La desesperación nace de la pesadumbre, del dolor, del amargo sentimiento que ocasionan la injusticia, la persecución y la mala fortuna.

El despecho proviene de la ira, del deseo de venganza, de un odio profundo y encarnizado. El despecho es más hostil que la desesperación, y no puede ocultarse como ésta bajo una calma engañadora.

José Joaquín de Mora


CAPÍTULO 21

DESESPERACIÓN

Parte 1

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Desesperación.

(De desesperar).

1. f. Pérdida total de la esperanza.

2. f. Alteración extrema del ánimo causada por cólera, despecho o enojo.

3. f. Persona o cosa que provoca esas emociones.

4. Pérdida de la tranquilidad o la ilusión.

fig. Alteración extrema del ánimo, causada por la consideración de un mal irreparable o por la impotencia de lograr éxito.

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Ver a Hinata en el piso frente a él, jadeando y sin chakra le indicó algo que ya sabía: se estaba volviendo más fuerte que ella.

Lo venía notando desde el verano, quizás antes. Cada vez que entrenaban tenía que controlar sus propias fuerzas para no lastimarla, disminuir su poder de ataque y de ese modo lograr estar a un nivel en que supiese no la llegaría a tocar. Aquello lo frustraba, porque si aún estaba en la Aldea era para probarse a sí mismo que era capaz de ir tras el asesino de su familia.

La sombra de Itachi estaba siempre presente sobre él y aunque en ocasiones era menos intensa, lo seguía fuera donde fuera, incluso mientras dormía. La única forma de deshacerse de ella era matando a su hermano. Esa era la misión que se había impuesto a sí mismo desde el funeral de sus padres y no tenía intensión de fallar en ella.

Lamentablemente, Hinata estaba retrasando esa misión. Su compañera lo hacía retroceder en vez de avanzar y por ello no podía dejar de resentirla. Darse cuenta de ese sentimiento hacia la joven mientras ella jadeaba por aire, hizo que su pecho se apretara. Le molestaba sentirse así hacia ella, después de todo, era la persona más cercana a él. Esos últimos dos años se había convertido lentamente en alguien que lograba apaciguar su soledad e incluso hacerlo sonreír de vez en cuando.

No podía resentirla. No quería. Sin embargo, lo hacía.

¿Por qué era más fuerte que ella? No lograba comprenderlo. Estaban realizando el mismo entrenamiento, se levantaban a la misma hora, estaban todo el día juntos, dormían en un mismo horario, comían lo mismo… y aún así… Hinata era más débil.

―Párate ―le ordenó con la voz lúgubre. Verla en el suelo aumentaba su rabia―. Terminemos con esto ―no obtuvo respuesta. La bufanda de lana azulada se movió con el viento―. ¡Párate!

―No puedo más ―admitió Hinata temblando―. Llegué a mi límite.

El pecho de Sasuke se oprimió escuchándola decir eso, pues comprendió el dolor que le provocaba pronunciar aquellas palabras. Supo sólo por la posición en que estaba en el suelo, sosteniéndose con ambas palmas sobre la nieve, que su compañera también se había dado cuenta que era más débil que él. No estaba temblando porque sintiera frío o por debilidad, lo estaba haciendo porque sentía frustración.

―Entonces pon otro límite y párate ―insistió completamente molesto―. Me estás haciendo perder el tiempo.

―¡Ya dije que no puedo! ―le gritó Hinata.

Aquello heló a Sasuke aún más que la nevada.

Hinata no gritaba. Nunca subía la voz. Ella era una chica dócil y fácil de manejar, siempre intentado sonreír aún cuando todo a su alrededor se estuviese desmoronando. Que ahora le hablara golpeado lo dejó sin palabras.

―No puedo… no puedo… ―comenzó a sollozar.

¿Lágrimas? ¿Estaba llorando? Hinata no lloraba. No recordaba haberla visto llorar antes, sólo esa vez por todo ese asunto del cabello y cuando Naruto se marchó. Recordar a su seudo mejor amigo le provocó un sabor amargo en la boca. Lo vio ahí, parado frente a ambos, como una segunda sombra que últimamente lo perseguía fuese donde fuese, recordándole que no importaba lo que hiciera por Hinata, él siempre estaría primero en su corazón.

―¿Y si Naruto te estuviese mirando? ¿Entonces sí podrías? ―lo preguntó con dolor.

Aquella pregunta se formulaba con más frecuencia en su mente últimamente… ¿Qué sucedería si Naruto volvía a Konoha de un momento a otro? ¿Ella cambiaría con él? ¿Sentiría molestia o felicidad?

Hinata movió su rostro y lo miró con desprecio. Aquella expresión en su compañera perforó algo en su pecho. No obstante, se negó a dejar que aquello lo afectara, sólo se agachó y ofreció su mano en dirección a la chica en símbolo de paz.

Hinata no la tomó, sólo se limpió la boca con la manga de su chaqueta. Sasuke había conseguido golpearla en esa zona partiéndole el labio.

―Está bien. Suficiente por hoy ―dijo Kakashi acercándose a ellos con los brazos cruzados.

Había una leve capa de nieve sobre él. Había estado parado en medio de aquella nevada toda la tarde. Había sido uno de esos días de extreme training del cual ni Sasuke ni Hinata quisieron librarse, sobre todo aprovechando que Kakashi deseaba entrenarlos.

Desde que Sasuke había golpeado a ese chico, Tsunade los había tenido sin misiones, ni si quiera con aquellas molestas rango D. Era su castigo. Por ello, se habían dedicado esas dos primeras semanas de enero a entrenar.

Kakashi había aprovechado esos días para pasarlos con ellos y enseñarles una cosa o dos. No había leído su recurrente Icha Icha mientras los observaba, completamente atento en el avance de sus genin.

―A pesar de que tu estamina ha subido considerablemente Hinata-san, es tu velocidad lo que se ha mantenido igual ―la joven ni si quiera levantó el rostro cuando Kakashi le habló.

Sasuke bufó visiblemente fastidiado. Se levantó, se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Kakashi miró en dirección del pelinegro comprendiendo que algo estaba pasando entre ambos.

―Es por ello que logró darte ese golpe ―finalizó con calma, casi indiferente al dolor de Hinata y la molestia de Sasuke.

―Está enojado ―respondió―. Está enojado porque no soy capaz de mantenerle el ritmo. No importa cuánto me esfuerce, no importa cuánto entrene… no puedo ayudarlo a superarse. Estoy volviéndome un estorbo cuando se trata de entrenar.

―¿Y por qué estás enojada tú? ―preguntó Kakashi acuclillándose frente a ella.

―Porque realmente me he esforzado para…

―Entonces te deberás esforzar más ―terminó Kakashi mirándola con seriedad. Por lo general nunca intervenía en ese tipo de asuntos, pero después de todo, él era su maestro―. Sasuke tuvo que entrenar velocidad para aprender a realizar el chidori. Se demoró alrededor de treinta días en ello… y Sasuke aprende con una rapidez ridícula. No puedes esperar ser igual a él todo el tiempo.

Hinata bajó la cabeza al escucharlo.

―Lo sé.

―Vas a empezar a realizar otro tipo de entrenamiento Hinata-san ―la Hyūga subió el rostro y lo miró extrañada―. Creo que tendré que hablar con Gai para ello.

La idea de estar con el equipo de Neji la hizo tragar pesado.

―¿Por qué?

―En primer lugar, porque Gai es un genio cuando se trata de entrenamientos extensivos ―el rostro asustado de Hinata lo hizo sonreírle con su ojo visible―. Sé que puede verse un poco ridículo pero es muy fuerte. Además, Neji puede ayudarte con tu puño suave.

Hinata suspiró con pesar.

―Si ese fuera el caso, ya se lo habría pedido ―confesó―, pero Sasuke-kun y yo hemos entrenado muy duro estos últimos meses para no tener que depender de mi familia para esto.

―Ya veo ―dijo Kakashi entendiendo levemente los sentimientos de Hinata. Quería validarse por sí misma sin depender de nadie más―. Hinata-san, ¿Te he hablado alguna vez de cómo funciona el sharingan? ―Hinata negó con el rostro mientras Kakashi la ayudaba a ponerse de pie―. Creo que sabes lo básico, después de todo es un dojutsu como el tuyo. Debes recordar que el sharingan anticipa los movimientos de un adversario, pero si además aquel adversario tiene una velocidad inferior, hace muy fácil poder contra atacar y defenderse al mismo tiempo ―el rostro de Hinata demostró lo decepcionada que se sentía de escuchar que su velocidad era muy inferior a la de Sasuke―. El sharingan predice el movimiento que tomará tu cuerpo y lo enseña en una imagen yuxtapuesta a la realidad. Si Sasuke sabe dónde lo vas a atacar con tus palmas, puede golpearte antes que lo hagas. La única forma de superar ese handicap es siendo más rápida que Sasuke.

―Cuando Naruto-kun vuelva después de estar con uno de los shinobi más fuertes de Konoha, me verá y pensará que sólo he estado perdiendo el tiempo ―sus ojos se llenaron de lágrimas―. Necesito volverme tan fuerte como Sasuke.

Kakashi no estaba seguro que eso estaba dentro de las posibilidades naturales de Hinata. Él no era como Gai que seguramente habría comenzado con un discurso sobre la juventud y el poder del esfuerzo. Toda esa estupidez acerca de que un fracaso puede vencer a un genio si se lo propone entrenando duramente… no iba con él. Kakashi era mucho más lógico cuando se trataba de asuntos como ese. Prefería decir las cosas de frente. Después de todo, él era como Sasuke, alguien que no necesitaba esforzarse más de la cuenta para llegar a un nivel superior. Pero sabía que debía hacer el intento y ser un buen maestro con ella aunque fuese sólo esa vez.

―¿Recuerdas lo que hablamos ese día afuera de la academia cuando me preguntaste que le ocurría a Sasuke?

Hinata bajó aun más el rostro sintiéndose avergonzada.

―Sí.

―Sasuke se sentía frustrado porque había estado entrenando muy duro para aprender el chidori y se sentía inferior a Naruto. Y fue entonces que tú me dijiste… "¿Por qué no aprende de Naruto-kun en vez de alejarse del grupo?". Creo que debería decirte lo mismo a ti ahora. No te frustres, pídele ayuda si la necesitas, pero no lo alejes ―¿Por qué sus genin eran tan competitivos entre ellos?―. Si te soy sincero, Sasuke me recuerda mucho a mí mismo a su edad, por ello sé que necesita de una persona como tú tanto como tú necesitas de alguien como él. Debes dejar de compararte a ti misma con el resto. Tú eres tú, Sasuke es Sasuke ―Hinata lo miró sorprendida―. Tú tienes tus propios atributos que superan los de Sasuke: tus ojos. Nunca lo olvides, tu trabajo de equipo es ver donde los ojos de Sasuke no ven. Entrena ese byakugan y llévalo a la perfección. Tú tienes tus propios motivos para luchar y volverte fuerte. Tú tienes tu propio nindo que seguir ―puso una mano sobre su hombro y limpió su labio con el puño de su ropa―. Mientras recuerdes tu nindo y aquellas personas que deseas proteger, te volverás una kunoichi extraordinaria.

Hinata absorbió esas palabras con cuidado y lo volvió a recordar. Apretó el collar en su pecho y asintió. Naruto y Sasuke estaban siempre ahí, en su corazón. Quería volverse más fuerte para demostrarles que la confianza que habían depositado todo ese tiempo en ella no había sido en vano.

―Aumentaré mi velocidad, Kakashi sensei ―dijo con convicción―. Y perfeccionaré mi byakugan.

―Bien ―asintió suspirando más tranquilo. Era complicado eso de tener que trabajar con adolescentes―. Salgamos de esta ventisca o terminaremos congelándonos hasta morir.

―Ya era hora ―Hinata y Kakashi subieron sus miradas y lo vieron sentado en una de las ramas de los árboles alrededor de ellos―. Tengo hambre ―Hinata sonrió en su dirección, dándose cuenta que a pesar de que podían frustrarse uno con el otro de vez en cuando, su relación permanecía inalterable. Aquello también había sido parte del entrenamiento; ser la compañera de Sasuke Uchiha no era fácil―. Tú cocinas Hyūga. Después de todo, perdiste hoy.

Saltó de la rama y cayó unos pasos más allá de Kakashi y Hinata.

―Eso no es muy amable de tu parte Sasuke ―dijo el jonin suspirando. Ahí estaba él intentando hacer que Hinata se sintiera mejor y el Uchiha le decía algo así.

―No pretendía serlo ―respondió metiendo las manos dentro de sus pantalones.

―Gracias, Sasuke-kun ―dijo Hinata mirándolo con determinación―. Por no contenerte hoy. Me has hecho darme cuenta que aún falta mucho para que.. que pueda…

Sasuke no estaba de humor para escucharla decir "para que pueda demostrarle a Naruto-kun que me he vuelto más fuerte", por lo cual la detuvo en seco tomando su abrigo y tirándola con fuerza hacia él. El movimiento dejó sus rostros a poca distancia. Hinata se puso pálida sin entender aquella reacción, ni tampoco el nerviosismo que sentía por su cercanía.

―La próxima vez que me grites cuando entrenamos te haré comer nieve… amarilla ―la amenazó irritado y cuando se dio cuenta de la corta distancia entre ambos, miró hacia un costado, frunció los labios y la empujó hacia atrás―. Andando.

Sin embargo no alcanzaron a dar dos pasos antes de que un águila en el cielo les indicara que deseaban verlos. Kakashi miró a sus genin de reojo y comprendieron que para que Tsunade los estuviese llamando a esa hora, algo grave debía estar sucediendo.

Fue así como de estar entrenando todos los días, pasaron a estar involucrados en una de las misiones más importantes de su carrera como shinobi. Hinata hubiese deseado nunca haber participado en ella.

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Había pasado bastante tiempo desde que salían en una misión rango B. De hecho, estaba casi segura que de no haber sido porque la mayoría de los grupos estaban desplegados por distintas partes del País del Fuego, ellos nunca habrían sido llamados a aquella mision. No correspondía a un grupo compuesto por genins participar en algo de esa dificultad. Supuso que contar con el gran Kakashi Hatake los había puesto en primer lugar entre los equipos que aún había en la aldea que podían tomar esa misión.

Entre más avanzaban hacia el norte, menos frío hacía. Eventualmente la nieve desapareció de los paisajes y poco a poco comenzaron a ver el color verde nuevamente. Los bosques eran hermosos, los prados parecían alfombrados en hierba y las ramas se alzaban majestuosamente sobre ellos formando todo tipo de sombras. Era encantador poder realizar aquella ruta. Le hubiese gustado poder detenerse y absorber el lugar.

Nunca dejaba de sorprenderle lo grande que era el País del Fuego y lo extensa de su frontera. El equipo ocho y el equipo diez siempre hablaban de sus misiones de border patrol y la forma en que los mandaban a muchas partes distintas para esos turnos en los que debían proteger los límites de intrusos. A veces sentía un poco de envidia del resto, ya que Sasuke y ella parecieran estar todo el tiempo limitados a la aldea como si una sombra los estuviese esperando si salían de ella. Por ese motivo, pasar el límite entre el país del Fuego y el país del Viento se le hizo refrescante. Era la primera vez que como equipo iban a ese lugar.

Llevaban tres días movilizándose y acampando a la intemperie. Aquello no había sido agradable, pues había perdido la costumbre de dormir con hombres y ya no tenía el mismo cuerpo con que contaba un año atrás. No podía desvestirse así como así y tampoco sabía cómo ir al baño cuando debía ir sin que Sasuke o Kakashi le preguntaran donde iba e insistieran en acompañarla. Su melena corta que le llegaba a los hombros era una señal de que el tiempo estaba pasando, y aun así, ella se sentía como una niña. Era su cuerpo el que ya no tenía dicha forma.

De pronto, la voz del jonin la sacó de sus pensamientos.

―Nos está esperando en coordinadas uno punto cinco seis dos norte, tres siete ocho punto cuatro oeste ―dijo mientras Sasuke consultaba con su brújula.

―Entendido ―respondió. Sasuke era el encargado de todo el tema que tenía que ver con mapas y la localización del equipo. Tenía memoria fotográfica―. Estamos a 25 kilómetros del punto de encuentro.

―Descansaremos aquí en ese caso ―dijo Kakashi deteniéndose. Era medio día y quien sabía cuándo tendrían otra oportunidad para prepararse―. Llenen sus cantimploras de agua y sáquense la ropa de invierno. Debería haber una vertiente a unos 300 metros hacia el sureste. Es posible que estemos unos buenos días en el desierto mientras localizamos la aldea.

Hinata y Sasuke asintieron comenzando a caminar hacia el lugar en donde les había indicado Kakashi podrían encontrar agua. Lo hicieron en silencio mientras Sasuke se ajustaba la bandana y Hinata comenzaba a bajar el cierre de su gruesa chaqueta.

―¿Estás nerviosa? ―le preguntó Sasuke de la nada.

―Sólo un poco ―confesó con sinceridad.

―No lo estés. Estamos preparados para esto ―dijo con confianza.

Casi pensó en empujarla cuando notó que la chaqueta se desprendía y recordó nuevamente que Hinata era una chica. Suspiró irritado. La última vez que la había visto tan ligera de ropa casi le había dado un ataque de pánico, ahora sólo se sentía avergonzado por tener que recordarlo.

El lugar en donde encontraron la vertiente era realmente hermoso. Al otro lado del pequeño hilo de agua había un campo florido que se extendía en una llanura y luego se alzaba gradualmente hasta una pendiente cubierta de hierba. Sin embargo el lado en donde ellos se encontraban estaba lleno de árboles robustos, espesos, profundos, en donde la luz no llegaba con tanta facilidad. Hinata se quedó mirando el lugar embelesada mientras Sasuke llenaba las cantimploras.

―¿Te sucede algo Hyūga? ―le preguntó Sasuke cuando el silencio se hizo incómodo.

―Estaba pensando, ¿Por qué nunca nos mandan en misiones lejos de Konoha? ―preguntó con una aire pacífico inhalando profundamente el olor fresco de las hierbas―. Digo, sé que somos genin, pero cuando Naruto-kun estaba aquí aun podíamos salir de la Aldea y realizamos varias misiones rango D fuera de ésta.

―Realizamos esa asquerosa misión en la Villa de las Luciérnagas ―sólo recordar a Sakura y sus acuosos labios le provocó un escalofrío―. Sí hemos salido.

―Pero estamos en enero. Desde abril del año pasado hasta ahora, o sea, en diez meses aproximadamente, sólo hemos salido de Konoha una vez ―prosiguió Hinata un tanto preocupada―. ¿Crees que haya un motivo para ello que desconocemos?

―No lo sé, ni me importa ―le respondió Sasuke pasándole la cantimplora―. Sólo quiero la oportunidad de medir cuanto he avanzado estos meses.

Hinata asintió abnegada, era difícil alcanzar a Sasuke cuando se le metía algo en la cabeza y seguramente lo único en lo cual estaba pensando en ese minuto era el peligro al cual se enfrentarían y la forma en que lo vencería sin si quiera sudar. El sharingan le daba esa ventaja. No obstante, ella no podía dejar de pensar que quizás era ese mismo tipo de peligro del cual los habían intentado alejar manteniéndolos en la aldea. Algo en su mente le decía que estaba la posibilidad, de que no estuviesen preparados para lo que se avecinaba.

Después de recibir instrucciones por parte de Kakashi entendieron que el cuarto componente del equipo sería de vital importancia para poder recorrer el desierto. Al parecer era un shinobi de Sunagakure experto en misiones de ese tipo y los ayudaría a mantenerse vivos en la hostilidad del lugar que los esperaba hasta que dieran con la aldea objeto de su misión.

―¿Sabes algo de él Kakashi? ― Le preguntó Sasuke con curiosidad mientras avanzaban hacia la dirección en donde debían encontrarlo, saltando de rama en rama.

Kakashi no respondió, lo cual hizo que Sasuke dejara de preguntar.

Sin embargo, cuando llegaron a la coordinada establecida y vieron quién se les uniría, tanto Hinata como Sasuke pararon en seco.

―¿Esto es una broma? ―Sasuke fue el primero en preguntarlo pero Hinata no difería en su opinión. Se paró atrás del Uchiha como si buscara su protección―. De ninguna forma. No. Me niego a ir si este sujeto va con nosotros.

―Sasuke ―lo interrumpió Kakashi―. Tsunade-sama nos mandó para cumplir una misión. Como shinobi es tu labor realizarla lo más silenciosamente posible. El País del Viento es un aliado del País del Fuego ahora.

―Está bien. No necesita decirle nada. No esperaba que fuese de otro modo ―dijo el pelirrojo frente a ellos sin modificar un atisbo su actitud. Parecía tan lejano y frío como siempre―. Después de todo, intenté matarlo.

―Sabaku no Gaara ―gruñó Sasuke―. Tú y yo tenemos un combate pendiente.

El chico se cruzó de brazos.

―Lo tendré presente. Podemos finalizarlo cuando terminemos nuestra misión.

Aquello pareció complacer levemente a Sasuke.

―Lo haremos. Pero si te crees que iré en una misión contigo para que me mates mientras duermo estás muy equivocado.

―Tus ojos han cambiado levemente ―le dijo Gaara con indiferencia―. Pero siguen teniendo ese aspecto lúgubre que atrae a la soledad. Es una pena que no hayas podido ver el camino correcto aún.

Sasuke no le respondió, sólo lo miró como si en cualquier momento lo fuese a asesinar.

―Si no deseas participar en esta misión rango B puedes volver a Konoha ―le dijo Kakashi. No iba a seguir con esa discusión―. Pero tú te encargarás de explicarle a Tsunade-sama los motivos de ello y asumirás tu castigo por negarte a realizar tu labor como shinobi.

Sasuke bufó sonoramente y volteó el rostro. Cuando fue evidente que no se movería todos entendieron que ese era el equipo formado para esa misión y que reclamar no haría que aquello cambiara ahora. Debían finalizar su labor de la mejor manera posible y sin quejas.

―¿Qué han averiguado de la aldea cuyos habitantes han desaparecido? ―preguntó Kakashi intentando quebrar la tensión entre los genin.

―Es una aldea de comerciantes de telas ―dijo Gaara, su voz sonaba tan rasposa como siempre―. Se caracteriza por poseer habitantes bastante tranquilos. Cuando comerciantes de Suna llegaron a intercambiar productos al lugar se encontraron con que estaba completamente desierta, con signos de un combate y resistencia, como si de un momento a otro hubiesen sido trasladados a la fuerza. Pedimos respaldo a Konoha, pues no sabemos cuál es la situación que nos espera. Los ancianos no confiaban en que yo fuese solo. Es posible que sea más grave de lo que pensamos y estén intentando deshacerse de mí. Siento mucho arrastrarlos en esta situación, pero me pareció que trabajar con este equipo sería adecuado porque conocen mi estilo de combate bastante bien.

―Ya veo ―a Kakashi le gustaba su honestidad. Evitaba una enorme cantidad de preguntas. Gaara era directo―. ¿A qué distancia estamos de ese lugar?

―Un día caminando. Si nos detenemos a dormir, deberíamos llegar allá pasado medio día ―les indicó―. Seré su guía dentro del desierto.

―No necesitamos un guía, memoricé todos los mapas disponibles en Konoha ―dijo Sasuke con rapidez.

―El desierto es traicionero y cruel con los extranjeros ―le indicó Gaara comenzando a caminar. Kakashi lo siguió―. Los lugares cambian con frecuencias al igual que los puntos de referencia debido a las tormentas de arena. No me extrañaría que te perdieras con facilidad.

Antes de que Sasuke comenzara a discutir Kakashi lo detuvo.

―Es cierto. Incluso para mí es un poco difícil ubicarme y mi nariz es mejor que la de Kiba y me sentido de dirección es mejor que una brújula. Nadie quiere perderse en el desierto y quedarse sin agua.

―Protejan sus ojos y recen por que no haya una tormenta ―les indicó Gaara cuando saltaron de la planicie hacia las llanuras de arena delante de ellos.

Recorrieron las dunas del desierto en silencio. Sasuke no estaba acostumbrado a ese clima y por un momento agradeció la bandana que utilizaba en la cabeza, de lo contrario se le hubiese metido arena hasta en las orejas. Lo que más le preocupaban eran sus ojos… si se le metía aunque fuera una pequeña partícula de polvo, podía verse enfrentado a un problema. No estaban en una situación en que su sharingan pudiese fallarle.

De vez en cuando daba un vistazo de reojo a Gaara y esperaba que los atacara con ese monstruo que una vez había visto en él. No confiaba para nada en ese sujeto, ¿Cómo hacerlo después de haber presenciado de primera mano en qué se había convertido durante el torneo chunin? Si dejaba que esa cosa se apoderara de él nuevamente no estaba seguro de si él o Hinata hubiesen podido estar a salvo. Esa inseguridad lo irritaba. Gaara no era normal y él lo sabía.

Otras veces miraba a Hinata; se veía diminuta en el desierto sólo cubierta con su camiseta de malla… mostrando más de lo que él quería ver. Frunció el ceño e intentó ir delante de ella. No era que tuviese particular interés en los senos de Hinata Hyūga, pero ahí estaban recordándole que Hinata era una mujer y esa información lo encrespaba. Se había tenido que hacer a la idea lentamente durante ese año y aquello no era para nada agradable y cierta parte de él aún se negaba a aceptar que tenía que tratarla de forma especial sólo porque ese par de bultos estuviesen en su pecho.

La tarde transcurrió sin mayores contratiempos y se dio cuenta de que efectivamente el desierto era muy traicionero. Apenas mantenía el sentido de la dirección por la forma en que se movía el sol, pero sin ningún punto de referencia. Pronto, no pudo saber con exactitud dónde se encontraban. Odió admitir que Kakashi tenía razón y que efectivamente necesitaban de ese sujeto con ellos para poder cumplir con su misión con éxito.

―Anochecerá en una hora ―anunció Gaara de un momento a otro―. Aunque haga calor, la posición del sol es la de invierno. Tendremos menos luz de la adecuada.

Kakashi asintió y se detuvo haciendo un gesto para que Hinata y Sasuke también lo hicieran. El Uchiha miró hacia arriba y se fijó que la curvatura del sol era parecida a la de Konoha. El País del Viento también estaba experimentando el invierno y si aquello se suponía era su época fría, no quería ni pensar cómo sería su época de verano.

Con razón ese sujeto no ha sudado una gota mientras que Hinata y yo parecemos deshidratado ―pensó Sasuke.

―Hay una zona pedregosa bajando por unas dunas a unos cinco kilómetros de aquí hacia el suroeste ―anunció Gaara―. Deberíamos pasar la noche ahí si estás de acuerdo en ello, Kakashi.

―¿Es un lugar recomendable? ―preguntó el jonin.

―Sí. Ofrece un buen refugio para el frío de la noche. Los nómades dejan leña allí para poder prender fuego ―afirmó el ninja de Suna.

―Bien. Descansaremos ahí entonces.

El lugar que Gaara indicó era precisamente una especie de refugio a los pies de una alta duna. Había un par de rocas junto las cuales seguramente los viajeros pasaban las peores horas del día a la sombra. No sólo eso, el suelo no era tan arenoso, más bien se volvía duro y no tan impredecible. Sasuke dejó caer su mochila con pesar y se reclinó contra un roca y Hinata lo imitó, ambos tomando agua. A pesar de ser shinobis, las condiciones de ese lugar eran muy distantes a lo que habían pensado y sus cuerpos no estaban reaccionando como lo hubiesen anticipado. Gaara los miró desde el otro extremo, sentado sobre una roca. La mirada ónix del Uchiha y la aguamarina del pelirrojo se cruzaron.

―¿Qué? ―le preguntó Sasuke con hostilidad. No le agradaba que los mirara tan fijamente.

Gaara no le respondió, sólo miró hacia adelante, indiferente a la presencia de los demás.

La noche cayó lentamente y tal como dijo Gaara en algún momento, todo se volvió completamente frío de golpe. Tuvo que abrir su mochila y volver a abrigarse con su chaqueta de gamuza e incluso así, sentía que los dedos de las manos y de los pies se le congelaban. Era tan helado como estar paleando nieve en Konoha, lo cual le llamó la atención. Kakashi y Sasuke prendieron fuego con la esperanza de poder pasar la noche sin menoscabar su salud sufriendo de una hipotermia o algo peor.

Cuando sus estómagos comenzaron a sonar, ambos miraron a Hinata anunciándole que era su turno de trabajar en equipo. No era como si ellos no pudiesen preparar comida para viajar, pero por algún motivo últimamente siempre era ella la que terminaba empacando comida para varios días de viaje. Suspiró con pesar y sacó el rollo de pergamino en donde había guardado la comida.

Sasuke, Kakashi y ella habían trabajado ese invierno sobre jutsus de espacio y tiempo, también conocido como Jikūkan Ninjutsu.

Tenten, la compañera de Neji, era experta en ello y podía invocar todo tipo de armas que mantenía guardadas en pergaminos a través de un fuinjutsu. Hinata y Sasuke pensaron que el mismo principio se podía aplicar en comida, agua y armas pesadas para no tener que cargarlas y se dedicaron quince días a poder perfeccionar aquello.

El proceso era complicado, pues había que aprender a sellar cosas en pergaminos y luego traerlas de vuelta por medio de sellos que activasen el Jikūkan Ninjutsu. Incluso Sasuke se vio levemente superado por ello, pero Hinata no se dio por vencida y con la ayuda de Tenten, lo había conseguido. Kakashi le había dicho que eso sería muy útil si sabía ocuparlo con cuidado y Sasuke le indicó que había todo tipo de sellos grandiosos que podían estudiar juntos durante la primavera. Él quería sellar armas en su propio cuerpo, en especial shurikens y kunais, pero no estaba seguro aún de cómo funcionaría eso. Por ahora, ambos estaban felices habiendo logrado sellar comida en un pergamino.

Hizo los sellos de mano con cuidado, y comenzó a golpear sobre el pergamino. Cuatro bambus con comida aparecieron uno a uno.

―Aun no deja de asombrarme la utilidad que le dieron a esa técnica ―admitió Kakashi.

―Fue idea de Hinata ―dijo Sasuke desinteresado―. Yo quería almacenar más armas pero ella insistió.

Kakashi suspiró, al menos había logrado enseñarles algo fundamental.

Hinata movió un poco las brasas con un palo para poner los bambus en el fuego y así lograr que se calentaran. Levantó la cabeza buscando a Gaara para preguntarle si le gustaba su comida muy caliente o sólo tibia.

Fue entonces que notó que él había desaparecido del lugar en donde se encontraba sentado.

¿Por qué se habría alejado? Estaba segura que nadie le había dicho nada malo últimamente como para que quisiera irse de ahí. Tal vez había ido al baño y ya.

Sin embargo cuando pasó el tiempo, y la comida estuvo caliente y él aun no volvía, Hinata comprendió que tal vez Gaara se había alejado del grupo para no incomodarlos con su presencia, después de todo Sasuke había actuado hostilmente hacia él toda la tarde.

Tomó uno de los bambu con cuidado y lo partió dejando que el vapor se filtrara en la noche, se puso de pie en silencio y caminó activando su byakugan. Encontró a Gaara unos treinta metros en subida por la duna, sentado sobre una roca.

Respiró profundamente y se dio valor a sí misma para ir por él o al menos entregarle la comida. No quería que se sintiera fuera del grupo por su culpa. Sentía nervios cuando estaba cerca del pelirrojo, pero iban a ser compañeros de equipo hasta que esa misión finalizara y lo mínimo que podía hacer era intentar que él se sintiera cómodo alrededor de ellos.

Cuando estuvo sólo a un par de metros, escuchó su voz rasposa quebrar el silencio de la noche.

―Ten cuidado por donde pisas ―la voz de Gaara la sorprendió. No pensó que estuviese realizando suficiente ruido como para que él la escuchara venir estando al menos a diez metros de distancia―. Los escorpiones se esconden en los lugares menos esperados.

Hinata tragó saliva pesadamente e intentó buscar criaturas nocturnas con su visión. Para su sorpresa, Gaara tenía razón, había todo tipo de insectos, serpientes y mamíferos alrededor de ellos.

Se quedó completamente inmóvil sin saber qué hacer a continuación. Su voz había sonado tan intimidante para ella que acercarse a él no parecía una opción ahora.

―¿Me temes verdad? ―la pregunta del pelirrojo la tomó desprevenida y se quedó callada pensando qué decirle―. No te culpo.

―Y-yo…

―No es necesario que lo niegues ―dijo en un tono muy neutro. No parecía para nada molesto por ello―. No me miras, ni tampoco me has hablado todo este tiempo. Al menos Sasuke Uchiha no teme insultarme ―escuchó un suspiro bastante melancólico―. Yo actuaría de la misma forma si fuese tú. Después de todo, ataqué tu Villa, tus compañeros y te puse en riesgo.

―S-sólo le traía a-algo para co-comer, Gaara-san ―dijo Hinata con timidez, armándose de valor para avanzar los metros restantes y poder entregársela.

Cada paso que dio en dirección al shinobi de Sunagakure, su corazón latía con más rapidez. Cuando estuvo junto a él, lo escuchó dirigirse a ella nuevamente.

―¿Este es el equipo de Uzumaki Naruto, verdad?

―Sí―dijo estirando la comida.

Gaara la miró con curiosidad y en silencio tomando el bento, incrédulo de lo que acababa de hacer la joven. Era como si no pudiese creer que alguien se hubiera molestado en hacer algo así por él. Hinata notó esa mirada llena de soledad y tristeza. Por un momento, vio en él los mismos ojos que Naruto había llevado en su rostro la mayoría de su estancia en la Academia.

―¿Dónde está él? ―la pregunta la hizo sentirse nerviosa y tomó el collar en su pecho instintivamente. Naruto lo había vencido en el estadio en donde se llevaba a cabo el examen chunin el día en que Suna atacó Konoha―. No me malinterpretes ―dijo rápidamente, como si hubiese podido adivinar su incredulidad―. No tengo deseo de lastimarlo o algo por el estilo. Sé que es difícil que me creas, pero no estoy mintiendo ―Gaara bajó el rostro―. Él me salvó. Tenía deseos de verlo nuevamente.

Hinata titubeó un momento, pero la curiosidad la hizo quedarse. Sin pedirle permiso se sentó junto a él y lo observó comer con lentitud. No sabía que había en ese joven que le inspiraba querer quedarse ahí y decirle sin palabras que no había motivo para que estuviese solo.

―¿Naruto-kun… te-te salvó? ―le preguntó con timidez.

―Sí ―respondió después de unos segundos en que masticaba su comida―. Pedí este grupo porque deseaba verlo nuevamente. Espero poder encontrármelo alguna vez.

―También yo ―dijo Hinata con algo de melancolía. Pronto se iba a cumplir un año sin noticias de él.

―Lo estimas, ¿verdad? ―la pregunta la tomó por sorpresa―. Puedo verlo en tus ojos ―la miró fijamente y sintió que su corazón se saltaba un latido. El joven tenía una mirada muy intensa―. Es una persona extraña, ese Naruto. Logra que los que están a su alrededor creen un lazo especial con él. Un lazo de amistad ―Hinata hubiese jurado que lo que estaba impreso en el rostro de Gaara era una sonrisa, pero desapareció tan rápido que no estuvo segura―. ¿Son amigos?

―Sí ―respondió encogiéndose entre sus hombros.

―Él me enseñó que a través de la amistad, se puede crear un lazo capaz de vencer cualquier cosa, incluso la soledad. Había tomado el camino de la venganza y el odio. Quería destruir todo lo que me rodeaba, todo lo que alguna vez me había causado dolor. Ni si quiera sabía quién era ―no la miraba, ni si quiera estaba segura que le estaba hablando a ella, pero algo en su tono de voz la calmó y dejó de dudar sobre él―. Pero él me mostró el camino correcto ―suspiró a la noche―. Por ello también lo estimo.

Hinata asintió. Ahora comprendía un poco mejor el motivo por el cual ese joven no se le hacía amenazante. Al igual que a ella, Naruto lo había salvado. Su fe, su sonrisa, su voluntad para vencer aquello que es adverso incluso cuando todos y todo parecen estar en contra de uno mismo, eran cualidades que ambos habían apreciado en él. Habían adquirido la fuerza para seguir adelante de Naruto.

―Si tú eres su amiga, te protegeré con mi vida, Hinata Hyūga.

La joven permaneció en silencio y ambos miraron el cielo estrellado. Una tenue luna creciente alumbraba los alrededores. Gaara tal vez era una persona extraña y había algo en él que no podía descifrar por completo, pero al menos estaba intentando salir adelante, fuera cual fuera esa carga que tenía sobre sus hombros.

―También me m-mostró el camino correcto a seguir ―dijo intentando ser empática―. Nunca darme por vencida y-y seguir esforzándome para lograr mis sueños, fueron lecciones que aprendí gracias a él.

Gaara la miró con curiosidad.

―Creo que tenemos más en común de lo que pensé en un comienzo.

―Sí… ―estaba a punto de preguntarle si deseaba unirse a ellos para cenar cuando una voz irrumpió el lugar.

―Hyūga ―volteó el rostro y miró hacia atrás, dándose cuenta que Sasuke se paraba a unos metros de distancia, visiblemente molesto y con los brazos cruzados―. Kakashi tomará el primer turno de vigilancia. Nos toca dormir. Ven.

Hinata se extrañó de su tono de voz tosco y brusco. Sólo usaba ese tipo de palabras cuando ambos entrenaban y hacía bastante no las escuchaba fuera de ese ambiente, por lo mismo le resultó raro que se estuviera dirigiendo a ella como si estuviese enojado.

―Ve. Yo no duermo ―dijo Gaara sin voltear.

Hinata suspiró y supo que era mejor irse antes de que Sasuke terminara gritándole. Sin embargo, las palabras de Gaara la detuvieron antes de que pudiera pararse del todo.

―Hinata-san… gracias por, conversar conmigo.

Lo miró sonriendo con ternura e hizo una leve reverencia antes de volver con Sasuke.

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Lo primero que notaron al llegar a la aldea fue la forma abrupta en que la vida se había detenido en ese lugar. Bueno, no era como si la vida "rebozara" en medio del desierto; seguía viéndose la misma aridez y hostilidad que en el resto del País del Viento. No obstante, entrar a la pequeña localidad los hizo darse cuenta de la magnitud del incidente que había ocurrido allí. Era como si de un momento a otro las personas hubiesen estado realizando su vida de forma normal y al siguiente todo aquello se terminase de golpe. Se veía sangre en las paredes, casas destruidas, agujeros en el suelo… y huesos… huesos que salían desde la superficie de una manera extraña.

Hinata se detuvo cuando vio una muñeca de trapo empalada en uno de aquellos huesos que salían de la tierra y la tomó entre sus brazos, preguntándose a quien podría haber pertenecido para que le dejara ahí.

Sasuke la miró de reojo comprendiendo lo que estaba pensando. También estaba en su mente. No lograba concebir qué tipo de combate se hubiese efectuado ahí para que sólo dejaran los huesos de aquellos a quienes habían matado. La idea le produjo asco y rabia; atacar una Villa de personas sin ningún entrenamiento militar era bajo, pero exhumar de esa forma sus restos era inhumano. El Uchiha no entendió como algo así pudo haber ocurrido a menos que Gaara les estuviese ocultando algún tipo de información.

Kakashi se agachó y comenzó a inspeccionar los huesos con cuidado sin compartir sus observaciones con nadie. Su semblante permanecía serio. Ninguno de ellos estaba hablando si quiera.

―¿Qué tipo de gente habitaba este lugar como para que todos hayan desaparecido luego de ser atacados? ―Kakashi fue el primero en preguntarlo, pero Sasuke se cuestionaba lo mismo―. Estos huesos no son restos de personas muertas, más bien, parecen ser los restos de algún tipo de jutsu que nunca antes había visto.

―Eran comerciantes de telas, textiles y otros productos ―respondió Gaara―. Pagaban sus impuestos al señor feudal como cualquiera en el País del Viento y se encargaban de producir tapices y alfombras. Era una aldea común y corriente.

―Kakashi sensei ―interrumpió Hinata―. Hay… hay un clan que es capaz de usar huesos en un jutsu ―Sasuke, Gaara y Kakashi la miraron extrañados, haciendo que se sonrojara―. Está en los registros del clan Hyūga. Se hacían llamar el clan Kaguya. Leí que eran muy poco civilizados, amaban la guerra y se caracterizaban por ataques sorpresa en contra de aldeas. Poseían un kekkai genkai entre ellos, uno que al menos causó muchos problemas dentro del clan Hyūga, el Shikotsumyaku. Era una habilidad que sólo se desarrollaba dentro de pocos en el clan, pero… era tan poderosa que incluso ellos le temían.

―Tienes razón. Ahora que lo mencionas no es la primera vez que escucho sobre el clan Kaguya ―Kakashi se puso de pie observando aquel hueso entre sus manos―. Pero ellos desaparecieron hace unos años cuando intentaron atacar Kirigakure. Para ser sincero, nunca escuché sobre el Shikotsumyaku.

Hinata se sonrojó aún más. Tener conocimiento que ni si quiera Kakashi sensei tenía la hizo sentir levemente especial, hasta que vio el rostro de Sasuke que claramente decía "¿Vas a explicarla o qué?".

―Es una técnica para manipular el crecimiento de los huesos a través de chakra. Era muy difícil bloquear sus tenketsus pues podían detener el flujo de chakra del puño suave con huesos.

―Ya veo ―dijo Kakashi suspirando.

―Sunagakure no tiene registro de que el clan Kaguya haya atacado alguna aldea aquí antes ―dijo Gaara quien había permanecido bastante silencioso hasta ese momento.

Fue entonces que escucharon el sonido de un laúd entre las desérticas calles. Se miraron entre sí entendiendo que esa ciudad no estaba tan abandonada como ellos pensaron. Sasuke sonrió, tal vez tendría la oportunidad de enfrentarse a alguien en combate finalmente después de meses sin ningún tipo de acción después de esa desastrosa misión a la Villa de la Luciérnagas.

―Hinata ―indicó Kakashi.

Ella asintió.

―Byakugan.

Inspeccionó la aldea con cuidado notando que efectivamente no había nadie ahí aparte de esa solitaria figura a treinta y cinco metros de ellos. Era un joven de entre trece a quince años sentado contra la pared de una casa derrumbada, a la sombra, protegiéndose del sol de mediodía.

―Es sólo un muchacho. N-no luce como un ninja ―dijo Hinata afinando su visión sobre él―. Está atrás de esa casa derrumbada, apoyado contra una de las paredes con un laúd entre sus manos. No porta armas. No veo a nadie más en un perímetro de al menos 500 metros a la redonda.

Kakashi asintió.

―Buen trabajo Hinata ―últimamente se encargaba de reforzar cualquier cosa en ella para que tomara más confianza en sus habilidades―. Sasuke, vendrás conmigo. Gaara y Hinata, cuidaran la retaguardia en caso de que sea una trampa. No desactives el byakugan Hinata.

―Entendido ―dijo ella.

Siguieron el sonido con cuidado, atraídos por la soledad que inspiraba escucharlo. Fuese quien fuese que estaba tocando tenía talento. Era extraño encontrarse con escenas tan desgarradoras como aquella, y a decir verdad, Kakashi sólo recordaba haber visto tanta miseria en el País de la Lluvia.

Gaara y Hinata caminaron escondiendo su posición entre los escombros. Kakashi y Sasuke se acercaron al desconocido sin ocultar su presencia.

El chico dejó de tocar el instrumento y los miró un tanto nervioso. Su tez era morena y su cabello rojizo. Tenía grandes ojos negros que observaron a ambos con cuidado, esperando cualquier movimiento en falso mientras retrocedía lentamente como un animal que se ve acorralado. Sus movimientos lo hacían parecer una especie de gato arisco. No debió ser mayor que Gaara, Hinata o Sasuke, pero era delgado y sus ropas mucho más elaboradas que las del mismo Gaara.

―No hay necesidad de que huyas. No tenemos intenciones de lastimarte ―le dijo Kakashi deteniéndose a unos cinco metros de él.

El chico los miró un tanto receloso pero terminó por suspirar y creerles.

―Que susto. Pensé que me matarían ―dejó caer sus hombros nuevamente y suspiró aliviado―. Pero veo que son shinobis de Konoha. Pueden decirle a esos dos que se escondieron que salgan.

Kakashi lo miró con un nuevo interés. Si él se daba cuenta de ello de seguro tenía algún tipo de entrenamiento shinobi. Subió la mano en un gesto para que Hinata y Gaara salieran de su escondite, no tenía caso mantenerlos ocultos.

Sasuke por su parte cruzó sus brazos y levantó una ceja al ver la nueva actitud que aparecía en ese sujeto. Ya no lucía como un animal en peligro. Era como si con una sola mirada hubiese decidido que los cuatro no eran un peligro y ya no se viera preocupado con el asunto. Aquella actitud extraña lo desconcertó un poco. Algo en él le recordaba a Naruto, lo cual le revolvió levemente el estómago.

―¿Quién eres tú? ―le preguntó el Uchiha.

―¿Por qué habría de decírselo a un perfecto extraño? ―le respondió el pelirrojo sonriendo con lentitud.

―Vinimos a investigar lo sucedido en esta aldea ―dijo Gaara mientras se acercaba a él―. Hubo un reporte acerca del…

―Sí, sí. Ahórrame los detalles ―subió las manos y las puso atrás de su nuca―. Quieren saber por qué no hay nadie en este lugar, ¿verdad?

―Sí ―contestó Gaara.

Y fue entonces que la sonrisa de aquel sujeto se amplió.

―Aquella información tiene un costo ―Sasuke levantó la ceja, ¿de verdad planeaba chantajearlos cuando habían venido desde tan lejos a ayudar a su aldea?―. Verán, no he comido nada en días.

Bufó en voz alta y miró a Hinata.

―Dale algo de comer.

―Sí ―respondió la chica sacando un pergamino y realizando los sellos correspondientes.

―¿También conoces sobre fuinjutsus? Mi madre hacía cosas parecidas a esa ―dijo el chico mirando el pergamino con curiosidad mientras Hinata le entregaba un bambu con comida dentro de él. El pelirrojo partió el contenedor y olfateó con deleite la comida que le presentaban―. Delicioso. ¡Itadakimasu! ―ni si quiera esperó por los palillos que le ofrecía Hinata, sólo comenzó a devorar todo con sus manos. Se veía famélico.

―¿Y bien? ―preguntó Kakashi perdiendo un poco la paciencia.

―¿Quién eres? ―le preguntó Gaara yendo al grano, no le gustaba perder el tiempo―. ¿Al menos eras parte de esta aldea?

―Mi nombre tiene un precio ―dijo él con la boca llena―. Un par de kunais y shurikens tal vez. Necesito ir a Suna y el camino se ha vuelto bastante peligroso. Mi madre habría odiado que me robaran el laúd.

Sasuke le lanzó dos kunais, las cuales se clavaron en el piso. El gesto hostil del Uchiha hizo que el pelirrojo lo mirara irritado.

―Mi nombre es Tsukani ―dijo sacando los kunais del suelo―. Viví aquí toda mi vida, aunque ya no llamaría esto una aldea, más bien parece un pueblo fantasma que…

―Deja de hacerte el gracioso ―lo interrumpió Sasuke.

―¡Que mal humor! ―espetó el chico mirando los kunais con cuidado, asegurándose de que no lo hubiesen estafado―. Hace una semana mi patrón me envió con una carga de alfombras a Sunagakure. Siempre utilizan a mi familia por lo de los fuinjutsus; podemos hacer lo mismo que hizo esa chica pero con muchas más cosas. Así se ahorraban tener que contratar camellos y otros animales de carga para atravesar el desierto ―Kakashi asintió, extrañado de que una familia en medio de la nada supiese tanto sobre técnicas de sellado―. Cuando volvía, vi desde lejos lo que estaba pasando. Hubiera luchando, pero era inútil ―su rostro ya no se mostraba tan entusiasta como en un comienzo―. Se los llevaron a todos. A cada uno de ellos, hasta a los niños… en especial a los niños.

―¿Por qué? ―preguntó Kakashi.

―Decían algo sobre el color de nuestro cabello. Buscaban pelirrojos ―suspiró aliviado mirando su cabellera―. ¿Quién hubiera dicho que salir de esta aldea me iba a salvar la vida?

―¿Había muchos pelirrojos en este lugar? ―preguntó Gaara con frialdad.

―Sí. Nuestros padres y abuelos construyeron esta aldea en medio de la nada después de la segunda guerra mundial ninja para evitar vernos involucrados nuevamente en disputas. Dejaron todo atrás según ellos, incluso sus nombres ―su voz sonaba algo triste―. El lema de la aldea era "Quien siembra paz, cosecha paz". Un lema bastante estúpido si me lo preguntas. En este lugar no se puede sembrar nada, a menos que pequeñitos de cabello rojo fuera lo que esa gente buscaba. Pobres, se los llevaron a todos…

―¿Quién? ―preguntó Sasuke rápidamente, estaba perdiendo la paciencia con ese sujeto―. ¿Quién se los llevó?

―El sujeto de lentes lo llamaba… Orochimaru-sama.

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NOTA

Tsukani es un OC perteneciente a DiZereon ^^ gracias por prestármelo para introducirlo en un cameo en este capítulo xD