La Reina de Hielo y el soldado Albert Strongers, eran los únicos sobrevivientes de los repentinos ataques del Soldado del Invierno. Pero él, no estaba solo, ese sujeto con rasgos de hechicero era su aliado e igualmente fuerte.
-¡No puedo creer que ese maldito de Jenner nos haya traicionado!- golpeó una mesa frustrado -¡Por suerte, pude escapar de él... Pero ese hechicero que lo acompaña, es muy fuerte! ¡Apareció de la nada y acabó con los chicos con solo levantar una mano!-
La reina, se encontraba sentada en un sillón similar a un trono, lo escuchaba seria con una gran espada en la mano. Representaba la imagen del odio y el despecho, en persona. Ella creyó ser correspondida por el Soldado del Invierno, pero él, siempre estuvo enamorado de esa mujer con la que soñaba todas las noches y buscaba, intensamente, en sus misiones.
-Las están protegiendo- mencionó, impertérrita - Aún no comprendo el porque... Pero desde que llegó aquí, no es el mismo. Se atrevió a desafiar al Rey- clavó su espada en la mesa -Es nuestro turno de atacar- observó un mapa sobre la mesa -La única manera de desestabilizarlos, es atacando sus puntos débiles- señaló dos edificios en el centro de la ciudad.
-Ahora comprendo porque te llaman la Reina de Hielo... Tu corazón es frío puro-
Ella sonrió orgullosa. Había llegado el momento de atacar y nada ni nadie los iba a detener. No les importaba cuantos civiles cayeran, iban a ejecutar su plan a toda costa.
