CAPÍTULO 50

DOS MITADES DE LO MISMO


Gracias por acompañarme por 50 capítulos.

Los días que siguieron a la inesperada visita de Hinata pasaron de forma extraña para el resto de los miembros del equipo Siete. Decididos a darle espacio para resolver sus problemas, tanto Naruto como Sasuke comenzaron a entrenar utilizando el área cuarenta y tres, alejados levemente de los sectores poblados de Konoha para poder pelear sin tener que estarse preocupando de poner en peligro los alrededores por lo devastadoras de sus técnicas.

Ambos se encontraban sumamente emocionados porque Jiraiya había insistido que los llevaría a entrenar al día siguiente a un lugar bastante genial. Sasuke pensó que aquello era un poco extraño, como si de pronto hubiese cambiado radicalmente su actitud después de la visita de Tsunade el día anterior. Aun así, ambos habían decidido que no podían permanecer quietos, sin hacer nada. Aunque las misiones estaban en pausa por la ausencia de Kakashi, al menos debían seguir intentando mejorar sus jutsus y técnicas. Por ese motivo se encontraban entrenando desde el amanecer.

Mientras un gran rasengan de Naruto hacía añicos el árbol junto al cual estaba parado, Sasuke pensó lo mucho que le gustaba este nuevo tipo de combate. Realmente venía disfrutando poder desencadenar contra su compañero las técnicas que había estado aprendiendo durante esos años de separación, intentando sorprenderlo cada vez que aumentaban el riesgo de sus ataques. Se sentía realmente complacido cuando veía en Naruto la expresión de asombro al intentar esquivar sus nuevas técnicas y al mismo tiempo contra atacar con las suyas. Sus estilos de combates eran tan distintos que parecía siempre un desafío si quiera lograr tocarse. El chakra de Naruto era su gran punto fuerte mientras que él se enorgullecía de la manipulación que podía hacer del mismo.

Sasuke había aprendido esos días que Naruto era mucho menos predecible que Hinata, que a veces no realizaba lo más lógico y que por lo mismo lo llegaba a sorprender. Si se descuidaba, sus golpes podían llegar a quebrarle un hueso o hacerlo sangrar, expulsarlo a gran distancia o magullarle la piel con intensidad. De hecho, sólo el día anterior le había dislocado un hombro y ambos habían terminado en la casa de Ino a media noche, pidiéndole por favor que le arreglara el brazo a Sasuke.

Por su parte, Naruto creía que Sasuke aprendía demasiado rápido y que eso se sentía levemente a que hacía trampa de algún modo. Nunca conseguía sorprenderlo dos veces con lo mismo y pronto tuvo que empezar a improvisar cada una de sus técnicas para lograr tocarlo. Pero cuando efectivamente lo alcazaba, a veces por su cuenta, a veces ayudado por el chakra del Kyūbi, la forma en que respondía a sus ofensivas era como si no estuviesen practicando, sino, como si estuviesen peleando a muerte. Y eso era aterrador y al mismo tiempo vibrante. Combatir así lo hacía sentir más vivo de lo que creyó posible. Muchas veces podía sentir la manera en que el zorro bastardo le susurraba en el oído que lo matara, pero decidía ignorarlo, negándose a tomar el chakra que el Kyūbi le proporcionaba con tanta libertad.

Pero los resultados habían sido bastante diferentes de lo que ambos habían anticipado. Cada vez que Sasuke estaba seguro que superaba a Naruto, algo en su compañero se agita y parecía sobrellevar la situación para ponerse a combatir de nuevo. Su nivel de resistencia era asombroso y sin importar cuantas veces Sasuke lograba derrotarlo y hacerlo caer, volvía a levantarse con un chakra monstruoso que lo llevaba a sus límites. Y Naruto no podía creer que la manipulación de chakra de Sasuke estaba tan avanzada que ni si quiera tenía que acercarse demasiado a él para hacerle daño; lo preocupante era que cuando sí lo hacía, su taijutsu era tan efectivo que si no se reemplazaba con clones fácilmente podía matarlo. ¡Y ni hablar de su velocidad! Su jutsu de cuerpo parpadeante era tan veloz que no podía si quiera predecir donde aparecería. Su velocidad era realmente difícil de contrarrestar.

Cuando Sasuke sintió que ya no podía moverse por el dolor, terminó por sentarse en el suelo, jadeando y recostándose de espalda sobre las hojas húmedas del bosque. Estaba tan exhausto que hasta respirar le costaba. Sentía el sabor metálico de la sangre en su boca al saber que se había partido el labio y que su nariz seguramente estaba rota o algo. Por ello, en el suelo, extendido, exhausto y un tanto magullado, volteó la mirada hacia la persona que estaba a su lado. La nariz de Naruto sangraba, tenía un brazo inmóvil que se estaba sujetando y uno de sus ojos estaba tan inflamado que ya ni si quiera se le abría tornándose en un horrible color purpura.

Sasuke se limpió el labio ensangrentado con la manga y puso en palabras lo que estaba pensando.

―Si seguimos entrenando así, sólo tú y yo…nos vamos a terminando matando o perdiendo un brazo ―le dijo a Naruto, que se encontraba en el suelo jadeado―. Necesitamos a Hinata.

―Lo sé ―dijo Naruto sentándose sobre las hojas otoñales―. Esto no se siente igual sin ella. No nos controlamos para nada. No sé por qué, pero me niego a perder ante ti.

―Iba a decir lo mismo ―adolorido, Sasuke se sentó también, cerrando los ojos por el dolor que le causaba simplemente sentarse―. Es raro. Y lo peor es que esto no es sólo de ahora, ¿verdad? Cuando éramos niños solía suceder lo mismo en la Academia e Iruka nos tenía que separar.

―¿Tan difícil es perder contra mí? ―se burló Naruto, apretando los párpados de dolor mientras intentaba moverse.

―Mira quién habla ―dijo Sasuke con gracia―. Creo que te quebré la clavícula y aún así querías seguir combatiendo ―Naruto rió suave al darse cuenta que tenía razón―. Pero te entiendo. Es como si incluso entrenando y sin nada que perder, fuese una competencia que no puedo dejar ir.

Naruto suspiró volteando el rostro hacia Sasuke. Desde su conversación en el hospital venía notando algunos cambios en la actitud de su mejor amigo. Por lo general, era difícil que Sasuke dijera en voz alta lo que pensaba o sentía, al menos no con él. Quizás se trataba porque ambos eran chicos y ese no era el tipo de cosas que se podían decir tan abiertamente sin que el ambiente entre ellos se volviese extraño. Se imaginó que con Hinata habría sido más sencillo hablar sobre lo que sentían y sus temores, así como los pensamientos más recónditos dentro de sí mismos. Él y Sasuke tenían una comunicación no verbal más efectiva; Si el pelinegro lo miraba con los párpados levemente caídos y los labios fruncidos, significaba que estaba enojado. Si suspiraba rodando los ojos, generalmente quería decir que algo no le agradaba pero que podía soportarlo. Si en cambio bajaba el rostro y medio sonreía, estaba feliz. Había pequeños momentos que un ojo atento podía captar y aprender a interpretar cuando se trataba de él. Y lo podía interpretar porque para Naruto, Sasuke era su mejor amigo, su hermano.

―Es raro escucharte hablar así. Sobre lo que piensas y sientes ―dijo Naruto mirándolo de reojo, intentando entender qué tendría su compañero en la cabeza―. Pero supongo que tienes razón. Desde que somos niños quiero vencerte.

―Todo parece una competencia entre nosotros.

―Eso es porque somos rivales, ¿No? ―preguntó sonriente―. Desde pequeños competíamos por quien podía realizar el mejor clon de sombra, quien era el primero en responder las preguntas de Iruka sensei, cuál de los dos podía ganar la carrera mientras corríamos hasta la cima de las quebradas... Incluso llegamos a competir por algo como el amor de Sakura-chan ―Naruto suspiró, y Sasuke se sintió tenso al recordar todo eso.

―Yo nunca competí por eso ―dijo con una mueca de desagrado y Naruto rió.

―Me hubiese gustado entender antes que lo de Sakura-chan sólo era parte de esto. De nuestra rivalidad.

Sasuke permaneció en silencio meditando en lo que Naruto decía. Efectivamente, desde que ambos eran niños se habían estado retando mutuamente en todo lo que hacían, quizás por motivos muy diferentes. Él se negaba a ser inferior al último de la clase, era una cosa de orgullo, pero al mismo tiempo se sentía bien ganarle. Se sentía orgulloso de que todos vitorearan su nombre cuando Iruka los enfrentaba uno al otro. Su cuerpo vibraba cuando lograba derrumbar a Naruto de un golpe y notaba la irritación en él al comprender la distancia entre sus habilidades. Había sido realmente duro para él en un comienzo vislumbrar como Naruto se le acercaba en fuerza e incluso ese día, mientras entrenaban hasta el punto de dejarse los rostros así, algo ardía en su interior con la idea de ser igual a Naruto; Él quería ser más fuerte, más rápido, más talentoso, más especial… Era como si su orgullo dependiese de ello.

Inevitablemente, mientras lo escuchaba hablar y el nombre de Sakura Haruno salió de los labios de Naruto aduciendo que esa rencilla también había sido parte de la rivalidad entre ellos, no pudo evitar pensar… ¿Y si sus sentimientos por Hinata también eran parte de esa competencia que llevaban desde niños y en la cual él se negaba a perder? Porque así como Sakura lo prefería a él ―y aquello había despertado un gran interés por parte de Naruto hacia la pelirrosa― Hinata prefería al perdedor. Ella estaba enamorada de Naruto desde que era una niña. Era algo que no sólo él veía, sino que casi todos los que conocía, excepto el idiota más denso de Konoha. Aquello lo había irritado desde el momento en que se percató de los sentimientos de su compañera preguntándose, ¿Por qué Naruto? ¿Por qué entre todos tenía que ser precisamente Naruto? ¿Por qué no él? ¿Qué tal si eso que él sentía era sólo una forma más en que se negaba a perder?

No. No podía serlo. No era sólo un resentimiento porque fuese Naruto. Porque también había sentido esa misma indignación cuando Kiba se acercó a ella. De hecho, cualquiera que intentara traspasar esa línea de la cordialidad con Hinata y se volviese demasiado cercano le causaba la misma desconfianza, incluso sintió celos de Gaara en su momento. No era como la situación con Sakura, porque a diferencia de Naruto que parecía haber perdido su interés en la joven médico después de volver a verla, sus sentimientos por Hinata no habían vacilado en lo absoluto incluso sabiendo que ella no lo veía como lo hacía con Naruto. Por el contrario, creía que sus sentimientos por ella crecían desde que había estado en el hospital, si eso era si quiera posible. Sentía que estaba tan enamorado de ella que felizmente la habría hecho su novia. Y lo que le causaba temor de todo ello era saber que algún día Naruto se percataría de lo que sentía Hinata y entonces...

No. No quería pensarlo. Pensarlo hacía que algo dentro de él se rompiera lenta y tortuosamente.

―Naruto ―Sasuke lo miró con las cejas levemente fruncidas, sintiendo que quizás era el momento de decirle lo que le pasaba con Hinata. Estaban siendo honestos después de todo, por vergonzoso que fuera―. ¿Y si algún día de verdad me gusta una chica? ¿Tú competirías conmigo por su atención?

―¿Eh? ―Naruto subió una ceja un tanto sorprendido por esa pregunta―. ¡No me digas! ―lo miró con burla tapándose la boca con sus manos para no reír―. ¿Te gusta alguien?

―N-no quise decir eso ―Naruto se rió en voz alta y él se sintió patético por estar hablando de cosas tan cursis, sonrojándose levemente―. ¡Deja de reírte idiota! ¿Es que no se puede hablar nada serio contigo? ¡Ya basta! ―lo empujó pero Naruto no paraba de reír aunque parecía que hacerlo le dolía―. Estamos hablando como hombres.

―Bien, bien ―dijo Naruto secándose las lágrimas y haciendo un esfuerzo por no burlarse―. Es un tanto difícil no reírme cuando siempre has tratado tan mal a las pobres chicas de la Aldea.

―Lo sé ―suspiró mirando hacia abajo, bastante avergonzado―. Lo que quiero decir es... Si algún día me gustara una chica de verdad. ¿También eso se va a volver una competencia entre nosotros?

―No lo creo ―dijo Naruto despreocupadamente, ya que lo de Sakura-chan estaba un tanto en el olvido y había entendido que era sólo sobre competir con Sasuke por la atención de la chica más bonita de Konoha―. A menos que por esa chica valga la pena partirte el rostro. ¿Estamos hablando de Ino o Sakura-chan? ―Sasuke bufó―. Si es así no te preocu…

―Claro que no estoy hablando de ellas ―rodó los ojos―. Ino me desagrada y Sakura me exaspera.

―¿Eh? ¿Por qué? ―Naruto llevó sus manos al portaherramientas y sacó el frasco de crema que Hinata le había dado y se puso ungüento sobre los hematomas de sus brazos―. Ino es bastante simpática y Sakura-chan…

―No lo sé, pero no las soporto ―dijo subiendo los hombros algo tenso.

De verdad ni si quiera pensaba en ellas de esa forma, aunque sabía que estaban enamoradas de él. Por otro lado, todo eso de hablar sobre lo que sentía era sumamente incómodo para Sasuke.

―Ha sido una tortura tener que ir en misiones con ellas y aguantar la forma en que se me pegan y se cuelgan de mí. Me avergüenza, ¿sabes? Desearía desaparecer cada vez que una de ellas me toma el brazo y me mira con esos ojos grandes y las mejillas sonrojadas diciéndo "Sasuke-kun" con esa voz aguda a e irritante, como si fuese un perrito que acaban de encontrar. ¿No te pasa eso cuando a una chica le gustas de esa forma tan patética?

―No ―dijo Naruto forzando una sonrisa―. Nunca le he gustado así a nadie.

Fingió no importarle, pero Sasuke notó la soledad y la melancolía detrás de esas palabras.

Y aquella forma en que se forzaba a sonreír al decirlo le hizo apretar el pecho.

Quiso decirle que era un idiota, que había alguien que sólo tenía ojos para él, que respiraba por él y moriría por él, pero como era un imbécil tan denso como una roca, ni si quiera se había percatado de ello; que a pesar de que todos lo odiaban y parecían alejarse de él durante su infancia, una cierta niña lo seguía quietamente sin decir palabra alguna, observando en su dirección, animándolo y admirándolo en secreto. Quiso decirle que desde que habían salido de la Academia, esa misma niña se había enamorado profundamente de él, buscándolo con sus ojos inocentes en silencio, motivándose a mejorar para lograr hacer que él la notara, guardado sus estúpidos secretos y rememorando su sonrisa en cada oportunidad en que pensaba que no era lo suficientemente fuerte para hacer algo. Quiso decirle que borrara esa mueca triste de su rostro porque la chica más genial y bella de todas lo prefería a él. Que esa maravillosa chica de belleza angelical, dulzura que abrumaba y fuerza descomunal, lo amaba. Que su corazón siempre había sido suyo, a pesar de la distancia y de saberse no correspondida. De verdad, quiso borrar esa expresión del rostro de Naruto y darle ese consuelo, porque era su mejor amigo, porque a pesar de todo el sufrimiento que había soportado en silencio esos años, había una joven que estaba suspirando quietamente por él aunque no se diera cuenta de eso, que lo amaba de una forma que llegaba a dolerle observar.

Pero no pudo.

No pudo porque era un maldito egoísta. Porque la idea de que Naruto algún día mirara a Hinata como él lo hacía le causaba pavor. Porque se negaba a compartir a Hinata. Porque prefería ver esa mueca de tristeza en su mejor amigo que tener que soportar ver a Hinata suspirando de amor cada vez que tomara el brazo de Naruto para desfilarse por Konoha frente a él. Porque sabía que eso sería exactamente lo que ocurriría si Naruto se percataba de que Hinata lo amaba. ¿Cómo alguien en su sano juicio rechazaría el amor de Hinata? De hecho, de pasar a sentir lástima, lo maldijo en silencio y sus ojos se afilaron en su dirección. Ese bastardo era el hombre más afortunado en toda la tierra al tener el amor de Hinata y era tan estúpido que ni si quiera lo veía.

Él quería de verdad a Hinata. Él. Y si un día la posibilidad de tenerla desaparecía, creía sinceramente que se volvería loco. Ella era la que lo mantenía en ese camino en el cual caminaba junto a su equipo y la idea de perderla antes de dar una pelea por ella lo hacía sentir tan perdido que le costaba respirar.

Y odiaba esa sensación. Lo hacía sentirse patético. Realmente hubiese deseado sentir algo por cualquier chica, menos Hinata.

―¿Qué te sucede? ―le preguntó Naruto cuando notó que la mirada de Sasuke había cambiado por completo y sintió que algo frío le recorría la espalda al notar que su compañero se había perdido en sus propios pensamientos―. ¿Te duele mucho el rostro? ―le preguntó creyendo que era eso lo que lo tenía tan ensimismado.

―No. Estoy bien ―dijo Sasuke, forzándose a sí mismo a alejar esos pensamientos de su mente. Relajó los hombros y subió el rostro un tanto más despreocupado, volviendo en sí―. A veces, mi mente se vuelve bastante oscura ―dijo algo preocupado y al mismo tiempo avergonzado por ello―. Bien. Suficiente conversación. Debemos ir a que te arreglen el brazo, perdedor.

Y así, el momento de reflexión y confesiones se acabó.

―Creo que tenemos que ir de nuevo con Ino, ¿eh? ―dijo Naruto suspirando y tomándose el sector en donde más le dolía, cerca del hombro.

―¿Tenemos que?

Ino había actuado tan raro cuando le ponía el hueso en su lugar que lo había llegado a incomodar.

―¿Prefieres ir al hospital para que Sakura-chan nos dé un sermón?

―No. Le debo algo y no quiero pagarle. Aún ―dijo con el rostro agriado.

Pensar en que debía llevarla en una cita lo hacía suspirar cansado. Lo haría, pero no todavía. Tenía que pensar exactamente cómo proceder con ese asunto. Por ello, suspiró. Tendría que elegir entre el peor de los males.

―Está bien. Vamos con Ino.

―Oye Sasuke, creo que ya le dimos suficiente espacio a Hinata. ¿No? ―Sasuke bajó la mirada un tanto sorprendido al escuchar a Naruto―. Después de solucionar lo de mi brazo, vamos por ella. Esto no se siente igual sin Hinata aquí sanándonos y diciéndonos que no exageremos.

―Por primera vez en mi vida, estoy de acuerdo contigo.

Sasuke se puso de pie primero y estiró sus dedos para formar el sello de la conciliación. El día de ayer había ganado él. En ese momento, Naruto parecía haberse llevado la victoria; pero siempre terminaban con el sello.

Era una forma de decir que la competencia había terminado.

―Buen entrenamiento, perdedor ―dijo Sasuke con una astuta sonrisa que le dolió en cada nervio del rostro.

―Igualmente, bastardo ―respondió Naruto mientras sus dedos se unían.

Se movieron lentamente al arrollo y se lavaron el rostro, enjuagándose la sangre. Naruto se quejaba cada vez que se tocaba la cara y Sasuke apenas y podía respirar por la nariz. Cuando el rubio miró hacia Sasuke y notó que las mejillas bajo los ojos se le estaban volviendo azules por el golpe que le dio en el rostro, adivinó que seguramente él lucía igual de mal.

―¿Quieres de esa crema que nos dio Hinata? ―le preguntó estirando en su dirección el pote con el símbolo del país del Fuego sobre la tapa de madera―. Si tu rostro se sigue inflamando no vas a poder moverte de dolor durante la noche ―Sasuke suspiró mientras tomaba el frasco, abriéndolo para poder aplicarse el ungüento, arrugando el rostro al tocarse―. Lo lamento por golpearte así. Te magullas tan fácil.

―Sólo lo dices porque esa cosa dentro de ti te sana cada vez que te doy un golpe ―dijo rodando los ojos al notar que lentamente, el ojo de Naruto parecía desinflamarse―. O te da su chakra. No sé qué es peor. Pareciera que nunca vas a llegar a un límite.

―Creo que lo hace porque no le agradas demasiado ―Naruto rió mientras Sasuke sacaba un pequeño parche de tira y lo utilizaba para unir su labio roto―. ¿Por qué no dejas que Ino te sane el labio?

―No. Estoy bien. No quiero que Ino me toque.

La joven Yamanaka lo encrespaba por algún motivo con esos ojos celestes que evitaban verlo. Desde hacía bastante se comportaba muy raro con él y aquello lo encrespaba de los nervios porque no la podía entender o descifrar. Y ella era una chica, no era como si pudiese darle un golpe en la cara y exigirle que le dijera que carajos planeaba. A veces era amable y muy simpática, en otras ocasiones indiferentes y en algunas… simplemente parecía odiarlo.

Ambos comenzaron a caminar de vuelta a la aldea dejando el bosque atrás, pasando por las calles transitadas de Konoha. Todo parecía en relativa tranquilidad y se veía a las personas realizando sus deberes. De vez en cuando alguien se detenía a mirarlos, preguntándose en silencio de qué batalla vendrían, pero tenían el suficiente tacto para no cuestionar por qué lucían así.

Lo único extraño los últimos días era la ausencia de la fuerza de elite de Konoha, pero ya habían visto a Asuma y Neji durante esos días, por lo cual asumieron que pronto tendrían también noticias de Kakashi. Además, la noche anterior Tsunade había estado con ellos en la casa, bebiendo hasta tarde con Jiraiya mientras hablaban de asuntos que ni a Naruto ni a Sasuke les pareció suficientemente importante como para quedarse a escuchar. Se habían retirado a entrenar tan pronto anocheció, dándoles espacio a ambos para conversar. Después de todo, esa también era la casa de Jiraiya. Además, después de la visita de la Hokage Jiraiya les había dicho que irían pronto a un lugar genial a entrenar y aquello los tenía realmente de buen humor.

Finalmente, cuando doblaron por la avenida principal para dirigirse a los distritos de las tiendas, vislumbraron que la florería Yamanaka estaba abierta a esas horas de la tarde. Desde la distancia observaron como Ino se despedía amablemente de un cliente, con su delantal blanco sobre su atuendo shinobi, para luego agacharse y recoger un balde lleno de girasoles otoñales. El suave sol del atardecer bañó su figura mientras se secaba un poco el sudor de la frente con el dorso de su muñeca. Y ahí, rodeada de la suave luz dorada de la tarde, ambos compañeros no pudieron dejar de admirarla, contemplándola en silencio; Ino se había vuelto una mujer en esos meses.

Sasuke frunció levemente el ceño al verla rodeada de flores. Lucía realmente hermosa; en algún momento durante los últimos seis meses, Ino se había vuelto una chica realmente atractiva. Hasta él podía admitir eso, ya que tenía ojos ―Lastima que su cabecita esté llena de aire ―pensó con una malvada sonrisa. Curiosamente, estaba seguro que no era el único que notaba ese cambio físico en Ino, ya que la florería Yamanaka siempre rebosaba de jóvenes que le coqueteaban comprando flores. Se preguntó qué opinarían Shikamaru y Chouji sobre algo así, después de todo, era su compañera. Él odiaba cuando Hinata caminaba con ellos y los shinobis de la aldea la saludaban con ese ridículo nombre de "Orihime-sama" o "Hinata-hime".

―¡Buenas, Ino! ―dijo Naruto acercándose a ella.

―Vaya Naruto, ¿Qué le pasó a tu rostro? ―le preguntó algo espantada mientras bajaba el balde con flores y lo miraba de brazos cruzados―. ¿De nuevo entrenando duro? Deberías tomártelo con un poco de calma o ese atractivo rostro tuyo se va a arruinar ―dijo guiñándole un ojo.

―No podemos entrenar a medias ―respondió Naruto subiendo los hombros riendo por el flirteo bobo de Ino. Claro, Naruto ni si quiera se percataba de ese coqueteo, el cual no pasaba desapercibido para Sasuke. Cada vez que caminaba por fuera de la florería la veía haciendo lo mismo con cada chico que entraba. Era bastante simpática de observar y le parecía muy gracioso que intentara que le compraran más flores coqueteando con sus clientes. Ino tenía algo intrigante, pero al mismo tiempo, desagradable para él―. ¿Ya te llegaron plantas nuevas? ¿De esas en maceta? ―preguntó Naruto entusiasmado mirando las bonitas orquídeas en el mostrador. Sasuke rodó los ojos.

―¡Sí! ¿No son bonitas? Llegaron desde la capital hace poco ―dijo Ino con bastante orgullo, a lo cual Sasuke suspiró. Sólo entonces la joven pareció notar que él también estaba ahí o quizás, intencionalmente lo ignoraba―. Oh, Sasuke. También viniste.

―¿Podrías sanarle el brazo? No lo puede mover. Creo que se dislocó la clavícula ―dijo con seriedad, un tanto fastidiado.

―¿Y se supone que ahora soy tu médico privado para que estés interrumpiéndome en mis labores diarias cuando a ti te venga en gracia? ―le reclamó, haciendo que Naruto se encogiera entre sus hombros y Sasuke retrocediera un paso―. Chicos ―suspiró cansada como si el género masculino realmente fuera un fastidio ese día―. Bien, supongo que en sus mentes egoístas para lo único que sirve Ino es para sanar sus brazos o poner un hueso en su lugar o cerrar una herida. ¿No? ¿Qué tal sólo pasar por aquí a saludar o invitarme una taza de chocolate caliente, o incluso preguntarme cómo ha estado mi día? ¡Claro que no! ¿Saben qué? ¡También tengo otras cosas que hacer! Vayan al hospital, como todos los shinobis de la aldea.

―Ino, por favor no te enojes ―le suplicó Naruto quejumbrosamente―. Sabemos que podemos ir al hospital, pero venir a ver las flores y tus bonitas plantas siempre me sube el humor ―Ino suspiró, un tanto más complacida de que al menos alguien notara que no era sólo un botiquín médico andante―. A-Además ¡Sasuke quería verte! ―Sasuke frunció las cejas preguntándole a Naruto que rayos estaba haciendo sólo con su mirada fulminante―. ¿Verdad, bastardo?

―Eh… sí. Quiero comprar flores ―mintió rápidamente.

Tan pronto Ino se dio la vuelta le dio un codazo a Naruto en el abdomen.

―Entiendo. Pueden pasar ―dijo suspirando.

Ese fanatismo por las plantas que ya de por sí tenía que aguantar de parte de Naruto y Hinata le parecía de lo más aburrido. ¿Y ahora tendría que comprar flores? ¡Flores! ¡Eran sólo plantas! ¿Qué tenían de interesantes las plantas para gastar su dinero en ello? Estaban rodeados de árboles por donde quiera que miraran e incluso se celebraba tonterías como el Hanami para observar las flores de cerezo. No podía entenderlo. Y lo peor es que además de tener que soportar la actitud de esa rubia tonta y escandalosa, tendría que comprarle sus aburridas flores. Quizás hubiese sido mejor ir por Sakura después de todo.

―Estoy un tanto ocupada ahora para sanar tu rostro, Sasuke. Creo que deberías ir al hospital por una evaluación del equipo médico.

Ino volteó su mirada hacia él y durante ese breve momento en que sus ojos se cruzaron, Sasuke notó que esa chispa alegre y jovial en ella desaparecía, siendo remplazada por una mueca fría e indiferente. Por algún motivo, sintió el deseo de retroceder, como si una chica molesta fuera de lo más peligroso que iba a enfrentar en su vida, pero en vez de eso, sólo afiló la mirada. ¿Es que acaso Ino estaba enojada con él por algún motivo?

―Pero puedo ayudarte Naruto, que no puedas mover el brazo es una urgencia ―dijo dándole la espalda a Sasuke, y mientras volteaba, su larga coleta casi le golpeó el rostro.

El Uchiha apretó el puño deseando que Ino fuese un chico para golpearla.

Por su parte, Naruto subió una ceja con la interacción entre ambos, preguntándole a su compañero con la mirada qué carajos le había hecho a Ino para que estuviese actuando así con él. No era su culpa realmente, Naruto era denso como una piedra con las interacciones entre chicos y chicas. No comprendía qué estaba pasando entre ellos para que se estuviesen tratando así. Ino solía ser realmente cordial y alegre con todos. Verla actuar de esa forma irritada era bastante extraño.

Sasuke subió los hombros, indicándole en silencio que no tenía la menor idea de lo que le ocurría a la joven y ambos entraron tras Ino hacia la florería un tanto incómodos.

De inmediato, Sasuke se sintió fuera de lugar entre los girasoles, rosas, lirios y tulipanes. Suspiró rascándose la nuca mientras la presencia de Ino le provocaba esa tensión de peligro en el estómago. Que raras eran las chicas. Hacía sólo un par de meses atrás Ino se moría de amor por él y ahora lo trataba como si fuesen desconocidos. Tampoco era como si le importara mucho, pero, se le hacía extraño haber construido una relación aceptable con ella por tanto tiempo para que de un momento a otro estuviese tan molesta. Quizás era algo bueno. Tal vez ya no estuviese "enamorada" de él y por fin lo dejara en paz.

―Siéntate acá Naruto, sácate la camiseta para poder ver qué tienes. Intentaré que ya no te duela ―dijo subiendo su dedo índice con una sonrisa―. Pero de verdad deberías ir al hospital para que te revisen si te quebraste algo.

―Gracias Ino ―dijo Naruto mientras se sentaba sobre un balde dado vuelta y vacío, sacándose la camiseta. Sólo entonces Sasuke notó el extremo de su entrenamiento; Naruto tenía hematomas por todo el torso. ¿Acaso él estaría igual de magullado? La verdad, le dolía bastante el cuerpo.

―No luces muy bien. En serio, tienen que disminuir la intensidad de ese nuevo entrenamiento que están intentando o van a terminar en el hospital ―dijo Ino―. ¿Tú también estás así, Sasuke-kun? ―le preguntó poniendo su enojo a un lado, con ojos tristes y preocupados.

―No lo sé ―respondió un tanto avergonzado por la forma en que Ino lo miraba.

Lo ponía incómodo que alguien se preocupara así de él, con esa mirada de ojos de cachorro.

Ino suspiró y volteó su atención a Naruto. Puso sus manos sobre su clavícula y comenzó a aplicar chakra en ese sector. Al parecer no era nada grave, por lo cual no estuvieron toda la tarde ahí. Ino parecía muy alegre con su interacción con Naruto mientras éste le preguntaba por nuevas semillas y maceteros. No obstante, cada vez que los ojos de la joven se posaban sobre Sasuke quien permanecía ahí, incómodo y sin saber qué hacer o decir, fruncía los labios en desagrado. De pronto, el Uchiha comenzó a sentirse realmente no grato ahí, nervioso y sin saber dónde esconderse de esa mirada fulminante que ella le daba.

―Ya está Naruto ―dijo Ino―. Intenta abrir y cerrar tu puño derecho. ¿Te duele?

―No, para nada ―dijo aliviado―. Gracias Ino. ¿Puedo comprar algunas flores para agradecerte?

―Eso no es necesario. Pero la próxima quizás puedas traerme algunos dangos ―dijo ella con una modestia fingida.

―¡Claro! Tan pronto tenga más dinero ―se excusó―. Ando un poco quebrado últimamente con todas las reparaciones a mi nueva casa.

―¡Es cierto! Hinata mencionó algo de eso el otro día. Que genial es que ustedes estén viviendo juntos. Espero que pronto hagas una gran fiesta de inauguración, así te puedo llevar un bonito presente ―Ino le guiñó el ojo y Naruto se rascó la nuca un tanto incómodo, pues no había pensado en hacer una fiesta ni nada como eso.

―Tuvimos suficiente con la última fiesta que organizaste ―dijo Sasuke sonriéndole con burla.

Ino no respondió, pero su sonrisa se volvió un tanto más forzada mientras miraba a Sasuke. Ignorándola, el pelinegro caminó hacia la salida de la tienda seguido de cerca por Naruto que parecía no saber qué decir o hacer ante ese tenso ambiente que se había generado.

Parados frente a la puerta, de pronto la mirada del rubio se iluminó al notar que la cafetería de al lado estaba abierta y la dueña estaba poniendo dulces en la vitrina.

―¡Oh! ¡Momo está abierto y acaban de sacar las cosas del horno! ¡Voy a ir a comprar golosinas para llevarle a Hinata! ―dijo caminando despreocupadamente hacia la tienda―. ¡Gracias por todo Ino! Eres genial.

―De nada ―dijo melodiosamente.

―Sólo apresúrate ―lo regañó Sasuke suspirando, para luego ponerse muy tenso al sentir que Ino se paraba junto a él, de brazos cruzados. Recordó que había dicho que compraría flores.

―¿No irás también? ―le preguntó fingiendo indiferencia, pero lo suficientemente interesada para preguntar―. Tengo muchas cosas que hacer como para estar entreteniéndote mientras Naruto…

―¿Te sucede algo? ―le preguntó Sasuke, frunciendo el ceño―. Estás actuando raro.

―¿Raro?

―Conmigo ―dijo Sasuke mirándola fijamente a los ojos, estudiando su molestia. Ino sonrojó suavemente―. Estás actuando…

―No me ocurre nada ―dijo molesta.

―Entonces deja de mirarme así ―gruñó Sasuke, bufando. Ino suspiró y relajó los hombros, como si estuviese a punto de decir algo importante, pero el Uchiha no prestó atención―. Oye Ino ¿Tú y Sakura son amigas, no?

―¿Eh? Claro que lo somos ―Ino subió una ceja―. No tanto como cuando éramos niñas ―y cuando lo dijo su mirada se volvió aún más irritada hacia él, haciendo que Sasuke sintiera un tanto de incomodidad―. Pero aún así, lo somos. ¿Por qué?

―¿Sabes qué tipo de cosas le gustan a Sakura?

―¿Eh?

―¿Le gusta los dulces? ¿Los chocolates y esas cosas? ¿O quizás las flores?.

Fue lo primero que pensó que le gustaba a Hinata y en su mente quizás todas las chicas fueran iguales. Debía comprarle alguna cosa por lo de la cita que le debía, quizá un presente evitaría que si quiera tuviese que ir e invitarla a salir. Además, había dicho que le compraría flores a Ino.

―¿Qué podría comprar de tu tienda para hacerle un obsequio a Sakura?

―¿Por qué quieres comprarle un obsequio? Ya fue su cumpleaños.

―Eso no es asunto tuyo ―Ino frunció aún más el ceño ante su respuesta―. ¿Le gustan las flores?

―A todas las chicas les gustan las flores.

―Bien. Le mandaré flores. ¿Tu tienda manda flores a domicilio, no?

―Sí ―respondió cortante―. Aunque tiene un valor extra.

―¿Sabes qué flores le gustan a Sakura? ―preguntó caminando entre los baldes, observando las varas de las distintas flores otoñales que la tienda parecía tener en stock. Para Sasuke todo se veía igual de aburrido.

Ino pareció tan ofendida con la pregunta que tuvo que respirar profundo y luego una sonrisita siniestra apareció en sus labios.

―A Sakura le gustan las orquídeas reales ornamentales de Suna ―Ia joven caminó entre las flores y Sasuke la siguió. Se detuvo frente a un jarro de vidrio con tres preciosas y delicadas varas de orquídeas blancas cuyo centro estaba teñido de un pálido rosa. Parecían tan delicadas que incluso estaban cubiertas por una tapa de cristal―. Son las flores más caras del local.

―¿Ese es el precio por una varilla? ―preguntó Sasuke tragando pesado mientras miraba el letrero con el valor de las flores―. Con eso puedo comprar un barril de rosas.

―Bueno, tú preguntaste ―Ino sonrió con algo de burla―. Sakura tiene un gusto muy refinado. No aceptaría cualquier tontería. Claro, si quieres regalarle algo bonito y que esté feliz, debe ser lo mejor. ¿No?

Sasuke suspiró. Quizás sólo con mandarle flores no tuviese que invitarla en una cita y eso podía hacer valer el precio que iba a pagar. Por otro lado, Sakura había ayudado a que Hinata se mejorara. Habría dado cada ryo que tenía y más por ver a Hinata sanarse, por lo cual, sintió que no podía ser tacaño con las flores.

―¿Podrías mandarle un jarrón con esas flores, por favor? Al hospital o donde sea que viva. ¿Puedes hacerlo?

Sasuke sacó su billetera y dejó sobre la mesa de Ino todo el valor de lo que había ganado en su misión a Sunagakure. Una misión rango S. Lo máximo que había ganado en su carrera como shinobi.

―Claro ―Ino sonrió forzadamente mientras bajo el mostrador apretaba un lápiz―. El envío son quinientos ryos más.

―Maldita sea. ¿Sólo el envío vale casi lo mismo que las flores? ―dijo Sasuke suspirando, mientras veía como sus últimos tres meses de misiones desaparecían.

―Claro, a menos que desees ir tú personalmente a entregarle el jarrón ―Sasuke bufó con la idea y sólo pagó―. ¿Algo más?

―No ―Sasuke tuvo la leve impresión que Ino estaba cobrándole de más porque estaba molesta con él, por lo cual, la observó con fastidio―. ¿Estamos a mano con sea lo que sea que te hice? ―le preguntó, dejándole en claro que no era un idiota y se daba cuenta de lo que ella estaba haciendo.

―No sé de qué hablas, Sasuke-kun ―dijo Ino sonriendo mientras le daba la espalda y caminaba al otro sector de la tienda, guiñándole un ojo coquetamente.

Sasuke rodó los ojos y salió a buscar a Naruto, sintiendo que definitivamente iba a tener que vivir un tiempo del dinero de su compañero si seguían sin misiones. Sin deseos de permanecer cerca de Ino y su antipática mirada, esperó a Naruto afuera del café con las manos metidas en los bolsillos.

El frío de la tarde lo tenía bastante adolorido, sobre todo en su rostro. No supo lo mal que se veía hasta que se vio en el reflejo de la vitrina y notó que tenía el espacio de las ojeras hasta el punto que se conectaba a su nariz con un color azulado y poco natural. Suspiró, creyendo que Naruto tenía razón al decir que le dolería el rostro toda la noche si no se trataba eso. Quizás le pidiera a Hinata que lo hiciera.

―¡Bien! ―dijo Naruto mientras salía del local, haciendo sonar la campanilla de la puerta―. Rollos de canela para animar a Hinata.

―¿Crees que eso sirva? ―preguntó frunciendo el ceño y sintiendo dolor al hacerlo.

―Claro. Si algo entristece a Hinata sólo debes darle semillas, rollos de canela o una bonita flor para que prense. ¡Eso siempre pone una sonrisa en su rostro!

―¿Eso crees? ―pensó Sasuke ensimismado.

Naruto era un estúpido.

Lo que ponía una sonrisa en el rostro de Hinata… era él.

―Claro, claro. Ya verás cómo vuelve a ser la misma Hinata de siempre.

Y de esa forma ambos retornaron a su misión original que era ir por Hinata. Pronto sería la hora de la cena pero no parecía importarles. El sol ya se estaba poniendo en el horizonte, dándole a la ciudad un bonito tono rojizo del atardecer.

Cuando Sasuke y Naruto llegaron a la mansión Hyūga notaron que todo lucía extrañamente quieto. Por lo general, la hermana menor de Hinata se encontraba entrenando en el patio o en el dojo, pero no se escuchaban ruidos de ese tipo, por lo cual se dirigieron al primer miembro del clan que vieron por los largos corredores, quien los observó con un tanto de curiosidad. Todos sabían que Naruto y Sasuke eran los compañeros de equipo de Hinata, pero aún así, cada vez que se adentraban en la residencia del Clan Hyūga todos los ojos nacarados se fijaban en ellos como si fuesen peces fuera del agua.

―Hola, buenas tardes. ¿Se encuentra Hinata? ―le preguntó Naruto a lo cual Sasuke le dio un codazo―. Hinata-sama ―se corrigió.

―Lo lamento ―dijo el hombre con formalidad―. Hinata-sama salió temprano el día de hoy.

―¿Sabe dónde fue? ―preguntó Sasuke, a lo cual el hombre meditó un momento para responder.

―Natsu-san me comunicó que Hinata-sama iría al cementerio esta tarde. Yo mismo corté crisantemos blancos desde los invernaderos ―el joven volvió a hacer una reverencia como indicando que ya no tenía ninguna cosa más que poder informarles―. ¿Desean dejarle un mensaje?

―Eso no será necesario. Gracias ―dijo Sasuke.

―Gracias por la información ―dijo Naruto haciendo una especie de reverencia mientras el hombre se alejaba.

―¿De nuevo con eso? ―dijo Sasuke suspirando―. Pero aún no es su cumpleaños.

―¿Cumpleaños? ―le preguntó Naruto―. ¿Por qué Hinata lleva flores al cementerio en su cumpleaños?

―Es la fecha en que murió el padre de Neji. Ella… ―iba a decirle que Hinata se sentía culpable por la muerte de su tío, pero creyó que era mejor que ella conversara ese asunto con Naruto si algún día tocaban el tema―. ¿Vamos a buscarla? ―preguntó, y Naruto subió los hombros.

―¿Crees que deberíamos ir? ―el rubio suspiró mientras salían de la residencia Hyūga―. Digo, quizás quiera estar sola. Visitar el cementerio parece algo un tanto personal. ¿No?

El propio Naruto había estado esos días en el cementerio buscando tumba por tumba la lápida de Kushina Uzumaki sin encontrarla. Aquello era bastante triste para él. Deseaba con todo su corazón saber en dónde se encontraban los restos de sus padres para poder ir a dejarles flores.

―¿Qué podemos perder? ―preguntó Sasuke suspirando―. Como mucho nos dirá que la dejemos sola y ya.

―Está bien.

Ambos tomaron la calle y se dirigieron caminando hacia el cementerio de Konoha.

El día estaba particularmente frío y entre más avanzaba la tarde, más frío sentían. Sin mencionar que ahora que sus músculos se enfriaban de todo ese entrenamiento, hasta caminar les dolía.

Sasuke utilizaba un abrigo corto de color azul marino y una bufanda, la misma que Hinata le había tejido hacía un par de años atrás cuando se cortó todo el cabello de la cabeza con un kunai. Naruto en cambio sólo vestía su usual atuendo naranja y parecía que tenía mucho más frío que Sasuke.

Pronto, con las mejillas rojas por la temperatura y temblando levemente, los chicos llegaron al cementerio. Naruto miró el cielo creyendo que quizás pronto iba a nevar.

El lugar era bastante amplio y todas las tumbas lucían iguales. Al fondo, donde el terreno se elevaba en un altar, estaba el símbolo del país del Fuego. Ahí habían dejado los restos del tercer Hokage después de que falleció en ese ataque que había caído sobre Konoha cuando ellos eran sólo niños.

Vislumbraron la pequeña figura de Hinata, frente a una lápida de piedra, un tanto apartada de las pocas personas que estaban ahí prendiendo incienso y colocando flores sobre algunas tumbas. Sasuke notó por la forma en que se había sentado sobre sus propias piernas, que estaba moldeando chakra. Ambos se miraron uno al otro, extrañados, preguntándose qué tipo de entrenamiento estaba llevando en el cementerio de todos los lugares posibles. Decidieron avanzar, hasta estar a unos tres metros de ella.

―Extraño lugar para entrenar control de chakra ―dijo Sasuke con seriedad.

Hinata se sobresaltó al escuchar su voz, abriendo los ojos y volteándose sobre el hombro. Sus mejillas y nariz estaban enrojecidas con un precioso rubor otoñal, mientras que los labios se le habían vuelto del color de las cerezas. Sasuke sintió que el estómago se le recogía al verla así, tan hermosa y despeinada por el viento, abrigada con las lanas que ella misma tejía. Naruto no dijo nada, sólo la observó en silencio, creyendo que lucía extrañamente triste.

―¿Qué hacen aquí? ―les preguntó frunciendo levemente el ceño para luego subir sus párpados en sorpresa―. ¿Qué les sucedió en el rostro? Están heridos. ¿Acaso se pelearon?

―No es nada, sólo se nos pasó un poco la mano con el entrenamiento ―dijo Naruto un tanto avergonzado, rascándose la nuca mientras ella se tomaba el pecho al ver el ojo del rubio tan inflamado y el rostro de Sasuke con distintos tonos de azul.

―Pasábamos por aquí de casualidad ―dijo Sasuke con sarcasmo, respondiendo su primera pregunta―. Es un paseo muy recurrente en nosotros visitar las tumbas con este frío cada vez que una de nuestras compañeras se pierde tres días.

Hinata sonrojó aun más al escucharlo decir eso y bajó suavemente la mirada, escapándose del sermón que sentía venir. Al notarlo, Naruto intervino, pues de por sí Hinata tenía un aura demasiado melancólica y no deseaba seguir perturbándola con preocupaciones innecesarias.

―Creo que lo que el idiota de Sasuke quiere decir es que vinimos por ti ―dijo mientras se acuclillaba a su lado y miraba la lápida―. ¿Quién es Hinageshi Hyūga?

Sasuke también observó ese detalle ya que la tumba estaba cubierta en crisantemos blancos. ¿Sería la madre de Hinata? Ella nunca hablaba de ese tema.

―Fue mi abuela ―dijo Hinata con quietud mientras sus ojos se posaban sobre la piedra.

Sasuke notó las fechas y supo que esa mujer había muerto con menos de treinta y cinco años.

―Falleció durante el parto de mi padre. Hace poco supe de ella―ambos miembros del equipo siete la observaron en silencio, notando la melancólica forma en que sus párpados bajaban―. He sentido la necesidad de estar aquí estos días y meditar sobre su vida. Y sus sacrificios.

―Lo lamento, Hinata ―dijo Naruto poniendo una mano en su hombro para luego ponerse de pie.

Los tres permanecieron ahí, en medio de la brisa y en silencio hasta que Naruto estiró su mano en dirección a Hinata y ella también se paró, sonrojando con el contacto entre ambos. Por un momento ni si quiera lo soltó, como si quisiera recordar su calidez para los días fríos. Cuando se percató de lo que hacía, retiró su mano como si la piel de Naruto fuese fuego, bajando la mirada avergonzada. Naruto la observó extrañado, levantando una ceja, para luego observar a Sasuke como pidiéndole que le explicara qué era lo que le sucedía a Hinata. Sasuke levantó los hombros.

―Oye… ―dijo cuando ella no levantó la mirada―. ¿Quieres que nos vayamos? ―ella negó .

Sólo entonces Sasuke se percató de que había una piedra plana, cuadrada y con extraños dibujos, justo frente al lugar en el suelo en donde Hinata había estado sentada.

―¿Qué es eso? ―preguntó.

―Oh, es… ―Hinata dudó si debía decirles―. Es mi herencia familiar.

―¿Una piedra? ―le preguntó extrañado.

―Creo que era parte de algo más grande.

Hinata se agachó a recogerla y luego estiró la tablilla de roca en su dirección para que ambos pudiesen observarla. No era demasiado grande, como la tapa de una caja de zapatos, pero la imagen de esa mujer que flotaba encogió el estómago de ambos

―El abuelo dijo que esa mujer es algo así como la madre de mi clan ―les comentó Hinata.

―Luce aterradora ―dijo Naruto―. ¿Qué tiene en la frente?

―El Rinnegan ―respondió Sasuke extrañado―. Hay… una imagen similar a esa en el templo de mi clan en el Río Naka. ¿Recuerdas que te dije que ahí averigüé sobre lo que el Sharingan puede hacer respecto al Kyūbi? ―le preguntó a Naruto, quien asintió. Luego subió su mirada observando a Hinata con extrañeza―. ¿Por qué tiene tu clan algo así?

―La verdad, no lo sé ―dijo suspirando―. Mi abuelo me la dio. Es una especie de tarea que debo realizar. Él quiere que aprenda a utilizar de mejor forma mi byakugan, ahora que… fui nombrada la heredera de mi padre ―miró a Naruto avergonzada, pues no se lo había dicho aún. Sasuke ya lo sabía.

―¿De verdad? ―preguntó Naruto emocionado―. ¡Felicidades Hinata! ¿No era eso lo que habías deseado toda tu vida?

―Sí ―susurró ella, bajando la mirada melancólicamente.

―Deberíamos celebrar esto ―dijo Naruto al notar su tristeza, a lo cual Sasuke sólo suspiró dándole un nuevo codazo, indicándole con la mirada la forma en que Hinata estaba actuando, evidenciando que la noticia no era algo que la animara precisamente―. ¿Qué ocurre Hinata? ¿Estás bien?

―No es nada ―dijo ella sacudiéndose la tristeza de encima y forzándose a mostrar mejor ánimo frente a sus dos queridos amigos―. ¿Quieren que vayamos a su casa y les sane esas heridas? No podrán entrenar mañana si siguen así.

―Eso me parece una buena idea ―dijo Naruto mientras seguía observando la piedra de Hinata entre sus manos―. Oigan, ¿No dijo Kakashi sensei en alguna oportunidad que el Sharingan deriva del Byakugan? ―preguntó rascándose la nuca―. Quizás el Byakugan descienda del Rinnegan. O al revés. O… ¿Sus clanes están relacionados unos con otros? ¡Quizás sean primos lejanos!

―Eso es probable, ya que ambos clanes son los únicos en el mundo que cuentan con dojutsus ―dijo Sasuke, quien ya había meditado sobre eso―. De cualquier forma Hinata, no vinimos precisamente a hablar de dojutsus o pedirte que nos sanes. Te venimos a buscar porque ―Sasuke frunció el ceño― necesitamos que vuelvas a entrenar con nosotros.

―¿Entrenar con ustedes? ―Hinata suspiró con una sonrisa de disculpas―. Lo siento, chicos. Primero necesito poder terminar este entrenamiento de mi clan. Es algo importante.

―¿En serio? ―preguntó Naruto con entusiasmo―. ¿Alguna nueva técnica genial de los Hyūga? ¿Podemos ayudarte con eso?

―No lo sé. Estoy entrenando mi byakugan, pero no sé qué consecuencias traerá fortalecer mis ojos ―respondió desanimada al darse cuenta que a pesar de llevar tres días no estaba ni si quiera cerca de lo que el abuelo quería de ella―. Mi abuelo puede hacer cosas asombrosas con el byakugan, como si leyera lo que piensan otros. Pero yo… no he tenido buenos resultados.

―El Sharingan también hace eso ―dijo Sasuke sin entender cuál sería la gran maravilla de poder meterse en la mente de alguien más. El clan Yamanaka lo hacía todo el tiempo―. Quizás te pueda ayudar.

―No sé si puedas ―dijo desanimada―. D-digo, no es algo que puedas enseñarme. Para lograr utilizar esta habilidad de mis ojos que me enseñó el abuelo, necesito una cantidad inmensa de chakra para abrir mis pupilas de esa manera y… yo no la tengo. Nunca tuve demasiado chakra, por eso intenté mejorar mi estamina todo este tiempo. Me he pasado los últimos días moldeando chakra y no puedo conseguirlo. Mi chakra se agota antes de lograr ver.

―¿Qué tal si comes algo y lo intentas de nuevo? ―dijo Naruto tratando de ser amable al verla tan preocupada―. De seguro sólo necesitas descansar. Además, si es estamina lo que estás buscando, podemos comenzar un nuevo entrenamiento extremo sólo para eso. Sasuke y yo te ayudaremos.

―El perdedor tiene razón ―añadió Sasuke―. Sentada aquí con este frío te vas a agarrar una neumonía.

―Sí, lamento preocuparlos ―dijo haciendo una leve reverencia y sonriendo en dirección a ambos―. ¿Quieren…? ¿Vamos a comer alguna cosa? Luego puedo tratar sus heridas. El día está especial para comer algo caliente ―el rostro de Naruto se iluminó y Sasuke supo lo que pensaba.

―No quiero comer ramen hoy.

Naruto casi tropieza. A Sasuke le gustaba el ramen, pero vivir con Naruto significaba comer fideos dos veces al día. Estaba harto ya. Además, su dinero se había disuelto entre sus manos cuando visitó la florería Yamanaka. Maldijo a Ino en silencio recordando su malvada sonrisa.

―¿Por qué no vamos y comemos algo en casa? ―preguntó Sasuke, con una semi sonrisa, observando como el rostro de Hinata se iluminaba al escuchar que podían ir a casa de Naruto.

―¿Quieren que cocinemos algo? ―preguntó la joven, sabiendo que en ese lugar se sentía cómoda y tranquila―. De hecho, así puedo darles la sorpresa.

―¿Qué sorpresa? ―preguntó Sasuke curioso.

―Iba a pasar por la tarde dejársela ―dijo Hinata mirando hacia la bolsa que había en el suelo, en la cual guardó también la piedra que el abuelo le había dado―. Pero creo que es perfecto dárselos en su casa para así cocinar.

―Bien, eso suena genial ―dijo Naruto mientras los tres comenzaban a caminar―. Pero yo no lavaré nada.

―Sólo puedes seguir abusando de eso por tres días más, perdedor ―dijo Sasuke irritado, ya que en ese plazo se terminaba su penitencia de lavar lo que ensuciaban en la cocina―. En serio, ¿Qué hay en la bolsa?

―No te lo diré ―se burló Hinata, riendo, mientras Sasuke fruncía el ceño caminando junto a Naruto.

La joven se encogió entre sus hombros suspirando con una tímida sonrisa mientras los veía avanzar frente a ella. A pesar del frío de aquella tarde, se sentía cálido estar entre ellos. Encontraba una especie de paz a todas las voces en su cabeza que gritaban que debía mejorar porque si no lo hacía, la persona que más quería en esa vida pagaría las consecuencias de ello. Cuando estaba entre sus amigos, sin importar cuantos problemas la aquejaban, encontraba seguridad y la confianza para volver a respirar y pensar que tenía que dar un paso a la vez.

Porque ellos estaban caminando a su lado.

Mientras los tres se dirigían hacia la casa de Naruto, notaron al pasar por la barbacoa que Chouji y Shimakaru estaban ahí, conversando con Asuma. Aquello se sintió extremadamente familiar, sobre todo cuando a través del vidrio notaron como Chouji estaba comiéndose lo que habían ordenado y Asuma revisaba el contenido de su billetera.

―Me pregunto cuándo volverá Kakashi sensei ―dijo Naruto, aunque los tres lo estaban pensando.

―Se ha demorado bastante en esa misión ―dijo Sasuke.

―Espero que nos traiga un recuerdo de donde quiera que esté ―dijo Naruto y comenzó a reír. Sasuke rodó los ojos.

Hinata bajó el rostro levemente sin saber si debía decirles lo que Neji le había comentado.

Hacía tres días atrás, cuando llegó en medio de la noche a la casa de Naruto, estaba tan desesperada por el asunto de Hanabi que aquello había sido lo único que logró articularle a Sasuke. No obstante, no había hablado de muchas otras cosas más como que probablemente su padre pediría que la dieran de baja como shinobi, que había mencionado un matrimonio con su primo e incluso que el país de la Tierra había entrado en una guerra con el País del Viento.

Había intentado mantener todas esas cosas a raya para poder solucionar un problema a la vez y lo que ocupaba prioridad en su vida era el asunto de Hanabi y las lecciones del Abuelo, pero… Hinata no sabía si podía seguir permaneciendo en silencio por mucho tiempo más, sobre todo, porque cada vez que Sasuke la observaba en silencio creía que él ya sabía que les estaba ocultando algo.

Sabía que ese asunto que estaba ocurriendo afuera de Konoha debía ser tratado como algo altamente clasificado y no quería traicionar la confianza de su primo contándoles lo que ocurría. Sobre todo, porque pensaba saber cómo iba a reaccionar Naruto al escucharlo. Entre los problemas que ella misma tenía y el peso de saber que Sunagakure necesitaba del auxilio de Konoha, no había encontrado demasiada paz esos días. Las últimas dos noches se había quedado dormida leyendo una y otra vez todas las cartas que Gaara le había enviado, intentando encontrar en ellas alguna respuesta para todos los problemas que estaban frente a ellos. Su corazón le decía que Konoha no era el lugar en donde debían estar ahora, sino que protegiendo el sueño de Gaara.

Había bordado el kanji de "amor" su protector, prometiendo que daría un paso después del otro con el recuerdo de su amigo, intentando mantener sus sueños vivos para que así él nunca muriera realmente; y sin embargo, ese sueño que él había tenido de proteger a su nación para crear lazos con los demás, ese mismo sueño por el cual había dado la vida, ¿se estaba acabando ahora que comenzaba una nueva guerra? Si permanecían sin hacer nada mientras invadían el País del Viento, era lo mismo que dejar que Gaara muriera de verdad. Que su sueño del bien de su pueblo, llegara a un fin. Y si ella lo veía así, estaba segura que también lo haría Naruto.

Por ello, la carcomía la culpa por no decirles, pero no era su labor. Tsunade-sama era la que debía comunicarles a todos la decisión del Daimyo y el consejo de Konoha. Y aún así, cuando veía a Naruto, sentía que lo estaba traicionando con su silencio. Estaba segura que a Sasuke le sería un poco indiferente si Suna estaba en guerra o no, ya que sus propias ambiciones y sueños no se encontraban allí, sino en cierto hermano que deseaba alcanzar y superar; pero para Naruto… el tema de Sunagakure sería algo personal. Sería algo que él tendría que ir a resolver por sí mismo o no podría encontrar paz. El peso de la muerte de Gaara lo había golpeado más fuerte entre ellos, al punto de poner en duda su determinación de ser Hokage, ese sueño que venía persiguiendo desde que eran niños. Hinata entendía la culpa de Naruto por no haber podido llegar a tiempo con Gaara, porque él había dado su palabra de poder salvarlo y no lo había conseguido. Si ahora se enteraba que ese sueño por el cual Gaara había muerto estaba en riesgo, sabía que Naruto no esperaría que cayera la noche para partir rumbo a Sunagakure. Era el tipo de persona que él era.

Por lo mismo, prefirió callar, cargando un enorme dolor por estar ocultándole algo tan importante a la persona que ella amaba. Por algún motivo, se sintió tan culpable como se sentía cuando miraba a Sasuke y no le decía lo que Itachi le había comunicado en el genjutsu en que la hizo caer durante su misión. ¿Cuándo se había vuelto alguien tan deshonesta, se preguntó, cabizbaja?

De pronto, notó que Naruto le pellizcaba la mano y subió la mirada, encontrándose con su sonrisa alegre, mientras le estiraba una bolsa con el logo de Momo Café.

―Deja de pensar tonterías ―le dijo Sasuke bufando―. El perdedor dijo que siempre te hace sentir mejor comer esas cosas dulces y desagradables.

―¿Verdad que sí? ―preguntó Naruto.

Hinata sonrió, sonrojando. Ambos parecían conocerla demasiado bien.

―Hm… sí ―dijo tomando la bolsa y sacando un rollo de canela para darle un mordisco.

Compartir los rollos de canela entre ellos puso una sonrisa en su rostro. Naruto tomó la bolsa y también sacó uno de los biscochos para probarlos y aunque sabía que no eran para nada algo que él comía muy a menudo, la acompañaba en silencio mientras disfrutaban de la canela confortando sus cuerpos y corazones en una tarde fría. Para su sorpresa, incluso Sasuke sacó uno con el ceño fruncido cuando Naruto estiró la bolsa hacia él con un rostro de repugnancia mientras masticaba, como si entre ellos estuviesen buscando una forma de animarse y dejar de lado todos los malos momentos que habían estado pasando.

―Gracias ―les dijo a ambos mientras suspiraba.

Saber que estaban ahí con ella en ese momento difícil que atravesaba la confortaba tanto como un dulce otoñal.

―Creo que va a nevar ―dijo Sasuke mirando el cielo, sintiendo el frío en los huesos.

―Sí, es probable que hoy nieve ―respondió Hinata con suavidad sintiendo algo raro en sus ojos, como si realmente quisieran comenzar a ver.

Cuando llegaron a casa de Naruto, se sacaron los abrigos y los colgaron en la entrada, percatándose de que la calefacción lo hacía un lugar mucho más agradable en el cual estar. Hinata bajó la bolsa de tela en donde llevaba la piedra de su clan y la dejó con cuidado sobre la pequeña mesa del living.

―Hace bastante frío ―dijo Sasuke meditando sobre lo que debían cocinar para cenar―. Creo que una comida de otoño es lo apropiado. ¿No?

―Pero Hinata dijo que nos daría una sorpresa ―dijo Naruto estirándose sobre el sofá y sonriendo en dirección a ambos que se sentaba en el suelo.

―Es cierto ―dijo Sasuke un tanto irritado―. Dinos qué hay en la bolsa.

―Claro ―Hinata los miró con las mejillas sonrojadas―. ¿Recuerdas a Mishiko-san? ―Sasuke levantó la ceja como si no tuviese idea de qué hablaba―. ¿A ese abuelo que ayudamos a reparar su tejado? ¿Y el granero?

―¿El abuelo que mintió al solicitar su misión? ―Sasuke frunció aún más el ceño al recordar que Hinata había dicho que pagaría la diferencia pero que él no había aceptado porque se había volado una uña con el martillo―. ¿Qué hay de eso?

―Bueno… ―Hinata metió las manos dentro de la bolsa y les enseño un saquito de tela café―. Fue ayer a visitarme a la mansión y pidió hablar personalmente conmigo. Mi padre se paró a mi lado mientras lo atendíamos y de pronto, nos mostró que dentro de tu carreta traía un enorme sacó de arroz para el complejo, como un obsequio para "la princesa Hyūga" ―Hinata se sonrojó al decirlo, Naruto sonrió ampliamente y Sasuke bufó. Odiaba que la llamaran "Hinata-hime"―. Además, dejó este dinero para terminar de pagar la misión ―y desde la bolsa sacó un sobre que estiró en dirección a Sasuke―. Mi padre no aceptó el regalo, claro, y pagó por el arroz nuevo de ese hombre. Así que espero que pueda comprar animales y pasar un buen invierno. Además le ordenó diez sacos más para poder guardar en nuestros graneros. Estaba bastante contento porque el hombre le hizo un buen precio.

―¿Así que, nos terminó de pagar por reparar el granero? ―Sasuke suspiró. Nunca, en cien años, hubiese esperado eso―. Bueno, ¿Y por qué me entregas este dinero a mí?

―¿Nos podemos quedar con ese arroz verdad? ―preguntó Naruto quien ya se hacía una idea para la cena―. Hace mucho que no como shinmai ―ese era el nombre del arroz nuevo, aquel que acababa de ser cosechado y que aún conservaba parte de su humedad y dulzor.

―Podemos prepararlo y hacer una excelente cena otoñal ―dijo Hinata con un poco más de entusiasmo del que había mostrado la mayor parte de la tarde―. Y sobre el dinero… bueno, yo pensé que como era un dinero que nos ganamos reparando el tejado juntos, que podíamos compartirlo entre todos ―dijo Hinata.

―Eso parece una buena idea ―dijo Naruto de forma traviesa quitándole el sobre a Sasuke―. ¿Compremos algo genial? ¿Qué tal una hamaca para el patio?

―Tú no hiciste esa misión. No te corresponde nada ―le dijo Sasuke quitándole el sobre.

―¡Ay vamos! ¿Una hamaca en el jardín? ¿No suena genial? ―Naruto se imaginó a si mismo meciéndose bajo los árboles mientras Hinata le llevaba un jugo y Sasuke no abanicaba en el calor del verano―. ¡Sí! ¡Es justo lo que necesitamos!

―¿Y te vas a ir a balancear en medio de la nieve que va a caer? ―cuando Sasuke se lo preguntó, la idea no pareció tan genial.

―¡Pero puede ser para el verano! ―se quejó.

―¿Qué tal si compramos una mesa más grande en donde quepan todos los chicos? ―preguntó Hinata, ya que la mesa de Naruto era como mucho para seis personas.

―No quiero tener a todos esos sujetos en casa ―dijo Sasuke con una mueca.

―Es cierto, la mesa es un tanto pequeña e Ino dijo que debíamos inaugurar oficialmente la casa con un fiesta ―suspiró, pensándolo detenidamente―. Pero Sasuke no quiere gente en casa, lo cual me parece que es algo que debería respetar, ya que la casa también es suya… ―Hinata y Sasuke se sorprendieron al escucharlo hablar así

―¿Qué tal si… invitamos a todos los chicos a comer a la barbacoa con ese dinero entonces? ―preguntó Hinata sonriendo―. Así no tienen que venir y todos podemos hacer algo juntos.

―Eso suena como una buena idea ―dijo Naruto con una sonrisa―. Así podemos agradecerle también al equipo Gai por su asistencia en nuestra última misión. ¿No?

―¿Es en serio? ―Sasuke bufó―. ¿Por qué tenemos que gastar tiempo en esas cosas? Yo de verdad quiero entrenar mañana. Y tú no quieres entrenar hasta hacer eso del byakugan y si seguimos entrenando con el perdedor de esta manera vamos a…

―Es cierto, déjenme sanar sus heridas para que puedan seguir entrenando mañana ―dijo Hinata mientras se sentaba frente a Naruto y ponía sin pedirle permiso su mano sobre su ojo―. Luego vienes tú, Sasuke-kun.

―Como sea ―dijo Sasuke suspirando―. ¿Cómo rayos se prepara este arroz de cualquier forma? Tengo hambre.

―¡Si hubiésemos ido a Ichiraku estaríamos disfrutando de un delicioso ramen en este momento!

―No tenemos hongos para acompañar apropiadamente el shinmai ―dijo Hinata suspirando―. ¿No les molesta comerlo solo? Debe tener un sabor muy dulce y agradable.

―Eso suena deliciosos. ¿No había castañas también, Sasuke? Estoy seguro que la abuela Tsunade nos trajo una bolsa de regalo ―preguntó Naruto entrecerrando un poco el ojo al sentir el chakra de Hinata sanándoselo―. Tendremos todo un festín otoñal juntos para celebrar que Ero-sennin nos llevará a entrenar a ese lugar asombroso.

―Castañas pueden funcionar. Creo ―dijo Sasuke suspirando mientras se dirigía a la cocina y comenzaba a lavar el arroz―. También hay algo de carne. ¿Las castañas quedan bien con la carne, Hinata?

―Si quieren comer carne dulce… ―dijo Hinata riendo suavemente―. ¿Dónde irán con Jiraiya-sama?

―¡No lo sabemos aún! Pero dijo que nos enseñaría una asombrosa técnica nueva apenas reuniera la información que debía recolectar ―dijo Naruto―. ¿Quieres venir con nosotros también, Hinata?

―No sé si eso sea algo que pueda hacer estos días ―susurró bajando los párpados con algo de tristeza.

―¿Por qué no?

―Es sólo que hay muchas cosas que debo solucionar aún dentro de mi clan… ―suspiró.

Hinata se enfocó en observar el rostro de Naruto mientras su palma aplicaba el chakra suficiente para sanar su ojo. Había sacrificado mucho de lo que podría haber aprendido bajo las enseñanzas de Tsunade por enfocarse a aprender con su padre, entrenar con Gai y también seguir siendo una compañera de entrenamiento para el Sharingan de Sasuke. No se arrepentía de esa decisión, pero en ocasiones como esa, le hubiese gustado ser tan talentosa como Sakura o Ino al momento de entender cómo funcionaba el cuerpo y las formas en que podían sanar a otro. Ella sólo sabía lo básico y por lo mismo, lo único que estaba haciendo era acelerar el funcionamiento celular regenerativo en el cuepo de Naruto, que de por sí se reparaba extremadamente rápido.

De pronto, sin percatarse, sus ojos y los de Naruto se cruzaron. En el silencio de la habitación no pudo evitar sentir en esa proximidad la manera en que su propio corazón se aceleraba y sus mejillas se sonrojaron. Y por un segundo, pensó que Naruto la miraba realmente enfocado también, lo cual la hizo olvidar respirar.

―Creo que ya está ―dijo cuando sintió enrojecer tanto que las orejas le ardían, parándose rápidamente y dándole la espalda a Naruto―. A-ayudemos a Sasuke-kun.

―Gracias Hinata ―dijo Naruto poniendo una mano sobre su ojo―. Vaya, eso se siente mucho mejor. Ahora puedo pestañar sin dolor.

Ella asintió en silencio y respiró profundo, intentando dejar de sentirse así. Su corazón le golpeaba con fuerza el pecho y le avergonzaba que Naruto la viese así, por lo cual caminó a rápidos pasos hacia la cocina, lugar en donde encontró a Sasuke frente al lavadero, enjuagando el arroz dentro de un pequeño balde de bambú.

―¿Sasuke-kun? ¿Quieres que trate tu nariz? ―le preguntó mientras Sasuke cerraba el agua de la llave, con el arroz limpio.

―Sí, como sea ―dijo sin admitir lo mucho que le dolía.

―¿Qué hago yo? ―preguntó Naruto pasando dentro de la cocina por un costado de Hinata―. ¿Lo preparo como el arroz de los onigiri? ―preguntó rascándose la cabeza mientras Sasuke se sentaba sobre una de las mesas que sostenían las repisas.

―Hay que dejar que el arroz se seque unos quince minutos antes de cocerlo ―dijo Hinata acercándose a Sasuke y poniendo la mano sobre su nariz―. Dime si te duele Sasuke-kun. Creo que hay muchas terminales nerviosas cerca de la zona que te lastimaste ―dijo Hinata mientras activaba su byakugan para ver como fluía su chakra―. Sí, por dos centímetros no te cortaste el ducto de chakra que va a tus ojos ―suspiró―. No sé en qué pensaban entrenando así ―frunció su mirada en dirección a ambos y Naruto tragó saliva, suspirando y rascándose el cuello, mientras se sentaba junto a Sasuke en el mismo mueble de cocina.

―Supongo que no pensábamos mucho ―dijo Naruto.

Sasuke observaba a Hinata en silencio. En otras oportunidades, habría odiado la manera en que lo hacía sentir esa cercanía con ella. Era una mezcla entre nervios y ansiedad. Pero Naruto estaba ahí con ellos, por lo tanto, se sintió bastante más relajado al evitar pensar en tonterías. Sólo sabía que era agradable recibir el chakra de Hinata mientras su nariz lentamente dejaba de doler.

―Son realmente descuidados ―suspiró la joven con una pequeña sonrisa―. ¿Se siente mejor?

―Sí ―dijo Sasuke bajando la mirada. Y de pronto, simplemente se le ocurrió―. ¿Dijiste que necesitas mucho chakra para usar esa nueva habilidad que intentas, no?

―Sí.

―¿Y si te lo traspaso, como esa vez que me traspasaste chakra por los tenketsus de los hombros?

Hinata meditó esa opción un momento y creyó que no era del todo una mala idea.

―¿Recuerdas cómo hacerlo? ―le preguntó, ya que Sasuke no podía ver tenketsus.

―Sí. Sólo necesitamos algo para…

De pronto, un fuerte golpeteo en la puerta de entrada irrumpió entre ellos. Los tres se miraron extrañados. Era normal que Jiraiya no estuviese a esa hora en casa ya que siempre estaba recopilando información, pero si él llegaba, simplemente abría la puerta. Por otro lado, aparte de Hinata, nadie más los solía visitar. Se miraron extrañados, y luego el golpeteo insistió, siendo tan fuerte que Naruto saltó desde el mueble y caminó hacia la puerta para abrir.

Para su sorpresa, se encontró con dos pares de ojos jade llenos de lágrimas.

―¿Sakura-chan? ―preguntó extrañado al ver que traía algo entre las manos.

―¿Está Sasuke? ―preguntó de golpe.

―Eh, sí. ¡Sasuke! ―lo llamó, retrocediendo.

Sasuke miró a Hinata con extrañeza mientras caminaba hacia la puerta. Naruto se movió y entró de vuelta a la cocina junto con Hinata.

Cuando Sasuke abrió ampliamente la puerta, vio a Sakura Haruno. Su nariz estaba completamente roja, sus mejillas también, sus ojos llorosos y sus labios ligeramente inflamados. ¿Qué rayos le había sucedido? ¿Es que acaso alguien la había golpeado?

―¿Qué haces aquí Saku…? ―no alcanzó a decir su nombre cuando el jarrón de flores que le había enviado se estrelló contra su pecho, empujado por manos temblorosas.

Los ojos de la joven estaban llenos de indignación. Él alcanzó a tomar el jarrón con flores un tanto extrañado, mientras las hermosas varas de orquídeas se desparramaban en el suelo a su alrededor. Subió las cejas en sorpresa para inmediatamente mostrar el fastidio que eso le acababa de causar. No obstante, antes de que pudiese decir algo, notó como el rostro de esa joven se descomponía en llanto.

―Eres un idiota ―espetó la chica con sus labios rojizos temblorosos―. Y tus flores fueron de muy mal gusto.

―¿Pero qué carajos te sucede Sakura…?

No hubo respuesta. Tan pronto las lágrimas cayeron por sus mejillas, Sakura se dio la vuelta y corrió por las escaleras de la casa, hasta llegar a la calle. Sasuke permaneció parado ahí, sin saber qué rayos acababa de suceder. ¿Qué les pasaba a las chicas de Konoha ese día?

Hinata y Naruto se miraron un tanto preocupados en su posición en la cocina, en que ambos estaban levemente inclinados entre la pared para espiar la escena. Pero luego, tan pronto Sasuke se volteó, pretendieron estar cocinando. No parecía muy apropiado estar husmeando en los asuntos de su compañero. Aún así la curiosidad había vencido a ambos cuando escucharon la forma en que Sakura hablaba.

Sasuke se agachó y recogió la media docena de varitas de orquídeas que había comprado por una fortuna y las puso dentro del jarrón, para luego dirigirse a la cocina. Naruto y Hinata hicieron un esfuerzo por no decirle nada, picando las castañas, cuando de pronto Naruto estornudó.

―Creo que Sakura se volvió loca ―dijo Sasuke, poniendo el jarrón con las flores dentro del lavaplatos.

―¿Y esas flores? ―preguntó Naruto mirando curioso sobre el hombro de Sasuke.

―Se las mandé en la tarde y me las vino a devolver diciendo que era un idiota.

―¿Le mandaste flores a Sakura-san? ―le preguntó Hinata sorprendida. Y luego, ella también estornudó―. ¿Qué flores le compraste? ―preguntó un tanto extrañada por la reacción que estaba teniendo su nariz, mirando en dirección al lavaplato―. ¿Son orquídeas reales ornamentales de Sunagakure?

―¿Eh? No lo sé ―Sasuke realmente no sabía nada de flores y plantas. Además, últimamente todo ese asunto lo irritaba bastante ya que era algo que Hinata y Naruto hablaban con mucha frecuencia haciéndolo sentir como un completo ignorante en el tema―. Sólo sé que me costaron una fortuna. Creo que Ino me timó.

―¿Cuántas de esas orquídeas le enviaste? ―preguntó Naruto golpeándose la frente con la palma de su mano, para luego quejarse en un suspiro―. ¿Todas esas?

―Sí, no lo sé ―dijo, sin mayor importancia, sintiendo algo raro en la nariz―. Deben ser como media docena de varas.

―¿Eres idiota o qué? ―lo cuestionó Naruto tomando el jarrón de flores y dirigiéndose a la puerta de entrada de la casa.

Rápidamente, las puso en el suelo un tanto alejado de la entrada y luego las cubrió con una caja de madera en donde antes habían guardado herramientas. Sasuke lo siguió sin entender qué estaba haciendo, pero Hinata miró a ambos con algo de preocupación pues ella sí comprendía la situación.

―¿Eh? ¿Qué haces? ―preguntó Sasuke mientras lo miraba desde la puerta―. ¡Me costaron una fortuna y las arruinas así! Al menos podríamos haberlas dejado en el comedor o algo.

―No podemos tenerlas adentro de la casa. Esas orquídeas tiene una toxina en su polen que en grandes cantidades son venenosas para las personas. Causa reacciones alérgicas, vómitos, mareos e incluso pueden darte un infarto si te las comes ―dijo Naruto mientras volvía a estornudar―. Son extremadamente caras porque las utilizan como bases para muchos venenos.

―¿Es eso cierto? ―preguntó Sasuke a Hinata quien estaba un poco más atrás mirándolos inquieta.

―Temo que sí ―dijo suspirando, viendo la consternación en la mirada del pelinegro―. En pequeñas cantidades, dos o tres varas, no hay problemas, pero tantas juntas…

―Ya veo ―luego suspiró tomándose la frente―. No puedo creer que cayera ante las estupideces de Ino ―dijo, jurando que eso no se iba a quedar así. Cuando viese a Ino…

―¿Nunca pones atención cuando hablamos de plantas, no? ―preguntó Naruto observándolo con el ceño fruncido.

―Vete al diablo. Soy un shinobi, no un jardinero.

Sasuke miró en dirección hacia la calle, sintiendo que había hecho algo malo. Y curiosamente, se sintió extraño. Era una sensación que le apretaba levemente el pecho y hacía que tuviese algo parecido al remordimiento. Suspiró en silencio al recordar a Sakura esforzándose por sanar a Hinata, manteniéndose toda la noche despierta sólo para revisar sus niveles, aplicando chakra sobre sus órganos hasta que la joven comenzaba a verse pálida y enfermiza; la había visto empujarse a sus propios límites por la salud de su compañera y por lo mismo, le estaba sumamente agradecido. A pesar de ser una gran molestia la mayoría del tiempo, Sakura había puesto su corazón en sanar a Hinata. Había querido agradecerle con un gesto amable, invitándola en una cita tal cómo se lo ofreció, incluso pensó que quizás comprarle flores fuese lo que se esperaba de la situación… y ahí estaba, sintiéndose como un completo imbécil porque no sólo había hecho llorar a Sakura Haruno, sino que también le había dado una reacción alérgica. Y aparentemente, ella pensó que había sido a propósito.

―Maldición ―Sasuke entró por la puerta y estiró su mano, tomando su abrigo desde el colgador―. Necesito arreglar esto antes de que empiece a nevar.

―¿Cómo? ―preguntó Naruto algo sorprendido al ver la expresión en el rostro de Sasuke.

―No lo sé. Supongo que tendré que pedirle perdón o algo ―dijo Sasuke suspirando mientras bajaba por las escaleras exteriores.

―¿Quieres que la busque con mi byakugan? ―le pregunto Hinata.

―No. Esto es algo que debo arreglar por mi cuenta ―respondió Sasuke sin voltearse.

―Se amable ―le dijo Hinata, mirando su espalda con una honesta sonrisa.

―Lo intentaré.

Hinata permaneció junto a Naruto, observando como Sasuke bajaba, comparándolo en su mente con el mismo joven que antes había sido tan incapaz de sentir empatía por los sentimientos del resto, que solía esconderse de Sakura o pedirle que voltearan si la veían por la calle. El mismo chico que venía arrojando a la basura los chocolates y flores que Sakura le mandaba para San Valentín los últimos tres años, que la miraba constantemente con antipatía y que utilizaba cada oportunidad que tenía para decirle lo irritante que le parecía… ahora había partido detrás de una muy emocional jovencita enamorada, intentando enmendar la situación que él había provocado.

Sasuke estaba tomando la responsabilidad de lo que había hecho en vez de simplemente sacudírselo de encima con un sonido nasal de burla como hubiese hecho antes, aunque no fuese realmente su culpa lo que acababa de ocurrir.

Hinata se sintió orgullosa de él.

En medio de ese frío, su corazón estaba cálido al contemplar la figura de su mejor amigo alejándose por la calle en búsqueda de poder volverse una mejor persona con el simple hecho de reconocer que había herido los sentimientos de alguien y querer hacer algo al respecto.

Aquello la hizo sonreír.

No pudo evitar mirar de reojo a Naruto y notar que él también tenía una expresión satisfecha en su rostro. Ambos estaban viéndolo ir, convertido en una mejor persona, menos oscura y silenciosa, que ya no se refugiaba en su soledad y que parecía preocupado de lo que el resto parecía sentir. ¿Hinata meditó si ese cambio en él sería algo que Naruto había provocado?

De cualquier forma, ella podía reconocer que Sasuke ya no era ese niño huraño que había tenido que soportar los primeros años en que se formó su equipo, sino, que lentamente se estaba convirtiendo en un hombre a quien le importaba otras personas y no sólo él mismo.

―¿Crees que a Sasuke le gusta Sakura-chan? ―preguntó de pronto Naruto, haciendo que Hinata subiera las cejas, sorprendida. Naruto sonrió, rodando los ojos, mientras entraba a la casa seguido por la joven―. Olvídalo, creo que es mi imaginación ―dijo con ligereza, cerrando la puerta cuando ambos estuvieron dentro―. Es sólo que está actuando muy raro con ese tema de las chicas últimamente.

―¿De verdad? ―preguntó completamente sorprendida. Ella no solía hablar ese tipo de cosas con Sasuke y saber que entre los chicos sí tocaban esos temas fue un tanto impactante―. ¿Ustedes hablan de ese tipo de cosas?

―Sí. Aunque no debería divulgarlo, ¿no? Son un tanto personales, creo ―dijo Naruto rascándose el puente de la nariz.

Naruto recordó la extraña charla que habían tenido al finalizar de entrenar y además esa manera tan poco usual en que Ino y Sasuke habían actuado el uno con el otro. Naruto era bastante lento para entender las cosas a su alrededor, pero las situaciones comenzaban a sumarse en su cabeza y todas ellas estaban llevándolo a ver con algo de incomodidad que Sasuke había entrado en una edad en que no sólo era interesante para las chicas, sino, que él se mostraba interesado en ellas. ¿Sería ese el motivo por el cual lo había golpeado en la casa de Sakura-chan? ¿O quizás por eso estaba tan irritado con Ino últimamente? No lo entendía del todo, por lo cual, pensó que quizás era mejor preguntarle a Hinata. Al menos ella no se burlaría porque él no entendiese ese tipo de cosas.

―¿Puedo preguntarte algo sin que te rías? ―dijo Naruto con algo de timidez.

―Jamás me reiría de ti. Puedes confiar en mí ―dijo suavemente mientras entraba a la cocina―. No le diré a nadie.

―D-Digo, yo sé este tipo de cosas, claro ―masculló fingiendo estar muy al tanto de todo, siguiendo a Hinata―. Pero, no sé cómo piensa una chica al respecto. Lo que quiero decir es, ¿Cómo sabes cuándo te gusta alguien? ―preguntó frunciendo el ceño

Hinata se detuvo y sintió que el corazón se le paralizaba. ¿Acaso a Naruto le había comenzado a gustar alguien además de Sakura? ¿O su pregunta iba dirigida precisamente a la joven médico ninja? Después de todo, no había sido muy discreto cuando se trataba de sus sentimientos cuando eran niños e incluso cuando estuvieron juntos en la fiesta en la casa de Ino pudo notarlo. Naruto actuaba como un chico enamorado alrededor de Sakura y eso era algo bastante difícil de llevar pero al mismo tiempo, la alegraba. Deseaba con todo su corazón que Naruto fuese feliz y que encontrara alguien que pudiese amar, aunque eso significara que ella no sería nunca esa persona. Por ello, con una sonrisa melancólica en su rostro, sin voltearse aún a verlo, pensó cómo se sentía ella cuando veía a Naruto.

―Cuando te gusta alguien, sientes que el corazón te late más rápido cuando lo observas ―respondió Hinata con una pequeña sonrisa―. Y… Y te hace sentir muy feliz estar cerca de esa persona, aunque esa persona no te mire de la misma manera. Siempre crees que t-todo lo que dice es maravilloso y puedes escucharla hablar horas y horas, siempre pendiente de la manera en que sus ojos sonríen o en que sus labios se mueven. No te aburres de ella, nunca. Y esperas todo el tiempo poder estar cerca de esa persona, caminar a su lado o simplemente observarla ―Hinata cerró los ojos y puso una mano en su pecho―. Y cuando la persona que te gusta está triste o sufre, te esfuerzas para que vuelva a sonreír, de cualquier forma. Estar cerca de esa persona te impulsa a ser… la mejor versión de ti misma. E-eso es lo que yo creo.

―Ya veo ―dijo Naruto preguntándose si alguna vez él se había sentido así, sonrojando levemente por la intensidad de las palabras de Hinata. Ella parecía realmente entender lo que era amar a alguien mientras que él era un niño idiota preguntándose qué era si quiera gustar de otro―. No sé si es eso lo que le ocurre a Sasuke. Sólo sé que está actuando raro hace un par de días ―dijo con suspicacia mientras se paraba junto a Hinata y observaba si el arroz ya estaba lo suficientemente seco para comenzar a cocerlo―. Pensé que quizás era eso. Lo de Sakura-chan.

―Sakura-san no ha hecho un secreto lo que siente por Sasuke-kun ―dijo Hinata bajando levemente los párpados―. Quizás… ¿sus sentimientos finalmente lo alcanzaron?

―Pero le arrojó las flores en el rostro ―dijo Naruto para luego suspirar―. Pobre Sasuke. Eso explicaría por qué fue detrás de ella. ¡Debemos ayudarlo y subirle el ánimo!

―Tienes razón ―dijo Hinata pensando que si Sasuke se sentía como ella hacia Naruto, entonces, deseaba que tuviese una oportunidad con la chica que gustaba. Además, Sakura gustaba de él. Lo había amado desde que eran niños―. Debe haber una forma de que lo perdone. Y así, finalmente los sentimientos de Sakura-san lo podrán alcanzar ―aquella idea por algún motivo la emocionaba. Como si el hecho de que los sentimientos de Sakura alcanzaran a Sasuke, le diera una esperanza de que también los suyos algún día alcanzaran a Naruto.

―Creo que si trabajamos juntos podemos ayudar a Sasuke.

―Sí ―dijo firme―. Es sólo que ella debe estar muy herida. Me imagino que creyó que lo de las flores fue con malas intenciones.

―Pero los dos sabemos que Sasuke no haría algo así ―Hinata asintió. Quizás podía ser un tanto cruel con Sakura, pero no al punto de burlarse de sus sentimientos―. Digo, a él no le agrada mucho sociabilizar con el resto, pero nunca haría algo así de cruel.

―Lo sé, pero… Sakura-san no lo conoce como nosotros.

Naruto asintió cruzándose de brazos para pensar en qué podían hacer ellos para ayudar a Sasuke a ser más abierto con lo que sentía.

―Quizás no sabe cómo actuar para enamorar a Sakura-chan.

―¿Tú sí sabes cómo debería actuar un chico para conquistar a una chica? ―le preguntó Hinata tímidamente, sus mejillas sonrojándose con tanta fuerza que se volteó para que él no la viera, meditando cómo se sentiría al ver a Naruto cortejando alegremente a alguien en esa aldea―. Quiero decir, p-para ayudar a Sasuke-kun.

―Cla-Claro. Cualquiera lo debería saber, ¿No? ―respondió incómodo y nervioso de que ella viera a través de su torpeza e inexperiencia.

Como siempre, Naruto no se percató de la reacción nerviosa y tímida de su compañera, ya que él mismo se sumergió en sus propios pensamientos respecto a ese tema; Las chicas y cómo comportarse a su alrededor.

Cuando era niño creyó que lo comprendía bastante bien, pero luego se percató que no era para nada así.

Cuándo estaba en la Academia pensó que no era muy difícil de entender y que era todo un experto en el tema. Un día, mientras Iruka y él comían en Ichiraku, notó la manera en que su maestro casi se atragantó cuando una mujer alta, de senos muy grandes y ojos brillantes se sentó junto a él pidiendo un plato de ramen. Después de eso comprendió que las chicas lindas, de ojos brillantes y senos grandes eran quienes le gustaban a los hombres. Por lo mismo uno de sus primeros jutsus había sido el jutsu sexy. Un arma infalible.

Suspiró sintiéndose un tanto patético. Durante los viajes con Ero Sennin había estado alrededor de muchas mujeres así, pero nunca se sintió particularmente extraño alrededor de ninguna de ellas. Y tampoco era como si alguna de esas chicas hubiese sentido un particular interés en él. Siempre era el niño torpe y ruidoso que acompañaba al galante Jiraiya.

Pensó que al volver a la Aldea por fin podría ver a Sakura y que ella sería su novia o algo así. Después de todo, ella había sido la chica más linda de la Academia y tal como vio de Iruka sensei, la chica más linda era la que debía gustarle a un hombre. No obstante, cuando estuvo con ella sólo sintió pavor de que lo golpeara eventualmente, impulsado a llamar conquistarla durante la fiesta de Ino precisamente porque no le prestaba atención, sino que sus ojos estaban sobre Sasuke. Tal como había sucedido en la Academia: parecía ser sólo una forma más de competir con su rival. Y había comprendido eso cuando Sasuke le dio un puñetazo. Lo que sentía con Sakura era infantil y sin demasiada importancia, porque no era precisamente Sakura quien le gustaba, sino, la idea de competir con Sasuke.

Suspiró sintiéndose patético mientras buscaba la olla para cocinar el arroz. Su compañero de equipo estaba madurando, creciendo, convirtiéndose en un hombre… mientras que él seguía sin tener idea de donde estaba si quiera parado. Imaginó a Sasuke lleno de novias, amado por todos, vitoreado en la aldea como un chico tan popular y genial, las chicas suspirando y lanzándole confeti y flores mientras él saludaba con su aire indiferente y cool. La mitad del rostro se le volvió azul con ese pensamiento. Él no podía si quiera distinguir cuando alguien le coqueteaba, tal como Sasuke le había dicho cuando abandonaron la florería Yamanaka.

Por algún motivo se sintió muy infantil y estúpido. ¿Por qué era tan difícil para él poder comprender ese tipo de cosas? Quizás porque nunca nadie le había explicado cómo era amar, gustar, sentirse atraído o si quiera disgustado con alguien más. Para él todo se resumía en si algo lo hacía feliz o no… y podía nombrar muchas cosas que lo hacían feliz, sonreír, vibrar. En primer lugar, ¡El ramen! ¡En todas sus formas y tamaños! Vaya que lo hacía feliz poder comer ramen y supo que era la sensación más intensa que experimentaba, al punto que su corazón vibraba al sentir el sabor de un buen caldo de miso cubriendo los fideos, cocinado por el viejo Teuchi. Pero el ramen no era lo único que le agradaba; también disfrutaba de cuidar las plantas, entrenar, una tarde calurosa, un poco de estofado en medio del frío, conversar con los chicos en la barbacoa, ir a Ichiraku, sentir que Iruka Sensei estaba orgulloso de él, entrenar con Ero sennin o Kakashi sensei, golpear a Sasuke, vencer a Sasuke, sentir la compañía de Sasuke y sobre todo, lo que lo hacía realmente sentir feliz, quizás tanto como el ramen, era la bonita forma en que las mejillas de Hinata se sonrojaban cuando estaba feliz y lo miraba a los ojos, justo como cuando ella despertó en el hospital.

Supuso que sus mejores amigos lo hacían muy feliz.

Pero, nunca habría podido decir si todas esas sensaciones que sentía se comparaban a eso de estar enamorado o si quiera que le gustase de verdad una chica. ¿Acaso Sasuke nuevamente le ganaba incluso en algo así? Aquello lo fastidiaba.

―Las chicas y los chicos son distintos ―concluyó Naruto nervioso, aun fingiendo que entendía todo lo que estaban hablando―. ¿Nunca te ha gustado nadie, Hinata? ―la joven bajó el rostro completamente sonrojada y sólo entonces Naruto pareció comprender que quizás así era―. Oh… lo siento.

Tragó saliva, porque lo último que hubiese deseado era incomodar a alguien tan tímida como Hinata, que parecía guardar una compostura que él carecía cuando se trataba de sus sentimientos. La única vez que la había visto manifestar sus emociones había sido precisamente tres noches atrás, mientras sollozaba contra él.

―No debí preguntar. Me imagino que debe ser algo así como un secreto.

―A-Algo así ―respondió Hinata hundiéndose entre los hombros, escapando de sus ojos.

Naruto suspiró. Sasuke gustaba de Sakura y ahora Hinata también de algún tipo. Quizás por eso había llegado llorando esa noche hasta ellos. Aquello hizo que se le hundiera un poco el pecho y por algún motivo, se sintió bastante deprimido.

―Vaya ―dijo al ver la reacción de Hinata, experimentando algo raro apretarle el estómago―. Lo lamento. D-Digo lamento preguntarlo. Ese tipo de seguro debe ser muy genial.

¿Genial? Debía ser malditamente sorprendente para que Hinata se fijara en él. Hinata era la chica más asombrosa y genial que él conocía. Y Sasuke opinaba lo mismo. Ya quería saber de quién se trataba para advertirle que si hacía a Hinata llorar él y Sasuke le patearían el trasero. Quizás Sasuke supiese quién era ese sujeto asombroso.

Y justo en ese momento, la puerta de entrada se abrió, haciendo que ambos miraran en esa dirección. Se trataba de Sasuke, que lucía claramente fastidiado y muriendo de frío con la nariz roja.

―¿La encontraste? ―preguntó Naruto.

―No ―respondió con un suspiro mientras se quitaba su abrigo―. Corrí hasta su casa pero no estaba allá tampoco. Seguramente fue al hospital o se está escondiendo en algún lugar ―Sasuke chasqueó la lengua―. Supongo que mañana hablaré con ella. E iré a saldar algunas cuentas con Ino también.

―Sólo fue un malentendido ―dijo Naruto subiendo una ceja.

En su mente, no podía dejar de considerar que Ino era amiga de Sakura y por lo mismo no habría hecho algo tan bajo como intentar envenenarla con orquídeas reales ornamentales de Sunagakure. Los amigos no se trataban así.

―No creo que Ino hubiese hecho algo así sólo para irritarte ―finalizó por decir, intentando aligerar el humor de Sasuke.

―¿Por qué más lo haría? ―respondió el pelinegro bufando―. Te dije que está actuando extraño conmigo.

―¿Quizás está celosa? ―preguntó Naruto despreocupadamente intentando aligerar el humor de Sasuke―. Te ayudaremos a acercarte a Sakura-chan para que te perdone. Aunque, deberías sentirte halagado de que Ino esté tan celosa como para actuar raro contigo.

―¿Halagado? ¿Es broma? ―aquello sólo irritó más a Sasuke―. Lo que menos quiero es que alguien como Ino se meta en mis asuntos. Voy a tener una charla seria con ella. Ya se ha entrometido muchas veces en mis cosas, sin consecuencias.

―Intenta no ser hiriente con Ino-san cuando se lo preguntes. Puede haber sido sólo una equivocación ―dijo Hinata un tanto preocupada al ver la molestia en los ojos de Sasuke―. Ella tiene un afecto especial por ti.

―¿Por qué eso debería importarme? ―respondió Sasuke irritado―. Fui a comprar flores para Sakura y si eso le molestaba podría haberse desquitado conmigo, no con esa pobre chica. ¿Viste como tenía el rostro? No la culpo de haberse molestado tanto.

―Lo sé, es sólo que no creo que Ino sea capaz de intoxicar a Sakura-san para jugarte una broma ―dijo Hinata con su eterna inocencia―. No se me hace el tipo de persona que le haría algo así a una amiga. Estoy segura de que debe haber una explicación.

―Siempre quieres creer lo mejor de todos, pero el mundo no es así ―dijo Sasuke cruzándose de brazos―. A veces, hay personas como Ino que por mucho que te sonríen, en realidad, te van a mandar una docena de orquídeas venenosas.

Los ojos serios de Hinata se posaron sobre los de Sasuke y Naruto pensó por un momento que ambos estaban discutiendo sin decir palabra alguna. Él lucía irritado, bordeando en lo enojado, mientras que todos los gestos en el rostro de Hinata se había vuelto fríos y serios. Naruto se sintió incómodo, intentando pensar rápido como aligerar el ambiente entre ellos. No obstante, podía percibir que la discusión que estaban teniendo en ese momento no se trataba precisamente sobre si Ino podía ser capaz de hacerle algo así de cruel a Sasuke, sino, algo que ninguno había dicho hasta entonces y que él sabía qué era.

―Deberías dejar de ser tan ingenua, Hinata ―dijo Sasuke, provocando que ella bajara levemente los párpados.

―Chicos por qué no…

―Pudo haber sido un error ―dijo con firmeza la joven―. Ino-san no es el tipo de chica que le causaría un daño intencional a una amiga. Yo creo en ella.

―Crees demasiado en todos ―dijo Sasuke, Naruto pasó saliva porque veía como cambiaba por completo su mirada.

―¿Y por qué eso sería algo malo? ―lo cuestionó Hinata.

―Porque casi mueres envenenada por ello.

Tan pronto las palabras abandonaron su boca, Sasuke supo que había dicho algo que acababa de herir a Hinata. No obstante, a diferencias de otras ocasiones, no retrocedió ni se sintió mal por ello. Era algo que la joven debía escuchar porque en un día no muy lejano iba a liderar a un clan como el Hyūga, en donde muchas personas intentarían dañarla y debía aprender a ver las intenciones de los demás o terminaría muerta. Y él sinceramente temía que algo así sucediera, que las maquinaciones de la política de Konoha la terminara hundiendo, que un clan aliado le diera la espalda, que su propio clan la hundiera porque era demasiado amable; si quería liderar, si quería ser esa persona que venía diciendo que se convertiría por años ya… entonces tenía que poner de lado ese corazón gentil y blando, endurecerse un poco y abrir realmente los ojos a su realidad. No todas las personas deseaban el bien de otras. No había bondad en todos. El mundo era un lugar cruel en donde el más hábil sobrevivía y el más débil pasaba al olvido.

Las palabras parecieron hacer eco en Hinata, quien entreabrió los labios soltando un suspiro, para luego bajar el rostro. Para sus adentros, mientras sentía el peso de los últimos días sobre los hombros, creyó que Sasuke tenía razón.

Ella siempre deseaba creer lo mejor del resto y por lo mismo había terminado siendo el blanco de una mujer que había intentado asesinarla. Y no era algo que sólo había ocurrido durante su última misión, sino que toda su vida, Era demasiado amable y eso la había hecho dudar siempre sobre las decisiones difíciles que debía tomar. Había sido Sasuke quien constantemente la hacía ver la realidad de las cosas y ponía sus pies sobre la tierra, haciéndola entender que las cosas no eran como en ese mundo ideal que ella y Naruto solían soñar, que lo que la rodeaba era mucho más crudo y decepcionante. Y lo que la hacía sentir realmente mal no era necesariamente ser ingenua o demasiado inocente, sino que esas cualidades entorpecieran a su equipo.

―Lamento haber sido una molestia para ti cuando me trajiste a Konoha ―dijo caminando hacia la puerta―. Sakura-san me comentó la forma en que agotaste tu chakra para intentar conseguir ayuda. Realmente, lo siento. Intentaré no volver a ser una carga para ustedes.

―Tú no eres una carga. ¿De qué hablas? ―la contradijo Naruto.

Sin embargo mientras caminaba hacia la puerta, Sasuke no la observó ni la la detuvo. Naruto lo miró con un especie de gesto que le indicaba que la detuviese, que se disculpara, que hiciera algo.

―Hinata… ―intentó atajarla, siguiéndola hacia la puerta―… el arroz.

―Lo siento, pero debo irme ―antes de olvidarlo, se dirigió hacia la mesita del centro del living y tomó la bolsa de género en donde llevaba la herencia de su clan. Luego, volvió hacia Naruto, haciéndole una reverencia―. Nos vemos cuando termine de entrenar mi byakugan ―dijo forzando una sonrisa―. Que tengan buenas noches, chicos.

―Tú también, Hinata―respondió Naruto.

Mientras se retiraba la observó con preocupación y lástima, pues sabía que debajo de esa sonrisa que había estado forzando todo el día, la joven cargaba una profunda tristeza. No sabía lo que estaba pasando en su vida, pero sinceramente deseo poder él cargar ese peso para verla feliz nuevamente.

Cuando la puerta se cerró detrás de ella, se volteó hacia Sasuke con molestia.

―¿Por qué le dijiste eso? ―le preguntó caminando hacia él y apretando el puño.

―Porque es la verdad ―respondió Sasuke con frialdad e indiferencia―. Y alguien debía decirle.

―Eso es un montón de mierda Sasuke ―gruñó Naruto sin llegar a gritar―. ¿Por qué tenías que tratarla mal con todo por lo que está pasando? Hace un par de días llegó a este lugar deshecha en llanto buscando a sus amigos y la acabas de hacer sentir que no puede buscarnos para resolver sus problemas.

―Quizás, ya va siendo hora que no recurra a nosotros para eso también, que se endurezca un poco y que tome sus propias decisiones sin ese corazón tan ingenuo que tiene ―Naruto frunció el ceño visiblemente irritado―. Va a liderar a los Hyūga después de todo y si sigue siendo esa niña tonta que cree en todos van a destrozarla.

―¿Niña tonta? ―repitió como si hubiese sido un insulto hacia él―. Hinata puede venir cuando quiera a la casa de mis padres, ya sea para cocinar, para pasar el rato, porque necesita resolver algún problema o para que alguien la sostenga mientras llora. ¿Quién eres tú para…?

―¿Es que no lo entiendes aún? ―le reclamó Sasuke subiendo levemente el tono de voz―. Es demasiado ingenua e inocente. Un día va a terminar muerta si sigue así. ¿No recuerdas cómo estaba en el hospital? ¿Quieres volver a verla así? ―la mirada en el pelinegro cambió, como si recordar esa escena lo lastimara. Naruto lo vio y no supo cómo reaccionar ante esa preocupación que él albergaba en ese lugar que sólo parecía aflorar mientras discutían―. Ya debería madurar de una vez. Ya no somos niños. Y de paso también deberías madurar tú.

―¿Quieres eso porque crees que es lo mejor para Hinata o lo para ti? ―le preguntó con lástima―. Hinata está bien tal cual es. ¿Por qué cambiarla? Si cambiara ya no sería la misma Hinata que es genial y amable con nosotros. ¿Me vas a decir realmente que preferirías que fuese una una chica fría y desconfiada en vez de la dulce…?

―Preferiría que pensara y viese a las personas como realmente son ―lo interrumpió con hastío.

―No todas las personas hacen cosas simplemente por maldad o para aprovecharse de los demás.

―¡Y no todas hacen cosas deseando lo mejor para el resto! ―exclamó con tanta fuerza que Naruto pensó que iba a golpear algo―. A veces las personas engañan, mienten, traicionan y te apuñalan por la espalda también. Personas que amamos y en las cuales confiamos. El mundo va a destruír a Hinata si continúa viviendo esperando lo mejor de todos.

Naruto bajó la mirada sintiendo el dolor en las palabras de Sasuke. No estaba hablando de Hinata. Estaba hablando de sí mismo. Porque sin importar lo que pasara y lo mucho que parecían mejorar las cosas entre todos ellos, ese dolor por haber perdido a su familia a manos de su hermano mayor seguía ahí.

―¿Ves este arroz que íbamos a comer todos? ―Sasuke posó su mirada dentro del balde de bambú―. Ella creyó en ese hombre. Un abuelo que mintió para que alguien reparara su granero porque no tenía dinero y de lo contrario no tendría cómo guardar su arroz este invierno. Y ese hombre le llevó ese arroz y además le pagó la diferencia del dinero de la misión ―Naruto sonrió recordando el rostro de Hinata mientras se los contaba, lucía tan feliz―. Ella cree en las personas, y a veces, el mundo le sonríe y le dice que esa confianza no es vano. ¿Por qué querrías cambiar eso en ella? ¿No es lo que la hace alguien tan asombrosa?

―Lo sé. Eso la hace alguien bastante… especial. ¿No? ―respondió Sasuke con suavidad, y Naruto creyó que quizás sus palabras estaban traspasándolo. No obstante, después de un momento de silencio, Sasuke levantó el rostro y lo observó irritado―. ¿Y qué pasará la próxima vez que confíe ciegamente en alguien que puede herirla y ni tú ni yo estemos ahí para cuidar de ella? ¿Entonces qué?

―Esa es una lección que ella también debe aprender.

―Ya debería haberla aprendido, cuando casi se muere en ese hospital.

Sasuke salió de la cocina y dejó solo a Naruto en ese lugar, observando como por la ventana del comedor los primeros copos de nieve caían como plumas.

Hinata caminó a pasos lentos de vuelta al complejo Hyūga, intentando que el frío aclarara todas las ideas que revoloteaban en su cabeza.

El parque Senju lucía extrañamente solitario a esa hora en que los comenzaba a cubrir la noche y no se extrañó. Con el frío que hacía sólo alguien bastante descabellado habría estado en la calle. Todos los que sentían ese clima, el olor, y el aire congelado podían decir que iba a nevar. Sólo esperaba que Sakura hubiese llegado a su casa y no estuviese en algún lugar de Konoha, pasando ese frío mientras lloraba por lo ocurrido. Sintió lástima por ella, ya que estaba segura de que todo había sido un malentendido, aunque Sasuke cuestionara su forma de ver el asunto.

Suspiró con tristeza, ya que mientras caminaba en la oscuridad no podía dejar de ver los ojos negros de Sasuke posándose sobre ella con fastidio, y cuando lo hacía, algo dolía en su pecho. Se detuvo con pesar debajo de los altos árboles del parque Senju por el sendero que conducía hasta el otro lado de la ciudad, y sintió que la nariz le cosquilleaba con el deseo de llorar.

Sasuke se había vuelto una persona tan importante en su vida que saber que lo decepcionaba la hería. Ella había escuchado por parte de Ino y Sakura sobre el gran esfuerzo que había hecho su compañero de equipo para llevarla hasta Konoha y luego cómo había permanecido junto a ella hasta el momento que despertó. Pensar que había sido una molestia tan grande le apretaba el pecho, sobre todo sabiendo que lo había puesto en esa horrible posición.

Le debía su vida.

Se sentía tan miserable que ni si quiera pareció notar que lentamente, los primeros copos de nieve de la temporada flotaban a su alrededor.

Por lo mismo no podía culparlo esa vez, porque tenía razón. Las personas venían diciéndole lo mismo desde que era una niña y sabía que el gran motivo para haber resultado en una decepción para su padre era su forma de ser, esa personalidad que no debió haber tenido al ser una Hyūga.

Siempre supo que ser amable era sinónimo de debilidad mientras vivía bajo la estricta disciplina de Hiashi. Lo supo cuando un grupo de niños se burló de ella por sus ojos blancos, llamándola Monstruo del Byakugan. En vez de defenderse, había terminado arrodillada, llorando y pidiéndoles disculpas por molestarlos con sus ojos que les causaban tantos disgustos. Cuando su padre se enteró de eso estaba tan molesto que la golpeó, diciéndole que un Hyūga no debía inclinar su cabeza ante nadie. Y ahí, con alrededor de cinco años, se enteró que ser amable y gentil era lo mismo que ser débil, que su forma de ser no era algo positivo para su padre y que sólo lo decepcionaba.

Hinata había sabido por mucho tiempo que su personalidad la convertía en alguien indigna para su Padre y aunque había intentado endurecerse, sufría cuando debía tomar decisiones que significaran ver a alguien más resultar herido. Ella de verdad creía siempre en lo mejor del resto y aunque a veces el mundo la decepcionaba, en otras ocasiones le provocaba una gran sorpresa ver que las personas eran buenas y que no todo era simplemente crueldad o maldad.

Subió su rostro cuando sintió algo mojar su nariz y se encontró con que el cielo le estaba regalando copos de nieve para acompañar su tristeza. Permaneció quieta, cerrando los ojos un momento y utilizando su nariz para oler ese aroma del hielo. Quizás si escuchaba atentamente, podía escuchar el ruido agudo del agua siendo cristalizada en el cielo, a su alrededor, como agujas que golpean el cristal.

Deseó haber sido tan buena como su abuelo y poder experimentar el olor y el sonido sólo a través del Byakugan, despertando esa nueva realidad. No obstante, incluso para usar sus ojos como era debido parecía ser decepcionante. Anhelaba con todo su corazón poder ser esa persona que iba a liderar el clan Hyūga, pero no podía serlo. Cada paso que daba estaba siempre lleno de cavilaciones, pues sabía que para asumir el lugar que había sido legado a ella, tendría que convertirse en una versión completamente distinta de la persona que ella era en su interior. Y ese cambio le resultaba doloroso. No había nada agradable sobre hacer sufrir a Hanabi, abandonar a sus compañeros o callar lo que sucedía en Sunagakure.

Sintió que las mejillas se le mojaban en lágrimas silenciosas al sentir que decepcionaba a todos los que amaba: A Sasuke, a Naruto, a Hanabi… incluso Neji le había dicho algo similar a lo que Sasuke había mencionado sobre su ingenuidad. ¿Por qué le costaba tanto creer en sí misma? ¿Por qué era más fácil para ella creer en todo lo negativo sobre su persona? ¿Por qué dudaba con cada paso que daba sabiendo que había tanto en juego? Pensó en Naruto entonces y vio su sonrisa, sabiendo lo que él diría. Que él creía en ella y que no había atajos para sus metas y sueños. Hinata sabía que iba a ser difícil pero de alguna forma, tenía que volverse alguien más firme en cada paso que daba. Pero no tan firme como para no saber que su propio corazón era el que la debía guiar, aunque todos dijeran que estaba tomando decisiones equivocadas. Debía volverse como la vara de un sauce, fuerte, firme, pero flexible, para que se doblara, pero nunca quebrara. ¿No era esa la decisión a la que había llegado cuando decidió ser la heredera de su padre?

Suspiró abriendo los ojos y miró a su alrededor. El parque Senju lucía realmente hermoso en medio de la nieve que comenzaba a caer con más abundancia, cubriendo todo de un manto blanco. Permaneció ahí, quieta, sin si quiera atreverse a respirar. Las cosas se veían siempre tan majestuosas cubiertas en nievo, como si ésta tuviese la forma de tomar algo y purificarlo, hacerlo volver a la nada para que luego la primavera pudiese darle nuevas fuerzas para comenzar de nuevo.

Juntó sus manos sobre el pecho y deseó que la nieve también la purificara a ella y le diera la fuerza que necesitaba para ser una Hyūga, dejar de dudar, dejar de temer… encontrar la fuerza que sabía que había en su corazón.

Hinata-hime ―dijo una voz masculina y algo suave en medio de la noche, sorprendiéndola.

Había sido apenas perceptible en medio de la oscuridad, pero ahí estaba; pasos se dirigían hacia ella avanzando debajo de los árboles por el sendero.

Hinata-hime era un nombre que había escuchado muchas veces, sobre todo viniendo de Sasuke cuando éste se irritaba con ella. No obstante, durante los últimos dos meses lo había escuchado más de lo común. Ya estaba acostumbrada a que todos en la aldea la llamaran Hinata-hime desde el Tanabata, en que ella había interpretado a la princesa Orihime. Aún así, escucharlo la avergonzaba ligeramente. Por ello se hundió entre los hombros mientras se volteaba para ver hacia la persona la llamaba ahí en medio de la noche.

Sus ojos se posaron en el joven que había frente a ella, a unos tres metros de distancia. Su rostro reflejó su sorpresa de verlo. Lucía como si también se hubiese perdido en medio de su soledad hasta llegar allí.

―¿Por qué llorabas? ―preguntó con una voz aterciopelada y masculina, haciendo que ella bajara el rostro con vergüenza, secándose rápidamente las lágrimas con el anverso de su manga―. ¿Es un secreto? ¿Por qué no me cuentas?

―N-no es… ―intentó decir con vergüenza―. Lamento mucho que haya tenido que ver algo así.

―¿Te he molestado? Quizás deseabas estar a solas.

―No se preocupe.

Hinata comenzó a caminar para alejarse de ese desconocido. Ya se había avergonzado lo suficiente con que él la viese llorando. Seguramente al día siguiente sería el comentario entre los shinobis de la Aldea que uno de los miembros de Anbu la acabase de ver llorar.

―Que tenga buenas noches ―le dijo haciendo una reverencia.

―Espera―dijo con un toque de súplica en su voz que hizo que Hinata se detuviera y volviese a levantar la mirada para fijarse en él―. No quise molestarte. Es sólo que pensé que si permanecías bajo la nieve por más tiempo, terminarías enfermando ―dijo dando un paso hacia adelante con una suave sonrisa en su rostro―. Y eso sería algo que no podría soportar ver nuevamente.

Hinata sintió algo raro recorrerle la espalda mientras ese joven daba un paso hacia adelante y la luz del poste lo iluminaba suavemente entre los copos de nieve. Se trataba de un chico de su edad, extrañamente atractivo, de piel pálida y cabello blanquecino. Su ropaje era algo que nunca antes había visto pero que al mismo tiempo se le hacía muy similar a lo que utilizaba el resto de su clan cuando no estaba de servicio activo como shinobis; tradicional, elegante y fino. Los rasgos de su rostro eran delicados y suaves, con una dignidad y distinción que le pareció muy familiar.

―¿Quién es usted? ―preguntó sintiendo que su corazón latía tan intenso que sus mejillas se sonrojaron de asombro. Sentía que ya se conocían. Sentía que se conocían por miles de años ya…

―Toneri ―dijo él con una suave sonrisa, como si hubiese estado esperando mucho tiempo para finalmente poder decirlo―. Otsutsuki, Toneri.

Nota Conmemorativa por los 50 Caps de Team Seven!

Muchas gracias por acompañarme por 50 capítulos de este fanfic. Ha sido todo un sube y baja escribir esto durante los últimos diez años. Como saben, no es un fanfic que me tomo a la ligera y en el cual hay mucha dedicación. Pero sin ustedes, los lectores, este fanfic no habría continuado demasiado tiempo. Ha sido por sus mensajes, por sus reviews, por las personas que me agregan en medios sociales para que no deje de escribir y aquellos que me enviaron tantos MP contándome la forma en que mi escritura los ha ayudado a superar algún momento de sus vidas que sigo aquí, con mis más de treinta años encima, intentando darle un final a mi historia. Y no, no estamos ni cerca del final, pero si podría decirse que nos acercamos a la mitad de ella, y por lo mismo, un nuevo personaje muy importante para la trama ha sido introducido: Toneri.

¿Por qué Toneri ahora que tienen quince o deiciseis años? Fácil. Porque así como Hagoromo, la descendencia de Hamura se divide en dos. Así como el Rinnegan tiene dos partes para completarse, también el Tenseigan. Y la historia de Naruto gira en torno a una amenaza que no es nombrada hasta el final, que no saben que existe, que pero está ahí. Y no quiero que al momento que llegue sea como en el manga original que de la nada nos tuvimos que tragar aliens ancestrales que nos invaden. Quiero que la historia se sienta orgánica y fluida, que los personajes sean desarrollados y que todos tengan su lugar definido en esta historia, pudiendo completar satisfactoriamente sus conflictos internos.

Gracias por leer y como siempre, les pido por favor que dejen sus reviews, comentarios, likes o follows porque ayudan mucho a la historia. ¿Y saben qué? Pronto les tendré una super sorpresa sobre este fanfic. Espero que sigan apoyándolo!