Todos los personajes son de la serie Boku No Hero Academia (My Hero Academia) del mangaka Kōhei Horikoshi. Esta historia sólo utiliza los nombres de los personajes para entretenimiento sin fines de lucro.
Cuando estuvo frente a Bakugou, Uraraka volvió a sentir el mismo nerviosismo de la semana pasada. Tal vez fue porque su primer encuentro acabó de forma brusca y no se despidieron adecuadamente, o tal vez porque él no le mencionó nada de aquel sábado y siguieron compartiendo sus fotos con normalidad el resto de los días. No obstante, tenerlo cara a cara le hizo recordar en qué posición estaban.
— Hola — Soltó ella, entre ansiosa y excitada.
— Hola — Dijo él mientras se acercaba a la puerta – aún abollada – Y la abrió como el caballero que había sido anteriormente. — ¿Cómo estás?
—Bien — Contestó ella mientras se acercaba para darle un beso en los labios. Puede que él aún le intimidara, pero había aprendido la lección: besos en la boca y nada de hablarle de "usted". — Emocionada ¿Tú?
— También — Le dijo con una sonrisa coqueta mientras le cerraba la puerta y se volvía a colocar en el siento del conductor.
Una vez dentro, él volvió a tomar la palabra.
— ¿Qué se te antoja de cenar? Hablamos de beber mojitos, pero debemos de acompañarlos con algo.
Uraraka se bloqueó por un momento, en una de sus charlas él le preguntó si le gustaba beber y qué exactamente. Ella rechazó inmediatamente la cerveza y dijo que prefería bebidas preparadas, entre ellas resaltaba su favorita: el mojito. Fresco, dulce, y se podía hacer con ron barato ¿Qué más podía pedir de una bebida?
Bakugou se molestó al escuchar sobre el ron barato que ingería, él le contó que cuando estaba estudiando en la universidad – hacía aproximadamente diez años – había trabajado de barman y aun recordaba hacer una gran variedad de alcoholes mucho mejores que los que ella tomaba. Así que le prometió que ese fin de semana le prepararía el mejor mojito de toda su vida.
— Pues, lo que sea. — Dijo ella, aunque agregó un comentario más para no verse tan indiferente — Aunque siento que se combina bien una bebida dulce con una comida salada. Pizza, boneless, hamburguesas, siento que son fáciles de conseguir.
Bakugou lo pensó por un momento.
— ¿Te soy sincero? Tuve una semana pesada y no pude comprar los ingredientes para el mojito. — Dijo mientras comenzaba a conducir — Pero por lo que he visto de reojo, hay una plaza grande aquí cerca. Ahí hay un supermercado y creo que también hay un Little Caesars ¿Te parece cenar pizza?
Uraraka no dudo en aceptar la propuesta, conocía la plaza que le mencionaba porque ahí hacía sus compras semanales y conocía la pizzería que decía. Las pizzas de dicho establecimiento eran Hot ´N Ready, lo que significaban que ya estaban listas para la entrega inmediata, lo que haría que tardaran mucho menos tiempo en llegar a casa de él. Sí mil veces sí, estaba ansiosa en conocer la casa de un hombre que vivía sólo.
La platica hacía el supermercado giró en torno a como él estaba preparando el material para hacer los primeros exámenes del semestre. Usualmente se aplicaban a mediados de febrero, lo que significaba que aún faltaban dos semanas, sin embargo, a él le gustaba estar preparado, además de que sus alumnos parecían estar más preocupados por el día de San Valentín que por su primer parcial.
El nerviosismo de Uraraka estaba descendiendo y hubiese desaparecido de no ser porque que se estacionaron en la plaza comercial y Bakugou rápidamente se sacó la cartera y le tendió un billete.
— Toma, compra la pizza que quieras, o boneless, creo que también venden. — Le dijo mientras abría su puerta y salía para permitir que lo imitara.
¿Qué? Uraraka se desconcertó por un momento, estaba casi segura que la pizza la pedirían en el drive-thru.
Cuando Bakugou abrió la puerta, ella nada más se giró sin levantarse.
— Creí que pediríamos la pizza por el autoservicio. — Explicó mientras comenzaba a jugar con el billete que le había dado.
— Sí, pero será más tardado. Dividámonos las tareas: tú vas por la pizza, yo voy por la menta y el limón. Nos vemos aquí mismo, no creo que tardemos mucho.
Bakugou le tendió la mano a Uraraka para que saliese del auto y ella se perdió en sus ojos, aunque cuando ya estuvo afuera, se distrajo al sentir una gran corriente de aire que la golpeó en todo el cuerpo.
Empalideció.
— ¿Tienes algún problema? — Preguntó él cuando vio que su rostro cambiaba. — ¿Tienes frio?
— No, no tengo… — Respondió nerviosa, era obvio que él pensara en el frío con semejante vestido escotado y corto que usaba, sin embargo, ella había obviado a propósito el decirle que no llevaba ropa interior, y ahora no sabía cómo decirle que sentía como el aire manoseaba bruscamente toda su intimidad.
— Claro que sí, no seas tímida. — Respondió él con una sonrisa, y entonces se quitó su chaqueta para ponérsela sobre sus hombros. — ¿Ves? Mejor. Anda, ve que está bajando la temperatura y nosotros queremos estar calientes, no fríos.
Uraraka no pudo decir nada porque él la giró en dirección a la pizzería y entonces le propinó una nalgada que la hizo respingar. Cuando ella regresó su mirada hacia él, éste ya se encontraba caminando en dirección contraria hacia el supermercado.
Pudo haberse quedado minutos estando en esa misma posición admirando como Bakugou caminaba de forma rápida con esa camisa de vestir que le quedaba tan bien y esos pantalones ligeramente ajustados, sin embargo, el aire volvió a aparecer y sintió como se le levantaba la falda del vestido y recordó lo vulnerable que se encontraba en ese momento.
Aun con el billete en mano, se bajó el vestido lo más que pudo y se encaminó a la pizzería, donde vio que, si bien había muchos autos estacionados esperando su turno, el mostrador se veía poco concurrido.
Llegó con la cara totalmente sonrojada al establecimiento. Había caminado poco, pero sentía que todo el mundo la veía y no era para menos, su atuendo era llamativo con ese vestido poco apropiado y botas largas que decían que iba a una fiesta, así que sentía que cualquier movimiento en falso podía mostrar mucho más de la cuenta ¡Y luego había cámaras! No quería que ningún desconocido ni por accidente grabase alguna parte de su intimidad.
Con la voz entrecortada y aun bajándose la falda con las manos, pidió su pizza y el chico que le atendió le dijo que tardaría unos cinco minutos, ya que estaban entregando todos los pedidos de los automóviles y ella se quedó estupefacta. ¡Se supone que esas pizzas ya estaban listas! Sin embargo, no pudo hacer mucho al ver como más gente llegaba y hacía el mismo pedido que ella, así que para no perder más tiempo aceptó esperar mientras se quedaba de pie recargada en una pared lo más escondida posible.
Sentía que todos los empleados y las personas que entraban a hacer su pedido la miraban. Aunque por un momento sospechó que no era tanto por su atuendo, sino por su actuar incómodo y que parecía que quería cubrirse lo más que se pudiera en ese vestido tan revelador. Y no era para menos, sabía que se lo merecía por intentar ser sexy sin saber que iba a tener que hacer compras de último minuto.
El escuchar su nombre para recibir su pizza fue equivalente al oír el coro de ángeles celestiales que le abrían las puertas al cielo. Y sin esperar más tiempo tomó la caja intentando ser lo más rápida posible, aunque con la suerte que se estaba cargando, al salir del local, encontró otro problema mucho mayor: El viento había empeorado y al levantar las manos para sujetar el cartón de pizza, la falda se levantaba junto con todo lo demás.
Oh no.
No supo que hacer en ese momento, por lo menos en su trayecto de ir a la pizzería podía estar bajándose el vestido con las manos, pero ahora las tenía ocupadas, y sentía que el estacionamiento estaba cada vez más lleno y había mucho más movimiento de transeúntes.
Activando su modo de supervivencia y pánico, dejó la pizza en el suelo mientras se quitaba la chamarra de Bakugou para ponérsela en la cintura mientras con la pizza intentaba cubrirse la parte de su pubis, era la única manera.
Pensando en que dentro de unos cuantos minutos estaría en la cama de Bakugou pidiéndole por más, se atrevió a cruzar el estacionamiento con la mayor velocidad que las botas de alto le permitían para dirigirse al coche, donde deseaba de todo corazón que él ya estuviese esperándola.
El viento era violento y sentía como éste se le filtraba a su intimidad, sin embargo, confiaba que le peso de la chamarra de Bakugou fuese lo suficiente para que su trasero no quedase a la vista de cualquier extraño, además de que estaba moviendo la caja de la pizza de formas extrañas para poder detener también el viento en su parte frontal.
Fue incómodo, pero llegó al Prius, de Bakugou aún no había rastros y lo peor de todo, el coche tenía seguro y él no le había dado la llave.
— Mierda. — Exclamó mientras dejaba la pizza en el cofre del coche y se quedaba mirando el vehículo sin saber que hacer.
La temperatura estaba bajando y entonces tuvo que quitarse la chamarra para ponérsela de nuevo, aunque eso dejaría a la vista todos sus muslos. Lo único que pudo hacer fue recargarse en el lado del copiloto para proteger su trasero, y con las manos se seguía bajando la falda que parecía querer volar junto con el aire que seguía golpeándola.
Se sintió extraña y avergonzada, estaba en una posición en la que nunca había estado sólo por querer tener sexo. Desde siempre había escuchado que los hombres hacían tonterías sólo por obtenerlo, pero al parecer las mujeres estaban iguales, porque nunca se había sentido tan expuesta en toda su vida, su madre la mataría si supiera que estaba enseñado todo en un centro comercial a la vista del publico en general.
Evitando pensar en que imagen estaba dando al estar recargada en un coche con semejante atuendo y una pizza a su lado, llegó Bakugou con una bolsa del super.
— Perdón, las cajas estaban llenas y me tardé en pagar. — Se disculpó mientras le quitaba el seguro al coche. Uraraka sólo lo miró y le hizo ademán de que le abriera la puerta.
El se le quedó mirando por un momento.
— ¿Estás bien? — Le preguntó, pero Uraraka volvió a guardar silencio y se metió al coche de forma rápida.
Bakugou desconcertado, cerró la puerta y se dispuso a colocar tanto la pizza como sus compras en el maletero. Luego, se volvió a colocar en su asiento de piloto, aunque en lugar de encender el auto, se dirigió hacia ella para mirarla fijamente.
— ¿Ocurrió algo? ¿Estás bien?
Uraraka, que no sabía como debía de sentirse en ese momento, decidió ser sincera.
— No, no estoy bien. — Soltó.
— ¿Qué pasó? ¿Alguien te molestó? ¿Te siguió? — Bakugou puso un rostro preocupado que ella nunca le conoció.
— No, nada de eso. — Le tranquilizó, ella se encontraba frustrada, aunque era más hacia ella misma. — Esto me pasa por intentar ser sexy, no traigo puesta ningún tipo de pantaleta. Así que como comprenderás, fui a comprar una pizza rodeada de desconocidos, sin ropa interior, con una falda que se levantaba con cada paso que daba, además de que el aire no ayudo, todo lo contrario ¡Me violó!
Bakugou abrió los ojos por un momento y frunció sus labios para contener una carcajada. Al verlo, Uraraka se relajó y comprendió lo cómico de la situación: supo en ese momento que acaba de vivir una anécdota que recordaría toda la vida. Pensó en Izuku, Aoyama y Hatsume, que se morirían de la risa si en algún punto de su vida llegasen a escuchar su historia.
— No te burles — Le pidió de mejor humor— Sé que es cómico, pero me acaba de pasar, permíteme que hayan pasados unos días al menos para superarlo y así yo también me pueda reír.
Bakugou cambio su semblante, aunque en lugar de rebatir sobre su recién experiencia, fue directo hacia el porqué de ésta.
— ¿Enserio no tienes ropa interior?
— No — Repitió ella — Estaba intentando mostrarme sexy ¿De acuerdo? Nunca pens…
Bakugou no la dejó continuar, al no tener cinturón de seguridad, se acercó hacia ella con toda la confianza del mundo para besarla con intensidad mientras comenzaba a levantarle la falda para corroborar lo que había dicho era cierto.
Uraraka nunca pensó que tendría un momento así en su coche, los vidrios del Prius estaban semi polarizados, pero si alguien se acercaba lo bastante cerca podría ver lo que ocurría dentro. A Bakugou pareció no importarle, porque al comprobar que lo que ella había dicho era cierto, bajó fácilmente el escote del vestido para dejar a la vista el arnés que portaba y el brasier que estaba a juego.
— Que bonita — Le dijo él al oído mientras comenzaba a chuparle el lóbulo de la oreja al mismo tiempo que volvía a bajar su mano para empezar a masturbarla.
Uraraka se tuvo que morder los labios para no gritar, no sólo porque lo que él estaba haciendo era fantástico, sino que sentía la adrenalina por estar en un lugar público y que podrían ser descubiertos en cualquier momento.
Inconscientemente abrió más las piernas para recibir sus caricias y le correspondió el beso. Era una posición incómoda en la que estaban porque la palanca de velocidades les estorbaba para estar mucho más juntos, pero ella se las arregló para poder desabotonarse la camisa y sentirlo piel con piel.
Bakugou por su parte, intentaba morderle las orejas, cuellos y labios, no era de forma brusca, sino de una forma hasta cierto punto posesiva que lograba erizarle la piel de forma que lo disfrutaba.
Tal vez hubiesen continuado con sus caricias por más tiempo de no ser porque el coche de adelante prendió las luces en señal de que iba a retirarse. Ambos se detuvieron inmediatamente y ella soltó una pequeña risita.
— Creo que debemos de ir a tu casa — Señaló mientras comenzaba a subirse el escote del vestido para cubrir sus pechos, que aun con brasier y arnés, ya tenían salidos sus pezones endurecidos.
— Nunca pensé que sentiría que mi casa estuviese tan lejos — Dijo él mientras se abrochaba rápidamente la camisa ya arrugada. — Vámonos.
Uraraka sin dudarlo ni un segundo se colocó el cinturón de seguridad y entonces Bakugou comenzó a conducir hacia un boulevard concurrido. Ella mientras intentaba controlar su respiración, recordó que en el primer juego que habían tenido, él le había preguntado si había tenido sexo en un lugar público, y ella respondió que sí, que en un estacionamiento vacío. Así que justamente acaban de hacer lo mismo, pero ahora rodeados de gente ¿Lo habría hecho a propósito?
Lo miró de reojo, pero Bakugou sintió su mirada y entonces le colocó su mano en el muslo izquierdo y empezó a acariciarla.
— No tardaremos mucho — Le dijo, seguramente pensando que ella ya deseaba llegar a su hogar.
Ella asintió y siguió pensando, lo que acaba de descubrir podía significar varias cosas: Una, que él tenía los mismos fetiches que ella. Dos, que él deseaba hacer lo mismo que ella ya había hecho, o tres, demostrarle que, si bien ella ya había tenido relaciones en un vehículo, ella lo disfrutaría mucho más con él como su compañero.
Esperaba que no fuese la opción tres porque en efecto, tenía toda la razón.
Se mordió los labios al sentir como Bakugou con una sola mano libre y con la otra manejando, podía hacer que su piel volviese a erizarse de forma involuntariamente placentera. Nunca le había preguntado que tanta experiencia había tenido él previamente, aunque siendo 7 años mayor, sabía que le ganaba por mucho y esas caricias no parecían estropear su habilidad conductora sino era algo que ya había hecho con anterioridad.
— ¿Estás seguro que puedes manejar con una mano? — Preguntó, y él le pellizcó ligeramente dentro del muslo.
— Claro. Esto no es nada para mí. — Dijo aun con la vista al frente.
Ella decidió tentarlo.
— Por supuesto, la que recibe placer soy yo, no tú. — Dijo mientras abría más sus piernas — Me preguntaba ¿cómo sería al revés?
Bakugou sonrió.
— Pues ahora que recuerdo, alguien prometió mamármela mientras conducía ¿Cierto? ¿Quieres corroborar?
Uraraka tragó saliva, justo acaban de pasar un agente de vialidad. Si hacía lo que él le proponía, sabía que seguiría teniendo la adrenalina de que, si un oficial los veía, posiblemente terminarían presos.
Sintió como su vagina habló en lugar de ella cuando dijo:
— ¿Cómo te bajo los pantalones?
Bakugou sonrió satisfecho.
— Permíteme arreglar eso.
El boulevard por el que pasaban era vía rápida lo que significaba que no había semáforos, aunque sí tenía bifurcaciones para salir de éste que estaban llenos de ellos. Bakugou decidió tomar una desviación donde justo estaba en rojo y él mismo se levantó del asiento para desabrocharse el cierre y bajarse hasta su boxer de forma rápida.
¿Frío? Ellos se habían olvidado totalmente de él.
Uraraka comenzó a salivar cuando vio su miembro erecto, al parecer estaba tan ansioso como ella.
— ¿Lista, señorita? — Preguntó él de forma coqueta mientras se acercaba a otro semáforo para volver a regresar al boulevard principal.
Ella no lo dudó ni por un momento, estiró lo más que pudo la correa del asiento de seguridad para que se pudiese inclinar hasta la pelvis de él.
El carro volvió a detenerse y entonces antes de que se atreviese a pensar que había otros coches que estaban acercándose al lado suyo, ella se inclinó para poner todas sus habilidades en práctica.
Tenerlo en su boca sabía a gloria, ella casi gimió al sentirlo tan grande. Su posición era incómoda y la palanca de velocidades le picaba en las costillas, pero Bakugou estaba en silencio mientras parecía manejar totalmente concentrado.
Uraraka lo sintió como un reto, se acomodó de tal forma que logró tener un brazo libre y entonces ya no sólo utilizó su boca para masturbarlo sino también usó una de sus manos. Bakugou comenzó a tener movimiento que parecían ser involuntarios y entonces comenzó a acariciarle el cabello, incitándole a que continuara.
Ella agradeció que comió temprano porque así tuvo más resistencia a las arcadas cuando se introducía de lleno todo su miembro. A varias personas que conocía no les gustaba hacerles sexo oral a los hombres, pero a ella le fascinaba, entonces cuando se levantaba un poco para poder darle espacio a su mano para que también hiciese su trabajo, gemía para que él la viera.
Bakugou por su parte tuvo que detenerse en dos semáforos más para poder contemplarla en el trabajo que hacía.
— Profesor — Dijo de forma totalmente diferente a como habló cuando se vieron, los nervios habían desaparecido — ¿Estoy haciendo bien?
Bakugou se movió de tal forma que su pene le golpeó en el rostro de ella.
— Estás haciendo perfecto, te estás sacando un diez.
Como el carro estaba detenido, Bakugou aprovechó para inclinarse un poco y darle una nalgada.
Uraraka sintió como una necesidad por él comenzaba a crecer en su entrepierna.
Tomando la misma mano con la que él la nalgueó, ella comenzó a chupar sus dedos mientras intentaba mirarlo directamente a los ojos.
— ¿Está seguro? Creo que puedo mejorar aún mejor.
Un claxon de algún carro detrás les indicó que el semáforo había cambiado a verde.
Bakugou no le contestó, en cambio se dedicó a decirle que ya casi llegaban al destino.
Uraraka entonces se lamentó que por estar ocupada en su entrepierna se había perdido el trayecto para ir a su casa, aunque con Google Maps, seguramente podría descubrir donde realmente se encontraba cuando ya se hubiese instalado.
Siguió haciendo su trabajo oral hasta que el carro se detuvo y se apagó.
— ¿Llegamos? — Preguntó ella mientras se levantaba y se quitaba el tan estorboso cinturón de seguridad.
— Llegamos, pero no te vas a bajar de aquí, aun no.
Uraraka entonces miró hacia sus alrededores, estaban en un vecindario donde casi no había coches estacionados en la acera, y al parecer estaban debajo de un árbol.
— Como ordene, profesor — Dijo con una seguridad apenas descubierta mientras ella misma se bajaba el escote del vestido — ¿Debería irme hacia su asiento?
— No — dijo él al mismo tiempo se quitaba el cinturón de seguridad y comenzaba a acariciarle la piel recién expuesta. — Debes de terminar el trabajo que ya comenzaste.
Ella sonrió y entonces volvió a inclinarse, aunque ahora se pudo poner de rodillas sobre el asiento, cosa que ayudó bastante a su trabajo, ya que Bakugou al tener las manos libres, le levantó la falda mientras le daba nalgadas y le acariciaba toda la zona.
Uraraka comenzó a gemir con cada golpe que le daba, entonces, después de un rato y moviendo su mano lo más rápido posible. Bakugou anunció lo que ella había estado esperando.
— Me voy a venir.
Ella sonrió. Le dio un rápido beso en los labios y entonces volvió a inclinarse para tragar todo su semen.
Él se inclinó hacia delante mientras con una mano se tapaba el rostro y gemía.
Uraraka se sintió satisfecha, él se había venido a causa de ella. Y luego, recordando en dónde se encontraba, comprendió que la noche apenas comenzaba.
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