Los árboles comenzaron a ser remplazados cada vez más por praderas de espesos pastizales verdes y altos que se mecían con el viento. Habían ingresado al país de los ríos y Kakashi los dirigía a la posición en que Pakkun les había indicado que encontrarían a Gaara. Los nervios estaban a flor de piel y la ansiedad hacía que los jóvenes shinobis enfocaran su concentración en ir hacia adelante.
El río frente a ellos se abría amplio, casi como una laguna, y a lo lejos se veían pilares rojos como los que decoraban los templos. La estructura reposaba frente a una gran roca que parecía tapar la entrada de una caverna. Un sello con kanjis rojos estaba adherido sobre la roca con las palabras "Prohibido" escrito en el papel. A pesar de que había completa calma alrededor, bastaba con ver el rostro angustiado de Naruto para saber que eso se había terminado. Entre más se acercaba al lugar, más se le apretaba el pecho con el conocimiento de que dentro de esa caverna estaba Gaara.
Tenía que rescatarlo, pasara lo que pasara. No iba a tener misericordia alguna con esos sujetos.
Naruto y Sasuke fueron los primeros en aterrizar sobre la superficie del agua, seguidos bastante de cerca por el resto. Se detuvieron a unos buenos veinte metros de la roca que cubría la entrada de la caverna, analizando la situación antes de proseguir.
―¿Qué es esto? ―preguntó Naruto impaciente―. Debemos destruir rápidamente esa ro…
―No ―dijo Sasuke antes de que cualquiera de ellos pretendiera adentrarse a la fuerza―. Tiene un jutsu de barrera ―Kakashi observó a Sasuke un tanto sorprendido de que se hubiese percatado tan rápido de algo así, cuando estaba seguro de no habérselo enseñado―. ¿Ves ese sello? ―Naruto asintió―. Aunque intentemos destruir esa roca, no podremos tocarla si quiera. No podremos traspasar la barrera hasta que retiremos el jutsu. ¿Hinata? ―se volteó Sasuke observándola a lo cual ella asintió.
Sin mayores instrucciones que esa, la joven supo que era su turno de ver lo que había dentro. Desde pequeña había sido los ojos del equipo en lugares que ellos no podían estudiar. Cada vez que avanzaban era Hinata quien activaba su byakugan inspeccionando todo a su alrededor, asegurándose de que nada pudiese alcanzarlos. No iban a caer en un ataque sorpresa porque ella no pudiese prevenirlos y mucho menos en trampas.
Subió el dedo índice de la mano derecha para activar su dojutsu y escrudiñar el lugar.
―La caverna es enorme ―dijo mientras su visión intentaba enfocarse en información relevante que comunicar a su equipo, pero todo se veía gris y un tanto desenfocado―. No consigo distinguir muy bien lo que hay dentro. Están haciendo algo ahí, hay varias personas dentro ―dijo forzando a sus ojos para que viesen, pero todo se veía distorsionado, borroso, como si hubiese algo que le bloquease la visión levemente.―. Están parados sobre montículos alargados que salen del suelo… parecen, dedos de roca ―dijo, sabiendo que no hacía mucho sentido lo que decía.
―¿Uno de ellos es Itachi? ―preguntó rápidamente Sasuke.
―No lo sé ―la imagen era demasiado borrosa para sus ojos.
Después de lo que había ocurrido en su misión en el desierto en que Hinata le ocultó la presencia de su hermano ahí, prefería preguntar. Estaban tratando con Akatsuki después de todo. La idea de enfrentarse a hombres tan poderosos como Itachi lo ponía nervioso, pero al mismo tiempo, le daba un sentido de desafío por delante. Si podía vencer a alguno de aquellos sujetos, quizás, estaba también listo para su hermano mayor.
―¿Ves a Gaara? ―le preguntó Naruto parándose junto a ella, para luego zamarrearla suavemente, intentando captar su atención―. ¡Hinata! ¿Qué ves? ¿Está Gaara ahí?
―Lo estoy buscando. El lugar es enorme y todo está borroso ―dijo la joven mientras sus iris blancas se movían de un punto a otro, buscando desesperadamente a Gaara―. ¡Ahí está!
A pesar de que buscaba con la esperanza colgando de un hilo algún resto de chakra en su cuerpo, Hinata no podía apreciar una circulación visible dentro del cuerpo de Gaara, quien se encontraba recostado sobre el suelo de la caverna. No pudo decirlo en voz alta porque el rostro abrumado de Naruto le indicaba que eso sólo habría empeorado todo. Era mejor proseguir con calma.
No obstante, no era eso lo que realmente la angustiaba sino la enorme estatua de piedra, cuyos ojos parecían tomar vida por algún motivo para observarla directamente a través de la piedra. Estaba encadenada de sus manos y salía desde la superficie del suelo. No comprendía qué era esa enorme cosa y describirlo le habría resultado casi imposible en ese momento, pero la sensación de ser infinitamente pequeña le llenó el pecho.
―¡Hinata! ―gritó Naruto, haciendo que su byakugan se disipara.
Miró con un gesto de preocupación a Kakashi y Sasuke, quienes supieron interpretar en su semblante acongojado lo que ella veía a medias; habían llegado demasiado tarde.
―Debemos apresurarnos ―dijo, sin atreverse a pensar si quiera lo que sus ojos mostraban como evidente―. Gaara-kun… El kazekage está…
―Maldición, ¿Saben cómo traspasar la barrera? ―preguntó Naruto rápidamente. De seguro no quería oír lo que Hinata iba a comunicarles. La joven se sintió aliviada porque tampoco quería decirlo en voz alta.
―Ya te lo dije, es un Jutsu de Barrera de Cinco Sellos ―Naruto pareció no entender del todo dicha información, a lo cual Sasuke suspiró. A veces se le olvidaba que su compañero de equipo no había sido el más brillante de los shinobis durante su estadía en la Academia―. Es un jutsu bastante molesto de desactivar.
―Concuerdo ―añadió Chiyo, quien miraba a Sasuke de reojo incrédula de que a su corta edad, ya tuviese el suficiente conocimiento como para reconocer un jutsu de alto nivel como ese.
―¿Y eso qué es? ¿Cómo lo desactivamos? ―insistió Naruto.
―Los jutsus de Barrera de Cinco Sellos son utilizados para crear una barrera que impida que se pueda traspasar en un cierto perímetro ―explicó Kakashi―. Quien los utiliza pone cinco sellos alrededor del área y estos sirven para que sus enemigos no puedan traspasar cierto punto de la Barrera. Por lo cual, debemos retirarlos todos juntos, al mismo tiempo, para que se desactive y podamos destruir esta roca. De lo contrario, por mucho que lo intentemos, no podremos avanzar.
―Ese es el primer sello ―apuntó Sasuke con su dedo índice―. Los otros cuatro deben estar cerca de aquí.
―Hinata los puedes localizar con su byakugan y nos dividiremos para… ―comenzó Kakashi pero fue interrumpido rápidamente.
―¡No perdamos el tiempo! ―Naruto formó sellos de mano―. Kage bunshin no jutsu ―cuatro copias idénticas a Naruto aparecieron junto a ellos.
Sasuke rodó los ojos bufando. A veces se le olvidaba esa técnica que Naruto podía hacer con tanta facilidad sin desmedro a su reserva de chakra. Si él o Hinata hubiesen intentado algo así, habrían sacrificado mucho de su chakra al hacerlo
―Dime dónde están, Hinata.
La joven le explicó a Naruto donde se encontraban los sellos escondidos por los distintos lugares alrededor del terreno en que se encontraban. El más cercano se localizaba a trescientos metros, el más lejano, casi a un kilómetro de distancia.
―¿Y cómo podremos comunicarnos para retirarlos al mismo tiempo? ―preguntó Naruto.
―Con intercomunicadores ―dijo Sasuke, sacando el suyo desde su portaherramientas shinobi. Hinata también sacó el suyo. No obstante, ni Kakashi ni Naruto parecían tener uno a mano y se miraron con la mitad del rostro azul―. ¿Estamos en medio de una misión tan importante como esta y ustedes no traen encima intercomunicadores? ―Sasuke suspiró―. De Naruto lo esperaba. ¿Pero tú, Kakashi?
―¡Ey! ―alegó Naruto visiblemente ofendido―. Hace años rompí el mío. ¿No lo recuerdas? Fue esa vez que tuvimos que atrapar a Bigotes cuando me caí al río.
―Yo preferí traer el nuevo libro que Naruto me dio y tuve que hacer algo de espacio ―dijo Kakashi excusándose con un tono suave y divertido―. De cualquier forma, no los necesitamos. Sasuke puede lanzar un jutsu de fuego hacia el cielo cuando sea el momento de retirarlos. Todos los clones los verán.
―Sí, sí ―asintió Naruto.
Sasuke volvió a bufar. Le parecía tan absurdo gastar una cantidad importante de chakra en ese momento si estaban a punto de combatir. Pero al parecer, era la única manera de poder comunicarse y sacar los sellos al mismo tiempo, por lo cual no puso objeciones al plan de Kakashi.
Uno a uno los clones de Naruto fueron dirigiéndose a los lugares que Hinata había mencionado. La joven los observaba con su byakugan para saber el momento preciso en que todos estuviesen en posición.
Entre más se tardaban, el silencio parecía ponerlos más nerviosos. El estómago de Hinata se encogía pensando en lo que estaba sucediendo dentro de esa caverna, cuando de pronto notó como desaparecían varias de las figuras sobre los dedos de piedra. Luego, también la estatua gigante se esfumó dejando en el lugar sólo dos figuras que se posicionaban frente a Gaara, mirando hacia la entrada de la caverna.
―La mayoría de las personas que había dentro ha desaparecido. Sólo quedan dos de ellos… y el Kazekage ―anunció Hinata―. No creo que quieran huir, Kakashi-sensei. Más bien, parecen estar esperando por nosotros.
Kakashi consideró seriamente dejar la misión hasta ese punto. Si lo que estaban llevando a cabo dentro de la caverna había terminado, no había más que hacer ahí. La pérdida del Kazekage era algo grave, porque Sunagakure era aliada de Konoha en ese momento y un asesinato de una figura de alta connotación pública siempre traía crisis para los países; pero no había más que pudiesen hacer al respecto. Si estaba muerto, no contaba con un jutsu prohibido para haberlo resucitado.
Realmente, lo único que parecía adecuado hacer era enfrentarse a esos sujetos para intentar bajar el número de miembros de aquella horrible organización. Como shinobi, no había sido ordenado bajo ningún respecto entrar en combate sólo por un deseo de venganza o justicia hacia el Kazekage. Aún así, parte de su labor ahí era deshacerse de dichos criminales pero… ¿Era cauto hacerlo en ese preciso momento?
Sus ojos se movieron hacia la posición en que Naruto se encontraba parado.
Esos sujetos estaban tras los Bijū y ahí estaba él, llevándoles a Naruto en bandeja. Muy probablemente, lo más cauto habría sido pedirle a su equipo que se retiraran y poner a salvo a su estudiante.
Pero tomó la decisión de proseguir. Quizás aún hubiese alguna forma de salvar al Kazekage y su misión era el rescate de Gaara.
Los cinco miembros del equipo se pusieron en posición, sin saber qué esperar cuando el sello fuese retirado. Estaban al tanto que todas esas maneras de distraerlos eran formas para hacerles perder el tiempo. ¿Por qué? No estaban del todo seguros, pero Kakashi creía que seguramente tendría que ver con lo que le estaban haciendo al Kazekage y Chiyo pensaba que lo que hacían era extraer el Bijū.
Aquello irritaba bastante a Sasuke, quien veía en la captura de alguno de esos sujetos el puente ideal para lograr encontrar a Itachi, quizás ellos supiesen donde se escondía o dónde deambulaba con más frecuencia.
Sin embargo, quien parecía más desesperado por la situación y la pérdida de tiempo era Naruto. De hecho, Sasuke estaba comenzando a perder su paciencia con él. Si no se calmaba pronto tendría que recordarle las charlas que habían tenido sobre perder el control y poner en riesgo a Hinata por culpa de ello.
―Todos los clones han llegado junto a uno de los sellos ―anunció de pronto Hinata, mirando a Kakashi.
―¿Están preparados? ―preguntó el jōnin mientras caminaba sobre la superficie de la roca hasta llegar al lugar en donde se encontraba el sello―. Sasuke, al momento que emplees tu técnica, sacaré el sello. Cúbranme en caso de que algo nos ataque. Este tipo de mecanismos de barrera generalmente no sólo se desactiva, sino que libera algo sellado temporalmente.
―Lo sé ―dijo Sasuke, esperando que algo más sucediera tan pronto el sello fuese retirado. Observó a Hinata en una suave posición de combate y a Naruto parándose frente a ambos, como si él quisiera cubrirlos.
Hizo los sellos para luego llevar su mano a la boca, suplicando en silencio que su compañero de equipo no fuese a hacer alguna estupidez que los matara a todos durante la misión.
―¡Ahora! ―gritó Kakashi mientras se preparaba a retirar el sello.
―Katon: Goukakyuu no Jutsu ―exclamó Sasuke mientras el chakra salía de su boca para convertirse en fuego.
Una gran esfera de fuego salió disparada hacia el cielo a una velocidad tan rápida que más que una esfera parecía una columna en llamas. Naruto lo miró algo maravillado, preguntándose en silencio en qué momento su compañero había aprendido manipulación de chakra con tanta eficacia para darle forma al fuego así.
―Asombroso ―susurró Naruto maravillado―. Maldito bastardo, ¿En qué momento aprendiste a manipular así tu chakra? Eso no es justo.
―La roca, perdedor ―le dijo Sasuke al ver que Kakashi acababa de rasgar el papel.
Naruto hizo un nuevo sello de mano formando un clon a su lado que lo ayudó a formar su técnica insignia. Un gran rasengan fue creado en sus manos y corrió hacia la pared del acantilado junto a su clon, intentando ambos mantener la estabilidad del descomunal tamaño de ese jutsu.
―¡Ōdama Rasengan!
La roca que cubría la entrada a la caverna que había descrito Hinata se hizo añicos cuando la gran bola de chakra giratoria de Naruto chocó a toda velocidad contra ella. Hinata había visto a Sasuke destruyendo árboles y otros objetos sin problema con su chidori, pero nunca algo de semejante tamaño. Tuvo que contener el aliento en admiración mientras Sasuke se paraba junto a ella, sin mostrarse demasiado sorprendido de que un jutsu de dicho tamaño causara semejante grado de destrucción. No obstante, media sonrisa se formó en su rostro, entre orgullo y rivalidad.
―Nada mal ―dijo con gracia. Ver lo mucho que avanzaba Naruto le hacía sentir que siempre habría espacio para seguir superándose uno al otro en su constante lucha por determinar cuál de los dos era más fuerte―. ¿Kakashi?
El jōnin se paró cerca del agujero en la piedra y miró hacia adentro, señalando con sus dedos que lo siguieran. Un momento después, los cinco estuvieron dentro de la caverna, justo frente a dos extraños individuos.
La abuela Chiyo reconoció de inmediato a la marioneta que tenía frente y posó sus ojos en ella, pues dentro del mecanismo elaborado que su nieto había llamado Hiruko, se encontraba Sasori. Una intensa melancolía la hundió preguntándose a sí misma qué era lo que había ocurrido para que su familia terminase así, destruidos, separados y su pequeño nieto a quien había críado como a un hijo caminando por un sendero de crímenes y atrocidades. Sasori había sido un niño encantador de pequeño, pero algo se había roto en él, como si le faltase un pedazo que con intensidad había intentado llenar con el transcurso del tiempo. No pudo evitar mirar de reojo a Kakashi y al resto de los chicos entonces, sabiendo que la sombra que proyecta Konoha sobre Suna había llevado su vida hasta ese punto.
Al otro lado de Sasori se encontraba un chico rubio que quizás rodeaba la misma edad que Naruto, Hinata y Sasuke. Llevaba encima la misma túnica negra con nubes rojas y un extraño aparato en uno de sus ojos. Los observaba entre divertido y aburrido, como si la espera lo hubiese fastidiado levemente. Kakashi lo reconoció casi de inmediato como uno de los criminales más buscados de Iwagakure, aprendiz del Tercer Tsuchikage, responsable por la destrucción de decenas de aldeas y la muerte de miles de personas.
El silencio fue sepulcral.
Hinata juntó las cejas sin poder creer que la persona que estuviese atrás de ambos, inconsciente y al parecer sin vida, fuese el amable Kazekage con quien hacía menos de un año había tratado. Recordó su voz en la mente, diciéndole lo mucho que se había estado esforzando por crear lazos con todo el resto de su aldea. Pudo escucharlo decir que Naruto lo había salvado de ir por un camino de oscuridad y soledad. Y sin embargo, ahí, se veía tan solitario mientras el color de la vida se apagaba lentamente en sus mejillas.
―Llegamos muy tarde ―susurró Kakashi quebrando el silencio, pero era lo que todos estaban pensando.
―N-no puede ser ―dijo Hinata con labios temblorosos, sintiendo que algo cosquilleaba en su nariz. El deseo de llorar la inundó, pero estaba en una misión, no podía hacerlo.
―Contrólate ―le ordenó Sasuke quien estaba a su lado y Hinata apretó su puño, asintiendo cabizbaja. Por mucho que deseara llorar o gritar, no era el momento de hacerlo.
Sasuke sabía que tendría esa reacción y no le molestaba ser su constante recordatorio de que debía ahogar todo su lado emotivo cuando estaban en una misión. No podían tener un quiebre emocional ahí, frente al enemigo, o todos corrían peligro de morir. Ella se lo había recordado a él en más de una ocasión e ignorarla casi le había costado la vida a su compañera. Por eso, no iba a permitir que nada les quebrara su determinación en cumplir exitosamente su misión e intentar rescatar los restos de Gaara y llevarlos a Sunagakure.
―Entonces, ¿Cuál de ellos es el Jinchūriki? ―preguntó el sujeto rubio que estaba sentado sobre el cuerpo de Gaara, aunque no parecía hablarles a ellos, sino, a su compañero.
Quizás porque estaba más preocupado de Hinata que de Naruto, fue que Sasuke ignoró la forma en que el rostro de su compañero se descomponía lentamente en desesperación frente a la imagen de Gaara en el suelo. Tan pronto lo vio, inerte, sin respirar, con sus ojos cerrados… la mirada risueña de Naruto desapareció, olvidando pestañar. Sus labios comenzaron a temblar mientras rechinaba los dientes. Sus párpados y cejas también tiritaban en incredulidad de lo que veía.
Sus ojos se llenaron de lágrimas mientras comprendía lentamente lo que acababa de ocurrir.
No obstante, con cada segundo en silencio en que procesaba la escena frente a él, el dolor que sentía casi de inmediato pasó a una furia desconocida que le quemó el estómago y le hizo arder las manos y quemar el pecho. Las pupilas de sus ojos se alargaron, las marcas en su rostro se enancharon y pronto estaba gruñendo como un animal, mostrando colmillos que antes no habían sido visibles en su amable sonrisa. Apretó el puño, tembloroso, todo su cuerpo ardiendo en esa misma furia que le impedía quedarse quieto un segundo más.
―¡Malditos bastardos! ―rugió, haciendo que todos los ojos presentes se enfocaran en él―. Están muertos.
―El que grita y es el primero en embestir ―dijo Sasori con una voz monótona y seria―. Ese es ―le indicó a Deidara, mirando a Naruto.
―Así parece, hn ―le contestó.
―¡Bastardos! ―volvió a gritar Naruto dando un paso en frente. Sasuke le sujetó rápidamente un brazo temiendo que se lanzara a atacar―. ¿Dónde carajos crees que estás sentado?
―No hay duda ―dijo Deidara sonriendo con gracia y bajando el rostro con algo de abnegación―. Ese es el Jinchūriki. Lo primero que hace es gritar y embestir. Itachi lo describió bastante bien.
―¿Itachi? ―la reacción de Sasuke fue inmediata, sintiendo que algo le apretaba el estómago al escuchar ese nombre. No obstante, se controló respirando profundo e imperceptiblemente. Iba a ser un shinobi y no crío estúpido. Tenía que obtener información de manera eficiente sin poner a nadie en riesgo por su deseo egoísta de ver cara a cara a su hermano mayor una vez más.
―¡Gaara! ―gritó Naruto, negándose a creer que él estuviese muerto. No podía aceptar algo como eso, nunca lo haría―. ¿Cómo puedes estar durmiendo en un momento como este? ―Hinata creyó que se le partía el corazón al escucharlo. Los ojos inevitablemente se le llenaron de lágrimas ante el dolor que percibía en la voz de aquel que siempre le había parecido un rayo de luz y esperanza en su vida―. ¡Levántate! ¡Gaara! ¡Oye! ¡Gaara! ¿Me estás escuchando? ¡Ya bájate de él! ―gritó intentando liberarse del agarre de Sasuke.
―¡Basta Naruto! ―la voz de Kakashi fue dura, haciendo que Naruto volteara su rostro hacia su maestro―. Ya deberías saberlo.
―No. Sólo está durmiendo ―dijo negando con su rostro una y otra vez―. Va a despertar y volverá con nosotros a Sunagakure. Temari lo espera. Su aldea lo espera. Tenemos que llevarlo de vuelta para que pueda seguir protegiéndolos a todos…
―No dejes que esto te desmorone y quiebre ―le dijo Sasuke mientras Naruto temblaba junto a él. El Uchiha parecía completamente concentrado y en sus cabales, decidido a no permitirle a Naruto poner en riesgo la misión y al resto del equipo―. Necesitas tu cabeza fría o te matarán también y a nosotros en el proceso.
Los ojos de Naruto se enfocaron en el rostro de Sasuke y luego en el de Hinata atrás de ambos. Supo al verla que estaba tan destruida por lo que estaba ocurriendo como él y por un instante, sintió que no sólo le había fallado a Gaara, sino que también a su compañera de equipo que siempre parecía creer en él. No supo por qué, pero eso sólo lo hizo sentir más desconsuelo y el deseo de pedirle perdón. ¿Cómo podía ver a Hinata al rostro cuando le había dicho que salvarían a Gaara y ahora…?
―Naruto-kun, nosotros… ―susurró Hinata entendiendo su mirada, intentando consolarlo, cuando la voz burlona de Deidara interrumpió sus palabras.
―Ya lo entendiste, ¿No? ―una cruel sonrisa se formó en su rostro―. Está muerto ―dijo con gracia mientras le pegaba un par de palmadas al rostro inerte de Gaara, mostrando que no había reacción de su parte―. Hace bastante ya. Si hueles bien, te darás cuenta que comienza a apestar.
―Nos devolverán en este momento al Kazekage ―le dijo Sasuke mostrando su Sharingan mientras controlaba que Naruto no se les lanzara encima―. Y nos dirán dónde está el resto de Akatsuki.
Por un momento, lo único que pudo ver Deidara era el Sharingan frente a él, lo cual hizo que se pusiera de pie lentamente. El dojutsu de Sasuke había captado su atención y su sonrisa se volvió siniestra.
―Ese definitivamente es el Jinchūriki ―dijo lentamente, pero estaba completamente enfocado en Sasuke―. Y ese de ahí, es el hermano de Itachi. ¿No? Al que dejó vivo.
―Al parecer, lo es ―respondió Sasori―. ¿Qué con eso?
―Sasuke. Los clones ―dijo de pronto Naruto, parándose derecho y mirando extrañado hacia la salida de la caverna―. Los clones fueron derrotados.
―Kakashi. Debemos apurarnos. Quizás tengan refuerzos en camino ―le dijo Sasuke a lo cual el jōnin asintió.
―El de la derecha es Deidara de Iwagakure ―les indicó el jōnin, intentando dar información sobre qué era lo que estaban a punto de enfrentar―. Es un criminal del libro Bingo que se dedicaba a explotar aldeas. Lleva años desaparecido desde su último avistamiento y muchos lo daban por muerto ―dijo entendiendo por qué ya nadie parecía saber de él y por qué la imagen de ese sujeto en el libro bingo era la de un niño no mayor a trece o catorce años―. Y el otro es el maestro titiritero, Sasori de las Arenas Rojas. Su nieto, ¿verdad, Chiyo-sama?
―Así es ―añadió la anciana, completamente enfocada en Sasori.
―¿Salgo en el libro bingo? ―preguntó Deidara con sarcasmo―. ¿Mencionan mi arte ahí?
―Ambos son peligrosos ―dijo Kakashi. Sasuke lo miró comprendiendo la gravedad de la situación. Si el jōnin estaba diciendo algo como eso, entonces debía prestar atención y atacar con un plan―. Así que contrólate ahora mismo, Naruto.
―Kakashi-sensei ―dijo de pronto Hinata―. El equipo Gai está cerca. Los veo. P-pero… están peleando con los clones de Naruto-kun ―sólo entonces cuando Hinata habló los ojos de Sasori se pusieron sobre ella y pareció perder completamente el interés en cualquier otra cosa.
―¿Eh? P-pero mis clones se disiparon, yo lo sentí ―dijo Naruto lo cual sorprendió a todos.
―El Byakugan del clan Hyūga ―susurró Sasori arrastrando las palabras.
―Dana, estoy seguro que esto lo va a molestar pero ―dijo Deidara mostrando una sonrisa bastante siniestra, pero determinada―. Voy a pelear contra ellos dos. Contra el Jinchūriki y el Uchiha.
―Itachi podría enojarse si capturas a su Jinchūriki y matas a su hermano ―le advirtió Sasori―. Cada uno tiene asignado un Jinchūriki, Deidara. Ya capturaste al tuyo. Deja de ser egocéntrico y pensar que todo esto es para que tú te diviertas.
―Con el arte tenemos que buscar mayores estimulaciones o la habilidad para apreciar una verdadera obra maestra se pierde, ¿No? ―Deidara rió mirando en la misma dirección que observaba Sasori―. Es por eso que usted tiene sus ojos puestos en su próxima obra. He ahí su nueva estimulación para alcanzar su arte.
―Siempre quise agregar un Hyūga a mi colección ―le dijo Sasori lentamente―. Pero sus ojos se destruyen cuando lo intento. Quizás esta vez sea distinto.
―Hn, lo entiendo, Dana. El Jinchūriki del kyuubi y el hermano de Itachi son justo lo que necesito para mi arte… será perfecto para una nueva obra.
―¿Perdón? ―preguntó Sasori visiblemente ofendido―. ¿Llamas arte a esas explosiones que haces? ―su mirada nuevamente se posó en Hinata―. Arte es algo que perdura en el tiempo elegante y hermoso. El verdadero arte es eternamente precioso ―sus intenciones parecían bastante claras, haciendo que Sasuke se interpusiera en su campo visual frente a ella.
―¿Eternamente precioso? ¿El arte? ―preguntó Deidara volteando a observar a Sasori―. Dana, yo lo respeto como un compañero artista y hasta cierto punto puedo entender su posición. Pero, el arte es algo que alcanza su máximo esplendor y hermosura justo antes de desaparecer brutalmente en la intensidad. Yo no haría que esa joven fuese una de sus pestilentes marionetas. La haría explotar ahora, en el cénit de su vida.
―¿Qué dijiste? ―Sasori se giró hacia Deidara ignorando a los shinobis que estaban ahí―. ¡Deidara! Al parecer no tienes idea de lo que es el verdadero arte.
―Quien no tiene ni idea es usted, Dana.
Mientras la discusión persistía, Sasuke pudo notar que el brazo que sostenía de Naruto temblaba cada vez más violento, que su respiración agitada salida como un gruñido y que todo su cuerpo se estaba tensando. Su Sharingan vio el chakra rojizo que comenzaba a fluir por su cuerpo y aquello lo puso en alerta.
―Contrólate, perdedor ―le advirtió nuevamente―. Atacaremos con un plan. No embistas sin pensar.
―Estos malditos bastardos están burlándose de nosotros… ―rumió Naruto mirando a Sasuke―. ¿Qué hacemos? ¿Cuál es tu plan? ―Sasuke observó el rollo que Naruto tenía y éste pareció entender lo que le estaba pidiendo que hiciera.
―¡No! ―exclamó Sasori―. La eterna belleza es el único significado del más puro arte…
―Eso es una tontería ―dijo Deidara comenzando también a molestarse―. El arte es hermoso porque es fugaz. Un pequeño momento en que algo vive al límite para desaparecer.
Justo entonces Naruto desenvolvió su rollo de pergamino, estirándolo frente a él para lanzar un fūma shuriken en dirección de ambos miembros de Akatsuki.
Éste no alcanzó si quiera a tocarlos, pues Sasori lo rechazó abatiéndolo con su cola como si le diera un palmazo a una mosca molesta. El fūma shuriken se enterró en un costado del maestro de las marionetas mientras éste seguía discutiendo con Deidara sin que ninguno de ellos les prestara atención, a un par de centímetros. Fue en ese momento en el que una nube de humo apareció sobre el arma metálica y en su lugar surgió Sasuke con su mano llena de electricidad, impactando la cola de metal de Sasori, destruyendo no sólo ésta sino que gran parte de su cuerpo.
―¡Es rápido! ―exclamó Deidara, luciendo sorprendido ante el acto.
El rubio artista saltó rápidamente hacia atrás esquivando el puño de Sasuke que también se dirigía hacia él con su Chidori. No obstante, al ver que perdía proximidad, se detuvo y se agachó rápido.
Fue justo entonces que Hinata lo alcanzó, saltando sobre él para impedir que una serie de pequeñas figuras de greda blanca que venían desde las manos de Deidara lograran impactarlo.
―Hakke Kūshō ―una gran barrera de chakra a presión salió por los tenketsus de las manos de Hinata, siendo repelidos hacia atrás en dirección al propio Deidara, mientras explotaban en el aire sin que se les pudiesen acercar.
―La cola ―gritó Sasuke indicándole que podía ver con su Sharingan de antemano que los pedazos de cola de Sasori iban a intentar golpearles.
Rápidamente, las manos de Hinata se movieron alrededor de ambos en un hermoso movimiento del puño suave, cubriéndolos en una semi esfera de chakra a presión que salía desde sus tenketsus y que rechazaba los trozos de metal que iban en su dirección. El Sharingan de Sasuke notó la forma en que las gotas de veneno impregnadas en el metal salpicaban hacia atrás, haciéndose obvio que cualquier contacto con esa sustancia podía llevarlos al mismo destino que había tenido Kankuro.
No obstante, ellos no habían perdido el tiempo juntos esos últimos años y cada hora del día habían perfeccionado modos de combatir uno al lado del otro sin estorbarse con el propósito de enfrentarse algún dia a Itachi. Hinata había aprendido que Sasuke era su fuerza en un momento de vida o muerte, pero ella podía apoyarlo con todo lo que conocía para evitar que algo físico lo dañara. No iba a ser un estorbo en combate. Lo asistiría.
Desde que se encontró con Kisame en el país del Desierto y éste casi le desgarró el brazo, se había prometido a si misma que nunca más volvería a estar en una situación de sentirse completamente inútil frente a un enemigo.
―Ya te diste cuenta, ¿verdad, Hinata? ―le preguntó Sasuke mientras ella aterrizaba a su lado.
―Sí ―respondió mientras con su byakugan veía algo que no cualquier ojo podía: los hilos invisibles de chakra que estaban haciendo que las piezas de la cola intentaran clavarse en ellos. Sasuke y Hinata conocían tan bien el estilo de combate de uno y otro, que se complementaban a la perfección cuando era hora de combatir.
―No se descuiden. La marioneta que destruyeron no es el verdadero Sasori sino lo que salió de su interior ―la mujer enfocó su mirada en la espalda del hombre que se estaba poniendo de pie junto a Deidara―. ¿Por qué no te das vuelta y le muestras tu lindo rostro a tu abuela, Sasori? Hace mucho que no veo a mi querido nieto.
―Pensé que ya estabas muerta o senil ―le dijo volteándose lentamente, momento en el cual todos observaron que junto a Deidara se encontraba un joven hermoso y joven, de mirada apática, cabellera rojiza y enormes ojos pardos.
Chiyo quedó paralizada en ese momento. El rostro que veía era del mismo joven que hacía veinte años había traicionado a la aldea y huido. No había envejecido un día si quiera, lo cual le hizo preguntarse qué clase de jutsus horribles habría estado realizando en sí mismo para que su aspecto no hubiese cambiado.
Más atrás, Deidara se paraba atento y fastidiado observando como su compañero se posicionaba junto a él. En la mente del joven, todo eso era culpa de Sasori por haberse descuidado al intentar defender su tonta postura sobre el arte.
―¿Qué significa esto? ―dijo Sasuke, pensando que había terminado todo de un golpe. Chiyo permaneció en silencio, pues ella ya sabía que dentro de su esa marioneta se escondía su verdadero nieto. De hecho, estaba bastante aliviada de que no tendría problemas con destruir la coraza de Hiruko por sí misma, pues dudaba tener la fuerza necesaria para hacerlo. No obstante, seguía pasmada de lo que veía―. ¿Qué es ese sujeto?
―Es una marioneta también ―dijo Hinata, con su byakugan activo, lo cual hizo que Chiyo se estremeciera en sorpresa―. No sé dónde está el verdadero. No logro encontrarlo.
―Ese, es… el verdadero ―dijo Chiyo pasando saliva.
―Pensé que había reforzado a Hiruko para que no volviera a pasar esto, Dana ―reclamó Deidara mientras veía a Sasori, quien lentamente se erguía junto a él y mostraba su verdadero rostro impávido, sin creer del todo que con esa rapidez hubiesen destruido una de sus mejores obras.
―Me estás haciendo enojar ―dijo Sasori ignorando a los chicos y el hecho de que estaban bajo ataque―. Tu mal gusto artístico me hace enfadar y ya sabes lo que ocurre cuando algo me irrita ―le advirtió.
―Para mí el arte es… ―dejó caer una pequeña figura de greda de sus manos, la cual se agrandó a una gran ave cuando hizo un sello―… ¡Una explosión!
Por el porte, Sasuke asumió que si hacía explotar esa cosa toda la caverna iba a colapsar. Si pequeñas esferas habían explotado como si fuesen sellos explosivos, esa cosa gigantesca podía matarlos a todos fácilmente si Deidara decidía acabar con ellos en ese momento.
―¡Atrás! ―le gritó a Hinata y ambos saltaron retrocediendo hacia la posición en donde se encontraba Naruto.
Pero el ave no había sido hecha precisamente para explotar, sino, que se agachó y devoró el cuerpo de Gaara haciendo que Naruto se volviera a exaltar. Al parecer, Deidara también se había dado cuenta de la desventaja que sufrían si peleaban juntos. Ambos eran artistas de la destrucción y cuando liberaban sus jutsus el terreno sufría las consecuencias. Habían destruido ciudades enteras juntos y nunca había sido más feliz que cuando Sasori empleaba todo su poder. Por ello, también quería estar bastante lejos en caso de que una batalla de ese tipo estuviese a punto de desarrollarse entre todos ellos. Estaba seguro de que Sasori no tendría cuidado de que él estuviese cerca si decidía emplear sus tontas marionetas, así como él tampoco frenaría su arte explosivo si su compañero estaba ahí. En ese momento, se estorbaban. Debían pelear por separado.
―¿Aún la quiere, Dana? ―le preguntó Deidara mirando a Hinata. Sasori ni si quiera respondió, ignorando a todos y enfocando su mirada en la joven.
― Lárgate ―respondió―. No permitiré que la arruines con tus ridículas figuritas de greda.
―Usted la arruinará con sus venenos apestosos. Hn. La próxima vez que la vea seguramente esté verde y podrida, como todo lo que hace ―dijo Deidara imaginándose a la pobre chica momificada y completamente llena de heridas de combate, como sus otras obras―. ¿Cómo pretende conservar esa belleza de la que habla cuando está a punto de corromper cada centímetro de su cuerpo?
―¿Qué dijiste? ―le preguntó irritado―. Tengo varias formas de añadir nuevas piezas a mi colección. No me hagas perder la paciencia ahora. Haré la mejor de mis marionetas con ella y tendrás que admitir que mi arte es superior a tu estúpida greda.
―¡Mi arte no es estúpido, Dana! Hn.
Mientras Sasori y Deidara seguían discutiendo entre sí, Kakashi tomó la palabra con su equipo cerca, que acababa de hacer lo que a todas luces luciría como una locura para cualquiera. Sin embargo, si había alguien en todo el mundo que comprendía lo mucho que el taijutsu de Hinata se había complementado al estilo de pelea de Sasuke, era Kakashi. El Uchiha era un genio en todo lo que hacía y suplía cualquier punto ciego teniendo a Hinata cerca. Ambos parecían bailar entre sí en un combate en vez de haber estado pensando cada paso que daban, precisamente, porque llevaban años entrenando las mismas rutinas juntos y sabían cómo el otro se iba a mover.
―Eso fue bastante impulsivo de su parte ―dijo en tono de sermón hacia sus discípulos, pero observando la clara escena frente a ellos. Entendía por qué Sasuke había atacado. Si no lo hacía él y rápido, Naruto iba a hacerlo, sin medir ninguna consecuencia―. Escuchen. Uno de ellos hace explotar cosas desde lejos, es un shinobi del tipo de ataque a distancia ―dijo Kakashi observando a Deidara―. Y el otro maneja marionetas y tiene un arsenal lleno de veneno bajo las mangas. Debemos ser cuidadosos e impedir que nos alcancen, pero acercarnos lo suficiente para poder combatir cuerpo a cuerpo. ¿Comprendido?
―Lo mejor es separarlos. No podremos pelear contra ambos juntos ―dijo Sasuke, algo de lo cual Kakashi ya se había percatado. Por lo mismo, asintió―. Tendremos ventaja en ese caso.
―Debemos recuperar a Gaara… quizás aún podemos ―dijo Naruto mientras todos observaban como el ave comenzaba a volar y Deidara saltaba sobre ésta―. ¡Devuelve a Gaara! ¡Gaara! ―gritó varias veces.
―Si quieres al Kazekage, tendrás que alcanzarme. Mi arte no es un estúpido show de marionetas estáticas. ¡Tiene vida y movimiento! ―se burló mientras el ave flotaba sobre ellos―. ¡Adiós, Dana! Cuando termine mi espectáculo sabremos cuál de los dos es un mejor artista.
Tanto Sasuke como Kakashi supieron que de haberlo querido le habrían impedido salir de esa caverna. La velocidad que llevaba era muy lenta y ambos contaban con técnicas que podrían haberle alcanzado a esa distancia para rebanar en dos esa estúpida ave de greda sobre la cual se encontraba parado.
Sin embargo, al ser las personas más inteligentes de ese grupo, se percataron que tenían muchas más posibilidades de vencerles si peleaban de forma separada. Ambos se miraron y asintieron, sabiendo que los que tenían que ir tras Deidara eran ellos dos. Sus técnicas eran las apropiadas para enfrentarse a distancia sin exponerse a ser destruidos en una explosión, mientras que su cuerpo a cuerpo no era tan brutalmente devastador como el de Hinata y Naruto. Además, el equipo de Gai estaba cerca. Ellos podrían asistir a Naruto, Chiyo y Hinata tan pronto llegaran ahí. Sasuke confiaba lo suficientemente en las habilidades de Naruto y Hinata para que juntos pudiesen derrotar a Sasori, además, contaban con la abuela que conocía perfectamente el estilo de pelea a la cual se estaban por enfrentar.
―Debemos… ―iba a comenzar Sasuke, cuando Naruto pareció no poder controlarse más y comenzó a correr atrás de Deidara, cayendo en su provocación.
Sasuke no pudo culpar las acciones que Kakashi realizó a continuación.
Naruto tenía un Bijū en su interior. Si el Kazekage estaba muerto, ya no tenían verdaderos motivos para quedarse en esa caverna. Por otro lado, si su estúpido compañero de equipo se enfrentaba por sí solo contra Deidara, muy probablemente, esas técnicas explosivas lo iban a terminar matando. Era incluso probable que tanto él como Kakashi recibieran daños considerables en un combate con alguien que combatía con ese tipo de jutsus.
Las prioridades de la misión habían cambiado en ese momento. No podían permitir que Akatsuki se apoderara de Naruto y que éste siguiera el mismo destino que Gaara. Habría sido desastroso para la aldea si algo así ocurriese y nunca se lo perdonaría a sí mismo.
―Maldición… ―gruñó Kakashi mientras seguía a Naruto―. Por favor, le encomiendo a Sasori, Chiyo baa-sama. Ellos la asistirán.
Hinata iba a comenzar a correr atrás de Naruto junto a Kakashi, creyendo que con Sasuke y la abuela era suficiente. Confiaba tanto en su compañero que sabía que podía derrotar a Sasori. Sasuke no sólo era talentoso y fuerte cuando se trataba de ninjutsu y genjutsu, incluso en su taijutsu. Lo que lo hacía destacar era su inteligencia y la forma en que abordaba las problemáticas de una pelea. Era brillante cuando se trataba de combate y ella había visto todo lo que había conseguido avanzar ese tiempo en que ambos habían entrado.
Sin embargo, Sasuke la detuvo sosteniendo su hombro con firmeza y mirándola fijamente a los ojos, sin decir nada. Por un momento, Hinata estuvo segura que titubeaba de lo que pensaba, pero de inmediato la duda se disipó como si hubiese tomado una decisión.
―Eres la única que puede pelear contra Sasori en este momento, asistiendo a Chiyo-sama. ¿Comprendes el por qué, verdad? ―le dijo Sasuke intentando que entrara en razón y que dejara de lado su corazón que la estaba haciendo seguir a Naruto―. Tienes la velocidad y el tamaño para eso.
―P-pero, Naruto-kun puede…
―No te preocupes, lo protegeré ―dijo con firmeza y un rostro duro, como una promesa implícita en sus palabras. Quizás no repitiese a cada momento que él no retrocedía en su palabra y estupideces como esa, pero cuando un Uchiha decía que haría algo, lo hacía―. Mi estilo de combate es más apropiado que el tuyo para pelear contra ese otro sujeto escandaloso. Creo que Kakashi y yo podemos vencerlo.
De hecho. Creía que que podía vencerlo por su cuenta.
Sasuke observó a Sasori preguntándose a sí mismo si lo que hacía era un error o no. No obstante, su cabeza le decía cuál era la prioridad. Incluso Kakashi lo sabía, por algo había ido tras Naruto. Para proteger a la aldea y también a todos ellos, primero tenían que proteger a Naruto quien no descansaría hasta que le devolvieran a Gaara. Cómo hubiese deseado golpearlo en su gran y estúpida cabeza para hacerlo entrar en razón, pero, ¿Quién era él para hacer algo así cuando habría actuado de la misma forma si el que estuviese huyendo de esa caverna fuese Itachi? Quizás por eso entendía los sentimientos de Naruto en ese momento… así como también los de Hinata, que deseaba con todo su corazón correr tras la persona que amaba…
Ya que él también dudaba si podía darse la vuelta y alejarse de ella en ese momento.
Pero tenían que actuar con inteligencia, como shinobis, o todos estaban perdidos. Se negaba a dejarse guiar por algo más que su razón.
―No te mueras hasta que vuelva ―le pidió con media sonrisa, algo abnegado, sabiendo que quizás lo que hacía era un error, porque por más que su cabeza le dijese que fuera tras Naruto, era otra parte de sí lo que le estaba dificultando tomar ese primer paso para darle la espalda a Hinata.
―Lo intentaré ―respondió Hinata sonriendo ante su broma, cuando de pronto, vio en los ojos negros de Sasuke algo que le revolvió el estómago. ¿Acaso, era miedo?
No… ―pensó… era algo más. Algo que le apretó el pecho mientras buscaba un nombre para describirlo.
Antes de que pudiese comprender del todo qué, Sasuke le dio la espalda.
Sin más el pelinegro mordió su pulgar y golpeó el suelo con la palma de su mano.
―Kuchiyose no kutsu ―exclamó, haciendo que una gran águila apareciera frente a él. Saltó sobre el ave y ésta comenzó a volar con él sobre ella, perdiéndose a las afueras de la caverna.
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Sasori de las Arenas rojas lo llamaban y no por cualquier cosa; no era un nombre que le desagradara, pero como muchas cosas en su vida, tampoco pensaba demasiado en ello.
En el pasado, cuando aún portaba el emblema de Sunagakure en su frente y se dedicaba a realizar misiones para su Aldea, sus compañeros habían comenzado a llamarlo de esa forma a sus espaldas. El motivo era algo conocido por todos; cuando Sasori entraba en combate, las escenas que dejaba atrás eran tan grotescas que la arena del desierto se volvía roja con la sangre de sus enemigos. No le importaba que lo llamaran así, como nunca le importó demasiado lo que nadie decía mientras no lo hicieran perder el tiempo.
Odiaba tener que esperar y perder su valioso tiempo.
Por ello, observó irritado los restos de Hiruko. Había puesto mucho de su preciado tiempo en fortalecer cada punto débil de su creación, para así protegerse mientras combatiese. Sus marionetas no eran sólo su arte, eran su familia, sus hijos, sus amantes, sus amigos… todo lo que sentía como hermoso de la vida y que deseaba conservar para sí mismo. Sus marionetas no lo abandonaban ni se iban, permanecían con él, siempre. Que dos mocosos hubiesen destruido su obra era algo que simplemente no podía pasar por alto. No obstante, sabía que Deidara se encargaría del mayor culpable de la destrucción de Hiruko. En ese momento, lo que debía hacer era asegurarse de reemplazar su marioneta y quizás, añadir un preciado objeto de colección a éstas.
Una Hyūga… ―sonrió mirándola maravillado.
Sus ojos pardos se enfocaron en Hinata, como si fuese lo único que existiese para él, midiéndola con su mirada, apreciándola, pensando cuanto trabajo necesitaría poner en ella, las piezas que pondría dentro de cuerpo y cómo la usaría para combatir. La mera idea le parecía tan embriagadora que pronto le costó mantenerse quieto.
Por años había intentado agregar esos ojos a su colección. Era como la pieza que faltaba para hacer de todo el resto algo hermoso y armónico de contemplar, algo que haría que todo en su colección encajara. Tantas veces había visto a miembros de aquel clan en combate e intentado agregarlos a sus obras; a veces eran jóvenes verdes que caían ante él cuando se percataban que su inepto taijutsu no era suficiente para acercársele. En esos momentos, cuando por fin iba a reclamar su premio, veía como el sello en su frente se activaba y esos ojos que codiciaba para sí desaparecían para siempre. Incluso cuando había intentado hacer una marioneta con un par, su maravilloso taijutsu desaparecía con sus ojos y sólo quedaba con un humao corriente.
No obstante, era cauteloso. También había habido ocasiones que el Hyūga frente a él no había sido un joven verde e inexperto, sino un miembro de la elite, un genio, uno de aquellos que podía hacer girar su cuerpo con maestría repeliendo cada uno de sus ataques a distancia para luego alcanzarlo y provocarle graves daños. No sólo eso. Tenía perfecto conocimiento que esos ojos podían revelar los mecanismos que él controlaba, ante lo cual, prefería ahorrar la destrucción de su obra y se retiraba para que otro se hiciese cargo de ese enfrentamiento. Por lo general, nunca salía demasiado bien. No por nada se decía que los Hyūga eran los más fuertes de Konoha, un lema que muchas veces escuchó salir de sus labios mientras los veía en combate durante la segunda guerra shinobi.
¿Era esa chica una mocosa verde o alguien de elite de su clan?
―Hace mucho quiero agregar a alguien como tú a mi colección ―le dijo ignorando a su abuela―. ¿Se destruirán tus ojos cuando te mate? ―la joven no respondió, permaneciendo en la misma posición―. ¿Sabes lo que haré contigo? ―le preguntó, haciendo que Hinata lo mirara con algo de pavor―. Primero, te pondré sobre mi quirófano y arrancaré cada uno de los órganos de tu cuerpo. Luego, limpiaré lo que quede de ti con cuidado y añadiré ungüentos para mantener tu piel flexible y colorida. Después, drenaré toda tu sangre. Gota por gota ―Hinata no se inmutó ante la amenaza―. Cuando me asegure de que no te vas a descomponer, llenaré cada rincón de ti con armas, trampas y mecanismos. Trabajaré en ti por semanas, quizás meses, y haré que tus ojos sean mi mayor orgullo. Cuando esté satisfecho contigo, te añadiré a mi colección y te usaré la próxima vez que un insolente Hyūga se pare frente a mí y me muestre esos ojos. Permanecerás siempre joven, siempre hermosa, danzando entre mis dedos. Ese es… mi arte.
―¿Arte? ―lo interrumpió Chiyo mostrando su decepción ante lo que escuchaba―. Eras uno de los jóvenes más brillantes de Sunagakure y todos alababan tu obra como maestro titiritero. Tus marionetas eran impresionantes y muchas batallas decisivas para nuestra Aldea fueron ganadas gracias a ti y tu esfuerzo. ¿Qué sucedió contigo para que desperdiciaras todo ese talento y te convirtieras en esto?
―¿Por qué luces tan sorprendida? Siempre lo supiste ―dijo Sasori indiferente―. Sabías qué era lo que buscaba realmente.
―Sí, tu real interés era crear marionetas humanas. ¿Pero, por qué? ―preguntó la abuela, sin recibir respuesta―. ¿Por qué matar a tus amigos, a los shinobis que confiaban en ti, para agregarlos a tu colección de marionetas?
―Porque, esto es lo que yo considero… hermoso ―dijo con simpleza. No iba a darle más explicaciones que esa―. Y esa niña será mi próxima obra.
―No será ella quien pelee contigo. Si no, yo ―dijo la abuela haciendo que Hinata soltara un suspiro de sorpresa.
―No tengo interés en ti en este preciso instante. Vuelve a Sunagakure a terminar de morir de una vez, vieja decrépita ―dijo Sasori con algo de gracia―. Si me fuerzas a pelear también te agregaré a mi colección.
―Tendrás que derrotarme en ese caso.
―Como quieras ―dijo sonriendo con algo de altanería.
―No lo tome a mal, Chiyo-san, pero de ninguna manera podría permitir que usted pelee sola ―la abuela la observó un tanto consternada mientras Hinata se paraba entre ella y su nieto―. No podría volver a mirarle los ojos a Naruto-kun y Sasuke-kun si supiesen que dejé que usted peleara por mí ―dijo con una suave sonrisa en su rostro.
―Para combatir contra él, primero debes entender qué marioneta usará y qué estilo de pelea presentará ante ti ―dijo Chiyo a lo cual Hinata asintió―. De lo contrario, no tenemos ninguna oportunidad contra él. ¿Lo entiendes? Conozco la mayoría de sus marionetas y te ayudaré con eso.
―Lo agradezco ―dijo, cauta.
No era arrogante con sus propias habilidades. A pesar de que Sasuke parecía confiar plenamente en ella, no estaba tan segura. Sabía que necesitaría de la guía de la abuela Chiyo cuando se trataba de trazar una estrategia de combate. Estaba tan acostumbrada a hacer lo que Sasuke decía que planificar no era su punto fuerte. Además, estaba el tema del veneno. Si tan sólo una de esas armas que él parecía esconder en sus marionetas llegaba a rozarla y se impregnaba en su piel, estaba muerta. Kankuro había demorado tres días en morir lenta y agónicamente. Nunca llegarían a tiempo a ningún lugar en donde pudiesen atenderla y eliminar el veneno que utilizaba cuando ni si quiera Chiyo, la abuela de ese sujeto, había podido descifrarlo.
―Quizás me veo como un vieja decrépita y probablemente lo sea, pero ―sonrió en dirección a ella―. Hay cosas que aún tengo pendientes en mi vida y esta es una de ellas. Por eso estoy aquí. Soy una de las pocas que puede ponerle fin a esto.
―Pareces muy segura de ti misma, anciana ―dijo Sasori―. Me conoces lo suficiente para saber que no voy a dejar pasar una oportunidad como esta y material como ella. Debo ser extremadamente cuidadoso de no arruinar el Byakugan mientras combata, pero eso no aplica en tu caso. No necesito tus ojos, vieja. Puedo arruinar todo tu tejido blando con los venenos que me enseñaste a preparar. Pero antes de perder mi tiempo con cuidados innecesarios… ―estiró un rollo de pergamino, mordió su dedo e invocó una de sus obras. Era una marioneta de una mujer, cabellera castaña y larga, ojos opacos y sin vida. Llevaba en su espalda un enorme abanico, similar al que usaba Temari.
―No puede ser… ¿Maiko-san? ―la abuela frunció el ceño―. Cuando no volvió contigo después de la misión al País de las Libélulas pensamos que simplemente había muerto… no que tú…
―Y lo hizo. Murió. Era buen material para mí ―Sasori sonrió mientras la joven flotaba a su lado mediante hilos invisibles.
La marioneta sostuvo su arma de viento e hizo un único movimiento que provocó una corriente de aire bastante poderosa en dirección a ambas. Hinata no se movió, ni tampoco Chiyo, estudiando con sus ojos qué era lo que hacía. En su propia inocencia, no comprendió del todo que Sasori no buscaba atacarlas, sino, mover su flequillo con el viento para así cerciorarse si había un sello en su frente o no.
Cuando Chiyo se percató de ello, de la dirección en que miraban los ojos de Sasori, ya era demasiado tarde.
Él lo sabía.
Su rostro extasiado lo denotaba. Nunca había visto aquel rostro lleno de entusiasmo en su nieto, ni si quiera la primera vez que le enseñó a manipular marionetas.
―Maravilloso ―susurró, sonriente, macabro, tan inhumano que Hinata experimentó un escalofrío en su columna―. Es mi día de suerte. Tantos años buscando ―miró a Hinata con su apatía, pero al mismo tiempo, un toque de lo que parecía ser misericordia y hasta preocupación. No por Hinata o su abuela, claro, sino por lo que a sus ojos era el material perfecto para una obra maestra que no deseaba estropear por nada del mundo―. Si te rindes ahora, me aseguraré que no sufras mientras…
―No me rendiré ―dijo Hinata activando el byakugan.
No le importaba cómo, sabía que ese sujeto tenía que ser derrotado. Mientras personas como él estuviesen en el mundo, Naruto nunca estaría a salvo. No lo hacía porque su misión era rescatar al Kazekage, eso ya no tenía remedio. Estaba parada ahí porque era su forma de proteger a la persona que ella había amado desde que tenía uso de razón.
―Jamás seré la marioneta de nadie ni permitiré que Akatsuki lastime a Naruto-kun ―y Hinata Hyūga nunca retrocedía en su palabra. Ese era su nindo. Quizás era una joven amable y gentil, pero por lo mismo podía despertar en ella un lado bastante determinado que no tendría misericordia cuando se trataba de alguien que amenazada a sus seres queridos―. Te venceré y Sasuke-kun, Kakashi-sensei y Naruto-kun vencerán a tu amigo.
―Te veo muy confiada en ello. Supongo que crees que podrás frenar todos mis avances hacia ti con las técnicas secretas del clan Hyūga. Expulsando chakra por tus tenketsus, bloqueando mis armas ¿verdad? ―Hinata no respondió―. Como sea, eso sólo lo vuelve más interesante. Mis obras favoritas son las que más trabajo me dan. No obstante, debo recordarte que la cantidad de chakra que empleas para poder crear esa molesta defensa de los Hyūga es importante. No vas a durar ni diez minutos peleando contra mis armas. Sólo debo arrojártelas hasta que ya no tengas más chakra.
―Te equivocas ―dijo con dureza, una voz muy distante a la dulce niña que siempre había sido―. No necesito emplear mi chakra para evitar tus armas. Mi velocidad bastará ―fue entonces que Hinata se agachó y subió lentamente la tela de su pantalón, desabrochando algo que habían alrededor de su tobillo.
Hinata había sufrido la frustración de no contar con la estamina suficiente para utilizar con maestría las técnicas de su clan, así como la angustia de no poder moverse tan rápido como Sasuke. Por ello había acudido a Gai sensei, tomando su entrenamiento. El maestro de Neji le había dicho que la dejaría probar su método, dándole tareas imposibles, forzándola a moverse todo el tiempo, poniendo en sus piernas sellos de peso con la promesa de que no podía quitárselos hasta que llegara el momento.
¿Momento de qué? ―le había preguntado extrañada.
El momento de proteger algo importante para ti.
Si había un momento apropiado para hacerlo, era ese. No iba a permitir que esos sujetos le hicieran a Naruto lo mismo que a Gaara. Ella iba a protegerlo, a costa de su vida de ser necesario.
―Hoy morirás ―sentenció mirándolo fijo mientras los pesos caían a su lado con fuerza enterrándose en el suelo―. Te lo prometo.
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Nota de Sasha545
Este capítulo ya iba por las 20 mil palabras asi que lo he dividido en partes. Espero que les guste cómo se va desarrollando este combate y lo diferente que sería (en mi mente) si en vez de Sakura, Hinata hubiese enfrentado a Sasori. Quiero decir también, que por mucho que yo deteste al personaje de Sakura Haruno creo (y lo digo muy responsablemente) que la Sakura de este arco es lo mejor que escribió Kishimoto del personaje. Su utilidad fue innegable. En ella circula mucho de lo que sucede después en la historia original, por lo cual si ven que desde este momento en adelante cambia absolutamente todo... no se sorprendan. Sakura tenía su función en la historia y por algo la pusieron como un personaje principal, para hacer que la trama fluyera. Ahora la trama va a fluir con Hinata ahí e intentaré poner remedio a mucho de los errores (a mi punto de vista) y oportunidades perdidas de desarrollo de trama como: los clanes de Konoha, los Dojutsus, el linaje de Kaguya, etc. Por otro lado, intentaré tener una protagista que SÍ esté al nivel de los otros 2 dioses de este universo (Naruto y Sasuke), así como intentar darle propósito y utilidad a Kakashi (a ver si gana algo alguna vez en su vida).
En fin, si tienen dudas encantada en contestar! Intentaré hacerlo por MP. En todo caso, gracias por seguir esta historia a pesar de lo mucho que estuvo parada. Pero, estoy en cuarentena, en pleno verano, y como no hay mucho más que hacer me puse a ver si termino mis fics de una vez jajajaja. Besos!
Sasha545
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