CAPITULO 39
Medio Enamorado

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"Yo estaba medio enamorado de ella para cuando nos sentamos. Ese es el asunto con las chicas. Cada vez que hacen algo bonito, incluso si no son muy guapas o si son medio estúpidas, te medio enamoras de ellas, y entonces ya no sabes en donde demonios estás parado. Chicas. Jesucristo. Ellas pueden volverte loco. De verdad pueden"

J.D. Salinger, The Catcher in the Rye

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¿Qué rayos hago aquí? ―pensó mientras escuchaba la risa de todos, observando fijamente la botella de sake en medio de la mesa.

De las muchas maneras en que se imaginó ese día, jamás pensó que terminaría así. No consideró que formaría un equipo con Kakashi, ni que Naruto volvería, y mucho menos que irían a esa estúpida celebración en vez de entrenar. Tampoco imaginó que a diferencia de lo que se esperaba de él, hubiese aceptado beber lo que Ino y Sakura habían robado de Tsunade, pero ahí estaba, dándole su primer sorbo a un platillo de sake, sintiendo el líquido quemarle la garganta mientras bajaba por su esófago.

Asqueroso ―pensó con deseos de escupir, pero se ahombró y lo soportó como lo hacía el resto, sin arrugar la nariz, con la vista al frente y el rostro impávido.

―Nada mal ―dijo Ino incómodamente, aunque era notorio que mentía.

―Sí… ―asintió Sakura, cuyas mejillas se sonrojaron de inmediato y los ojos casi se le ponen llorosos.

―¿En esto gasta su dinero Ero-sennin? ―reclamó Naruto tosiendo

―¿De verdad no lo vas a probar si quiera, Hinata? ―le preguntó Sakura, quien estaba sentada entre ella y Naruto.

―Claro que no lo probará ―respondió Sasuke en un gruñido.

―No gracias, mi padre se daría cuenta de inmediato si bebiera ―rechazó ella con una sonrisa amable.

―Fuiste muy valiente en robarle el sake a la abuela, Sakura-chan ―le dijo Naruto apegándose un poco más a ella.

―Yo le di la idea ―se jactó orgullosamente Ino, dándole un sorbo más a su platillo.

Sasuke sintió deseos de pararse e irse. Diez minutos con esas personas le bastaban para darse cuenta que no pertenecía ahí con ellos. Estaban preocupados de cosas que a él le parecían tan irrelevantes como sacarse una pelusa del ombligo; su mayor tema de conversación era el Tanabata y parecían querer escuchar todo acerca del viaje del perdedor. Claramente, tenía mejores cosas que hacer que escuchar como Ino alababa la obra, como Sakura hablaba de la mejoría de Kiba o las detalladas descripciones que Naruto hacía de una estúpida historia del país de los Ríos.

No obstante, Hinata había insistido en que fueran, prometiéndole que entrenarían temprano si lo hacía. Negoció con ella para quedarse exactamente treinta minutos a cambio de que se levantaran a las cinco de la mañana a entrenar. Hasta antes de entrar a la casa de Ino pensó que se había llevado la peor parte del trato, pero luego de escuchar la cantidad de estupideces que salían de la boca de todos, pensó que escucharlas, quizás, sólo quizás, lo haría olvidarse del asunto que no lo había dejado dormir las últimas noches.

―Luces un poco cansado Sasuke-kun ―le dijo Ino poniendo una de sus manos sobre el brazo que jugaba con el platillo de sake― ¿Estás bien? ―la mirada de Sakura de inmediato cayó sobre ellos con el peso de cien ladrillos.

―Sí ―respondió un tanto cortante, sin mover el brazo, intentando acostumbrarse al calor de la piel de Ino para comprobar si le desagradaba o no.

Aquello hizo toser a Sakura mientras bebía su sake, pero la rubia pareció ignorar su incomodidad y apoyó su mejilla sobre su hombro, sacándole la lengua a su mejor amiga.

―¿Quieres una gyosa, Sakura-chan? ―le ofreció Naruto a la jovencita, con una sonrisa de oreja a oreja que con gusto Sasuke le habría borrado con un puñetazo.

Pues, pasara lo que pasara, descargara su rabia con quien lo hiciera, al final de cuentas estaba en la situación que estaba por culpa de Naruto.

No es culpa de Naruto, es mi culpa, es mi culpa ser tan patético como para fijarme en alguien como ella… ―pensó mirando a Hinata de reojo, quien sonreía ante algún tonto comentario que Naruto hacia sobre lo bien que lucía Sakura con el cabello largo nuevamente.

Había estado tan decidido en decírselo esa mañana. Había estado tan resuelto en confesarle todo lo que estaba pasando dentro de él, que incluso omitió cambiarse de ropa o si quiera tomar un baño con la idea de encontrarla en su sitio usual de entrenamiento. Iba a confrontarla de una vez por todas, pues un Uchiha no se iba con rodeos ni se empequeñecía cuando sabía lo que quería.

Estaba decidido a reclamarle que se despidiera de la idea de que algún día el perdedor la iba a tomar en serio y que en cambio le diera una oportunidad a él de demostrarle que un futuro en donde ambos no estuvieran juntos no tenía sentido. Estaba dispuesto a darle tiempo (pero no mucho, no tenía paciencia para ello), a conquistarla inclusive si era necesario. Le iba a decir cómo estúpidamente había sentido celos de todos los que se le acercaban, que odiaba a cualquiera que se atreviese si quiera a mirarla, que quería lastimar a cualquiera que la hiciera sentir mal, y que por algún motivo sentía la necesidad de estar con ella y sólo con ella. Estaba dispuesto a mirarla a los ojos y explicarle el suplicio que le resultaba entrenar cada vez que le sonreía. Lograba desarmarlo por completo con gestos simples como llevarle almuerzo o el sonido de su risa, la cual se había convertido en su sonido favorito. Le iba a decir que había llegado a la conclusión de que todo aquello sólo podía significar que estaba enamorado y que por eso, lo único que tenía sentido para acabar con su tortura era que ella sintiera lo mismo por él.

Le declararía lo que sentía hacía ya tanto tiempo: que con una simple mirada lograba calmar el odio que sentía por Itachi; sólo junto a ella hallaba algún sentido de paz en su miserable, solitaria, y patética existencia. Sin si quiera darse cuenta, había encontrado un propósito en su vida además de la venganza… quería conquistarla, protegerla y cuidarla el resto de su vida, si era necesario. No le iba a permitir no sentir lo mismo que él, aunque tuviese que abrirle el pecho y arrancarle el corazón para que se olvidara de cualquier persona que no fuese él. Bueno, quizás eso era un poco exagerado, pero estaba dispuesto a amenazarla con ello si tenía que hacerlo.

No obstante, tan pronto los vio juntos, notó la manera en que Hinata miraba a Naruto.

Aquella mirada quebró algo dentro de sí.

Nunca entendió el significado de tener el corazón roto hasta que observó a Hinata dedicándole al perdedor la mirada más dulce y llena de afecto que hubiese visto en su vida. Fue más que doloroso ver que ella deseaba al Uzumaki, como él la deseaba a ella. Que estaba enamorada de Naruto, como él estaba enamorado de ella. Que le sonreía a Naruto como deseaba que le sonriera a él. Y por primera vez en su vida sintió lo que significaba realmente ser un perdedor, pues en esa ocasión, frente a su mejor amigo, había perdido sin si quiera comenzar una pelea.

Hinata amaba a Naruto y nada de lo que él dijera o hiciera cambiaría eso.

La había perdido.

Con un nudo en la garganta y un extraño peso en el pecho, caminó hacia el sitio de entrenamiento junto al resto del equipo. Se mantuvo en silencio, con la mirada fija en el suelo, notando de reojo la manera en que los ojos de Hinata se escapaban en furtivas miradas hacia Naruto en cada oportunidad que tenía. Sólo de verla se daba cuenta del adorable anhelo lleno de amor que había de ella hacia él. Y extrañamente, con cada paso que dio junto a ellos se sintió más y más solo, más alejado de ambos, más lleno de odio y más convencido de que eso de enamorarse era un gran, estúpido, y patético comportamiento del cual él no iba a participar.

Dejó de lado cualquier pensamiento al respecto cuando comenzaron la prueba de las campanas y enfocó su mente sólo en un objetivo. No quería volver a pensar en Hinata de ese modo. De cualquier forma, todo aquello era una gran pérdida de tiempo y lo que menos deseaba era actuar como un perdedor, enamorándose de alguien que jamás lo miraría de la forma en que miraba a Naruto. Él era un Uchiha, y su único propósito de haber sobrevivido al exterminio de su clan era vencer a Itachi. Cualquier otra cosa en su mente era sólo una distracción.

Decidió rápidamente que todo había sido tan sólo un lapso de falta de lucidez y lo desechó como una mera caída que ya había superado y que no volvería a repetir. Incluso se sintió aliviado de pensarlo de esa manera, como un momento de extrema soledad en que había confundido la amistad que sentía por Hinata con algo más. Entonces se convenció a sí mismo de que no podía interesarle menos a quien alguien como Hinata Hyuga amara o dejara de amar.

―¡Es enserio! Teníamos que llevarle un pergamino pero no sabíamos dónde Ero―sennin lo había dejado cuando estaba ebrio, ¿Puedes creerlo, Sakura-chan? ―dijo Naruto, aburriendo un poco a Sakura quien movió el rostro buscando a Sasuke.

―Claro, Naruto ―respondió incómoda, sonriéndole al pelinegro con calidez y las mejillas sonrojadas.

―Tus brazos son realmente cómodos Sasuke-kun ―dijo de pronto Ino mirando a la pelirrosa con rostro de ganadora.

El comentario, claramente, provocó una gran tensión entre ellas que al Uchiha en ese momento le era indiferente, porque mientras Naruto contaba aquella estúpida historia sobre haber caído por un río junto a Jiraiya en búsqueda de un comerciante, sintió que algo más ardía dentro de él y no era precisamente el sake.

Había estado en silencio toda la noche soportando la expresión en Hinata al notar que una vez más se volvía invisible frente a los ojos de Naruto cuando la pelirrosa se encontraba cerca. Sabía exactamente como se sentía y por ello se encontraba al borde de perder la paciencia. Si no se controlaba le saltaría encima a Naruto y le molería el rostro a puñetazos. Incluso podía imaginárselo lo cual le daba la calma que necesitaba para quedarse justo donde estaba, odiándolo en silencio por su indiferencia y estupidez.

Lo que más le irritaba de todo era la falsedad en Hinata, quien en vez de mostrarse triste o enojada, sonreía al ver aquella escena. No estaba celosa o devastada, sino que realmente se veía alegre, desinteresadamente feliz de que Naruto se estuviese divirtiendo, ignorándola. No supo cómo podía estar ahí mirando en dirección a ambos sin mostrar nada excepto esa sonrisa. Esa mueca en sus labios le resultaba tan angustiante como si ella hubiese estado desecha en lágrimas.

―No puedo creer que sigan bebiendo esa porquería ―dijo Shikamaru, ingresando al salón junto a Temari y Chouji―. El alcohol crea situaciones demasiado problemáticas.

―¿Dónde están las papitas, Ino? ―preguntó Chouji.

―Hay algunas en la cocina ―le respondió ella.

―No deberían estar bebiendo ―los sermoneó Temari para luego ir al balcón de la casa de Ino, desinteresada de compartir con ellos. Seguramente había algún motivo para que estuviese ahí, o quizás Shikamaru la había invitado. En ese momento, a Sasuke no le importaba.

Su atención se mantenía en Naruto, Hinata y Sakura. La dinámica entre ellos lo tenía tan irritado que en cualquier momento se pararía y se iría de ahí. Lo peor era saber que si aún no lo hacía era precisamente porque Naruto se lo había pedido antes de entrar a la casa.

Por favor, distrae a Ino para que pueda conversar con Sakura-chan e invitarla en una cita de nuevo… ¡Hazme ese favor, bastardo!

Y se lo estaba haciendo. Hacía cinco minutos ya que estaba sentado ahí junto a Ino, dejando que ella le hablara, lo tocara e intentara llamar su atención para que así Naruto pudiera hacer lo mismo con Sakura. No entendía del todo cual era el propósito del Uzumaki actuando como un bufón, mostrándose patético e irritando a Sakura cada vez más, pero fuese cual fuese su estrategia para conquistarla, iba miserablemente mal.

Y lo más triste de todo era la tercera persona que sobraba, Hinata, quien estaba ahí entre ellos sin saber qué decir o hacer, claramente incómoda, pues se percataba de lo que estaba sucediendo. Sentada en la cabecera de la mesa bajó de pronto el rostro, enfocó sus ojos en el vaso con jugo que sostenía y lo movió en ondas circulares sin que nadie pareciera darse cuenta de su abstracción o si quiera su presencia.

Pero Sasuke si se daba cuenta.

Llevaban años solos él y ella. Claro que se daba cuenta que eso le estaba rompiendo el corazón de alguna forma. Antes de esa mañana no hubiese podido tener una gota de empatía ante sus sentimientos, pero ahora sí. Ahora sabía exactamente como se sentía ser el tercero que sobraba. Comprendía a la perfección que ella había esperado pacientemente por volverlo a ver y una vez más, no parecía notarla.

Bajo la mesa, Sasuke apretó la tela de sus pantalones mirando a Naruto como si quisiera partirle la cara. Una vez más.

―No lo creerías Sakura-chan, Ero-sennin estaba tan mojado que se le caían los pantalones y fue entonces que la jovencita lo vio y le gritó que era un viejo sucio, haciendo que todos en su Villa nos persiguieran con palos y rastrillos ―decía Naruto riendo a carcajadas, mientras Sakura tomaba de su vaso, asintiendo un tanto incómoda― ¿Sakura-chan? ¿No crees que es gracioso?

―Claro, es gracioso ―respondió ella, buscando nuevamente los ojos de Sasuke que se toparon un segundo con los de ella para mostrarle lo intimidante que podía lucir cuando estaba enojado.

¿Por qué Naruto tenía que herir a Hinata de esa forma? ¿Por qué no podía hacer nada al respecto para evitarle ese dolor? ¿Por qué tenía que sonreír así en vez de mostrarse molesta, furiosa inclusive? ¿Por qué tenía si quiera que importarle lo que ella sintiera por él? No eran asuntos suyos lo que una niña tonta y un descerebrado sintieran el uno por el otro.

―No debieron robar eso, Tsunade-sama se dará cuenta ―dijo Shikamaru observando como Ino le servía más a Sasuke y Naruto, quienes parecían estar compitiendo el uno con el otro para ver quien ponía cara de asco primero mientras bebían pequeños sorbos de sake.

―Ni si quiera lo notará ―dijo Ino con una sonrisa pícara, guiñándole el ojo a su compañero―. Tiene decenas de estas botellas escondidas por todas partes.

―Además, hoy es una ocasión especial ―reclamó Sakura―. El equipo siete ha sido promovido al equipo Kakashi, la obra fue todo un éxito gracias a Sasuke-kun y…

―¡Y yo volví finalmente a la aldea! ―interrumpió Naruto.

―Ah sí, eso… ―dijo Sakura como si estuviese controlándose para no golpearlo― ¡Hay muchos motivos para celebrar! ¿Verdad que sí, Sasuke-kun?

Sasuke no respondió, sólo le dio otro sorbo al platillo, soportando el deseo de escupir lo que acababa de beber sólo porque Naruto también lo hacía. De esa manera, permaneció sentado junto a Ino, ignorando todo pensamiento relativo a Hinata tal como lo había decidido en la mañana. Claro, hasta que después de más de veinte minutos de silencio, ella decidió hablar.

―Creo que es hora de irme ya ―dijo de pronto, al ver como Naruto acababa de intentar abrazar a Sakura para recibir un golpe en el rostro que hizo sangrar su nariz―. Debo levantarme temprano para entrenar.

―No te vayas aún, Hinata ―le dijo de pronto Naruto, como si acabase de darse cuenta que ella estaba ahí sentada―. Podemos entrenar un poco más tarde mañana. Divirtámonos hoy.

―Creo que es mejor que nos vayamos todos ―dijo Sasuke casi poniéndose de pie, aunque Naruto le ganó poniendo sus brazos con fuerza sobre los hombros de éste para empujarlo de vuelta a la silla apretando su piel, recordándole de esa manera el favor que le había pedido―. Acabo de recordar que mañana entrenaremos sólo en la tarde. Nos quedaremos un poco más.

―Tienes razón ―dijo Naruto riendo nervioso―. Nos iremos después que Sakura-chan nos muestre ese postre que hizo con duraznos, ¿Verdad, Sakura-chan?

―Lo hice especialmente para Sasuke-kun ―Sakura enrolló una de las hebras de su largo cabello alrededor de su índice, mirando al Uchiha con una tímida sonrisa.

―Temari-san está sola. La iré a acompañar ―dijo entonces Hinata―. Permiso.

La peliazul se retiró de la mesa con una sonrisa melancólica en el rostro. Sasuke la siguió con la mirada hasta que se perdió atrás de la cortina del balcón de la casa de Ino, lugar en donde Temari había estado tomando el fresco de la noche.

Miró entonces a Naruto pensando si el perdedor se habría dado cuenta si quiera de lo que acababa de pasar y por qué Hinata se había retirado de la mesa. Suspiró molesto, apretó la mandíbula y le dio otro sorbo al sake.

No era asunto suyo.

Lo que Naruto pensara era irrelevante a esa altura. No era su problema qué sintiera Hinata por Naruto o por cualquier otra persona. Si ella lo amaba de esa forma tan estúpida en que no le importaba hacerse trizas el corazón, él no iba a interferir en eso. Ni si quiera le importaba, nunca había sido el tipo de persona que se preocupase con los demás… era egoísta y lo sabía.

¿Entonces, por qué deseaba romperla la cara a Naruto? ¿Por qué no podía ahombrarse un poco, sacar a Ino de ahí y pasar un rato agradable con ella? ¿Qué tenía de malo la rubia? Era alta, tenía un cuerpo escultural, tal vez era la chica más atractiva de todo Konoha. Lo había puesto en su lugar en varias ocasiones, parecía poder leerlo como un libro abierto. No era superficial, se había preocupado por él de verdad en más de una ocasión y aunque su insistencia lo hastiaba, Ino parecía amarlo de verdad.

Ya no eran niños.

Ya no eran niños y no tenía nada de malo querer estar con una mujer de vez en cuando. Podía admitir aquello sin sentirse avergonzado. Lo anormal hubiese sido no haberse sentido atraído por las mujeres, no haber sentido la curiosidad de ver a una joven desnuda, saber cómo se sentían, percibir su aroma, besarlas…

Y ahí, al lado de ella… la presencia de la rubia le era indiferente. Esos ojos azules no le comunicaban nada, su sonrisa le parecía vacía e insignificante. Su voz… lo comenzaba a irritar y se imaginó en varias escenas en que la callaba dándole un beso, ¿Su primer beso de verdad con Ino? Aquello le revolvió el estómago y no precisamente por causa del sake, ¿Por qué no podía ser como cualquier otra persona normal de su edad tal como Naruto que estaba llegando a hacer el ridículo con tal de llamar la atención de Sakura?

Cuando un Uchiha sabe lo que quiere, todo lo demás pierde valor ―se repitió mentalmente mientras se le apretaba el estómago.

Esas eran palabras de su padre. Siempre decía cosas como esa sobre los Uchiha, y sus máximas de experiencia se habían convertido en credos para Sasuke cada vez que estaba frente a un problema: "Un Uchiha nunca se rinde", se repetía cuando sentía que no sería capaz de alcanzar alguna meta. "Un Uchiha siempre cumple su palabra", se decía a sí mismo cuando pensaba en su promesa de matar a Itachi. "Un Uchiha nunca fracasa", pensaba muchas veces cuando se consideraba un perdedor por estar en medio de una misión estúpida…

Cuando un Uchiha sabe lo que quiere, todo lo demás pierde valor… ―apretó entonces con más fuerza la tela de su pantalón―. Mierda… mierda… mierda… ¡MIERDA!

Él sabía exactamente qué quería, a quién quería y cómo la quería.

Se puso blanco entonces y no supo qué más hacer que darle un prolongado sorbo directamente a la botellita de sake que todos se habían estado sirviendo. Lucía terrible, estaba sudando, su respiración alterada, facciones de espanto. Tanto era su repentino cambio de humor que hasta Naruto dejó de hablar para observarlo extrañado.

―¡Sasuke! ¡No sabía que bebías de esa forma! ―le sonrió el rubio desde el otro lado de la mesa― ¿Estás bien? ¡Parece como si hubieses visto un fantasma!

Sasuke levantó el rostro y lo miró con odio. Él era la razón por la cual no podía obtener lo que quería. Su pecho se apretó y sintió deseos de saltar a la mesa y patearle el rostro con fuerza hasta hacerlo sangrar. Pero respiró hondo, muy hondo, y recordó que lo que él quería no importaba en lo más mínimo. Lo único que importaba era lo que ella quería.

Y ella no lo quería a él. Ella quería a Naruto, siempre había querido a Naruto.

―No estoy acostumbrado a beber ―respondió intentando calmarse.

Ino le hablaba y le hablaba sin parar sobre cosas triviales, sobre personas que no conocía y sobre temas que no le importaban. La miró y pensó que tan diferente podría ser Ino de Hinata con la luz apagada. No sólo eso, por primera vez en su vida la deseó; la rabia que sentía en ese instante la podría haber descargado completamente contra Ino en un momento en que dejara que sus hormonas tomaran control de él. Ahí a su lado tenía una chica que lo había estado mirando y amando toda su vida y él ni si quiera la notaba, tal como lo que hacía el idiota de Naruto.

La comparación le revolvió el estómago.

Ahómbrate un poco, marica. Ino, Hinata, Sakura… todas son iguales si no hay luz ―pensó mientras miraba de reojo a la Yamanaka, provocando que ésta sonrojara.

―Y entonces, cuando no tengo nada que hacer, trabajo en la florería Yamanaka ―dijo Ino sonrientemente―. Vendemos todo tipo de flores. Hoy hice un hermoso arreglo de margaritas y rosas ―Sasuke se volteó a mirarla con seriedad y quizás por el alcohol se le escapó.

―¿Tienes flores que sirvan para prensarse?

Esas palabras hicieron que su recientemente arribado compañero de equipo se callara y la sonrisa en su rostro desapareciera. Sasuke se dio cuenta que lo estaba mirando de reojo con cara de pocos amigos, como si ese comentario realmente le hubiese molestado.

― Claro Sasuke-kun ¡Muchas! ―respondió Ino con una sonrisa gigantesca, algo extrañada por la pregunta, pero también maravillada de que por fin le diera algo de atención aparte de monosílabos. Extrañamente, comenzó a pensar que tal vez al día siguiente iría a comprar flores y se las llevaría a Hinata ¿Comprar flores? ¿En qué estoy pensando?― ¿Te gusta el prensado de flores? ―Ino puso cara de perpleja.

―Sí Sasuke ―interrumpió Naruto mirándolo a los ojos, su voz sonaba algo ronca― ¿Te gusta prensar flores?

―¡Cierra la boca perdedor! ― Se puso de pie tan violentamente que Naruto no pudo evitar hacer lo mismo― ¡Cierra tu maldita boca antes de que te la cierre yo! ―las chicas rieron sin entender lo que estaba pasando, creyendo que era sólo un juego de dos amigos.

Pero esta vez, estaban lejos de jugar y ambos lo sabían por la forma en que se estaban mirando.

Naruto… Naruto era el peor de todos en esa mesa ¿Cómo podía ser tan estúpido? ¿Tan ciego? ¿Cómo podía haber logrado que alguien como Hinata lo amara de esa forma y ni si quiera darse cuenta? ¿Qué tenía Naruto que hacía que ella lo quisiera de esa forma en que sólo se lastimaba a sí misma?

¿Qué tenía Naruto que lograba tener éxito en donde él había fallado sin si quiera intentarlo?

No lo soportaba. No conseguía aguantar un segundo más sin que Naruto se diera cuenta de lo que estaba pasando.

Hinata lo ama. Siempre lo ha amado…―pensó Sasuke mientras tomaba el vaso y lo apretaba con tanta rabia que fácilmente se pudo haber quebrado entre sus dedos.

―Voy por agua ―dijo retirándose de la mesa, apartado su mirada de la de Naruto, dejando al rubio confundido y molesto.

Ino pareció decepcionada pero Sakura se paró de inmediato junto a él. La quedó mirando extrañado. ¿Acaso no entendía que se estaba largando de ese lugar por ella, por Naruto, hasta por Ino que no tenía nada que ver en todo ese asunto?

―Espera Sasuke-kun, déjame acompañarte ―le dijo con su mejor sonrisa.

―No es necesario ―respondió éste sin mirarla nuevamente―. Estoy seguro que tienes mucho que hablar con Naruto ―sarcasmo. No estaba seguro si el dobe lo había entendido.

Quería alejarse de ese lugar de prisa. No quería pasar más tiempo cerca de ninguno de los presentes. Estaba lamentando horriblemente las decisiones que había tomado ese día y no se sentía de humor para que lo vieran lamentarse en silencio. Sin embargo, no logró avanzar demasiado por el pasillo antes de que Naruto lo detuviera.

―Una palabra ―su voz sonaba completamente molesta mientras abría la puerta de la habitación de Ino, justo atrás de él. Sólo en ese momento Sasuke se había percatado de que Naruto lo había seguido―. Tú y yo.

Sasuke se dio la vuelta y entró en el cuarto, cerrando la puerta atrás de él con un portazo. Naruto subió las cejas sorprendido por su reacción. En ese momento ni si quiera le importaba que supiese lo enojado que estaba, de hecho estaba esperando sólo un motivo, algo que lo empujara a golpearlo.

―¿Qué? ―le preguntó irritado, su mirada cada vez más afilada.

―¿Qué está pasando? ―le preguntó sin rodeos.

Era cierto que Sasuke no veía a Naruto en tres años, pero incluso una persona tan despistada como él podía percibir la rabia que emanaba del Uchiha en ese momento.

―¿A qué te refieres? ― Sasuke no iba a caer en ese juego.

―Estás actuando raro desde la mañana. No dejas de… ah… estás comportándote de una forma que no es… ¡¿Qué rayos te pasa?!

―Ve al grano Uzumaki ―le advirtió perdiendo la paciencia.

―Hinata ―su mirada era tan seria, que Sasuke se tuvo que controlar para no darle vuelta el rostro de un puñetazo por decir su nombre en voz alta.

―¿Qué hay con ella? ―respondió cortante.

―¿Qué está pasando entre ustedes dos?

―Absolutamente nada.

Decirlo en voz alta le dolió, era admitir que era un fracaso que nunca podría hacer que ella lo mirara dos veces. ¿Por qué estaba sintiéndose así? ¿Era el alcohol?

―¿Pero por qué se besaron frente a toda la aldea? ¿Y ahora estás hablando de prensar flores con Ino? ―Naruto podía ser la persona más densa del mundo, pero lo conocía más que nadie. Era difícil escondérselo y lo sería aún más si seguía por el camino que iba.

―No me gusta repetirme. Nada sucede. No de la forma que insinúas ―repetirlo volvió a doler; nuevamente se sentía como el peor perdedor de toda la tierra― ¿Feliz? Ahora déjame solo.

―Entonces es Sakura-chan. Estás actuando así por Sakura-chan ―dijo perplejo― ¿Te gusta? ¿Por eso estas actuando tan raro, mirándome mal cada vez que le hablo? Si es así… yo podría hacerme a un lado para que ustedes dos…

―¡Esto no tiene nada que ver con Haruno, idiota! ―le gritó Sasuke. Naruto era un imbécil, lo único que podía entender con claridad era cuánto dinero tenía que pagar por un bol de ramen en Ichiraku

―¿Entonces por qué? ¿Por qué estás actuando así? ―exclamó Naruto tomándose la cabeza, completamente confundido― En la mañana parecías feliz de verme y luego irritado, y después simplemente furioso. No entiendo… no entiendo nada.

―¿Qué te sucede con Sakura? Necesito saberlo ―le preguntó Sasuke cruzándose de brazos― Sabes que no existes para ella y aún así…

―No te hacía el tipo de personas que se interesa en esas cosas ―respondió Naruto frunciendo el ceño un tanto ofendido.

―¡No cambies el tema, perdedor! ―le gritó Sasuke golpeando la pared.

―Realmente eres un pésimo bebedor, Sasuke ―gruñó Naruto― Sakura-chan es… no creo que sea… bueno ya sabes a lo que me refiero. Pero por algún motivo… por algún motivo ella te prefiere y yo… ―las mejillas de Naruto se sonrojaban mientras miraba a un costado, sin poder terminar su frase por el golpe que recibió en el rostro por parte de Sasuke.

―¿Es eso? ―Sasuke estaba furioso, al punto que quizás si no se hubiese controlado un nuevo puñetazo habría alcanzado a Naruto― ¿Intentas llamar su atención porque piensas que esto es algún tipo de competencia entre los dos? ¡Sólo porque ella me prefiere a mí! ¿Esa esa es tu excusa? ―sus manos temblaban, estaba controlándose para no golpearlo de nuevo― ¡Eres un imbécil!

―¿Estás loco? ―le preguntó Naruto completamente sorprendido desde el suelo, tocándose el rostro para ver si algún lugar le sangraba― ¿Por qué me golpeaste?

Era una excelente pregunta y ni si quiera Sasuke estaba seguro de la respuesta. Por un momento, por una fracción de segundo, había odiado a Naruto incluso más que a Itachi y de pronto su puño estaba cerrado y en dirección al rostro del rubio. Pero ahora que ese momento había acabado, no tenía idea de qué le había sucedido para golpearlo de ese modo y la culpa comenzaba a invadirlo.

―¿Qué es lo que realmente sucede? ―le preguntó nuevamente Naruto cuando el silencio invadió la habitación― Puedes decírmelo, ¿Estás molesto por tener que venir a la fiesta de Ino? Si es así nos podemos ir y ya, pero no necesitas llegar al punto de golpearme.

―Naruto… ―dijo Sasuke con un tono de voz muy despacio mirando el suelo― Yo…

¿Tenía valor para admitir lo que sentía en voz alta? Una vez que saliera de su boca no había vuelta atrás, no había forma de olvidarla, no había modo de recuperar su amistad. Una vez que le dijera sería odiarlo porque ella lo amaba. Significaría alienarse de su mejor amigo, hacerlo su rival en algo que iba mucho más allá de quien era más fuerte.

Era todo o nada.

Sería suya o no sería de nadie.

Pelearía contra cualquiera por ella, para ella…

Si lo decía en voz alta, ya no había forma de que pudiera seguir ignorando ese calor que le quemaba las entrañas cada vez que pensaba en ella.

Si lo decía en voz alta, entonces era verdad y no sólo sus hormonas jugando con él.

―Olvídalo.

Ese era su mejor amigo y ella lo amaba.

El que sobraba en toda esa ecuación era él. Debía haberse sentido feliz de que Hinata pusiera los ojos en alguien de buenos sentimientos como Naruto, pero sólo sentía dolor, envidia y sobre todo celos. Era una persona horrible y comenzaba a darse cuenta de ello en ese segundo. En vez de ayudarlos e intentar unirlos, sólo estaba ahí deseando lo contrario. Deseando en el fondo de su corazón que Naruto desapareciera o que Hinata lo olvidara de una vez… era egoísta, no había duda de ello, sólo le interesaba lo que a él mismo le convenía pero no sería así por mucho tiempo.

―Anda, puedes…

―No es nada. No debí beber esa porquería ―dijo Sasuke despreocupadamente, actuando de maravillas―. De hecho, debería irme. Ya es tarde y mañana es día de entrenar y…

―Está bien ―dijo Naruto con seriedad―. No necesitas decírmelo ahora ―y su seriedad desapareció para formar una sonrisa―. Pero si vuelves a golpearme, te lo sacaré a golpes también. Eso dolió, ¿Sabes?

―No quise… yo… ―no era bueno para disculparse, era difícil para él hacerlo.

―Descuida ―le dijo Naruto poniéndose de pie―. Iré por Hinata para que nos vayamos.

―No. Quédate con ella ―no sabía por qué, pero sintió que debía hacerse a un lado, al menos esta vez―. Ambos parecen estar divirtiéndose.

―¿Estás seguro?

―Sí ―casi le dijo que necesitaba tiempo para estar solo, pero en su mente sonó como el tipo de cosa que una chica diría―. Nos vemos.

―¡Claro! Mañana definitivamente te patearé el trasero mientras entrenemos.

Sintiéndose como verdadera basura, Sasuke se retiró de la casa de Ino en silencio, dejando atrás las risas de los presentes como un lejano recuerdo en su memoria. No podía creer que había llegado al punto de golpear a Naruto, perdiendo de esa manera el control. No culpaba realmente al sake, pues ni si quiera se sentía mareado como para haber dicho que estaba ebrio. Aquello había sido sólo un juego entre ellos para demostrar quién era más resistente que el otro. Aun así, tampoco podía entender la fijación de su amigo por querer competir con él en todo ámbito de su vida, incluso con algo tan estúpido como las chicas. Aunque podía entenderlo, mejor que nadie en el mundo, pues también se había preguntado dentro de su confusión si todo ese asunto de sentirse atraído a Hinata sería o no una forma en que su mente, inconscientemente, lo guiaba a ella porque prefería a Naruto y no a él.

Y de pronto mientras caminaba por las calles de Konoha su mirada se posó en el parque de juegos. Ahí, sentada bajo un solitario poste de luz se encontraba la persona por la quien se había estado desvelado las últimas semanas.

Se quedó parado observándola un minuto sin estar seguro de si acercarse o no, curioso del motivo por el cual Hinata prefería estar ahí y no dentro de la casa de Ino. Fue entonces que comenzó a preocuparse, pues si se había retirado incluso antes que él, ¿Cómo no se había si quiera dado cuenta de su ausencia?

―¿Qué haces aquí? ―le preguntó sentándose junto a ella en el columpio que estaba vacío a su lado― Naruto debe estar buscándote.

―Sólo quería aire fresco ―respondió Hinata sin levantar la mirada, impulsándose suavemente sobre el columpio. En ese momento su aguda nariz delató a su compañera.

―¿Bebiste sake? ―le preguntó de forma recriminadora― ¿Estás loca?

―Sólo lo quise probar ―respondió ella tristemente.

―Te dije que no podías…

―No recuerdo haberte pedido permiso. No soy una niña.

Sasuke la miró extrañado entonces. Era la primera vez en mucho, mucho tiempo, que Hinata lo interrumpía alzando la voz. ¿Es que acaso estaría ebria o simplemente había perdido la razón? Claro que no era una niña y él mejor que nadie lo sabía, pero no podía evitar ser sobreprotector con ella.

―Ya dije que sólo lo probé ―dijo nuevamente, subiendo el rostro y mirando el cielo estrellado―. Pasaré la noche aquí y nadie lo sabrá.

―Yo lo sabré ―dijo molesto, poniéndose de pie. Le tomó con fuerza el brazo para hacer que se pusiera de pie, pero ésta no se movió, es más, aferró con fuerza sus manos a las cadenas del columpio―. Nos vamos Hyuga. Ahora.

―Quiero quedarme aquí ―dijo testarudamente.

―Hinata, sabes mejor que nadie que no tengo paciencia para estas cosas ―la tiró con tanta fuerza que no le importó si la lastimaba y antes de que Hinata pudiese alegar estaba de pie.

Comenzó a arrastrarla a la fuerza entonces, sintiendo un poco de resistencia de su parte pero no la suficiente como para que la tomara en serio. Hinata era ligera y él ya era casi un hombre, tenía más fuerza que ella y no permitiría que le dijese que no.

― ¡Sasuke, suéltame! ―le exigió cuando ya llegaban a las escalerillas que llevaban a la calle principal, pero ni si quiera así la escuchó. De hecho la tomó por la cintura y la levantó sobre su hombro como si fuera un saco. No iba a discutir más con alguien ebria y sinceramente en ese momento si lo hacía le podía decir cosas de las cuales luego se terminaría arrepintiendo.

Todo eso era culpa de Naruto. Llevaban años solos él y ella y jamás se había comportado así ― Maldito perdedor…―pensó con rabia mientras la sentía patalear en protesta.

Y entonces ocurrió. Sintió un dolor fuertísimo en un brazo sabiendo que Hinata había usado el puño suave. Tuvo que bajarla en ese momento, para tomarse el brazo y asegurarse de que estaba bien. La joven lo miró a los ojos con determinación y no su típica timidez, llegando a sorprenderlo. Jamás había visto en ella ese fuego que desprendía.

―¿Estás loca? ―le preguntó por segunda vez esa noche, tomándose el brazo con fuerza― ¡Me podrías haber roto el brazo!

―No quiero irme ―le respondió Hinata, molesta.

―¡Pues debiste haber pensando un poco antes de hacer estupideces sólo porque Naruto no sabe que existes! ¿Crees que las cosas cambiarán porque bebas sake y comiences a actuar como Sakura? ―le gritó enojado, había algo en verla en ese estado que lo ponía realmente furioso― ¡Eres una verdadera molestia! Ahora tengo dos molestias en mi equipo. Si quieres hacer el ridículo hay mejores formas que esta, ¿Sabes?

―¿Por qué no me dejas en paz? ―Sasuke ni si quiera necesitaba seguir tirando de ella, era ahora Hinata la que estaba caminando hacia la calle con rapidez.

Se repitió una y otra vez que las cosas que Hinata estaba haciendo no las hubiese hecho bajo circunstancias normales, que era el alcohol el que estaba hablando, que era ese maldito sake el que la hacía actuar como una cretina. Aun así, no pudo evitar seguirla, caminar atrás de ella con las manos en los bolsillos mientras la chica Hyuga se movía con rapidez frente a él, hasta que de pronto se detuvo y se sentó sobre una banquilla bajo un poste de luz que parpadeaba.

Sasuke avanzó lentamente hasta quedar frente a ella. La observaba con rabia, notando que había lágrimas en sus mejillas que dejaba caer en silencio.

Su estómago se apretó.

―¿Todo esto por Naruto? ―le preguntó irritado sin mirarla― ¿Tanto te importa? Ni si quiera parece notarte y tú lloras por él.

Hinata permaneció en silencio. Sólo se escuchaba la forma en que sollozaba en quietud, hasta que de pronto subió la mirada hasta encontrarse con los ojos de Sasuke. De inmediato el Uchiha se arrepintió de todo lo que acababa de decir y el deseo de abrazarla lo inundó.

―Soy patética, ¿Verdad? Pensé que… cuando volviera… vería que logré cambiar. Pero sigo siendo… ― Se tapó la cara con ambas manos y gimió con un tono calmado y melancólico. ― Sakura-san es tan asombrosa.

―¿Qué tiene de asombrosa? ―le preguntó cruzando sus brazos.

―Su sonrisa es cálida. Es tan fuerte… ―Hinata destapó su rostro y miró a Sasuke hacia arriba― No es una sorpresa que Naruto-kun la ame tanto. Sólo es una sorpresa que tú no lo hagas.

―¿Amarla? ―Sasuke comenzó a reír como si lo que Hinata le acababa de decir fuese lo más gracioso del mundo. Ella lo miró frunciendo el ceño hasta que paró de reír―. Naruto no ama a Sakura. Pensé que al conocerlo tanto como yo te habrías dado cuenta de ello ―Sasuke le tendió una mano para ayudar a Hinata a ponerse de pie―. Lo único que realmente ama Naruto es el ramen. Sécate esas lágrimas y deja de decir tonterías.

―¿Por qué no la amas tú entonces? Ella te adora.

―Eso no es asunto tuyo, Hyuga. Te llevaré a mi casa.

―Sasuke… ―comenzó Hinata― Creo que voy a vomi…

No tuvo que esperar mucho. Hinata agachó todo el cuerpo y comenzó a vomitar justo bajo sus pies. Sasuke respiró profundamente, sintiendo tanto asco como podría haber sentido cualquiera en su situación y dándose cuenta que entre él y Hinata Hyuga nunca habría más que respeto de compañeros luego de haber visto eso. Ni si quiera había visto algo tan asqueroso viniendo de Naruto. Y hablando de perdedores, no pudo creer que llegara justo en el peor momento posible.

―¡Ey! ¿Qué pasa? ―nunca entendería que había motivado que todos bebieran como idiotas esa noche― ¿Hinata? ¿Qué le sucede a Hinata? ¿Por qué está vomitando? ―le sobó la espalda mientras la chica vomitaba, en cuanto Sasuke le recogía el cabello para que no lo ensuciara― ¿Qué le sucedió?

―Creo que está ebria ―respondió Sasuke mirando hacia un costado, completamente asqueado.

―¿Está ebria? ¿En qué momento bebió? ―exclamó Naruto aún sobándole la espalda y mirando a Sasuke con furia como si él hubiese sido el responsable de todo.

―Deja de mirarme así. Si alguien es culpable de todo esto eres tú ―respondió Sasuke comenzando a perder la paciencia.

―¿Ah? ¿Pero yo que hice? ¿Hinata? ―Naruto se veía confundido. Sasuke sólo suspiró.

―Nada. No hiciste nada. Ese es el problema. Ni si quiera te das cuenta.

―Darme cuenta, ¿De qué? ―Naruto se rascó la cabeza nervioso sin entender una sola cosa.

―Olvídalo ―Sasuke rodó los ojos, notando que Hinata había dejado de vomitar― Tenemos que llevarla a mi casa. Si alguien en su familia se entera de esto estará en graves problemas ―suspiró mientras se agachaba para tomarla en brazos.

―¿Qué? ¿Estás loco? ―gritó Naruto horrorizado― ¡Si Neji se entera que Hinata pasó la noche contigo es capaz de matarte!

―Como si pudiera ―Neji Hyuga era la menor de sus preocupaciones en ese momento― ¿Tienes una idea mejor? ¿O prefieres que llegue en esta condición a su casa para que su padre la termine desheredando?

―No pero… ―la voz de Naruto se volvió bastante seria― ¡De ninguna manera dejaré que duerma contigo!

―¿Qué insinuas? ¿Qué me aprovecharía de Hinata por estar ebria? ―por un momento el deseo de golpearlo casi se apoderó de nuevo de él.

―Quien sabe que cosas sucias tienes en mente ―dijo el rubio de forma desconfiada al verlo tomar a Hinata entre sus brazos y caminar con ella, siguiendo a ambos―. ¡Pero más vale que te olvides! ¡Hinata es muy joven aún para esas cosas! Y más te vale tener cuidado en donde pones las manos.

―Ya cierra la boca.

Caminaron intentando hacer el menor alboroto posible hasta el pequeño lugar en donde Sasuke vivía desde la matanza de su clan. Una vez dentro, prendió la luz con la mano libre y miró a Naruto con cara de pocos amigos preguntándose qué estaría haciendo ahí.

―¿Se puede saber qué pretendes? ―le preguntó mirándolo de reojo, mirada que fue devuelta con el mismo tipo de desconfianza.

―Espero que en tu cama haya espacio para tres personas, pues ni sueñes que dejaré que duermas solo con Hinata.

―¿Quién dijo que voy a compartir mi cama? ―le preguntó molesto, caminando hacia el baño de su departamento.

―¡Eh! ¿Y dónde va a dormir Hinata? ―le preguntó confundido.

―En la tina, ¿Dónde más? ―le respondió de lo más normal―. Y tú puedes dormir en el sillón o el suelo. Escoge.

―¡No puedes hacer eso! ―exclamó observando como Sasuke depositaba a Hinata en la tina del baño.

―¡Claro que puedo! ¡No quiero que vomite mi cama!

Comenzaron a discutir entonces sobre donde dormiría cada uno y sobre si sería buena idea beber un poco de café pues ninguno de ellos se sentía precisamente bien. Alrededor de una hora después, habiendo bebido más café de la cuenta, acomodados como podían en el piso de la cocina (Naruto contra una pared y Sasuke estirado con la cabeza en un cojín) Sasuke hizo la pregunta.

―¿Por qué tuvimos que beber esa porquería de cualquier forma?

―No lo sé. Te vi haciéndolo y también…

―Todo es una competencia contigo ―lo interrumpió molesto.

―¡Tú también lo hiciste, bastardo! ―se quejó Naruto― Juro que si dejó de sentirme tan mal nunca más beberé en mi vida.

―Secundo eso.

―Nada bueno puede resultar de actuar tan estúpidamente como Ero-sennin… nada bueno ―finalmente, Naruto terminó quedándose dormido con la cabeza contra el mueble de cocina.

Sasuke se puso de pie trastabillando de un lado a otro. En un comienzo no había sentido los efectos del alcohol en su organismo pero ahora con suerte y se podía parar. Lo peor era que no se sentía feliz ni triste como la mayoría de los ebrios, sino que simplemente mareado, como si el mundo estuviese a punto de abrirse bajo sus pies para dejarlo caer y caer en un precipicio. Definitivamente todo ese día había sido una basura, incluyendo su tonta idea de ser más que Naruto incluso para algo tan estúpido como beber sake.

Tenía que acostarse y dormir. Su cuerpo se lo estaba exigiendo a gritos. Sus ojos no daban más y sus párpados lo amenazaban con cerrarse. Pero no podía hacerlo sin antes saber que Hinata se encontraba bien, por lo que caminó hasta el baño para asegurarse de que no se hubiese ahogado con su propio vómito o algo por el estilo. Para su sorpresa, la encontró durmiendo acurrucada en la misma posición en que la había dejado, cabello enmarañado, cejas levemente fruncidas como si hubiese estado teniendo una pesadilla.

Se acercó a ella entonces, sentándose cerca y la observó. Sus ojos se fijaron por lo que pudo fácilmente ser una eternidad, examinando cada detalle en su desastroso ser, pensando para sí mismo que no había nadie que luciera más hermosa en Konoha, incluso cubierta en vómito. Desabrochó su camiseta entonces y la puso sobre Hinata, pensando que si iba a dormir ahí, sentiría un poco de frío al amanecer. Nunca pensó que fuese tan considerado con alguien más, y darse de cuenta de ello lo irritó profundamente.

Debí besarte ayer ―pensó con la mirada fija en sus labios y las manos intentando cubrir su torso con la camiseta―. Debí hacerlo… debí hacerlo… sólo un estúpido no lo habría hecho ―se sentó junto a ella entonces, sólo a observarla.

Por algún motivo no le importaba si alguien lo descubría haciéndolo, sólo quería estar cerca de ella aunque fuese un momento. Con Naruto durmiendo en la cocina y Hinata en la tina, podía observarla todo lo que quisiese hasta cansarse, algo que nunca antes había podido hacer por miedo a ser descubierto en ello.

Acercó lentamente su mano a una de las mejillas de Hinata y movió su cabellera detrás de su oreja―. Eres tan hermosa… ―pensó entonces, realmente creyendo que la joven sólo podía ser una criatura celestial, perdida entre los insignificantes seres de la tierra. No se extrañaba que se robara todas las miradas cuando caminaban juntos y estaba seguro de que el único motivo por el cual los shinobis de la aldea no la invitaban a salir era por las horribles miradas que les dedicaba cuando notaba que miraban a Hinata.

Entones se atrevió a tocar sus blancas mejillas, preguntándose fascinado si serían tan suaves como las había imaginado. Para su deleite, hasta la piel de Hinata era virginal, suave y lisa, como si nunca nadie la hubiese tocado. Quiso imaginarse que él era el primero en hacerlo y sólo aquella idea le pareció la peor perversión que hubiese cruzado por su mente en toda su vida. Que sus manos desnudas y llenas de callosidades por el duro entrenamiento tocaran algo tan suave y terso, era algo tan…

―Eres perfecta, Hinata ―susurró, apenas acariciándola con la yema de su dedo pulgar

La examinó como siempre había querido, escuchándola respirar con suavidad. Se sintió aturdido mirando su hermosa nariz respingada y sus pómulos redondos que aún le daban ese aire inocente que jamás había logrado perder, ni si quiera con la edad. Su yema se deslizó entonces hasta sus labios que estaban entreabiertos y se atrevió a tocarlos, para comprobar que eran cálidos y húmedos, tal como los había soñado en tantas ocasiones. Y para su sorpresa, la tensa respiración de Hinata se fue aquietando hasta ser apenas un suspiro.

Pensó en ese momento qué estaría soñando, pero se irritó cuando la primera idea que vino a su mente era que seguramente pensaba en Naruto, deseando que fuese él quien tocara su rostro. Pero el perdedor no tenía el sentido común para apreciarla, ni si quiera se daba cuenta de la maravillosa criatura que estaba entre ellos, amándolo en silencio al punto de lastimarse a sí misma por verlo sonreír.

Haría cualquier cosa por ser yo… ―pensó tomando una de las hebras de su cabello y acariciándola entre sus dedos― Cualquier cosa por ser sólo yo.

Y ahí sentado contra las baldosas de la pared del baño, la observó dormir hasta que él mismo se quedó dormido.