Todos los personajes son de la serie Boku No Hero Academia (My Hero Academia) del mangaka Kōhei Horikoshi. Esta historia sólo utiliza los nombres de los personajes para entretenimiento sin fines de lucro.


Se sentía absurda. Mientras más se probaba ropa frente a espejo, Uraraka sabía que estaba cometiendo una tontería. Ir al mall, ir a tiendas, posiblemente después al cine, y finalmente comprar una nieve, ¡No tenía 14 años, por Dios!

Volvió a suspirar mientras se bajaba en pantalón y lo dejaba en el suelo, mucha de esa ropa ya no le quedaba, señal divina a que no debía de ir a esa cita con Iida, no obstante, al percatarse que su celular estaba en total silencio, suspiró mientras volvía a cambiarse de atuendo, ella se había metido en ese problema solita sin ayuda de nadie.

Mientras seguía probándose ropa que se había encogido brutalmente desde al año anterior, se arrepintió de haberle dicho la verdad a Bakugou, tal vez si le hubiese dicho que no le había bajado hasta que él llegase y luego le decía que justo en ese momento había comenzado a sangrar, hubiesen buscado una forma alternativa de pasar la noche. Pero no, ella en su desesperación, y como siempre lo hacía, eligió la peor decisión posible y fue sincera.

Cuando envió el texto avisando que ya estaba en sus días, Bakugou vio el mensaje y estuvo sin responderle por unos 5 minutos que se le hicieron eternos. Ella, mientras más pasaba el tiempo más se ponía nerviosa al ver que no tenía respuesta, así que bloqueó su idea de que fueran a cenar o algo. Por lo que antes de que él volviese a escribir un mensaje, le dijo que era lo mejor, ya que así iría a visitar a sus padres el fin de semana e iba a aprovechar.

Entonces Bakugou le contestó que estaba bien, que se divirtiera y que lo mantuviera al tanto, mientras le prometía que no le diría nada sugerente hasta que regresara de su viaje. Y entonces ella le prometió fotos de su fin de semana. Poniéndose a sí misma en aprietos de que en realidad sí tendría que ir a ver a sus padres en lugar de quedarse en su casa viendo aquel maratón de películas que ya hasta había olvidado.

Lo peor ocurrió cuando al avisar de su visita, su madre se encargó de que Iida también los visitara, y como había quedado pendiente su salida para que ella buscase un celular nuevo, al parecer era el momento perfecto para hacerlo.

Volvió a lanzar una blusa que le quedaba apretada, aunque en lugar de ponerla en el piso, la dejó sobre la cama. Esa blusa en especifico le quedaba bien salvo por el área de los pechos, con unos cuantos recortes estaría sumamente presentable para usar con Bakugou.

Después de varios cambios más, Uraraka por fin se sintió lista, ni tan descuidada ni tan arreglada. Revisó de nuevo el celular y la conversación con su exprofesor seguía igual; él había aprovechado ese fin de semana para buscar algún taller para reparar la puerta del Prius, esperando que no se tardase mucho ya que al parecer realmente se había dañado con lo que sea que lo hubiese impactado.

Suspiró mientras bajaba las escaleras y e iba a la sala donde seguramente se encontraban sus padres, Iida pasaría por ella, tendrían una cita boba, su madre sería la mujer más feliz en todo ese fin de semana, y ella tendría muchas más razones para deprimirse, genial.

El joven llegó incluso antes de la hora acordada, tocó a su puerta y saludó a sus padres como todo chico responsable, a Uraraka le exasperó, era demasiado niño bueno, sus gestos no concordaban con su rostro, volvió a sentir que él sólo estaba usando una máscara, aunque en ese momento le entendió un poco; ella estaba mintiendo igual.

Ambos salieron y entonces se dispusieron a ir al centro comercial. El transcurso fue silencioso, sólo la música se escuchaba, aunque al estacionarse, Iida sugirió llegar directo al cine para elegir una película que a ambos les interesara, y ya sabiendo el horario, podrían ajustar sus demás actividades de acuerdo al horario de la función.

A Uraraka le pareció bastante bien acertada su logística "Cosa de ingenieros" Pensó. Y entonces cuando ya estaban frente a la taquilla, sólo puso una condición para elegir la película: ninguna dramática cuyo objetivo fuera hacer llorar al público. Iida se giró hacia ella sorprendido, y por primera vez en mucho tiempo, la castaña sintió que su sonrisa era sincera.

— Perfecto, yo también detesto esas.

Ahora fue el turno de ella de sorprenderse, ese había sido el comentario más contundente que había escuchado por parte de él. Ella no odiaba las películas así, simplemente prefería verlas en soledad donde nadie escuchase su llanto, no le gustaba que la vieran llorar, y mucho menos deseaba que él la viese así, pero se quedó callada, por fin veía un poco del Iida que sentía que realmente era.

Al final decidieron que verían una película de terror. Por el poster se veía bastante mediocre, pero era la única que les llamó la atención. Las otras que había eran: o dramáticas, secuelas de super héroes a los que ella les había perdido la pista, una de anime y las demás infantiles. Era lo más decente que pudieron elegir.

Al ser una película con contenido gore, empezaría algo tarde, a las 7:15 pm. Y al ser apenas las 4:30 pm. Tendrían bastante tiempo para hacer sus otras actividades. Uraraka se relajó cuando fueron directo a la tienda de celulares, Iida desde el cine ya no tenía ese gesto y actitud falsa, y al estar en una tienda de electrónicos, dejó sacar su verdadero yo.

Ya no sonreía, tenía un rostro serio y le hacía bastantes preguntas técnicas al vendedor. El pobre chico parecía que se arrepentía de acercarse a ellos cuando llegaron, porque cuando preguntó para quien era el celular y descubrió que era para ella, supuso que sólo quería un celular bonito para tomarse fotos, nunca se imaginó que los productos serían altamente revisados por su acompañante.

Uraraka de hecho sí quería sólo un celular que tomase fotos bonitas. Pero dejó ser al Iida, así perdían más el tiempo y su cita se acabaría pronto. Aunque a veces intentaba no mostrarse tan indiferente y le preguntaba a su acompañante a qué se refería con los términos que utilizaba, le preguntó porque era importante el procesador y la memoria expandible, e Iida intentaba explicarlo, pero lo hacía bastante técnico, por lo que sólo lograba confundirla más.

Pasaron casi una hora en el local. A Iida sólo lograron convencerlo tres modelos, y Uraraka le dijo cual prefería, no sólo por el costo, sino porque estaba en un color azul zafiro que le gustó –sí esas eran sus prioridades –. El vendedor pareció querer llorar en ese momento, más cuando ella anunció que lo compraría dentro de dos quincenas más.

Salieron de la tienda y entonces decidieron ir al comer. La castaña estaría feliz de ir a un McDonalds, pero Iida eligió el restaurante más elegante de ahí, ella contestó divertida que, si iban a ese lugar, se tardaría una quincena más en conseguir el celular, pero él pareció ignorar su comentario, ella sabía lo que significaba, que iba a pagar todo él.

Ambos cenaron sin decir mucho salvo lo bueno que estaban esos platillos, y las cosas parecidas que habían probado. En un momento de debilidad Uraraka fue pillada revisando su celular, así que le enseñó un meme a Iida para distraerlo… Al parecer Bakugou tendría que dejar el Prius en el taller ese día, lo recogería el domingo y hasta el siguiente fin de semana pintarían la puerta.

No supo si fue porque comieron lento, o porque el universo estaba a su favor, pero la castaña vio en su reloj que pasaban de las 6:00 pm. Ella era de las que llegaba justo a la hora de la función de la película, y a veces incluso se daba el tiempo de ir a la dulcería a comprar cosas, total, siempre habían como 15 minutos de anuncios que no le interesaban.

Pero esa vez se propuso ser puntual, prefería ver los anuncios que a su acompañante.

Agradeció que el mesero tardó bastante en entregar la cuenta y entonces decidieron caminar un poco para bajar la comida, ninguno de los dos tenía hambre, pero aun había un trato silencioso sobre que comprarían palomitas, en el pasado a veces las compraban sin llegar a masticar unas cuantas, pero a los padres de Uraraka les encantaban, así que se las llevaban como un gesto de que pensaron en ellos.

Uraraka volteó los ojos cuando recordó a sus padres, antes los comprendía porque ella era una adolescente, pero ahora ya era más grande, más independiente, y al parecer ellos no lo entendían, o se rehusaban a creerlo. Seguramente como ella se encargó de mantener su imagen de niña buena y correcta ante ellos, nunca se la imaginarían en las posiciones que estaba con un hombre 7 años mayor que ella.

Desvió la mirada sólo para percatarse que Iida se estaba metiendo a una pequeña dulcería que vendía cosas a granel.

— Creí que íbamos a comprar algo en el cine. — Le dijo bajo mientras veía como él tomaba una bolsita de celofán y comenzaba a llenarla con pequeñas bolitas cafés, seguramente cacahuates cubiertos de chocolate.

— Lo haremos, pero estos dulces no los venden allá.

Uraraka levantó una ceja.

— ¿Vas a meter dulces de contrabando?

Iida levantó los hombros en señal de indiferencia.

— ¿Quieres?

La castaña sintió que podría hacer más tiempo si se entretenía viendo todos los dulces.

— De acuerdo.

Esa actitud de Iida fue sorprendente, ya no actuaba como el típico boy scout. A pesar de mostrarlo de maneras sutiles, estaba dejando ver un chico que sí rompías las reglas, tenía sus gustos, y tenía cierto nivel de indiferencia por lo que dijesen de él.

Uraraka eligió unos chocolates en forma de piedras, rebanas de plátanos secos, y una paleta de caramelo. En contra parte, además de sus chocolates, Iida eligió también un mix de frutos secos. Ella ofreció poner todo en su bolsa y se dirigieron al cine, dónde compraron un combo de palomitas y refresco. La chica al ver la cantidad de comida sintió asco, aunque con el transcurso e la película, si mordisqueó un poco de todo.

Cuando salieron de la función donde ella tomó la palabra para quejarse de lo mala que había sido la película, se percataron que aún había algunos locales abiertos, seguramente debido a alguna venta nocturna del centro comercial. Iida pareció dubitativo, entonces le dio dinero a Uraraka junto con el boleto del estacionamiento para que fuese a pagarlo.

Ella reprimió una sonrisa. Hace dos semanas Bakugou también le había dado dinero, aunque ella llevaba un vestido cortísimo y había bastante aire… a diferencia de ahí donde llevaba un pantalón de mezclilla y aun seguía con la protección de las paredes.

Su humor mejoró al recordar a Bakugou, por lo menos ese era un momento alegre, no como el incómodo que había vivido el sábado pasado. Era por eso que le dolía lo que había visto, se había divertido con él, y le pesaba que posiblemente ya no volvería a tener experiencias como esas.

Pagó el boleto y entonces Iida la encontró sin decir a donde había ido y ella no preguntó. La cita había resultado bastante aceptable, incluso agradable, pero no quería darle alas al chico, ella sólo estaba ahí por su madre y su instinto de supervivencia hacia ella si le rechazaba.

Regresaron ahora con la película vista como tema central de platica, y justo cuando Iida estacionó el vehículo y ella abrió la puerta del coche para irse, él la detuvo mientras la sujetaba de brazo. Uraraka al voltearse indignada, percató que él la había detenido para así darle tiempo de tenderle una cajita mediana como obsequio. Ella miró asustada el empaque del celular que ella había seleccionado como su favorito.

Lo odió.


Lunes por la mañana. Había llegado mucho más temprano de su horario habitual y se fue directo a servirse su café matutino. Cuando llegó, Uraraka se sorprendió de ver a Fuyimi ahí mismo, pero su jefa ni siquiera le había prestado atención, a contraparte de Deku que ya le esperaba frente a su escritorio también con su café.

— ¿Lo trajiste? — Preguntó el chico apenas ella se sentó.

— Ajá — Respondió ella mientras sacaba de su bolso la caja con el celular que le había regalado Iida. — Ni siquiera me he animado a sacarlo de su caja.

Deku fue el que se animó y comenzó a abrirlo.

— ¿Tus padres no te dijeron nada?

Ella suspiró.

— Son de la vieja escuela, les dije que tenía que cargarse el celular por 24 horas antes de encenderlo y me creyeron, además de que les anuncié que como no le había comprando una funda, lo dejaría en su caja hasta que estuviese totalmente seguro.

Deku bufó mientras sacaba de la caja una funda transparente y una mica para la pantalla.

— ¿Y qué le dijiste a Iida?

Uraraka acomodó los codos en su escritorio mientras ponía su cabeza entre sus manos.

— ¿Qué le iba a decir? Me quedé muda, nunca imaginé que me compraría un celular, cuando me lo enseñó, realmente me moleste. Segundos antes estaba pensado que había sido una buena cita, sin embargo, a pesar de poder ver pequeños rasgos de honestidad en él, sigue siendo bastante hipócrita, seguramente con concluyó que, si me compraba el celular que necesitaba, me estaría comprando a mí misma y yo aceptaría seguir saliendo con él, es despreciable.

— Una opinión bastante fuerte ¿No crees?

— Pero llena de verdad. — Soltó ella con amargura.

— ¿Y? — Preguntó Deku después de un rato — ¿Lo consiguió?

Uraraka quitó sus manos y dejó caer su cabeza en el escritorio, no lo hizo fuerte como para pegarse, pero sí para mostrar que se arrepentía.

— No le iba a aceptar el regalo — Confesó — Pero apenas había conseguido calmarle, el auto de mis padres nos encontró y mi madre salió efusivamente para saludarlo. Cuando vio el celular fue la mejor cosa que pudo haber visto en su vida, y comenzó a abrazarlo mientras decía que era un caballero y no sé que más. Yo quería interrumpirla y corregirla, pero mi padre me tomó del hombro y me dijo que la dejara ser, al parecer él también está tan harto de su enamoramiento por Iida que yo.

Ambos se quedaron en silencio por un minuto. Deku analizando las palabras de Uraraka, y ésta analizando todas sus acciones del fin de semana, se arrepentía de haber sido tan ilusa y no sospechar que Iida podría comprometerla con algo así.

— No le hablé en todo el domingo —Volvió a proseguir con su historia — Pero al parecer mi madre le dijo que había sido porque ya estaba cambiando el chip y no se qué… Te juro, estoy esperando a que paguen para poder devolverle el dinero que invirtió.

— ¿Crees que te lo acepte?

Uraraka gimió de dolor.

— No, pero me rehúso a deberle algo, además, tampoco le puedo comprar otra cosa del mismo valor del celular porque me comprometería más. Tengo que regresarle el dinero, es la única forma, porque mis padres ya vieron el nuevo celular y van a estar preguntando que hice con él si no me ven usándolo.

Deku comenzó a acariciarle el cabello en forma de consolación.

— ¿Y te crees capaz de usarlo? Ni siquiera lo has sacado de su caja.

— Si me lo configuras tú, tal vez. — El chico sonrió. — Ya conoces mis contraseñas.

— En la hora del almuerzo te lo entrego ¿te parece bien?

Ella asintió aun pegada en el escritorio. Deku entonces tomó tanto su celular viejo como el nuevo, mientras ella para no responsabilizarse de sus actos, le echaba la culpa a Bakugou por lo haber sido sincero con ella. Si hubiese explicado todo, tal vez si hubieran podido salir ese fin de semana y nada de lo que pasó con Iida habría ocurrido.

"Bakugou Katsuki, te odio" Maldijo mientras sospechaba que su interés con él aumentaba con creces.

Ya llegada la hora de la comida, Deku se tardó un poco en llevarle el celular… lo bueno que ella se había ofrecido a pedir sushi para ambos, una forma de pagarle a él, y darse un antojo ella ya que el dinero que tenía ahorrado se veía un poco más flexibilizado.

— Ya está — Soltó su compañero, quien le entregó el celular nuevo. — Todos tus contactos, aplicaciones y demás ya están listos… nada más falta que inicies sesión en varios de ellos, pero son las contraseñas que no tenía guardadas Google. Los botones están en el mismo lugar ya sólo falta que tú acomodes a tu gusto los botones directos de las aplicaciones. Y los fondos de pantalla los dejos a tu discreción… creo que tus álbumes de la galería siguen acomodados de la misma forma.

Uraraka asintió mientras tomaba el celular nuevo aún nerviosa, sabía que lo necesitaba, pero esa no era la manera en que le hubiese gustado obtenerlo.

Al hacerlo, sintió que Deku aun tenía presionado el celular entre sus dedos.

— Esteeee… — Dudó el chico, y ella lo miró directo a los ojos — Las carpetas ocultas también están como siempre… y los chats que tenías, seguramente se actualicen de nuevo a las 2:00 am.

Ella sintió un sudor frío.

— ¿Viste las fotografías? — Dijo con la voz ronca, aun sin dejar de verlo. Deku se sonrojó.

— Accidentalmente.

— Yo… — Intentó decir algo la castaña, pero su mente se quedó en blanco. — Yo…

— ¿Sin preguntas? — Sugirió él, y ella se permitió respirar.

— Sin preguntas.

Ambos sonrieron, pero Uraraka ahora menos quería ver su celular nuevo.

— ¿Leíste los chats? — Dijo ella cuando ambos estaban a mitad de comida.

— Nop — Soltó Deku, mientras seguía masticando el rollo que ella había pedido. — No lo creí propio. ¿Había algo que te hubiese gustado evitar?

Ella negó.

— No, no. Es solo… no. — Dijo, aun sin saber cómo explicarse. El chico cambió de peso de una pierna a otra, deseoso también de romper ese momento tan incómodo.

— ¿Qué vas a hacer con el celular viejo? — Preguntó, y Uraraka masticó rápido para contestarle.

— No lo sé, me imagino que guardarlo para alguna emergencia.

Él se atrevió a mirarla fijamente.

— ¿Me lo podrías dar?

Ella ladeó su cabeza en señal de duda.

— ¿Lo necesitas? — Preguntó confusa. Deku trabajaba como chofer en la funeraria, aunque en realidad tenía una carrera en enfermería y tenía por hobby los super héroes y la tecnología. El tenía un celular casi tan bueno como el de ella, era raro que le pidiese algo así.

Éste se sonrojó.

— Tiene unas piezas originales que podría vender…

— ¿Necesitas dinero? — Concluyó rápidamente, tal vez por eso andaba tan raro en las últimas semanas. — No es mucho, pero tengo ahorrado lo del celular nuevo, te lo puedo prestar.

— ¿No que se lo ibas a regresar a Iida?

— Él se ofreció sólo a comprármelo, no creo que le pueda el que me tarde unas quincenas más en liquidar el préstamo.

— Porque él no sabe que te hizo un préstamo. — Interrumpió Deku. — No pasa nada, ya casi no necesito dinero, y si me das tu celular, hasta ahora podría yo invitarte la comida.

Uraraka no fue tonta, había entendido el "Ya casi no necesito dinero" como "Hace unos días estaba preocupado por una deuda que tengo, pero lo he solucionado en parte, aunque no del todo".

— ¿Sin preguntas?

— Por favor.

— Bien — Resolvió ella — Espero mi desayuno de compensación el viernes.


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