CAPÍTULO 41

COMIENZA LA MISIÓN


La forma en que Naruto saltaba de árbol en árbol mientras atravesaban el país del Fuego lo hizo considerar en un comienzo que el perdedor realmente había estado entrenando durante ese tiempo fuera de la Aldea. Sus movimientos eran calculados y precisos, seleccionando las ramas en las cuales aterrizaba para volver a saltar con meticulosidad, pero al mismo tiempo, una rapidez casi innata.

No has perdido el tiempo, Naruto ―pensó con una amarga sonrisa, remembrando qué había estado haciendo él durante esos años―. Seguramente perdiendo el tiempo.

Sin embargo, pronto se dio cuenta que su compañero de equipo no se estaba moviendo de esa forma porque fuese más rápido que el resto del grupo o si quiera estuviese consciente de ello, sino, porque algo lo apremiaba, una urgencia que ni él ni Hinata, y mucho menos Kakashi, tenían. Así como todo lo que hacía, Naruto estaba corriendo por mero instinto. La velocidad que alcanzaba entre salto y salto era mera suerte.

Lo que Sasuke no lograba comprender del todo era qué podría causar esa gravedad en él para que sin mucho esfuerzo de su parte le sacara una ventaja de casi quince metros al resto del equipo, aunque todos ellos estuviesen moviéndose lo más rápido que sus piernas les respondía. Por un momento pensó si su rapidez se debía a lo que Jiraiya, su maestro, le había susurrado lejos del resto antes de partir de la Aldea, pero después de considerarlo un poco, lo dudaba. Naruto nunca había sido bueno siguiendo los consejos del resto y no creía que lo que había discutido con el ermitaño cambiase su manera de actuar.

Definitivamente, fuese lo que fuese lo que estaba motivando a Naruto era algo suyo, propio, y que probablemente no podría entender aunque lo intentara, lo cual tampoco era el caso. No tenía que ver con que aquella era su primera misión juntos en años, ni su tonta habladuría de querer ser hokage, ni su rivalidad con él… Naruto estaba actuando así porque estaba en camino a asistir a un amigo. Habría corrido de igual manera si Hinata, Kakashi o él estuviesen en peligro. Y aquello lo preocupaba. Al menos, por lo que recordaba de la personalidad de Naruto, eran más problemas que otra cosa lo que conseguían cuando empezaba a actuar de esa forma. Un Naruto actuando impusulsivamente no era para nada lo que quería en ese momento cuando la posibilidad de enfrentarse a la organización de Itachi estaba en el horizonte que los esperaba.

Sólo pensar en ello hacía que cualquier preocupación y tontería anterior en su mente desapareciera. Quería permanecer calmado y concentrado en su comitiva, analizando todos los escenarios posibles que estaban por venir. Quizás, vería a Itachi dentro de poco, y no podía desperdiciar un segundo de su tiempo pensando en el dolor que le causaba la suave mirada que Hinata le dedicaba a la espalda de Naruto, ni la urgencia de su compañero en apresurarse en llegar a Suna, ni lo despistado que lucía Kakashi. Su mente debía liberarse de cualquier estupidez y enfocarse en lo que realmente importaba.

―Espéranos Naruto ―gritó de pronto Kakashi, como si leyera el pensamiento del resto.

―¡Apresúrense! ―les ordenó desde la delantera―. No podremos ayudar a Gaara si seguimos demorándonos tanto.

―No podremos ayudarlo si gastas todas tus energías ―le recalcó el enmascarado shinobi―. Lo mismo va para ti Hinata ―Sasuke se sintió sorprendido por las palabras de Kakashi―. No es necesario que mantengas el byakugan activo mientras corremos dentro del país del Fuego.

Había estado tan concentrado en Naruto que ni si quiera se fijó en la manera en que los ojos de Hinata escrutaban el terreno en búsqueda de peligro. La observó de reojo y una mueca de disgusto, deseando poder insultarla por ser tan testaruda al emplear su chakra de esa manera, pero no separó los labios. Si deseaba hacer tonterías al igual que Naruto, o quizás para lucirse en frente de él, podía hacerlo.

―Lo sé pe-pero… ―respondió ella―. Hay alguien a tres kilómetros de distancia a sesenta grados de nuestra posición. Creo que es Temari-san.

―¡Tus ojos son tan geniales Hinata! ¿Puedes llevarnos hasta ella? ―le pidió Naruto, quien parecía no entender nada cuando se trataba de latitudes y longitudes―. Quizás sepa alguna forma de llegar más rápido a Suna para ayudar a Gaara.

―Sí ―respondió Hinata asintiendo y apresurándose para saltar de rama en rama junto a él.

Desde atrás, Sasuke los observó suspirando y apresuró el paso también. Aunque le molestaba el exceso de entusiasmo que ambos estaban mostrando, se recordó a sí mismo que no se trataba simplemente de que Naruto quisiera ir a ayudar a un amigo, o que Hinata estuviese sobre exigiéndose para lucir sus habilidades frente a la persona que amaba; eso era una misión. Iba a dar lo mejor de sí mismo y dejar de lado ese nudo en la garganta que no lo dejaba pasar saliva al observar esa interacción entre ambos en la cual él sobraba.

Tan pronto encontraron a Temari le explicaron la situación. Sasuke se quedó un tanto más atrás escuchando y estudiando su reacción. A simple vista, podía ver que la joven de Suna estaba consternada, pero no del todo sorprendida, como si hubiese estado esperando ese tipo de noticias.

―Tenía un mal presentimiento… ―susurró Temari con la mirada perdida en el suelo.

―¿Hay alguna forma de llegar más rápido? ―preguntó Naruto con impaciencia―. Kakashi-sensei insiste que nos demoraremos tres días…

―Así es ―lo cortó Temari―. Nos tomará tres días llegar a Suna desde esta posición si nos detenemos a dormir 6 horas durante la noche.

Sasuke notó que la mano de Naruto se cerraba en un puño que temblaba. Su primer instinto fue decirle que se calmara un poco, pero permaneció inamovible. Si todo ese tiempo de entrenamiento aún no le había dado a su compañero de equipo las herramientas básicas como shinobi para evitar mostrar sentimientos durante una misión, no era él quien lo sermonearía al respecto. Miró a Hinata entonces de reojo, y no se sorprendió que sus orbes opalinos estuviesen también enfocados en el puño tembloroso de Naruto.

Por algún motivo, su pecho volvió a doler.


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No es a ti a quien quieren Naruto, es lo que tienes dentro de ti.

Las palabras volvían a hacer eco en su cabeza. Las escuchaba con tanta claridad que sentía que se ahogaba. Desde un tiempo sabía que esa organización lo tenía en la mira y por lo mismo debía procurar nunca bajar la guardia, pero, no pensó que además de él esos sujetos patéticos estuviesen detrás de todos aquellos que llevaban consigo la carga de tener dentro de sí esos monstruos que los habían alejado de todos desde la infancia.

Gaara.

Él lo entendía. Él sabía lo que era crecer con esa cosa dentro de sí, ser odiado por todos, temido, escupido en el rostro y golpeado. Él conocía lo que era la soledad. Sabía lo que era nunca ser invitado al cumpleaños del resto, o poder sentir la calidez del abrazo de una madre, que tus compañeros en la Academia se burlaran de ti. Al igual que él, había sido criado rodeado de desprecio y odio, aislado de sus semejantes para volverlo un monstruo tal como el que vivía en su interior. Lo entendía… lo entendía tanto que le dolía pensar en Gaara. Sentía que si no hubiese encontrado a sus amigos, habría terminado lleno de odio hacia todos y todo. De alguna manera, se había esforzado más que cualquiera para mostrar que él no era simplemente un monstruo, sino que Naruto Uzumaki, ¡Y sería el hokage! Nadie se interpondría en sus sueños.

Cuando escuchó que Gaara había logrado el suyo, convertirse en el kazekage, se sintió increíblemente celoso, pero al mismo tiempo, feliz. Experimentó alivio al pensar que tal como él, Gaara había encontrado algo que le perteneciese, un sueño, una familia, una esperanza nueva de que las cosas finalmente serían mejor. Por fin podría dejar atrás esos días de soledad y oscuridad en su vida para así dedicarse por completo a algo que le permitiese volver a conectarse con los demás. Para Naruto, esas personas habían sido Iruka-sensei, Sasuke, Hinata y Kakashi. Luego Ero-sennin, la abuela Tsunade e incluso los otros chicos de la Academia.

Para Gaara, sería toda su aldea. Había encontrado una forma de poder crear lazos con las personas de su nación, aquellos que lo rodeaban, y había optado por perseguir el rango más alto entre los shinobis de Suna para así poder protegerlos. Naruto entendía bien la sensación de querer sobresalir, pero no creí que ese hubiese sido el motivo de Gaara para querer ser un kage. Los motivos de su contraparte pelirroja eran menos egoístas que los suyos; Gaara deseaba encontrar el amor que había perdido en algún punto de su vida mostrándoles a todos que no era un simple monstruo.

Rechinó los dientes apretándose su mandíbula mientras un nudo se formaba en su garganta. Los pasos que daba nuevamente se apresuraron dejando a todos detrás sin que lo percatara.

―¡Naruto! ¿Qué te dije sobre apresurarte tanto? ―le gritó Kakashi, sin que le importara demasiado.

―Vas a separar al grupo, idiota ―lo sermoneó Sasuke, quien estaba extrañamente silencioso hasta ese momento.

―No… ¡No lo soporto! ―exclamó, sin mirar atrás.

―Deja de actuar como un idiota ―le reclamó Sasuke―. Estás usando todas tus energías y poniendo en riesgo nuestra misión.

―¡No me importa! ―gritó de vuelta. Sasuke no lo entendía, no habría forma de que pudiese comprender lo que sentía al saber que habían capturado a Gaara por el mismo motivo que lo habían perseguido a él por tantos años.

―¿Por qué estás actuando de forma tan estúpida Naruto? ―Sasuke apresuró sus pasos, como si en cualquier momento le fuese a caer encima a golpes.

―¡Porque sé el motivo por el cual están atrás de Gaara! ―no se molestó en detenerse, su corazón se aceleraba y el deseo de golpear algo lo invadía―. Y de mí.

―Naruto… ―Lo interrumpió Kakashi, seguramente lo que estaba a punto de decir no era algo que pudiese hacer frente a alguien de Suna.

―Hinata lo sabe. Y seguramente Temari también sepa lo que hay dentro de Gaara. Hasta usted lo sabe, no ¿Kakashi-sensei? Vi la forma en que Ero-sennin le habló. La manera en que le advirtió… ―el nudo en su garganta se agrandó―. ¿Se lo dijo a Sasuke?

―¿Decirme qué? ―preguntó el Uchiha, pero nadie le respondió―. Habla claro ―le ordenó.

―Están detrás de Gaara y de mí porque… ―frunció los labios― tenemos monstruos sellados dentro de nuestros cuerpos. Eso es lo que están buscando.

―¿De qué rayos hablas perdedor?

―¿Es que no me escuchaste? ¡Hay un monstruo sellado dentro de mí! Esos tipos, Akatsuki, ellos están detrás de lo que hay dentro de mí. Y de Gaa…

―¿Itachi también? ―Naruto sabía exactamente lo que se venía, pues los pasos de Sasuke habían cesado y las palabras de su compañero se sintieron tan frías y cortantes como una navaja―. Te hice una pregunta. ¿Itachi también? ¿Es por eso que Itachi…?

Se detuvo sobre una rama y miró encima de su hombro. El resto del equipo había detenido la marcha. Hinata tenía una mano sobre su pecho y lucía acongojada; Temari, junto a ella, parecía un poco melancólica y más que nada ausente. Notó que Sasuke mantenía una mirada tan intensa sobre Hinata que podría haberla matado de haberlo querido así. Odió la forma en que la observaba y algo ardió en su pecho.

―Sasuke… ―iba a comenzar, pero él se lo impidió.

―Eso explica varias cosas ―la voz de su compañero lo cortó en seco. Sonaba molesto, pero no con él, sino con Hinata, como si ella lo hubiese golpeado en un lugar que Naruto no lograba ver―. ¿Hace cuánto lo sabes?

―Yo… ―Hinata bajó la mirada―. Sasuke-kun…

―No te lo tomes con ella ―si ya estaba enfadado con todo lo que estaba pasando respecto a Gaara, que Sasuke se dirigiera a Hinata de esa manera lo empeoraba todo.

―Hinata puede responderme por sí misma. No necesita que tú lo hagas por ella.

―¡Yo le pedí que no te dijera! ―se apresuró a decir―. No la trates así.

―Que obediente eres, Hyūga ―se burló Sasuke con sequedad.

―Lo siento… ―casi salió en un susurro de parte de ella.

―¿Eso es lo que Itachi quería contigo? ―preguntó con los ojos fijos en la nada, afilados y peligrosos. Naruto notó que algo se había apagado en él y que otra cosa lo remplazaba, cegando a su mejor amigo en un velo de rabia contenida―. ¿Lo que tienes dentro?

―Sí. Quieren al monstruo que hay dentro de mí ―bajó la mirada y apretó el puño―. Gaara y yo… somos iguales. Hemos pasado toda la vida luchando para que estas cosas no nos destruyan. Pero, Gaara estaba incluso más solo que yo. No lo entenderías. No entenderías lo que es vivir con esto sin poder decírselo a nadie, temiendo que nos alejen del resto… que nos destruya. Hemos sido los objetivos de Akatsuki por años, pero… yo los tenía a ustedes. En cambio Gaara…

―¡Gaara nos tenía a nosotros! ―interrumpió Temari, saliendo de su silencio―. No digas que mi hermano estaba solo, pues no era así.

―¿Qué? ―Naruto no parecía entender lo que la joven le quería decir y el nudo en su garganta se acrecentó tanto que sintió que se le nublaba la vista.

―Así como tú tenías a tu equipo, Gaara nos tenía a Kankurō y a mí. Él ha cambiado mucho este último tiempo. Hemos podido volver a acercarnos y… y hacemos todo lo posible para ayudarlo con la labor que tomó sobre sus hombros. Gaara no está solo. La aldea está junto a él… todos respetan y admiran al Kazekage de la Arena.

―Gaara-san es una persona bastante especial ―comentó Hinata con suavidad, algo que sorprendió a Naruto―. Hemos ido en misiones con él durante este tiempo. Él, se esfuerza por lograr crear lazos con el resto. Incluso conmigo y Sasuke-kun.

―Gaara… ―susurró Naruto, dándose la vuelta―. Kakashi-sensei, apresurémonos. Debemos ayudarlo.

No esperó más y continuó corriendo sobre las ramas, dejando que las lágrimas le mojaran las mejillas mientras nadie lo veía. No se percató por lo mismo que lejos de conmoverse, Sasuke lucía más lejano y frío que nunca.


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El viaje a Sunakagure se hizo silencioso después del arrebato de Naruto. Éste no parecía hablar a menos que ella lo hiciera y ni si quiera se atrevía a dirigirle la palabra a Sasuke. Kakashi tan sólo se limitaba a guiar al equipo o leer un libro Icha-Icha mientras se movía y Temari estaba en sus propios pensamientos.

A pesar de ser la primera misión como equipo, se comenzó a sentir más sola que nunca. Quería poder comprender los sentimientos de Naruto y consolarlo, pero no podía. Deseaba poder acercarse a Sasuke y explicarle los motivos para ocultar que dentro de su compañero de equipo había una enorme y aterrorizante bestia que había destrozado Konoha hacía quince años, pero no encontraba las palabras. Se sentía bastante inútil en ese momento sin poder hacer mucho por ninguno de los dos chicos de su vida, pero no podía irrumpir en su espacio. Estaban en una misión, ese tipo de comportamiento era bastante inapropiado y sobre todo, parecían estar en sus propios mundos, encerrados en sí mismos, sin espacio para ella.

Fue durante la tercera noche, cuando estaban a horas de Suna y acamparon en el desierto porque ninguno de los tres parecía tener energía para seguir corriendo, que encontró la manera de dirigirse a Naruto, quien parecía ser el único del equipo al cual podía acercarse a hablar. Lo vio sentado sobre la arena en medio de una de las tantas dunas que los rodeaban, con un aire melancólico que no era característico en él. Estaba haciendo guardia esperando que el resto comiera, y se había alejado con una excusa que ella supo descifrar. Dijo que no deseaba comer en ese momento porque le dolía el estómago, pero Hinata supo que no era así. Naruto quería estar solo.

Notó que Sasuke también se retiraba y se sentaba con él sin decirles nada. Creyó que era pertinente dejarlos conversar, pues no lo habían hecho desde ese día en que Naruto le confesó su secreto.

Fuese lo que fuese que hablaron alejados del resto, Sasuke volvió junto a la fogata con la mirada más fría que de costumbre, pero nunca dirigida a ella, sino completamente enfocada en las llamas. Pareció ignorarla como si ni si quiera estuviese presente. Tal como lo había hecho los últimos tres días.

Se puso de pie entonces, sabiendo que era inútil intentar acercarse a Sasuke cuando tenía esa mirada. Sabía que cuando su compañero se internaba en su propio mundo, nada ni nadie podría alcanzarlo y era mejor esperar a que él por su cuenta volviese a ellos. Tomó su mochila y un jarro con agua caliente, para luego caminar a Naruto.

Lo encontró mirando las estrellas sobre ellos, luciendo más pálido de lo que recordaba. Ni si quiera pareció notar que estaba ahí, con los ojos azules opacos y apagados, con una mueca en vez de su constante sonrisa. Su pecho se oprimió al sentirlo tan lejos.

―Naruto-kun… ―lo llamó con timidez, sintiendo que el pulso se le aceleraba tan sólo de estar cerca.

―¿Sí? ―fue como si sólo entonces la hubiese notado―. ¿Sucede algo?

―Uhm… no has comido ―le dijo sacando de entre sus cosas de la mochila un cup ramen que había empacado para él―. Toma. Aquí hay agua caliente. Necesitas alimentarte. Mañana tendremos mucho que hacer al llegar a Suna.

―Gracias ―respondió sonriendo con suavidad―. Siempre eres muy amable, Hinata. Pero… no tengo hambre.

―Oh, disculpa ―bajó la mirada, buscando la forma de decirle lo que realmente quería―. Naruto-kun… ¿Estás bien?

―¿Sasuke te dijo algo?

―N-no. Sasuke-kun no me ha hablado desde…

―Me lo imaginé.

Hinata suspiró y volvió a bajar la mirada con timidez. A pesar de que ella y Naruto habían acampado mucha veces en la intemperie cuando eran niños, incluso durmiendo en la misma tienda… se sentía extraño estar a solas con él en la oscuridad bajo el cielo estrellado. Ya no eran las mismas personas que habían sido tres años atrás. Mucho había ocurrido. No podía evitar sentir un cierto nerviosismo estando junto a él.

Sus ojos le permitían ver mucho más de lo que las lejanas llamas iluminaban entre ellos. Notaba las facciones tristes en él y aquello la hacía querer abrazarlo y decirle que confiase en ella lo que estaba causándole esa pena. Deseaba con todo el corazón ser su apoyo, su fuerza; había entrenado hasta el ahogamiento todo ese tiempo preparándose para momentos como ese en el cual necesitara ser la persona en levantarlo. No iba a decepcionarlo.

―Sasuke realmente te estima. Me imagino que se han vuelto muy cercanos este tiempo en que yo no he estado con ustedes ―sonrió, pero Hinata pudo notar que había algo más que no quería decirle.

―Sasuke-kun es… como el otoño. Tiene días de sol, días nublados… y días en que simplemente sopla el viento y llueve ―Hinata se sentó junto a Naruto sin pensarlo demasiado, dejando el vaso con agua sobre la arena―. Días en los cuales se aleja y otros en los cuales vuelve.

―Lo sé ―Naruto suspiró―. Y días en los cuales tiene razón. Aunque odie admitirlo. Por algo era la persona más inteligente de nuestra clase junto a Shikamaru. Siempre odié eso. Que de alguna manera sus palabras tuviesen un toque amargo de verdad indiscutible.

―¿En qué tiene razón Sasuke-kun esta vez? ―preguntó un tanto confundida.

―Hinata ―Naruto miró al frente, alejando la mirada de las estrellas―. ¿Me prometes algo?

―Claro ―se sintió confundida con la forma en que él miraba el desierto, como si algo le doliera.

―Si… si la cosa que hay dentro de mí… si esto algún día… si yo… ―Naruto se tomó la cabeza revolviéndose el cabello. Hinata percibió que apretaba sus párpados y sus labios se fruncían.

―¿Naruto-kun? ―lo llamó pero él no pareció escucharla cuando soltó un gemido contenido.

―¿Por qué es tan difícil? ¿Por qué tuvieron que ponerlo dentro de mí?

―¿Qué sucede? ¿Por qué dices eso?

Naruto no respondió, pero sus piernas temblaban. Al escuchar su respiración, notó lo alterado que estaba. Se mordió su labio inferior y cerró los ojos con fuerza bajando la cabeza y escondiéndola entre sus rodillas. Hinata se sintió devastada de que algo lo hiciese sufrir de esa manera.

―No quiero herirlos ―dijo finalmente―. Si esta cosa dentro de mí… escapara… o si alguien me lo quita… prefiero… prefiero…

―No. Ni si quiera pienses en eso. Puedes controlarlo, lo has hecho toda tu vida, incluso cuando no eras tan fuerte como ahora ―Naruto abrió los ojos y la observó dudoso, luego sorprendido―. Y… y si alguien intenta lastimarte para quitarte al Kyuubi, Sasuke-kun, Kakashi-sensei y yo te protegeremos. Hemos entrenado muy duro para eso.

―¿Y si… y si no puedo controlarlo? ¿Y si alguien llegase a usar esto para lastimarlos? ―su voz sonaba como un susurro―. Sasuke jamás me perdonaría… yo jamás podría perdonarme… si yo…

―¿Si tú, qué? ―Naruto parecía no querer terminar la oración.

―Si llego a lastimarte ―el corazón de Hinata se saltó un latido al escucharlo y sus párpados se abrieron de par en par―. Eres… lo más importante para mí ―sus mejillas se enrojecieron de inmediato―. Tú y Sasuke, lo son ―agregó con rapidez―. Si algo les llegara a pasar por mi culpa...

―Naruto-kun…

―Sólo promete que si esto se descontrola, no dudarás un segundo en… ponerle un fin.

Hinata se quedó helada al escucharlo, pues entendía a qué se refería Naruto. Le estaba pidiendo que en caso de que el sello del kyuubi fuese roto, o si alguien intentase robarlo exitosamente, que ella… lo matara. Frunció los labios sintiendo el pecho pesado y las manos temblorosas mientras pasaba saliva.

―Debes hacerlo, Hinata. Sasuke lo hará. Y lo entiendo. No podría con la culpa si…

―Basta. La forma en que hablas, no es… no es la forma en que hablaría Naruto-kun ―Naruto volvió a subir el rostro y la observo pasmado―. Naruto-kun nunca retrocede en su palabra. Y tampoco lo hago yo. ¿No lo recuerdas? ¿No recuerdas lo que te prometí en Yugakure, bajo la lluvia, cuando me dijiste lo que había dentro de ti?

―Hinata… ―la joven tomó los brazos de Naruto en un gesto bastante atrevido que era impropio de ella, pero que a Naruto le hizo perfecto sentido, resonando en sus memorias. Era lo mismo que él había hecho siendo sólo un mocoso estúpido, bajo un árbol, en medio de la lluvia, el día en que le dijo que el Kyuubi habitaba en su interior―. Si esta vez me dices que estás enamorada de Sasuke… ―sonrió, pues recordaba habérselo preguntado ese día.

―Naruto-kun, te prometí que me volvería más fuerte, para que Akatsuki no te hiciera daño ―la voz de Hinata era dulce mientras una tenue sonrisa aparecía en su rostro―. Y yo no retrocedo en mi palabra. Es mi nindo. Y también el tuyo. Yo te protegeré, aunque muera mientras lo hago. Es lo que decidí.

Naruto no supo qué decir. La observó con sus brillantes ojos azules y los labios apenas separados para soltar la respiración contenida que se había olvidado de hacer por algunos segundos.

―Lo siento, Hinata. He estado bastante negativo estos días. Eso no es muy característico de mí ―Naruto rió poniendo una mano en su nuca y Hinata lo soltó con suavidad, asintiendo―. Tienes razón. No dejaré jamás que esta cosa los lastime. Soy más fuerte que ese monstruo estúpido. Y no retrocederé en mi palabra. Seré el hokage… y un hokage no debería tener miedo de sí mismo.

―Ahora suenas como el Naruto-kun que conozco ―se abrazó las rodillas y sonrió.

―¿Qué tal si compartimos ese ramen? Ahora que lo pienso, creo que sí tengo hambre.

Hinata rió con suavidad mientras estiraba nuevamente el agua caliente hacia él y sacaba el cup ramen de su mochila, sin darse cuenta que desde la fogata, un par de ojos negros los observaba con un aire de soledad casi palpable.


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Casi tan pronto como llegaron a Suna las cosas se habían vuelto extrañas. Sasuke no hablaba, Naruto estaba corriendo de un lugar a otro pidiendo instrucciones para proseguir, Hinata intentaba conciliarlos ―sin resultados demasiado favorables― y Kakashi buscaba la manera de ser útil y calmar a Naruto.

Tan pronto cruzaron la puerta de entrada se les comunicó de la situación a detalle. Sunagakure había sido atacada por la organización Akatsuki, de forma aérea y el Kazekage había defendido la ciudad de una ofensiva devastadora a base de explosivos. No obstante, durante su batalla, había sido atrapado por un hombre de cabellera rubia que sobrevolaba una gigantesca ave blanca, llevándoselo consigo.

No sabían si Gaara estaba vivo o muerto.

Por otro lado, Kankurō, el hermano del Kazekage, había seguido a los criminales por el desierto enfrentándose a ellos. Había sido derrotado por un sujeto que la Arena parecía conocer bastante bien y no sólo eso, sino que el veneno que circulaba por su cuerpo lo estaba matando sin que nadie pudiese hacer nada al respecto excepto mandar un halcón a la Hokage, la mejor médico ninja del mundo, pidiendo instrucciones para proseguir.

Mientras esperaban que les comunicaran un posible tratamiento, Naruto, Hinata, Kakashi y Sasuke miraban a las personas de Suna pasar de un lado a otro con noticias urgentes, de las cuales la mitad eran verídicas y las otras no. Se corría el rumor que el Kazekage ya estaba muerto y que Suna caería víctima de esa organización criminal, pues no había nadie que pudiese defenderla. Veían a muchos shinobis desmentir esa información y alegar con fuerza que el Kazekage jamás se rendiría y que pronto lo tendrían de vuelta.

El ataque había eliminado al menos a treinta shinobis en la entrada de la Aldea y aún se podía ver en el rostro de todos el pesar que eso significaba. Varias personas habían asistido a funerales desérticos ese día y mientras otros paseaban como almas en pena por el edificio en que intentaban mantener a Kankurō con vida, solo los shinobis de Konoha parecían inactivos.

¿Cuánto tiempo? ―escuchó de pronto Sasuke con su oído que era más refinado que el del resto, aunque Kakashi parecía estar escuchando esa conversación al final del pasillo también―. ¿Estás seguro?

Sí… es cosa de horas. El halcón nunca llegará a tiempo. No hay nada que podamos hacer. Ni si quiera Chiyo baa-sama sabe qué veneno se empleó.

¿Temari-san sabe de esto?

Se le ha informado. Está con él en este momento.

Sasuke suspiró y se cruzó de brazos. Sentía que perdían el tiempo esperando algo que ya era sabido para todos. Caminó impacientemente hacia la salida del edificio sin decir palabra alguna y nadie pareció impedírselo. Escuchó como Naruto se quejaba desde los corredores diciendo que debían ir y hacer algo por Gaara, que cada minuto que pasaba estaba perdido si seguían esperando ahí.

Era un idiota. Y un idiota demasiado escandaloso para su estado de humor.

Acomodó la chokuto que su hermano había dejado para él hacía un tiempo en las ruinas de una edificación en ese mismo desierto y abrió levemente el cierre de su camiseta blanca. El calor que hacía en esa ciudad empezaba incluso a afectarlo a él.

Cerró los ojos y dejó que el viento meciera su cabellera negra, esperando visualizar su siguiente paso. Sentía que si encontraba a esos sujetos, alguno de ellos le podría decir dónde estaba Itachi. Se sentía lo suficientemente fuerte como para poder enfrentarse a él esa vez sin retroceder ni ser decimado. Creía con firmeza que si se encontraba a Itachi, podría hacerle frente y vencerlo. Había entrenado hasta más no poder para eso. Ya no era el mismo mocoso estúpido que lo había retado en ocasiones anteriores sin un plan o una estrategia. Esta vez estaba preparado.

―¿Sasuke-kun? ―la suave voz de Hinata hizo que abriera los ojos. Sus pisadas eran tan leves sobre las coloridas baldosas de Suna que ni si quiera la escuchó venir.

―¿Qué quieres? ―le preguntó cortante.

―¿Podemos hablar?

―¿Sobre qué?

―Lamento…

―Siempre lo mismo.

La detuvo. Estaba harto de que cada vez que ella lo irritara viniese con su lluvia de disculpas que estaba seguro ni si quiera sentía. Ella se disculpaba, pero no se arrepentía. Siempre era lo mismo.

Hinata ni si quiera respondió, seguramente sabía exactamente lo que iba a salir de la boca de Sasuke

―Siempre estás disculpándote por todo, ¿No sabes lo irritante que es? No soy Naruto ―sus ojos se fijaron sobre ella haciéndola empequeñecer entre sus hombros. Cada vez que lograba aquello se sentía más poderoso, más hombre, con más deseos de estrecharla contra sus brazos y decirle que le pertenecería algún día a él y nadie más―. Tus disculpas no funcionarán conmigo. Conozco este discurso de memoria. Déjame en paz.

―Entiendo ―Hinata respondió con lentitud después de algunos segundos y permaneció bastante entera a pesar de lo que acababa de decirle―. ¿Entiendes tú por qué no podía decirte el secreto de Naruto-kun?

―No me interesan tus motivos. Me mentiste y traicionaste mi confianza en ti. Lo peor es que no era una tontería como los pequeños chismes de Konoha, sino algo importante. Algo que me podría haber acercado a Itachi si lo hubiese sabido antes ―Sasuke era duro y no le importaba serlo. La estaba hiriendo, tal como ella venía haciéndolo con él―. Naruto está en peligro, porque mi hermano lo busca, ¿Y no pudiste decirme? Habría ido con él estos últimos tres años en vez de perder mi tiempo contigo en Konoha.

―¿Perder… el tiempo? ―las palabras se trabaron en la garganta de Hinata, podía notar lo mucho que la había herido con ese comentario pero no iba a retroceder ahora. De hecho, algo en su interior se sintió bien al ver que podía lastimarla como ella lo hacía con él.

―Entrenar contigo, limpiar basura, cuidar de aves, actuar en estúpidas obras en un festival, en vez de ir tras Itachi, ha sido una rotunda pérdida de tiempo ―lo último lo dijo lento y firme, para que entendiera que por estar constantemente pensando en ella había dejado de lado lo que realmente tenía que hacer―. Sólo me has distraído y alejado de lo que realmente quiero. No has servido para nada más que eso.

―Nunca fue mi intención… ―Hinata se detuvo, bajó el rostro y miró fijamente sus sandalias negras― Pensé que entrenar para volvernos fuertes y poder enfrentar a Itachi Uchiha, era el plan que habíamos acordado.

―¡Pero sabías que Itachi estaba detrás de Naruto por esa cosa que tiene dentro! ―exclamó harto, sosteniendo su brazo y apretándolo para que ella subiera el rostro― ¡Todo habría cambiado si yo también lo hubiese sabido! ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué Naruto es más import…? ―no, no quería escucharlo, por lo cual no terminó su pregunta. Quizás no podía. No quería escuchar de su boca que amaba a Naruto y que por ese motivo, siempre sería lo más importante para ella.

―Tu confianza, tu amistad… son muy valiosas para mí, pero...

―Pero no son tan importantes como Naruto lo es para ti ―le soltó el brazo sintiendo algo amargo en la boca.

―Naruto-kun me pidió que guardara su secreto. Su confianza también es importante para mí. Si tú me pidieses que guardara tu mayor secreto, lo haría.

Iba a decir algo más, iba a gritarle, iba a decirle que era una estúpida porque aunque guardase todos los secretos del mundo para Naruto, cocinara todos los días para él, le preguntara diez veces por día si se encontraba bien y le dijera lo mucho que lo amaba en una marquesina gigantesca sobre las estatuas de los Hokage, Naruto era tan estúpido y despistado, que jamás se daría por aludido de los sentimientos de Hinata. Estaba perdiendo el tiempo. A menos que alguien le explicara claramente y con lentitud lo que sentía Hinata por él, Naruto no se daría por aludido.

―¡Ey! ¡Aquí esta…! ―Naruto pareció animado hasta notar el rostro de Sasuke―…ban.

La voz de su compañero lo encrespó. Era otra persona que no deseaba ver, ni escuchar en ese momento. Naruto también le había mentido, por omisión. Ambos eran unos mentirosos. Si le hubiese dicho lo que había en su interior y que por lo mismo Itachi lo perseguía se habría ido con él y Jiraiya. Le había mentido para mantenerlo siempre patético, en Konoha, encerrado limpiando basura, perdiendo su tiempo con misiones miserables, entrenando casi por su cuenta, sin un instructor apropiado.

Lo único bueno que había tenido Konoha esos tres años era Hinata y también se lo había quitado al volver con ellos. Ahora parecía volverse invisible para ella mientras ambos compartían sus pequeños momentos llenos de complicidad.

Las palabras que habían cruzado la noche anterior aún resonaban en su cabeza.

¿Puedes controlar a ese monstruo? ¿Podemos utilizarlo?

Lo he intentado, pero no puedo.

¿Cuándo lo intentaste?

Con ero-sennin. Casi… lo maté. Me dijo que no volviera a usar ese poder.

¿Y si se descontrola aunque no quieras utilizarlo?

Yo…

¿Y si se descontrola y lastimas a Hinata?

¡Jamás lastimaría a Hinata!

No me importa que creas que puedes controlar esa cosa, si pones en riesgo a Hinata, te mataré sin pensarlo dos veces.

―Tenemos una misión ―Naruto evitó mirarlo, las cosas aún se sentían incómodas entre ellos―. La vieja rara que intentó golpear a Kakashi-sensei me dio una lista de plantas que debemos traer de un invertedero. La abuela Tsunade analizó un veneno y mandó una receta para contrarrestarlo. Necesitan prepararlo pero no pueden abandonar el hospital por…

―¿invertedero? ―preguntó Hinata confundida, intentando mostrarse normal, pero Sasuke podía notar que apenas lograba hablar.

―Sí, sí, ya sabes. Esos lugares de vidrio donde ponen plantas.

―¿Invernadero? ―Sasuke bufó.

―¡Eso! ―Naruto sonrió distraído y sus mejillas sonrojaron levemente―. Siempre quise ver el invernadero de Suna, aunque sigo molesto de que no podamos ir a pelear contra esos sujetos que tienen a Gaara de una vez ―gruñó cruzándose de brazos para luego reír animado e incómodo al ver que nadie hablaba―. Dicen que crecen muchas plantas exóticas aquí en Suna, que tienen espinas y todo, algunas que se podrían comer a un hombre completo y otras con flores brillantes pero mortales ―notó que Hinata sonreía al ver su entusiasmo, parecía que su mirada se ablandaba y sus ojos brillaban al estar cerca de Naruto―. Quizás puedas pedir algunas para prensarlas Hinata.

―Sí. Me gustaría eso.

―Te ayudaré a ponerlas en maceteros para...

―¿Podrían compartir su amor por las plantas en otro momento? ―les pidió Sasuke quitándole el pergamino a Naruto y leyendo el nombre de las plantas que debían llevar. Le revolvía el estómago que él pudiese hacerla sonreír con tanta facilidad―. Démonos prisa. El hermano de Temari está grave.

Caminaron por las desérticas calles de Suna mirando en todas direcciones, notando lo ajetreado que se veían todos. Las personas ni si quiera parecían notarlos, apurándose de un lado a otro para cumplir alguna misión urgente, para ayudar a levantar algún edificio colapsado o preguntando por el paradero de algún ser querido que se había extraviado durante el ataque a la ciudad. Por su parte, Sasuke no prestó demasiada atención a no ser cuando Naruto o Hinata pedían instrucciones para llegar al invernadero.

Cuando finalmente encontraron el edificio en medio de la ciudad, hasta el Uchiha se sintió empequeñecido. Era increíble que pudiesen hacer crecer tantas plantas en un lugar desértico y seco. El ambiente dentro del invernadero era húmedo y extremadamente caluroso, pero las plantas parecían rebosar con vida. La nariz le comenzó a cosquillear rápidamente producto del polen y de la decena de aromas que se mezclaban en el aire.

El lugar estaba vacío, por lo que no pidieron permiso para tomar lo que había en la lista. Se alejó un momento de Naruto y Hinata caminando entre las plantas buscando la única que conocía en la lista, mientras que sus compañeros se encargaban de cortar el resto de las hojas, raíces y flores que les habían solicitado. No le sorprendió que Hinata fuese tan buena cuando se trataba de la flora de Suna, pero sí le llamó la atención que Naruto ―quien era un inculto, despistado e infeliz en casi todo lo que requiriera conocimiento profundo sobre un tema― supiese tanto. Recordó que en alguna ocasión lo había escuchado decir que su hobby era cuidar plantas y ponerlas en maceteros, pero nunca creyó que se lo tomara tan en serio como para conocer dónde debían cortar, cuales plantas estaban en una buena condición para ser utilizados ni la habilidad para distinguir un pasto de un trébol.

No les tomó más de quince minutos recoger todo lo que necesitaban entregar, ponerlo en frascos y devolverse al edificio en donde los esperaban. No obstante, tuvo que soportar todo el camino de vuelta mientras veía como Naruto y Hinata se volvían cada vez más íntimos y cercanos amigos, ahora compartiendo su afición a las plantas exóticas de Suna.

Si la pones en peligro… ―pensó mirándolo de reojo mientras reía por alguna estupidez que se le había ocurrido y Hinata asentía cubriendo su boca con el puño cerrado―… Si esa cosa se descontrola y la hieres… yo…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Kakashi los recibió en la entrada del edificio. Notó que tenía su pervertido libro en una mano y que aún así los había notado llegar.

―¿Ya están listos? ―les preguntó cerrando su lectura.

―Aquí está todo ―respondió Sasuke, entregándole una caja de cartón con los frascos dentro.

―Bien.

Caminaron hacia la instalación en donde estaba la anciana que quizás podía hacer alguna cosa con las plantas y las instrucciones de Tsunade. El lugar estaba extrañamente silencioso y hasta Sasuke comenzó a sentirse incómodo.

De pronto, una puerta en el pasillo se abrió y vio a Temari caminar hacia ellos con la mirada perdida y los ojos rojizos. De inmediato supo que algo iba mal, pero siendo la persona cauta que era, no lo dijo. Esperó en cambio que ella lo hiciera, al igual que el resto.

―Ya no será necesario que entreguen eso ―les dijo con su típico espíritu inquebrantable, que parecía estarse quebrando―. Kankurō ha… ―su voz crujió, pero siguió inalterable.

―Lamento tu pérdida ―le respondió, pero ella pareció sacudírselo de encima sin querer hablarlo.

―Kakashi, ¿Eres tan bueno rastreando enemigos como dicen? Debemos ir tras ellos y recuperar a Gaara. Fue lo último que me pidió mi hermano.

―Quizás no lo luzca, pero soy un experto cuando se trata de rastrear ―respondió el enmascarado shinobi―. ¿Sabes dónde Kankurō se enfrentó a ellos? Quizás aún haya algún tipo de aroma que pueda seguir. Aunque sea muy pequeño el rastro, estoy seguro que puedo utilizarlo para encontrarlos.

―Eso no será necesario ―respondió Temari estirando su mano y mostrándole un trozo de tela que lucía rasgado y roñoso―. Mi hermano dio su vida por esto. Espero que sea suficiente para salvar al Kazekage de esos bastardos.

―Lo es―respondió Kakashi.

―¡No te preocupes! ―exclamó Naruto, quien hasta entonces había permanecido silencioso y con la mitad del rostro cubierto por su cabellera rubia que se le escapaba del protector de frente―. Encontraremos a Gaara. Lo prometo.

―Uno de los shinobis que se llevó al Kazekage es un criminal del libro Bingo. Sasori de las arenas Rojas. Deberías estar informado respecto a él ―dijo Temari.

―Ya veo ―respondió Kakashi pensativamente―. Konoha ha recibido algo de información sobre los miembros de Akatsuki. Sasori de las Arenas Rojas ha sido estudiado por nuestro equipo.

―Y es mi nieto ―la voz agotada de la anciana lo hizo voltearse sobre el hombro. La mujer lucía de más de cien años, estaba encorvada, arrugada y tenía un extraño olor a moho. No obstante, Kakashi parecía tenerle gran respeto por lo poco que había hablado sobre ella cuando estuvieron a solas―. Un gran y peligroso shinobi que se especializa en venenos y también en kugutsutsukai, el arte de los títeres. Nunca pensé que fuese precisamente él quien le hiciera algo así a la Aldea. Pero supongo que todo tiene un motivo de ser. La edad enseña esas cosas.

―¿Tiene alguna información sobre él que nos podría ser útil en este momento? ―preguntó Sasuke.

―Tengo mucha información, pero no tenemos tiempo para seguir gastándolo aquí. Kankurō está muerto, y si no nos apuramos, Gaara probablemente lo esté muy pronto también ―notó como las palabras de la mujer deformaron el rostro de Temari, era la primera vez que la veía lucir tan frágil, casi hermosa―. Iré con ustedes.

―Eso sería una gran ventaja en la situación en que nos encontramos ―dijo Kakashi.

―Muchas gracias, Chiyo baasama ―murmuró Temari.

―¿Eh? ¿Acaso no está demasiado vieja para pelear contra tipos tan peligrosos? ―le preguntó Naruto horrorizado.

―Chiyo-sama es una de las shinobis más poderosas de este país ―respondió Temari antes de que lo hiciera la anciana―. Nosotras iremos en este equipo para representar a la Arena.

―No, Temari. Tú permanecerás aquí y protegerás las fronteras del País del Viento. Sin que conozcamos el paradero del Kage, y con Kankurō muerto, eres la única que puede hacerlo en caso de que nos vuelvan a atacar. Intenta conservar todo en pie mientras vamos por tu hermano ―le indicó la anciana, a lo cual ella pareció querer protestar, para finalmente asentir.

―No te preocupes Temari, déjalo en mis manos ―dijo Naruto con confianza apuntándose a sí mismo con el dedo pulgar y mostrando su sonrisa que en ese momento parecía un poco más forzada que antes―. Algún día seré el Hokage y necesitaré todos los favores posibles que me pueda deber el Kazekage. Con esto me aseguraré uno por adelantado.

―No es hora para tus bromas estúpidas, Naruto ―le dijo Sasuke, quien notaba lo doloroso que era todo eso para Temari.

―Gaara… él cambió mucho después de que te conoció ―dijo Temari con melancolía―. Dejó de estar siempre solo y buscó una conexión con el resto. Confió en ti… y ahora que te escucho hablar, creo que también lo haré. Trae a mi hermano menor de vuelta, Uzumaki Naruto.

―Sí ―asintió con confianza―. Déjalo en mis manos.


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Nota

Lamento la tardanza! He estado con mil cosas en mi vida y mi mente. Espero que les haya agradado el capítulo y muchas gracias por continuar apoyándo este fic. Un abrazo!