían la suficiente confianza como para tratarse con franqueza. Por muy niña que fuera no pensaba que tenía que ponerle azúcar a todo lo que dijera sólo para no lastimarla. De hecho, se negaba a hacerlo.
―No lo dije como insulto, sólo estaba molesto y fue lo primero que pensé ―si lo veía de esa forma, quizás sí había sido un insulto, pero no había sido su intención herirla.
―Es-está bien, no importa ―dijo con una sonrisa forzada mientras que sus ojos mostraban su verdadera tristeza.
―No sabes mentir ―le increpó Sasuke―. Estás haciendo eso donde tu boca no concuerda con tus ojos.
Siguieron caminando en silencio y cuando Sasuke estuvo a punto de pensar que el tema se había acabado porque ella no quería hablarlo vio que Hinata se detuvo. Sostenía una de sus manos contra su estómago como si todo el tema realmente la perturbara. Quizás Shikamaru tuviese razón, las niñas eran raras y se sentían ofendidas por cosas realmente tontas.
―No es lo que crees ―dijo finalmente sin despegar su vista del suelo.
Se cruzó de brazos y exhaló cansado.
―¿Por qué no me lo explicas entonces?
―E-es que ―la voz de su compañera se había vuelto tan suave como un susurro, tal como en los primeros días en que se habían conocido y había que pedirle que repitiera todo dos veces pues no se le entendía nada―. B-bueno…
―Puedes decírmelo ―cerró los ojos, sintiendo que la paciencia se le agotaba―. Intentaré no molestarme si es demasiado cursi.
―Desde que soy pequeña me cortan el cabello a-así ―dijo finalmente. Sasuke abrió los ojos y la miró casi como si ya se hubiese aburrido de sus motivos―. Nunca comprendí por qué otōsan n-no me dejaba tener el cabello largo como las otras chicas ―una pequeña sonrisa apareció en su rostro―. Me gustaba el cabello de mi madre, e―-era largo, sedoso y azulado… era tan bello. Soñaba con tenerlo así de largo algún día y poder de-decorarlo con flores ―el rostro de Sasuke se suavizaba escuchándola hablar de su madre. Nunca lo hacía. Nunca si quiera habían tocado el tema de cómo había muerto―. Creo que-que mi padre mandaba que m-me cortaran el cabello de esa forma porque… uhmm… E-es porque… porque… un-nunca quiso que fuera mujer. El q-quería u-un hijo.
―Espera… ¿Te cortas el cabello así para verte más… masculina? ―frunció el ceño extrañado.
―Ser mujer en mi clan es símbolo de delicadeza y fragilidad. Un líder no puede ser frágil. Quiero verme me-menos… débil ―Hinata cerró los párpados con fuerza―. Yo-yo no tengo nada que ofrecerle a mi padre para que esté orgulloso de mí, pero al menos puedo lucir como el heredero que él quería.
Sasuke bufó molesto.
―Eso es ridículo Hinata ―su puño se tensó, ¿Por qué esos malditos Hyūga la hacían sentir así? Lo desesperaba. Le daba vuelta el estómago―. Eso realmente es lo más estúpido que he escuchado salir de tu boca.
―D-dijiste que no te ibas a mo-molestar ―lo increpó Hinata.
―Esto va más allá de ser cursi ―se defendió Sasuke dando un paso en frente―. ¿Por qué sigues con esa idea de que no eres lo suficientemente buena para esa mierda de clan? ―se sentía demasiado enojado con todo el asunto, tanto que estaba olvidando controlarse. La tomó de los brazos y la miró a los ojos―. Eres fuerte, eres tan fuerte… y sigues pensando que eres débil y te llenas la cabeza de ideas de que nunca lograrás ser lo suficientemente buena para que tu padre te reconozca, pero ¿Sabes qué?... ¡Al diablo con tu padre! ―le gritó sintiéndose tan bien de poder decirlo y ver la cara de sorpresa en ella―. ¡Es un imbécil! Si no puede ver lo afortunado que es de tener una hija como tú entonces es un idiota. Vas a ser una buena líder no porque seas fuerte o frágil, sino porque eres perseverante, y te esfuerzas en cada una de las cosas que haces. Y eres muy amable… y te preocupas de todos siempre. Un líder debe ser más que sólo un shinobi fuerte. Debe ser alguien que inspire respeto, admiración y confianza. Tú serás una buena líder. Estoy seguro de eso ―se quedó callado notando que los ojos de Hinata se estaban llenando de lágrimas. Se sintió en pánico―. No… no llores… ―realmente no sabía cómo tratar a las mujeres. Pensó que nunca tendría que tratarla como una y podría seguir gritándole y diciéndole cosas bruscas el resto de su vida. A veces, deseaba que el perdedor estuviese ahí, él habría dicho justo lo preciso para hacer que Hinata flotara sobre una nube y sonriera. En cambio él nunca podía lograr hacerla sentir bien―. ¡Hyūga! Oye… tssk… ―la chica bajó el rostro y comenzó a llorar, sollozando con fuerza―. ¡Odio a las chicas! ¡Juro que las odio! ―gritó Sasuke soltándola y sintiendo que se llenaba de una frustración que le hacía doler el pecho. ¿Por qué no lograba hacerla sentir mejor, como lo hacía Naruto? Quizás por ello lo amaba a él, porque tenía la capacidad de hacerla sonreír mientras que él sólo lograba hacerla llorar―. ¡Te he dicho cosas mucho peores y jamás habías llorado antes!
―Lo siento… lo siento… lo siento… no e-estoy… tú… es… nunca nadie había dicho que podría ser… en el clan… ―Sasuke entendió entonces. No estaba llorando porque estuviese herida, estaba haciéndolo porque estaba conmovida.
Suspiró abnegado y nuevamente sus facciones se suavizaron, relajando sus gestos que hasta ese momento habían permanecido tan tensos, irritado de que alguien como ella se sintiera tan poca cosa todo el tiempo. El pánico que sintió por hacerla llorar desapareció y en su lugar sólo quedo comprensión hacia ella.
¿Por qué no se podía ver a sí misma como la veía él? Para Sasuke, Hinata Hyūga era una persona que no necesitaba cambiarse. Era gentil, amable y esforzada, tal vez no fuese la persona más fuerte de Konoha ni tuviese tanto talento como el resto de su familia, pero Hinata tenía una cualidad que la hacía única, podía sacar valor para alcanzar dicho talento aunque fuese en pequeños momentos de tensión en donde estaban jugando sus vidas. Poder confiar su propia seguridad en alguien así era grandioso. No le hacía nada de gracia tener que depender a veces de ella, pero había llegado a aceptar que la necesitaba, tanto como ella lo necesitaba a él en ese momento.
Le dio vueltas al asunto tanto, que sintió que si no lo hacía de una vez, nunca lo haría.
Su mano se posó en el hombro de la chica y se acercó levemente, acercando su pecho al torso de ella, apretándola contra su cuerpo en el abrazo más raro, tosco y torpe de la historia de Konoha.
―No esperes que esto se repita muy seguido Hyūga ―estiró los labios en una mueca de disgusto y miró hacia un costado con las mejillas sonrojadas―. No me gustan estas estupideces.
Hinata asintió y lo abrazó con fuerza, llorando y agradeciéndole en silencio por su reconocimiento. Se prometió a sí misma en ese preciso instante, que nunca más volvería a cortarse el cabello.
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