CAPÍTULO 23
TE MIRO Y ME MIRO
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Te miro y me miro.
No sé qué me pasa.
Siento cosas raras que no se explicar.
Me enojo si estás… pero me muero si te vas.
Te deseo y te rechazo.
Te miro y me miro.
No sé qué me pasa
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El silencio en ese pasillo era agradable. Comparado con el hospital de Konoha, ese lugar era un paraíso. Al menos tenía la certeza de que no se encontraría ni con Ino ni con Sakura asechándolo en cada esquina esperando que apareciera para colgarse de él. Realmente no estaba de humor como para tener que haber aguantado escenas como esas.
Cuando Kakashi salió de la habitación, Sasuke subió la mirada esperando que hablara o al menos le dijera como estaba Hinata. El hombre asintió en silencio y sacó su Icha Icha Paradise, un poco más relajado de lo que había estado durante el transcurso del día. Cerró la puerta tras él y Sasuke sintió que la tensión de sus hombros desaparecía levemente.
Había visto a Itachi hacía menos de un día, sin embargo ahí estaba, parado afuera de la habitación del hospital de Sunagakure en que ella dormía. No estaba pensando en su hermano, estaba pensando en ella. No estaba enojado porque Itachi lo hubiese herido, estaba enojado porque Kisame la hirió.
¿Qué rayos pasaba con él? ¿Cuándo se había vuelto un pusilánime? ¿Desde cuándo le importaba tanto lo que pasara con el resto? Un momento había sentido que la odiaba por haberle mentido y al siguiente… una sensación completamente distinta había inundado su pecho, paralizándolo.
Sabía la respuesta de aquellas interrogantes. Hinata no era una persona común y corriente, hasta Itachi lo había dicho… Hinata era su mejor amiga, por eso estaba preocupado. De alguna forma se había acercado a él lo suficiente para que se volviera alguien importante en su vida. Lo supo cuando la vio a los pies de su hermano y él sostenía un kunai entre sus manos. Sabía a la perfección lo que había pasado por su pecho observando aquella escena, algo que ni si quiera experimentó cuando estaban luchando…
Había sentido miedo.
No le dijo nada a Kakashi, sólo se puso de pie y se alejó por el pasillo hasta salir a las calles de Sunagakure. Si Hinata estaba bien, entonces no había necesidad de que él se quedara ahí. Necesitaba un poco de tiempo solo. Era menester que aclarara sus pensamientos, pero sobre todo, los sentimientos que lo estaban consumiendo lentamente.
Caminó gran parte del día preguntándose por qué Itachi no lo habría matado.
Mientras cerraban su herida, los médicos dijeron que había tenido suerte de que el kunai no le tocara ningún órgano vital. Sasuke respondió con fuerza que no había sido suerte.
Su hermano era demasiado inteligente como para que aquello fuese casualidad. Su sharingan no daba cabida para que hubiese fallado en perforarle un pulmón, una arteria, una vena o el propio corazón. Por muy desgastado que la batalla contra Orochimaru lo hubiese dejado, Itachi sabía perfectamente bien lo que estaba haciendo. Aquello significaba sólo una cosa: Itachi no había tenido intensiones de matarlo, ni si quiera lastimarlo en serio, sólo inmovilizarlo momentáneamente para inhabilitar el sello de Orochimaru.
Cuando Kakashi le revisó el hombro para cerciorarse de que estaba bien, se dio cuenta que el sello estaba desapareciendo. Fuese lo que fuese que Itachi había hecho, esa marca que llevaba en el hombro estaba deshaciéndose como si nunca hubiese existido.
Era precisamente aquello lo que lo hacía sentirse más confundido que enojado por su encuentro. Era como si algo le dijese que Itachi ni si quiera lo había querido herir. Con Orochimaru muerto, ni si quiera debía temer que algún día intentase utilizar su cuerpo para ese jutsu que le otorgaría inmortalidad.
—Sasuke.
La voz rasposa de Gaara lo hizo darse vuelta. Se encontraba acompañado de una extraña chica rubia que cargaba un gigantesco abanico en su espalda. Por lo que recordaba, esa chica era su hermana Temari. Había sido parte del grupo que los llegó a asistir. No tenía muchas memorias al respecto, pues su mente había estado enfocada en otras cosas, pero a simple vista, la joven se veía indiferente, ruda y poco feliz de estar ahí. Aun así, cuando la miró a los ojos notó como sonrojaba… — Genial, otra fangirl —pensó para sí mismo mientras esperaba que Gaara le dijera qué era lo que quería.
—¿Puedes dejarnos solos, Temari? —le preguntó sin mirarla.
—Recuerda llenar los informes una vez termines aquí. Se te necesitaba para otra misión a la brevedad —Gaara hizo un sonido áspero parecido a un sí y la joven siguió caminando, no sin antes darle una última mirada coqueta a Sasuke—. Nos vemos.
—¿Sucede algo? —preguntó Sasuke impaciente.
—¿Cómo está tu hombro?
—¿A eso viniste? ¿A hablar de mi hombro? —levantó una ceja y se cruzó de brazos.
—Esa espada que encontraste. ¿Puedes usarla?
Sasuke había dejado su hallazgo con el resto de sus cosas en el hospital. La había encontrado cerca de los restos de Orochimaru y la tomó sin darle muchas vueltas al asunto, asumiendo que Itachi la había dejado atrás con un propósito, como un mensaje para él, quizás como la clave para que pudiese encontrar la respuesta a alguna interrogante.
Su hermano no era un hombre que se diera el lujo de errores o de faltas de cálculo. Aquella espada era un regalo para él.
—Supongo —respondió.
—Bien, mañana, pelearemos.
—¿Para qué quieres entrenar? Tu defensa de arena te hace inmune a casi todo tipo de ataques.
—No quiero entrenar —contestó sin expresiones en su rostro—. Te dije que podíamos saldar nuestros asuntos pendientes cuando termináramos la misión. Si aún quieres pelear, te daré la oportunidad de ello mañana.
Sasuke consideró la oferta. Era cierto que le había dado la opción de pelear una vez terminaran la misión. Incluso la idea de poder golpear algo o a alguien lo podría haber hecho sentir mejor si hubiese sido rabia, odio o ira lo que había en su pecho… pero ese no era el caso. Lo que realmente sentía Sasuke era confusión, que por el momento, no se podría arreglar sólo golpeando a alguien.
—Tal vez en otra ocasión, Gaara.
—Sasuke —el Uchiha lo miró a los ojos, esperando que le dijera qué quería—. Hinata-san estará bien.
Su inalterable rostro se torció cuando lo escuchó decir eso. ¿Desde cuándo eran tan amigos para que le dijese algo así? O mejor dicho ¿Desde cuándo Gaara se creía con la confianza para decirle algo así? No sólo eso, ¿Qué le hacía pensar que lo que había en su mente era la salud de Hinata? Cualquier persona habría pensado que era su encuentro con Itachi lo que lo mantenía en vilo ¿Por qué Gaara escogía precisamente mencionarle a Hinata?
—No te entiendo —dijo el pelirrojo—. ¿Por qué te molesta tanto sentir preocupación por ella?
Sasuke se dio la vuelta sin responder. Por supuesto que alguien como Gaara no lo entendería. Ni si quiera él entendía del todo lo que le estaba pasando. Sólo sabía que la última de sus preocupaciones en ese momento debió ser su compañera de equipo. Y sin embargo, por mucho que intentase enfocarse en Itachi, el rostro ensangrentado de Hinata seguía apareciendo una y otra vez.
Lo único que tenía claro era que quería matar a Kisame tanto como quería matar a Itachi.
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Producto de su herida en el brazo su estadía en el país del Viento duró más de lo que esperaron. Verse a sí misma postrada en la cama de un hospital la hacía sentir un enorme vacío en el pecho, no porque tuviese miedo de las secuelas de su herida en el brazo, sino porque era un recordatorio de que nuevamente no había estado a la altura de la situación. Había entrenado tanto y aún así, llegado el momento en que debía demostrar que ese entrenamiento había sido fructífero… se dio cuenta que seguía siendo menos de lo que debía ser.
Podía imaginarse el sermón que le daría su padre, o los ojos de desaprobación de Neji pidiéndole una vez más que se diera por vencida en ser una kunoichi. Sin embargo, el temor que sentía por Hiashi Hyūga o por su primo no se comparaba con el pavor que experimentaba cada vez que recordaba la forma en que Sasuke la había mirado antes de atacarla. Su pecho se oprimía, sus ojos se volvían vidriosos y deseaba hundirse entre las sábanas el tiempo suficiente para olvidarse por completo de ello. Si algo agradecía de estar hospitalizada en ese momento, era precisamente que no tendría que verlo hasta que volvieran a Konoha.
Cuando recordaba esos ojos negros alumbrados por la tenue luz de las antorchas que colgaban en las paredes de la caverna, su pecho se encogía y se sentía tan pequeña como un grano de arena. Había sido como si los ojos de Sasuke ni si quiera la pudiesen ver. Lo único que él podía ver, lo único que quería ver, era la muerte de su hermano. Todo lo demás parecía no tener valor o importancia.
Dolía. Dolía si quiera recordarlo. En un segundo, sólo por observar las llamas negras en el cielo, Sasuke se había transformado en una persona completamente distinta, alguien a quien no podía reconocer. No pudo evitar preguntarse a sí misma ¿Qué tal si la persona que había visto en esos largos corredores era el verdadero Sasuke y no ese chico con el que compartía día a día?
La respuesta llegó al sexto día de su estancia en el hospital. Durante el transcurso de la noche tuvo pesadillas avivadas por el dolor de su brazo; sentía la herida como si le estuviese ardiendo y soñó con fuego que la quemaba una y otra vez sin que pudiese gritar para pedir auxilio. Despertó jadeando por aire, ahogando sus deseos de querer llorar por el dolor, sintiéndose mareada, con la vista borrosa, perdida entre las pesadillas y la vida real. Fue entonces que en la oscuridad de la habitación notó un bulto durmiendo en la silla junto a su cama. En un comienzo pensó que aún podía estar soñando, o que tal vez Gaara o Kakashi se hubiesen quedado para acompañarla. Sin embargo, lentamente aquella figura borrosa cobró forma y vio que Sasuke estaba dormitando ahí.
Sonrió con suavidad, y por un instante, el dolor pasó a segundo plano. Cerró los ojos y pudo respirar tranquila; Que él estuviese ahí, de una forma extraña, la hacía sentir más segura. La hacía sentir feliz.
No todos lo veían, pero ella sí podía hacerlo. Sasuke era un chico de trece años como cualquier otro. En un par de meses cumpliría catorce y tal como a ella le pasaba, también estaba experimentando cambios que tal vez no comprendía del todo.
Si algo lo hacía feliz, sus gestos duros cambiaban y se suavizaban levemente; incluso lograba sonreír si pensaba que nadie lo estaba mirando. Hinata sabía que muchas veces se negaba a reír o sonreír porque pensaba que no merecía hacerlo hasta que cumpliera su promesa de matar a su hermano. No se permitía ser feliz y aquello era triste de observar. Por lo mismo, hacía todo a su alcance para que al menos no se sintiese solo.
Si algo lo enojaba, fruncía el ceño y se ensimismaba. Le podía hablar una y otra vez pero Sasuke por lo general la ignoraba y permanecía en silencio con los brazos cruzados y los labios fruncidos. Si decidía responderle, lo que decía era siempre algo duro de escuchar, de esas cosas que traen lágrimas a los ojos. No obstante, Hinata sabía soportar esos días en que él se mostraba molesto, sólo era cuestión de cerrar los ojos y recordar que sin importar la oscuridad que rodeara a Sasuke, Naruto siempre podía alumbrar su camino. Ella intentaba hacer lo mismo, aunque no sabía si le resultaba del todo. En esos días en que se mostraba molesto, era mejor darle tiempo para que su cabeza se enfriara ¡Pero no demasiado! Pues había que recordarle constantemente que hiciera lo que hiciera, ella siempre estaría ahí. Aquello parecía calmarlo y pronto volvía a ser el mismo obsesivo de siempre, exigiéndole que entrenaran juntos hasta muy entrada la noche.
Si algo lo ponía triste, buscaba estar solo. Nunca admitía que se sentía melancólico. A su punto de vista seguramente experimentar algo así no era digno de un shinobi ni de un Uchiha. Hinata le daba espacio para que aclarara sus pensamientos y cuando pensaba que Sasuke estaba listo, lo inquiría para conversar. Por lo general, en esos días de tristeza, se le podía encontrar en el cementerio de Konoha junto a la tumba de sus padres o sobre las ramas de algún árbol, mirando el vacío. Antes no había tenido el valor de ir a ese lugar, pero desde su cumpleaños, lo hacía. En algunas ocasiones lo halló en la zona de entrenamiento 17 mirando con melancolía los blancos circulares en los árboles. Nunca comprendía del todo por qué iba a ese lugar y se sentaba en la roca de en medio en silencio en vez de entrenar su shurikenjutsu, pero sentía que tenía algo que ver con Itachi… y cuando se trataba de ese tema, Hinata mejor que nadie sabía que era mejor no preguntar.
¿Y los cambios en él? Vaya sí que había cambiado en un año, aunque le costaba darse cuenta, pues pasaban juntos el día a día. Sus hombros estaban enanchándose, estaba volviéndose mucho más alto que ella, su cara ya no era tan redonda sino más bien alargada, sus ojos se habían comenzado a rasgar, sus manos se habían vuelto más grandes y su voz se volvía cada vez más grave. Sí, Sasuke estaba tomando sus primeros pasos en la ruta de convertirse en un hombre. Evidencia de ello había sido la necesidad de comprar ropa nueva durante el invierno.
Sasuke Uchiha era un chico, como cualquier otro en la Aldea. Lo que hacía diferente a Sasuke era que su corazón tenía una herida que el tiempo no parecía cerrar. Había amado tanto a sus padres y a su familia, que encontraba la fortaleza para seguir adelante, para seguir viviendo, para seguir actuando como alguien de su edad… en la esperanza de que algún día podría hacerle pagar a Itachi todo ese dolor que le había causado.
Cuando despertó a la mañana siguiente, Sasuke no estaba ahí. No lo volvió a ver hasta el día en que le dieron de alta en el hospital.
Diferente fue el caso de Gaara. El pelirrojo la visitaba cuando anochecía y se sentaba con ella. A veces no decía palabra alguna, acompañándola en silencio. Otras, se dedicaban a hablar de las cosas que les gustaba, qué no les gustaba y en más de una ocasión, Hinata habló de Naruto y Gaara la escuchó absorto. Si Naruto Uzumaki hubiese tenido un fanclub, Gaara y Hinata hubiesen sido sus fundadores. Ambos realmente lo admiraban y encontraban en ello un punto para poder entenderse el uno al otro, sobre todo Gaara que muchas veces se notaba incómodo por no saber lo que Hinata estaba hablando, por no comprender el significado de muchas cosas que decía, por la forma en que evocaba un país tan diferente al suyo. Aun así, nunca hablaron de Sasuke, ni si quiera una vez. Gaara parecía estar esperando que ella hablara del Uchiha, pero parecía demasiado asustada para preguntar lo que quería saber. Tomando en consideración sus sentimientos, tampoco le habló de él.
Alrededor del quinceavo día en que estuvo hospitalizada apareció en su habitación una hermosa chica de cabello rubio amarrado en cuatro coletas. No la reconoció de inmediato, pero admiró su forma de caminar, de hablar e incluso de mirarla. Esa chica no le temía a nada. Si hubiese podido describirla en pocas palabras, Hinata habría dicho que era irreverente a todo y expelía tanta confianza que llegaba a ser abrumador estar cerca de ella.
—Gaara no puede venir así que me mandó en su lugar a ver cómo estabas —dijo sentándose pesadamente con las piernas cruzadas frente a Hinata—. Soy su hermana mayor, Temari.
—Mucho gusto, Temari-san —dijo Hinata intentando hacer una reverencia, sentada en la cama—. Soy Hinata Hyūga.
—Lo sé —respondió con una sonrisa astuta—. ¿Te sientes mejor?
—Sí, muchas gracias —le indicó tapándose rápidamente. No le agradaba que una desconocida la viera en ropa de dormir.
—¿Por qué estás sonrojándote? —le preguntó levantando una ceja—. Un ninja no debería hacer eso.
—Lo siento.
—Tampoco deberías pedir perdón así como así —suspiró irritada—. ¿Qué pasa contigo? —su tono de sermón y la dureza en su voz le recordó a Sasuke—. Que rara eres. No sé por qué Gaara se preocuparía tanto contigo. En fin, ya que estás bien…
Se puso de pie rápidamente con la clara intención de marcharse, pero Hinata necesitaba saber algo antes que se fuera y no se sentía incómoda de preguntárselo a un completo extraño que de seguro no haría preguntas sobre lo que había sucedido en el escondite de Orochimaru.
—Disculpe Temari-san, pero… usted… ¿Usted ha visto a Sasuke-kun?
—¿Te refieres a Sasuke Uchiha verdad? ¿El chico lindo? —Temari sonrió maliciosamente—. Sí, lo vi hoy en la tarde. Está bien. Está más que bien —aquello lo dijo con un claro doble sentido—. Ha estado entrenando con Gaara estos días. No deja de entrenar. Chico raro.
—¿Entonces, ha estado todo este tiempo fuera del hospital? —preguntó Hinata sin entender el vacío que sentía en el estómago.
—Ajá.
—Oh —se quedó en silencio un momento—. Entiendo.
Había tenido la esperanza de que Sasuke no la hubiese ido a ver antes porque estaba hospitalizado también, pero escuchar que no era así la desarmó por completo. Eso significaba que Sasuke no la había ido a ver porque realmente no quería hablar con ella. Recordó todo lo que le había gritado mientras corría atrás de él y aquella sensación de miedo se apoderó de sus manos. Apretó las sábanas con rapidez para evitar temblar.
—¿Nunca recibiste entrenamiento emocional?
Por un segundo se había olvidado que Temari estaba ahí. Sorprendida, levantó la mirada y notó el gesto descontento de la joven, como si le estuviese gritando que era patética sólo con mirarla. Nunca había conocido a una kunoichi como ella antes, tan confiada, tan indiferente a las cosas que a Hinata le parecían sumamente importantes.
—¿Por qué me pregunta eso? —la cuestionó.
—Puedo leer cada uno de los sentimientos que estás experimentando. Se notan en tu rostro. Una kunoichi no debería ser tan transparente —la mirada se volvió severa y Hinata tragó saliva—. No dejes que tus sentimientos afloren así como así, es un punto débil que un enemigo podría aprovechar y con ello lograrás que cualquiera pase por encima de ti. ¿Sabes de que está hecha la arena? De rocas que se volvieron blandas por el golpe del viento —puso una mano sobre su enorme abanico—, algo que sólo pisas. Algo inservible y molesto.
—Yo no quiero ser arena —respondió Hinata bajando el rostro—. He sido arena toda mi vida.
—Si no quieres serlo, comienza por aprender a caminar con la cabeza erguida, como una verdadera kunoichi —le ordenó con algo de dureza—. Sólo por ser mujer ya tienes mucho que demostrar en este mundo gobernado por shinobis.
Fue entonces que algo raro ocurrió, esa chica tan fría y lejana le dio la sonrisa más honesta posible, justo antes de marcharse. Suspiró pensando qué tan diferente hubiese sido su vida si alguien como ella hubiese estado en Konoha. De seguro, habría sido el ejemplo a seguir para todas las kunoichi.
Se miró las vendas que llevaba alrededor del brazo. Temari tenía razón acerca de una cosa, los sentimientos en ella la habían llevado a estar ahí en esa cama. Los médicos ninjas de Sunagakure habían hecho todo tipo de jutsus en los vendajes, dejando marcas y sellos a su alrededor para que la piel, los tejidos y los músculos volvieran a formase en la zona que Samehada había destrozado mordiendo hasta el hueso.
Sí, en esa pelea había sido una roca desgastada que se había vuelto arena. No obstante, tenía la oportunidad de volver a ser una roca. Su brazo estaba sanando, tenía la oportunidad de cambiarse a sí misma de verdad y no sólo decir que lo haría.
Durante la noche decidió sentarse y afrontar lo peor, enfocándose en su mano e intentando cerrar y abrir el puño. Al principio tuvo problemas con ello, pero después de intentarlo sin parar hasta el amanecer se dio cuenta que el ninjutsu médico y los sellos en las vendas habían funcionado y que no se quedaría sin brazo.
Durmió completamente relajada todo el resto de ese día. Cuando viera a Sasuke le diría sobre su nueva resolución.
Ya no sería nunca más arena.
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El sol golpeaba tan fuerte desde el cielo que entrenar se hacía bastante duro, sobre todo para alguien como él que tenía la piel tan clara. Durante los primeros días ejercitando en Sunagakure sus mejillas se quemaron con tal intensidad que parecía tener un rubor permanente. Kakashi y él se habían estado quedando con Gaara esos días, pero los constantes encuentros con Temari lo tenían tan aburrido que muchas veces prefirió ni si quiera volver a dormir.
Se encontraba golpeando la pared de roca que protegía la entrada de la ciudad cuando sintió la presencia de Kakashi justo atrás de él.
—¿Sucede algo? —le preguntó un tanto irritado.
Había elegido el segundo peldaño justamente para evitar encuentros innecesarios tanto con Temari, Gaara o su maestro. De por si desconfiaba de los ninjas de Suna por lo ocurrido durante el torneo chunin el año anterior.
Kakashi, quien estaba leyendo su Icha Icha, ni si quiera levantó sus ojos de las páginas, sólo contestó con desinterés.
—Mañana partimos de vuelta a Konoha al amanecer. Dieron de alta a Hinata.
Sasuke no tuvo reacción alguna, pero en su interior, su estómago se apretó. No estaba listo para verla aún.
—Entendido —dijo liberando chakra desde sus manos intentando formar nuevamente corrientes eléctricas, pero cuando sintió que Kakashi aún no se retiraba se detuvo—. ¿Algo más?
—¿Qué harás con la espada? —le preguntó viendo que la había amarrado a su cadera—. ¿Te la quedarás?
—Sí —Respondió sin mucho ánimo—. Si Itachi la dejó cerca de Orochimaru era porque quería que yo la encontrara. Que aprendiera a usarla.
Kakashi lo observó en silencio y entendió que la mente de Sasuke en ese momento debía ser un infierno. No lo decía, pero podía ver en sus ojos que se sentía molesto, en parte porque Hinata lo había intentado detener, en parte porque ella había resultado herida y en parte porque nuevamente no había sido un rival para Itachi. Lo había inhabilitado de pelear tan rápidamente que ni si quiera había sido un combate.
—¿Alguna vez te he hablado que fui compañero de tu hermano en ANBU? —le preguntó Kakashi sentándose junto a él.
—No. Nunca lo mencionaste.
Kakashi suspiró pesadamente.
—Necesito preguntarte una cosa.
Sasuke subió una ceja. Kakashi no era un sujeto que buscaba mantener una conversación casual sin motivos. Cada vez que el jonin tomaba ese tono de formalidad era porque se avecinaba algo importante.
—¿Qué harás cuando tengas la fuerza suficiente para pelear de igual a igual con tu hermano?
—Lo mataré— respondió indiferente—. Lo preguntaste el primer día en que nos tomaste como tu grupo. Ese sigue siendo mi sueño.
—Lo recuerdo. Sólo pensé que después de un año y medio habrías madurado un poco más que eso.
—No es un tema de madurez. Mi ambición para seguir mejorando es poder vengar a mi clan —respondió Sasuke—. Así como la de Naruto es convertirse en Hokage y la de Hinata es llegar a ser una buena líder para los Hyūga.
—¿Y no han cambiado esas ambiciones? —Sasuke movió el rostro, sentía que más que una pregunta era una afirmación— ¿Qué tal proteger a tus compañeros? ¿Proteger Konoha?
—Siento que vas a comenzar a sermonearme —dijo Sasuke sonriendo con sarcasmo mientras cruzaba sus brazos.
—Si te hubieses mantenido calmado, Hinata no habría tenido la necesidad de mentirte. Te conoce tan bien que sabía el tipo de reacción que tendrías. Es más, saliste al encuentro de tu hermano sin medir en ningún momento tu propia fuerza y la de él, sin una estrategia, arriesgando el secreto de la misión, su efectividad y la vida de los integrantes de ella —la sonrisa de Sasuke se borró—. No estábamos ahí para pelear contra Itachi u Orochimaru, estábamos ahí en búsqueda de los habitantes desaparecidos de aquella aldea.
—Ya veo, a tu parecer cometí un error en la misión —su rostro se mantuvo frío, manteniendo la mirada de Kakashi sin pestañar— ¿Voy a estar paleando nieve nuevamente o esta vez mi castigo será plantar arroz por ser primavera?
—¿Castigo? —Kakashi suspiró— No Sasuke. No voy a castigarte. Sólo quiero que pienses antes de actuar. Itachi Uchiha es un criminal rango S marcado en el libro bingo, atraparlo y darle muerte es parte de nuestra misión como shinobis.
—Si es así, entonces no veo cual es el problema de que haya querido ir tras él —respondió levantando los hombros—. Ni el punto de esta conversación, a decir verdad.
—El problema es que sigues siendo un genin y él fue un capitán de escuadrón de espionaje y asesinato en ANBU —la boca de Sasuke se tensó cuando notó la clara comparación que Kakashi estaba haciendo—. Itachi es incluso superior a mi en muchos aspectos en este momento. Un shinobi tiene que evaluar sus fuerzas y saber cómo actuar antes de hacerlo. Sus habilidades. Las tuyas y las de tu hermano, aún están a kilómetros de distancia. Están tan lejos que ni si quiera las puedes ver.
Sasuke apretó levemente el puño al escuchar eso. Que su propio maestro le dijera que no se comparaba con su hermano hacía que su estómago se retorciera de rabia.
—Pero aún tenemos tiempo de cambiar eso— Kakashi lo miró con seriedad y Sasuke subió el rostro para encontrarse con ese gesto que le indicó algo que lo emocionó levemente—. La próxima vez que nos encontremos con Itachi Uchiha, el Equipo Siete se enfrentará a él. Y lo mataremos si es necesario.
—No —respondió con lentitud—. Eso es algo que debo hacer solo. Mi venganza es…
—Una estupidez. No me importa en lo más mínimo tu venganza, Sasuke. Pero ya que no puedo cambiar tu forma de pensar, y considerando que no quiero que ninguno de mis alumnos muera, te ayudaré a enfrentarlo —Sasuke juntó las cejas y decidió escucharlo esta vez—. Cuando te amarré al tronco ese día, tu lección fue aprender a pedir ayuda. Sasuke, quiero creer que no eres el mismo niño que tomé ese día. Quiero creer que has madurado lo suficiente como para saber qué cosas puedes o no hacer por tu cuenta. Hinata puede quebrar un genjutsu con facilidad por el byakugan, eso inhabilitaría el tsukuyomi. Jiraiya-sama conoce fuinjutsus para sellar fuego, Naruto podría encargarse de contrarrestar el amaterasu de esa forma, considerando que viene de un clan especialista en ese tipo de técnicas. Tú, por otro lado, tienes el Sharingan. Nadie conoce mejor cómo funciona el dojutsu de Itachi que tú. Y yo, no soy el mejor shinobi del mundo pero también he desarrollado técnicas que creo podrían servir para enfrentarme a él. Es la mejor opción que tienes en este momento.
—Lo tendré presente —respondió sonriendo con gracia. Lo que decía Kakashi tenía cierto sentido.
—Muy bien, creo que no hay mucho más que te pueda decir. Sin embargo, hay alguien que quiere hablar contigo allá abajo.
Sasuke miró por el borde del peldaño de piedra y vio que Hinata estaba ahí, mirando hacia arriba entre las construcciones de Suna. Llevaba un obento entre las manos que lo hizo recordar que estaba hambriento. Sintió un nudo en su garganta y una ansiedad que no era propia de alguien como él.
—Dile que se vaya. Quiero entrenar tranquilo.
—Creo que esto es algo que ustedes dos tienen que resolver por sí mismos. —dijo Kakashi con un tono divertido—. Adiós.
Desapareció en una nube de humo haciendo que Sasuke chasqueara la lengua. Fue entonces que mirando hacia abajo supo que tenía que solucionar aquello. Tal vez si hablase con ella podría entender qué era eso que le estaba revolviendo el estómago hacía días y que sólo se había intensificado viendo su melena azul moverse con el viento, jugueteando sobre sus hombros.
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Se había dado por vencida cuando vio a Kakashi desaparecer. Pensó que seguramente Sasuke no quería bajar de ese gran peldaño en el muro para así hablar con ella. No importaba, tal vez en el camino de regreso podría encontrar una oportunidad para que ambos pudieran volver a estar en buenos términos. Inhaló para recuperar el aliento y se dio la vuelta. Sin embargo, no alcanzó si quiera a dar un paso.
—¿Se te perdió algo Hyūga? —la pregunta le heló la espalda.
Casi siempre la llamaba por su apellido cuando quería que sus palabras la intimidaran. Cuando quería sonar comprensivo y cercano la llamaba por su nombre con suavidad. Sin embargo, este tono lejano y ausente era algo nuevo en su relación, como si fuesen completos extraños, como si volviesen a ese primer día en que el Equipo Siete se formó.
—¿Está bien tu hombro? —le preguntó Hinata dándose vuelta— Kakashi-sensei dijo que fuiste herido en nuestra misión.
No recibió respuesta, pero tampoco Sasuke pareció molestarse de que ella estuviese ahí. Lentamente, sin expresión, movió los ojos para encontrarse con los de Hinata. Cuando aquello sucedió, la chica sintió que su mentón temblaba. Se había olvidado de lo intimidante que llegaba a ser Sasuke cuando quería serlo y todo el discurso que había preparado en su mente se deshizo.
—Te traje comida, onigiris, de esos que te gustan rellenos con hojuelas de bonito ahumado— bajó el rostro y movió el obento entre ambos—. No hay tomates aquí, intenté buscarlos pe-pero Temari-san dijo que no se consiguen muchas verduras en el desierto por el clima árido y…
—Ve al grano —le espetó—. Odio cuando te pones a divagar.
Sasuke no era de muchas palabras, pero hasta ella se sorprendió de lo brusco de su trato.
No. Siempre era brusco. Sasuke no endulzaba las cosas para nadie; si quería decir algo lo decía sin importarle los sentimientos que fuese a herir al hacerlo. Pensó que se había vuelto inmune a ello con el paso del tiempo pero al escucharlo hablar así se sintió descorazonada por el resentimiento que cargaba su voz.
—Lo siento —susurró bajando el rostro.
Permanecieron en silencio algunos minutos; Sasuke mirándola sin moverse, analizándola, esperando que dijera algo más, Hinata por su parte miraba el suelo, buscando que la arena mágicamente le dijera qué debía decir para recuperar a su mejor amigo.
—¿Eso es todo? —le preguntó de pronto—. ¿Te armaste de valor para verme después de tres semanas sólo para decir que lo sientes?
—Lo siento… mucho —susurró bajando aún más el rostro—. Por mentirte durante la misión.
—Toma tus palabras, tu comida y vete por donde viniste.
Tal vez lo que más le dolía era que ni si quiera sonaba molesto. No había nada dentro de él, como si no estuviese hablando con ella, como si no la pudiese ver. Si Hinata no lo hubiese conocido tan bien, habría pensado que Sasuke se sentía herido; pero eso era imposible, él nunca se dejaba afectar emocionalmente. Era demasiado serio con sus asuntos para algo así.
—Sasuke-kun… yo…
—No quiero escucharlo —la interrumpió, dejando que el viento despeinara su cabellera irregular—. No quiero escucharte. No en este momento.
—…quiero pedirte que me perdones por…
—Traicionarme —una pausa larga—. Engañarme —otro momento sin decir nada —. Tratarme como un imbécil —dio un paso adelante metiendo sus manos dentro de los bolsillos—. Subestimarme.
—No —Hinata negó llevando sus manos al pecho, sosteniendo sus puños para que no temblaran. Respiró profundamente. Era tiempo de dejar de ser arena—. Te equivocas.
Se miraron a los ojos otro momento, pero Hinata no encontró lo que estaba buscando. No había duda en él, como si no quisiera creerle o si quiera conmoverse por sus disculpas. Conocía a Sasuke tanto, pero a veces, sentía que lo conocía tan poco.
—Lo primero que dije ese día cuando se formó nuestro equipo, cuando Naruto estaba alegando por la designación, fue que se asegurara de no estorbarme. Estoy seguro que te lo dije en varias ocasiones también mientras entrenábamos o íbamos de misiones.
Hinata tragó pesado. Sasuke hablaba con calma, como si quisiera que sus palabras se le gravaran para siempre, como si ella fuese una idiota a quien se le debe explicar las cosas con lentitud para que las comprendiera.
—Luego, ese mismo día, cuando nos sentamos en la azotea de la Academia y todos hablaron de lo que soñaban para sus vidas, dije que no llamaba sueños a mis ambiciones —entrecerró los ojos— ¿Recuerdas cuáles eran?
—Matar a alguien y resurgir a tu clan —respondió Hinata con suavidad, el nudo en su garganta se agradaba.
—¿Y quién es ese alguien?
—Itachi… Uchiha Itachi. Tu hermano mayor.
—Entonces dime, Hyūga ¿Por qué interferiste en ello? —frunció los labios y esa frialdad se esfumó y mostró lo molesto que se encontraba— ¡Yo nunca me he interpuesto en tus metas como shinobi!
—Porque… porque yo… yo no quería que todo cambiara.
—Explícate.
—La última vez que viste a tu hermano, quisiste abandonar la Aldea. Te lo dije esa vez, en el campo de entrenamiento cuando te amarramos…
—¿Qué dijiste? —Sasuke había borrado ese día de su mente. Había sido demasiado humillante que Naruto y Hinata lo amarraran a un tronco con cuerdas de chakra.
—Que perderte sería demasiado doloroso para mí.
Los gestos de Sasuke se suavizaron levemente y de nuevo su estómago se retorció con fuerza escuchándola decir eso. Era la misma estúpida sensación que había experimentado cuando la vio caer a los pies de su hermano. Llevaba días ya sintiéndose así, seguramente estaba enfermo y era culpa de ella ¿Qué pasaba con él? No soportaba tenerla cerca, pero la mera idea de perderla en su vida lo hacía sentir un dolor físico.
—Yo no retrocedo en mi palabra, ese es mi camino del ninja —susurró Hinata tomando con fuerza el pendiente que colgaba alrededor de su cuello. Cuando Sasuke vio el movimiento de su mano pareció morderse los labios de rabia—. Dije que te iba a proteger siempre. Dije que te iba a cuidar.
—¡¿A quién?! ¡¿A Naruto?! —le gritó con tanta brusquedad que Hinata temió que la golpeara—. Pues deja de hacerlo. No necesito que alguien como tú me cuide— se detuvo y Hinata vio como le temblaba el puño cerrado—. ¿Crees que me importas? El único motivo por el cual te soporté todo este tiempo fue porque Naruto me hizo prometérselo antes de que se fuera de Konoha ¡Nunca me ha importado lo que pase contigo!
Un golpe le habría dolido menos. Sus mejillas se pusieron rojas, no por vergüenza sino por lo lastimada que se sentía. Tuvo que contener la respiración unos segundos para formular la pregunta en su mente.
Se negaba a ser arena. Se negaba a que Sasuke siguiera pisándola una y otra vez sin que ella respondiera, sólo asintiendo y hablándole con miedo. Estaba harta de que todos en su vida pisotearan sus sentimientos, su resolución. Quería ser una persona fuerte, no quería sólo desearlo sino serlo de verdad… para Sasuke, para Naruto, para Kakashi-sensei. Debía volverse alguien que pudiese soportar ese tipo de palabras sin quebrarse, sin bajar el rostro, sin titubear. Respiró profundamente y miró a su compañero con tal intensidad que Sasuke se sintió intimidado por un momento.
—¿Entonces por qué te quedaste conmigo esa noche mientras dormía?
La pregunta lo paralizó. No, más bien lo que lo paralizó fue el gesto severo en el rostro de Hinata, como si la tímida joven de la familia Hyūga, su compañera por dos años, hubiese desaparecido y en su lugar apareciera alguien más. Despegó los labios para responderle, pero su mente estaba en blanco, consumida por la forma en que ella lo estaba mirando. Su pulso se aceleró con la noción de que por primera vez en dos años, sólo lo estaba observando a él... en esa ocasión, sólo él estaba en su mente.
—¿Qué importa? —respondió molesto.
—Si no te importara no habrías…
—¡Cierra la boca, Hyūga! —Sasuke bajó el rostro y su flequillo proyectó una sombra en su mirada— No me importas. No me importas nada. Si tuviese la oportunidad de trabajar en otro equipo la pediría, pero sé que la vieja esa sólo nos daría nuevamente el discurso sobre aprender a trabajar con personas que nos desagradan…
—¿Yo-yo soy…una persona que te desagrada? ¿Después de todo lo que hemos pasado juntos, sólo soy eso? —preguntó con lentitud.
Sasuke no respondió. Cada segundo que transcurría sus oídos zumbaban con más intensidad. Quería golpearla, hacer que se callara, que dejara de turbar sus pensamientos aunque fuese un momento. Tantas cosas gritaban en su cabeza y lo único que deseaba era silencio.
No, Hinata no le desagradaba. Al contrario, le agradaba demasiado. Le agradaba lo suficiente como para hacerle olvidar su deseo de venganza y eso era peligroso. No podía tener a nadie cerca que lo alejara de su meta. Él sólo estaba vivo para ello, se lo había dicho a sí mismo tantas veces siendo un niño, pasando en soledad todos los días en ese enorme lugar vacío en donde el recuerdo de sus padres y el de una vida familiar lo atormentaba. Crecer solo había sido un infierno y ella, ese último año, había puesto fin a su soledad.
Konoha ya no se sentía como una tumba, se sentía como su hogar. No tenía que volver a su casa solo, pues Hinata lo acompañaba y cenaban juntos. Ni si quiera había estado solo para su cumpleaños, pues los irritantes genin de Konoha habían secuestrado su departamento y todo ello había sido gracias a Hinata.
No quería apegarse a algo que lo alejara del camino que había decidido para su vida, pero Hinata lo esperaba en la otra ruta que había resuelto no tomar y cada día que pasaba, su determinación flaqueaba más cuando veía lo luminoso que se volvía todo teniéndola cerca, observando su sonrisa y su estúpido rubor. En esa ruta estaba Naruto, riendo como un tarado, ondeando su mano para que los fuese a acompañar. Estaba Sakura Haruno con sus mejillas sonrojadas, diciéndole "Sasukeeee-kuuuun". Estaba Ino Yamanaka guiñándole un ojo y esperándolo con los brazos abiertos para poder colgarse en sus hombros. Estaba Shikamaru, Chouji, Kiba y Shino, todos haciendo distintas cosas, pero deteniéndose cuando lo veían, esperando que se decidiera a acompañarlos aunque no dijese nada. Estaba Kakashi, justo atrás de Hinata y Naruto, leyendo su Icha Icha del mes, desinteresado pero al mismo tiempo, expectante.
Ahí estaban las personas de su vida, las personas que hacían que todo fuese menos oscuro, esperándolo, animándolo a seguir con ellos, a crecer juntos.
Hinata lo hacía feliz. Y eso, precisamente, lo confundía. Sentía que no debía experimentar felicidad nuevamente hasta que Itachi estuviese tres metros bajo tierra. Entre todas esas personas en la ruta que titubeaba tomar, Hinata con su sonrisa, con sus gestos suaves y con su melena azulada… era a quien más le costaba darle la espalda… si hubiese sido todo distinto, tal vez, la decisión habría sido distinta.
—No Hinata. No eres una persona que me desagrade —le dijo, calmándose un poco—. Pero en este momento, tampoco me agradas precisamente —hizo una pausa. Notó que Hinata no se movía, esperando una explicación—. No era tu labor decidir por mí —le espetó con amargura y resentimiento.
—No quería que te lastimara.
—Tengo información nueva y sorprendente para ti Hinata: los shinobis somos heridos constantemente. Es parte de lo que somos. Tú, lo aceptas motivada en que algún día podrás ser más fuerte. Naruto, porque sueña con ser Hokage y que algún día todos en la Aldea lo traten como si no fuese una molestia. Pero yo, acepto ese riesgo con la ilusión de que cada herida, cada golpe, cada momento en que mi vida está en riesgo… es un paso más para acercarme a Itachi. Sin importar lo que pase, ese es el camino que elegí. No hay otro. No importa quién o qué me espere en otro lugar… mientras vea a Itachi al final, ese es el sendero que elegiré. No hay más que eso.
—Te equivocas Sasuke-kun —respondió Hinata—. Yo no lo acepto porque quiera ser más fuerte. Lo acepto porque quiero protegerlos. A ti, a Naruto-kun y a Kakashi-sensei. No quiero ser alguien a quien ustedes deban proteger. Cada vez que hemos tenido un combate, acepto la idea de que me lastimen, porque no deseo que ustedes sean lastimados.
—Yo nunca te he pedido que te pongas en riesgo por mí.
—Lo sé. Pero eso es parte de ser amigos.
—Amigos… —no pudo evitar pensar si era eso realmente lo que eran— Itachi tenía un amigo, su mejor y único amigo, algunos decían que era como su hermano mayor. Su nombre era Shisui, uno de los ninjas más talentosos que ha visto el clan, con un genjutsu incluso más fuerte que tsukuyomi. ¿Sabes lo que le hizo Itachi?
—No… —respondió en un susurro.
—Lo mató —su tono de voz sonó tan lejano que la joven sintió un escalofrío recorrerle la espalda—. Por poder.
Raina Siel - ¿Cómo? ¿el mangekyo le aparece a Sasuke luego de ver a Hinata al filo de la muerte?
No. Sasuke despierta la tercera aspa de su sharingan en la batalla contra Naruto en el Valle del Fin, pero como eso no ocurrió en mi fic, Sasuke, hasta este tiempo, sólo había tenido dos aspas en su sharingan. Al final del combate contra Itachi, la tercera aspa aparece en su iris. Para despertar el mangekyo sharingan, los Uchiha deben perder a la persona más cercana a ellos. En el caso de Sasuke, si quisiera despertarlo, tendría que matar a Hinata (quien es la persona más cercana a él en este momento).
