CAPITULO 45
EL RESCATE DE GAARA
Parte II

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¡Fighto! ―sus muslos temblaban pero siguió corriendo con la voz gruesa de Gai Sensei animándola mientras corrían en hilera atrás de él―. ¡Fighto!

¡Sí! ―replicó con fuerza, haciendo todo lo posible por mantenerse a la altura del resto, aunque era claro que era la que más esfuerzo estaba realizando para correr.

¡Fighto! ―replicaba Lee manteniendo el ritmo del trote sin problema.

¡Una vuelta más! ―exclamó Gai, sin parecer querer detener la marcha al agregar más distancia a recorrer―. ¡Hay demasiada juventud que rebosa en nosotros hoy! ¡No podemos desaprovecharla!

¡Sí Gai Sensei! ―exclamó Lee atrás de él.

A Hinata le faltaba el aire, sudaba, su cuerpo ardía, sus pantorrillas quemaban. Todo en ella gritaba que se detuviera pero no lo hizo, obstinada en seguir a los demás. Hundida en nieve, los nuevos pesos que Gai sensei había puesto en ella realmente la estaban haciendo agonizar.

No obstante, seguía corriendo, paso a paso, aunque doliera y todo su cuerpo quisiera rendirse. No podía ser menos que ninguno de ellos. No podía ser menos que Naruto y Sasuke quienes estaban entrenando con todo su corazón para cumplir la promesa que los tres habían hecho.

Ya en el verano le había puesto algunos pesos en las pantorrilas mientras ella y Sasuke entrenaban junto al Equipo Gai debido a la ausencia de Kakashi sensei en la Aldea. Sin embargo, esa tarde Gai había aumentado el peso aduciendo que estaba lista para el verdadero desafío que tenía por delante.

Se sentían como dos yunques que la encadenaban al suelo y que ella debía arrastrar constantemente. Eran tan pesados. No estaba segura de cuánto era el peso que cada uno de esos pequeños sellos cargaba, pero fácilmente podrían haber sido montañas y ella una pequeña hormiga intentando arrastrarlas. ¿Tan débil seguía siendo? ¿Cómo podría cumplir su sueño de caminar junto a Naruto y Sasuke si no lograba superarse a sí misma con cada paso que daba?

No lo olvides, Hinata-san… ―la voz de Kakashi sensei apareció en su mente―… Quizás aún no puedas realizar ninjutsus tan escandalosos como los de Naruto, ni tengas la facilidad de aprender tan rápido como Sasuke, pero hay algo en ti que ninguno de ellos te supera, ni te superará…

Mis ojos ―susurró, sintiendo en las palabras de Kakashi un constante deseo de superarse, de fortalecer esos ojos y ver más allá de lo que el resto ve.

Utiliza esos ojos para mantenerlos juntos… ―nuevamente, la voz amable de su instructor la hizo retomar el ritmo de trote.

Ya no quería ser más débil que Sasuke y entorpecer su entrenamiento. Había ido al País del Hierro sin ella porque le estorbaba, aunque él hubiese dicho que se debía a que tenía que seguir su propio camino. Le había pedido que ella también encontrara el suyo. Cuando se volviesen a ver, no iba a ser una carga. Quería avanzar con ellos, pelear con ellos, crecer con ellos. No hubiese podido ver al rostro a Naruto-kun si cuando volvía, se daba cuenta que no había hecho todo lo posible para volverse más fuerte. No se hubiera atrevido a parar junto a Sasuke si no estaba lista para combatir a su altura. Iba a hacer todo dentro de su poder para volverse una gran kunoichi. Quería ser una líder para el clan Hyūga y proteger a su familia, a su hermana, a Neji… quería ver Konoha florecer y en paz. Para cumplir ese sueño debía fortalecerse, hacer que el fuego en su interior ardiese e iluminara toda la oscuridad que aún había dentro de su clan.

Deseaba que Naruto se sintiera orgulloso de ella cuando se volvieran a ver. Deseaba decirle a Sasuke que podía combatir a su lado y cumplir su promesa de derrotar a Itachi Uchiha. Quería demostrarle a su padre que ella lideraría al Clan Hyūga mejor que cualquiera, abrazar a Neji y decirle que finalmente cambiarían las cosas dentro del clan.

¡Vamos Hinata! ¡Uno, dos, Fighto! ―el hombre había corrido desde el amanecer. Pasaba la media noche y aún no sudaba si quiera una gota. Ella estaba deshecha. Neji, Tenten y Lee ni si quiera lucían cansados. Hinata sentía que moriría―. Si deseas estamina como la del Equipo Gai, tienes que ejercitar con toda la fuerza de la juventud. ¡Extreme training! ¡La primavera de la juventud está ardiendo en mí hoy! ¡Haré que Kakashi reconozca que mi método de entrenamiento es superior al suyo y ganaré un punto más en nuestros duelos! ―sonrió entusiasta, levantando el pulgar―. ¡Fighto!

¡Fighto Gai Sensei! ―gritó Lee a su lado, subiendo el puño.

De pronto, todos se detuvieron al escuchar un golpe seco en el suelo.

Neji pareció algo indiferente al voltearse y ver que Hinata había perdido el equilibrio para terminar de bruces sobre la nieve, pero tanto Lee como Tenten se mostraron preocupados, intentando ir hacia ella. Gai los detuvo, poniendo una mano delante de ambos con dureza, dándole tiempo a Hinata para ponerse de pie.

Todos permanecieron en silencio en medio del invierno, con los copos de nieve cayendo a su alrededor, mientras ella ponía sus palmas temblorosas sobre el hielo para comenzar a pararse. Por sus suaves quejidos, todos entendieron sin palabras que estaba adolorida y cansada, pero nadie intervino mientras volvía a pararse.

Lo lamento… ―dijo, sintiendo una profunda tristeza. Quería ser fuerte con todo su corazón y aún así, no estaba a la altura de su primo, de Lee o Tenten. ¿Es que siempre sería una fracasada?

¡No! ¡No! ―dijo Gai negando exageradamente con las manos―. ¡Esa no es la actitud!

¡Si caes, debes decir que le darás 100 vueltas más a la aldea antes de dormir! ―dijo Lee―. Esas son nuestras reglas. ¡Una regla autoimpuesta!

Es cierto ―dijo Tenten con amabilidad―. Cuando no podía mantenerles el ritmo, siempre me quedaba tiempo extra ejercitando. Pasé alrededor de medio año entrenando así para acostumbrarme y no quedarme atrás. Ya podrás tú también, Hinata-san. ¡Tú puedes hacerlo! ¡No te rindas!

No quería entorpecer su entrenamiento. Me cuesta trotar con los nuevos pesos ―dijo Hinata poniéndose de rodillas lentamente e intentando ponerse de pie―. ¿Cómo lo hace Lee-san? Yo no puedo moverme…

Bueno, verás ―comenzó Lee para ser interrumpido por Gai.

¡Dijiste que querías estamina y prometí entrenarte! ―dijo subiendo su dedo pulgar y sonriendo cálidamente―. Aún tenemos mucho que correr. ¡No nos podemos detener! Haremos crecer y crecer tu estamina, Hinata.

Si quiero mantener el byakugan activo más tiempo… ―susurró Hinata, pensando que la estamina era lo más importante para ella―. ¡Gracias, Gai-Sensei! Llevaré con orgullo estos nuevos pesos para tener más estamina.

No sólo ganará estamina ―los ojos de Hinata se abrieron sorprendida cuando Neji habló con su indiferencia habitual―. Ganará velocidad.

¿Más velocidad? ¿Cómo? ―preguntó ella suspirando. Apenas podía moverse―. Me siento más torpe y pesada que nunca.

Su cuerpo se obligará a reaccionar a la misma velocidad que lo hacía antes de que tuviese los pesos en los tobillos, fortaleciéndola, pero además, dándole una agilidad innata. Ya que cuando se saque los pesos, sus piernas se sentirán ligeras y su Taijutsu se volverá una técnica contra la cual muy pocos podrán reaccionar a tiempo ―continuó Neji. Gai sonrió sintiéndose orgulloso de su método de combate―. La clave de la efectividad del puño suave es qué tan rápido podemos golpear.

Pero, hay un contratiempo ―dijo Lee.

¿Cuál? ―Hinata se puso de pie, tomando con algo de sorpresa la mano que Neji le ofrecía.

Ambos primos se miraron fijamente. Había un gesto muy distinto en Neji, algo que lo hacía lucir mayor y elegante. Alguna vez le había escuchado decir a su padre que de todos los miembros de su clan, en Neji se veía con más intensidad los rasgos de los Hyūga. Nunca estuvo más de acuerdo con eso que en ese preciso instante. El destino parecía unirlos, eso le decía su corazón, y la imagen que se reflejó en sus ojos nacarados no fue simplemente el reflejo de Hinata contra su Byakugan, sino, de algo más que no alcanzó a apreciar pues la voz de Gai Sensei la sacó de sus pensamientos…

Sólo puedes quitarte los pesos cuando llegue el momento ―dijo Gai con firmeza y solemnidad, como si evocara un recuerdo lejano de alguien que había dicho antes esas palabras.

¿El momento de qué? ―preguntó Hinata.

El momento de proteger algo importante para ti ―dijo Gai, con una sonrisa confiada―. Nunca antes. Esa es una autorregla.

Comprendo ―dijo Hinata asintiendo.

Debe buscar ese algo y protegerlo con todas su fuerzas, Hinata-sama ―le dijo su primo, para luego, regalarle una sonrisa.

La primera desde que eran niños.

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Protegeré algo importante para mí, Gai sensei ―pensó, mirando los pesos en el suelo―. Lo protegeré con todas mis fuerzas, Neji-niisan.

En alguna ocasión Sasuke le había dicho que se quitara los pesos para comprobar su nueva velocidad, pero ella se había negado. Hinata sabía que había hecho un compromiso, no sólo a Gai, sino a ella misma. Sólo se los quitaría cuando tuviese que proteger algo importante para ella con el costo de su vida de ser necesario.

Y ese algo era la sonrisa de Naruto mientras su corazón se aceleraba al observarla. Ese algo era la mirada suave de Sasuke que la hacía sentir en su hogar. Ese algo era la confianza que Kakashi Sensei depositaba en ella para que siguiera creciendo y fortaleciéndose. Iba a proteger a los miembros de su equipo, porque se habían vuelta tan importante como su familia. Y no iba a permitir que nadie le hiciera a Naruto lo que le habían hecho a Gaara.

―Naruto-kun no es un arma, ni es un objeto que pueden usar. Es una persona. Es mi amigo y camarada ―dijo firmemente, sabiendo que en ella se replicaban los sentimientos de todo su equipo.―. Por eso no hay otra alternativa para ti que morir aquí y ahora ―Sasori no respondió, observando en dirección a ambas fijamente.

―Hinata-san, no te confíes ―dijo Chiyo al ver ese nuevo cambio de actitud en ella―. Sasori es…

―Lo sé ―la cortó en seco Hinata, flexionando con cuidado sus rodillas y levantando el talón. Se sentía tan ligera―. No se preocupe, Chiyo-sama. Sólo necesito acercarme a él y todo terminará ―levantó las palmas, el byakugan en sus ojos se activó revelando todas las armas y mecanismos que había dentro de la marioneta llamada Maiko.

―Deberías escuchar a ese saco de huesos ―dijo Sasori, un tanto indiferente.

―Sasori ―se quejó la abuela con un notable dolor en su voz―. ¿En qué me equivoqué contigo para que ahora tú creas que es aceptable esta vida de crímenes?

―Si tan sólo lo entendieras no estarías parada junto a ella, sino ayudándome a capturarla.

―¿Por qué? ―dijo la abuela con algo de dolor en su tono, pero el hombre la ignoró―.¿Por qué esa obsesión tuya con convertir a las personas en marionetas?

―Hyūga Hinata ―la joven frunció el ceño cuando lo escuchó llamarla por su nombre. ¿Había escuchado cuando Sasuke la llamó por su nombre? ¿Ella le había mencionado ese detalle?―. ¿O eres Hyūga, Hanabi? ―escuchar el nombre de su hermana erizó cada uno de los vellos de su cuello―. No. Hyūga Hanabi ya debería contar con el Juinjutsu a esta edad. Como sea ―hizo una pausa, mostrando lo divertido que le parecían esas declaraciones―. No tengo intenciones de morir hoy.

Hinata no respondió, activando su byakugan sin la necesidad de sellos.

Sasori de las Arenas Rojas debía ser un hombre realmente con suerte. Por un momento creyó que pelearía contra su abuela, lo cual podía volverse un tanto problemático. No la llamaban Chiyo Diez Dedos por nada y tenía pleno conocimiento de su nivel con las marionetas y también su ninjutsu médico. La abuela era un genio a su propio modo, por algo había aprendido tanto de ella en su comienzo. Quizás, había sido la primera en darle un empuje en la dirección correcta para alcanzar su destino: ser el mejor marionetista de todos los tiempos.

Frente a él había una oportunidad en mil. Una que venía años buscando. Hasta ese momento, las ocasiones habían sido escasas y luego de una ardua investigación había llegado a la conclusión que sólo había dos personas en ese mundo que cumplían con las características que él necesitaba. Tres, si la hermana menor aún no recibía el Juinjutsu. Por lo que Orochimaru le había indicado sólo el líder, su antecesor y su heredero no portaban el Juinjutsu.

Su suerte era enorme.

¿Cómo puedo matarla sin dañar sus ojos? ―se preguntaba mientras cotejaba las opciones a emplear, buscando entre sus marionetas cual era la más adecuada para ese combate, revisando su lista mental de qué había en su arsenal y qué debía hacer. Por lo general nunca era cuidadoso con el daño que infligía, pero esa chica era especial… era la clave.

No podía fallar.

Saber que esa pequeña niña quería hacerle frente por sí misma le parecía grandioso. Podría así derrotarla sin dañarla demasiado. ¿Sería ella Hinata Hyūga, la hija mayor de Hiashi Hyūga o la hija menor? Orochimaru no solía darle demasiados detalles de Konoha. Supuso que se debía a que él quería todos esos jutsus para sí mismo, en la búsqueda de su "inmortalidad". Oh, cuanto se había equivocado.

La observó fijamente, sintiendo un extraño sentido de satisfacción consigo mismo. Supuso que por su aspecto era la mayor, aquella que tantos habían intentado capturar y cuyos ojos tenían un valor altísimo en el mercado negro. Kakuzu habría optado por capturarla viva sólo por ello. Habrían podido financiar la organización por años vendiendo el Byakugan.

Sus ojos eran la clave, aquellos que se conservaban puros gracias a siglos de relaciones incestuosas entre primos y hermanos, tradiciones inquebrantables desde la época antigua y secretos que sólo entre ellos conservaban. Tal era su rigurosidad, que no habían cesado en sus prácticas incluso cuando el clan se unió a los Senju y a los Uchiha en la formación de Konoha. Todos en la aldea parecían saber que tras puertas cerradas pasaban cosas horribles, pero como ellos solían decir, los Hyūga eran sin duda los más poderosos de Konoha y nadie se atrevía a meterse en sus asuntos. Claro, esa afirmación no se limitaba sólo a su fuerza combativa, sino también en su influencia política. Los Hyūga no eran sólo un clan shinobi, sino mucho más que eso. Ellos tenían un lugar de honor junto al consejo del Daimyo del País del Fuego y solían enviar agentes diplomáticos constantemente por el mundo para negociar con su propio clan y no, Konoha. Eran partes de la condiciones que habían puesto para integrarse a la formada Aldea: Ellos seguirían negociando sus propias misiones. La razón era simple: El byakugan. Las personas de las distintas naciones estaban dispuestas a pagar cantidades absurdas por contar con un shinobi con una visión así. ¿Cuánto pagaría un Daimyo por un escolta personal que pudiese ver cualquier peligro a su alrededor en un rango de kilómetros? ¿Cuanto pagaría un kage por contar con un usuario que pudiese decirle qué había en una base enemiga? ¿Cuanto pagaría un mercenario por encontrar trampas escondidas en el terreno antes de avanzar? El Byakugan era un bien invaluable, quizás, el más preciado dentro de Konoha junto con el Kyūbi, y quizás, el Sharingan.

Por ello, los Hyūga habían acunado un fortuna indescriptible en sus arcas, tan grande como la de un Daimyo. El líder de los Hyūga era visto como una segunda figura de poder, más político, a diferencia del Hokage que consistía en una figura militar y administrativa. Aunque para ser precisos no todos los Hyūga gozaban de esa opulencia, solo la familia principal, aquellos que tenían un ejercito de esclavos a su disposición atados a ellos a través de una marca maldita sobre aquellos que nacían y no eran parte de la descendencia del líder y su heredero. Parecían aceptarlo con honor, hablando de la grandeza del clan Hyūga cada vez que los enfrentó en combate, alabando a su líder y aduciendo que estaban dispuestos a morir por él. Era parte de su mandato, era parte de su misión divida... el Yin y el Yang que los representaba.

Cuantas veces había escuchado "Los Hyūga somos los más fuertes de Konoha" antes de combatir en la Segunda Guerra Mundial Shinobi y descubrir que al igual que cualquiera, los Hyūga también sangraban. No obstante, cuando quería recolectar su premio, se encontraba con cuencas vacías en sus cráneos y un cuerpo que se negaba a ser manipulado por chakra. No entendía cómo era eso posible... ¿Cómo un cuerpo no podía ser manipulado para ser su marioneta? Y luego lo comprendió... esos cuerpos eran diferentes porque un juinjutsu se activaba al momento en que morían.

Pero el cuerpo de Hinata Hyūga era distinto. Ella no contaba con el Juinjutsu. Era la heredera de su clan.

A diferencia de otras de sus marionetas, lo que deseaba conservar en ella era tejido blando. Había buscado esos ojos desde la época en que él y Ochorimaru viajaban por el mundo intentando resolver misterios y agregar nuevos jutsus a sus colecciones. Por lo mismo estaba tan enterado de muchas cosas que sucedían en Konoha; ambos se habían dedicado a encajar varias piezas sueltas durante su tiempo juntos, en el cual habían llegado a distintas conclusiones respecto a los verdaderos fines de Akatsuki y hacia donde debían ellos apuntar sus esfuerzos. Sus búsquedas no se centraban meramente en el poder, sino, qué era ese mundo en el que vivían y por qué las cosas se movían como lo hacían. Orochimaru creía que la solución radicaba en el clan Uchiha. En cambio él, tenía información nueva que le indicaba que eso no era así.

La solución estaba frente a él.

Era la misma solución a la búsqueda que había comenzado en su adolescencia cuando el escuadrón de Marionetas había empezado su Gran Investigación.

Y si quería conservar el Byakugan iba a tener que inventar todo un sistema con jutsus prohibidos para mantener sus ojos, parecido a lo que había hecho con su propio corazón. O quizás, pudiese traspasar su propio corazón a ella cuando la convirtiera el Marioneta, manipulando el Byakugan directamente. Eso era algo que tendría que estudiar más. Si lograba dar ese paso, se le abriría por fin el camino a encontrar lo que siempre había deseado, desde que era un niño estúpido jugando a que dos marionetas tomaran el lugar de sus padres.

Muy probablemente porque se encontraba pensando en cómo hacerlo, fue que Hinata acortó por completo la distancia entre ellos apareciendo a menos de tres metros de distancia frente a él en un movimiento que fue imperceptible para sus ojos, extendiendo sus palmas hacia adelante y expulsando de golpe su chakra contra su marioneta.

―Hakke Kūshō.

Incrédulo, sus ojos observaron como las distintas piezas salían de su lugar y volaban hacia atrás sin que ella si quiera las tocara. El chakra que había expulsado había sido tan grande que hasta él tuvo que moverse rápidamente hacia atrás para evitar también ser afectado por éste.

Su mirada se ensombreció. Siempre había odiado a los Hyūga de Konoha porque lograban arruinar sus obras, pero nunca pensó que una mocosa así tuviese la experiencia para hacer algo como eso. Sí, efectivamente era rápida, lo cual iba a complicar las cosas más de lo necesario.

Pero, él también era rápido. Era parte de su entrenamiento asegurarse de que nadie pudiese acercársele mientras utilizaba el arsenal de herramientas, jutsus y trampas dentro de sus marionetas. Moviendo su dedo índice mientras saltaba hacia atrás, provocó que los restos de su marioneta abriese la boca y lanzara una serie de agujas en dirección a ella. No pretendía darle, sólo quería ver esa velocidad de la que tanto hablaba.

Hinata esquivó las agujas con relativa facilidad mientras se acercaba a él con los puños extendidos, lo cual, lo sorprendió. Pensó que sólo se quedaría ahí, parada, esquivando… o que haría lo inteligente, retroceder. Su propósito claramente no era ese, sino, acercársele.

Nada mal ―pensó, imaginando como se vería ella moviéndose así entre sus dedos.

―¡Cuidado Hinata! ―gritó Chiyo en el momento preciso que un mecanismo a su espalda surgía de los restos de la marioneta destruida, liberando cientos de kunais en su dirección.

Mostró un gesto de complacencia justo cuando la kunoichi quedó a un par de metros de él frenando su ataque. Contaba con el viese los kunais y aquello captara su atención. Aprovechó el momento para abalanzarse sobre ella sacando una espada de su propio mecanismo para así combatir de frente.

A pesar de ser un marionetista, también era un shinobi. Si quería pelear cuerpo a cuerpo, podría complacerla y demostrarle que su taijutsu no significaba nada para él. No por nada había sido uno de los mejores shinobis de Sunagakure. Tener una espada en su mano le daba la distancia suficiente para impedir que el puño suave lo alcanzara. La pequeña Hyūga era rápida, le concedía eso, pero era una mocosa y él un genio. No iba a vencerlo a base de su agilidad o rapidez. No había en él tenketsus que pudiese bloquear con su puño suave.

Hinata saltó hacia atrás, sacando ella misma un kunai para golpear las armas que eran arrojadas en su dirección.

Se dio cuenta ―sonrió Sasori mientras avanzaba para dar el golpe de gracia.

Lo que le arrojaba no eran kunais normales, tenían hilos invisibles atados a ellos. Si los esquivaba con esa velocidad de la cual hablaba, iba a ser atrapada con los hilos cuando se clavaran en el suelo. En cambio, al desviar su trayectoria evitaba que los hilos pudiesen acercársele. Esos ojos eran cada vez más fascinantes para él. ¿Acaso podía ver los hilos invisibles o sólo había sido suerte? No tenía tiempo para preguntárselo, ya que necesitaba tocarla para así poder implantar uno de sus hilos invisibles de chakra en ella y comenzar a manipular sus movimientos para paralizarla.

Cuando el último de los kunai fue rechazado y él estuvo a distancia de golpearla, la joven desapareció justo antes de que su espada lograra atravesarle el pecho.

Aterrizó en medio de las armas, moviendo su visión de un lado a otro, sin encontrarla. Cuando miró arriba, Hinata se encontraba con los pies adheridos al techo de la caverna y caía de golpe contra él con su palma hacia adelante.

Sasori logró rechazar el golpe moviéndose con rapidez hacia atrás, pero observó con fascinación que en el lugar en donde golpeaba Hinata había volado en peñascos producto del chakra concentrado que salía de sus palmas, dejando bajo ella un gran cráter que había demolido incluso la roca volviéndola añicos.

Eso no la detuvo, pues tan pronto golpeó el suelo se impulsó desde ese lugar para seguirlo. Sasori observó como ella lo intentaba golpear con las palmas moviéndose rápidamente y fue entonces que un mecanismo secreto salió de su puño, liberando gas venenoso a su alrededor.

Lejos de asustarse, Hinata sólo expulsó chakra por sus palmas y el veneno se expandió lejos de ella. No obstante, eso fue suficiente para hacerla dudar un momento y retroceder.

―Tu velocidad es bastante buena ―dijo, admitiéndolo sin sentirse menos por ello―. Creo que tendré que cambiar de estrategia y dejar de perder el tiempo.

Todos permanecieron quietos y en silencio. Sasori podía seguir jugando con ella como un niño que mueve su comida de un lado a otro en el plato, pero la verdad, no deseaba prolongar aquello. Cada momento en que ellos combatiesen se arriesgaba más y más a destrozar el material ideal para una excelente marioneta o que alguien llegara a asistirla y que se viese obligado a utilizar una técnica destructiva para deshacerse de todos los que le sobraban en su combate.

Ese momento era sólo suyo y de ella. Era algo que había buscado veinticinco años desde que su abuela le dio una importante misión que puso en su cabeza esa idea obsesiva de convertirse en el más grande de todos los marionetistas, viviendo para siempre.

Fue entonces en que Sasori reveló su siguiente maniobra. Ya había comprobado lo que necesitaba saber. A base de técnicas con armas no iba a golpearla… debía ser ninjutsu y uno lo bastante fuerte para traspasar su defensa.

―Te concedo que eres hábil ―dijo, mientras un pergamino salía desde su puño y comenzaba a desenrollarlo―. Me complace que lo seas. Eso me indica que tu byakugan es fuerte y puro. Por lo general, no habría utilizado esta marioneta contra alguien como tú. Después de todo, no deseo dañarte a un punto más allá de toda reparación. Pero, considerando tu molesto taijutsu y que sólo destruirás cualquier otra de mis marionetas… no puedo permitir eso. Necesito tu byakugan.

El permagamino que caía relevó su contenido. Un gran kanji que decía "Tres" apareció frente a ellas, para luego ser invocada en combate una nueva marioneta.

―Nunca tendrás el Byakugan. Destruiría mis ojos antes de dártelos ―dijo con firmeza.

―Entonces, tomaré los de tu hermana ―al escucharlo Hinata frunció el ceño visiblemente enojada―. O los de tu padre, tan pronto Akatsuki destruya Konoha y nos llevemos al Jinchuriki.

―No lo harás.

―Tienes mucha determinación. Cuando una obra es difícil de agregar a mi colección, me emociona aún más su transformación ―Hinata no se movió al escuchar sus palabras―. Supongo que por eso, esta es mi favorita.

Cuando sus palabras dejaron de hacer eco en la caverna, una gran nube de humo indicó que estaba invocando una marioneta distinta. Como todo coleccionista, tenía cientos de ellas. Pero entre todas, esa era su favorita, tal como les había indicado.

―No puede ser… ―dijo la abuela cuando el humo se disipó y los ojos sin vida de alguien que conocía se posaron sobre ella―… ¿Cómo es esto posible?

―¿Quién es? ―preguntó Hinata sin moverse, subiendo sus palmas en posición de combate.

―Ese es… ―el rostro de horror de Chiyo lo complació. Apreciaba cuando su obra era temida y respetada―… el tercer Kazekage.

―¿Q-Qué? ―preguntó Hinata frunciendo el ceño con algo de espanto.

―¿Y bien? ―preguntó Sasori mientras se ponía en posición de combate―. ¿Aún quieres pelear a base de tu velocidad? ¿Eres lo suficientemente fuerte para defender esa determinación que muestras o sólo decías tonterías? ―dijo casi disfrutando del rostro de terror en su abuela y la preocupación en Hinata.

―¿Cómo es posible que tú…? ―comenzó Chiyo―. Que horrible. Hace veinte años cuando el Kazekage desapareció, lo buscamos incesantemente. Hicimos todo a nuestro alcance para encontrarlo, pero nunca supimos qué había sucedido con él. El Kazekage más fuerte de la historia de nuestra aldea… ¿Fuiste tú, Sasori?

―Y si así fuera, ¿qué con ello? ―preguntó indiferente―. ¿Acaso me vas a decir que una vieja que está a un paso de la tumba lo va a vengar? No me hagas reír ―miró a Hinata entonces―. Sólo he estado jugando contigo. ¿Lo comprendes? No eres rival para mí. Tu velocidad no te salvará de tu destino. La diferencia entre ambos es abismal. Si no estás muerta es porque no quiero arruinar tu...

―Hay muchas cosas que he vivido en mi vida ―dijo la anciana, interrumpiendo a su nieto, avanzando lentamente por la caverna, pasando por los restos de las marionetas que ya habían sido destruidas―. Ver morir a tu abuelo entre mis manos me quebró el corazón. Criar a tu madre por mi cuenta, sola, afirmó mi determinación por defender la Aldea a cualquier precio. Ver a tus padres partir y no volver endurecieron mi viejo corazón al punto que sólo había odio ahí. Hice cosas horribles por verte a salvo, Sasori. Pero tú hiciste que volviese a tener paz. Observar como crecías fue la mayor alegría de mi vida ―nadie habló, nadie se movió hasta que ella se adelantó, posicionando frente a Hinata―. Y ver que mi querido nieto, a quien crié como un hijo más, a quien le enseñé todo lo que sabía para que pudiese proteger a nuestra Aldea… se ha convertido en alguien capaz de las atrocidades que estoy viendo y escuchando me hace preguntar, ¿Qué fue lo que ocurrió contigo? ―Hinata se enderezó al escucharla, contemplando con piedad a la anciana, bajando los brazos. Evidentemente había dolor en ella, una tristeza que resonaba con Hinata por algún motivo―. ¿Por qué te convertiste en un criminal? ¿Por qué desertaste y traicionaste a la Aldea de esta forma? ¿Cómo pudiste intentar destruirnos así cuando tus padres murieron luchando contra el País del Fuego para mantenerte a salvo? ―los ojos de la mujer se llenaron de lágrimas.

―¿Por qué quieres saberlo, abuela? Me estás haciendo perder el tiempo y eso me molesta profundamente ―todos se mantuvieron quietos, sin que más palabras fueren intercambiadas. Hinata le dio tiempo a la abuela para resolver por última vez su conflicto personal, un acto de piedad que un shinobi generalmente no habría tenido en un combate como ese―. ¿Atacarán o no? ―preguntó frío, pero ninguna de ellas se movió, haciéndolo suspirar―. Está bien. Te lo diré si eso te ayuda a decidirte y seguir mostrando la misma determinación por defender la aldea, del lado correcto. ―Chiyo frunció el ceño, las lágrimas seguían empapando su rostro lleno de arrugas y manchas―. Te pregunté antes por qué lucías tan sorprendida si siempre habías sabido lo que buscaba y asumiste que me refería a las marionetas de mi colección, las humanas, como Maiko, Hiruko y el Tercero. No te corregí. No me importa demasiado lo que pienses. Si querías pensar que mi interés fue siempre hacer estas obras de arte, que permanecen intactas en el tiempo y prolongan la existencia humana... te lo iba a permitir ―Sasori mantuvo la calma para posar sus ojos en Hinata―. Pero te equivocas. Lo que yo busco es lo mismo que tú y el resto del Escuadrón de Marionetistas buscaba en Sunagakure. Aquello que me encomendaste como misión y que tú misma estuviste buscando toda tu vida ―el rostro de Chiyo empalideció, entreabriendo sus labios, sin poder creer lo que escuchaba―. La respuesta a todas tus preguntas, esa esa, abuela. El jutsu que todo marionetista desea. El jutsu que me convertirá en una leyenda más grande que Monzaemon Chikamatsu.

―¿Lo encontraste? ―preguntó la mujer, entreabriendo la boca en horror―. ¿Encontraste lo que Sunagakure prohibió que siguiéramos buscando?

―¿Por qué crees que me fui de ese lugar en primer lugar?

―Debemos huir ―dijo de pronto la abuela, asustada.

Hinata no entendía por qué tenía ese rostro de espanto en ella al punto que sus piernas retrocedían lentamente, temblorosas, pero supuso que pronto lo averiguaría.

Por su parte, Sasori estaba seguro que no era el único que podría haber resuelto el acertijo de la reencarnación y la divinidad. Orochimaru se había acercado bastante mientras ambos investigaban el asunto, pero había llegado a la conclusión errada: Lo necesario no era un cuerpo Uchiha, sino, uno Hyūga. A veces pensaba que ambos eran parte de la misma cosa, de un todo que con el tiempo se había ido desarmando y mezclando, diluyendo, hasta que todos los pedazos estaban esparcidos como un puzzle.

Pero no la pieza que interpretaban los Hyūga. Ellos la habían cuidado, manteniendo su pureza, su legado ancestral. Habían pagado un precio alto por ello.

Lo de él no era sólo jugar con marionetas, como le gustaba señalar a Deidara; Sasori era un genio, un estudioso, un científico shinobi si se quiere ahondar. Un verdadero artista. Había pasado los últimos veinticinco años de su vida en esa trayectoria y aquella niña lo acercaba un paso más a su sueño. Un jutsu superior a lo que él y su abuela conocían, que a base de ese dojutsu hiciera mover a las marionetas sin hilos de chakra, sin movimientos de sus dedos…

―¿De qué está hablando? ¿Qué jutsu? ―preguntó Hinata observando cuidadosamente todo a su alrededor, moviendo sus ojos de un lado a otro buscando los defectos del terreno, las trampas, los mecanismos de marionetas que pudiesen aún herirla.

―Él… encontró la forma de… ―Chiyo ni si quiera podía terminar su oración mientras el sudor caía por su frente―. Darle vida a sus marionetas ―Hinata frunció el ceño―. ¡Sasori! ¿Cómo es posible que tú…?

―Estuviste enfocando tu investigación de modo errada, abuela, creyendo que la energía vital era la clave para darle vida a lo muerto o a lo inanimado. En cierto sentido no estabas tan lejos de la respuesta, pero, el precio que pagarías por algo así es muy alto porque no tienes la llave que abre esa puerta. Dar vida a costa de tu vida, no tiene sentido para un Marionetista ―dijo un tanto aburrido―. No debería decirte más, pero considerando que morirás ―suspiró mientras el tercer Kazekage abría la boca y una fina arena oscura empezaba a flotar en el aire―. Pasamos años investigando juntos la forma de darle vida a las marionetas en la Brigada Especial de Marionetistas. Tú investigaste la fuerza vital para ver si podías hacer que vivieran a través de tus conocimientos avanzados de ninjutsu médico. Debo admitir que estuviste muy cerca de encontrar la respuesta, pero te concentraste en la hipótesis equivocada. Yo, en cambio, estudié los manuscritos de Monzaemon Chikamatsu y el origen de las marionetas… del Kugutsu no Jutsu dentro de la aldea. No obstante, mis investigaciones no daban los frutos que esperaba. Sin importar qué hacía, necesitaba hilos de chakra y el movimiento de mis dedos para que mis marionetas se movieran. Me acerqué mucho a un nuevo jutsu que manipulase más de las 10 Marionetas de Moenzaemon Chikamatsu, docenas y docenas de ellas, de hecho, lo completé a base de mi investigación. Un jutsu maravilloso que me permitía poder moverlas a través de mi chakra conectándolas a mi propio ser. No obstante, todas dependían de mi voluntad, de mi consciencia para que pudiesen acertar un golpe. Eso no bastaba. Sentía que estaba tan cerca... tan tan cerca para lograrlo... marionetas vivas, y yo vivir por siempre entre ellas, eternamente hermosas con un poder superior al chakra que las manipulara a todas... el verdadero Tensen ―hizo una pausa, la arena comenzaba a flotar alto y a fusionarse en esferas―. Cuando me dijiste que habías encontrado un indicio para hacer vivir a las marionetas con tu energía vital y tu ninjutsu médico, pero que el Consejo de la Aldea suspendió la investigación por lo riesgoso que era planeé mi deserción y me llevé el mayor premio de Sunagakure: Al Tercero. Yo soy un científico, un inventor… un artista. Si me quedaba ahí hubiesen limitado mi búsqueda del verdadero Kogetsu no Jutsu, de aquello que ata a todas las marionetas a mí… a mi servicio, a mi ejercito viviente de seres que yo mismo creara ―Hinata tragó pesado, comprendiendo que ese sujeto estaba loco―. Y hubiese desistido de esa idea por creer que era imposible darle vida a las marionetas sin sacrificar la propia cuando… encontré a Orochimaru.

Hinata observó que la arena que flotaba tenía una consistencia extraña. Sobre ambas, estaba formando una gran forma cónica que apuntaba hacia ella, separándose en gruesas ramas que pronto crearon estacas de metal que se mantenían suspendidas en el aire. Eran tantas que dejó de ver el techo rocoso de la caverna, evitando así también un método de escape para ella.

Comprendió entonces que no buscaba matarla, sólo clavarla al suelo de alguna manera. Si hubiese estado buscando matarla había atacado con la arena en la forma en que estaba, pues no se podría haber defendido a base de velocidad de algo así. Debía deshacerse de eso si quería lograr vencerlo. No podía predecir la forma en que moviese esas figuras de metal que formaba la arena.

―¿Qué es ese jutsu, Chiyo-sama? ―preguntó Hinata asumiendo que ella debería haberlo sabido, pues parecía conocer al hombre que era manipulado ahora como una marioneta―. Esa arena parece metal pulverizado.

―La técnica más poderosa de Sunagakure. Esa arena está hecha de hierro. El Kazekage podía manipularla, gracias a que contaba con una extraña forma de kekkai genkai que controla el magnetismo de los metales.

―Comprendo ―Hinata tragó pesado, pero no retrocedió.

No podía quedarse quieta más tiempo. Utilizó su byakugan buscando un punto que la pudiese proteger de ese ataque frontal.

―No lo creo… ―le dijo Sasori haciendo que las estacas se movieran cada vez más lento sobre ella―. ¿Qué vas a hacer ahora? ¿De qué te sirve esa velocidad cuando te he acorralado así? ―le preguntó con gracia al verla paralizada y analizando sus posibilidades.

Entonces encontró su respuesta, mirando fijamente las paredes de roca que había a su alrededor, sobre ella, a sus costados, y la entrada de la caverna. Tenía una sola oportunidad y debía ser rápida. No por nada Sasuke le había enseñado a planificar su estrategia y luego moverse.

―¿Puedes atacarme… ―preguntó ella, llevando una mano a su portakunais, sacando algo de éste y haciéndolo estrellar contra el suelo―… cuando no me ves?

Sasori lució molesto cuando la bomba de humo explotó entre ambos y la perdió de vista, cubriéndose toda la caverna en un espeso humo negro. Quizás estaba en problemas. Lo sabía. Él no la podía ver, menos a esa velocidad… pero ella contaba con el maldito byakugan para cerrar la distancia entre ambos y volver a atacar.

―Hay una falla en tu razonamiento ―dijo irritado mientras hacia que el Tercero moviese las estadas de hierro a su alrededor―. Si yo no te puedo ver, tampoco mi abuela puede verme a mí ―exclamó, lanzando todas las estacas de metal en dirección al lugar en donde había estado Chiyo y Hinata paradas―. Ella no cuenta con el byakugan.

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.

.

La mente de Naruto se encontraba completamente enfocada en una cosa: debía recuperar a Gaara. Se negaba a creer que estaba muerto. Él había dado su palabra a Temari que lo rescataría y lo llevaría de vuelta a Sunagakure. No había más que eso. Lo recuperaría y Gaara despertaría de alguna forma. No podía haber otro final para esa historia.

Él había dado su palabra.

¿Cómo podía llegar un día a ser Hokage si prometía salvar a un amigo y fracasaba en ello? ¿Cómo podía llamarse a sí mismo un shinobi si en un momento tan importante no estaba a la altura? ¿Cómo podía ser más fuerte que Sasuke si ni si quiera podía cumplir su nindo? Se negaba a ser débil. Se negaba a que Gaara sufriera ese destino tan cruel que ellos llevaban tan sólo por ser Jinchūrikis.

―Gaara ―dijo con la voz quebrada observando a Deidara de Iwakagure, quien prácticamente flotaba en el aire sobre aquella horrible ave de arcilla.

El silencio parecía casi absoluto, a excepción del aleteo que de vez en cuando rozaba el aire.

Parado ahí sobre el arco de madera rojo junto a Kakashi, experimentó una furia en su interior que nublaba todo a su alrededor. Por un momento, se cuestionó a sí mismo con temor si ese intenso odio que quemaba sus entrañas eran realmente sus propios sentimientos o si ese zorro bastardo estaba jugando con él. No obstante, no podía hacer nada al respecto. Todo su cuerpo se tensó pensando en lo mucho que deseaba matar a ese sujeto. ¿Cómo se había atrevido a lastimar a Gaara? ¿Por qué? ¿Sólo porque dentro de él estaba esa cosa? No era justo. No podía ser ese el motivo para que alguien como Gaara muriese. Aún tenía tanto que hacer y lograr en su vida. No podía terminar así. No iba a permitir que Gaara muriera. Ellos tenían muchas cosas pendientes aún. Tenía que ayudarlo cuando fuese el Hokage. Iban a derrotar a Akatsuki juntos y luchar para que las personas dejaran de ver a los Jinchūrikis como cosas que podían usar a su antojo.

―¿Se van a enfrentar a mí o seguirán ahí observando? Que poco cool ―les dijo a ambos mientras flotaba en su ave sonriendo con gracia―. Deberías saberlo ya, Kakashi del Sharingan ―aquellas palabras de Deidara provocaron en el jōnin la sensación de que no estaba en el lugar correcto―. En el libro Bingo, aparece que Sasori-dana es mucho más fuerte que yo, ¿No? Y probablemente así es ―suspiró abnegado subiendo las manos―. Aunque ambos tengamos una idea muy distinta sobre buen arte, el suyo, es… aterrador. Hn. Una vieja decrépita y dos mocosos no son rivales para él. No resistirán ni si quiera una ronda ―sonrió divertido―. Además, Sasori-dana ha estado mucho tiempo esperando para…

―¡Lo derrotarán! ―dijo Naruto con confianza, sin mirar atrás.

Él confiaba en que Sasuke y ella lo harían, probablemente por ese motivo estaba ahí. Había visto como se movían juntos en combate y la manera en que Hinata parecía defender los puntos ciegos de Sasuke cada vez que éste se exponía a un ataque frontal. Recordaba muy bien que Kakashi sensei les había mencionado en alguna ocasión que el Chidori tenía un gran punto débil. Sasuke tenía que atacar de forma rápida y frontal, embistiendo sin poder detenerse cuando iba a destruir algo con su chakra eléctrico. Por ello, quedaba totalmente expuesto a ser contrarrestado por un enemigo que aprovechase esa debilidad. Lo asombroso era que Sasuke y Hinata habían encontrado una forma de superar ese defecto, pues cuando el Uchiha atacaba así, era ella quien lo cubría con su increíble Taijutsu. ¿Se habría si quiera percatado de ello? De seguro así era, después de todo, su mejor amigo no era llamado un genio por nada.

Sasuke y Hinata confiaban completamente uno en el otro. El Uchiha era brillante en maneras que ni si quiera entendía y parecía que no había estado perdiendo el tiempo esos años. Podía verlo. Notaba la forma en que se movía, como su manejo de chakra elemental era muy superior incluso al de Kakashi y su forma de pensar lo habían vuelto bastante peligroso. Sus rostro denotaban su experiencia y confianza cada vez que lo observaba. Sasuke había avanzado demasiado, tanto, que quizás tuviese el mismo poder de pelea que Kakashi.

Mientras caminaba de vuelta a Konoha, pensó que con su rasengan gigante podía derrotarlo por fin, no obstante, al ver la manera en que se movía y pensaba, tenía sus dudas. Sus ojos habían cambiado también. Su mirada se había vuelto más dura, pero serena.

Como la de un adulto… ―pensó Naruto. Todo ese tiempo había creído que estaba acercándose a Sasuke pero la verdad, una vez más, sólo miraba su espalda mientras se alejaba a pasos agigantados de él y, tal vez, también de Hinata. Lo irritaba pensar así, pero eso significaba ser élite, un genio, alguien cuyos genes lo volvían completamente superior.

No me rendiré ―pensó molesto.

Se negaba a darse por vencido y ser inferior a cualquiera de ellos. Sabía que aún le faltaba mucho para haber podido moverse así con Hinata o Sasuke, pero confiaba que ahora que volvían a ser un equipo pudiesen compenetrarse nuevamente. Él iba a alcanzar a Sasuke y tal como había dicho Hinata, no sólo porque quisiese ser más fuerte que él, sino, porque quería volverse un verdadero shinobi junto a sus amigos.

Vencerán ―respiró tranquilo, pensándolo así. Confiaba de verdad en ambos―. Y salvaremos a Gaara ―pensó esperanzado, viendo el futuro, en que él y Gaara protegieran sus naciones uno junto al otro.

Definitivamente, Gaara no podía morir.

No lo iba a permitir. Había entrenado y tenía confianza en sí mismo, su nivel de fuerza, agilidad y su estamina inagotable. No tenía dudas en su mente de que podía borrar esa sonrisa altanera de un puñetazo si alcanzaba a Deidara y así recuperaría a Gaara.

―Kakashi-sensei, por favor, déjeme pelear solo contra este bastardo ―dijo con seriedad, sus ojos rojizos, los rasgos del Kyūbi apareciendo aún más en su rostro―. Vuelva y asista a los demás. Yo puedo derrotarlo solo.

―Eso es precisamente lo que desea, Naruto. Pelear solo contra ti. Debes calmarte y analizar la situación ―Naruto lo observó sorprendido de su negativa―. Su estilo de combate es a distancia y tú no peleas así. En este momento, debemos permanecer juntos si queremos tener una posibilidad de vencer.

―¿Qué hacemos entonces? ―le preguntó intentando idear algo para poder combatir. Lo suyo no eran planes elaborados y pensar demasiado. Atacaba a base de pura fuerza e instinto. Algunas veces le resultaba bien y otras no tanto. Él no tenía la inteligencia de Sasuke o Kakashi, pero había entrenado duro durante ese tiempo para suplir su carencia en el área de análisis rápido, con ataques rápidos―. Debemos recuperar a Gaara.

―Usará al Kazekage para distraerte. Debes enfocarte en vencerlo, luego, recuperar a Gaara. Si caes en su juego, no sólo morirás tú sino que…

En ese momento vieron que el ave de arcilla batía sus alas y comenzaba a volar nuevamente, alejándose de ellos.

―No permitiré que nadie muera por mí ―dijo enojado, recordando las palabras de Sasuke. Él no iba a poner a Hinata en riesgo, ni a Sasuke, ni a su maestro. Primero prefería morir y entregarles a ese maldito Zorro que poner en riesgo a las personas que amaba―. Ayude a Sasuke y Hinata, Kakashi Sensei.

Saltó desde el arco de madera y corrió sobre la superficie de la laguna siguiendo a Deidara. Podía ver las piernas de Gaara salir desde la boca de esa figura de arcilla, lo cual lo irritaba aún más. Pronto, la laguna se convirtió en un río mientras cruzaba un acantilado por el medio. Saltó hacia un árbol caído, luego a otro, como si las raíces de ese lugar se entrecruzaran por las paredes de roca.

―¡Espera, Naruto! ―escuchó que Kakashi lo llamaba desde su retaguardia, pero no se detuvo. No podían perder a Deidara. La vida de Gaara dependía de que uno de ellos lo alcanzara.

Se lo prometí a Temari ―pensó mientras se le tensaba la mandíbula y el pecho se le oprimía―. Kankuro murió por rescatarlo. Debemos rescatarlo…

Necesitaba ver qué era lo que hacía esa maldita ave en que estaba Gaara. Kakashi sensei había dicho que ese sujeto atacaba a base de explosiones y lo que menos podía arriesgarse en ese momento era que por acercarse a Gaara, Deidara hiciera explotar esa ave. Debía comprobar su velocidad y ver si podía acercarse a Deidara y derribarlo. Tomó impulso desde uno de los troncos de madera y saltó en dirección al missing-nin, listo para comenzar un combate cuerpo a cuerpo.

Era su mejor opción en ese momento. Sólo necesitaba un buen golpe para derribarlo.

No obstante, tan pronto estuvo cerca, el ave se movió con agilidad hacia un costado.

Naruto creyó que iba a golpear la roca sin poder evitarlo por el propio impulso de su salto, cuando de pronto escuchó en su espalda el sonido chirriante de la electricidad y un resplandor brillante cubrió el cielo. Volteó sobre su hombro, esperando encontrar a Kakashi cubriendo su espalda para derribar a Deidara. No obstante, algo se apretó en su estómago cuando en vez de eso se encontró con su mejor amigo, cayendo en picada contra el ave de arcilla, montado sobre un águila.

Sasuke saltó del lomo emplumado del ave, la cual con agilidad se dirigió hacia Naruto para que aterrizara sobre ella. Fue entonces que el rubio observó cómo Sasuke caía encima de la figura de arcilla con una agilidad que no creyó si quiera posible, atravesando el cuerpo de Deidara con su puño electrificado.

Maldición… que rápido es ―pensó Naruto intentando mantener el equilibrio para no caerse, preguntándose de inmediato sobre la situación de Hinata y por qué Sasuke estaba ahí en vez de haber asistido a su compañera. ¿Por qué la había abandonado? Creyó que la cuidaría mientras Kakashi y él se hacían cargo de ese sujeto hablador.

Naruto contempló como Deidara se transformaba en greda con el puño de Sasuke aún en medio de su pecho, frunciendo el ceño ante la visión. ¿En qué momento se había remplazado a sí mismo con un clon de arcilla? Justo entonces la mirada de Sasuke se afiló mientras escudriñaba a su alrededor con el Sharingan.

―Maldición ―gruñó Naruto sorprendido. Por el rostro analítico y calmado de Sasuke, parecía esperar que su enemigo hiciese algo como eso, pues de inmediato desenvainó su chokuto y la clavó con la mano izquierda dentro del ave, partiéndola en dos mientras el verdadero Deidara surgía desde la parte inferior de ésta―. ¡Cuidado Sasuke! ¡Gaara sigue ahí dentro!

El ave se dividió en dos trozos que cayeron de forma pesada. El que contenía su cabeza simplemente pareció regenerar la parte faltante de su cuerpo y continuó volando mientras que la otra parte se desplomó con Sasuke y Deidara encima.

La advertencia de Naruto sobre que Gaara se encontraba aún ahí hizo que el Uchiha dudase un instante sobre si era adecuado atacar, lo cual Deidara aprovechó para impulsarse hacia arriba y saltar de nuevo hacia el ave de arcilla.

El águila se lanzó hacia Sasuke y Naruto alcanzó a sujetarle el brazo para que no cayese de golpe al agua junto con la arcilla que intentaba rodearlo y que él cortaba en varios trozos. ¿Dónde estaba Kakashi en medio de toda esa persecución? No lo sabía. Si no hubiese estado tan concentrado en detener a Deidara se habría dado cuenta que mientras él corría en su dirección, el miembro de Akatsuki había puesto trampas para impedir que Kakashi se les uniera. No obstante, esas trampas no tenían efecto sobre Sasuke quien había llegado a ese lugar volando también.

―¿Por qué no estás con Hinata? ―exclamó Naruto impulsándolo hacia arriba para que ambos quedaran sobre el águila―. ¿Y Kakashi-sensei?

Sasuke no respondió de inmediato. Su concentración estaba enfocada en el combate que iba a tener. Aquello irritó a Naruto quien esperaba una respuesta a su interrogatorio. Deidara inspeccionaba los nuevos términos de ese combate, mientras que Sasuke calculaba sus próximos movimientos a seguir. Ambas aves mantuvieron su posición, aleteando en el aire, sin moverse.

―No estoy con Hinata porque soy el único que puede invocar un águila y perseguirlo por el aire ―contestó con simplicidad―. El que debería estar con Hinata ahora eres tú ―el rostro de Naruto se descompuso sintiendo algo de culpa por haber corrido así, dejando a su compañera atrás. Pero no era realmente esa su intención. Él creyó que Sasuke se quedaría con ella.

―Yo pensé que…

―La debilidad de un usuario de marionetas es su desempeño cuerpo a cuerpo. Tus ataques son de ese tipo ―Sasuke ni si quiera se volteó a verlo, enfocado completamente en la sonrisa ladina de Deidara que seguía observándolos y calculando lo que iba a hacer a continuación―. Teníamos mejores posibilidades en este combate si no fueses tan malditamente voluble y te hubieses quedado a combatir junto a Hinata en vez de caer en las provocaciones de ese sujeto.

―¡Pero debemos rescatar a…!

―¡Gaara está muerto! ―exclamó Sasuke con dureza, sin mirarlo.

El viento sopló entre ellos, haciendo que algunas hebras del cabello del pelinegro le cubrieran su severa expresión. Naruto creyó sinceramente que podía escuchar el sonido de su propio corazón zumbado en sus orejas y que el aire a su alrededor se volvía tan pesado que lo empujaba hacia abajo.

Sasuke nunca había sido suave o considerado a la hora de decir las cosas, incluso antes de ser un equipo, cuando sólo eran dos compañeros que se detestaban en la Academia. A pesar de haberse vuelto amigos, dicho atributo de su personalidad no había cambiado: él seguía siendo aquel que le decía la verdad tal como la veía, sin dulcificar las cosas, esperando de él que estuviese a la altura para escuchar cosas que podían dolerle. Muchas veces fue indiferente a que sus palabras lo lastimaban o irritaban cuando le decía que era un perdedor, un idiota y alguien sin talento. Quizás era la única persona en su vida que podía decirle todo lo que pensaba y sentía, sin miedo a lastimarlo. No le importaba hacerlo. Y en esa ocasión, como en muchas otras, sus palabras le cavaron un agujero en el pecho.

Escucharlo de manera tan fría y de golpe pareció quebrar algo dentro de Naruto. Sus mejillas empalidecieron y sus labios comenzaron a temblar sin que nada saliera de su boca. Todo su cuerpo pareció rendirse en un incontrolable deseo de llorar, haciendo que una de sus manos terminara en su pecho, apretándose la campera naranja que llevaba encima. Hasta sus hombros cayeron pesados cuando las palabras de Sasuke hicieron por fin sentido en él.

―Cierra la boca ―gruñó apretando su puño sobre el pecho, sintiendo un profundo deseo de golpear a Sasuke justo en ese momento. ¿Cómo se atrevía a decirlo así? ¿Acaso la vida de Gaara importaba tan poco como para que él la desechara en ese momento como algo secundario?

―Puedes llorar todo lo que quieras cuando volvamos a Konoha ―dijo Sasuke estoico, volteándose para observar nuevamente a Deidara quien los observaba en silencio―. No ahora. Debemos terminar aquí e ir por Hinata.

―Gaara ―sollozó con la voz quebrada―. ¿Por qué? ―Naruto, experimentó la extraña sensación de que todo a su alrededor daba vueltas―. No es justo. No es justo. ¡No es justo que Gaara…!

―No es el momento.

A diferencia de Naruto, Sasuke si podía guardar todas sus emociones en combate. Podía dejar de lado lo que sentía, sus miedos, frustraciones y dudas. Su cabeza se enfocaba sólo en una cosa, vencer, o morir en el intento. Había visto a sus padres sin vida frente a él, a su clan masacrado y a su hermano, a su amado hermano, convertirse en un asesino frío y desalmado frente a sus ojos. Había llorado y corrido, asustado, desesperado porque alguien lo salvara, gritando por ayuda que nunca llegó.

Había hecho una promesa; nunca más sería ese niño asustado y quebrado… una promesa de que muchas veces durante esos años había roto debido a su inmadurez e inexperiencia. Por ello, cada vez que había visto a Itachi durante los últimos años se lanzó contra él gritando y odiando, sin un plan, sin su cabeza fría, sin nada que le permitiera finalmente encontrar su venganza por lo ocurrido. Por ello había perdido una y otra vez… y había puesto en riesgo a su compañera. La había visto herida y moribunda por su culpa. No podía perderla. No iba a hacerlo. Por ello, si tenía que decirle a Naruto mil veces que Gaara estaba muerto y ver en su rostro esa desesperación por lo que escuchaba, lo haría, hasta que entendiera que ya no era un niño que podía darse el lujo de comportarse con sus emociones a flor de piel en combate.

―Gaara… ―se quejó Naruto con un nudo en la garganta, mientras temblaba.

Los ojos de Sasuke se movieron lentamente sobre él al notar que sus uñas crecían, que sus colmillos salían de sus labios y que sus ojos habían tomado una forma zorruna que nunca antes había visto en él.

―¡Aléjate de él, Sasuke! ―escuchó que gritaba Kakashi desde los troncos aledaños.

Para su infortunio, Deidara aprovechaba ese estado en Naruto para atacarlo con una serie de figuritas que caían, las cuales Kakashi interceptó lanzando kunais. Al darle un vistazo a Kakashi, le indicó lo que planeaba hacer y lo que esperaba de él. Así eran los genios, se entendían a la perfección: necesitaba tiempo para calmar a Naruto y Kakashi se lo debía comprar.

No iba a alejarse. No iba a perder a Naruto.

Sin importarle, lo golpeó con todas sus fuerzas el rostro, tal como había deseado hacer cuando lo vio correr atrás de Deidara, cayendo ambos desde el águila. Activó su sharingan, pues estaba seguro que tendría que utilizarlo pronto. No estaba golpeándolo por gusto, entendía lo que estaba ocurriendo y si no le ponía fin a eso, no sólo podían perder a Gaara ese día, sino que también a Naruto.

Ambos aterrizaron sobre los troncos bajo ellos. Kakashi intentó acercarse pero Sasuke le señaló con su mano estirada que no interfiriera. Sólo entonces Naruto se enderezó, preguntándole con la mirada qué era lo que estaba haciendo. Algo cubria su piel, denso y rojizo. Su dojutsu le indicó que era chakra lo que se estaba escapando de los poros de Naruto, burbujeando como si hirviera.

―¿Qué carajos haces, Sasuke? ―le preguntó lentamente, amenazador, casi gruñendo. La rabia que crecía por perder a Gaara se incrementaba y el deseo de recuperarlo nublaba cualquier otro pensamiento. Los rasgos del Kyūbi se hicieron visibles en todo su cuerpo cubierto por un manto de chakra rojizo que se sentía tan denso, que estar cerca de él le parecía exhaustivo.

―¿Qué carajos haces tú? ―lo cuestionó de vuelta―. ¿Acaso no lo entiendes? Gaara está muerto, pero Hinata y Kakashi siguen vivos ―Naruto no se movió, una cola de chakra empezaba a surgir en su espalda baja―. Desde el momento que salimos de Konoha has dejado que tus emociones personales intervengan en nuestra misión. ¡Ya basta! ―Naruto gruñó, respirando rápidamente. Estaba completamente alterado y Sasuke lo veía―. ¡Dijiste que preferías morir antes que lastimar a Hinata! ¿O ya lo olvidaste? ―tan sólo decir eso pareció hacerlo dudar un momento―.¿Vas a dejar que esa cosa te controle?

La visión de Naruto se volvió oscura.

¿Por qué siempre terminaba ahí cuando su pecho dolía así? Ese maldito lugar en su interior que parecía una cárcel sin esperanza, sin luz, sólo con el incesante goteo del agua cayendo a lo lejos. Su mente era soledad. Su interior parecía ser una gran espacio vacío en donde sólo él habitaba. Su propia carcel personal que lo alejaba del afecto de otros, de ser merecedor de que cualquier mirara en su dirección y viese una persona en vez de una cosa, disponible para ser utilizada como un arma, algo que debía ser temido y odiado...

Permaneció parado y con el corazón roto frente a las altas rejas, en cuya entrada había un sello. Tterminaba ahí cuando dudaba, cuando temía, cuando algo lo hería tanto que deseaba rendirse. ¿Por qué era tan débil? Sasuke y Hinata habían crecido, avanzado, y él sólo seguía siendo un niño estúpido y cobarde que gritaba y gritaba que haría esto o aquello, para fracasar.

Siempre fracasar.

Un fracaso. En eso se resumía todo lo que hacía.

―Duele ―se quejó Naruto, apretando la mandíbula mientras veía el vacío, dejando que las lágrimas cayeran―. ¿Por qué? ¿Por qué debe doler tanto?

Sabes lo que debes hacer. Siempre lo supiste, Naruto ―las gotas que caían en ese lugar hacían eco―. Me necesitas si quieres recuperarlo. Quieres que pare ese dolor. ¿No?

―Duele… ―dijo mientras se sostenía el pecho, temblando.

Duele porque sabes la verdad ―respondió una voz gruesa y temible, mientras grandes ojos comenzaban a brillar en la oscuridad, más allá de las rejas―. Terminarás igual que Gaara.

―Cállate.

Muerto y solo, sin que nadie reconozca que eres más que sólo un monstruo. Siempre has estado solo. Desde que eras un niño. Por eso siempre terminas aquí buscándome cuando ya no soportas más ese dolor. Incluso mi compañía es mejor que tu soledad. ¿Por qué lo dudas? Eres tan débil…

―No lo soy.

¿Entonces por qué Gaara está muerto?

―Maldito zorro bastardo.

Yo puedo devolvértelo. Puedo destruir a todos los que lo lastimaron en su corta vida. Puedo vengar a Gaara… ¿No dijiste que lo salvarías? Entonces, cumple tu palabra y toma mi poder, Naruto. Ya sabes que es tu única opción ahora. Sin mí, eres nada... Sólo dime, ¿A quién deseas matar? ―los ojos vacíos de Naruto subieron para encontrarse con los del Kyūbi en la oscuridad y éste se acercó a la reja―. Deja de dudar y acaba con todos los que te han lastimado.

―Sasuke y Hinata creen en mí…

Mientras sigas con ellos, siempre serás el que estorba.

―¡Cállate!

Nunca estarás a salvo mientras vivas. Te seguirán buscando, tal como lo hicieron con Gaara. Ellos intentarán salvarte y terminarán muriendo por tu culpa. Hinata quizás ya esté muerta. Lo sabes. Ese sujeto era mucho más fuerte que ella.

―Hinata es fuerte. Más fuerte que yo.

¿Entonces siempre dejarás que te defiendan? Morirán haciéndolo. Lo sabes. Harás que tu amigos mueran por tu culpa...

―No quiero que ellos… por mi culpa… ―los ojos de Naruto se enfocaron dudosos en el sello

Naruto, puedo volverte alguien poderoso. Alguien que todos deban reconocer ―Naruto miró con desesperación al Kyūbi―. Podrás proteger a Sasuke y Hinata con mi poder. Sólo libérame Naruto.

―No te necesito. Lo haré yo mismo ¡Déjame en paz!

―¡Libérame, Naruto!

―¿Es que no escuchaste, maldito zorro escandaloso? ―Naruto observó completamente sorprendido a su lado. Sasuke se paraba junto a él, observando hacia la prisión con desprecio―. Te dijo que lo hará el mismo. Vete a dormir o algo.

Uchiha, Sasuke. Con que ya puedes venir aquí… ―bufó visiblemente enojado―. ¿Acaso también crees que puedes controlarme? ―le preguntó el Kyūbi ofendido con su presencia mientras gruñía e intentaba atacarlo atravesando su garra por las rejas de su jaula. No obstante, éstas no alcanzaron ni a Sasuke ni a Naruto.

―Tanto parloteo absurdo me aburre.

Bastardo... ¡Ven aquí dentro si te atreves!

―Un día, cuando el momento llegue, te pondré bajo mi control y luego... te destruiré ―los ojos de Sasuke giraron y los del Kyūbi se volvieron rojizos, apareciendo el sharingan en ellos.

¿Con que ya sabes cómo usar tus ojos repugnantes, eh? ―le preguntó el Kyūbi a Sasuke, mirándolo con desprecio―. Tu chakra apesta a Uchiha, a ese clan marcado por el odio y la maldad. Un clan maldito. Lo huelo desde aquí. Asqueroso ―Sasuke bufó―. ¿Qué haces aquí?

―Vine a ver de qué se trataba todo este alboroto. Hay muchas personas atrás de ti ―dijo con gracia―. Pero ahora que te veo, no me pareces la gran cosa. Sólo un perro que ladra demasiado. Creo que es hora de volver a ponerte tu correa.

Sasuke levantó su mano y una serie de líneas gruesas en forma de Kanjis aparcieron desde el suelo, las aspas de su Sharingan moviéndose con rapidez.

Maldito… Maldito Uchiha… Cuando menos lo esperes yo…

―Silencio. Desaparece de mi vista.

Sasuke levantó su mano entonces y un rayo de electricidad salió de ésta en dirección al Zorro de Nueve Colas. Tan pronto lo tocó, se disipó en una nube de chakra burbujeante que quedó esparcida por todo el lugar.

―¿Qué haces aquí, Sasuke? ¿Cómo fue que tú…? ―preguntó Naruto, como si volviese en sí.

―¿Realmente estabas considerando retirar el sello de esa cosa? ―el rostro de Naruto se descompuso en una mezcla de miedo y arrepentimiento―. Dijiste que jamás lastimarías a Hinata, me diste tu palabra. Te dije que te mataría si tú...

―¡Jamás lo haría! ―Sasuke lo tomó de su campera naranja, apretando su puño alrededor de la tela.

―Hinata está arriesgando su vida para proteger la tuya. No puedes permitir que el Kyūbi te controle ―en aquel momento Sasuke lo miró como un adulto, algo que Naruto distaba mucho de ser―. ¡Kakashi te necesita! Está peleando solo contra Deidara ―escucharlo hizo que Naruto frunciera el ceño con sorpresa, como si se hubiese olvidado por un momento de la presencia de Akatsuki ahí―. ¡Hinata te necesita! Y yo también te necesito ahora. No puedo vencer a ese bastardo solo…

―No te preocupes, estoy seguro que Kakashi sensei podrá vencer a Deidara si…

―No hablo de ese sujeto. Hablo de Itachi ―Naruto bajó el rostro, avergonzado por ello―. Lo prometiste. ¿No lo recuerdas? Prometiste que me ayudarías a matarlo y yo me quedé. Me quedé y cumplí mi promesa contigo ―decirlo lo hizo fruncir los labios―. Cuidé de Hinata. Fue un horrible fastidio hacerlo y lo hice, por ti. La vi convertirse de una niña débil a una kunoichi fuerte y determinada, dispuesta a hacer cualquier cosa para avanzar. Ya fuese enterraste en la nieve, correr hasta desfallecer, romperse la piel de sus manos golpeando los troncos... ella lo hizo. Tú inspiraste eso. Ese collar que llevas en el cuello ―Naruto bajó su mirada y observó el collar del primer Hokage―. Ella lo sujetaba entre sus manos como una oración, cada vez que dudaba y necesitaba fuerza, cada vez que quería superarse ―decirlo hizo que algo cambiara en el semblante de Sasuke, que Naruto vio con dolor―. Cada vez que necesitó fuerza, pensó en ti. ¿No puedes hacer lo mismo? ―se frenó, como si no pudiese hablar de eso en ese momento―. Yo, cumplí mi promesa, Naruto. Ahora cumple la tuya ―y el tono en que lo dijo pareció sonar como si hacerlo hubiese sido algo muy doloroso, lo cual hizo sentir confundido a Naruto―. No puedo ir tras Itachi solo. Te necesito. Y no puedes darte el lujo de seguir siendo el niño estúpido que grita y embiste primero. Ya no más.

Escuchar que Sasuke lo necesitaba trajo de vuelta una chispa en su mirada, algo que quemaba, algo que ardía en su propia piel. Pensó en Hinata y en su amable sonrisa, en la forma que siempre parecía decir algo dulce para confortarlo. Recordó a Kakashi y cómo se había esforzado en ayudarlo a superarse mientras era sólo un niño. Escuchó la risa de Ero-sennin y cómo juntos habían recorrido el mundo. Recordó el exquisito sabor del Ramen mientras Iruka sensei lo comía a su lado.

Observó las iris rojas de Sasuke, quien apaciguaba ese sentimiento de soledad que había cargado desde que era un niño.

Y la luz volvió a su alrededor.

Ambos estaban solos, pero se habían encontrado en dicha soledad. Habían encontrado a Hinata que los obligaba a avanzar juntos… sus mejores amigos estaban dispuestos a morir por él y no podía quedarse a llorar por Gaara cuando Hinata y Kakashi sensei podía morir.

Sus ojos volvieron a ser azules y la voz en su interior que le ofrecía destruir todo lo que lo lastimaba pareció ser tan solo un susurro lejano.

Todo a su alrededor volvió a la realidad y el suelo con agua se transformó en los troncos donde se paraba, sobre el río. Subió la mirada, buscando a Kakashi, pero lo encontró en la planicie del bosque luchando contra ese sujeto en un sinfín de explosiones.

―Vamos a matarlo ―dijo Naruto―. Y luego iremos con Hinata y mataremos también al otro ―Sasuke asintió con media sonrisa.

―¿Estás listo ahora?

―Sí.

No obstante, a lo lejos, la montaña bajo la cual se encontraba la caverna en donde Hinata y Chiyo se enfrentaban a Sasori de las Arenas Rojas tembló con violencia. Tanto Naruto como Sasuke observaron en aquella dirección con temor.

―Debemos…

―Sí ―interrumpió Sasuke, esperando que su confianza en ella no hubiese sido un grave error.

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―Esto se está volviendo bastante irritante.

El espeso humo en la caverna se comenzó a disipar. El marionetista observaba de un lado a otro buscando a Hinata, pero no la encontraba. Por lo tanto esperó, algo que odiaba hacer, mientras el humo se disolvía para permitirle ver nuevamente.

―Oh ―dijo con algo de sorpresa cuando notó las dos figuras que se encontraban con sus brazos extendidos, formando un escudo de chakra frente a Chiyo―. ¿Ellos?

―Madre y Padre ―Sasori los recordaba, sus primeras marionetas.

―¿Por qué te demoraste tanto en usarlos? ―le preguntó curioso, viendo la figura de Hinata que emergía un poco más atrás de Chiyo.

―Pensé que podía razonar contigo antes de tener que hacer esto ―Sasori bufó con la respuesta.

―¿Aún no lo entiendes? No tengo interés en ti.

Hinata mantenía el byakugan activo. Sasori se maravillaba ante la visión de ello considerando que quizás convirtiese ese cuerpo en una marioneta que pudiese llevar dentro su corazón. Eso haría más fácil para él usar el Byakugan, aunque veía serios problemas de manifactura en un cuerpo pequeño como ese. Si alguien lo alcanzaba podría sufrir muchos daños.

Movió sus manos una vez más y una onda expansiva de chakra salió desde la marioneta del Tercero, haciendo que la arena formara gigantescos bloques que lanzaba a toda velocidad contra Hinata y Chiyo.

Ambas se movían con velocidad por la caverna intentando evitar el metal, pero Sasori podía ver que entre más obligaba a Hinata a esquivar sus ataques, esa velocidad se volvía un poco más predecible frente a sus ojos. Sólo necesitaba el momento preciso en que no pudiese moverse y la atraparía.

De pronto, notó cómo las marionetas de su abuela intentaban golpear al Tercero, y tuvo que emplear sus mecanismos de defensa para luchar un mano a mano con Chiyo. No podía evitar creer que su abuela era increíblemente talentosa con el movimiento de sus dedos y se complació en poder probar que estaban casi a la par. No obstante, estaba comenzando a aburrirse. Odiaba la espera y eso era lo que estaba ocurriendo. Estaba perdiendo valioso tiempo de comenzar a trabajar con su nueva obra.

―¿Eso es todo? ―gritó Hinata, irrumpiendo sus pensamientos―. Quizás el arte de su compañero era superior después de todo.

Por un momento todo pareció quedar estático en el aire. Sasori no dijo una sola palabra, pero su temple se fue volviendo cada vez más oscuro. Quien conociese al artista, sabía que había una sola cosa que lograba irritarlo además de esperar o hacer esperar… y eso era que subestimaran lo que el consideraba arte. Que una mocosa estúpida de Konoha dijera que las horribles y vulgares figuritas de greda de Deidara eran superiores a las suyas…

―Sabes… ―de pronto, la arena empezó a disiparse, expandirse, a flotar fina en el aire―. Pensaba conservar tu cuerpo en buen estado, pero… después de todo, sólo quiero tus ojos.

La arena se dirigió a ella en una corriendo enorme, como avispas a quien alguien ingenuamente irritó pateando su colmena.

Es ahora ―pensó Hinata, viendo la apertura que había creado intencionalmente con su provocación.

En vez de retroceder, dio un paso adelante, tal como le había dicho Neji que hacía cuando quería asestar todas las palmas. Comenzó a correr con fuerza en dirección a Sasori y cuando la arena estuvo cerca de tocarla, flexionó las rodillas para tomar fuerza, saltando en dirección al metal pulverizado que la estaba por hacer pedazos. Justo entonces, en el aire, su cuerpo comenzó a rotar y liberar todo el chakra que había guardado para realizar por primera vez frente a otra persona su propia técnica original. Aquella en la que venía trabajando por años ya.

―¡Hakkeshō Kūten!

No era la rotación celestial de los Hyūga que se realizaba en el suelo girando sobre los pies a gran velocidad, sino que lo hacía mientras giraba en el aire, ayudada por su pequeña figura, sus delicados movimientos, agilidad y su flexibilidad. Toda su vida había escuchado que su tamaño no le permitía tomar la velocidad suficiente para rotar en el suelo con sus pies… entonces, lo haría en el aire, en donde su cuerpo era perfecto para ello, mientras sus manos se abrazaban sobre su torso para darle más velocidad a su rotación y el chakra la mantenía suspendida ahí mientras seguía rotando. Naruto tenía su rasengan, Sasuke el Chidori… y después de tres años de entrenamiento, trabajando duro y esfuerzo… Hinata tenía su defensa absoluta.

Todo su cuerpo liberó su chakra por los tenketsus impidiendo que la arena la tocase, siendo esta expulsada a gran velocidad en contra de Sasori quien tuvo que empezar a retroceder en la caverna hacia un costado de la misma para así evitar la onda de chakra que crecía cada vez más y cuya velocidad al rotar amenazaba con destruir su cuerpo.

Ni si quiera Chiyo logró pensar en algo más que observar.

―Asombroso, Hinata Hyūga ―dijo Sasori finalmente cuando la joven tocó el suelo, cuando su chakra parecía haberse acabado, jadeando por el esfuerzo mientras replegaba la arena nuevamente a su alrededor―. Ahora dime, ¿Cuántas veces más podrás hacer eso?

Una nueva oleada expansiva de Chakra proveniente desde el tercero provocó que la arena fuese una vez más hacia su objetivo. Chiyo intentó mover las marionetas sobre Hinata para que la protegieran, pero se percató con horror que éstas no se movían. Había arena en sus mecanismos.

―¡Cuidado, Hinata! ―exclamó.

―El fuego es el símbolo de Konoha ―exclamó juntando sus dedos y empezando a formar los sellos, recordando cómo se había esforzado por aprender el único jutsu elemental que podía manejar con su chakra con afinidad al fuego.

No tendré mucho más chakra después de esto ―pensó Hinata mientras la arena férrea se movía a gran velocidad hacia ella. Sintió como si Sasuke estuviese justo entonces con ella, poniendo una mano en su hombro, confiando en que podía hacerlo.

―Katon: Gokyoku no jutsu.

El calor de las llamas impidió que la arena la tocara. Al contrario, ésta comenzó a caer pesadamente al suelo en un charco de metal derretido por la intensidad del fuego. El jutsu insignia del Clan Uchiha, una gran esfera de fuego, no les pertenecía sólo a ellos. Era uno de los jutsus más simples que se podía realizar con el chakra de elemento fuego, sólo, que muy pocas personas contaban con éste con tanta fuerza como los Uchiha y los Hyūga.

Llevó su mano hacia su porta kunais y sacó un pergamino simple, estirándolo frente a ella mientras mordía su dedo y liberaba el sello que decía "AGUA".

Tan pronto el líquido inundó la caverna, la liviana arena férrea fue sólo metal pesado y duro en el suelo.

―Maldita mocosa ―dijo Sasori irritado al ver cómo había arruinado la arena férrea que cargaba dentro de su marioneta. No entendía por qué no había hecho eso desde el comienzo, pero decidió ponerle fin aunque la envenenara y terminara muriendo―. Como sea. Ahora, muere… ―el Tercero se lanzó a atacar a Hinata quien adelantó sus manos y liberó una onda expansiva de chakra que éste atravesó.

Cuando la cuchilla estuvo a punto de golpearla, todo el mecanismo dejó de responder, pieza por pieza, como una marioneta muerta.

―¿Qué? ¿Qué fue lo que…? ―preguntó Sasori sorprendido.

―Hakke Aikishō ―sus palmas comenzaron a golpear el títere en el aire, frenándolo, punto por punto, para luego arrojarlo hacia arriba.

Juntó todo el chakra que le quedaba en sus palmas y lo liberó cuando la marioneta cayó como peso muerto sobre ella.

Justo ahí, la marioneta del Tercero, el mayor orgullo de Sasori de las Arenas Rojas, quedó destruida en cientos de pedazos que cayeron alrededor de Hinata en ruidos ahuecados.

La mirada de Sasori se volvió lúgubre. Quizás hasta ese momento había estado jugando, pero lo que acababa de ocurrir le indicaba que debía ponerse serio. No era momento sólo de agregar una pieza más a su colección, sino, derrotar a un enemigo que podía neutralizar sus ataques de esa manera.

―Chiyo-sama, retroceda, por favor ―dijo Hinata entonces, notando que la abuela estaba aún impactada con todo lo que veía.

Cuando Sasuke había dicho que era la única que podía hacerle frente a ese sujeto se refería precisamente a lo que acababa de ocurrir. Hinata podía ver a través de todo. Las corrientes de chakra en el cuerpo humano era algo que solía observar todo el tiempo. No era muy distinto a las corrientes que permitían que una marioneta se moviera. Si ella podía detener las corrientes de chakra a través de los golpes en los tenketsus, también podía irrumpir los hilos de chakra que conectaban una marioneta.

Sasori se había encontrado frente a alguien que anulaba por completo su jutsu de marionetas.

―Entiendo ―dijo el hombre sin moverse de su posición al otro extremo de la caverna―. Maldito clan Hyūga.

La muchacha había cortado los hilos que lo conectaban con su marioneta a través de su técnica. ¿Pero cómo era eso posible? Él se había encargado toda su vida de perfeccionar dicha técnica al punto que fuese invisible. Nunca pensó que ese dojutsu hubiese sido lo suficientemente hábil para ver un hilo de chakra que era más fino que un cabello. ¿Cómo era posible entonces, incluso con el Byakugan, que ella viera algo así?

Había algo más… Acaso…. ¿Ella misma había suprimido su jutsu con otro? Aquello lo desconcertó. ¿Sería consciente del Tensen? Pero si no había sido ella quien interrumpió su jutsu, ¿Cómo lo había logrado?

―No puede ser… ―susurró Chiyo, leyendo en la mirada de Sasori lo que él pensaba. Ambos eran marionetistas.

―Te lo dije ―insistió Hinata, mientras levantaba su dedo índice formando un sello. Sasori la observó extrañado. ¿Qué era lo que planeaba ahora? Ya no tenía chakra. Era imposible que después de haber ejecutado esas técnicas aún tuviese chakra―. Hoy morirás.

Rápidamente se hizo obvio el lugar en donde Hinata observaba. Sasori movió su mirada hacia arriba y lo vio: Cientos de sellos explosivos habían sido posicionados en ese preciso lugar. Tantos, que eran suficientes para derrumbar todo el sector en donde se encontraba parado.

Entonces lo comprendió.

―Maldita mocosa ―gruñó.

No había logrado comprender por qué la muchacha Hyūga había realizado esa espectacular técnica secreta de su clan para repeler la arena férrea si podía derretirla con un jutsu de fuego. Cuando vio los sellos a su alrededor todo se hizo más evidente. Había utilizado esa técnica de rotación para arrinconarlo ahí, distrayéndolo de su verdadero objetivo y puesto los sellos en ese lugar cuando lanzó la bomba de humo. Destruyó la arena del Tercero porque necesitaba pelear contra él cuerpo a cuerpo para cortar los hilos de chakra. Mientras hubiese contado con la arena férrea del Tercero, no se habría arriesgado a un ataque tan frontal… Todo con el propósito de posicionarlo ahí, sin defensa ni modo de escape ahora que todo a su alrededor iba a explotar y colapsar.

Toda la montaña retumbó desde sus cimientos cuando los peñascos sobre Sasori se derrumbaron en una gran esfera de fuego que incluso las lanzó hacia atrás a ella y Chiyo como dos muñecas de trapo.

A Hinata no le importaba sufrir el golpe expansivo de la explosión. No le importaba ser dañada… incluso morir. Ya habría tiempo de sana su cuerpo y las heridas. Podía soportarlo si eso significaba proteger a la persona que amaba. Saber que Naruto estaría a salvo de esos monstruos en Akatsuki le hacía sentir que mantenía su promesa, aquella que había hecho bajo la lluvia en Yugakure.

Naruto-kun, me volveré más fuerte. No dejaré que Akatsuki te haga daño. Te lo prometo…

Pensó que iba a golpear contra la roca, rodar y quebrarse cada hueso de su cuerpo...Quizás se lo merecía por ser aún tan débil como para haber tenido que recurrir a eso. No obstante, algo detuvo su caída.

Brazos fuertes la sostenían, apegándola a su cuerpo. Era una tibieza extraña, como si por un momento se hubiese detenido todo a su alrededor y la explosión fuese sólo un mal recuerdo.

Se sentía tan familiar…

―Lamento llegar tarde, Hinata-sama.

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Notas de Sasha

Estoy muy feliz porque siento que la historia llegó a uno de sus climax y eso después de escribir como 300 mil palabras para este fic, me hace sentir superrrr orgullosa. Gracias por acompañar a Hinata, Naruto y Sasuke en su camino como equipo. Espero que les guste leer el capitulo tanto como yo me he divertido escribiéndolo y espero poder entregarles pronto la tercera y última parte. Les agradezco tambien si la agregan a sus favoritos, dan follow y me dejan un comentario! Eso ayuda a que la historia siga creciendo y subiendo en las listas de lecturas de esta plataforma :3

Si tienen dudas adicionales sobre lo que está ocurriendo encantada aclararlas. Un abrazo!