CAPÍTULO 42

EL DÍA SE ACERCA

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La misión de búsqueda del Kazekage de Sunagakure comenzó antes del atardecer. Kakashi desplegó sus perros de rastreo por la zona y cada uno de ellos memorizó el aroma que debían seguir despareciendo con una velocidad impresionante.

Aquello aburría a Naruto, quien deseaba acelerar todo ese proceso para llegar al auxilio de Gaara lo antes posible. Estaba tan inmerso en su propósito que pareció inmune a la tensión que había entre el resto de sus compañeros o lo raro que se sentía estar recorriendo el desierto con una completa extraña. Si bien Temari había dicho que la abuela esa era una de las mejores shinobis de Suna, le costaba creer que ese saco de huesos crujientes y arrugas tuviese en sí la capacidad de combatir sin caerse a pedazos por lo vieja.

Sasuke se mantenía en sus propios pensamientos. Estaba irritado y aunque sabía lo importante de la misión frente a él, no podía dejar de pensar en lo que había dentro de Naruto y el motivo por el cual Itachi estaría detrás de ello. Había desperdiciado años al no saberlo, en los cuales podría haberse preparado mejor, buscado el motivo por el cual el Kyūbi fuese algo que Itachi quisiera. Le temía a su hermano tanto como lo odiaba, y si esa cosa dentro de Naruto era tan fuerte como decían, entonces, no podía caer en las manos de un ser despreciable como él. Muchos menos para servir a esa organización de criminales que llamaban Akatsuki.

De pronto, escuchó el sonido de un halcón sobre ellos y se detuvo junto al grupo.

―Es Takamaru ―dijo Sasuke levantando el brazo para que el halcón descendiera hacia él―. Tenemos noticias, Kakashi ―le comentó al líder del equipo, desamarrando el mensaje que el halcón traía.

Naruto observó con cuidado el extraño aparato que llevaba el ave atado al pecho. Era como si alguien la hubiese vestido especialmente para poner pergaminos más grandes en ella o quizás codificados, pero él no lo entendía. Por el contrario, Sasuke había abierto la cajita sin problemas y realizaba un sello de mano para hacer que el mensaje mostrara su contenido.

―¿Cómo sabes tanto de estos pájaros y los pergaminos de mensajes? ―le preguntó intentando tocar la cabeza del halcón sólo para recibir un picotazo en uno de sus dedos.

―Estuve una temporada completa cuidando de los halcones de Konoha ―contestó Sasuke.

―Puede invocarlos también ―agregó Hinata con un leve toque de orgullo, aunque Sasuke la miró de reojo como si no necesitara de sus alabanzas.

―¿Qué? ¡Eso es tan injusto! ―se quejó Naruto irritado―. Lo único que cuide yo fue a Ero-sennin cada vez que se embriagaba.

―¿Y bien? ―preguntó Kakashi queriendo saber el contenido del mensaje que les habían enviado.

―El equipo Gai se nos unirá ―dijo Sasuke pasándole el pequeño pergamino a Kakashi.

Naruto se emocionó al escucharlo. Si la abuela Tsunade había mandado refuerzos entonces sería incluso más rápido para ellos poder encontrar y rescatar a Gaara. Por su parte, Hinata se sintió ansiosa. Iba a estar en una misión junto a Neji, no podía ser menos que él. Su primo estaba en un rango jōnin, a los ojos de la Aldea era superior a todos ellos y ella lo sabía. Si habían mandado un equipo tan fuerte como ese, entonces, quizás la situación fuese incluso más grave de lo que el resto pensaba.

―Avanzaremos por el desierto hacia la dirección donde encontraron a Kankuro ―anunció Kakashi mirando la posición del sol mientras los tres chicos asentían―. Intenten protegerse de la temperatura, no podemos tener el cuerpo deshidratado. Es muy probable que entremos en combate.

―¿Qué es eso? ―preguntó Chiyo.

Kakashi levantó la mirada y vio que a lo lejos se asomaba una pequeña nube de arena. Alguien venía corriendo con extrema velocidad hacia ellos.

―Es Pakkun-san ―dijo Hinata sin que nadie le preguntara que revisara con su byakugan.

Naruto observó a Hinata con orgullo. La pequeña distorsión en el desierto estaba muy lejos y sin embargo los ojos de la joven lograban distinguirlo a la perfección. Sí que se había estado esforzando ese tiempo. Aquello lo llenó de felicidad, pues sabía lo importante que era para Hinata superarse. No obstante, algo más le llamó la atención en la escena que contemplaba: la mirada entre ella y Sasuke.

Tan pronto aquello ocurrió Hinata pareció concentrarse aún más en la visión periférica en donde se encontraban, sabiendo lo que Sasuke le pedía sin que hubiese palabras entre ellos. Aquello le causó una extraña melancolía. Sabía que ese lazo entre los dos se había generado precisamente porque llevaban trabajando juntos los últimos cuatro años. Cuanto le hubiese gustado a Naruto haber sido parte de eso. Muchas noches se encontró a sí mismo acampando en medio de la nada, solo, mirando las estrellas, preguntándose qué estarían haciendo sus dos amigos. Y ahora que llevaba un buen par de días junto a ellos, comenzaba a comprender con algo de pavor que no podía compenetrarse con ambos de esa manera, no podía comunicarse con Sasuke tan sólo con una mirada o saber qué era lo que Hinata sentía estudiando sus gestos. Experimentó algo apretarse en su estómago, ¿Qué tal si no había sinergia entre ellos en esa misión y todo fuese por su culpa?

―Volvió rápido ―comentó Kakashi haciendo que Naruto saliera de sus pensamientos―. Bien, eso significa que encontró el rastro de Gaara. Prepárense para el rastreo.

Hinata, Sasuke y él asintieron. A pesar de que Sasuke seguía molesto con ambos, su actitud de shinobi en misión era inexpugnable. Sin que nadie les dijera qué hacer, Hinata revisaba con su byakugan los alrededores y Sasuke flexionaba las manos una y otra vez preguntándose si alguno de esos sujetos que se había llevado al Kazekage sabría dónde estaba su hermano. Por su parte, Naruto pensó si tendría agua suficiente para correr por el desierto y miró su cantimplora un tanto asustado.

―Tengo agua y comida para todos en un pergamino, descuida Naruto-kun ―dijo Hinata, sorprendiéndolo.

¿En qué momento ella se había percatado de lo que sucedía? ¿En qué momento había aprendido a sellar cosas en pergaminos? Cuanto la desconocía y cuanto ella parecía conocerlo. Hinata parecía notar hasta lo que le preocupaba, a pesar de que él no se lo dijera. Aquello lo hizo sonreír internamente y volver a entristecer por haberse perdido tanto tiempo junto a sus mejores amigos. Cuanto le hubiese gustado aprender con ellos todas esas técnicas increíbles.

―¿De verdad puedes sellar agua en pergaminos? ―le preguntó animadamente―. Tendrás que enseñarme cuando volvamos a Konoha. Te has vuelto alguien realmente temible, Hinata-chan.

―¿Hinata-chan? ―preguntó Sasuke levantando una ceja―. ¿Acaso crees que todavía tiene diez años?

Naruto no se percató de ello, pero Hinata ruborizó con sus palabras. No obstante, Sasuke sí lo notó y sintió que se le tensaba el estómago de verlos interactuar así. Respiró profundo y se recordó nuevamente que estaba en una misión, no podía perder la concentración. No importaba cuanto le incomodase, cuanto lo odiara, cuando quisiera golpear a Naruto en el rostro y decirle que dejara de comportarse como un idiota.

―Dime lo que encontraste Pakkun ―dijo Kakashi recibiendo al perro nin.

―Necesito un mapa para indicarte exactamente dónde encontré el olor ―respondió el perro―. Están en el país de los Ríos, entre Konoha y Suna.

Kakashi sacó un mapa del portaherramientas y todos los miembros del equipo se dedicaron a observar las señales que Pakkun les daba, apuntando con su pata el lugar preciso en donde había seguido el olor de Gaara. Les habló sobre un río en medio de un acantilado, en cuyas paredes se escondía una caverna sellada por una gran roca. Estaba seguro de que atrás de esa caverna se encontraba el kazekage.

Kakashi le pidió a Pakkun que encontrara a Gai y que los llevara en esa dirección, pues al estar ellos más cerca de la ubicación, seguramente pudiesen llegar primero. Pakkun era un perro extremadamente rápido y sería mucho más ventajoso encontrarse todos en ese lugar en vez de buscar primero a Gai por el desierto.

Una vez Pakkun se marchó, el resto comenzó a correr en búsqueda del lugar. Chiyo, la anciana que se había unido en su grupo, resultó ser extremadamente hábil cuando se trataba de seguir direcciones en el desierto. Sasuke recordó la última vez que había recorrido esas dunas arenosas junto a Gaara y aquello lo embargó de una sensación melancólica. Ese mismo sujeto a quien tanto había odiado, que no le inspiraba ningún tipo de confianza, se había vuelto el líder de su nación y ahora por ello corría peligro. Lo que lo hacía sentir incluso peor era saber que una de las personas responsables atrás de todo eso fuese su hermano. Si tan sólo hubiese tenido el poder de detener a Itachi antes, quizás todos esos eventos se habrían podido evitar.

Avanzaron buena parte de la tarde hasta que el desierto quedó atrás y se abrió frente a ellos los hermosos verdores de la frontera del país del Fuego. Saltaron de rama en rama por los árboles, apurando el paso, cada vez más ansiosos.

Para Hinata iba más allá de ello, tenía un peso en el pecho que no podía controlar cada vez que recordaba los ojos de Temari sin brillo por la muerte de Kankuro, y ahora, ella estaba encargada de traer de vuelta a su otro hermano. Pero no lo hacía simplemente porque fuese una misión, ni porque Temari hubiese sido buena con ella en más de una ocasión, sino porque Gaara era su amigo. De vez en cuando llegaba una carta del Kazekage para ella, firmada con su nombre, sin formalidades. Las leía feliz, cosas sencillas como el clima del desierto, hasta complejas como los sentimientos que unían los corazones de las personas. Pensar que Gaara estaba en peligro la sumergía en angustia y no podía ser menos que perfecta en esa misión si quería poder llevarlo de nuevo a ese lugar que él llamaba hogar.

De pronto Sasuke se detuvo y el resto lo imitó preguntándole qué era lo que estaba pasando con la mirada.

―Debo orinar ―dijo sin vergüenza―. Acompáñame Naruto.

―¿Eh? Yo no tengo ganas ―Sasuke le dio una de esas miradas en las cuales parecía querer matarlo, lo cual lo encrespó levemente, comprendiendo que no le estaba preguntando sino ordenándoselo―. Aunque, sería bueno hacerlo. Vamos.

Ambos chicos avanzaron por el bosque alejándose un poco, saltando desde las ramas hasta el suelo y perdiéndose entre los troncos. Naruto comenzó a sentirse ansioso mientras lo seguía caminando a un paso normal. Sasuke no hablaba y su miraba estaba ausente, siempre en frente, como si buscase un sitio donde orinar fuera de la visión del resto. No obstante, Naruto no era tan despistado como parecía, comprendía perfectamente bien que Sasuke no lo había alejado del grupo porque quisiera ir al baño entre los arbustos, sino porque quería decirle algo que el resto no podía escuchar. Conocía a su mejor amigo lo suficiente como para saber cuando algo le molestaba y cuando algo le preocupaba. En ese caso particular, se inclinaba por lo segundo.

―Hay algo que no me has dicho ―Sasuke se detuvo y miró sobre su hombro hacia los alrededores, asegurándose de que no hubiese nadie ahí que los pudiese escuchar―. Y también algo que yo no te he dicho.

―¿Eh? ―Naruto subió una ceja, Sasuke era tan extraño―. ¿Qué cosa?

―¿Qué es exactamente lo que hay sellado dentro de ti? Dijiste que… era un monstruo. Cuando Gaara habló conmigo de esto, dijo que era un demonio. Pero ninguno de los dos parecía saber exactamente qué era.

―Sí ―Naruto pasó saliva recordando todas las veces que había sido llamado de esa forma. Sabía que Sasuke no pretendía insultarlo ni nada por el estilo, pero el recuerdo le dolió―. Hasta tú debes haber escuchado hablar de él. A-atacó la aldea hace dieciséis años…

―Estaba en lo cierto ―meditó Sasuke un tanto asustado―. Tienes al Kyūbi dentro de ti, ¿no?

―Sí.

Ambos se quedaron en silencio sin saber qué más decir. La información que estaba recibiendo llenaba la cabeza de Sasuke con teorías que lo asustaban. En algún momento pensó que Itachi era simplemente malvado, que había causado todo ese daño a su familia por maldad, pero en el fondo de su mente siempre había estado la pregunta ¿Por qué? ¿Para qué? Y ahora creía comprenderlo. Itachi se había deshecho de su familia porque no quería que hubiese modo de que alguien lo pudiese detener, una persona con los mismos ojos, que fuese capaz de alcanzar el mismo poder que él estaba buscando.

―¿Por qué esos sujetos y mi hermano están detrás de ti? ―el estómago de Naruto se apretó y sus labios se fruncieron en frustración―. ¿Qué es lo que quieren con el Kyūbi? ¿Lo sabes?

―No ―respondió cabizbajo.

―Intenta recordarlo ―las manos de Sasuke fueron a parar a los hombros de Naruto, lo miró fijamente a los ojos―. Hace tres años, mi hermano y otro sujeto intentaron capturarte. Antes de eso, Hidan y Kakuzu también nos interceptaron cuando fuimos en aquella misión a Takigakure ¿Lo recuerdas? ―Naruto asintió intentando evitar los ojos inquisidores de su amigo―. ¿Qué dijeron? ¿Por qué querían que fueras con ellos? ―Naruto juntó las cejas, todo aquello lo frustraba―. Haz un esfuerzo. No te estaría pidiendo que lo hicieras si yo lo recordara por completo. Pero, hay cosas que se volvieron borrosas sobre ese día.

―La verdad, no lo sé ―un nudo se formó en la garganta de Naruto―. Recuerdo que discutían sobre dinero, sobre cuánto valía Kakashi-sensei, y Hidan no quería matarlo porque estaba enfocado en un dios o algo así y dijo sobre buscar a su jinchūriki

―¿Jinchūriki? ―esa palabra se le hacía familiar―. ¿Qué es eso?

―No lo sé ―Naruto parecía no saber nada, lo cual comenzaba a fastidiarlo―. En todo caso, Hidan parecía querer matarnos. No creo que nos estuviesen buscando, ¿Recuerdas? Llevaban un cadáver con ellos y dijeron que iban a cobrar una recompensa.

―Sí, es cierto ―la imagen de un hombre con un cadáver colgando de una guadaña vino a él.

―Yo no creo que Hidan y Kakuzu estuvieran buscándome ―concluyó Naruto―. Creo que aquello fue una coincidencia.

―Pero…―recordó Sasuke suspirando―. Itachi intentó capturarte, ¿No crees que es extraño?

―Realmente, ya ni si quiera sé qué pensar ―Naruto suspiró, mirando a Sasuke temeroso, tenía tanto miedo de su rechazo, todavía le resonaban las palabras de su conversación. Él lo mataría si los ponía en peligro―. Sasuke, yo no… yo no busqué esto. Nunca querría hacerles daño.

―Lo sé ―dijo quietamente, suavizando su mirada al notar la tristeza en su mejor amigo―. Escucha Naruto, esto es algo que no he comentado antes ―Sasuke suspiró―. No puedes decirle a nadie ―él asintió pasando saliva―. En las orillas del río Naka hay un templo que mi clan utilizaba para reuniones secretas. Justo debajo de uno de los tatami, se encuentra una escalera que da hacia un piso inferior. En ese lugar, hay todo tipo de cosas extrañas, dibujos en las paredes que cuentan historias sobre los Uchiha, jutsus secretos y ojos que tienen sobre sí una maldición. Pero, fuera de todas las cosas supersticiosas, hay algo más. Una piedra.

―¿Eh? ¿Una piedra? ―Naruto lucía un tanto extrañado de eso―. ¿Por qué los Uchiha guardarían piedras?

―No es la piedra lo importante, sino lo que está escrito en ella. Cuando la tercera aspa de mi sharingan despertó pude ver parte de un mensaje que antes no había estado ahí y habla del Kyūbi. Lo recordé anoche. Es por eso que debía preguntártelo, porque si todos parecen estar buscándote, y tú tienes algo monstruosamente fuerte sellado dentro de ti, entonces debía ser el Kyūbi ―Sasuke lo miró con determinación, Naruto sintió que se encogía entre sus hombros―. La piedra habla sobre el poder que mi clan tiene para enfrentarse a ese monstruo.

―¿Qué es lo que dice? ―preguntó nervioso y al mismo tiempo esperanzado―. ¿Hay una forma para deshacerse de él?

―Dice que el sharingan sirve para doblegar la voluntad del Kyūbi. Que los Uchiha podemos usarlo como si fuese… nuestro. Que podemos invocarlo y ponerlo bajo nuestras órdenes. Quizás… quizás podemos usarlo para…

―¿En serio? ¡Eso es bueno! ¿No? ―lo interrumpió Naruto sintiendo una excitación repentina y un alivio gigantesco―. En ese caso no tienes que preocuparte de que esta cosa intente lastimarlos si se sale de control, tú lo puedes controlar ¡Ya no tendré que seguir intentando extraer su chakra si tú puedes sacarlo de mi cuando lo quieras usar!

―Naruto, no soy el único que tiene un sharingan.

Fue precisamente en ese momento que comprendió un poco más la actitud que Sasuke venía mostrando con él desde que salieron de Suna, dándole miradas largas y nerviosas, la desconfianza y nerviosismo en él. Si el sharingan de su compañero podía hacer que la bestia dentro de él le obedeciera, eso significaba que Itachi Uchiha tenía la misma habilidad.

Recordaba haber tomado sólo un poco del poder del Kyūbi durante su entrenamiento con Jiraiya, perder el control y haber despertado para encontrarse con su maestro moribundo. Ni si quiera había logrado usar más de una de las colas del monstruo, ¿Qué tan poderoso podía llegar a ser si se desataba por completo? No lo quería ni imaginar.

De pronto alguien se limpió la garganta y comenzó a reír. Sasuke subió la mirada y se encontró con la abuela Chiyo observándolos desde las ramas de los árboles.

―Confabulaciones de dos niños que no saben sobre qué hablan ―la voz de la anciana hizo que ambos se encresparan―. No me extraña su falta de conocimientos sobre bijūs o jinchūrikis, pues ese tema siempre se ha tratado como clasificado por la mayor parte de las aldeas. Aún así, que poco cuidadosa de parte de la Reina de las Babosas, no advertirle a su mejor arma sobre las consecuencias de ser utilizado.

―¿Nos estaba escuchando? ―le preguntó Sasuke irritado.

―Su maestro me mandó a buscarlos ―le respondió saltando hacia ellos y aterrizando frente a ambos―. Pero me alegra haber escuchado todo esto.

―¿Por qué? ―preguntó Naruto subiendo una ceja.

―Sasuke no puede utilizar al bijū dentro de ti, Naruto ―le respondió Chiyo―. Si el bijū es extraído del cuerpo de un jinchūriki, éste morirá.

―¿Jinchūriki? ―Naruto juntó las cejas sin entender qué era lo que estaban hablando―. ¿Usted sabe lo que es eso?

―Tú lo eres ―el rubio sintió algo doloroso al escucharlo―. Así se les llama a las personas en las cuales se puede sellar un bijū, ese monstruo de gigantesco chakra que hay dentro de ti.

―¿Gaara también lo es, verdad? ―Sasuke recordaba haberle preguntado sobre el tema cuando fueron de misión juntos.

―Así es ―respondió la abuela con solemnidad―. Por lo tanto deben saber que cuando un bijū es extraído del cuerpo de su jinchūriki, éste morirá.

―¿Mo-morir? ―Naruto pasó saliva, los ojos de Sasuke se afilaron en desconfianza ante lo que escuchaba.

―Así es. El estrés en el cuerpo es demasiado grande ―la abuela suspiró, dándole una mirada compasiva―. Son masas gigantescas de chakra que pueden causar la más absoluta destrucción. Sacarlos del cuerpo de alguien implica que esa persona muera. El cuerpo no puede resistirlo.

―¿Qué sabe de estos bijū? ―le preguntó Sasuke yendo al grano.

―Los bijuu son demonios mitológicos, crueles criaturas que causan desastre y devastación en la tierra. Hubo un tiempo en que corrían salvajes por nuestros países, nuestras costas, bosques y desiertos. Provocaban devastación, como lo que ocurrió en Konoha hace casi ya dos décadas ―Chiyo suspiró.

―¿Hay más de dos? ―preguntó Sasuke atónito.

―Sí. En total son nueve ―dijo la abuela dándose la vuelta para comenzar a volver al lugar en donde Hinata y Kakashi los esperaban―. Cada uno de ellos tiene características y poderes propios. Van desde una cola, hasta las nueve colas. Naruto tiene el de nueve colas dentro de sí. Gaara tiene el Ichibi, el demonio de una cola. Hay otros dispersos por el mundo, algunos en posesión de las Aldeas que lograron sellarlos.

―¿Usted sabe por… por qué esas personas quieren…? ―Naruto pareció no poder terminar la pregunta.

―Quieren extraer los bijū de sus cuerpos y utilizarlos con algún fin que desconocemos ―al escucharlo Naruto pareció volverse pálido y hasta Sasuke comprendió que si tenían éxito en quitarle el bijū, moriría―. Eso es lo que dicen mis informaciones. Por eso debemos apresurarnos, deben estar extrayendo el bijū dentro de Gaara en este momento

―Chiyo-Ba ¿Por qué me está diciendo todo esto? ―le preguntó Naruto en un hilo de voz.

―Porque creo que deberías saber a lo que te enfrentas. Evidentemente, tu aldea no te lo ha dicho.

Volvieron con el resto del grupo en silencio y cabizbajos. Naruto no dejaba de escuchar las palabras de la abuela repetirse en su cabeza, sabiendo que estaba dirigiéndose hacia un peligro que no había considerado antes, pues nadie se lo había dicho. ¿Por qué habían sellado esa cosa dentro de él de cualquier forma? ¿Por qué la abuela Tsunade y Ero-sennin le habían ocultado todo eso? Lo único que su maestro le había dicho esos años era que debía tener cuidado con utilizar el poder del Kyūbi porque no lo podía controlar, que lo terminaría matando a él y a todos a su alrededor. Pero jamás le habló que de perder en batalla, podían extraer esa cosa de él y morir.

La idea de que el monstruo dentro de sí se desatara y matara a sus amigos ya no era su única preocupación, sino que ahora también debía pensar en que si Akatsuki tenía éxito en su cometido, él moriría y además usarían al monstruo para lastimar a otros. Sólo por estar cerca de Sasuke, Kakashi y Hinata, los ponía en riesgo. Debía ser extremadamente cuidadoso durante esa misión. Fallar ya no era si quiera una opción, pues no sólo significaría la muerte de Gaara, sino que también la suya.

Por su parte, Sasuke comprendió por primera vez en mucho tiempo que lo que estaba en juego ahora no era sólo volverse más fuerte, sino evitar que Itachi consiguiera más poder. Miró a Naruto deseando haber sido mejor con las palabras para decirle algo que lo pudiese consolar, haber sido con él como lo era con Hinata cuando la veía desanimarse, pero no podía. Esto iba más allá de superarse, entrenar o volverse más fuerte. Lo que había dentro de Naruto realmente lo podía matar y era una fuerza tan codiciada que muchos estaban detrás de él para obtenerlo. Apretó el puño deseando haberlo sabido antes, habría ideado algo para proteger a su mejor amigo.

De pronto tanto Sasuke como Naruto notaron que algo extraño sucedía delante de ellos. Hinata se había detenido de golpe en pleno salto entre una rama y otra y caía al suelo pesadamente.

Antes de que pudiesen reaccionar, algo sujetaba el pequeño cuerpo de Hinata en el aire, una figura oscura que evitaba que cayera al suelo aterrizando sobre otra rama debajo de ellos.

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Realmente no sabía qué había ocurrido entre Naruto y Sasuke cuando se detuvieron para orinar, pero ambos parecían asustados. El pelinegro, que hasta entonces le había dedicado largas y amenazantes miradas, parecía completamente enfocado en algo más. Por su parte, Naruto lucía como si hubiese enfermado y había una expresión de dolor en sus rasgos. Si no hubiesen estado en una misión les habría pedido hablar para preguntarles que les sucedía, pero no podía detenerse.

Estaba agitada, tenía dudas rondándole la cabeza y eso inevitablemente hacía que se distrajera. Respiró profundamente e intentó poner la mente en blanco para enfocarse en su misión, pero no podía. Algo le apretaba el pecho al ver a Sasuke y Naruto así. Tenía un mal presentimiento de todo eso. Desde la mañana, no se había sentido correcto ir en esa misión, como si fuese más de lo que ellos estaban preparados a afrontar. Gaara era el Kazekage y ellos eran un grupo recientemente formado. Había shinobis más hábiles y con mucha más experiencia en Konoha para haber sido enviados en esa misión, ¿Por qué estaban fuera de la Aldea precisamente cuando se les necesitaba?

Intentó calmarse, Gai-sensei y su equipo estaban en camino. Eso debía significar que Konoha estaba mandando refuerzos porque la situación era más grave de lo que esperaban.

De pronto, su pie no consiguió alcanzar la rama delante de ella en medio del salto. Pareció alejarse de ella, más y más, hasta que no pudo ver qué había en el horizonte que le impidiese caer. Tuvo la sensación de flotar, suspendida en el aire, como si el tiempo mismo se hubiera detenido. A su alrededor todo se volvía un mundo oscuro, en el cual, ya no parecía haber personas, sólo ella. Las hojas de los árboles se volvían rojizas, la corteza negra, el suelo bajo ella se convertía en agua estancada como la sangre.

Genjutsu ―pensó de inmediato―. ¿Pero cómo?

―Así es.

Volteó el rostro sobre su hombro y se encontró con dos pares de ojos rojizos que la miraban con frialdad. Aunque era atemorizante, también le resultaban hermosos, enmarcados por gruesas pestañas negras. Era extraña aquella sensación de miedo y admiración, como si estuviese junto a un ser con la fuerza suficiente para destruir el mundo, pero que le resultaba digno de contemplar en silencio. Su postura le daba un aspecto macabro en ese mundo, tonos rojos y negros que evidenciaban que él era el amo y señor de ese lugar.

Lucía tanto como Sasuke que llegaba a lastimar su parecido; la misma mirada seria, el tono de su piel, lo alargado de su rostro, la manera en que caía su cabellera negra y sus ojos con forma de almendra. El corazón de Hinata comenzó a latir fuertemente al juntar todas esas piezas en su cabeza. Sólo había una persona que podría haber burlado el byakugan implantando un genjutsu a distancia. Ese era Itachi Uchiha, no tenía ninguna duda al respecto.

Realmente se necesita mucho talento para hacer caer a un Hyūga en un genjutsu, incluso sin mirar sus ojos ―pensó girando su cuerpo lentamente, subiendo una de sus manos a la altura de su pecho, sabiendo que mientras estuviese en ese lugar, nada le sucedería. Era sólo una ilusión.

―¿Talento? ―le preguntó, sorprendiéndola, ¿Sabía lo que ella pensaba también?―. No lo llamaría talento precisamente.

Es sólo genjutsu, no puede lastimarme. Están todos conmigo, interrumpirán mi corriente de chakra si no lo consigo por mí misma…

―Despreocúpese. El tiempo que transcurra aquí puede ser eterno en su percepción y sólo un segundo en la realidad ―Itachi permanecía quieto en su posición, mirándola con esos ojos rojos que la ponían nerviosa―. Y aunque podría experimentar dolor si intento lastimarla, no es esa mi intención. Por otro lado, mi hermano o Kakashi-san la sacarán de aquí antes de que usted misma intente disipar el genjutsu. Por lo que le pido, un momento de paciencia. Necesito hablarle sin que nadie nos interrumpa.

―No tenemos nada que conversar ―Hinata frunció el ceño―. Usted lastimó a Sasuke-kun, a Kakashi-sensei y ahora intenta capturar a Naruto-kun. ¿Por qué tendría que hablarle? Usted es mi enemigo.

―Las cosas no siempre son lo que parecen ―respondió Itachi―. La realidad puede ser distinta de lo que creemos saber.

―¿Qué es lo que quiere? ―le preguntó finalmente cuando Itachi paró de hablar.

―Ha crecido bastante desde la última vez que la vi ―le dijo con un aire melancólico que le produjo querer encogerse entre sus hombros, no esperaba escuchar algo así―. También Sasuke. Casi es un hombre. Me imagino que debe ser difícil tratar con alguien como él.

―Usted no tiene derecho de hablar de Sasuke-kun como si lo conociera ―le dijo relajando la postura al ver que no tenía intención de lastimarla, era como si la hubiese llevado hasta ese lugar sólo para hablar.

―Tiene razón ―Itachi suspiró, sin pestañar, como si los gestos en su rostro no fuesen capaces de alterarse―. ¿Usted sí lo conoce?

―¿Qué es lo que quiere conmigo? ―Hinata no iba a hablar de Sasuke con alguien como él.

Itachi la miró fijamente, sin darle un momento de respiro. Sostener esa mirada le resultaba exhaustivo, como si cayese el peso del mundo sobre sus hombros. Cuando ninguno pareció hablar, él se dirigió hacia ella, avanzando hasta pasar por su lado, sin detenerse. El pecho de Hinata se relajó un poco tan pronto él lo hizo, sintiendo que podía volver a respirar. Sus ojos eran tan intimidantes que le costaba mantener el contacto con ellos.

Cada paso que Itachi Uchiha daba alejándose de ella, el mundo a su alrededor parecía cambiar. Los tonos oscuros y rojizos se transformaban en algo que ella parecía reconocer; árboles llenos de hojas verdes que susurraban con el viento, pilares rojizos y altos sobre ella en una hilera hacia adelante, un camino de piedras, el sonido del agua a lo lejos, el aroma del algodón de azúcar siendo creado sólo para una ocasión especial. Hinata miraba a su alrededor, intentando recordar cuando había visto ese lugar, buscando en sus memorias el momento de su vida en que había estado ahí.

Finalmente, entre la penumbra rojiza, se alzaba un templo con decoraciones de papel colgando en la entrada y un grupo de personas rezando. Sus ojos se fijaron hacia una pequeña figura que corría hacia Itachi Uchiha, una niña de cabello corto y azulado, ojos color luna y una bonito kimono floral que hacía que sus facciones resplandecieran dándole un brillo propio. Era adorable y hermosa, más de lo que ella podía recordar haberlo sido. ¿Era esa la imagen que tenía él guardada en sus recuerdos?

Entreabrió los labios dejando salir un suspiro de incredulidad. Era ella, con sólo un par de años y vestida de forma ceremonial, pero estaba segura de que esa imagen era ella.

¿Por qué estaba en la mente de ese sujeto? ¿Por qué esa pequeña niña le sonreía a ese monstruo con calidez y mejillas sonrojadas? ¿Por qué tenía esa memoria impregnada en sus recuerdos? Sabía que lo que estaba viendo quizás era sólo un engaño más de Itachi Uchiha, pero no pudo evitar preguntarse si había algo de realidad en ello, porque se sentía tan familiar que dolía en su pecho.

Caminó dudosa siguiendo a Itachi y la niña, que sin timidez ni suspicacia, había tomado la mano del hermano mayor de Sasuke. Con espanto notó que ésta le sonreía con un gesto que desbordaba ternura y hasta la temperatura de ese frío lugar pareció entibiarse. Estaba en la mente de Itachi Uchiha, un lugar oscuro y doloroso de soportar, pero que de pronto se le hacía hogareño y cálido, lo cual la sacó de su zona de confort. ¿Cómo era posible que hubiese un espacio así dentro de un asesino frío y despiadado? Ese lugar le recordaba la primavera, la nostalgia por los días pasados, el abrazo de una madre… ¿Qué estaba pasando?

La imagen de Itachi fue mudando lentamente con cada paso que daban hacia el templo, hasta que apareció en su lugar un niño de no más de ocho años de edad con el símbolo del clan Uchiha en la espalda, el cabello tomado en una pequeña cola de caballo, vendas en una de sus piernas y una máscara en forma de gato en su mano libre.

―Aún recuerdo la primera vez que vi a la heredera del clan Hyūga ―Hinata volteó asustada al escuchar su voz aterciopelada e Itachi estaba junto a ella. ¿En qué momento había pasado eso?

Nuevamente miró en frente y notó como la pequeña caminaba con el niño de la mano, sin palabras de por medio, como si todo aquello fuese tan sólo un sueño olvidado. El chico la llevaba hasta donde se encontraba un grupo de adultos, despidiéndose de ella con un gesto de su mano mientras le entregaba la máscara que ella aceptó torpemente.

Sólo entonces Hinata lo recordó.

―¿Era usted? ―le preguntó con un nudo en su garganta.

Ese día, para su cumpleaños número tres, había estado tan ansiosa por celebrar junto a todo Konoha fuese lo que fuese que celebraban mientras caminaba con el resto de su clan por las calles de la Aldea, que se había distraído mirando un pequeño puesto lleno de máscaras coloridas de carnaval, perdiéndose entre la multitud. Un niño la había encontrado y llevado de vuelta con su padre, pero no recordaba que ese niño hubiese sido Itachi Uchiha.

La pequeña Hinata sonrió con calidez haciendo una reverencia hacia el niño, corriendo frente a ellos hasta alcanzar otra figura alta y solemne a la distancia, que aparecía con el rostro ensombrecido, como si en la memoria de Itachi esa imagen no fuese tan clara como el resto. Pero Hinata sabía quién era ese hombre que había tomado con fuerza su muñeca tironeándola dentro del tempo como si hubiese hecho algo horrible al perderse; Hiashi Hyūga, su padre. Habían ido al templo porque ese día cumplía tres años y se volvía oficialmente la heredera del clan. Una fecha importante. El día que todo cambió.

―Era muy pequeña y lucía asustada cuando la encontré sin nadie que la cuidara, mirando de un lado a otro en búsqueda de un rostro familiar. Caminé hacia a usted, ya que mi padre me había comprado una máscara de carnaval y eso pareció llamar su atención al verla. Pensé que estaba perdida, por lo que le dije a mi padre que debíamos buscar a su familia. Él sólo asintió como solía hacerlo y me indicó con un gesto de su mano hacia donde debía llevarla ―Hinata sintió que se le oprimía el pecho, ella se había detenido cuando vio las numerosas máscaras, deseando poder usar una de ellas como el resto de los niños que bailaban y vitoreaban en la calle. Cuando volvió a buscar a sus padres, ya no estaban. Se había perdido, mirando de un lado a otro por alguien que la pudiese proteger, cuando ese niño sostuvo su mano y la guió de vuelta a los suyos―. Estaba vestida con seda pintada a mano, lucía muy tradicional con esas hermosas flores, como una muñeca ningyō. Era tan delicada y frágil, que cualquiera hubiese pensado que su destino era ser una princesa y no una kunoichi ―Hinata sintió que sonrojaba ante la manera en que él hablaba―. Luego la observé de lejos mientras mi padre llegaba hasta el lugar donde yo me quedé. Usted tomó la mano de Hiashi Hyūga y entraron al templo.

Otra figura apareció, un hombre un tanto huraño de brazos cruzados, chaqueta chunnin verde y la estrella de la policía de Konoha atada a su brazo. Junto a él, un niño de mirada melancólica posaba sus ojos negros en la pequeña que caminaba con la cabeza agachada.

Ella es Hinata Hyūga ―dijo el hombre de voz ronca, mirando al niño de grandes ojos almendrados con seriedad―. Recuerda ese nombre.

―¿Hinata Hyūga? ―preguntó el niño.

―Tú y ella gobernarán Konoha algún día, Itachi ―respondió quien al parecer era su padre―. Uchihas y Hyūgas, el orgullo de nuestra Aldea.

Luce triste.

Sí, pero viene de un linaje tan antiguo como el nuestro. Será una gran kunoichi como todos los de su familia.

Parece una pequeña muñeca en vez de una kunoichi, otō-san. Fue muy educada y amable al despedirse.

Es bueno que formes lazos con Hinata-san. Procura llevarte bien con ella cuando ambos crezcan.

¿Por qué debo llevarme bien con ella? ―preguntó el pequeño, mientras que su versión adulta se paraba junto a Hinata para contemplar la escena con una triste mirada.

Los Hyūga y los Uchiha son las familias más antiguas y respetables de Konoha, hijo. Tú serás el próximo líder de nuestro clan y ella será la del suyo. Cuando tomes tu lugar, debes mantener muy, muy buenas relaciones con los Hyūga. No sé por qué, pero creo que tu destino y el de ella están entrelazados ―Hinata tragó saliva, recordaba ese día, le dolía pensarlo si quiera―. Algún día, esa pequeña niña podría ser tu mejor aliada dentro de Konoha.

Es linda ―sonrió el niño, nunca pensó ver una expresión así de cálida y suave en alguien―. Como Sasuke.

Las imágenes frente a ella desaparecían, pero Hinata no dejaba de escuchar en su mente repetirse las palabras "destino entrelazado". Había un motivo para que él le hubiese mostrado eso y ella lo sabía. Había algo que iba a pedirle en ese momento e intentaba suavizar la percepción que ella tenía de él mostrándole que no siempre había sido el monstruo que se imaginaba.

―Mi padre me dijo que algún día usted y yo cargaríamos con el futuro de Konoha ―Hinata movió sus ojos nacarados hacia aquellas iris rojizas con perspicacia. No iba a dejar que la manipulara―. Yo hubiese sido el próximo líder del clan Uchiha y usted la de los Hyūga. Los dos clanes más poderosos del País del Fuego, trabajando uno al lado del otro, por Konoha.

―Hasta que decidió asesinar a todo su clan ―lanzó Hinata con seriedad―. Eso puso fin a aquello.

―¿Usted cree?

―¿Por qué me mostró todo esto? ―preguntó Hinata con el pecho apretado, la angustia la estaba consumiendo lentamente y no quería seguir hablando de lo algo que nunca iba a suceder―. ¿Qué es lo que quiere?

―Usted tiene una responsabilidad muy grande con Konoha. Tiene el destino de su clan y nuestra Aldea en las manos ―Hinata frunció el ceño al escucharlo hablar sobre su ciudad natal―. Si tuviese que elegir entre la paz de la Aldea y la vida de su familia, ¿Qué decisión tomaría?

―Yo… ―el rostro de su tío Hizashi vino a ella. Toda su familia se había quedado sin hacer nada mientras él tomaba su propia vida para conservar la paz que se había acordado. Ella no podía deshonrar la memoria de su tío ni el sacrificio que había hecho―. Protegería a mi familia y también a Konoha.

―Ese es un pensamiento ingenuo y juvenil. A veces hay que escoger y la respuesta no es tan simple. Podría llegar el día en que usted tenga que tomar una decisión, y ésta podría implicar un gran sacrificio.

―¿Por qué me está diciendo todo esto?

―¿A qué punto sería capaz de llegar por proteger a aquellos que estima? ¿Sería capaz de morir por ellos? ―Hinata subió los párpados en sorpresa pero con una firme convicción en su pecho.

―Sí.

―Mi hermano se ha vuelto especial para usted, ¿no?

―No sólo es mi compañero de equipo ―respondió sin titubear en su respuesta―. Sasuke-kun, Naruto-kun y Kakashi sensei son parte de mi familia.

―¿Sasuke le ha hablado sobre la diferencia entre sus ojos y los míos? ―Hinata bajó el rostro, pues algo sabía al respecto aunque no a detalle―. Mis ojos son muy superiores a los de Sasuke. No importa cuánto entrene, ni qué tan fuerte crea ser, ni cuántas veces piense que es superior a todos a su alrededor. Si se enfrenta a mí con esos ojos, morirá. Y ya nadie podrá detenerme ―Itachi tocó suavemente su mentón para que ella lo mirara y entonces notó como las iris de sus ojos cambiaban, las aspas giraron y se tornaron en algo más―. Este es el mangekyo sharingan, la herencia del Clan Uchiha, nuestro dojutsu en su mayor potencia, ¿Sabe el precio que debe pagar un Uchiha para obtener este poder? ―Hinata bajó nuevamente el rostro y se mordió el labio inferior intentando provocar dolor para salir de una vez de ese lugar. Con esos ojos había destruido lo que Sasuke tanto amaba, ¿Por qué se los estaba mostrando ahora? Realmente no quería verlos―. Para obtener este poder, un Uchiha debe perder lo que más ama.

―¿De qué está hablando? ¿Por qué quiere que yo sepa todo esto? ―creía que comenzaba a quebrarse dentro de ese mundo.

―¿Qué tan fuerte es su convicción y determinación, Hinata-san? ―los ojos de Itachi la observaban como si fuese a traspasarla, haciéndola sentir cada vez más pequeña― ¿Podría sacrificar su vida para defenderlos?

―Yo arriesgaría todo por defender y proteger lo que amo. Por mi aldea, mi equipo, mi familia yo estaría dispuesta a…

―Para ello se necesita a alguien que pueda derrotarme ―la interrumpió Itachi―. Otro Uchiha, con los mismos ojos que ahora está observando.

―Yo creo en Sasuke-kun ―contestó Hinata sintiendo que no podía respirar ante la presión de esa mirada.

―Y para obtener estos ojos, mi hermano menor debe sacrificar lo que más estime.

―¿Lo qué más estima Sasuke-kun?

―El día se acerca, Hinata-san ―y entonces lo que Itachi quería decirle llegó hasta ella, causando que se le enfriara el pecho―. Para que Sasuke pueda proteger esa convicción de la que habla con los mismos ojos que yo, usted debe morir.

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