Dedicado a Okashira Janet.
Suerte en tus exámenes linda.

Agradecimientos a Nahuni por su ayuda en este capítulo ^^


La desesperación nace de la pesadumbre, del dolor, del amargo sentimiento que ocasionan la injusticia, la persecución y la mala fortuna.

El despecho proviene de la ira, del deseo de venganza, de un odio profundo y encarnizado. El despecho es más hostil que la desesperación, y no puede ocultarse como ésta bajo una calma engañadora.

José Joaquín de Mora


CAPÍTULO 22

DESPECHO

Los hechos que se produjeron ese día marcarían uno de los momentos claves y decisivos dentro de la vida de Sasuke Uchiha. Fue el momento en que decidió que ya no era un niño jugando a ser ninja, buscando venganza, opacado siempre por la sombra de Itachi.

Era más que eso.

Fue el día en que pudo poner en una balanza lo que era realmente importante para él y la decisión que tomó respecto a aquello lo hizo replantear la forma en que había vivido hasta ese momento.

Ya no se trataba sólo de venganza. Lo que quería era justicia.

Escuchaba su voz llamándolo, suplicando que se detuviera. Había intentado alejarlo, distraerlo con excusas, mintiéndole al rostro sin si quiera titubear como toda una experta interponiéndose entre él y su sueño, su meta, su destino, su venganza. Kakashi había hecho que el grupo se separara y Hinata lo había llevado lo más lejos posible de Itachi, del lugar en que su hermano se encontraba peleando, distrayéndolo de cualquier forma, de todas las formas, para que no se preocupara por los ruidos de combate que se escuchaban por los pasillos.

Nunca se lo perdonaría.

Sus oídos zumbaban, todo su cuerpo ardía, sus manos temblaban de rabia mientras corría en dirección a donde se escuchaban las llamas consumiéndolo todo a su paso, las explosiones, las ruinas cayendo.

—¡Por favor no vayas! ¡Detente! —gritó Hinata nuevamente, aunque esta vez Sasuke la escuchó con más claridad.

—¡Lárgate! ¡No me sigas!

Cuando intentó detenerlo la había golpeado lo suficientemente fuerte para botarla al piso. La mirada llena de miedo que le dio desde esa posición fue suficiente para hacerlo enfurecer aún más. La observó con resentimiento, casi odio, sabiendo que algo entre ellos dos se había roto para siempre.

Ella se había interpuesto entre él e Itachi y aquello era imperdonable. Nunca le perdonaría a nadie que lo alejara de su sueño.

—Sasuke-kun, Kakashi-sensei nos dio otra orden. Tenemos que sacar a esos niños de…

—¡Esos niños se pueden ir al infierno por lo que me respecta! ¡No te vuelvas a acercar a mí! —le gritó doblando por el final del corredor, lugar en donde el humo se hacía más denso.

—Por favor, por favor Sasuke-kun —le suplicó Hinata siguiéndolo de cerca, corriendo con más fuerza de la que Sasuke pensó tenía—. ¡No vayas!

—¿Acaso crees que no soy lo suficientemente fuerte para enfrentarme a él? ¿Es eso? —no recibió respuesta, lo cual lo hizo sentirse aún más irritado—. ¿Esa es tu excusa para engañarme? —exclamó con rabia—. La única razón por la cual he soportado tenerte lloriqueando por Naruto cerca de mí es porque deseaba entrenar para este momento y tú intentas robármelo. Nadie va a robarme mi venganza ¿Escuchaste? ¡Nadie!

Lo que ella había hecho era una traición hacia él, hacia todos los meses entrenando en que le había dicho una y otra vez que su único objetivo para estar haciendo todo eso era matar a Itachi.

Arreglaría cuentas con Hinata una vez terminara sus asuntos con su hermano (si es que seguía vivo), no tenía nada más que decirle por ahora. Tal vez por toda su vida.

Activó el sharingan completamente decidido.

Se dio la vuelta y se encontró con los ojos de Hinata. Se miraron sólo un segundo, en el cual pudo entender su desesperación y ella pudo ver su despecho. Fue casi como si se estuviesen despidiendo, dejando atrás sus días de niñez, amistad y confianza. Aquello se había acabado. Hinata lo había traicionado.

Sasuke lanzó una gran llamarada de fuego por su boca en dirección a la joven. Eso la distraería lo suficiente como para darle ventaja.

No quería seguir escuchando su voz. Lo lastimaba, lo hacía perder la razón y en ese momento necesitaba cada una de sus neuronas enfocadas en la pelea que tenía por delante.

Hinata no era una ninja médico, al contrario, era una ninja que conocía ninjutsu médico. Sin embargo, sus conocimientos no podían si quiera compararse a los de Sakura Haruno o Ino Yamanaka. Apenas iba una vez por semana a la Academia Médica de Konoha a escuchar las clases y practicar ninjutsus (cuando Kakashi la remplazaba entrenando con Sasuke). Por lo tanto, ella no seguía esa regla de mantenerse lejos de un combate, pues el ninja médico no puede ser herido. Por el contrario, lo único que tenía en mente mientras su chakra salía a presión por los tenketsus de sus palmas (y así evitar la onda de fuego) era que debía seguir a Sasuke y detenerlo, o en el peor de los casos asistirlo en su combate.

Era cierto, lo había engañado. Se había dedicado a alejarlo por los pasillos y distraerlo de lo que estaba pasando entre su hermano mayor y Orochimaru. Él había confiado en sus ojos, como siempre lo había hecho. Le había dicho tantas veces que ella era sus ojos durante las misiones que realmente lo creía. Por lo mismo, Hinata no deseaba decirle lo que veía, pues sabía exactamente cómo iba a reaccionar. Tenía miedo de perderlo, y aunque no tenía ningún derecho a evitar que se encontrara con Itachi, sentía que sí era su labor como amiga y compañera evitar que algo como eso terminara de destruir a Sasuke. Ya había sufrido lo suficiente. Merecía tener una vida sin que la sombra de Itachi le impidiera ver la luz. Además, su misión era más importante en ese momento que una rencilla personal.

Cruzó la barrera de fuego y cuando llegó al otro lado una alta figura la estaba esperando para cortarle el paso. Se detuvo en seco y activó el byakugan poniéndose en posición de pelea con sus palmas extendidas.

Hinata recordaba ese rostro de aquel día en que Jiraiya-sama había intervenido para salvar a Sasuke y Naruto en la ciudad de los hostales, pero nunca imaginó que se lo iba a encontrar ahí.

—¿Dónde se supone que vas con tanta prisa? —le preguntó con burla, con aquella voz quejumbrosa y horrible que hizo que Hinata tuviera escalofríos—. Es de mala educación espiar conversaciones ajenas.

Un año atrás, cuando un miembro de Akatsuki se puso frente a Hinata Hyūga, la había dejado un mes hospitalizada y había vivido casi milagrosamente. Le había perforado un pulmón y quebrado varios huesos del cuerpo. Si hubiese sido la misma chica de antes, verse con un adversario tan fuera de su nivel la habría hecho temblar y dudar de inmediato de sí misma. Sin embargo, no había pasado los últimos seis meses entrenando por nada. Sasuke no sólo la había ayudado a moldear su cuerpo, también había moldeado su personalidad.

—¡Fuera de mi camino! —gritó con la palma extendida hacia él, expulsando una cantidad de chakra que hubiese hecho volar a cualquier otra persona o enemigo.

Lamentablemente, Kisame no era cualquier enemigo y samehada no era cualquier espada.

—¿El puño suave, ah? —el hombre suspiró mientras ponía la espada frente a él—. Niña, creo que has tenido la peor suerte por encontrarme a mí como tu adversario.

Hinata frunció el ceño sin entender nada de lo que estaba ocurriendo. Esa cantidad de chakra debió haberlo sacado irremediablemente de su camino, no había forma de defenderse de un golpe a presión como el que había dado. No obstante, su byakugan le mostró lo que estaba pasando con el chakra que había expulsado; era como si todo se hubiese dirigido directamente a la espalda que el hombre había puesto entre él y su palma.

No lo entendía, era como si esa arma envuelta en vendas estuviese literalmente devorando su ataque.

Kisame sonrió y Hinata entendió el motivo de aquella sonrisa.

Su forma de combate era completamente inefectiva contra él.

Tengo un mal presentimiento de esto —pensó Kakashi cuando sintió como las paredes temblaban.

No dejó de correr en dirección a las explosiones, olfateando en el aire un aroma que conocía muy bien, el olor del hombre que lo había hecho perder la conciencia durante una semana por un genjutsu, uno de los prodigios más grandes que había tenido Konoha, capitán ANBU a los trece años, responsable del exterminio casi total de uno de los clanes más poderosos de todos los tiempos…

Itachi Uchiha.

El nombre de Itachi le provocaba un profundo respeto, no por lo que había hecho, sino por la fuerza y habilidad necesaria que había requerido para cometer sus crímenes. No cualquier shinobi habría podido hacer lo que él hizo. No estaba seguro que si quiera uno de los kages habría podido destruido al clan Uchiha en una noche (y más de uno lo pensó en su momento), tal como lo había hecho Itachi. El mero recuerdo le causaba escalofríos.

Apenas entraron en las cavernas lo sintió y comprendió por qué Hinata había estado actuando de forma tan extraña antes de infiltrarse al escondite de Orochimaru. Entendió lo que estaba intentando hacer, pues no había que ser un genio para saber que tan pronto Sasuke escuchase lo que ella había visto y él olfateado, saldría en búsqueda de Itachi sin medir en ningún momento los riesgos que ello implicaba (mucho menos las consecuencias de su actuar).

Se sintió levemente decepcionado con Hinata, pues los había guiado a ese lugar sin decirles lo que realmente estaban enfrentando, pero entendió los sentimientos de la joven. Para ella, Sasuke era más importante que la misión. Podía comprender eso, después de todo, él les había enseñado que un ninja que abandona su misión es basura, pero uno que abandona a sus compañeros es peor que basura.

Dividió el equipo para infiltrarse, yendo él y Gaara primero y pidiéndoles a Sasuke y Hinata que cuidaran que no se acercara nadie al lugar. Antes de partir le guiñó un ojo a la peliazul dándole a entender que sabía lo que estaba pasando, a forma de que distrajera a Sasuke en cualquier lugar de esas cavernas. Hinata asintió nerviosa, pero eso le dio a entender que ambos sabían lo que debía hacerse.

Sin embargo, apenas llegaron al lugar en donde estaban las celdas y comenzaron a abrirlas se encontraron con el hombre responsable de la cantidad de huesos en el suelo de aquella pequeña villa. Gaara y Kakashi se enfrentaron juntos contra él. La inteligencia de Konoha había dicho que el sujeto había muerto en un combate contra Asuma y Kurenai, por lo cual, no sabía cómo ese hombre seguía ahí. Lo reconoció por las fotografías, no así por sus técnicas ni su modo de combate. Nunca se había interesado lo suficiente como para preguntarle a los otros jonin de la aldea cómo había sido ese combate.

Mientras peleaban, Kakashi no tuvo duda que ese sujeto era uno de los adversarios más fuertes con los cuales había peleado.

Cuando las explosiones en la superficie se volvieron tan potentes que todo el piso temblaba y caían escombros desde el techo, Gaara le dijo que fuera por Hinata y Sasuke pues él se podía encargar de ese enemigo. De esa forma, confiando en el shinobi de Sunagakure, Kakashi emprendió su camino hacia los pisos superiores siguiendo a sus discípulos gracias a su desarrollado sentido del olfato.

Mientras corría por los largos pasillos no pudo evitar pensar en lo fuerte que Sasuke se había vuelto ese año mientras entrenaba. Había aprendido a dominar el elemento electricidad y podía manipular la forma de su chakra también. Kakashi estaba seguro que se volvería un hombre de temer en un par de años.

Sin embargo, no era eso lo que le preocupada. Lo que realmente rondaba con constancia en su mente era que a pesar de que el tiempo pasaba, las metas de su discípulo seguían siendo las mismas; por más que Kakashi hubiese tratado de hacerlo entender que la venganza no lo llevaría a ninguna parte, nada de ello parecía penetrar en su cabeza. A veces había momentos en que actuaba con más madurez y Kakashi sinceramente creía que por fin sus palabras como instructor le habían llegado. En esas ocasiones parecía entender que eran más importantes sus obligaciones como ninja y miembro del Equipo 7 que sus motivaciones personales del pasado. No obstante, esos momentos eran escasos y desaparecían con rapidez. Aquella era una de las razones (tal vez la más importante) por la cual se rehusaba a entrenarlo en serio. No podía depender en Sasuke en su equipo, pues dejaba de preocuparse de todos y todo cuando se trataba de Itachi Uchiha.

Sólo esperaba llegar a tiempo.

El pasillo se fue acortando, los ruidos se hicieron más fuertes, el olor a sangre cosquilleó en su nariz. Podía escuchar los cuervos, ver las plumas cayendo desde el cielo, las llamas negras consumiendo la misma roca, derritiéndola, deformándola, haciendo que todo el ambiente subiera drásticamente de temperatura.

Pensó que si veía a Itachi una segunda vez estaría extasiado, pero no sentía nada excepto ansiedad por que todo terminara rápido.

Ni si quiera estaba nervioso.

En el umbral, parado justo en el enorme agujero entre la cascada de arena y el precipicio, se encontraba aquella figura que le había causado tanto dolor, por tanto tiempo. Caminó hacia adelante lentamente, admirándolo a la distancia.

Era Itachi Uchiha. Su hermano.

Supo entonces que si moría, lo haría tranquilo. Por fin pondría término a ese asunto, tendría paz y se encontraría con sus padres, sus primos, sus tíos y el resto del clan. Por otro lado, si vivía e Itachi moría, entonces lo consolaba la idea de que Itachi pagaría todos sus crímenes quemándose eternamente en el mismísimo infierno. No había forma de que perdiera, independiente del resultado de ese combate. Aquel pensamiento le dio la tranquilidad suficiente para saber lo que debía hacer.

—¡Itachi Uchiha! —lo llamó pisando los escombros mientras avanzaba—. Tú y yo tenemos cuentas pendientes.

Los cuervos volaban a su alrededor dándole un aspecto más lúgubre del que tenía, más viejo de lo que realmente era. Sasuke notó que uno de sus ojos sangraba, seguramente había ocupado alguna técnica ocular que le había causado demasiada presión. Estaba tosiendo, se veía pálido y más ojeroso de lo que recordaba. Entrecerró los ojos para asegurarse de lo que veía, de que realmente ese sujeto era el hermano mayor con quien había vivido los años más felices de su vida.

A pesar de verse demacrado, cuando analizó su figura, encontró los mismos rasgos que memoraba. Ahí frente a él estaba el hombre que tanto había admirado e intentado superar, aquel con el cual había sido medido al crecer, a quien su padre prefería, el sujeto que buscaba cuando tenía miedo, el hermano que lo hacía sentir felicidad y suerte de tenerlo en su vida como figura a seguir. Sí, era él. Era el gran mentiroso que recordaba, el bastardo que había asesinado a sus padres a sangre fría, el que había intentado matarlo en dos ocasiones ya, a quien había jurado destruir sobre la tumba de los miembros del clan asesinados esa noche.

Itachi estaba jadeando, completamente agotado, su pecho se hundía y expandía con rapidez producto del esfuerzo que esa batalla debió significar para él. Sasuke entendió entonces que no había sido una batalla fácil, por el contrario, estaba al borde de colapsar. No tenía idea qué había pasado ni cómo había pasado, pero su hermano estaba débil. Era su oportunidad. No tendría una mejor que esa. Podía ver su sueño tan cerca que casi lo tocaba con sus dedos.

—¿Qué haces tan lejos de Konoha, Sasuke? —le preguntó con frialdad.

—No tengo que darte explicaciones a ti.

Un hilo de sangre caía por su boca. Parecía estar haciendo un gran esfuerzo por mantener su visión enfocada, incluso su sharingan estaba desactivado. Sasuke sabía que esa era una clara señal de que su chakra estaba en niveles mínimos. Podía ver con su dojutsu que Itachi no tenía el suficiente chakra para una pelea contra él.

—¿Qué quieres? —le preguntó mientras el viento movía su cola de caballo—. Creo haberte dicho que no tengo interés en ti, por ahora.

—Lo que siempre he querido —llevó una mano a su portakunais—. Venganza.

Sin esperar una respuesta de parte de Itachi, lanzó una serie de sellos explosivos atados a kunais. No se enfocó en si su hermano los esquivaría o no, más bien su sharingan se concentró en si realizaba algún movimiento de mano que revelara el jutsu que utilizaría para esquivar el ataque. Debía predecirlo con sus ojos, tenía que enfocarse totalmente en ello si quería sorprender a Itachi.

Pero la formación de sellos de mano que esperaba no llegó. Itachi no despegó sus ojos de él, observándolo con desapego, completamente estoico por su presencia ahí. Cuando los sellos estuvieron lo suficientemente cerca, el cuerpo de su hermano se deshizo en decenas de cuervos que llenaron el lugar aleteando sobre Sasuke, graznando como si se rieran de él. Los sellos explotaron provocando que el salón de ese lugar temblara nuevamente y los pilares amenazaran con ceder.

Sus ojos se enfocaron en toda la habitación, mirando con cuidado lo que esos cuervos estaban haciendo. Podía predecir el movimiento de sus vuelos pero no con la eficacia que habría deseado. Su sharingan aún no estaba al nivel que debía estar y él lo sabía.

No confiaba en Itachi para nada, era demasiado inteligente para un truco tan sencillo como ese, por lo que llevó su mano derecha a su boca y utilizó la gran bola de fuego para hacer que los cuervos se quemaran. El ambiente se llenó de calor y olor a carne carbonizada mientras observaba como caían pesadamente los cuerpos de las aves ardiendo en llamas. Era todo un espectáculo de observar y en otro momento incluso eso lo habría desconcentrado, pero no en esa ocasión. Itachi no lo iba a engañar esta vez. Tenía que tener cuidado de que esas llamas negras que quemaban las paredes y las rocas no lo alcanzaran.

—Jutsus de fuego y sellos explosivos.

El eco de la voz de su hermano sonaba fuerte a su alrededor producto de la altura del techo. Sasuke lo buscó por las ondas sonoras que emitía pero sus ojos no consiguieron dar con él.

—Si esto es lo mejor que puedes hacer, después de un año sin vernos, creo que debí matarte junto con el resto del clan. Es un desperdicio pensar que algún día podrás ser una referencia para medir mi propia fuerza.

—¡No hables de los Uchiha! —le gritó Sasuke.

De pronto sintió un enérgico agarre en su hombro y fue lanzado hacia atrás con tanta fuerza que apenas alcanzó a utilizar un jutsu de remplazo para intercambiarse por una roca que había entre los escombros. La pared lateral de la sala voló en añicos dejando que un nuevo rayo de sol desértico entrara a iluminar su combate.

Los ojos de Itachi se mostraron levemente sorprendidos de que su hermano menor hubiese formado los sellos antes de estrellarse contra las ruinas. Una tenue sonrisa apareció en su rostro, algo que por supuesto, Sasuke no apreció. Sin moverse, sus ojos negros se tornaron hacia un costado para observar qué era ese agudo sonido que se acercaba hacia él. Entonces vio a Sasuke corriendo en su dirección con una velocidad asombrosa, dejando una estela de destrucción contra el suelo debido a los rayos eléctricos que salían de su mano.

Sasuke sonrió extasiado cuando su brazo atravesó el pecho de Itachi. Después de años de entrenamiento, de dormir pocas horas al día, de vivir sólo para volverse más fuerte, llegaba su recompensa. Sintió algo muy parecido a la felicidad. Después de la matanza del clan Uchiha, en muy contadas ocasiones se había sentido tan vivo como en ese instante que estaba desafiando a la muerte. Había soñado con ese momento, con la expresión de Itachi cuando le atravesara el pecho, con sus últimas palabras mientras agonizara, pero nunca pensó que se sentiría tan malditamente vivo con lo que acababa de hacer. Todo su cuerpo temblaba de emoción y hasta su corazón latía con fuerza, el golpe adrenalínico lo hizo querer echarse a reír hasta desfallecer.

La corriente eléctrica aún atravesaba el cuerpo de Itachi cuando éste tomó su mano con fuerza, la misma que atravesaba su pecho. Lo miró sin ninguna expresión en su rostro y entonces Sasuke supo que estaba jodido.

—Estás más alto Sasuke. Pero no más fuerte.

Sintió el kunai atravesarle el hombro con tanta fuerza que pensó iba a desfallecer del dolor. Atrás de él aparecía Itachi para ponerle fin a sus sueños de venganza. Su ropa se rasgó justo en ese lugar exponiendo el sello que Orochimaru había puesto en él. Se sintió paralizado cuando Itachi dobló el kunai como si quisiera provocarle más dolor y cayó de rodillas mientras el cuerpo que acababa de penetrar con su puño se deshacía en cuervos a su alrededor.

Sasuke no lo pudo ver, pero los ojos de Itachi se enfocaron completamente en el sello, analizándolo mientras activaba su sharingan. Llevó su yema a su mentón ensangrentado y luego tocó con el mismo dedo pulgar la marca maldita que Orochimaru había puesto en Sasuke.

El menor de los Uchiha gritó en agonía. Muy pocas veces en su vida había sentido algo tan doloroso. Era como si cada músculo y terminación nerviosa en su cuerpo se estuviese quemando.

—No quiero que utilices una fuerza que no es tuya cuando peleemos —dijo retirando el kunai del hombro ensangrentado.

De inmediato Sasuke se hizo un ovillo en el suelo, intentando controlar los espasmos que sentía por todo el cuerpo. Sus manos perdieron sensibilidad, sus piernas se durmieron y sus ojos se volvieron borrosos. No pudo evitar preguntarse si su hermano mayor estaba jugando con él o no.

Había entrenado duro, lo suficiente para poder mostrarse ante él sin miedo, sin recurrir a la fuerza de alguien más en la forma de un sello. Había sobrepasado sus propias metas una y otra vez con la esperanza de que si llegaba ese momento podrían verse al rostro como iguales… pero ahí estaba en el suelo retorciéndose mientras Itachi lo miraba como si no estuviese realmente ahí. Apretó el puño lleno de frustración mordiendo sus labios.

—Ni si quiera tienes los mismos ojos que yo —sentenció Itachi haciendo girar los puntos negros en sus iris hasta que se formó el mangekyo en ellas.

Sasuke subió levemente los párpados, aún temblando, intentando enfocarse en su hermano. Se sintió paralizado cuando vio el sharingan, recordando lo que le había sucedido la última vez que había mirado fijamente el mangekyo de Itachi. No iba a caer en su tsukuyomi nuevamente, la mera idea de volver al mundo de la luna rojiza lo hizo sudar helado.

—Una batalla contra ti en este momento sería inútil —dijo Itachi con calma, suspirando.

—Entonces peleemos y comprobemos qué tan inútil sería —le sugirió con dolor, sujetándose el hombro, intentando ponerse de pie.

De inmediato recibió una fuerte patada en el estómago que lo hizo arrastrarse al menos cinco metros hasta chocar contra un pilar caído. El golpe le sacó el aire de los pulmones y lo hizo toser sangre, pero aún así supo que si no se ponía de pie rápidamente, era su fin.

Escuchó los pasos de Itachi acercándose a él con calma.

—¿Tu deseo es luchar contra mí, verdad? — Sasuke no dignificó la pregunta con una respuesta. Era demasiado inútil que le preguntara algo así, Itachi sabía a la perfección lo que él sentía—. Muy bien, pelearemos, pero sólo cuando estés listo.

El salón se quedó en perfecto silencio un periodo interminable de tiempo, lo único que se podía escuchar con claridad era el sonido de las llamas consumiendo la roca.

Sasuke lo miró fijamente, preguntándose si lo decía en serio o no. Itachi era un mentiroso, todo lo que salía de su boca eran mentiras y patrañas. Toda su vida le había mentido, golpeándolo en la frente, alejándolo, riéndose del cariño que alguna vez le había profesado. Se había mostrado como el hermano mayor que todo niño quiere tener sólo para engatusarlo en su red de engaños, para moldearlo como greda para sus propios fines.

Pero él podía ver la verdad en Itachi Uchiha. Sabía que no había nada dentro de ese sujeto que lo hiciera humano. Se negaba a caer en ese juego.

—No voy a perder mi tiempo contigo ahora —dijo desinteresadamente, soltando el kunai ensangrentado—. Cuando hagas lo que debes hacer, pelearé contigo. Quiero ver todo tu potencial —cuando pronunció la palabra todo, sus párpados subieron enfatizándola.

—¿De qué hablas? —le preguntó perdiendo la paciencia.

—¿Aún no has matado a tu mejor amigo, verdad? —Sasuke frunció las cejas e Itachi no se movió un centímetro—. Te presentas a mí con un corazón tan ingenuo y ¿crees que te tomaré en serio? Aún falta dentro de ti lo que se requiere para enfrentarme.

—¿Odio? —media sonrisa apareció en el rostro de Sasuke. Ya había escuchado ese discurso antes—. Itachi, tengo suficiente odio para enfrentarte. Todo lo que hay en mí es odio hacia ti.

—No Sasuke, no estoy hablando de odio. Me refería a algo más importante... —la sonrisa desapareció. No entendía qué quería decir su hermano con eso—. Determinación —¿Acaso no estaba ahí dispuesto a morir peleando contra él si eso significaba poder vengarse? ¿Acaso no era eso mostrar la determinación que sentía?—. ¿Por qué no lo has hecho aún? ¿No deseabas el poder necesario para matarme a cualquier costo? La última vez que nos vimos dijiste que sólo vivías para ello, pero aún no has tenido la determinación para hacerte con tu legítima herencia al ser parte del clan Uchiha.

—No voy a seguir tus pasos para obtener fuerza. Cualquier semejanza a ti me haría sentir asco. Tal vez pudiste matar a Shisui sin inmutarte, pero yo no mataré a Naruto —dijo con desprecio—. Lo haré a mi forma. Me volveré más fuerte a mi manera.

Entonces un sonido lo hizo sentir un escalofrío por toda su columna… Itachi estaba riendo en voz baja.

—No hablaba de Naruto Uzumaki.

Los ojos de Itachi se desviaron a otra posición, observando fijamente un punto atrás de Sasuke.

—¿De qué estás hablando? —preguntó el menor de los Uchiha.

Ni si quiera tuvo que terminar la pregunta, pues la respuesta llegó a él con el sonido de un golpe seco, arrastrándose con fuerza por el piso hasta que terminó pasando por su lado deteniéndose a unos pocos centímetros de Itachi.

Hinata estaba en el piso, aparentemente inconsciente, tal vez muerta. Su rostro lucía tan blanco como la nieve que habían estado paleando todo ese invierno. Estaba cubierta de sangre, pues al parecer un golpe le había partido el labio. Sasuke notó que algo le había desgarrado parte del brazo, como si un animal salvaje la hubiera mordido intentando descuartizarle el hombro.

Todo el odio que se había acumulado en él durante esos minutos desapareció de golpe por la impresión que sintió al ver a su compañera de equipo en ese estado. Si hubiese que ponerlo en palabras, lo único que sintió fue un gran vacío, similar a la sensación que experimentó cuando vio a sus padres muertos a los pies de Itachi. La imagen se repetía, pero era Hinata la que ahora estaba desangrándose bajo él.

Su mandíbula se tensó, su garganta se cerró y experimentó deseos de gritar.

—Bastardo…

Su sharingan apenas notó chakra en ella como si hubiese estado luchando incesantemente por horas. Aquello no tenía sentido, apenas la había dejado atrás, era imposible que Hinata no tuviese chakra.

¿Acaso estaba hablando con un clon? Tal vez el verdadero Itachi había estado peleando todo ese tiempo contra Hinata para que no tuviesen interrupciones. Sin embargo cuando se volteó sobre su hombro con rapidez para ver qué la había expelido con esa fuerza, buscando al responsable contra el cual desencadenar la ira que lo estaba descontrolando, descubrió a ese sujeto que había estado acompañando a Itachi esa vez que se encontraron en la ciudad de los hostales, luciendo tan confiado como siempre y con esa espada sobre el hombro.

Tan sólo con ver esa sonrisa altanera y divertida, se juró a si mismo que una vez que terminara con Itachi lo mataría por lo que le había hecho a Hinata.

—Veo que lo entendiste —dijo Itachi observando a la joven en el suelo.

—Ella no tiene nada que ver en esto —se apuró a decir—. Esto es entre tú y yo.

—Si tanto te cuesta tomar la decisión, puedo hacerlo por ti —un kunai apareció entre los dedos de Itachi—. Puedes decir que fui yo quien la mató y volver a Konoha con el poder del mangekyo Sharingan —Sasuke sintió un escalofrío por su espalda al verlo caminar hacia ella—. Maté a todo el clan Uchiha por poder, no tengo problemas en matar a alguien que no está relacionada a mí en ninguna forma si significa tener un adversario digno.

—¡No se te ocurra acercarte a ella! —gritó Sasuke con odio en su voz obligando a sus piernas que le respondieran.

—Itachi-san, por respeto a su pequeño encuentro familiar he dejado que hablen, pero no sé por cuánto tiempo más pueda distraer a Kakashi. Eventualmente podrá salir de todas las trampas que puse en el camino —su voz sonaba rasposa y divertida.

Itachi no se movió ni lo miró pero hizo un ruido que parecía decir que lo entendía. Se escuchó una risa resonando por todo el lugar, era la de Kisame a quien todo eso parecía entretenerlo más que otra cosa.

—¿Quieres que los mate yo? —preguntó ligeramente, golpeando el suelo con su enorme espada—. Te dejé divertirte con tus amigos de Konoha, pero puedo matarlos y terminar con todo esto si…

—No es necesario. Eso sólo atraería más atención a lo que ha sucedido y no queremos personas buscándonos por todo el desierto. Nuestras ordenes eran deshacernos del desertor. Ya lo hice —respondió Itachi—. Debo irme, Sasuke. Dejemos esto para cuando tengas los mismos ojos que yo. Sin el mangekyo sharingan no tienes posibilidad alguna de enfrentarte a nosotros dos, menos si vienes impulsivamente a atacarme sin ningún tipo de plan. Si quieres decirme algo más, te sugiero que lo hagas ahora.

—Itachi —dijo intentando mover su mano para ver si podía realizar sellos manuales o no—. No me detendré hasta que pagues por lo que hiciste. Y a tu amiguito le haré algo mucho peor que eso por lo que le hizo a Hinata.

Entonces llegó algo que Sasuke había estado esperando por mucho tiempo: la tercera aspa en sus ojos. Aquella era la prueba de que lo odiaba lo suficiente como para querer matarlo, para que tomara sus palabras en serio y no como vagas amenazas de un niño que se siente asustado.

Itachi asintió. Lo reconocía como un rival.

—Entonces, si ya tienes suficiente odio, consigue suficiente determinación para ese día. Hasta entonces, Sasuke.


NOTA

Tal vez podría haber escrito con más detalle lo que pasó en ese lapso de tiempo entre que Hinata ve a Itachi y en que Sasuke se da cuenta que es Itachi quien está causando casi el colapso del escondite, pero sinceramente creo que era innecesario, hubiese sido como agregar relleno a lo que todos realmente queríamos leer o saber.
Se que a muchos les gusta Gaara (yo lo amo) pero narrar su pelea con Kimimaro me pareció innecesaria, sobre todo por lo que estaba ocurriendo con Sasuke, Hinata e Itachi.
Por otro lado, creo que haber narrado por completo qué paso entre Kisame y Hinata hubiese sido también redundante, por lo que preferí enfocarme en Itachi y Sasuke. No quiero mostrar a Hinata como un personaje débil y triste, más bien, se encontró con un enemigo mucho superior a ella. Recuerden que tienen 13 años, faltan 2 años de entrenamiento aun para que estén en el potencial que tienen en shippuden.

Creo que esta es la última pelea del segundo arco, lo demás son escenas de otra naturaleza, más emocionales, para establecer el lazo que se está creando entre Hinata y Sasuke. Estoy en la mitad exacta del segundo arco y de aquí en adelante todo el tema de los sentimientos de Sasuke por Hinata van a ser el enfoque de mi escritura. Siento que muchos quieran que apure el tema, pero no puedo! Para mi es fundamental que lo que sientan esté bien argumentado pues Sasuke no es un personaje que va a cambiar y enamorarse de un día para otro y los sentimientos de Hinata por Naruto tampoco van a desaparecer así como así. Así que, para que se dé el triangulo amoroso del cual quiero escribir, tiene que ocurrir todo lo que quiero escribir antes del tercer arco ;D

Finalmente, CASI terminé Love Is, me falta la última parte del último capítulo y un eventual epílogo. Por ello, este fic vuelve a ser mi primera prioridad y seguramente en estos próximos días también retome Juegos Sexuales ^^

Un Beso y gracias por leerme! =D


Pregunta de Methy:Sandaime selló los brazos de Orochimaru, ¿o no?
Efectivamente, los selló antes de morir. La historia no ha cambiado nada en ese aspecto, sólo los cambios que mencioné en el respectivo capitulo.

Pregunta de Bella Uchiha Cullen: ¿Que paso con el entrenamiento medico de Hinata?
Hinata sigue yendo a mirar el entrenamiento de Ino y Sakura en la academia, pero lo está aprendiendo con el fin de saber lo básico, no para convertirse en ninja médico. Sasuke la obliga a entrenar con él todo el tiempo y terminarían peleando si ella quisiera dedicar la mitad del día a aprender ninjutsu médico. Entrena con las otras chicas cuando Sasuke entrena con Kakashi a solas.