CAPITULO 29
EL CONSEJO DE SHIKAMARU
No podía creer que todos esos bastardos estuvieran mirándola y no pudiese hacer nada al respecto. Era karma; estaba pagando sus malas acciones. Muy en el fondo sabía que se lo merecía por haber lanzado el bento de comida que Hinata le había ofrecido hacia el mar. Había rechazado su acto de bondad con un acto despreciable, alejándola, arrojándola a los brazos de quien quisiera atraparla; en su caso, a los brazos e influencia de nada más y nada menos que Ino, molestia, Yamanaka.
Sabía que todo eso era su culpa y no había ninguna maldita cosa que pudiese hacer al respecto excepto desear mentalmente que cada uno de los presentes quedara momentáneamente ciego o que murieran desangrados nasalmente, maldecir internamente y orar por un milagro que pusiera fin a ese espectáculo desagradable.
Era un deseo difícil de realizar.
Todo había sido culpa de Ino ―que novedad― Esa rubia entrometida siempre estaba metiendo su nariz en asuntos que no le correspondían. Si alguien debió haber estado entrenando con Hinata en primer lugar era él, no ella. Observando a ambas con los labios fruncidos, supo que no había nada que hacer. Si intervenía, volvería a abrir esa pequeña ventana para que Hinata se le acercara y en ese momento lo que más ansiaba era tenerla muy lejos de él.
Todo había comenzado diez minutos antes. Estaban entrenando en la cubierta del barco, mirándose los unos a los otros, pues no había nada mejor que hacer. Él se encontraba reclinado sobre la baranda, observando el mar, indiferente ante los duelos que ocurrían a su alrededor. Shino estaba luchando contra Kiba, Shikamaru contra Chouji y Hinata contra Ino. Sakura merodeaba cerca de su posición buscando excusas para acercársele ―sin mayor éxito―, y el equipo tres no se veía por ningún lado (al parecer intentaban buscar soluciones para el exagerado mareo de Gai).
De pronto escuchó, "Hace demasiado calor, sácate eso Hinata", y luego vino ese horrible sonido de un cierre bajando. Se volteó con espanto sobre su hombro para descubrir como Ino forcejeaba con la peliazul para que se sacara su chaqueta lila. Sus labios se despegaron para decir algo al respecto, pero no pudo. No había palabras que pudieran detenerla. De esa forma… la cubierta del barco, a la vista de todos los tarados de Konoha y también los marineros de la embarcación, con una camiseta de malla que apenas le cubría los senos… su compañera, Hinata Hyūga, comenzó a entrenar con Ino Yamanaka.
Estaba en el infierno.
Uno a uno los demás comenzaron a detener sus propios encuentros matutinos y a rodear a Ino y Hinata, animándolas, observando cómo se movían, mirando con más interés del normal (a pesar de que lo disimulaban muy bien). Sasuke no era estúpido; lo que estaban observando era que Ino sólo mantenía sus senos cubiertos con vendajes y Hinata con una pequeña remera de mallas.
—¡Vamos Ino! —gritó Chouji con entusiasmo—. ¡Muéstrale al Equipo Siete el poder de las enseñanzas de Asuma sensei!
—Sólo si fuese una competencia de quien aguanta más humo… —murmuró Shikamaru rascándose la cabeza.
—¡Tu puedes Hinata! —la animó Kiba—. ¡Dale un golpe con tu puño suave y acaba con esto!
Incluso Shino se paró a observarlas mientras jugueteaba con sus insectos, aunque parecía que lo hacía porque no había otra cosa que hacer, a diferencia de los otros.
No obstante, Sasuke sabía lo que cada uno de esos pervertidos estaba pensando sólo con verlos interesados en la pelea de las chicas. Quiso matar a Ino por hacerle eso a Hinata, pero al mismo tiempo deseaba interferir, cubrirla y sacarla de ahí. Aún así, no podía hacer nada excepto observar con frustración como todos los tarados de Konoha sabían que Hinata era una mujer ahora. En algún momento pensó que si se mantenía oculta debajo de su ropa tres tallas más grande, tal vez el resto ignoraría por más tiempo lo que él sabía desde comienzos de primavera.
—¡Hinata-sama! —de pronto interrumpió Neji—. ¿Qué está haciendo?
—Es-Estoy entrenando nii-san —respondió Hinata sonrojándose.
—¡No a esta hora! Este sol es… es demasiado dañino para su piel —le dijo sacándose su camisa blanca y tapándola, quedando con el torso desnudo.
—P-Pero Nii-san, yo —Neji la tomó de la muñeca y comenzó a tironear de ella—, yo me puse bloqueador y…
—Que exagerado Neji —se quejó Ino mirando su abdomen coquetamente.
—Nunca. No permitiré que Hinata-sama se exponga a estos… esta… al sol, ¿qué diría su padre si volviéramos a Konoha con ella insolada?
Gracias a todos los dioses shinobis —pensó Sasuke sentado desde la baranda, relajando los hombros. Nunca pensó que al orar por un milagro, los dioses le mandaran al tarado de Neji Hyūga.
Por un segundo su mirada se cruzó con la de Hinata quien era arrastrada por la borda por su primo y fue entonces que sintió que la garganta se le cerraba al observar esos adorables ojos llenos de vergüenza y ese rubor juvenil cubriendo sus mejillas. Ya ni si quiera intentaba negar que aquellos gestos tan únicos en ella lo hacían sentirse extraño. Aún así, miró hacia un costado, para luego darle la espalda y seguir en sus propios asuntos.
—¡Y ustedes! —gritó Neji hacia Kiba, Shikamaru, Chouji y Shino—. Vayan a hacer algo más productivo que mirar a Hinata-sama entrenar. Debería darles vergüenza.
Sasuke suspiró escuchando como el resto se quejaba sobre lo exagerado que era Neji y lo divertido que había sido observar a dos kunoichis luchando.
No fue la única ocasión en el viaje de dos días por mar en que tuvo que aguantar las grandiosas ideas de Ino que involucraban a Hinata. Insistía en que se sentara a comer con Kiba, en que usara su cabellera tomada en una cola alta, en que cambiara un poco su ropa a algo más veraniego, en que ambas tomaran sol en la cubierta… sólo cosas que hacía que el resto se quedara mirándolas como estúpidos.
El viaje se le hizo un infierno y no sólo por la Yamanaka y sus ocurrencias; Gai sensei no dejó de vomitar, Kakashi se la pasó jugando cartas con los marineros abusando del sharingan e ignorándolo cuando le pedía ayuda con alguna cosa, Kurenai y Asuma tomaban sol en la superficie del barco y el resto de ellos tenía que averiguar qué hacer en los ratos de ocio.
Para empeorar las cosas, tuvo que pasar la mayoría del tiempo escondido de Sakura. La chica había tomado un irritante hábito de querer estar a su lado todo el tiempo, lo cual se le hizo completamente insoportable. Iba de un lado a otro gritando "¡Sasuke-kun almorcemos juntos!" o "¡Sasuke-kun veamos el atardecer!". El pobre Uchiha se sintió tan miserable que fácilmente se habría lanzado por la borda y nadado hacia la famosa isla para deshacerse de ella.
Lo peor fue tener que lidiar con Lee quien sólo por el movimiento del barco se mareó y comenzó a destrozar todo con su puño ebrio. Sólo Neji consiguió inmovilizarlo y Sasuke aprovechó aquello para noquearlo en un genjutsu. Tuvieron que amarrarlo a la proa y pasó el resto del viaje cantando canciones de marineros borrachos para el deleite de la tripulación de Kunaihando y la desgracia del resto de los chicos y sus maestros.
Llegar a la costa de la isla de las Siete Hierbas fue un alivio y Sasuke agradeció con sinceridad que esa pesadilla se hubiese acabado.
Reunieron sus cosas, las pusieron en botes y éstos luego los acercaron a la playa. A la distancia, el pelinegro pudo percibir lo hermoso que era el lugar en donde acamparían por los siguientes siete días y se sintió sinceramente afortunado de poder alejarse de Konoha al menos por una semana. Lo monótona que se había vuelto la aldea lejos de Hinata lo mantenía en un muy mal humor.
Mientras los botes rompían las olas, decidió que dejaría de preocuparse por su situación personal con su compañera y que trabajaría con ella como lo haría cualquier shinobi cuando se le designaba en un grupo. Al menos durante los días en que durara esa misión. No dejaría que el Equipo Siete fuese la vergüenza entre todos los equipos genin.
—Se ve muy bonito, ¿verdad Sasuke-kun? —le preguntó Hinata quien iba a su derecha.
—Supongo —respondió con frialdad sin voltearse a mirarla.
Los marineros les ayudaron a bajar sus cosas a la playa. El agua les llegaba hasta las rodillas, aunque para todos ellos que podían caminar sobre ésta no pareció ser un problema.
De pronto, mientras acomodaba sus cosas para bajarlas notó que Sakura lo miraba con gigantescos ojos intentando inspirarle ternura, pues Kiba acababa de tomarle la cintura a Hinata para ayudarle a bajar del bote.
—Cuidado Hinata. No querrás caerte. Es más complicado caminar sobre el mar que hacerlo en el agua quieta —dijo Kiba mientras Akamaru nadaba a la costa.
Hinata no es una completa inútil... puede caminar sobre agua ―pensó Sasuke irritado.
—Lo sé, tendré cuidado Kiba-kun —respondió la joven con una sonrisa—. Muchas gracias.
Pensó en gritarle a su compañera que un poco de agua no la iba a matar, pero se abstuvo de hacerlo. ¿Qué le importaba lo que hiciera? Si Kiba la manoseaba, era su problema por ser tan inocente. Demasiado inocente. Inocente al punto que ese imbécil podría haberle estado tomando el trasero y ella apenas se habría sonrojado preguntándose si tenía algo en ese lugar.
De pronto se percató que Sakura no dejaba de mirarlo.
—¿Qué? —le preguntó cuándo terminó de arreglarse la mochila en la espalda.
—¿Me podrías ayudar a bajar, Sasuke-kun? —le respondió con vergüenza, jugando con una mecha de su largo cabello rosado—. No quiero mojarme.
—¿Por qué no le pides a Kiba o Shino que te ayuden? —preguntó, suspirando cansado.
—Shino está lleno de insectos y si me trepan podría desmayarme… y Kiba… bueno Kiba…
La jovencita observó hacia la playa, lugar en donde su compañero estaba riendo de algo mientras cargaba la mochila de Hinata. Observarlos así, tan juntos, tan en confianza, hizo que Sasuke estirara una mano sin pensarlo.
—Afírmate.
Sakura se quedó quieta un momento, como si no estuviese realmente segura de lo que acababa de oír. ¿De verdad su Sasuke-kun había accedido a tomarla de la cintura para cargarla sobre el mar como una princesa? Era demasiado bueno para ser verdad.
—¿Sakura? —insistió.
—Dis-Disculpa.
Sentir la mano de Sakura Haruno aferrándose a la suya fue extraño. Por un momento pensó que se le caería a pedazos como si la pobre pelirrosa tuviese sarna o algo peor. No obstante, cuando se vio a si mismo vivo y entero, rodeado de ese embriagante olor floral que desprendía el cabello de la chica, comprendió que a pesar de que era una molestia permanente en su vida, Sakura Haruno era igual que cualquier otra mujer. Olía parecido a Hinata, se sonrojaba si se le miraba fijamente a los ojos y temblaba sólo por tenerlo cerca. La chica lo miraba con ojos brillosos y enamoradizos, sonrojada, viviendo un sueño que nunca pensó se haría realidad.
Pero no era Hinata. Su estómago no se apretaba por tenerla cerca, ni sentía ese irritante cosquilleo en sus manos al tocarla.
Toda la experiencia duró menos de dos segundos, pero Sakura parecía estar flotando en las nubes en vez de caminando sobre el agua.
—Oye Sakura, ¿recuerdas esa vez que me ayudaste… ya sabes, en la villa de las Luciérnagas?
—Uhm… sí —respondió ella sonriendo y mirándolo esperanzada.
—Siento mucho, uhm… haber reaccionado como lo hice —miró el agua bajo sus pies con seriedad mientras empezaba a caminar nuevamente.
Ahora que él había pasado por una situación similar a lo que Sakura experimentó en esa ocasión podía comprender lo horrible que se debió haber sentido al exponerse de esa manera para ser rechazada. Por muy fastidiosa que fuese, no merecía sentirse como basura tan sólo porque él pensase que lo era. Sí, lo fastidiaba, la detestaba la mayoría de las veces, pero hasta Sakura Haruno tenía sentimientos y éstos podían ser heridos fácilmente. Pensó que quizás podría haber reparado un poco el daño y también su consciencia pidiéndole perdón.
Cuando todos estuvieron en la costa, notó que Kurenaihando hablaba con Kakashi y Asuma, mientras Sakura e Ino intentaban sanar el mareo de Gai con ninjutsu médico. De pronto, el viejo marinero levantó el brazo hacia sus tripulantes y todos comenzaron a volver a los botes.
Sasuke lo miró de reojo. Su pesado abrigo, el parche en el ojo, el loro en su hombro… más que marinero parecía un pirata sacado de algún horrible cuento de niños. Era la caricaturización más ridícula de un marinero que había visto. Sólo le faltaba una pierna de palo y un garfio.
—¿Por qué me miras mocoso? —le pregunto el capitán del barco. Sasuke no respondió, sólo siguió avanzando—. Oye. No vayas al Valle de la Muerte. Nada bueno les espera allá.
—¿El Valle de la muerte? —preguntó deteniéndose.
—Es un lugar espantoso en medio de esta isla. Fue ahí donde perdí mi mano y la remplacé con … esto —se arremangó las mangas y les mostró que amarrado a un muñón, había un kunai—. Bestias infernales rondan esas cavernas, no sean estúpidos y… manténganse alejados de ellas.
—Sí, claro… —Sasuke rodó los ojos, sin creerle una sola palabra— Seguramente esto es todo parte de la famosa misión. Sí que se han salido de sus caminos para intentar asustarnos— pensó divertido.
Siguió caminando dándole la espalda al hombre. Todos en esa isla sabían que la famosa misión que estaban ahí para realizar no podía consistir sólo en recoger hierbas, sobre todo por lo entusiasmado que se veía Gai al respecto antes de que sus mareos le hicieran perderse en sus primaveras de la juventud. Para Sasuke, toda esa misión era sólo una gran pérdida de tiempo.
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Mientras clavaba las estacas de la tienda en la tierra, Hinata no pudo evitar sentirse completamente enamorada de la isla de la Siete Hierbas.
Kakashi había escogido un lugar cerca de un río, a unos cien metros de la playa para que pusieran sus tiendas. Por otro lado, Ino y Chouji estaban levantando la del equipo ocho a unos diez metros de distancia hacia la derecha, mientras que Neji y Tenten lo hacían a unos quince metros a la izquierda. Justo al otro lado del río Kiba y Shino estaban armando las suyas (pues los chicos habían traído dos, una para Kurenai y Sakura, otra para ellos).
—Esa punta está torcida. Arréglala —le ordenó de pronto Sasuke sacándola de sus pensamientos.
—Sí —respondió un tanto desanimada recordando que ellos no estaban en buenos términos.
—Cuando terminemos aquí, iremos por las zanahorias esas.
—Entendido.
Depositaron todas sus pertenencias dentro de la tienda —incluyendo las de Kakashi quien no estaba haciendo nada—, desde los sacos de dormir hasta los pergaminos con los distintos utensilios que ocuparían en su estadía de diez días. De pronto, Sasuke llevó su mano al bolsillo trasero y sacó el mapa de la isla que habían recibido junto a su pergamino de misión. De esa manera, apoyó una rodilla en el suelo y estiró el papel frente a ambos.
—Aquí dice que en esta zona deberían estar las zanahoria —apuntó río arriba en el mapa, donde el dibujo de una zanahoria de energía señalaba donde las podrían encontrar—. Lo escogí por ser lo más cercano. Hablé con Shikamaru, Neji y Shino. Cada uno de sus equipos se encargará de recoger distintas cosas —subió el rostro hacia su maestro jōnin luciendo más molesto con él que con Hinata—. Kakashi, ¿vas a ir con nosotros o te quedarás aquí?
—Yo me quedaré aquí en caso de que aparezca un oso e intente devorarse la tienda —respondió.
Sasuke rodó los ojos; evidentemente esperaba una respuesta de ese tipo. Hinata no pudo evitar sonreír al ver que al menos la dinámica de grupo seguía siendo igual.
Se amarraron canastas a la espalda y comenzaron a recorrer la isla juntos. De seguro Sasuke no estaba nada contento con ello y lo dejó en claro con su silencio y por caminar tres pasos delante de ella todo el tiempo. Si le costaba subir una roca, su compañero no retrocedía para darle la mano, si comenzaba a perder el aire por el esfuerzo, Sasuke no se detenía.
Pronto llegaron a una pradera de césped verde que le llegaba hasta las rodillas, lugar en donde Sasuke se detuvo con las manos en la cadera, observando de un lado a otro las paredes rocosas a cada lado del pequeño valle.
—Aquí encontraremos las zanahorias de energía —dijo sin voltearse—. Al menos según este mapa.
—Deberíamos revisar la…
—Yo iré hacia el este, tu ve al oeste —exclamó mientras comenzaba a caminar, con su canasto amarrado a la espalda—. Nos encontraremos aquí cuando el sol baje de la montaña.
—¿No haremos esto juntos? —preguntó Hinata desilusionada.
No obtuvo respuesta de parte de Sasuke. Sólo se alejó dejando a la vista de Hinata ese solitario emblema del clan Uchiha que él portaba con tanto orgullo. Por un segundo, sus pies se movieron en su dirección, pero tal como si éste hubiese adivinado lo que quería hacer, desapareció en una nube de humo. Hinata estuvo tentada en usar el byakugan para buscarlo, pero lo dejó ir. Sabía que si seguía forzando que ambos se reconciliaran de alguna manera, Sasuke sólo terminaría alejándose más y la escena del bento de comida se volvería a repetir.
Debía mantenerse firme en su resolución de esperar el tiempo necesario para que sus propias inseguridades y miedos se apaciguaran y que finalmente… la dejara entrar por completo en su vida, con sus riesgos, pérdidas y ganancias.
Aún así, le costaba actuar de esa forma. Quería lanzarse hacia Sasuke, pedirle disculpas, decirle que todo había sido un mal entendido, suplicar por su amistad… pero no lo haría. Sólo esperaría que algún día su enojo fuese menor.
—Sasuke-kun… —susurró un tanto cabizbaja, llegando su mano al lugar que realmente le dolía: justo en medio de su pecho.
Pasó toda la tarde recorriendo las colinas de aquella isla. Encontró muchísimas zanahorias en los lugares en que pensó habrían: detrás de rocas que las protegieran del viento, debajo de árboles para que no tuvieran tanta luz, cerca de fuentes de agua. Mejor que nadie conocía la forma en que esas pequeñas raíces crecían en lugares húmedos. Cuando su canasto en la espalda estuvo lleno y supo que no podría seguir caminando por la isla con todo ese peso (recordemos el peso de sus tobillos), Hinata regresó al lugar en donde debía verse con Sasuke.
Se sentó sobre el pasto esperando que el sol se pusiera. Podía notar como el verano comenzaba a despedirse por la posición de la luz a esa hora. Se sintió levemente melancólica con la idea del otoño, pero la animó saber que pronto Konoha estaría cubierto en nieve y podría jugar nuevamente con Hanabi en el patio de entrenamientos. Tal vez tendría suficiente tiempo para terminar su curso de medicina ninja, para tejer el par de guantes que aún le debía a Sasuke y quizás, ¿por qué no? Un par de guantes para Naruto por si volvía ese invierno.
Pasó alrededor de una hora mirando la manera en que las nubes lejanas amenazaban con echar a perder el clima al día siguiente o quizás esa misma noche. Estaba comenzando a considerar la idea de utilizar el byakugan e ir en búsqueda de Sasuke cuando de pronto lo vio avanzando entre el pasto, caminando hacia ella.
Las primeras estrellas comenzaban a vislumbrarse lejanas en el horizonte, la luz era poca, pero Hinata pudo distinguir con completa claridad que Sasuke estaba agotado y frustrado.
—¿Qué sucedió? —le preguntó poniéndose de pie rápidamente— Estuve esperan…
—Nada. Tuve problemas encontrando las famosas zanahorias de energía —contestó Sasuke frunciendo los labios en molestia.
—¿Por qué? No son tan difíciles de…
Justo cuando se dio cuenta que estaba empeorando las cosas aún más. Sasuke observó su canasto, lleno hasta el tope y no se mostró nada complacido. La joven tragó saliva y se puso pálida, pues no había nada peor para el orgullo de su compañero que ver que ella había tenido éxito en donde él había fracasado
—S-Sólo fue suerte —se excusó rápidamente—. De seguro mañana podrás encontrar más.
—¿Dónde encontraste tantas? —le preguntó observando el puñado que había en su canasto en comparación al de Hinata.
—Cerca de las zonas rocosas, en las sombras, cerca del agua… —Hinata subió los hombros—. Al menos juntamos nuestra cuota hoy. Los otros equipos deben haber ido por otras cosas en la lista...
—Tú lo hiciste. Yo no.
Sin esperar que ella terminara sus palabras, Sasuke se dio la media vuelta y comenzó a alejarse nuevamente con pasos neutrales y lejanos. Ese aire a soledad a su alrededor se hizo más pesado que nunca.
—¿Dónde vas? —preguntó Hinata observando que volvía a adentrarse en los pastizales— ¡Sasuke-kun! Mañana podemos intentarlo de nuevo cuando haya luz.
El Uchiha no le respondió.
Pudo haberlo dejado ir. Pudo haber vuelto al campamento y disfrutado de su tiempo con el resto, compartiendo las experiencias que habían pasado ese día, asando cosas al borde de las fogatas que de seguro arderían esa noche. No obstante, no vio en esas posibilidades algo que la atrajese si Sasuke no estaba con ella. Eran un equipo después de todo.
Esta vez Hinata no se quedó quieta como usualmente hacía. Haberlo hecho significaba dejarlo seguir en su soledad impenetrable. Las palabras de Ino hicieron eco entre los pastizales y le recordaron que Sasuke era uno más de ellos. Un chico que al final del día extrañaba a sus padres y se sentía solo, alguien que temía la cercanía con el resto por el miedo que le provocaba perder a todos nuevamente, que no formaba lazos, que se enfocaba en su venganza a niveles que llegaban a ser enfermizos, pero que aún así, cuando tenía momentos de grandeza podía opacar incluso la sonrisa de Naruto.
Si Hinata se consideraba de verdad su amiga, no podía dejar que hiciera todo solo nuevamente. Esa era la lección que Kakashi le había intentado enseñar el primer día en que formó el Equipo Siete y que nuevamente estaba fallando en cumplir. No dejarlo solo, por más que rechazara la ayuda del resto.
Si crecer significaba dejarlo cometer sus propios errores lejos de ella, entonces no deseaba crecer. Quería quedarse con él siempre.
Tomó ánimo y caminó rápidamente los diez metros que el Uchiha había avanzado. Sin pensarlo dos veces —seguramente si lo hacía no habría tenido el coraje de hacerlo—, le sostuvo un brazo impidiendo que pudiera seguir caminando.
—Ya casi es de noche —dijo apretando los labios.
—¿Y? —preguntó Sasuke.
—No verás nada —a él no parecía importarle ese detalle—. Sigamos mañana cuando tengamos luz.
—No voy a volver al campamento con mi canasto casi vacío, así que suéltame —le ordenó de muy mal humor.
Hinata sabía que se terminaría arrepintiendo de sus acciones. En primer lugar, porque no era tan valiente como para actuar de la forma en que lo estaba haciendo, eso quedaba para mujeres de carácter fuerte como Sakura o Ino; en segundo lugar, porque no había nada peor que Sasuke Uchiha enojado; y por último, porque sus rodillas le comenzaron a temblar.
No era ese tipo de persona. Era complaciente, tímida, delicada y bastante suave de carácter, por lo tanto, Sasuke casi enmudeció cuando la escuchó hablar con una fortaleza impropia de ella.
—N-no. No te soltaré. Soy la shinobi con más experiencia en plantas medicinales de los cuatro equipos, y en nuestro caso, eso me hace la líder natural de esta misión. Eso dice el reglamento Shinobi, regla novena —frunció los labios con fuerza bajando la mirada, cerrando los ojos y atreviéndose a llevarle la contraria— y… y como líder digo que… que debemos volver.
—¿Perdón? —preguntó el Uchiha lentamente—. ¿Tú me vas a dar órdenes a mí? —Sasuke le tomó la muñeca con fuerza.
—Me estás lastimando… —susurró abriendo los ojos con temor.
La joven no vio ni comprendió en qué momento su palma se extendió hacia el pecho de Sasuke y terminó empujándolo hacia atrás. Fue una reacción instintiva de protección; él la estaba lastimando y su cuerpo se defendía. Sin embargo, el Uchiha la miró más sorprendido de lo que nunca lo había hecho.
—¿Por qué me tratas así? —le preguntó Hinata con dolor en su voz.
Por un instante, Sasuke la observó confundido, como si estuviese a punto de quebrarse en su orgullo y pedirle perdón. Pero rápidamente sus ojos se afilaron y aquella oscuridad propia de él lo rodeó, haciendo que Hinata se empequeñeciera cada vez más ante el poder de aquellas iris negras que la inspeccionaban preguntándose dónde había quedado su tímida compañera de equipo.
—¿Así, cómo? —le preguntó lentamente.
—¿Acaso ya no somos amigos? —lo cuestionó ella de vuelta.
—No lo sé, ¿alguna vez lo fuimos? —le respondió con seriedad.
—S-sólo respóndeme —la voz golpeada de Hinata enmudeció a Sasuke.
La chica se llevó las manos a la boca y la cubrió, sorprendida de haber tenido un exabrupto tan repentino contra él, pero pronto volvió a bajarlas, tomó aire y lo miró fijamente a los ojos.
—Los amigos no se deben tratar así —dijo con suavidad, pero firmeza—. Son un bien preciado que debemos cuidar. Si sigues tratando así a las personas, algún día…
—¿Algún día qué? ¿No tendré amigos? ¿Estaré solo? —le respondió con rapidez—. Nunca he pedido tu amistad, ni la amistad de nadie. Estoy solo. Itachi se aseguró de ello.
—No estás solo. Me tienes a mí, a Kakashi sensei, a Naruto-kun y al resto de los chicos. Nadie puede pasarse la vida solo —la triste voz de Hinata pareció remover algo dentro de Sasuke.
—Yo puedo —respondió con tal convencimiento que un nudo se formó en su garganta.
—Pero no quieres.
—Hinata, los únicos cuya compañía realmente me interesaba están muertos.
—Eso es mentira. Te importan los miembros del equipo siete, aunque no lo admitas. Y yo me preocupó por ti…
—¡Nunca pedí que…!
— … Y K-Kakashi sensei y Naruto-kun también lo hacen.
Hinata llevó su mano hacia la de Sasuke y la aferró con fuerza. A pesar de lo asustada que estaba, supo que en ese momento él la estaba escuchando con atención aunque cada palabra de su boca fuera una forma de alejarla. Lo importante era hacerlo entender, que no estaba solo, que había personas que lo querían si tan sólo él les daba la oportunidad de demostrárselo.
Sasuke bajó el rostro cuando sintió el contacto de los dedos con su mano. La observó confundido, preguntándole con la mirada qué era lo que estaba haciendo, sólo para retirar hacia atrás su propia mano como si los dedos de Hinata fuesen fuego.
—¿Por qué tienes que hablar de ese perdedor todo el tiempo? —le preguntó con rabia.
—Porque es tu amigo. Tu mejor amigo. Alguien que te quiere y moriría por ti. Parece que hay que recordártelo constantemente o…
—¿Se me olvida? —bufó con gracia, media sonrisa cruzando sus labios—. No Hinata. Tu rostro y esa mano en tu pecho es un constante recordatorio de que Naruto siempre está entre nosotros.
—¿En-Entre nosotros? ¿Qué-qué quieres decir con eso? —preguntó un tanto confundida.
—No lo sé —respondió volteando el rostro hacia un costado, agotado, confundido, lleno de rabia y ahogado por su propia oscuridad—. Sólo sé… que nada parece ser lo que era antes —y tal vez fue la impresión de Hinata, pero parecía hablarse a sí mismo más que a ella.
—¿Acaso crecer no supone cambiar? ¿Es eso malo? Es cierto que las cosas pueden ser diferentes a lo que eran, pero… pero pueden ser mejores. Ya-ya no somos niños y…
—Escucha —la interrumpió tomándole los hombros y mirando fijamente sus ojos, con una seriedad que le provocó escalofríos—, nunca fue mi intensión que tú y yo anduviésemos pegados para todas partes. Que nos designaran como equipo a ti, a ese perdedor y a mí fue un error. Todo esto ha sido un gran error desde el comienzo —las cejas de Hinata se comenzaron a juntar ante la tristeza que sentía al escucharlo decir eso, no obstante antes de que pudiese abrir la boca para decirle que se equivocaba, Sasuke la interrumpió—. Sólo… sólo vuelve al campamento.
Y desapareció en una nube de humo.
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Neji observó a su prima volver con una canasta de zanahorias en su espalda, los ojos tristes, los hombros caídos y las pisadas arrastradas.
Lucía miserable, angustiada, melancólica, desesperanzada, como si estuviese lista para rendirse con fuese lo que fuese que estaba acongojándola. En un comienzo pensó que había fracasado en su misión, pero después de que pasó cerca de la tienda, vio su canasto lleno hasta el borde de zanahorias. No estaba así por algo relacionado a su tarea.
—Buenas noches, Tenten-san, Neji nii-san —dijo Hinata parándose cerca del fuego y bajando la canasta— Tenten-san, me preguntaba si… si, ¿podrías utilizar tu jutsu de espacio tiempo para almacenar las zanahorias de energía dentro de un pergamino?
—¡Claro Hinata! —respondió la joven—. Déjalo ahí. Yo me encargo del resto.
—Muchas gracias Tenten-san, eres muy amable.
Entonces Neji notó que Sasuke Uchiha no estaba con ella.
—¿Y el Uchiha? —le preguntó.
Hinata se encogió de hombros y negó con el rostro.
—Aún no termina de recolectar el segundo canasto, pero confío que volverá pronto.
—¿Por qué no lo hicieron juntos? Usted de seguro es la persona con más experiencia en hierbas medicinales en la isla —dijo Neji—. Para alguien tan inteligente como Sasuke, parece contra producente no haber…
—Neji… —susurró Tenten comprendiendo lo que sucedía.
El Hyūga frunció las cejas un momento ante la mirada de su compañera, bajó el rostro y volvió a enfocarse en sus propios asuntos. Tenten estaba a su lado intentando avivar el fuego con un abanico de papel mientras él seguía poniendo leños y ramitas para que las llamas surgieran.
—Todos estamos cocinando para la cena Hinata, ¿por qué no vienes y nos ayudas un poco también? —le preguntó Tenten—. Temo que Gai sensei y Lee arruinen el jabalí que Neji cazó —se acercó a Hinata y le susurró al oído de forma poco disimulada—. Además, Neji siempre nos dice lo maravillosa que eres cocinando.
—Tenten —la regañó el Hyūga.
—¿Cazaste un jabalí, nii-san?
—No fue nada —respondió quitándole importancia, aunque la sonrisa de Hinata le indicó que para ella era un motivo de orgullo—. Apareció cuando intentábamos cazar tritones rojos.
—De seguro debe haber sido algo espeluznante —añadió ella con ligereza—. De todas formas, gracias por la invitación. Iré a hablar con Kakashi sensei. Cuando me desocupe, vendré a ayudar.
—¡Claro Hinata! Tomate el tiempo que desees —le dijo Tenten ondeando su mano mientras se alejaba.
Neji suspiró con pesar y siguió intentando avivar el fuego. Mientras las chispas saltaban y flotaban por el aire, trató de dejar de pensar en su prima. No obstante, se le hacía difícil cuando sus alegres ojos se veían tan apagados. Ella era una joven feliz, sencilla, que disfrutaba de la vida por dura que fuese. No obstante, desde un par de semanas atrás hasta la fecha, cada vez que la veía pensaba en lo diferente que lucía, que se expresaba, en que sus ojos miraban.
—¿Te preocupa Hinata, verdad? —escuchó a Tenten preguntarle con seriedad.
—No es de mi incumbencia —respondió Neji de forma cortante.
—Es tu prima —insistió la muchacha.
—Lo sé. Pero es una persona, independiente de mí. Alguien con sus propios problemas y sus propios asuntos, los cuales debe aprender a solucionar sola —Neji subió la mirada hacia su compañera—. De eso se trata volverse adulto. Si necesitara mi ayuda, ya me la habría pedido.
—Hinata no es del tipo de persona que le pediría ayuda a los demás —contestó Tenten—. Tú mejor que nadie sabes eso. Con tal de no molestar al resto sería capaz de ocultar cualquier dolor con una sonrisa. Dime, ¿cuánto tiempo se demoró en pedirte que le enseñaras técnicas del puño suave?
Neji cerró los ojos y meditó las palabras de Tenten un momento, aunque no le respondió. Si le daba la razón, eso habría menoscabado su orgullo y no estaba dispuesto a ceder un centímetro con su compañera de equipo.
—O quizás se trata de ese rumor que todos comentan de Sasuke y ella… —Tenten lo miró fijamente, ansiosa, como si esperara un exabrupto de parte de su compañero.
—Eso es mentira y me sorprende que tú te prestes para esos rumores sin sentido —respondió negando cualquier posibilidad, tanto en su mente como para el resto, de que su prima pequeña y Sasuke Uchiha hubiesen compartido algo más que una amistad. Eso era ridículo.
—¿Cómo va ese fuego, Neji? —preguntó Gai desde la mesa de madera que habían hecho (un tronco cortado a la mitad, afirmado en cuatro leños).
—Ya casi estará listo para asar el jabalí —respondió éste.
—Gai sensei, ¿Está seguro que deberían estar rellenándolo con piñas y frutas? —le preguntó Tenten observando como Lee metía piñas cortadas, coco, plátanos verdes y bayas.
—¡Claro! —respondió el jōnin—. ¡Confía en mí! —exclamó con su dedo pulgar levantado.
—Le dará un toque veraniego —dijo Lee repitiendo el gesto.
Mientras Tenten continuaba cuestionando la forma de preparación de ese cerdo, Neji siguió metiendo ramitas al fuego observándolas arder, preguntándose si tal vez finalmente esa oscuridad que envolvía a Sasuke había alcanzado a Hinata.
¿Sería su prima si quiera lo suficientemente fuerte para poder seguir avanzando en su lugar soleado sin dejar que aquello la destrozara de a poco? Frunció los labios y quebró una ramita con un poco más de fuerza.
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Hinata continuó avanzando hacia el lugar en donde habían alzado su pequeño campamento de tres personas. La tienda seguía tal como ella la había dejado, sólo que ahora había una pequeña fogata.
No se sorprendió realmente de ver a Asuma sensei junto a Kakashi sensei bebíendo algo de un coco y lanzando dados. El montoncito de dinero del lado de Kakashi parecía más grande que el que había del lado de Asuma, pero al menos ambos parecían divertirse.
Tal vez Sasuke tuviese razón y todo aquello sí fueran unas vacaciones para sus instructores. Ella quería creer que no era así, pero cada vez resultaba más difícil hacerlo.
—¡Buenas noches Hinata-san! —dijo Kakashi más alegre de lo normal—. ¿Cómo estuvo tu día?
—Completamos la misión de las zanahorias, sensei —respondió Hinata—. Las dejé con Tenten.
—Que bien, que bien… —le indicó dándole un sorbo a su coco—. Siento que algo falta… uhmmm…
—¿No se supone que son tres? —preguntó Asuma.
—Dos. Jiraiya-sama se llevó a uno —le respondió Kakashi— Oh, es cierto, ¿Dónde está Sasuke?
—Sasuke-kun se quedó en la pradera buscando más zanahorias. No tuvo mucha suerte en la tarde —le indicó Hinata subiendo sus hombros.
—¿En serio? Pensé que juntos se les haría fácil. Tu eres una experta en hierbas de ese tipo —comentó Kakashi sorprendido, pero intentó aligerar la situación al notar lo triste que estaba su pequeña discípula—. No te preocupes, todo estará bien. Ya conoces a Sasuke.
Era como si pudiese adivinar sólo mirándola. De seguro todos se daban cuenta que se estaba quebrando por dentro, pero no dejaría que ello fuese un motivo para dejar de lado sus obligaciones. Sus problemas con Sasuke perjudicaban a su equipo y como la kunoichi que era no podía permitir que eso sucediera.
—¿Puedo ayudar al equipo tres con la cena? —preguntó Hinata. Estaba en una misión y le correspondía al superior en rango autorizar (o no) qué podía hacer.
—Claro, claro. Puedes ir.
Hinata hizo una reverencia y partió de vuelta hacia el campamento de su primo.
A pesar de los malos ratos que había pasado antes, no podía negar que la noche era hermosa. El aire fresco del mar no hacía de esa estación algo desagradable sino que incluso era placentero, a diferencia de lo que ocurría durante el verano en Konoha. Las estrellas titilaban sobre ella, cientos de ellas, miles, brillando en una danza silenciosa que solo ellas parecían entender.
No se veían estrellas así en la Aldea.
—¡No tan abajo cabeza de algodón de feria! —escuchó que gritaba Kiba a lo lejos—. ¡Los estás quemando!
—¿Por qué no lo haces tú entonces, señor experto? —alegó Sakura.
—¡Te aseguro que podría hacerlo mucho mejor que tú!
Hinata negó con el rostro y deseó haber sido tan unida con Sasuke como lo era Kiba con Sakura. A pesar de que ambos vivían peleando el uno con el otro, había algo muy diferente en esas peleas comparadas con las suyas. Kiba era atento y preocupado por su compañera. La protegía, la respetaba, tenía su espalda cuando Sakura lo necesitaba. En cambio, cuando Sasuke y ella peleaban… Sasuke sólo la hería, la ignoraba, la hacía sentir como una molestia y finalmente le mostraba su más absoluta indiferencia. Era mucho más hiriente recibir su silencio a recibir insultos amistosos como lo que ocurría con Sakura y Kiba.
Apretó sus labios. ¿Por qué Sasuke tenía que ser tan difícil? ¿Por qué las cosas entre ellos no podían ser más fáciles? Quizás si Naruto hubiese estado ahí las cosas habrían sido más fáciles de llevar para los tres. Tal vez si ella hubiese sido como Sakura Haruno, Sasuke no la habría odiado tanto.
—¿Hinata? —la voz de Shikamaru Nara la sacó de sus pensamientos—. ¿Sucede algo?
—Lo siento, e-estaba caminando distraída —respondió rápidamente, aligerando su malestar—. Ni si quiera me di cuenta que estabas ahí.
Subió la mirada a los árboles y lo vio sentado sobre las ramas, con la espalda apoyada contra un tronco. Shikamaru sonrió y asintió.
—Esa es la idea —dijo el pelinegro—. No quiero ayudar a cocinar y me estoy escondiendo.
—Entiendo —respondió ella un tanto nerviosa—. N-No le diré a nadie.
Hinata hizo una leve reverencia e iba a comenzar a caminar nuevamente cuando él la detuvo con sus palabras.
—Aún no me dices qué te sucede —Shikamaru la miró fijamente, mostrando más interés en ella de lo que había hecho en toda su vida en la Academia. Aquello se le hizo raro—. Bueno, no tienes que decirme, es problemático. Sólo te vi caminando y pensé… 'que triste se ve Hinata, ella no es así', y creí que algo te sucedía.
Hinata sonrió bajando el rostro con tristeza. Su nostalgia era tan evidente que hasta alguien que ni si quiera la conocía se podía dar cuenta de lo que sucedía con ella.
—¿Ino-san y tú se pelean mucho? —le preguntó con algo de vergüenza.
—No realmente. Ino es complicada de lidiar, pero pelear entre compañeros es muy problemático y evito hacerlo —Shikamaru se rascó el cuello—. La dejo hacer siempre lo que quiera para evitar discusiones inútiles. Y Chouji, bueno, él no podría pelear con una mosca. Jamás se enoja. A menos que le digas ge o erre de o. Eso lo enfurece.
—Ya veo —respondió con tristeza.
—Pero, no todos son iguales. Mira a Sakura y Kiba por ejemplo. Hace media hora están gritándose uno al otro, pero ni si quiera una vez Sakura le gritó a Shino —dijo con una sonrisa—. Y Tenten le ha gritado al menos dos o tres veces a Lee que deje de arruinar las cosas, mientras que ha alabado la forma en que Neji ha hecho la fogata —hizo una pausa subiendo el rostro para mirar las estrellas—. Lo que estoy tratando de decir es que, todas las personas interactuamos unos con otros de forma distinta, porque todos somos distintos, partiendo en lo que nos diferenciamos; si somos hombres o mujeres, extrovertidos o introvertidos, optimistas o pesimistas, ruidosos o callados. Dependiendo de esas diferencias, nos podemos llevar mejor o peor con alguien. Generalmente nos llevaremos mejor con aquellos que se parecen a nosotros.
—¿Y qué se hace si no nos parecemos a alguien con quien realmente nos queremos llevar bien? —preguntó con el corazón entre sus manos—. ¿Siempre nos llevaremos mal sin importar que hagamos?
—¿Estamos hablando de tú y Sasuke verdad? —Shikamaru no insistió en la pregunta cuando Hinata volvió a sonrojar—. Es cierto que tú y Sasuke son muy distintos, pero hay cosas en que se parecen. Intenta buscarlas y fortalece ese lazo que los une, digo, si quieres evitar terminar peleando con él todo el tiempo —el Nara suspiró un tanto cansado—. Esto es una opinión personal pero, si quieres que Sasuke se lleve bien contigo y ya no peleen más… Ignóralo. Las personas como Sasuke odian ser ignorados.
—Ino me dijo lo contrario…
—Ino es una chica, piensa que los hombres quieren que los persigan. La verdad, es al revés. A los hombres nos gusta perseguir a las mujeres. Es bastante problemático poder entender la forma en que nuestros cerebros funcionan pero es así —Puso sus manos atrás de su cuello y se reclinó contra el tronco—. Sasuke es orgulloso; saber que tú no lo seguirás más y que no lo consideras lo suficientemente importante como para tomarlo en cuenta, hará que pronto intente acercarse a ti.
Hinata lo escuchó gravando sus palabras en su mente. Si Shikamaru era reconocido como un genio y además era el único chūnin entre ellos aparte de Neji, se debía a que su mente trabajaba de forma distinta. Debía confiar en él y esa hermosa inteligencia.
Se sintió tan conmovida con su ayuda que hizo una profunda reverencia en su dirección.
—Muchas gracias Shikamaru-kun. Intentaré hacer lo que dices —si le decía que lo mejor que podía hacer era alejarse, tendría que hacerlo. El chico no podía estar tan equivocado al respecto.
Lo había intentado todo de cualquier forma.
Caminó los últimos metros que la separaban del resto de los equipos y llegó hacia el campamento de Neji observando las pequeñas dinámicas que se habían armado. Chouji se había unido a Gai y Lee dándoles instrucciones para el asado. Ino estaba lavando el arroz y preparando el agua caliente para cocinarlo. Tenten cortaba y picaba vegetales lanzándoles kunais, luciendo sus habilidades con todos los presentes. Neji lanzaba algunos troncos al fuego y lo soplaba con cuidado para que siguiera prendiendo. Todos ellos estaban trabajando en equipo para lograr algo y Hinata se sintió afortunada de poder formar parte de algo así.
—¿En qué puedo ayudar? —le preguntó a Tenten con bastante timidez.
—¿Por qué no pones los platos? —le pidió Ino con una sonrisa.
—Claro —respondió Hinata viendo la hilera de vajilla que había sobre la mesa.
Un poco después de eso llegó Kurenai junto a su equipo, trayendo una bandeja con peces (un tanto quemados). Kiba y Sakura seguían peleando uno con el otro, pero en cierto momento, Akamaru aulló y le movió la cola a Sakura provocando que ésta le hiciera cariño. En ese momento, Hinata notó que Kiba no la regañaba ni le decía comentarios desagradables. Más bien, la miraba con una sonrisa que se le hizo muy conocida. Era ternura.
Ese era su punto de encuentro. Por muy distintos que fuesen, había algo que los unía y ese era su cariño por Akamaru, el cuarto miembro del equipo.
¿Habría algo así entre ella y Sasuke?
—¡Oi Hinata! Déjame ayudarte —gritó Kiba de pronto pasando junto a Sakura sin prestarle más atención.
—Cla-claro Kiba-kun —dijo ella con una sonrisa pasándole algunos platos para que ambos pudieran ponerlos sobre la mesa.
—¿Cómo les fue hoy? —le preguntó el Inuzuka animadamente.
—Conseguimos bastantes zanahorias de energía —le respondió sintiéndose levemente culpable por ello.
—¿En serio? ¡Genial! —Kiba sonrió—. ¡Que suerte tiene Sasuke de tenerte como compañera! Sakura dijo una vez que sabes mucho sobre plantas medicinales y que el mejor cultivo de ellas está en el recinto del clan Hyūga.
—Cultivamos algunas —dijo ella con sencillez, sonrojando levemente.
—Tenemos casi todas las plantas de la lista en casa, pero no en las cantidades que se ha requerido —añadió Neji quien parecía estar escuchando la conversación.
—¡Eso es genial! Una vez Naruto me comentó que le diste una crema para cicatrizar que hace maravillas —dijo Kiba riendo—. ¡Yo también quiero una algún día, eh!
—No seas imperti…—comenzó Neji para ser callado por Tenten de un golpe en el brazo—. ¡Agh! ¿A que vino eso?
—Por supuesto Kiba-kun —le indicó Hinata sin darse cuenta del altercado entre su primo y Tenten—. Me encantaría prepararte una algún día.
El jabalí estuvo listo casi cerca de media noche. Los jōnin celebraron comiendo y bebiendo sake un tanto alejados de los chicos. Chouji se comió una pierna entera del jabalí mientras que los demás partían pedazos de lomo y otras partes tiernas. Luego por supuesto, Chouji atacó las costillas y casi todo lo que quedaba.
Shino no habló mucho durante la cena. Siguiendo su estilo reservado, se dedicó a comer en silencio observando que sus compañeros no se mataran entre sí y de vez en cuando interrumpió para decirles que dejaran de discutir mientras comían. Ino y Hinata se sentaron juntas, compartiendo las experiencias del día. Shikamaru apenas probó la comida, aduciendo que era demasiado problemático estar mascando la carne. Neji se sentó a la derecha de Hinata y se mantuvo siempre elegante, mascando con tranquilidad y aportando en la conversación de vez en cuando, sólo cuando era preciso. Tenten y Lee sirvieron bebidas de frutas y los bols con arroz, siempre entusiastas y riendo, a menos que Lee se pasara de la raya. En esas ocasiones la jovencita lo golpeaba con el mismo abanico de papel con que habían avivado el fuego.
Fue una cena grata, pero Hinata sintió la falta de Sasuke y más de una vez miró hacia los costados esperando que llegara. Sakura hacía lo mismo, preguntando de vez en cuando por él, consiguiendo respuestas evasivas de parte de Hinata.
La noche cerró cuando la competencia número cincuenta y tres entre Gai y Kakashi terminó, dando por vencedor a Kakashi como el que más podía resistir los efectos del sake y Gai cayó de frente sobre la mesa de madera. El equipo tres se tuvo que encargar de acostarlo mientras el resto comenzaba a despedirse para dormir.
Cuando Kakashi y Hinata volvieron a su campamento se encontraron con la sorpresa de que Sasuke estaba ahí, frente a las brasas del fuego, calentando lo que parecía ser uno de los bambu con comida que Hinata había preparado para el camino. Tanto ella como Kakashi lo observaron curiosos, pero nadie habló hasta que Kakashi se sentó junto a Sasuke.
—Hueles a sake —dijo el Uchiha arrugando la nariz.
—¿Ah sí?
—Sí.
Hinata pasó su mirada desde Sasuke a la canasta llena hasta el borde de zanahorias energéticas. Al menos lo había logrado.
La joven terminó suspirando y recordando las palabras de Shikamaru. Si él conocía mejor a los hombres que ella, entonces si tan sólo lo ignoraba Sasuke volvería a ser el mismo de antes. No era como si antes él hubiese sido el rey de la sociabilización, pero al menos se llevaban mejor y podían hablarse el uno al otro con confianza.
Sin mirar a Sasuke, entró a la tienda. Pondría en práctica el consejo de Shikamaru y esperaría lo mejor.
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Hinata venía actuando de forma extraña desde la noche anterior. Cuando lo vio frente al fuego ni si quiera se molestó en saludarlo ni en felicitarlo por su esfuerzo en reunir las zanahorias. Tampoco era como si esperase eso de ella, después de todo, su discusión en medio del prado no había sido nada ligera. Para cualquier persona con un mínimo de orgullo todo lo dicho habría sido suficiente para no volver a hablarle, pero Hinata era distinta. Ella y él mantenían ese tipo de relación en donde podía decirle lo que fuese que sintiera sin que ella se asustara o se alejara.
Aún así, esa actitud de ignorarlo le parecía de lo más infantil y patética.
La miró de reojo mientras cortaba Mandorasō. Hasta el momento la isla Nanakusa era un infierno y no el paraíso que Kakashi había descrito. Buscar esas pequeñas flores azuladas era difícil pues todas lucían de la misma forma. Sólo él quien había memorizado la imagen en el libro de hierbas de su biblioteca sabía con exactitud como diferenciarlas de las otras flores que crecían en la zona. No obstante, Hinata tenía un pequeño canastito lleno de ellas mientras que él apenas llevaba 10 cortadas.
—Sasuke-kun, ¿Cómo puedes diferenciarlas de estas otras? —preguntó Sakura quien había estado a su lado desde que salió del campamento, observando todo lo que hacía sin tomar las indirectas para irse.
—El sharingan. Las memoricé de un libro antes de venir —respondió intentando ser más civilizado.
—El sharingan es una habilidad tan asombrosa —dijo Sakura sonrojando, juntando sus manos en un gesto coqueto—. ¿Quieres agua?
—Está bien.
Sakura sacó rápidamente su cantimplora y la extendió hacia Sasuke quien se mojó un poco el rostro. El polen de las flores estaba haciendo que su nariz cosquilleara.
Hinata levantó el rostro y lo observó curiosa, no obstante, tan pronto vio que él la miraba de vuelta volvió a bajar su cara y a darle la espalda. Eso le molestó y mucho. Una cosa era ignorarlo y otra muy distinta era simplemente hacerle un desprecio como ese.
¿Quién se creía esa Hyuga para hacerle algo así? ¿Acaso ahora lo estaba desestimando como si fuese nada? —Maldita sea…— pensó irritado, sintiendo que su estómago se tensaba cada vez más.
—Sakura-san, si necesitas diferenciar las hierbas puedes hacerlo por el número de p-pétalos —dijo Hinata—. Las Mandorasō tienen seis, el resto cinco.
—Gracias Hinata —respondió Sakura un tanto a secas, omitiendo el "san" tal vez a propósito o por casualidad.
Sasuke volvió a sentirse ofendido por su pequeño comentario, como si él no estuviese presente y Sakura estuviese dirigiéndose hacia ella en vez de él.
—Que genial, llevas muchas reunidas Hinata —comentó Kiba suspirando—. Para mi nariz, todas estas flores huelen iguales.
—Eso es porque el polen de estas flores tienen una estructura molecular similar —le indicó Shino quien llevaba tantas flores cortadas como Hinata, al parecer sus insectos eran una gran ventaja cuando se trataba de rastrear—. Tu nariz es sensible al polen. Te da alergia. Eso hace de esta misión algo difícil para ti.
—Deja de ponerle excusas a su inutilidad —dijo Sasuke con media sonrisa—. Inuzuka podría encontrar las flores con los ojos al igual que todos nosotros. El problema es otro.
—Eres tan sabio Sasuke-kun… —dijo Sakura suspirando.
—¿Ah sí? ¿Y se puede saber cuál es el problema? —le preguntó Kiba un tanto molesto, haciendo que todos se detuvieran de cortar flores y los observaran mirarse con antipatía.
—Chicos, no es necesario que… —comenzó Sakura.
—El problema es —interrumpió Sasuke—, que tu cabeza no diferencia flores de seis o cinco pétalos. ¿Si quiera sabes contar de uno a cinco?
—Se contar de uno a cinco. Cinco dedos tiene mi puño. Los suficientes para darte vuelta la cara —respondió Kiba poniéndose de pie.
Sasuke lo imitó observándolo un tanto divertido. Venía ansiando poder darle una paliza a Kiba por mucho tiempo ya y le estaba dando la excusa perfecta para hacerlo. Qué bien se sentiría doblegarlo con un genjutsu o restringirlo a base de taijutsu, o quizás quemarlo o electrocutarlo con su ninjutsu. Las opciones eran varias y todas sonaban igual de tentadoras.
Kiba gruñó con rabia y uno de sus colmillos apareció levemente sobre su labio. Dio un paso adelante yendo hacia Sasuke quien activó el sharingan, cuando de pronto una mano lo detuvo con firmeza para que no siguiera avanzando.
—Kiba-kun, ¿Me podrías ayudar a buscar un lugar en el mapa? —le preguntó Hinata con la sonrisa más amable que le hubiese dedicado a nadie en ese lugar.
Hasta Sasuke se sintió extraño observándola sonreír así y el rubor en las mejillas de Kiba lo enfureció. Se sintió menoscabado por ello. Buscar cosas en mapas siempre había sido su trabajo cuando se trataba de teamwork. Hinata era los ojos, pero él siempre memorizaba los mapas.
—Hay una laguna y me gustaría mucho conocerla ahora que ya reuní suficientes Mandorasō por los dos. No es necesario que sigamos aquí. Va-vamos a divertirnos el resto del día Kiba-kun —le propuso con entusiasmo.
—¿En serio Hinata? —preguntó Kiba con una sonrisa—. ¡Genial! ¡Ya estaba harto de esto de cualquier forma! ¡Vamos a bañarnos en esa laguna tú y yo!
Tú… y… yo.
Las palabras hicieron eco en Sasuke, sobre todo por la forma en que ella asentía. ¿Desde cuándo lucía tan entusiasmada por bañarse con alguien más? Llevaban años entrenando cerca del río y ni si quiera una vez ella se había mostrado interesada en hacer algo así con él.
—Tenemos que volver al campamento cuando terminemos aquí Hyūga —dijo rápidamente, pero fue como si sus palabras se las llevara el viento, pues la joven no detuvo su andar ni volteó para mirarlo mientras Kiba sostenía el canasto con las pequeñas flores azules que había cortado—. ¡Te estoy hablando Hyūga!
Nada.
Ni una reacción de su parte. Era como si no lo hubiese escuchado o de haberlo hecho, ella… simplemente decidiera ignorarlo. Aquello era un insulto no sólo a su orgullo, sino a su equipo.
—¡Hyūga!
—Su nombre es Hinata —le dijo de pronto Kiba dando vuelta—. ¡Deja de tratarla como si fuese tu esclava o una completa desconocida! ¡Es tu compañera de equipo y se merece más respeto de tu parte!
—¿Tú me vas a hablar de respeto? ¿Es en serio? —le preguntó indicando a Sakura con el pulgar—. ¿Te das cuenta cómo tratas a tú compañera de equipo todo el tiempo? Está tan desesperada por la atención de alguien que se cuelga a mí todo el día. La insultas, le dices que todo lo que hace está mal y además te burlas de ella. No me vengas tú a hablar de respeto.
—Tal vez es cierto —admitió Kiba—. A veces se me va la mano con las bromas, o los insultos y las burlas, pero nunca lo hago con la intensión de herirla. Eso es lo que me diferencia de ti. Tus palabras están siempre dirigidas a Hinata para hacerle daño. Ella no se merece eso. Nadie se merece tener que soportarte. Y estoy seguro que si Naruto estuviese aquí, te daría una paliza cada vez que le faltas el respeto a una dama. Idiota.
Dicho esto y sin ánimo de comenzar una pelea, Kiba siguió caminando junto a Hinata hasta que se perdieron en medio de las hermosas praderas de la isla de las Siete Hierbas.
Sasuke mordió sus labios controlándose. Todo en él ardía con el deseo de patear a ese tarado lejos de su compañera de equipo. ¿Cuánto tiempo creía que soportaría que la estuviese engatusando con palabras galantes? ¿Acaso creía que él no se daba cuenta de lo que planeaba? Sin duda, quería quitarle a Hinata. La quería para él, sólo para él… y lo peor era que lo estaba consiguiendo.
Justo entonces, mientras la observaba alejarse con Kiba, Sasuke sintió lo que era la verdadera soledad.
Se parecía mucho a la sensación de ver las marcas de tiza sobre el piso de madera de su hogar y los restos de sangre en las vigas de cerezo. Ese silencio, ese absoluto silencio había sido desgarrador y algo se había roto para siempre dentro de él aquel día. Lo recordó a la perfección.
Fue entonces cuando comprendió que estaba totalmente solo.
Ya no estaba su madre, ni su padre, ni Itachi. No estaba la tía o el tío para darle un senbei en la mañana. No estaba Shisui-san, ni los chicos de la estación de policía. Él era el único que quedaba en Konoha que pudiese ocupar el emblema de los Uchiha en su espalda.
Y ahora, tampoco estaba Hinata con él. Nuevamente estaba solo. La diferencia era que esta vez, él mismo se había encargado de eso.
Sonrió con burla pensando que cada día que pasaba, se parecía más a Itachi.
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Kiba Inuzuka era un chico bastante energético. Adoraba a su mascota Akamaru, convivía pacientemente con Shino, le temía a muerte a su madre y a veces deseaba que Sakura hubiese sido un hombre para poder golpearla en esa enorme cabeza que tenía. Admiraba de corazón a Kurenai y su sueño era convertirse algún día en Hokage. Solía enaltecer sus habilidades pero no sin motivo, después de todo, era el shinobi más rápido en su rango de edad.
Hacía un tiempo venía notando —más precisamente desde el hanami— lo triste que se veían los ojos de Hinata. Por mucho tiempo pensó que lo que le faltaba era Naruto; no había que ser un genio para saber que a ella le agradaba el rubio más de la cuenta. No obstante, lo que había terminado descubriendo hacía mucho era que lo que realmente precisaba era un amigo, y eso es lo que había pretendido ser todo ese tiempo. Alguien que pudiera hacerla reír, contenerla cuando llorara o abrazarla cuando lo necesitara. Era raro que Hinata despertara algo así en él, pero no tenía una explicación más lógica a ello… A Akamaru le agradaba su olor y a él también. No había nada más que decir al respecto.
Por ello Kiba se había propuesto a sí mismo suplir las carencias que Sasuke dejaba en su vida. No lo hacía con la intensión de ganar algo, más bien, de poder cuidar de alguien que no parecía tener la fuerza para cuidarse por sí misma sin resultar herida en el proceso. En las manadas, el perro más fuerte cuidaba a los más débiles, supuso que su instinto le decía que debía hacer eso con Hinata.
Desde que salieron de Konoha rumbo al mar había notado ese mismo dolor en sus gestos, en su postura, en su tono de voz. Aquello lo entristecía, pues de verdad creía que Hinata era la chica más genial que conocía y no merecía estar triste todo el tiempo.
Había escuchado los rumores sobre ella y Sasuke, pero se negaba a creer que alguien como Hinata pudiese fijarse en alguien como él. De hecho, pensaba que era todo lo contrario. Sasuke parecía gustar de Hinata más de la cuenta y la rechazaba por lo mismo, lastimándola en el proceso.
Era un idiota por hacerlo.
Admiraba que alguien pudiese soportar a Sasuke e incluso llamarlo un amigo. Admiraba esa fortaleza en su carácter —a pesar de que algunos podrían haberlo considerado una debilidad—, sobre todo porque era la única chica de Konoha que él conocía que no caía rendida ante los pies del Uchiha, más bien, no lo veía de esa forma en lo absoluto. Eso la hacía merecedora de puntos extras en su libro de estimas.
—¿Sucede algo Kiba-kun? —le preguntó Hinata cuando se dio cuenta que la estaba mirando fijamente.
—Sólo pensaba lo difícil que debe ser lidiar con Sasuke todo el tiempo —respondió suspirando—. Si no hubiese sido por ti, creo que lo habría golpeado.
—Sé que Sasuke-kun es un poco difícil, pero es una buena persona —dijo bajando el rostro con algo de tristeza—. Ha pasado por cosas muy difíciles que lo han hecho adoptar esa actitud defensiva.
—Eres una experta defendiendo causas sin futuro —le respondió riendo.
—Sasuke-kun tiene un futuro. Yo me aseguraré de eso.
—¿Por qué? ¿Qué te hace preocuparte tanto de él? Te trata como si fueses basura —se cruzó de brazos un tanto molesto.
—Somos compañeros de equipo y además —Y luego la joven sonrió—, los amigos se preocupan unos por otros.
Y pareció no tener que decir más que eso para creer que su amistad por Sasuke era suficiente para poder asegurar un hermoso futuro para todos ellos.
No obstante, Kiba se preguntó si aquello sería suficiente para poder retener a una persona que no deseaba ser retenido. Si Sasuke no quería su amistad ¿podría forzarlo a ello?
