Dedicado a Mar418 y Mitsukichan17 quienes hicieron hermosos fanarts de Team Seven. Links en mi perfil.
Muchísimas gracias por su cariño a esta historia chicas. Realmente me conmueve.
CAPÍTULO 24
TIEMPO DE CAMBIO
๑
๑
๑
Para los que sienten soledad,
Los que creen que perdido estás.
Para los que están al borde del abismo.
Para los que ya tocaron fondo
Y sienten que ya perdieron todo.
Para los suicidas que corren ya sin vida
Cambia ya tus sueños nada más
Con el mismo cuerpo comenzar
Tiempo de cambiar
Tiempo de empezar
๑
๑
๑
El camino de regreso a Konoha fue el viaje más silencioso que realizó el Equipo Siete. Kakashi de por sí no hablaba a menos que le preguntaran algo, Sasuke parecía en su propio mundo y Hinata ni si quiera despegaba los labios a no ser que le preguntara por comida, agua, o si podía revisar el camino con su byakugan.
Durante el recorrido de tres días se sintió extraña y sola. En más de una ocasión su mente divagó y se imaginó a sí misma sentada en su habitación prensando flores, comiendo rollos de canela, caminando bajo los árboles en verano, corriendo sobre el agua mientras entrenaba, cualquier cosa para mantenerse firme en su determinación de darle espacio a Sasuke y no hablarle a menos que él la buscara.
Necesitaba ese tiempo para sí mismo y ella se lo daría. Era uno de esos momentos en que su compañero de equipo requería aclarar sus pensamientos, sobrellevar su propia frustración y lidiar con ello. No iba a inmiscuirse en esa ocasión, no iba a invadir su espacio personal diciéndole cosas que él ya sabía y no quería escuchar de nuevo. Esto era algo que él debía solucionar por su cuenta, que tenía que hacer solo para así poder crecer. Habían estado tanto tiempo juntos, pero siempre que uno de los dos necesitaba dar el paso a la madurez el otro lo detenía.
Cuando intentó irse de la Aldea, Naruto y ella lo habían hecho recapacitar impidiéndoselo. Cuando Hinata intentó aprender ninjutsu médico, Sasuke la disuadió para que así pudiesen entrenar a diario. El día que Sasuke quiso entrar al torneo chunin con un tercer miembro suplente, Hinata se negó porque Naruto no estaba ahí.
Durante el transcurso de sus vidas como equipo, habían impedido de una u otra forma que el otro siguiera avanzando por su propio camino para que así pudiesen estar juntos. Esta vez no sería así. Ella no lo detendría, dejaría que tomara su propia decisión, su propia ruta y destino… aunque eso significara separarse definitivamente y no volverse a encontrar. Y al mismo tiempo, comenzaría a tomar sus propias decisiones que no tuviesen nada que ver con las de Sasuke, una vida que fuese sólo suya, en donde el Uchiha no tuviera influencia.
Necesitaba madurar. Necesitaba comportarse como una kunoichi, tal como Temari. Necesitaba endurecerse de una u otra forma aunque le quebrara el corazón hacerlo.
Aquello era parte de crecer, para dejar de ser niños y así poder tomar decisiones que los condujeran a alcanzar sus propios sueños. En ese momento sabía que la próxima vez que Itachi Uchiha apareciera frente a Sasuke, ella no interferiría. Dejaría que su compañero de equipo tuviese una cita con su destino, de lo contrario, estaría impidiéndole madurar. Dolía, tanto que esas tres noches lloró en silencio dentro de su saco de dormir, pero ese dolor la haría volverse fuerte y estar lista para cuando Sasuke volviera con ella como un hombre, no como un niño.
No intercambiaron palabras durante esos tres días de caminata, apenas compartieron una que otra mirada, ella de arrepentimiento, él de confusión y decepción. Sin embargo, cuando se daban cuenta que se observando volvían a enfocar su vista en frente, refugiándose en el silencio de los bosques del País del Fuego.
Ni si quiera los primeros atisbos de la primavera parecieron animar a Hinata cuando llegó a Konoha. Las pequeñas flores de cerezo decoraban las ramas que tan sólo semanas atrás habían estado cubiertas en nieve, desnudas, soportando el frío. Subió su mirada a uno de los árboles mientras entraba cabizbaja a la Villa y recordó que hacía un año atrás, Naruto había estado parado sobre una de las ramas despidiéndose sin que lo supiera. Recordar su sonrisa ese día la hizo sentir melancolía y un profundo dolor en el pecho que soportó con la más sincera de las sonrisas.
¿Estaría bien? ¿Pensaría en ella? ¿Los recordaría si quiera?
Cuando atravesaron la puerta principal se encontraron con la caseta en que Kotetsu y Hayate pasaban la mayoría del tiempo vigilando la entrada de la Villa. Apenas se asomaron Kotetsu se les acercó con una sonrisa y los felicitó por su misión. Los tres lo miraron sin entender a qué se refería, pues no habían hecho nada como para ser felicitados; Itachi había jugado con ellos y Kisame casi le había desgarrado el brazo. Era un milagro de por sí que pudiera mover la mano y de seguro Tsunade tendría que gastar mucho tiempo, energía y chakra en devolverle su completa movilidad.
—¿Podría saber por qué nos estás felicitando? —preguntó Kakashi de buen ánimo, pero también dudoso.
—¡Llegaron águilas desde Sunagakure hace semanas! Su misión es lo más comentado dentro de la aldea. Eliminaron a Orochimaru y además liberaron a cientos de personas de su escondite secreto —dijo el chunin sonriendo de oreja a oreja—. Debería invitarles una barbacoa.
—Nosotros no tuvimos nada que ver con lo de Orochimaru —interrumpió Sasuke con rapidez y amargura.
—¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué sucedió entonces? —preguntó Kotetsu con curiosidad.
—Lo siento, esa información debemos dársela personalmente a la Hokage —respondió Kakashi siguiendo su camino.
Sin embargo, ninguno de los tres pudo ignorar la forma en que todos los miraban mientras pasaban por la aldea, ni tampoco la manera en que los saludaban y los felicitaban. Sólo en tres calles tuvieron que detenerse alrededor de cinco veces, pues Kakashi era abordado por distintos jonin interrogándolo sobre su encuentro con el legendario sannin.
Con cada minuto que pasaba, Sasuke se veía más ansioso e irritado. Hinata notó como cerraba su puño temblando, intentando calmarse para no perder el control de sí mismo y gritarles a todos esos sujetos que se fueran al diablo. Podía presenciar la gran batalla que se estaba librando dentro de él, pero no podía hacer más que bajar el rostro y dejarlo pelear por su cuenta. Ese era el acuerdo tácito e implícito que habían formulado al salir de Sunagakure. No obstante, sentía literalmente miedo al verlo proyectar algo oscuro a su alrededor que no podía comprender del todo, pero que al mismo tiempo, entendía, pues mientras estaban parados siendo felicitados por la misión, lo único que había en la cabeza de su compañero era el hecho de que Itachi nuevamente estaba fuera de su alcance y que había fracasado enfrentándose a él.
Las cosas en la oficina de la Hokage tampoco fueron mejores. Detallar lo que encontraron en esa aldea en el desierto, los cadáveres en la arena, la sangre, la muerte, las tumbas que Gaara había alzado en la superficie de las dunas… fue difícil de narrar. Sin embargo, Kakashi lograba describir todos los pormenores sin inmutarse, como si para él aquello fuese normal, como si sus ojos ya estuviesen acostumbrados a ese tipo de escena.
Cuando dijeron lo que encontraron en las cavernas, Tsunade frunció el ceño más de lo normal, pero a diferencia de otras veces parecía herida. Escuchar como un ex compañero de equipo había caído a niveles de inhumanidad como esos, de tener a hombres y mujeres encerrados en prisiones, experimentando con ellos, creando nuevos jutsus pagando su precio en sangre… pareció quebrarla levemente. Frente a ellos envejeció un par de años escuchando el relato y su duelo por la situación era casi palpable.
Kakashi terminó su parte de los hechos con la lucha entre Gaara y un hombre llamado Kimimaro, para luego contar cómo al llegar al lugar donde Sasuke y Hinata se encontraban, sólo halló escombros y el cuerpo muerto de Orochimaru, aún quemándose.
Fue sólo entonces que Tsunade volteó sus ojos a Sasuke quien miraba por la ventana sin decir nada.
—¿Vas a correr a enfrentarte a tu hermano cada vez que lo tengas cerca? —le gritó, cuestionándolo enfadada.
Quizás realmente estaba furiosa por escuchar la forma imprudente en que ambos genin habían corrido al encuentro contra miembros de Akatsuki, pero a los ojos de Hinata, parecía estar tan herida con lo que había escuchado que estaba descargando su frustración en ellos.
Sasuke no respondió.
—Ustedes son dos genin, ellos son criminales rango S del libro Bingo. Tienen suerte de estar aún con vida, niños estúpidos —la mujer golpeó su mesa con fuerza y el sonido rebotó contra las paredes haciendo eco en los oídos de Hinata una y otra vez. Bajó el rostro con las duras palabras sabiendo que no tenía derecho a réplica— ¡Sabía que algo estaba mal! ¡Nunca gano en la lotería!
—La misión se completó con éxito, ¿no? ¿Por qué estamos recibiendo un sermón? —preguntó Sasuke desinteresadamente.
—¡Porque pusiste en riesgo a tu equipo yendo contra un enemigo fuera de tu alcance!
Escuchar que aún no podía hacerle el peso a Itachi consiguió hacer que Sasuke volteara su atención a la mujer. La mirada entre ambos fue una lucha de por sí, algo que a Tsunade no le agradó para nada. Estaba harta de tener que lidiar con Sasuke Uchiha y su falta de disciplina.
—¿Cuántas veces tendré que escribir el reglamento shinobi ahora? ¿Quinientas? ¿Mil? —le preguntó con una sonrisa amarga que hizo que Tsunade quebrara la taza de té que sostenía.
—No. Tengo algo mejor planeado para ti y Hinata.
Y realmente lo tuvo.
Lo que tuvieron que hacer durante la semana hizo que barrer hojas y palear nieve fuese incluso agradable. Se les asignó en el grupo de mantenimiento de los equipos del escuadrón de comunicaciones… o sea… mantener a los gorriones, palomas, halcones y águilas que se cuidaban en la torre de la Hokage. "Mantener" consistía básicamente en limpiar excremento de aves todo el día. Hinata pensó que desfallecería cada vez que tenía que limpiar el estiércol de las jaulas o presenciar a las águilas comer ratones vivos y lo único que mantuvo su entereza fue saber que si se quebraba, Sasuke lo haría con ella, mandando al diablo a Tsunade, al Equipo Siete y todo Konoha.
Sin embargo, con el pasar de los días, los shinobis encargados del lugar los dejaron hacer tareas más significativas que limpiar. Sasuke, quien parecía más interesado que Hinata en los halcones y águilas, aprendió la forma en que se ataban los mensajes, como se encriptaban en caso de que cayeran en manos enemigas y disfrutó bastante de poder alimentarlos con carne cruda mientras les acariciaba las plumas absorto en su majestuosidad. Pasaba mucho de su tiempo libre en el lugar dándoles de comer y las aves se le acercaban naturalmente, como si tuviese algo especial que las atraía.
Hinata pensó que era bastante obvia su fascinación con las aves. Las águilas eran criaturas tan solitarias como él, que volaban en lo alto del cielo, siempre buscando a su presa. En cierta forma, Sasuke y las águilas se parecían.
Nunca lo vio más en paz que en ese lugar. Se paraba en el tejado abierto de la torre mientras observaba Konoha con un águila aferrada a su brazo. El viento mecía su cabello que había crecido lo suficiente nuevamente para que dejara de usar la bandana. De espalda, se veía compuesto y hasta tranquilo cuando el aire chocaba contra él. En el fondo, Hinata se preguntó en más de una ocasión si estaría considerando saltar para comprobar si podía volar o no, tal como lo hacían las águilas y los halcones.
Un día mientras Sasuke le daba carne a las águilas, un encargado del lugar se acercó a él y le dijo que estaba impresionado de que esa águila en particular fuera tan dócil a su alrededor, asegurándole que tenía habilidades naturales para la cetrería. Al parecer la misma águila que estaba aferrada al brazo de Sasuke le había sacado un ojo al último que la sostuvo de esa forma. Sasuke mostró media sonrisa y estiró su brazo dejando que el águila volara por los cielos de Konoha.
Fue alrededor de una semana después de que comenzara su castigo que el pelinegro se dirigió a Hinata sin que ella lo buscara o estuvieran obligados a hablarse. La joven se encontraba en la punta de la torre alimentando a los gorriones cuando escuchó el sonido de pasos a su espalda. Al voltearse, se encontró con los ojos de Sasuke sobre ella.
—Quiero mostrarte algo.
Hinata notó que le costaba dirigirse a ella, como si estuviese peleando con su orgullo. Después de unos segundos de incomodidad atinó a reaccionar.
—¿Sí? —le preguntó cerrando la pequeña jaula.
Sasuke mordió su dedo pulgar y golpeó el suelo con su palma extendida.
—Kuchiyose no jutsu.
Una gran nube de humo bloqueó momentáneamente la visión de Hinata, pero cuando éste se disipó pudo observar que justo sobre el hombro de Sasuke se alzaba solemnemente una hermosa águila de plumas cafés, mirándola como si la fuese a atacar en cualquier instante. La boca de Hinata se entreabrió de sorpresa.
—¿Cuándo conseguiste ese nuevo jutsu? —le preguntó asombrada.
—El encargado del mantenimiento me dejó firmar el contrato —dijo orgulloso y una leve sonrisa adornó su rostro—. Antes podía invocar algunas aves al azar con un jutsu especial para eso, pero ahora, puedo hacerlo con las Águilas. Es un verdadero contrato de invocación. ¿Genial, no?
—Asombroso… — susurró ella—. ¿Y qué puedes hacer con águilas ? ¿Intentarás crear algún ataque con ellas?
—No lo sé, algo se me ocurrirá.
—Naruto-kun puede invocar sapos y tú águilas… nuestro equipo se vuelve cada vez más fuerte —dijo sonriendo y Sasuke asintió.
—Hinata —le puso atención, la estaba mirando como si quisiera decirle algo serio—. ¿Cómo está tu brazo?
—Mejor, Tsunade-sama lo trató —respondió ella un tanto sorprendida de que Sasuke le estuviese preguntando por ello—. Aunque tiene una cicatriz muy fea. Ahm… ¿Quieres entrenar cuando terminemos aquí?
Ese fue el único motivo que encontró para que él le preguntara por su salud. Sin embargo, se sintió bien escucharlo hablar sin todo ese pesar sobre sí, con más tranquilidad como si aquella etapa de oscuridad ya hubiese pasado. Se le notaba listo para seguir adelante y dejar atrás el fracaso que había experimentado cuando enfrentó a su hermano mayor. De inmediato, Hinata sintió que un peso era retirado de sus hombros y sintió deseos de correr hacia él y abrazarlo. Sin embargo, sólo se paró a su lado, sin decirle nada, pero sabiendo que ambos estaban listos para seguir adelante sin voltearse a mirar sus fracasos y malos ratos, listos para olvidar lo mucho que se habían herido en ese viaje a Sunagakure.
Se perdonaron sin palabras, como lo hacen los verdaderos amigos. Acordaron sin decir nada, que no volverían a hablar de ello.
—Entrenar juntos me parece bien —susurró Sasuke sin mirarla mientras la invocación desaparecía en una nube de humo.
Hinata se fijó en la forma en que los ojos de Sasuke se perdían observando el vuelo de las aves y entendió por qué le gustaban tanto: eran libres, majestuosas y volaban en lo más alto del cielo. Representaban todo lo que él quería alcanzar pero no podía por estar atado al suelo, a Konoha, a la memoria de sus padres, a Itachi, a la venganza y a ella.
—Tenemos mucho que hacer antes de enfrentarlo de nuevo. Espero que ese inútil no esté perdiendo el tiempo —el sonido del viento se mezclaba con la voz de Sasuke—. La próxima vez lo conseguiremos.
—Sí. Lo haremos juntos —afirmó Hinata sonriéndole con calidez, su voz sonaba tan tranquila como la de Sasuke—, le traeremos paz a tus seres queridos cuando sea juzgado por sus crímenes.
—Hinata —no la miraba, pero bajó el rostro levemente como si lo que estaba a punto de decir le costase—. ¿Me acompañarías al cementerio antes de entrenar?
Hinata suspiró y entendió lo mucho que le estaba costando preguntarle eso. A Sasuke le era terriblemente doloroso ir al cementerio. Por mucho tiempo había estado evitando ir a esa zona de Konoha y sólo se paseaba por las tumbas cuando estaba realmente deprimido.
—Claro —respondió Hinata—. Iremos antes de entrenar.
