CAPÍTULO 36

Festival de las Estrellas (Parte 2)

El banco del río celestial es un lugar solitario en el cual esperar…
Pero la espera vale la pena por ese único día en el año en el cual tomas mi mano.

¡Por aquí!¡Pasen!¡Pasen! ¡Compren sus entradas! ¡Estamos casi agotados! ―gritaba Konohamaru parado sobre una caja, junto a Moegi y Udon― ¡Presencien el amor de Orihime y Hiroboshi en la noche de los siete! ¡Con la actuación especial de Konohamaru, el futuro Hokage! ¡Entren! ¡Entren al evento más anticipado de la temporada!

Perosi sólo somos extras en la obra, Konohamaru-kun dijo Udon, aspirando el moco que caía por su mejilla.

¡Por eso dije "participación especial"!

Sasuke los observaba desde lejos, sentado afuera del anfiteatro, esperando que diera la hora para que comenzara esa estúpida obra. Estaba vestido con un simple kimono negro de ceremonia, sandalias que hacían juego y su katana a un lado. Aún así, comparado con el resto del elenco, seguramente se veía fuera de lugar y nadie habría adivinado ni en un millón de años que era uno de los actores, mucho menos una urraca.

Contemplar al escandaloso nieto del tercero le recordaba extrañamente a Naruto y aquello lo hizo bufar con algo de gracia, pero al mismo tiempo, pesar. Le hubiese gustado saber el paradero de su amigo, pero ni si quiera cuando salió del país en dirección al País del Hierro tuvo noticias del perdedor. Al parecer su ubicación era uno de los secretos mejor guardados de la aldea y que no hubiese escrito o mandado noticias lo hacía preguntarse si estaría bien. Naruto podía ser muy descuidado y despistado, pero no era desconsiderado.

Sacudió entonces el rostro, desechando su preocupación. Por supuesto que estaría bien. De seguro volvería a la aldea y lo primero que haría sería ir en su búsqueda para ver cuánto había avanzado durante su ausencia y si valía la pena retarlo a un duelo en el cual se definiera cuál de los dos era más fuerte después de esos años... –Y por supuesto, lo ganaré– . Sonrió levemente, sintiendo menos pesar.

No obstante, pronto su sensación de alivio pareció extinguirse y la sombra volvió a cubrirlo. Si Naruto volvía, las cosas no serían igual que antes. Ya no eran niños. Ya no podían ir por ahí haciendo estupideces y creyendo que nada tenía consecuencia ni riesgos. Ahora había mucho que perder y bastante poco por ganar. Sobre todo cuando se trataba de…

Sacudió el rostro, negándose a pensar en ello. Enfocó nuevamente la mirada en Konohamaru y sus amigos. La imagen de esos niños comportándose de modo tan infantil lo distraía, aunque fuese un poco, y hacía que su mente se alejara de todo lo que estaba pasando por su cabeza en ese momento y lo miserable que se sentía.

Miserablemente solo.

Era una noche de Tanabata, una velada mágica y especial, en donde todos pedían deseos y observaban las estrellas en el cielo, Altair y Vega, unirse. Si las personas tenían suerte, podían pasar ese día en familia, o junto a sus seres queridos, colgando papeles de múltiples colores en todas las calles, desde las hermosas grullas hasta el más simple farol. Y lo mejor, era poder escribir el deseo más preciado y colgarlo en las ramas de un bambú.

Y mientras todos estaban ahí divirtiéndose junto a sus familias, compartiendo ese momento, nadie acompañaba a Sasuke; nadie lo haría. No sólo eso, la única persona que quizás comprendería lo solo que se sentía ya que también había crecido de esa manera, no se encontraba en la Villa, sino que tal vez a cientos o miles de kilómetros de distancia.

Para empeorarlo todo -como si ya las cosas no fuesen suficientemente malas- tenía que ir a humillarse a esa tonta obra, dejar su orgullo de lado y observar como la única jovencita a quien lograba tolerar se besaba con un idiota que seguramente tenía el rostro lleno de orina de perro y baba.

Kiba… -pensó mientras apretaba el puño en la vaina de su chokuto, pensando que tal vez podría asesinarlo y nadie se enteraría.

La verdad, Sasuke parecía un alma en pena, sobre todo por lo blanca de su piel y el contraste con la ropa negra que portaba. Tenía ligeras marcas oscuras bajo sus ojos producto de la privación de sueño experimentada los últimos días y sus pómulos resaltaban levemente debido al cambio que su rostro estaba experimentando con el paso del tiempo y los centímetros que ganaba en porte.

Al menos no estaba vestido como un completo idiota.

No, sólo me siento como uno ―pensó riendo en voz baja.

Ino había sugerido que él y Shikamaru se vistieran con una especie de disfraz que había confeccionado para ellos, con plumas y una máscara con un largo pico anaranjado, haciéndolos lucir como dos pelotas de plumas que representaban cuervos. Su respuesta fue clara entonces; él arreglaría algo más adecuado para la ocasión. No dejaría que lo último que le quedaba de dignidad fuese arrebatado por Ino Yamanaka.

Una campanilla colgaba sobre él, tintineando por culpa de la brisa del anochecer. Sobre ella había ramas de bambu con múltiples hojas de colores amarradas a ellas. Se preguntó entonces qué podría él escribir en una hoja de bambú si hubiese sido creyente en ese tipo de cosas. Y a pesar de que lo primero que vino a su mente fue el recuerdo de su familia, también, en un rincón de su cabeza y su pecho, había algo mas… algo que no valía la pena pensar en ese instante.

Ya basta ―se dijo a sí mismo en sus pensamientos, molesto, sintiendo que la oscuridad del atardecer se volvía incluso más intenso a su alrededor, como si estuviese cayendo en un vacío del cual jamás podría salir― Patético. Sólo deberías estar pensando en matar a Itachi. El resto es una distracción. El resto estorba.

Sentía un tanto de frío, pero nada que fuese incómodo. Quizás el frío que sentía era de otro tipo, algo así parecido a la resignación o tal vez la aceptación tácita de que estaba perdido. Solo, perdido y sintiéndose miserable, como si el mundo hubiese confabulado para arruinar su vida en todos los aspectos posibles.

Suspiró entonces. Como si se rindiera. Como si por primera vez en toda la noche se permitiera pensarlo.

Para alguien que lo había perdido todo en cierto momento en su vida, finalmente encontrar a alguien como ella, era… como ahogarse en vida para ser rescatado justo antes de desfallecer. Pero aún así, permanecer sumergido, sin poder respirar, aterrado de que la mano de esa persona lo soltase mientras emergía a la superficie.

Y precisamente se sentía así.

A veces el miedo lo paralizaba y lo hacía sentir frustración. Se avergonzaba, se ofuscaba, quería gritar o quizás correr. Sentía celos de ella, sentía que no podía seguir sin ella, sentía que si alguien la miraba enloquecería; su sonrisa le traía calma y su tristeza odio… furia. Deseaba herirla cuando no podía alcanzarla. Deseaba golpearla cuando no quería escucharlo. Deseaba desgarrar a Naruto por no haber visto en ella lo mismo que él, pero al mismo tiempo se sentía aliviado de que así fuese pues la idea de que ella y Naruto estuviesen en un mismo lugar, sabiendo lo que ella sentía por él…

No. Ni si quiera podía pensarlo. No en ese momento. Porque si lo pensaba rompería algo, quebraría cualquier cosa, heriría a alguien. No podía perder la compostura. Su orgullo se lo impedía.

Odiaba ser débil. Odiaba a Hinata. Se había prometido a sí mismo nunca más ser como el miserable niño que dejó que sus padres murieran sin hacer nada aparte de llorar y ahí estaba sintiéndose de esa forma en que el pecho se le apretaba sólo ante la idea de los labios de Kiba posándose sobre los de ella. Si alguien debía besarla para esa estúpida obra, no podía ser precisamente el Inuzuka sino que alguien mejor, que no tuviera pulgas, ni pesara 100 kilos, ni tampoco que pensara que las nubes eran maravillosas o que se apasionara por insectos que se arrastraban por todo su cuerpo. Debía ser alguien mejor… alguien como…

No podía pensarlo. No podía. No se le ocurría nadie en toda esa maldita aldea que mereciera a Hinata y la manera en que hacía sentir a todos a quienes su presencia alcanzaba.

Sí, definitivamente, estaba perdido. Finalmente había llegado al nivel más bajo que podía llegar. Estaba actuando como lo hacía el Uzumaki en la Academia, perdidamente enamorado de Sakura Haruno, quien ni si quiera sabía que existía. Así actuaba… así actuaba….

Él

Él… estaba…

Perdidamente enamorado.

¿Es eso? ―pensó un momento cuando ya nada más parecía hacer sentido.

Era la única explicación a la cual podía llegar, pues estaba celoso y todo en él dolía y el deseo de ir por ella y alejarla de esa estupidez era tan grande que lo hacía temblar. Pero, ¿Cómo era posible que algo así le hubiese ocurrido? Lo único que sabía del amor era como vivir sin él.

Fue entonces que escuchó ruido y gritos provenientes desde el anfiteatro y tuvo que dejar esa idea para otra ocasión.

Dejó caer el libreto a su costado con un suspiro en que se le fue el alma. Había estado practicando hasta ese minuto mientras terminaba de arreglarse, pero ya no parecía tener sentido seguir esforzándose cuando todo a su alrededor estaba ―Arruinado. Pensó mientras tragaba saliva e intentaba controlar las emociones que afloraban en ella.

Las cuentas aún titilaban por el movimiento que había realizado para ver qué era lo que había ocurrido atrás del telón que había tanto alboroto y gritos. Hubiese deseado nunca haber abierto la cortina para encontrarse con semejante escena, pero ya no había caso en intentar negarlo o retroceder.

El escenario estaba destrozado, las hermosas decoraciones hechas añicos y las vestimentas del elenco desgarradas, mientras Tenten y Neji intentaban sujetar a Rock Lee, quien pedía con su voz arrastrándose que lo soltaran porque quería demostrarle a Neji que también era un genio. A sus pies estaban rotos los faroles de papel que habían hecho, la tela que habían pintado con estrellas estaba partida en cuatro en el suelo, las cuentas del disfraz de Ino y Sakura por el suelo y las plumas negras del disfraz de Shikamaru aún flotaban en el aire cayendo con lentitud.

No podía si quiera imaginar qué había ocurrido para que semejante catástrofe ocurriera.

―¿Qué sucedió? ―preguntó incrédula y horrorizada, sin poder aceptar aún que el esfuerzo de tantos días estuviese en ruinas.

―El pastel que compramos… tenía… las cerezas ―intentaba decir Tenten mientras contenía a Lee junto a Neji. Shikamaru estaba utilizando su jutsu de sombras, y aun así temblaba para mantenerlo en su lugar.

―¡Ino! ―gritó entonces el Nara, al ver que no podría sujetarlo por mucho tiempo más.

―Entendido ―dijo la rubia juntando las manos para ocupar el cuerpo de Lee.

El jutsu de control de mente fue exitoso e Ino cayó inmóvil hacia atrás. Sakura, quien estaba en esa posición, alcanzó a sostenerla para que no terminara contra el suelo. Observó con preocupación a su amiga para luego levantar el rostro, el cual palideció.

―¡Kiba! ―gritó entonces horrorizada al verlo debajo del pequeño puente de madera, saliendo como podía de entre las tablas rotas, pero emitiendo un horrible quejido de dolor al intentarlo.

Las vigas rojizas se habían quebrado, al parecer, producto del golpe que el mismo Inuzuka se había dado contra éste intentando contener a Rock Lee. Kiba se quejaba de dolor sosteniendo su pierna que comenzaba a dejar un pequeño charco de sangre bajo él.

―Estoy bien, no te preocupes ―dijo el joven, pero por supuesto su compañera de equipo corrió en su dirección dejando a Ino en los brazos de Chouji.

―Tu pierna esta… ―dijo ella frunciendo el ceño mientras que inmediatamente comenzaba a tratarlo con ninjutsu médico. Fue en ese momento que los ojos de todos vieron que un hueso sobresalía desde la piel de Kiba Inuzuka y la mayoría movió la vista hacia un lado―. Necesitarás cirugía de inmediato. Le diré a Chizune-san que prepare el quiro…

―Estoy bien, no es para tanto ―la interrumpió Kiba riendo nervioso―. Vaya cumpleaños, ¿No, Akamaru? Ayúdenme a ponerme de pie. Tenemos que empe-empezar… la… obra…

Kiba ni si quiera se dio cuenta del momento en que Sakura sacó desde su portakunai amarrado a la pierna una aguja y la enterró en su muslo. El dolor pasaría de esa forma, pero como consecuencia Kiba dormiría plácidamente al menos veinticuatro horas.

―Obstinado ―dijo ella con notable preocupación, intentando ser fuerte pero enseñándoles a todos un lado mucho más cercano y hasta íntimo entre ambos― Shino, ve por Chizune-san. Debemos llevar a Kiba al hospital lo antes posible si quiere volver a caminar. Está perdiendo demasiada sangre.

―¿Qué sucedió? ―preguntó nuevamente Hinata, volviendo en sí, confundida por lo rápido que las cosas pasaban a su alrededor.

―Las cerezas con que decoraron el pastel estaban llenas de licor. Cuando nos dimos cuenta, Lee ya había comido un trozo y… pasó esto ―respondió Neji observando a su prima. Por un momento Hinata pensó que le diría algo más, pero luego el Hyuga volteó la vista― ¿Estás bien ahí, Ino?

―Es difícil mantenerlo bajo control. Su mente es… muy fuerte ―respondió la joven a duras penas. Se notaba el esfuerzo que hacía en el rostro de Lee y la manera en que comenzaba a sudar.

Fue entonces que Tenten y Neji lo soltaron y comenzaron a evaluar la situación, mostrándose impactados por la manera en que todo aquello había acabado. Por mano propia conocían de las habilidades de Lee y la manera en que reaccionaba con el alcohol, sólo no esperaban que algo así ocurriera y sus expresiones lo denotaban.

―Ve por Gai sensei Tenten ―ordenó Neji―. Sólo él podrá contenerlo ahora.

―Sí ―respondió ella saliendo de la habitación por el mismo lugar en que Shino lo había hecho antes.

Nadie se movía. Nadie parecía estar reaccionando ante lo que acababa de ocurrir. Sakura intentó abrir la boca, pero la cerró de inmediato con un gesto de pesar. Al notarlo, Shikamaru dijo lo que estaba en la mente de todos mientras divagaban en silencio.

―¿Qué haremos con la obra? ―preguntó.

El lugar se volvió aún más silencioso. Hasta ese momento la única preocupación había sido contener al Lee, pero ahora que aquello parecía controlado, algo más se hacía presente y era la continuidad efectiva de la obra por la cual habían estado esforzándose por tantos días ya.

―Quizás podríamos haberla interpretado sin el escenario ―dijo Chouji, respondiendo a su mejor amigo― pero , ¿Sin Kiba? Es el protagonista.

―¿Alguien si quiera se sabe sus líneas? ―preguntó Sakura, asustada, pensando en Tsunade y lo enojada que estaría al descubrir lo que había pasado.

―No podemos hacerlo sin Kiba ―dijo suavemente Hinata, la tristeza casi palpable en su voz.

Entonces pensó en Sasuke. Él se sabía todo el guión de memoria, pero ni si quiera estaba ahí, y sabía que no lo haría aunque todos ellos se lo pidiesen. Desde un principio había querido mantenerse lo más lejos posible de aquello y no le resultaba si quiera una opción pedirle que interpretara el papel del pastor que se enamoraba de Orihime, la tejedora celestial.

―¿De verdad no hay manera de solucionar esto, Shikamaru? ―le preguntó Chouji a su amigo, esperanzado de que alguna de las brillantes ideas de su amigo arreglaran toda esa situación.

―Me suele demasiado el brazo para pensar ahora ―dijo, tomándose el codo que sangraba al haber caído sobre una de las estructuras de madera en uno de los arrebatos de Lee― Supongo que podríamos, quizás, hacerlo sin Kiba.

―¿Tanabata sin el romance del pastor y la princesa? No creo que esa sea una opción ―dijo Sakura desanimada―. Debemos aceptarlo. No habrá obra.

―¿Y quién se lo dirá a todas esas personas que están ahí afuera esperando? ―preguntó Ino desde el cuerpo de Lee.

―Yo lo… ―comenzó Shikamaru para ser interrumpido.

―Yo lo haré ―dijo Hinata con determinación.

―Hinata, no tienes que hacerlo sola ―dijo Sakura levantando el rostro desde la herida de Kiba―. Podemos hacerlo juntos tan pronto Chizune-san…

―Descuida Sakura-san. Practiqué para ―se detuvo un momento, sonriendo abnegadamente―, bueno, dejar un poco de lado mi propia timidez y ser decidida frente a los demás..

―Sakura tiene razón. Hicimos esto juntos. Deberíamos decirlo juntos también ―añadió Chouji.

―Además, Tsunade-sama comprenderá ―agregó Sakura―. Se enfurecerá en un comienzo, pero luego lo aceptará.

―Así es, hagámoslo juntos ―dijo Shikamaru suspirando con una sonrisa, parándose junto a la Hyuga.

Tan pronto Gai llegó y controló a Lee junto a Neji y Tenten, los chicos avanzaron juntos como si estuviesen a punto de enfrentar a un enorme enemigo o quizás un monstruo insuperable. Lucían un tanto temerosos, pero decididos, todos con sus vestuarios un tanto desgarrados a excepción de Hinata.

Sakura tenía una de sus mangas del kimono rosa a medio colgar, pero extrañamente se veía hermosa con las cuentas doradas adornando su cabellera. Ino había utilizado un largo vestido ajustado que dejaba al descubierto parte de su abdomen de color celeste como sus ojos, pero se había cercenado, desde la punta de su pie hasta su cadera, dejando a la vista toda su pierna derecha. Chouji tenía las mangas destrozadas, mostrando sus gruesos brazos, pero extrañamente tampoco lucía totalmente fuera de lugar producto del despampanante titileo del dorado de su disfraz. Y bueno, Shikamaru y Shino vestidos de urracas, incluso con menos plumas, eran inconfundibles.

Por su parte, Hinata llevaba un hermoso kimono lila, cuyo obi estaba cubierto en cuentas de plata. Su cabello azulado era adornado por flores en hebillas, y por primera vez en mucho tiempo se había tomado el cabello en alto en una cola de caballo. Lucía hermosa, al igual que sus compañeras, pero había una humildad en su atuendo que la hacía destacar entre éstas, como si el mayor de los adornos fuese en sí su despampanante belleza que se hacía evidente aún más sin muchos adornos ni maquillaje.

Chizune se quedó junto al adormecido Kiba, mientras Sakura le pedía que la viera en el hospital para que pudiesen tratar a su compañero de equipo. Se miraron unos a los otros entonces, listos para pasar delante del telón a comunicarle a todos lo que había ocurrido cuando de pronto todo a su alrededor se oscureció haciéndolos pensar que la electricidad se había interrumpido y comenzaban a aplaudir al otro lado.

¡Oh cielos de oscuros, muéstranos luz! En la séptima noche del séptimo mes, que la estrella tejedora y la estrella que cuida del rebaño celestial se unan sobre el puente de plumas negras.

¡Oh cielo oscuro, brilla una vez más! Pues los amantes sólo pueden verse en esta oportunidad.

Parecía que alguien hablaba al otro lado del telón y si a Hinata no la engañaban sus oídos, era la voz de Konohamaru y Moegi.

¡Oh cielo oscuro, haz que aparezcan las estrellas! En la noche de los siete, Altair y Vega ya llegan.

Los chicos se miraron unos a los otros para ver que ocurría y al mirar de reojo por la hendidura del telón, notaron que los chicos de la academia estaban flotando en el aire con sus disfraces de doradas estrellas. Si a Hinata no le engañaba la vista, era hilo invisible lo que los mantenía en esa posición, pero no recordaba para nada que hubiesen practicado algo así con ellos.

Lo más increíble sin embargo era que todo se había oscurecido y parecía que los niños flotaban sobre la vía láctea, un hermoso manto negro con fulgores que brillaban como diamantes diminutos, moviéndose con lentitud, danzando entre ellas.

Entonces comprendió todo. Lo que veía era genjutsu, pues era la única manera de ue algo así se presentase frente a ella. Alguien estaba utilizando una ilusión para arreglar la escenografía y proyectar su propia visión de cómo era el cielo estrellado.

―Sasuke-kun… es Sasuke-kun ―susurró sonriendo y sin esperar más comprendió que no todo estaba arruinado, pues su compañero de equipo lograría solucionar de alguna manera la falta de Kiba y el escenario― Es nuestro turno Chouji. Vamos ―dijo apurada, avanzando hacia adelante y parándose debajo de Konohamaru y Udon.

Orihime era la hija del dios celestial, y su labor era tejer sin parar.

Tejía y tejía estrellas de plata, que brillaban tan fuerte como una fogata.

Pero Orihime lucía triste y enfermiza con las manos cansadas. Tejer tantas estrellas la tenía fatigada.

¿Qué sucede, Orihime, que tus ojos lloran estrellas? ―le preguntó entonces Chouji a Hinata con voz alta e imponente, una vez que los niños de la academia dijeron sus líneas en forma de verso.

Sólo escuchaba el balido al otro lado del río de plata que destella en el firmamento ―Hinata miró entonces la parte del genjutsus del río de estrellas que parecía fluir como si de verdad fuese la vía láctea. Era hermoso lo que Sasuke había conseguido hacer con el escenario, los centelleos y destellos flotaban a su alrededor como si estuviese en medio del cielo estrellado―. Es el canto del pastor que me ha hecho quebrar en llanto, ¿Qué hay al otro lado de la vía láctea que tanto me inquieta, otou-sama?

Tragedia y miseria, nada más ―dijo Chouji entonces, negando con el rostro y cruzando sus brazos ―. Un destino que te hará caer en desgracia, como usualmente ocurre con aquellos que se enamoran perdidamente de otro.

¿Enamorarme, yo? ―preguntó Hinata― Mi único amor es la labor que se me ha impuesto, por siempre destinada a tejer el manto celestial que adorna la espalda de los dioses.

No obstante lloras sin saber qué es lo que el destino te depara. Toma un día de descanso mi bien amada, que el cielo necesita de tus manos para que este anciano cuelgue las estrellas a los cuales los mortales piden deseos.

El lugar en donde Chouji se encontraba parado de pronto oscureció, y Hinata vio como las estrellas que habían fluido como en un río de pronto la envolvían, bajo sus pies, sobre ella, como si la acariciaran, como si fuese un dulce arrullo. Sintió calor en el pecho entonces y sus blancas mejillas se ruborizaron, mientras buscaba con su mirada al creador de esa sensación que la embargaba.

Como decía la obra, danzó con delicadeza entre las estrellas, intentando tocar algunas, sintiendo a Sasuke en cada uno de los detalles que había a su alrededor. No podía explicarlo, pero lo sentía a su lado, tan cerca, que no pudo más que sonreír cuando lo vio al otro lado del escenario parado, mirándola.

¿Perdiste tu camino en el firmamento? ―le pregunto el Uchiha con un tono neutro.

No, creo que acabo de encontrarlo ―respondió Hinata sonriendo, dándole las gracias con ese pequeño gesto, por lo que acababa de hacer por todos ellos.

Un puente de madera se formó entonces entre ellos, y Hinata caminó hasta el encuentro de Sasuke quien la encontró en medio de este, sobre las estrellas que fluían bajo ambos en la oscuridad del antiteatro.

No había conseguido dormir una vez más. Se sentía fatigado y aún así, como si estuviese sumido en medio de un sueño del cual no quería despertar. A veces incluso sonreía, recordando la dulce manera en que Hinata lo había tocado, en que le había hablado, en que sus ojos sólo habían estado sobre él como si fuese la primera vez que lo veía.

Pero entonces, recordaba que todo había sido tan sólo actuación para una estúpida obra en la cual sin desearlo ni quererlo, había sido el protagonista.

¿Pero qué más podía hacer cuando al llegar vio todo en ese estado y a Hinata a punto de quebrar en llanto? No podía permitir que todo el esfuerzo que había hecho fuese en vano y sin saber por qué lo hacía, le regaló a Hyuga Hinata la obra que tanto había deseado interpretar, no porque su destino fuese la actuación, sino, porque ella quería dejar de ser tan tímida frente a los otros.

Y vaya que lo había logrado. Todos en la aldea hablaban de ella al día siguiente y mientras caminaba por las calles de Konoha, aún con el atuendo que había utilizado en esa noche sin sueño (ya que ni si quiera había vuelto a su casa para cambiarse), escuchaba a las personas comentar lo hermosa que era la princesa Hyuga.

Rió bufando, pues el pequeño sobrenombre que sólo él usaba con Hinata cuando se sentía irritado Hinata-hime, ahora era empleado por todos para referirse a ella. No obstante, lo que más se comentaba era aquel beso que ambos habían compartido y que había lucido tan romántico, haciendo que más de una mujer suspirara en el público. Tristemente, para ellas, todo había sido fingido. Cuando la tomó por la cintura y la hizo caer de espalda, no llegó a tocar sus labios, aunque la mera intención de hacerlo le había bastado para sentirse el hombre más afortunado del mundo.

Ya no podía volver a besarla. No así. No mientras alguien más ocupase en el corazón de la joven el lugar que deseaba solo para él. Pues si algo había ocmprendido el día anterior era que no estaba dispuesto a compartirla con nadie, y si tenía que esperar diez, veinte o treinta años por ella, lo haría. Una vez tuviese su venganza, Hinata sería su mujer y la primera matriarca del clan que deseaba volver a construir.

Pero para eso, antes que nada, antes que todo, debía decírselo. No podía seguir pretendiendo ser un niño estúpido. Tenía que actuar como el hombre en el cual se estaba convirtiendo, confrontarla y pedirle que por un momento, aunque fuese una vez en su vida, le diese el lugar que por tanto tiempo había guardado para…

Entonces, justo cuando doblaba por la calle en dirección al campo de entrenamiento en donde Hinata lo esperaba, vio precisamente el rostro en el cual había estado pensando. Y supo en ese momento, que cualquier intento que hubiese habido por decírselo, había terminado.

Dobe—dijo con frialdad al poner sus ojos sobre su cabellera rubia. Estaba mucho más alto de lo que lo recordaba—. Sí que pasa el tiempo.

Teme… —una media sonrisa apareció en su rostro. Hacía mucho que no veía a ese bastardo arrogante, pero sus ojos seguían tan amenazadores como siempre— espero que no hayas estado perdiendo el tiempo estos tres años ¡No quiero que sea tan fácil derrotarte esta vez!

®FIN DEL SEGUNDO ARCO®

Nota

Bueno, aquí termina el segundo arco.

Siendo, un poco más jóvenes de lo que eran al comienzo de shippuden, pero tengo mis razones para eso en mi pequeño mundo alternativo. En fin, espero poder comenzar el tercer arco lo antes posible y les agradezco a todos por la paciencia y los buenos deseos!