CAPÍTULO 25
HANAMI
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Lo sé.
Me lo dice mi cuerpo que está cambiando.
Me lo dicen mis ojos cuando me miro al espejo.
Estoy creciendo y parezco otra.
Ni yo misma me reconozco a veces.
¿Cómo quieren entonces que reconozca al otro, a ese que está a mi lado día tras día, pero que no significa nada para mí?
A lo mejor con crecer de altura no basta y para crecer de verdad tengo que aprender a ver al otro tal como es, sentirlo diferente a mí y sin embargo quererlo y aceptarlo.
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Entrenar esos días se volvió agradable. El frío no era tan intenso y el sol estaba ocultándose mucho más tarde. El principio de la primavera les proporcionaba la ventaja de poder moverse sin entumirse, de respirar sin agotarse y de poder trotar alrededor de Konoha sin quedar estancados en pilas de hojas o montañas de nieve.
Esa noche mientras volvían de entrenar, caminando entre las pobladas calles que parecían no detenerse sólo por la oscuridad, se encontraron con un grupo de personas que a Sasuke no pareció agradar del todo: el Equipo Ocho. No se había dado cuenta de por qué su vida parecía tan tranquila últimamente y sólo se percató de la razón de ello cuando Sakura Haruno apareció en su campo visual, corriendo hacia él.
—¡Sasuke-kun! —gritó con felicidad y se tiró a los brazos del pelinegro.
Como de costumbre, intentó liberarse de ella de alguna forma sin mucho tacto o delicadeza. Sin embargo, la chica era tan insistente que a pesar de los reclamos y las sacudidas para que lo soltara, no se despegó de él, resultando todos los esfuerzos por repelerla inútiles. Después de forcejear un poco empujándola y diciéndole que lo soltara, Sasuke terminó por rendirse y le permitió que se colgara a su brazo caminando con él.
Hinata rió con suavidad ante la situación mientras Kiba insultaba a su compañera una y otra vez diciendo que estaba avergonzándose a sí misma. Shino por su parte no dijo palabra alguna, sólo se limitó a felicitarlos por la misión en Suna y les informó que ellos venían de un control fronterizo al norte del País del Fuego.
—Nosotros no tuvimos nada que ver con lo de Orochimaru —le aclaró Sasuke al Aburame. Ambos parecían llevarse bien, Hinata podía notarlo por la seriedad con que se dirigían el uno al otro y eso era más de lo que la mayoría de las personas de Konoha obtenían de Sasuke Uchiha—. Estaba muerto cuando llegamos al lugar.
—Ya veo —fue todo lo que dijo Shino.
—Sasuke-kun eres tan asombroso, no hay ningún ninja en Konoha que se compare contigo —balbuceó Sakura con las mejillas sonrojadas. Kiba gruñó y chasqueó la lengua irritado con el comentario—. ¿Quieren comer algo con nosotros? Íbamos a comer alguna cosa, hemos caminado todo el día para volver a la Aldea.
—Esa es una buena idea —dijo Kiba con una gran sonrisa—. Hace tiempo que no comemos todos juntos.
Hinata levantó el rostro y miró a Sasuke, quien a su vez la miró a ella frunciendo el ceño, como si le estuviese diciendo claramente que no deseaba ir pero que respetaría su decisión. Bajó los hombros y miró hacia un costado, dejando que ella decidiera por ambos. De cualquier forma era demasiado tarde para llegar a cocinar.
—Nos gustaría mucho cenar con ustedes. No hemos comido nada en todo el día —dijo Hinata con Akamaru entre los brazos.
—¡Vamos a comer dangos! —dijo Sakura animada.
—No me gustan los dulces —negó Sasuke mientras el grupo avanzaba.
—Entonces vayamos por carne, la comida de campeones —agregó Kiba levantando ambos brazos y colocando las manos en su nuca—. Llevamos días comiendo porquerías.
—¿Porquerías? ¿Así te refieres a la comida que hice para ustedes, maldito malagradecido? —le gritó Sakura furiosa.
—¡Eso no era comida! ¡Ni si quiera se podía masticar! —se quejó Kiba.
—Tú comida es más que aceptable en comparación con lo que cocinabas hace un año —dijo Shino intentando defenderla, pero su franqueza pareció deprimir aún más a la explosiva pelirrosa quien golpeó a ambos.
—Ya me estoy comenzando a arrepentir de esto —le dijo Sasuke a Hinata mirándola irritado.
Ella sonrió mientras observaba la forma en que Sakura y sus compañeros peleaban, estos intentando cubrirse de alguna manera de sus brutales puñetazos. Sin embargo, la relación de Kiba y Sakura era algo intrigante de ver. Era una batalla monumental de insultos inteligentes y cada respuesta que se daban era mejor que el insulto anterior. Parecía como si fuese una rutina que venían practicando todo el tiempo. Shino ni si quiera les prestaba atención, acostumbrado al trato que se daban el uno al otro.
Al verlos discutir así, no pudo evitar pensar en la época en que Sasuke y Naruto peleaban uno con el otro, ya fuese por el lugar en donde comerían, si entrenarían taijutsu, ninjutsu o genjutsu, sobre lo inútil que era Naruto o lo grosero que era Sasuke, y claro, la forma en que el Uchiha la trataba a ella. Miró a su compañero con algo de melancolía y se preguntó si también él extrañaría tener alguien con quien discutir. No lo decía, pero estaba casi segura que extrañaba a Naruto.
Cuando llegaron a la barbacoa se encontraron, por supuesto, con el Equipo Diez comiendo una parrillada. "Comiendo" es la expresión equivocada. Lo que hallaron en el lugar fue a Ino intentando tomar algún pedazo de carne con sus palillos mientras Chouji se adelantaba a ella metiendo múltiples trozos en su boca.
Asuma estaba fumando mientras revisaba su billetera, asustado (como de costumbre) que su capital no fuera suficiente para apaciguar el apetito de su discípulo. Shikamaru estaba leyendo un libro sin prestarle mucha atención a sus compañeros, demasiado abstraído como para caer en la batalla por comer antes que Chouji.
Sí, Sasuke ya se estaba arrepintiendo de haber ido sin reclamar, sobre todo cuando Ino Yamanaka puso sus ojos sobre él.
—¡Sasuke-kun! —dijo poniéndose de pie tan rápido que el Uchiha de inmediato dio un paso atrás, sin que Sakura soltara su brazo—. ¿Qué haces frentona? ¡Suelta a Sasuke-kun! ¡Mira lo horrorizado que se ve! —Ino tomó su brazo libre y comenzó a tirarlo hacia ella.
—Si se ve horrorizado es por tu desesperado intento de llamar su atención —se defendió Sakura sin soltarlo.
—Ya basta —gruñó Sasuke con severidad haciendo que ambas lo miraran confundidas—. Suéltenme.
—¡Hola chicos! —los saludó Asuma desde su puesto—. ¿Dónde están Kurenai y Kakashi? ¿Acaso no los invitan a comer cuando terminan alguna misión?
—Kakashi está en una misión en Kirigakure —respondió Sasuke sin deseos de explicarle a Asuma que su maestro era el ser más tacaño del Konoha.
—Kurenai sensei fue a entregar los reportes de nuestro patrullaje —agregó Kiba mientras Ino y Sakura miraban a Asuma con complicidad, haciendo que el jonin se sonrojara y dejara de observarlos.
—¿Quieren comer con nosotros? —les preguntó—. Aunque si desean comer más vale que puedan estar a la par con el apetito de Chouji.
—¡Nadie sacará ningún trozo de mi deliciosa carne! —alegó Chouji con llamas en sus ojos.
—No piensen que lo dice bromeando, es problemático comer con Chouji —agregó Shikamaru.
El grupo se cambió a una mesa más grande para comer. Por supuesto, Ino y Sakura se sentaron una a cada lado de Sasuke intentando llamar su atención de cualquier forma, mientras él mantenía el perfil bajo e intentaba comer en paz, sólo prestando atención cuando Shikamaru o Shino decían algo inteligente que valía la pena escuchar y discutirse.
Hinata, por su parte, se sentó junto a Kiba y Shino con los cual conversó alegremente toda la velada. Si había algo que le agradaba de Shino era lo cómoda que se sentía alrededor de él, pues al no hablarle más de lo necesario, no la obligaba a responderle más de lo estrictamente requerido. Kiba por su parte era un chico animoso y muy alegre, algo que a veces extrañaba en su vida. Por lo cual, sentir que él quería hablar con ella la hizo experimentar una extraña felicidad en sus entrañas… era como si alguien de verdad escuchara lo que estaba diciendo y pareciera interesado en ello.
Sasuke miraba la conversación de reojo, en silencio, algo molesto de que Hinata pareciera prestarle tanta atención a alguien tan simplón como Kiba. Sus mayores aportes a la conversación consistían en anécdotas de Akamaru, lo ridícula que le parecía Sakura Haruno, como Shino siempre estaba resentido por alguna cosa… y claro, más anécdotas de perros, lobos y lo mucho que lo asustaba su madre. Para Sasuke, el Inuzuka era un sujeto poco interesante que se jactaba de poderes que sólo él parecía ver. Ni si quiera lo consideraba un rival a superar. Por lo mismo, ver que Hinata parecía tan interesada en él lo hizo preguntarse si le habría dado un golpe en la cabeza durante la tarde. Era la única explicación que encontraba para que estuviese interactuando de esa manera con Kiba.
De pronto todos callaron cuando Ino comenzó a golpear su vaso con el tenedor.
—Chicos, es bueno que estemos todos aquí pues hay algo que aún no discutimos y eso es… el hanami de este año —dijo la rubia con una gran sonrisa.
—¿Ya pasó un año? —preguntó Shikamaru sin dejar su lectura.
—¡Claro que pasó un año! ¿No ves que es primavera? —le contestó irritada.
—Sólo no nos hagas hacer cosas problemáticas de nuevo —le indicó Shikamaru perdiendo de inmediato interés en lo que ella decía.
—Pues, Tsunade-sama nos encargó a Sakura y a mí que los genin de Konoha creáramos un stand de ventas… —Sasuke iba a abrir la boca para alegar cuando Ino prosiguió con rapidez—. Y como es una orden de la Hokage, no es discutible.
—Suerte que yo no soy un genin —dijo Shimakaru sonriendo, haciendo que Ino se irritara aún más.
—¡Tú vas a participar o le diré a tu madre que nuevamente estás intentando librarte de tu responsabilidades! —lo amenazó. Sacar a la madre de Shikamaru para ese tipo de cosas significaba una sentencia de muerte, por lo cual el Nara sólo suspiró abnegado—. Bien ¿Alguna otra pregunta?
—¿Y qué se supone que tenemos que vender? —la cuestionó Kiba frunciendo los labios. Tampoco parecía muy convencido con todo el asunto.
—Los jonin hemos organizado un stand de juegos —agregó Asuma prendiendo otro cigarrillo—, tal vez ustedes puedan vender comida o bebidas.
—¿Y todos tenemos que participar de esta estupidez? —preguntó Sasuke—. Somos ocho, con que dos o tres se encarguen del stand ya es suficiente.
—Yo puedo ayudar —dijo Hinata con timidez.
—No. Tú vas a entrenar conmigo —le espetó Sasuke mirándola con seriedad.
—¿Quién entrena durante el hanami? —preguntó Kiba fastidiado por la actitud de Sasuke. Tampoco era como si fuese dueño de Hinata para decirle qué hacer.
—¡Las personas que no son completos vagos como tú! —le gritó Sakura molesta.
—¡Yo voy a disfrutar de la comida, no a servir comida! — alegó Chouji—. No es necesario que todos estemos ahí trabajando.
—Y como Tsunade se los solicitó a ustedes dos, creo que lo más lógico es que sean ustedes dos las que se encarguen de ese asunto —concluyó Sasuke.
—¡Eso no es justo! ¡Se supone que todos debíamos colaborar! —alegó Ino—. Chouji, Shikamaru y yo ya nos hicimos cargo del stand de año nuevo. Sakura, Kiba y Shino tuvieron que preparar los fuegos artificiales el verano pasado…
—Y nosotros tuvimos que limpiar al día siguiente, en ambas ocasiones —reclamó Sasuke—. A todos nos han obligado a hacer estas estupideces en más de una ocasión.
—¿Por qué no lo hacemos al azar? —interrumpió Shikamaru.
—No creo en el azar —dijo el Uchiha rápidamente—. Hagamos una competencia. Los que pierdan se encargan del famoso stand, la limpieza y todo lo que conlleve.
—Eso es una idea lógica y razonable —agregó Shino—. ¿Por qué? Porque de esa forma nadie podría alegar que algunos tuvieron más trabajo que otros.
—¿Competencia de qué? —preguntó Kiba extrañado.
—¡Que sea una competencia de quien puede comer más! —señaló Chouji con rapidez.
—¡Eso no es justo, tú ganarías! —alegó Sakura.
—¿Qué tal de rapidez? —preguntó Kiba.
—Y ahí el que ganaría serías tú —lo increpó Ino.
—Creo que lo más justo es que Asuma-sensei lo escoja, es el único miembro imparcial en esta mesa —agregó Shikamaru.
—¿Cómo puede ser imparcial si es su maestro? —reclamó Sakura.
—Que ridículo, terminemos rápido con esto —interrumpió Sasuke haciendo que todos se callaran y lo miraran extrañado—. Competiremos en equipos. Hinata y yo somos dos, así que eliminaremos a uno de cada equipo para que sólo dos miembros pueden participar. El equipo que gane no tendrá que perder su tiempo en esto del Hanami. Asuma-sensei elegirá la competencia en representación del equipo diez y el equipo ocho pondrá las reglas del juego.
Todos parecieron asentir con las indicaciones de Sasuke quien no era una persona que fuese muy sociable alrededor de ellos, pero viéndose acorralado en un evento del cual no quería participar, se vio obligado a interferir.
De pronto todos se quedaron callados y miraron a Asuma esperando que éste dijese en qué competirían.
—Bueno, creo que… lo más razonable es que sea una competencia en donde se demuestre su inteligencia y tácticas de combate —Shikamaru sonrió—, una competencia de shōgi.
—Me parece razonable —dijo Shino.
—¿Qué es shōgi? —le susurró Kiba a su compañero mientras se rascaba la cabeza.
Sin embargo, Ino, Shikamaru y Chouji sonreían pícaramente. Sabían que teniendo al genio de Konoha en su equipo no iban a perder. Sasuke se cruzó de brazos y sonrió también, no era tan estúpido como para no saber del intelecto de cada uno de ellos. Si eliminaba a los cerebros del grupo, el resto sería pan comido.
—El equipo siete elimina a Shimakaru y a Shino de la competencia —dijo sintiéndose ganador desde ese momento.
—¡No! —gritó Ino golpeando la mesa con su frente.
—¡Estamos perdidos! —se lamentó Chouji.
—¿Y ustedes? ¿No van a lamentarse también? —preguntó Sasuke mirando a Kiba con burla.
—Claro que no, eliminaste a Shino pero dejaste a Sakura. Tal vez Shino sea más inteligente, pero Sakura… es brillante, en su propio modo.
La chica hizo el símbolo de la victoria y sacó la lengua con confianza. A Sasuke no le importaba, estaba seguro que podía ganarle a Sakura Haruno en un juego como el shōgi.
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—¡Me niego a aceptar esto! —Dijo Sasuke poniéndose de pie con rapidez—. Esto… esto es… ¡Esto es trampa!
—¡Ey! No te quejes porque Sakura ganó —dijo Kiba riendo mientras abrazaba a su compañera y la alzaba por el aire.
—¡Pero sus padres no dejaban de distraerme! ¿Cómo se supone que moviera las piezas si…?
—Nosotros establecíamos las reglas y el lugar de encuentro —le indicó Shino acomodando sus gafas oscuras—, fue parte del trato.
—Maldición —se quejó nuevamente Sasuke.
—Fue brillante traer a Sasuke a la casa de Sakura, sus padres han escuchado de él tantos años que no pararon de acosarlo —dijo Shikamaru asombrado de que Shino tuviese una mente tan perversa.
Ya que eran seis jugadores, decidieron que sólo cuatro de ellos participarían. Como el equipo ocho era encargado de las reglas resolvieron que elegirían a los cuatro concursantes al azar sacando palitos. Sasuke, Sakura, Kiba e Ino sacaron los cuatro palitos más largos siendo los que representarían a sus respectivos compañeros en el concurso.
Se prohibió por parte del equipo ocho que cualquiera de ellos usara sus habilidades ninja para competir, dejando el juego sólo al ingenio de cada uno. Nadie alegó por ello, pues la idea al haber escogido el shōgi era precisamente demostrar que tanto ingenio tenían.
El encuentro entre Ino y Sakura fue larguísimo. Ambas se negaban a perder, cada una moviendo sus piezas con tanta precisión que ni si quiera Sasuke pudo predecir quien ganaría. Todo se volteó a favor de Sakura cuando sacrificó una importante pieza e Ino descuidó a su rey.
Por otro lado, la partida entre Kiba y Sasuke duró exactamente 7 movimientos de parte del Uchiha. Ni si quiera fue una competencia.
Ino se quejó vívidamente de la mala suerte que habían tenido y sus ojos se llenaron de lágrimas, pero Chouji la consoló diciendo que el stand podía ser de venta de flores y Shikamaru le dijo que la ayudaría aunque no tuviese que hacerlo. La escena fue bastante conmovedora a decir verdad, Ino mostrándose vulnerable, Chouji sosteniéndola y Shikamaru poniendo una mano sobre su hombro. Después de unos instantes, Ino miró a su alrededor y vio a los dos chicos en su vida. Con una sonrisa aceptó su derrota, contentándose en saber que al menos se tendrían el uno al otro mientras estuviesen estancados en el Hanami vendiendo cosas.
En cambio, el equipo ocho se juntó y preparó su estrategia para la final contra el Equipo Siete de forma minuciosa. No estaban dispuestos a perder. Por mucho que Sasuke hubiese sido el mejor en la Academia, que los profesores lo señalaran como un genio y que perteneciera a un clan de elite… todos tenían un punto débil y Shino creía saber cuál era el de Sasuke.
Cuando Hinata le deseó suerte, éste le respondió que no la necesitaba, pero estaba equivocado. Tan pronto se sentaron la puerta del comedor se abrió y dos extraños sujetos hicieron acto de presencia… los padres de Sakura.
Sasuke fue bombardeado con todo tipo de preguntas, cada una lo encrespaba más que la otra. Ser cuestionado sobre su relación con Sakura, sus aspiraciones e intenciones con ella, sus deseos de tener algo serio y no sólo una aventura juvenil, sobre la importancia de esperar hasta el matrimonio para realizar actividades de adultos y varias otras cosas que resultaron incómodas de responder, hizo que el Uchiha perdiera por completo su concentración en el juego. Entre tal acoso, Sasuke apenas podía mover las piezas, perdiendo su enfoque. Se había acostumbrado tanto al silencio entre él y Hinata cuando entrenaban que trabajar intelectualmente con tanto ruido se le hizo dificultoso.
Sin embargo, no fue eso lo que lo hizo perder, sino, el límite de veinte segundos para mover las piezas. Cuando el padre de Sakura se sentó junto a él y le preguntó por lo ocurrido entre ambos en el País de las Libélulas, Sasuke no supo qué responder y se quedó paralizado. Todos lo miraron esperando una respuesta y por más que separó los labios para defenderse, nada salió de él, volviéndose cada vez más pálido al recordarlo. Y entonces… transcurrieron los últimos 5 segundos con la pieza en su mano sin ser movida y Shino declaró su derrota.
El Equipo Siete y el Diez acordaron que venderían flores (no les importaba realmente qué vender y aprovecharon que la familia de Ino era dueña de una florería). Sasuke y Hinata ayudarían a mover los baldes hasta el lugar donde se celebraría el Hanami (Shikamaru era muy flojo para hacerlo) y limpiarían al día siguiente. El equipo diez se encargaría de vender las flores durante la velada y todos levantarían el stand.
Irritado, Sasuke salió del hogar de los Haruno siendo seguido por Hinata quien no quiso decir nada. Sabía que su compañero odiaba perder, pero odiaba aún más tener que asistir a eventos sociales que consideraba irrelevantes para su formación como ninja.
Cuando habían avanzado alrededor de diez metros alejándose de la casa de Sakura, el grito de Kiba los hizo detenerse y voltearse.
—¡Hinata! ¡Espera! —ambos se dieron vuelta para ver por qué Kiba les gritaba en la calle. Cuando los alcanzó se veía extrañamente animado—. ¿Podría hablar contigo? —cuando Sasuke no se movió, Kiba dijo lo obvio—. A solas.
El Uchiha subió una ceja y siguió caminando. Tampoco era como si le importase lo que un sujeto tan ridículo como Kiba tuviese que decirle a Hinata. De seguro lo único que podría hablar con ella eran cosas sobre perros, o cómo él iba a ser el ninja más fuerte de Konoha o alguna aburridísima anécdota de Akamaru. Claro que no le importaba lo que ese idiota tuviese que decirle, para nada, no estaba pensando en ello y se negaba a que el tema si quiera lo irritara. Era demasiado insignificante.
Sin embargo, algo le molestaba mientras se alejaba. Por lo general no era así, nunca prestaba atención al resto y mucho menos de sus conversaciones, pero se trataba de Hinata… Hinata y Kiba Inuzuka, quien siempre se mostraba tan confianzudo alrededor de su compañera. Esa desenvoltura y familiaridad entre ambos lo venía impacientando desde mucho tiempo ya, pero había llegado a niveles insostenibles la noche anterior. Tener que verlos interactuar frente a él con tanta confianza le había molestado al punto de arruinarle el apetito. Incluso mientras jugaban notó como se paraba junto a Hinata y ambos reían de alguna cosa. No era normal que siempre quisiese hablarle, reír con ella, intentar tocarla, abrazarla, gastarle bromas… toda esa atención que le daba a su compañera le revolvía el estómago y sinceramente lo consideraba algo patético ¿Por qué no era así con Haruno en vez de molestar a Hinata?
Estaba seguro que Naruto lo habría apoyado en eso, a él tampoco le agradaba que Kiba se mostrara tan desenvuelto con la peliazul, lo recordaba a la perfección.
Incrédulo de lo que estaba haciendo, volteó la vista sobre su hombro —Sólo lo hago por Naruto…— pensó, sintiéndose menos ridículo por estar interesado en lo que pasaba atrás de él.
La imagen que se presentaba a sus espaldas lo irritó profundamente. Sintió como si Kiba estuviese cruzando una línea a la cual nadie podía acercarse, sólo él. No se necesitaba ser un genio para darse cuenta de lo que sucedía y la forma estúpida en que el Inuzuka estaba actuando alrededor de su compañera.
Pero no era sólo Kiba el que desprendía luminosidad alrededor de ella, también había algo raro en Hinata, algo que no había visto en bastante tiempo, tal vez desde la época en que Naruto estaba con ellos.
Ella no sonreía de esa forma a su alrededor, ni mostraba esa suavidad en sus gestos, o sus mejillas formaban magdalenas al reír. Hasta sus hombros estaban mucho más relajados que de costumbre. No parecía ajena a la situación, sino encantada de poder estar hablando con él, como si por primera vez en meses estuviera entusiasmada de verdad por algo. No se estaba obligando a sí misma a sonreír, o a escucharlo… genuinamente estaba brillando a su alrededor.
Aquello lejos de enojarlo, lo hizo sentir una extraña melancolía ¿Acaso era tan infeliz siendo su compañera de equipo? La forma en que Hinata sonreía por lo que Kiba le decía la hacía lucir realmente alegre y viva, como si toda la tristeza de las semanas pasadas se esfumara de su alrededor.
Si hubiese sido un buen amigo, aquello le habría dado gusto, después de todo, si alguien merecía tener un momento de descanso de toda la tensión… era Hinata. Sin embargo, Sasuke era un chico bastante egoísta y lejos de alegrarse por lo que observaba lo único que sintió fue deseos de partirle la cara a Kiba para que se alejara de ella.
¿Qué sucedía con él últimamente? ¿Por qué todo lo que involucraba a Hinata lo irritaba? ¿Desde cuándo era "Hinata" en su mente y no "esa Hyūga"? Algo estaba cambiando y no podía entender del todo qué era. Tenía una extraña sensación en el abdomen como si de un momento a otro se fuese a enfermar.
De pronto, la joven hizo una reverencia y Kiba volvió a correr en dirección a la casa de Sakura gritando "Nos vemos el viernes". Sasuke se cruzó de brazos observando como ella volvía hacia el lugar en donde la estaba esperando.
—¿Qué quería? —le preguntó de mal humor.
—Invitarme al hanami —respondió Hinata mientras caminaba en dirección a la torre del Hokage para seguir su castigo.
—Pero si todos vamos a estar ahí —dijo extrañado—. ¿Te invitó a un lugar en donde se supone estarás de cualquier forma? Que inteligente.
Hinata subió los hombros y medio sonrió apenada sin poderle dar una respuesta.
Toda esa actitud extraña de la chica lo estaba comenzando a molestar de verdad… ¿Qué secreto le estaba ocultando?
—¿Por qué te invitó al hanami? Le dijiste que no, ¿verdad? Se supone que vas a ir a ese lugar con tu familia como todos los años ¿no? —¿Por qué estaba tan interesado? ¡Que importaba lo que hiciera Hinata! ¿Por qué no podía dejar de hablar?
—Le dije que iré con él. Cuando nos desocupemos tendremos libre la tarde de cualquier modo —se excusó Hinata—. Y sé que no te gustan esas cosas…
¿Por qué no le había preguntado si él quería ir? ¿Acaso simplemente asumía que le diría que no?, acaso… ¿Prefería estar con Kiba que con él? La mera idea le revolvió el estómago y comenzó a sentirse extraño, como si un nudo se le formara en la garganta y la única forma de deshacerse de él fuese golpeando a Kiba hasta verlo sangrar.
—Ese sujeto es un idiota —dijo finalmente fingiendo desinterés—. No entiendo por qué gastarías tu tiempo libre paseándote con él en ese lugar.
—Porque… Kiba-kun es divertido —¿Y él no lo era? ¿Eso estaba diciéndole?
—Tan divertido como un payaso —respondió con ironía.
—No me refería a eso —dijo Hinata frunciendo levemente los labios—. Me gustaría hacer más amigos. Las chicas son amables conmigo, pero a veces dudo si realmente lo son porque me quieren conocer más, o porque quieren conocer más de ti. Aparte de Naruto-kun y tú… no tengo amigos. Será agradable pasar tiempo con…
—¿Agradable? ¿Qué tiene de agradable estar con ese sujeto? Y ese perro… ese... ese perro está lleno de pulgas y quién sabe qué.
—Sasuke-kun —Hinata se detuvo y lo miró con los ojos más adorables que había visto en ella, sorprendiéndolo como si un balde de agua fría le cayese encima—. ¿Te molesta que vaya con Kiba-kun al hanami?
—No —le respondió más rápido de lo normal—. ¿Por qué me importaría lo que hagas?
Por un momento, Sasuke creyó ver algo de decepción en sus ojos al escucharlo decir eso, pero la expresión desapareció rápidamente para dar cabida al alivio que aquello significaba. La joven, titubeante, frunció las cejas y si el gesto que anteriormente había estado en su rostro le pareció adorable, el que apareció en ella pudo fácilmente hacerlo sonrojar.
—¿Estás seguro? No iré si prefieres que pase el día contigo entrenando o… o acompañándote.
De lo único que estaba seguro en ese momento era que la idea de que Kiba y Hinata pasaran tiempo juntos le molestaba. Y para su fortuna, la joven le estaba dando una salida muy fácil al ofrecerle simplemente no ir y pasar el día con él. Si no hubiese odiado tanto el hanami y todas esas festividades en donde las personas de Konoha se reunían como moscas sobre la basura, incluso se habría contentado en ir con ella e intentar hacerla pasar un buen rato… con él.
Sin embargo, la mera idea de que Hinata pensara o llegara a pensar que era lo suficientemente importante para él como para hacerlo sentir así… lo mortificaba. No quería si quiera pensarlo.
—Ya te dije que me es completamente indiferente lo que hagas con tu tiempo libre, Hyūga —le respondió volviendo a caminar y dejándola atrás.
Los días siguientes, después de entrenar, tuvieron que unirse con el Equipo Diez para organizar bien el tema del puesto de flores.
Shikamaru, Chouji y Sasuke estuvieron alrededor de tres días martillando, aserruchando, clavando… y la mañana del hanami lo único que tenían era un stand cuya seguridad se veía muy dudosa y un enorme cartel que decía "Florería Yamanaka".
Esa misma mañana vieron como sin esfuerzo alguno llegaban los jonin a organizar su "puesto de juegos". Cuando Asuma dijo que los jonin de Konoha habían organizado un stand de juegos se le olvidó mencionar el enorme cartel que decía "Torneo de Póker". Leyeron que la inscripción era 100.000 ryos y que el premio sería 5 millones.
Hasta Sasuke pareció interesado en participar.
Vieron como Kakashi, Ebisu y hasta Tsunade se estaban inscribiendo para el evento que comenzaría durante la noche mientras terminaban de acomodar las flores.
En el otro extremo del lugar se instaló el stand de la Academia de Konoha. Los chicos habían organizado un puesto de granizados con sabor a frutas. Todas las niñas estaban ayudando a terminar de arreglar los conos de galleta y las frutas molidas, mientras que los jóvenes se encargaban de cargar los bloques de hielo y adornar con coloridos globos los árboles a su alrededor. Iruka se encargaba de que nadie se cortara o se cayera bajo un cubo de hielo mientras Konohamaru se quejaba en voz alta de lo inútil que era desperdiciar su tiempo ahí en vez de estar entrenando.
Sasuke suspiró y comenzó a preguntarse si aquello era el hanami o la feria de año nuevo.
El equipo Gai también tenía un stand. Al ser mayor que ellos, no se habían si quiera molestado en preguntarles qué iban a hacer o si podían colaborar con ello. De cualquier forma Neji Hyūga había sido promovido a chunin durante el invierno y no le correspondía estarse preocupando del puesto que su prima menor y los otros genin preparaban. Tenten se estaba quejando a viva voz de que Gai y Lee estaban arruinando todo mientras Neji colgaba el cartel sobre el puesto, bastante irritado por el ridículo desplante de Lee y Gai quienes estaban haciendo curry con turbantes en sus cabezas. Su stand se llamaba "ARDIENTE CURRY DE LA PRIMAVERA DE LA JUVENTUD Y OTRAS COSAS JUVENILES" y además con cada compra los que acudían se podían llevar gratis un traje de spandex verde al puro estilo de Gai y Lee (sí, la decoración era casi completa de trajes de spandex verdes colgando por todos lados).
Sasuke y Neji se dieron una larga e incómoda mirada comprendiendo sólo con eso que los habían obligado a participar en toda esa ridiculez, él cargando flores y Neji soportando el ridículo que sus compañeros estaban haciendo. Por un momento, hasta se sintió mal por el Hyūga quien constantemente estaba en medio de estos personajes tan extraños. Si él hubiese tenido que participar de algo tan absurdo se habría ido de Konoha. Con razón Neji lucía tan amargado la mayoría del tiempo.
Cuando llegó al puesto vio a Chouji colgando faroles de papel y a Ino escribiendo los precios en un cartel.
Apenas la joven lo vio llegar saltó sobre él y casi lo hizo caer de espaldas.
—¡Ya basta! —se quejó intentando alejar a Ino—. Esto es lo último.
—Y esto termina nuestro trabajo —dijo Shikamaru quien se encontraba acostado sobre el césped mirando los árboles con flores mientras mascaba una larga varilla de pasto.
—¿Has hecho algo? —le preguntó Sasuke irritado.
—Es demasiado problemático.
—¿Y dónde está Hinata? —preguntó mirando para todos lados.
—Oh, dijo que debía irse a su casa porque Kiba la pasaría a buscar dentro de poco —dijo Ino despreocupadamente mientras pegaba su mejilla al brazo de Sasuke.
El Uchiha rodó los ojos dejando las flores dentro del puesto. Escuchar que Hinata ni si quiera lo había esperado para despedirse le molestó, pero no dejó que aquello se mostrara en su rostro. No iba a darle el lujo a nadie de que luego dijeran que estaba celoso o algo por estilo, pues no lo estaba, para nada, sólo le molestaba que alguien tan inútil como Kiba Inuzuka se acercara a su compañera.
Ino lo soltó y siguió trabajando, atando pequeños ramilletes en pulseras. Sasuke vio una serie de artículos femeninos, como cintillos con una sola gran flor, clips para el cabello con flores primaverales, y claro, lo más popular (de acuerdo a Ino), kanzashis con flores de cerezos colgando (de hecho, el stand aún no abría y ya habían vendido tres de ellos).
No sabía por qué alguien se emocionaría tanto con las flores, pero después de todo, las chicas habían tenido clases de arreglos florales dentro de la Academia y ellos no… y por otro lado, él no entendía el razonamiento femenino y estaba seguro que el 99% de los hombres de Konoha tampoco.
—Bueno, mi parte está hecha —dijo Sasuke con rapidez.
—¿También tienes una cita para el hanami? —preguntó Ino desilusionada.
—¿Cita? ¿Qué te daría esa impresión?
—Pues, quieres irte tan rápido como Hinata —respondió Ino sonriendo incómoda—, pensé que también tendrías una cita.
—Hinata no tiene una cita, sólo va a acompañar a Inuzuka.
Shikamaru e Ino se miraron extrañados. El Nara sonrió suspirando e Ino comenzó a reír ante la ingenuidad de Sasuke.
—¡Claro que es una cita! Kiba le pidió que lo acompañara al hanami, uno de los días más románticos del año —dijo Ino levantando el dedo índice—. Y la va a ir a buscar a su casa y luego vendrán acá y estarán solos bajo los árboles.
—Suena como una cita para mí —agregó Chouji sonriendo con gracia.
—Además Kiba siempre se le acerca a hablarle cuando la ve y es amable con ella. Créeme, lo he visto interactuar con Sakura y él no es así con todas las chicas —le indicó Ino—. Kiba la invitó en una cita.
—Hinata es amable con todos, por eso las personas la tratan así— dijo Sasuke a la defensiva, sin creer lo que estaba escuchando—. No es una cita. Hinata no es así. No es como ustedes que sólo piensan en esas cosas. Ella es una kunoichi.
—Qué importa si están en una cita o no —dijo Shikamaru de pronto—. Hinata no tiene novio y Kiba tampoco tiene una novia. Que hagan lo que quieran. Quizás sean novios pronto. ¿Qué importa?
—¡Importa! —gritó Ino molesta— Serían los primeros de nuestro grupo en comenzar un romance. ¿No es genial?
—Romance —dijo Sasuke mirando el piso.
Todas esas palabras hacían eco en su mente —… cita… romance… hamani… solos bajo los árboles... — girando con tanta rapidez, que de un momento a otro se imaginó a Hinata casada con Kiba llena de perros y bebes a su alrededor.
Apretó el puño, movimiento que no pasó inadvertido para Shikamaru quien miró a Sasuke levantando una ceja.
—¿Necesitan ayuda con algo más? —preguntó.
—Creo que no… —respondió Ino.
—No tengo nada más que hacer esta tarde. Me quedaré con ustedes —dijo con firmeza.
—¿De verdad? —gritó Ino con alegría lanzándose a abrazarlo. Sasuke estaba tan serio que ni si quiera intentó sacársela de encima—. ¡Que genial! ¡Nos divertiremos mucho Sasuke-kun! ¡Luego podemos ir a comer cuando se haga de noche y…!
Pero las palabras de Ino se perdieron en ese momento. No la estaba escuchando. Estaba completamente ido en sus propias ideas sobre Hinata Hyūga y Kiba Inuzuka en una cita. No permitiría que ese sujeto se pasara de listo con su mejor amiga.
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Esa mañana mientras terminaban de arreglar todo en el puesto había considerado seriamente la idea de quedarse y ayudarle a Ino. Siempre había tenido afinidad con ella. Toda esa semana mientras planeaban su puesto de venta Ino había actuado de forma amigable con ella. Se sintió bien poder hablar cosas de mujeres, sin tener que preocuparse de decir lo que estaba pensando o sintiendo. Por lo general, si Sasuke la veía mostrarse triste o demasiado sensible, en vez de preguntarle qué le sucedía, sólo gritaba y le daba sermones diciendo que no podía creer como alguien como ella había llegado a ser una kunoichi.
Ino también estaba experimentando cambios en su cuerpo y ambas se rieron juntas cuando hablaron de lo mucho que le molestaban los senos y lo incómodo que era cuando pasaba eso alrededor de los chicos. Algo habían visto de esos temas en la Academia cuando eran niñas, pero una cosa muy distinta era experimentarlo que estudiarlo.
La rubia le confesó que estaba segura que uno de sus senos era más grande que el otro y que estaba horrorizada al respecto. Un día había sido una chica plana y ahora tenía que atarse vendas para que no le molestaran al entrenar. Hinata la entendía perfectamente pues ella también había notado que su seno derecho era levemente más grande que el izquierdo. Últimamente su busto había crecido tanto que había tenido que realizar la infame tarea de ir a comprar un brasier.
Ino casi se muere de la risa cuando Hinata le contó la forma en que fue a la tienda de lencería escondida y casi se desmaya cuando encontró a Sasuke esperándola afuera preguntándole por qué había ido a ese lugar. Para ella, el tema de su busto era todo un problema y muchas veces había deseado que pararan de crecer pero era inútil, por mucho que se amarrara el torso… sus senos crecían cada día sin que ella pudiese hacer nada al respecto.
—Al menos no serás plana como Sakura —dijo Ino suspicazmente y Hinata se sintió culpable por reír.
Cuando llevó el último barril con rosas, Ino se le acercó y le dijo que se fuera a casa a arreglarse para salir con Kiba. Hinata casi había olvidado todo al respecto por lo bien que lo estaba pasando con la joven, por lo cual corrió en dirección a la mansión Hyūga.
Y ahí se encontraba en ese momento, peinado su cabellera y arreglando los últimos detalles de su kimono. Era uno de los más sencillos que poseía, pues sinceramente la idea de estar cargando un Obi de tres kilos durante un día tan primaveral la desanimaba. Más bien, a simple vista, parecía una yukata primaveral.
Su familia iría como todos los años a hacer acto de presencia y era costumbre que ella se parara a la derecha de su padre y guiara la comitiva. Sin embargo, con Neji y Hanabi en el hanami, reunió suficiente valor y le preguntó a su padre si podía asistir por su cuenta. Hiashi Hyūga le concedió el permiso y no mostró decepción al escuchar que Kiba Inuzuka la escoltaría al lugar. Lo extraño fue cuando se dio vuelta en dirección a Hinata y le preguntó por qué Sasuke no era su pareja para el hanami. Hinata pestañó un par de veces y se lo preguntó a sí misma… ¿por qué no lo era?
Hasta ese momento no le había dado muchas vueltas al asunto, pero lo normal de haber ido con alguien, habría sido ir con Sasuke y no con Kiba. Miró a su padre confusa y levantó los hombros respondiendo que Sasuke no la había invitado y Kiba sí. Su padre asintió y siguió su camino. No obstante, la pregunta siguió dándole vueltas en la cabeza mientras arreglaba su cabellera y se perfumaba poniendo una gotita de extracto de vainilla atrás de su oreja…
De pronto la puerta de su cuarto fue golpeada y Ko le avisó que había un joven esperándola. Hinata se puso de pie, intentó alisar su kimono con las manos y caminó por los pasillos de la mansión Hyūga hasta la entrada.
Kiba tenía puesto un kimono bastante bonito, de colores oscuros que lo hacían ver mucho más como un adolescente que como el extraño niño que usaba ropa de invierno todo el año. Como siempre, Akamaru lo acompañaba. Notó que a la distancia bastantes jóvenes del clan los miraban con el ceño fruncido, por lo cual intentó irse de ahí lo más rápido posible.
—¡Luces genial Hinata! —dijo Kiba con toda naturalidad—. Es extraño verte usar ropa de tu talla.
—Ki-Kiba-kun —dijo ella sonrojando. No estaba segura que fuese adecuado que le dijera algo así—. Gracias. Tú te ves muy bien también.
—¡Claro! Aunque debo admitir que odio esta cosa —le confesó riendo con fuerza mientras se encaminaban fuera de la mansión Hyuga—. Me pica y me aprieta. Me siento mucho más cómodo con mi ropa normal.
—¿Por qué no usaste eso entonces? —le preguntó Hinata con algo de duda.
—No quería avergonzarte. Sé que las chicas se preocupan mucho de este tipo de cosas. Sakura y Hana siempre me están regañando para que me vista mejor —frunció el ceño cruzándose de brazos.
—Yo creo que deberías ponerte lo que te haga sentir cómodo —dijo con amabilidad—, sé que mi ropa es grande, pero me siento bien en ella.
—¡Tienes razón! —exclamó con una gran sonrisa—. La próxima vez que salgamos juntos, me pondré la ropa de siempre.
Hinata sonrió asintiendo mientras tomaban la calle en dirección al hanami.
Caminar con Kiba Inuzuka era completamente distinto a caminar con Sasuke. Kiba nunca dejaba de hablar y la obligaba a salir de su timidez innata para responderle. De vez en cuando contaba alguna anécdota exagerando los detalles y enalteciéndose a sí mismo como el salvador de casi todos los conflictos en que el Equipo Ocho había participado. Hinata lo escuchaba con interés asintiendo o riendo con suavidad, creyendo a medias todo lo que decía. Sin embargo, lo que realmente la alegraba era escuchar la forma en que describía a sus compañeros como lo más importante en su vida, a pesar de que Shino era un rencoroso que nunca olvidaba las cosas y que Sakura lo golpeaba incluso más que su propia madre. Aquello le decía que Kiba era un chico de corazón noble, que seguramente se sacrificaría por sus amigos y por sus sueños. Esas eran cualidades que hubiese gustado encontrar en Sasuke.
Cuando llegaron al hanami se sorprendieron gratamente de ver que la mayoría de Konoha se encontraba en el lugar, que los comerciantes habían armado sus puestos y que todos se veían felices almorzando bajo los árboles de cerezos.
Pasaron por el stand en que Hanabi se encontraba vendiendo helados y Kiba le compró un granizado de cerezas a ambas. Luego avanzaron hacia el lugar en que Neji vendía curry y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reír cuando vio que su primo llevaba un turbante en la cabeza, mientras a su lado Lee gritaba a viva voz que el curry era un alimento que llenaba de fuerza y vitalidad. Neji miró a Kiba con el ceño fruncido y Hinata no tuvo que decir nada para que ambos se alejaran del lugar lo más rápido posible.
Siguieron caminando y disfrutando de la tarde, cuando vieron como la mayoría de los adultos en Konoha estaban interesados en participar del torneo de póker. Tokuma Hyūga estaba inscribiéndose cuando los vio y se acercó a ella con una gran sonrisa en el rostro.
—Hinata-sama, no sabía que vendría antes que el resto de la familia —dijo un tanto incómodo.
—Sí. Yo vine con Kiba-kun —le indicó—. ¿Vas a participar en ese torneo?
—Así es —dijo llevando una mano a su nuca—. Por favor, no le diga nada a Hiashi-sama. No creo que esté de acuerdo con este tipo de cosas.
—Será un secreto —le indicó cubriendo su sonrisa, haciendo que el joven hiciera una nueva reverencia ante ellos.
Pero no era el único que estaba inscribiéndose. Los padres de Ino, Chouji y Shikamaru también estaban agregando sus nombres a la lista. Notó como Asuma Sarutobi anotaba personas y les daba las instrucciones.
Fue entonces que escucharon la voz de Ino llamándolos desde el puesto de los genin de Konoha y ambos se voltearon a verla mientras los saludaba ondeando su mano. Caminaron hasta el lugar animosamente viendo que las ventas de flores iban bastante bien, de hecho, Hinata ya había visto alrededor de tres chichas llevando algunos de los ornamentos que habían hecho en la mañana, tanto en el cabello como en su ropa.
—¿Cómo están? ¿Ya vieron cuanta gente hay en este lugar? —les preguntó Ino con una sonrisa.
—Está repleto, gracias a todos los cielos no tuvimos que ayudar en esto —dijo Kiba riendo.
—¡Tampoco necesitábamos tu ayuda! —se quejó Ino sacándole la lengua—. ¿Vas a comprar algo?
—¿Quieres flores Hinata? —le preguntó Kiba.
—N-no es necesario —dijo ella rápidamente.
—Anda, a todas las chicas le gustan las flores —insistió con alegría mientras sacaba su billetera. Akamaru ladró afirmativamente.
—Si Hyūga, a todas las chicas le gustan las flores, ¿Qué tal una rosa? Una rosa roja.
Tanto Hinata como Kiba movieron su mirada y descubrieron a Sasuke entre los baldes de flores cargando una sola rosa roja en dirección a ambos quienes lo observaron completamente extraños por la sorna en su voz. Se paró junto a Ino con confianza, como si ambos fuesen cómplices en descubrir que era lo que estaba ocurriendo entre ella y Kiba. Verlos lucir tan cómodos uno al lado del otro la hizo sentir fuera de lugar, en un universo alterno en donde Sasuke Uchiha considerara a Ino alguien aceptable.
—Según Yamanaka significan amor. Ideal para una cita —agregó Sasuke, haciendo que ella lo mirara confundida y que Kiba levantara una ceja.
—Porque están en una cita, ¿verdad? —les preguntó Ino.
—¿Qué les importa? —contestó Kiba molesto—. ¿Por qué tendría que explicarle a alguno de ustedes qué es lo que estoy haciendo con Hinata?
—Me parece muy tierno que estén en una cita, de hecho, la rosa es gratis —dijo Ino con una sonrisa.
Ambos sabían que no estaban en una cita. Ambos sabían que no había ningún tipo de atracción entre ellos, simplemente, se llevaban bien y a los dos les hacía falta una tarde para cambiar de ambiente, de personas y olvidarse de sus propias preocupaciones. Hinata escuchaba, algo que ni Sakura ni Shino hacían. Hasta alguien explosivo y alegre como Kiba tenía problemas y era agradable poder contárselos a una persona que lo estaba escuchando.
Por su parte, Hinata había estado tan deprimida últimamente por su lesión en el brazo, su pelea con Sasuke, el silencio entre ambos, el constante recordatorio que Naruto no estaba ahí… que decidió salir con Kiba. Para su sorpresa, pasar tiempo con el Inuzuka la había hecho sentir bien. El chico era completamente extrovertido y la hacía sonreír, la animaba, la llenaba de vitalidad y de ganas de correr y gritar junto a él, una sensación que estaba extrañando desde que Naruto abandonó la aldea.
Sin embargo, no era asunto ni de Ino ni de Sasuke lo que había entre ellos y que los estuvieran encarando como si estuviesen haciendo algo malo ofendió a Kiba e hirió a Hinata. Ella le había preguntado a Sasuke si prefería que no fuese. Ella había considerado sus sentimientos de soledad antes de buscar un nuevo amigo. Pero como siempre, el Uchiha era egoísta en sus propias pretensiones y ahora la estaba mirando como si lo hubiese traicionado o algo peor.
—¿Quieres ir a comprar otro helado Hinata? —preguntó Kiba con un claro amargor en su tono.
—Sí —respondió ella mirando a Sasuke extrañada por su actitud.
Ambos se dieron la vuelta y se alejaron del puesto de flores.
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—¡Pues a mí me gustaría una explicación!
Tanto Sasuke como Ino se dieron vuelta y encontraron a Sakura y Shino escondidos atrás del puesto de flores, observando como Hinata y Kiba se alejaban del lugar. Sakura se veía tan molesta como Sasuke, y Shino, como de costumbre, no mostraba gesto alguno.
—¡La va a buscar a su casa, se baña, se pone ropa decente y le compra un helado! —se quejó Sakura con una mueca—. ¿Qué pasa con él?
—¿Lo están siguiendo? —preguntó Ino sorprendida—. ¿Es en serio?
—¿Tú te estás prestando para algo tan bajo como eso, Shino? —preguntó Shikamaru quien aún se encontraba acostado sobre el pasto apoyándose levemente contra la corteza del árbol de cereza.
—No dejó de insistir y la acompañé, ¿Por qué? Para asegurarme que no hiciera algo de lo cual luego se arrepentirá —respondió Shino.
—No puedo creerlo —dijo Sasuke con una gota de fastidio en su voz—. Esto bordea en lo ridículo.
—¿Qué tiene de malo que estén en una cita? Es primavera, época de romance y… —dijo Ino con una sonrisa.
—No es romántico, es patético —la interrumpió Sakura—. La pobre Hinata es tan despistada que ni si quiera sabe que están en una cita y como siempre Kiba encontrará alguna forma de arruinarlo todo.
Shikamaru, Ino y Sasuke miraron a Shino quien sólo subió los hombros sin poder darles una explicación. Las razones por las cuales estaban siguiendo a Kiba estaban más allá de su comprensión.
—Sakura, ¿No será que estás celosa? —preguntó Ino con burla.
—A mí también me suena a celos —dijo Shikamaru cerrando los ojos para dormir un poco más.
—¿Celosa? ¿Celosa de Kiba? ¡Por favor! ¡Yo no estoy celosa! Ya dije que lo estamos siguiendo para evitar una desgracia —dijo Sakura apretando el puño—. ¡Ustedes no conocen a Kiba como nosotros!
Ino suspiró y puso ambas manos en su cintura mientras Sakura y ella seguían discutiendo. En cambio, la mirada de Sasuke estaba fija en Kiba y Hinata, viéndolos desaparecer atrás de un gran árbol. Frunció los labios aún más. Sakura podía ser un chica simplona, pero estaba comenzando a creer eso de que era brillante a su propio modo.
—Sakura, ven conmigo —dijo Sasuke rápidamente tomando la muñeca de la joven quien lo miró extrañada pero sonrojada—. Que Shino se quede aquí a ayudar a Ino con las ventas.
Sakura no entendía nada de lo que ocurría. En ningún momento Sasuke la había mirado a los ojos, sólo la arrastraba a su voluntad entre las personas mientras buscaba algo. Quería encontrar un motivo para que por primera vez en su vida pareciera notarla y su mente divagó a ese día en que había puesto sus labios sobre los de su Sasuke-kun y lo había intentado reanimar. Se sonrojó ilusionada, tal vez después de todo ese tiempo, finalmente Sasuke la estuviese notando.
—¿Qué estamos haciendo? —le preguntó con timidez cuando se detuvieron frente al stand de los jonin.
—Vamos a tener una cita —le respondió Sasuke con desinterés—. Siempre has querido salir conmigo, ¿no?
—Sí... pero… —la mente de Sakura giraba a mil por hora, cada pensamiento más fantasioso que el anterior— …pero Sasuke-kun, si hubiese sabido me habría arreglado un poco más, me veo…
—Eso no importa —la interrumpió con rapidez—. ¿A Kiba le gusta Hinata?
—Supongo —dijo Sakura—, nunca es tan amable conmigo, ni con Shino… ni con nadie.
Sasuke no reaccionó a su respuesta, sólo apresuró el paso y apretó un poco más su muñeca mientras pasaban entre todos los presentes. Miraba de un lado a otro buscándolos, pero se había vuelto tan dependiente del byakugan que sus habilidades de rastreo estaban jugándole una mala pasada ¿Dónde llevaría él a Hinata si estuviesen juntos? Considerando la hora del día, seguramente estaban comiendo algo.
Había personas haciendo barbacoas bajo los árboles y a Kiba le gustaba mucho la carne. Siendo un sujeto inconsiderado tal como lo era Naruto, dudaba que se hubiese molestado en preguntarle a Hinata qué deseaba comer.
Siguieron avanzando entre los árboles de cerezo, él tirando de ella con rapidez, casi trotando, y Sakura entrecerrando los ojos por la brusquedad con que el Uchiha la estaba manipulando.
— -kun, me estás lastimando —dijo Sakura de pronto, haciendo que el joven se detuviera y le soltara la muñeca. Se miraron a los ojos un instante y él notó el leve toque de miedo en ella—. ¿Por qué estás tan enojado?
—No estoy enojado —respondió con rapidez.
—Si me dices qué te está molestando, podemos solucionarlo juntos.
— Lo único que me molesta es tener que perder mi día en este lugar en vez de estar entrenando —insistió Sasuke.
—Yo-yo puedo entrenar contigo —dijo ella sonriendo y sonrojando al mismo tiempo—. Soy muy buena cuando se trata de genjutsus. Sé que eso te gusta, entrenar, podemos tener una cita entrenando.
—No te hagas ideas raras Sakura. Que acepte pasar tiempo contigo no significa que me agrades más que antes.
—En-entiendo Sasuke-kun —dijo con una sonrisa forzada mientras caminaban—. Si quieres puedo ir a buscar una manta para que nos sentemos bajo los árboles.
—No es necesario —respondió Sasuke cuando sus ojos encontraron a Kiba y Hinata frente a un stand de juegos comiendo pollo grillado.
Al ver que Kiba ponía su mano sobre el cabello de Hinata, su estómago se volvió a contraer, pero ahora con mucha más fuerza… con verdadera rabia. Respiró profundo y comenzó a caminar hacia ellos, apretando y soltando la empuñadora de su espada pensando cómo se vería Kiba manco.
¿Por qué no le decía algo para que dejara de tocarla? ¿Por qué permanecía ahí inmóvil como si nada mientras la mano de Kiba se posaba en su cabeza?
Al acercarse, notó lo cambiada que estaba Hinata y aquello lo hizo comprender qué podría estar viendo Kiba en ella, pues él también lo notaba. Sí, la veía todos los días, pero sólo en ese momento se dio cuenta que ya no era realmente una niña. Había signos en ella que lo evidenciaban, desde los cinco centímetros que había crecido los últimos meses, sus caderas más anchas, su melena que caía un poco más abajo de los hombros, su cara que había sido redonda estaba tomando otra forma un poco más alargada que hacía notar levemente sus pómulos… todo en ella desprendía algo que él venía negando hacía bastante. Ya no era una niña y tampoco lo era él.
¿Era acaso el único que notaba que Hinata estaba floreciendo junto con el resto de Konoha? ¿Por qué aquello lo hacía sentir una leve mezcla entre melancolía y miedo? ¿Qué tal si no era el único que lo notaba? ¿Qué tal si otros intentaban quitarle a su mejor amiga ahora que dejaba de ser un botón y comenzaba a florecer como los árboles de cerezo?
Eso significaría, volver a estar completamente solo.
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—¡Espero que te gusten! —dijo Kiba poniendo la brocheta de pollo frente a ella—. Akamaru dice que es lo que mejor huele de todo lo que están asando y mi nariz está de acuerdo —Kiba se agachó y acarició a su perro en el lomo, quien lamió su cara ladrando contento.
—Muchas gracias Kiba-kun —respondió Hinata tomando el palito entre sus manos.
—No es nada, dije que conseguiría lo mejor. Mi nariz nunca falla.
—Akamaru-kun y tú son una buena dupla.
—¡Claro que lo somos! ¿Verdad Akamaru? —el perro volvió a ladrar mientras caminaban bajo los árboles entre la lluvia de flores de cerezo—. Esto es realmente agradable. Akamaru y yo entrenamos en este bosque de vez en cuando, pero esta época es un tanto desagradable para mi nariz por todo el polen.
—¿Te da alergia? —le preguntó preocupada.
—No del todo, más bien mi olfato se adormece.
—Oh. Ya veo. Espero que eso no sea un problema.
—¡Nunca! Es un desafío —dijo con alegría—. ¿Lo estás pasando bien Hinata?
La chica asintió con una sonrisa y Kiba volvió a reír. Era agradable estar con alguien tan despreocupado y alegre al mismo tiempo. Parecía que todo el mundo era sólo un escenario para que él pudiese mostrar que era el mejor, o al menos eso la había hecho sentir estar con él. Todo era una competencia en donde debía demostrarle a sus pares que Kiba Inuzuka no se quedaría atrás y aunque a veces agrandaba mucho las cosas, a Hinata le agradaba.
—Ya ves, te dije que lo pasaríamos bien —dijo Kiba llegando al otro extremo de los puestos en donde encontraron ventas de máscaras, fuegos artificiales y bebidas.
Sin embargo, la sonrisa de Hinata desapareció de a poco cuando recordó la mirada que Sasuke le había dado cuando estaban conversando con Ino. No lo entendía. La mayoría del tiempo actuaba como si todo en ella lo irritara y quisiera mantenerla lo más lejos posible, pero otras veces, como ese día, parecía molestarse cuando alguien más se le acercaba. Lo mismo había ocurrido con Gaara en el País del Viento. Sasuke estaba actuando de forma inusual últimamente y no lograba comprenderlo.
—¿Te pasa algo? —le preguntó de pronto Kiba al notar su silencio—. ¿No te gustó el pollo? Podemos buscar otra cosa si quieres.
—No… no e-es eso. Sasuke-kun se comportó muy extraño, ¿no crees? —le contestó.
—Bueno, no lo sé. No lo conozco tanto como para decir qué es normal o extraño en él —respondió Kiba frunciendo el ceño levemente—. Pero ya que tú lo conoces más, si dices que está actuando extraño debe ser así. Tal vez tenga complejo de hermano mayor o algo así —comenzó a reír con fuerza, haciendo que Hinata lo mirara curiosa.
—¿Qué es eso? —lo cuestionó con timidez, avergonzada de no saber a qué se refería.
Kiba se cruzó de brazos y comenzó a pensar en cómo responderle. Hinata se comenzó a sentir empequeñecida y tonta por no entender todo lo que le hablaban, pero intentó mantenerse lo más normal que podía.
—A los hermanos mayores no les gusta cuando otros hombres se acercan a sus hermanas pequeñas, pues de una u otra forma saben lo que están pensando… porque también son hombres, ¿sabes? Un tema de sobreprotección —le intentó explicar Kiba—. Descuida, sólo confundió las cosas. También debe creer que estamos en una cita o algo así.
—Kiba-kun —Hinata bajó la mirada y se sonrojó levemente, tragó saliva e hizo la pregunta que rondaba su mente desde que Ino lo mencionó—. ¿Estamos en una cita?
—Creo que no —respondió Kiba con naturalidad—. ¿O sí?
—No lo sé. Supongo que no.
Y entonces llegó el primer momento incómodo entre ambos desde que se conocían. La verdad, nunca habían tenido ningún tipo de problemas ni se habían llevado mal, básicamente porque era muy fácil llevarse bien con Hinata y porque Akamaru parecía gustarle mucho estar cerca de ella.
Kiba consideraba a su perro el mejor juez de carácter de Konoha y si a éste le parecía agradable estar cerca de la chica, entonces a él también.
Sin previo aviso, Kiba se quejó en voz alta y gruñó chasqueando la lengua.
—¿Qué importa si es una cita o no? ¿Te estás divirtiendo? —le preguntó con seriedad.
—Sí —respondió Hinata sorprendida por su reacción tan intempestiva.
—Yo también y eso es todo lo que importa.
Kiba llevó sus manos a la nuca y comenzó a reír nuevamente. Hinata sonrió y suspiró aliviada. Eso había sido mucho más fácil de lo que pensó. Kiba tenía una habilidad única para sacarse los problemas de encima como si no fuesen nada.
—¡Mira Hinata! ¡Un stand de kunais y blancos en movimiento!— gritó Kiba apuntando hacia el puesto—. ¡Vamos a participar! ¡Ganaré un peluche gigante para ti!
—Pero-pero con esta ropa no sé si podremos…
—Por supuesto que podemos.
La tomó de la mano y comenzó a arrastrarla hacia el pequeño puesto de blancos que estaban moviéndose impulsados por un mecanismo bastante rudimentario. Hinata sonrojó mientras avanzaban, pero no lo porque pensara que era algo romántico que sostuviera su mano, sino por el pavor que la hacía sentir la idea de fallar todos los tiros de los kunais con lo apretado que era su kimono.
El puesto era atendido por un señor de gran bigote blanco y gruesas gafas que insistía en decirle a un niño que fuese a ponerle aceite a los rodamientos de su sistema. Decenas de peluches de distintos colores y tamaños colgaban por todo el lugar, listos para buscar un dueño
—¡Ey! ¡Queremos jugar! —dijo Kiba con alegría poniendo cien ryos en el estante—. ¿Cinco de cinco para ganar un premio?
—Cinco de cinco para ganar uno de esos —le indicó mostrándole pequeños peluches en forma de sapos y zorros de nueve colas—, diez de diez para ganar uno de esos —apuntó a peluches con la forma de famosos ninjas de la aldea como Jiraiya y Tsunade, junto con animales como gatos y perros, lobos, pandas y tortugas.
—Entonces deme diez, quiero ganar un perro de peluche para Hinata —miró a su compañera con una sonrisa confiada mientras ella se sonrojaba nuevamente—. ¿Te gustan los perros verdad?
—S-sí… pero no es necesario que…
—Oi Hinata, tienes un pétalo de flor en tu cabello —dijo acercándose a ella sin mucho cuidado y sacándolo de ahí.
—Gracias —dijo ella sonriendo.
—¡De nada! ¡Ahora ganaré un peluche y luego podemos comprar fuegos artificiales y prenderlos cerca del río Naka! ¿Qué te parece? —le preguntó animado.
—Eso suena divertido —respondió Hinata emocionada—. Me gustan mucho los fuegos artificiales.
—Aquí tienes muchacho, diez kunais. Debes acertar en el punto rojo de los blancos, cualquier cosa que toques que no sea el punto rojo, será considerado como nulo —dijo el hombre con una gran sonrisa, tomando los cien ryo y pasándole a Kiba los kunais.
—Yo también quiero diez kunais.
Kiba volteó su rostro a su costado y se encontró con el serio perfil de Sasuke Uchiha mirando en frente y poniendo su dinero sobre la mesa. Sakura llegó atrás de él mirando a ambos con duda, tan confundida como ellos estaban.
—¿Sasuke-kun? —preguntó Sakura—. Pensé que íbamos a…
—Luego —la cortó en seco—. Voy a ganar uno de esos peluches antes.
—¿De verdad? —lo cuestionó Sakura hiperventilando. La idea de que Sasuke estuviese compitiendo para darle un peluche casi la hizo desmallar.
—¿Qué están haciendo? —preguntó Kiba levantando una ceja, extrañado de que ambos estuviesen ahí.
—Lo mismo que ustedes —respondió Sasuke—. ¿No, Sakura?
—Sí Sasuke-kun —dijo la chica mirándolo llena de ilusión.
Hinata se sintió extraña cuando los vio juntos, más que nada porque venía escuchando por años lo estúpida que consideraba Sasuke a todas sus fangirls y Sakura caía dentro de esa categoría. Todo ese tiempo sólo se había dedicado a tratarla mal, a criticarla y decirle una y otra vez que lo dejara en paz. Por supuesto que era raro entonces verlos juntos, tan cerca uno del otro sin que Sasuke le dijera que se largara o que lo dejara en paz. Y no sólo eso, había mostrado el mismo tipo de complicidad alrededor de Ino.
Tal vez, Sasuke también quisiese hacer amigos nuevos. Aquel pensamiento la hizo sentirse tranquila. A veces se preocupaba de que él se aislara de todos.
—Voy a ganar uno de esos peluches para Hinata, no fallaré —dijo Kiba con confianza.
—Entonces deja de hablar y lanza —lo increpó Sasuke.
Ambos empezaron a lanzar los kunais y éstos volaron por el aire con un silbido metálico. Sakura y Hinata observaron como uno a uno los kunais rojos y los kunais azules iban clavándose en los blancos con precisión.
Sakura se sintió gratamente sorprendida por Kiba, pues el chico no era de lo mejor cuando se trataba de shurikenjutsu, más bien se guiaba por su olfato cuando tenía que golpear algo en movimiento. Sin entenderlo del todo, quiso animar a su compañero más de lo que quería animar a Sasuke. Tal vez se debía a que Kiba no era un genio en todo lo que hacía y la mayoría del tiempo, al igual que ella, debía esforzarse por mejorar… o quizás después de estar dos años estancada con él en el mismo equipo le había comenzado a tomar algo de cariño.
Hinata por su parte sintió nervios en el estómago. Sasuke estaba comportándose de forma extraña y no le agradaba del todo que hubiese ido a retar a Kiba cuando ambos estaban pasando un rato agradable. Todo ese aire de alegría en Kiba se había esfumado y uno mucho más agresivo se había formado entre ellos. Entendió lo que ocurría, pues Kiba pensaba ser el mejor en todo, y que Sasuke llegara a ese lugar a demostrarle lo contrario lo había puesto en una posición defensiva.
Y justo en el momento en que ambos lanzaban el último kunai, el arma roja de Sasuke golpeó la azul de Kiba lanzándola fuera de trayectoria, clavándose el kunai del Uchiha a la perfección en el punto rojo del círculo. La reacción del Inuzuka no tardó en revelarse, quien se volteó en dirección a Sasuke apuntando con el índice extendido.
—¿Cuál es la gran idea, imbécil? —le gritó—. ¿Acaso no puedes ganar limpiamente?
—No sé de qué hablas, tu kunai se interpuso en el camino del mío —respondió Sasuke con media sonrisa mientras el señor se acercaba a él con una gato de peluche. Extendió su mano y lo sostuvo sin si quiera mirarlo, sólo lanzándoselo a Hinata quien lo alcanzó a atrapar antes de que cayera al suelo—. Cuando termines de perder el tiempo con ese fracasado, recuerda que debemos entrenar.
Se dio la vuelta y dejó a Sakura ahí, como si hubiese olvidado si quiera que le había prometido una cita. La pelirrosa miró a Kiba con tristeza un momento, entendiendo lo que debía haber estado pasando por su cabeza.
—Kiba… —susurró—. Nueve de diez no es malo.
—La señorita tiene razón —dijo el hombre— ya que acertaste cinco de cinco, puedes escoger otro de los más pequeños para tu acompañant…
—¡Lanzaré de nuevo y esta vez sí conseguiré acertarlos todos! —dijo Kiba con determinación, mirando a Sakura con una sonrisa—. ¿Me prestarías dinero?
Sakura lo golpeó pero terminó dándole dinero y lo apoyó animándolo en cada tiró que lanzó en los blancos que se movían. Hinata lo hizo a su forma, parándose junto a él y diciéndole que no se diera por vencido. Sin embargo, su semblante ya no lucía divertido como antes, más bien, miraba el gato de peluche con tristeza sin entender por qué Sasuke intentaría arruinar su velada y tratarla tan pobremente.
—Ve Hinata —dijo Kiba cuando notó lo triste que estaba—. Sin importar qué tan estúpido sea, es tu compañero. No estarás tranquila hasta que le preguntes qué le sucede.
Hinata iba a abrir la boca para decirle que luego resolvería ese asunto, mortificada porque fuese tan transparente como para que sus pensamientos pudiesen ser leídos por cualquiera, sin embargo Kiba ni si quiera la dejó responder.
—Gracias por venir hoy, fue divertido —le dijo guiñándole un ojo.
Hinata asintió abnegada recordando a Temari, quien le había dado un sermón en el hospital por ser tan poco cuidadosa con sus sentimientos y la forma en que se mostraban en su rostro. Le sonrió de vuelta y salió corriendo dejándolos solos ahí. Mientras Kiba lanzaba el último kunai Sakura se cruzó de brazos irritada, viéndolo de reojo.
— ¡Yaho! ¡Lo hicimos Akamaru! ¡Diez de diez! ¡Definitivamente soy el mejor!
—¿Se podría saber por qué te agrada tanto Hinata-san? No es muy normal en ti ser amable con las mujeres.
—¡Claro que soy amable con las mujeres! —se quejó Kiba acertando el último kunai.
—¿Entonces por qué no eres más amable conmigo? —Alegó la joven levantando una ceja.
—Cuando tengas senos pensaré en ti como una mujer.
Sakura lo golpeó tan fuerte que tuvo un ojo morado por quince días. Aún así, le regaló el peluche de perrito a su compañera abrazándola por los hombros mientras caminaban, diciéndole que de seguro su próxima cita con Sasuke saldría mucho mejor.
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Estaba atardeciendo en Konoha y las primeras estrellas aparecían entre los árboles de cerezo. Hinata había tenido toda la intensión de buscar a Sasuke, pero tan pronto dejó a los chicos se cruzó con Neji, quien le indicó que su padre y Hanami la esperaban para que todos los Hyūga pudiesen disfrutar de un almuerzo familiar.
Sin embargo, ese almuerzo se volvió un sinfín de formalidades, en el cual el líder de los Hyūga y su heredera se acercaron al resto de los clanes para conversar y desearles una feliz primavera. Por supuesto, esas charlas se convirtieron en infinitas invitaciones a beber o comer algo, a conversar sobre el futuro de Konoha y las relaciones entre los Hyūga y el resto.
Sólo cuando vio la primera estrella en el cielo y bebió su última taza de té, su padre anunció que se retiraría dándole libre el resto de la velada. Hinata asintió, pero para ese entonces no pensó que encontraría a Sasuke ahí. Seguramente estaría entrenando su chidori o practicando con su espada.
Se llevó una sorpresa grata cuando activó el byakugan y lo encontró sentado sobre una de las ramas de los cerezos mirando el cielo.
Estaba un tanto alejado, pero supuso que la estaba esperando. Ambos conocían sus habilidades, y él sabía que ella activaría su byakugan instintivamente buscándolo apenas terminara su salida con Kiba. Tal vez tenía muchos deseos de entrenar y esperarla en ese lugar alejado de todos era su forma de decirle que no se demorara, o quizás la tarde estaba lo suficientemente fresca para buscar un buen sitio y meditar.
Respiró profundamente mientras caminaba hacia aquel árbol pasando entre las personas que aún quedaban en el hanami (todos esperando el gran torneo de póker). La actitud de Sasuke con Kiba la había perturbado, pero no podía increparlo al respecto. Tenía que acercarse a él de forma suave y preguntarle si algo le molestaba, con delicadeza, para así no hacerlo ensimismarse.
Cuando llegó al árbol, Sasuke no la miró. Permanecía observando el horizonte con un aire melancólico. No podía culparlo, después de todo, el Hanami era un lugar en donde todas las familias se reunían y él debía ser uno de los pocos en Konoha que no contaba con eso. Estaba ahí solo una vez más y para empeorar las cosas ella ni si quiera lo había acompañado durante la tarde.
Sin embargo, se negaba a sentirse culpable por ello. Eso era parte de crecer, de que cada uno anduviese por su propio camino, que eligiera como deseaba vivir su vida. Lo máximo que ella podía hacer era aconsejarlo, decirle que ese camino de soledad no lo conduciría a un destino feliz, sino a uno triste y miserable. Sin embargo, la decisión era completamente suya y como amiga debía respetarla. Ella no era responsable de que Sasuke estuviese solo, él lo era.
—La primavera es agradable —dijo Hinata desde el suelo—. Tiene un aire alentador, como si todo comenzara desde cero. Te da la oportunidad de empezar nuevos sueños, proyectos, conocer nuevas personas.
—Si tú lo dices —respondió Sasuke sin moverse.
—¿Qué haces aquí tan solo? —Hinata sabía la respuesta pero prefirió preguntar.
—Me gusta estar solo —respondió con calma.
—A nadie le gusta estar solo —dijo ella.
—Pues a mí me gusta —insistió perdiendo la paciencia y mirándola irritado.
—Entiendo.
Se quedaron en silencio escuchando como las festividades seguían andando. A lo lejos se podía ver como los faroles de papel eran encendidos para iluminar el lugar pues la noche había caído rápido sobre ellos. Hinata trepó el árbol verticalmente y se sentó junto a Sasuke, ambos mirando el horizonte oscuro.
—No sé por qué pierdo el tiempo contigo —dijo de pronto Sasuke—. Me haces desviarme de mis metas y aún así aquí estoy esperándote como si no tuviese nada mejor que hacer.
—Lo siento. No quería hacerte enfadar —dijo ella con timidez—. Kiba-kun es un gran chico, deberías darte la oportunidad de conocerlo. Sé que te agradaría.
—¿Qué tiene de grandioso ese tarado? —se quejó—. Es peor que Naruto. No sé cómo pudiste pasar toda la tarde con él.
—Bueno, Kiba—kun es…
—No me interesa escucharte hablar de él —la interrumpió rápidamente.
—Está bien. Entiendo —dijo suspirando y tomando valor—. Aún así, fuiste muy grosero con él hoy.
—Como si me importara ser grosero con ese… ese perdedor —se defendió Sasuke subiendo los hombros.
—A mí me importa. Kiba-kun es mi amigo —Sasuke apretó el puño ligeramente—. Y tú también lo eres.
El pelinegro se sintió levemente sorprendido por la forma en que la voz de Hinata se volvía de un tono suave a uno mucho más severo. Era como si la niña que conocía desde siempre quedara de lado para mostrarle firmeza y resolución; estaba hablando con alguien que podía responderle sin temor.
No supo en qué momento ella se había acercado tanto a él sin que sintiera recelo de ello. Estaban tan acostumbrados a pasar tiempo juntos, que hasta la poca distancia se le estaba empezando a hacer natural; ese olor a vainilla que desprendía su cabellera azulada lo embargaba. Bajó la mirada hacia sus propias piernas que colgaba en el aire y observó la pequeña mano de Hinata extendida sobre la corteza, su piel blanca contrastando delicadamente contra el marrón oscuro. Si tan sólo movía su mano un poco, la podría sentir y acariciar, saber si era tan frágil y suave como se veía…
Alto ¿Qué estoy pensando—meditó horrorizado.
Su corazón comenzó a latir con nerviosismo considerando pararse e irse de ahí. Subió el rostro y vio como esos ojos blancos destellaban duda, confusa por la forma en que la miraba.
—¿Te sientes bien Sasuke-kun? —le preguntó extrañada—. Luces enfermo.
—¿Qué…? —le preguntó rascándose la parte de atrás del cuello, buscando algo que decir para alejarse.
—Estás pálido —dijo ella preocupada.
—Estoy bien. No exageres —se defendió.
Ni si quiera entendía por qué ese pensamiento había cruzado su mente. No era para nada característico en él estar considerando la posibilidad de tocar a otra persona, mucho menos a una chica, ¡Mucho menos a Hinata! ¿Por qué rayos, en el nombre de todos los kages, habría querido tocarle la mano? Su mente le estaba jugando una broma, una muy muy muy muy mala broma. Sí, Hinata tenía manos pequeña, y se veían muy suaves, seguramente eran tibias y agradables de tocar en una noche fresca como esa… —¡Maldición, ¿qué pasa conmigo? ¡Deja de pensar estupideces!
—¿Sasuke-kun?
—¿Qué? —le preguntó con un poco más de agresividad que antes.
—¿Será que tienes fiebre?
Hinata puso una de sus manos sobre la frente de Sasuke y se miraron a los ojos un momento que para el Uchiha pareció eterno, ido por completo en aquello que había estado frente a él todo ese tiempo, pero que nunca antes si quiera se había molestado en observar.
Había visto ese rostro tantas veces que conocía cada detalle de él. Podía recordar a la perfección la forma en que sus pestañas se curvaban, como su cabellera azulada caía sobre su frente, la pequeña arruga que se formaba en sus mejillas cuando sonreía, como sus pómulos sobresalían levemente, y también ese suave sonrojo que la acompañaba con frecuencia. La diferencia en esta ocasión era que todos esos detalles en ella le parecieron adorables, no irritantes.
—No tienes fiebre. Que extraño —dijo ella bajando su mano con delicadeza, posándola en su regazo.
Sasuke deseó que no lo hubiese hecho y al mismo tiempo sintió alivio de que se hubiera movido, pues lo que era él, no tenía la fuerza de voluntad de alejarse de ella a pesar de que cada fibra en su cuerpo se lo estaba exigiendo.
Últimamente todo lo que tenía que ver con Hinata le dejaba un aire de confusión e incomodidad. Pensaba en ella demasiado, ocupaba una cantidad ridícula de tiempo pensando cómo estaría, qué estaría haciendo, qué pensaría… ¿Pero por qué? Eran compañeros, ¿era su labor estar pensando en ella de esa forma? ¿Los amigos actuaban así? ¿Acaso era tan inadaptado socialmente hablando que ni si quiera podía entender lo que era ser amigo de alguien?
Lo único que sabía con certeza era que como compañeros, su labor como shinobi le exigía preocuparse de ella. Que estuviese bien significaba que no tendrían problemas para entrenar o realizar misiones. No estaba haciendo nada malo preocupándose por Hinata, eran amigos después de todo. Sí, eso era lo que pasaba… ella sólo le preocupaba más de la cuenta porque odiaba cuando algo interfería en su tiempo de entrenamiento. No era nada más que eso. No tenía nada que ver con otras cosas estúpidas que trae consigo la primavera —Esto es todo culpa de Naruto, no sé por qué, pero tiene que serlo— se dijo a sí mismo. —Sólo me estoy preocupado por ella demasiado. Si no me lo hubiese pedido que la cuidara, nada de esto estaría pasándome.
—¿Sasuke-kun?
La miró una vez más y en ese instante un potente color rosa alumbró su rostro junto con un fuerte estruendo. No se volteó a mirar los fuegos artificiales, pues no quería dejar de verla, porque sentía que era la primera vez que realmente la estaba mirando.
Hinata giró su rostro a un costado para mirar como el cielo se iluminaba de distintos colores y formas y suspiró con emoción, sonriendo con tal sinceridad que hasta él se sintió conmovido.
Se puso de pie tan rápido como pudo. Tenía que salir de ahí, tenía que respirar, tomar aire, aclarar sus pensamientos. Estaba enfermo, estaba demente, estaba perdiendo la razón por completo. Tal vez efectivamente estaba alucinando, o tenía fiebre. Quizás había comido algo en mal estado… porque simplemente era imposible que en ese instante en que los fuegos artificiales iluminaban los ojos de Hinata pensara lo que estaba pensando.
—¿Dónde vas Sasuke-kun? Acaban de empezar los fuegos artificiales —le preguntó ella subiendo la mirada.
No recibió respuesta.
Y tampoco las recibió Sasuke.
Por mucho que se preguntaba a sí mismo qué era lo que le sucedía, no obtuvo una respuesta que lo dejara satisfecho. No entendía por qué justo cuando ella sonrió su pecho se había apretado de esa manera y su estómago cosquilleó.
Definitivamente todo eso era culpa de Naruto y su estúpida promesa.
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