CAPITULO 18

FIN DEL VERANO
·

·

·

·

·

I've been wandering round
But I still come back to you
In rain or shine
You've stood by me girl
I'm happy at home
You're my best friend

You make me live
Whenever this world is cruel to me
I got you to help me forgive
You make me live now honey
You make me live

·

·

·


Sasuke bostezó cuando iba subiendo las escaleras. Por lo general no lo hacía, no le gustaba mostrar que como cualquier persona también sentía cansancio, pero Hinata le daba la suficiente confianza como para poder hacerlo sin pensar que ella vería aquello como una debilidad. Estaba anocheciendo y el entrenamiento había terminado, era hora de comer alguna cosa y dormir para volver a la misma rutina el próximo día.

―Cuando Naruto vuelva, le pediré que tengamos un combate ―dijo Sasuke con una sonrisa algo arrogante en su rostro―. Quiero ver que tanto he avanzado. Será fácil derrotarlo.

Hinata sonrió, pues a pesar de que Naruto Uzumaki no estaba ahí, la rivalidad entre ambos seguía tan encendida como siempre. Lo había escuchado quejarse en varias ocasiones durante la semana, diciéndole una y otra vez que ambos debían pasar sus límites de cansancio para volverse más fuertes, pues Naruto tenía la ventaja de estar siendo entrenado por Jiraiya. Lo más interesante del asunto era que Sasuke estaba descubriendo nuevas formas de manipular el elemento electricidad y aquello lo tenía más que feliz. Su buen humor los últimos días fue evidente cuando después de terminar de entrenar le revolvió el cabello y la invitó a nadar. Habían pasado gran parte de la tarde jugando en el agua, dejándose llevar por la edad y los últimos días de calor.

No obstante, ahora que lo escuchaba hablar así de Naruto, la joven no dudaba que entre el rasengan y el chidori las cosas se pudieran poner densas. Así como Sasuke estaba intentando terminar el chidori (que era una técnica incompleta, pues atacaba de frente, dejando mucho espacio abierto para que el enemigo embistiera sin que el que corría en su dirección pudiera verlo), seguramente Naruto estaba haciendo lo mismo con el rasengan (otra técnica incompleta, de acuerdo al mismísimo Kakashi sensei).

―Debería entrenar un poco mi genjutsu mañana ―murmuró Sasuke con seriedad, pero buen humor―. Aunque no puedo entrenarlo contigo. El byakugan te defiende de técnicas así.

―Lo siento, Sasuke-kun ―dijo Hinata sonriendo con ligereza.

Entraron al departamento del Uchiha como tantas veces lo habían hecho ya. El pelinegro soltó su mochila de entrenamiento al lado de la entrada con descuido y Hinata puso la suya en un colgador junto a la puerta. Esa era la rutina, aquel era su rincón para estar solos. Sasuke no se sentía cómodo en la residencia Hyūga y cada vez que atravesaba su entrada sentía como si todos los estuviese viendo raro.

―¿Arroz? ―le preguntó el pelinegro abriendo el refrigerador, percatándose que quedaban onigiris del día anterior―. ¿O prefieres salir a comer algo?

―Arroz está bien ― Respondió Hinata mientras ella misma abría los gabinetes para sacar platos para ambos.

―¿Te sucede algo Hyūga? ―le preguntó Sasuke poniendo todo en la mesa al lado de la ventana―. Estás más callada que de costumbre.

Hinata negó con el rostro mirando el suelo mientras acomodaba los vasos. Sasuke puso el plato con onigiris y un cartón de leche sobre la mesa. Tal vez Hinata no lo dijera, pero el hecho de que estuviese mirando por la ventana sin hablarle le indicaba que había algo en la mente de su compañera que no quería decir. Como siempre, no insistió en el tema. Tal vez estaba de buen humor, pero eso no significaba que su personalidad mágicamente se hubiese transformado en un terrón de azúcar. No iba a estarle insistiendo si ella no quería hablar.

Le lanzó uno de los cojines del sofá y ambos se sentaron en el suelo a comer. Le sirvió un poco de leche en el vaso y bebieron sin decir nada.

―Estaba pensando ―dijo Sasuke mirándola de reojo mientras tomaba uno de los bolos de arroz―. Que tal vez es hora de pedir un remplazo para nuestro equipo. Podríamos tomar los exámenes chunin si…

―No lo tomaré sin Naruto-kun ―respondió Hinata con seriedad mientras le daba un mordisco a su onigiri―. S-somos un equipo. Los tres.

―Pensé que dirías eso ―respondió Sasuke suspirando y bebiendo un poco de leche.

No le irritaba que Hinata no quisiera reemplazar a Naruto, lo que realmente lo molestaba era el hecho de no poder participar de misiones para chunnins, las rango B que le hubiesen significado poder mostrar sus verdaderos avances durante la primavera y el verano. Itachi había alcanzado el rango de jonin a temprana edad convirtiéndose en capitán de ANBU a los trece. Él no quería ser menos.

―Incluso no estando aquí ese perdedor encuentra nuevas formas de arruinarme la vida ―dijo Sasuke abnegado―. Como sea. Lo esperaremos entonces.

La idea de ser adultos compitiendo contra niños en el examen chunin pasó por su mente y aquello logró irritarlo aún más. Ya se veía a sí mismo luchando contra la hermana de Hinata o aun peor, contra el molesto Konohamaru.

Siguieron comiendo en silencio. Sasuke no mentía cuando había dicho que Hinata estaba más quieta de lo que solía ser, pero tampoco iba a insistirle en que le hablara. No era su estilo andar persiguiendo al resto o presionándolos para que les confesaran sus sentimientos. Si le agradaba Hinata era precisamente porque nunca tenían que hablar cosas tan íntimas y cuando lo habían hecho, no decían más de lo necesario.

Sin embargo, cuando pasaron más de diez minutos sin decirse nada y notó que Hinata no estaba realmente ahí, sino que completamente enfocada en sus pensamientos, no pudo permanecer más tiempo callado.

―¿Aun estás molesta porque no vamos a ir a esa tonta barbacoa, verdad? ―preguntó sin mirarla. Hinata lo observó curiosa pero no le respondió―. No nos vamos a perder de nada. Va a ser la misma estupidez de siempre con esos sujetos. Shikamaru va a estar con la mirada perdida viendo como Chouji y Kiba pelean por quien asa la carne, Shino se va a sentar en un rincón en silencio, Ino y Sakura van a comenzar a pelear por cualquier cosa y nosotros…

―Está bien, Sasuke-kun ―dijo Hinata con calma―. Entendí que no quieres ir, pero ―el sonrojo en el rostro de su compañera le indicó que había algo que no le estaba diciendo.

―Dilo ―le ordenó frunciendo el ceño y bajando su onigiri―. Habla.

―¿Te molesta si voy sola? ―le preguntó Hinata hundiéndose entre los hombros y mirando por la ventana evitando los ojos de Sasuke.

El Uchiha levantó una ceja un tanto irritado.

―¿Por qué me molestaría lo que hagas en tu tiempo libre? No soy tu dueño como para decirte qué hacer.

Hinata asintió sonrojándose aun más.

―Y-yo sé eso, Sasuke-kun. Pe-pero… ―Hinata comenzó a jugar con sus dedos mientras Sasuke tomaba leche mirándola fijamente, visiblemente enojado―. Somos un equipo. De-deberíamos ir a estas cosas juntos.

―¿Acaso quieres que te acompañe? ―aquello le revolvió el estómago y la palabra "cita" vino a su mente una y otra vez.

Desde que había notado que ella era una chica y él un chico… y que sus cuerpos se diferenciaban el uno del otro cada vez más (lo había notado cuando ella se sacó la chaqueta antes de meterse al agua junto con él), que Hinata a veces lloraba sin razón, se quedaba callada o miraba el horizonte con melancolía sin motivo alguno… se daba cuenta que al igual que él, ella estaba experimentando un cambio interno que no podía comprender. Aquello lo crispaba. Quería entenderla. Deseaba saber por qué últimamente estaba tan triste o por qué su humor cambiaba de la nada de estar muy alegre a una melancolía casi palpable. El último tiempo tenía que ser cuidadoso con todo lo que le decía, porque a veces hasta el comentario más inocente sobre su peso, su aspecto, su fuerza o incluso su actitud, ofendían o herían a la joven. Shikamaru tenía razón, las chicas eran muy molestas.

Para evitar momentos desagradables como el de hacía unos días en donde había tenido que abrazarla, estaba siendo cauteloso en la forma en que la trataba, pero aun así, se sentía agotado por ello. Lo irritaba. Deseaba que el tiempo retrocediera y ella pudiese ser sólo "Hyūga" y no "Hyūga-san". Había ciertas reglas de educación y protocolo que seguir cuando se trataba de mujeres, pero él realmente odiaba esas tonterías. Si hubiese dependido exclusivamente de su persona, Hinata nunca se sacaría su polerón, continuaría cortándose el cabello como un chico y seguiría siendo uno más del equipo, no una más.

―Bueno, es que… ―Hinata evitaba mirarlo. Sasuke le hubiese dado un sermón para que dejara de tartamudear y lo mirara cuando hablaba, pero había descubierto que hasta ese tipo de cosas hacían lagrimear sus ojos esos días. Su puño comenzó a temblar, la paciencia no era su mejor virtud― Sé que es egoísta de mi parte pedirte que vayamos juntos pero, no-no quiero…

―Dilo rápido ―le exigió sin poderse controlar más―. ¿Qué pasa? ¿No quieres qué?

Hinata trago saliva mirándolo con el rostro más tierno y triste posible. ¿Por qué lo miraba así?

―No quiero ser la única sola y no tener con quién conversar. Ino y Sakura estarán con sus compañeros…

Sasuke suspiró y se cruzó de brazos.

―Si no quieres estar sola, entonces no vayas ―le exigía con los ojos que dejara de mirarlo así, le estaba revolviendo el estómago verla con esa mirada… tan… tan… patética―. Podemos quedarnos hoy acá, ver una película o estudiar alguna cosa importante. No tienes que ir a esa tonta barbacoa con esa gente. Pero si quieres ir, anda.

Su mirada patética se intensificó. Sí, era patética. No había otro calificativo como tiernos o adorables para esos ojos.

―Pero… quiero i-ir contigo. ¿Por favor? ―susurró con timidez.

¿Cómo podía decirle que no cuando lo miraba de esa forma y le hablaba con esa dulzura? Sentía que algo le ardía en el estómago cuando le pedía las cosas así. Era como cuando se ve a un cachirrito que te acerca una pelota para que juegues con él. Lo hacía sentir mal negarse.

―Media hora. Nada más. Después de eso nos vamos.

―¿En-en serio, Sasuke-kun? ―le preguntó emocionada.

―No exageres ―miró hacia un costado con una mueca de derrota terminando su onigiri.

·

·

·

·

·

Sakura estaba aliñando la carne cuando escuchó que tocaban la puerta. Sus mejillas se pusieron completamente sonrojadas recordando quien era la única persona que aún faltaba en su barbacoa. Ino soltó los platos que estaba cargando y los puso de golpe sobre la mesa mirando en la misma dirección en que su amiga lo hacía.

Ambas cruzaron una mirada llena de rivalidad en que chispas chocaron en el aire y corrieron a la puerta para ver quien lograba abrirla primero. Volaron codazos y jaladas de cabellera, pero consiguieron de alguna forma abrir al mismo tiempo y encontrarse con un par de ojos ónix que las miraba con indiferencia.

―¡Sasuke-kun! ―dijeron ambas al mismo tiempo volviendo a tratar de sacarse del medio. Sasuke sólo suspiró mientras que Hinata contuvo la risa escondiendo su boca atrás de una de sus manos.

―Hyūga olvidó traer las ensaladas ―fue lo único que dijo.

―¡Eso no importa! ―dijo rápidamente Sakura sonrojando con una sonrisa de oreja a oreja.

―¿Ves? Te dije que no les importaría ―le indicó Sasuke a Hinata con una mirada un tanto hostil. Habían estado discutiendo por el camino, pues Hinata quería pasar a su casa y preparar algunas verduras para llevar, mientras que Sasuke quería terminar con el asunto con rapidez―. Compramos el postre de cualquier forma ―estiró una bolsa e Ino la tomó con prisa.

―Espero que les guste el helado de chocolate ―dijo Hinata mientras ambos entraban.

Las cosas durante esa tarde fueron más o menos como Sasuke las predijo. Chouji no estaba interesado en nadie ni en nada en ese lugar, más bien no quitaba sus ojos de la parrilla. Kiba (después de importunar un buen rato la paciencia de Sasuke al acercarse demasiado a Hinata con una confianza que le pareció completamente desubicada) también se dedicó a mirar cómo se asaba todo, diciendo una y otra vez que la carne era lejos la mejor comida y que todo lo demás era un desperdicio. Shikamaru se sentó en un cojín en el patio y bebió jugo mirando las nubes completamente distraído, aludiendo que era demasiado problemático preocuparse con el fuego o con estar ayudando con la carne, cuando todos sabían que Chouji se la comería solo de cualquier forma. Shino, siempre callado, se dedicó a observar a una distancia determinada junto a Sasuke, quien a su vez sólo contaba los minutos para largarse de ahí. Por su parte, Ino y Sakura luchaban constantemente rellenando el vaso del Uchiha, ofreciéndole bolas de arroz, brochetas de tomate y su compañía. Hinata sólo reía mientras ayudaba a la chicas a poner la mesa, aliñar lo que faltaba, preparar las ensaladas que había olvidado hacer y de vez en cuando preguntarle a Sasuke si lo estaba pasando bien, sólo para recibir una mirada que decía con claridad "No abuses de tu suerte, Hyūga".

Alrededor de cuarenta minutos después de que Sasuke y Hinata llegasen, todos se sentaron a comer. El evento fue bastante agradable y los chicos recordaron una vez más que a pesar de estar en distintos grupos, todos eran parte del mismo equipo: el de Konoha. Incluso Sasuke, que en un comienzo estaba completamente en contra de estar ahí, terminó cediendo un poco y conversando con Shino sobre las últimas misiones en que los habían asignado.

Sakura estaba sentada a la derecha del Uchiha e Ino a la izquierda, cada una intentando servirle carne, verduras y arroz. Sin que se diera cuenta, Sasuke tenía el plato lleno de comida que ambas luchaban por poner primero frente a él.

―Ya basta ―les gruñó―. No voy a comer tanto.

―Pero Sasuke-kun, tienes que probar todo ―dijo Ino apoyando su mejilla contra el brazo de Sasuke quien intentaba quitársela de encima sin conseguirlo―. Los chicos deben comer mucho para crecer fuertes y altos, aunque no creo que tú lo necesites pues ya eres fuerte y…

―¡Ino cerda! ―le gruñó Sakura desde el otro lado―. Deja de coquetearle a Sasuke-kun.

―¿Estas celosa, frente de marquesina? ―le preguntó Ino con un exceso de confianza.

―Por supuesto que no ―respondió Sakura apuntándola con el dedo índice―. Sólo deja en paz a Sasuke-kun. Mira lo incómodo que está por tu culpa.

―Yo diría que tú tienes mucho que ver con su rostro de fastidio, Sakura ―dijo Kiba frunciendo el ceño en su dirección mientras que Akamaru movía la cola de un lado a otro sobre su cabeza.

―¿Podríamos comer en silencio? ―preguntó Sasuke con los ojos cerrados y controlando lo irritado que se sentía.

―¿Quieres que te pique la carne, Sasuke-kun? ―le ofreció Ino con dulzura.

―¡Yo le puedo picar la carne! ―interrumpió Sakura.

―Que molesta eres, Ino ―dijo Shikamaru sonriendo con burla―. Déjalo en paz. Con razón nunca quiere pasar tiempo con nosotros.

―Shikamaru tiene razón ―gruñó Kiba con un trozo de carne en la boca―. Sólo lo estás avergonzado Sakura, sin mencionar que te estás avergonzando a ti misma.

―Kiba… ―lo sermoneó Shino.

―No le hables a Ino así Shikamaru ―insistió Chouji con una sonrisita entrando en pánico, pues estaba a punto de pasar lo obvio―. Las chicas se esforzaron mucho en preparar todo esto.

―Es lógico que quieran que todos probemos lo que cocinaron ―intentó decir Shino rápidamente porque veía en el rostro de Sakura lo que iba a ocurrir y estaba intentando reparar los daños. Pero parecía ser demasiado tarde.

Ambas chicas bajaron el rostro con tristeza y fue como si una nube oscura se pusiera sobre ellas. Su silencio hizo evidente para sus compañeros que ambas se habían sentido ofendidas. Sin esperar mucho, con educación, pusieron sus palillos sobre la mesa y se levantaron de sus cojines, dejando a un muy confundido Sasuke atrás. Sin embargo, Chouji y Shino casi simultáneamente se tomaron el rostro; era como si hubiesen predicho todo aquello antes de que pasara.

―Te lo dije ―le indicó Shino a Kiba con un aire a sermón.

―¡No dijiste nada! ―insistió Kiba comiendo―. ¿Cómo se supone que debo saber cada vez que se va a poner a llorar? Esto me tiene harto, siempre lo mismo. ¡Además mira lo ridícula que se estaba comportando! Nos avergüenza a todos actuando así.

―Shikamaru… ―dijo Chouji un tanto preocupado mirando en dirección a Ino que se retiraba a la cocina.

Shikamaru suspiró.

―Iré por ella.

Sasuke entendió lo que estaba pasando, pero no dijo nada pues Hinata aún estaba presente comiendo en silencio de su plato. Él no era el único que estaba teniendo problemas con todo este asunto de los cambios de humor, al parecer todos ellos estaban siendo víctimas de la hormonas femeninas.

Se estiró levemente hacia Shino y le susurró.

―¿Les pasa con frecuencia también?

―Todo el tiempo ―murmuró Shino―. Es como caminar sobre cáscaras de huevo. Kiba se está volviendo loco. Ayer amenazó con tirarse desde la muralla de Konoha si Sakura volvía a llorar por una de sus bromas.

―Pensé que era el único ―dijo Sasuke aliviado.

Pero ahora que oía desde lejos a Shikamaru rogándole a Ino que lo perdonara, a Shino parándose para luego intentar hacer que Sakura volviera a la mesa, a Chouji y a Kiba comiendo como desesperados por el estrés de la situación, comprendió que Hinata no estaba tan mal. Ella nunca lo había dejado comiendo solo, como mucho se quedaba en silencio. Sí que tenía suerte de tenerla a ella como compañera. No creía que podría haber aguantado un escándalo así a diario.

―Ya te dije que lo siento ―se escuchaba que Shikamaru le decía a Ino en la otra habitación―. ¿Cómo se supone que deba saber que no debo avergonzarte frente a Sasuke? Que problemática eres.

―Me esforcé tanto por-por que le gustara lo que cociné y tú arruinas todo Shikamaru ―se quejó Ino. Sasuke se sentía cada vez más incómodo―. Tú sabes lo que significa Sasuke-kun para mí.

―Sakura. La comida se enfriará si no comemos. Debemos volver. ¿Por qué? Porque es mala educación dejar a tus compañeros comiendo solos ―decía Shino a su vez en el otro extremo de la habitación.

―Kiba siempre me trata como basura y yo lo único que hago es cuidar de ustedes dos todo el tiempo… ―dijo Sakura entre sollozos escondiendo su rostro atrás de sus manos.

Sasuke miró a Hinata con el ceño fruncido. Si ella no lo hubiese chantajeando emocionalmente para ir a ese lugar, en ese momento podría haber estado acostado en su cama leyendo sobre ninjutsus o viendo televisión. Pero no, tenía que estar soportando los arrebatos hormonales de dos preadolescentes que estaban obsesionados con su persona.

―Sasuke-kun… ― murmuró Hinata para que el resto no la escuchara―. ¿Por qué no vas tú por ellas?

―¿Estas bromeando verdad? ―le preguntó soltando los palillos y murmurándole de vuelta en un susurro―. No haré tal cosa.

―Por-por favor. Ellas se esforzaron mucho para organizar toda esta linda velada ―¡Y ahí estaba de nuevo esa mirada! ¿Cómo rayos Hinata había aprendido a poner esas facciones tan lastimosas para lograr conmoverlo?―. Sasuke-kun…

―Deja de poner esa cara ―le ordenó―. Te dije que sólo nos quedaríamos media hora, he duplicado ese tiempo y aun así tú quieres que…

―Ellas hicieron todo esto para ti ―susurró Hinata con tristeza―. Querían…

―¿Y por qué debería importarme lo hagan? ―preguntó Sasuke cruzándose de brazos―. Tú mejor que nadie sabes lo que me desagrada Ino y lo indiferente que me es Sakura.

―Porque fueron lo suficientemente amables de invitarnos ―respondió Hinata.

Sasuke entrecerró aun más sus ojos en un duelo de miradas entre ambos. Era claro que Hinata deseaba que arreglara la situación, pues si ambas estaban así era precisamente porque se habían sobre esforzado para impresionarlo siendo recriminadas por sus compañeros por ello.

El pelinegro gruñó, sabiendo que las normas sociales indicaban que fuese educado con sus antitriones. No iba a arreglar las cosa por esa mirada patética de Hinata, sino, porque no era un completo maleducado. Su madre se habría irritado con él si lo hubiese visto haciendo un desaire a las chicas que habían cocinado todo eso para ellos, y al parecer, especialmente para él.

―Está bien ―dijo poniéndose de pie. También lo haría por Shikamaru, quien compartía su desconcierto cuando se trataba de entender la forma en que actuaba y reaccionaba su compañera. Sintió lástima por él―. Sólo te diré esto Hyūga, te voy a cobrar este favor el triple algún día.

·

·

·

·

·

Hinata sonrió cuando vio desaparecer a Sasuke hacia la cocina. Realmente estaba de buen humor esos días, aunque se preguntó cuánto tiempo podría durar aquello.

Su compañero tenía buenos días y malos días. A veces podía estar un tanto animado, dejar de actuar como si fuese un adulto y divertirse como alguien de su edad. Paraba de hablar todo el tiempo de venganza y entrenamiento; en esos momentos, incluso la comida tenía mejor sabor para ella, pues no tenía que lidiar con esa constante presión de parte de él.

Sin embargo, había otros días en que su temple era serio y melancólico, se molestaba por cualquier cosa y la hería con sus palabras sin medirse en ellas. Se había acostumbrado a esos cambios de humores y la verdad, lo entendía. No sabía cómo ella habría reaccionado de haber pasado por todo lo que él había vivido. Aunque nunca lo hablaban, sabía que Sasuke se sentía solo la mayor parte del tiempo y su única compañía era ella, Kakashi y Naruto. Ahora su otro compañero no estaba en la Aldea y Kakashi sensei casi siempre estaba en misiones lejos de la ciudad; ella era lo único que él tenía.

Se habían convertido en amigos y aquello la hacía feliz. No imaginaba una vida sin él por mucho que siempre se descargara con su persona. Sasuke era así y ella lo aceptaba tal cual era. De hecho, sabía que todo el progreso que había realizado ese verano se lo debía a él. Había encontrado en su persona, casi a la fuerza mediante gritos y regaños, la fortaleza para imponerse a sí misma nuevas metas. Quería volverse más fuerte para que cuando Naruto volviese se diera cuenta que ella podía superarse y ser una buena kunoichi.

―¡Que no me importa quién me pique la carne! ―el grito resonó incluso en el comedor, tanto que Shino y Sakura dejaron de hablar enfocándose en la puerta cerrada de la cocina. Sasuke estaba descargándose contra Ino. Hinata suspiró un tanto preocupada. Conocía demasiado bien ese lado de él―. Deja de llorar, es irritante. Un shinobi no llora, maldición.

Cuando escuchó eso, Sakura tragó pesado y comenzó a secarse las lágrimas. Tres segundos después, Sasuke abrió la puerta de la cocina de golpe y enfocó sus ojos directamente en la pelirosa.

―Y tú, siéntate a comer ―le ordenó, a lo cual Sakura asintió repetidamente―. Es de mala educación dejar la mesa cuando el resto está comiendo, sobre todo si esta es tu casa.

―Lo-lo siento Sasuke-kun ―dijo Sakura con la cabeza agachada volviendo a su asiento.

La boca de Kiba quedó abierta y se le cayó el pedazo de carne que sostenía en sus palillos. Nunca antes había visto a nadie poniendo a Sakura en su lugar con esa facilidad. Se reclinó hacia Hinata mirando la escena con asombro.

―Sasuke puede ser un imbécil pero se acaba de volver mi nuevo ejemplo a seguir ―Hinata rió con suavidad, tomando un pedazo de lechuga con sus palillos. ¿Cuántas veces le había hablado así de golpeado o peor? Sasuke tenía la habilidad de poder hacer que las personas lo escucharan de una forma u otra―. Vaya, quién lo hubiese pensado ―siguió Kiba.

―Sasuke-kun puede ser muy convincente ―asintió Hinata viendo como Akamaru saltaba a su regazo y sacaba un pedazo de carne de su plato―. No-no Akamaru-kun.

Tanto Ino como Sakura volvieron a sentarse y Sasuke continuó comiendo en silencio. Ambas estaban tan avergonzadas que no volvieron a molestarlo durante la comida y la verdad tampoco abrieron la boca, ni si quiera para comer. Sólo asentían o negaban con melancolía, entendiendo que por más que se esforzaran, Sasuke Uchiha las seguía viendo sólo como una molestia más en su vida.

Cuando las chicas comenzaron a retirar los platos para lavarlos, Hinata se acercó a ellas. Sakura estaba enjabonando los platos mientras que Ino los enjuagaba pasándoselos a Hinata para que los secara.

―Sasuke-kun sólo levanta su voz cuando algo le importa. Si algo no le interesa, ni si quiera reacciona ―les dijo con dulzura. Tanto Sakura como Ino la miraron sorprendidas, sus ojos reflejaban lo curiosas que se sentían con sus palabras―. Fue a buscarlas porque deseaba que estuviesen comiendo con él. Por-por favor no estén tristes. Él es, bueno, él es así.

―¿Siempre te trata de esa forma? ―le preguntó Ino con melancolía, sin entender cómo Hinata podría haber aguantado esa tosquedad en él.

Hinata asintió.

―No es tan malo como parece. Tal vez, bueno… ― Hinata sonrojó y comenzó a jugar con sus dedos, negando con su rostro.

―¿Qué? ―le preguntó Sakura con ansiedad. Sentía que Hinata les estaba escondiendo algo importante―. ¿Tal vez qué?

Hinata suspiró, riendo con dulzura.

―Sasuke-kun puede tratarte de esa forma muchísimas veces. Grita, se molesta, te arrincona para que realices lo que él d-desea. Pero de vez en cuando… él… él baja esa muralla y… ―el rostro de Hinata se suavizó―…sonríe ―Ino y Sakura la miraron con el ceño fruncido―. Y… esa sonrisa compensa todo lo demás.

―Tienes suerte de que te deje verla ―susurró Ino―. Eres la única que la ha visto.

―N-no es así. Naruto-kun también la ha visto ―respondió Hinata con rapidez.

Se sintió un tanto avergonzaba, pues el tono de voz de Ino le indicaba claramente que aquello no le agradaba para nada, de hecho, estaba implicando algo más. Algo que Hinata no quiso ni si quiera pensar.

―Hinata-san ―pero Sakura no era tan descuidada como Ino. Para ella, su felicidad, su amor, toda su vida, estaba en juego cuando se trataba de Sasuke Uchiha. Ella pensaba amarlo de verdad y con esa seguridad sabía que estaba dispuesta a hacer lo que fuera por conseguir que él la amara de vuelta―. ¿Cómo logras que-que Sasuke-kun te deje estar tan cerca de él sin que te rechace como a nosotras?

La peliazul miró hacia arriba pensándolo un momento, poniendo los platos secos uno sobre otro. Podía recordar esa misma tarde la forma en que Sasuke estaba riendo, pues le había lanzado agua y ella se había tragado el líquido por descuidada. Podía recordar cómo le había sonreído la noche en que le pidió que dejara de llamarlo Uchiha-kun y le dijera sólo Sasuke, las veces que le había dicho con una sonrisa cálida que ella era fuerte y que debía creer en sí misma. ¿Qué había pasado entre ambos para que la frialdad que Sasuke emanaba hacia todos se fuera desvaneciendo y la dejará ver aunque fuera un atisbo del chico sonriente de antaño?

―No-no lo sé ―respondió Hinata.

Aunque sí lo sabía. Si habían logrado poder estar tan cerca era porque toda su relación se basaba precisamente en algo que ninguna de ellas quería con Sasuke…

Amistad.

La habían construido lentamente, tan lentamente que a veces parecía ser un infierno en vida estar cerca uno del otro, sobre todo al comienzo. Pero con el tiempo, aquellas fundaciones endebles se habían consolidado. Habían estado en misiones por meses, entrenando uno con el otro sin detenerse si quiera a recuperar el aliento. Habían estado hospitalizados, compartiendo el dolor de ser heridos en batalla sin poder hacer mucho para defenderse de la superioridad de un enemigo. El tiempo que habían pasado juntos en el Equipo Siete los había hecho poder sentarse uno al lado del otro en silencio y compartir aquellos momentos de tranquilidad, en donde un pequeño lazo invisible y tácito de intimidad se había creado. Aquello había hecho que de ser dos extraños sin nada en común, comenzaran a notar que no eran tan diferentes como lo habían pensado en un comienzo. La indiferencia se había convertido en interés, en una simpatía y preocupación por la persona del otro.

El tiempo la había hecho darse cuenta que así como había cosas horribles en Sasuke Uchiha, también habían cualidades aceptables en él, como su perseverancia, su fuerza, su valor, su preocupación, la manera en que nunca parecía dejar de intentarlo y se forzaba a sí mismo a seguir levantándose aunque el mundo insistiera en querer derrumbarlo. Su cercanía la había hecho ver que no era tan desagradable estar con él, que en verdad el tiempo que pasaban juntos era algo que ella atesoraba dentro de su corazón.

Fue en ese instante, cuando se creó aquel lazo, en que los momentos de silencio fueron remplazados por miradas que decían mucho más de lo que se podían comunicar con palabras, en pequeñas revelaciones que los habían hecho conocerse uno al otro. Sasuke había descubierto que Hinata amaba a Naruto incluso antes de que ella pudiese decirlo en voz alta y aquel secreto los había unido. Ella había podido ver que más allá del sueño de venganza de Sasuke, había un deseo en él por volver a su infancia, a los años felices en que Itachi Uchiha era un hermano mayor amoroso a quien admiraba. Ambos habían compartido con el otro cosas nunca antes dichas por miedo a que nadie pudiese entenderlo, pero ellos podían hacerlo, podían comprender lo que había en el corazón del otro sin que se tuviera que exteriorizar en palabras sobrantes. Ese lazo los había hecho amigos. Ese lazo los había hecho apoyarse uno en el otro.

Habían estado en situaciones de vida o muerte juntos, se habían apoyado cuando necesitan de fuerza, se habían dado esperanza cuando pensaban que todo estaba perdido. Aquella amistad que al principio era tan frágil como una flor de cerezo en primavera había costado tiempo, en el cual ambos vieron al punto que podían llegar por el otro. Se había fortalecido con sinceridad en sus sentimientos y sobre todo… en el afecto que Hinata parecía mostrarle a Sasuke aunque a él le irritara aquello. Sin embargo, aun así, últimamente él también se lo mostraba a ella. Aquel abrazo torpe e incómodo se lo había dicho aquella noche. Sasuke la quería, y ella lo quería a él.

Esa misma amistad estaba basada en poder decirse las cosas a la cara, verdades que muchas veces herían, que la habían hecho llorar comprendiendo que debía ser más fuerte. La había hecho querer crecer junto a él, madurar uno al lado del otro para poder afrontar lo que la vida les tenía preparado. Su amistad era fuerte precisamente porque Sasuke nunca le hacía las cosas fáciles, nunca le daba la razón ni la dejaba ganar todo el tiempo… cada día con él era un desafío a ser escuchada y a escucharlo. El hecho de que ambos estuviesen en esa barbacoa era un claro signo de que Hinata comenzaba a influenciarlo también, a aceptar que no siempre todo podía ser a su manera, en querer complacerla aunque fuera en pequeñas cosas como esa.

Hinata sabía que siempre podría contar con él, y también, y más importante aún, estaba lista para ser la fuerza de Sasuke Uchiha cuando él la necesitara.

No les podía decir que dejaran de ver a Sasuke como alguien perfecto, pues no lo era. Estaba lleno de defectos, tantos que Hinata podría haberlos enumerado uno por uno hasta que diera media noche. Pero lo fundamental en la amistad era precisamente ver más allá de estos defectos y enfocarse en las virtudes, que aunque Sasuke mantenía muy, muy ocultas de la mirada del resto, estaban ahí, latentes, esperando por que alguien las viera. Ella había tenido el privilegio de ver que había más en Sasuke Uchiha que un chico atractivo y misterioso, había también una persona bondadosa, llena de temores e inseguridades. El problema de Ino y Sakura era precisamente que ellas no veían estas debilidades en el carácter del Uchiha, lo habían idealizado como el hombre perfecto.

―Creo que cuando dos personas se consideran amigos, ese tipo de cosas es normal ―respondió ella sonrojándose, sonriendo con calidez, pensando en lo afortunada que era por contar con alguien como Sasuke en su vida.

―Descuida ―dijo Ino sin mirarla, refregando los platos. Sonrió con honestidad al notar el tono de voz de Hinata. Le alegraba saber que al menos el hombre que ella amaba tenía a alguien así en su vida, alguien que lo pudiese acompañar y llenar en todo lo que ella no podía… aun―. Conquistaré a Sasuke-kun y algún día, él sonreirá para mí también.

De pronto la puerta de la cocina se abrió y entró el chico del cual estaban hablando, cargando otro montón de platos. Miró a las tres chicas con curiosidad, pues se habían quedado calladas de golpe. Asumió que seguramente estaban hablando algo relacionado con él. Suspirando, dejó los platos en el regadero donde Sakura estaba lavando.

―Gracias Sasuke-kun ―dijo la pelirosa sonrojándose.

Volteó su rostro hacia Hinata.

―La mesa está limpia. Nos vamos.

―Aun n-no termino de secar los platos…

―¡Descuida! Le diré a Shikamaru que venga a ayudar. No ha hecho absolutamente nada en todo el día ―dijo Ino con una sonrisa―. Es tarde, pueden irse.

―Ya escuchaste. Mañana tenemos que estar a las seis entrenando ―Sasuke comenzó a caminar hacia la puerta.

―¿No les dijo Kakashi sensei lo de mañana? ―preguntó Sakura curiosa.

―¿Decirnos qué? ―la cuestionó Sasuke.

―Iremos en una misión mañana con ustedes. Tsunade-sama nos mandará a la Villa de las Luciérnagas, pues faltan algunos productos en el hospital. Allá nos venderán suministros para remplazarlos ―le contestó Sakura con mucho trabajo, sonrojando y mirando con ojos enamorados hacia los costados―. Kakashi sensei debería haberles dicho.

―No me esperaba más de Kakashi ―dijo Sasuke molesto―. Gracias por avisarnos, Haruno.

―Espero que podamos trabajar bien juntos, Sasuke-kun ―respondió ella con su mejor sonrisa.

―Supongo ―respondió un tanto desinteresado.

Hinata se secó las manos y dejó el mantel en la mesita de la cocina de la casa Haruno. Les hizo una leve reverencia y les sonrió.

―Nos vemos mañana, chicas ―Y luego salió atrás de Sasuke.

Ambos se despidieron de los demás con un gesto y salieron por la entrada principal. La noche había caído ya sobre Konoha y las estrellas eran apenas visibles por las luces en los callejones. Sasuke miraba hacia al frente en silencio mientras ella caminaba a su lado.

―¿Te divertiste hoy, Sasuke-kun? ―le preguntó sonriendo. Aún estaba muy feliz de que hubiesen podido compartir todo aquello con el resto.

Sasuke no respondió, solo siguió caminando con las manos en los bolsillos.

―¿Te gusta este tipo de cosas, verdad?

Hinata asintió en silencio.

―Sé que no te gustan…

―Si sabes que no me gustan, ¿Por qué insistes en inmiscuirme en ellas? ―preguntó Sasuke levantando una ceja y mirándola de reojo.

―Porque… no quiero que estés solo ―respondió Hinata.

―No digas estupideces ―le dijo Sasuke cerrando los ojos y cruzando los brazos―. No estoy solo ―Hinata subió la mirada y vio un ligero rubor aparecer en las mejillas de Sasuke, aquello la hizo sonreír. Sabía que decir algo así para él era difícil―. De por sí ya es un fastidio tener que soportarte.

Hinata rió con suavidad y siguieron caminando. Sasuke siempre la iba a dejar a su casa en la noche. Era una costumbre, lo venían haciendo desde que Naruto estaba con ellos y no había cambiado por su ausencia.

Sin embargo, cuando doblaron por una de las calles principales, Sasuke se detuvo un segundo a mirar un viejo edificio que se veía un tanto ruinoso. Hinata no comprendió por qué se había detenido, mirando en la misma dirección. Lo único que veía era un lugar abandonado, una estrella que podría haber sido verde en forma de diamante con el símbolo del clan Uchiha en él.

―Hyūga ―dijo Sasuke de pronto, su semblante serio y un tanto melancólico.

Hinata supo de inmediato que había algo que lo estaba hiriendo, tal vez un recuerdo volvía a él al mirar ese lugar.

―¿Sí?

―Recuerdas lo que me preguntaste el otro día. Eso de… mis sueños cuando era niño.

―Sí.

Sasuke sonrió con tristeza.

―Mi sueño era ser parte de la policía de Konoha. Como todos los Uchiha.

Y ahí estaba. Esa sonrisa cálida. Un pequeño vistazo al verdadero corazón de Sasuke Uchiha que hacía posible poder soportar todos los momentos en que gruñía, gritaba y la sermoneaba. Aquel pequeño gesto en su rostro le indicaba a Hinata Hyūga que Sasuke Uchiha la consideraba una amiga.

―Tal vez, algún día podríamos pedirle a Tsunade-sama que nos deje reabrirla ―le indicó Hinata contemplando el símbolo de la estrella con la misma admiración que mostraba Sasuke. Si había algo fundamental cuando te importa alguien de verdad, es intentar ayudarlos a cumplir sus sueños. Hinata pensó que si Sasuke deseaba ser policía de Konoha, ella lo podría ayudar―. Cuando vuelva Naruto-kun, los tres podemos ser… la n-nueva generación de la policía de Konoha.

Sasuke tuvo que contener el deseo de reír. No se imaginaba a Hinata, al perdedor y a él mismo administrando toda la policía de Konoha que hacía años no tenía uso alguno. Tal vez Hinata tuviera razón y su equipo pudiese apoyarlo a reconstruir lo que Itachi había destruido en su vida.

―Sí. Tal vez algún día ―susurró.

El recuerdo de Itachi hizo que el pecho comenzara a dolerle con imágenes de un pequeño niño en la espalda de su hermano contemplando ese mismo edificio. Sintió deseos de correr y gritar, de golpear a alguien, de destruir algo, de ocultarse de los ojos del mundo dentro del escondite de su clan.

Pero no lo hizo.

La compañía de Hinata era lo suficientemente reconfortante para poder sobrellevar el dolor de saber que lo había perdido todo alguna vez, pero que al menos podía intentar recuperarlo.

No estaba solo, la tenía a ella.

Tenía a Naruto también, aunque no de la misma forma, pues el idiota estaba fuera de Konoha.

Tenía en cierta medida al resto de sus compañeros: a Kiba, Shino, Shikamaru, Chouji, Ino y Sakura. Sabía que si se los hubiese pedido, todos ellos, lo habrían ayudado a reconstruir el cuartel, a reparar lo que el tiempo había descompuesto y hasta a edificar nuevas estructuras para poder trabajar ahí.

Tenía a Kakashi, que aunque era descuidado con ellos, podía llevarlo a su límite cuando entrenaban juntos.

Podía sentir la herida en su pecho, el dolor de haber perdido todo lo que sentaba como seguro en su vida y haber subsistido en esa aldea con una sola cosa… el deseo de venganza. Sí, ese deseo estaba ahí latiendo dentro de su pecho con fuerza, pero ya no era lo único que había ahí.

Había algo tan fuerte como su odio por Itachi invadiendo parte de su cuerpo, y aquello era la amistad que sentía por Hinata y Naruto.

―Tal vez algún día ―dijo mirando a Hinata y golpeando su frente, tal como lo hacía su hermano mayor en la época en que aún lo veía como su ejemplo a seguir―. Y tu Hyūga, podrías ser mi secretaria y prepararme café ―dijo bromeando y continuando su caminata mientras reía.

―Pe-pero, Sasuke-kun, puedo hacer mucho más que café ―alegó ella―. Puedo ayudarte a…

―Lo sé ―respondió desordenándole el cabello―. Sé que puedes ayudarme.

·

·

·

·

You're the first one
When things turn out bad
You know I'll never be lonely
You're my only one
And I love the things
I really love the things that you do
You're my best friend

Queen ― You're my best friend.

·

·

·