Capítulo dedicado a MikasaAckerman145

Gracias por tus fanarts de mi historia

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CAPÍTULO 49

EL YIN Y EL YANG

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Hinata despertó con el sonido de las voces que provenían del primer andar. Se sentó con cuidado sobre la cama y vio como la luz un tanto blanquecina entraba por la ventana. El día estaba bastante frío y experimentó el fresco en la punta de su nariz. Se preveía un invierno bastante helado aproximarse. Suspiró con el sonido intenso de la lluvia golpeando la ventana, algo bastante normal del otoño en Konoha.

Observó a su alrededor, asimilando los pequeños detalles de la habitación que Naruto ahora ocupaba. Podía percibir su aroma entre las sábanas así como pequeños detalles que denotaban su presencia ahí, desde algunos contenedores vacíos de Ramen, libros sobre cuidado de plantas junto a la cama, pergaminos en su escritorio y un gorro en forma de panda que reconoció con una sonrisa, pues solía usarlo al dormir cuando eran niños. ¿Aún lo hacía? La sonrisa se amplió, ya que Naruto parecía vivir en un mundo en donde su gentileza e inocencia no cambiaban. Era algo que admiraba en él, ya que sin importar lo fuerte que el mundo lo golpeaba continuamente, el seguía sonriendo como un niño, con esa pureza y alegría que hacía al corazón cantar. Definitivamente, cuando tuviese más tiempo, tendría que ir a ayudarle a limpiar. No deseaba que Sasuke-kun lo terminara regañando por el estado de ese cuarto.

Suspiró mientras se sentaba en el borde de la cama de Naruto, observando el velador. Sobre la madera encontró un par de revistas de Plantas y Hogar, con algunas hojas marcadas con post-it, como si estuviese especialmente interesado en algunos reportajes. A Hinata no le extrañaba del todo, pues la relación de Naruto con las plantas era algo que ella comprendía bien. Ambos habían crecido solos y a veces, era mucho más fácil entregar amor y cuidados a una planta que encontrarlo en un ser humano. Había un cierto sentido de compañía cuando plantabas, regabas y cuidabas de una planta, observándola crecer. Muchas veces, ella hablaba con las flores y helechos del invernadero cuando no tenía con quien hacerlo, un mecanismo que había creado para intentar superar su timidez, ya que no se sentía nerviosa o intimidada por ellas. Podía abrirles su corazón mientras imaginaba como éstas le hablaban de vuelta. Supuso que para Naruto, que había vivido en tanta soledad como ella, las plantas debieron cumplir un rol similar mientras crecía.

En el velador, justo al lado de una lámpara, se encontró con un portarretrato de madera que contenía la imagen del Equipo Siete de la época que fue formado; era la primera foto oficial de los tres junto a Kakashi sensei. La tomó con cuidado entre las manos y observó a sus compañeros. La melancolía invadió todos los gestos de su rostro. ¿En qué momento habían crecido tanto? Veía dos niños irritados que parecían distantes memorias de los hombres en que se habían convertido, ambos apuestos altos y masculinos. No se extrañaba realmente que tantas chicas en la aldea suspiraran por Sasuke-kun, sólo le llamaba la atención que no parecieran notar lo maravilloso que era Naruto también.

Dejó el portarretrato en su lugar y se puso de pie, caminando con cuidado hacia la puerta. Miró hacia el corredor y no vio a nadie en el segundo andar. Activó su byakugan y pudo ver en el primer andar como Sasuke y Naruto discutían sobre alguna cosa en la cocina mientras estaban preparando comida y Jiraiya los observaba desde la mesa, con la tinta y las hojas a su alrededor mientras escribía. Se veían como una pequeña familia, lo cual la hizo sentir tanta envidia de su felicidad que pronto se encontró a sí misma llorando en silencio.

Poniendo una mano sobre su pecho se preguntó ¿Por qué había tenido que nacer en el clan Hyūga? Una mañana común y corriente para cualquiera se le hacía como un sueño que nunca tendría. Despertar en la mansión se sentía frío, solitario y silencioso. Cada uno de los actos que realizaba estaban cubiertos en solemnidades, desde el momento en que se lavaba el rostro, hasta que tomaba el té. Sólo respiraba tranquila cuando su padre se retiraba de su presencia y se encerraba en el dojo con Hanabi. Era en ese momento que se escabullía a la cocina, sacaba cualquiera de las cosas que hubiesen estado preparando para el resto del clan, lo envolvía en una servilleta y corría a la entrada sabiendo que Sasuke la esperaba para entrenar. Le pasaba entonces una batata caliente, un bollo recién horneado, un onigiri o una galleta y ambos comían en silencio hasta que llegaban al campo de entrenamiento. Esos eran sus momentos favoritos del día en que en silencio, al menos Sasuke rompió esa soledad con que había crecido.

Secó las lágrimas de su rostro y bajó por la escalera con cuidado. Podía escuchar como Naruto y Sasuke seguían discutiendo mientras criticaban lo que hacía el otro. Suspiró pensando que había hecho a su pobre compañero salir en medio de la noche y cuando volvió estaba empapado, tiritando y con dos bolsas de comida que nadie tocó. Los tres habían hablado gran parte de la noche sobre todo tipo de cosas, sabiendo que ambos intentaban animarla. Hizo un gran esfuerzo por sonreír y prestar atención a la mayoría de lo que decían, pero inevitablemente, su mente divagaba al rostro de Hanabi y la forma amable en que con resignación había aceptado su destino.

―Buenos días ―dijo parándose en el umbral de la puerta.

―¡Oh! ¡Hinata! ―dijo Naruto sonriendo mientras tomaba la tetera con agua caliente―. Vamos a desayunar. ¿Nos acompañas?

―Creo que debería irme. Me deben estar esperando en mi... ―comenzó, pero Sasuke la interrumpió.

―No pasé dos horas de esta tortura, cocinando junto a este inútil, para que ahora te vayas. Ve a sentarte.

―S-sí ―dijo ella sonrojando levemente y caminando hacia el comedor―. Buenos días, Jiraiya-sama.

―Buenos días Hinata-san ―dijo Jiraiya mientras le sonreía―. ¿Te sientes mejor?

―Sí ―dijo avergonzada, sin saber que él se había percatado de su estado emocional la noche anterior―. Lamento causar molestias.

―¿Molestias? No seas absurda ―dijo riendo con una potente carcajada que la hizo avergonzarse aún más―. Puedes venir cuando quieras. De hecho es mucho más agradable tener la presencia de una bella señorita en casa si significa que esos dos idiotas pueden ponerse de acuerdo en hacer algo sin terminar peleando.

―¡No es para tanto! ―gritó Naruto mientras ponía la tetera en el centro de la mesa.

―¡Ey idiota! Ponle algo debajo o vas a manchar la mesa ―dijo Sasuke mientras llevaba consigo una fuente con pan y otra con onigiris.

Hinata observó la mesa y se sorprendió. Había mermelada, mantequilla, frutas picadas, un jarrón con jugo de naranja y bolsitas de té. Incluso los onigiris se veían hermosos junto con los huevos revueltos que Naruto estaba poniendo en el centro de todo. Subió su mirada hacia sus compañeros y notó que ambos estaban un tanto sucios y sudorosos, pero al menos habían logrado hacer el desayuno sin quemar nada ni causar un gran lío. ¿Realmente se habían esforzado tanto en aprender a cocinar para hacerle el desayuno? El pensamiento la conmovió, entendiendo que ambos deseaban subirle el ánimo.

―Todo se ve muy bien ―dijo quietamente, intentando sonreír―. ¿Aprendieron a hacer huevos? ―preguntó sorprendida al ver que no estaban quemados o muy crudos.

―Ero-sennin nos enseñó ―dijo Naruto, haciendo que Hinata mirara al hombre quien le guiñó un ojo subiendo su dedo pulgar.

―Yo sobreviví muchos años a base de huevos revueltos. Es lo más sencillo que podía enseñarles sin que lo arruinaran de alguna forma ―dijo Jiraiya.

―¿Y esos onigiris? ―preguntó sorprendida.

―Yo hice el arroz y Sasuke los rellenó ―respondió Naruto. Hinata los observó aún más sorprendida―. El arroz me queda mejor y él sabe cómo hacer para rellenarlos sin que se desarmen. Una gran colaboración, ¿no crees? Kakashi sensei estaría orgullosos de nuestro Team Work.

―Cierra la boca ―dijo Sasuke irritado mientras se sentaba y servía agua en las distintas tazas.

Comieron esa mañana de manera ligera, conversando asuntos de poca relevancia y discutiendo sobre cómo la casa había pasado su primera gran prueba: la lluvia. Los tres hombres del hogar parecían muy orgulloso de notar que nada se estaba goteando, felicitándose entre ellos por su gran obra de ingeniería. Hinata sonrió quietamente mientras probaba de a poco la comida, escuchándolos hablar, notando como entre Naruto y Sasuke se balanceaban en las labores que empredían. Eso le aligeraba el corazón, pues desde que veía a Sasuke cerca de Naruto, algo en su mirada había cambiado y parecía sonreír bastante más. ¿Y Naruto? Era un manojo de risas y sonrojos alegres; su ánimo estaba tan alto que parecía que la energía le rebosaba. Verlos hacía que su corazón se sintiera sereno, confortada por esos dos chicos que había llegado a considerar su pequeña familia.

―Los onigiris saben muy bien. Creo que son mejores que los míos ―dijo Hinata con suavidad.

―No exageres ―le contestó Sasuke rodando los ojos―. Aún pueden mejorar bastante, pero al menos son comestibles.

―Pues yo creo que están deliciosos. Al fin y al cabo, es tu receta Hinata ―dijo Naruto comiendo otro―. Sasuke es demasiado minucioso. Si hubiese dependido de él habríamos estado todo el día cocinando.

―Nadie te preguntó ―alegó Sasuke.

―Los huevos también les quedaron bastante buenos ―dijo Jiraiya mientras leía algunas páginas en las cuales estaba trabajando, sin prestarles mucha atención.

La verdad, Hinata no tenía nada de hambre. Sentía que su estómago se le revolvía sólo con la idea de volver a su hogar, pero no podía ser tan mal agradecida para rechazar la comida que sus compañeros se habían esforzado en hacer para intentar levantarle el ánimo. Porque aunque ninguno de ellos lo hubiese dicho, el gesto estaba ahí presente; había amor y preocupación en cada uno de los platos en la mesa que intentaban decirle que ellos dos estaban ahí para animarla.

Observó de reojo a Naruto con tristeza mientras él y Sasuke discutían sobre cuál de los dos iba a lavar todo. Su pecho se oprimió. ¿Si le decía lo que estaba ocurriendo en su hogar, se sentiría decepcionado de que estuviese si quiera considerando hacer lo que su padre había ordenado? Pensarlo la angustiaba. Podía hablar casi cualquier cosa con Sasuke porque sabía que entre ellos se comprenderían de algún modo, aunque muchas veces le gritara o le dijera cosas crueles, estaba acostumbrada a esa interacción con su compañero, pero no así con Naruto. La posibilidad de decepcionarlo la hacía sentir como si todos los pasos que había dado en su dirección para intentar ser alguien digna de caminar a su lado, no fuesen suficientes. Tanto Naruto como Sasuke confiaban siempre en ella y la habían ayudado a superarse cada vez que encontraba algún obstáculo que le impedía alcanzarlos y en cierto momento, había comprendido que su labor no era ser tan fuerte como para igualarlos, sino, ir por su propio camino, con la esperanza de que esos tres caminos que cada uno de ellos debía recorrer algún día terminaran en una única ruta, para así avanzar juntos, uno al lado del otro.

Naruto le había dado confianza haciéndola creer que no había imposibles si se esforzaba en alcanzar sus sueños y Sasuke había impedido que se diera por vencida, forzándola a mejorar. ¿Estarían ahora decepcionados si la veían titubear ante el camino que había escogido para ella? ¿Por qué en ese sueño de liderar a los Hyūga, tenía que haber tanta crueldad? ¿Tenía que aplastar los sueños de su hermana para imponer sobre ella el destino del clan secundario de los Hyūga?

¿Qué respuesta debía encontrar para tomar la decisión que tenía frente a ella? No lo sabía. Sasuke le había dicho que era algo que debía encontrar por sí misma y que no le iba a dar la respuesta porque no era su lugar hacerlo. Pero ella sabía lo que Naruto respondería si le preguntaba qué hacer; él le diría que debía pelear y cambiar ese horrible destino que caía sobre su clan.

Bajó el rostro, hundiéndose entre los hombros mientras suspiraba.

El gesto no pasó desapercibido para Sasuke y Naruto, quienes dejaron de discutir y la observaron en silencio. Ninguno la interrumpió en su melancolía, dándole su espacio, pero era inevitable sentir preocupación por su tristeza. Sasuke sabía lo que ella estaba pensando, pero no así Naruto, quien había intentado desde el momento que despertó no indagar más de la cuenta, ya que respetaba el silencio de Hinata. Aún así, estaba preocupado, porque nunca había visto en ella ese desconsuelo que le apretaba el estómago.

―Dejé tu ropa seca sobre el sofá, Hinata ―dijo de pronto, mirándola comprensivamente―. Por si te quieres cambiar. Hace un poco de frío. No sería bueno que te termines resfriando.

―Muchas gracias, Naruto-kun ―dijo subiendo el rostro―. De hecho, creo que ya debería estar yéndome. Tengo cosas importantes que hacer en casa ―dijo bajando la taza e inclinando su rostro a modo de disculpas.

―Puedes usar el baño para cambiarte ―dijo Sasuke―. Lo limpiamos en la mañana.

―Ahora huele a limón ―dijo Naruto alegremente y un tanto nervioso al verla tan triste, intentando decirle cualquier cosa que pudiese subirle el ánimo―. ¿Sabías que puedes poner un líquido y todo huele a limón? ¿No es genial?

―¿Es en serio? ¿Estás emocionado porque descubriste el cloro? ―Sasuke rodó los ojos dándole un mordisco a uno de los onigiris.

―¿Mientras limpiabas inhalaste ese líquido demasiado tiempo? ―le preguntó Jiraiya con una sonrisa y Naruto miró a ambos con irritación.

―Gracias chicos ―dijo Hinata poniéndose de pie y haciendo una reverencia―. El desayuno estuvo delicioso y me siento muy afortunada de haber podido compartirlo con ustedes. Les pido disculpas si los he incordiado, sobre todo a ti, Naruto-kun, por hacerte dormir en el sofá.

―Descuida ―dijo Naruto―. El sofá es realmente cómodo.

Se paró derecha y caminó hasta en medio del comedor, justo en el espacio en donde comenzaba el living y tomó su ropa doblada para terminar dirigiéndose hacia el baño. Sasuke mantuvo su mirada en su propia taza de té mientras que Naruto la observaba de reojo, preguntándose qué era lo que le sucedería para mostrarse así de distante y triste. No era la Hinata que él conocía. Sus ojos que siempre sonreían y mostraban tanta amabilidad ahora parecían opacados por dudas y temores.

―Dale espacio ―dijo de pronto Sasuke cuando escucharon que la puerta del baño se cerraba―. Cuando esté lista, hablará de lo que le sucede.

―Sí ―dijo Naruto con una mueca para luego suspirar―. Es doloroso ver cuánto está sufriendo. Me hace querer gritar.

―Lo sé ―dijo Sasuke, afianzando sólo un poco más fuerte la taza que bebía.

Naruto sabía que Sasuke y Hinata llevaban interactuando más tiempo juntos y era probable que supiese mejor que él la forma en que ella reaccionaba ante la tristeza. Aún así, permanecer quieto y dejar que las cosas pasaran sin influir en ellas no era para nada la manera en que actuaba normalmente y el dolor que él mismo experimentaba al saber que no podía remediar lo que estaba quebrándose dentro de Hinata, le causaba desconsuelo. Deseaba saber qué era lo que le ocurría a la joven para estar así, pero pensó que confiaría en el criterio de Sasuke. Cuando Hinata quisiera hablar, de seguro, ella lo buscaría.

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Mientras avanzaba por la entrada del Recinto Hyūga, Hinata pensó que ese lugar que había llamado hogar ya no se sentía como antes. Había vivido entre esas elegantes paredes de madera toda su vida, pero nunca hasta entonces las creyó tan extrañas y ajenas a ella. En comparación con el hogar de los Uzumaki en donde había un alma cálida y confortante, todo en su propia casa era frío, distante y solemne, al punto que caminar la ahogaba lentamente, como si con cada paso se hundiese más y más en su propia soledad. El frío la invadió y lo se asemejó a caminar en medio de la nieve descalza hacia su propia perdición.

No era la primera ocasión que pasaba la noche fuera de casa, ya que había salido en largas misiones anteriormente. No obstante, se sentía extraña de haber dormido en la casa de uno de sus compañeros sin comunicárselo a nadie. Aún así, no estaba de humor ese día para dar explicaciones ni decir donde había pasado la noche, por lo cual, siguió de largo por el pasillo sin entrar a las estancias de su padre para anunciar su retorno a la mansión. Nadie dentro de la residencia Hyūga se detuvo a hacerle preguntas, observándola mientras avanzaba por el corredor hasta las estancias de su abuelo.

Hinata se repitió una y otra vez que estaba ahí porque creía en ella misma. Porque había entrenado muy duro para ganar su posición y no iba a retroceder ahora. Porque había conquistado sus temores, dudas y debilidades sólo a base su fuerza de voluntad y de negarse a creer que era un fracaso que nunca lograría ser más que un estorbo en su familia. Había sangrado, llorado, sufrido y lastimado a otros sólo para demostrar que era digna de estar ahí. Si hubiese retrocedido en ese momento, ¿Para qué se habría molestado en empezar ese camino en primer lugar? ¿Cómo habría podido mirar a Naruto al rostro si se rendía? ¿Cómo podría haber mirado a Sasuke si sentía miedo al momento de avanzar?

Aún tenía que luchar. Aún debía mover un pie tras otro para seguir avanzando por su propio nindo. Naruto confiaba en ella. Sasuke confiaba en ella. Kakashi sensei y Gai sensei la habían ayudado a prepararse. Hanabi la necesitaba. No podía retroceder ahora sin si quiera intentarlo sólo porque el miedo a actuar se apoderaba de su cuerpo.

Entre el deber y el amor por su hermana, escogía a su hermana. Esa era la respuesta que había encontrado esa mañana mientras Naruto y Sasuke la consolaban con comida casera, porque para ellos, ella era también como una hermana que debían proteger. Y mientras comía escuchando la risa estridente de Naruto y la forma exasperada en que Sasuke reclamaba que era un idiota, supo que entre el amor y el deber, escogería el amor. No podía ser de otra forma o simplemente estaría traicionándose a sí misma y seguiría adelante con un corazón cargado de pesar. Dejaría de ser Hinata para convertirse simplemente en lo que su padre exigía de ella.

Y no deseaba perderse en su propio Nindo. Quería ser Hinata la que llegara al final del camino, no, una extraña que no reconociera al mirarse al espejo.

Por lo cual había decidido que iba a encontrar una solución a ese problema con Hanabi, pero para hacerlo, tenía que demostrar que aunque no quisiera sellar los ojos de su hermanita menor, tenía la convicción, fuerza y valor para ser la próxima líder de los Hyūga y proteger el byakugan de Hanabi sin la necesidad de que lo sellaran. Iba a proteger a su clan con un corazón lleno de amor y no una repleto de rencor, arrepentimiento y odio. Y para eso, lo primero que debía hacer era atender las lecciones con el abuelo y convencerlo de que se pusiera de su lado frente a su padre.

Se paró con cuidado delante de la puerta corrediza de las estancias del venerable Hyūga y permaneció ahí, intentando aplacar sus nervios para entrar. El corazón le latía de prisa, con ansiedad, indicándole lo importante que era ese momento en su vida.

Poniendo una mano sobre la madera, se anunció.

―Ojii-sama. He venido por las lecciones ―dijo con firmeza.

―Adelante ―dijo el abuelo.

Tan pronto Hinata abrió la puerta corrediza lo encontró parado en medio del estar, apoyado en su bastón. La luz de la ventana lo iluminaba dándole un aspecto regio y solemne. A pesar de su edad avanzada se veía muy digno en esa posición. Había un cierto aire a su alrededor que denotaba distinción, algo que caracterizaba a los hombres de su familia y que el abuelo no había perdido con el paso de los años.

Hinata no estaba feliz de estar ahí. Un día atrás, un par de horas atrás inclusive, no se habría imaginado estar más nerviosa o excitada sobre recibir educación directamente del abuelo. No obstante, después de lo que había vivido la noche anterior, veía a ese hombre como la representación de todo lo arcaico, anticuado y cruel que envolvía a su clan.

Ese hombre había criado a su padre como alguien desalmado que disfrutaba de verla sufrir. Era el responsable del dolor que cargaba Neji y lo que la separaría de Hanabi. Viéndolo a los ojos, pensó, que ella deseaba cambiar todo lo que su abuelo representaba y lo haría tan pronto fuese la líder del clan.

―¿Y cómo planeas hacer eso? ―le preguntó con seriedad―. ¿Cómo cambiarías tú a nuestro clan? Una familia cuya estructura, tradiciones y normas no han sufrido alteraciones en dos mil años. ¿Por qué crees que eres tan especial para hacer las cosas distintas cuando nadie antes que tú lo ha hecho? ¿Por qué estábamos todos equivocados por dos mil años y tú, con tus quince años en esta tierra, estás en lo cierto? ¿No has pensando que quizás, seas quien está equivocada esta vez?

Hinata abrió los ojos con sorpresa. ¿De qué hablaba el abuelo? Era como si con sólo mirarla pudiese meterse dentro de su cabeza. Notó como el byakugan del anciano se activaba sin que él moviera sus manos o posición, y ahí, frente al miembro más antiguo del clan Hyūga, se sintió infinitamente pequeña e insignificante.

―Un Hyūga nunca podría ser insignificante, Hinata ―dijo el abuelo con un aire tan regio que parecía imponer su figura para que admirara su grandeza―. Antes de pedirme que te apoye y que le diga a tu padre que no selle los ojos de Hanabi, primero deberás educarte sobre qué es el sello de nuestro clan y cuál es su finalidad. Así como también, lo que significa ser el líder del clan Hyūga. ¿No lo crees?

―¿Cómo...? ―preguntó Hinata impresionada, al entender que él conocía sus pensamientos de alguna forma.

―Porque lo veo ―respondió el abuelo, relajando su mirada para luego caminar por la habitación dándole la espalda a Hinata, quien lo comenzó a seguir―. Nada se puede ocultar ante el Byakugan ―Hinata ya sabía todo eso, pero escucharlo de esa manera pareció sorprenderla―. Sin embargo, las dudas, el dolor y el resentimiento pueden nublar tu visión. Un corazón que lidera a otro debe deshacerse de esos sentimientos básicos y llenarse de determinación, valor, fuerza y convicción. Eso es lo que tu padre siempre ha querido de ti. Siéntate. Conversa conmigo ―dijo el abuelo con un poco más de amabilidad.

Se sentó frente a la mesa de la estancia, apuntando al cojín de enfrente para que Hinata lo acompañara. Parecía que había mandado a pedir los utensilios para preparar té e incluso vio bombones de mochi en un plato. No recordaba haber comido golosinas con su abuelo desde que era una pequeña, justo antes de que comenzaran sus instrucciones para convertirse en Shinobi y cambiara tanto su perspectiva de él. Antes lo había amado profundamente, después, sólo le temía. Tanto como a su padre, ya que cada vez que era humillada, golpeada y llevada a sus límites, el abuelo se encontraba a la derecha de Hiashi, apoyado en su bastón, observando sin palabras.

Inspirando aire, tomó valor y se sentó frente al abuelo con el rostro erguido. No iba a dejar que el hombre la intimidara esa vez. Ya no era una niña de cinco años que fallaba una y otra vez. Era casi una mujer, había derrotado a un poderoso miembro de Akatsuki, había sobrevivido muchas veces a morir y estaba preparada para liderar a los Hyūga. Aunque si era honesta consigo misma, sentía que el abuelo podía ver a través de ella como si fuese un libro abierto que él leía. Había escuchado historias sobre lo imposible que era mentirle al anciano, pero nunca creyó que se debiera a que podía meterse dentro de la cabeza de otros de esa manera. Por eso debía mostrarse firme y hacerle saber que no estaba bromeando con su posición dentro del clan. Ella deseaba liderar.

―Hoy hablaremos de la historia de nuestro clan y el byakugan ―dijo tomando el plato con bombones y estirándolo levemente hacia Hinata, indicándole que tomara uno. Ella lo hizo, con dudas, poniéndolo sobre su propio plato sin probarlo―. Recuerdo que cuando eras pequeña, amabas el mochi.

―Amaba muchas cosas cuando era pequeña ―respondió Hinata con tristeza―, antes de que la muerte del tío Hizashi cambiara todo.

―No hay nada más doloroso para un padre que enterrar a un hijo ―dijo quietamente mientras también se servía un bombón de mochi―. Y yo ni si quiera pude darle sepultura porque se llevaron su cuerpo a otro país y luego, después de mucho, nos enviaron sus cenizas. Por la Aldea, estuvimos dispuestos a hacer ese sacrificio. Fue una horrible decisión para todos, pero una que un hermano tomó para salvar la vida del otro, del líder del clan ―el abuelo le dio un mordisco al bombón mientras meditaba en silencio―. ¿Qué habrías hecho tú?

―No lo sé. No habría dejado que nadie lastimara a mi hermana ―dijo sintiéndose irritada al pensarlo.

―¿Aunque sacrificar la vida de tu hermana significara poder salvar la de miles de personas? ―le preguntó el abuelo―. ¿Aunque ese sacrificio pueda evitar algo tan terrible como una guerra?

―La vida de mi hermana vale más que la de miles de personas para mí. Yo iría a una guerra por defenderla ―dijo obstinada. El abuelo soltó una suave carcajada.

―Estás hablando como Hinata, no como la futura líder de un clan como los Hyūga. Te pareces más de lo que crees a tu padre ―Hinata subió el rostro sorprendida para encontrar que su abuelo sonreía―. Hiashi iba a morir ese día. Había aceptado morir para que tú y el resto viviera. Pero Hizashi se le adelantó y tomó su propia vida. Los del Rayo nunca lo supieron, ya que ambos eran gemelos. El Raikage pensó que era tan inteligente al forzarnos en esa situación, pero se equivocó. El sello del Byakugan protegió a nuestra familia. Y el precio que pagamos fue perder a Hizashi. Desde entonces, tu padre vive con el peso de la culpa y la responsabilidad de hacer todo lo posible por proteger el legado por el cual su hermano dio la vida. Quizás por eso es tan estricto contigo. La próxima vez que lo recrimines en silencio, recuerda, que él perdió a su hermano menor. Quizás ahora que te ves frente a la misma decisión sobre tu propia hermana menor, puedas ser más empática con su posición y sentimientos.

―¿Y por qué él no es empático con Hanabi? ¿Por qué hacerla sufrir tanto como ha sufrido Neji nii-san y como lo hizo el tío Hizashi? ―preguntó Hinata con el ceño fruncido, reclamando por lo injusto de la situación―. ¿Por qué debemos seguir repitiendo nuestra historia una y otra vez, exigiendo la lealtad de nuestro clan a base de fuerza y miedo?

―¿Crees que el sello sólo sirve para someter a los miembros de la familia secundaria? ―le preguntó el abuelo―. Sí, supongo que es normal que así lo creas. Bien, comenzaremos tus clases en ese caso.

―Me gustaría saber cómo es posible que supiese lo que pensaba ―dijo confundida, pues no estaba al tanto que el byakugan permitiese ese tipo de destreza―. Aun no comprendo cómo es posible que usted pueda saber algo como eso.

―No es una habilidad sencilla de dominar. Aparece con los años ―sonrió denotando las arrugas de sus mejillas y frente, como si quisiera hacer énfasis en que la edad lo había alcanzado finalmente―. ¿No te has preguntado por qué todos alaban nuestro clan como el más fuerte de Konoha? A pesar de que los Uchiha y los Senju fundaron la aldea, el poder del Byakugan siempre fue el más reverenciado. Nuestros talentos intimidaban incluso a los fundadores de esta aldea, porque no los comprendían ni los podían imitar. Lo sé, porque yo estuve aquí cuando eso ocurrió, cuando era apenas un pequeño niño tomando la mano de mi madre mientras dejábamos nuestro hogar y construíamos uno nuevo en Konoha. Recuerdo a Madara Uchiha junto con Hashirama Senju intentando convencer a mi abuelo, Hino-sama, de que la mejor forma de acabar con las guerras entre clanes era unificándonos en una sola Aldea en la alianza más fuerte que el mundo shinobi había visto hasta entonces.

―¿Usted estuvo aquí cuando la aldea fue fundada? ―le preguntó incrédula. Eso lo haría una de las personas más viejas de toda la aldea―. P-pero... la aldea fue fundada hace...

―Sí. Hace muchos, muchos años. Tenía cerca de treinta años cuando nació la princesa Tsunade. Los Senju y los Uchiha nos necesitaban aquí y nosotros acudimos a su llamado ―dijo el abuelo suspirando mientras servía agua caliente en un gran tazón―. Pero cuando era muy niño, casi un infante, el clan vivía en los bosques alejados hacia el norte en una aldea muy bonita, cerca de una montaña. Mis padres me contaron que estábamos ahí desde el comienzo de los tiempos, resguardando El Pasaje. La entrada fue sellada y escondida cuando nos mudamos a Konoha.

―¿Pasaje a qué? ―preguntó Hinata frunciendo el ceño.

―Nunca me lo dijeron, y era muy pequeño para seguir indagando al respecto. Pero todos le temían a ese lugar. Mis primos mayores me asustaban diciéndome que si me portaba mal, los monstruos de la caverna vendrían por mí y me arrancarían los ojos ―el abuelo rió al rememorar aquella antigua historia―. Yo nunca vi ese lugar de cerca, estaba prohibido. Pero uno de mis primos dijo que allí se encontraba un templo que los primeros miembros del clan habían construido cuando llegaron a estas tierras. Y Hino Ojii-sama trajo parte de ese templo hasta Konoha, como un recuerdo, para que las futuras generaciones no olvidaran nuestro labor y deber. ¿Podrías alcanzarme esa caja de madera de ébano?

Hinata miró hacia el mueble en el extremo de la habitación y vio la caja, debajo de un bonito retrato antiguo del clan. No era muy adepta a visitar al abuelo, por lo cual no recordaba haber visto ese retrato antes. Lucía bastante antiguo, seda blanca y sobre ésta el Yin y el Yang pintado en tinta negra, el símbolo del clan Hyūga.

La joven se puso de pie y caminó hacia el lugar, tomando la pesada caja con cuidado para luego llevársela al abuelo. Notó que la madera negra era lisa, pero muy suave. Tenía un extraño y nostálgico aroma que le hacía cosquillear la nariz.

―¿Qué es? ―preguntó poniendo la caja en la mesa.

―Es uno de los tesoros más grandes de la familia. Hino Ojii-sama se lo dio a mi padre, y él me entregó esta caja a mí antes de morir. Cuando tu padre tuvo la edad para liderar y dejé el puesto, yo le mostré también el contenido de esta caja y tuvimos esta misma conversación ―Hinata se preguntó por qué entonces no era Hiashi quien estaba ahí hablando con ella, sino su abuelo―. Creímos mejor que escucharas todo esto de mí, ya que ahora, estás enojada con Hiashi. ¿No?

Hinata no respondió, evitando darle muchas vueltas a las palabras del abuelo. No quería pensar en su padre en ese preciso instante y si quería que el abuelo la apoyara, tenía que escucharlo y luego razonar con él. Por eso estaba ahí.

―¿Podrías ver lo que hay dentro, Hinata?

La joven asintió y abrió el cofre de ébano. Bajo la tapa, sólo se encontró con un grueso y antiguo pergamino con bordes de manera y bajo éste había una especie de tablilla de roca, lisa, con distintos símbolos y dibujos alrededor de lo que parecía ser una mujer con cuernos y larga cabellera.

El estómago se le contrajo cuando esa imagen se sobrepuso a la que venía viendo en sus sueños; era la mujer que lloraba, aquella que Hanabi había confundido con su madre.

―Por tu mirada, creo que ya la has visto antes. ¿No? ―Hinata levantó el rostro observando a su abuelo con desconcierto―. Todos empezamos a soñar con ella a cierta edad.

―¿Quién es? ―fue lo único que pudo articular en su confusión.

―La llamamos Madre ―el abuelo retiró con cuidado el pergamino para poner la tablilla de piedra sobre la mesa. Era sólo un pedazo de lo que debió ser una tabla mucho más grande y estaba rota en los bordes. Observar a esa mujer que flotaba con sus brazos extendidos sobre un árbol con un bulbo en su punta, con el byakugan en su rostro y un tercer ojo en espiral en su frente, le provocó escalofríos―. Ese es el nombre que los primeros Hyūga escribieron en el pergamino. Es la diosa que nos legó sus ojos. La Diosa Conejo.

―Me asusta verla ―dijo Hinata retirando la mirada al sentir un estremecimiento recorrerle la espalda, como si esos ojos en la piedra pudiesen ver a través de ella.

―A tu padre también lo asustó.

―¿A usted no? ―el abuelo negó.

―Hay un profundo amor por ella en mi corazón.

―Hanabi también dijo algo así ―respondió confundida―. ¿Por qué?

―No lo sé. Todos vemos y sentimos distinto cuando tocamos por primera vez esta piedra.

―¿Tocar?

―Sí. Hoy te enseñaré a ver con tu byakugan. Realmente ver.

El abuelo abrió un pequeño frasco de té verde en polvo que comenzó a batir en el bol con agua caliente. Hinata lo observó hacerlo. Todo en el clan era tan rigurosamente ceremonial. Sentía que intentaba acercarse a lo que realmente le deseaba decir pero antes debía hacer énfasis en la historia que llevaba a ese punto. Ella quería aprender y desarrollar su byakugan al nivel que lo utilizaba su abuelo. Estaba impaciente por ello.

―Abre el pergamino ―le indicó el abuelo.

Hinata asintió, estirando la hoja frente a ella de un lado a otro, esperando encontrarse con algún jutsu secreto que le permitiera desencadenar ese terrible poder que su abuelo venía pregonando. En vez de eso, sólo se halló con un gran árbol genealógico que seguía y seguía hacia arriba. Observó con cuidado los últimos nombres escritos en el árbol, con curiosidad, percatándose que Hiashi y Hizashi estaban unidos por una línea lateral doble que al parecer significa que eran hermanos. Debajo del nombre de su padre y su madre, estaba su propio nombre, unida a una línea lateral única con el nombre de Hanabi. Debajo del nombre de su tío Hizashi y su esposa, estaba Neji.

―Es nuestro árbol genealógico ―dijo el abuelo con solemnidad, mientras servía té en dos pequeñas tazas de cerámica antigua―. Bebe un poco, Hinata. Algunas personas dicen que beber té abre la mente para nuevas experiencias ―evidentemente, eso era sólo una fábula antigua de aquellos que adoraban el té, como los Hyūga. Supuso que lo que buscaba su abuelo era confortarla en medio del frío de esa mañana de otoño―. ¿Hay algo que llame tu atención de nuestro árbol genealógico?

Hinata observó la porción del pergamino que estaba abierto. Notaba la larga cantidad de listas y nombres de lo que parecía ser la familia principal escrito con tinta negra, mientras que la familia secundaria, o más bien, quienes pasaban a formar parte de la familia secundaria por no ser un primogénito, eran escritos en tinta verde. Su propio nombre estaba en negro, mientras que Hanabi y Neji estaban en verde.

Entonces lo notó. Todos los líderes tenían un hermano a su lado, conectado a ellos con una línea doble. Pero, ella y Hanabi no.

―¿Por qué Hanabi y yo estamos conectadas sólo con una línea? ―preguntó extrañada, intentando buscar si algo así se repetía hacia arriba.

―Siempre son dos. Hiashi y Hizashi. Yo y mi hermana. Hino Ojii-san y Hana-sama. Mi madre, Tsubaki y su melliza, Hinagiku. Es así hasta que llegas al nombre de Madre, cuyos hijos también fueron dos.

―¿Yo nací con un mellizo o una gemela? ―preguntó Hinata sintiendo un nudo en la garganta. ¿Acaso ese bebé habría muerto y nadie le había dicho nada?

―No. Fuiste un parto único ―Hinata frunció el ceño―. Por primera vez en esa lista de nombres, en más de dos mil años, el primogénito del líder nació solo. ¿Qué crees que significa eso?

―Que desde el comienzo soy una decepción ―dijo abnegadamente, con media sonrisa mientras bebía un poco de su té.

―O una anomalía del destino ―el abuelo permaneció en silencio mientras la observaba reaccionar―. Veo un destino que compartes con alguien más. Hay siempre un motivo para que las cosas ocurran, y en tu caso, nacer sola, debe haber resonado con el nacimiento de alguien más, que nació solo. Siempre, son dos. Eso es lo que veo.

Hinata sintió que el estómago se le recogía cuando lo dijo. ¿Acaso compartía su destino con otra persona que aún no conocía? ¿Con Hanabi-chan, como iguales? ¿Con su primo Neji que era el más talentoso miembro de su familia? ¿O sería esa persona uno de los miembros de su equipo? Siempre había sentido una conexión muy fuerte hacia Naruto, desde que era una pequeña niña. Y Naruto también estaba solo. ¿Y Sasuke? También estaba solo en Konoha y ambos compartían un dojutsu legendario que se complementaba uno al otro. ¿Sería de eso de lo que estaba hablando el abuelo? Ella podía ver su destino ligado a sus amigos. Sus corazones estaban conectados.

―Abre el pergamino y busca los primeros nombres en la lista. Son dos, debajo de Madre ―le indicó el abuelo.

Hinata desenrolló con cuidado el pergamino, encontrándose con nombre tras nombre sobre el arcaico papel, conectados con líneas entre ellos como si se tratara de una tela de araña más que un árbol y sus ramas. A veces se encontraba con uno que otro nombre que había sido tachado como si hubiese resultado en una decepción o una muerte prematura, para ser remplazado con otro. En otras, creía que las líneas no hacían sentido porque en una misma generación, había dos o tres matrimonios que prolongaban la vida hacia abajo. Todos los nombres llevaban el apellido Hyūga a su lado, lo cual le parecía increíble. Le hubiese gustado saber dónde se encontraban los restos de todos ellos, ya que su clan quemaba a sus muertos y construían pequeños monumentos con sus cenizas.

Hasta que de pronto, encontró en la cima el nombre de dos personas que nunca antes había escuchado. No llevaban el nombre de su clan junto a ellos, sino que sólo eran nombres como si alguien los hubiese escuchado de lejos y decidió anotarlos en caso de que se olvidaran. Justo sobre ellos, el Kanji de Madre estaba escrito.

―Hagoromo y Hamura ―dijo, viendo el símbolo de los ojos del byakugan sobre el nombre de Hamura y el un ojo en forma de espiral en el de Hagoromo. ¿Era ese ojo lo que llamaban el rinnegan?

―¿Quiénes son los hijos de Hagoromo? ―preguntó el abuelo.

―Ashura e Indra ―Hinata notó que Ashura sólo llevaba un espiral sobre su nombre mientras que Indra tenía el símbolo de los ojos en rojo. Y ahí terminaban ellos dos. No había registro de sus descendientes.

―¿Y los de Hamura?

―Asahi y Tsukiko. Hoshi. Takiyo. Usagi. Hana ―ninguno de ellos llevaba símbolos o nada especial, lo cual Hinata creyó extraño. Además de que había una doble línea que conectaba a Asahi y Tsukiko pero... ―. Tsukiko y Asahi tienen descendencia, p-pero son hermanos mellizos ―dijo frunciendo el ceño―. Y sus hijos... no todos tienen el nombre Hyūga. Sólo los últimos dos nombres, que son mellizos también.

―Tsukiko y Asahi, los padres de nuestro clan, eran hermanos y tuvieron una gran descendencia. Hay seis nombres antes de los últimos dos, los mellizos. Eso es lo que dice nuestro registro. Y son precisamente estos mellizos que empezaron a utilizar el nombre Hyūga y todo el resto de los hijos de Tsukiko y Asahi no se encuentra en nuestro registro.

―Nobu y Mirai Hyūga son los últimos dos hijos de Tsukiko y Asahi. También son hermanos. Y también... tienen hijos ―Hinata sintió un nudo en la garganta. Sabía que su familia se casaba entre primos muchas veces, ¿pero hermanos? Eso le parecía aberrante―. ¿Qué... qué es esto? ―preguntó frunciendo el ceño en dirección a su abuelo.

―Es nuestra tradición. El clan Hyūga sólo se entrelaza con miembros de la familia.

―¿Por qué? No lo entiendo. Eso es horrible.

―Para algunos quizás lo sea, para nosotros que descendemos de los dioses, no. ¿Acaso un león le debe explicaciones a una hormiga sobre por qué mata a sus crías si las cree débiles o amenazan su reinado dentro de la manada? No. De la misma forma, nosotros los Hyūga no le debemos explicaciones a otros sobre las costumbres y tradiciones de nuestro clan ―el abuelo suspiró dándole un sorbo a su té―. Para aquellos que no tienen algo importante que preservar en su sangre, mezclarse con otros parece lo más normal. Pero nosotros sí tenemos algo que custodiar, resguardar y proteger. No sólo por nuestra seguridad, sino, por la seguridad de todos en este planeta.

―¿Y qué hay del amor? ―preguntó Hinata bajando el rostro, sintiendo que estaba intentando decirle que ella también debía escoger un miembro del clan para ser su conyugue algún día―. ¿Acaso un Hyūga no se puede enamorar de alguien que no sea parte de nuestro clan?

―El corazón es algo hermoso y frágil que no escoge a base de tradiciones o reglas, ¿verdad?―dijo el abuelo con una sonrisa melancólica―. No podemos controlar a quienes amamos, Hinata. Pero sí podemos forzar nuestra voluntad sobre el corazón y cumplir nuestro deber. Eso es lo que se espera de nosotros y para eso nacemos.

―¿Yo también tendré que casarme con alguien del clan? ―preguntó en un hilo de voz. El abuelo no respondió―. Mi padre desea casarme con Neji nii-san, ¿verdad?

―Sí ―Hinata cerró sus ojos en dolor, como si fuese a llorar―. No ahora. Pero cuando cumplas la edad pertinente, es probable que Hiashi imponga que se haga así.

―Yo no podría... ―susurró―. Neji es mi hermano. No pueden obligarnos a...

―Lo sé. Tampoco yo deseaba casarme con una de mis queridas primas, quien era para mí como una hermanita menor ―los párpados de Hinata subieron en sorpresa―. Nos separaban veinte años de diferencia. Su nombre era Hinageshi, una joven hermosa, alegre y dulce, muy parecida a ti. Tenía el pelo largo y azulado y lo utilizaba en un agraciado tomado alto con tres pergaminos que llevaba siempre consigo para invocar agua, fuego y electricidad, que su querida amiga Tsubasa Senju, una de las hijas del primer Hokage, le había enseñado. Hina era realmente talentosa, letal, pero... muy, muy amable. La llamaban Colibrí por lo rápido que se movía y lo bella que era al hacerlo. Ayudaba a las personas que llegaban a la aldea y les leía la suerte mirando hacia sus futuros mirándolos directamente a los ojos. Mi padre odiaba que hiciera eso y yo me reía cuando llegaba alguna jovencita muriendo de amor pidiendo ver a Hina para que les leyera el futuro. La cuidé como si fuese mi hermanita menor, la ayudé con su puño gentil e incluso la molestaba cuando la vi muy enamorada de un joven del clan Nara. Crecimos juntos, construimos este lugar juntos, prometiéndonos uno al otro que protegeríamos nuestros sueños y cambiaríamos al clan ahora que dejábamos atrás esa aldea arcaica en donde habríamos tenido que crecer obligados a casarnos. Ahora, podíamos vivir nuevas vidas en Konoha y darle un nuevo camino al clan ―Hinata sonrió al escucharlo hablar así. Esa era la forma en que ella se sentía también y por lo mismo las palabras del abuelo resonaban en ella―. Yo estaba muy enamorado de una joven del clan Sarutobi en esa época. Tanto, que incluso le di mi corazón. No la tomé como esposa porque mi padre me dio una verdadera paliza cuando lo sugerí y no volví a decirlo en voz alta. Lo odié por ello, por mucho tiempo. Pero supongo que él lo vio en mis ojos, por lo cual un día me despertó y dijo que debía desposar a Hina. Nos obligaron a casarnos esa misma tarde.

El abuelo bebió té y Hinata lo observó con una increíble lástima. Muchas veces veía a estas personas de su clan como seres lejanos, fríos y duros que nunca habían vivido afuera de las paredes de esa mansión. Y en ese momento se daba cuenta que al igual que ella, su abuelo había amado y se había visto obligado a realizar algo horrible que no deseaba, dejando de lado el amor que sentía por otra mujer para destruir a la pequeña prima que amaba, con un matrimonio forzado.

―Cuando vi a mi Colibrí llorando cuando salimos del templo al casarnos, conocí el verdadero dolor que nuestro clan ha experimentado generación tras generación por preservar el Byakugan. Pasaron diez años sin que tuviésemos descendencia, siendo presionados constantemente porque no compartíamos el lecho y ya ni si quiera nos podíamos ver al rostro. Hina comenzó a odiarme en silencio por no haberme opuesto a mi padre. El amor entre nosotros se convirtió en resentimiento, silencio y distancia. Fue una experiencia muy infeliz. Cuando finalmente cumplí con mi deber, no pasó mucho para que ella quedara en cinta. Murió en el parto de tu padre y Hizashi. Yo vi como mi Hina se marchitaba en vida hasta morir, sin nunca volver a sonreír. Por mi culpa.

―Eso es... muy triste ―dijo Hinata sintiendo que la nariz le cosquilleaba.

―Sí. Lo es ―dijo el abuelo y Hinata pudo ver un atisbo de su corazón roto. ¿Estarían todos en ese clan condenados a sufrir el mismo destino?―. Pero ambos teníamos un deber que cumplir y un destino que seguir. Si hubiese obedecido a mi corazón y escapado con la mujer que realmente amaba, no estaríamos conversando en este momento, Hinata. Hiashi no habría nacido, ni tú. No tengo arrepentimientos. Es lo que debía hacerse. Hina cumplió su deber con el clan.

―Todos esos sacrificios para conservar el byakugan ―Hinata creyó que cada uno de los nombres en el pergamino seguramente tenían una historia similar a la del abuelo y el peso de tanta tristeza le cerró la garganta―. ¿Realmente vale la pena, ojii-sama? ―preguntó con voz temblorosa. Su corazón punzaba, como si su existencia estuviese marcada por siglos de infelicidad sólo para que estuviese viva.

―Sí ―respondió con firmeza el abuelo. No había un atisbo de duda en su voz.

Entonces Hinata pensó que él era un verdadero líder, alguien que merecía el nombre Hyūga. Ella en cambio, ¿Merecía pararse junto a hombres y mujeres que habían antepuesto al clan sobre todo lo demás? Todos esos nombres en el papel, habían cumplido su labor fuese lo que fuese el costo por preservar su linaje, su pureza, el byakugan y los jutsus secretos.

No. Ella no merecía ser la próxima líder porque sólo pensaba en su propio corazón y cómo se rompería si realizaba su deber. No había nacido con una voluntad tan inquebrantable como los otros miembros del clan. Neji debió haber liderado, no ella. Ahora se daba cuenta de eso. Quizás su padre hacía bien en querer casarlos para que Neji liderara en su nombre.

―Hinata, es nuestro deber cuidar del byakugan. Siempre. Eso significa nacer dentro de este clan; cuidar del Byakugan por toda la eternidad hasta que llegue el momento

―¿Momento de qué? ―Hinata preguntó cabizbaja.

Si tantos sacrificios y dolor eran necesarios sobre toda una familia de personas, generación tras generación sufriendo en silencio el precio de un dojutsu que debían cuidar, entonces debía haber un motivo de peso. ¿Por qué sino todos ellos nacían con esa voluntad inquebrantable para llevar a cabo una misión que los hacía miserables? Incluso ella en ese momento, que sentía que su corazón se rompía, sabía que no era al azar. Debía haber un motivo más importante que simplemente guardar un dojutsu.

El abuelo suspiró y la miró directamente a los ojos estudiándola, como si estuviese pensando si estaba lista para escucharlo o no.

―Para el momento en que alguien use el legado de los dioses; cuando todas las semillas vuelvan a ser sólo una, entonces el byakugan despertará su verdadero poder. Esa persona logrará proteger a nuestro clan del final. Somos quienes estamos guardando ese poder, esperando, hasta que llegue el momento de utilizarse.

―Ojii-sama, ¿realmente es tan poderoso el byakugan? ―preguntó dudosa.

Ella sabía que el byakugan era un dojutsu increíblemente fuerte, pero ni de cerca hacía las mismas cosas que el Sharingan de Itachi Uchiha, quien Sasuke y Kakashi sensei describían como monstruoso. Su propio dojutsu podía permitirle ver los tenketsus, todo a su alrededor, incluso si se metía a la mente de los demás como decía su abuelo... aún no era tan fuerte. No se veía capaz de derrotar a un enemigo extremadamente poderoso sólo a base del byakugan o su taijutsu, o ser capaz de destruir montañas o separar los mares con esa fuerza. El chakra del Kyūbi dentro de Naruto era increíblemente destructivo, pero ¿El byakugan?

―Por sí mismo, quizás no ―respondió el abuelo―. Pero mi padre decía que si nuestros ojos se completan, son capaces de hacer mover la luna. Aunque en mi opinión, creo que eso es sólo una leyenda. Tu padre opina lo contrario.

―¿Hay una leyenda atrás del Byakugan? ―preguntó Hinata extremadamente interesada. Nunca pensó que en una sola tarde iría a aprender tanto de su dojutsu.

―Así es. Nuestros ancestros decían que el byakugan está incompleto dentro de nosotros ―respondió el abuelo suspirando―. Que cuando el byakugan madura, se convierte en algo más. Algo que nuestros antepasados llamaban Tenseigan ―Hinata entreabrió los labios temblorosamente, suspirando con angustia y horror―. Nunca nadie, en toda la historia de nuestro clan, lo ha poseído. Por lo cual me inclino a creer que es sólo una leyenda.

―Ojii-sama, el hombre con quien pelee y esa mujer, su abuela, buscaban el Tenseigan. La mujer intentó asesinarme porque dijo que el Tenseigan no podía despertar ―el abuelo asintió.

―Lo sé. Neji nos lo dijo. ¿Por qué crees que tu padre está tomando estas decisiones a pesar de que le dije que tomara todo con calma? Él también quería cambiar las cosas y no imponer el sello en Hanabi. Pero... creemos que tú y ella están en peligro si alguien efectivamente ha descubierto como despertar el tenseigan con sus ojos. Hanabi es demasiado pequeña aún para protegerse por sí misma.

Si lo que decía el abuelo era cierto y en sus ojos estaba el poder de hacer incluso que la luna se moviera, entonces, quizás... no estaban del todo errados en querer proteger el byakugan así. Si un arma así de poderosa caía en las manos equivocadas, todo lo que estimaban corría peligro. Incluso la vida de Hanabi.

―Necesito fortalecer mi byakugan para que nadie pueda quitarme los ojos ―dijo mirando al abuelo con decisión―. ¿Cómo lo hago? ¿Cómo fue que usted lo hizo, Ojii-sama?

―Para fortalecer tus ojos, primero debes entender cómo el byakugan reacciona a nuestro cuerpo que está diseñado para soportar el peso de un dojutsu así sin agotar todo el chakra o provocar un estrés cardiovascular que pueda matarnos. Nuestros cuerpos no son iguales al del resto de las personas. Se parecen mucho a los cuerpos de aquellos del clan Uchiha. ¿No lo has notado cuando ves a tu compañero de Equipo con el byakugan activo? ―Hinata lo meditó un momento y efectivamente, las reservas de chakra de Sasuke y Neji eran muy similares, así como la manera en que su chakra se movía más rápido hacia sus ojos cuando utilizaban sus respectivos dojutsus. A diferencia del común de las personas, las corrientes de chakra aumentaban cerca de sus ojos. Un persona normal sólo tenía una corriente que pasaba por ahí, pero ellos tenían al menos media docena―. Los sentidos con que cuenta un ser humano normal se relacionan con distintos órganos de su cuerpo que les permite percibir su realidad, ¿verdad? ―Hinata asintió―. Los ojos para ver, los oídos para escuchar sonidos a nuestro alrededor, la piel para sentir y experimentar las texturas, temperaturas o incluso si algo nos puede herir, la nariz para olfatear y la lengua para percibir el sabor de algo. ¿Comprendes? ―Hinata volvió a asentir―. El byakugan es un ojo superior que permite experimentar la realidad sin que nada pueda ocultarse frente a nosotros. Nuestra visión se vuelve extremadamente fuerte cuando el byakugan empieza a madurar con la edad. Una persona normal no puede saber lo que otra piensa, porque no puede ver, leer o escuchar los pensamientos de alguien. Una persona que cuente con el byakugan, sí, porque puede percibir la realidad de otra manera. Se dice que entre algunos miembros del clan, incluso se podía ver el destino. Como te dije, tu abuela podía hacerlo.

―Yo no puedo hacer eso. Jamás he podido leer los pensamientos de otro como usted lo hizo. Tampoco veo el futuro ―Hinata suspiró subiendo los hombros―. P-Pero, cuando luché contra ese hombre de Sunagakure, yo... sentí como si supiese todo lo que debía hacer paso por paso, como si ya hubiese ocurrido y yo sólo lo estaba repitiendo.

―Ese es el Byakugan mostrándote tu destino. Pero si no lo sabes utilizar, sólo parecerá una simple intuición ―Hinata parecía asombrada de escuchar algo así―. A tu edad, mi byakugan era sólo una herramienta que me permitía ver todo a mí alrededor a una gran distancia, así como también poder observar los tenketsus y el chakra en el cuerpo de alguien. Aquello fue muy útil a la hora de aprender el puño suave, el mayor orgullo del clan, el taijutsu que es capaz de destruir los órganos y bloquear el flujo de chakra. Fue cerca de mi vejez que todo se volvió más claro cuando el resto de los órganos de mi cuerpo comenzaron a envejecer y fallar. Somos humanos después de todo. Los Hyūga envejecemos un poco más lento que el resto, pero aún así, envejecemos y morimos ―suspiró abnegadamente, como si él mismo sintiese que la muerte le pisaba los talones ya―. No obstante, al llegar al otoño de nuestras vidas es que empezamos a depender más del byakugan que no envejece ni se daña y nuestro dojutsu se hace cargo de ver, escuchar, sentir, oler y percibir el mundo a nuestro alrededor de formas que nunca antes pensamos posible.

―¿El byakugan se fortalece... porque el resto del cuerpo se debilita? ―preguntó Hinata observando los ojos del abuelo con suspicacia.

―El byakugan se fortalece cuando dejamos de depender de lo que nos hace simples humanos y nos acercamos más a Madre. Tus ojos aún son muy jóvenes y el resto de tu cuerpo suple las necesidades de conectarte con ésta realidad ―dijo el abuelo sonriendo mientras sacaba otro bombón de mochi―. Te daré un ejemplo más práctico, para que lo puedas entender. ¿Sabes lo que ocurre con el olfato y el oído de una persona ciega? Se agudizan. Pueden escuchar y oler cosas que una persona con su vista normal no, porque dependen por completo de sus demás sentidos para comunicarse con la realidad de lo que hay alrededor de ellos y no sólo la vista. Pero nosotros tenemos el byakugan para ese tipo de labores, para comunicarnos qué hay a nuestro alrededor. Cuando dejas de depender de tus otros órganos y sólo confías en tu byakugan, sucede algo similar. Y eso ocurre naturalmente con la edad.

―P-pero, ningún órgano puede escuchar pensamientos, ojii-sama.

―El byakugan te abre las puertas a otro tipo de percepción de la realidad, una que no funciona con las mismas leyes de la física y el espacio que conocemos ―Hinata intentó poner mucha atención porque la conversación se estaba volviendo intangible y para comprender, debía usar su imaginación―. El espacio, el tiempo, todo se vuelve irrelevante para el byakugan porque los dioses no viven en nuestra realidad, tiempo o espacio; en este plano de la existencia o "Dimensión". Ellos van y vienen por las distintas dimensiones de la realidad, como si estuviesen recorriendo las hojas de un libro, de un capítulo a otro, estudiando y leyendo las distintas realidades que hay en el espacio, entrelazadas e interpuestas una sobre la otra.

―No lo entiendo ―dijo Hinata finalmente, observando el dibujo de la tablilla. Esa mujer con cuernos realmente la perturbaba.

―Sé que no. Ni si quiera yo lo comprendo del todo. Hay otros que sí, los demás hijos de Madre que cuentan con la habilidad para moverse entre dimensiones ―dijo el abuelo―. Pero ese no es nuestro legado. Es el legado de otros.

―¿Quiénes son esos otros?

―Se dice que algunos miembros dentro del clan Uchiha contaban con ese tipo de poderes ―Hinata abrió ampliamente los ojos en sorpresa. ¿Acaso Sasuke sabría algo de ello? Tendría que preguntarle―. Y hay otros, que vienen a veces a visitarnos desde la distancia. Pueden ocultarse del byakugan, pero dejan estelas de chakra que son visibles en los lugares en donde se detienen. Nos estudian. Nos vigilan. Por algún motivo, están pendientes de nosotros. No sé con qué motivo lo hacen, quizás, sólo quieren saber qué es lo que está ocurriendo o es simple nostalgia por aquella familia en común que teníamos. Para entender quiénes son, tienes que ver la piedra. Alguien la talló con un propósito, un mensaje. Debes leer su carta hacia sus descendientes.

―Ya la vi ―dijo Hinata extrañada, pues era una piedra con símbolos extraños y aquella mujer con la cual a veces soñaba.

―La viste con tus ojos. Necesitas verla con el byakugan. Cuando logres ver, tendremos nuestra segunda lección ―el abuelo comenzó a enrollar el pergamino con cuidado―. Hasta entonces, Hinata, impediré que sellen el byakugan de Hanabi. Cuando veas la piedra serás tú quien tome la decisión ―su corazón latió de felicidad al escuchar eso, ¿de verdad no sellarían el byakugan de Hanabi aún?―. ¿Estás de acuerdo?

―Lo estoy ―dijo sonriendo emocionada y el abuelo asintió.

―La última parte de nuestra lección hoy es la siguiente; intentaremos que veas con el byakugan y de ahora en adelante, tú tienes que practicarlo por tu cuenta. ¿Entendido? ―Hinata asintió, poniendo atención―. ¿Sabes por qué el clan Hyūga se divide en una rama principal y otra secundaria?

―No ―dijo Hinata, aunque ese asunto la molestaba.

―Siempre fue así. Desde antes que nuestro clan tomase el nombre Hyūga.

―Quizás es hora de cambiar eso ―añadió con amargura, pero el abuelo no le prestó mucha atención.

―¿Cuál crees que es la función de sellar el byakugan de todos, excepto, la familia principal? ―le preguntó el abuelo.

―Obediencia ―dijo casi instantáneamente.

―Sí. Si tus ojos funcionan como los de Neji esa es la respuesta ―dijo el abuelo dándole un sorbo al té, bajando la taza. Su byakugan se activó mientras veía a Hinata―. Ahora, respóndeme como la princesa Hyūga que eres ―el abuelo puso su dedo índice y corazón en la frente de Hinata―. Activa tus ojos y encuentra la respuesta ―Hinata sentía que su abuelo estaba acelerando su corriente de chakra transfiriéndole chakra por su tenketsu en ese lugar. Toda la frente le vibró con un extraño calor que hizo que su byakugan se activara sin que ella si quiera lo intentara―. Pon tu mano sobre la piedra y concéntrate. Es nuestra primera lección de verdad. Utiliza todo el chakra de tu cuerpo y llévalo a tus ojos. Ve con el byakugan. Hazte su dueña. Eres la hija del clan Hyūga que nació por su cuenta por un motivo, cuyo byakugan nunca ha sido mancillado por la sangre de alguien que no sea un Hyūga. Toma tu destino ahora, Hinata.

―Mis ojos palpitan ―dijo sintiendo como los párpados le temblaban y todo se volvía tan claro que podía ver como si fuese parte de todo a su alrededor, incluso los microbios.

―Abre tus pupilas ―y así fue, sus pupilas se dilataron y la luz la golpeó con tanta fuerza que pensó que iba a quedar ciega―. El byakugan ve a través de todo, incluso, a través de las dudas. ¿Cuál es el motivo verdadero atrás del Sello, Hinata? Deja de ver, de escuchar, de oler. Deja que tu byakugan encuentre la respuesta en la realidad que te rodea. Ve como ven los dioses. ¿Por qué sellamos los ojos de todos menos del más fuerte entre los Hyūga?

Y entonces, la respuesta llegó a ella en la forma de una imagen, una hermosa mujer parándose frente a dos niños pequeños, impidiendo que un hombre se les acercara con su mano extendida que buscaba arrancarles los ojos.

―Protección ―dijo, sintiendo que el corazón le latía más fuerte y rápido que cualquier otro momento en la vida.

―¿De quién nos protegemos, Hinata?

La joven jadeaba, era agotador sentir ese pesado chakra de su abuelo. No tenía idea qué le estaba haciendo a sus ojos pero su byakugan parecía ser una enciclopedia que se abría para ella descomprimiendo tanta información que la cabeza le iba a explotar. El hombre frente a la mujer se alejaba rápidamente y en su lugar, sólo veía una cosa mientras toda esa luz se volvía esférica y lejana en medio del resto de la oscuridad.

―Veo la Luna ―dijo mientras pesadas lágrimas le caían por las mejillas al ver que la luna se dividía en dos, un lado oscuro y uno claro que se mezclaban entre ellos.

El Yin y el Yang.

Justo entonces, el abuelo retiró sus dedos de la frente de Hinata y ella se desplomó sobre la mesa, apenas pudiendo respirar.

―Es la misma respuesta que yo veo ―dijo el abuelo, mientras se paraba con cuidado y avanzaba hacia ella, ayudándola a incorporarse―. La luna llena siempre me ha provocado una increíble melancolía y al mismo tiempo, pavor.

―¿Por qué mi byakugan reaccionó así? ―preguntó asustada. Ni si quiera sabía que sus ojos podían hacer algo como eso. Su padre nunca se lo había dicho. Neji no podía hacer algo así. ¿Por qué el abuelo se había guardado algo como eso sin enseñarles? ―. Sentí... sentí que me volvía una con el consciente de todo el mundo. Fue horrible. Fue... fue como ahogarme.

―Nuestro byakugan es muy puro ―dijo tomando una servilleta y pasándosela para que secara sus lágrimas―. Es una arma, muy, muy peligrosa, Hinata. Y no por nada se nos ha confiado.

Bajó la mirada, temblando, sintiendo su corazón desbordado y su cuerpo tembloroso. Nunca había si quiera imaginado que la diferencia de fuerza entre los ojos del abuelo y el resto de ellos fuese así de abismal.

―Se ha terminado nuestra lección hoy. Puedes llevarte la caja. Intenta buscar un lugar tranquilo, abre nuevamente tus pupilas e intenta utilizar el byakugan para ver lo que la persona que talló eso en la piedra nos intentaba legar. Busca el mensaje dentro de esa piedra y cuando lo veas, hablaremos.

―¿Usted pudo verlo? ―preguntó Hinata intentando respirar.

―No completamente ―dijo el abuelo suspirando―. No lo entiendo del todo. Pero, si es tu destino liderar este clan, creo que tú sí podrás verlo. Siempre supe que eras especial y diferente a los demás. Porque naciste sola. Y siempre, son dos.

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Notita:

Muchas gracias a todos los que están siguiendo aún este fanfic a pesar de las grandes pausas que fui media forzada a tomar entre mis estudios y vida laboral. Espero que estén disfrutando de cómo avanza la trama. Ha sido un capítulo con mucha información que era fundamental para el desarrollo del clan de Hinatita, que como ya les he dicho antes, para mí en este fic va a ocupar un rol tan protagónico como el clan Uchiha, pero tengo que desarrollarlo y no salir con un arco final trucho en donde se tengan que creer de la nada que los Hyuga sí eran fuertes porque Hiashi lo dice (?) jajaja. Así que toca darle amor a los Hyuga. Les agradezco un montón sus reviews, favoritos y follow, de verdad ayudan mucho a difundir mi historia. Un abrazo gigante, espero tener un nuevo capítulo la proxima semana ya que el siguiente ya está escrito.