CAPÍTULO 26
UN DÍA DE VERANO CUALQUIERA

No sé cuando empezamos realmente a ser amigos y en realidad no me importa recordar la fecha exacta, me conformo con saber que estás ahí para darme una mano cuando la necesito. Mirarte y saber que juntos aprendimos el valor de las palabras confianza, respeto, tolerancia, cariño. Muchas personas pueden entrar y salir de tu vida pero solamente unas pocas van a dejar una huella imborrable en el corazón.

Mirar el cielo recostado bajo los árboles era agradable. Al estar así, sentía que podía esperar todo el tiempo del mundo mientras su compañera llegaba sin irritarse por su tardanza.

No le molestaba que se hubiese atrasado, de hecho, hacía mucho tiempo que no experimentaba una serenidad tan grande como en ese momento en que se dejaba llevar por el clima, el pesado aire caliente, el sonido del agua fluyendo, el olor a las hierbas y el incesante sonido que emitían los insectos. Sí, el verano tiene el poder de hacerle eso a las personas, como si mágicamente el estrés de todo el año desapareciera. En días así, era bueno cerrar los ojos y pretender como si el mundo alrededor de él desapareciera.

El sonido estridente de los grillos en el bosque lo hacía sentirse un tanto adormecido, como si estuviesen cantando para él una melodía de cuna. ¿Qué era el verano en Konoha sin los grillos y las ondas de calor sofocante?

De cualquier forma, ¿Quién en su sano juicio entrenaría a esa hora y con el sol golpeando con esa intensidad? Estaba seguro que ni si quiera Gai habría podido soportarlo sin que se le nublara la visión y comenzara a ver alucinaciones.

Sin su camiseta, sudando, con las sombras de las hojas bailando sobre su torso, de seguro el aspecto de Sasuke Uchiha hubiese hecho que más de una de sus fangirls tuviese sangrado nasal ¿Y cómo no? En los últimos tres meses había crecido alrededor de cuatro centímetros y su cuerpo ya no parecía tanto el de un niño, sino más bien, el de un adolescente. Tenía catorce años y se habían acabado oficialmente esos días de niñez y no sólo su aspecto lo evidenciaba, la forma en que venía sintiéndose últimamente también lo hacía.

De pronto sintió pasos rápidos que se aproximaban, más bien el sonido de alguien corriendo. Ni si quiera tuvo que abrir los ojos para saber de quién se trataba, ella era la única persona en Konoha que apenas tocaba el suelo al correr.

Si él era bueno pensando con rapidez en situaciones de peligro, Hinata era toda una experta cuando se trataba de mantenerse sigilosa y hasta sus movimientos, por descuidados que fuesen, eran ligeros, casi imperceptibles. Era buena en ser silenciosa y en esconderse con rapidez, algo que hasta el propio Kakashi había alabado en más de una ocasión.

—Sí que tardaste Hyūga —dijo, aún con los ojos cerrados—. Llevo dos horas esperándote.

—Lo siento, las clases con Tsunade-sama fueron más largas de lo que e-esperé —le respondió, deteniéndose a recuperar el aliento justo frente a él.

Tsk, no sé para qué te molestas en seguir con eso cuando claramente deberías estar entrenando ninjutsu —le espetó sin abrir los ojos y con algo de hastío.

—Pero estaba entrenando ninjutsu, ninjutsu médico.

—No te intentes pasar de lista conmigo Hyūga.

—Lo siento, no quise hacerte enojar.

—Hn.

—Sasuke-kun —lo llamó un tanto triste.

—¿Qué?

—Alguien en nuestro equipo debe saber ninjutsu médico —dijo abriendo su mochila, sacando vendas y desenrollándolas para comenzar a atar sus palmas—, sino, ¿Quién cuidaría de ti, Kakashi-sensei y… Naruto-kun…?

Escuchar la forma suave en que el nombre del perdedor salía de sus labios lo hizo abrir los ojos con molestia. Observar esa ligera sonrisa que formaba su boca provocó que su estómago se le contrajera y cerró el puño casi por reflejo. Si antes le había molestado verla fantaseando con Naruto, ahora era toda una tortura cuando lo hacía. Odiaba sentirse irritado por ello, pero no lo podía evitar. Quería gritar, abrirle la cabeza y sacar a Naruto de ahí para darle un puñetazo cada vez que creía que estaba pensando en él.

Kaa-san. Kaa-san. Kaa-san. Kaa-san —se repitió Sasuke mentalmente, intentando ignorar de inmediato ese pensamiento hostil.

—Espera —dijo tomándole una mano para que no vendara sus palmas, pero tan pronto notó que la estaba tocando la soltó como si su piel hubiese sido una brasa ardiendo—. ¿Podrías revisar mi hombro? Aún me molesta ese golpe que me diste ayer.

—Claro —respondió ella sonriendo y activando el byakygan sin sellos. Hacía un tiempo ya podía hacerlo.

Sasuke se volteó y ella escrudiñó su espalda con cuidado. Sintió las puntas de sus dedos recorrerle los hombros con suavidad, como si estuviese siguiendo su sistema circulatorio de Chakra. Cerró los ojos y se dejó llevar por su tacto, relajándose, disfrutándolo más de la cuenta. Por supuesto, de inmediato se sintió culpable por ello y comenzó a sentirse tenso.

Frunció los labios con molestia y miró el suelo ignorando el tacto. Como detestaba sentirse así, como un completo idiota. Sólo estaba revisándole el hombro, no era como si aquello tuviese más significado que cualquier otro tipo de contacto físico entre ellos, como cuando se golpeaban al entrenar. Claro, la diferencia era, que no sentía cosquillas en el estómago cuando ella lograba acertarle un golpe. En cambio ahora… todo su cuerpo se tensaba y hasta los vellos en su nuca se erizaban por la forma en que lo tocaba con tanta delicadeza y cuidado.

Tenía suerte en verdad, era el único en Konoha que podía contar con una médico ninja que podía ver algo que a los ojos de todo el resto era invisible. No le extrañaba que Tsunade hubiese estado tan interesada en entrenar a Hinata, ella podía distinguir cosas con sus ojos que ni si quiera la legendaria médico ninja podía percibir.

—Creo que dañé levemente uno de los ductos de chakra ayer con el puño auve, justo bajo tu omoplato —dijo Hinata con algo de tristeza y un claro tono de arrepentimiento—. Debería poder arreglarlo si…

—Sólo hazlo. No necesito explicaciones.

—Lo siento mucho, no quería…

—No necesitas pedir disculpas, sólo repáralo Hyūga. Sé bien a lo que me expongo cuando entrenas el puño suave conmigo…

—Pero…

—Sé que si me tocas puedes destrozarme los órganos o las corrientes de chakra, por eso, intento que no lo hagas. Eres la mejor compañera de entrenamiento justo por eso.

—¿Por qué?

—Lo pondré así. Si Naruto me diera un golpe en el hombro, quizás, me podría quebrar un hueso. Pasaría un día o dos adolorido, pero eventualmente en el hospital lo sanarían con ninjutsu médico y estaría de vuelta entrenando al día siguiente. Si tú acercas tus palmas a mi hombro, sin si quiera tocarme, puedes inhabilitar mi sistema de chakra, quizás permanentemente. Sin mencionar que si lo haces un poco más abajo del hombro, en el pecho, podrías detenerme el corazón o destrozarlo. Entrenar contigo es riesgoso y obliga a mi cuerpo a reaccionar como si mi vida dependiera de evitar que te me acerques. El sharingan, como sabes, se activa casi por instinto cada vez que siento que estoy en peligro de morir. Eso es una de las cosas que lo diferencia del byakugan que se activa con sellos. Tú naces con tu dojutsu, yo lo despierto ante el riesgo de muerte. Por lo mismo, mis ojos funcionan mejor cuando entrenas conmigo ¿Entiendes?

Al no recibir respuesta de Hinata se sintió como un idiota que estaba hablando solo. El silencio lo hizo voltearse sobre el hombro y notó un leve rubor cubriendo las mejillas de Hinata. La joven estaba sonriendo.

Quiso sonreírle de vuelta, pues sabía que aquel gesto en sus labios era clara muestra de que se sentía feliz porque de una forma u otra, la reconocía como alguien a quien debía temerse. Quizás Hinata fuese tan intimidante como un gatito, pero hasta los felinos sacan las garras cuando se sienten acorralados.

—Ya deja de fantasear y repara lo que rompiste —le ordenó frunciendo el ceño y dándose vuelta nuevamente. Cuando estuvo seguro que no lo veía, se permitió a si mismo sonreír.

Arrugó el entrecejo con algo de molestia cuando comenzó a sentir el chakra de Hinata penetrando por sus tenketsus. Cosquilleaba, pero al mismo tiempo, era placentero. La zona le había dolido toda la noche, por lo cual, sentir como aliviaba aquella molestia con su chakra se le hizo agradable.

Su orgullo le había impedido mencionárselo el día anterior, incrédulo de que Hinata lo hubiese engañado con un clon de sombra para aparecer por atrás para darle certeramente en el hombro y hacerlo caer. La había mirado con algo de resentimiento desde el suelo alejándola cuando intentó ayudarlo a ponerse de pie. Había insistido en seguir entrenando intentando sanar su orgullo herido.

Después de pararse, en el transcurso de una hora la había quemado y electrocutado al menos tres veces. Sin embargo, sonreía cada vez que Hinata se volvía a parar y arremetía hacia él sin vacilar en su determinación de volver a golpearlo. En esos meses de verano y primavera, verla ir contra él como si fuese un combate real le había dado nuevos aires de respeto hacia su compañera. Se lo estaba tomando en serio y prueba de ello era que no siempre salía tan bien parado después de un entrenamiento. Ni hablar de ella, cuyas manos y brazos que en algún momento habían sido suaves y delicados ahora estaban cubiertos de cicatrices, costras y hematomas.

Hinata estaba mejorando más de lo que se hubiese esperado. Su resistencia en una batalla se había prolongado, sus golpes con el puño suave se habían vuelto certeros, su agilidad y flexibilidad eran incluso superiores a las suyas; desde que estaba practicando ese movimiento de la familia Hyūga en que podían cerrar 64 tenketsus, el Hakke Rokujūyon Shō, no bajaba la guardia con ella temeroso de que un día destruyera su sistema circulatorio de chakra y no pudiese efectuar ninjutsus nuevamente.

De pronto se preguntó si Naruto también estaría volviéndose tan fuerte como ellos. Más le valía hacerlo. Considerando que él estaba entrenando con uno de los legendarios sannin, era sólo de esperar que volviese a Konoha convertido en un shinobi de temer. Aquello lo hacía sentirse orgulloso de su equipo.

—Con Kakashi fuera de Konoha, realmente n-no tenemos mucho que hacer —dijo Hinata con lentitud, sólo para romper ese silencio entre ellos.

—Podemos seguir entrenando. ¿Terminaste?

—Sí —respondió volviendo a la tierra—. No debería seguir molestándote.

Sasuke suspiró. Por mucho que quisiera seguir avanzando en su entrenamiento de manipulación de forma de chakra, todo eso de practicar bajo el sol era un fastidio, sobre todo cuando hacía tanto calor que estaba sudando y no llevaba ropa en el torso.

—Entonces entrenemos —dijo Sasuke poniéndose de pie con rapidez.

Hinata asintió y también se levantó del suelo.

Ambos comenzaron el eterno ritual de vendarse las manos para prevenir heridas de consideración, sobre todo Sasuke quien últimamente estaba manipulando electricidad y aquello podía llegar a ser doloroso cuando tocaba la piel. Hinata por su parte lo hacía más por costumbre que otra cosa. Al bloquear levemente los tenketsus de sus palmas se aseguraba de no descargar una cantidad exuberante de chakra contra Sasuke y así evitar dañar permanentemente su sistema circulatorio de energía.

Fue sólo cuando Sasuke escuchó como el cierre de su chaqueta de gamuza caía en que volvió a mirarla, ahora mucho más extrañado que antes.

—¿Qué haces? —le preguntó cuándo notó la camiseta de malla apretada contra su cuerpo. Hinata no supo qué responderle y lo miró fijamente, esperando una pregunta un tanto más elaborada—. Me refiero a... ¿Por qué estás sacándote la campera?

—Con este clima, creo que sería una tortura entrenar con ella… —respondió confundida, pero subiendo los hombros como si aquello no fuese el fin del mundo.

Y tenía razón. Tal vez un año atrás, no, hasta seis meses atrás, no lo habría sido. Que ella entrenara sólo con sus mallas habría sido algo rutinario, normal, insignificante.

Sin embargo, la situación era muy distinta ahora. Desde el hanami los pensamientos que rondaban la mente de Sasuke no eran precisamente inocentes, ni tampoco eran completamente amistosos. Sin que si quiera se diera cuenta, algo lo hacía acercarse a ella, algo que iba más allá del compañerismo o la amistad. Lo peor de todo era que Sasuke no podía explicarlo, no podía ponerle un nombre y por lo mismo no podía solucionar lo que veía como un problema.

Desde ese día en que los fuegos artificiales iluminaron el rostro de Hinata con distintos tonos de rosa, rojo, amarillo y verde, venía sintiéndose irritado. Se sentía encrespado cada vez que algo en ella le llamaba la atención, molesto cuando alargaba ridículamente los horarios de entrenamiento para pasar sólo un poco más de tiempo juntos y angustiado cuando volvía a su hogar solo sin que pudiese dejar de desear que amaneciera pronto, pues su ausencia se le hacía insoportable. Muchas veces durante esos meses se había quedado despierto dando vueltas sobre su cama pensando en ese día en que al mirar su mano sobre la corteza del árbol deseo poder estrecharla contra la suya, aunque hubiese sido un momento, sólo para comprobar lo suave y tibias que eran.

Sinceramente, lo odiaba. Él no era una persona que dependiera de alguien más y menos de alguien como Hinata Hyūga.

Orgulloso como siempre se rehusaba a pensar en ello. Cada vez que algo extraño rondaba su mente de inmediato enfocaba su atención en algo más, ya fuese el rostro de Itachi, el de su madre o incluso el de su padre. Se recordaba a sí mismo quién era, qué estaba haciendo en Konoha y esa ligereza de estómago desaparecía tan rápido como llegaba. Había cedido en muchas cosas durante el año, pero se negaba a ceder en pensamientos tan cursis y ridículos.

La cosa es, por mucho que pudiese desviar sus pensamientos de aquello que lo irritaba, de esa sensación extraña en el estómago que se venía acrecentado día a día, de sus dudas respecto a qué le sucedía… verla sólo con su camiseta de mallas fue como si le cayera un balde de agua fría y alguien lo golpeara en el estómago, todo al mismo tiempo.

Separó los labios para decir algo, pero no pudo encontrar un argumento válido para que se pusiera más ropa, para que dejara de desfilar frente a él el hecho de que bajo sus propias narices se había convertido en una mujer y él ni si quiera se había dado cuenta de ello. ¿Y qué rayos estaba sucediendo con su busto? ¿Desde cuándo sus senos se habían inflamado como globos? Eran tan grandes que no los podría haber sujetado en una mano cada uno, y mucho menos apretarlos para ver como se sentían… —¡Qué estoy pensando! ¿Qué sucede conmigo? —tragó saliva y se volteó para dejar de sentirse como un idiota. Ni si quiera Naruto habría caído en ese tipo de pensamientos.

—… ese movimiento que me enseñó Neji nii-san. Aún no logro doblar mi cuerpo lo suficiente para girar con esa rapidez —dijo Hinata dándose la vuelta y girando sobre uno de sus pies, una y otra vez, intentando mantener el equilibrio mientras chakra salía por sus tenketsus.

Sasuke ni si quiera la había estado escuchando. No obstante, volteó la cabeza lentamente sobre su hombro para ver de qué rayos estaba hablando.

La observó fijamente activando el sharingan para escudriñar la forma en que se comportaba el chakra a su alrededor. El sharingan también podía ver el chakra dentro del cuerpo de una persona, aunque con mucha menos precisión que el byakugan.

La observó moverse dejando una estela de chakra azul a su alrededor, pero aún no podía reaccionar de forma inteligente. Él ni si quiera estaba usando camiseta por la temperatura, pero era distinto… nunca, en todos los años que llevaban juntos, Hinata se había quitado su chaqueta al momento de entrenar, ¿por qué tenía que hacerlo ahora? ¿Por qué había cambiado tanto? Como le hubiese gustado volver a esos días en que no pensaba en Hinata como una chica, sino que la trataba tal como lo habría hecho con Naruto. Todo parecía complicarse entre más crecían y aquello lo fastidiaba como nada lo había hecho. Ni si quiera se sentía tan molesto cuando Sakura e Ino se colgaban a él.

¡Argh! Ponte tu campera Hinata —dijo rápidamente observando su rostro, evitando bajar la mirada con toda la fuerza de voluntad del mundo, frunciendo el ceño y apretando los puños. Realmente estaba irritando y no podía soportarlo más.

—¿P-por qué? —preguntó ella deteniéndose en seco, algo asustada por su reacción.

—Porque… —se agachó y tomó la prenda lanzándosela de forma brusca, buscando una razón coherente—. Si te cansas más rápido por el calor, es como… como si fuera una prueba de resistencia. Tendrás mejores resultados así.

—¿Estás seguro? —le preguntó pasando los brazos nuevamente dentro de la chaqueta de gamuza.

—Sí —respondió cortante—. Estoy seguro.

Suspiró aliviado cuando la enorme prenda cubrió todas las curvas de Hinata y nuevamente fue sólo su compañera de equipo, la chica con quien entrenaba. Sin embargo, cuando Hinata amarró su cabellera nuevos tortuosos pensamientos volvieron cuando notó el reverso de su cuello completamente descubierto.

Realmente estaba en el infierno. ¿Qué rayos pasaba con él?

Mientras corría por la corteza del árbol evitando el suelo electrificado por el ataque de Sasuke, Hinata no pudo evitar pensar que algo extraño le sucedía a su compañero.

No era como si el Uchiha hubiese sido una persona particularmente habladora, pero llevaban al menos quince minutos de silencio, sólo evitando golpearse el uno al otro y corriendo alrededor del bosque. Sus entrenamientos eran mucho más expresivos que eso, siempre seguidos por gritos como "¡Levanta los pies Hyūga!", "¡Si ese shuriken hubiese sido real habrías perdido un ojo!" o el típico "¿Eso es lo mejor que puedes hacer?", en cambio, nada de eso había ocurrido. Sólo silencio.

Se detuvo un momento sobre una rama buscando a Sasuke con el byakugan. Lo encontró sobre ella, saltando en su dirección desde una rama más alta. Evitó su estocada dejándose caer hacia el árbol siguiente, reposando sus pies sobre la corteza.

Desde aquella posición observó a Sasuke quien la miraba apuntando su espada en su dirección. Hinata frunció el ceño pues sabía exactamente lo que eso significaba. La hoja de hierro estaba cubierta en electricidad y el pelinegro sólo tuvo que blandirla en su dirección para que el árbol se partiera en dos cayendo hacia el suelo del bosque. Desde que había aprendido a manipular la forma de su chakra podía alargar el chidori como si se tratara de un rayo único, lo llamaba chidori eisō, algo que había hecho que Kakashi dijera que estaba frente a un verdadero genio.

Alcanzó a evitar estrellarse contra el suelo del bosque saltando justo antes del impacto. Comenzó a correr lo más sigilosamente que pudo hasta llegar al arrollo que pasaba en medio del área de entrenamiento. Caminó sobre el riachuelo mientras huía sin pensar dos veces sobre el lugar en que estaba.

Escuchó el salpiqueo de agua atrás de ella y divisó con su byakugan que Sasuke estaba justo atrás persiguiéndola con tanta velocidad como era de esperarse de él. Miró sus pies y entonces supo que estaba en problemas. Mordió levemente sus labios y se detuvo en seco. No había caso en seguir corriendo.

Se paró derecha y miró a Sasuke sintiéndose decepcionada de sí misma. El byakugan se suavizó y sus gestos se volvieron tristes. Ni si quiera un genin habría caído en un error como ese.

—Veo que te diste cuenta —dijo el Uchiha envainando la espada y desactivando el sharingan.

—No estaba pensando —respondió Hinata agachándose levemente para recuperar el aliento, llevaba horas corriendo de él—. Sólo tenía en mente huir y ni si quiera me di cuenta del terreno.

—Si cometes un error como ese en una situación real, estarías muerta. Itachi verá ventajas en el terreno que ni si quiera yo podría prever. No puedes caer en estupideces como esta.

—Lo sé.

—Intenta concentrarte. Esto no es un juego.

—Estoy ha-haciendo lo mejor que puedo.
—¡Entonces hazlo mejor! Y sigue haciéndolo mejor. No quiero verte morir por un error tan ridículo como este.

Sintió que la visión se le volvía borrosa. Hacía tanto calor y estaba sudando tanto que realmente pensó que moriría deshidratada. Había aprendido a vivir con los sermones de Sasuke, pero ahora parecía realmente enojado y no entendía por qué. Muchas veces realizaba errores como ese y nunca era tan duro como lo estaba siendo ahora.

Mordió sus labios para no responderle y bajó la mirada. Era tan injusto que la mayoría de sus compañeros estuviesen disfrutando del verano mientras ellos entrenaban a ese nivel.

Sakura, Kiba y Shino habían ido a hacer un picnic a la playa, los habían invitado pero Sasuke respondió "no" tan rápido que ni si quiera le dio tiempo para replicar.

Shikamaru, Chouji e Ino habían convencido a Asuma para hacer una barbacoa en el techo de la casa de Chouji y se habían dado la semana libre de entrenamientos cuando escucharon que esa sería la semana más calurosa de todo el verano.

Hasta el equipo Gai había aprovechado el día para realizar un entrenamiento acuático en el río Naka, o al menos eso le había escuchado decir a Neji antes de salir.

Sólo ella y Sasuke estaban entrenando con ese sol, muriendo de sed y hambre, deshidratándose hasta que no quedara nada de ellos excepto sus huesos.

—Necesito un des-descanso —dijo agachándose y hundiendo las manos en el agua para lavarse el rostro.

—Está bien —respondió Sasuke caminando hacia la orilla.

El Uchiha se dejó caer pesadamente sobre el césped, jadeando con bastante más fuerza de lo normal. La sombra de los árboles le dio un alivio que se reflejo de inmediato en su rostro que parecía estar en dolor.

—A pesar de ese último error— dijo de pronto, entrecortando su respiración—, lo hiciste bien hoy.

Hinata levantó la mirada para ver si quien había hablado era su compañero o si su mente le estaba jugando una broma producto del calor.

¿Sasuke acababa de felicitarla por un entrenamiento en vez de gritarle? Tal vez la temperatura lo estuviese afectando. Él no era el tipo de personas que incentivase al resto con comentarios positivos, al contrario, cuando estaba complacido con sus prácticas lo manifestaba quedándose en silencio. Por lo mismo, en vez de sentirse complacida consigo misma, experimento una extraña confusión. Caminó hacia la orilla preocupada por él, quizás lo habría golpeado muy fuerte y no se sintiera bien.

Sasuke no la estaba mirando en la posición en que se encontraba. Mantenía los ojos cerrados y su pecho subía y bajaba con rapidez evidenciando que al igual que ella estaba agotado. Fue entonces que Hinata sonrió y comprendió un poco más a su compañero de equipo.

A pesar de que estaba hecho trizas era demasiado orgulloso para jadear frente a ella o rendirse antes. Ese era el Sasuke que conocía y aquella familiaridad la hizo sentirse extrañamente feliz, dejando de cuestionarse qué significaba este cumplido de su parte.

Se sentó junto a él en silencio y también se dejó caer sobre el césped. No le importaba que él viera que estaba exhausta. Ambos habían entrenado toda la tarde juntos y era normal que ya no tuvieran energía ni chakra para seguir corriendo o respirando con normalidad.

No se dijeron nada más, uno al lado del otro recostados sobre el follaje y la frescura de la sombra que proyectaba un solitario sauce. El sol estaba poniéndose entre la montaña y el día parecía estar llegando a su fin; otro más sin Naruto junto a ellos. Apretó el collar que colgaba en su cuello y cerró los ojos intentando recordar su rostro, sus ojos azules, su sonrisa llena de vida y energía.

Dejó que el sonido de los grillos la envolviera junto al olor a hierbas frescas que procedía del bosque. Sentía el calor que emanaba desde el costado de Sasuke que se rozaba con su brazo, pero lo ignoró, se sentía muy cansada como para haberse movido.

Si había algo del verano que le agradaba era ese aroma alrededor del riachuelo. Podría haber estado todo el día escuchando el sonido del agua fluyendo. Muchas veces quiso pedirle a Sasuke que se dieran un día libre, que fueran a ese lugar e hicieran un picnic. Él podía pescar y ella cocinar. Tal vez Kakashi sensei podría elegir uno de sus Icha Icha sin tanto contenido adulto y los tres podrían tomar turnos para leerlo en voz alta. Así se imaginaba un día perfecto, claro, sólo faltaba Naruto peleando con Sasuke para ver cuál de los dos podía atrapar el pez más grande. Sonrió al imaginárselo.

—¿Quieres continuar? —preguntó de pronto Sasuke sin mirarla. Mantenía su cabeza apoyada contra sus brazos, enfocando sus ojos en el vasto cielo.

—¿Te molesta si… si observamos las nubes un poco más? Entrenamos tanto tiempo que… hace mucho no veía el color que toman cuando el sol se oculta.

Sasuke suspiró con fastidio pero no respondió, sólo permaneció ahí junto a ella. Aquello le indicó a Hinata que no estaba totalmente de acuerdo con perder el tiempo así, pero que tampoco se oponía a pasar el resto del día sin hacer nada. Aquello la hizo sentir feliz. Pasaban todo el tiempo corriendo, golpeándose, haciendo flexiones, practicando shurikenjutsu y manipulación de forma y naturaleza de chakra, pero eran pocas las tardes de verano en que podían recostarse sobre la grama y mirar como las nubes cambiaban de forma.

Ni si quiera habían pasado cinco minutos cuando Hinata notó que la respiración de Sasuke se volvía pausada y suave. Movió la mirada para examinar su perfil y descubrió que había cerrado los ojos, quedándose dormido. En vez de extrañarse, se alegró.

Su compañero estaba cansado y ella lo sabía, no sólo por el entrenamiento de ese día sino por todo lo ocurrido desde su viaje a Suna. Estaba agotado de entrenar todo el tiempo intentando demostrarse a sí mismo que podía ser más fuerte que Itachi y aún así se mostraba fuerte, nunca dudaba y seguía intentando alcanzar sus propias metas.

A los ojos de Hinata, Sasuke era el genin más fuerte de Konoha y quizás sólo Neji se le comparaba. No obstante, seguía entrenando como si careciera completamente de talento. A veces lo sentía tan lejano, tan difícil de alcanzar, pero en momentos como ese en que recordaba que Sasuke también estaba trabajando duro para lograr sus objetivos, sentía que entre ella y él había más cosas en común de lo que se había dado cuenta hasta ese momento. Sasuke no era un fracasado como ella y Naruto, pero sabía lo que significaba trabajar duro y esforzarse para conseguir cumplir sus sueños.

Quiso pensar que Naruto era responsable de haberle enseñado eso.

—¿Qué están haciendo? —Hinata subió de inmediato los ojos y se encontró con la figura de su primo mirándola con una ceja levantada desde arriba.

—¿Descansado? —preguntó Tenten con una enorme sonrisa.

—¡Somos muy jóvenes para estar tomando una siesta! ¡Sasuke-kun! ¡Hinata-san! —agregó Lee con entusiasmo.

Sasuke abrió los ojos y se sentó de golpe sobre el pasto, luciendo un tanto pálido al darse cuenta que se había quedado dormido. Hinata imitó el accionar intentando ponerse de pie con rapidez, agradeciendo que Sasuke no se hubiese dado cuenta que lo estaba observando dormir. No obstante, Neji si lo había visto, por lo cual intentó evitar los ojos severos de su primo quien la observaba como si hubiese estado haciendo algo malo. Y en cierta forma, se sentía así.

—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó Sasuke, parándose y sacudiendo su ropa de los trocitos de pasto que se habían pegado a él.

—Nos reuniremos con Gai sensei para entrenar —respondió Tenten con una sonrisa, acercándose un poco más a Sasuke con un sonrojo visible en su rostro.

—¿A esta hora? —preguntó el Uchiha extrañado.

—Ya que no pudimos entrenar taijutsu por el calor… —comenzó Neji.

—Yo no he parado de entrenar durante toda la tarde, incluso mientras ellos dos se bañaban en el río Naka. Vencer los días de verano entrenando es también parte de ser un gran shinobi —lo interrumpió Lee.

—Bueno, ya que Tenten y yo no hemos entrenado durante la tarde por la temperatura y porque Gai sensei tenía que completar una misión, decidimos que nos juntaríamos al atardecer para una sesión nocturna —explicó Neji algo irritado y tan lejano como siempre.

—¿Con Gai-sensei? —preguntó Hinata.

—Así es —respondió Tenten con alegría—. ¡Oigan! ¿Quieren venir? ¡Será divertido entrenar todos juntos!

—Ustedes tienen su propio sistema de entrenamiento… —respondió Sasuke, claramente queriendo librarse de ellos.

—Así es —lo interrumpió Neji—. Además, ustedes no podrían resistir el entrenamiento de Gai sensei —dijo con un poco de altanería, dándoles la espalda y continuando su camino.

—Aceptamos su invitación, Tenten —dijo Sasuke, molesto por la provocación de Neji.

—¡Ese es el espíritu Sasuke-kun! ¡Ansío medir mis fuerzas contra ti! —exclamó Lee sonriendo.

Hinata notó que Sasuke no estaba mirando a Rock Lee precisamente, sino a Neji. A decir verdad, era bastante lógico que así fuera. Su primo había llegado al torneo chunin y había sido promovido a ese rango. En cambio Lee, a los ojos del Uchiha, era sólo ese extraño chico que no podía utilizar ninjutsu. Por lo mismo, Hinata asumió que Sasuke lo veía más como el inferior de Neji que como un verdadero rival a vencer, volviéndose a sus ojos, irrelevante.

Conversó con Tenten durante los cinco minutos que les demoró llegar hasta el lugar en donde se encontrarían con Gai. Nunca habían hablado antes de la forma en que lo estaban haciendo en ese momento. Durante el tiempo que estuvieron dentro del bosque de la muerte en el ejercicio de sobrevivencia, no habían compartido como compañeras, sino como miembros de equipos enemigos. Aparte de eso, Sasuke y Neji no se llevaban muy bien y cada vez que se cruzaban cada uno seguía por su lado intentando evitar problemas entre ellos. Finalmente, el equipo Gai se había formado un año antes que el equipo siete y ni si quiera habían sido compañeros de curso durante la Academia a diferencia de lo que ocurría con el equipo ocho y el diez. A consecuencia de todo lo anterior, no había una relación cercana entre ellos pero mientras la escuchaba hablar y reír, gritarle a Lee cuando comenzaba con sus tonterías o sermonear a Neji como si fuese su hermana mayor, Hinata comprendió que Tenten era una chica con la cual no le hubiese costado formar una amistad. Emanaba energía, determinación y alegría, rasgos que ella admiraba en otros.

Cuando llegaron al claro junto a una corrida de troncos, muñecos de entrenamiento y blancos, Hinata vio a Gai sensei haciendo flexiones colgado de cabeza en las ramas de un árbol adyacente. El hombre los vio y sonrió gratamente, saltando desde su posición para llegar junto a ellos.

—¡Dynamic Entry! —gritó lanzando una patada hacia el tronco en medio del claro, haciéndolo añicos. Se paró con las manos en la cadera y les sonrió—. Neji, Lee, Tenten… ¿Quiénes son estos chicos? —preguntó.

Neji suspiró y Tenten bajó el rostro. Era de común conocimiento que Gai era pésimo cuando se trataba de recordar rostros y aunque hubiese estado con ellos en el bosque de la muerte, ni si quiera los recordaba al verlos.

—Son Hinata-san y Sasuke-kun, Gai-sensei. Son parte del equipo de Kakashi-sensei —respondió Lee.

—Oh… ya veo. Ahora recuerdo todo. Por supuesto, el equipo de Kakashi —el esfuerzo para mostrar que sí los recordaba hizo incluso más evidente que no lo hacía—. ¿Qué hacen aquí? —preguntó con una enorme sonrisa, evidenciando lo emocionado que se sentía—. ¿Mi eterno rival volvió de su misión y tiene un nuevo desafío que proponerme? Si es así…

—Kakashi sigue fuera de Konoha —respondió Sasuke sintiéndose un tanto incómodo por la actitud ridícula del jonin.

—Invitamos al equipo siete a entrenar con nosotros Gai-sensei, nos encontramos con ellos por el camino —dijo Tenten con una sonrisa, juntando ambas manos a la altura de su cadera.

—¡Josh! ¡Todo está claro! Kakashi finalmente ha entendido que mis métodos son más efectivos que los suyos y ha mandado a sus dos pupilos a contagiarse con mi juvenil entrenamiento…

—Kakashi no está en…

—Ese Kakashi… —dijo Gai sin escuchar a Sasuke—. ¡Comenzaremos este entrenamiento con más energía que nunca! —puso cada una de sus manos en los hombros de Sasuke y Hinata obligándolos a caminar con él—. ¡Estaremos aquí hasta media noche! No, ¡Hasta las dos de la mañana! No, ¡Hasta que amanezca! Los convertiré en shinobis magníficos para triunfar donde Kakashi ha fallado, así que no hay tiempo que perder, ¡La juventud no se detiene por nadie!

—¡Gai sensei! No podemos estar toda la noche entrenando —se quejó Tenten tomándose la frente como si le doliera la cabeza.

—Mañana tenemos que ir a ayudar con el cultivo de batatas dulces, ¿recuerda? —añadió Neji.

—Es cierto —dijo Gai sonriendo un tanto incómodo—. Estaba viendo si prestaban atención a mis palabras.

—Gai-sensei siempre actúa con tanta sabiduría —dijo Lee con lágrimas en los ojos.

Hinata y Sasuke se miraron de reojo al notar el entusiasmo de Lee y Gai, quienes parecían padre e hijo uno al lado del otro. Neji mantenía los brazos cruzados y se mostraba indiferente ante la muestra de entusiasmo de ambos, como si ya estuviese acostumbrada a todo ese nivel de afectividad.

—Partiremos con 2000 sentadillas, 1000 flexiones y 3000 abdominales —dijo Gai como si nada, comenzando el ejercicio él mismo.

Sasuke y Hinata volvieron a mirarse un tanto extrañados esperando que estuviese bromeando, pero cuando vieron a Lee, Neji y Tenten imitando a su maestro sin quejarse entendieron que iba en serio. Ese hombre esperaba que ellos hicieran 2000 sentadillas y no sólo eso, él mismo estaba participando del calentamiento. Kakashi nunca hacía eso, por lo general sólo se limitaba a verlos combatir uno contra el otro y cuando había que practicar alguna técnica en especial se sentaba con su Icha Icha de turno y dejaba de prestarles atención.

Sasuke suspiró y comenzó a hacer las sentadillas. Hinata lo imitó sabiendo que con lo cansados que estaban por entrenar toda la tarde, hacer 2000 sentadillas, 1000 flexiones y 3000 abdominales, sería tal vez uno de los retos más grandes de su vida.

—¿Qué hora es? —le preguntó Hinata bostezando mientras avanzaban por las calles de Konoha.

Sasuke la miró por el rabillo de su ojo y con la leve luz que emanaban los postes notó lo abatida que se veía. Su ropa estaba sucia, su cabello azulado enredado, sus mejillas tenían tierra y el labio se le había inflamado levemente por un golpe que él le había dado y que ella falló en defender, provocándole un pequeño corte que aun no había tenido tiempo de sanar con su ninjutsu médico.

—Cerca de media noche —respondió Sasuke, suspirando con cansancio—. ¿Por qué?

—P-por nada —Hinata suspiró con tristeza—. Los baños públicos están cerrados a esta hora.

—¿Querías bañarte en las aguas termales? ¿Con este clima? —preguntó subiendo una ceja—. A veces me pregunto qué tienes en la cabeza.

Sí, estaba mucho más fresco comparado con el infierno que había sido esa tarde, pero aún ambos sudaban por la temperatura húmeda en el aire. Era exasperante a decir verdad, pero así era el verano en Konoha, rudo, inesperado y sofocante.

—El agua caliente ayuda después de un día así —dijo Hinata con suavidad y algo de vergüenza—. No podremos entrenar mañana si me duele todo el cuerpo.

—Pues tendrás que aguantar el dolor. No vamos a parar de entrenar ahora —le indicó con determinación, cruzándose de brazos y sobándose las muñecas—. Odio admitirlo, pero Gai es brillante. La forma en que se defendió de mi espada y la inhabilitó por completo…tsk… apenas podía predecir sus movimientos con el sharin…

Paró de hablar cuando notó que Hinata no estaba escuchándolo, sólo se tomaba el brazo y lo sobaba.

Hasta cierto punto, podía entenderla. Ellos no hacían mucha fuerza física cuando entrenaban, más bien, se dedicaban a perfeccionar sus movimientos y a aumentar su estamina. Gai le había dicho a Hinata que para ser una usuaria de Taijutsu, su velocidad aún no estaba a un nivel adecuado y le había amarrado pesos en las canillas y brazos mientras Lee la golpeaba con facilidad.

Sus movimientos se vieron torpes con el peso extra y hasta Sasuke tuvo que admitir que la idea era buena. La sacaba por completo de su zona de seguridad para ponerla en una situación extrema en que Lee la golpeaba sin mayor esfuerzo. Hinata necesitaba más fuerzas en sus extremidades, pues su estilo de combate dependía casi completamente del movimiento de su cuerpo y su control de chakra, a diferencia de él quien se había desarrollado más con el ninjutsu. Gai le había ordenado que no volviera a sacarse aquellos pesos y Sasuke notaba lo agotada que lucía sólo por caminar.

Aún así, no era excusa para ignorarlo. Nadie lo ignoraba, mucho menos ella.

—No me estás escuchando —le dijo irritado cuando pasaron alrededor de diez segundos sin hablar.

—¿Qué? No-no es así… yo sí estaba…

—No mientas, ¿en que estabas pensando?

Hinata no tuvo que responder, pues su estómago lo hizo por ella. El sonido de sus tripas fue tan sonoro que ambos pararon de caminar. Las mejillas de su compañera se volvieron tan rojas que casi dejó escapar una carcajada en su dirección.

En cambio, para no empeorar aún más las cosas, suspiró con gracia y comenzó a caminar en dirección al único lugar en Konoha que estaba abierto a esa hora… Ichiraku Ramen.

Teuchi y Ayame se encontraban limpiando cuando los dos chicos se asomaron al local. A pesar de que estaba vacío y que muy pocas persona caminaba por la calle, el gran maestro del ramen no les negó un plato caliente cuando se sentaron.

—¿Han estado trabajando duro el día de hoy, no? —les preguntó con su paternal tono de voz. Ambos asintieron y el hombre les sonrió con calidez—. Entonces les pondré extra toppings a cuenta de la casa. No queremos que los futuros héroes de Konoha pasen hambre.

—No es necesario, podemos pagarlo… —dijo Sasuke rápidamente.

—Insisto —le indicó Teuchi poniendo trocitos extra de puerco rostizado sobre los fideos que acababa de servirle.

—Muchas gracias, Teuchi-san —dijo Hinata haciendo una reverencia.

Sasuke se sintió de inmediato confortado viendo todos los toppings flotando en el caldo y recordó las veces en que había peleado casi al punto de llegar a los puños, negándose a comer en Ichiraku cuando Naruto lo proponía. Ahora, un año y cinco meses después, estar sentando ahí con un plato de ramen frente a él le hizo gracia.

—¿Sucede algo, Sasuke-kun? —le preguntó Hinata mientras partía sus palitos.

—A Naruto le habría gustado venir a esta hora a comer… —respondió tomando un par de palitos también.

—De hecho, venía todos los días a esta hora cuando no podía dormir. Era el último en irse y el primer en llegar. Comía ramen para el desayuno y para la cena. En más de una ocasión temí que estuviese gastando todos sus gastos para vivir, aquí, por lo que le cobraba menos cuando venía. Ni si quiera se daba cuenta cuando le entregaba el vuelto… Naruto nunca ha sido muy bueno cuando se trata de números —Sasuke tuvo que asentir con eso, cada vez que hacía sus clones de sombra ni si quiera calculaba cuántos eran y cuánto chakra consumirían—. Casi por sí mismo mantenía Ichiraku como un local rentable, ahora debo hacer milagros para que cuadren las cuentas.

—Por eso nunca llegaba a la hora para entrenar —indicó el Uchiha bostezando, estaba agotado.

—¿No han sabido nada de él? —preguntó el hombre.

—No —respondió y su sonrisa desapareció.

Miró a Hinata y pudo notar por la forma en que observaba el ramen que no tener noticias de Naruto la entristecía. Al perdedor no le habría costado nada escribir una carta o mandar noticias con viajeros y Sasuke estaba seguro que no era tan descuidado como para haberse olvidado que tenía dos amigos en Konoha que querrían saber si estaba bien. Si no había mandado un recado diciéndoles dónde estaba y qué estaba haciendo era porque no podía hacerlo.

Había algo sospechoso en todo ese asunto, desde la partida inminente de Naruto a la forma sigilosa en que los adultos trataban el tema, pero Sasuke no se desgastaba pensando en ello. No perdería su tiempo pensando en un inútil como Naruto, era demasiado para su orgullo. Haberlo hecho significaba reconocer que lo extrañaba y no estaba dispuesto a admitirlo.

Hinata suspiró y tomó un pedacito de carne masticándolo lentamente con la mirada perdida. Por lo general, esas miradas lo irritaban y mucho. Sentía un poco de impotencia cuando se daba cuenta que sin importar lo que pasaran juntos, él nunca podría remplazar ese pedazo que Naruto ocupaba en la vida de Hinata. El perdedor era alguien importante para ella, tal vez más importante que él. Cualquier otra persona lo habría entendido y hasta respetado, pues Hinata estaba enamorada del inútil, pero a él lo irritaba, y el hecho de que lo irritase le molestaba aún más, ¿por qué no podía ser indiferente a ello? ¿Desde cuándo le importaba lo que Hinata sintiera por Naruto? No era asunto suyo, y aun así, lo fastidiaba.

Sin embargo, algo distinto pasó en esa ocasión. En vez de enojarse como siempre lo hacía cuando notaba que ella estaba pensando en Naruto y gritarle que dejara de soñar despierta… intentó comprenderla, consolarla, decirle algo que hiciera que dejara de mirar el plato de ramen como si estuviese a punto de llorar. Le dolía verla así y darse cuenta que le dolía, realmente lo asustó. Experimentó un horrible vacío en el estómago y un frío desagradable recorrerle la espalda.

—El perdedor volverá cuando menos lo esperemos —dijo tomando el plato con ambas manos y dándole un sorbo a la sopa.

No quería que ella hiciera un alboroto de lo que estaba diciendo, ni si quiera deseaba ver lo feliz que un comentario así la pondría, pues cada vez que mencionaba a Naruto era como si todo alrededor de Hinata se volviese luminoso.

—¿De verdad crees eso, Sasuke-kun? —le preguntó Hinata sorprendida.

—Sí —respondió él poniendo el plato en la mesa nuevamente, intentando lucir indiferente—. Dijo que volvería y volverá.

—Sasuke-kun…

—¿Sí?

—¿Estás diciendo esto… sólo para que me sienta mejor?

Sasuke se atoró con el pedazo de carne que estaba masticando y tuvo que tomar agua ante la sorpresa que le produjo que ella lo mirara con esa dulzura para preguntarle algo así. No era sólo sus ojos, también era algo en su tono de voz y en la manera en que sonreía en su dirección.

—¡No seas ridícula! ¿Por qué me importaría cómo te sientes? —estiró los labios en una mueca y cerró los ojos bastante molesto, incluso un leve rubor adornó sus pálidas mejillas haciendo que Teuchi y Ayame lo miraran con suspicacia—. Ya sabes cómo es Naruto. No soporta no ser el centro de atención. Volverá haciendo un gran escándalo cuando todos se hayan olvidado que existe.

Juntó bastantes fideos con los palitos y se los metió a la boca, masticando enojado. Hinata lo observó un instante un tanto confundida, pero terminó suspirando y atendiendo a su propio plato de comida.

—Estoy segura que nosotros no nos olvidaremos de Naruto-kun —añadió Hinata.

Sasuke no le respondió.

Estuvieron el resto del tiempo callados mientras Teuchi y Ayame conversaban sobre lo que debían hacer al día siguiente y se repartían las labores que quedaban. Ayame barría la acera mientras que Teuchi comenzaba a guardar cuidadosamente todos los utensilios que usaba para hacer ramen.

Sasuke estaba a punto de terminar su plato cuando escuchó risas y murmullos provenientes de la calle. Se volteó sobre su hombro y notó a tres chicas de su edad o tal vez más jóvenes. Las reconocía de la Academia, pero ninguna estaba llevando protectores con el símbolo de Konoha, por lo tanto asumió que nunca habían pasado el examen para acceder al grado de genin o que tal como Sakura, Hinata e Ino, no usaban sus protectores en el lugar en que debían hacerlo.

Volvió a enfocar su mirada en el plato de ramen y bajó los palitos cuando terminó de mascar el último pedacito de Nori.

Mientras esperaba que Hinata terminara con su comida, no pudo evitar sentirse profundamente irritado por la audiencia que tenían a sus espaldas. Sin la necesidad de darse vuelta sabía que estaban ahí mirándolo, acosándolo, tal como lo habían hecho durante su tiempo en la Academia.

Su existencia habría sido mucho más grata sin esas chicas en Konoha. De por sí era desagradable tener que lidiar con Sakura e Ino, pero esas chicas eran incluso peores.

—Sasuke-kun se ve mejor que nunca con el pelo así, amarrado en una bandana y largo hasta sus hombros.

—Es tan apuesto y misterioso.

—No sé qué hace en ese lugar de mala muerte y con esa chica.

—Es Hinata Hyūga. Su compañera de equipo.

—¿La princesita del clan Hyūga?

—¿La heredera, verdad?

—Ugh… esas personas son tan engreídas.

—Los nobles siempre lo son.

—Sasuke-kun no debería desperdiciar su tiempo con ella.

—No puede evitarlo, son compañeros de equipo.

—Que suerte tiene esa Hyūga.

Sasuke no se volteó, pero pudo sentir la tensión acumularse en sus manos y comenzó a cerrar y abrir los puños casi instintivamente. No sólo él parecía afectado. Hinata se hundía cada vez más entre sus hombros con cada cosa hiriente que escuchaba.

¿Quiénes eran esas taradas para hablar así de Hinata? ¿Acaso la conocían como él? Hinata podía fácilmente llamar la atención de cualquiera en esa aldea y no sólo eso, seguramente podía darle una paliza a las tres juntas con una mano amarrada en su espalda.

—Creo que están hablando de nosotros —dijo la chica con bastante vergüenza.

—Ignóralas —le ordenó, esperando que terminara de comer.

Si hubiesen sido hombres, ya las habría golpeado, tal como lo había hecho ese invierno con el tarado que se atrevió a hablar mal de Naruto. Lamentablemente eran fangirls, el peor tipo de parásito en la faz de la tierra. A veces dudaba si poseían almas o neuronas. No podía pelear contra ellas, pues no era partidario de golpear a las chicas. No habría tenido problema en arrastrar por el piso a una kunoichi cuando había en juego asuntos entre shinobis, pero golpear a una chica por asuntos personales era algo que no podía hacer. No era de hombres.

Sin embargo las voces no cesaron, es más, estaban hablando fuerte, como si quisieran que las escucharan, como si sus palabras estuvieran dirigidas por completo a destruir la confianza y la buena relación que había entre ellos.

—Mírala. Estúpida Hyūga.

—¿Crees que están saliendo?

—Claro que no.

—¡De ninguna forma!

—Sasuke-kun no se fijaría en alguien tan simplona como esa.

—Tienes razón, es demasiado poca cosa para él.

—En la Academia lo único que hacía era perseguir a Naruto. Ni si quiera tiene buen gusto.

—Entre perdedores se atraen.

—Tranquilas, a Sasuke-kun le gustan las chicas bonitas y ella no lo es.

—Para ser una kunoichi está bastante pasada de peso.

—Todos dicen que es débil, ni si quiera se compara con su hermana Hanabi que es una prodigio.

—Ni hablar de Neji-kun.

Intentó mantener la calma, pero esas chicas estaban cruzando la línea. Miró nuevamente a Hinata y vio que ni si quiera estaba comiendo y había dejado caer sus palillos sobre la mesa. Su flequillo cubría sus ojos proyectando una leve sombra en su rostro. Estaba ocultándose atrás de su cabellera y Sasuke lo sabía, era algo que hacía con constancia cuando algo la hería para no mostrarle a nadie su tristeza.

Recordó la Academia, la forma en que ellas destrozaban a cualquiera que se le acercara sólo para llamar su atención, para que no tuviera más remedio que estar solo con ellas. En parte, se había vuelto alguien solitario y ajeno al resto por ese motivo. Cuando eran pequeños, antes de que el mundo lo volviera un ser frío y extraño a todos, no había tenido problemas en hablarle al resto o compartir sus conocimientos con aquellos que evitaban ponerlo en un altar sólo porque pertenecía al clan Uchiha.

Por un instante el rostro de Sakura Haruno cubierto en lágrimas se vino a su mente; a ella también la habían lastimado sólo porque en una ocasión la había ayudado a ponerse de pie cuando se cayó mientras trotaban en el patio de la Academia. Desde ese día, esas chicas habían buscado un defecto con que pudiesen atacar en la pelirrosa y lo habían encontrado burlándose por su amplia frente.

A Naruto lo habían insultado y golpeando tantas veces sólo porque se sentaban juntos en la clase de ninjutsu, que a veces se preguntaba si la falta de cerebro de su compañero de equipo se debía a ello. No estaba seguro si producto de los golpes su inteligencia se había estancado.

¿Acaso no se cansaban de seguirlo e intentar llamar su atención lastimando a las personas a su alrededor? Lo venían haciendo desde que eran niños y él siempre las ignoraba, considerándolas irritantes y demasiado insignificantes como para poner mayor atención en ello.

No obstante, en esa ocasión, las cosas eran distintas. Ahora se estaban metiendo con Hinata y eso era algo que no iba a permitir, no porque Hinata le importara de forma más que una compañera, sino, porque sabía que ella era demasiado gentil para haber dicho algo o incluso defenderse de ese ataque. Por más que se había empecinado en hacerla cambiar en ese sentido, ya había llegado a términos con que Hinata era como era, y le agradaba de esa forma; amable, silenciosa, determinada y tímida… una compañera perfecta para alguien como él.

Había golpeado a ese chico durante el invierno por mucho menos. Debía darle una lección a esas descerebradas y sabía justo cómo golpearlas donde más les dolería.

Depositó un billete de 100 ryo por ambos platos en la mesa y se puso de pie de golpe.

—Ven —dijo en voz alta, tomando la mano de Hinata, entrelazándola con sus dedos.

—¿Q-qué haces Sasuke-kun? —le preguntó bastante confundida al sentir que la estaba tirando por la calle— No he terminado de comer…

—Sígueme la corriente —le murmuró.

—¿Cómo? —lo cuestionó mirando hacia las fans.

—Sólo… sólo no digas nada.

Y así, a unos cuantos metros frente a las chicas y junto a las cortinas de Ichiraku Ramen, Sasuke Uchiha tomó el rostro de Hinata con ambas manos y se sintió más determinado que nunca para hacer lo que estaba en su mente. Hinata se quedó completamente paralizada, entreabriendo los labios como si estuviese a punto de preguntarle qué era lo que hacía, pero él la interrumpió con un rápido "shhh" mientras acercaba el rostro al de su compañera con lentitud, mirándola fijamente a los ojos.

—¿Sa-Sasuke-kun? —preguntó Hinata pasmada.

Sintió un escalofrío sobre su piel justo en el momento en que su respiración chocó contra sus labios. Desde su posición, verla así tan vulnerable entre sus manos, se le hizo placentero. De hecho, nunca pensó que ostentase ese tipo de poder sobre ella sólo por tocarla como un hombre tocaría a una mujer. Estaban tan cerca, que podía sentir como su aliento comenzaba a descompensarse con el paso de los segundos y su inactividad. Mantenerle la mirada se le hizo un deleite, algo que no pensó descubrir en ese tipo de situaciones con las chicas.

—Estás temblando Hyūga, ¿Tienes frío? —le preguntó sonriendo con astucia.

Se concentró en su mirada y en el resto de su rostro, sin pestañar un segundo si quiera. Ahora podía verlo sin miedo a que ella lo descubriera admirando la fineza que había en sus rasgos, desde sus mejillas cubiertas en tierra hasta su boca levemente hinchada. Hinata era… atractiva, a pesar de lucir desastrosa. Sí, había belleza en la tierra, la sangre seca y el corte en su labio. Era más que atractiva en realidad. Era…

—¿Sasuke-kun? ¿Qué… qué haces? —le preguntó tragando saliva tan fuerte que hasta pudo escucharlo.

—Solo quédate así un segundo —le dijo con suavidad, permitiéndose olvidar de todo un momento, de su vergüenza, orgullo y sueños, cautivado en sus ojos y en aquello que había estado frente a él tanto tiempo pero que no había podido ver—. Pensarán que estamos saliendo y no me volverán a molestar. Ni a ti, ni a mí.

—Oh… ya... ya veo.

Se preguntó si Kiba también veía lo que él estaba notando en ella desde algún tiempo. Se preguntó si Naruto sería capaz de ver que debajo de todas esas capas de buenos modales y amabilidad, se escondía la joven más feroz de Konoha. Era sólo cosa de tener paciencia y esperar que todo ese poder se desencadenara un día cuando dejara de dudar de sí misma. Ese día, él estaría en primera fila para verla alcanzar la grandeza.

Bajó levemente la mirada y con rapidez besó la comisura de su boca sin llegar a tocar sus labios.
Permaneció así lo suficiente para escuchar que sus fans se quejaban y lloraban quejumbrosamente en voz alta sin poder creer que había alguien en Konoha les hubiera quitado a su Sasuke-kun.