CAPÍTULO 31
SENTIMIENTOS INSOSTENIBLES
๑
๑
๑
Nunca pensé que encontraría
Alguien distinto como vos
Si fue difícil el encuentro
conocerte, conocerte fue un error
En tantas cosas yo te odio
Que me hace mal estar con vos
Quisiera tenerte muy lejos
Olvidarme, olvidarme de quien sos
Odio de vos tu sonrisa ganadora
Esos ojos verde cielo
Y tu forma de mirar
Odio de vos como se mueve tu boca
Lo que siento si me rozas
Lo que dices al hablar
Odio de vos que no te odio
Ni un poquito
Que me gustas y que ya no puedo más
Porque creo que te amo
Más que a nadie
Más que a todo
Yo te amo
Yo te amo
No te odio
๑
๑
๑
—Levanta más tu brazo cuando golpees Sasuke —dijo Kakashi.
Su contra ataque dejaba mucho que desear. Sasuke lo sabía. Hasta Kakashi podía notar que se estaba conteniendo de golpearla.
No siempre había sido así. Meses atrás opacaba el taijutsu de Hinata cuando ésta no utilizaba el puño suave. Si no tenía la velocidad para contrarrestarlo, el taijutsu se volvía inefectivo en contra del sharingan. Él podía predecir exactamente dónde y cómo se movería, ese era el legado del clan Uchiha que había recibido la noche en que Itachi asesinó a sus padres.
No obstante, desde el regreso de la Isla de las Siete Hierbas era como si cada vez que veía una oportunidad para neutralizar a Hinata, simplemente la dejara pasar. Aquello confundía a su maestro y también a sí mismo. No era el tipo de persona que tomase misericordia con su rival, fuese quien fuese.
Por otro lado, si él no subía el nivel al entrenar, ¿cómo esperaba que Hinata mejorara? Estaba haciendo que la chica no tuviese que llegar al límite y con ello sólo la perjudicaba, tanto o más que a él mismo. Si Hinata lo notaba, no decía nada, sólo lo miraba confundida cuando teniendo la oportunidad de causarle verdadero daño… no lo hacía.
—¿Sasuke-kun? —le preguntó Hinata saltando hacia un costado cuando éste falló en golpearla.
—¿Qué? —le respondió irritado intentando golpearla nuevamente, pero justo cuando su puño estuvo cerca del rostro de su compañera, se detuvo.
No podía golpearla en el rostro. No podía golpearla en ningún lado. No quería herirla.
¿Qué pasaba con él? ¿Por qué se estaba comportando como un pusilánime?
Hinata lo observó confundida y esos ojos que se mostraban llenos de duda hicieron que su estómago se llenara de cosquilleos molestos y que su aliento se detuviera en seco.
¿Por qué tenía que mirarlo así?
Terminó golpeando su talón con el pie, haciéndola caer sentada hacia atrás. Hinata emitió un leve sonido de dolor y cerró los ojos con fuerza esperando que viniera el golpe que no había llegado en todo ese tiempo, pero no fue así. Lentamente, sus párpados subieron y lo observaron con duda.
El pecho de Sasuke comenzó a agitarse sólo con eso.
—Creo que es suficiente por hoy —dijo Kakashi sin sacar su ojo visible del libro Icha Icha que leía—. Entrenaremos de nuevo cuando Sasuke quiera de verdad entrenar.
—¿De qué hablas? —preguntó, pero fue inútil.
Kakashi había desaparecido en una nube de humo.
Maldijo por lo bajo. Sabía que Kakashi notaba lo que le ocurría y lo veía como un problema. Y lo era. No podía estar sintiendo ese tipo de cosas por Hinata, no por ella. Eran compañeros de equipo eran amigos, era la persona más cercana a él en toda la Aldea. No podía simplemente ignorarla, pues estaban todo el día juntos. Pasaban la mayoría del tiempo alrededor del otro y si antes aquello no había sido un problema, ahora sí lo era. Lo que sentía solo empeoraba cada vez que ella le sonreía o lo miraba con esos hermosos ojos nacarados.
De pronto, notó que Hinata lo miraba fijamente, preocupada.
—¿Qué? —la cuestionó molesto.
—Tienes un corte en el brazo, debí golpearte con algún shuriken. Lo siento mucho —dijo ella con tristeza evitando mirarlo directamente a los ojos—. Lo sa-sanaré por ti Sasuke-kun.
—No es necesario. Es sólo un corte.
En otra ocasión, meses atrás, habría estado más que feliz de dejarla acercarse a él y tocarle los brazos con esas cremas que preparaba. Su tacto lo relajaba, le traía una cierta paz que pensó había perdido para siempre después de aquella noche en que todo había cambiado en su vida. La cercanía con su compañera lo hacía sentir calma y aquello era agradable.
Ahora la mera idea de tenerla cerca hacía que su corazón comenzara a latir más rápido y que se le apretara el pecho. Era humillante y no quería tener nada que ver con eso. Él era un Uchiha, no un tarado que se arrastraba por el afecto de los demás como Naruto. Él tenía su dignidad y una reputación que mantener. Su mente debió estar concentrada única y exclusivamente en Itachi, pero últimamente era como si un nuevo deseo estuviese remplazando al de venganza.
Era como si el dolor de perderlo todo se fuera disipando, haciéndolo olvidar.
Y no podía olvidar. Simplemente no podía.
—Al menos déjame revisarlo —insistió ella con una sonrisa.
—Dije que no es nada —respondió con dureza dándole la espalda.
—Está bien —la sonrisa desapareció—. Sa-Sasuke-kun… uhm… hay algo de lo que me gustaría hablarte.
—¿Qué? —le preguntó mientras se agachaba y comenzaba a recoger sus shurikens.
Esperó en silencio un tanto molesto que llegara la respuesta de parte de su compañera, pero las palabras no llegaron. Una hoja seca cayó en su regazo lo cual lo hizo despertar de su molestia, volteándose sobre el hombro para observarla indiferentemente.
—¿Hice algo que te molestara? —lo cuestionó finalmente cuando Sasuke fijó su mirada en ella.
—¿Por qué preguntas eso? —los ojos del Uchiha se afilaron.
—Pensé que todo había vuelto a la normalidad p-pero… desde que volvimos de la isla… —Hinata comenzó a jugar con sus dedos, un hábito que antes había odiado, pero que ahora le provocaban deseos de sonreír—. Hmm… cuando entrenamos, e-es como si…
—¿Como si qué? —preguntó levantando una ceja.
—Te molestara entrenar contigo.
—Es porque eres un gran fastidio —respondió en tono de broma, dándose la vuelta intentando cambiar el tema lo más rápidamente posible—. Si me molestara entrenar contigo, simplemente no entrenaríamos juntos —suspiró cansado—. Vamos a comer algo.
—¿Almorzar? —lo cuestionó ella un tanto sorprendida.
—Sí —afirmó Sasuke poniéndose de pie y echándose la mochila sobre la espalda.
—Nunca almorzamos.
Y no lo hacían. En su apuro por salir de aquel aprieto olvidó ese pequeño detalle. Como mucho comían alguna fruta hasta que anocheciera y entonces elegían donde comer. Entrenaban todo el día juntos sin detenerse, básicamente porque él tomaba las riendas de qué era lo que debían o no hacer.
—Escuchaste a Kakashi, se acabó el entrenamiento por hoy —dijo Sasuke mirándola con severidad—. Podemos ir a ver si hay alguna misión que realizar o ir a…
—P-pero, ¿Por qué no entrenaremos los dos solos como lo hacemos siempre? —preguntó confundida.
—¿Quieres seguir entrenando —solos… solos… solos… la mera idea lo ponía nervioso— solos?
—Sí. Necesito mejorar mi velocidad —respondió Hinata suspirando con tristeza y tomándose los tobillos que aún permanecían anclados con pesas—. Es la única forma de que pronto pueda crear mi propia técnica y comenzar a alcanzarte en taijutsu. Además desde que...
Ahí estaba. Nuevamente esa presión en su pecho y el estómago dándole vueltas ante la idea de quedarse a solas con ella. Dejaba de escuchar lo que decía y se ponía tan nervioso que terminaba actuando de manera hostil hacia Hinata.
Cuando entrenaban juntos no la dejaba acercarse más de la cuenta y si lo tocaba reaccionaba como si estuviese cerca de fuego, alejándose lo más rápido posible en vez de contra atacar. Aquello hacía de sus entrenamientos algo inútil, pues parecía un juego de esquivarla más que una práctica entre dos shinobis. Ese juego con Hinata se estaba volviendo algo peligroso para él y lo odiaba. No deseaba sentirse así.
—Este viento es un fastidio —dijo cuándo una ráfaga de brisa hizo que las hojas que tapizaban el suelo se levantaran.
Sinceramente no había escuchado ni la mitad de lo dicho por su compañera, pero esperaba que ella no se diera cuenta de aquello. La idea de estar a solas con ella lo ponía de mal humor, pues sabía de antemano cómo irían las cosas. Algo similar a la vergüenza lo invadía.
No obstante, una mancha verde apareció frente a ambos salida de la nada. Pronto notó que era el irritante discípulo de Gai. En otras ocasiones habría reaccionado de mala forma, maldiciendo su suerte por tener que encontrarse con un personaje tan ridículo como ese, pero ahora de verdad agradecía a los dioses shinobis que Lee hubiese aparecido a sacarlo de la situación incómoda en que se había metido.
—Hola Sasuke-kun, Hinata-san —los saludó con una gran sonrisa.
—Lee-san, buenas tardes — dijo Hinata haciendo una leve reverencia.
—Lee —lo saludó a secas Sasuke.
—Neji y Tenten han sido asignados este día a servicios en la Academia, por lo tanto Tsunade-sama me ha puesto a trabajar con ustedes en una misión.
—¿De qué se trata? —Sasuke sólo pedía que no fuese barrer hojas. Habían estado al menos tres días barriendo las hojas secas del parque de Konoha cerca del sector diecinueve de entrenamiento.
—Recolectaremos Matsutake.
—¿Es en serio? —preguntó el Uchiha; su humor empeorada por minuto, ¿acaso Tsunade no se cansaba de mandarlos en misiones ridículas?
—Por supuesto que lo es Sasuke-kun —respondió Lee alzando los puños—. ¡Demos nuestro máximo esfuerzo!
—No creo que sea necesario esforzarse mucho para conseguir hongos —dijo sintiéndose cansado de esas tontas misiones. ¿Cuándo tendrían una misión de verdad?
—Por el contrario —respondió Lee con seriedad—. Es un trabajo que el señor Feudal del país del Fuego nos ha encomendado —El joven estiró el pergamino en que se encontraba escrita la misión con detalles y Sasuke notó que aparecía una "A" en la parte superior—. Es una misión muy importante para la aldea.
—Pero somos genin, ¿por qué nos darían esta misión a nosotros? —preguntó Hinata un tanto confundida.
—Tsunade-sama confía en nosotros —respondió Lee con lágrimas en los ojos.
—Esa no puede ser la razón —respondió Sasuke. Tenía claro que Tsunade lo odiaba.
—Dijo que esta misión sería difícil y que confiaba en que podríamos lograrla.
—¿Recolectar hongos es difícil? —preguntó sonriendo confiado.
—Tal vez lo sea —respondió Hinata—. Todos están buscando matsutake en esta época. Son deliciosos.
—Van muy bien con el curry —agregó Lee.
—Son sólo hongos de cualquier forma —dijo Sasuke rodando los ojos ante los comentarios de Hinata y Lee—. Remover un poco las hojas bastará para encontrar suficientes.
—Ha habido una escases de matsutake esta época —explicó Lee a las dudas de Sasuke—. Muchos traficantes de hierbas y delicadeces han estado merodeando Konoha buscando estos deliciosos hongos. Seguramente nos encontremos con peligros sin igual y podamos ser atacados mientras buscamos.
Sasuke se imaginó a un vendedor de hongos anciano intentando luchar contra él. La mera idea le pareció tan ridícula que negó con el rostro tomándose la frente. Los recolectores de hongos no eran shinobis como ellos e incluso si estuviesen armados no serían un peligro para tres genin de su rango de expertise.
—¡Andando! —gritó Lee saltando sobre las ramas de un árbol.
Sasuke y Hinata lo siguieron.
No obstante, la búsqueda del famoso hongo que requería el señor feudal se vio poco fructífera a pesar de que rastrillaron la zona continua alrededor de los bosques de Konoha por alrededor de un kilómetro. Vieron gente que también buscaban hongos con sus canastos a la espalda, pero ninguno parecía tener mejor suerte que ellos.
Aquello irritó a Sasuke quien cada vez que Lee decía sentir estar cerca de un hongo deseaba golpearlo en su horrible cara.
—No te frustres Sasuke-kun… —dijo Hinata al notar su mueca al remover hojas y no encontrar nada—. Es la época. La mayoría de la aldea busca estos hongos. Los restaurantes cobran bastante caro por platillos de otoño.
—Toda la tarde buscando y apenas llevamos cuatro. Cuatro miserables hongos.
—Encontraremos más. Sólo debemos tener paciencia —dijo sonriéndole y poniendo una mano en su hombro con delicadeza.
La observó por un segundo con deseos de sonreírle de vuelta, sólo para terminar empujando su brazo, dándole la espalda y agachándose pretendiendo que buscaba hongos. Aquella mano en su hombro había sido como fuego y todo su cuerpo sintió un escalofrío irritante que no deseaba volver a experimentar.
Su cabellera tapó sus mejillas un tanto sonrojadas y agradeció que ni Lee ni Hinata se hubiesen dado cuenta de la vergüenza que le causaba la cercanía con su compañera. En realidad, estaba escondiéndose y lo sabía. Estar cerca de ella le producía algo que no podría haber descrito con palabras. Sus manos cosquilleaban, su estómago se llenaba de algo que le provocaba pesar y su pecho se oprimía. Sabía que esos sentimientos no se irían así como así a menos que hiciera algo al respecto y no podía ser cualquier cosa. Tal vez… si le decía como se sentía podrían solucionarlo… si eran compañeros y aquello se estaba volviendo un problema, quizás Hinata lo ayudaría.
No obstante, no podía hacerlo. La idea de que Hinata supiera que estar cerca de ella le causaba escalofríos era insoportable. Él no era el tipo de persona que se dejase llevar por cosas así, de hecho, consideraba patéticos a aquellos que le daban tanta importancia a esos temas. Una persona no necesitaba de otra para seguir adelante, quería creer en eso, a pesar de que los años le habían demostrado que eso no era del todo cierto. Él sabía que necesitaba a Hinata y que sin ella su vida no sería la misma. La deseaba cerca y saberlo lo hacía alejarla. Se suponía que no debía necesitar nada ni nadie más que a sí mismo.
Se sintió completamente frustrado y aquello lo hizo golpear el suelo haciendo que Hinata levantara el rostro desde su posición unos metros más allá de él.
—¿Encontraste algo? —le preguntó optimista.
—Hinata —dijo lentamente—. ¿Qué harás cuando vuelta Naruto? —la cuestionó mirando hacia adelante sin verla.
—¿Q-Qué?
—Naruto. Te pregunté qué harás.
Por unos instantes no hubo respuesta. Hinata lo observó dudosa y con las mejillas sonrojadas, confundida de que de la nada Sasuke le estuviese preguntando algo que era tan personal para ella. Sasuke lo notó y terminó suspirando para negar con el rostro.
—Olvídalo —dijo, adivinando la respuesta. Ella amaba a Naruto y aquello no cambiaría—. No tiene importancia.
—¿Por qué me preguntas eso?
—Estoy aburrido —respondió de lo más casual levantando los hombros.
Estaba aburrido. Estaba aburrido de sentirse siempre en segundo lugar. Estaba aburrido de ese miedo constante en su estómago de pensar en el futuro. Sabía que verla con alguien más lo haría perder la cordura y de sólo pensarlo un nudo se formaba en su garganta. De por si verla con Kiba le causaba… celos. Imaginarla tomada de la mano con Naruto caminando por la aldea mientras que él los observaba, solo, lo hacía sentir un amargor en la boca que no pensó experimentar.
Era parecida a la sensación que sentía cuando pensaba en Itachi.
—¡Chicos! ¡Encontré otro! —gritó Lee.
—¡Asombroso Lee-san! —dijo Hinata entusiasmada.
Sasuke los observó a la distancia, sintiéndose cada vez más solo en su propio mundo.
๑
๑
๑
Por lo general sus comidas eran silenciosas. Sasuke siempre parecía concentrado en sus propias cosas y ella por su parte no intentaba hablarle más de la cuenta. Era un trato que habían hecho desde los primeros momentos en que su equipo se formó para de ese modo no estorbarse mutuamente. Él no la ponía nerviosa, ella no lo irritaba con palabras innecesarias. Ese era el acuerdo tácito al que habían llegado después de años juntos.
No obstante, mientras asaban los pequeños trozos de carne sobre la parrilla, Hinata notó que Sasuke la miraba fijamente con rostro de pocos amigos. Aquello la hizo esconderse entre sus hombros, incómoda, preguntándose qué era lo que pasaba para que luciera tan enojado con ella. Por lo que recordaba no había hecho nada para molestarlo últimamente.
—Fue divertido trabajar con Lee-san hoy —dijo ella mirando hacia un costado cuando la presión de esa mirada escrutiñadora fue insostenible.
—Fue insoportable —por un momento, Hinata no supo si se refería a la misión en sí o a Lee.
—No fue tan malo —le indicó levantando los hombros—. Conseguimos veinticinco hongos y eso pareció completar la cuota que pidió el señor Feudal.
Se quedaron en silencio nuevamente como si el tema estuviese zanjado.
Sasuke la miró con fijeza de nuevo. Sus ojos negros penetraban sus orbes nacaradas, haciéndola sentir cada vez más pequeña. Los ojos del Uchiha se afilaron incluso más lo cual la hizo tragar saliva disimuladamente. Hacía muchísimo tiempo su compañero no la ponía tan nerviosa, quizás desde la época en que estaban en la Academia.
El joven afinó la mirada mientras llevaba un pedazo de carne a su boca.
No quería preguntarle si sucedía algo. Venía haciéndolo con mucha frecuencia ya y sabía, pues él se lo había dicho, que disfrutaba de comer en silencio. No obstante, por algún motivo ese silencio era incómodo, lo cual nunca le había sucedido antes con Sasuke. Su mirada era aterradora, casi amenazante, como si estuviese a punto de atacarla o decirle algo realmente importante, algo que lo ponía hostil hacia ella.
—Hinata —dijo de pronto.
—¿Sí? —le preguntó ella escondiendo su boca atrás de su puño, respingando en la silla.
—Yo-yo quería decirte que, bueno hace algún tiempo hay algo que me molesta y… ¡y prefiero decirlo sin más rodeos y terminar con este asunto! —exclamó fuertemente cerrando los ojos.
Hinata juntó las cejas esperando que terminara la idea, pero por algún motivo Sasuke parecía como si no tuviese muy claro cómo abordar el tema que quería hablarle desde la tarde
—Yo… Hinata… Yo… —Hinata tragó saliva asustada, pero de pronto las facciones de Sasuke se relajaron levemente y negó con el rostro—. Estoy harto de ser genin y seguir con estas estúpidas misiones —dijo con más calma—. Cuándo ese perdedor vuelva, ¿querrás hacer el examen chūnin, no? —dijo de forma un tanto rápida—. Digo, es molesto que no lo quieras hacer sin él. Cuando vuelva ya no tendrás más excusas.
—Claro Sasuke-kun, haremos el examen cuando Naruto-kun vuelva —dijo ella con una sonrisa, tomando el collar que colgaba en su pecho—. Los tres seremos chūnin juntos.
Los ojos de Sasuke bajaron al lugar en que su mano sostenía el collar del primer Hokage, chasqueando irritado.
—Deja de soñar despierta Hyūga. Seguramente cuando Naruto vuelva siga enamorado de Sakura —miró su plato de comida con una mueca, su voz sonaba gélida y sus expresiones se volvieron vacías—. Olvídate de él de una vez. Sólo te hará sufrir seguir con esas estúpidas ideas.
—No me importa si sigue gustando de Haruno-san —dijo sonriendo tímidamente—. Si ella lo hace feliz… yo seré feliz.
—¿Por qué? —le preguntó él—. A ella ni si quiera le importa Naruto.
Hinata negó con el rostro, su sonrisa intacta, aunque sus mejillas tomaron un adorable color rosa.
—No es una competencia —dijo con un leve toque de humildad—. Sólo quiero que Naruto-kun sea feliz…
—Ya entendí —exclamó golpeando la mesa con su vaso de agua—. No tienes que darme un discurso sobre lo hermoso que es lo que sientes por Naruto —dijo sacando su billetera, poniendo dinero sobre la mesa y parándose.
—No hemos terminado de comer —le dijo avergonzada al ver que la mayoría de los presentes observaba en su dirección.
—Por algún motivo perdí el apetito —dijo irritado, comenzando a caminar hacia la puerta
—Pensé que caminaríamos juntos a nuestras casas y…
—Hn. Pensaste mal.
Y ahí quedó Hinata comiendo sola.
Observó por la ventana como Sasuke se encaminaba lejos del restaurante marchando por las calles iluminadas de la ciudad. La brisa movía su cabellera negra y lo hacía lucir más solitario de lo que normalmente lucía.
Sintió lastima por él. A veces realmente deseaba poder comprender qué era lo que pasaba por la mente del Uchiha, pero no podía hacerlo. No siempre estaba facultada para poder comprenderlo y en ese sentido le fallaba como compañera. Bebió un último sorbo de agua, puso dinero sobre la mesa y se puso de pie para retirarse a su propio hogar.
๑
๑
๑
Kakashi Hatake era una persona bastante difícil de impresionar. Había visto muchas cosas en su vida que habían hecho que su carácter se volviera pasivo e inconmovible. Presenciar la muerte de sus dos mejores amigos le había hecho comprender lo que significaba ser un shinobi y en cierto punto dejó de importarse con los demás y se enfocó en poder sobrellevar su propia soledad de la mejor manera posible. No le importaba lo que pensara el resto si lo veían por la aldea vagando, ni le interesaba lo que opinaran si lo veían leyendo libros adultos por doquier. Intentaba siempre hacer el mínimo y dejar de preocuparse demasiado por todo. La vida era demasiado corta para un shonobi como para estar estresándose por cualquier cosa.
Definitivamente, era difícil sorprenderlo.
Por lo mismo, ver a Sasuke parado afuera de la puerta de su departamento lo extrañó, pero no lo sorprendió del todo. Incluso tenía la leve sospecha de qué se trataba todo eso.
Entrenar a Hinata y Sasuke había sido más difícil esos últimos días. El otoño había caído sobre ellos y sus discípulos se comportaban de forma extraña el uno con el otro. Mejor dicho, Sasuke se comportaba de forma extraña. No dejaba que Hinata lo sanara al finalizar sus sesiones, ni que ella se le acercara demasiado. No parecía estar completamente enfocado cuando hacían duelos entre ellos y en más de una ocasión Hinata le dio un golpe certero en el pecho, brazo o abdomen porque Sasuke estaba distraído con algo más.
Kakashi llevaba conociéndolo demasiado tiempo. Sabía que todo eso se debía a que Sasuke estaba enfocado en algo más cuando entrenaba con ella. Muchas veces lo observó disminuyendo su propia fuerza para no dañarla o enfocándose en su boca cuando hablaba. Había una cierta suavidad entre ellos que antes no había estado ahí y que Kakashi sabía daría problemas.
En cambio a veces, sobre todo cuando Hinata parecía decir algo que le molestaba —generalmente sobre Naruto— la golpeaba con fuerza opacando por completo las habilidades que la joven había adquirido en esos meses.
Todo estaba claro para Kakashi. Su discípulo había generado sentimientos hacia su compañera de equipo y no sabía cómo actuar debido a eso, cómo deshacerse de ellos o si quiera cómo poder tratarla. Sabía de buena fuente que habían estado intercambiando saliva y nadie le sacaba eso de la cabeza. A veces veía a Sasuke y la manera tonta en que veía embobado a Hinata le recordaba la misma forma estúpida en que Obito observaba a Rin. Los Uchiha tenían serias dificultades para expresar sus sentimientos.
—Te he estado esperando horas Kakashi —dijo Sasuke poniéndose de pie.
—No deberías estar en la calle tan tarde —le recriminó—. Si es por lo del entrenamiento de mañana…
—No. No es eso —le dijo cortándolo en seco mientras caminaba hacia él—. Vengo a cobrar tú promesa.
Kakashi no recordaba haberle prometido nada últimamente. Se rascó la cabeza pensando que quizás tendría que invitarlo a comer o algo así, pero se había gastado todo el pago del mes en libros Icha Icha. De alguna forma tendría que deshacerse de esa promesa si se trataba de algo relacionado con dinero.
—¿Qué fue lo que prometí? —le preguntó riendo suavemente, nervioso—. No recuerdo.
—En la isla de las Siete Hierbas dijiste que me entrenarías; un entrenamiento especial.
—Y lo haré. Apenas tenga tiempo te enseñaré…
—Bien. Eso era lo que quería escuchar —lo interrumpió sacando un pergamino de su portakunai y estirándolo justo frente a Kakashi. Era una especie de Mapa con un gran Kanji en medio—. Quiero que me lleves a este lugar a aprender kenjutsu.
—¿Al país del Hierro? —subió una ceja creyendo que Sasuke finalmente se había vuelto loco.
—Sí. Deseo ir allá.
—No necesitamos ir tan lejos si es kenjutsu lo que deseas aprender. Yo soy bastante bueno con el uso de la espada.
—No estás entendiendo Kakashi. Quiero ir al País del Hierro. Quiero que un samurái me enseñe el arte de la espada. Ellos son los mejores —Sasuke hablaba rápido, agitado, desesperado. Era como si lo único que quisiera era alejarse de Konoha—. Itachi dejó esa espada ahí por un motivo. Ellos me lo dirán.
—Sasuke, no estoy seguro que pueda irme el tiempo suficiente contigo hacia…
—¡Naruto tiene un maestro todo el tiempo con él y está recorriendo el mundo aprendiendo nuevos jutsus! ¡Exijo lo mismo de ti! —le gritó con rabia—. ¡Eres mi maestro, Kakashi! Si no me llevas tú, iré solo.
Entonces se dio cuenta. No tenía nada que ver con el kenjutsu.
Sasuke quería irse de Konoha.
Había algo en la ciudad que lo asustaba lo suficiente como para querer irse de ahí y no requería ser el genio que era para darse cuenta de qué se trataba todo aquello. Quería huir de lo que sentía por su compañera de equipo. Quería escaparse de aquella situación que lo venía acongojando por tanto tiempo, meses ya. Deseaba alejarse de Hinata y poder enfocarse completamente en mejorarse a sí mismo para poder hacerle frente a Itachi.
Si no lo llevaba él, Sasuke se iría por su cuenta de cualquier forma. Así era su discípulo. Tenía que tomar una decisión rápida o terminaría perdiéndolo. Lo sabía, pues en muchos sentidos Sasuke le recordaba a sí mismo cuando era un niño estúpido que creía que podía hacer todo por sí mismo sin nunca depender del resto.
—Haré lo posible por llevarte —dijo suspirando.
—Eso era lo que quería escuchar.
El Uchiha se dio la vuelta y comenzó a alejarse de la entrada del complejo de departamentos.
Kakashi metió sus manos en el bolsillo y lo observó un segundo preguntándose cuando sería el día en que Sasuke aceptara que no podía ir solo por la vida y abrazara ese sentimiento que lo unía a otras personas. El deseo de venganza lo estaba ahogando en vida y ahora, lo hacía escapar de la única persona que podría traerlo de vuelta de esa oscuridad en la que se estaba sumergiendo cada vez más con el transcurso del tiempo.
—Sea lo que sea de lo que quieres escapar —dijo Kakashi—. Sólo empeorará con la distancia.
—Ya veremos eso —respondió Sasuke sin detenerse.
