CAPÍTULO 40

EXORDIUM

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Entrenar bajo esas condiciones no era nada agradable. Caminar el trayecto desde la casa de Sasuke hasta la zona veinticuatro se le hizo un doloroso sacrificio ―a pesar de que partieron con varias horas de retraso para darse un poco de tiempo para sentirse mejor― que estaba ansioso de concluir. Cada paso que daba era un esfuerzo sobrenatural, un combate entre sus piernas, su estómago y su cabeza. Todo le daba vueltas y hasta mantenerse en pie parecía una tortura cruel ingeniada por alguna Villa shinobi enemiga.

Definitivamente, había sido una horrible idea beber sake la noche anterior y ahora podía entender con claridad por qué era uno de los tres "no―no" del reglamento shinobi.

―No puedo seguir ―se quejó Naruto con el rostro tan pálido como los fantasmas a los que tanto temía, precaviendo que vomitaría―. Siento que voy a morir, ¿Realmente tenemos que ir a entrenar?

―No exageres ―respondió Sasuke sin detenerse.

―¿Quieres descansar un poco, Naruto-kun? ―le preguntó Hinata observándolo un tanto preocupada―. Luces enfermo… y e-estás pálido.

―Si nos detenemos ahora no terminaremos de entrenar a tiempo para reportarnos para la misión que Kakashi nos comentó ayer ―dijo el Uchiha, dejando en claro que no se detendrían―. ¿Acaso no puedes ahombrarte un poco y seguir caminando? ―le preguntó en un tono quieto que a Naruto se le hizo extraño, pues por lo general, Sasuke era más efusivo cuando daba una orden o se mofaba de él.

Sinceramente, pensaba que era una estupidez ir a entrenar cuando debían reportarse dentro de una hora con Kakashi, para así ser designados en alguna misión. Hubiese querido aprovechar mejor el tiempo que tenían, quizás, bebiendo café, vomitando, quejándose de estar vivo o durmiendo. No obstante, Sasuke había reclamado toda la mañana diciendo que el único motivo por el cual había accedido en ir a la tonta celebración en casa de Ino era precisamente porque entrenarían temprano y los hizo comprometerse que cuando volvieran de su misión, entrenarían todos los días desde las cinco de la mañana hasta que Kakashi los llamara para realizar alguna misión en compensación a haberse quedado dormidos.

De esa forma y sin haberlo realmente deseado tanto como lo fantaseó en sus solitarios días de exilio junto a Jiraiya, tendría su primer entrenamiento junto a su equipo después de tres años; al parecer, por la manera en que habían pasado el día discutiendo al respecto, todos se sentían un tanto inquietos por ello. Aún así, notaba que estaban incluso más ansiosos por la supuesta misión en que serían asignados ese día.

Sasuke comentó que seguramente los mandarían a cuidar mascotas, recoger basura o realizar alguna labor insignificante e indigna para un shinobi. Hinata pensó que lo más probable fuese que Tsunade-sama no quisiera dejarlos ir a algún lugar lejano o peligroso, porque era su primera misión como el equipo Kakashi. Sin embargo, Naruto creía firmemente que Ero-sennin debió haber alabado lo suficiente sus habilidades con la abuela Tsunade como para que les confiara algo más emocionante. No estaba dispuesto a hacer una misión ridícula sin protestar. No perdería su tiempo en ello, pues quería ser el Hokage de esa aldea algún día ―y no era realmente paciente para estar años esperando que sucediera― cercano; para ello, debía ir en misiones que demostraran su gran carisma, su talento y habilidad innata, que lo marcaran como el mejor shinobi que esa aldea había visto desde el cuarto Hokage y gravaran su nombre en la historia.

Frunció las cejas y se enderezó, dispuesto a seguir caminando. No dejaría que Sasuke se burlara de él, mucho menos frente a Hinata, quien parecía ser la única que se preocupaba sobre su actual estado de salud. Volteó el rostro lentamente hacia su eterno rival, dedicándole su mejor mirada retadora. Nadie le diría que no podía hacerlo, menos él. Sería el hokage y una tonta resaca no se iba a interponer en su camino.

No obstante, para su sorpresa, con tan sólo mirar a su mejor amigo entendió por qué sonaba tan raro…

No era el único que se iba a morir si daba un paso más.

Sasuke apenas había hablado durante la mañana, asintiendo o negando cuando le preguntaban alguna cosa, tomándose constantemente la frente y dando prolongados suspiros que sonaban más a quejido que otra cosa. A veces interrumpía para reclamar sobre el entrenamiento, pero aparte de eso guardaba un silencio casi sepulcral. Lucía más pálido que de costumbre, enfermo, ojeroso, desvelado y al borde de vomitar. Lo curioso era que intentaba disimularlo con la misma obstinación que utilizaba para todos los retos en su vida.

Aquello irritó profundamente a Naruto.

Si se sentía mal podía decirlo y ya, nadie se burlaría de él y podrían sentarse en algún lado a quejarse juntos de lo horrible que resultaba ser su primera ―y para Naruto, última― resaca.

Pero si Sasuke podía seguir caminando, él también. Respiró profundamente, le sonrió a Hinata por su preocupación y le dijo que siguieran adelante. La jovencita asintió encogiéndose levemente entre sus hombros y caminó a su lado observándolo de reojo, con una preocupación casi maternal. Naruto agradeció en silencio su atención, pues había pasado mucho tiempo sin esa clase de cuidados. Viajar con Ero-sennin, un hombre nómade sin escrúpulos o moral, quien constantemente le robaba su dinero para embriagarse y pasar las veladas en casas de mala fama, mientras lo dejaba completamente a la deriva y propia suerte, le había hecho apreciar el cuidado de su compañera. La verdad, en muchas ocasiones cuando estaba solo y sin nada que hacer alrededor de una fogata o abandonado en un hostal, pensó en ella, e instintivamente sonreía preguntándose qué estaría haciendo, si Sasuke sería muy rudo con ella sin que nadie la pudiese defender de su mal humor, si estaría progresando en su entrenamiento o si esos malditos Hyūga la habrían dejado de molestar de una buena vez.

Mientras observaba el perfil de la joven, otro pensamiento desplazó sus memorias, preguntándose cómo había bebido la noche anterior sin que nadie se diese cuenta de ello. En algún momento en que no la había notado, debió armarse de valor para darle un sorbo o dos a algún platillo con sake, pero no creía que hubiese sido posible estar tan distraído para no percatarse que Hinata había bebido lo suficiente para emborracharse con ellos. Lo que más lo sorprendía de todo, era la entereza con la cual afrontaba el día siguiente, completamente sana y luciendo un saludable sonrojo en sus mejillas. Al contrario de Sasuke y él, parecía no recordar los hechos de la velada en casa de Ino y luego de pedirles cien veces disculpas a ambos, prometió que nunca más actuaría de forma tan imprudente. Naruto creyó que su promesa, en parte, había sido forzada por la mirada asesina que Sasuke le dio toda la mañana mientras se preocupaba de poner un paño frío en la frente del rubio, limpiando la saliva seca que tenía en el mentón.

Cuando finalmente llegaron al lugar de entrenamiento, Naruto estaba tan agotado que nadie se opuso a que se sentara un poco bajo la sombra de uno de los árboles para ver si el aire fresco hacía que le volviese la vida al cuerpo. En vez de ello, Sasuke se reclinó contra el tronco de un árbol y suspiró profundamente, intentando que pasara desapercibido lo mal que seguramente se sentía.

Aunque Naruto se daba cuenta del estado en que se encontraba su mejor amigo, disimuló ―por la paz del grupo― que no lo advertía. Si Hinata lo había notado, tuvo la delicadeza de no decir nada tampoco.

―Sólo denme un par de minutos ―dijo mientras cerraba los ojos para evitar que la luz de la mañana siguiera destrozándolo.

―¿Quieres un poco de agua, Naruto-kun? ―le preguntó Hinata buscando entre sus cosas alguna cantimplora.

―Sí… agua… ―se quejó nuevamente en un gemido prolongado y agonizante.

La cabeza se le estaba partiendo en dos. Cuando miraba en frente, el horizonte parecía moverse jugando cruelmente con su equilibro. Su boca estaba amarga y cada vez que tragaba saliva algo quemaba en su garganta. Los brazos le dolían por algún motivo y apenas lograba mantener los ojos abiertos. Si alguien le hubiese dicho que las resacas eran una tortura no les hubiese creído, pero ahora que lo experimentaba de primera mano, no lograba comprender por qué Ero-sennin voluntariamente accedería a pasar todos los días por eso.

Hinata se agachó hacia su posición y le extendió su cantimplora. Naruto le dio un gran sorbo y luego se mojó el cabello con lo que quedaba del agua. De inmediato se sintió aliviado, lo cual hizo que la joven se alejara de él con una sonrisa.

―Mucho mejor ―le agradeció con su pulgar arriba.

―Bien ―respondió ella con entusiasmo, parándose derecha y avanzando hacia un tronco aledaño de entrenamiento.

Para su sorpresa, Hinata, quien parecía más dispuesta a entrenar que ellos dos, comenzó a golpear el poste con las palmas extendidas, dando un pequeño grito cada vez que acertaba contra la corteza. Pronto, el martilleo de sus puños comenzó a resonar en su cabeza, provocándole una jaqueca que volvió a sumergirlo en un miserable estado de malestar.

―¡Es inútil! ―se quejó desoladamente mientras se tomaba la cien―. Esto es peor que beber leche agria.

―Deberías ponerte a entrenar y cerrar la boca ―soltó Sasuke irritado, pues a él también le dolía todo y los quejidos de Naruto sólo empeoraban la situación.

―He estado entrenando los últimos seis años de mi vida y sigo siendo un genin ―lloriqueó desanimado―. Pensé que la próxima vez que fuera a Ichiraku con Iruka-sensei al menos podría jactarme de alguna cosa, pero ahora Gaara es el Kazekage y yo aún…

―¿Es que no puedes hacer otra cosa que quejarte? ―lo interrumpió Sasuke, quien también seguía siendo un genin. Básicamente, por culpa de Naruto.

―¡No puedo permitir que Gaara me supere! Nunca cumpliré mi sueño de ser Hokage si seguimos entrenando en vez de ir en misiones peligrosas y arriesgadas―lloriqueó el rubio.

―Y supongo que tú eres el más adecuado para una misión así, ¿No? ―se burló el Uchiha.

―¡Por supuesto que lo soy! ―respondió enderezándose, más por llevarle la contraria a Sasuke que porque así lo creyera.

Hinata miró a sus dos compañeros entonces presintiendo que el entrenamiento comenzaría un poco más tarde de lo acostumbrado. De hecho, aún no entendía del todo por qué estaban ahí, considerando que tenían que estar en la Torre del Hokage antes de que el sol alcanzara el cenit del cielo. Hubiese sido mejor que cada uno de ellos durmiera el resto del día y se hidratara, pero Sasuke había insistido que debían entrenar.

Habiendo aprendido durante esos años que era una pérdida de tiempo intentar hacerlo cambiar de parecer, había accedido al entrenamiento matutino más que nada para asegurarse de poder cuidarlos mientras les duraba la resaca.

Riendo con suavidad de la situación en que estaban Naruto y Sasuke, se sintió dichosa de estar con ellos nuevamente, los tres juntos, como siempre debió ser. Se sentía tan natural escuchar a Naruto quejándose y a Sasuke regañando, que no podía evitar sonreír sintiéndose afortunada. Con el corazón ligero de preocupaciones, entrenó como siempre lo hacía golpeando el tronco con sus palmas, liberando chakra, intentando mantener un flujo normal y estable de éste. Las hojas rojizas de los árboles bailaban con el viento sobre ella, haciéndola creer que quizás estaba en un sueño y despertaría en cualquier momento.

Para su alivio, esa era su realidad. Sus dos mejores amigos estaban ahí con ella y ya nada los volvería a separar.

―¿Por qué no intentas comer una píldora de soldado, Naruto-kun? ―le preguntó, recordando de sus clases con Tsunade que ese tipo de medicamento podía sustentar a un shinobi por diez días. Quizás lo haría sentir mejor―. Restaurará tus energías, pues tienen muchos nutrientes esenciales.

―¿Crees que funcione? ―le preguntó el rubio esperanzado, a lo que Hinata respondió subiendo sus hombros― ¡De acuerdo! ¡Lo haré!

Naruto buscó entre sus cosas y se lanzó una a la boca, básicamente, porque no perdía nada intentándolo. Después de mascar y tragar, fue como si el alma le volviera al cuerpo y hasta el color le retornó a sus mejillas.

―Creo que funcionó ―exclamó entusiasmado, apretando y relajando los puños, comprobando que había vuelto su salud―. ¡Hinata eres una genio! ¡Me salvaste la vida! ―Naruto estaba tan feliz que fácilmente la habría tomado en brazos alzándola sobre sus hombros por su increíble idea, pero en vez de eso recordó que el Uchiha estaba en un estado miserable aún―. ¿Por qué no te comes una también, Sasuke?

Tan pronto Naruto lo dijo, Hinata se encrespó llena de nerviosismo. Sabía que la sugerencia le caería pésimo a su compañero de equipo, pues odiaba que le dijeran qué hacer. Después de todo, había estado fingiendo que no tenía una resaca como Naruto durante el transcurso de la mañana y darse cuenta que el rubio lo sabía, lo haría perder su paciencia.

―Métete en tus propios asuntos, perdedor ―se enderezó entonces y se alejó del grupo, caminando hacia la rivera con su bolso colgando sobre el hombro derecho.

Lamentablemente, los pensamientos de Sasuke giraban en torno a pensamientos mucho más negativos y oscuros que los de sus compañeros de equipo y a pesar de que intentaba con bastante esfuerzo desviar su concentración a otros asuntos, no podía dejar de notar lo que ocurría a su alrededor.

Intentaba hacer la vista a un lado cuando descubría las cómplices miradas entre Naruto y Hinata, fingía que no se daba cuenta del cuidado que ella mostraba hacia él, se obligaba a enfocarse en que debía volverse más fuerte para así matar a Itachi, se distraía con ideas para nuevos jutsus en vez de escucharlos conversar; no obstante, desde el momento en que había despertado hasta ese segundo, no sentía nada excepto una incómoda sensación de no encajar en esa pequeña dinámica de equipo. La verdad, se había sentido así desde que encontró en los ojos de Hinata, una mirada hacia Naruto, que jamás le había dado a él.

Amor.

Eso estaba impregnado en sus gestos, su mirada, su sonrisa, su tacto, su voz… lo expedía por los poros haciendo que el aire a su alrededor se sintiera más pesado, casi palpable, inclusive sofocante para alguien tan insensible como él.

Lo repugnaba. Lo hacía ahogarse en su propia soledad.

No quería seguir escuchando a Naruto quejarse de lo mal que se sentía, ni descubrir las miradas que Hinata le regalaba a escondidas, ni escucharla reír por él, suspirar por él, morir de amor por él; quería que ambos desaparecieran de su vista o del universo si es que eso era posible. Quería dejar de pensar en ellos y en todo ese estúpido asunto de…

No. Ni si quiera podía pensarlo. No podía articular las palabras en su mente. Se sentía débil y patético cada vez que admitía para sí mismo que estaba enamorado de Hinata Hyūga. Recordar la manera estúpida en que se había quedado dormido observándola en silencio, añorándola con la misma desesperación con la cual antes había deseado su venganza, lo hacía sentirse más que patético. Estaba acostumbrado a ser un ganador, alguien que alcanzara sus objetivos y deseos, y ahora que no podía tenerla a ella, se sentía devastado, con un peso sobre su pecho que realmente dolía, por extraño que pareciese.

Ya estaba cansado de repetirse a sí mismo que todo aquello que pasaba por su pecho y cuerpo al estar cerca de ella era una jugarreta ―bastante cruel, por cierto― de sus hormonas. Sentía que aquello era la respuesta de un cobarde, de un marica que no podía ahombrarse y obtener lo que deseaba. Pero tal como se había repetido todo el día anterior, lo que él deseaba no importaba, sino lo que ella deseaba. Y no lo deseaba a él. De alguna manera. Tenía que aprender a vivir con ello.

Observó su reflejo en el agua del río mientras llenaba su cantimplora, preguntándose si hundirse en el agua fría lo haría despejar todos esos pensamientos que lo enajenaban de su equipo. Quería que su pecho dejara de sentirse apretado cada vez que estaba cerca de ella y que el deseo de que le perteneciese se esfumara, para así poder obsesionarse con algo más. Quería poder reír junto a Naruto sin resentirlo, compartir el grave problema que estaba experimentando sin sentirse completamente avergonzado y escuchar de él algún tipo de consejo que le pusiese fin a esa miseria. No obstante, sabía que era pedir demasiado. De hecho, se sintió estúpido de inmediato al considerar que Naruto Uzumaki ―la persona más despistada y densa de toda Konoha― podía tener el secreto para solucionar su dilema.

Suspirando, buscó en su bolsillo una píldora de soldado para echársela a la boca. Un par de segundos después de tragarla, efectivamente, se sentía mejor.

Fue entonces que escuchó, sobre el trompeteo de las aguas del río, el chillido agudo de un halcón. No era cualquier ave, lo supo por el sonido que percibía. Habiendo trabajado incontables horas en la pajarera de la aldea por culpa de Tsunade, pudo aprender más de lo que hubiese querido sobre éstas, inclusive pudiendo invocarlas. Por ello, sabía que ese majestuoso ejemplar de color marrón no pertenecía a la aldea y lo que más le llamo la atención fue el contenedor de pergaminos que llevaba atado alrededor del cuello.

―¿Takamaru? ―susurró para sí mismo, casi seguro de que era Takamaru de la aldea de la Arena, el ave mensajera más rápida con que contaban y que sólo utilizaban para enviar mensajes de suma urgencia―. ¿Qué habrá sucedido para que enviaran a Takamaru a estas horas? ―se preguntó con suspicacia.

La duda lo carcomió, incluso llegando a olvidar todo malestar del cuerpo. El deseo de salir corriendo en dirección a Konoha e investigar el contenido del mensaje casi sobrepasaba su deseo de entrenar. Sabía que no era asunto suyo, pues el contenido de las comunicaciones entre Konoha y Suna siempre se enviaban codificadas y antes de si quiera llegar a Tsunade pasaban por una serie de departamentos que traducía el mensaje. Y aún así, algo resonaba en su mente, como una alarma de peligro inminente y el cruel llamado de un destino inevitable.

Volvió hacia el lugar en donde Hinata entrenaba golpeando un tronco y Naruto dormitaba bajo la sombra de un árbol, con un peso sobre sus hombros y un malestar en su estómago, que no tenía nada que ver con la resaca. Aún así, decidió que no era el momento para estar pensando en los problemas de la Aldea de la Arena. Había cosas pendientes mucho más importantes frente a él y aquello era determinar de una vez por todas quien había avanzado más, él o Naruto.

El rubio estaba sentado, con las piernas cruzadas una sobre la otra, acomodando sus kunais apenas despierto. Al parecer, iba a entrenarse a sí mismo en shurikenjutsu durante el poco tiempo que les quedaba antes de reportarse con Kakashi.

Sin pensarlo mucho, Sasuke le lanzó la cantimplora con agua helada, esperando ver su reacción y así comprobar qué tanto había progresado bajo el entrenamiento de Jiraiya.

―¡Ah! ¡Pero qué…!―el pelinegro no se sorprendió realmente que la cantimplora lo golpeara en medio de la nariz y que la reacción del perdedor por esquivarla fuese nula. Su sentido de alerta había sido un asco desde la Academia―. ¿Pero qué te sucede? ―se quejó sobándose con los ojos llorosos.

―¿Te sientes lo suficientemente bien para luchar contra mí ahora o quieres que te derrote después de la misión?

―Bastardo… ―gruñó Naruto poniéndose de pie―. No estés tan confiado ―sólo escuchar el reto hizo que todos los malestares de Naruto desaparecieran como por arte de magia. La verdad, había esperado mucho tiempo ese reto―. Entrené muy duro para este momento.

Hinata se volteó sobre el hombro dejando de golpear el tronco con sus palmas. Más que interesada, lucía preocupada por la mirada que se daban ambos compañeros de equipo. No parecía que harían un simple sparring como solía hacerlo ella con Sasuke o Kakashi en sus entrenamientos, sino que se sentía como un duelo a muerte en que alguien debía comenzar a contar los diez pasos y dar la orden de disparar.

―No veo por qué no habría de estar confiado cuando mi rival es… bueno, alguien como tú ―se burló Sasuke activando el sharingan, cruzándose de brazos.

―¿Qué significa eso? ―Naruto lo apuntó con su dedo índice, riendo con gracia― ¿De verdad aún te crees mejor que yo, Sasuke-chan?

―Sé que soy mejor que tú.

Hinata no sabía que pasaba entre ellos, si todo aquello era una broma entre dos amigos o sinceramente tenían deseos de matarse. Conocía a Sasuke mejor que nadie y no podía descifrar del todo que significaba la sonrisa en su rostro.

Entonces lo entendió y en vez de sentir miedo, experimentó una sensación de sorpresa.

Sasuke estaba emocionado. Solía hacer las cosas con hastío y desánimo todo el tiempo, ya fuese misiones, entrenar, comer o conversar, pero cuando peleaba sus facciones cambiaban ligeramente y parecía concentrarse. Esta vez, sus gestos no reflejaban aquello, sino que el más profundo sentido de emoción que había visto en él durante años.

―Bueno, qué tal esto. El primero en quitarle el protector de frente al otro invita la cena ―y por la manera en que Naruto estaba actuando, él también lo estaba. Hinata podía ver lo mucho que habían esperado poder combatir como lo hacían cuando eran sólo niños―. Y no será en Ichiraku, sino en un lugar caro como…

―Tú no tienes dinero para pagar una cena decente, Naruto ―se burló Sasuke―. Y como vas a perder, no apostaré algo que no podrás cumplir.

―Entonces―comenzó Naruto inquieto―. ¿Qué quieres apostar? ―no se le ocurría algo mejor que eso―. Pide lo que sea. Sé que no voy a perder.

―¿Lo que sea? ―preguntó de nuevo Sasuke, un tanto incrédulo.

―Lo que sea ―afirmó con su mejor y más confiada sonrisa.

―¿Y no vas a salir con alguna excusa tonta para no cumplir la apuesta, verdad? ―el tono de voz del pelinegro sonaba serio.

―¡Nunca retrocedo en mi palabra! ―respondió Naruto apuntándose a sí mismo con el pulgar―. Es mi…

―…tu camino del Ninja ―lo interrumpió Sasuke rodando los ojos―. Lo repites tanto que pareces comercial de shinobi-cola en navidad.

Naruto se paró derecho sonriendo con entusiasmo. Sasuke lo miró impávido, ansioso de que comenzara todo de una vez. Habían entrenado demasiado para ese momento, compitiendo en todo ambito de sus vidas desde sus primeros días en la Academia. Cada instante en que habían entrenado, lo habían hecho con un solo propósito, y aquel era, no estar atrás del otro. Naruto quería superar a Sasuke para demostrarse a sí mismo que podía hacer cualquier cosa que se propusiera. Sasuke, en cambio, quería hacerlo porque en su mente ser inferior que Naruto era simplemente inaceptable.

Para Hinata, que tan sólo observaba, parecía claro que había algo más. Por un lado, los ojos de Naruto relampagueaban de felicidad y podía darse cuenta de que había ansiado ese momento. Sin embargo, había algo más que simple competencia en los ojos de Sasuke. Si lo hubiese tenido que describir con palabras, habría dicho que lo que el Uchiha realmente quería era desahogarse de ese hostil y sofocante aire que lo rodeaba, ¿Por qué? Hinata no lo sabía. Era como si quisiese arreglar a golpes algo que no podía hacerse simplemente con palabras.

Fue por eso que caminó hacia ellos, decidida a ponerle un fin al asunto antes de que se saliera de control. Si querían luchar podían hacerlo, pero por motivos menos caprichosos que esos. Sin importar quien venciera, ellos como equipo, saldrían perdiendo y simplemente no podía permitir que el esfuerzo de años se viera desperdiciado por una disputa que para ella parecía carecer de sentido y fundamentos. No peleaban por algo que importara de verdad, sino por capricho y vanidad.

En la mente de Hinata no importaba cuál de los dos fuese más fuerte, sino que ambos complementaran sus debilidades. Ella se había dado cuenta de eso mucho tiempo atrás, cuando notó que nunca sería tan buena como Sasuke en genjutsu o como Naruto en ninjutsu, pero ninguno de ellos podía ver a kilómetros de distancia una aguja escondida en un pajar. Ella era los ojos del equipo. Ella podía ver donde Naruto y Sasuke no. Quizás no podía ser tan fuerte como ellos (aunque realmente lo estaba intentando), quizás no podía ser tan veloz o inteligente como Sasuke, o tener una fuente inagotable de chakra y estamina como Naruto, pero sí podía hacerlos entender que en vez de poner sus mejores cualidades al límite para superarse uno al otro, debían complementar sus peores defectos con las virtudes que el otro poseía.

―Naruto-kun, Sasuke-kun ―la severa voz de Hinata interrumpió su pequeña discusión, algo que a ambos le llamó la atención pues voltearon a verla―. Quiero participar.

Los chicos mostraron un deje de consternación ante el pedido, aunque Sasuke lo ocultó casi por completo con su silencio y mirada apática, tan sólo delatando su molestia la manera en que sus párpados caían afilando su expresión. En cambio, Naruto parecía confundido, como si creyese que había escuchado mal y que al mirarla, Hinata corregiría sus palabras.

No obstante, la joven permaneció firme y en silencio, retando a ambos con su postura erguida y su expresión inalterable. Naruto pensó que se veía un tanto amenazadora, tan solemne como todos en su clan. Pasó saliva sin atreverse a decir nada, pues sabía demasiado bien por los recuerdos que tenía de su tiempo en la Academia (y de los golpes de Sakura), que cuando las chicas miraban a los chicos de esa manera, era mejor correr a protegerse. Sin embargo, Sasuke no le temía a Hinata. La conocía demasiado como para si quiera creer que tendría el coraje suficiente para entrometerse en algo que él anhelaba.

―Esto entre el perdedor y yo, Hyūga ―dijo sin moverse si quiera, con un tono un tanto más frío que el que usualmente usaba con ella―. Pelearemos sólo él y yo.

―No quiero pelear ―respondió ella con la misma seriedad de antes, pero con una suavidad única que hizo que Naruto dejara de estar tenso y a la espera de un puñetazo―. Quiero ser quien determine al ganador.

―¿Cómo? ―le preguntó Naruto confundido y rascándose la cabeza recordando los pequeños duelos shinobis que realizaban cuando eran niños― ¿Lo que hacía Iruka-sensei en la Academia?

―Sí ―dijo Hinata sonando seria, pues era una ocasión difícil y quería estar a la altura de eso―. Quieren determinar cuál de los dos es el mejor shinobi, ¿verdad? ―Naruto asintió, Sasuke no se movió―. Pues, no basta sólo emplear ninjutsu y tener un duelo entre ambos, eso no probaría quien se ha convertido en el mejor Shinobi.

―¿Entonces qué sugieres? ―le preguntó Sasuke, que parecía encontrar algo de lógica en las palabras de Hinata.

―Si quieren realmente saber cuál es el mejor shinobi, deben evaluar todas las características básicas de un Shinobi durante su competencia ―respondió Hinata sintiéndose un poco menos tensa al notar que tanto Naruto como Sasuke parecían estar de acuerdo con ello, pues la escuchaban con atención―. Como lo hacen Gai-sensei y Kakashi-sensei cuando tienen sus duelos.

―¿Y qué hacen? ―preguntó Naruto, intentando recordar cómo eran esos duelos entre ambos, pero sólo recordaba que hacían piedra, papel o tijera por horas sin que hubiese un ganador.

―Debe ser algo… um… que ninguno de los dos haya practicado… y… y que sea fundamental para ser un gran shinobi ―Hinata permaneció en silencio un momento y entonces pareció ocurrírsele algo que no implicaba violencia o la posibilidad de que se mataran uno al otro―. Espionaje ―una sonrisa de alivio se posó en sus labios―. Que su primer duelo sea para determinar quién es el mejor cuando se trata de espionaje.

―Pues no me parece demasiado justo ―dijo entonces Naruto mirando a Sasuke de reojo con una pequeña sonrisa ladina―. Yo soy el mejor cuando se trata de espiar, ocultarme y recolectar información. Lo vengo haciendo desde que éramos niños.

―Esconderte contra las cercas de madera de la Aldea con un triste papel de camuflaje de tres ryos no te hace el mejor espía ―respondió Sasuke cruzándose de brazos, sin creer que Naruto pensara que sus tontas bromas cuando eran estudiantes de la Academia realmente le daba algún tipo de ventaja en esa situación―. Eres escandaloso, descuidado, demasiado ruidoso y torpe. Incluso el color de tu ropa es del naranja más brillante y exagerado de la gama de colores ―la sonrisa de Naruto se borró y Sasuke pareció divertido con ello―. Careces completamente de disciplina y con suerte sabes leer. Mucho menos recolectar información clasificada y codificada.

―¿Realmente crees que eres mejor espiando sólo porque lees un tanto mejor que yo? ―le preguntó Naruto, visiblemente molesto― No tienes nada de paciencia, no durarías ni tres minutos esperando el momento perfecto para poder robar un papel o escuchar una conversación o…

―Bien. Pongámoslo a prueba ―dijo Sasuke cortando el pequeño discurso de Naruto―. Hace unos minutos llegó un ave desde Suna. Ese tipo de halcones contiene información clasificada y codificada que sólo los ojos del Hokage pueden leer. Quien logre averiguar el contenido del mensaje será el mejor espía entre los dos.

―¿Pero no nos meteremos en problemas si alguien nos descubre haciendo eso? ―preguntó Naruto un tanto nervioso.

―Ese es el punto, perdedor. Que no nos descubran.

Y de alguna manera que ni si quiera ella comprendía, el gran e inevitable duelo de fuerza para determinar cuál de los dos era el mejor pareció olvidado. No habría puñetazos, ni sangre, ni huecos en la tierra, ni una violencia que los destrozara uno al otro. Hinata, sin tener que suplicarles que se detuvieran o implorar que dejaran de una vez su rivalidad había dado una vuelta a su competencia por poder; ya no bastaba sólo con quien golpeaba más fuerte. Esa no era la única cualidad que determinaba la valía de un shinobi y mucho menos de un hombre; desde ese día en adelante, cada vez que hubo una discusión en que ambos intentasen amenazarse con una golpiza para determinar quién era el mejor, Hinata lograba convencerlos de otra opción. Los conocía lo suficientemente bien para saber que Naruto simplemente quería ser mejor que Sasuke a como de lugar, en cualquier cosa, y que Sasuke siempre aceptaría el desafío porque se negaba a ser inferior a Naruto si quiera en aguantar la respiración.

Ese día, había apelado al ego de ambos para que buscaran otras cualidades en qué superarse en vez de destruirse uno al otro en un combate buscando un ganador. Los había manipulado a su forma para protegerlos de un combate en que ninguno pudiese parar hasta matarse.

Por ello, la verdadera ganadora, era ella. Mientras estuviera entre ambos, no iba a permanecer como espectadora mientras sus pequeñas inseguridades los alejaban y destruían hasta un punto de no retorno.

Fuese como fuese, Hinata estaba determinada en mantener a Sasuke y Naruto unidos, inquebrantables. Y si para ello tenía que lanzarse entre ambos cada vez que esa estabilidad se viese amenazada, estaba dispuesta a hacerlo.

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Mientras caminaba sola para reportarse con Kakashi, pensó que quizás no había sido del todo una buena idea ponerlos uno contra el otro en ese preciso momento. Negó con el rostro y puso una mano sobre su pecho, pues si ella no hubiese intervenido habrían terminado lastimándose en serio. Pensó que de esa forma no sólo se aseguraba de proteger a su equipo, sino que también garantizaba que llegasen a su primera misión juntos, después de tres años, sin el labio partido o un ojo morado.

Lo que había hecho, estaba hecho.

Había intentado intervenir de la mejor manera posible para evitar que pelearan en serio y se sentía en paz con su consciencia, pues había evitado lo que con seguridad parecía un desastre. No podía sentirse mal por ello, pues al menos no se había lanzado entre ellos llorando, implorando que no lo hicieran, apelando a cualquier cosa para que se detuvieran. Si hubiese simplemente hecho algo así Sasuke le habría dicho que no se metiera y Naruto seguramente le habría confortado con el conocimiento de que no se preocupara porque él ganaría y ya.

Había sido inteligente al respecto, apelando a sus egos en vez de su compasión.

Pero en su pequeño plan no se le ocurrió como alternativa que Naruto y Sasuke estuviesen tan concentrados en vencerse el uno al otro que descartaran la obligación que tenían de reportarse ante Tsunade.

Suspiró mientras miraba la torre del Hokage, parándose en la entrada. Estaba casi segura de que Kakashi-sensei se demoraría un poco en llegar, pero para su sorpresa llegaron juntos al lugar marcado para reunirse. Aquello le pareció un tanto extraño, pues no era muy típico en él llegar puntual, pero omitió realizar cualquier comentario al respecto.

―Buenas tardes, Hinata ―la saludó con su casual tono de voz―. ¿Dónde están Sasuke y Naruto?

La joven suspiró sin saber qué responder. No podía delatarlos y decirle a Kakashi-sensei que habían fallado en presentarse a su primera misión como equipo tan sólo por ver quién era el mejor espía. Seguramente el jōnin pensaría que ninguno de los dos se tomaba en serio su posición como shinobis de Konoha y obligatoriamente le tendría que comunicar a Tsunade-sama que ni Sasuke ni Naruto habían asistido para ser asignados en una nueva misión.

Después de todo lo que habían tenido que pasar para ser promovidos al equipo Kakashi, hubiese sido devastador no sólo para ella, sino que también para sus compañeros, volver a las misiones en la Academia cuidando de los más pequeños y reparando lo que se desgastaba o echaba a perder.

Lo mejor era no ser directa sobre el tema sin mentir del todo.

―Están por aquí ―dijo mirando el suelo―. Vendrán pronto.

―Ya veo. De hecho, es mejor así. De esa forma Naruto no reclamará de la misión que nos asignen ―Kakashi pareció aliviado con ello, aunque Hinata no podía estar segura, pues la máscara que usaba le cubría la mayor parte del rostro.

―Sí ―respondió un tanto incómoda, siguiendo a Kakashi, quien ya se adentraba al solemne edificio.

Lo primero que notó Hinata al entrar fue que tan solitarios se sentían los pasillos mientras subían la torre. Generalmente se veían personas caminando de un lado a otro, pero en esa ocasión era como si todos estuviesen en recreo de almuerzo o algo por el estilo. Pero no se extrañó del todo. Bastantes departamentos que dependían del Hokage convergían en ese lugar, por lo cual seguramente estaban realizando sus labores diarias.

Cuando llegaron a la oficina que repartía las misiones del día, Kakashi golpeó con suavidad la puerta y tan sólo unos pocos segundos después Tsunade respondió que entraran. A su vez, dos hombres enmascarados salieron de la sala sin decir palabra alguna con un pergamino en sus manos, pasando junto a ellos. Hinata notó que estaba clasificado como rango B, lo cual la hizo tener la leve impresión que las misiones más desafiantes ya habían sido asignadas a distintos equipos y que seguramente los mandarían a cuidar de algún asunto de poca importancia. No estaba mal en pensar de esa forma, después de todo, habían estado realizando ese tipo de misiones durante los últimos meses.

Tsunade-sama se encontraba detrás de una gran mesa revisando un alto de papeles, luciendo un tanto cansada. De pie junto a ella estaba Shizune, con Tonton en sus brazos. A un costado, vio a Iruka-sensei y otros shinobis de la aldea a quienes no conocía de nombre, pero que eran los líderes de distintas organizaciones de Konoha. Todos ellos se reunían para designar las misiones de diferentes rangos a los equipos de shinobis que estaban disponibles, lo cual hacía de esa forma fluir la principal fuente económica de la Aldea: realizar encargos y recibir dinero por ello.

―Ah, Kakashi, es cierto. Te dije que vinieras hoy para asignarlos en su primera misión ―lució un tanto satisfecha de sí misma, pero no dijo mucho más al respecto― ¿Dónde lo dejé? Guardé una misión especialmente para Naruto… y… ¿Dónde está Naruto? ―preguntó extrañada―. Pensé que estaría ansioso por su primera misión en tres años.

―Naruto y Sasuke vendrán en cualquier momento ―respondió Kakashi.

―Bien. De esa forma no tendré que escucharlo quejarse por no mandarlo en alguna misión suicida de alto riesgo de muerte ―dijo con un tono de malicia que le hizo de inmediato pensar a Hinata que estarían todo el día limpiando la basura que había dejado el festival de las estrellas en la aldea.

―Tsunade-sama ―dijo de pronto Shizune―. Ha pasado mucho tiempo desde que Naruto-kun fue en una misión. Quizás deberían comenzar por algo sencillo. La misión rango D de pasear el perro de Hiromashi-sama podría ser…

―¡No les daré una misión así! ―se quejó Tsunade mientras buscaba―. Naruto entrenó con Jiraiya. Sasuke y Hinata lo hicieron con Kakashi. Están preparados para una misión que represente un poco más de desafío.

―Tsunade-sama… ―Shizune se acercó un poco más a ella y susurró, aunque Hinata pudo leer sus labios y comprender lo que decía― Creo que no es buena idea dejar salir a Naruto-kun de la aldea, es demasiado peligroso para él. Tendrá problemas con Danzo-sama y los ancianos del consejo de Konoha si se enteran que el kyuubi…

―¡Por algo lo puse con Kakashi que es uno de los mejores jōnin de la Aldea! ―reclamó Tsunade molesta, haciendo que la habitación se sintiera un tanto más tensa que antes―. Naruto es un shinobi de Konoha, debe empezar a realizar misiones importantes en algún momento de su vida.

―¿Entonces, los mandará al país de los Ríos para trasladar los suministros del equipo médico?

―Sí, una misión rango C de vital importancia para la Aldea.

―No creo que Naruto piense lo mismo ―dijo Iruka entonces con una suave sonrisa.

La puerta se abrió de golpe entonces y una mujer entró corriendo hacia el salón. Vestía una especie de yukata oscura y en su brazo estaba una insignia del departamento de decodificación de Konoha.

―¡Godaime! ―exclamó mientras estiraba un pergamino hacia Tsunade―. ¡Hay problemas!

―¿Qué sucede que entras aquí de esa manera? ―le preguntó la mujer un tanto irritada.

―Llegó un mensaje de emergencia grado uno de la aldea de la Arena ―respondió, causando gravedad en el rostro de todos los presentes.

―¿Qué? ―preguntó Tsunade con seriedad.

―¿Qué significa esto? ―añadió Iruka observando el pergamino.

Todos guardaron silencio mientras Tsunade abría el pergamino y lo estiraba frente a ella para leer su contenido. Hinata tuvo la impresión que los segundos se paralizaban y que de una u otra forma el mensaje era lo suficientemente importante para hacer que todos en ese lugar se sintieran inquietos. Finalmente, Tsunade habló, poniéndose de pie.

―Integrantes de Akatsuki secuestraron al Kazekage de la aldea de la arena y nos solicitan ayuda.

Sólo entonces Hinata notó a Naruto. No lo hubiese podido ver si el reflejo del sol no hubiese chocado con el protector de frente que intentaba usar como espejo para leer el pergamino desde la ventana.

Su rostro lucía descompuesto y una preocupación inminente se marcó en sus ojos. El corazón de la joven dio un vuelco al notar lo que escuchar esas palabras había causado en él. Pero no fue el único que se hizo presente en ese momento, pues tan pronto Tsunade dio un paso, una nube de humo cubrió a uno de los consejeros de Konoha y Sasuke apareció en su lugar, con ojos afilados y graves.

―Gaara… ¿Gaara ha sido secuestrado? ―preguntó Naruto con un hilo de voz.

―¿Akatsuki atacó la aldea de la Arena? ―preguntó Sasuke con impaciencia―. ¿Por eso nos piden ayuda?

Tsunade los ignoró, como si ya se hubiese dado cuenta de sus presencias y también lo que estaban a punto de pedirle.

―Konoha tiene más información sobre Akatsuki que la aldea de la Arena, por eso nos piden refuerzos. Desde que firmamos la alianza con el país del Viento, es nuestra labor asistirlos ―miró a Kakashi y no sólo éste, sino que todos en la sala parecieron notar sus intenciones.

―Tsunade-sama, no estará pensando en mandar al equipo Kakashi para…

―Es una situación urgente y no podemos desperdiciar tiempo. Si Akatsuki se ha fortalecido lo suficiente para atacar una aldea como Suna, nada le impide hacerlo también con Konoha. Debemos estar preparados para algo así ―Tsunade miró a Hinata―. Además, los cuatro han peleado antes contra Akatsuki y no puedo decir lo mismo de otros equipos en la aldea. Equipo Kakashi, hay un cambio respecto a su misión. Serán asignados para dirigirse de inmediato a la Aldea de la Arena e investigar la situación, realizar un informe y volver a Konoha lo antes posible. Si es necesario y ven que las circunstancias lo requieren, póngase a disposición de los Shinobis de la Arena para controlar la emergencia.

―Entendido ―dijo Kakashi sin más, dándose la vuelta.

―¡Debemos irnos ya! ¡Debemos rescatar a Gaara! ―exclamó Naruto saltando por encima de la mesa y siguiendo con rapidez a Kakashi quien no se mostraba del todo apurado para dirigirse a la aldea de la Arena―. No podemos perder tiempo aquí.

Hinata los siguió sintiendo que sus piernas temblaban. Su corazón latía con una intensidad que no pensó fuese posible. Sus oídos zumbaban por algún motivo y todo en su estómago le daba vueltas. No sabía exactamente qué era lo que estaban sintiendo, si miedo, excitación o nervios, pero tuvo que respirar profundo para intentar calmarse.

Durante las tres ocasiones en que se vio enfrentada a Akatsuki las cosas no habían ido precisamente bien, ni para ella ni para su equipo. En la primera, casi había muerto cerca de la aldea de Takigakure, pasando un mes hospitalizada. En la segunda, quien casi perdió su vida fue Sasuke. Y la última, en el desierto del país del Viento, casi había perdido su brazo peleando contra un enemigo que era inmune a todos sus ataques. Sólo recordarlo la hizo experimentar un profundo sentido de inseguridad que intentó hacer pasar desapercibido mientras seguía a Naruto y Kakashi.

Por lo mismo no notó como Sasuke, quien caminaba a su lado, abría y cerraba su puño pensando en la posibilidad de encontrarse con su hermano.

Cuando llegaron a la entrada de la aldea, Kakashi se detuvo frente a ellos mirándolos con seriedad. La última vez que el jōnin había sido líder de un grupo con Sasuke, Hinata y Gaara, al enfrentarse a Akatsuki, las cosas no habían salido como él hubiese esperado. No obstante ya no era tan sólo su instructor. En esa ocasión los cuatro eran un equipo y tendría que depender de la fuerza de cada uno de ellos si la situación lo requería.

―Esta misión no será como las otras que hemos realizado ―enfatizó Kakashi con seriedad―. No seré su sensei, ni ustedes mis alumnos. Los cuatro somos un equipo de shinobis de Konoha y deberemos trabajar juntos. ¿Entendido? ―los tres asintieron entonces y se pusieron en marcha hacia Sunagakure.

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Notas

En primer lugar, sé que no he actualizado esta historia en casi un año y les pido perdón. Leo siempre sus reviews porque llegan a mi email y cada vez que aparece alguno pienso en lo horrible que soy por no poder darles la continuación que como lectores se merecen. No es que no quiera hacerlo, es que no tuve tiempo para sentarme a escribir. Este año terminé mis estudios universitarios y en este momento estoy trabando en mi examen de grado. Espero me tengan un poco de paciencia pero creo que ahora podré actualizar con más frecuencia, no sólo esta historia sino que las otras también.

Finalmente, les deseo una feliz navidad junto a sus seres queridos. Este ha sido un año extremadamente difícil, con momentos tristes y felices. Espero que tomen este tiempo para reflexionar en las cosas que son importantes en la vida. Un abrazo a la distancia y espero me sigan apoyando con los proyectos que empezaremos en el 2017!