Capítulo 38
La Prueba de las Campanas


Muchos momentos en su vida habían transcurrido entre los troncos y el río Naka, el monumento y los árboles. No podía evitar sentirse extrañamente melancólica al estar los cuatro en ese lugar, sobre todo ahora que notaba que algunas hojas se habían vuelto rojizas a pesar de estar en pleno verano. Aquello la hacía pensar que quizás tendrían una estación calurosa corta y una época de lluvia larga. El verano era extraño en esa tierra, lo podía decir con propiedad luego de haber pasado tantas estaciones fuera en misiones que para otros habrían sido una pérdida de tiempo, pero en las cuales ella siempre había terminado aprendiendo algo.

Hinata Hyūga no sabía qué era lo que hacían ahí; al parecer tampoco Sasuke, pues al observar de reojo a su mejor amigo notó su mirada perdida y pensativa, y quizás algo impaciente, enfocada en las ramas de los árboles. Quiso preguntarle qué era lo que le sucedía que de pronto estaba tan callado y reflexivo, pero pensó que no era adecuado hacerlo. Por algún motivo no había vuelto a su casa desde la noche anterior (lo supo al verlo con el mismo vestuario que había utilizado para la obra) y seguramente no estaba del mejor de los humores para hablar de ello. Se había acostumbrado a Sasuke ya, a su silencio y melancolía, sobre todo en otoño. En vez de presionarlo, lo dejaba en su espacio, en esa pequeña burbuja imaginaria en la cual nadie podía alcanzarlo, esperando el momento preciso en que pudiese volver al mundo real.

En cambio, cuando sus ojos se dirigieron a Naruto, lo encontró mirándola de vuelta. Inmediatamente ambos quebraron el contacto visual, volteando sus rostros en sentidos opuestos. Era de mala educación observar a los otros de forma detenida y desde que habían salido de Konoha venía haciéndolo con Naruto, esperando que él no se diera cuenta y ahora la había descubierto. Verse atrapada en su actuar sonrojó sus mejillas levemente.

Se sentía extraño verlo después de tanto tiempo, pues aún no se acostumbraba a esa nueva apariencia en él. Sus hombros se habían enanchado, su torso se veía fuerte y su rostro se había alargado levemente. Sus manos lucían desgastadas y había un cierto cansancio en sus ojos, pero aún así emanaba esa alegría y luminosidad que tanto la habían atraído al crecer. Estaba más alto que antes también, y ya no utilizaba su buzo de color azul y naranja, tan típico en él.

Y aún así, a pesar de los cambios, seguía reconociendo en él al mismo Naruto, aquel chico por el cual tantas veces había suspirado, por el cual su corazón se aceleraba y sus mejillas se sonrojaban, por el cual se había prometido una y otra vez volverse fuerte para caminar junto a él y no atrás. Había trabajado duro para alcanzarlo, pero no estaba del todo segura si su esfuerzo había sido suficiente o no. Él le había pedido a Sasuke precisamente que la ayudara a convertirse en una kunoichi fuerte durante su ausencia y Hinata quería demostrarle que no había fracasado en ese tiempo y que no se había quedado de brazos cruzados esperándolo. Quería que Naruto viera que ella también había cambiado durante esos años y que no era la misma jovencita que él había dejado atrás.

―¿Qué hacemos en este lugar? ―preguntó finalmente Sasuke quebrando el silencio entre los cuatro.

―¿No se los dijiste, Hinata? ―preguntó Kakashi, a lo cual la jovencita negó con el rostro―. Tsunade-sama quiere verlos y hablarles. Me pidió que los trajera a este lugar.

―¿Eh? ¿Estoy perdiéndome el mejor ramen del continente por hablar con la abuela? ―se quejó Naruto, sentándose sobre el pasto de brazos cruzados―. Tengo mucho con lo cual ponerme al día.

―Por primera vez estoy de acuerdo con el perdedor ―dijo Sasuke reclinándose sobre uno de los troncos, también de brazos cruzados―. Íbamos a entrenar hoy, Kakashi.

El jōnin no respondió. En cambio, enfocó su atención en el libro que leía: Icha Icha Golden collection.

Hinata se quedó parada entre ambos chicos, sin saber qué esperar de esa reunión con Tsunade. Un enorme miedo la embargó recordando que ahora que Naruto estaba de vuelta, quizás los reasignaran de equipos y el Equipo Siete tuviera que separarse. De nuevo.

Era lo normal y ocurría en la aldea todos los días. A veces, cuando un equipo sufría una baja, se reasignaban personas para completarlos. No obstante, ahora que ya no eran tres, sino cuatro, era muy probable que tuviesen que ser reasignados para un nuevo three man cell. Y aquello la destrozaría, pues quería pasar todo el tiempo posible con Naruto y también Sasuke. Necesitaba seguir creciendo como shinobi y los únicos que podrían ayudarla con eso eran sus compañeros de equipo. Sólo ellos lograban comprender el esfuerzo que estaba realizando y hasta qué límites iría para seguir su propio camino ninja.

―¡Abuela Tsunade! ―exclamó Naruto de pronto, haciéndola salir de sus pensamientos y obligándola a levantar el rostro―. ¿Qué estamos haciendo aquí? Quiero ir a comer ramen a Ichiraku.

―Silencio Naruto ―dijo la mujer con calma, poniendo sus manos en las caderas―. Acabo de hablar con Jiraiya y me ha comunicado de tus avances. También estoy al tanto, por lo que hablé con Kakashi, de los avances de Hinata y Sasuke durante este período. No obstante, los tres aún son genin y no sé realmente qué hacer con ustedes, si pasar por encima las reglas de la Aldea y dejarlos ir en misiones más peligrosas formando una nueva dinámica de equipo o mandarlos a ayudar en la Academia con los más pequeños hasta que se gradúen a nivel chunin.

―¡Podemos realizar todas las misiones que nos asignen! ―dijo Naruto con determinación, sus ojos brillaban de la emoción por enfrentarse a una nueva y arriesgada labor―. Entrené muy duro para convertirme en Hokage y demostraré lo fuerte que soy ahora que…

―No me interrumpas antes de que termine de hablar ―Naruto hizo un puchero nuevamente y se cruzó de brazos―. Después de conversar con su instructor jōnin, decidimos que quizás están listos para ser promovidos dentro de la aldea. No obstante, como no estoy del todo segura que sólo ustedes tres tengan la madurez y habilidad, decidí que Kakashi continúe con ustedes. Lo acompañarán en las misiones que a él se le asignen nuevamente en su servicio activo como jōnin. Serán el equipo Kakashi.

El rostro de Naruto se encendió como un árbol de navidad y estuvo a punto de lanzarse a gritar de emoción, pero Kakashi lo detuvo. Por otro lado, Sasuke se paró derecho, evidentemente sorprendido por la decisión. Por su parte, Hinata no sabía qué pensar de lo que acababa de escuchar. Había estado esperando misiones que fuesen un reto mayor, pero al mismo tiempo se preguntó si realmente estaría lista para algo como eso. Después de todo, no podía ser una carga para el resto. Había entrenado demasiado duro para ello.

Sin embargo, Tsunade no había acabado de hablar.

―Siempre y cuando, demuestren que están al nivel de Kakashi ―dijo la mujer con una pícara sonrisa, haciendo que Shizune sonriera y el puerco en sus manos chillara.

―¿Qué? ―preguntó Sasuke mirándola confundido―. ¿Cómo se supone que…?

―¿Cómo? ―exclamó Naruto, interrumpiéndolo por la emoción que sentía―. ¿Cómo demostraremos eso? ¿Cómo? ¿Cómo? ¿Cómo?

―No me digas que… ―los ojos se Sasuke se enfocaron en el tintineo que provenía de la mano de Kakashi.

―Exacto ―respondió Kakashi―. Haremos la prueba de las campanas nuevamente.

Si en un momento se vieron sorprendidos, ahora estaban más allá de eso. No era como si hubiesen estado perdiendo el tiempo en esos años entrenando, pero hacerlos pasar nuevamente por una prueba que había sido escogida cuando acababan de salir de la Academia, era levemente denigrante. Los tres parecieron enfocados en ese momento, parándose uno junto al otro como si estuviesen listos para comenzar con ello de una vez y así terminar con esa humillante tarea.

―La última vez que hicimos esta prueba, uno de ustedes terminó atado a ese tronco, pues no trabajó en equipo con los otros ―continuó el jōnin―. Esta vez es sólo una campana ¿Entienden lo que digo? ¿Comprenden por qué es sólo una campana?

―No necesitamos más campanas de cualquier forma ―bufó Sasuke.

―Somos un sólo equipo ―dijo Hinata lentamente, parándose entre sus dos compañeros, sintiéndose extrañamente feliz de tenerlos a su lado. Tanto Naruto como Sasuke la hacían experimentar un extraño sentido de seguridad, a pesar de estar a punto de enfrentar una prueba como esa que ponía en duda su propia convicción, ¿Realmente Kakashi pensaba que eran tan débiles que no podrían superar nuevamente una prueba en la cual habían tenido éxito hacía tantos años?

―Deberán demostrar que los tres aún pueden funcionar como un three man cell, ¿Entendido? ―les preguntó Tsunade, a lo cual los jóvenes asintieron― De lo contrario los mandaré de vuelta a la Academia.

―Esto es serio ―les dijo entonces Kakashi guardando su libro en su portaherramientas―. Intenten quitarme la campana con la intensión de…

―Matarte. Ya lo sabemos ―la voz de Naruto se volvió un poco más seria entonces.

―No debes decirlo dos veces, Kakashi ―una media sonrisa se formó en el rostro de Sasuke.

―Tienen hasta el amanecer ―dijo el jōnin, destapando el sharingan que mantenía oculto bajo el protector de frente con el símbolo de Konoha.

Hacía años que no estaban juntos y ni si quiera conocían del todo las habilidades del otro. Nunca habían visto los avances del puño suave de Hinata, o el kenjutsu de Sasuke, ni el ninjutsu de Naruto, trabajando juntos para un mismo propósito. No habían formado estrategias previas para intentar vencer un enemigo utilizando los avances que habían experimentado. No obstante, esa era precisamente la prueba. Tendrían que ver en el camino cómo complementarse uno al otro para así superar a Kakashi.

No sería sencillo, esta vez su maestro se estaba tomando en serio las cosas. Pero por otro lado, ellos tres eran los descendientes de un antiguo linaje del cual, paradójicamente, ninguno sabía. Un linaje tan poderoso que podría haber acabado en un suspiro con el pacífico mundo que conocían y que en ese mismo momento manipulaba los hilos del destino para conseguir precisamente ese propósito.

Los cuatro quebraron posiciones y parecieron esconderse. Kakashi lo hacía en la cima de un árbol, aunque Naruto, Hinata y Sasuke lo ignoraban. En cambio, ellos se reunieron atrás de un arbusto y se miraron los unos a los otros esperando que alguien tomase el rol de líder para decidir qué hacer.

―Hinata ―dijo Sasuke sin más, haciendo que ésta se preguntara que sucedía.

No obstante, de inmediato se dio cuenta qué era lo que su compañero quería, provocando una leve reacción de confusión por parte de Naruto al verlos interactuar de esa manera. Parecían comunicarse sin tener que decirse mucho, a nivel de miradas, lo cual seguramente era algo extraño para el rubio que recién se integraba a esa dinámica.

Hinata activó entonces el byakugan revisando la zona. Sasuke quería que fuera los ojos del equipo una vez más y ella creía que estaba a la altura de ese trabajo. No por nada se había pasado los últimos años entrenando su visión.

―Kakashi-sensei se encuentra escondido entre las ramas del árbol a quince metros dirección oeste.

―¿Estás segura que es él y no un clon? ―le preguntó Sasuke.

―Sí. Sólo percibo una persona con su sello de chakra al menos a un kilómetro de distancia ―podría haber utilizado sus ojos para realizar una inspección más profunda y a una distancia más prolongada, no obstante, el campo de entrenamiento terminaba a un kilómetro a la redonda―. ¿Qué haremos?

―¿Tienes un plan, Sasuke? ―le preguntó Naruto impaciente.

―Kakashi está utilizando el sharingan. Será difícil derrotarlo sólo a base de taijutsu o genjutsu. Ninjutsu es lo que necesitaremos para…

Fue entonces que todo alrededor de los tres comenzó a difuminarse. Se mantuvieron en silencio, apegándose uno al otro y mirando con cautela a su alrededor. Las altas ramas de los árboles cambiaban a paredes lisas de madera, los troncos se convertían en butacas y un sinfín de hojas danzaban a su alrededor hipnóticamente.

Antes de que se dieran cuenta estaban de vuelta en las aulas de la Academia, observando a los chicos que se reían a carcajadas de ellos mientras Iruka les pedía silencio.

―…Que les sirva de lección ―decía el maestro―. Así terminarán ustedes si fracasan como genin, ¡De vuelta en la Academia!

―Genjutsu ―dijo Sasuke observando a Hinata, quien asintió intentando juntar sus manos para quebrar el genjutsu.

―No… no puedo aceptar esto ―interrumpió Naruto, llamando la atención de sus compañeros―. De ninguna forma… no de nuevo…

Ante la manera en que Naruto estaba reaccionando, Sasuke y Hinata detuvieron su intento por quebrar el genjutsu, intentando ver qué era lo que le ocurría, pues el genjutsu parecía estarlo afectando más de la cuenta.

―Naruto-kun… ―Hinata podía ver que las carcajadas de los niños estaban quebrando esa sonrisa que tanto admiraba en él, lo cual la hizo sentirse paralizada de miedo. Tenía que hacerlo entender de alguna manera que aquello no era más que la estrategia de Kakashi para impedir que se concentraran en quitarle la campana―. Es sólo un gen…

¡Perdedor! ―gritó entonces un niño lanzándole una caja vacía de jugo a Naruto, que le golpeó el rostro haciéndolo retroceder un par de pasos.

Jamás llegarás a ser el Hokage ―dijo entonces Konohamaru, luciendo decepcionado―. Eras mi mentor, y ahora mírate, de vuelta en la Academia como un perdedor. Jamás podría seguir a alguien como tú.

―Seré el Hokage ―dijo Naruto tomándose la cabeza, cabizbajo, temblando―. No me importa lo que digan. Seré el hokage. Sólo necesito salir de este genjutsu…

¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ―coreaban los niños de la Academia, apuntando a Naruto y riendo.

―¡Naruto reacciona! ―exclamó Sasuke zamarreándolo― Es un genjutsu. Esto es precisamente lo que Kakashi quiere.

¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor! ¡Perdedor!

Naruto ―dijo de pronto Iruka, con gran reproche en los ojos, haciendo que el rubio subiera el rostro observándolo con desesperación―. Me has decepcionado.

―Iruka-sensei… yo…

Tenía fe en ti Naruto. Yo creía en ti. Siempre creí en ti, pero terminaste siendo el monstruo que todos decían que eras…

¡Kyubi!

¡Monstruo!

―¡Naruto-kun! ―la voz fuerte de Hinata, quien dejaba de lado su dulce tono para imponerse bramó en él haciéndolo voltear―. Eres Naruto Uzumaki, y serás el próximo Hokage de la aldea. No hay atajos para volverse el shinobi más fuerte de la Hoja, tú me enseñaste eso. No dejes que tus miedos te venzan ahora. No eres un monstruo, eres mi preciado compañero de equipo.

―Pero volveremos a la Academia… y entonces…

―No si trabajamos juntos para vencer a Kakashi ―dijo Sasuke, estirando su puño hacia Naruto con una especie de sonrisa―. Lo venceremos.

―De acuerdo ―Naruto chocó el puño con el suyo― y entonces…

Débil.

Todo se volvió oscuro ante la voz aterciopelada que escuchaban a su alrededor. La escenografía cambió radicalmente y se encontraron frente a un hombre que Hinata reconoció a la perfección; era el hermano mayor de Sasuke, Itachi Uchiha, quien se encontraba observándolo con ojos sin emoción alguna e indumentaria manchada en sangre. A sus pies, los cuerpos muertos de dos personas, un hombre y una mujer. Estaban en la residencia Uchiha, era de noche, y todo a su alrededor parecía haber quedado en silencio. Las gotas de sangre que caían de la katana que sostenía Itachi era el único sonido que se percibía además de sus respiraciones alteradas.

Eres débil, Sasuke ―repitió el hombre―. ¿Por qué eres débil?

―Maldito seas Kakashi… ―gruñó entonces Sasuke, temblando también.

Hinata observó en los ojos de su compañero la misma desesperación que antes había visto en Naruto, sólo que no era miedo lo que veía en él sino el más profundo odio. Comprendió entonces la estrategia de su maestro; estaba intentando desequilibrar mentalmente a Naruto y Sasuke mostrándoles sus miedos más grandes. Si no salían de ese genjutsu de inmediato era probable que fracasaran antes de intentar obtener la campana.

A los trece años era líder de mi propio escuadrón en ANBU ―dijo Itachi entonces, en una voz apenas más alta que un suspiro― ¿y tú? Sigues persiguiendo mascotas y paleando nieve, como un simple genin de la aldea. Eres débil. Nunca podré comprobar mi nivel con alguien tan débil como tú. Nunca serás un rival para mí, Sasuke.

―Lo seré… y te mataré ―respondió Sasuke, intentando controlarse.

Sasuke sabía que todo eso era un genjutsu, pues lo había dicho anteriormente. No obstante, Hinata notó como parecía hipnotizado frente a la imagen de su hermano, incapaz de juntar sus manos para quebrar esa ilusión. No estaba utilizando la cabeza, y parecía ser así cada vez que esa persona estaba involucrada. Kakashi lo sabía y estaba utilizando esa información para desequilibrarlo.

―Tenemos que salir de este genjutsu ―dijo Naruto juntando sus manos y cerrando los ojos con fuerza, intentando así poder quebrar la ilusión en la que se encontraban.

No obstante, Sasuke estaba inmóvil. Hinata mejor que nadie podía comprender lo que causaba en él ver a Itachi Uchiha, notando incluso como sus ojos se tornaban cada vez más afilados y peligrosos. Si seguían ahí llegaría a un límite en que ninguno de ellos podría alcanzarlo para hacerlo reaccionar, por lo que Hinata tomó rápidamente el hombro de Sasuke para quebrar ella el genjutsu infundiendo su chakra.

Sin embargo, tan pronto tocó a Sasuke éste desapareció y en su lugar encontró solo oscuridad, cayendo y cayendo por un precipicio sin bordes ni fondo, en el cual sentía su corazón salir por la boca.

Estaba sola.

Pero no lo estuvo por mucho tiempo, pues tan pronto golpeó el suelo se dio cuenta exactamente donde estaba.

Era el dojo de su casa, estaba tendida en el suelo y frente a ella se encontraba una muy decidida Hanabi intentando atacarla nuevamente.

¡Ponte de pie, Hinata! ―gritó de pronto su padre, haciendo que se volteara para observar sus duras facciones, mirándola con desaprobación―. Hanabi es cinco años menor que tú y aún así puede ponerte de rodillas. Eres una vergüenza para el clan.

Hinata sabía que eso era un genjutsu, pero los recuerdos no lo eran. Era exactamente así cada vez que en el pasado hubo entrenado con su hermana menor y su padre la recriminaba por ser inferior a esta. Kakashi estaba reviviendo sus peores momentos para intentar desequilibrarla, pero debía ser más fuerte y no dejarse vencer por simples memorias.

Un error de la naturaleza como tú no debió ser la primera. No eres digna de liderar el clan.

Se vio entonces observada por decenas de ojos nacarados. Sus miradas la hicieron sudar frío, al ver la decepción y reprobación en ellos, especialmente la de Neji y Hanabi. Eso no era un recuerdo, sino que su miedo más grande. No quería fracasar frente al clan, sino que liderarlo y ser una excelente líder para su familia.

―Es un gen… ―comenzó, intentando ponerse de pie para concentrar su chakra y salir de ahí.

Tu primo Neji es considerado un genio y ya es jōnin, ¿Y tú? Ni si quiera has salido del rango de genin en todos estos años entrenando ―continuó su padre, haciéndole cada vez más difícil concentrarse.

Cerró los ojos entonces, pues no soportaba esas miradas que le recriminaban no ser más fuerte, más rápida, más lista. Eran las mismas duras palabras que se decía a sí misma cuando entrenaba, sintiendo la frustración de estar siempre un paso más atrás de Sasuke o Naruto. Todos esos años había intentado con esfuerzo superarse a sí misma y temía que ni si quiera dando todo de sí lograse ser mejor de lo que era: un error genético que no había heredado ninguna cualidad redimible de su legendario clan.

Entonces las palabras cesaron, el viento volvió a soplar y las hojas de los árboles a danzar. Sasuke sostenía su hombro, sudando, jadeando, mientras que con la otra mano sostenía el brazo de Naruto.

―Genjutsu ―dijo Kakashi entonces, mostrándose frente a ellos―. La primera lección shinobi.

―¡Kakashi! ―gritó Sasuke activando el chidori en su brazo.

―¡Pagarás por eso! ―exclamó Naruto realizando un clon de sombras para formar el rasengan.

Sin pensarlo, sin dejar que nadie dijera nada ni planificar una estrategia, ambos se lanzaron a atacar a Kakashi quien se encontraba frente a ellos. Hinata en cambio sentía las rodillas temblando, aún impactada, pero sabiendo que debía mantenerse calmada para planificar algo. Observó desde su posición la desesperación en sus compañeros, percibiendo que tanto Naruto como Sasuke habían presenciado también sus desafíos y miedos más grandes, y que a diferencia de ella que tenía un carácter calmado, querían una retribución por el mal rato.

Pero no había en su ataque ninguna estrategia, hilos invisibles, clones, o demás. Sólo eran Naruto y Sasuke lanzándose sin pensar contra un enemigo que los superaba en fuerza, inteligencia y velocidad. Antes de que se dieran cuenta, Kakashi había sujetado el brazo de ambos lanzándolos de vuelta hacia Hinata, quien cayó junto a ellos hacia atrás.

―¿De esa forma quieren proceder? ―les preguntó entonces, desapareciendo en una nube de humo.

Naruto fue el primero en sentarse. Continuaba temblando y Hinata notaba que estaba alterado. Aún así, era peor observar a Sasuke, completamente perdido en sus pensamientos, mirando hacia el cielo mientras intentaba calmarse sobre el pasto del bosque.

Aunque nadie lo dijo estaban pensando en lo mismo. Kakashi los superaba en fuerza aún y si querían vencerlo no iban por buen camino. Cada uno de ellos tenía talentos en los cuales sobresalía, pero no eran suficientes para derrotar a su maestro.

―Kakashi es demasiado fuerte ―dijo entonces Sasuke―. Ese genjutsu, no fue cualquier clase de genjutsu. Lo invocó sobre nosotros con el sharingan. Por eso fue difícil salir de él.

―Pero hasta alguien como Kakashi debe tener algún tipo de vulnerabilidad. Sólo tenemos que concentrar…

No hubo tiempo entonces para discutir nada más, pues el piso temblaba y frente a ellos aparecían grandes peñascos de tierra que salían desde el suelo, formando murallas que se dirigían a ellos.

Los tres saltaron a los árboles entonces intentando protegerse, sólo para ser recibidos por una enorme bola de fuego que se dirigía hacia ellos. Sasuke fue quien actuó primero, contrarrestando el fuego con su propia bola de fuego gigante, tan típica del clan Uchiha, lo cual provocó que gran parte de los árboles en los cuales se paraban comenzara a arder.

Naruto saltó entonces hacia el suelo nuevamente y mientras lo hacía fue atrapado por un hilo invisible, quedando colgando de un pie, tal como había ocurrido la primera vez que realizaron la prueba de las campanas. No obstante, esta vez, Sasuke sólo tuvo que lanzar un shuriken hacia el hilo, rompiéndolo, provocando que Naruto cayera casi de cabeza al suelo.

―¡Maldición! ―gritó Naruto mientras caía, para luego aterrizar de forma torpe y dolorosa― ¡Ten cuidado, bastardo! ―exclamó mientras intentaba ponerse de pie, sobándose un brazo.

―Naruto-kun, ¿Estás bien? ―le preguntó Hinata saltando hacia él.

―Sí… ―gruñó el rubio de vuelta, observando a Sasuke con resentimiento.

Y siguió así por un buen tiempo. Jutsu tras jutsu se enfrentaron a Kakashi sin si quiera poder acercarse a él. Cada vez que estaban en su perímetro, o pensaban que lograrían capturar la campana que los alejaba de su victoria, Kakashi sacaba un nuevo as bajo la manga y les demostraba que tan lejos estaban de su nivel. Pues aunque ellos no lo supiesen (o quizás no lo quisieran admitir), estaban enfrentándose contra uno de los ninjas más poderosos de la Hoja y hasta una prueba sencilla como la de las Campanas se volvía un reto casi imposible.

―Lección número dos: Ninjutsu ―les dijo entonces Kakashi acuclillado sobre una de las ramas, mientras los saludaba de lejos.

Sasuke, Naruto y Hinata estaban agotados. Habían estado contrarrestando jutsus las últimas dos horas sin si quiera un respiro, mientras que Kakashi se veía fresco como una lechuga. Hinata pensó entonces si todo el esfuerzo que habían realizado los últimos años habían sido en vano y que sin importar lo que hiciera siempre estaría un paso atrás de conseguir sus sueños, de volverse más fuertes o si quiera de estar a la altura de ser shinobis.

Miró a Naruto y negó internamente. Pasara lo que pasara iba a lograr quitarle la campana a Kakashi, pues si no lo hacía, nunca podría esperar liderar el clan Hyūga, ni tampoco ser tan fuerte como su padre, ni ser digna de que Naruto se fijara en ella, ni podría cumplir su promesa con Sasuke de ayudarlo a derrotar a Itachi.

Su propio nindo era no retroceder en lo que decidía y ahora no había tiempo para dudas o miedos.

―Es más fuerte en ninjutsu y genjutsu, pero el taijutsu… ―comenzó Hinata, pensando que quizás su puño suave lograría hacer algún daño.

―Olvídalo ―dijo Sasuke rápidamente―. Es tan fuerte como Gai cuando se trata de taijutsu. Tú los has visto combatir. El sharingan anticipa los movimientos cuerpo a cuerpo, te vencería de ese modo.

―No te preocupes Hinata ―dijo Naruto con una sonrisa compasiva―. Le quitaremos la campana de algún modo. Pero no a base de taijutsu… supongo.

Hinata frunció los labios. Una vez más estaba siendo mirada en menos por ellos. Pero mientras Sasuke tenía su sharingan y Naruto su increíble resistencia, ella tenía el byakugan y aquello le daba una ventaja que ellos ni si quiera lograban entender. Su puño suave era muy distinto al puño fuerte de Kakashi y Gai, y pensó que Sasuke al haberlo experimentado en primera mano lo entendería. Su velocidad podía jugarle a favor, al igual que su increíble flexibilidad, pero necesitaba algo más para vencer al sharingan.

―Sasuke ―dijo, liberando chakra de sus palmas hasta formar dos leones azules que las cubrían, tomando por sorpresa a sus compañeros―. Esta vez, necesito que tú seas mis ojos. Naruto-kun, sabrás cuando quitarle las campanas, sólo espera.

Se lanzó contra Kakashi entonces. El mero roce con la rama en la cual él estaba descansando volvió toda esa parte del árbol en pequeñas astillas, haciendo que ambos cayeran hacia las ramas que habían más abajo.

Kakashi lucía sorprendido, pero lo suficientemente atento para no dejarse golpear. Hinata sabía que ahora venía el contra ataque, pero Sasuke lo anticipó.

―¡Derecha! ―gritó desde la retraguardia de Hinata, haciendo que la joven levantara el brazo antes que Kakashi diera el golpe. Con la punta de su dedo liberó una enorme cantidad de chakra en uno de los tenketsus de Kakashi, haciendo que su maestro por primera vez en el día gruñera de dolor― ¡Pierna izquierda!

Hinata movió con delicadeza la pierna hacia un costado girando sobre sí misma antes de que Kakashi pudiera hacerle una zancadilla. Aprovechando su descuido, Hinata empujó sus palmas hacia adelante y libero una gran cantidad de chakra que hizo que Kakashi cayera hacia atrás unos buenos cinco metros desde la rama en que ambos estaban parados.

―¡Así se hace Hinata! ―la animó Naruto.

―Aún no ―dijo Sasuke, mientras Kakashi se convertía en un tronco.

Aterrizó sobre el pasto mirando a su alrededor, sin encontrar a Kakashi. Fue entonces que se le ocurrió observar bajo ella, alcanzando a saltar hacia atrás justo un segundo antes de que le tomara las piernas para realizar su infame jutsu de escondrijo bajo la tierra. Si tan sólo hubiese tenido más fuerza quizás lo hubiera obligado a salir de ahí, pero no tuvo que hacerlo, pues Kakashi reveló su posición por sí mismo, saliendo de la tierra, tomándose el brazo.

―Lección Número tres: Taijutsu ―dijo con seriedad, lanzándose contra Hinata, cubriendo su pierna en chakra para patearle el costado.

Aquello sorprendió a Hinata, pues parecía incluso tener noción de como funcionaba el puño suave y la manera efectiva de contrarrestarlo. Estaba liberando una gran cantidad de chakra a través de los tenketsus de su pierna la impedir que ella pudiera bloquearlos.

―Izquierda, derecha, arriba en el hombro, derecha, izquierda, izquierda de nuevo ―decía Sasuke rápidamente mientras ella se defendía de los golpes, retrocediendo cada vez más, hasta que los leones de chakra se deshicieron, momento en el cual Naruto ingresó al combate sin poder estar quieto por más tiempo.

―¡Deja a Hinata en paz! ―le exigió intentando golpearlo también con un sinfín de clones de sombra, lo cual distrajo a Kakashi lo suficiente para retroceder un poco.

Hinata aprovechó el lapso de tiempo para mirar a Sasuke pidiendo instrucciones, pero hasta él estaba mudo observando a Naruto. Entonces Hinata lo vio y notó como estaba peleando. El taijutsu no era su especialidad, pero Naruto parecía estar haciendo retroceder a Kakashi a base de patadas múltiples que se yuxtaponían unas con otras. Fuese lo que fuese que había hecho enojar a Naruto estaba resultando, hasta que finalmente lo golpeó lo suficientemente fuerte para hacer que Kakashi usara el jutsu de remplazo y desapareciera. Naruto volvió con ellos en ese momento, respirando con fuerza, intentando calmarse.

―Está escondido atrás de un tronco a veinte metros ―dijo Hinata intentando recuperar el aliento―. Intentaré golpearlo de nuevo y entonces…

―No. Tenemos que pensar ―dijo Sasuke negando―. Golpearlo de a uno no servirá de nada. Tenemos que unirnos de algún modo para buscar su punto débil. Nos supera en taijutsu, ninjutsu y genjutsu ―reclamó―, eso es obvio. Pero debe tener alguna debilidad, algo en lo cual no sea el mejor…

―El sujeto es un genio, pero hasta los genios tienen debilidades ―dijo Naruto.

―Pues, siempre llega tarde. La puntualidad no es su punto fuerte ―agregó Hinata.

―Y siempre inventa historias estúpidas sobre su atraso ―complementó el Uchiha―. Pero esta no es una prueba sobre ser puntuales, así que eso no nos sirve de nada.

―No puede utilizar el sharingan por mucho tiempo sin agotarse ―recordó entonces Naruto, a lo cual Sasuke asintió.

―Pero de alguna manera, llevamos horas en esto y sigue como si recién comenzáramos ―continuó el pelinegro―. Creo que no sólo nosotros hemos estado entrenando.

―Cansarlo no servirá, tiene la estamina tan alta como la de Gai-sensei ―dijo Hinata, intentando pensar con todas sus fuerzas en alguna cosa.

―¿Qué tal esos estúpidos libros pervertidos que siempre está leyendo? ―preguntó de pronto Naruto, como si una bombilla de luz se hubiese iluminado frente a él.

―¿Qué hay con ellos? ―preguntó Sasuke, sin entenderlo mucho.

―Pues, adora esas porquerías que escribe Ero-sennin, ¿No? ―de pronto Naruto llevó una mano a su porta herramientas y sacó de ella un libro con la portada azul, con un hombre que parecía estar pensando. La tapa leía…

―¿Icha Icha Tactics? ―preguntaron Hinata y Sasuke al mismo tiempo.

―Pensaba regalárselo, pues es la única copia que Ero-sennin escribió ―dijo Naruto sonriendo, entendiendo que tenía entre sus manos la solución a su problema―. Me lo dio en garantía de pagarme todo lo que me debe. Nunca lo leí, me pareció aburrido. Pero…

―Pero Kakashi adora esos libros ―Sasuke comenzaba a comprender lo que Naruto quería decirles.

―Y quizás… ―pensó entonces Hinata.

―Y quizás lo cambie por una campana ―dijo Naruto animado, saltando de la emoción.

―No ―negó Sasuke, ideando algo. No por nada había sido el mejor alumno, mejor incluso que Shikamaru, cuando se trataba de planificación―. No vamos a intercambiar el libro… vamos a distraerlo con el libro.


Dos horas más tarde, Hinata, Naruto, Kakashi y Sasuke se encontraban en Ichiraku comiendo ramen y gyozas, claro, previa invitación de su nuevo compañero de equipo, Kakashi Hatake. Ya no sería más su instructor, sino que uno más de su grupo.

De alguna manera, tres jóvenes despistados habían logrado dar con el punto débil de uno de los shinobis más famosos de la aldea, quien se destacaba por siempre cumplir su misión. Claro está, no contaba con que Naruto amenazara con destruir la única copia de sus libros favoritos, y menos con que Sasuke comenzara a decir de qué se trataba la trama.

Kakashi intentó llegar lo antes posible al libro antes que el chidori de Sasuke lo destruyera, mientras que él y Naruto se intercalaban para decirle de qué se trataba, lanzándose el libro el uno al otro.

Horrorizado por los spoilers, se tapó los oídos mientras corría, y entonces se dio cuenta que gracias a su sharingan podía leer los labios, y aquello hizo que cerrara los ojos, momento en el cual Hinata le quitó la campana con un movimiento casi perfecto de trabajo en equipo.

Ese era el pago de haber trabajado tanto tiempo con el shinobi más talentoso de la aldea, el secreto de su punto débil, el cual lograron explotar de la manera más eficiente posible. Su recompensa fue la promoción de rango interno que Tsunade les hizo, finalizando así la prueba.

―Claro que no leí ese libro ―decía Naruto riendo una y otra vez―. Me pasé todo el tiempo entrenando, ¿Cómo iba a perder el tiempo en leer? Solo vi las primeras diez páginas y lo encontré tan aburrido que casi lo tiro.

―¿De qué trata de cualquier forma? ―preguntó Sasuke al ver a Kakashi tan enfocado en la lectura.

―De un tipo quejumbroso que no consigue el teléfono de una chica, o algo así…

―Sin spoilers ―lo interrumpió Kakashi―. Prometí pagarles la cena si no decían más spoilers.

Hinata sólo rió suavemente mientras quebraba sus palitos y observaba a Naruto y Sasuke burlándose de Kakashi por estar tan interesado en las historias de un tipo que era un fracaso en el amor.

Se sentía tan natural estar los cuatro juntos nuevamente, Naruto riendo a carcajadas mientras sorbeteaba la pasta remojada, y Sasuke ―quien no era demasiado alegre de por sí―, riendo como si volviese a ser un niño junto a su mejor amigo. Fuese lo que fuese que le había estado molestando durante el día parecía haberse levantado de él, y había una aura radiante a su alrededor, algo que no veía en meses en Sasuke.

Sin duda, Naruto no solo conseguía influenciarla a ella sino que también lo hacía con el Uchiha. Lo pensó mientras los veía discutir sobre quién podía terminar un plato de ramen más rápido para pedir un segundo (el cual claro, lo pagaría Kakashi). Hinata pensó que era divertido, pues Sasuke no era un gran fan de ese tipo de comida, y sin embargo, ahí estaba comportándose como un niño con tal de hacer que Kakashi gastara de más en ellos.

―¡Miren! Es Sasuke-kun ―exclamó de pronto una jovencita que pasaba junto a sus amigas, las cuales se lanzaron hacia ellos con todo tipo de elogios hacia el Uchiha― Sasuke-kun, estuviste genial en la obra anoche.

―¡Tienes que firmar mi poster de la obra del Tanabata! ―dijo otra de ellas mientras buscaba en su bolso el papelito que a todos les entregaron al momento de entrar a asistir la obra.

―Todo fue tan mágico, las estrellas danzando, las ovejas que parecían flotar entre nosotras…

―Oigan, ¿Me podrían dejar en paz? ―les pidió Sasuke mientras las alejaban un poco con las manos, pues las tres chicas intentaban abrazarlo.

―¿De qué están hablando? ―le preguntó de pronto Naruto, visiblemente celoso de la atención que recibía Sasuke.

―Anoche Sasuke y Hinata fueron las estrellas de la obra anual del Tanabata ―le respondió Kakashi―. Y se besaron frente a toda la aldea.

Naruto casi se atragantó con el ramen que comía, mientras Kakashi seguía leyendo el libro. Hinata tuvo la impresión de que lo había dicho de esa forma para vengarse de las burlas que había recibido toda la tarde de parte de Naruto y Sasuke por perder la campana.

La joven no supo qué decir, sólo bajo el rostro con las mejillas sonrojadas, intentando separar los labios para explicar que no se habían besado, que todo había sido fingido, pero parecía que Sasuke se le adelantaría a ello.

―No fue así ―se quejó el pelinegro, aún intentando que las jovencitas dejaran de toquetearlo.

―¿Y cómo fue? ―preguntó Naruto molesto, poniéndose de pie, sujetando la campera negra de Sasuke― ¿Cómo te atreves a besar a Hinata frente a todos? ¿Es que no tienes vergüenza? ¿Qué tal si su padre se entera y luego quiere asesinarte?

―Sólo fingimos besarnos ―respondió Sasuke poniéndose de pie también, para alejarse de una vez de sus acosadoras y empujar a Naruto―. ¿Y por qué te tendría que importar a ti lo que haga con Hinata de cualquier forma? Te fuiste tres años y ni si quiera le escribiste o…

―¡Claro que me importa! Sobre todo si están intercambiando salivaba frente a…

―No… no nos besamos ―dijo Hinata interrumpiendo el tenso ambiente que de pronto se generaba entre Sasuke y Naruto. Pero era demasiado tarde.

―Y tú sabes perfectamente que no podía escribir porque…

―¡Porque con suerte sabes escribir tu nombre!

―¡Repite eso y tiraré cada uno de los dientes!

―Sasuke y Naruto, peleando, que novedad ―la voz somnolienta de Shikamaru interrumpió la discusión, haciendo que ambos voltearan sus rostros hacia él.

Estaba acompañado de una alta chica, rubia, con un kimono oscuro atado con una especie de obi rojo. Hinata la reconoció de inmediato, era Temari, la hermana de Gaara. La joven que alguna vez le había dicho que no se volviera como la arena del desierto.

―¿Qué hace ella aquí? ―preguntó Naruto un tanto extrañado de verla―. ¿Gaara está contigo?

―No ―respondió la joven―. El Kazekage está en la aldea ocupándose de asuntos de suma urgencia. Vine a la Hoja como su representante para los exámenes chūnin.

―¡¿Qué?! ―preguntó Naruto volviéndose su rostro pálido como el de un fantasma― ¡¿Gaara es el Kazekage?!

―Sí ―respondió Temari un tanto confundida.

―Ese Gaara… ―Naruto bajó el rostro mientras Sasuke aún intentaba librarse de sus acosadoras.

―¿Cómo estás, Temari-san? ―le preguntó Hinata con una amable reverencia.

―Un tanto cansada. Gracias a todos los dioses volveré mañana a la Aldea ―respondió ella.

―Ah sí… Ino me pidió que te dijera que hoy celebraremos el éxito de la obra en su casa ―le dijo Shikamaru―A las diez.

―Estaremos ahí ―le respondió Hinata sonriente.

―Pues, me alegro ―fueron las palabras de un Naruto que sonreía con sinceridad, una reacción bastante atrasada de su parte―. Me alegro que Gaara haya logrado volverse el kazekage…

No obstante, lo que ninguno de ellos sabía en ese momento, era que una sombra se acercaba precisamente a Gaara, viajando por el desierto. Una sombra que comenzaría a mover los hilos del destinos entre aquellos tres amigos.