Dedicado a la grandiosa Fangirlx.x, quien siempre me ayuda cuando encuentro una roca en mis tramas. Eres la mejor.


CAPITULO 27
BESO ROBADO

Algo nos divide.
Algo hizo que nos perdiéramos en el camino.
¿Serán los cambios? ¿Será el tiempo?
¿Podremos volver a encontrarnos entre las hojas?
¿Te alejarás? ¿Te alejaré?

La oscuridad me impide verte, por brillante que parezcas.
Así está bien. No me molesta.
De cualquier forma, la luna y el sol, jamás se encuentran en el cielo.

¿Verdad?

Bajó levemente la mirada y con rapidez besó la comisura de su boca sin llegar a tocar sus labios.

Permaneció así lo suficiente para escuchar que sus fans se quejaban y lloraban quejumbrosamente en voz alta sin poder creer que había alguien en Konoha que les hubiera quitado a su Sasuke-kun, cuando de pronto, sintió una mano sobre su pecho que lo empujaba intempestivamente hacia atrás. Sorprendido, bajó la mirada para encontrarse con los ojos horrorizados de su compañera quien lo miraba con una mezcla de miedo y duda en sus ojos.

Se sintió paralizado.

Todo pensamiento abandonó su mente y sus mejillas comenzaron a arder.

Las personas del país del Fuego eran tradicionales y bastante conservadoras. Ni hablar de los shinobis de Konoha, que por su propia naturaleza no eran propensos a cercanías de ningún tipo. Por lo general, mantenían una distancia educada con el resto y se saludaban con leves reverencias. El contacto físico, de cualquier forma, se consideraba algo inapropiado; así había sido educada Hinata Hyūga toda su vida.

Sasuke sabía eso. Pudo comprender de inmediato que para ella ese tipo de comportamiento era inadecuado y sumamente incómodo. Sólo en ese momento cayó en cuenta de la estupidez que había cometido y antes de que pudiese explicarse o bajarle el perfil a lo ocurrido, Hinata lo increpó con más valor de lo que hubiese esperado de ella para una situación así.

—¿Qué-qué haces Sasuke-kun? —instintivamente, llevaba una mano a su cuello, como si buscara el collar de Naruto.

Aquello fue como un golpe entre sus piernas, justo en medio de su hombría.

No bastaba lo confundido y estúpido que se sentía por haber tenido ese impulso de besarla, ahora también era testigo de cómo Hinata buscaba a Naruto, incluso en un momento donde sólo estaban él y ella.

Si antes ese gesto lo había irritado, ahora simplemente lo lastimaba. Ni si quiera tenía respuesta para ella. Sus ojos estaban clavados en la mano que aferraba el amuleto del primer Hokage que Naruto había dejado antes de irse; era un mensaje que sólo ellos entendían, excluyéndolo de la pequeña relación imaginaria que tenía con él. Odiaba esa sensación de complicidad que emanaba de aquel objeto. Se sentía ofendido sólo con verlo. Le parecía patético y con gusto le habría arrebatado ese collar para que dejara de buscar a Naruto cuando necesitaba agallas.

¿Por qué no encontraba coraje en sí misma? ¿Por qué tenía que depender de alguien tan patético como ese perdedor para buscar fuerza? ¿Tan grande era su amor por él? ¿O tan débil era su carácter? ¡Esa no era la Hinata con la que venía compartiendo un año y medio!

Odió a Naruto en ese momento y deseó que a ella se la tragara la tierra. Por él, Hinata se podía ir al infierno. Con Naruto, tomados de la mano.

—¿Por qué? —le preguntó Hinata nuevamente, sus cejas temblaban—. Yo… tú no…

—¿Terminaste de hiperventilar? —le preguntó molesto y con dureza, completamente frío—. No exageres. No fue para tanto.

—Tal vez no para ti —le espetó con fuerza, lastimada—. Pero… pero…

—¿Pero qué?

—Si Sakura-san o Ino-san se enteran…

—¿Qué importa? —lo último que le preocupaba en ese momento era qué podrían pensar Sakura o Ino sobre lo que él hacía—. ¿Por qué me importarían esas acosadoras? Ojalá se enteren, así dejan de molestarme todo el tiempo —podía sentir como la rabia se acrecentaba en él, quemándole el pecho, apretando su estómago, encendiendo sus mejillas—. Esa era la idea. Que me vieran contigo para que dejaran de molestarme. ¿Sabes qué? ¡Le diré a cualquiera que pregunte que eres mi novia!

—¡No p-puedes hacer eso! —le suplicó Hinata juntando sus manos sobre el pecho, como si estuviera a punto de perder el control sobre su respiración—. Son m-mis amigas… pensarán que las traicioné y mi familia pensará que… y… y Naruto-kun… yo no…

—¡Al diablo todos ellos! —escuchar el nombre de ese perdedor, precisamente cuando todo dentro de él quería explotar, sólo acrecentó su indignación—. Puedo decir lo que quiera, cuando quiera y a quien quiera —exclamó con fuerza apretándole los brazos mientras la mantenía quieta, no quería que huyera—. Si digo que eres mi novia entonces ni tú ni nadie va a decirme que eso no es…

Antes de que pudiese terminar la oración algo lo cortó en seco. Sintió todo su cuerpo tensarse y sus manos comenzaron a temblar. Era una sensación que lo calcinaba desde las entrañas y hacía que todo su ser se pusiera rígido.

Hinata estaba llorando. Gruesas lágrimas caían desde sus ojos para terminar en sus mejillas.

Si ella hubiese sido un hombre, probablemente la habría golpeado. Ese era el nivel de su agitación en ese momento.

—¿Estás llorando? —le preguntó con lentitud, incrédulo, lastimado.

Pero el dolor rápidamente se transformaba en algo más, mutaba. Aquello lo sacó de control.

—¿Te di un beso en la mejilla y te pones a llorar? —le gritó—. ¿Es en serio? ¿Por un estúpido beso? Eres tan idiota. Eres una completa idiota, Hinata.

Fue entonces que su instinto se apoderó de él y el razonamiento abandonó su cuerpo. Todo dentro de sí ardía en rabia. Había soportado demasiado tiempo ser sólo un observador de la relación ficticia y platónica que mantenía Hinata con Naruto. Se había callado tantas cosas, había soportado su mirada melancólica tantas veces. Los dioses eran testigo del calvario que había sido verla hundirse en recuerdos de un tarado como ese que ni si quiera se había dado cuenta de que lo amaba, dejándola a un lado para perseguir a Sakura como un perrito sin dueño.

Ni si quiera se había molestado en despedirse de ella. Ni si quiera había sido lo suficientemente hombre para confrontarla y decirle algo tan simple como que debía irse con Jiraiya. No le interesaba qué razones o excusas tenía para ello, todo se resumía a que era un cobarde.

Y sin embargo, Hinata lo amaba, sin condiciones, sin esperanzas de que él la amara de vuelta.

Quería volver a gritarle y decirle que era una niña estúpida, que Naruto jamás la amaría y que se quedaría llorando el resto de su vida por alguien que ni si quiera la notaba de esa forma, mientras él estaba ahí frente a ella, junto a ella y era invisible.

Él la necesitaba, él la apreciaba, él la veía tal como era.

Él era su compañero, su amigo, su pareja.

Él habría sacrificado sus propios sueños por proteger los suyos.

Él se había quedado. Con ella. No Naruto. Él.

Pero todo eso no valía nada para Hinata-hime Hyūga. Él no valía nada para ella, porque en el momento que contra todo pensamiento lógico y buen juicio se atrevió a acercarse, sólo lo había alejado.

Si hubiese sido un hombre, Sasuke la habría golpeado. Habrían rodado por el piso, se habían dado uno que otro puñetazo y quizás al día siguiente todo habría vuelto a la normalidad. Sin embargo, Hinata era una chica. No podía golpearla en una situación como esa.

Y todo por un simple y estúpido beso, ¡en la mejilla! Por un ridículo, insignificante y estúpido beso... — Pensó observando el reflejo de las luces en las mejillas húmedas de Hinata.

Apretó el puño con frustración.

Si quería seguir llorando, le daría razones para llorar de verdad.

Ni si quiera se dio cuenta en qué momento su cuerpo se abalanzó contra el de Hinata y sus labios apretaron los de ella. Muchas veces había escuchado el término "robar un beso" pero hasta entonces no lo había entendido del todo.

Ahora lo comprendía a la perfección.

El tiempo se detuvo en su mente. Permaneció así, sin saber qué hacer, por un segundo, por diez, por horas; no lo sabía. El tiempo, el espacio, él, ella, todo dejó de tener sentido. Todo dejó de importar. Como cualquier acto nacido del instinto humano, del despecho y el rencor, se dejó llevar sin pensar en lo que sucedía, sólo sintiendo lo que su cuerpo le exigía hacer.

Y sentía rabia. Sentía su orgullo magullado. Sentía que ella lo había traicionado.

No había sido un beso nacido de sentimientos nobles, sino del resentimiento…resentimiento hacia ella, hacia Naruto, hacia Konoha, hacia todos y todo. No había sido por deseo, ni por amor.

La quería lastimar y no podía partirle rostro, así que le partió los labios con los suyos.

Deseaba darle motivos para que llorara. Un verdadero motivo. Un verdadero beso, no aquel juego en su mejilla que había iniciado para que esas chicas los dejaran en paz. Esa era la única forma en que podía gritarle sin hablar, golpearle sin tocarla, recordarle que un Uchiha nunca debía ser menospreciado.

Duró poco más de un segundo con sus labios presionados sobre los de Hinata antes de separarse hacia atrás, porque él lo quiso, no porque ella lo hubiese empujado como lo hizo en un comienzo. No hubo contacto entre sus lenguas, ni se humedecieron sus labios, de hecho, no hubo ningún tipo de movimiento labial entre ambos, sólo piel presionando piel.

Abrió los ojos lentamente para observarla.

Al parecer, Hinata no había dejado caer sus párpados en ningún momento. Sus gestos carecían de vida, su rostro estaba pálido y sus brazos caídos. Estaba paralizada, no pestañaba, mirándolo sin verlo, incrédula, preguntándole con la mirada el motivo para haber hecho eso.

Sasuke se paró derecho y la observó amenazadoramente. Sus ojos negros y afilados se reflejaron en las iris sin color de Hinata. Fácilmente la pasaba por media cabeza ahora y su postura, era intimidante. No eran niños, esa etapa quedaba atrás y si ella no lo había comprendido hasta ese momento, de seguro se lo aclararía ahora.

No iba a permitir que lo hiciera quedar como un idiota por más tiempo. Ni a ella, ni a nadie.

—Te dije… que la próxima vez que lloraras frente a mí, te daría un motivo para llorar —susurró lentamente, soltándola.

Un Uchiha siempre cumplía su palabra.

Dio media vuelta, ignorando a las chicas que los observaban estupefactas y en silencio, dejando a una muy confundida Hinata atrás.

La joven permaneció parada en la misma posición mirando hacia el vacío, luciendo absolutamente perdida. Llevó su mano al pecho, como si en cualquier minuto fuese a desfallecer. No obstante, su rostro que se ruborizaba tan fácilmente todo el tiempo, permanecía tan blanco como la luna sobre ambos.

De cualquier forma, la luna y el sol, jamás se encuentran en el cielo.

¿Verdad?

Fue el primer día desde que Naruto se fue de Konoha, en que él no la llevó de vuelta a la mansión Hyuga después de entrenar. Tampoco se volteó a ver qué sucedía con ella.

Las calles de la Aldea estaban tan silenciosas a esa hora de la noche que podía escuchar sus propias pisadas haciendo eco. Algunas luces parpadeaban por el calor, recordándole que estaba en pleno verano. Sin embargo su mente escapaba de ello, ignorando por completo lo que era tan evidente a su alrededor. Ni si quiera las gotas de sudor que caían por su rostro parecían perturbarlo.

Lo único que había en su cabeza en ese momento eran preguntas sin respuestas.

Llegó a su hogar un par de minutos después de dejar Ichiraku. Su semblante serio y molesto evidenciaba justo cómo se sentía. Soltó su mochila junto a la puerta y caminó directamente hacia su cama, cayendo de espalda sobre esta. Ahí permaneció inmóvil, mirando el techo, dejando que el calor terminara con él.

Cerró los ojos, deseando olvidar todo.

Quería que Konoha desapareciera, Hinata, Naruto, Kakashi, el Equipo Siete, sus compañeros, Tsunade, su clan… e Itachi.

Sobre todo Itachi.

Quizás si su hermano no hubiese resultado ser un monstruo, él no se habría convertido en lo que era… alguien a quien nadie, nunca, podría llegar a querer de verdad. Alguien que siempre estaría solo porque no había nada en su interior digno para querer. Su único camino era la soledad, la venganza, el odio. Siempre destruiría a cualquiera que se acercara a él. Seguramente, Hinata sólo sería la primera de muchas personas que él iba a dañar sólo porque lo querían. Acercarse a él era como tocar fuego, lo sabía, los Uchiha eran la encarnación del fuego, la destrucción… dejando a su paso sólo cenizas en donde antes había habido vida.

Quería estar solo.

Anhelaba que nadie volviera a acercársele. Tal vez así dejarían de lastimarlo y él dejaría de lastimar. Las personas que no esperan nada de nadie, no sufren cuando se ven traicionados y decepcionados por aquellos a su alrededor.

¿Por qué dejas que te lastimen en primer lugar?

Se sentía como un tarado últimamente. Ni si quiera se conocía a sí mismo, ¿dónde estaba el Sasuke Uchiha que había prometido dejar todo de lado hasta que su objetivo se cumpliera? ¿Dónde estaba el Sasuke Uchiha indiferente a todos y todo a su alrededor? Esa estúpida niña lo había arruinado, había penetrado su soledad y estas eran las consecuencias de ello. Se estaba volviendo blando, estaba dejando que cosas tan insignificantes como esa fuesen algo importante para él. Su antiguo yo habría descartado todo el asunto en un segundo.

Sin embargo, ahí estaba él ahora sobre su cama, obsesionándose con lo ocurrido, con ella, con sus ojos, con su aroma, con sus curvas, con la forma en que sus manos lucían, con sus gruesas pestañas, su tímida sonrisa… y sobre todo… con la forma en que su nombre sonaba cuando salía de sus labios.

—Sasuke-kun. Ja.

Tenía tantas ideas revotando en su mente, pero no quería pensar. Lo único que quedaba por hacer era olvidarse de todo y dormir. Mañana sería otro día. Él sería alguien distinto.

Tal vez, alguien podría amarlo de verdad al día siguiente.

No. Todos a su alrededor eran unos mentirosos. Sobre todo Itachi…

Su hermano, su propia sangre, nunca había mostrado afecto por él, nunca había sentido amor por él, todo había sido una mentira… ¿qué podía esperar del resto? Hasta Hinata, la persona más cercana a él, consideraba indignante que él se hubiese acercado a besarle el rostro.

El resto, podía irse al infierno. Todos y cada uno de ellos.

Ni si quiera se sintió lo suficientemente animado como para pararse y apagar la luz, hundiéndose cada vez más en su almohada.

En su propia oscuridad.

Pasaron alrededor de quince minutos en que no se movió, adormecido, dejando que la ira se transformara en tristeza… en soledad… cuando decidió que era suficiente. Esa molestia en su estómago no se pasaría así como así. Tenía que distraerse, leer algún libro sobre ninjutsu o historia de Konoha que mantuviera su mente alejada de todo ese tema tan ridículo. Parecía una niña. No dejaría que una chica estúpida lo hiciera sentir lástima de sí mismo.

Se sentó sobre el colchón suspirando con pesar, se puso de pie y caminó hacia el escritorio junto a su cama. Sin embargo mientras sus ojos se movían de un lado a otro buscando algo con lo cual entretenerse, no pudo evitar ver las únicas dos fotografías enmarcadas en su apartamento —¿Por qué tengo esto aquí? ¿Cuándo se volvió este tipo de cosas algo que quisiera tener? — Sus gestos se volvieron levemente tristes mientras las examinaba, dándose cuenta del paso del tiempo.

La primera fotografía enmarcada era la de su cumpleaños número trece junto al resto de los genin de Konoha. Había una corona de cartón sobre su cabeza, lo cual lo hizo recordar ese estúpido incidente mientras Shikamaru lo sostenía con su jutsu de control de sombras. Ino y Sakura se peleaban por alguna cosa mientras le sostenían los brazos. Justo cuando Kiba salió a defenderlo, Sakura se volteó a gritarle.

El flash capturó la imagen.

Hinata había insistido en enmarcarla y la había puesto en ese lugar junto a la otra fotografía; era justamente ésta la que cambió su semblante de tristeza a enfadado.

Frente a él, burlándose, estaba el retrato que se habían tomado un par de días después de que se formó el Equipo Siete. Kakashi les había dado una copia a cada uno, como si fuese parte de una tradición de la cual él desconocía.

Apenas llegó a su hogar, metió la fotografía dentro del mueble en que guardaba los cubiertos y se olvidó por completo de ella. No quería formar recuerdos ni lazos con su equipo, pues no le interesaba particularmente nada sobre Naruto o Hinata. Sin embargo, a medida que transcurrieron los meses y su relación se con esos dos se afianzó, se permitió a sí mismo poner el marco sobre su escritorio — debí dejarla llenarse de polvo en el cajón— pensó irritado, mordiéndose los labios intentando controlarse.

Ahora que observaba la fotografía fijamente podía notarlo — Estúpida. Estúpida niña—. Sus ojos no se enfocaron en él o Kakashi, ni en Naruto.

Estaban fijos en ella.

Había pasado de ser esa pequeña niña a una señorita del clan Hyūga. Y él… — ¿Ese realmente soy yo? ¿Por qué estaba tan molesto? Seguramente porque estuvimos esperando tres horas por Kakashi— Sintió un leve toque de vergüenza al recordar lo bajo que solía ser.

Sin embargo, lo que realmente le echó sal a la herida fue notar como en dicha fotografía se había inmortalizado la dinámica que los caracterizaría todo ese tiempo —Siempre fue así, desde el comienzo, siempre fue así—. Mientras él miraba hacia un costado irritado y Naruto lo miraba con desprecio, Hinata observaba al perdedor con las mejillas sonrojadas y los ojos llenos de añoranza.

Siempre lo ha amado.

Tomó la fotografía entre sus manos y la observó por tanto tiempo que perdió la noción de la hora. Desde el principio, toda la atención de Hinata se había enfocado en Naruto. No era algo que él desconociera y había descubierto el motivo de ello el día que Naruto partió de Konoha. El conocimiento de que ella estuviese enamorada de él no le molestaba (o eso se decía constantemente cada vez que la veía soñando despierta y se le apretaba el estómago), pero ahora sabía con certeza que no podía ocultar que los sentimientos de su compañera hacia su mejor amigo… lo hacían sentir algo extraño, muy similar a la ira.

No sólo lo irritaban. Le molestaban. Lo angustiaban.

Le dolía.

¿Por qué le fastidiaba tanto? ¿Era porque creía que Naruto no merecía a alguien como Hinata? ¿Era porque no quería tener que lidiar con dos enamorados en el grupo? ¿Era porque no creía que Naruto pudiese olvidarse de su enamoramiento por Sakura?

O…

Estoy celoso… —pensó horrorizado—. Y si estoy celoso… eso significa que… que ella…

Cortó el pensamiento en seco. Eso era imposible. No lo admitiría, ni si quiera lo pensaría. Era ridículo y la mera idea se le hizo tan divertida que bufó y rodó los ojos. Dejó la fotografía sobre su escritorio y la volteó. No quería tener que mirar a esas dos idiotas.

La idea se le hizo tan cómico que comenzó a reír con fuerza mientras caminaba hacia el interruptor de luz junto a la puerta. Estalló en risa al punto que sus ojos se llenaron de lágrimas. No podía imaginarse nada más patético que sentir celos de Naruto o Kiba, o cualquiera que se acercara a Hinata Hyūga. No, definitivamente no estaba celoso. No podía estarlo.

Y de un momento a otro, mientras ponía los dedos en el interruptor, la risa se detuvo.

El silencio inundó el departamento y el peso en sus hombros se hizo insostenible.

El sonido de dos tazas de loza estrellándose contra la pared retumbó por toda la habitación, cayendo los trozos en todas las direcciones posibles, dejando atrás una solitaria taza en la mesa.

Después de todo, no necesitaba más que una.

Cuando no tenían misiones que realizar, lo usual era que Sasuke apareciera cerca de las seis de la mañana en la mansión Hyuga, se apoyara contra la cerca de madera y esperara que ella saliera para que juntos se pudieran dirigir a entrenar.

Hinata abandonaba su hogar a toda prisa, corriendo, pues tenía claro que Sasuke no era alguien que esperara por mucho tiempo. Era común entonces que éste le lanzara un par de palabras sobre como odiaba perder el tiempo, que estaba sorprendido de que hubiese logrado graduarse de la Academia y que uno de esos días se conseguiría a alguien mucho más apto para entrenar. Hinata le pedía disculpas una y otra vez mientras estiraba una gyoza, un onigiri o una batata caliente en su dirección y él se callaba aceptando sus disculpas en un silencio absoluto mientras comía y caminaba en dirección a su zona de entrenamiento, el monumento de los muertos en la tercera guerra shinobi.

El resto del viaje apenas se dirigían palabras. Sasuke comenzaba el día con absoluta concentración y sociabilizar no era una opción para él. Cuando estaba de muy buen humor, a veces, hacía alguna broma por el camino, le decía que la comida estaba aceptable o le preguntaba cómo se encontraba esa mañana. Su interés no pasaba más allá de eso, manteniendo las cosas entre ambos en un nivel profesional, por lo menos hasta después de almuerzo, momento en que se relajaban un poco más.

Sin embargo, cuando las primeras luces del sol entraron por su ventana anunciando el nuevo día, Hinata supo que no tenía coraje para enfrentar a Sasuke esa mañana. Su cuerpo se negaba a salir de la cama, pues sabía que tan pronto lo viera afuera de su hogar y tuviese que enfrentar esos ojos oscuros y severos, se sentiría como la misma niña de antes que no podía dejar de tartamudear alrededor de él.

Había dado vueltas entre sus sábanas toda la noche sin lograr dormirse, sintiéndose extrañamente triste y asustada. Habían avanzado tanto como equipo, como compañeros, como amigos, que volver a ese punto en que todo era incómodo y extraño la deprimía.

Tocó sus labios cuidadosamente con la punta de sus yemas y un sentimiento de culpa la embargó.

¿Se sentía así por haber sido tan dura con Sasuke? ¿Porque imaginaba la reacción que tendrían Ino y Sakura al enterarse? O… ¿Era porque en el fondo, sentía como si hubiese traicionado a Naruto?

Hundió su cara entre las frazadas y apretó con fuerza los ojos. No había hecho nada malo aparte de pararse ahí y dejar que él pusiera sus labios cerca de su boca, tardándose un segundo en empujarlo lejos de ella.

Cualquiera hubiera dicho que su actuar había sido el correcto, siendo siempre leal a sus sentimientos por el chico que estaba en su corazón.

No obstante, sólo había empeorado las cosas, pues cuando Sasuke besó sus labios no pudo moverse. En ese único segundo de duda, en ese lapso en que sus labios aceptaron los de Sasuke… algo la hizo titubear en su firme determinación sobre amar para siempre a Naruto Uzumaki.

Ella sabía que había dudado qué hacer en ese minúsculo periodo de tiempo y aunque hubiese sido insignificante, la estaba destrozando. No debió haber hesitado si quiera un segundo, debió haber movido la cara tan pronto como entendió lo que Sasuke pretendía hacer. Había dejado que su sorpresa le ganara y su reacción había sido demasiado tardía.

No. No había habido reacción alguna de parte de ella, y eso, la avergonzaba profundamente. La hería. Lo curioso de todo eso, era que tenía claro que esa había sido la intención de Sasuke desde un comienzo… ¿Qué había hecho mal todo ese tiempo para que su mejor amigo le hiciera algo así?

Para Hinata Hyūga, ese segundo, la había hecho dudar de lo único que mantenía como un hecho irrefutable en la vida: su amor absoluto e incondicional por Naruto Uzumaki. Tal vez no en el sentido de que dudaba lo que sentía por él, sino, porque en ese segundo, dudó lo que sentía hacia Sasuke.

Había sentido miedo, en vez de seguridad. Rechazo, en vez de amistad. Culpa, en vez de empatía. Confusión, en vez de claridad; Sasuke no se merecía ese tipo de sentimientos. Era tal vez la persona más cercana en su vida y ella había reaccionado como si tuviese lepra al acercarse a ella.

Era una tontería. El tipo de tontería que se genera en la mente de una chica de trece años, de una niña que recientemente estaba comenzando a lucir como mujer, pero que seguía siendo una niña en su cabeza.

En muchos lugares del mundo lo sucedido era apenas considerado un salud. Ese beso en la mejilla que Sasuke le dio era obviamente una niñada, un acto sin mayor relevancia ni consecuencias, hecho sin ningún propósito romántico y que seguramente no causaría daño alguno. Sin embargo, ese segundo beso… —mi primer beso… y no fue con Naruto-kun—, pensó con tristeza, escondiéndose aún más entre las sábanas sintiendo que lloraría en cualquier momento. Seguramente ese había sido el propósito de Sasuke, quitarle algo que había estado guardando parar darle a alguien que amaba. Tal era su intención de herirla que le había robado algo muy preciado para ella.

De pronto escuchó un suave golpe en la puerta corrediza de su habitación haciéndola sentarse de golpe. Seguramente Sasuke se había aburrido de esperarla afuera y Ko o Tokuma venían a informarle que la estaba esperando en el salón.

—¿Sí? —preguntó con miedo.

—¿Puedo entrar, Hinata-sama?

La voz que escuchó del otro lado de la puerta corrediza de papel no era la de Tokuma o Ko, sino la de su primo Neji. Levemente confundida, se tapó con cuidado el torso. Su primo mayor no era el tipo de persona que le diera los buenos días o sociabilizara con ella por placer, más bien, cuando cruzaban palabras eran asuntos del clan, porque su padre se lo ordenaba o simplemente cuando al encontrarse en el pasillo intercambiaban saludos.

—Sí, adelante nii-san —respondió ella observando como el joven movía la puerta hacia un costado y entraba con solemnidad.

—Buenos días —la saludó, haciendo una leve reverencia.

—Buenos días —respondió ella.

—¿Se encuentra usted bien? —le preguntó permitiéndose la libertad de acercarse a ella y arrodillarse a su lado, como si estuviese inspeccionando alguna enfermedad invisible al ojo normal.

—Sí nii-san.

—¿No hay ninguna novedad entonces? —volvió a cuestionarla con un tanto de suspicacia.

—Uhm, creo que no, ¿por qué lo preguntas? —respondió un tanto confundida, ruborizando, temiendo que alguien ya hubiese llegado con el rumor de ese beso y que por ello Neji estuviese actuando extraño.

—Todos los días, exactamente antes de que salga el sol, usted sale del complejo y se reúne con Uchiha Sasuke en la entrada —respondió poniendo sus manos sobre sus muslos con bastante elegancia—. Sin embargo, van a ser las siete de la mañana y aún está acostada. No es usual de su parte. Me preguntaba si tal vez el entrenamiento de Gai sensei la había dejado agotada o si usted y Uchiha Sasuke decidieron no entrenar el día de hoy.

—Uhm… yo… yo estoy bien nii-san. Sólo dormí más de la cuenta —respondió Hinata avergonzada—. Seguramente Sasuke-kun me está esperando afuera.

Neji la miró con el ceño fruncido y entonces Hinata supo que algo estaba mal, algo lo suficientemente extraño como para que la habitualidad de ese hogar se viera rota y por lo tanto el esquema diario de Neji Hyūga se viera alterado.

Los Hyuga eran una familia tradicional y la mayoría en ese hogar tenía hábitos y rituales que seguían día a día. Cuando éstos eran interrumpidos, quedaban a la deriva como un barco sin capitán, sin saber qué hacer. No les gustaba que cambiaran sus planes, y sobre todo, que de pronto los que estaban a su alrededor comenzaran a improvisar.

Neji odiaba la improvisación y su esquema diario, el de esperar que Hinata se marchara para poder ocupar el baño, se había visto interrumpido.

—Sasuke Uchiha no está afuera —respondió con neutralidad.

—Quizás vino y… y se fue cuando no salí —respondió Hinata sintiendo un nudo formarse en su garganta.

—Sasuke Uchiha no vino hoy por usted —insistió con lentitud, observando con cuidado su reacción intentando descifrar lo que su prima le estaba ocultando.

Hinata levantó su mirada desde sus sábanas para observar a Neji con incredulidad. Si lo que escuchaba era cierto, entonces, Sasuke no había ido por ella para que entrenaran juntos.

Sintió un horrible vació en el estómago.

—Oh, debí olvidarme que hoy no entrenaríamos… él… él tiene otra misión —respondió volviendo a enfocar su mirada en las sábanas.

Neji la observó fijamente notando la decepción y la culpa en sus ojos. No era difícil para él poder leerla como un libro abierto, pues Hinata era una joven honesta y gentil, todo lo que sentía lo reflejaba en sus gestos.

—No sabe mentir —le dijo con seriedad, suspirando con cansancio para ponerse de pie—. Sin embargo, no es de mi incumbencia los problemas entre usted y su compañero de equipo. Si no entrenará con él hoy, me quedaré a entrenar con usted en el dojo.

—¿Con-conmigo? —preguntó sorprendida. Neji no era del tipo de persona que ofreciera algo así como así—. No me gustaría ser una molestia. Sé que entrenas con Lee-kun y Tenten-san durante las mañanas antes de que el sol haga imposible practicar.

—Lo hago, pero de vez en cuando Lee entrena con Gai sensei y Tenten se encarga de practicar su shurikenjutsu realizando lanzamientos contra los blancos de entrenamiento. Estoy seguro que no me extrañarán hoy.

—¿De… de verdad? —lo cuestionó con una suave sonrisa.

—Sí —respondió él con amabilidad, regalándole un atisbo de sonrisa—. Vístase, desayune algo liviano, y encuéntrese conmigo en el dojo. La ayudaré a entrenar hoy.

Eran pocas las oportunidades en que Neji se mostraba tan amable con ella. De hecho, su relación venía mejorando cada vez más desde ese incidente en el bosque de la muerte que obligó a Hiashi Hyūga a entregarle el pergamino que el padre de Neji había dejado tras su muerte. De alguna manera, a pesar de que a veces insistía en que el destino de todos estaba forjado y que nadie podía hacer nada para cambiarlo, Hinata se sentía muy cómoda estando con él. La trataba mucho mejor que cuando eran niños y ya no parecía odiarla, más bien, o era indiferente a ella o, en muy contadas ocasiones, era amable.

Cuando no estaba entrenando por su cuenta o con el equipo Gai, Neji se encargaba de practicar con Hanabi en encuentros que hacía que todo el hogar Hyuga se detuviera para admirar a la increíble prodigio de ocho años que tanto enorgullecía a su clan. Eran pocas las veces que se ofrecía a practicar con Hinata y cuando aquello sucedía era porque Hiashi se lo pedía expresamente. Por lo mismo, habían transcurrido al menos un par de meses sin que los primos azotaran sus palmas uno contra el otro.

El entrenamiento con Neji comenzó un poco después de las ocho. Estuvieron alrededor de una hora haciendo sparring, moviéndose alrededor del dojo, practicando sólo movimientos de manos y cuerpo, sin liberar chakra. Según Neji era una buena forma de armonizar los golpes, practicándolos mientras se tenía el byakugan activo.

Hinata lo admiró mientras se desplazaba descalzo sobre la madera de cerezo. El movimiento de sus pies era perfecto, su postura era sinceramente la de un genio y la forma en que golpeaba distintos puntos en su cuerpo con una facilidad ridícula la hizo ver que ella aún estaba lejos de igualarlo. Sí, en ocasiones acertó un golpe o dos, pero Neji no parecía sorprendido por ello, más bien, era lo que esperaba de Hinata.

Su temple se mantuvo concentrado todo el tiempo, indicándole que a pesar de ser superior a ella en el uso del puño suave, no la subestimaba. Aquello le dio un poco más de confianza. No era como cuando ambos entrenaban en la niñez en que él la miraba un tanto aburrido y la esquivaba sin mayor esfuerzo mientras intentaba golpearlo.

De pronto, Neji bajó las palmas y caminó hacia el costado del dojo. Era la señal de que habían terminado o al menos que debían tomar un descanso. Hinata lo siguió intentando recuperar el aliento y secándose el sudor con el dorso de su manga.

—Ha practicado mucho tiempo con Sasuke Uchiha —concluyó su primo, sentándose y sacando algunos vendajes con los cuales rodeó sus tobillos—. Su taijutsu es extraño. Se mueve de una forma que no es propia de los usuarios del puño suave.

—¿Eso es malo? —preguntó Hinata un tanto asustada.

—No lo sé aún —respondió Neji después de considerarlo un momento—. Depende qué haga con dichos movimientos. A pesar de que no son los correctos para nuestro estilo de combate, tampoco son errados. Más bien, son distintos.

—Kakashi sensei dice que debo crear mi propio estilo original de combate… —dijo Hinata sentándose junto a Neji y abrazando sus piernas—. Lo he intentado, pero…

—La he visto entrenando durante las noches, sobre las fuentes de peces koi.

Las mejillas de Hinata se encendieron con violencia, girando su rostro hacia Neji. No podía creer que alguien la hubiese visto cuando había sido tan cuidadosa de hacerlo en silencio y bajo el amparo de la oscuridad. Cuando entrenaba sobre el agua, era un momento en que podía ser libre de todas las críticas y la única voz que escuchaba era la suya. El conocimiento de que su primo la había estado observando todo ese tiempo la hizo sentir como si su privacidad, su secreto, hubiese sido descubierto. Se sintió desnuda ante él.

—Su defensa, aquella que ha estado practicando, es su estilo original de combate. Utiliza los principios secretos del puño gentil para algo nuevo, algo que ni si quiera yo podría lograr. La flexibilidad y el tamaño de su cuerpo se lo permite.

¿Estaba escuchándolo bien? ¿Acaso su primo acababa de darle un cumplido?

—Neji nii-san…

—Debo ir por Lee y Tenten ahora —la interrumpió poniéndose de pie—. Gracias por entrenar conmigo.

—¡No nii-san! Gr-gracias a ti.

Cuando la figura de Neji atravesó la puerta lateral del Dojo, Hinata se atrevió a sonreír.

No estaba segura qué era esa sensación en su pecho que hacía que su estómago cosquilleara y que quisiera gritar, reír y rodar por el piso. Le tomó alrededor de un minuto darse cuenta que lo que estaba experimentando era felicidad, pues por primera vez desde que tenía uso de razón, un miembro de clan Hyuga la reconocía.

Abrazó sus rodillas con más fuerza, hundió su rostro entre sus muslos y comenzó a reír. Se sintió orgullosa de sí misma, y aquello era muy difícil para alguien con la autoestima tan baja como Hinata.

Entonces, mientras la felicidad la inundaba, pensó en Sasuke.

Pensó en los meses de duro entrenamiento, en las mañana frías entre la nieve, en los días de lluvia, en las tardes de calor sofocante, en los frescos anocheceres de primavera entre los árboles de cerezo en flor. Todos esos días juntos, el sufrimiento, el dolor, los sacrificios, la constancia, habían dado frutos y ahora Neji Hyūga, quien le había dicho que se rindiera con la idea de ser una kunoichi, la reconocía como alguien especial dentro del clan. Estaba tan feliz que sentía las lágrimas formándose en sus ojos. No podía esperar poder ver a Sasuke para decírselo.

¿Dónde estaría? ¿Podría alcanzarlo? ¡Tenía que contarle lo que acababa de pasar! Tal vez estaba lista para mostrarle su nueva defensa, después de todo, quería que Sasuke lo viera y así obtener su aprobación. Esa defensa sería la primera parte de su original style, una forma de combate inspirada en el puño gentil pero distinta a éste. Él había sido la persona que más la había ayudado para desarrollar su cuerpo y sus movimientos a ese nivel, quería que le diera su reconocimiento, pues si Sasuke creía que era aceptable, entonces, estaría lista para mostrárselo al resto del mundo.

Sin embargo, recordó, que él no había estado ahí esa mañana esperándola y aquella sonrisa que apenas había podido controlar un momento atrás, se desvaneció. Recordó con dolor lo que había ocurrido la noche anterior y pudo sentir que su estómago se revolvía. No era asco, ni repugnancia, era miedo…

Miedo de que hubiese acabado de perder a su mejor amigo.

Sasuke no apareció ese día, ni el siguiente.

Tampoco lo hizo el día después de ese.

Hinata no tenía el valor de ir hacia su lugar de entrenamiento a buscarlo tampoco, de hecho, no tenía valor si quiera para salir del complejo Hyūga evitando encontrarse con él y con el resto de Konoha. No sabía si Sakura e Ino ya estaban al tanto de lo que había ocurrido, pero si ese era el caso, definitivamente no quería verlas. Por lo tanto, se escondió del mundo dentro de la seguridad que le ofrecían las altas murallas del complejo y se dedicó a estudiar hierbas medicinales de los anaqueles y libros del clan. En tres días, logró realizar alrededor de 4 bálsamos distintos para cicatrizar heridas, limpiarlas, aliviar su dolor y por último una bastante buena que borraba cicatrices y que empezó a utilizar en la horrible cicatriz que tenía en el brazo.

La mañana del sexto día, estaba hirviendo algunas hojas de menta para luego triturarlas y así formar una nueva loción, cuando Ko entró a la cocina y le entregó un pergamino. Un tanto nerviosa por la inesperada correspondencia, retiró su delantal de trabajo y desenrolló el contenido del papiro frente a ella.

Básicamente, era una orden de parte de Tsunade para que ella y Sasuke se presentaran en su oficina lo antes posible.

Lo leyó tres veces para asegurarse de que lo que estaba escrito ahí era una orden. Sintió que el estómago se le vaciaba y que un nudo se formaba en su garganta cuando leía una y otra vez "Uchiha Sasuke y Hinata Hyuga, preséntense de inmediato ante la Hokage".

—¿Sucede algo nee-san? —le preguntó Hanabi quien había estado observándola trabajar con la curiosidad propia de una hermana menor—. ¿Dónde pongo estás raíces? ¿Quieres que las triture?

—N-no es nada. Me han citado a... a la oficina de la Hokage. Terminaremos esto cuando vuelva, ¿Está bien? —le preguntó con una sonrisa amable, enrollando de nuevo el pergamino.

—Está bien… —dijo la pequeña suspirando con tristeza—. ¿Prométeme que terminaremos esto cuando vuelvas?

—Te lo prometo.

Hanabi le sonrió con ansias y asintió, comenzando a guardar los instrumentos con los que habían estado trabajando. Hinata la observó desde la puerta, sonriendo. Eran tan pocas las oportunidades que tenían para compartir como hermanas de verdad. Hubiese deseado que ese pergamino se perdiera en el camino para no tener que abandonarla.

No obstante, el deber la llamaba. Asumió las consecuencias de sus actos (o más bien, sus omisiones), y salió de la mansión Hyūga con el rostro en alto, lista para enfrentar la realidad que había estado evitando.

Encontró a Sasuke entrenando solo en los bosques de Konoha, justo en el borde de las montañas, alejado del lugar en que ambos usualmente practicaban.

Se veía bastante agotado.

Había agujeros enormes en los troncos, en la roca, en el suelo, en la pared de la montaña, evidenciando que había estado practicando el chidori. Los árboles a su alrededor tenían profundos rasguños y notó como más de una rama había sido cortada de cuajo. No quiso saber detalles, pero adivinó que había perfeccionado la técnica que estaba practicando para envolver su espada en chakra de naturaleza eléctrica. A decir verdad le pareció asombroso lo que él había logrado en tan sólo cinco días sin verse, sin que ella lo estuviese atrasando, pero cuando notó las ojeras bajo sus ojos supo que había estado entrenando ahí sin dormir.

Lucía más que agotado.

Se vieron a los ojos un momento, él con frialdad, ella con vergüenza. Su mirada afilada y amenazadora se le hizo insostenible y pronto tuvo que mover sus ojos hacia un costado.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó cuando Hinata comenzó a jugar con los dedos—. ¿Volvió Kakashi?

—N-no. Uhm... Tsunade-sama n-nos llama —respondió respirando profundamente y subiendo nuevamente el rostro para mirarlo.

—Iré luego. Solo.

El pelinegro se dio la vuelta y nuevamente rodeó su espada con electricidad. Su chakra envolvió su espada con un estridente chirrido que la hizo entrecerrar los ojos, con miedo de que alguna de las piedras que se quebraban a su alrededor la golpeara. En un movimiento que Hinata apenas alcanzó a notar, cortó la roca desnuda que había en el acantilado a su espalda.

Se había vuelto tan rápido últimamente que tenía problemas visualizándolo.

Ahí estaba la diferencia entre un genio y un fracasado. Mientras ella había tenido que entrenar durante años para mantener su estamina a niveles aceptables y poder competir a la par con el sharingan, él en cosa de semanas había desarrollado su velocidad a niveles que se comparaban con los de Rock Lee. Bajó su mirada recordando que llevaba pesos en sus canillas, pero incluso con ellos, no sabía si alguna vez podría igualar a Sasuke en velocidad.

Cuando fue obvio que no se iría, el Uchiha clavó con fuerza la espada en el suelo y se volteó a mirarla.

—¿Algo más? —le preguntó irritado. Podía notar que su presencia ahí no le hacía la menor gracia.

—Debemos ir juntos.

—¿Es una orden?

—Sí. Al-al menos eso dice el pergamino —se excusó Hinata sacándolo de su bolsillo y estirándolo en dirección a Sasuke.

—Debí suponerlo —dijo mientras caminaba en su dirección, quitándole el pergamino de las manos para leerlo—. Te ordenaron estar aquí, de lo contrario no habrías venido.

—Sasuke-kun… yo… yo quería hablar sobre…

—Yo no. No quiero hablar. No contigo.

La miró con frialdad, como si se tratara de una extraña, mientras desenrollaba el papiro con brusquedad. Fijó sus ojos en el papel un instante, leyó su contenido y sin reacción alguna comenzó a caminar sin esperarla.

Se dirigieron hacia la torre del Hokage juntos, pero separados. En ningún momento Sasuke le dirigió la palabra o hizo el intento de mirar hacia atrás buscándola. Aquello la entristeció, pero en cierta medida entendió que se merecía esa frialdad.

Se habían acercado durante ese tiempo, pero su amistad era tan frágil como el cristal. Ella sabía eso. Con Sasuke las cosas nunca eran sencillas y había que saber tratarlo de forma cuidadosa o todo el avance que hacían se perdía. Era un joven orgulloso, altanero y solitario, pero ese mismo orgullo era fácil de quebrar. En cierta medida, sentía que su reacción no había sido la adecuada pero él tampoco había tenido ningún derecho de utilizarla de esa forma para sacarse de encima a las jóvenes que estaban enamoradas de él y mucho menos besarla con la mera intención de herirla. Si realmente hubiesen sido tan amigos, él no le habría hecho eso, pues él mejor que nadie conocía sus sentimientos hacia Naruto.

Arrugó los labios con frustración y comprendió que no podía seguir culpándose de todo lo que ocurría entre ambos. Si para conservar una amistad se debía cuidar a la otra persona, ¿por qué Sasuke no había pensando en ella y sus sentimientos cuando le robó su primer beso? (al menos, ella pensaba que eso había sido un beso).

Entonces, se permitió sentirse molesta también y dejó de caminar tres pasos atrás de él, sin importarle si con la velocidad en que avanzaba eventualmente lo lograba alcanzar.

Entraron a la oficina de Tsunade en silencio, sin mirarse, molestos y listos para escuchar sus instrucciones. La mujer estaba sepultada atrás de pilas de papel luciendo más agotada que nunca. Eventualmente notó la presencia de ambos y los observó un segundo como si no supiera qué hacían ahí. Ante la incómoda situación, la asistente de la Hokage, Shizune, le informó qué era lo que Sasuke Uchiha y Hinata Hyuga hacían ahí.

—El asunto de Mighty Gai, Tsunade-sama.

—Oh, cierto —dijo ella estirando un papel que Sasuke tomó—. El señor Feudal del país del Fuego requirió de Kakashi por dos semanas más para liderar la seguridad de su cumpleaños número treinta y tres. Ya que no pueden realizar misiones sin su instructor, Gai, a petición de Kakashi, aceptó tomarlos bajo su cuidado por estos días.

Hinata se sintió sorprendida ante la noticia, pero Sasuke pareció indiferente mientras leía el pergamino. Era claro que no le importaba estar a bajo las ordenes e instrucciones de Gai.

—¿Acaso no nos podemos cuidar solos? No es la primera vez que Kakashi se ausenta por un largo periodo… —señaló Sasuke estirando el papel hacia Hinata para que lo leyera.

—Serán reintegrados a sus funciones cuando Kakashi vuelva a la aldea —lo cortó Tsunade, frunciendo las cejas, retándolo con la mirada para que siguiera llevándole la contra—. En el intertanto, entrenarán con Gai.

Sasuke no se movió y sus gestos no cambiaron, indiferente ante la amenaza. Tal vez porque la idea de entrenar con Gai no se le hacía del todo desagradable o porque armar otro escándalo en la oficina del Hokage los podría tener limpiando jaulas de aves por semanas nuevamente.

Y de seguro, lo último que quería, era pasar semanas a solas en el techo del edificio junto a Hinata.

—¿Es todo? —preguntó impaciente.

—Sí, pueden retirarse.

Se dio la vuelta primero y abandonó la oficina con prisa. La joven hizo una nueva reverencia y salió atrás de él. Cuando lo hizo, vio como caminaba por el pasillo alejándose, sin esperarla, desesperado por alejarse de ella nuevamente.

Aferró el collar del primer Hokage con tristeza, deseando que Naruto estuviese ahí. De seguro, él podía comprender a Sasuke mejor que ella.

Decir que no le molestaba la presencia de Sasuke Uchiha habría sido una mentira. No le agradaba mucho ese sujeto. No se llevaban bien y aunque habían tenido ciertos momentos en que parecían haber llegado a una tregua momentánea, cada vez que lo veía cerca de su prima menor recordaba la forma en que sus ojos lo habían mirado ese día en el hospital en que le pidió a Hinata que se diera por vencida con la idea de convertirse en una kunoichi.

Esa oscuridad podría haber consumido a cualquiera.

Quería esa oscuridad lejos de su prima.

La mayoría del tiempo en que la veía con Sasuke se sentía irritado y a la defensiva. Hinata era una chica alegre que irradiaba luz, y temía, que esa misma luz se comenzara a apagar si seguía cerca del Uchiha. La idea de se comenzara a comportar tan impulsivamente como su compañero, sin ningún tipo de clase o modales, era un motivo de indignación para él. Esa soberbia en el Uchiha lo irritaba y en muchas ocasiones pensó que lo que Sasuke realmente necesitaba para comprender su insignificancia, era una buena golpiza.

Cortesía del clan Hyūga.

Terminó las dos mil flexiones de brazos sin sudar si quiera y se encaminó para vendar sus manos y piernas mientras el resto acababa. Lee estaba contando las flexiones en voz alta para todos, manteniendo el ambiente bastante jovial cada vez que decía "¡Si no podemos lograrlo haremos quinientos abdominales más!" y por su parte Gai se mantenía con los brazos cruzados motivándolos verbalmente, recordándoles como la juventud no esperaba a nadie.

Cuando el calentamiento terminó notó lo cansada que se veía Hinata y como sudaba. Sasuke no lo hacía, pero notaba por la forma en que tiritaban sus brazos que incluso mantenerse en pie le costaba.

Sonrió para sí mismo. Ninguno de los dos estaba acostumbrado al nivel de entrenamiento de Gai. Para ellos, sus excéntricos métodos eran casi una cosa diaria, aunque al comienzo también habían sufrido por ello.

—¿Vamos a seguir con sentadillas ahora Gai sensei? —preguntó Lee lanzándose a sí mismo al suelo y comenzándolas sin que se le ordenara.

—Uhm… no es una mala idea, que tal si…

—Gai sensei, perdimos más de una hora en estas flexiones. Recuerde que no podemos estar aquí hasta tan tarde por el sol —se quejó Tenten.

—¡Josh! Tienes razón —dijo sonriendo y cerrando los ojos, pensando qué hacer—. Nos pondremos de cabeza y caminaremos de esa forma alrededor del bosque para entrenar nuestro equilibrio.

Neji dejó salir un suspiro. Gai sólo hacía a Lee entrenar de esa forma, por lo cual supo que quería impresionar a los genin de Kakashi. Sin embargo, estaba logrando el efecto contrario, pues tanto Hinata como Sasuke lo miraron un tanto confundidos y hasta asustados.

—Gai sensei, creo que sería más efectivo que se familiarice con el estilo de pelea y nivel de Hinata-sama y Sasuke antes de que nos diga qué hacer —sugirió Neji, lo cual hizo que el jonin asintiera múltiples veces mientras lo escuchaba.

—Muy bien pensado, el día apenas comienza y aún tenemos muchas energías que quemar —exclamó Gai con fuerza levantando su puño al aire—. ¡Josh! ¡Enséñennos su estilo de combate y habilidades! Así podremos saber qué tipo de entrenamiento haremos. ¡Uno mucho más efectivo y rejuvenecedor del que llevan con Kakashi!

El Uchiha asintió y activó el sharingan. Las mejillas de su prima se ruborizaron levantando la vista hacia él, mostrando con ello lo nerviosa que la ponía mostrarle su desempeño en el puño suave, a pesar de que sólo unos días atrás habían entrenado juntos.

Tal vez, no estuviese nerviosa por mostrar su estilo de combate frente a ellos. Quizás, había algo más que la estaba avergonzando.

—Hyūga —la llamó Sasuke, chasqueando la lengua un tanto molesto—. Deja de hiperventilar. Ya lo escuchaste.

—P-pero… Sasuke-kun… yo…

—Sin peros.

Hinata terminó accediendo a su petición y activo el byakugan sin sellos. Aquello sorprendió levemente a Neji. Durante su último encuentro su prima había necesitado de todos los sellos, inclusive el secreto del clan Hyuga, para activar su dojutsu. Al parecer, podía hacerlo a voluntad como la mayoría de los usuarios más experimentados del clan. Era una mejora, pero no lo suficiente buena como para asombrarlo.

Sasuke sacó un kunai y lo lanzó en dirección a Hinata. Ésta lanzó un shuriken hacia su kunai desviándolo de su trayectoria. En ese preciso momento, Sasuke apareció con una rapidez que sorprendió a Neji, justo atrás de la peliazul. Era un movimiento insignia de Lee y hasta su compañero se enderezó impactado cuando lo notó.

Tenían un ganador. Si todo se resumía a la velocidad entre ellos, Sasuke iba a ganar.

Sin embargo, para su sorpresa, estaba equivocado.

Justo cuando Sasuke iba a clavarle un kunai en el hombro, Hinata dobló su cuerpo hacia un costado y saltó hacia adelante varias veces alejándose de él.

Neji se sintió levemente complacido con su agilidad. Al menos había logrado captar la esencia del byakugan, un dojutsu que le permite a su usuario tener vista completa sobre el campo de batalla. Se preguntó en ese momento si Sasuke había atacado por la espalda sólo para que ella pudiese demostrar que podía evitarlo y así ganar confianza… o si realmente quería inhabilitar sus brazos.

El Uchiha desenvainó la espada que llevaba atada a la cintura y se dirigió corriendo hacia Hinata.

Astuto. Bastante astuto. Utilizar una espada para poner distancia entre ambos es lo mejor que pudo haber hecho ahora. El puño suave no podrá tocarlo de esa forma, si Hinata-sama acerca sus palmas demasiado, sufre el riesgo de perder una mano —pensó Neji cruzándose de brazos.

Tal vez el kaiten podría haber detenido golpes que fueran dirigidos con armas, pero Hinata no podía usar dicha técnica. Sólo tenía esa extraña defensa que había estado practicando los últimos seis meses en secreto.

—Sasuke-kun es rápido —dijo Lee, mirando la batalla con seriedad.

—Hinata es ágil —agregó Tenten—. Su agilidad puede contrarrestar la velocidad de Sasuke.

—No. Se equivocan —indicó Neji—. Sasuke está usando el sharingan. Sabe exactamente donde se moverá Hinata antes de atacarla. Hinata perdería si esta fuese una batalla real, a menos que pudiera contrarrestar el sharingan a base de una velocidad como la de Lee o Kiba Inuzuka. Además, Sasuke inhabilitó el puño suave cuando sacó su espada. El taijutsu se vuelve inefectivo…

—Te equivocas Neji —lo corrigió Gai con seriedad—. El taijutsu comprende ataques cuerpo a cuerpo. En este momento, esa espada es sólo una prolongación del brazo de Sasuke. Puede contrarrestarse. Lo que hay que preocuparse sobre Sasuke Uchiha es su sharingan, pero Hinata es portadora del byakugan, no puede caer en genjutsus fácilmente.

Neji estaba seguro de que así era, pero Hinata no sería capaz de inhabilitar su espada. De hecho, lo único que hacía era evitar las estocadas de Sasuke, como si no quisiera lastimarlo de vuelta, como si conociera tan bien sus movimientos que más que entrenar, estuviera ensayando una rutina aprendida hacía meses.

Diferente era la situación de Sasuke quien arremetía contra ella como si de verdad quisiera matarla. De hecho, si no hubiese sido un entrenamiento Neji habría intervenido, pues sus movimientos estaban dirigidos a puntos vitales del cuerpo de Hinata.

Quizás Lee o Gai, quienes eran expertos en golpes a base de rapidez y fuerza, podrían haber inhabilitado completamente una espada durante el combate, pero ella…

—Gai sensei, déjeme combatir contra Sasuke-kun —le pidió Lee con solemnidad, un tanto preocupado.

Neji frunció el ceño. Si Lee lo notaba… no era su imaginación. Sasuke estaba yendo en serio contra ella.

Gai sonrió y puso un brazo sobre el hombro de Lee, sin despegar su visión de lo que ocurría frente a ellos.

—Observa con cuidado Lee. Los movimientos de esa chica son completamente distintos a los tuyos o los de Neji, tiene su propio estilo de pelea. Su propio original style —dijo Gai son una sonrisa, de aquellas que nunca desaparecían de su rostro.

—Creo que debería detener esto, Gai sensei —lo increpó Neji preocupado.

Lo que estaba utilizando Hinata era el puño suave del clan Hyūga. Admitía que había ciertas cosas que eran distintas, pero dudaba que ella lo estuviese haciendo a propósito, más bien, parecía como si las posiciones correctas del puño suave fuesen muy difíciles para ella y hubiese tomado un atajo utilizando movimientos más sencillos, que se ajustaban mejor a su cuerpo. Tal vez era original, pero a los ojos de Neji, eran descuidados, desordenados y muy por debajo del nivel de lo que se esperaba de la heredera de los Hyūga. Era hasta trágico en realidad, la hija de Hiashi, no podía utilizar a la perfección la técnica de taijutsu que venía siendo pasada de generación en generación a los líderes del clan.

No obstante, ese estilo de combate no la salvaría si perdía la concentración y Sasuke terminaba cortándole el cuello.

Ocurrió justo en el momento en que Lee iba a insistir en remplazar a Hinata.

Sasuke sostuvo su espada con ambas manos sobre su cabeza, tomando impulso para dirigirse hacia ella. Hinata no se movió, más bien, se puso en posición defensiva. Tanto Gai como Lee se inclinaron hacia adelante, como si quisiera detener lo que iba a ocurrir. Hasta Neji sintió nerviosismo y sus piernas se movieron solas en dirección a su prima. No alcanzó a dar dos pasos cuando Hinata movió su palma hacia adelante con fuerza y Sasuke salió desprendido hacia atrás con fuerza.

No lo había tocado. Sasuke había llegado a estar por lo menos a un metro de distancia de ella, pero no lo había tocado.

El equipo Gai quedó en absoluto silencio entonces, preguntándose qué había ocurrido.

El Uchiha se sentó sobre el suelo mirando a Hinata con el ceño fruncido, tan sorprendido por ese golpe como el resto de los presentes.

—Eso fue…—Lee dijo mirando a Neji con cuidado.

—La técnica de Neji —añadió Tenten.

—Hakke Kūshō susurró Neji con seriedad, preguntándose, en qué momento su pequeña prima que a simple vista parecía tan inútil, había perfeccionado una técnica propia del clan Hyūga cuando nadie se la había enseñado—. No sabía que pudiese realizar esa técnica. Es un movimiento secreto del clan.

Y por la mirada de sorpresa de Sasuke, tampoco él sabía que podía hacerlo.

Ambos se miraron un momento que pareció eterno. Neji sostuvo el brazo de Lee quien se apresuraba en dirección al Uchiha para preguntarle si estaba bien.

Conocía esa mirada en el rostro de su prima. La hacía cada vez que Hiashi la miraba entrenar, como una súplica por escuchar un "bien hecho" de parte de él. Supo sólo mirándolos que Hinata esperaba la aprobación de Sasuke más que la de cualquier otra persona ahí.

No dejaría que interrumpieran ese momento, era importante para ella.

Ambos habían estado juntos tanto tiempo entrenando, en misiones, afrontando situaciones de vida o muerte, que era sólo normal que esperasen el reconocimiento del otro cuando superaban un obstáculo o llegaban a una meta.

Sasuke la miró con seriedad y pronto, su rostro inexpresivo se relajó y sus facciones se suavizaron. Neji pudo distinguir con claridad que lo que expresaban sus ojos era orgullo.

—Nada mal, Hyūga —dijo poniéndose de pie—. Nada mal. Veamos si puedes hacerlo dos veces.

Sin embargo, la complacencia en Neji desapareció por completo cuando se dio cuenta que había más que orgullo en los ojos de Sasuke Uchiha. La oscuridad que lo rodeaba desaparecía lentamente justo frente a él y la luz de Hinata lo cobijaba como una manta.

Así como ella buscaba su aprobación con desesperación, él buscaba con la misma intensidad esa luz en ella. Lo podía notar por la forma en que sus ojos se cruzaban y su semblante, tan orgulloso y altanero, aflojaba.

Él la necesitaba, tanto como ella a él.

Y aquello, no le hizo la menor gracia.

.

.

.

No importa.
Seguiré buscándote entre las hojas.
En medio de la oscuridad.
Aunque te escondas de mí para siempre.

A veces
En muy contadas ocasiones…
El sol y la luna se encuentran en el cielo
Se funden, se mezclan.
Son uno.

Y su fuerza es capaz de hacer que el día se vuelva noche.cer.