TEAM SEVEN ESPECIAL NUMERO UNO — NAVIDAD
Estes especial no tiene nada que ver con la historia que se está narrando y no forma parte integrante de ella. Es un regalo de mi parte para los que me leen y que han hecho de Team Seven mi fic más leído.
Muchas gracias por su apoyo. Advierto que es un tanto tonta pero me divirtió escribirla.
Miró sus ojos azules intentando descifrar qué era lo que estaba pensando. Llevaba analizando su mano demasiado tiempo y eso nunca era bueno. Mordió sus labios levemente y un puchero apareció en su boca al descubrir que sinceramente no podía predecir qué era lo que estaba planeando su adversario. Cambió su mirar al otro par de ojos azules a su izquierda, quien comenzaba a sudar un tanto nervioso mientras observaba sus cartas.
Estaba blufeando. Simplemente lo sabía. Ese idiota no podía tener un juego de cartas mejor que el suyo. Les iba a demostrar quién era el que mandaba ahí.
—Subo mi apuesta en cincuenta ryos —dijo lentamente, con voz ronca, estirando el dinero al centro de la mesa.
Intentó sonar lo más serio posible, amenazador inclusive, pero ninguno de sus clones pareció mostrarse intimidado.
—¡Entro! —gritó el clon de sombras a su derecha.
—¡También yo! —añadió el que estaba a su izquierda.
Debió haberlo sabido. Esos idiotas eran su reflejo, por supuesto que no iban a retroceder.
Las cartas se revelaron rápidamente y fue obvio que una vez más, Naruto había perdido contra sí mismo.
—¡Argh… maldita sea! —gritó tomándose la cabeza desanimado, mientras su clon de sombra a la derecha comenzaba a reír haciendo el símbolo de la victoria.
—¡Eres un tramposo! —le espetó el clon de sombra sentado frente al otro, lanzándose sobre la mesa para darle un puñetazo.
Naruto suspiró sin observar como peleaban. Se le había hecho costumbre que de vez en cuando todos ellos comenzaran a pelear. Lo común era que después de un rato de forcejear, su casa quedara hecha un caos y él se encontrara solo entre las nubes de humo, con un ojo morado y el cuerpo adolorido. Por lo mismo, decidió saltarse toda la pelea, formó el sello y los deshizo.
Se estiró de espalda contra el suelo un tanto deprimido, observando el techo. Nuevamente su apartamento estaba en completa soledad y lo único que escuchaba era el sonido del viento golpeando en su ventana.
—Otra navidad…—susurró con tristeza, sintiendo un vacío en su pecho — Solo.
Había sido así desde que tenía uso de razón. Mientras todos se reunían con sus familiares a pasar la época, él se encontraba solo, observando por la ventana de su hogar como caían los copos de nieve haciendo de Konoha un lugar completamente inhóspito. A muchos les parecía hermoso ver todo cubierto de hielo, a él, le parecía de lo peor; Ichiraku se volvía tan frío que era imposible poder sentarse en la intemperie sin tiritar; Entrenar se le hacía de lo más irritante pues debía pedirle a Sasuke que derritiera la nieve con sus jutsus de fuego.
Inclusive durante los tres años fuera de Konoha en que había vivido con Ero-sennin, las navidades las había pasado solo. Lo más cercano que había tenido de una mañana navideña era cuando iba a los bares que frecuentaba el maestro Jiraiya para sacar su ebrio trasero de las cantinas y pagarle a los dueños cuando amenazaban con matarlos a ambos.
No era un ambiente muy familiar ni navideño, pero era lo que tenía.
Se imaginó como habría sido pasar esas fechas con su padre y su madre; tal vez habría sido lindo tener una madre que cocinara todos sus platillos favoritos, que le tejiera un gorro naranjo y guantes negros, que le dijera que lo amaba antes de que se acostara a dormir y que lo despertarla en la mañana con el aroma a galletas recién horneadas y la promesa de regalos bajo el árbol.
Quizás habría sido genial tener un padre que le dijera que estaba orgulloso de él, que le enseñara a deslizarse por las colinas de Konoha sobre un trineo y que le diera lecciones de como hablar con las chicas para no hacer el completo ridículo.
Habría sido genial tener un hermano o una hermana con los cuales lanzarse bolas de nieve y pelear para que compartieran sus regalos navideños con ellos. A pesar de que consideraba a Kakashi sensei, Iruka sensei, Ero sennin, Sasuke y Hinata como su familia, no había ese lazo sanguíneo que los obligara a estar con él todo el tiempo. Muestra de aquello era que en ese momento él estaba solo.
Antes de que se diera cuenta, sus ojos se volvieron llorosos.
Deseó con todo su corazón poder haber compartido ese día con una familia. Una familia de verdad.
Aquello no ocurriría. Ero Sennin estaba "reuniendo información" cerca de las fuentes termales, Iruka sensei se encontraba ocupado con actividades de la Academia, Kakashi sensei había viajado fuera de Konoha con Gai sensei, Sasuke odiaba la navidad y Hinata estaba estancada con las actividades navideñas de la familia Hyuga. Sólo sería él esa velada, comiendo ramen instantáneo en silencio.
Se levantó del suelo, se restregó los ojos y se rehusó a estar solo ese día. Hinata y Sasuke no eran los únicos chicos de su edad. De seguro había alguien más por ahí con quien pudiese pasar la navidad.
El primer lugar por donde pasó fue la florería Yamanaka. El negocio estaba cubierto de nieve y Naruto se sorprendió que Ino estuviese ahí vendiendo flores. Mientras abría la puerta se preguntó donde cultivaría rosas y claveles ahora que era invierno, pero no tuvo tiempo para preguntárselo.
—¡Feliz navidad! ¡Bienvenido a la florería Yamanaka! En un momento lo… —Ino se dio la vuelta y notó quien era el que se paraba en la puerta— Ah… eres tú Naruto.
—También me alegro de verte —se quejó un tanto molesto.
—¿Qué haces aquí? No deberías estar con tu… —Ino se mordió los labios y se dio cuenta justamente de lo inapropiado que era lo que iba a decir— Lo siento, se me había olvidado que no… que no tienes… que eres…
—Eso es lo de menos. Soy una persona muy social, no iba a quedarme solo en casa —respondió Naruto con una sonrisa de oreja a oreja, pero sintiendo que se quebraba por dentro— ¿Por qué estás vendiendo flores en vez de estar con tus padres?
—Navidad es un día muy ocupado en la florería. Todos compran muérdago esperando poder besar al chico o chica que les gusta—dijo Ino suspirando con añoranza.
—¿Besar… a la chica que te gusta? ¿Qué tiene que ver el muérdago con eso?
—¿Es que no sabes nada? —le preguntó Ino frunciendo el ceño— En navidad, si dos personas quedan debajo de una flor de muérdago, deben besarse.
—¿Siempre?
—Siempre —sus gestos se volvieron suaves y sus párpados cayeron como si estuviese imaginando algo que Naruto realmente no quería saber—. A todo esto, ¿has visto a Sasuke-kun?
El joven frunció el ceño molesto. Detestaba que las chicas de Konoha babearan por un idiota como su compañero de equipo. No tenía nada de especial y siempre trataba a todos como basura. No entendía por qué eso les parecía atrayente. Quizás las mujeres de la aldea eran estúpidas o simplemente les gustaba sufrir.
—No —respondió cortante— Dame un ramo de muérdago.
—¿Para qué quieres muérdago? —preguntó Ino suspicaz.
—Para regalárselo a Sakura-chan, por supuesto.
—¿A esa frentuda? —un tic le apareció en el ojo— Que desperdicio de flores.
—¡Sólo véndeme muérdago! —le exigió Naruto.
—Está bien. Toma —tomó un ramo de las pequeñas flores y lo empujó contra el pecho de Naruto con una sonrisa malvada—. Son cien ryos.
—¿Cuánto? —preguntó Naruto horrorizado mientras recibía las flores— ¡Un ramo de rosas cuesta diez!
—Oferta y demanda —le indicó subiendo los hombros, mientras Naruto sacaba su monedero en forma de sapo y le extendía el billete con ojos lloroso.
—Que robo —se quejó.
—Nadie te obliga a llevarle regalos a esa —dijo Ino con un puchero, recibiendo el billete y poniéndolo en el bolsillo de su delantal.
Naruto se volvió a meter el monedero en los bolsillos y miró las flores con una gran sonrisa, esperando que tal vez, milagrosamente, pudiera darle un beso a esa chica que tanto le gustaba.
—Nos vemos luego… —comenzó a decir Naruto caminando hacia la puerta, fue en ese momento que Ino lo detuvo.
—Oye Naruto —comenzó, sin saber cómo dirigirse a él sin que se sintiera un proyecto caritativo— ¿Vas a estar bien? Digo… es navidad y tú… bueno, tu familia… —dijo sintiéndose levemente culpable— Si quieres puedes acompañarme a vender flores un poco más y luego podemos ir a cenar con mis padres…
—Descuida, no estaré solo, además, ¡siempre estoy bien! ¡Soy más fuerte de lo que parezco! —respondió saliendo por la puerta delantera.
Mientras caminaba por la calle vio a Chouji de lejos junto a sus padres, arrastrando un enorme jabalí. Seguramente los hombres del clan Akimichi habían salido de caza y sólo ahora volvían. La pobre señora Akimichi tendría mucho que cocinar para poder llenar el apetito de su esposo e hijo. Naruto sonrió pensando como le habría gustado poder hacer algo asi con su padre, salir de caza y traer un enorme jabalí para que su madre hiciera tonkotsu ramen.
—¡Naruto! —se dirigió Chouji de pronto hacia él — ¿Qué estás haciendo en medio de la nieve? Te congelarás.
—Sólo caminaba —respondió escondiendo el ramito de muérdago atrás de su espalda.
—¿No vas a ir a cenar? —le preguntó con una sonrisa amable— De seguro te están esperando con un pollo frito ¿no?
Chouza, el padre de Chouji, le pegó un codazo a su hijo. Sólo entonces Chouji pareció recordar la realidad de su compañero de generación. No había nadie esperando en su hogar con una gran cena. No había un padre acompañándolo a cazar ni tampoco una madre horneándole pasteles de crema y fresa.
Ante lo incómodo de la situación, Naruto respondió de la usual forma en que lo hacía, luciendo despreocupado, como un payaso, aunque por dentro la melancolía lo comiera vivo.
—Nunca he sido muy fanático del pollo frito, prefiero comer un gran tazón de miso ramen —dijo siguiendo su camino.
Chouji lo observó con tristeza pensando que tal vez debió haberlo invitado a cenar con su familia, pero no había nada que hacer, Naruto y él no eran tan íntimos amigos como para haberlo llevado a su casa. Haberlo invitado se habría sentido forzado y un tanto incómodo para ambos.
De cualquier forma, el rubio siguió caminando sintiéndose cada vez peor. Salir de su casa había sido una mala idea. No quería que el resto de Konoha sintiera lástima de él, que lo miraran como si se tratara de un chico anormal sólo porque estaba solo. Lo único que deseaba era un poco de compañía, pero ver esa pena en los ojos de los demás lo terminaba haciendo sentir peor.
Mientras doblaba por la esquina se encontró observando el lugar en donde vendían árboles de navidad. Kiba y su madre estaban escogiendo uno junto a sus grandes perros que olfateaban los árboles para indicarles cuales estaba más fresco. La madre de Kiba no parecía de buen humor y le dio la impresión a Naruto que tampoco era el tipo de mujer que se habría quedado encerrada en su casa ese día cocinando. Nunca había visto al padre de Kiba y por lo que sabía de su propio compañero, éste había huido de Konoha por miedo a su madre. Ahora que los veía interactuar no se extrañó de que nadie pudiese soportar estar cerca de ella mucho tiempo sin colapsar de miedo.
La mujer le gritaba que cargara el árbol de una vez mientras su compañero asentía en silencio y un tanto asustado. El Inuzuka siempre se quejaba sobre lo atemorizante que era su madre, pero Naruto no le creyó hasta ese momento en que la veía gritarle con ferocidad.
Cerró los ojos con una sonrisa mientras seguía caminando, pensando que de seguro su madre habría sido una mujer gentil y amable, que nunca le hubiese gritado como la madre de Kiba —de seguro era la mujer más bella y gentil de Konoha— pensó sintiendo una increíble ternura.
Cuando llegó a la casa de Sakura, escuchó las risas y gritos dentro. Al parecer el señor Haruno estaba intentando colgar unas luces navideñas en el salón y su mujer le gritaba que no se cayera. Golpeó la puerta con cuidado esperando que alguien le abriera, pero sólo escuchó más gritos dentro de la casa exigiéndose unos a los otros que abrieran. Finalmente, fue Sakura la que atendió la puerta.
—¿Naruto? —le preguntó extrañada y entrecerrando la puerta atrás de ella con un poco de vergüenza, para que el rubio no viese como sus padres arreglaban el— ¿Qué haces aquí?
La joven lucía hermosa con la nariz roja por el frío y envuelta en una larga bufanda verde con líneas blancas, un vestido beige y un delantal de cocina. Tenía comida en las mejillas y lucía agotada, pero para Naruto todo aquello era encantador. La miró un tanto embobado por un momento y luego recordó lo que hacía ahí.
—Te estoy hablando —lo llamó por segunda vez Sakura— ¿Qué haces aquí Naruto?
—¿Sí? —la cuestionó volviendo a la tierra.
—No me hagas repetirme —le respondió ella cruzándose de brazos.
—Yo… yo vine a traerte esto —estiró el ramo de flores en su dirección, sonrojando levemente— ¡Feliz navidad Sakura-chan!
—¿Me compraste… muérdago? —preguntó Sakura sonriendo suavemente.
A veces Naruto podía ser bastante desagradable, pero en otras ocasiones tenía esos momentos enternecedores en que la hacía reconsiderarlo como candidato a su corazón. Aunque claro, Sasuke siempre sería su único y verdadero amor, Naruto tenía algo especial que la hacía sentirse más bonita, más inteligente y más especial.
Sin embargo, cuando se acercaba a Sasuke, su frialdad y rechazo la hacían perder toda esa confianza.
— No debiste. Quiero decir… hace mucho frio para que hayas salido a comprar flores —dijo con media sonrisa— Esto es realmente amable de tu…
—¡Claro que te compraría muérdago Sakura-chan! Ahora tú debes besarme —respondió Naruto sonriendo pícaramente mientras acercaba sus labios hacia ella.
La sonrisa desapareció de golpe.
Sakura estaba en lo correcto. Nunca podría amar a un idiota como ese. Sólo estar cerca de él era irritante.
Como era de esperarse, tomó el ramo de flores y lo golpeó con éste hasta que no hubo nada entre sus manos, solo tallos de madera. Lo insulto de cinco formas distintas, sólo para cerrarle la puerta en la cara gritándole que nunca volviera a acercarse a ella. A pesar de las suplicas y lloriqueos de Naruto, no volvió a abrir la puerta.
Lleno de pequeñas florecillas y ramitas verdes en el pelo y su ropa, con un ojo morado y el labio ensangrentado, el joven se puso de pie bastante vencido y pensó que lo mejor sería volver a casa.
Había salido de su apartamento con la mera intención de animarse un poco y terminó dándose cuenta que incluso entre aquellos que no sabían lo del monstruo en su interior, seguía siendo un extraño. Deseo que Hinata hubiese estado ahí, aunque fuese para caminar en silencio a su lado. Ella era la persona más amable que conocía y sus ojos nunca lo miraban con desprecio o con miedo. Ella era una verdadera amiga y alguien con quien le hubiese gustado pasar el día. De seguro ella no lo habría golpeado si le hubiese dado flores, lo hubiese hecho pasar a su hogar para invitarle una taza de té y además le habría preguntado si quería ramen. Sí, Hinata era la amiga perfecta.
No como… —su pensamiento fue interrumpido, pues visualizó la persona que rondaba sus pensamientos — Sasuke.
A la orilla del río Naka, en el extremo más lejano del muelle, se encontró con el símbolo del clan Uchiha en un abrigo oscuro. Estaba sentando en el borde, observando el agua congelada del río en la cual muchas personas estaban patinando a lo lejos. La nieve se había acumulado en la coronilla de su cabeza, evidenciando que llevaba mucho tiempo sentad ahí sin moverse o hacer el esfuerzo por evitar el frío.
Naruto se quedó parado en la calle desde la cima de la loma debatiendo internamente si debía interrumpirlo o no. Al parecer, él no era el único chico solo esa navidad.
Respiró profundamente y comenzó a descender por la colina. No le importaba si Sasuke lo mandaba al carajo, sabía como debía estarse sintiendo y no lo dejaría durante la navidad. Quizás no experimentaba exactamente lo mismo que Sasuke en ese momento, pero al menos quería hacer el esfuerzo de entenderlo.
—¿Qué estás haciendo aquí? —le preguntó sentándose junto a él sin pedirle permiso para ello.
—Nada —le respondió neutralmente sin mirarlo.
Ambos quedaron en silencio después de eso, mirando hacia el frente.
Cuando eran niños se llevaban horrible. Gritaban todo el tiempo, se amenazaban y siempre competían por todo. Eso era lo natural entre ambos y Naruto lo consideraba un amigo justamente por eso. Actuaban como si hubiesen sido hermanos.
Desde su regreso a Konoha, las cosas habían cambiado. Sasuke mantenía una distancia que se le hacía incómoda. Muchas veces estuvo muy cerca de que le dijera qué era lo que le sucedía, pero cada vez que parecía listo para ceder, lo alejaba incluso más. Ya no peleaban como antes y cuando discutían, Sasuke por lo general lo dejaba ganar, se daba la vuelta y se alejaba el silencio, indiferente con su presencia. Era como si ignorara su presencia ahí.
El viento seguía soplando frío en Konoha, sin embargo, ninguno de los dos mostró símbolos de sentir la temperatura, tal vez por orgullo o terquedad.
Naruto suspiró algo deprimido mirando a su compañero de reojo. El Sasuke normal ya le habría dado un golpe o lo habría insultado. Cuando su amigo miraba el vacío de esa manera, sabía perfectamente en qué y quién estaba pensando. No podía imaginarse lo difícil que sería para Sasuke pasar la navidad sin su familia, pues a diferencia de él, no siempre había estado solo.
—¿Quieres… ir a comer algo? —preguntó Naruto un tanto incómodo con todo ese silencio.
—No —respondió sin mirarlo.
—Anda, vamos —insistió Naruto con amabilidad.
—Ya dije que no —repitió Sasuke, esta vez un poco más fuerte y molesto.
—Podemos ir a ese horrible local que te gusta tanto, donde venden…
—¡Déjame en paz Naruto! —gritó girando el rostro hacia él y tomándolo de su abrigo naranja con fuerza. Naruto podía ver la furia que se acumulaba en él, como si estuviese esperando alguien con quien descargar todo el dolor que sentía— ¿Por qué siempre me estás molestando? ¿Por qué no te largas?
Naruto frunció los labios, sintiendo como un nudo se formaba en su garganta. Ahora que Sasuke lo observaba notaba todo ese odio que lo rodeaba. Como le hubiese gustado tomar toda esa oscuridad y soportarla él mismo para evitársela a Sasuke. Hubiese hecho cualquier cosa para quitarle esa pesada carga que llevaba sobre sus hombres desde la masacre del clan Uchiha.
—Si quieres golpearme, hazlo —Naruto bajó el rostro—. Hace tiempo vienes actuando como si te hubiese hecho algo horrible. Ya que no me quieres decir qué te sucede, tal vez, golpearme te haga sentir mejor. Considéralo mi regalo de navidad.
—Vete al diablo.
Sasuke lo soltó y volvió a mirar el río congelado. Aunque siempre estaban discutiendo, Naruto lo consideraba un amigo. Verlo tan deprimido lo golpeaba tan duro como si le hubiese dado un puñetazo de verdad. Deseó por un momento poder penetrar ese duro exterior que mostraba Sasuke para todos y poder comprender qué era lo que pasaba por su mente en ese instante. Seguramente ese lugar significaba algo para él, pero si así era, no lo compartiría. Así era su compañero y había llegado a aceptarlo de esa forma, por frustrante que fuese no poder ayudarlo a sobrellevar esa melancolía.
—¿Quieres entrenar? —le preguntó Sasuke de pronto.
—¿Entrenar? —lo cuestionó Naruto confundido— ¿Hoy?
—¿Por qué no? —el Uchiha bufó con gracia— No es como si alguien nos esperara de vuelta en casa para cenar. Al menos no a mí.
—Eso no es del todo ci-cierto.
Ambos giraron el rostro rápidamente al escuchar esa dulce voz en medio de la ventisca. Por alguna razón siempre los sorprendía. Una de sus más grandes habilidades era lo silenciosa que podía ser al moverse, como si apenas tocara el suelo al caminar.
Hinata se encontraba a unos dos metros de ambos, debajo de un paragua, con botas altas y blancas y todo el resto del cuerpo cubierto de un enorme abrigo color crema una o dos tallas más grande que ella. Llevaba cubre orejas en forma de conejos y una bufanda de color lila. Sus mejillas estaban rojas pero sonreía con amabilidad.
Sasuke la observó fijamente un momento, luego movió sus ojos hacia Naruto y bufó rodando los ojos. El rubio en cambio sonrió con sinceridad al ver a Hinata ahí, tan abrigada que parecía que dos o tres personas se escondían bajo su abrigo.
—¡Hinata-chan! —la saludó Naruto poniéndose de pie— ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar pasando navidad con tu familia?
—Uhm… sí —dijo ella bajando el rostro con un tenue rubor— Pero… ustedes también son m-mi familia.
Naruto sintió deseos de tomarla por la cintura y levantarla hacia él después de eso. Por algún motivo, sin importar que tan mal se sintiese, Hinata lograba hacerlo sentir mejor. Su cálida sonrisa podía hacer que hasta el día más frio del invierno se sintiese como una tarde de verano. Tenía esa cualidad de animarlo y por eso la apreciaba tanto.
Sin embargo, el ceño de Sasuke se frunció aún más al verla.
—Sólo tengo una familia –dijo lentamente-. Mis padres que están muertos, y mi hermano, a quien yo mismo mataré —se puso de pie luciendo incluso más oscuro mientras miraba a Hinata, como si la estuviese retando con la mirada—. No necesito otra familia.
—Lo siento Sasuke-kun, no quise decir que…
—¡Bastardo! —gruñó parándose de golpe con los puños apretados, sentía deseos de partirle el rostro— ¿Por qué tienes que tratar mal a Hinata? ¡Ella sólo…!
—No me gusta que nadie sienta lástima por mí —respondió el Uchiha con frialdad—. Menos ella.
Sasuke metió las manos en sus bolsillos y comenzó a caminar alejándose de ambos. Naruto lo siguió listo para comenzar una pelea. Una cosa era que lo tratara a él como basura invisible, otra muy distinta era que hiciera que Hinata se sintiera mal. No obstante, una mano le tomó con firmeza la muñeca. Confundido, subió la mirada hacia Hinata y ella negó con el rostro, indicándole que no lo siguiera.
Comprendió rápidamente lo que Hinata le estaba indicando con ese gesto. Debían dejarlo solo. La mejor manera que tenía Sasuke para pasar sus propias frustraciones era así. Hinata parecía ya haber aprendido aquella lección y la compartía con él.
La miró a los ojos sintiendo un extraño vacío en el estómago, como si él sobrara en la dinámica que habían aprendido a mantener. Tal vez ese era el motivo del enojo de Sasuke.
—Que suerte tienen —dijo Naruto suspirando con algo de melancolía.
—¿Por qué Naruto-kun? —preguntó ella sorprendida.
—Esos tres años… realmente los acercaron mucho, ¿no?
—Supongo que s-sí —respondió Hinata encogiéndose entre sus hombros—. Pero, incluso ahora, a veces… siento que no conozco del todo a Sasuke-kun. Como si… hubiese algo dentro de él que no quiere compartir.
—Es un idiota.
—No… sólo… tiene un peso muy grande que llevar. Debe ser horrible vivir con la memoria de todo un clan...
—Eso no le da derecho a tratarte así —le increpó molesto, interrumpiéndola—. No entiendo por qué no te defiendes cuando te habla de esa manera. Me molesta. Detesto que te hable así Hinata.
—¿No eras tú el que estaba ofreciéndose a recibir un golpe en el rostro para que Sasuke-kun se sintiera mejor? —Naruto levantó las cejas sorprendido de que Hinata hubiera escuchado eso— Bueno, dejar que me trate a-así es mi forma de… recibir un golpe en el rostro.
Naruto suspiró. A veces no entendía por qué ella parecía apreciar tanto a ese idiota, pero luego recordaba, que también lo apreciaba a él y de seguro no se lo merecía. Ni si quiera había tenido valor para poder despedirse de ella y Naruto sabía que aquello la había lastimado mucho más que las palabras más crudas de Sasuke.
—¿Tu padre te dejó faltar a la cena navideña? —le preguntó mientras caminaban por el muelle intentando salir del viento.
—No creo que note que no estoy ahí —respondió ella con algo de tristeza, pero sonriendo de inmediato, demostrándole que algo así no la deprimiría ese día. Naruto no pudo evitar sonreírle y asentir mientras caminaban.
—Es su pérdida —dijo finalmente, para luego reír—. Cualquiera que no noté tu presencia es un completo idiota.
Hinata sonrió con timidez con sus palabras y se apegó un poco más a él mientras caminaban, poniendo con cuidado su mano sobre su brazo. Naruto notó el gesto, y en vez de asustarse o hacer un alboroto al respecto, pasó su mano sobre el hombro de Hinata apegándola a él. Ambos rieron con fuerza cuando casi pierden el equilibrio en el hielo por caminar así.
Pasaron el resto del día juntos.
Hinata era muy buena compañía pues estaba de acuerdo con todo lo que él proponía y parecía disfrutar de todo lo que hacían juntos.
Lo primero que realizaron en su velada navideña fue un muñeco de nieve a las afueras del departamento de Naruto. Pasaron más de dos horas para completarlo pero finalmente (con la ayuda de tres clones de sombras) lograron que luciera bien. Lo decoraron con frutas y ropa vieja, y extrañamente terminó pareciéndose a Jiraiya.
A continuación fueron a Ichiraku sólo para darse cuenta que el local estaba cerrado. Hinata le propuso a Naruto que cocinaran su propia cena de navidad y éste aceptó. Fueron a la única tienda que estaba abierta en toda Konoha y compraron lo poco que alcanzaron a encontrar en los estantes. Al parecer, sería una cena bastante pobre pero no importaba, Hinata prometió que haría su mejor esfuerzo con lo que tenían.
Compraron un árbol de navidad juntos y cuatro clones de sombra lo arrastraron por toda la Aldea hasta el departamento de Naruto. Como no tenían nada para decorarlo, Hinata se esmeró haciendo origamis de esferas, estrellas, cisnes y mariposas con papel diario. Cuando fue evidente que no terminarían nunca, Naruto lo terminó de adornar con shurikens y palomitas de maíz. En la punta del árbol, Naruto puso una estrella que él mismo recortó del cartón de un tazón de ramen instantáneo.
Pasaron el resto de la tarde cocinando. Naruto picaba cosas (o más bien arruinaba lo que tenía que hacer) y Hinata arreglaba su desastre sin que éste se diera cuenta. En más de una ocasión Hinata le enseñó a cortar y la cercanía con ella no se le hizo incómoda, más bien, le parecía agradable que pudiesen estar tan cerca sin sentir vergüenza el uno del otro.
Terminaron de cocinar todo y pusieron la comida en la mesa, prendieron algunas velas para darle un aspecto más formal. Naruto contempló el fruto del esfuerzo de horas de cocina con una gran sonrisa, sintiéndose extrañamente orgulloso de sí mismo.
—Esto huele genial —dijo con felicidad mientras servía leche en dos vasos— Nunca nadie cocinó para mí —agregó con alegría—. A menos que cuentes esos horribles peces asados que Ero sennin ponía sobre la fogata mientras viajábamos —sólo recordarlo hizo que la mitad de su rostro se volviera azul.
—Los dos hicimos esto —respondió Hinata con humildad mientras ponía un pastel de crema y fresas en medio de la mesa—. Cocinas muy bien, Naruto-kun.
—No es necesario que mientas, sé que casi arruiné todo —Naruto caminó en dirección a ella y le quitó el pastel de las manos intentando ayudarla—. Al menos el pollo salió bien.
Hinata bajó la mirada ruborizándose, aunque Naruto no comprendió del todo por qué.
Juntos pusieron el resto de la comida sobre la mesa, desde el pollo frito hasta el bol de arroz blanco, la verdura frita en tempura, las ensaladas y las fresas que sobraron del pastel.
Cada uno se sentó en un extremo de la mesa, sintiéndose satisfechos con lo que acababan de hacer. Sin embargo, faltaba algo, o al menos eso pensaba Naruto ¿Se abrían olvidado de alguna de las cosas tradicionales que hacían las otras familias de Konoha?
—Es la primera vez que alguien me acompaña en Navidad —susurró Naruto mirándola con una sonrisa—. Gracias, Hinata. Siempre quise saber que se sentiría pasar esta fecha en familia.
La joven bajó el rostro un tanto triste y no tuvo si quiera que decirlo para que Naruto supiese qué era lo que pasaba. Él también lo estaba pensando.
—Pero, no se siente bien, sin que Sasuke también esté aquí —terminó de decir.
—Sí… estaba pensando en ello —Hinata miró la comida en la mesa y subió el rostro con algo de vergüenza—. Naruto-kun, ¿te molestaría si empacamos todo y vamos a comer con él? —le preguntó sonriendo con nerviosismo.
—¿Crees que quiera cenar con nosotros? —la cuestionó sorprendido.
—S-sí, él querrá cenar con nosotros. Aunque diga que no —respondió con suavidad.
—¿Cómo lo sabes Hinata? —la cuestionó con curiosidad.
—Porque… a nadie le gusta estar solo en navidad.
No se demoraron más de 10 minutos en poner toda la comida en ollas y contenedores, para luego meterla en bolsas y caminar hacia la casa de Sasuke.
Hacía un par de meses estaba viviendo en su antiguo hogar, dentro del distrito Uchiha, por lo cual ambos miembros del equipo siete tuvieron que atravesar la mitad de Konoha, de noche y entre la nieve para llegar hasta ese lugar.
Cuando Naruto y Hinata se pararon en la entrada de aquel lugar, tuvieron serias dudas sobre pasar debajo de esos grandes pilares de madera. Toda el área estaba rodeada de murallas altas con el símbolo del clan Uchiha, como si dentro de Konoha, ellos hubiesen tenido una pequeña ciudad en donde sólo los miembros del clan podían vivir. A Naruto le pareció… que en vez de tener esas murallas para que nadie entrara, las habían puesto para que nadie saliera.
Se miraron uno al otro y decidieron entrar.
Aunque ambos intentaban lucir despreocupados, la idea de estar pasando por las mismas calles en que Itachi Uchiha había asesinado a toda su clan, era escalofriante. Mientras crecían habían escuchado tantas historias de terror sobre aquella noche, que estar caminando ahí los hacía sentirse nervioso.
El aullido del viento, el eco de las calles vacias y las casas desocupadas, el ruido de la madera y las bisagras antiguas crujiendo… los hacía considerar que más que estar en una época tan festiva y feliz como navidad, se habían extraviado dentro de la película de horror de algún enfermo. Naruto ya podía ver los titulares del periódico al otro día… "Encuentran muertos a dos shinobis en el Barrio del clan Uchiha". Inconscientemente, se acercó hacia Hinata y le tomó el brazo.
—Estoy comenzando a pensar que esto fue una mala idea… —susurró Naruto mientras avanzaban sobre la nieve— ¿Qué tal si aparece el fantasma de alguien a reclamar que estamos aquí sin permiso?
—Ya casi llegamos —respondió Hinata tragando pesado.
A diferencia del resto de Konoha, nadie barría la calle ahí por lo cual la nieve se había acumulado en grandes cantidades. Estaban caminando con cuidado pero aun así había al menos un metro de nieve bajo sus pies lo cual entorpecía la marcha considerablemente.
De pronto y sin previo aviso, ambos vieron un oscura figura que se les acercaba con el aullido del viento a su alrededor.
—¡Un fantasma! —gritó Naruto aterrado cerrando los ojos con fuerza y parándose atrás de Hinata.
—No soy un fantasma, idiota —la voz de Sasuke sonó tan fría y hastiada que Naruto se asustó incluso más— ¿Qué hacen aquí? Creo haberles dicho…
—Dices muchas cosas, ¿quién te escucha todo el tiempo de cualquier forma? —respondió irritado, intentando recuperar su dignidad.
—¿Por qué estás afuera de tu casa Sasuke-kun? —preguntó Hinata.
Sasuke los miró de reojo un momento. Naruto aun sostenía el brazo de Hinata, pero cuando ambos notaron que Sasuke estaba viendo en esa dirección se separaron al menos un metro. El Uchiha rodó los ojos y se cruzó de brazos luciendo fastidiado por la cercanía de ambos.
—Escuché ruidos. No pensé que fuesen ustedes. Los habría dejado congelarse si ese hubiese sido el caso —respondió con gracia.
—¡Bastardo! —gruñó Naruto.
—¿Me van a decir que hacen aquí o qué? —les preguntó perdiendo la paciencia.
—Íbamos a… —comenzó Naruto.
—Tenemos una misión —lo interrumpió Hinata rápidamente.
—¿Una misión? ¿En navidad? —preguntó desconfiado— Pero Kakashi está fuera de Konoha, ¿Tsunade nos confió una misión solos?
—Ajá —continuó Hinata—. Tengo los detalles en estas bolsas.
Naruto la miró confundido un momento sin entender por qué su compañera le estaría mintiendo de esa forma a Sasuke, cuando de pronto entendió lo que estaba haciendo.
—¿Dónde está tu casa? Me estoy congelando —dijo con voz temblorosa— No podemos planear la misión en medio de la nieve.
—Hn —Sasuke se dio la vuelta y comenzó a caminar seguido de Naruto y Hinata que se guiñaron un ojo bastante complacidos de que aquello hubiese funcionado.
El trayecto hacia la casa de Sasuke fue oscuro y silencioso, básicamente porque la ciudad se negaba a pagar alumbrado público sólo para Sasuke, quien había sido acomodado años antes en un departamento. Él había decidido volver a su hogar después de cumplir 16 años, pero eso no significaba que Tsunade estuviese dispuesta a alumbrar toda esa zona en donde no vivían personas.
Por ello pudieron distinguir perfectamente la casa en que habitaba Sasuke a bastante distancia (era la única con luz en todo el lugar). El pelinegro movió la puerta de entrada hacia un costado e ingresó al pequeño estar en donde se ponían los zapatos.
Se sentó en un y se retiró sus botas de nieve, colocándolas con cuidado en un estante. Hinata y Naruto lo imitaron poniendo sus botas en el mismo lugar.
Sasuke movió la siguiente puerta y los tres pasaron por el pasillo exterior del lugar, observando el hermoso jardín cubierto en nieve. Sin duda alguien había puesto mucho cuidado en diseñarlo. Aunque la fuente de bambú no subiera y bajara pues el agua estaba congelada, se veía que ese patio había sido creado con el mero propósito de traspasar paz y tranquilidad al hogar. Naruto incluso se pudo imaginar a Sasuke jugando en ese lugar siendo sólo un niño.
—Ahora, me podrían explicar de qué se trata esta famosa misión —les exigió mientras avanzaba.
—Pues, verás… tenemos que…
—No tu Hyuga. El inútil ese —la interrumpió Sasuke abriendo la puerta de la cocina, lugar en donde los tres entraron—. Me imagino que debe ser algo muy importante para que estén aquí.
—Ah, sí. La misión —debía decirle algo rápido e inventar una excusa. Se mordisqueó los labios y se rascó la cabeza intentando inventar una mentira creíble, pero los ojos penetrantes de Sasuke ponían su mente en blanco—. Tenemos que…
—Es increíble que Hinata mienta mejor que tú —lo cortó Sasuke—. Les dije que no necesito de su lástima.
—Pero… Sasuke-kun, nosotros queremos pasar la navidad contigo —dijo Hinata con tristeza.
—¿Por qué debería importarme lo que tú y Naruto quieren? —le preguntó con burla.
—Porque somos tus amigos —respondió ella frunciendo el ceño.
—Amigos por lástima.
—¡No es lástima! —exclamó Naruto tomando a Sasuke por su ropa—. Somos un equipo, y además somos amigos. Estas fechas son para estar con las personas que significan algo en nuestras vidas, ¿no?
Naruto y Sasuke mantuvieron una batalla visual en la cual el primero en pestañar perdería. Se quedaron en silencio, mirándose con la misma rivalidad y antipatía que venían experimentando el uno por el otro por años ya. Hinata permaneció atrás, observándolos, sin decir nada.
Pasaron alrededor de treinta segundos callados, retándose con la mirada, hasta que las facciones de Sasuke se relajaron. Naruto lo soltó entonces.
—La cocina está ahí— dijo dándose vuelta apuntando hacia su derecha con el dedo pulgar—. Por si quieres calentar esa comida.
—¿Cómo sabes que hay comida en las bolsas? —preguntó Hinata sorprendida.
—Tengo mejor nariz que ustedes dos —Sasuke subió los hombros despreocupadamente.
—¿Podemos ayudarte Hinata-chan? —la cuestionó Naruto sonriendo.
—¿Por qué me incluyes a mí en eso? —se quejó Sasuke molestó por haber sido comprendido en todo ello sin su consentimiento.
—Podrían… ayudarme arreglando la mesa mientras caliento esto —les pidió con algo de vergüenza.
—¡Claro! —exclamó Naruto.
Sasuke iba a comenzar a alegar pero Naruto no se lo permitió, solo lo tomó del brazo y lo arrastró hasta la mesa del centro de la cocina, lugar donde ambos comenzaron a despejar lo que había sobre ésta (básicamente pergaminos que al parecer Sasuke había estado estudiando).
Por su parte Hinata calentó el pollo frito (que seguramente ya no tendría el mismo sabor crujiente) y el arroz blanco (que se había vuelto un tanto seco), las verduras y el resto de la comida. Naruto puso el pastel de crema y fresas en el centro de la mesa (que parecía haber sido lo único que sobrevivió el viaje) y Sasuke terminó de poner los vasos y platos.
Cerca de diez minutos después, los tres compañeros de equipo se sentaron cada uno en un extremo opuesto de la mesa con Sasuke en la cabecera, en el mismo lugar que alguna vez había ocupado Fugaku Uchiha.
—¡Itadakimasu! —gritó Naruto partiendo sus palitos, observando todo con felicidad.
—Espera idiota —lo detuvo Sasuke— Debemos dar las gracias por la comida.
—¿Por qué? —preguntó Naruto extrañado.
—Es la tradición, ¿qué nunca…? —Sasuke se interrumpió, recordando que Naruto efectivamente nunca había celebrado navidad pues era huérfano desde su nacimiento— Tienes que dar las gracias antes de comer.
—¿Y cómo se hace eso? —preguntó un tanto molesto cruzándose de brazos.
—Sólo juntas las manos como si fueras a orar. Luego, agradeces por la comida y las cosas buenas en tu vida —le explicó Hinata amablemente, juntando sus palmas en forma de plegaria para que Naruto lo viera.
—Ya veo, es … ¿es como un sello especial del clan Hyuga? —preguntó al ver la forma que tomaban las manos de Hinata.
—Justo cuando pensé que no podrías volverte más estúpido, ¡Por su puesto que no es un sello especial! —se quejó Sasuke—. Sólo da las gracias.
—Uhm… ¡Deja de gritarme! Iba a hacerlo de cualquier forma —Naruto tragó saliva y comenzó a pensar como saldría de ese lío—. Gracias… gracias por… por esta comida, que aunque no sea un delicioso plato de ramen, huele delicioso. Gracias por… por poder pasar navidad junto a Sasuke-bastardo y Hinata-chan… y tener esta deliciosa comida con ellos. Ramen.
—No es ramen, es amén —si Sasuke hubiese tenido algo cerca se lo habría lanzado.
—¿Y por qué se dice amén? —preguntó Naruto extrañado.
Hinata y Sasuke se miraron uno al otro y ninguno de ellos pudo responder eso. Aquella tradición de pasar navidad no era precisamente de Konoha, ellos sólo la seguían porque era divertido intercambiar regalos.
Aún así, comieron hasta hartarse de pollo frito y arroz, a pesar de que el pollo estaba blando y seco y que el arroz había perdido su contextura. Al ver como Sasuke comía con el ceño fruncido y Hinata lo hacía mirándolo de vez en cuando con un sonrojo, Naruto se sintió más feliz que nunca. Tal vez no tenía una madre y un padre, pero tenía dos personas importantes. Gracias a ellos ya nunca más tendría que estar solo.
—Naruto —dijo de pronto Sasuke.
—¿Ah? —Naruto tragó lo que había en su boca— ¿Qué?
—¿Por qué rayos tienes muérdago en el cabello?
—¿Qué tengo qué?
—Muérdago, Naruto-kun —dijo Hinata, también curiosa—. Pequeñas florcitas de muérdago.
—¡Sácamelas! —gritó Naruto horrorizado acercándose a Sasuke, quien lo empujó para que se alejara de él.
—Yo no te toco ni con guantes —se cruzó de brazos molesto—. Quizás que cosas viven en tu cabeza.
—¡Hinata-chan! ¡Por favor ayúdame! —insistió Naruto con lágrimas en los ojos, intentando deshacerse de aquellas flores y hojas.
—Claro Naruto-kun, quédate quieto por favor —dijo Hinata comenzando a sacarle hojas de un intenso color verde—. Pensé que… que las tenías ahí porque es navidad.
—Sakura-chan me golpeó con un ramo de muérdago —explicó Naruto cuando vio que Sasuke levantaba una ceja con las palabras de Hinata, como si también creyera que Naruto había decidido hacerse una corona de flores— ¡Es en serio!
—Yo te creo —dijo Hinata encogiéndose entre sus hombros.
La chica sacó una florcita de su cabeza, notando que ambos quedaban bajo el muérdago. Sasuke los miró con el ceño fruncido y Hinata pareció notarlo también. Naruto se demoró un instante más en recordar lo que Ino había dicho sobre el muérdago y besar a la chica que se encontraba debajo de él.
—Hinata-chan, ambos estamos bajo el muérdago —dijo con vergüenza—. Creo que me debes un beso —una sonrisa traviesa apareció en su rostro remplazando la vergüenza.
—Na..Naruto-kun… —todo el rostro de Hinata se puso rojo dejando caer el muérdago de golpe.
Quedó inmóvil frente a él, comenzando a hiperventilar. Estaba acercándose a su punto límite en el cual fácilmente podía perder la conciencia sólo de vergüenza, nervios y timidez.
Naruto no alcanzó a acercarse ni si quiera un centímetro en dirección a la joven, cuando un plato le golpeó el rostro lanzándolo con fuerza hacia atrás.
—Feliz Navidad, perdedor —le dijo Sasuke con una gran sonrisa, observando como se retorcía en el suelo sosteniendo su cara, llegando justo a tiempo para tomar a Hinata antes de que terminara cayendo hacia atrás inconsciente.
Bueno, como todos saben este fic es un NaruHinaSasu. Debido al desarrollo de personaje que he querido llevar no he podido incluir a Naruto aun, pero esta fue mi forma de incluirlo nuevamente al fic, pues lo extraño.
Nuevamente, feliz navidad ^^ Pásenlo super.
Lectura recomendada: Fifty Nine Moves - Oh Dee.
Está en ingles, pero VALE LA PENA. Es uno de los mejores fics que he leído de Naruto. Tiene como cuatro mil palabras pero sintetiza a la perfección la relación de Temari y Shikamaru. La amé. Léanlo, no se arrepentirán ^^
