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CAPÍTULO 48
LUNA AZUL

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La mirada desanimada de Hinata se posó sobre la luz que parpadeaba en el pasillo en esa solitaria noche en el hospital. La bandeja con comida que se enfriaba sobre la mesita de la camilla no se veía demasiado apetitosa, por lo cual no tuvo el deseo de probarla. No comprendía muy bien por qué su cuerpo se sentía normal, vigoroso y fuerte, y aún así, la estaban haciendo quedarse ahí.

Si hubiese dependido de ella, habría querido pasar un tiempo en casa junto con su familia, intentando averiguar un poco más sobre todo lo ocurrido. ¿Por qué su byakugan había despertado ese alarmante interés en las personas con quien había combatido? Necesitaba estudiar qué era eso del Tenseigan que Chiyo había temido tanto que intentó matarla para deshacerse de él.

Pero su padre no se encontraba en Konoha. Neji le había informado que tanto Hanabi como Hiashi Hyūga estaban en la capital del País del Fuego, hospedándose con el Daimyo, Madoka-sama. No obstante, su primo había mandado noticias sobre su estado de salud y al parecer la comitiva diplomática Hyūga había decidido volver a Konoha. Eso había sido lo último que conversó con Neji cuando despertó, ya que pronto había sido asignado en una importante misión. Supuso que debió haber estado muy ocupado, después de todo, era un jōnin de élite dentro de la Aldea.

Suspiró sabiendo que estaba preocupando demasiado a las personas a su alrededor. De hecho, Sasuke le había mencionado que los había hecho pasar un gran susto cuando no lograba despertar y tuvieron que entubarla después de neutralizar el veneno. Naruto había dicho que estuvieron días junto a ella esperando que despertara, hasta que hacía tres días atrás, sus ojos se habían abierto encontrándose con bastante sorpresa con la imagen de Sasuke y Naruto jugando cartas junto a ella.

Recordar la sonrisa de Naruto mientras la veía con ojos llorosos de alegría la hizo suspirar, porque ni si quiera sus ojos azules llenos de felicidad lograban que apartara la mirada de los ojos negros junto a él, que la miraban con un alivio que le causó escalofríos. Y justo entonces cuando debió haber estado sumergida en felicidad por saberse querida y acompañada por sus amigos, se había sobrepuesto sobre esos ojos negros que le causaban escalofríos, la mirada llena de odio, oscuridad e ira que le había mostrado cuando asesinó a Chiyo.

Desde entonces, no lograba descansar.

―Sasuke-kun... ―susurró melancólicamente, para luego suspirar, observando sus manos.

Algo frío le recorrió la espalda y tuvo que cerrar los ojos para soportar esa sensación sombría que la apabullaba en su descanso. ¿Por qué, a pesar de todos sus esfuerzos, no había logrado que Sasuke dejara ir esa ira que llevaba en su interior? Llevaba años mostrándole que había otro camino que tomar que se alejaba de su venganza, de la tristeza y la soledad. Le había estirado su mano para caminar junto a él, mostrándole que el mundo podía ser un lugar realmente hermoso si se tenía personas con quien compartirlo. Y a veces, creía de verdad que lograba alcanzarlo en ese lugar lejano en donde Sasuke sólo vivía para él. Ahora, sabía... simplemente sabía, que no había logrado que esa oscuridad en él desapareciera, sino que al contrario, se había estado replegando y fortaleciendo con el tiempo, esperando sólo una excusa para liberarse sobre todos ellos.

Y aquello la llenaba de miedo, porque sentía en su corazón que si no hacía algo por ayudarlo, detenerlo o hacerlo entrar en razón... Sasuke iba a terminar ahogándose en su propia ira y deseo de venganza. Sin que nadie pudiese alcanzarlo.

Era como había dicho Itachi mientras caía en su genjutsu. Para que Sasuke liberara su verdadero poder, aquel que residía en la herencia de su clan, en esos ojos monstruosamente fuertes que todo el mundo shinobi temía... ella tenía que morir ¿No? ¿Acaso esa herencia ocultar era la materialización de su odio e ira? Había visto un atisbo de lo que podía ocurrir si algo le sucedía y terminaba muriendo frente a su mejor amigo: Sasuke despertaría algo horrible dentro de sí, ese mismo poder de odio que había llevado a Itachi Uchiha a su ruina.

¿Sería algo que dicho clan cargaba consigo? Sentía que así era, como un destino que no podían cambiar y una oscuridad que los rodeaba; una carga inevitable. Algo, que venía desde el inicio, como si ellos hubiesen sido obligados a cargar con la oscuridad mientras alguien más tenía que soportar el peso y la responsabilidad de la luz.

Pensarlo le provocó un nudo en el estómago mientras el corazón le latía rápido. ¿Por qué su Byakugan palpitaba cuando pensaba en ello? Como si... pudiese presentir lo que se avecinaba. Y lo que venía era algo grande, algo que los pondría realmente a prueba. Esa era la corazonada que tenía y que la mantenía de tan deprimente humor.

Puso su mano sobre uno de sus pómulos sintiendo como sus capilares y venas ardían en ese lugar. Su byakugan venía actuando extraño hacía un par de semanas ya, desde el primer sueño que tuvo con esa mujer, el árbol y los niños que caminaban a su lado. Lo había notado al luchar contra ese hombre-marioneta, como si cada paso que daba al combatir ya se lo hubiese indicado alguien más y ella sólo lo leyera para así repetirlo. Había sabido qué hacer en cada momento, porque su intuición se lo dijo. Y nunca antes le había ocurrido algo así, como si pudiese predecir cada cosa que ocurriría. Ella no era particularmente brillante como Sasuke ni tenía un descomunal chakra a diferencia de Naruto; pero había vencido a un enemigo muy superior. Y aquello se debía a que había sentido lo que tenía que hacer.

Lo peor era que a veces, en medio de la noche durante los últimos tres días, despertaba llorando y con el Byakugan activo. La pesadilla con su madre era algo que no paraba de repetirse cada vez que lograba conciliar el sueño. Incluso mientras permaneció inconsciente, la escena se había repetido en su cabeza una y otra vez.

Siempre terminaba igual, ella corriendo detrás de esa hermosa mujer, llamándola, creyendo que era su madre, viendo a esos niños caminar tomados de sus manos. Sólo que últimamente el sueño terminaba de forma distinta; los niños soltaban las manos de la mujer y crecían, alejándose cada vez más, hasta que uno de ellos se fundía en la tierra y otro ascendía al cielo estrellado. En ese momento, la mujer los observaba y al voltear hacia atrás, a mirar a Hinata, podía ver gotas plateadas cayendo de sus ojos en la oscuridad. ¿Por qué lloraba así, con ese desconsuelo? Hinata quería saberlo. No creía que ese sueño que se repetía no tuviese un significado. ¿Acaso su madre creería que ella y Hanabi la habían olvidado? Pensarlo le dolía.

De pronto un ruido la hizo mirar hacia la ventana y ahí, en el marco de ésta, se encontró con un par de ojos azules que conocía bastante bien.

―¿Naruto-kun? ―preguntó sorprendida al verlo con algunas bolsas en las manos mientras entraba a la habitación―. ¿Qué haces aquí? ―de inmediato pensó en la Hokage y la forma tajante que había prohibido que Naruto y Sasuke siguieran ahí apabullándola con preguntas. No quería que su compañero se metiera en problemas―. Tsunade-sama dijo que...

―Sí, sí. Ya sé lo que dijo ―agitó su mano restándole importancia―. La abuela es una exagerada ―sonrió mientras depositaba las bolsas sobre la cama―. Acabamos de terminar de entrenar con Sasuke y mientras caminaba de vuelta a mi departamento pensé... ¡Hinata debe estar muriéndose de aburrimiento en ese lugar! Así que traje lo esencial para una buena noche de tediosa espera hasta que te den el alta. Primero, rollos de canela ―Hinata vio una bolsita de papel café de su pastelería favorita y sonrió, no recordaba haberle dicho a Naruto que amaba los rollos de canela de Momo Café―. ¡Y no podía faltar la mejor revista informativa de Hogar y Plantas para saber qué semillas germinarán esta temporada! Hay un reportaje increíblemente entretenido y útil sobre las hierbas aromáticas que dan un agradable olor en las entradas de las casas y que no requieren tantos cuidados ―Hinata rió bajito porque ambos leían esa revista constantemente, ya que amaban las plantas―... ¡Y además traje la cena! ¡Ramen de Ichiraku! ¿Sigue siendo tu favorito, verdad? ―ella asintió sonrojando―. Te pedí el de caldo de Miso con extra toppings, deliciosos para una noche fría. Además, el viejo Teuchi dijo que lo había hecho especialmente nutritivo para ti. ¡El caldo de miso tiene todos los elementos esenciales para una dieta saludable! Y los toppings tienen vitaminas, minerales y proteínas. ¡Ya verás lo pronto que te darán el alta comiendo Ramen!

―Muchas gracias Naruto-kun. Eres muy amable ―dijo Hinata con una sonrisa mientras abría la bolsita y sacaba un rollo de canela dándole un mordisco―. En Momo Café hacen mis rollos de canela favoritos ―inspiró el aroma a especias suspirando―. Hace mucho que no comía uno. Con el otoño casi terminando, me provoca comer dulces.

―¡Vamos a ir a ese café tan pronto te recuperes! Aunque a Sasuke no le gustan mucho los dulces lo obligaremos a comerlos ―Naruto rió contento mientras recibía la bolsa que Hinata le ofrecía y también tomaba uno. El rostro de Hinata dejó de sonreír cuando mencionó a su otro compañero―. Qué bien que Ino me dijo lo de los rollos de Canela de Momo Café y para mi suerte aún estaban abierto junto a la Florería Yamanaka.

―¿Visitaste a Ino-san después de entrenar hoy? ―preguntó desconcertada, intentando no seguir pensando en el asunto de Sasuke.

―Bueno, no a Ino precisamente. Fui a la florería. ¡Iba a traerte flores! P-Pero Ino dijo que tu eras el tipo de chica que prefiere las flores en macetero y no le quedaban. P-pero al menos me dio una bolsa de semillas ―Naruto la sacó de la bolsa con las revistas mostrándoselas a Hinata―. ¡Girasoles! ¿No es genial? Plantemos girasoles, Hinata.

―Eso me gustaría mucho. Amo los girasoles en el verano. Es como si el sol te saludara al verlas. ¿No lo crees? ―Naruto asintió―. Aunque, no debiste molestarte ―dijo sintiendo que el corazón se le llenaba al estar con él, provocándole un suave sonrojo pensar en plantar flores junto a Naruto―. Pero, admito que me alegra mucho que me trajeras algo para comer. Me he sentido perfectamente bien e insisten en darme esa comida ―Naruto miró el arroz blanco y el pedazo de pescado insípido con una ceja levantada mientras lo olía.

―Lo sé, comimos la comida de este lugar la semana pasada con Sasuke y fue insoportable.

―Lamento mucho haberles hecho pasar por eso. Lamento mucho todo lo que pasó ―murmuró bajando la mirada con melancolía, sin poder ocultar más su tristeza.

Pues tan pronto mencionó a Sasuke la sonrisa de Hinata se disolvió en una mueca preocupada.

Sus ojos opalinos observaron la bolsa de rollos de canela pensando en su otro compañero de equipo. Recordar la mirada lúgubre de Sasuke cuando cortaba el cuello de esa mujer de Suna le causó un horrible dolor en el pecho. Pronto, los ojos se le volvieron opacos.

―No tienes nada que lamentar. Fue nuestra culpa no poder protegerte de mejor forma. Pero eso cambiará. Sasuke y yo vamos a entrenar mucho, mucho, mucho para que no vuelvas a estar en riesgo si estás con nosotros ―dijo sonriente, pero ni si quiera esa calidez que irradiaba pareció animar a la joven―. ¿Qué sucede, Hinata? ―le preguntó mirándola preocupado―. ¿Te sientes mal? ¿Te enfermaron los rollos de canela?

―No es eso. Naruto-kun ―dijo en un susurró, porque si a alguien jamás le mentiría sería a él. Su corazón debió ser un libro abierto para Naruto si se tomaba las molestias de averiguar que había dentro de éste―. Tengo miedo.

―¿De qué? ―le preguntó con seriedad, pues odiaba ver a Hinata con esa expresión.

―De que perdamos a Sasuke-kun.

Naruto suspiró pesado, y su expresión se volvió similar a la de Hinata.

―Con que era eso ―permaneció en silencio un momento para observarla con melancolía―. Pensé que quizás al estar inconsciente tanto tiempo habrías olvidado lo que sucedió cuando él... ―detuvo sus palabras antes de terminar.

―No. No lo olvidé ―dijo suave―. No puedo dejar de pensar en cómo él... ―hizo una pausa, no podía completar esa frase tampoco.

―Lo que hizo estuvo mal ―dijo Naruto, serio.

―No. No es eso ―explicó Hinata con gravedad y preocupación―. Cuando esa mujer atacó nuestro equipó se volvió nuestra enemiga. Si ella hubiese intentado lastimarlos, yo habría hecho lo mismo que hizo Sasuke-kun. No habría dudado un momento en protegerlos aunque tuviese que matarla, por lo cual, entiendo lo que hizo Sasuke-kun porque yo habría hecho lo mismo ―Naruto la observó completamente sorprendido, como si la idea de que Hinata pudiese matar a alguien de esa forma le fuese impensable en ese mundo noble y correcto que tenía en su cabeza, en donde atacar y matar a alguien que no estaba en condiciones de pelear de vuelta era impensable―. P-pero... lo que no puedo entender, ni excusar... lo que realmente me aterra es... su mirada. Como si...

―Lo hubiese disfrutado.

―Sí.

Ambos quedaron en silencio meditando en el asunto. Se notaba en sus rostros que la situación no les resultaba sencilla de resolver y que muy probablemente, fuese una carga que llevarían el resto de sus vidas. La diferencia era que Naruto había decidido confiar en su amistad con Sasuke, hablarlo con él y decirle lo que sentía sobre ese asunto. No había sido fácil pero había tomado ese camino inspirado en la felicidad que sentía al saber que su mamá no se había rendido nunca. Por eso, no iba a rendirse tan fácilmente cuando veía que quizás había algo que podía quebrar ese lazo especial que había entre ellos. Él no iba a permitir algo así.

No obstante, Hinata no había hablado con Sasuke. Ni si quiera podía verlo demasiado tiempo al rostro sin sentir una acongojante sensación de que había algo en él que nunca podrían apaciguar si seguían por la ruta que cada uno había emprendido en sus vidas.

―Le debo tanto a Sasuke-kun. Estos últimos años ha estado ahí apoyándome y ayudándome a entrenar. Nunca me permitió que tuviese dudas sobre mí misma y me empujó a igualarlo aunque fuese difícil. Nunca pensé que tendría algo en común con Sasuke-kun, pero nos convertimos en verdaderos amigos, Naruto-kun. Mejores amigos por extraño que suene. ¿Recuerdas lo mucho que le desagradaba en la Academia? A veces, no puedo creer que todo cambiara así, pero lo hizo ―sonrió un tanto avergonzada―. Y me ayudó a ser esa kunoichi que siempre soñé que podía llegar a ser si tan sólo me esforzaba ―Naruto sonrió con algo de melancolía al pensar que se había perdido ese tiempo con ellos, pero lo hacía feliz saber que Hinata ahora era una joven con confianza y valor; eso se lo debía a Sasuke y siempre estaría agradecido de que su mejor amigo hubiese cumplido su promesa―. En el país de los Ríos, él salvó mi vida ―dijo la joven con labios temblorosos y lágrimas en sus ojos―. Y aún así, no puedo ayudarlo de vuelta.

Naruto suspiró sentándose sobre la camilla vacía junto a Hinata. La observó con algo de tristeza porque sus sentimientos hacían eco en él. Ambos sentían a Sasuke como un hermano, alguien que amaban y que era importante en sus vidas, y sin embargo, ¿qué podían hacer para ayudarlo? ¿Era si quiera su labor decidir cómo Sasuke tenía que vivir? ¿Era eso amistad de verdad o sólo proyectaban sobre Sasuke lo que ellos deseaban de él? ¿Podían llamarse verdaderos amigos si imponían sobre Sasuke lo que ambos deseaban que él fuese, y no lo que realmente era?

―¿Sabes algo Hinata? ―Naruto respiró profundo y luego, le sonrió. Hinata lo observó perpleja, porque no sabía cómo era posible que esa sonrisa cálida en Naruto siempre la hiciera sentir como si lo que estuviese a punto de decir fuese a calmar cualquier preocupación y borrar sus dudas―. Quizás, no sea tu labor ayudarlo esta vez.

―¿Qué quieres decir, Naruto-kun? ―preguntó ella sorprendida.

―Que quizás, este asunto sea algo que sólo Sasuke puede decidir; Ya sea vivir su vida e intentar ser feliz con todo lo que tiene a su alrededor, llenar el vacío que Itachi dejó en su vida con amistad y lazos importante, encontrar un nuevo sueño o motivación que seguir... o seguir viviendo en esa vida pasada, cargando a sus muertos y sufriendo por las pérdidas que ha tenido en esta vida; llenándose de su odio y su ira, hasta que lo único que le quede sea esta idea de venganza que ha abrazado desde que somos niños ―Hinata frunció las cejas en angustia―. Sé que es difícil ponerlo así pero, quien tiene que hacer esa elección es Sasuke. Y yo creo en Sasuke. Sé que tomará la decisión correcta. Y tú, Hinata, sobre todo tú que lo conoces tanto, deberías creer también en él.

―¿Y qué tal si no puede contra su propia oscuridad, Naruto-kun? ―preguntó sintiendo vergüenza de no tener la misma fe en Sasuke que mostraba Naruto―. ¿Entonces qué hacemos? ¿Qué hacemos si su deseo de venganza pone en riesgo todo lo que hemos construido juntos y nuestros lazos se rompen?

―Esa es una elección que él debe hacer ―dijo Naruto dándole un mordisco a su rollo de canela―. Pero si toma la elección incorrecta simplemente le damos una paliza y lo hacemos ver que si no puede controlarse por sí mismo tú y yo lo vamos a hacer por él, aunque... eso termine nuestra amistad. Es duro escucharlo, pero, no sólo tengo un amigo. Te tengo a ti también y al resto de los chicos en Konoha. Y si su oscuridad te pone en peligro o a cualquiera de ellos, yo lo voy a detener. Ya decidí eso. Nunca más me voy a paralizar si él me mira así... ¡Estaremos bien! ―Naruto sonrió con tanto ánimo hacia ella que Hinata no pudo evitar sonreír un poco―. Confía en mí. No permitiré que Sasuke vuelva a mostrar esa mirada.

Y Hinata supo que Naruto tenía razón. Quizás esa labor era muy grande para ella por sí misma. Era egoísta pensar que podía tomar decisiones sobre la vida de alguien más y como la quería vivir. Ella seguiría mostrándole cada día a Sasuke lo que era sentirse querido, rodeado de personas que lo apreciaban por ser quien era, con esa familia improvisada que ella y Naruto habían armado a su alrededor. No podía hacer más que eso, pues si Sasuke pensaba que aquello no era suficiente y dejaba que su ira lo controlara de nuevo, debía confiar en que esa sonrisa que era capaz de iluminar toda la habitación siempre sería el faro que guiara la vida de Sasuke, y también la de ella.

Pasara lo que pasara, sabía que Naruto no permitiría que perdieran a Sasuke. Y debía confiar que esa labor no era sólo de ella, sino, de ambos. Ya no estaba sola para cargar con la oscuridad de Sasuke. La sonrisa luminosa de Naruto se lo recordaba.

―Gracias, Naruto-kun ―dijo, sintiendo que un peso se quitaba de su corazón.

―Agradéceme comiéndote todo el ramen para que te sientas extremadamente fuerte ―dijo sacando de la bolsa el bol con la comida y estirándosela a Hinata, quien sonrojada, aceptó el desafío―. Tienes tanta suerte de haberte quedado aquí los últimos años y haber podido disfrutar de la comida de Ichiraku, Hinata. ¡No tienes idea lo mucho que la extrañé mientras me moría de hambre perdido con Ero sennin! ―Naruto lo dijo con tanta liviandad, que el pesado ambiente se disipó―. A veces fantaseaba con un poco de ramen.

―De vez en cuando comíamos allá con Sasuke-kun después de entrenar y ambos nos acordábamos de ti ―dijo Hinata soplando un poco el caldo mientras lo mezclaba con los fideos. Naruto estiró la mitad de su huevo hacia el bol de Hinata mientras ella ponía en el bol de él dos pedazos de carne. Siempre compartían sus toppings, desde pequeños, y hacerlo se sintió tan natural que ni si quiera lo hablaron, sin percatarse de lo que hacían―. En invierno, es muy agradable comer algo caliente.

―¿Sabes? Ay algo extremadamente genial que quería contarte ―le dijo con bastante ánimo―. Ero sennin me habló finalmente de mis padres.

El joven comenzó a narrar con una emoción casi infantil que le sonrojaba las mejillas la manera en que había averiguado pequeños detalles de su madre, su vida en Konoha y la existencia de una casa abandonada que había pertenecido a ellos. Cuando Hinata escuchó que tanto Sasuke como Naruto planeaban vivir allí con Jiraiya sensei, no pudo sino mirarlo con completo asombro, comprendiendo que eso de dejar a Sasuke elegir su propio camino era algo que venía pensando, pero que al igual que ella, deseaba inclinar la balanza hacia la opción que incluyese una vida feliz junto a sus amigos. Sin si quiera darse cuenta, Naruto estaba intentando acercar a su mejor amigo a una vida en donde volviese a formar una familia y se sintiera acompañado. Hinata sonrió mientras lo admiraba en silencio, escuchándolo hablar, sabiendo lo afortunados que eran de tenerlo ahí. Parecía que todos los problemas desaparecían si tan sólo lo escuchaba y confiaba en cada palabra que salía de su boca.

―¿Quieres escuchar lo más asombroso? ―Hinata asintió, esperando lo que él iba a decir―. Mi madre se llamaba Kushina ―dijo con voz de ensueño―. ¿A qué no es el nombre más genial que has escuchado en tu vida?

―Es hermoso ―dijo sincera, sonrojada y feliz.

―Aunque Ero sennin ya no quiere hablarme más de ese asunto ―suspiró con ese aire determinado en su mirada―. Yo seguiré averiguando quienes fueron mis padres. No sé por dónde empezar, pero lo haré. ¡Lo juro!

―Yo te ayudaré ―dijo Hinata sonriente, mientras ambos comenzaban a planificar la estrategia de devolverle a la casa Uzumaki su antiguo esplendor e investigar quienes habían sido los padres de Naruto que estaban envueltos en tanto misterio.

Sentados uno junto al otro, ojearon la revista de Casa y Jardín, sacando ideas y planificando con cuidado los almácigos que la casa tendría, la forma más adecuada de decorarla y lo fundamental que sería tener ese toque femenino y cálido de Hinata en cada rincón de su casa o terminaría siendo un desastre que no iban a poder superar. La joven aceptó el desafío alegremente, mientras sus preocupaciones por Sasuke se disipaban con cada hoja que Naruto avanzaba mostrándole en las imágenes esa vida con que soñaba. Una vida en la cual, él tuviese una familia. Y Hinata planeaba dársela.

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Los días que siguieron al alta de Hinata del hospital fueron muy agradables para todos ellos. El otoño se cerraba sobre Konoha y pronto comenzaría el invierno. El frío estaba forzando a que la ropa se volviera más gruesa, que las bufandas cubrieran sus cuellos e incluso que las sandalias fueran remplazadas por botas.

Esa mañana sacó sus guantes de jardinería, semillas del invernadero, comida caliente de la cocina y metió todo en un canastito mientras se dirigía hacia la casa de Naruto. Sus mejillas sonrojadas por el frío brillaban de alegría al saber que pasaría el día plantando hierbas y flores, observando a sus mejores amigos discutir por quien arreglaba peor las cosas, a Jiraiya sama quejarse de que no podría soportar vivir con ellos dos y a todos agradeciéndole infinitamente por la comida porque ninguno sabía realmente cómo cocinar de forma aceptable.

La primera pelea que Naruto y Sasuke habían tenido viviendo juntos surgió por un cartón de leche en el refrigerador. Sasuke se había hecho el desayuno cuidadosamente, poniendo leche en su vaso, abriendo un paquete de avena y sentado en la mesa mientras comía. De pronto, Naruto apareció medio dormido, en boxers, lo saludó sin molestarse en su aspecto y abrió el refrigerador para darle un largo sorbo a la leche desde el cartón. Sasuke había explotado en asco sabiendo que llevaba toda la semana bebiendo la misma leche que Naruto bebía directo del cartón.

Luego estaba la pelea por quien usaba el baño primero en la mañana. Pero sinceramente, ella no deseaba saber de ese asunto ni cómo lo resolvían. Los detalles sobre olores, limpieza e higiene le parecieron tan desagradables mientras los escuchaba discutir que tuvo que retirarse de la habitación.

Cuando llegó a la entrada de la residencia Uzumaki, Hinata sonrió al ver a sus dos amigos subidos en el techo, arreglando por tercera vez el tejado.

―¡Buenos días! ―exclamó desde abajo haciendo que la mirada de Naruto y Sasuke se posara sobre ella, saludándola con sus manos―. Les traje almuerzo. Aunque deberían apurarse en reparar el tejado pues leí que hoy lloverá.

―Gracias a todos los dioses ―dijo Sasuke mientras saltaba desde el techo para quitarle la canasta y sacar un onigiri―. No como nada desde ayer.

―¿Por qué? ―preguntó un tanto preocupada.

―Porque la única noche que le ha tocado recalentar comida a cierta persona, la terminó quemando ―dijo Sasuke mirando a Naruto con rostro de pocos amigos, haciendo que él se encrespara.

―¡Ey bastardo! Yo nunca había usado la cocina antes. Además, no estaba tan mal ―se justificó Naruto mientras también saltaba desde el techo y sacaba otro onigiri dándole un mordisco. Su rostro lució lo mucho que parecía gustarle la comida―. Esto está realmente bueno Hinata. ¡Gracias por ser nuestra salvación!

―No hay de qué ―dijo amablemente, mientras miraba hacia las reparaciones

Hinata se agachó colocándose sus guantes y comenzó a llenar algunos maceteros con tierra de un saco que habían dejado en la entrada para que ella jugara con las platas que tanto amaba. Naruto siempre la miraba absorto cuando la veía trabajar con las semillas y la tierra. Después de todo, era una pasión que compartían. Sasuke sólo rodaba los ojos cuando los veía a ambos caer en ese mundo de las plantas que sinceramente no le podía interesar menos.

―¿Cómo sigue el tejado? ―preguntó Hinata―. Se ve bastante mejor.

―Eso es porque yo me hice cargo ―dijo Sasuke sentándose en la baranda de la larga escalera exterior que daba al segundo andar―. Si seguía esperando que Naruto y Jiraiya-sama terminaran de reparar el tejado, iba a comenzar la lluvia y nos gotearíamos ―Sasuke suspiró mirando a Naruto de reojo.

―¡Podría haberlo hecho perfectamente bien solo! ―se justificó Naruto.

Mientras discutían como Naruto era un inútil y Sasuke lo sermoneaba por ser casi un adulto sin tener idea de cómo vivir por su cuenta, Hinata sonrió. Efectivamente, todo parecía haber vuelto a lo normal entre ellos lo cual la hacía muy feliz. Llenó sus manos de la tierra en las bolsas mientras llenaba los maceteros, esperando que esa primavera los bulbos y semillas colorearan la entrada de la casa en donde vivían las personas más importantes para ella.

―Me pregunto cuando nos irán a mandar en otra misión ―dijo de pronto Hinata, suspirando. Tanto Sasuke como Naruto dejaron de discutir y la observaron con preocupación―. Todo se ha vuelto muy tranquilo en Konoha. Pareciera que fue hace mucho que estuvimos en el país de los ríos y sólo fue hace un par de semanas ―Naruto bajó el rostro con algo de tristeza al recordarlo.

―¿Estás bien para algo así, Hyūga? ―le preguntó Sasuke observándola con cuidado―. No es bueno que te sobre exijas. Hace poco saliste del hospital. Y tu condición no era una broma.

―Me siento bien ―dijo algo nerviosa, porque sabía que ninguno de ellos comprendía realmente cómo era posible que su estado hubiese cambiado de esa manera de forma radical. Ni si quiera ella lo comprendía del todo. Un día una máquina respiraba por ella y al siguiente, despertaba como si sólo hubiese estado en medio de una siesta―. No necesitan seguir preocupándose por mí. De verdad.

―No te sobre exijas demasiado, Hinata. Cuando estés más repuesta podemos volver a retomar todo ―le dijo Naruto mientras miraba un frasco de semillas que Hinata tenía dentro de la canasta con comida―. ¡Espera! ¿Son semillas de menta azul? ¡Qué genial! Pensé que nunca vería algo así.

―¿Qué tienen de especial? ―preguntó Sasuke quitándole el frasquito y frunciendo el ceño.

―¿Qué tienen de especial? ―exclamaron Naruto y Hinata al mismo tiempo.

―Dios. Ustedes y sus plantas ―dijo Sasuke rodando los ojos.

―¡La menta azul es súper mega hiper rara Sasuke! Tienes que cuidar la planta alrededor de diez años para que de una pequeña flor que germina en una vaina de tres semillas ―dijo Naruto levantando su dedo índice―. Además, debe estar siempre en una temperatura correcta con la cantidad de agua suficiente para que la raíz...

―No debí preguntar ―se quejó Sasuke suspirando aburrido.

―Es una planta rara porque su hoja es muy codiciada para acompañar algunas variedades de té. Es bastante buscada y por la dificultad de cuidarla hasta que dé semillas, las plantas de menta azul se cultivan sin poder ser comercializada. No hay suficientes hojas y semillas para eso. No obstante, el clan Hyūga viene cuidado de esta especie de menta azul por trescientos años ―dijo Hinata mientras los ojos de Naruto brillaban al ver las semillas―. Mi padre suele regalar bolsas de té con menta azul en ocasiones especial a los dignatarios que visita.

―¿Y por qué te dejó sacar semillas en ese caso? ―preguntó Sasuke sintiendo que los Hyūga realmente eran personas extrañas―. ¿No deberías haberlas guardado para una ocasión especial o algo?

Es una ocasión especial ―dijo ella sonriéndole. Naruto observó que Sasuke lucía bastante extraño como si se le hubiese olvidado respirar mientras escuchaba atentamente a Hinata―. Porque mis preciados amigos vivirán juntos en la casa de los padres de Naruto-kun. Estoy segura que ellos querrían que todo este cubierto de flores y con olor a hierbas frescas en la primavera ―sus mejillas sonrojaron de felicidad mientras Naruto sonreía de vuelta. No pudo evitar pensar que Hinata era realmente linda al hablar así de emocionada.

―Recuerdo que cuando éramos niños dijiste que esa planta era la favorita de tu madre, Hinata. Esa vez que me mostraste el invernadero de los Hyuga ―dijo Naruto.

―Sí ―Naruto le pasó el frasco y se agachó junto a ella observando como ponía las pequeñas semillas dentro de la tierra―. Cuando ella falleció fui yo quien comenzó a cuidar de esas plantas. ¿Recuerdan las cremas que les he regalado para cicatrizar más rápido sus heridas? ―tanto Naruto como Sasuke asintieron―. Bueno, las hice a base de menta azul, ya que adormece la piel en caso de dolor.

―¡Que genial! ―dijo Naruto con las mejillas sonrojadas de felicidad.

Sasuke, por su parte, seguía sin entender todo el alboroto por unas plantas tontas, pero cuando escuchaba a Hinata hablar así el corazón le latía más rápido y tuvo que mirar rápidamente hacia otra dirección para dejar de lucir como un idiota, pues se percató que Naruto lo miraba algo extrañado.

―Las cuidaré muchísimo, Hinata ―la joven asintió mientras ambos cubrían los maceteros cuidadosamente con tierra―. A propósito, bastardo. ¿No se suponía que Kakashi sensei ya debería haber llegado? ―preguntó Naruto, ya que el equipo se iba a reunir ese día para entrenar en la tarde. Bueno, al menos él y Sasuke. Ninguno de ellos estaba dispuesto a dejar que Hinata se esforzara más de la cuenta.

―Kakashi sensei me mandó un mensaje hoy en la mañana pidiéndome que les avisara que no podrá venir ―dijo Hinata, recordándolo sólo en ese momento―. Fue enviado con Gai sensei y Kurenai sensei a la frontera. Debí decirlo antes, pero se me olvidó. Lo siento.

―¿Tres jōnin a la frontera? ―cuestionó Sasuke con suspicacia―. ¿Gai y Kakashi juntos en una misión? Eso suena a algo grave.

―También lo pensé ―dijo Hinata suspirando.

―¡Que fastidio! ―se quejó Naruto mientras se agachaba a recoger otro onigiri después de terminar de plantar las semillas―. Sin Kakashi sensei no creo que nos envíen en nuevas misiones.

―Entiendo lo que dicen. También deseo entrenar y no he podido hacerlo ya que Neji nii-san está en una misión junto con Asuma Sensei.

―Espera. ¿Neji está en una misión con Asuma? ―Sasuke frunció el ceño―. Neji y Asuma son jōnin de élite también. ¿Qué estará pasando? Cinco élites siendo enviados al mismo tiempo en misiones fuera de Konoha, es bastante inusual.

―Quizás sólo hay mucho movimiento ―dijo Naruto subiendo los hombros.

―No lo creo. Ayer vi al equipo de Kurenai comiendo en la barbacoa. ¿Por qué no los mandaron a ellos a resolver los asuntos a la frontera? ―Naruto se rascó la cabeza ante la lógica de Sasuke―. Porque debe ser algo que no pueden resolver chūnin de su nivel.

―Ahora que lo mencionas, Chouji, Ino y Shikamaru estaban en el mercado en la mañana. Los vi mientras compraba las cosas para la cena de hoy ―añadió Naruto.

―¿Se dan cuenta? Todos estamos en Konoha hace al menos una semana ―dijo Sasuke suspicaz―. Pero los jōnin han sido desplegados en alguna misión. ¿No creen que es algo sospechoso?

―No lo había pensado así ―meditó Hinata sentándose sobre la baranda de la escalera junto a Sasuke―. ¿Creen que algo esté ocurriendo para que nos tengan en la Aldea?

―Es probable ―dijo Sasuke―. Creo que debería averiguarlo.

―¿Cómo harás eso? ―preguntó Naruto preocupado.

―Hablaré con los encargados de los halcones. Si algo raro está ocurriendo, ellos deben saberlo.

Los tres asintieron para luego dedicarse a terminar las labores de la reparación del hogar de Naruto.

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Hinata volvió a su casa cerca del anochecer luego de preparar la cena para todos en la residencia Uzumaki. Había sido divertido cocinar junto con Naruto y Sasuke, enseñándoles a lavar el arroz, sazonarlo y luego enfriarlo para formar los onigiris. Los dos habían puesto bastante esfuerzo en aprender, y mientras las esferas de Sasuke lucían perfectas, las de Naruto eran torpes y descuidadas, sin poder conseguir poner el relleno sin que se saliera por algún lugar. Jiraiya se había reído bastante mientras los veía cocinar y ella instruir a ambos. Cuando llegó el momento decisivo en que probaron la comida, eran los onigiris de Naruto los que tenían el balance del vinegre de arroz, la sal y la azúcar en proporciones adecuadas, mientras que las de Sasuke sabían un tanto saladas y ácidas. Como sabía que algo así podía suceder, Hinata había hecho más comida y toda la mesa estaba bellamente decorada. Pronto, los onigiris pasaron a un segundo plano mientras Naruto se reía por el fracaso del sabor de Sasuke y éste se defendía diciendo que al menos él sabía formar una esfera.

Sentarse juntos a comer, discutir sobre la tarde juntos, decidir cómo utilizar el espacio en el primer nivel para entrenar en el invierno y planificar qué harían con los muebles y utensilios que había que reemplazar ya que los que originalmente había en la casa estaban demasiado desgastados por el tiempo, había resultado en algo muy hogareño y alegre para el Equipo Siete y Jiraiya. Mientras Hinata comentaba que quizás podían comprar un bonito sofá para sentarse a ver televisión los fines de semana, Jiraiya les ofreció a todos un entrenamiento en vez de perder el tiempo de esa manera. Aquello había puesto a Naruto del mejor de los ánimos y hasta Sasuke parecía entusiasmado con la idea de que alguien tan fuerte lo entrenara.

Escuchar las historias pintorescas de Jiraiya mientras compartían la comida casera de Hinata había sido una agradable forma de pasar una tarde fría de otoño, hasta que las narraciones comenzaron a tomar un tono inadecuado para que una joven las escuchara, por lo cual decidió que era hora de dejar que los hombres hablaran cosas de hombres, retirándose a su casa. Lo último que vio fue que repartían cartas para jugar una partida y así decidir quién sería el encargado de lavar los platos.

Tanto Sasuke como Naruto ofrecieron acompañarla hasta la residencia Hyūga pero Hinata negó la oferta rápidamente mientras se escabullía con su cesta. Los veía tan contentos en ese ambiente que habían formado que no quería interrumpir su velada. De hecho, envidió bastante que hubiesen encontrado ese espacio para vivir con esa camaradería.

Las cosas en su propio hogar nunca habían sido de ese tipo. Todos sólo velaban por sí mismos y no irrumpir en el espacio del otro. La estancia de Hinata era grande y cómoda, pero muy solitaria. Lo mismo ocurría con Hanabi, que contaba con varias habitaciones para su estancia diaria, dormitorio y estar, pero que por lo general vivía sólo rodeada de sirvientes. Ni hablar de su padre, que entre su propia oficina y el dojo, parecía lejano de alcanzar, al punto que usualmente debía pedirle una cita antes de entrar a hablarle. Por ello sentía esa sana envidia al ver las mejillas sonrojadas de felicidad de Naruto, la arruga entre las cejas de Sasuke al reclamar porque su amigo nunca había lavado la loza y la alegre sonrisa de Jiraiya mientras repartía las cartas un tanto ebrio, rodeado de esa familia de la cual siempre había estado huyendo.

Y sentía envidia porque el espacio en su propio hogar era tan extenso que las personas no se encontraban unas con otras. Todo era tan lujoso, que tocar los utensilios u objetos de su hogar se sentía incómodo por miedo a romper algo. La madera era tan fina, que siempre caminaba con cuidado para asegurarse de no rallar nada.

Si estuviese en mi destino salir de la mansión y construir mi propia casa, me habría gustado que fuese del tamaño justo para que todos nos tengamos que topar durante el día ―pensó mientras caminaba por los pasillos de la Mansión Hyūga, sin nadie a la vista.

Le hubiese gustado tener un cuarto común al menos, para que Hanabi, Neji y ella pudiesen hacer lo mismo que esa noche había experimentado con su equipo y Jiraiya-sama. Un lugar en que pudiesen conversar, sentarse y reír. Un espacio sólo para ser jóvenes sin preocupaciones, sin diferencias entre la familia principal y secundaria, en que todos jugaran naipes para determinar quién lavaría la loza. Pero eso parecía imposible. Nunca había lavado loza y entrar a la cocina de la mansión era algo que sólo realizaba a escondidas, de madrugada, cuando sabía que su padre no tendría conocimiento de que en su tiempo libre se dedicaba a cocinarle a sus amigos. Se habría horrorizado de saber algo así.

Quizás su deseo por compañía fue tan grande, que el universo decidió complacerla cuando al abrir la puerta corrediza que la llevaba a su propia estancia se encontró con una pequeña figura, con su pijama puesto y un gran ramo de crisantemos rosas entre sus manos. Sin esperarlo, la niña corrió en su dirección y la abrazó con todas sus fuerzas.

Hinata sintió que la nariz le cosquilleaba de alegría cuando ambas se miraron al rostro sonriendo.

―¡Gracias a dios que estás bien, Nee-sama! ―Hanabi lucía tan feliz que sus ojos brillaban en emoción. Hinata vibró de alegría al tener a su hermana pequeña entre los brazos―. ¡Le pedí a Otou-sama que nos volviéramos lo antes posible! Gracias a dios que estás bien. Estoy tan feliz.

―Lamento haberte preocupado Hanabi ―dijo Hinata estrechándola contra su pecho―. ¿Dónde está Otou-sama?

―Conversando con Neji ―respondió la niña mientras ambas hermanas se sentaban alrededor de la mesita redonda en donde usualmente Hinata se dedicaba a prensar flores o tejer. La luz cálida de la habitación le daba a todo un toque bastante personal que irradiaba a Hinata―. Parece que acaba de volver de la frontera y tenía importantes noticias.

―¿Neji nii-san volvió de su misión? ―preguntó extrañada.

―Sí ―Hanabi lució un tanto preocupada―. Creo que trae malas noticias.

―¿Por qué dices eso? ―le preguntó Hinata mientras Hanabi la miraba con el ceño fruncido.

―Por la manera en que miraba a Otou-sama. Lucía preocupado.

―Ya veo ―dijo suspirando un tanto deprimida―. ¡Oh, ya sé! ¿Quieres pasar la velada conmigo, conversando, comiendo galletitas de avena y bebiendo té? Aún es bastante temprano.

―Eso estaría bien. Estoy agotada por el viaje ―dijo suspirando mientras le sonreía a su hermana―. ¿Por qué de la nada quieres hacer esto? Hace mucho que no... digo. Usualmente cuando nos relacionamos es entrenando. Ya no solemos hacer este tipo de cosas.

―Lo sé ―dijo Hinata encogiéndose entre sus hombros mientras se levantaba y caminaba hasta un mueble, agachándose y sacando un contenedor redondo de metal en el cual habían unas finas galletas dentro. Luego, las puso en la mesa, entre ambas―. Tenía estás galletas guardadas para una ocasión especial. Kiba-kun me las regaló cuando salí del hospital. ¿No crees que fue amable de su parte?

―Vaya ―dijo Hanabi sonriendo con suspicacia―. ¿Se han vuelto muy amigos?

―Sí. Kiba es bastante gentil y me resulta muy fácil hablarle. Estuvo muy pendiente de mí mientras me recuperaba.

―Neji estaba muy preocupado por ti también ―dijo Hanabi, haciendo que Hinata luciera un poco triste por haber molestado a su primo con algo así―. Nos escribió tan pronto pudo, pidiéndonos que volviésemos.

―Él me rescató mientras peleaba. No creo haber podido vencer sin su ayuda.

―Me hace sentir bastante tranquila saber que Neji siempre nos va a cuidar. ¿A ti no? ―dijo Hanabi dándole un mordisco a su galleta, mientras Hinata se retiraba a buscar agua y té.

Durante el anochecer se dedicaron a comer galletitas de avena y conversar sobre la importante misión diplomática que se había llevado con el señor feudal. Hinata escuchó muchas anécdotas sobre lo hermosa que era la ciudad capital del País del Fuego, la riqueza del Daimyo y cómo todo parecía grandioso y lleno de lujos. Para una chica como Hanabi, todo parecía una experiencia nueva que deseaba disfrutar. Hinata la escuchaba en silencio, pensando que mientras su hermana se divertía... ella había tenido que llevar consigo el luto de haber perdido a un amigo; Gaara.

―¡No vas a creer a quien finalmente conocí! ―dijo sonriendo mientras metía una galleta a su boca―. Al heredero de Madoka-sama. Se llama Ikkyuu ―dijo Hanabi animosamente.

―Estoy segura que debiste dar la mejor de las impresiones ―dijo Hinata dándole calmadamente un sorbo a su té.

―Conversamos bastante, aunque él es mucho mayor que yo, no lucía tan aburrido con tener que entretenerme mientras Otou-sama y el Daimyo conversaban sobre sus cosas aburridas. ¡Oh! ¡Casi lo olvidaba! ¿Sabes lo que averigüé? ―la mirada de Hanabi se volvió traviesa―. Que dos miembros de tu equipo fueron nominados para formar parte de la guardia de Madoka-sama.

―¿Quiénes? ―preguntó asustada. La idea de que su grupo se deshiciera no le hacía gracia.

―Kakashi sensei y Sasuke ―respondió Hanabi―. Aunque ambos rechazaron el puesto. Neji nii-san también lo rechazó. ¡Yo lo hubiese aceptado! No tienes idea lo diferente que es esa ciudad. Todo es tan bonito y lujoso, además de que viven vidas muy distintas a las nuestras. Parecía muy divertido.

―Sasuke-kun nunca mencionó que había sido nominado en la Guardia Personal del Daimyo. Quizás, no quiso agregar más problemas. Hemos tenido que lidiar con bastante estos días... por lo de Gaara-kun.

―Lo lamento. Sé que se escribían ―dijo Hanabi, a lo cual Hinata frunció el ceño sin querer creer que su hermanita estaba espiando su correspondencia―. ¿Eran amigos?

―Sí, lo eramos. Nos escribíamos nuestros deseos, nos contábamos secretos y a veces sólo hablábamos en las cartas sobre el clima ―Hinata suspiró, conteniendo el deseo de llorar―. Es muy triste que haya fallecido. He querido escribirle a su hermana, pero no sé cómo hacerlo.

―Estoy segura de que encontrarás la forma ―Hinata asintió a las palabras de Hanabi―. Además, con todo el tiempo que has pasado cerca de Naruto... casi no debes tener espacio para otra cosa.

―¡Hanabi! No... no es así.

―Estás sonrojando.

―No es cierto.

Las mejillas de Hinata se volvieron tenuemente rosa por la manera en que su hermana la molestaba por su enamoramiento por Naruto, el cual no era secreto para nadie. Hinata escondió parte de sus labios detrás de la taza e intentó calmarse para que ella la dejara de evidenciar así.

―¿Así que... así de bien se están llevando, eh? ―le preguntó con una sonrisa astuta.

―Por favor. ¿Podemos dejar este tema?

―Está bien ―suspiró Hanabi―. Si... ―su mirada se volvió infatil e inocente, sorprendiendo a Hinata―. Si me cepillas el cabello.

Hinata se sentó junto al fuego atrás de su hermana, agradeciendo que hubiese dejado de inquirir sobre sus sentimientos y las cosas que se negaba a hablar. Era un poco vergonzoso tener que admitir que estaba enamorada de Naruto a su hermanita menor. Ese tipo de conversación era algo extremadamente personal e íntimo. Ni si quiera hablaba de ello con Sasuke, que era la persona en quien más confiaba para hablar de sus cosas personales.

Se sintió extrañamente feliz y cómoda mientras el silencio las acompañaba al cepillar el cabello de Hanabi, como no lo había hecho desde que eran niñas. Quizás porque Hanabi había sentido miedo de perderla ahora se mostraba tan infantil y cariñosa, pero no le molestó. Por primera vez en mucho tiempo experimentó que estaba cerca de su hermana sin su padre entre ambas o esa cruel competencia en que debían superarse mutuamente si querían liderar el clan.

―He soñado con Oka-san últimamente ―dijo de pronto Hanabi.

Hinata dejó de cepillar.

―¿Qué? ―preguntó sintiendo algo raro en su pecho.

―Nunca conocí a Oka-san y ni si quiera tengo una foto de ella ya que Otou-sama las guardó, pero... en mi sueño ella es muy muy hermosa, Nee-sama. A veces me pregunto si se parecía más a ti o a mí, pero en mi sueño, ella es muy similar a ti.

―¿Qué soñaste, Hanabi? ―le preguntó pasando saliva, sintiendo que su corazón se aceleraba.

―Son tonterías.

―Puedes decirme ―le sonrió con amabilidad poniendo una de sus manos sobre la de su hermana.

―Está bien, pero no te rías. Es un tanto absurdo. Yo... ―la joven suspiró con una mirada de ensueño, rememorando lo que había visto―. Veo a Oka-san caminando en un bosque muy bonito, lleno de luciérnagas, tomándonos de las manos. Siento mucho amor de su parte cuando tengo ese sueño ―Hanabi puso sus manos en el rostro apoyando su cabeza así, con los codos sobre la mesa, para luego suspirar.

―¿En tu sueño... ella llora cuando le soltamos las manos? ―Hinata preguntó asustada.

―Sí ―respondió alegre―. ¿Cómo lo sabes?

―También lo he soñado.

Hanabi subió una ceja sin comprender muy bien qué estaba pasando. No era normal que dos personas soñaran lo mismo y en un comienzo pensó que quizás su hermana estaba tomándole el pelo o era parte de una broma. Por ello Hinata prosiguió, para indicarle lo serio que hablaba.

―¿Soñaste con el árbol y esa estrella que caía del cielo? ¿Y en Oka-san, caminando en un bosque, con dos niños tomando sus manos? ―le preguntó.

―Sí. Tú y yo la tomábamos de la mano en mi sueño ―respondió Hanabi sorprendida―. ¡Vaya Nee-sama! ¿Tienes poderes psíquicos y lees mi mente como cuando el abuelo desvaría?

―No. No es eso ―Hinata pasó saliva, nerviosa―. Es sólo que he tenido un sueño similar. Pero en mi caso, no nos veo a nosotras, veo a dos niños pequeños.

―¿Uno se funde en la tierra y el otro en el cielo? ―preguntó Hanabi frunciendo el ceño.

―Dioses ―dijo Hinata creyendo que el estómago se le revolvía―. Estamos soñando lo mismo.

―¿Crees que signifique algo? ―preguntó Hanabi sin darle demasiada gravedad al asunto―. No pensé que fuera importante.

―No lo sé. Pero no creo que sea una coincidencia. Quizás deberíamos hablarlo con Otou-sama.

―A él no le gusta que le recordemos sobre Oka-san. Por algo guardó sus fotografías.

―Yo no creo que esa mujer que vemos en el sueño sea Oka-san ―frunció el ceño sintiendo escalofríos, como si no estuviesen solas ahí... como si alguien las mirara―. Aunque... se siente como si lo fuese. ¿No?

―Sí. Siento mucho amor al despertar cuando sueño con ella ―dijo Hanabi sonriente.

―Yo... ―Hinata se encrespó, como si alguien le estuviese observando la nuca―... sólo siento... miedo.

De pronto la puerta corrediza se deslizó de golpe. Ambas hermanas se sobresaltaron con la llegada de alguien más a la estancia de Hinata. Se trataba de su padre, Hiashi Hyūga, que iba acompañado del Abuelo. El pobre anciano no había estado bien de salud últimamente y cada vez caminaba más encorvado. Su cabello de plata le llegaba a la cintura, amarrado finamente en una especie de coleta baja. Lucía siempre elegante, como su padre, negándose a utilizar el estilo shinobi de la Aldea para conservar el tradicional.

Ambas jóvenes se pararon de inmediato sin entender qué estaría sucediendo para que su padre y su abuelo se hubiesen presentado así en medio de la noche, cuando nunca los veían después de la hora de la cena. Hinata tuvo un mal presentimiento de inmediato cuando notó la manera en que su abuelo la miraba.

―Aquí están ―dijo Hiashi con solemnidad y poco ánimo. Su expresión, como siempre, era severa―. Veo que tu accidente en el País de los Ríos no fue tan grave como lo describió Neji ―Hinata asintió sintiendo algo helado en sus mejillas. ¿Ni si quiera le preguntaría si estaba bien?―. Fuimos informados que venciste a Sasori de las Arenas Rojas. ¿Es eso cierto?

―Bueno, no lo hice sola ―respondió Hinata con honestidad―. Neji nii-san me asistió.

―Sabemos todo al respecto. Él nos informó lo que ocurrió ―dijo el abuelo con una especie de sonrisa en su rostro, pero Hiashi no lucía para nada complacido.

―¿Esa técnica de giro celestial suspendido en el aire... de dónde la aprendiste? ―preguntó Hiashi mirándola de reojo.

―La inventé con los principios básicos que me ha estado enseñando últimamente. No puedo realizar el Giro Celestial tradicional, pero si aprovecho el impulso y mi tamaño para saltar, puedo mantener la rotación en el aire ―sus mejillas enrojecieron cuando lo confesó―. Entrené mi velocidad para ello.

―Comprendo. Me gustaría verla después ―dijo Hiashi a lo cual Hinata sólo asintió.

―Me imagino que ambas deben estar sorprendidas de que estemos aquí con ustedes, a esta hora ―dijo el abuelo―. Hemos tomado una decisión importante hoy ―hizo una pausa, haciendo que el corazón de Hinata se acelerara mientras su padre y el abuelo miraban en su dirección―. Cuando Hanabi te venció en diversas ocasiones al crecer, tu título como heredera del clan fue puesto en reserva y duda por parte de tu padre, que no estaba seguro de que fuese un puesto para el que estuvieses preparada o si quiera desearas. Ahora te pregunto, Hinata. ¿Es aún tu deseo servir a tu familia y a este clan?

―Lo es ―dijo sin pensarlo un momento si quiera―. Serviré a mi familia ya sea liderándola o sirviendo a otro líder que ustedes estimen más apto que yo. No obstante, le solicito humildemente que me reconsidere para el puesto de heredera de mi padre ―dijo Hinata con firmeza en su voz―. He puesto todo mi esfuerzo y corazón en demostrar que puedo liderar. Y seguiré esforzándome y aprendiendo a ser la mejor líder que pueda ser.

―Bien ―dijo Hiashi, suspirando para luego mirarla con seriedad―. Con lo que nos ha dicho Neji además de los cambios que hemos notado en ti, creemos que tienes la dignidad, fuerza y valor para liderar el clan. Es por ello que hemos decidido reintegrarte por completo en tu derecho de sucesión. Serás la próxima líder del clan Hyūga.

―¿De-de verdad? ―su padre frunció el ceño al escucharla ahogarse en sus palabras por la impresión, pero asintió.

―Felicidades, One-sama ―dijo Hanabi rápidamente, con una sonrisa.

Hinata sintió que temblaba. ¿Acaso escuchaba bien? Después de años de ser humillada por su padre denigrándola como "el fracaso" de su estirpe, ¿Estaba reconociéndola como su hija mayor? Creyó que fácilmente podría haberse quebrado a llorar por el impacto que escuchar algo así le provocaba, así como ese enorme alivio que la hizo relajar toda esa tensión en su cuerpo y esbozar lentamente una sonrisa. Finalmente, había alcanzado ese sueño que tenía. Ella iba a ser la próxima líder porque su padre reconocía su fuerza para ello.

Ni si quiera pasó por su mente preocuparse si Hanabi estaría bien al saber que no sería ella la elegida. Estaba tan impactada con la noticia que necesitaba primero poner en orden sus propios sentimientos. Por mucho tiempo creyó que su hermana apuntaba también a ese sueño, pero al verla ahí sonriendo con completa alegría supo que no era algo que Hanabi realmente deseara. Por ello, mientras su padre y su abuelo la observaban, no pudo sino realizar una reverencia para agradecerles la confianza.

―Me honra que haya reconsiderado mi posición. Cumpliré con mis funciones tal como espera de mí, Otou-sama ―dijo para luego pararse derecha―. Muchas gracias.

Hiashi asintió, aún con brazos cruzados. El hombre parecía un enigma en sus pensamientos y sensaciones. Si estaba orgulloso de ella, su semblante serio lo escondía a la perfección, por lo cual era difícil para ella entender qué lo habría llevado a decidir comunicarles a esa hora de la noche que sería reconocida como su heredera.

―Hinata, instruirte para liderar no será fácil ―dijo Hiashi mientras el abuelo asentía―. Hasta ahora, Hanabi ha estado realizando la mayoría de las misiones diplomáticas conmigo y aprendiendo de los oficios que debe llevar a cabo el líder de nuestro clan. La familia Hyūga tiene un estatuto jurídico distinto dentro de Konoha. Nosotros vivimos en esta aldea, pero mantenemos una cierta independencia del gobierno y las decisiones del consejo de clanes. Por ello llevamos a cabo nuestras propias misiones diplomáticas y las decisiones internas como clan sobrepasan incluso a las órdenes o decisiones del Hokage. Ese fue el acuerdo para unirnos hace casi cien años a este proyecto de Aldea Shinobi con el clan Senju y el clan Uchiha. Esas importantes decisiones a tomar, van a recaer en ti en algún momento en el futuro. Debes aprovechar todo tu tiempo para prepararte para esta enorme responsabilidad, estudiar nuestro estatuto jurídico, las tradiciones y demás obligaciones que debe llevar a cabo el líder. Algo tan sencillo como entrenar tu cuerpo no será suficiente. Debes saber contabilidad, protocolo, cortesías y prepararte cada momento del día en ello.

―Comprendo ―dijo sabiendo que seguramente su tiempo como shinobi estaba llegando a su fin. Eso era lo que le insinuaba―. Humildemente, intentaré ser lo que desea que sea, Otou-sama.

―Desde mañana vendrás a tomar lecciones conmigo ―dijo el abuelo con una suave sonrisa―. Nuestra historia, así como nuestras tradiciones y secretos se han pasado de generación en generación. Es el momento que tú también sepas todo. Te enseñaré la historia de nuestro clan y haré que grabes en tu memoria lo que significa haber nacido como una Hyūga. ¿De acuerdo? ―Hinata asintió―. Tu padre te enseñará las técnicas secretas del clan, aquellas que nos fueron entregadas por los mismos dioses.

―Estaré en sus dependencias temprano, Ojii-sama ―dijo Hinata sintiendo que su corazón latía con fuerza y nerviosismo.

―Hay algo más ―dijo Hiashi como si llegar a ese momento fuese algo complicado para él, pero se paró erguido y con el semblante inquebrantable―. Tramitaré que seas dada de baja del Equipo de Kakashi en un par de semanas más, mientras preparamos todas las formalidades de tu investidura ―el pecho de Hinata se oprimió al escucharlo, pero sabía que era algo que eventualmente iba a ocurrir si ella asumía esa posición como la heredera de Hiashi―. Necesito que estés en el complejo la mayor parte del tiempo estudiando y siguiendo mis pasos. Tu entrenamiento se volverá pesado y agotador. ¿Lo comprendes?

―Sí. Fui muy afortunada que haya permitido todos estos años que yo fuese a la Academia y tuviese un grupo como cualquier shinobi ―dijo Hinata.

Recordó que muchas personas habían creído extraño que ella fuese enviada en misiones y puesta como un shinobi común y corriente, sirviendo a la aldea como una simple genin. Muchas veces creyó que su padre apuntaba a que muriera en alguna situación difícil e incluso cuando Kakashi sensei había ido a pedir autorización para sus instrucciones, su padre había insinuado que no le importaba su futuro o si ella vivía o moría.

Hinata sintió empalidecer, pero era algo inevitable. Algo que sabía que tenía que ocurrir. Iba a estar en otro tipo de misiones ahora y necesitaba aprender a liderar a su clan. Eso significaba pasar la mayor cantidad de tiempo junto a su padre y aceptaba esa imposición.

Ya tendría oportunidad de comunicárselos a Naruto y Sasuke, aunque pensarlo la apenaba.

―Estamos seguros de que ya estás lista para asumir tu puesto ―dijo Hiashi, continuando con lo que tenía que decirle―. Otou-sama y yo teníamos nuestras dudas y creímos por mucho tiempo que no deseabas la responsabilidad, que quizás el talento del clan no estaba presente en ti. Pero al enterarnos que derrotaste a un enemigo como Sasori de las Arenas Rojas, un hombre considerado como uno de los shinobis más fuertes que han salido de Sunagakure, nos ha hecho creer que no eres débil y tienes la determinación suficiente para tomar lo que siempre fue tuyo; el destino de liderar a otros, no de seguirlos ―dijo Hiashi con confianza, haciendo que ella asintiera con un suave sonrojo y el deseo de llorar de emoción―. Hanabi seguirá entrenando y servirá a la aldea como Genin cuando su momento llegue. Tu labor ahora, Hanabi, es cuidar con todas tus fuerzas a tu hermana y proteger el legado que tenemos sobre nosotros por toda la eternidad: El byakugan.

―Y eso significa ―dijo el abuelo, haciendo que Hiashi frunciera el ceño―. Que debes recibir el Juinjutsu de nuestro clan.

Tanto Hanabi como Hinata abrieron los ojos en sorpresa. La pequeña incluso dio un par de pasos atrás, recordando haber visto cuando era una niñita la forma en que su padre había activado el sello en Neji, causándole un horrible dolor. Eso había motivado que ella entrenara con todo su corazón y dejara de lado los juegos de niños, porque tenía mucho miedo de que algo así le pasara también. Creyó que después de todo ese tiempo estaba a salvo de un destino como ese porque se había decidido por un tiempo que quizás la próxima heredera debía ser ella, pero escuchar que esa ya no era la situación y que su destino estaba siendo revelado frente a sus ojos, la hizo tragar saliva y mirar a su padre con temor.

―Hinata, tu primera labor como la futura líder del clan, mi heredera, es sellar el byakugan de Hanabi ―dijo Hiashi mirando a ambas con estoicismo.

―¿Qué? ―preguntó Hinata, incrédula, como si no estuviese entendiendo muy bien de qué hablaba.

―Su byakugan debe ser sellado ahora que se ha decidido la sucesión del clan ―respondió el abuelo con solemnidad apoyado en su bastón.

―No haré tal cosa.

La voz de Hinata nunca sonó más firme que en ese momento. Tanto Hiashi como el abuelo la observaron perplejos, pues no habían imaginado que la sumisa y gentil Hinata los pudiese observar de esa manera. Los estaba retando, diciéndoles sólo con su postura de que no había forma de que ella impusiera un destino así de cruel sobre Hanabi. Era absurdo que de verdad creyeran que iba a hacer pasar a Hanabi por la misma tortura que Neji había tenido que vivir desde que era un niño. Ya había tenido que cargar por años con el odio de su primo sobre ella. Se negaba a tener que observar ese mismo desprecio en los ojos de la persona que más amaba en el mundo.

No podían hacerle eso. Nunca le habría hecho eso a su hermana, enemistándola así. No iba a hacerla sentir como una prisionera atada a ella por una lealtad maldita.

Hanabi lució sorprendida y levemente asustada mientras miraba a su padre sin entender del todo lo que decía, escondiéndose detrás de Hinata como si buscara en su figura la protección que necesitaba en ese momento, pero incluso sus manos pequeñas temblaban mientras tomaba la manga de la chaqueta de su hermana mayor.

―Si ya hay una heredera, Hanabi pasa a ser de la familia secundaria ―dijo Hiashi con frialdad. Su decisión era inapelable―. Es algo que no podemos evitar y ha sucedido de generación en generación por miles de años. Una de ustedes debía cargar con ese destino. Así como Hizashi lo cargó, cuando nací primero que él―bajó levemente el rostro, cerrando los ojos―. Sé lo que deben estar sintiendo, porque también lo sentí cuando mi padre me dio la orden de sellar los ojos de mi gemelo, que quizás era más hábil y talentoso que yo. Quien estaba más preparado para asumir la posición de líder que yo ―el abuelo bajó el rostro también, cabizbajo, pero tanto Hanabi como Hinata sintieron que quizás por primera vez en sus vidas, su padre intentaba ser empático con sus miedos y dolor―. Pero era mi destino liderar, no el suyo. Su destino era estar ahí para mí, para servir al clan, nuestra historia, legado y futuro. Espero que comprendan eso.

―Lo comprendo, pero no por ello voy a cambiar mi decisión. No voy a utilizar ese sello en Hanabi ―repitió Hinata con la misma firmeza que antes, asegurándose de que la estuviese escuchando. Nunca en su vida había desafiado a su padre o hablado con él sin titubear y ahí estaba, imponiendo una voluntad tan fuerte como la de su progenitor―. Aunque eso signifique que ella sea su heredera y yo reciba el sello.

―Ya está decidido ―dijo Hiashi sin ceder un milímetro―. Es tu destino liderar y el de ella seguirte.

―¡No puede obligarme! ―exclamó con un claro rencor reflejándose en sus ojos.

―Toma la noche para pensar en ello ―dijo Hiashi mientras se daba la vuelta junto al abuelo―. Se hará mañana. Y si no lo haces tú, me obligarás a hacer algo que no deseo.

Y así como entraron, ambos se retiraron. La habitación quedó en silencio mientras Hinata escuchaba su corazón latirle con fuerza en los oídos.

―Nee-sama... ―susurró Hanabi, pero ella no respondió.

No podía creer que su padre realmente pensara que podía obligarla a hacer algo así de cruel. Hinata no podía contemplar la noción de ir a ese extremo por liderar el clan. Sí, el Juinjutsu de la familia principal era una tradición, era una obligación, era algo por lo cual cada miembro del clan había pasado por siglos, milenios, desde siempre... pero... ¿Ella hacerle eso a Hanabi?

―Nee-sama... ―susurró Hanabi nuevamente al ver como los puños de Hinata se cerraban temblando de rabia.

―No te preocupes ―dijo con una voz gélida―. No lo haré.

―Pero...

―No es necesario. No tenemos por qué seguir con esa costumbre arcaica ―dijo mirando a Hanabi y poniendo sus manos sobre sus hombros―. Escúchame bien. Yo voy a protegerte. ¿Sí? Aunque nos tengamos que ir esta misma noche de la aldea nosotras...

―Pero, es nuestra tradición. Es parte de quienes somos ―dijo ella deprimida, pero amable―. Yo... yo no me opongo a que tú... además, ¿Dónde podríamos ir? ¿Cómo nos podríamos esconder de alguien que tiene el Byakugan? E-es una locura. A mí no me molesta que cumplas tu labor, sólo... tengo miedo.

―No tengas miedo. No dejaré que te lastimen ―dijo con amabilidad, sonriéndole, aunque estaba tan nerviosa que podría haberse puesto a gritar―. Eres mi hermana menor. Soy quien te debe proteger y cuidar. Esa es mi labor desde el momento en que Oka-san murió y no voy a... no voy a arruinar tu vida así como arruinaron la de Neji nii-san.

―Nee-sama ―dijo Hanabi sonriendo con lágrimas en los ojos―. Ambas sabemos lo que debes hacer. Por favor, no sufras con ello. E-estoy contenta de ser yo y no tú la que cargue con el sello. De verdad. Yo no habría podido hacerlo. Nunca quise ser la líder de cualquier forma, sólo quería ser tan fuerte como tú.

―Su padre tiene razón ―la voz de Neji en la puerta hizo que ambas voltearan la mirada en su dirección―. Usted, Hinata-sama, lo sucederá como su heredera. Mejor que nadie sabe que las tradiciones del clan imponen el sello en Hanabi.

―Tú sobre todas las personas sabes lo doloroso que es llevar ese destino maldito sobre ti ―dijo Hinata frunciendo los labios, con ojos llorosos―. ¿Por qué me pides que le haga eso a Hanabi?

―Porque es su deber ―respondió Neji con simpleza mientras se paraba frente a ambas―. Huir no solucionará nada. Sólo demostrará que la confianza que han puesto en usted es errada. Hiashi-sama ha tomado la decisión correcta. Ahora, es su turno de aceptar su destino.

―¿Por qué lo defiendes? ―exclamó Hinata llorando―. ¿Por qué tú lo defiendes de entre todas las personas que son obligadas a servirle en esta casa? Odias ese sello. Me odiaste por años debido a ese sello y hasta tu padre odió al mío...

―Es lo que debe hacerse ―la interrumpió Neji con solemnidad―. Esa es la labor de un líder. Tomar decisiones difíciles por el bien de todos.

―Suenas como él ahora ―Neji bajó la mirada cuando ella lo dijo.

―Hanabi-sama, por favor, ¿Podría dejarme a solas con Hinata-sama un momento?

Hanabi asintió y se retiró del cuarto. Hinata frunció el ceño mirando a su primo con fastidio, sin comprender lo que estaba haciéndole. Estaba tan decepcionada de Neji, de su padre, de todo el clan e incluso con Hanabi que parecía aceptar todo eso sin reclamar, que hasta respirar se le hacía dificultoso.

Cuando estuvieron a solas, la mirada de Neji volvió a posarse sobre ella.

―Hiashi-sama desea dejar un sucesor ya que es probable que Konoha entré en una nueva guerra.

―¿De qué hablas? ―preguntó Hinata, sus pensamientos estaban girando descontrolados y ahora esta nueva información la sobrepasaba.

―No debería hablarle de esto, pero nosotros tenemos un código distinto de actuar. Nuestra primera preocupación es el Clan, luego, la Aldea ―Neji suspiró―. El país de la Tierra ha estado atacando al País del Viento durante los últimos diez días. La Kazekage ha solicitado auxilio a Konoha por nuestra alianza. El Tsuchikage ha aprovechado la muerte de Gaara-sama para atacar posiciones estratégicas que el Daimyo de la Tierra desea anexar a sus dominios.

―No puede ser ―dijo Hinata sentándose en una silla, pensando en la pobre Temari y todo lo que debía estar afrontando en ese momento. Su corazón se apretó al recordar a Gaara, muriendo por la paz de su Aldea, sólo para recibir un golpe así.

―Tsunade-sama está en reuniones ahora con los ancianos y el Daimyo para evaluar la situación. Hay muchos que se oponen a que Konoha se involucre en esta guerra que no es nuestra, pero se está tratando como un asunto secreto. No desean alarmar a la población.

―¿Si hay guerra... Otou-sama deberá ir, no? ―Hinata tragó pesado.

―Así es. Usted, como su heredera, será confinada a Konoha según nuestro estatuto jurídico que previene que el líder y su heredero entren en un conflicto bélico juntos. Aun no hay nada confirmado sobre la posición de Konoha, por lo cual, por favor no se alarme ―Hinata lloró en silencio, asustada, pensando en lo que acababa de escuchar―. Es por ello que debe definir el asunto de su sucesión y usted fue la elegida.

―Yo no puedo sellar el byakugan de Hanabi ―dijo Hinata bajando el rostro con lágrimas en los ojos―. ¿Cómo pueden pedirme algo así? Yo no...

―¿Sabe lo que ocurrirá si usted no lo hace? ―Neji se acercó a Hinata, se agachó ligeramente y la observó al rostro con seriedad y algo de abnegación―. Sólo demostrará que no es apta para liderar ―dijo el joven suspirando―. Hiashi sama aplicará el sello en Hanabi de cualquier forma y la obligará a usted a casarse con alguien del clan ―Hinata abrió los ojos en sorpresa ―. Hará que esa persona lidere por usted, al convertirse en su esposo. ¿Es eso lo que quiere que suceda?

―¿Y esa persona... serías tú? ―un nudo se formó en su garganta y sintió que la visión se le volvía niños ambos habían sabido que por su posición dentro del clan, su edad y su cercanía de sangre, era bastante posible que fuesen marido y mujer en el futuro. Era algo que ninguno deseaba y que los horrorizaba pensar, pero nunca habían hablado de ello―. ¿Nos obligará a casarnos? ¿Nos obligará a casarnos siendo menores de edad aún? ¿A eso se refería con hacer algo que no desea?

―Es una posibilidad. También está Tokuma y Ko.

―¡Ko es como mi hermano mayor!

―Lo sé.

―Y tú... Nii-san... tú eres... N-no nos puede obligar a casarnos.

―Lamento haber sido quien la haga entender la gravedad de la situación ―Neji lucía estoico como siempre, pero el tono de su voz reflejaba su preocupación y tristeza. Hinata sabía que casarlos uno al otro hubiese sido un castigo. Ellos se amaban como hermanos, no como amantes. Los destruiría―. No debería ser un secreto para usted que la familia principal sólo se casa con alguien del propio clan para mantener la pureza del Byakugan. Soy el miembro más cercano a usted en edad y sangre. Pero no el único. Si yo me opusiera, estaría Ko o Tokuma para sustituirme. Y todos estamos obligados a cumplir con las órdenes de Hiashi-sama por el sello. Su padre ya ha hablado conmigo de esta posibilidad en caso de que usted no muestre ser apta para el cargo. ¿Puede entender lo que estoy intentando decirle? Le han dado la oportunidad única de liderar y tomar sus propias decisiones, pero para ello, debe demostrar que está a la altura del clan Hyūga. Y su primera prueba es esta. Sellar el byakugan de Hanabi-sama.

―¿Qué fue lo que le dijiste para que él tomara todas estas decisiones a esta hora de la noche? ―le preguntó molesta, quizás era la primera vez en su vida que sentía rencor hacia su primo.

―Le dije la verdad ―respondió Neji, suspirando―. Hay personas en este mundo que intentarán tomar su byakugan o el de Hanabi-sama. Sobre todo si él está lejos, en una guerra. Usted lo escuchó cuando peleó contra ese sujeto en el País de los Ríos, ¿No? Si él deseaba el byakugan con esa desesperación, nada impide que otro alto rango de Akatsuki intente lo mismo. Su padre y el abuelo decidieron que había que tomar medidas para proteger nuestro dojutsu. Usted demostró que puede cuidar y proteger el byakugan por su cuenta al derrotar a Sasori, no así, su hermana. Y por ello sus ojos deben ser sellados. Es así de simple.

―Nunca sonaste tan cruel como ahora, Neji ―le dijo con labios temblorosos mientras él asentía y caminaba de vuelta a la salida de la habitación.

―Aunque suene cruel, tengo la razón y en el fondo usted lo sabe. Sabe lo que debe hacer. Hanabi-sama es muy pequeña para defender el Byakugan y no será la heredera de Hiashi-sama. Debe recibir el sello. Es por su propio bien ―Neji se detuvo un momento en el umbral de la puerta, como si dudara de su próximo paso―. Lo lamento ―susurró mientras erguía la cabeza y abandonaba las estancias de Hinata.

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.

.

La velada en la recientemente habitada casa Uzumaki estaba resultando de lo más divertida. Hasta Sasuke podía concordar en ello. Nunca esperó que tener la compañía de personas tan escandalosas como Jiraiya y Naruto fuese a resultar en algo así, pero a medida que pasaban los días se sentía menos encrespado con la interacción con ellos y más apto a integrarse. Claro, no había sido fácil considerando lo opuesto que él era en comparación a Naruto y Jiraiya, pero estaba haciendo un gran esfuerzo para hacer de la convivencia algo natural y civilizada. El problema era que Naruto se lo ponía bastante difícil.

Contar con la presencia de Hinata ahí mientras se mudaban había hecho que todo tomara un toque más hogareño. Sasuke podía notarlo. En cada rincón de ese comedor había alguno que otro detalle femenino que indicaba que ella cuidaba de ellos, desde un florero con margaritas en el centro de la mesa del living, hasta las decoraciones de velas aromáticas junto al sofá e incluso ese bonito cuadro de niños jugando junto al poster de Naruto que decía "No Ramen, No Life". La joven había hecho un buen trabajo creando para ellos la ilusión de que ahí vivía una familia y no tres hombres disfuncionales.

Sasuke era alguien que disfrutaba del silencio, de la armonía, que las cosas estuviesen en orden y que se siguieran horarios. Despertaba todos los días a la misma hora, tomaba un baño, se vestía, luego hacía desayuno y se sentaba a comer. A veces compraba el diario en el local de la esquina para poder leer algún libro sobre ninjutsu, un pergamino divertido o estudiar algún asunto que no tuviese nada que ver con entrenar. Luego, alrededor de las siete treinta, salía a trotar, calentaba su musculatura y se ponía a entrenar a las afueras de la Aldea aunque fuese una o dos horas para luego planificar qué harían con su equipo el resto de la mañana, ya fuese continuar reparando la casa o ir por el resto para poder seguir entrenando.

Naruto en cambio era un completo desastre a la hora de vivir con él y se sorprendía de que hubiese podido manejárselas por su cuenta todo ese tiempo. Nunca despertaba por más que el reloj sonara y sonara por horas, hasta que eventualmente cerca de las diez abría los ojos y lo apagaba para dormir al menos media hora más. Cuando se dignaba a dejar la cama iba directamente al baño y dejaba todo hecho un desastre en un pozo de agua junto a la ducha sin molestarse en secar, sólo arrojando una toalla encima de las pozas de agua. Además, dejaba la tapa del excusado arriba todo el tiempo a pesar de que le había dicho que Hinata los visitaba y que debían ser educados. Desayunaba, almorzaba y cenaba cualquier cosa; literalmente. Había llenado un mueble completo con ramen instantáneo pretendiendo convencerle de cuánto tiempo ahorrarían comiendo su asquerosa comida sintética. Para empeorarlo todo, solía beber jugo de naranja o la leche directamente del cartón o la botella, habiendo provocado con ello la primera pelea en serio que tuvieron durante esos días. Era asqueroso, a decir verdad, ya que nunca limpiaba la loza en la cual comía, dejaba que la basura se juntara por días y parecía indiferente a la higiene de todos. Sasuke había tenido que estar limpiando atrás de él y aquello lo irritaba bastante porque Naruto no era un crío y él su niñera. El perdedor se negaba a lavar su ropa muy seguido, a ordenar su habitación y si no tenía que salir de la casa, podía andar en pijama todo el día riendo de aquí para allá.

Si Naruto no se casaba con alguien que fuese talentosa y organizada en todo lo que era mantener un hogar, sinceramente, no sabía cómo iba a sobrevivir siendo un adulto. Y aún así, con todas esas discusiones y peleas por las cosas del hogar, Sasuke creía que era agradable no estar siempre solo aunque habían tenido que hacer muchos compromisos para armonizar la convivencia.

Por su parte, vivir con un hombre adulto como Jiraiya estaba resultando sorpresivamente interesante y una experiencia que le estaba enseñando mucho. Jiraiya le había hablado bastante sobre jutsus y cosas que podía aprender debido a sus habilidades; no obstante, el legendario sannin tenía un problema grave que ni si quiera él podía entender. Sasuke pensó que las importantes misiones que el hombre tenía se trataban de ayudar a Tsunade de alguna manera, pero con espanto se había percatado que Jiraiya ocupaba la mayor parte de su tiempo espiando mujeres y luego escribiendo horribles anécdotas eróticas y sexuales, plasmándolas en papel en lo que él llamaba "sus obras". Le había perdido mucho el respeto a Kakashi sabiendo que era eso lo que leía todo el tiempo.

Y ahí estaban los tres juntos en la mesa del comedor, jugando cartas, riendo y haciendo bromas mientras Jiraiya bebía sake de vez en cuando. Tanto él como Naruto estaban completamente enfocados en ganarse uno al otro para no tener que lavar la loza, pero eso parecía indiferente para Jiraiya quien los miraba como si hubiese sido el abuelo de ambos y esa fuese una cena navideña. El ambiente era realmente agradable, hogareño y cálido.

Y por algún motivo, le llenaba el corazón.

―¿Jugarás o me harás perder toda la noche? ―dijo Sasuke con altanería, mientras disputaban la jugada definitiva. Habían jugado ronda tras ronda sin poder desempatar en la partida que llevaban y ahora, finalmente, parecía tener la victoria cerca. Naruto pasó saliva―. Vamos, adelante. Pierde.

―No cantes victoria tan rápido, bastardo ―susurró Naruto mientras con dudas estiraba su mano hacia la baraja de cartas y sacaba una. De inmediato, su rostro se iluminó―. ¡Sí! ¡Genial!

―Deja de blufear ―sonrió Sasuke―. No tienes nada.

―Quizás tenga algo... ―susurró Jiraiya dándole otro sorbo al sake―. Se precavido. Es demasiado idiota para saber mentir.

―¿Quieres apostar que no tengo algo? Si gano, no sólo lavarás la loza hoy sino toda la semana ―dijo Naruto con una confianza que hizo dudar a Sasuke.

― Es imposible que tengas una buena mano.

―Como dice Gai sensei ―Naruto sonrió astuto―. La suerte también es una habilidad shinobi.

―¿Con que eso crees? ―dijo Sasuke irritado al percatarse que estaba diciendo que era mejor shinobi que él―. Acepto. Si mi mano es mejor, tú lavarás la loza una semana.

Sasuke mostró su mano y luego lo hizo Naruto.

El rostro del Uchiha se volvió pálido mientras se percataba que acababa de perder.

―¡Sí! ¡Sí! ¡No tendré que lavar esa loza apestosa en una semana! ―Jiraiya rió mientras chocaban puños.

―Te lo advertí. Aunque, fue un buen esfuerzo, Sasuke ―dijo Jiraiya mientras se ponía de pie―. De cualquier forma iré a la cama. Intenten no hacer tanto ruido, ¿quieren?

―Buenas noches Ero-sennin ―dijo Naruto.

―Hasta mañana ―se despidió Sasuke aún amargado por haber perdido, sin poder quitar la mirada de las cartas.

―Ve a lavar la loza, Sasuke-chan ―se burló Naruto mientras se paraba y se acostaba sobre el sillón agitando sus pies hacia arriba―. ¡Qué suerte tengo!

Irritado, Sasuke se puso de pie y se dirigió a la cocina para empezar a lavar la loza. No le molestaba realmente hacerlo porque no era mucho lo que habían ensuciado, pero en cambio sí le irritaba haber perdido frente a Naruto. Pero qué más daba, de cualquier forma no había tenido que cocinar, ya que eso era algo que sí conseguía ponerlo de mal humor. Siempre sentía que su comida sabía insípida o demasiado condimentada. Le era difícil encontrar ese balance perfecto que la comida casera de su madre había tenido, o incluso lo que les traía Hinata.

Por su parte, Naruto se recostó sobre los cojines del sofá sonriendo mientras escuchaba la loza y el agua corriendo desde la otra habitación. Suspiró con alegría, pues se imaginó cómo habría sido la vida de su hermosa mamá y su genial papá mientras vivían ahí. De seguro también se turnaban para lavar la loza o cocinar, como él lo estaba haciendo con sus amigos. Saber que todo estaría radiante durante la primavera, con las flores de Hinata y los arreglos y mejoras que realizaban con Sasuke, lo hacía creer que haría feliz a su mamá ver cuánto estaban cuidado de la casa en la cual ella había encontrado felicidad y amor.

Cómo le hubiese gustado tan sólo una vez tomarla de la mano y mostrarle todo lo que habían estado haciendo, desde reparar el tejado, pintar las paredes, exterminar los bichitos que habían formado colonias en el entretecho e incluso, decorar con flores y cuadros las paredes. Todo se sentía tan íntimo y distinto de la vida solitaria que había llevado.

De pronto, sus pensamientos fueron interrumpidos de tajo con el fuerte golpeteo de la puerta.

―¿Puedes abrir? ―le pidió Sasuke quien se encontraba en la cocina. Para su sorpresa, mientras se sentaba en el sillón, los golpes sonaron más fuertes e incesantes.

―¡Ya! ¡Ya voy! ―ni si quiera con su grito los golpes se detuvieron.

Un tanto extrañado abrió la puerta y la imagen con que se encontró hizo que algo se le apretara en el estómago.

Era Hinata, empapada por la lluvia de pies a cabeza. Cuando subió el rostro hacia él, notó que estaba llorando y respirando fuerte, temblando de frío, su aliento cálido saliendo como vapor por los labios.

Tan pronto lo vio se abalanzó contra él, buscando en su proximidad un refugio para su desconsuelo. Sin importarle que estaba mojada, tiritando y lo inapropiado que era, Hinata lo abrazó con fuerza, temblorosa, mientras sollozaba sin control contra su cuerpo, escondiendo su rostro en el hombro de Naruto.

Por un momento, no supo qué hacer ni como reaccionar. Todo eso lo encontraba por sorpresa. ¿Por qué lloraba? ¿Estaba herida? ¿Habría ocurrido algo terrible?

―¿Hinata? ―preguntó con un nudo en la garganta mientras la abrazaba de vuelta con todas sus fuerzas, como si deseara absorber en su propio cuerpo la angustia de la joven―. ¿Qué ocurre? –no hubo respuesta mientras ella lloraba inconsolablemente.

Nunca había visto a Hinata así. Ella era bastante reservada con sus emociones. Era una joven alegre, cuya sonrisa podía hacerte sonreír también, o suspirar. Incluso en sus peores momento sólo se quedaba en silencio, apartaba la mirada y soportaba cualquier cosa que fuese a herirla. Pero en ese instante, mientras la sentía temblar contra su pecho y la intentaba consolar entre sus brazos... sintió que algo se desgarraba al percibir su angustia.

―¿Por qué estás llorando? ―le preguntó con ese nudo en su garganta que crecía más y más al experimentar ese enorme dolor que entorpecía sus pensamientos y nublaba levemente su capacidad de pensar―. ¿Alguien te hizo algo? Hinata. Por favor. ¿Qué sucede?

Pero no hubo respuesta mientras ella gimoteaba casi ahogándose en su llanto. Sentir su pecho convulsionando contra él removió algo en su interior, una mezcla entre ira y dolor. ¿Quién se había atrevido a herirla así? ¿Qué había ocurrido para que Hinata estuviese en ese estado? De pronto, la voz de Sasuke lo hizo reaccionar.

―¿Qué le ocurre? ―preguntó acercándose a ambos con un claro signo de preocupación en su rostro.

―No lo sé ―respondió Naruto.

―¿Hinata? ―volvió a preguntar Sasuke tomándole un brazo, agitándola para llamar su atención, lo cual hizo que ella reaccionara y se separara de Naruto, fijando su mirada en el suelo mientras secaba sus lágrimas con las mangas de su campera.

―Lo siento ―susurró la joven con la voz quebrada―. Lamento llegar así a su casa.

―No digas eso, es tu casa también ―dijo Naruto frunciendo el ceño―. ¿Estás bien? ¿Qué sucede? Estás toda mojada y...

―No sabía dónde más ir ―dijo en un murmullo―. ¿Puedo quedarme aquí esta noche?

―Claro ―dijo Naruto haciéndose a un lado para que ella pasara dentro.

―¿Qué es lo que sucede? ―preguntó de nuevo Sasuke poniendo sus manos sobre los hombros de Hinata, sacudiéndola suavemente para que reaccionara―. ¿Por qué estás llorando así?

―Sólo... sólo no quiero volver a casa hoy.

―¿Peleaste con tu padre? ¿Con Neji? ―preguntó Sasuke frunciendo el ceño.

―No. No es eso. Lamento molestarlos ―dijo Hinata, forzando una sonrisa.

―No es ninguna molestia ―dijo Naruto extrañado al notar que mentía―. Puedes dormir en mi cama. Yo dormiré en el sofá.

―Eso no es necesario, Naruto-kun...

―¡Ey! ―dijo sonriéndole―. Mi madre me mataría si supiese que dejé que una chica duerma en el sofá. Dame un momento. Iré a buscar algo para que te seques.

―Gracias ―susurró Hinata mientras caminaba dentro del hogar, goteando por la lluvia.

Su mirada estaba perdida. Sus párpados rojos de tanto llorar. Sasuke la observó desde la mesa del comedor sin decir palabra alguna, estudiándola, mientras Naruto buscaba las cosas. Cuando volvió, traía consigo una toalla y un cambio de ropa de la que él mismo utilizaba para que Hinata se cambiara.

―Es lo único que tengo limpio ―dijo estirando hacia ella una camiseta blanca y grande y pantalones anaranjados como los que él usaba siempre―. ¿No te molesta dormir con mi ropa, verdad? ―le preguntó Naruto.

Hinata negó.

―Gracias, Naruto-kun ―respondió tomando sus cosas―. ¿Me permiten cambiarme en el baño, por favor?

―Claro Hinata, ya sabes donde es.

Sasuke supo mientras veía su figura desaparecer por el corredor que fuese lo que fuese que le sucedía, era grave. Hinata estaba tan abstraída que ni si quiera sonrojó o se exaltó ante la idea de dormir en la cama de Naruto y con su ropa encima. Tampoco era muy propensa a llorar y nunca la había visto sollozando así, desesperada y perdida. Suspiró preocupado mientras él y Naruto intercambiaban miradas, pero ninguno de ellos parecía saber qué hacer.

Cuando Hinata volvió, tenía su ropa mojada entre las manos, se encontraba descalza y el cabello aún levemente húmedo. Parecía como si hubiese salido de la ducha, aunque la ropa de Naruto le quedaba en extremo grande.

―Gracias ―dijo mientras Naruto le quitaba su ropa mojada de las manos y la ponía cerca de la chimenea―. Lamento molestarte.

―¿Quieres contarnos qué sucede? ―le pidió Naruto suavemente mientras le sonreía. Ella seguía con la mirada vacía, observando hacia en frente. Negó con su rostro, suave, suspirando, para luego sentarse en el sofá―. Ya veo ―dijo rascándose la nuca, sin saber qué más hacer para que esas lágrimas silenciosas dejaran de caer por su rostro―. ¿Puedo hacer algo por ti? ¿Quieres cacao caliente? ¿Tenemos cacao, verdad Sasuke? ―Sasuke asintió.

―¿Crees que Ichiraku esté abierto? ―preguntó Hinata, con la voz apagada y lejana.

―¿Eh? ¿Ichiraku? ―preguntó Naruto desconcertado―. ¡Es casi media noche! ¿Tienes hambre? ―Hinata asintió en silencio y Naruto observó a Sasuke como si no supiese qué hacer. Estaba lloviendo afuera, pero si comer hacía que Hinata dejara de lucir así, podía salir. Sasuke asintió, como diciéndole que estaba bien si se iba a comprar algo de comer, ya que él se quedaría ahí―. Está bien. De seguro alcanzo a pedir algo... ¡Sólo espérame aquí! Cuando vuelva conversaremos y solucionaremos sea lo que sea que te tiene así, ¿Está bien?

―Gracias, Naruto-kun ―dijo Hinata subiendo el rostro y observándolo con una suave sonrisa―. Siempre eres... muy amable.

―No es nada. Ya vengo ―dijo Naruto poniéndose de pie y dirigiéndose a la puerta.

Tan pronto la puerta se cerró y Naruto fue en búsqueda de ramen, Sasuke caminó lentamente hacia Hinata, parándose frente a ella. La joven no subió la mirada, como si más que desear ser escrudiñada por los ojos inquisidores del Uchiha, estuviese escondiéndose de su juzgamiento.

―¿Por qué lo mandaste a buscar comida a esta hora? ―le preguntó con seriedad. Él no era como Naruto quien intentaría consolarla. Él quería respuestas―. Tú no comes después de las diez.

―No quería preocupar a Naruto-kun ―murmuró desganada.

―¿Preocuparlo? ―entonces Sasuke lo comprendió. Iban a hablar sobre el motivo para que estuviese así y ella no deseaba que Naruto lo escuchara. Suspiró mientras se sentaba en la mesa central del living, justo frente a ella―. Bien, te escucho. ¿Qué te ocurre?

―Mi padre me nombró su heredera con la aprobación del abuelo ―decirlo la hizo fruncir el ceño en dolor y pronto estaba llorando de nuevo.

―¿Y eso es malo? ―preguntó Sasuke subiendo una ceja―. ¿No era ese tu sueño? Has estado trabajando toda tu vida para lograrlo.

Hinata simplemente se quebró cuando lo escuchó, arqueando su espalda hacia adelante y sosteniendo su rostro con ambas manos.

La angustia que experimentó Sasuke al verla así lo paralizó. Muy pocas veces en su vida se había visto frente a situaciones en las cuales no sabía qué diablos hacer. ¿Por qué se había preparado para todo tipo de misiones peligrosas y situaciones imposibles... pero verla llorar lo paralizaba como un completo inútil? Llevaban tanto tiempo juntos, que pensaba conocer cada detalle en ella; pero esa tristeza, ese dolor, esa forma en que se quebraba frente a sus ojos era algo desconocido.

―Quiere que selle el byakugan de Hanabi ―dijo Hinata entre sollozos―. Mi hermana pasará a formar parte de la familia secundaria ahora. Y si no lo hago...

―Ya veo ―dijo Sasuke pasando saliva. El pecho se le apretó.

Sasuke había sido, y muy probablemente seguía siendo, una de las personas más inteligente de la aldea junto con Shikamaru. No obstante, su inteligencia no era emocional, sino racional. Por lo tanto, intentó resolver esa situación utilizando la lógica. Hinata acababa de decirle que tenía que hacer algo que seguramente la estaba destruyendo. Supuso que eso era un asunto de su clan del cual no podía escapar. Por otro lado, sabía el tipo de chica que ella era; no creía que fuese capaz de herir a Hanabi poniendo un sello maldito en ella, pero al mismo tiempo, conocía toda esa determinación que había en ella por alcanzar el sueño que se había puesto por delante: liderar a su clan. Por ello, Sasuke comprendió qué era lo que él hacía allí y por qué el perdedor estaba caminando en el frío de la lluvia nocturna, empapándose, en búsqueda de comida no requerida.

―Creo entender ―dijo Sasuke sintiendo una cierta molestia por lo que ella estaba imponiendo sobre él y no sobre Naruto―. Quieres que te diga qué hacer.

Y entonces su raciocinio llegó a otra conclusión. No. Si hubiese tenido grandes dudas se lo habría preguntado directamente. Le había llegado a comunicar que el clan deseaba que hiciera algo que ella, en su moral interna, encontraba aberrante. Y aún así, no le había pedido un consejo, sólo le había dicho lo que su clan deseaba

―No. No es eso. Ya decidiste qué hacer. Lo que realmente quieres es que te diga que lo que harás es correcto. ¿No?

―Aún no he decidido hacerlo Sasuke-kun, yo sólo... ―dijo Hinata bajando las manos y observándolo al rostro por primera vez desde que llegó.

―No es así ―la interrumpió―. Ya tomaste una decisión, incluso antes de venir acá. Por eso estás temblando. Por eso sacaste a Naruto de la casa buscando hablarme a solas. Porque sabes lo que él dirá ―Hinata bajó los hombros como si escucharlo le doliera.

―Él no lo aprobaría ―susurró.

―Y tú no soportarías ver la decepción en su mirada ―decirlo dolió. ¿Por qué entonces ella... sí podía soportar la expresión en su propio rostro al percatarse de que haría algo inmoral y malvado? Porque ella lo creía alguien que estaba dispuesto a dar cualquier paso por conseguir sus sueños. Esa era la visión que Hinata tenía de su persona. Y quizás, no estaba equivocada. Después de todo, él no era Naruto―. Sabes que te dirá que no lo hagas, que es algo horrible y que no tienes que escuchar a nadie excepto a ti misma. Por eso no te atreviste a decirlo frente a él. Porque sabes que de cualquier forma, lo tienes que hacer.

―Conoces a Naruto-kun ―dijo Hinata sorbiendo por la nariz―. No quiero que vaya a mi casa e intente discutir con mi padre.

―Y entonces... ¿Por qué me lo dices a mí? ―le preguntó, pero Hinata no respondió―. ¿Quieres que diga que lo que harás está bien, porque es tu sueño ser la líder de los Hyūga? ¿Porque es tu obligación y el camino que elegiste para tu vida? ¿Quieres que diga que sellar el byakugan de tu hermana menor es algo que debes hacer? Sí. Eso quieres.

―¿Lo es? ―le preguntó Hinata mirándolo con un rostro tan acongojado, que no pudo si quiera sentirse ofendido porque ella lo pusiese en esa posición. Lo necesitaba en ese momento. A él. No a Naruto. ¿Acaso no era algo que había estado esperando por años ya?―. ¿Es algo que debo hacer, Sasuke-kun?

―¿Quieres que yo tome esta decisión por ti? ―le preguntó bajo, mirándola al rostro con algo de lástima.

―Yo no sé qué hacer ―respondió ella en su desesperación.

―Sí lo sabes ―dijo Sasuke, suspirando.

―¿Qué harías tú?

―¿Yo? ―bufó, porque ella lo conocía lo suficientemente bien. Por ese mismo motivo estaba ahí―. Ya sabes la respuesta. Yo lo haría. Yo sellaría los ojos de mi hermana menor si eso me hiciera cumplir el sueño que he estado intentando alcanzar. Porque soy ese tipo de persona.

―Comprendo.

Hinata bajó el rostro y sus pequeñas manos temblaron. Fue entonces, que la calidez de las manos de Sasuke sobre las suyas la hizo respingar y subir la mirada. ¿Sasuke tomándole las manos? Él no era el tipo de persona que la confortaba con su proximidad. A él le irritaban ese tipo de desplantes patéticos que denotaban su debilidad. El calor de su piel la hizo sentirse confundida, como si fuese la primera vez que estaba viendo sus profundos ojos negros.

―Pero, esa no es la respuesta para ti ni el camino que debes seguir ―le dijo con suavidad, haciendo que Hinata subiera los párpados, sorprendida―. Porque yo no soy igual a ti. Yo soy yo. Tú, eres tú ―soltó una de sus manos y con el anverso de su palma le restregó una lagrimita que le caía por la mejilla con tanto cuidado, que Hinata dejó de respirar―. Mi nindo y el tuyo no son lo mismo. Debes dejar de pensar que Naruto y yo tenemos las respuestas para todo lo que se te hace difícil de afrontar. Si vas a hacer algo de lo cual te arrepentirás el resto de tu vida, entonces, no veo el punto en hacerlo. Debes buscar tu propia respuesta y fuerza en este momento. Te has preparado mucho tiempo para ello. Tu verdadero nindo no es alcanzar un título o una posición dentro de tu clan, Hinata. Es encontrar la fuerza que tienes dentro y asombrar a todos con ella. Lo sé. Yo la he visto. Por eso, confío en ti.

―¿Qué hago? ―le preguntó volviendo a sollozar, arrugando las facciones de su rostro en dolor―. Ayúdame, por favor.

―Basta ―le pidió Sasuke, sintiendo que el pecho se le oprimía al verla así.

―Por favor dime que hacer ―le volvió a pedir, y aquello hizo que Sasuke se pusiera de pie. Ya no podía seguir viéndola. Sentía que algo ardía dentro de él―. Por favor ―le pidió Hinata nuevamente, sosteniendo su brazo mientras se paraba atrás de él.

―Odio verte llorar ―susurró sin mirarla.

―Sasuke-kun...

―Sería fácil para mí decirte que lo hagas porque es tu sueño, o que no lo hagas porque no está en tu naturaleza ser así. Pero esta vez, no puedo ayudarte. No puedo darte la respuesta, Hyūga. Es algo que tú tienes que decidir por ti misma.

―¡Quién soy yo para decidir algo así! ―escucharla alzar su voz lo hizo paralizar, sin saber qué decir o cómo reaccionar. Temerosamente, volteó su rostro sobre el hombro para ver a Hinata, mejillas rojas en frustración y todos sus gestos descompuestos por el dolor que sentía en ese momento―. ¡Es mi hermana! ¡Es mi hermana bebé! Esto no debería estar pasando. ¿Por qué mi padre me odia tanto? ¿Qué hice para que me desprecie de esta manera? No debería tener que elegir entre mis responsabilidades como la futura líder del clan y el amor que siento por Hanabi.

―Lo sé ―susurró Sasuke, frunciendo las cejas en dolor al verla así.

―Ayúdame por favor. ¿Por qué... por qué siento que se me rompe el corazón en este momento, Sasuke-kun?

―Porque la amas ―dijo él, experimentando también ese dolor en su pecho del que ella hablaba―. Y a todos se nos rompe el corazón cuando vemos a alguien que amamos sufrir.

Justo en ese momento, mientras Hinata lo abrazaba y él ponía su mano sobre su cabeza intentando confortarla de algún modo, juró que algún día haría que Hiashi Hyūga pagara por romperle el corazón a la persona que él amaba.


Sasha Notitas:

Muchas gracias a todos los que siguen aún esta historia y se toman la molestia de dejarme un review, un follow o un favorite, que ayudan mucho a la difusión de este fanfic. Les pido nuevamente, que no se olviden de comentar ya que me ayuda mucho como escritora saber lo que piensan de la trama y como esta va a avanzando. Por otro lado, QUE HORROR que sea Junio! Espero que todos tengan un excelente mes! Mucho ánimo. DIOS. Este capítulo está intenso en los feels, sobre todo porque la trama está avanzando hacia donde deseo llevarla en este arco. Hay mucha información y detallitos importantes por aquí y por allá. Espero que lo disfruten!

Un abrazo mis queridos lectores! No se olviden de dar follow, favorite y dejar un review