CAPITULO 19
INVIERNO
·
·
·
·
·
Sometimes I need some time on my own
Sometimes I need some time all alone
Everybody needs some time on their own
Don't you know you need some time all alone
And when your fears subside and shadows still remain, oh yeah
I know that you can love me when there's no one left to blame
So never mind the darkness we still can find a way
Nothin' lasts forever even cold November rain
Don't ya think that you need somebody?
Don't ya think that you need someone?
Everybody needs somebody
You're not the only one, you're not the only one
·
·
·
·
·
Hinata se sintió realmente deprimida el día que notó que la última hoja del cerezo afuera de su casa caía. Oficialmente el otoño estaba llegando a su fin para darle paso al invierno. Si había algo que no le agradaba, era aquella época en que todo se volvía frío en Konoha.
―¿Soñando despierta, Hyūga? ―la voz de Sasuke la sacó de sus pensamientos.
Sin embargo, su tono de voz no parecía muy interesado en la respuesta que ella podría darle. Ni si quiera la estaba mirando. Se encontraba parado afuera de su hogar apoyado contra la cerca de madera luciendo un tanto más indiferente que de costumbre. Hinata supo sólo con mirarlo que era uno de esos días en que Sasuke Uchiha estaba ausente en sus propios pensamientos. A veces se comportaba extraño y distante; era precisamente en esos momentos en que decidía dejarlo deambular en sus recuerdos sin perturbarlo.
―Buenos días, Sasuke-kun ―dijo estirando una batata dulce en su dirección. Estaba cubierta con una servilleta para que no se quemara los dedos. Comer cosas calientes en ese clima era agradable, al menos para ella. El Uchiha la aceptó sin decir nada, por lo cual pensó que también debió ser agradable para él―. ¿No… uhmm… no tienes frío con tan poca ropa? ―le preguntó un tanto preocupada.
Sasuke no dijo nada, pero la miró de reojo mientras ambos caminaban. Era claro que a él no le agradaba que ella se metiera en sus asuntos, menos que se fijara en qué se ponía. Hinata bajó el rostro y le dio un mordisco a su batata sin insistir más en el tema.
―¿Qué importa? ―respondió finalmente después de unos pasos―. De cualquier forma entraremos en calor cuando empecemos a entrenar.
Hinata subió los hombros intentando cambiar el tema.
―Va a comenzar a nevar en un par de días ―indicó mirando el cielo.
El viento frío removía su cabellera de un lado a otro y sus mejillas estaban sonrojadas, no por vergüenza, sino por la temperatura. Algo similar sucedía en Sasuke que por muy rudo que quisiese parecer tenía las manos dentro de sus shorts intentando mantenerlas calientes, un tanto ruborizado y con la nariz roja.
Hinata no entendía por qué estaba tan desabrigado con el invierno casi encima de ellos. Ella ya utilizaba guantes de lana, bufanda, pantalones un poco más largos junto con calcetines gruesos. Sasuke en cambio llevaba una polera manga corta azul con el logo del clan Uchiha en su espalda, shorts cortos de color baige y vendajes en toda su pierna izquierda. Estaba segura que se le estaban congelando los dedos de los pies. El ambiente era tan frío que podía notar el vapor de su respiración.
No le extrañaba que Sasuke siempre usara aquella vestimenta. Era un chico y los chicos no se preocupaban de comprar ropa; eso era labor de sus madres. No obstante Mikoto Uchiha, la madre de Sasuke, había fallecido y él era demasiado descuidado con ese tipo de asuntos como para haber ido solo a un local para adquirir prendas nuevas y más cálidas. Tal vez todo ese asunto le daba vergüenza. Se imaginó a Sasuke entrando al negocio de una de las modistas de Konoha intentando explicarle lo que quería sin poder articular dos oraciones sin irritarse. Ella mejor que nadie sabía la poca paciencia que tenía su compañero con los asuntos que no entendía.
Por otro lado, supuso que de no haber odiado el recuerdo de su hermano se habría hecho con la ropa de éste. Sin embargo, la idea de preguntarle si Itachi Uchiha había dejado algo más abrigado para que él pudiese ponerse, la hizo palidecer imaginando el tipo de insultos y gritos que recibiría sólo por mencionarlo.
Por lo tanto, Hinata hizo lo único que pensó no lo molestaría y sería lo suficientemente indirecto como para que él no creyera que estaba inmiscuyéndose en sus asuntos.
―Sa-Sasuke-kun ―el pelinegro la miró levantando una ceja―. Debo comprar lana después de que entrenemos.
―¿Para qué? ―le preguntó con un tono bastante aburrido.
―Para tejer, ahora que viene el invierno. Me divierte mucho en mi tiempo libre ―respondió Hinata con timidez esperando el regaño―. Si-si quieres yo puedo hacerte algo... ¿Una bufanda, tal vez?
―¿Tú tejes? ―le preguntó un tanto curioso y al mismo tiempo divertido con la idea, burlándose de ella sólo con la mirada―. ¿Te das cuenta que eres una kunoichi, verdad? ―suspiró irritado―. Siempre pierdes el tiempo en tonterías. Deberías utilizarlo para practicar ninjutsu.
Hinata suspiró. Al menos lo había intentado. No era culpa suya. Sasuke era demasiado orgulloso como para haber admitido que tenía frío y si ella le hubiese regalado algo se habría sentido un tanto ofendido. Lo único que podía esperar era que el Uchiha eventualmente reconociera que necesitaba ropa más abrigada y fuese por sí mismo a comprarla.
Siguieron caminando por la aldea, recorriendo sus calles. Lentamente los locales comenzaban a abrir y el comercio volvía a la Villa. Fue entonces que doblando por la calle principal pasaron afuera de Ichiraku.
Hinata se detuvo un instante y miró el lugar con melancolía sosteniendo la piedra azul que colgaba en una cadena en su pecho. Miró el recinto con nostalgia recordando a Naruto sentado ahí la mayor parte de su tiempo libre conversando con las personas que comían ramen junto a él, gastando el contenido de su monedero en forma de sapo y siempre insistiendo en que fueran allá después de entrenar. Pudo ver su sonrisa de oreja a oreja cada vez que ponían un plato de ramen caliente frente a él y casi escuchó su "Itadakimasu" lleno de entusiasmo mezclándose con el sonido del viento.
Cuando Sasuke notó que estaba caminando solo, se dio vuelta para buscar a Hinata. La descubrió mirando en dirección de la tienda de ramen con la mirada ausente.
Suspiró encrespado.
Odiaba ver esos gestos de tristeza en el rostro de su compañera cada vez que recordaba que Naruto Uzumaki no estaba ahí con ellos. Era como si le recordase continuamente que su compañía no era suficiente para rellenar ese hueco que había dejado el fracasado ese al marcharse. No la podía culpar, ella estaba enamorada de Naruto, era imposible que él por sí solo hubiese podido apaciguar lo que sentía por no tenerlo ahí con ellos. No obstante, aquello le seguía molestando. Sentía que por mucho que intentase ser su amigo, la persona que le ayudase a superarse y a pasar el día a día, ella seguía añorando porque alguien más ocupara ese lugar. Y ese alguien era Naruto. Él no era suficiente.
―Odio cuando sueñas despierta Hyūga ―dijo continuando su camino.
Le hubiese gustado no tener que ser sólo el remplazo momentáneo de Naruto, no quería desearlo, realmente lo odiaba, pero le hubiese gustado bastar por sí mismo ese espacio.
―Lo-lo siento Sasuke-kun ―dijo ella siguiéndolo con rapidez intentando alcanzarlo―. ¿Qué estará haciendo Naruto―kun ahora?
―Son las siete de la mañana. Debe estar durmiendo ―respondió con desinterés―. Nunca fue muy dado a levantarse temprano ―observó las facciones tristes de su compañera entendiendo bien lo que estaba pasando por su mente. Respetaba su silencio, pero le molestaba el motivo de éste―. ¿Lo extrañas, verdad?
Hinata despegó los ojos del suelo y lo miró con curiosidad.
―¿Tú no?
―¿Realmente tengo que contestar eso? ―respondió con indiferencia.
―¡Sasuke-kun! ¡Hinata-san! ―un tic nervioso apareció en uno de los párpados de Sasuke. Venía evitando a Sakura Haruno desde su misión a la Villa de las Luciérnagas.
―Si corremos la podemos perder ―dijo con seriedad tomando la muñeca de Hinata y comenzando a tirarla.
―Ya nos vio ―susurró Hinata intentando que su boca no se moviera―. Sería d-de mala educación correr de ella. ¿Cuándo me dirás qué fue lo que ocurrió entre ustedes para que le tengas tanto… miedo?
―Nunca Hyūga. Nunca ―respondió con seriedad dándose la vuelta para no ver a la pelirosa.
Sakura Haruno los alcanzó eventualmente y Hinata le hizo una reverencia. La chica estiró un pergamino en dirección a ella y le sonrió.
―Que bueno que los encuentro. Tsunade-sama envía esto para ustedes ―las mejillas de Sakura se sonrojaron cuando Sasuke volvió su vista interesado en leer el mensaje también― Buenos- Buenos días Sasuke-kun. Luces muy bien esta mañana, aunque deberías ponerte un poco más de ropa, te podrías enfermar. Pero… si te enfermas yo cuidaré de ti, lo prometo ―la chica comenzó a juguetear con una hebra de su cabellera mirándolo coquetamente. Sasuke le dio una de sus miradas que decían "te veré muerta algún día".
El pergamino tenía escrito en letras grandes y claras: "MISION RANGO D". Tanto Hinata como Sasuke suspiraron adivinando de qué se trataba eso para seguir leyendo hacia abajo.
―Barrer hojas ―dijeron al mismo tiempo bastante desilusionados.
Los meses anteriores habían transcurrido en calma, con bastantes misiones rango D. Sasuke no había estado nada feliz con ello y lo había dejado muy en claro. Estaba tan molesto por la situación de ambos que se había dirigido a hablar con Tsunade exigiéndole que les dieran una misión rango B al menos. La mujer lo expulsó de su oficina alegando que las juntas con Naruto le habían terminado de fundir el cerebro y que ella no dejaba que un mocoso de 13 años le dijera qué hacer.
Después de eso, estuvieron todo el final de Septiembre, Octubre y gran parte de Noviembre barriendo las hojas alrededor de Konoha. Esa era la misión más baja en la escala de misiones rango D que podían darles. Tanto era así, que ese tipo de tareas las estaban haciendo chicos de la Academia como práctica y muchas veces vieron a Konohamaru, Moegi, Udon y hasta a Hanabi barriendo alrededor de la Villa. Era en esos momentos en los cuales Sasuke maldecía entre dientes haber decidido quedarse en Konoha.
Hinata había rastrillado tantas hojas ese otoño que sus manos estaban llenas de yagas. Sasuke consideró seriamente quemar todos los árboles de la aldea para que nunca más tuviese que volver a ver una hoja en su vida. Muchas veces, la joven pensó que su compañero iba a enloquecer, pero fruncía el ceño, gritaba un par de minutos y luego volvía a barrer alegando una y otra vez que Tsunade sólo les hacía perder el tiempo.
―Gracias Haruno-san ―dijo la ojiperla suspirando y haciendo una leve reverencia. El mensaje decía que los estarían esperando en la residencia de un acomodado comerciante a las nueve de la mañana para que barrieran las hojas en la entrada de su casa. ― Estaremos ahí a la hora indicada. Iremos por Kakashi sensei ahora para hacérselo saber.
―Se lo diré a Tsunade-sama ―dijo Sakura con una sonrisa, sólo para volver a mirar a Sasuke de forma coqueta y aferrarse a su brazo―. No tienes que ser tímido Sasuke-kun. Después de todo, ya nos conocemos más a fondo, ¿Verdad? ―le preguntó estirando sus labios hacia él esperando que la besara.
Sasuke puso su mano libre en la frente de la pelirosa y comenzó a empujarla para que lo dejara ir.
―¿Qué haces? ¡Suéltame! ¡Te he dicho un millón de veces que de haber estado consciente jamás te habría dejado que hicieras e-eso!
Hinata se cubrió la boca con las manos y comenzó a reír suavemente al contemplar el rostro que ponía el Uchiha. Era como si le tuviese miedo ahora y aquello le resultaba muy gracioso. Era la primera vez que lo veía actuando así al notar que Sakura esperaba un beso de su parte. No sabía exactamente qué había pasado entre ellos, pero Sasuke se negaba a hablar al respecto.
Una vez se libraron de Sakura (muy para el alivio de Sasuke) comenzaron a caminar hacia el departamento de Kakashi. Lo encontraron despierto y leyendo su revista mensual del Icha Icha fanclub. No les prestó mucha atención y les dijo que si querían podían tomar desayuno. Hinata calentó un poco de leche para ambos mientras que Sasuke miraba por la ventana del departamento de Kakashi esperando que el Jonin terminara su lectura. Fue justo en el momento en que Hinata le pasó una taza de leche caliente a Sasuke que Kakashi cerró su revista.
―Cuando terminemos esta misión, irás a comprar ropa de invierno ―dijo con seriedad. Hinata casi soltó la taza impresionada de la facilidad con que Kakashi había traído el tema a superficie cuando ella había luchado toda esa semana por intentar hablarlo con Sasuke―. Comenzará a nevar y no podemos entrenar si tú te terminas enfermando ―al ver como el Uchiha fruncía el ceño y estaba a punto de abrir la boca, Kakashi terminó su oración―. No es negociable.
Hinata sintió que se atragantaba y tomó leche rápidamente.
―¿Qué tiene de malo la forma en que estoy vestido? No tengo frío ―alegó Sasuke.
―Si tus dedos se enfrían pierdes sensibilidad para atacar con armas. No sólo eso, al estar adormecidos tus músculos, pierdes precisión, sin mencionar que la corriente circulatoria de chakra fluye con más lentitud haciendo difícil realizar el chidori ―Sasuke se vio incluso más molesto cuando Kakashi lo planteó de esa forma, sin el chidori era básicamente un chico corriendo alrededor de Konoha con kunais y jutsus de fuego―. Necesitarás ropa apropiada de ahora en adelante si vamos a salir en misiones de alto rendimiento ―el Uchiha subió las cejas y hasta Hinata pareció sorprendida con lo que Kakashi estaba insinuando―. Oh, olvidé mencionárselos. Tsunade-sama accedió a otorgarnos una misión más desafiante si completamos 4 misiones rango D antes de finalizar el año.
―¿Es en serio? ―Hinata suspiró aliviada. Kakashi era mucho más inteligente que ella, había neutralizado el ánimo de Sasuke ofreciéndole una misión a cambio de que comprara ropa abrigada―. ¿Sólo cuatro misiones más y podemos hacer algo que realmente valga la pena?
―Sí, pero no te llevaré si te enfermas ―alegó Kakashi tomando leche directamente del cartón.
·
·
·
·
·
En qué momento Hinata terminó con Sasuke dentro de una tienda de ropa después de barrer por horas las hojas secas, realmente no lo supo. Entraron al lugar y el joven no parecía interesado en estar ahí. Con el mismo desgano con que había estado barriendo durante la tarde se dirigió a ella con una mueca en el rostro.
―Escoge algo ―le ordenó cruzándose de brazos y mirando al vacío. No sonaba enojado, más bien hastiado de aquella situación en la cual no tenía salida.
Una de las jovencitas que estaba atendiendo se les acercó con la mirada fija en Sasuke. Era bastante bonita, cabellera castaña y larga, ojos grandes y marrones, un vestido hasta la rodilla y un delantal con alfileres en él. No debió ser muy mayor que ellos.
―¿Puedo ayudarlos? ―pasó de Hinata y se interpuso entre ambos genin, mirando a Sasuke casi con estrellitas en los ojos.
Hinata estaba acostumbrada a ese tipo de reacciones cuando se trataba de Sasuke Uchiha. Después de todo no era secreto para nadie el tipo de efecto que causaba en las chicas de su edad.
En un comienzo pensó que todos buscaban su atención básicamente porque era el último de los Uchiha que quedaba vivo en Konoha. Desde el primer día como miembro del equipo siete, no, quizás desde antes, notaba la forma en que cualquier mujer que se acercaba a él lo miraba con los ojos brillosos. Ella no entendía realmente cual era la fijación que el resto mostraba por él. Nadie lo conocía y si lo hubiesen hecho se habrían dado cuenta lo difícil que era llevarse con Sasuke; tan difícil, que hacía casi imposible que las personas lo conociesen. El Uchiha tenía bastante suerte que tanto Hinata como Naruto persistieran en las cosas y no se dieran por vencidos con las personas.
Muy pocas cosas le agradaban a Sasuke, nunca cedía en los argumentos, era obstinado y un poco altanero. Por lo general sólo pensaba en sí mismo, era egoísta y anteponía sus deseos y preferencias ante cualquier cosa. Sasuke Uchiha siempre sabía qué quería, era determinado y nunca retrocedía.
Lo miró de perfil y entendió que la fijación de todas esas jóvenes en Sasuke se debía a su apariencia. Hasta ella podía darse cuenta que sus rasgos faciales eran finos y poco comunes. Su cabello desordenado y negro le estaba llegando por los hombros ya y la forma en que caía lo hacía lucir un tanto salvaje a simple vista. Quizás se lo debió amarrar como lo hacía Neji.
Podía entender que aquellas eran cualidades que le habrían llamado la atención a cualquier joven, pero no a ella. De hecho, lo que encontraba más atractivo en Sasuke Uchiha sólo lo había descubierto después de pasar mucho tiempo con él y dudaba que hubiese alguien que pudiera ver más allá de su exterior para fijarse en esas cosas que sí valían la pena en su persona. Lo que más le gustaba de Sasuke, era la forma en que nunca se daba por vencido cuando quería algo. Ya fuese dominar una técnica o conseguir que alguien hiciera algo por él, Sasuke era persistente al borde de lo caprichoso. Aquella era su mejor cualidad, así como también su peor defecto. A veces esa terquedad se podía tornar en algo más: que se obsesionara con aquello que no podía alcanzar o realizar, y era entonces, que Sasuke la asustaba. No sabía cómo hacer que sus palabras lo alcanzaran cuando se obsesionaba con algo.
―No. Ella lo hará ―respondió apuntando a Hinata con el dedo índice―. ¿Podrías apresurarte, Hyūga?
Hinata lo miró casi asustada volviendo a la realidad. Sasuke la estaba mirando con una ceja levantada, preguntándole con los ojos por qué lo estaba mirando tan fijamente.
―Sí. Perdón ―dijo sonrojándose. No debió haber estado pensando en él de esa forma―. ¿Qué te gustaría comprar, Sasuke-kun?
―No lo sé. No me interesa ―respondió suspirando con pesar―. Sólo escoge algo para que nos podamos largar de este lugar ―la chica que lo atendía comenzó a retroceder lentamente al notar el humor del pelinegro.
Hinata asintió y comenzó a ver la ropa de invierno. Sus ojos viajaron alrededor de las pilas de sweaters, polerones, poleras manga larga, de cuello de tortuga, chaquetas, chaquetones, camperas, buzos, buzos estilo canguro, camisetas, y finalmente se fijaron en algo parecido a lo que Sasuke usaría, camisetas con el cuello alto.
Tomó una de ellas de color azulado. No era muy distinta a la que estaba usando en ese momento, la única diferencia era el largo de las mangas.
―¿Te gusta esta? ―le preguntó sonrojando con vergüenza.
―Eso da igual ―respondió con frialdad―. ¿Me queda?
―No-no lo sé ―dijo Hinata mirando la camiseta―. ¿Quieres probártela?
―No ―le indicó Sasuke, pero se la quitó de las manos―. Dame esa gris también. Los Uchiha usamos ropa oscura.
―Está-está bien ―expresó Hinata entregándole la otra opción para que tuviese de donde escoger.
Hizo una nota mental, desde ese momento en adelante sólo le pasaría ropa gris, sin importar que nunca lo hubiese visto utilizando ese color.
Le entregó una campera gruesa de color gris (parecida a la que ella misma usaba sólo que sin piel), una camiseta lilacea y la parte de arriba de un buzo (también de color gris). Caminaron juntos hasta la parte en que los pantalones estaban colgados. Sin mirar talla o diseño, Sasuke sacó dos de una tela gruesa pero que Hinata consideró flexible cuando la tocó. A simple vista parecían un tanto holgados y llegaban a media canilla. Era del mismo estilo que usaba la mayoría de los shinobis de Konoha.
―Deberías probártelo ―dijo Hinata tragando saliva, esperando el sermón, pudiendo escuchar como él le diría que dejara de decirle qué hacer―. Di-digo, si no es de tu talla deberás volver acá y… cambiarlos ―intentó justificar con rapidez.
Sin embargo, Sasuke no reclamó ante su sugerencia. Corrió las cortinas de un probador y entró en éste con la ropa que venía cargando.
Hinata lo esperó afuera hasta que salió. La verdad, lucía como siempre sólo que con ropa un tanto más adecuada al tamaño de su cuerpo. Hinata le sonrió animada viendo que Sasuke no lucía molesto. Sin embargo, lentamente su sonrisa desapareció al notar lo pálido que se estaba poniendo frente al espejo, como si acabara de ver algo que no quería ver.
Sasuke Uchiha era la persona más desinteresada en su aspecto que ella conocía… sin embargo, desde que salió del probador, había estado mirándose al espejo al menos tres minutos. Su remera manga larga gris de cuello alto le quedaba perfecta, los pantalones a media canilla del mismo color también tenían la altura indicada, sus calcetas blancas y vendajes cubrían por completo la piel desnuda que el pantalón no alcanzaba a tapar. Sin embargo, Sasuke no lucía tranquilo, lucía extraño, lucía como si se estuviese ahogando y le costase respirar.
―Me pica ―dijo Sasuke estirando el cuell―. Esta tela me pica.
―¿Sasuke-kun…? ―lo cuestionó Hinata mirándolo con preocupación al verlo batallar por respirar―. ¿Qué te sucede?
―¡Me da comezón! ―le gritó irritado sacándose la remera desesperadamente quedando sin nada hacia arriba. Era como si no le importase el lugar en donde ambos se encontraban, estaba a punto de salir de ahí sin si quiera vestirse―. Debemos buscar otra cosa ―al menos tres jóvenes que atendían el lugar se quedaron mirándolo embobadas mientras Sasuke se ponía su polera azul de vuelta.
―Es-espera ―le dijo Hinata acercándose y tomándole un brazo cuando vio que él estaba a punto de marcharse― Sasuke, ¿Qué sucede?
No era común en Sasuke exasperarse por algo tan trivial. Sabía que a ningún chico le gustaba ese tipo de cosas, pero no podía creer que de un momento a otro una persona como él fuese a perder el control y entrara en pánico por algo tan sencillo. Comenzó a preguntarse si esto tenía realmente que ver con que la tela le picase o había algo más.
Para suerte del Uchiha, Hinata era una chica paciente y entendió sin palabras que todo aquello lo hacía alterarse. La joven intentó enfriar su cabeza para darle una solución, sin sonar demasiado directa. A Sasuke no se le podía hablar de cualquier forma, había que saber buscarlo cada vez que se perdía. Si no había ropa que le gustase en esa tienda y se estaba irritando por ello, tal vez debían tratar en otra.
―Neji nii-san manda a hacer su ropa en la sastrería de enfrente ―dijo apuntando a un lugar en donde la ropa era bastante más tradicional, de algodón grueso en vez de lana. Sasuke miró por la ventana y frunció el ceño intentando calmar su respiración.
―Lo último que quiero es terminar pareciéndome a un Hyūga ―respondió molesto―. Antes muerto que parecerme a tu primo.
―Era-era sólo una sugerencia ―le indicó Hinata suspirando y bajando el rostro. A veces, muy rara vez, en muy muy muy contadas situaciones, Sasuke Uchiha la terminaba frustrando. Esa era una de ellas―. ¿Entonces a quién te quieres parecer?
En ese instante la respuesta vino a Hinata. No era sobre quién se quería parecer Sasuke, era sobre quien no quería ver reflejado en el espejo cuando se miraba.
Era lógico. Ambos eran hermanos y Sasuke tenía la misma edad que tenía Itachi cuando ocurrió la masacre del clan. Los últimos recuerdos claros de cómo lucía seguramente se asemejaban bastante al reflejo que estaba recibiendo del espejo.
Hinata bajó el rostro con tristeza.
―Tú no eres… ―comenzó a decir.
Pero Sasuke no la dejó terminar.
―¡Sólo déjame en paz! ―le gritó de forma seca, poniendo dinero sobre la registradora. Al parecer no se iba a sacar los pantalones, era como si quisiera irse lo más rápido posible de ese lugar―. Esto es estúpido. Esto es realmente estúpido ―gruñó empujando la puerta y salió de la tienda, primero caminando, pero luego corriendo.
Hinata lo observó desde lejos hasta que se perdió de vista.
·
·
·
·
·
Realmente estaba frío. Maldijo a Kakashi y a Hinata por tener razón sobre su vestuario. Efectivamente. la camiseta manga corta que portaba no era para nada apropiada para ese clima. Había sido un fastidio cuando sacaba su ropa de invierno descubrir que nada le quedaba. Todo era demasiado corto o apretado, sus brazos se habían alargado demasiado, sus bíceps se habían enanchado, sus hombros eran más amplios que antes. Supuso que habría crecido unos centímetros desde el inverno pasado hasta la fecha, pero nunca esperó que eso se viese reflejado en el resto de su cuerpo de forma tan tajante.
Consideró volver a su antiguo hogar y revisar si su padre tenía ropa que le quedase, pero la idea de volver a ese lugar le revolvía el estómago. La ropa de Itachi, junto con todas sus pertenencias, las había quemado en el primer aniversario de la masacre del clan. Lo único que conservaba que alguna vez le había pertenecido a su hermano eran pergaminos y libros de jutsus con los que solía estudiar cuando estaba en la Academia. Pensó que ahí podría estar el secreto para vencerlo cuando se enfrentara a él. Pero eran demasiados e Itachi había escrito los pergaminos fundamentales para él en código, seguramente para que sólo sus ojos pudiesen descifrarlos. El sharingan podía ver cosas que los ojos normales no podían.
Suspiró mirando las nubes grises sobre él y el vapor de su respiración. Hinata tenía razón, iba a nevar. Había ese olor en el ambiente justo antes de una gran tormenta. Tal vez esa fuese la última ocasión en que pudiese estar recostado en el pasto vestido así, en mucho, mucho tiempo.
No tenía deseos de volver a su departamento en ese momento, sólo quería estar solo. El silencio del campo de entrenamiento 37 se le hacía agradable para ordenar sus pensamientos, algo que no sucedía en el centro de Konoha donde el ruido no se detenía hasta bien entrada la noche.
Sasuke estaba seguro que nadie lo molestaría ahí a menos que lo estuviesen buscando. Conociendo a Hinata tan bien como lo hacía, sabía que ella no iría a ese lugar. La Hyūga conocía su lugar, nunca cruzaba líneas de ese tipo, respetaba su silencio y privacidad con las cosas. Por eso era soportable ser su compañero de equipo, por ello la consideraba su amiga (muy a su pesar) y por lo mismo era la única persona a quien le hubiese permitido acompañarlo a realizar algo tan estúpido como comprar ropa. Estaba seguro que si Naruto hubiese estado en Konoha, en ese minuto lo habría estado buscando para darle un puñetazo por gritarle a Hinata en la tienda; agradeció en silencio que el perdedor estuviese ausente por el mundo junto con Jiraiya.
Cerró los ojos con pesar, deseando desaparecer. Había sentido que algo le pisaba el tórax cuando se observó al espejo y vio la imagen de Itachi reflejada en él.
No quería parecérsele. Realmente no quería ser nada parecido a ese sujeto que ahora odiaba con aquella intensidad que le carcomía el estómago y le quitaba el sueño. Apretó el puño con rabia y golpeó el suelo, y lo volvió a hacer una y otra vez hasta que ya no volvió a sentir sus nudillos y su rabia se apaciguó.
―Nii-san… ―susurró en la oscuridad―. ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste? ―sentía que sus ojos se iban a lagrimear en cualquier momento por el cosquilleo en su nariz. Por lo que apretó sus manos aún más y se forzó a calmarse―. Cobarde, contrólate ―se dijo a sí mismo.
Un verdadero hombre no lloraba, menos ante aquellos falsos recuerdos de una infancia en donde había sentido amor en su vida. Todo aquello había sido una simple ilusión.
Llevó su dedo índice y anular a su frente y la presionó, intentando recordar lo que se sentía cuando Itachi hacía eso. Sentía que de alguna forma lo calmaba, como si alguien lo estuviese abrazando. Cerró los ojos y pudo visualizar la sonrisa de su hermano, su voz, esa calidez que emanaba, el deseo de ser como él; todas ilusiones, todas mentiras. Nada de aquello había sido real, todo había sido un engaño del Uchiha a quien se negaba a llamar hermano.
Sí… cuando se veía al espejo, veía a Itachi.
―¡Eras mi hermano! ―gritó Sasuke con rabia a la noche―. ¡Maldito bastardo! ¡Eran tus padres!
Sasuke se tomó el pecho con su mano extendida, tembloroso, intentando controlar su respiración y los deseos de quebrarse, de correr, de golpear cosas, de ver sangre.
¿Por qué dolía tanto? ¿Por qué no podía simplemente odiarlo? ¿Por qué siempre había esa duda atrás en su mente que le pedía creer que todo había sido sólo un sueño y que en cualquier momento despertaría y vería a Itachi sonriéndole?
Se sentó rápidamente sobre el pasto, sacó un kunai e hizo algo completamente impulsivo y estúpido.
Comenzó a cortarse el cabello.
Era eso, ese era el motivo por el cual se había asustado tanto al verse reflejado en el espejo. Se parecía a Itachi porque no se había cortado el cabello en mucho tiempo; eso cambiaría. Si no tenía cabello, ya no vería a Itachi en el espejo. Eso podía solucionarlo todo. Se desharía de aquello rápido y ya ese reflejo nunca más lo volvería a atormentar. Itachi usaba esa coleta baja, él nunca haría eso.
Tomó un mechón de cabello y otro y otro hasta juntar una cola muy corta atrás de su nuca y la zanjó con el kunai. No fue nada agradable hacerlo y a decir verdad le resultó hasta doloroso… pero mientras lo hacía descargando su rabia se prometió a sí mismo que nunca luciría como Itachi Uchiha.
―¿También vas cambiar tu rostro, otouto? ―podía escucharlo en su mente, podía ver su rostro frío burlándose de él―. Haz lo que quieras… lo único que me importa… son… tus ojos.
―¡Cállate! ―gruñó Sasuke mientras seguía cortando los mechones más largos de su cabello con rabia.
No podía evitar parecerse a él… eran hermanos después de todo. Tenían los mismos padres.
―¡Eso no le impidió intentar asesinarme dos veces…! ―pensó mordiéndose un labio con fuerza, mientras arrancaba mechones de cabello cortándolo desesperadamente con su kunai, sin detenerse, cayendo éste a sus costados.
Cuando tuvo una gran cantidad de cabello en su mano y sintió frío en su cuello y parte de su craneo, su respiración se comenzó a calmar un poco.
Lanzó su pelo negro al viento y dejó caer su rostro con nostalgia. Cerró los ojos y suspiró. Estaba tan frío… todo estaba simplemente congelándose a su alrededor. Hubiese sido mucho más fácil sólo quebrarse y llorar, llorar hasta que no quedaran lágrimas. Pero un Uchiha no se quebraba con facilidad, las lágrimas eran signos de debilidad. Las lágrimas eran signos de tristeza y lo que él sentía era rabia. Odio.
De pronto sintió algo en la punta de su nariz. Subió los párpados y descubrió que había copos de nieve cayendo a su alrededor.
Como odiaba cuando Hinata tenía razón. Estaba nevando.
Sí, llorar habría sido más fácil.
·
·
·
·
·
La caminata de vuelta a casa fue larga y en completo silencio. La mayoría de las personas parecía haber vuelto ya a sus hogares presagiando que se avecinaba una ventisca. Se alegró, de esa forma no tendría que saludar a nadie ni responder preguntas sobre su nuevo corte de cabello (estaba seguro que era un desastre).
Subió las escaleras del edificio donde vivía sosteniendo la bolsa que contenía su cena, llevaba un palillo con trozos de pollo grillado que había comprado en la calle en su mano libre y de vez en cuando sacaba un pedazo para comerlo al caminar. No le hacía asco a la carne y de vez en cuando era un buen cambio; comer arroz todos los días tampoco podía ser completamente saludable.
Aun sentía esa presión en su pecho, pero al menos ya no estaba ese deseo de asesinar a alguien o querer quebrarse. Cortar su cabello de esa forma impulsiva lo había liberado en un sentido que no podría haber explicado con palabras.
Comenzó a buscar las llaves de su departamento dentro de su cargador de utensilios cuando de pronto, al subir la mirada, se encontró con Hinata sentada frente a la puerta de entrada del edificio.
―No estoy de humor. Lárgate ―su tono no era imperativo, más bien sonaba ajeno a ella. Puso la llave en la cerradura y comenzando a sacar el seguro.
―Sa-Sasuke-kun, ¿Qué le sucedió a tu cabello? ―esperaba esa pregunta, pero le irritaba tener que contestarla.
―¿Qué te importa? ―le respondió con desanimo―. No te metas en mis asuntos.
―Lo siento ―susurró Hinata y Sasuke pudo sentir que se acercó un paso hacia él mientras caminaba por el corredor hacia las escaleras, subiendo éstas para llegar a su nivel―. Yo-yo sólo… quería darte esto.
Sasuke abrió la puerta de su departamento considerando seriamente ingresar y cerrar atrás de él. Sin embargo, la curiosidad le ganó y terminó por voltearse para ver qué era lo que Hinata quería darle. No entendió como no había notado hasta ese momento que la chica traía una gran bolsa de papel café consigo. Sasuke subió una ceja.
―¿Qué es? ―le preguntó irritado mientras entraba a su departamento.
Cuando Hinata no lo siguió la miró sobre el hombro con la mirada más oscura que le había dado en meses y ella entendió con rapidez que debía entrar o le gritaría.
―Ropa de invierno. La compré para ti ―le respondió Hinata parada junto a la puerta sin moverse. Sasuke ni si quiera se dio vuelta, lanzó las llaves sobre el velador y se tiró de espalda sobre su cama.
―No te pedí que hicieras eso ―le dijo cerrando los ojos― .¿Por qué siempre tienes que ir un paso más allá?
―Porque… porque…
―Retiro la pregunta. No me interesa tu respuesta ―expresó con crueldad, siempre lo hastiaba tener que esperar que ella se decidiera a contestarle. Escuchó el papel arrugándose. Asumió que Hinata estaba aferrando la bolsa intentando controlarse para no decir nada.
―Dejaré esto aquí ―dijo la joven poniendo la bolsa sobre la mesa junto con las cosas de cocina.
Cuando Sasuke escuchó la puerta cerrándose suspiró con pesar y se sentó sobre su cama. A veces, hasta él entendía que tan pobre era su trato con Hinata. Ella sólo estaba intentando mostrar preocupación por él; era más de lo que se merecía. Y a cambio, él la trataba como basura constantemente. Si Naruto lo hubiese visto, le habría dado un puñetazo en el rostro para hacerlo entrar en razón. Hinata no era culpable de su vida, pero por algún motivo, era la que recibía toda su frustración.
Las personas en la Villa siempre intentaban acercársele con cierta imagen en su rostro, una mirada que lo asqueaba… aquella que decía "pobre niño". No había nada peor que ver que otros sentían lastima de él. Después estaban las descerebradas que sólo veían al último de los Uchiha y lo encontraban atractivo… hubiese querido haber tomado su kunai para cortarse el rostro, ¿Lo seguirían amando si luciera como un deforme?
Hinata no era así. Nunca había sentido realmente lástima de él y si lo hacía, lo escondía muy bien. Tampoco había sido una más de esas chicas que no dejaban de molestarlo en la Academia, nunca si quiera habían cruzado palabras en ese lugar. La única ocasión clara que tenía de recordarla fue durante el funeral de sus padres.
En un comienzo lo ignoraba por completo y aquello le había agradado. Estaba harto de ser el centro de atención. Lentamente comenzó a sentir un poco de curiosidad ante la razón por la cual era invisible para su compañera; enfocaba la mayor parte de su preocupación en Naruto y pasaba monumentalmente de él. La respuesta llegó cuando se dio cuenta que Hinata amaba al perdedor y aquello lejos de traerle paz, le trajo más dudas y molestias que antes no había experimentado.
Caminó lentamente hacia la bolsa de papel, mirándola con sospecha.
―Eres una idiota, Hinata ―susurró mientras comenzaba a vaciar su contenido.
Era prácticamente la misma ropa que él había elegido en la tienda, o al menos eso notó cuando la dio vuelta y todo cayó frente a la mesa perfectamente doblado y planchado. Sin embargo, vio una de esas camisas de algodón tradicional que utilizaba Neji Hyūga, sólo que sin botones en el pecho.
La maldijo mentalmente por eso.
Sin embargo, una pinta roja entre toda la tela llamó su atención.
Cuando estiró la primera remera manga larga azulada, notó que el logo del clan Uchiha estaba cocido en su espalda. Subió una ceja. Estiró la siguiente y sus cejas se juntaron al ver que en la misma posición estaba el abanico rojo y blanco. Suspiró y con más rapidez estiró la campera con gorro y bolsillo delantero, también tenía el símbolo del clan Uchiha. Y mientras desordenaba su ropa nueva, sólo vio el rojo y el blanco repetirse una y otra vez.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
Se encontró con una chaqueta corta y gruesa, que tenía los símbolos del clan bordados con hilo en los brazos. Pero lo que más le llamó la atención, fue al final de todo, ver una camiseta manga larga de color verde y no encontrar el logo del clan en su espalda. A la altura del pecho, en los brazos, tenía bordada la estrella y el abanico de la policía de Konoha.
¿Por qué siempre haces esto? ―se preguntó mientras caminaba hacia el balcón y lo abría de par en par, buscando con la mirada a Hinata. Para su suerte, su compañera venía saliendo del edificio y estaba abriendo su paragua para caminar bajo la nieve.
―¡Hyūga! ―le gritó y al ver que se daba vuelta comenzó a caminar por la pared hacia abajo adhiriendo sus pies con chakra a la superficie.
No sabía exactamente qué le diría, sólo sabía que no podía dejar que se fuese sin preguntarle por qué hacía cosas como esa cuando él sólo le gritaba. ¿Por qué no se rendía con esa tonta idea de que debían ser amigos? A veces, las personas no estaban destinadas a serlo y era mucho mejor dejarlas en paz, tomar distancia y alejarse. ¿Acaso no lo veía? Él no era bueno para ella.
No quería que ella fuese importante en su vida para perderla como todo lo demás.
―¿Qué significa todo eso? ―le preguntó saltando frente a ella estirando la camiseta hacia ella. La joven lo miró con algo de tristeza―. La estrella de la policía de Konoha, el símbolo de mi clan, ¿Por qué? ―Hinata bajó el rostro, como si no quisiera responderle. La paciencia de Sasuke estaba agotándose― ¿Por qué? ―le gritó―. ¿Por qué bordaste eso? ¡Respóndeme! ―le dijo apretándole los brazos y zarandeándola para que la chica respondiera―. ¿Por qué no me dejas en paz? ¿Por qué? Eres tan estúpida Hinata. Tan, tan estúpida.
Hinata cerró los ojos con fuerza pesando que él la golpearía.
―Itachi nunca fue parte de la policía de Konoha, Sasuke-kun ―respondió cuando él exigió sus motivos y no pudo quedarse más tiempo callada.
El joven no comprendía muy bien qué quería decirle, pero tuvo que controlarse para no gritar. Odiaba escuchar ese nombre, sobre todo viniendo de otros.
―¿Qué tiene que ver eso con que lo hayas bordado en una camiseta? ―preguntó intentando llegar al punto, Hinata siempre tenía problemas hablándole cuando algo se volvía serio.
―El sueño de ser parte de la policía de Konoha… es tuyo. No-no soñabas con eso porque quisieras superarlo o porque quisieras parecerte a él… era algo que sólo te pertenecía a ti. Es sólo tuyo. Antes de que… de que todo se quebrara dentro de ti.
Los párpados de Sasuke decayeron levemente con tristeza.
―Los sueños cambian Hinata ―dijo con amargura. Ambos se miraron un largo espacio de tiempo sin decir nada, sin pestañar. Las palabras que había dicho resonaron en su cabeza―. Las personas crecen, sus sentimientos cambian. Lo que desean también puede cambiar.
―Lo sé ―respondió ella bajando la mirada como si no pudiese soportar más mirar el ónix de sus pupilas―. Pero si… si no hubiese pasado todo aquello, seguramente ahora… tú… tú querrías ser parte de la policía de Konoha aun, junto a tu padre y el resto de los Uchiha. Debes buscar a esa persona de nuevo dentro de ti… o te terminarás ahogando en la oscuridad en que te dejó tu hermano.
―Eso no es asunto tuyo.
―Lo es.
―No lo es.
―Lo es.
―¡No lo es!
―Lo es porque eres mi amigo. Y no quiero perderte.
―Eres una…
―Yo sé quién realmente eres. Lo veo. Nada puede ocultarse para siempre del byakugan. ¿Por qué no lo puedes ver tú también?
Sasuke exhaló notoriamente, sus cejas frunciéndose mientras veía los ojos de Hinata llenarse de un brillo especial.
Aunque estaba siendo una entrometida, ella tenía razón. Incluso en ese entonces aun había noches en que cerraba los ojos y se imaginaba a sí mismo ahí con Fugaku Uchiha, intentando ser uno más de su clan al servicio de la aldea. Después del asado en que todos celebraron el último día del verano, Sasuke imaginó más de una vez poder volver a reabrir la institución junto a Naruto y Hinata, sabiendo que ambos lo podrían ayudar a realizar aquel sueño. Había una gran parte de él que hubiese deseado que nada de lo ocurrido hubiese convertido su existencia en una constante búsqueda de venganza. Quería creer en lo que Hinata decía, que había en él aún ese niño lleno de sueños y con el corazón lleno de amor…
Pero no era así. En su pecho sólo había un gran hueco.
―Realmente eres molesta ―le dijo.
No obstante, viendo a Hinata, recordaba que alguna vez había tenido un sueño que no consistía sólo en vengarse. Y realmente, aunque fuese sólo por un momento, deseó que hubiese sido realidad.
Un atisbo de sonrisa frustrada apareció en el rostro de Sasuke. La nieve seguía cayendo entre ambos pero ninguno se movía. Era uno de esos momentos en que las palabras sobraban mientras se miraban a los ojos.
―¿De verdad puedes hacer más que preparar café? ―le dijo intentando quebrar lo tenso de la situación―. Voy a necesitar mucha ayuda si algún día…
Hinata no sonrió, mirándolo con preocupación.
―Vamos. Te iré a dejar a tu casa ―le dijo quitándole el paragua que ella sostenía y poniéndolo sobre la cabeza de ambos.
―No es necesario. Hace mucho frío y tú…
―¿Podrías tejerme esa bufanda entonces? Así no tendré tanto frío. Y guantes. Necesito guantes para entrenar shurikenjutsu ―no la miró cuando se lo preguntó comenzando a caminar. Hinata entendió que dijera lo que dijera, Sasuke no se detendría. Él no decía las cosas dos veces, no se lo estaba pidiendo, le estaba comunicando que la iría a dejar―. Pero que los guantes no sean de esos que no te dejan tomar armas, quiero tener mis dedos libres cuando…
―Claro. Lo haré ―dijo ella cuando notó que Sasuke estaba divagando―. ¿Puedo decirte algo sin que te enojes?
―Mientras sea rápido ―respondió pretendiendo que no tenía frío e ignorando la cercanía de Hinata a él.
―Cuando te miro, no veo a Itachi Uchiha… ―Sasuke frunció el ceño pero antes de que le gritara, Hinata terminó su oración―. Veo a… a… tu madre.
―¿Ves a mi madre… en mí? ―le preguntó mirándola de reojo con algo de miedo.
―Sí ―respondió Hinata con una sonrisa dulce―. Hay mucho de ella en ti. Y también de Fugaku Uchiha…
―¿Cómo lo sabes? ―le preguntó un tanto molesto―. No los conociste.
―Los conocí cuando era pequeña ―respondió mirando hacia la nieve―. Cuando te veas al espejo, recuerda eso, Sasuke-kun. Tus padres aún viven en ti. Eres parte de ambos.
De una forma extraña, lo que ella le estaba diciendo tenía sentido. Sonrió suavemente bajando el rostro, imaginando a su madre. Lucir como ella lo hacía sentir orgulloso, después de todo era la mujer más hermosa que él había visto. Quizás por eso llamaba tanto la atención de las descerebradas de Konoha… si se parecía a Mikoto Uchiha, entonces de verdad debió ser atractivo.
―Lo haré ―pasó su mano libre por su cabellera sintiendo un poco de vergüenza al notar los huecos que había dejado sobre su crane y lo disparejo que todo estaba, hebras cortas y largas entrelazándose a su dedos mientras sentía el desastre que había hecho ― Oye Hyūga, ¿Hay forma de que puedas arreglar mi cabello?
·
·
·
·
·
