CAPITULO 28

LO QUE TODOS BUSCAMOS

El insistente gorgoteo de la lluvia golpeaba con suavidad su ventana impidiendo que pudiese dormir. De vez en cuando en medio del verano llovía con fuerza y a este periodo se le llamaba "época de lluvias". Sin embargo, aquel periodo había terminado. Esa llovizna que caía no podía ser parte de esas primeras semanas de verano pues Agosto se estaba terminando y pronto llegaría el otoño.

La lluvia parecía empeorar la onda de calor que los azotaba, plagando el aire de una humedad desagradable que provocaba que se le adhirieran las sábanas contra el cuerpo y que el cabello se le pegoteara sobre la frente.

No se podía dormir así.

Apenas entraban haces de luz azulada por el espacio en que sus cortinas se juntaban, iluminando su rostro, su torso desnudo y las mechas oscuras de cabello que tenía pegoteadas contra las mejillas. Era víctima del clima, uno más entre los habitantes de Konoha y no había nada que pudiese hacer excepto maldecir en voz baja.

De vez en cuando los párpados se le caían, como si estuviese a punto de quedarse dormido, pero el calor lo volvía a despertar. Era realmente insoportable estar así y lo peor era que debido al clima ni si quiera sentía deseos de entrenar. Era la peor onda de calor que pudiese recordar.

Estaba a punto de levantarse de la cama para darse una ducha cuando entre dormido y despierto, escuchó un golpe en la puerta.

Movió sus ojos lentamente en esa dirección. No hizo ningún movimiento, dejando en claro que no tenía deseo alguno de abrir. La idea de que lo estuviesen buscando para alguna misión urgente lo irritó y si era alguno de sus vecinos, podían molestarlo en la mañana y no en medio de la noche. En realidad sólo hubiese querido ver a una persona ahí y al mismo tiempo, era la única persona con quien no quería hablar.

El golpe se repitió esta vez más fuerte e insistente.

—¡Largo! —gritó Sasuke desde su cama, esperando que su tono de voz fuese lo suficientemente amenazante para alejar a cualquiera de ahí.

—¿U-Uchiha-kun? —aquella voz lo hizo sentarse de golpe—. ¿Po-podrías abrirme?

Dudó un minuto si levantarse o no. Si lo hacía, tendría que ver su rostro, escucharla hablar y controlar nuevamente ese deseo de lastimarla. No obstante, era posible que tuviese algo importante que decirle, de lo contrario no se habría atrevido a ir a su apartamento; era demasiado cobarde para haber ido hasta allá sin un motivo — ¿Qué tortuosa misión tendré que soportar ahora con ella?— Pensó mientras sacudía su cabello del rostro.

Vencido por su curiosidad más que por su deseo de verla, se dirigió hasta la puerta, puso la mano en la manilla y abrió.

Hinata estaba completamente empapada. Seguramente la lluvia la había atrapado en el camino y ahora goteaba, mojando el suelo. Su cabello estaba apegado a su cuello y hombros, su flequillo a su frente, su ropa a su cuerpo, dejando poco para la imaginación, asentando esas incipientes curvas que tantas veces intentó ignorar en ella. Mantener la vista fija en sus ojos se le hizo un infierno. Se veía tan vulnerable, casi como una niña perdida que acababa de encontrar su rumbo de vuelta a casa.

—¿Qué quieres? —le preguntó con frialdad.

Hinata no respondió, mirándolo con timidez, diciéndole más con aquellos ojos de lo que podría haber querido escuchar de ella. Era adorable, pero al mismo tiempo, aquello sólo despertaba esa rabia que había tenido que suprimir todos esos días, ese deseo de zarandearla y gritarle, de alejarla, de hacerla suplicar perdón. No se jodía con un Uchiha y ella lo había hecho; no estaba en su naturaleza saber perdonar cuando alguien traicionaba su confianza. Ver su rostro trajo de vuelta todos esos sentimientos y algo comenzó a quemarle nuevamente las entrañas. Abrirle había sido un gran error. No iba a dejar que esos ojos arrepentidos y patéticos lo manipularan.

Le cerró la puerta en el rostro justo cuando ella despegaba los labios para hablarle.

—Uchiha-kun…

Escuchar su apellido lo encrespaba, lo odiaba, lo hacía arder. Era como si ella pusiera una barrera de distancia entre ambos. Cuando eran dos extraños lo llamaba así. Cuando eran sólo dos personas obligadas a estar en el mismo equipo intentando no conocerse ni relacionarse más de lo estrictamente necesario, ella se dirigía a él por su apellido. Ahora, después de dos años, no eran esas personas. Habían sido amigos hasta que ella lo empujó en aquel momento de debilidad hormonal, pero ¿qué podía esperar de Hinata Hyūga de cualquier forma? —un poco de dignidad— pensó, chasqueando la lengua — que me deje en paz.

—Uchi… Sasuke… por favor… —su puño se cerró alrededor del metal. Su voz al otro lado de la puerta lo dejó helado en medio de esa calurosa noche de verano. Nunca lo había llamado así, nunca había escuchado sólo su nombre salir de sus labios— No me alejes… Sasuke…

Antes de que se diera cuenta, la puerta estaba abierta.

Hinata seguía ahí, tan vulnerable, tan desesperanzada, tan desesperada buscándolo.

A él. No a Naruto. A él.

Se sintió extrañamente complacido de verla en tal estado de desgracia. Sola, completamente sola, tal como él lo estaba. La había quebrado con facilidad. Aquel espíritu amable y alegre ahora se veía miserable, justo como había querido.

—¿Te gusta hacerte daño? —le preguntó dando un paso hacia adelante, levantando su mano para alcanzar su rostro y apretarlo entre sus dedos. No le importaba si la lastimaba, el quejido que salía de su boca se le hacía placentero de escuchar—. No eres muy brillante. Enamorarte de alguien que nunca retornará tus sentimientos y ahora… refugiarte con alguien que lo único que te dará es sufrimiento.

Las manos de Hinata subieron lentamente hacia su rostro, acariciando sus mejillas con las yemas. No lo miró como la niña que conocía desde hacía tanto tiempo, había más valor y determinación en aquellos ojos que le eran tan familiares. El hecho de que se atreviera a tocarlo así, arriesgándose a que la golpeara de verdad, le pareció incluso más valiente que haberse parado frente a él cuando Hidan estaba a punto de matarlo.

Se sintió como un hombre cuando se descubrió a si mismo enfocando los ojos en la manera en que ella mordisqueaba su labio inferior y por primera vez, no le importó ni se sintió culpable de ello. Podía percibir que su corazón estaba latiendo con más rapidez y que su abdomen se tensaba al notar que el pequeño cuerpo de Hinata se inclinaba hacia él de puntillas.

—¿Qué ha…? —le preguntó sin moverse.

Hinata no le respondió, sólo acercó sus labios para callarlo y por iniciativa propia lo besó.

Su torso mojado fue refrescante en esa noche de verano, pero sus labios… oh sus labios quemaban. Dejó de apretarle las mejillas y con desesperación busco su cintura, aferrándose a ésta para tirarla hacia él, hacia su apartamento, hacia la oscuridad que los podría cobijar. Se sentía cómodo en ese lugar en que nadie los podría ver, en donde estarían sólo él y ella dejándose llevar por lo que su instinto decía y no por lo que su cabeza o corazón mandaban. Naruto, Itachi, Sakura, Ino, el clan Hyūga, todos estaban allá afuera… pero dentro de ese lugar sólo eran él y Hinata. No dejaría que nadie estuviese en sus pensamientos mientras la reclamaba como suya.

—Di que ya no lo amas —le exigió entre besos—. Dilo.

Cerró la puerta con el pie mientras introducía su lengua dentro de la boca de Hinata, apretando sus labios, enterrando sus dientes, degustándolos hasta memorizar su sabor. Las manos de su compañera recorrían su torso con la misma desesperación con que él intentaba deshacerse de su remera mojada. Bajó el cierre de ésta hasta abrirla en dos, revelando la ajustada camiseta de mallas que tanto lo había escandalizado durante ese verano. Tomó un momento para retirarse hacia atrás y apreciar su torso, su cintura, sus amplias caderas, la pisca de piel en su abdomen que resaltaba a la vista gracias a la poca luz que entraba por sus cortinas.

No esperó su respuesta, solo empujó de ella imponiendo su cuerpo hacia adelante, haciéndola retroceder con pasos torpes hasta que sus pantorrillas golpearon la cama, cayendo sobre el colchón con él encima, aprisionándola con su cuerpo.

—Te necesito… —escuchó que decía en un murmullo—. Sasuke, te necesito tanto.

Bajó sus labios por el cuello de Hinata, propiciándole besos cortos, húmedos, saboreando la lluvia impregnada en su piel hasta que su lengua se encontró con la cadena que sostenía el pendiente del primer Hokage. Llevó su mano hasta ese objeto y lo arrancó de un tirón, liberándola de la maldición que ese perdedor había puesto sobre ella, como si con algo tan simple hubiese podido mantenerlo lejos de Hinata.

—Quise arrancarte esa porquería desde que te vi buscándolo en tu cuello por primera vez —le susurró sobre los labios.

Cerró los ojos dejándose llevar por el tacto de las yemas de Hinata a través de su espalda. La respiración entrecortada de la joven chocaba contra sus labios, haciéndolo sentir escalofríos. Comenzó a subir su camiseta de mallas lentamente, sintiéndola temblar ante su tacto. La ansiedad lo podría haber comido cuando se acercó al borde de su seno, listo para ver como lucía Hinata debajo de toda esa ropa, no obstante una fuerte luz impidió que lo hiciera, un rayo… seguido de una gran explosión que retumbó contra los vidrios de su habitación.

Entonces abrió los ojos y volvió a la realidad. Estaba solo en su habitación, completamente sudado, agitado y respirando como si hubiese estado haciendo ejercicios todo el día.

—Un sueño… fue un sueño… —dijo llevando una mano a su pecho, intentando calmarse a sí mismo, tiritando ante la ansiedad que aquello le había provocado. Estaba aterrrado, como si— Más bien una pesadilla…

Un segundo relámpago seguido casi de inmediato por un trueno hizo que las cosas a su alrededor zumbaran y el ruido fue tan potente que tuvo que cubrir sus oídos. En algún momento el sueño lo había logrado vencer y había terminado en medio de una pesadilla en donde Hinata Hyūga, la persona más tímida que conocía, lo terminaba seduciendo. Era completamente ridículo y realmente lo irritaba que su mente le estuviera jugando malas pasadas como esa. Lo horrorizaba.

Era la tercera vez que soñaba lo mismo esa semana.

No es como si Sasuke nunca hubiese tenido sueños de ese tipo… pero nunca antes los había tenido con Hinata como la coprotagonista. Admitía, con mucha vergüenza, que en una ocasión había soñado con que Tsunade le daba una baño en las fuentes termales, pero hasta entonces, no había despertado con un problema como ese entre sus piernas. Para haber sido una pesadilla, se había sentido asquerosamente real.

—Hasta en mis sueños me arruinas la vida… — susurró corriendo las sábanas, listo para tomar una ducha fría.

Caminó intentando desperezarse hasta el baño, abrió el agua e intentó vaciar su mente de cualquier pensamiento que hubiese ahí, sobre todo lo que acababa de soñar. No obstante, incluso estando debajo del agua por más de cinco minutos, no podía dejar de pensar en ella. Se tomó la cabeza considerando apretarla hasta que se la sacara a la fuerza de ahí, pero no había que ser un genio para saber lo que le estaba ocurriendo a Sasuke.

Aún así, se negó a creerlo. Se negó a admitirlo. Se negó a si quiera pensar en ello.

Caminar sola hacia el lugar de entrenamiento se sentía extraño. Venía haciéndolo por algunas semanas ya. Los primeros días experimentó algo muy parecido a la soledad al verse sin su compañero de equipo, pero ahora, sólo le daba tristeza. A pesar de que no hablaban mucho mientras desayunaban caminando y de que Sasuke ni si quiera la miraba la mayoría del tiempo, se había acostumbrado a su presencia silenciosa, como una sombra que la acompañaba. La hacía sentir cierta seguridad saber que él estaba ahí con ella pasara lo que pasara.

Se había equivocado. Al parecer si habían cosas que podían arruinar la amistad entre un hombre y una mujer.

Intentó no deprimirse al respecto. Al menos, estaba caminando junto a Neji quien era casi tan silencioso como su compañero de equipo. La verdad, ambos compartían muchas de sus características más típicas como el humor, la seriedad, lo brillantes que eran, su testarudez y esa pequeña chispa de resentimiento contra cualquiera que los superara. No era de sorprenderse que se llevaran tan mal.

Si su primo notaba lo deprimida que se sentía últimamente, no decía nada. No obstante, durante los últimos días por algún motivo no la dejaba sola si quiera un instante. Habría mentido si hubiese dicho que pasar tiempo con Neji se le hacía desagradable, pero le parecía extraño que de un momento a otro las cosas entre ambos se desarrollaran así. Era como cuando ambos eran niños pequeños y no entendían qué era eso de la familia principal y la secundaria, cuando ningún ave estaba dentro de una jaula.

Cuando llegaron al claro en donde entrenaba el equipo Gai, sus labios se separaron en sorpresa y casi dejó escapar un gritito de alegría cuando vio a Kakashi sentado bajo la sombra, leyendo su Icha Icha Paraside del mes. Corrió hacia él dejando atrás a Neji, completamente extasiada de que finalmente tuviese un aliado de su lado para cuando Sasuke estuviese presente. Las cosa no tendrían que volverse tan raras si Kakashi estaba junto a ellos y los mandaban a realizar misiones sonsas por la aldea.

—¡Kakashi-sensei! —exclamó parando frente a él, dándole gracias a todos los dioses por su maestro—. ¿C-cuándo volvió?

—Oh…anoche —respondió el jounin—. ¿Y Sasuke? Tengo noticias que darles a ambos.

—Uhmm… Sasuke-kun… vendrá solo —respondió Hinata.

La sonrisa de la joven se tornó un tanto melancólica y tuvo que hacer un gran esfuerzo por si quiera mantenerla en su lugar. Kakashi la miró fijamente, haciéndola sentir cohibida.

—¿Por qué? —le preguntó para luego bajar el rostro y enfocarse nuevamente en su libro— Ustedes acostumbran entrenar juntos.

—Oh… es… es s-sólo que con este nuevo entrenamiento con Gai-sensei… uhmm… yo vengo con Neji nii-san y… ahm… usted sabe que ellos no se llevan muy bien.

Kakashi se tomó un momento, despegó su mirada de las páginas del Icha Icha del mes y la observó fijamente. Hinata se sintió como una niña pequeña que mira una montaña gigante sin nunca creer que puede llegar a la cumbre. Su maestro era ajeno y distraído, pero no estúpido; lo peor de todo era que a pesar del tiempo juntos el jōnin seguía intimidándola.

—Tendremos que trabajar en tus habilidades para mentir —le dijo volviendo a la lectura—. Un shinobi siempre debe saber hacerlo bien.

—Lo siento. Sasuke-kun y yo… estamos…

—No es necesario que me expliques —le indicó con ligereza—. Espero que su pequeña riña no interfiera en las misiones que tenemos adelante.

—Sí sensei —respondió Hinata haciendo una leve reverencia.

—Gai me ha dicho que has avanzado mucho con los pesos que te ha puesto en las pantorrillas. Déjame verlas.

De un momento a otro, Kakashi se agachó frente a ella y le levantó un poco el pantalón para inspeccionar la indumentaria. Hinata se puso tan roja que fácilmente se podría haber desmayado. No es que pensara que Kakashi sensei lo estaba haciendo con dobles intenciones, pero que la mirara debajo de la ropa era… más que vergonzoso. Cerró los ojos con fuerza, intentando que aquel momento se fuera con rapidez y que nadie más estuviese mirando.

—¿Cómo las has sentido? ¿Te puedes mover bien con ellas? —le preguntó Kakashi.

—Las primeras dos semanas fueron un poco más difíciles de llevar —respondió ella—. Me cansaba con facilidad y Sasuke-kun lograba golpearme con frecuencia, pe-pero los últimos días las he aprendido a usar un poco mejor.

—Esto te ayudará mucho —le aseguró Kakashi golpeando levemente los pesos como asegurando de que no fuesen a caerse—. Gai es un experto en taijutsu y tanto él como Lee tienen una velocidad superior a la común de los shinobi gracias a esta técnica autoimpuesta —Hinata sonrió a medias, un tanto triste de que Kakashi pareciera querer convencerla de que no era tan mala en taijutsu como todos lo creían y que con aquello podría mejorar—. Sasuke usó pesas de este estilo cuando le enseñé el chidori.

—¿Aún recuerdas ese tiempo lejano en donde parecía importarte nuestros avances?

Su voz la paralizó de inmediato y sus hombros se volvieron rígidos como piedras. Tragó saliva sintiendo su corazón latir rápido y nervioso. Recogió todo el valor que tenía y giró el rostro hacia atrás para verlo.

Él no la estaba observando, ni si quiera la saludó y sinceramente parecía no importarle que estuviese ahí.

— ¿Te quedarás más tiempo esta vez? —le preguntó a Kakashi, cruzándose de brazos.

—No es como si quisiera irme, Sasuke —respondió Kakashi.

El pelinegro le dio la espalda a ambos, sentándose frente a un árbol para comenzar a vendar sus manos. Hinata lo observó con tristeza deseando poder sentarse junto a él y preguntarle si deseaba entrenar taijutsu ese día con ella. Seguramente le habría dicho que no de cualquier manera. Pasaba la mayoría del tiempo luchando contra Neji en combates que estaban muy por encima del nivel de genin que ella poseía.

Como hubiese deseado que las cosas fuesen distintas entre ambos y que nuevamente lo pudiese escuchar llamándola "Hyūga, eres una idiota", en vez de ese hiriente silencio mezclado con indiferencia. Si antes pensó que él la odiaba y que por eso la trataba de forma arisca, esa indiferencia que últimamente mostraba a su alrededor era mucho peor.

Sí, definitivamente la indiferencia era peor que el odio. De hecho, Sasuke venía evitando tener contacto visual con ella desde el principio de esa semana. Tampoco le hablaba y si ella hacía el esfuerzo por acercarse la miraba con apatía, para luego volver a ignorarla. No sabía qué se había roto esa noche en que ambos compartieron ese momento tan incómodo, pero lo extrañaba.

Y ahí estaban los tres remanentes del equipo siete, juntos, pero tan separados en el claro junto al estero. Kakashi leyendo, Sasuke vendando sus manos y ella… sintiéndose completamente invisible.

¡Hinataaaaa-chan! ¡Vamos a comer ramen!

Como extrañaba a Naruto.

Levantó el rostro para observar al equipo Gai y sintió envidia de su primo. Gai y Lee estaban haciendo flexiones, contándolas en voz alta. Tenten estaba lanzando shurikens desde sus pergaminos a un tronco y Neji golpeaba la corteza de un árbol con sus palmas. Cada uno estaba haciendo algo distinto, pero lo hacían juntos, dándose ánimos los unos a los otros, compartiendo su mañana como un verdadero equipo. Quizás por eso eran tan exitosos como shinobis. Era esa escena lo que venía a su mente cuando pensaba en "Teamwork", la palabra favorita de Kakashi pero que practicaban con tan poca frecuencia.

De pronto, Sasuke gruñó en voz alta mientras cortaba una venda con sus dientes. Tanto Hinata como Kakashi se voltearon a observarlo.

—¿Sucede algo, Sasuke? —le preguntó el jōnin, aún leyendo su libro.

—¿Cuándo nos vas a entrenar? —le contestó cortante.

Hinata se sintió sorprendida de que Sasuke también se sintiera frustrado ante la situación en que estaban. Eso de no tener un maestro presente todo el tiempo era bastante molesto y comenzaba a disminuirlos frente a sus pares. Todos los equipos eran enviados en importantes misiones, pero ella y Sasuke siempre quedaban atrás limpiando cosas o realizando labores que se podrían haber descrito como domésticas.

—Si no lo haces pediré un nuevo instructor —dijo Sasuke con firmeza, neutral al rostro sorprendido de Kakashi—. Hace semanas no tenemos misiones. No deseo seguir perdiendo el tiempo. Si no nos ayudas a avanzar, entonces quiero que me trasladen de equipo.

Escucharlo decir eso fue como una estocada en el pecho. Sus labios se fruncieron y sintió deseos de correr lejos de ahí, ¿podía culparlo? Ella también había pedido en su momento ser trasladada del Equipo Siete, sólo que nunca pensó que doliese tanto escuchar eso como decirlo en voz alta.

Kakashi suspiró un tanto agotado, tomándose la cabeza como si tuviese una jaqueca. Guardó su libro en su porta herramientas y se paró entre ambos chicos.

—Ven acá, Hinata —le pidió con cansancio.

La joven notó que tan pronto se sentó junto a Sasuke éste se encrespó. Podía advertirlo por la forma en que sus hombros se tensaban y como evitaba levantar la mirada. Era como si su mera presencia lo irritara y perdiera la paciencia.

Tragó saliva, intentando permanecer cerca de él sin quebrarse… pero podía sentir ese molesto peso en su pecho que le indicaba que todo aquello le dolía más de lo que estaba dispuesta a admitir.

—Tsunade-sama me ha autorizado a llevarlos en mi próxima misión —les comunicó haciendo que ambos lo miraran sorprendidos.

—¿Qué clase de misión es? —preguntó Sasuke, levantando la vista con interés.

—Uhm… Gai —Kakashi se dio la vuelta llamando a su eterno rival, quien se encontraba haciendo abdominales junto a Lee—. ¿Les decimos ahora o esperamos al resto?

—¡Josh! —Gai se puso de pie rápidamente, parándose entre sus tres alumnos—. ¡Neji! ¡Lee! ¡Tenten! Ha llegado el momento que he estado esperando luego de entrenarlos todos estos años.

—¿De qué habla Gai-sensei? —preguntó Lee un tanto confundido, sin parar de hacer su calentamiento.

—¡No me interrumpas idiota! —le gritó dándole un puñetazo en el rostro que lo mando volando lejos.

—Todo este aire de misterio es algo irritante —añadió Tenten tomándose la frente.

—¿Será una misión de supervivencia como la que tuvimos en el bosque de la muerte? —preguntó Neji mirando a Sasuke de reojo.

Los jōnin se miraron uno al otro y sonrieron, pues por el camino del bosque nuevas figuras aparecían justo donde Lee había aterrizado luego del golpe.

Sasuke frunció los labios de inmediato cuando notó a Sakura Haruno e Ino Yamanaka acercándose. Instintivamente se paró atrás de Hinata, como si la pusiera de escudo frente a las chicas. No obstante, no eran las únicas que se estaban acercando; el equipo ocho y el equipo diez también estaban aproximándose al área de entrenamiento.

Chouji y Shikamaru caminaban uno junto al otro, Ino y Sakura venían insultándose o algo por el estilo, pues Kiba estaba interviniendo y Shino, parecía no estar muy pendiente de sus compañeros un poco más alejado, caminando junto a Kurenai y Asuma.

—Que bonita pareja hacen ustedes dos… —dijo Kakashi con un toque de burla, dirigiéndose a los instructores del equipo ocho y el diez—. ¿Están saliendo o algo así?

—N-no seas ridículo, Kakashi —respondió Kurenai un tanto molesta—. Sólo nos encontramos por el camino.

Hinata esperaba que tan pronto Sakura e Ino vieran a Sasuke comenzarían una batalla campal por decidir cuál de las dos sostendría su brazo, tirándolo de un lado a otro. En vez de eso, las chicas lo miraron un tanto tristes y ni si quiera lo saludaron. No obstante… la mirada de resentimiento que le dieron a ella fue peor que una cachetada.

Entonces fue más que claro lo que estaba ocurriendo: ellas sabían lo que había sucedido.

—Bueno, ahora que estamos todos aquí… —comenzó Kakashi.

—¡Josh! —lo interrumpió Gai saltando frente a él—. ¡Estamos listos! ¿Verdad equipo Gai?

—¡Siempre, Gai-sensei! —respondió Lee.

—¡Entonces andado Equipo Gai! —el jōnin tomó los hombros de Lee y apuntó el puño derecho hacia el cielo—. ¡Un hurra por la juventud!

—¡Hurra! —gritó Lee.

—¡Un hurra por el verano! —volvió a exclamar Gai.

— ¡Hurra! —contestó Lee.

—¡Equipo Gai! ¡Equipo Gai! —gritaron al unísono.

—¿Ir dónde? —preguntó Neji cruzándose de brazos, bastante molesto porque aún no les explicaran nada; molesto y avergonzado por la ridícula actitud de su maestro.

Todos parecían compartir esta pregunta, ¿Dónde irían? ¿Por qué irían todos ellos juntos? Se miraron los unos a los otros sintiendo que algo sucedía o estaba por suceder. Uno de esos momentos que definen las relaciones y las amistades de todos para siempre.

—No te aceleres Gai, tienen que preparar sus cosas hoy —lo interrumpió Kurenai, acercándose a todos los presentes con seriedad y de esa forma comenzó a dirigirse a ellos—. Chicos, los cuatro de nosotros hemos pedido una importante misión en el mar del este, por lo cual hemos solicitado permiso a Tsunade-sama para poder llevarlos con nosotros. Ella ha accedido. Es la primera vez que todos nosotros trabajaremos juntos, por lo que espero que sepan comportarse a la altura de un shinobi y que podamos desempeñar nuestra misión de forma exitosa.

—¿Y cuál es esta importante misión? —preguntó Sasuke mirándola con frialdad.

Hinata lo observó de reojo al notar la forma en que estaba moviendo su dedo índice de arriba abajo, golpeando sus brazos cruzados. Quería demostrar indiferencia pero en el fondo estaba tan entusiasmado y curioso como el resto por ir en una misión con cuatro jōnin; de seguro sería algo en donde de verdad podría demostrar todo lo que había avanzado ese tiempo y aquello lo excitaba de verdad. No pudo evitar sentirse más tranquila de ver al Sasuke que conocía nuevamente.

—Bueno… uhm —comenzó Asuma sonriendo y rascándose la parte trasera de su nuca—. Es una especie de entrenamiento, algo así como… una misión de sobrevivencia en un lugar desierto… rodeado de hermosas playas y vegetación… arena blanca, palmeras y…

—Cascadas vírgenes —completó Kakashi—. Ríos que recorren las praderas de lado a lado, bosques nunca antes explorados por…

—¿Playas? ¿Arena blanca? ¿Palmeras? —preguntó Neji con suspicacia—. ¿Una isla desierta en medio del mar del este? ¿Qué podría haber allá para que sea indispensable mandar cuatro equipos?

—Más que una misión parece que hablan de un lugar para vacacionar —añadió Shikamaru.

—No, no… iremos a… bueno ustedes irán a recolectar algunas plantas medicinales de suma importancia para la aldea —añadió Kakashi—, mientras nosotros supervisamos que no hagan ninguna estupidez.

—¿Y necesitan cuatro equipos para eso? —preguntó Sasuke levantando una ceja—. Suena bastante sencillo.

—Estoy de acuerdo con Sasuke, ¿por qué? Porque recolectar hierbas en una isla desierta es una labor que difícilmente se podría describir como una misión de supervivencia —dijo Shino con un aire de sospecha, mirando a Kurenai fijamente.

—¡Eso es porque nunca han ido a una misión con Gai sensei! —respondió Lee con ánimo.

—Tiene razón, todo lo hace una misión de supervivencia —les indicó Tenten tomándose la frente y suspirando con pesar.

—Eso aún no explica el por qué necesitamos de cuatro equipos para una tarea que suena tan sencilla como recolectar hierbas —añadió Neji.

Shikamaru, Kiba, Chouji, Sakura, Ino, Sasuke e incluso Tenten comenzaron a hablar todos al mismo tiempo sobre lo sospechoso que era que tuvieran que ir a una isla en medio del mar a buscar hierbas medicinales, ¿acaso no habían suficientes plantas alrededor de Konoha para poder llevar a cabo algo así? Todos se quejaban sobre tener que trabajar juntos, Ino aduciendo que se negaba a estar en el mismo grupo que Sakura, Sasuke alegando que no tenía tiempo para misiones tan sonsas, Shikamaru quejándose sobre lo problemático que sería todo eso, Chouji aduciendo que no podían ir a un lugar en donde no hubiese barbacoas y finalmente Kiba quien decía que ni muerto pasaría más de un día en un barco junto a Sakura.

De pronto, la imponente voz sedosa de Kurenai los hizo callar a todos.

—Silencio —exclamó con una frialdad que heló hasta los pelos de la nuca de Hinata—. No sé de qué forma les han enseñado a ustedes a trabajar para las misiones, pero al menos no toleraré que mi equipo no esté dispuesto a trabajar con otros —la mirada recriminadora de Kurenai hizo que tanto Sakura como Kiba se encogieran de hombros—. Necesito a todos los presentes en esta misión y no hay espacio para seguir discutiendo al respecto. Si he requerido a todos ustedes, es porque cada uno de ustedes tiene algo indispensable para hacer de esta misión un éxito —Kurenai los miró con seriedad, esperando que con eso se acabara la discusión al respecto—. ¿Alguna otra pregunta?

—Aún no nos dicen dónde vamos —dijo Sasuke.

—A la isla Nanakusa —respondió Kakashi—. Un paraíso terrenal con playas interminables… —Asuma comenzó a sonreír e inhaló una bocanada de humo—, donde tomaremos piñas coladas y podremos tener torneos de pocker hasta el amane…—un codazo de Kurenai lo hizo callar.

—¡Josh! Entonces está decidido, mañana partiremos al alba, ¡no! ¡Antes de que amanezca! ¡No! ¡En medio de la noche para…!

—Creo que a las ocho de la mañana es un horario razonable, Gai —lo interrumpió Asuma con una gran sonrisa.

Lo más probable era que la misión hubiese sido asignada al equipo ocho y al equipo Gai, y que su vago maestro y el despreocupado Asuma se hubiesen colgado de Kurenai para pedirle de favor que los llevara a ellos también. Estaban intentando venderles todo eso de buscar hierbas como si fuese algo de vida o muerte cuando él, Shikamaru y hasta Neji podían ver con claridad que todo eso era una excusa para poder ir de vacaciones a una isla alejada de todo el ajetreo del mundo shinobi. Tal vez Kurenai de verdad quisiera que el trabajo se terminara de forma eficiente y por ello hubiese pedido más equipos, pero sólo un idiota habría creído luego de escuchar a Asuma y a Kakashi que de verdad querían unirse a una misión así sólo por el gusto de recoger pasto.

Seguramente Naruto lo creería—pensó con bastante seriedad.

Tampoco dudaba que Gai estuviese listo para hacer de toda esa misión una competencia de sobrevivencia, entrenamiento y trabajo duro… y ese era quizás el principal motivo por el cual Tsunade había accedido en mandarlos a todos. De cualquier forma, podía visualizar los próximos siete días de su vida como un viaje al infierno y de vuelta. Estar en una isla desierta con Ino Yamanaka, Sakura Haruno … sin mencionar Hinata… era más de lo que podía soportar.

Sacó los ojos de la lista de hierbas e ingredientes que debían recolectar y miró a su compañera de reojo. La joven aún inspeccionaba la repisa frente a ambos decidiendo que tipo de arroz empacar para llevar.

—Sólo elige uno —le pidió con impaciencia.

—S-sí, lo siento.

Si no hubiesen tenido que prepararse para la misión al día siguiente, sinceramente, no habría pasado la tarde con ella. Menos en la mansión Hyūga. No se habían hablado las últimas semanas y estar juntos se sentía sumamente incómodo, sobre todo cuando de vez en cuando alguna imagen de su sueño retornaba a él.

Estar con ella era todo un festín de imágenes que se repetían en su mente una y otra vez haciéndolo sentir peor que un depravado de closet. Porque sinceramente no lo era. No le importaban las chicas, sólo quería volverse más fuerte para poder cumplir su sueño: vengarse del hombre que le había quitado todo en la vida.

—¿Entonces? —le volvió a preguntar—. ¿Cuál?

—E-ese… arroz grano corto, e-se será bueno para… uhm… para preparar allá.

Sasuke retiró el saco de la alacena mientras Hinata tomaba frascos de mermeladas y comida enlatada. Kakashi dijo que estarían al menos una semana fuera y no querían problemas de índole alimenticia. No sabían qué tan bien se prepararía el resto de los equipos, pero él no iba a pasar hambre en medio de la nada.

Ya habían empacado elementos para cocinar, agua, las tiendas de campaña, los sacos de dormir, ropa, toallas y todo lo necesario para siete días en la isla. Aún así, Sasuke tenía la leve esperanza de que si se memorizaba el mapa en donde se encontraba cada elemento que debían recolectar, podrían terminar antes.

—Creo que… eso es todo —dijo Hinata observando la comida sobre la mesa y sacando un pergamino para comenzar a escribir los carácteres necesarios para realizar un jutsu de espacio tiempo, para así guardar la comida ahí.

Sasuke estaba por abandonar la cocina cuando de pronto, se volteó hacia ella mostrándole la lista de cosas que debían buscar.

—¿Conoces estas plantas? —le preguntó.

El hobby de Hinata era prensar flores y muchas de las cosas en la lista eran precisamente, flores. Tal vez…

—Claro, hay algunos de los especímenes de la lista en el invernadero del clan —Sasuke subió una ceja cuando escuchó eso, como si pidiera una explicación más profunda—. Son necesarias para preparar píldoras de soldado —respondió Hinata mientras trazaba los kanjis y símbolos que había aprendido de Tenten para utilizar esas técnicas. A pesar de no ser una experta en ello, no necesitaba un grado elevado de conocimiento de esos jutsus para poder darle un uso práctico.

—¿Dónde hay un invernadero en tu casa? —le preguntó Sasuke confundido, la conocía hacía años y era la primera vez que escuchaba sobre eso.

—B-bueno, el invernadero del clan. Ya sabes que… que el clan Hyūga realiza sus propias medicinas para tratar heridas.

—Cierto —aún conservaba un pequeño frasco que Hinata le había regalado hacía unos meses para que tratara sus manos luego de realizar el chidori muchas veces—. Muéstramelas.

La chica subió la mirada desde el pergamino, observándolo con timidez y un tanto sorprendida. Se veía adorable con aquellos ojos despistados y el cabello enmarcando su rostro. Cuando sus ojos se cruzaron, sintió que su estómago se revolvía y estuvo obligado a romper el contacto visual.

Hinata no dijo nada, sólo asintió, se puso de pie y comenzó a caminar por los amplios pasillos del complejo, seguida en silencio por Sasuke.

La sensación de tranquilidad al caminar fue casi instantánea. Estaba tan acostumbrado a pasar su tiempo con ella que seguir sus pasos se le hizo familiar y cómodo. Había estado tantos días completamente solo y ahora que no lo estaba, se sentía levemente menos enojado que antes. Sin embargo, tan pronto descubrió esta sensación en su pecho, se cruzó de brazos, frunció el ceño y dejó de prestarle atención a la forma en que el cabello de Hinata se mecía apenas por debajo de sus hombros.

Salieron juntos al patio y observaron a la distancia como Hanabi Hyūga golpeaba un tronco. Quedó admirando a la pequeña, sorprendido de que sus golpes fuesen tan certeros en sus blancos cuando tenía cinco años menos que ellos. Sin duda el clan Hyūga estaba lleno de genios, aunque Hinata no fuese uno de ellos.

Pasaron por una fuente de peces Koi, debajo de un gran sauce y atrás de un granero encontró el famoso invernadero del cual Hinata estaba hablando. Se sorprendió gratamente del fresco aroma que había dentro, las plantas colocadas en pequeños almácigos una al lado de la otra, siendo regadas por complejos sistemas de goteo de bambú. Se podría haber perdido en dicho lugar por horas…

—¿Por qué nunca habíamos venido aquí antes? —le preguntó mirando de un lado a otro.

—No pensé que t-te interesaran este tipo de cosas —respondió ella.

—Muéstrame las plantas que tenemos que recolectar.

—Bueno, lo más importante que hay que saber sobre las píldoras de soldado es que están compuestas para poder...

De pronto dejó de escucharla. Sólo pudo enfocarse en la forma en que se movían sus labios al hablar. Cuando notó que su mirada se había detenido en ese detalle y que su mente había dejado de funcionar sacudió la cabeza apretando los puños. Que irritante era todo eso. Nunca antes había pensado en Hinata de esa forma, pero desde ese estúpido sueño lo único que había en su cabeza era como se sentiría que ella lo besara así.

—No estoy aquí para una lección. Sólo muéstrame las plantas —le dijo con algo de rudeza interrumpiéndola.

El rostro de Hinata se volvió levemente melancólico mientras daba un par de pasos al primer almácigo. Había unas especies de arbustos enterrados en ellos. Lucían mucho como los tallos de la zanahoria, aunque su color era completamente distinto y se notaban más grandes.

—Estas son zanahorias de energía —dijo Hinata desanimadamente.

Sasuke activó su sharingan. Quería gravar muy bien la imagen de lo que se suponía debía buscar. No iba a ser menos que sus compañeros cuando estuvieran en la isla, después de todo tenían una gran ventaja sobre él. No era un ninja médico, no trabajaba en una florería, su clan no se especializaba en el uso de píldoras de soldado ni habían escrito literatura sobre ello.

—Y estas aquí —continuó la joven, indicándole una pequeña flor celeste—, son Mandorasō.

Hinata dio un par de pasos y se detuvo frente a un nuevo almacigo, con flores de aspecto silvestre, pétalos rojos y un prominente tallo.

—Aquellas son las mato gigantes. Sus hojas… es lo que tienen la propiedad de cicatrización y… uhmm… —Sasuke notó que se estaba conteniendo para no irritarlo. Con neutralidad, dejó de observarla. Estar solos ahí lo estaba comenzando a poner incómodo—. Eso es todo lo que tenemos que está en la lista, Sasuke-kun. El resto generalmente se compra.

—Está bien —dijo el Uchiha, sintiendo que la respiración se le volvía dificultosa por lo espeso del aire—. Salgamos de aquí

El golpe de aire fresco fue un alivio. El polen y el olor a plantas era tan fuerte allá dentro que la nariz comenzaba a cosquillearle. Estaba a punto de seguir su camino hasta el complejo Hyūga cuando percibió a Hinata inmóvil frente al invernadero, jugueteando con sus dedos.

Sasuke se dio vuelta sobre el hombro sin entender muy bien por qué ella se detenía.

—¿Qué? —le preguntó cuándo los segundos pasaron y no obtuvo respuesta a su inquisición ocular.

—Me alegra que hoy… uhmm… que hoy todo parezca ser como… como antes —dijo ella mirando hacia un costado, huyendo a su mirada.

—Hn —respondió metiéndose las manos al bolsillo y volviendo a caminar—. Es sólo una misión, Hyūga. Las cosas entre nosotros jamás serán como antes.

—Sasuke-kun yo…

Pero no la dejó terminar. Se alejó de ella antes de que pudiese decirle cualquier tontería y él terminara cediendo ante ello.

—¡No olviden el bloqueador solar! —dijo Hanabi metiendo un frasco de crema hecha por ella misma dentro del porta herramientas de Neji y de Hinata.

—¿Estás seguro que esto es una misión? —preguntó Hiashi Hyūga mirando a ambos chicos de reojo.

—Me temo que cumple con todas las formalidades de una, Hiashi-sama —respondió Neji con pesar.

—Cuídense. Ambos —dijo el patriarca del clan, recibiendo como respuesta dos reverencias.

—Tráiganme conchitas de caracolas de la playa —se despidió Hanabi desde la cerca del complejo, observando como su hermana y su primo se dirigían a la puerta de entrada de la Aldea.

Hinata permanecía un tanto callada y cabizbaja. Hacía un año a Neji le habría importado poco o nada que su prima estuviese así, pero las cosas entre ambos parecían distintas. La sentía mucho más cercana ahora. Había madurado en ese tiempo; su corazón había llegado a un punto en que podía decir que ya no la odiaba por haber sido destinado a protegerla. Le importaba. Quería protegerla porque así lo decidía. Aunque su odio hacia el clan seguía ahí, había comprendido que aquello no era culpa de Hinata.

—¿Sucede algo Hinata-sama? —le preguntó finalmente mientras doblaban por la esquina.

—E-esta misión, me pone un poco nerviosa nii-san.

—¿Por qué? —le preguntó curioso.

—Todos los demás equipos tendrán cuatro miembros pero… nosotros sólo somos tres. N-Naruto-kun no está en Konoha.

—En este tipo de misiones Naruto hubiese sido más una molestia que una ayuda —rodó los ojos. Hasta él podía notar lo que Hinata sentía por Naruto y no le agradaba para nada—. De cualquier forma, Sasuke debería bastar. A pesar de que no tiene paciencia, su orgullo lo obligará a trabajar mejor que cualquiera.

—Tienes razón nii-san. Lo siento. No debería preocuparme.

Y así sin más, esa pesadez en sus hombros se levantó y Neji pudo ver a su prima pequeña de siempre. Suspiró, preguntándose si Hinata se daba cuenta que Sasuke Uchiha pasaba tanto tiempo en su cabeza como Naruto. Una cosa es que pensara en ese perdedor todo lo que quisiera, no tendría que lidiar con ello ya que éste no se encontraba en Konoha y por ende no era un peligro para su prima. En cambio, Sasuke Uchiha, estaba ahí. No sólo eso, ese arrogante mocoso y ella habían discutido por algo y hasta él había escuchado el rumor sobre un beso en medio de la noche afuera de Ichiraku. Por supuesto, no lo creía. Si lo hubiese creído Sasuke no habría conservado sus testículos. Hinata se habría muerto antes que besar a un hombre, así de tímida era. No obstante, no quería que la reputación de la futura líder de los Hyūga se viera mancillada producto de las malas lenguas y los comentarios de ese tipo. Sasuke le daba mala espina y prefería verlo lejos de ella.

Cuando llegaron a la entrada de Konoha, notó como Lee y Gai estaban haciendo flexiones e Ino Yamanaka se encontraba conversando con Sasuke, quien se encontraba reclinado contra el muro de defensa de la Aldea. Tan pronto la rubia vio a Hinata la saludó con una sonrisa un tanto distante y se alejó del Uchiha, esperando que llegara el resto.

Neji notó que Hinata se escondía de inmediato atrás de él con la presencia de la joven, como si por algún motivo temiera que Ino se le acercara a hablarle. Dejó que su prima se refugiara en él con un cierto sentido de complacencia y le dio una larga y fría mirada a Sasuke, como si le estuviese diciendo sin rodeos "Se que tu pequeño rumor es mentira".

El resto llegó a los pocos minutos a la puerta principal de Konoha, lugar en donde Kurenai y Asuma comenzaron a realizar los trámites con Kotetsu e Izumo, quienes les daban sus pases de ausencia y el permiso para abandonar la Aldea. De oídas pudo apreciar como los chūnin les decían que se divirtieran esos días mientras Asuma les pedía que bajaran la voz.

Sí, al parecer no era secreto para nadie en Konoha que los cuatro mejores jōnin de la aldea estaban yéndose de vacaciones.

—¡Neji! —lo interrumpió de pronto Lee—. ¡Demos nuestro mejor esfuerzo en completar esta misión! ¡Pelea conmigo ahora para demostrar nuestro poder!

—Basta Lee —le dijo sintiendo algo de pena.

La forma en que Sasuke los miraba con una sonrisa arrogante era como si le dijera "Por lo menos no tengo a Naruto aquí para avergonzarme".

El Hyūga no respondió a la provocación, sólo bufó un tanto cansado. Estaba acostumbrado a esos desplantes de excesiva energía de parte de su compañero, pero en esta ocasión se veía más entusiasmado que nunca.

—Esforcémonos juntos, Neji —insistió Tenten parándose a su lado también.

—Están exagerando, sólo iremos a juntar hierbas medicinales —dijo el joven.

—Pero Gai sensei hará de esta experiencia toda una aventura, ¿no, Gai sensei? —preguntó Lee.

Gai sólo sonrió con algo de picardía y la luz se reflejó en la hilera de perfectos dientes que tenía, resplandeciendo un momento mientras les daba un dedo pulgar arriba.

El último en llegar fue Kakashi, como siempre.

—Lo siento, me perdí en la ruta que algunos llaman vida —dijo subiendo los hombros.

—¿Podemos irnos ya Kakashi, o también necesitas ir a ayudar a alguna abuelita? —le preguntó Sasuke parándose derecho y tomando su mochila de viaje.

—¿A qué se debe este mal humor al comienzo de nuestras vac… uhm… de la misión? —le preguntó con una sonrisa—. ¿Llevan protector solar, no?

—Sí Kakashi-sensei —respondió Hinata parándose a su lado—. Todo lo que nos indicó ayer.

—En serio, ¿Vamos a una misión o a pasar el verano en la playa? —preguntó Sasuke bufando con pesar.

Por un momento reinó el silencio mientras los jōnin se miraban entre sí.

El camino hasta la costa no fue tan largo como Sasuke se lo esperaba. No obstante fue bastante irritante tener que estar alejando a Sakura todo el tiempo, pues insistía en caminar junto a él y conversarle sobre frivolidades que a él realmente no le interesaban.

Las personas los miraban extraño cuando pasaban por la ruta principal hasta la ciudad de la costa, pues no habían visto un grupo tan grande de shinobis desde los tiempos de guerra. Para Sasuke, parecían una clase de la Academia listos para ir de excursión. Era patético que Kakashi se hubiese prestado para algo como eso, pero no había nada que hacer al respecto excepto realizar la misión con rapidez y volver a entrenar a Konoha. Al menos, aún pensaba que había una misión escondida atrás de todo eso de las vacaciones de los jōnin, ¿o era al revés?

No obstante, lo peor de todo aquello era tener que observar desde atrás como Kiba y Hinata caminaban adelante, conversando, riendo, luciendo como la pareja más feliz que hubiese visto. Sabía lo que estaba experimentando y lo odiaba. Se había cuestionado al respecto en cierta ocasión y ahora… volvía esa horrible palabra a su cabeza. Aquella que lo hacía querer correr de ahí y nunca más volver a pisar Konoha.

Celos.

Tal vez todo ese tiempo aquella sensación de incomodidad y odio que le generaba verla con alguien más hubiesen sido celos. Celos de Naruto, celos de Kiba, celos de Gaara, celos del hijo de puta de Neji, celos de Sakura e Ino cuando estaban con ella en la Academia Médica.

—¡Es en serio Hinata, yo lo veo igual! —dijo Kiba riendo, dándole una palmada en el lomo a Akamaru—. ¿De verdad piensas que ha crecido?
—S-sí. Akamaru-kun era muy pequeño y ahora, él… él se ha vuelto mucho más grande que antes —respondió ella.

—Vaya, ¿Escuchaste eso Akamaru? ¡Nos estamos volviendo fuertes!

—Kiba es un idiota —murmuró Sakura dándole un desaire a ambos también.

—¿Por qué lo dices? —era lo más interesante que Sakura Haruno había dicho desde que se aferró a su brazo negándose a soltarlo. O quizás desde que la conocía.

—"¿De verdad piensas que ha crecido?" —dijo en voz baja imitando la voz de su compañero—. Habría que ser un completo tarado para no ver que Akamaru es más grande que antes, ya ni si quiera lo puede llevar en su cabeza.

Sasuke miró a la pelirrosa de reojo y bufó con una sonrisa. Era molesta, pero aquello había sido el comentario más inteligente que había escuchado en todo el día. De hecho, acababa de subir levemente en su lista de apreciación. Que detestara a Kiba y su simpleza la hacía ver… más madura que esa irritante mocosa de la Academia que no dejaba de perseguirlo.

—¿Por qué no dejas que lleve tu mochila Hinata? —le preguntó Kiba de pronto, sonriendo con un leve sonrojo.

—¿Ah? —Sakura casi se cayó al escuchar eso. Sasuke supuso que se debía a que nunca se había ofrecido a llevar nada por ella.

—Y-yo puedo llevar mis cosas so…

—Insisto —dijo Kiba—. ¡Soy más fuerte de lo que luzco eh! Dos mochilas no son nada, ¿verdad Akamaru?

El perro del Inuzuka ladró con fuerza. Vencida por ambos (Kiba y su perro), Hinata asintió y comenzó a descolgarse su mochila de viaje de los hombros.

El puño de Sasuke se tensó. Podía sentir su corazón latiendo más rápido y con ansiedad, como si su cuerpo le exigiese golpearlo. Podía imaginarse a sí mismo atravesando el pecho de ese sujeto con su chidori o cortándole el cuello con su chokuto. Sintió el deseo de tomarle el brazo a Hinata, tirarla hacia adelante, comenzar a caminar más rápido y dejar a todos ellos atrás, ¿cómo se atrevía Kiba a querer llevar su mochila estando él ahí? ¿Acaso no había ningún tipo de código entre compañeros del mismo equipo? Si debió llevar la mochila de alguien, Sakura era la elegida.

Antes que si quiera lo notara estaba caminando justo al lado de Hinata dejando a la Haruno atrás. La peliazul cambio su mirada de Kiba a él un tanto confundida por su presencia hostil. Ambos sabían que las relaciones entre ellos estaban mal, por lo cual no le sorprendió aquella mirada de perplejidad que expresaban los ojos de su compañera. Esperaba que no notara lo enojado que se encontraba, lo molesto que se sentía de ver a ese idiota cerca de ella, con su maldito perro y sus modales estúpidos, queriendo llevar su mochila.

¡Su mochila! ¡Bah!

Sólo le recordaba una vez más todo lo que Hinata quería y él no era.

No era un caballero. No era un buen amigo. No era Naruto.

Kiba lo miró también, algo confundido. Sasuke lo observó de reojo mirando la mochila de Hinata, hablando sin palabras. Se podía sentir una clara hostilidad de parte de ambos. Sus miradas eran tan intensas que cualquiera de los dos podría haberse comenzado a quebrar ante el otro, pero no sucedió así. Cuando notó que Kiba lo estaba desafiando también, con la misma intensidad, comprendió que estaba jodido a menos que hiciera algo rápido.

—Hinata no necesita que nadie lleve su mochila, es una chica fuerte.

Y así lo creía, de verdad ni si quiera se le hubiese pasado por la mente pedirle si podía llevar sus cosas pues ella era capaz de hacerlo sola. Para una kunoichi, algo así sería un insulto. No obstante, Hinata era distinta a las demás chicas, veía en ese tipo de cosas gestos de galantería

—En todo caso —continuó Sasuke—, si alguien necesita ayuda es Sakura.

Kiba se volteó sobre su hombro ante la mención del nombre de su compañera. Notó que Sakura lo miraba completamente roja entre avergonzada por las palabras de Sasuke y enojada porque él la hubiese olvidado.

—¿Quieres que lleve tus cosas? —le preguntó de mala gana, levantando una ceja.

—Preferiría que Sasuke-kun fuese el que…

—Yo no llevaré nada de nadie —dijo Sasuke, interrumpiendo a Sakura.

—¿Bueno sí o no? —preguntó Kiba una segunda vez, más molesto que antes.

—Como sea, me da igual. No me molestaría del todo que tú la llevaras —respondió ella pasándole la mochila sin mirarlo.

—¿Por qué no dijiste algo entonces? —le espetó.

—¿Qué acaso tengo que decirlo todo? —exclamó Sakura—. ¡Nunca eres así conmigo Kiba!

Aprovechó que Kiba y Sakura estaban peleando para observar a Hinata de reojo. Ella lo estaba mirando, aún un tanto perdida por sus acciones, pero de la nada le dio la sonrisa más amable y sobrecogedora que una mujer le hubiese dado. Su corazón se saltó un latido y estuvo seguro que sus mejillas podrían haberse teñido de rojo si no hubiese mirado hacia un costado.

—Gracias, Sasuke-kun —le dijo por lo bajo.

—Hn.

Se rehusaba a seguir mirando esa sonrisa. Lo había desarmado por completo y honestamente no sabía qué hacer consigo mismo después de eso. Era… esa sonrisa era…

Maldita sea.

No podía gritarle que se alejara de él en frente de todas esas personas y tampoco podía empujarla para que tomara distancia. La sensación de querer correr lo embargó nuevamente y sin embargo, su cuerpo permaneció tal como antes, caminando junto a ella… sintiendo que su estómago cosquilleaba y sus mejillas ardían.

Mantuvo su rostro volteado hacia un costado para que nadie viera su humillación. Ignorar a Hinata era lo único que podía hacer en ese momento para que todo en él volviera a calmarse.

¿Acaso toda esa reacción en cadena implicaba estar celoso? Se negaba a creer que hubiese caído tan bajo como eso. Los Uchiha no se comportaban como niñas.

De pronto, una suave risa interrumpió sus pensamientos. Quería ignorarla, no voltearse ni verla, pero su curiosidad le ganó, sintiendo de inmediato como su garganta se cerraba.

—¿Qué es tan gracioso Hyūga? —si ella se daba cuenta que toda esa reacción se debía a que sentía celos por ella, se habría suicidado.

—Extrañaba… uhmm… caminar contigo —respondió ella.

—Cierra la boca —dijo Sasuke comenzando a caminar más rápido hacia el puerto en donde debían tomar el barco.

Suspiró con pesar mientras la dejaba atrás. Quería evitar a toda costa que cualquiera de los presentes viera lo enojado que las palabras de Hinata lo hacían sentir. Eran tantas cosas martilleando en su cabeza, en su cuerpo, que sinceramente no sabía qué hacer o cómo reaccionar ante ella. Todo era culpa de Naruto y su estúpida promesa. Si él no lo hubiese hecho prometerle que la cuidaría nada de eso le estaría ocurriendo. Seguirían siendo Hinata y Sasuke, dos compañeros, amigos y shinobis. Nunca se hubiese interesado en ella más de lo normal si ese maldito perdedor no lo hubiese obligado a cuidarla.

Antes del medio día el equipo ocho, el equipo diez, el equipo Gai y los restos del equipo siete embarcaron la nave que los llevaría a la Isla de las Siete Hierbas.

Lo que más llamó la atención de Sasuke (aparte del ruido de las gaviotas, pues no habían aves así en Konoha), fue ver el símbolo de la Villa oculta de la Hoja en las velas blancas. Era como una provocación directa a cualquier barco de otra nación que lo viera para que supiera que ahí había shinobis. Rodó los ojos y se dirigió por la larga tabla que separaba el muelle y el barco, seguido por Hinata y Kakashi.

—¡Kakashi! ¡Gai! —gritó un hombre que lucía bastante extraño, con un largo abrigo negro, cabellera del mismo color, un loro en su hombro y un pie de palo— ¿Estos son sus chicos? ¡Quién se lo hubiera imaginado! Hace un par de años los mocosos eran ustedes.

—Así es Kunaihando —respondió Gai tomando a Lee y Tenten por los hombros—. El equipo Gai listo para una nueva misión de vida o muerte dentro de tu barco.

—No creo que haya nada tan grave en la Isla de las Siete Hierbas como para que sea una misión de vida o muerte —dijo Kurenai al ver el rostro de espanto de Kiba y Sakura.

—Se equivoca —dijo el marinero—. Hay algo espantoso en ese lugar.

—¿Algo espantoso? —preguntó Sakura rápidamente, aferrando el brazo de Kiba y éste aferrándose a ella en un gesto bastante cómico que ninguno pareció notar. No obstante, Kakashi puso una mano en la boca de la chica antes de que siguiera preguntando cosas.

—Shhh… no lo hagas hablar de ese tema. Es un poco sensible con eso.

El hombre que respondía al nombre de Kunaihando los observó con un aire oscuro, sonrió con picardía y se retiró hacia la cabina de capitán con pasos lentos, meditados, riendo de forma seca como si tuviese tos. Todos los genin miraron en su dirección sintiendo algo de recelos, pero al parecer tanto Kakashi como Gai lo conocían y confiaban en él. Más tarde esa noche escucharían las historias que lo rodeaban, las extrañas circunstancias de su vida y sobre todo… como había perdido su mano derecha.

Mientras todos arreglaban donde dormirían, Sasuke aprovechó para perderse por la superficie del barco. La madera era un tanto vieja y se notaba esa aspereza que el agua salada le da a las cosas. Podía sentir sus labios quebrarse y su garganta volviéndose más seca entre más tiempo pasaba ahí. Su cabellera negra se movía de un lado a otro mientras observaba las aves sobrevolar el barco. El sonido de las olas chocando contra el casco era placentero, de hecho, estuvo seguro que podría haber pasado toda la tarde sentado en el borde de la proa observando el oleaje.

—Sa-Sasuke-kun.

La voz de su compañera lo sacó de sus propios pensamientos. Ella lo contempló a los ojos un segundo y luego apartó su mirada. Terminó suspirando cuando notó como los hombros de la joven caían con decepción y algo de tristeza mientras estiraba un obento en su dirección.

No supo si esa era su forma de pedirle disculpas, pero estuvo tentado a tomar la comida y decirle que se sentara junto a él y comieran. No obstante, su mirada se volvió un tanto más severa que antes, observándola con fijeza para ver si aún podía hacerla sentir intimidada como cuando eran niños. Quizás así lo dejaría solo. Quería que sintiera que toda era rabia estaba dirigida única y exclusivamente a ella.

—No quiero tu comida —le dijo con frialdad.

—¿No vas a comer nada? —Hinata pregunto con tristeza.

—No.

—Tienes que comer algo —le dijo con una sonrisa, volviendo a estirar uno de los obentos—. Hice toda tu comida favorita con tomates y…

La rabia impidió que la dejara seguir hablando, sólo tomando el obento y lanzándolo por la borda.

El rostro de Hinata lo dijo todo. Había cumplido su cometido. Estaba completamente herida.
Se cruzó de brazos y le dio la espalda, observando nuevamente el mar. Ni si quiera tenía que voltearse para saber que los hombros de la joven estaban tensos y que seguramente aguantaba el deseo de llorar.

—¿Por qué…? —preguntó con una vocecita ahogada.

—Quiero que me dejes en paz. Eso es todo.

Metió sus manos a los bolsillos y comenzó a caminar alejándose.

Hinata se sentó contra la baranda del barco abrazándose las rodillas. Hundió su rostro y respiró profundamente para evitar llorar. Hacía mucho tiempo se había prometido a sí misma que ya no volvería a hacerlo y había fallado en esa promesa llorando cuando él le besó la comisura de los labios. Se aferró al collar de Naruto, deseando que él estuviese ahí, que la acompañara, que le dijera alegremente que Sasuke era un idiota y que la animara a olvidarse de todo ese asunto. Quería escucharlo reír, lo necesitaba.

Pero Naruto no estaba ahí.

Estaba sola.

No sabía por qué Sasuke se comportaba de esa forma. Cuanto quería volver a acercarse a él, hacerle entender que su amistad por su persona estaría ahí, inquebrantable, para siempre. No obstante, él se lo hacía tan difícil. Habría sido mucho más fácil darse por vencida y dejarlo alejarse, aislarse del mundo y sobre todo de ella… ese tipo de decisiones también era parte de crecer.

De pronto, escuchó pasos acercándose a ella lentamente. Subió la cabeza esperanzada de que fuese Sasuke, pero para su infortunio la persona que se sentaba a su lado quitándole el obento de las manos era Ino.

—Vi lo que sucedió. Sí que está enojado. Me pregunto qué le hiciste para que reaccionara así —Ino suspiró—. Te ves horrible —le dijo abriendo la caja y sacando los palillos que estaban sobre el arroz—. Si Naruto te ve así cuando vuelva, se sentirá muy decepcionado.

Hinata suspiró, sintiendo un cosquilleo en su nariz. Podía aguantar la indiferencia de Sasuke, pero … ¿La de Naruto? Que él se sintiera decepcionado de ella era… era…

—Vaya cálmate Hinata, era sólo una broma —dijo Ino un tanto nerviosa, metiéndose un par de vegetales a la boca—. Esto está delicioso —dijo con la boca llena—. ¿No vas a comer? —Hinata negó, suspirando—. ¿Por qué no?

—No tengo hambre, Ino-san.

— ¿Y a qué se debe eso?

Tragó saliva mirando a Ino casi con desesperación, haciéndola entender que era una situación grave al menos para ella.

—Sasuke-kun está enojado conmigo, como viste.

—Sí, pero… ¿Por qué? Tal vez podamos solucionarlo y tu sonrisa vuelva de esas vacaciones que le diste.

—Es un poco complicado de explicar uhmm… —Hinata mordisqueó sus labios un momento mientras jugaba con sus dedos—. Creo que herí su orgullo. Él es… muy orgulloso.

—¿Por lo del beso? —Ino lo dijo con la mayor casualidad del mundo, sin dobles intenciones ni deseo de causarle un mal, pero Hinata se sentó tan derecha como pudo y comenzó a temblar mirándola con horror—. ¡Ey! No me mires con esa cara —sonrió pícaramente—. Todas lo sabemos.

—¿To-todas? —Un nudo comenzó a formarse en su garganta, su respiración se incrementó y las cosas a su alrededor se comenzaron a ver borrosas. Nunca en su vida se sintió tan avergonzada como en ese momento—. ¿Haruno-san también?

—Sí —respondió Ino con simpleza, escuchándola chillar en horror—. Vamos, cálmate Hinata. Sí, estuvo un par de días planeando asesinarte, pero creo que ya entró en razón.

Se quedaron calladas en un incómodo silencio que lentamente fue empeorando, Ino comiendo, Hinata preguntándose si esta estaría planeando asesinarla también. Ella mejor que nadie sabía lo fuerte que eran los sentimientos de la rubia hacia Sasuke. Nunca había querido quedar en medio del amor que sentían Sakura e Ino hacia su compañero de equipo. Los dioses eran testigos lo mucho que ella había intentado que Sasuke las notara.

—No… no es como te lo imaginas. Él… él sólo quería herirme —dijo Hinata con tristeza, intentando excusarse—. Fue un accidente. Se dejó llev…

—Lo sé. No me debes explicaciones, ¡boba! —comenzó a reír tapándose la boca—. Sé, que Sasuke sabe, lo que sientes por Naruto. Si aún así te besó, debió ser para torturarte un poco o… bueno ya sabes cómo son los hombres —las palabras de Ino salían con toda naturalidad, pero hasta Hinata notó como su voz se quebraba lentamente y como se forzaba a sonreír. Era casi como si no creyera lo que estaba diciendo.

—¿No me odias entonces? —le preguntó con el corazón en la mano.

—Hinata, cálmate —dijo Ino nuevamente, tomándola de los brazos luego de dejar el bento en el suelo—. Estoy bien. No te odio. De cualquier forma Naruto ya me había robado el primer beso de Sasuke y hace un par de meses Sakura me robo otro en esa misión que hicimos juntos —Ino apretó su puño amenazando el cielo.

—¿Sakura-san? —preguntó Hinata sorprendida y divertida al mismo tiempo.

Con que eso era lo que había ocurrido en la Villa de las Luciérnagas de lo cual Sasuke se negaba a hablar.

Comenzó a sonreír y luego ambas rieron.

—Sasuke se escondía de ella cada vez que la tenía cerca. Nunca antes lo vi tan asustado —dijo Ino riendo—. Sakura dijo que tuvo que darle respiración boca a boca. Sé que no es un beso propiamente tal, pero… la maldigo.

—S-sí, estaba muy asustado —dijo Hinata dejando de reír, recordando la época en que las cosas entre ellos parecían ser mejor.

—Hinata… Estamos rumbo al lugar más hermoso del mundo. Todos están divirtiéndose, jugando cartas, comiendo sus almuerzos, tomando sol y sintiendo la brisa del mar…Dime, ¿dónde está Sasuke?

—Quería estar solo. Supongo —respondió la peliazul, suspirando.

Las risas se acabaron e Ino miró hacia adelante con los ojos llenos de melancolía. Su preocupación era tan palpable que hasta Hinata podía sentirla.

—Exacto. Está solo —repitió para sí misma, bajando el rostro—. En el lugar más divertido del mundo, quiere estar solo, ¿entiendes por qué?

—Sí. Lo entiendo.

Siempre buscaba alejarse de todos para evitar crear afectos o lazos que nuevamente se pudieran romper. Había amado a Itachi con todo su corazón y aquello había terminado en una tragedia. Había amado a sus padres y éstos lo dejaron solo en ese mundo, muriendo a manos de su hijo mayor. Había apreciado a Naruto y éste terminó yéndose de la aldea.

Parecía que todos alrededor de Sasuke lo abandonaban. Era normal que se negara a crear lazos que lo apegaran a otros.

De una forma muy extraña, Sasuke estaba evitando resultar herido ante la idea de encontrar cariño y quedar nuevamente solo. Esa era la lección que Kakashi había estado intentando enseñarle desde el primer día de entrenamiento, que las personas no pueden pasar sus vidas en soledad sin aceptar al resto cerca.

—No importa si eres el Hokage, un criminal rango S, un mendigo, un médico ninja, un campesino… si eres hombre o mujer, niño o anciano… Sasuke Uchiha o Naruto Uzumaki —dijo Ino con seriedad—. ¿Sabes lo que todos realmente buscamos?

—¿Alcanzar nuestros sueños? —le preguntó con media sonrisa, pensando en Naruto y la forma en que le había enseñado a nunca retroceder en su palabra.

—No Hinata, lo que todos buscamos, es alguien que nos quiera. No importa si es un novio, una madre, un hermano, un padre, un maestro, un amigo… todos necesitamos que alguien nos quiera de verdad. Y nosotros querer a esa persona. Nadie quiere estar solo.

La rubia la miró con una sonrisa que la hizo querer llorar nuevamente. Ahí estaba, tan herida por Sasuke como ella estaba herida por Naruto y sin embargo, le estaba encomendado la persona que amaba. Le estaba encomendado su sueño.

—Por eso no estoy enojada contigo. Si es que puedes darle a Sasuke el amor que yo no…

—É-Él es sólo mi amigo —se excusó rápidamente, enrojeciendo por completo—. Eso sólo lo hizo por herirme. N-no es como piensas Ino-san.

—Tal vez. Es un chico orgulloso, debe matarlo saber que tu corazón le pertenece a alguien más, pero no es eso a lo que me refiero… sé que tú, lo quieres de verdad, aunque sea sólo como un amigo. El necesita eso…

Entonces, los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas que cayeron por sus mejillas, sonrojándose. Y aún con esa horrible tristeza que emanaba no dejó de sonreír.

—Ni Sakura, ni yo… podemos dárselo. No nos dejaría. Por eso, no me podría enojar contigo. A-Amo demasiado a Sasuke-kun como para querer verlo triste. Solo.

Intentó secarse las lágrimas con las mangas blancas que utilizaba, pero éstas seguían cayendo una a una, mostrando un lado mucho más suave de la energética Ino que conocía.

—Si tú puedes impedir eso, entonces, soy feliz. Aunque no sea yo la que pueda hacerlo feliz.

Hinata asintió con tristeza, comprendiendo, que tenía una labor mucho más importante que ser la amiga de Sasuke y su compañera de equipo. Su nueva labor, era mostrarle a Sasuke que ella no se iría a ninguna parte.