CAPÍTULO 20

EL SENTIMIENTO QUE NOS UNE

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Konoha se veía hermoso cubierto en el blanco invernal o al menos eso pensaba Hinata mientras caminaba. Las últimas dos semanas habían sido extremadamente tranquilas ya que la mayoría de las personas se quedaba en casa por el frío. Sus misiones rango D habían cambiado de barrer hojas, a palear nieve. La diferencia estaba en que Sasuke ya no se quejaba cuando las realizaba. La promesa de una misión "decente" a principios del próximo año lo hacían palear con fuerza y rapidez, incluso un tanto excitado ante la idea de poder demostrar sus verdaderas habilidades en una situación de combate. Venía diciendo que quería saber qué tanto había avanzado con su entrenamiento extremo y esa era la oportunidad para ello.

Hinata se apoyó en su pala mientras observaba de lejos como los chicos jugaban. Deseó tener nueve años nuevamente y poder lanzarse sobre la nieve para formar ángeles en la superficie blanca. Sin embargo, algo le decía que si hacía una cosa así Sasuke le daría un sermón y le diría que madurara… aunque, si lo pensaba dos veces, el trato de su compañero hacia ella había sido bastante suave y preciso las últimas semanas. La noche anterior incluso la había invitado a comer rollos de canela y té caliente a su departamento después de que terminaron de entrenar.

Estaba completamente perdida en sus pensamientos cuando sintió el golpe duro y frío del hielo en su rostro. No pudo evitar que su boca se entreabriera sorprendida, ¿Sasuke acababa de lanzarle una bola de nieve?

―Todo este tiempo entrenando y ¿Aún no puedes sentir cuando alguien te lanza algo?

Sus miradas se cruzaron un segundo y Hinata sinceramente no supo qué decir. Sasuke tenía esa expresión en su rostro que le indicaba que no estaba molesto pero que estaba a punto de irritarse. La chica suspiró.

―Lo siento ―se disculpó y continuó paleando.

―Si yo fuera tú, estaría bastante irritada con mis ojos ―continuó Sasuke mientras enterraba la pala en la nieve, sacándola de la entrada de esa casa―-. Se supone que el byakugan te hace experta en evitar ese tipo de ataques.

―No es justo ―se quejó Hinata limpiándose la nieve del cabello―. No-no estaba preparada Sasuke-kun.

―A veces dudo que de verdad seas una kunoichi ―le dijo a modo de broma y Hinata frunció levemente el ceño.

Cuando el joven volvió a palear, la peliazul levantó la mirada disimuladamente y se enfocó en él. Se veía bastante más tranquilo últimamente. Tal vez el invierno tuviese el efecto contrario en Sasuke. A la mayoría de las personas el frío y la falta de luz solar las terminaba deprimiendo y volviendo silenciosas. En cambio, al pelinegro lo ponía de un humor que podría ser descrito como… soportable.

Sasuke llevaba puesto un abrigo que le llegaba hasta la cadera, bastante grueso y de color azulado. Tenía el símbolo del clan Uchiha en cada brazo y un abanico grande en su espalda. Hinata le había tejido guantes (de aquellos que dejan los dedos libres, tal como él lo había especificado) junto con una bufanda gris que llevaba envuelta alrededor de su cuello. A pesar de que la joven intentó solucionar lo más que pudo el tema de su cabellera, ambos se dieron cuenta que el daño que Sasuke había realizado estaba más allá de sus habilidades. Siendo la persona desinteresada que era, tomó su protector de frente, lo estiró y comenzó a utilizarlo en forma de bandana. Por lo mismo, ahora que Hinata lo analizaba de reojo preguntándose qué era lo que encontraba distinto en su compañero, consideró que podría haber sido su cabellera o tal vez el hecho de que su nariz y mejillas estuviesen rojas por el frío.

―Deja de mirarme así. Idiota ―dijo de pronto Sasuke al notar que ella lo observaba extrañada―. ¿En qué estás pensando que estás tan distraída?

Hinata salió de su ensimismamiento al notar sus ojos sobre ella. No le podía decir que estaba pensando en él, por lo que pensó en lo último en que había estado pensando antes de recibir aquella bola de nieve en el rostro.

―Estaba mirando a esos niños haciendo el hombre de nieve ―respondió llenando su pala con el hielo acumulado en la entrada de la casa en donde los habían contratado (al parecer un comerciante de Konoha)―. Hanabi-chan y yo solíamos hacer eso cuando otosan no tenía tiempo de hacernos pelear una contra la otra.

Sasuke bajó el rostro. Seguramente también tenía algún recuerdo del invierno junto a su hermano, pero no lo iba a compartir. Fue muy conveniente que en ese instante saliera un chico de la casa y los interrumpiera a ambos.

―¿Aún aquí? ―preguntó con algo de pedantería―. Pensé que ya habían terminado.

―Ya casi ―respondió Hinata haciendo una reverencia de disculpas.

―Oye, ustedes son… ―dijo el chico mirándolos de reojo. Sasuke levantó la mirada y paró de palear―. Los he visto antes, en la Academia. Estaba un curso más abajo que ustedes. ¡Vaya es Sasuke Uchiha! Y tú… tú debes ser la chica Hyūga, la prima del genio ―Sasuke apretó levemente el puño. No culpaba a ese sujeto por no conocer a Hinata, a decir verdad ella no llamaba mucho la atención, pero que ni si quiera supiese su nombre de alguna u otra forma lo irritaba―. De cualquier forma, padre dijo que debía pagarles.

Sasuke se acercó a él. No le gustaba cobrar, le parecía algo estúpido, pero así era el sistema shinobi. Ellos realizaban misiones por dinero, no por caridad. Por lo general Kakashi era el encargado de recaudar sus ganancias para la Aldea, pero para variar su instructor jonin no se encontraba con ellos. Había salido de Konoha.

El chico le debió pasar alrededor de 20 ryos los cuales aceptó sin dar las gracias. Los estaba guardando en su bolsillo cuando se dio cuenta que aquel sujeto lo estaba mirando demasiado fijo.

―¿Qué? ―le preguntó algo irritado.

―¿No se supone que deberían ser tres? ―lo cuestionó como si algo sospechoso estuviese pasando.

―Sí, pero no lo somos ―respondió Sasuke dándose la vuelta. Ni si quiera sabía por qué le había respondido a ese crío irritante.

―Na-Naruto-kun no se encuentra en Konoha ahora ―dijo Hinata intentando explicarle al cliente lo que había pasado y suavizando un poco la tosquedad con que Sasuke le había hablado.

―¿Naruto Uzumaki? ¿Él también es parte de su grupo? ―les preguntó con interés―. ¡Vaya! Que mala suerte ―Sasuke volteó el rostro en su dirección frunciendo el ceño, pidiéndole una explicación con su mirada―. Digo, ese sujeto es un imbécil. Él y sus bromas ridículas. De verdad deben estar aliviados de haberse deshecho de él ―Sasuke terminó de voltearse y ahora su enojo era visible. Hasta Hinata se sintió un tanto ofendida pero no dijo nada―. Otosan me ha dicho en más de una ocasión que no me acerque a él. Tal vez se comporta como un tarado porque no tiene padres que le digan que lo que hace sólo causa problemas ―la mirada de Sasuke se afiló y Hinata notó como se estaba tensando su puño―. Recuerdo que una vez pintó garabatos en la cerca de nuestra casa y mi padre le dio una golpiza ¡Debieron verlo! Fue muy gracioso. Pero bueno, ¿Qué se puede esperar de un fracasado como ese?

El golpe en su rostro fue preciso, inesperado y determinante para sacarlo completamente de balance; el chico terminó cayendo sentado sobre la nieve con un hilillo de sangre fluyendo desde su boca. Sasuke tenía el puño apretado y lo miró completamente serio bajando con lentitud su brazo derecho.

―No hables así de mi compañero ―fue lo único que dijo, soltando la pala y dándose la vuelta.

Hinata separó los labios en sorpresa y no se movió hasta que Sasuke pasó a su lado y con firmeza le tomó la muñeca tirando de ella.

Caminaron en silencio sin que Hinata se atreviera a preguntarle por qué había hecho eso, pero no podía evitar sentir cierto tipo de satisfacción y hasta admiración en la forma firme en que Sasuke había defendido a Naruto. No habría esperado algo así de él, pero aquellos pequeños detalles le indicaban cuán importante era Naruto en la vida de Sasuke, incluso con su ausencia.

Cuando estuvieron a punto de llegar a la oficina del Hokage, Hinata no pudo evitar abrir la boca.

―¿Por qué golpeaste a ese chico? ―le preguntó sin mirarlo intentando no presionar una respuesta. A Sasuke no le gustaba sentir que "debía" explicaciones, más bien, él hablaba cuando no podía evitar discutir sobre algún tema en particular.

Como Hinata lo había esperado, Sasuke no respondió, por lo cual miró hacia el frente y siguió caminando junto a él en silencio. Tampoco iba a insistirle. Conocía el límite cuando se trataba de Sasuke Uchiha.

Sin embargo, para su sorpresa, escuchó la voz de su compañero expresarse con un tono imponente.

―Sólo yo puedo insultar a Naruto de esa forma y ese es un derecho que me gané por tener que soportar sus imbecilidades todo este tiempo. No voy a dejar que alguien que ni si quiera lo conoce hable así de él ―el Uchiha se cruzó de brazos indiferente a la mirada confundida de Hinata quien no podía creer que él hubiese dicho algo así.

Por su parte, si alguien le hubiese dicho un año atrás a Sasuke que terminaría golpeando a un chico (menor que él) sólo por hablar mal del perdedor, habría pedido que le dieran con un palo en la cabeza y lo sacaran de su miseria.

―Creo que podemos despedirnos de esa misión rango B ―dijo el Uchiha con una sonrisa altanera pero al mismo tiempo divertida―. Bueno, valió la pena. Se sintió bien golpearlo.

Hinata negó con el rostro.

―Ya habrán nuevas misiones cuando Naruto-kun regrese.

―Espera. ¿No me vas a sermonear sobre que estuvo mal golpear a ese chico? ―le preguntó levantando una ceja.

―No ―respondió Hinata sonrojando―. Desearía haberlo pensado primero.

―¿Quién te entiende Hyūga? ―dijo Sasuke llevando sus manos atrás de su nuca y siguiendo por la ruta hasta llevarla a su casa.

No obstante, toda acción tiene una reacción y ésta se desarrolló la mañana siguiente cuando Tsunade se enteró de lo ocurrido y le gritó alrededor de diez minutos a Sasuke sin que éste dijera nada de vuelta. Más bien, la miraba con indiferencia, aceptando todo lo que la mujer estaba diciendo sin responderle con su tan típica arrogancia. Cuando el Uchiha se negó a decir el motivo por el cual había golpeado al cliente, Tsunade amenazó con sancionarlo. Sasuke no se inmutó ante el ultimátum.

Kakashi estaba parado junto a ambos y tampoco dijo nada. Hinata pensó que les daría un sermón o que intentaría que hablaran, pero por el contrario, se quedó con las manos dentro de los bolsillos luciendo tan indiferente como siempre.

Hinata tampoco se quebró cuando la Hokage la amenazó con dejar de mandarlos en misiones por tres meses si no le decían el motivo por el cual Sasuke y ella habían abandonado a la mitad su misión. Hinata la miró temblorosa y comenzó a jugar con sus dedos. La Hokage supo que ella era el eslabón más débil entre ambos y que quizás podría quebrarla subiendo el tono de su amenaza.

Sin embargo, Sasuke la salvó dejando los 20 ryo en la mesa y aduciendo que la misión no había sido abandonada, que la habían terminado y que él era libre de darle vuelta el rostro a quien quisiera mientras no estuviese de servicio.

Aquello pareció irritar aún más a Tsunade quien se quejó otros quince minutos de la forma en que a ella un mocoso de trece años no la iba a hacer pasar por tonta, dándole sermones sobre la disciplina y su labor como shinobi. Lo mandó a escribir el reglamento shinobi 250 veces antes de que el Equipo Siete pudiese reintegrarse a sus funciones.

Sasuke le preguntó "¿Tiene papel?" en forma desafiante, sonriéndole con los ojos.

La sanción subió al doble.

La caminata desde la oficina de Tsunade hasta la entrada fue en completo silencio. Muy pocas veces Hinata se había sentido tan presionada como en esa ocasión, más que nada por la mirada inquisidora de su maestro que había dejado de lado el Icha Icha de turno para enfocarse en sus dos genin.

―Ya dilo ―dijo Sasuke quebrándose ante la presión cuando salían del edificio.

―Entiendo su solidaridad para no decirle a Tsunade-sama qué sucedió con aquel chico para que Sasuke lo golpeara ―el Uchiha se cruzó de brazos, sintiendo el frío de la mañana―. Pero como equipo, al menos deberían decírmelo a mí.

―Lo golpee porque sí ―dijo Sasuke mirando en frente. Se negaba a decir el verdadero motivo. Era demasiado humillante reconocer que había golpeado a alguien por estar insultando a Naruto. No quería admitir al punto que podía ir por defenderlo, eso habría mostrado que le importaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

―¿Hinata? ―preguntó Kakashi mientras la veía debatirse entre decir la verdad o no, escondida en la bufanda beige que cubría su cuello.

―Fue-fue porque…

―Cállate ―le ordenó Sasuke.

―Fue porque ese chico estaba insultado a…

―¡Que te calles! ―la volvió a interrumpir Sasuke, pero no tuvo mucho efecto.

―A Na-Naruto-kun ―Sasuke casi se lanzó sobre ella para taparle la boca, pero Kakashi alcanzó a sostenerlo para que Hinata pudiese terminar de hablar.

―Con que fue eso ―dijo Kakashi. Si no hubiese estado portando su máscara lo habrían visto sonreír―. Bien, creo que se merecen un castigo, ¿No?

Sasuke bufó irritado y Hinata bajó el rostro sin entender por qué ella también estaba siendo afectada por la conducta de su compañero.

―Vamos a entrenar todo el día ―dijo el jonin comenzando a caminar.

Sasuke y Hinata se miraron uno al otro sin entenderlo, pero lo siguieron. Kakashi nunca los entrenaba personalmente, era como si evitara hacerlo por flojera, pero ese día hizo una excepción con ellos. Más que un castigo, se sintió como un verdadero premio.

Kakashi y Sasuke ayudaron a Hinata a practicar el byakugan lanzándole kunais desde todo tipo de distancia. La chica los evitaba golpeándolos con un leve empujón de chakra que salía desde la palma de sus manos con una precisión increíble, evidenciando que ese verano había avanzado enormemente en el puño suave.

Por su parte, Kakashi y Sasuke lucharon en serio con todo tipo de jutsus. Sasuke copió al menos siete técnicas con su sharingan poniendo a Kakashi en problemas en más de un momento. Su sharingan había avanzado muchísimo y podía predecir el lugar donde Kakashi iba a golpear y contraatacarlo antes de que él pudiese si quiera defenderse. Cuando el golpe de Sasuke conectaba, generalmente terminaba golpeando un clon de sombra o un tronco.

Aun así, el Uchiha demostró que no sólo se había vuelto fuerte esos meses, también se había vuelto un poco más astuto. Sabía manipular los hilos invisibles a la perfección, utilizaba el jutsu de remplazo todo el tiempo, estaba aprendiendo a utilizar clones de sombra con una variabilidad envidiable y lo que más sorprendió a Kakashi fue el uso práctico del chidori; en vez de dirigirlo como un golpe directo al cuerpo, lo había utilizado para contrarrestar sus jutsus de agua. Pudo notar que Sasuke estaba comprendiendo las habilidades de las técnicas elementales y cuándo una era más débil a otra.

―Ese último golpe ―dijo Kakashi al otro lado del río, agradeciendo que estuviese tan helado que el agua se estuviese congelando―. Si hubiese sido verano podrías haberme lastimado seriamente.

―La electricidad viaja más rápido a través del agua Kakashi ―dijo Sasuke con una sonrisa arrogante, entendía que su maestro lo estaba felicitando.

―El elemento fuego y la electricidad se te dan fácilmente ―dijo mirando a su aprendiz, preguntándose si estaría listo para aprender la forma de mezclarlos. Tal vez no aun… eso era algo que ni si quiera él podía lograr. No obstante, Sasuke era un Uchiha. Venía de un clan de genios y estaba a nivel chunin incluso a esa edad―. Deberemos buscar nuevos jutsus para que los aprendas. Tal vez podrías terminar el Chidori.

―¿Terminar el Chidori? ―le preguntó Sasuke, él entendía que era una técnica incompleta pero no pensó que Kakashi le fuese a proponer algo así.

―Sí. Creo que es tiempo de que la nueva generación se haga cargo de lo que la antigua no pudo lograr ―Sasuke lo miró extraño, notando que Hinata se acercaba a ellos. Se veía maravillada ante el espectáculo que ambos habían realizado―. He copiado más de mil técnicas, sólo tengo un movimiento original… y confío en que tú puedas completar esa técnica, Sasuke.

El Uchiha sintió un nudo en su garganta y pensó en su padre. Cómo le hubiese gustado poder acercarse a él llegando a su casa y decirle que su maestro le había encargado algo tan importante como eso. Pero su padre estaba muerto y nunca podría decírselo.

Hinata se acercó notando un brillo especial en los ojos de Sasuke. No supo si era la nieve que se reflejaba en sus iris ónix, pero sus facciones se habían suavizado y parecía ausente. Por su lado, sólo suspiró notando que tan fuerte se había vuelto Sasuke mientras que ella seguía estancada en el mismo lugar sin poder realizar ninguna de las legendarias técnicas del clan Hyūga, cuando Neji ya podía realizar al menos dos sin que nadie se lo hubiese enseñado. Aquello la frustró. Sintió deseos de salir corriendo, pero no era tan egoísta. Sasuke estaba alcanzando sus metas y lo mínimo que podía hacer era permanecer ahí con él, por muy inferior que se sintiese a ellos en ese momento.

―Hinata ―de pronto Kakashi estuvo a su lado―. Tienes mucha más estamina que cuando comenzamos. Tu manipulación de chakra es superior a la de Sasuke y tus movimientos se han vuelto mucho más rápidos. No puedo enseñarte el puño suave, pero creo que ya sabes lo que tienes que hacer. Estás lista para crear tu propia original move.

―¿Original move? ―preguntó Hinata un tanto confundida.

Hasta Sasuke se sintió intrigado. Mientras a él le daban la misión de completar una técnica, Kakashi le estaba diciendo que creara algo completamente nuevo. Aquella sería una técnica suya. Aquello era incluso mejor que lo que le acababa de encargar y no pudo evitar sentirse completamente interesado en el asunto y hasta un poco celoso.

―Así es. Una técnica que use los principios del puño suave que emplea tu dojutsu, pero que sólo tú sepas utilizarla. Crea algo completamente tuyo Hinata-san ―Kakashi la miró con su ojo visible y ella supo que estaba sonriendo. No supo el por qué pero ella también lo hizo… le mostraría a Naruto su nueva técnica cuando él volviera de su largo viaje y lo escucharía decirle "Te has vuelto muy fuerte Hinata-chan".

Cuando la luz solar comenzó a desaparecer, Kakashi les dijo que era suficiente. Todos estaban muriéndose de frío de cualquier forma, por lo cual dieron por terminado el entrenamiento.

Para sorpresa de Hinata y Sasuke, Kakashi los invitó a la BBQ.

Se sentaron cerca del fuego y notaron que a lo lejos Asuma, Chouji, Shikamaru e Ino estaban comiendo y discutiendo sobre su misión del día. Eran bastante más sociables entre ellos que su propio equipo que ya llevaba alrededor de cinco minutos en silencio: Kakashi leyendo Icha Icha Paradise, Sasuke enfocándose en el menú y Hinata mirando por la ventana. Vieron a Sakura, Kiba y Shino pasar, completamente exhaustos y sucios, como si a ellos los hubiesen puesto a palear nieve todo el día también. Sin embargo, Kurenai no los llevaba a la BBQ, más bien se detuvieron en la tienda de dangos un poco más allá. Seguramente tomarían un té caliente.

―¿Ya se decidieron sobre lo que van a pedir? ―preguntó una mesera haciéndole ojitos a Kakashi.

―¿Chicos? ―les preguntó dejando que ellos eligieran.

―Sopa de tomate ―dijo Sasuke―. Cremosa, sin orégano u otras porquerías encima. Sólo tomate.

―¿Hinata-san? ―preguntó Kakashi haciendo que ella volviera a la realidad.

―Yakisoba con verduras, por favor, sin jengibre ―respondió ella.

―Yo sólo quiero un vaso de leche tibia, y traiga un plato con distintas carnes para la parrilla. Algo me dice que mis chicos tendrán hambre después de comer sus cenas livianas.

―Claro ―respondió la joven guiñándole un ojo.

La comida fue tranquila. Desde que Sasuke se había cortado su cabellera negra, las jóvenes no lo miraban de la misma forma, más bien era como si ni si quiera estuviese ahí. Por primera vez en su vida el Uchiha supo lo que era pasar desapercibido. Ni si quiera Ino, quien estaba unas mesas más allá, pareció notarlo cuando entró. Sólo cuando lo vio fijamente pareció darse cuenta que era él y se mostró sorprendida al verlo con una bandana en la cabeza. Cruzaron miradas, Sasuke mostrándose hostil y ella sonrojándose. Con todo, la chica bajó el rostro y no fue a interrumpir su cena. El joven pensó que tal vez debería haberse afeitado la cabeza desde niño y así evitar que todas esas chicas escandalosas lo siguieran de un lado a otro.

Kakashi estaba leyendo su libro con interés. Era una de las pocas veces que había comido con ellos desde que se había formado el Equipo Siete. Sin embargo, era común que cuando estaban los tres juntos sus tardes fuesen tranquilas y agradablemente silenciosas. Sin Naruto ahí, no había mucho de qué hablar.

Por su parte, Hinata jugueteó con su comida casi toda la velada moviéndola de un lado a otro, demasiado concentrada en lo que Kakashi le había dicho durante su entrenamiento. Crear una técnica original era algo con lo cual nunca hubiese soñado. Las agujas de chakra que salían a presión desde sus manos habían sido un accidente y no lo habría llamado una técnica propiamente tal. Era más bien algo que podría haber sido considerado una técnica rango C como mucho. Lo que Kakashi deseaba de ella era que creara algo asombroso al nivel del resto de los jutsus secretos del clan Hyuga. Para eso, necesitaría ayuda de su padre o al menos de su primo… pero la mera idea de ir a pedirle algo a alguno de ellos la hacía perder el apetito, sobre todo… considerando la fecha en que estaban.

Sasuke notó que no estaba comiendo, su palidez, la forma en que sus párpados caían desanimados y cómo jugaba con sus fideos le indicó que algo sucedía con ella. No quiso decirle nada, no era asunto de él que la chica estuviese soñando despierta como siempre lo hacía. Lo único que lo alivió (extrañamente) fue que Hinata no estuviese pensando en Naruto (cuando lo hacía, lucía más feliz que en ese momento).

Sacudió su cabeza un tanto repugnado dándose cuenta que estaba aliviado de que ella no pensara en Naruto, ¿Desde cuándo se sentía así, como si estuviese celoso de alguien tan insignificante como el perdedor? Pero no podía evitarlo, no quería que ella pensara en alguien como Naruto, lo hacía sentirse inferior en la lista de prioridades de Hinata y eso era algo que no estaba dispuesto a tranzar, después de todo, la Hyūga no sólo era su compañera, era lo más cercano a una familia que él tenía. De hecho, no quería que pensara en nadie. La miró de reojo con suspicacia, sintiéndose extrañamente irritado.

―Tu comida se enfría Hyūga ―le dijo sin mirarla. Eso pareció traer a la chica de vuelta a la tierra, quien empezó a tomar algunos fideos con los palillos y los llevó a su boca.

Cuando terminaron de comer, Kakashi les dijo a ambos que tenían libre hasta que Sasuke terminara de copiar el reglamento shinobi y le entregara 500 copias de ello. Después de eso, desapareció en una nube de humo. Siempre lo hacía.

Como ya era costumbre, el pelinegro caminó junto con Hinata para llevarla a su hogar. Ya ni si quiera le avisaba que lo haría y la joven tampoco le decía que no era necesario. Se había vuelto parte de su rutina caminar uno al lado del otro y la verdad, Sasuke disfrutaba hacerlo. Ella no era ruidosa, caminaba sin emitir sonidos y las conversaciones que se daban entre ambos, aunque eran pocas, eran lo suficientemente interesantes como para mantenerlo atento a lo que decía.

Cuando estaban a pocas cuadras de la residencia Hyūga, Sasuke decidió romper el silencio al ver que en ella una mirada un tanto perdida.

―¿Te sucede algo? Has estado demasiado silenciosa ―no quería mostrar más interés del normal, pero ya no se le hacía tan irritante preguntarle cosas de ese tipo a Hinata.

―No es nada, Sasuke-kun ―por otro lado, Sasuke notaba que ella tampoco tartamudeaba con él. No lo hacía hacía mucho, pero sólo ahora lo notaba, ¿En qué momento se habían puesto tan cómodos uno cerca del otro?

Sasuke suspiró. No le creía, pero una cosa era preguntarle si estaba bien y otra muy distinta meterse en los asuntos de esa chica.

―Como sea. Sólo no olvides llevar vendajes para el entrenamiento de mañana, no he comprado más. Te ayudaré a pensar un poco en esa técnica original tuya. Se me ocurren varias cosas que podrías practicar. Hay unos libros sobre manipulación de chakra que podrías encontrar interesantes en la biblioteca de mi antigua casa ―dijo Sasuke encogiendo sus hombros. Desde que tenía el pelo corto su cuello se enfriaba con mucha facilidad y a veces ni si quiera la bufanda de Hinata lograba mantenerlo tibio.

―Sasuke-kun, sobre eso, lo siento. Mañana no podré entrenar contigo ―Hinata hizo una reverencia rápida. El Uchiha subió una ceja.

―¿Por qué no? ―preguntó lentamente.

―Estaré ocupada con asuntos del clan ―respondió la chica sonrojándose. No sabía si Sasuke era consciente de la fecha.

―Oh, es cierto, mañana es tu cumpleaños ―Hinata lo miró sorprendida. Tuvo que procesarlo varios segundos para entender lo que estaba pasando. Él se había acordado de su cumpleaños, era la primera persona en mucho tiempo que lo hacía. No pudo evitar sonreír con timidez―. No pongas esa cara, no te compré nada ―le dijo tan pronto como se dio cuenta del gesto en el rostro de su compañera, mirando hacia al frente.

―No-no es eso Sasuke-kun ―dijo Hinata negando rápidamente con las manos―. ¿Cómo sabes que mañana es mi cumpleaños?

―¿Qué importa? ―respondió Sasuke. La verdad, sabía la fecha porque lo había leído en el expediente Shinobi de Hinata cuando lo solicitó cuando se formó el equipo. Sasuke tenía muy buena memoria y la fecha no la había olvidado.

Había estado pensando los últimos días sobre el asunto y no se decidía sobre un regalo. De partida si quiera darle un presente le resultaba un tanto cursi de su parte. Pero ella le había comprado toda su ropa de invierno, le había tejido guantes y una bufanda, sin mencionar que para su propio cumpleaños le horneó un pastel. No sólo era apropiado comprarle un regalo a un amigo en el día de su cumpleaños, además, por principio, él nunca le debía nada a nadie. No podía simplemente ignorar la fecha. Por lo cual, intentó que lo que fuese a decir sonara de la forma más casual posible. No quería que Hinata pensara que no tenía nada mejor que hacer que estar decidiéndose sobre qué comprarle para su cumpleaños.

―Cuando termines con las estupideces del clan te invitaré a comer rollos de canela ―no tenía si quiera que envolver eso―. Considéralo tu regalo de cumpleaños.

Hinata miró en frente y bajó los hombros lentamente.

―Lo siento. No puedo verte mañana.

―¿Por qué no? ―preguntó Sasuke un tanto ofendido. Había ingeniado un regalo perfecto, casual, poco relevante y ella lo rechazaba así como así.

―Creo que te lo dije una vez. No se celebra mi cumpleaños en mi clan. Es el día en que el padre de Neji murió… por mi culpa ―el rostro de Hinata cayó aún más mirando hacia el suelo cubierto de nieve―. Será un día de duelo y reflexión para todos en mi familia.

―¿Aun sigues con eso? ―le preguntó visiblemente molesto―. ¿Hasta cuándo te vas a seguir torturando por ese asunto? Tu padre mató a Hizashi Hyūga, no tú.

―Eso-eso no es correcto, Sasuke-kun ―respondió Hinata―. Mi padre no asesinó al padre de Neji. Él eligió ese camino por sí mismo ―recordaba con claridad esa conversación que ambos habían tenido sobre el vínculo que la unía a ella y a Neji Hyūga.

Sasuke se detuvo e intentó descifrar lo que ella acababa de decirle ―¿En qué momento comenzó a importarme tanto los dramas en la casa Hyuga? Esto es todo culpa de Naruto y esa estúpida promesa…― pensó.

―Bien, entonces deja de culparte por lo sucedido. Intentaron secuestrarte pero tu padre te protegió. Eso quedó en el pasado. Si alguna vez alguien vuelve a intentar llevarte espero que al menos te defiendas ―Sasuke le revolvió el cabello para animarla un poco, pero al notar que no lo lograba comenzó a frustrarse. No tenía paciencia―. Pasaré por ti temprano.

―Sasuke-kun… ya te dije que no… ―comenzó Hinata.

―Nos vemos mañana ―Sasuke se dio la vuelta y comenzó a caminar en dirección a su casa―. No me hagas esperar. Estaré aquí a las ocho para que entrenemos.

Hinata se quedó parada a un par de metros de la entrada de la mansión preguntándose si Sasuke decía todo aquello en serio.

―¡Sasuke-kun! ―le gritó pero éste no se volteó―. Ya-ya dije que no puedo, debo ir al cementerio.

No obtuvo respuesta de su parte. Sólo siguió caminando con las manos dentro de los bolsillos hasta perderse de vista.

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Sasuke despertó temprano ese día. Debió ser alrededor de las seis de la mañana. Se sentó sobre su cama y sintió escalofríos. Abrió el radiador para que el lugar se temperara un poco y caminó hacia el refrigerador en búsqueda de un poco de leche. Bebió sin mucho cuidado directo del cartón y se rascó la cabeza sintiendo la irregularidad de su cabello. No había sido nada inteligente cortárselo con un kunai.

Se duchó rápidamente después de eso. Estaba demasiado helado como para haber alargado aquello más de la cuenta. Fue casi corriendo a su closet, de puntitas para no tocar el suelo, y lo abrió de par en par sacando una de las camisetas grises manga larga que Hinata le había dado. El símbolo Uchiha en la espalda le sacó una sonrisa que no tuvo vergüenza en mostrar, nadie lo estaba viendo después de todo.

Vendó sus tobillos con cuidado pues era lo último de gazas que le quedaba. Luego se puso sus pantalones y sandalias para salir de su departamento por la muralla exterior. A veces lo hacía, le era mucho más sencillo trepar por paredes y saltar de techo en techo para llegar al lugar hacia donde quería ir, sin embargo, prefirió no arriesgarse esa vez. Todo estaba cubierto de nieve y nada le garantizaba que pisando un techo no pudiese resbalarse y quebrarse un tobillo.

Habría sido una mañana completamente normal, si no hubiese sido porque mientras caminaba en dirección al distrito del clan Hyūga, por la calle principal, al doblar por una esquina para ver si la panadería estaba abierta, se encontró con que una cierta chica pelirosa salía de su hogar. Paró en seco intentando esconderse antes de que lo viera, pero fue demasiado tarde. Ella lo vio e hicieron contacto visual. Un escalofrío recorrió su espalda e intentó mostrarse frío e indiferente a ella, pero sus ojos temerosos lo delataron.

―Sasuke-kun. ¿Qué le ocurrió a tu cabello? ―le preguntó Sakura acercándose a él. Por instinto Sasuke dio un paso atrás, pero no lo suficientemente rápido como para que ella no le quitara la bandana y viera el desastre que había abajo. Sin embargo, lejos de asustarse o parecer triste, lo miró con lástima. Como odió que un ser tan insignificante como ella lo mirara como si sintiera pena de él―. ¿Por qué te hiciste eso?

―¿Qué te importa? ―le respondió gruñendo―. Devuélveme mi bandana.

―Pero…

―Que molesta eres ―le dijo irritado―. Sal de mi camino.

Sakura le devolvió la bandana con el protector de frente y Sasuke se lo acomodó como mejor pudo, ruborizando por el hecho de tener que estar mostrando su corte mal hecho en donde incluso algunos pedazos de su cuero cabelludo eran visibles. La chica se aferró a su brazo con mucha confianza y comenzó a caminar con él de esa forma.

―Es una hermosa mañana, ¿No crees? ―le preguntó con felicidad.

―Suéltame ―le dijo él intentando sacársela de encima―. ¿Por qué sigues con esto? ¡Te lo he dicho hasta el cansancio! ¡Lo que pasó no significa que tú y yo seamos novios Sakura! ¡Sólo fue un lamentable accidente!

―Pero Sasuke―kun… si ya nos besamos, entonces… entonces no hay motivo para que seas tan tímido conmigo ―Sakura se sonrojó―. Eres muy gracioso.

―¡No nos besamos! ¡Metete eso en la cabeza! ¡Sólo me estabas reanimando! ¡Maldición!

. . . . . .

Lo primero que notó fue un terrible dolor en el pecho, luego una sensación de ahogo espantosa, cada parte de su cuerpo pesaba y no parecía responderle. Había estado en situaciones peligrosas más veces de las que le gustaría recordar y saber qué estaba pasando era clave para poder reaccionar de acuerdo a la situación. Trató de abrir los ojos para saber qué sucedía mientras sentía su pecho inflarse y algo caliente salir por su boca.

Piensa, mantente frío, ¿qué es lo último que pasó antes de que todo se volviera negro?― Se preguntó Sasuke en un mundo de tinieblas. Lo último que recordaba con claridad era estar atrapado en la prisión de agua y haber utilizado el chidori para salir de ahí. Pero después de eso…

El aire tibio invadió su garganta y otra tanda de agua salió. En medio de aquel caos abrió por fin los párpados y enfocó una mancha rosa, una mancha que empezaba a tomar forma…

Sakura Haruno tenía sus labios sobre su boca.

¿Qué rayos estaba haciendo? ¿Lo estaba reanimando? ¿Lo estaba besando? ¿Un poco de ambos?

Quiso gritar, empujarla, enviarla al lugar de donde sea que escapó y del cual nunca debió salir pero su cuerpo no le obedecía y al parecer ella ignoraba deliberadamente que él estaba recobrándose.

Ella soltó otra bocanada de aire en su boca y esta vez le provocó arcadas, expulsó toda el agua tosiendo hacía un lado.

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ―pensó asqueado mientras tosía sin parar tratando de incorporarse.

―Tranquilo Sasuke-kun. Tómalo con calma ―Sakura lo ayudaba golpeando su espalda y acariciando su cabello con una mano, lo cual no ayudó mucho pues sólo empeoro sus náuseas y escalofríos.

La miró exhausto e incrédulo y cuando ella captó su mirada se sonrojó.

―Yo… fue lo único que pude hacer, no respirabas y… estaba asustada ―bajó la vista apenada y llevo sus dedos a sus labios completamente extasiada, como si no pudiese creer lo que acababa de pasar entre ambos.

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Después de eso Sasuke no quería ver a la muchacha ni en pintura. Si antes no le agradaba ahora era peor, pues recordaba la sensación de impotencia y repulsión que vivió en aquel traumático incidente.

―Prometiste que nunca hablaríamos de eso Haruno, ya suéltame ―volvió a insistir, esta vez logrando alejarse de ella.

―En la antigüedad cuando alguien besaba a una kunoichi, debía tomarla como esposa… ―su sonrojo aumentó mientras lo miraba con ternura.

Gracias a dios que no te considero una kunoichi… ―pensó Sasuke. Aunque, ahora que lo pensaba, siempre había ignorado a Sakura en vez de buscarle algo útil que hacer. Quizás, si le daba algo con que distraerse―. Oye Haruno, ¿Quieres hacer algo por mí? ―la podría hacer contar hasta 1000 y decirle que la esperaría en la cima de la montaña de los Hokage. Quién sabe, el viento en esa época podía ser traicionero y ella podía sufrir un accidente… un lamentable accidente.

―Lo que sea Sasuke-kun ―respondió corriendo hacia él. El Uchiha sonrió internamente pensando en mandarla a hacer algo completamente inservible y molesto, como ella―. Sabes que lo único que deseo es verte feliz.

Aquello lo hizo fruncir el ceño levemente, ¿Por qué desearía algo así para él cuando lo único que hacía era ignorarla, tratarla mal e ignorarla nuevamente? Su forma de pensar y desear no tenía lógica en su mente. Ellos ni si quiera eran amigos.

―¿Por qué deseas verme feliz? ―Sasuke consideró que tal vez Sakura no era una persona muy normal. Él le hubiese deseado dolor y sufrimiento a cualquiera que lo tratase de esa forma.

―Cuando ―Sakura sonrojó aún más y tuvo un gesto particularmente bello al sonreírle con los ojos. Era la primera vez que notaba algo rescatable en ella―. Cuando hay una persona importante para nosotros, alguien especial, deseamos verlos felices, ¿No?

Sasuke no pudo argumentar en contra de esa lógica.

― Supongo ―respondió con una mueca, sin creer que estaba gastando su tiempo en hablar con ella cuando lo único que deseaba hacer era deshacerse de su persona.

―Es por ello, Sasuke-kun, que deseo verte feliz. Eres… eres especial para mí ―cerró los ojos y se inclinó levemente intentando besarle la mejilla. Sasuke interpuso su mano y la detuvo presionando su frente hacia atrás, subiendo una ceja pronunciadamente.

―¡Deja de comportarte de esa forma! ―le gruñó.

―¿Qué era lo que deseabas de mí entonces? ―preguntó un tanto avergonzada.

¿Acaso realmente quiero algo de ella? ―se preguntó Sasuke mirándola de reojo.

Ver su sonrisa esperanzada lo hizo preguntarse si él si quiera podía relacionarse con lo que ella sentía. A diferencia del resto de sus "fans", ella no huía de él ni si quiera con su cabello luciendo así. No sólo eso, deseaba verlo feliz, como si aquello realmente significara algo para ella. No podía entenderla, tal vez no deseaba entender lo que significaba buscar la felicidad intentando cumplir los deseos del resto y no los propios. Después de todo, él era el ser más egoísta que conocía.

O tal vez sí, ¿Acaso no había estado todo el verano y gran parte del otoño entrenando junto con Hinata para que pudiese enfrentarse a su familia y demostrar que no era un fracaso? ― No, sólo entrené con ella porque deseo más poder y necesitaba una pareja de entrenamiento. Eso es todo. Eso y aquella estúpida promesa con Naruto ―se dijo a sí mismo. Sin embargo, la mera duda lo hizo mirar hacia el vacío.

¿Cuándo se había vuelto tan suave en su trato con ella? ¿Qué había cambiado para que también quisiera ver que sus sueños se cumplían en desmedro de los propios? Él quería venganza, lo unía un lazo más fuerte que cualquier otro a aquel anhelo de ver a Itachi muerto. Los deseos del resto de las personas le eran insignificantes si los comparaba con el suyo. Necesitaba enfrentarse a su hermano mayor y ponerle fin a su vida.

Y aun así, ahí estaba en ese día de invierno, pensando en llegar hacia Hinata Hyūga y hacer justo lo que Sakura acababa de decir … Cuando hay una persona importante para nosotros, alguien especial, deseamos verlos felices, ¿No?... Nuevamente deseó entender el razonamiento atrás de ello, pero entendió que no lo sabría a menos que se lo preguntara.

―¿Por qué soy una persona tan importante para ti al punto que llegues a desear mi propio felicidad antes que la tuya? ―la miró frunciendo el ceño, todo aquello de verdad le molestaba. Siendo un genio, encontrarse con algo que no comprendía lo lograba irritar―. ¿No crees que estás siendo un poco estúpida?

Sakura negó con el rostro y junto sus manos sobre su pecho.

―No entiendes Sasuke-kun. Cuando una persona siente lo que yo siento por ti, quiere verla feliz.

¿Un sentimiento es la razón de ello? ―se preguntó Sasuke mirándola con curiosidad. Si un sentimiento hacía que él quisiera ver a su compañera feliz, entonces debía saber de qué se trataba, ¿Amistad? ¿Compañerismo? ¿Fraternidad? ¿Solidaridad? ¿Qué era lo que unía a Sakura con él? ¿Qué era lo que lo unía a él con Hinata?

―Pero tú y yo no somos amigos, ni compañeros. ¿Qué sentimiento o vínculo podría unirnos para que desees eso? ―le preguntó. La chica miró hacia un costado y sonrió. Sasuke observó el cielo cuando sintió que un copo de nieve caía en la punta de su nariz. Debía apresurarse e ir por Hinata antes de que una ventisca le cayese encima―. ¿Y bien? No tengo todo el día Haruno.

―El sentimiento… el sentimiento que me une a ti es… ― Sakura sonrió con calidez y corrió en la dirección opuesta.

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Había algo sobre ese atuendo dentro de su closet que siempre lograba perturbarla. Nunca utilizaba el color negro, pero aun así, ahí estaba dentro de sus cosas esperando por ella. La última vez que lo había retirado había sido después de la muerte del Sandaime y ahora nuevamente debía retirarlo de sus cosas para ponérselo.

Hacía exactamente diez años un hombre del país del rayo había ingresado a Konoha durante las festividades del final de la guerra en búsqueda de negociaciones de paz. Todos los clanes de la Villa habían acudido a festejar el fin de una época de sangre

Todos excepto el clan Hyūga. Ese día, ella cumplía tres años y oficialmente se volvía la heredera de Hiashi Hyūga. Los recuerdos de aquella desafortunada jornada aún estaban presentes en ella.

Se habían llevado a Neji y algo le habían hecho en su frente, pues cuando volvió estaba vendada. Ahora sabía que aquello se había tratado del sello del clan y el inicio del odio de su amadísimo primo hacia ella. Su padre le había dicho que desde ese momento en adelante sería entrenada para tomar el liderazgo del clan cuando él falleciese. Su madre la había puesto en mallas negras y le había dicho que hiciera el máximo esfuerzo en volverse muy muy fuerte.

Sin embargo, algo había ocurrido mientras su padre le enseñaba lo básico, pues de un momento a otro se puso frente a ella y lo que siguió fueron gritos y una discusión que no recordaba, sólo podía oír el llanto de Neji.

Esa noche la habían intentado secuestrar. Esa noche había muerto Hizashi Hyūga, su tío, y por ello había perdido a Neji, el respeto de su padre y la oportunidad de vivir una infancia feliz. Desde ese día en adelante no se celebraba su cumpleaños en ese hogar. Ni si quiera parecían recordarlo.

Ese día 27 de diciembre se vistió de mallas negras; era ropa para ir al cementerio. Todo el clan acudía junto con Hiashi a mostrar sus más profundos respetos por el hermano menor que yacía tres metros bajo tierra. Hinata, siendo la próxima líder de su clan, no era la excepción. Sin embargo, mientras se miraba al espejo, se preguntó si aquello era algo que si quiera deseaba. Cada día que pasaba, volverse la líder del clan se veía como una meta más lejana de alcanzar. Parecía no importar cuánto se esforzara, Neji siempre era superior a ella, Hanabi era más rápida en aprender y su padre los favorecía a ambos.

Encontró refugio a esos pensamientos pensando en la sonrisa de Naruto Uzumaki y apretó la piedra azulada alrededor de su cuello. Su recuerdo la hacía sentir una sensación cálida en su pecho. Mientras creyera que algo era posible, podía lograrlo. Ella no retrocedía en su palabra, Naruto-kun le había enseñado eso…. Pero… pero Sasuke había vuelto aquello más que simples palabras. Él no la dejaba retroceder en su palabra.

Recordar a su compañero de equipo la hizo recordar que le había dicho que la esperaría a las ocho de la mañana afuera de su casa ¿Estaría esperando por ella para entrenar?

Respiró profundamente e intentó olvidarse de ello. Le había dicho con claridad que no podía estar con él ese día y el equipo siete estaba de baja hasta que él cumpliera su penitencia por golpear a ese chico. No tenía razones por las cuales estar nerviosa ni preocupada… sin embargo, en cuanto miró por su ventana y vio que estaba nevando su pecho se oprimió y supo que sin importar qué le hubiese dicho a Sasuke Uchiha, él estaría ahí, bajo el árbol de cerezo, esperándola. Suspiró con preocupación y activó el byakugan sólo para asegurarse.

Ahí, justo donde pensó que estaría, vio la figura de Sasuke con las manos dentro de los bolsillos esperando mientras nevaba. Hinata se sintió culpable. ¿Por qué tenía que ser tan obstinado cuando deseaba algo? ¿Por qué no podía ser como cualquier persona normal cuando se le pedía espacio o paciencia?

Salió al pasillo y se escabulló por la puerta principal sin que nadie la viese. No era como si hubiese estado prohibido para ella salir o algo así. Si se había quedado en casa ese día era precisamente porque todos los años la familia se reunía e iba al cementerio. Se preguntó si alguno de ellos si quiera notaría su ausencia.

Salió caminando bajo la hilera de cerezos desnudos en la entrada de su hogar, pensando que pronto el hielo se derretiría, si tenían suerte. A decir verdad aún faltaba un par de meses más de aquel frío insoportable. Pero el pensamiento de que eventualmente todo aquello estaría lleno de flores que prensar la hizo sonreír llegando al portón de su hogar de bastante buen humor, aunque, aquello se fue disipando cuando vio los ojos afilados de Sasuke observando en su dirección.

―Sasuke-kun, te dije que hoy no puedo entrenar contigo ―le indicó resguardándose de la nieve bajo un paragua.

―Lo sé ―respondió Sasuke cruzándose de brazos, escondiendo el cuello levemente entre la bufanda, se notaba que se estaba congelando ahí hacía bastante―. Es por eso que iré contigo al cementerio hoy.

Aquello realmente sorprendió a la joven Hyūga.

―¿Po-por qué? ―preguntó confundida―. Tú…tú ni si quiera… ya sabes… tus padres.

Sasuke frunció el ceño. Ahí estaba él intentando hacer algo desinteresado y ella tenía que recordarle que él no visitaba ni si quiera las tumbas de sus padres. Era cierto, odiaba ese lugar.

―Eres irritante ―le dijo quitándole el paragua y poniéndolo sobre ambos―. Le pregunté a tu primo mientras venía hasta acá si podía acompañarlos y mostrar mis respetos. Como no me respondió asumo que no le molesta, ¿Tienes otra duda Hinata-hime? ―sólo le decía así cuando estaba en su límite de paciencia.

Hinata negó con el rostro y recordó que su padre había dicho que Sasuke era bienvenido en su hogar. Si él nunca entraba era precisamente porque le disgustaba su familia. Suspiró sintiéndose algo nerviosa.

―¿Por qué tú me acompañarías al cementerio hoy? ―le preguntó confundida, sintiendo timidez sólo de preguntárselo.

Había muchas respuestas para ello en la mente de Sasuke, pero le dijo la que pensó era más acertada.

―Porque… no quiero que estés triste el día de tu cumpleaños. Si no deseas celebrarlo, al menos puedo acompañarte en las estupideces de tu clan, ¿No? ―agradeció que el frío mantuviera sus mejillas rojas todo el tiempo pues estaba seguro que se había sonrojado.

Hinata le sonrió. No esperó que Sasuke hiciera algo así por ella. Tal vez no sería algo a su modo, pero la respetaba lo suficiente como para entender que no todo podía ser de la forma en que ambos lo hubiesen querido.

―¿Qui-quieres pasar? ―miró el suelo enfocándose en sus sandalias negras. Sasuke había entrado a ese lugar en muy contadas ocasiones.

El pelinegro no respondió, solo comenzó a caminar hacia la residencia Hyūga. No era su idea que un cumpleaños tan importante como el número trece se celebrara en un ambiente de luto, visitando el cementerio y en completo silencio, pero Hinata parecía estar de acuerdo con todo ello y él no iba a seguir insistiendo en que fuera contra las tradiciones que su familia le había impuesto. Si ella estaba de acuerdo con esas cosas, lo único que podía hacer era apoyarla en ello sin reclamar mucho. Ese sería su regalo de cumpleaños. Estaría ahí para ella, no dejaría que nadie la hiciera sentir culpable por el fallecimiento de Hizashi Hyūga.

Una vez dentro de la residencia del clan, Hinata lo invitó a tomar el té junto con su familia. El joven aceptó en silencio y ambos entraron al comedor en donde se encontraban Neji Hyūga, Hanabi Hyūga, Hiashi Hyūga, un anciano que lucía muy parecido a Neji y a Hiashi y por último Tokuma Hyug (a quien Sasuke conocía de vista pero era reconocido por ser el miembro del clan más habilidoso cuando se trataba de ver a grandes distancias con el byakugan), quien curiosamente era casi idéntico a Neji sólo que con un peinado distinto. Hizo una reverencia un tanto incómoda y se sentó junto a Hanabi y frente a Hinata. Una chica del clan le sirvió un aromático té de violetas.

―Es muy educado de su parte venir a mostrar sus respetos por mi hermano ―dijo Hiashi mirando a Sasuke de reojo. Hasta Hanabi parecía un poco nerviosa esperando las palabras de Sasuke.

El Uchiha asintió nuevamente. No sabía qué decir. No era bueno con todas esas formalidades, le parecían absurdas. El clan Uchiha nunca las había seguido, eran más bien bastante casuales cuando se trataba de celebraciones o cosas por el estilo.

―Sé que es importante para Hinata ―tragó saliva sintiendo que las palmas le sudaban, ¿Qué tenían esos sujetos que lograban incomodarlo tanto?― Y… en nombre del clan Uchiha le doy mi más sincero pésame por su perdida.

Hinata se sorprendió de que Sasuke hubiese logrado salir de una situación tan incómoda mostrando tanto respeto. Él nunca era así. Siempre discutía y desafiaba a todos los que se ponían en su camino. Las formalidades le parecían estúpidas.

Neji frunció el ceño mirándolo incrédulo. Se podía imaginar que tan difícil era para Sasuke estar sentado ahí cuando pocos meses atrás habían estado cerca de matarse el uno al otro. La idea lo divirtió y bufó en voz alta, ganándose una mirada represiva de parte del abuelo del clan.

Hanabi miraba a Sasuke como si hubiese sido la copia de Neji, de hecho, era difícil distinguir diferencias entre ellos. Estaban con la misma postura, el mismo gesticular en su rostro y la misma mirada altanera hacia él.

―¿Qué te pasó en tu "bonito" cabello? ―le preguntó subiendo una ceja. La pequeña aun no olvidaba la forma en que Sasuke se había burlado del pelo de Hinata por ser corto.

―Hanabi-chan… ―la sermoneó Hinata por lo bajo.

―Estaba demasiado largo ―respondió Sasuke sin importarle la opinión de una mocosa. Estuvo a punto de decir "No quiero terminar pareciéndome a una chica, ¿Verdad Neji?" pero se mordió los labios. No estaba ahí para causar una pelea.

Mientras tomaba su taza de té, con al menos cinco pares de ojos perlados inspeccionándolo con suspicacia se preguntó qué diablos hacía ahí. Sin embargo, del otro lado de la mesa, llegó su respuesta cuando vio una pequeña sonrisa por parte de Hinata. Su compañera le estaba sonriendo. Se veía contenta y aquello le produjo un extraño cosquilleo en su estómago.

Se preguntó si a eso se refería Sakura con querer hacer felices a las personas especiales en su vida.

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